AHORA QUE CONOCIMOS EL VIENTO
AHORA QUE CONOCIMOS EL VIENTO
la cabra y la flecha
UN DÍA DE SOL, UN DÍA NUBLADO La conservadora desborda hielos, cervezas y ensalada fresca de frutas. Se deshace en los pies la arena en remolinos de oro, la playa seduce a la mirada que detenida espía con pretensiones de lenguaje de cineasta sobre la escena vecina. Al mediodía el sol alucina interrumpido solamente por el rítmico berrido del heladero vestido de blanco que despacio avanza sobre la arena caliente, parece olvidar la P al principio de su palito bombón helado. Todo es brillante y azulado, menos la Lobi cuyo pelaje bajo el calor rasante se torna colorado, cobrizo que ni en las mejores peluquerías.
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El color del mar engaña a los ojos entrecerrados su brillo es paralelo al del cielo encapotado: la neblina aporta su luz templada de filos plateados que cortan el paisaje en dos: de un lado, el reflejo azul se quiebra en oleaje gris mercurio que reluce las traiciones del mar, cuanto más calmo, más potente. Del otro, reverbera la arena con los haces generosos de luz tenue, como en un set de fotografía. Es gris, plata, ceniza plomizo, un aro o un collar de alpaca.
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CAMIONERA HÍBRIDA Los brillos se ordenan blancos, rojos, amarillos dibujan un decorado navideño sobre la avenida paralela al mar. Tu brazo pequeño y moreno apoyado en el volante me seduce como una camionera híbrida de la ruta y la costanera que abriendo la puerta del acompañante me invita a correr en la noche para cortar el viento. Qué lindo se siente copilota amateur los trazos que devuelvan del mapa a las sábanas secas los pies de arena.
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A TU LADO, AMIGA Las casas de ventanas ataviadas de blanco como novias y bautizadas como paisajes o memorias: La escondida Las gaviotas La favorita Y - mi preferida - Beatriz desnudan en sus frentes esmerados flores de todo tipo. Brillan como joyas o buzios, esos caracolitos que adheridos a trenzas y collares endulzan los bronceados de las chicas. Las calles del barrio no tienen veredas, el pasto recién cortado es una extensión de las fachadas preciosas y un freno a la tierra que vuela como ama y señora del suburbio.
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Van doblando en bajaditas o en eses, las calles, es para que no corran picadas, explica la Cele. A tu lado, amiga, estallan en manojos lilas las nomeolvides, fuegos artificiales la santa rita trepada al pino el sauce llorón, del enrulado y del lacio el jazmín que floreció en enero y se olvidó de hacerlo junto a sus compañeros. En la casa, contra la pared cuelga un medio mundo.
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AHORA QUE CONOCIMOS EL VIENTO Bajar a la playa solo con una remera parece un sueño del caribe. Acá, las carpitas playeras se encayan en la arena ante la insistencia del viento que tironea para hacerlas volar como si estuvieran sujetas a un piolín. Resisten valientes y chillonas, fucsia y verde manzana, los faros para las amigas miopes del grupo. El ardor del sol se calma después de una revolcada en el mar que refleja agitado los embates de la corriente que acicala los tamariscos sobre el médano.
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Después, cuando estemos juntas adentro de las bolsas de dormir el viento peinará de tierra y hojas las carpas estaqueadas como esas paredes de papel japonesas. La música del mar arrulla la arena y hace temblar los pies que comparten la frazada traída prolijamente doblada desde la casa, perfuma los sueños arremolinados de sombras y olas. Los aros y piercings también se peinan hacia la izquierda o la derecha para que la oreja apoyada en la almohada improvisada con buzos y camperas no moleste el sueño de ninguna en nuestro iglú de papel.
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fanzine editado en marzo del 2021 en Buenos Aires, Argentina. la cabra y la flecha lacabraylaflecha.tumblr.com/
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