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Microrrelatos del terror del IES Pedro Mercedes

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Microrrelatos de terror Profesores y alumnos del IES Pedro Mercedes (Cuenca)


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La llamada

Sin título

Sebastián Garcés (Agraria)

Ana Cruz (Filosofía)

Anochecía cuando Carlos tomó el teléfono. Estaba preocupado porque Laura no había llamado ni venido como era habitual. Sonaron cuatro tonos al otro lado del auricular. - Carlos, no voy a volver… Él recordó que discutieron una vez más. - Pero ¿por qué, Laura? - Anoche hice una cosa terrible… Hizo una pausa que Carlos aprovechó. - Venga no te preocupes, seguro que todo tiene solución. Ya verás… Pero antes de que terminara Laura le interrumpió. - Carlos, no te asustes. Sabes que yo siempre te he querido... Carlos intentó callarla pero ella continuó. - Carlos te quiero. Adios, Carlos. Carlos, ayer me suicidé. ¡Biiip!

Habían provocado la noche, habían provocado la lluvia y las temperaturas gélidas. Pero se olvidaron de cambiar la luna, que estaba llena e iluminaba todo a mi alrededor. Podía ver las armas de última generación avanzar hacia mi, con su escudo antimisiles madeinusa procedente de Rota. Podía ver el hambre acercarse a gran velocidad dejando un rastro de cuerpos esqueléticos de todos los colores, sexos y edades. Podía sentir la cercanía del dolor producido por el SIDA y otros virus innombrables. Incluso más allá podía distinguir las siluetas de los autores de todo esto. Antes de abrir los ojos supe que todo el horror que pude ver ¿mientras dormía? era causado por nosotros, por nosotras, por elegir ser espectadores en nuestra propia vida.


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Final

Sin título

Javier Ballesteros (Física y Química)

Mayte Segovia (Filosofía)

Lo encontró la muerte y le dijo: “Mañana examen”... y dejó su vida en suspenso.

Sonó el timbre y la boca de mi estómago se cerró cual cámara acorazada


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La balckberry Miguel Angel Ortega (Geografía e Historia)

Sin título Mayte Segovia (Filosofía)

Tomé al bebé en brazos y me sonrió co n u n a p e r fe c ta dentadura de adulto

Durante los últimos días, la blackberry de mi hermana pequeña había dado señales de agotamiento. «Soy adolescente», se presentó al servicio técnico «y quizás le doy un trabajo muy duro. Ya sabe: peleas diarias, secretos, contradicciones, desamores... Puede que sea mucho para ella, con todo su golpe de máquina». La dependienta la miró como si fuese tontita, le diagnosticó desidia de la wifi y le prescribió una intervención rápida del administrador de la red sobre el concentrador de señal. Mi hermana no supo descifrar aquella jerga y salió de la tienda abrumada por el peso de un mal presagio. Esa misma noche la blackberry ni siquiera pudo entrar en tuenti. Mi hermana la apagó cariñosamente y nos miró como quien comunica el fallecimiento de un ser querido. Se retiró a su dormitorio y durmió con ella sobre el pecho en un profundo gesto de amor. Lo supimos porque al día siguiente la blackberry interpretó una cantinela de Lady Gaga a un volumen tan disparatado que despertó a todos los vecinos del edificio. Mi hermana, en cambio, había muerto.


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Fragmento del diario de trabajo del oficial de la SS, Obersturmbannführer Rudolf, director del Campo de Concentración de Auschwitz y Supervisor Jefe de la Sección Médico-Científica. 24 de Abril de 1943 Los estudios que se vienen realizando para la mejora en la capacidad de penetración de la metralla de las granadas de palo IIGM y M-24 han recibido un empuje importante gracias a la sustitución de los maniquíes de madera por prisioneros.

No obstante he ordenado que se hagan turnos de día y noche incorporando prisioneros de la planta de producción de municiones.

Según el oficial Médico del Campo de Birkenau (Auschwitz II) resulta mucho más precisa la determinación de las variables de resistencia al realizarse con tejido muscular y estructuras óseas reales. Se han observado incluso variaciones, hasta ahora no consideradas, en función de la edad y la constitución de los prisioneros diana.

(Prever la selección inmediata de prisioneros para pruebas; dar las órdenes oportunas para que sean trasladados al Barracón 12. Proporcionar ropa de las fuerzas enemigas con equipamiento completo –casco, cinchas, fusil,…-; proporcionar alimentación de tropa en cantidad suficiente una vez trasladados para una mejora en las reacciones de huída ante el explosivo).

Las aportaciones del doctor forense Lanus Walesa están siendo de gran interés para el avance del proyecto, especialmente en lo relativo al análisis de las trayectorias de incidencia de la metralla y el tamaño y la forma de ésta. Conviene valorar, en este sentido, su plausible sugerencia de cambio en el dibujo del vaso de fragmentación interior de las granadas, hasta ahora una cuadrícula, por otra retícula de forma triangular y de dimensiones algo superiores. Esto sin duda mejorará la penetración gracias a la presencia de aristas más agudas y el mayor peso de los fragmentos. He podido constatar que los trabajos para la modificación del molde copia de esta pieza y su multiplicación se están iniciado con gran celeridad.

Se espera que en cuatro días estén disponibles los nuevos moldes.

Nota.- recordar al forense Walesa que su esposa se encuentra en el Bloque 29 (campo burdel) que es posible que muy pronto sea trasladada al Bloque Administrativo. Mañana visitaré el Bloque 11 para las pruebas del nuevo gas denominado Zyklon B que, de ser ciertas las previsiones, nos permitirá adaptar mejor la fase de exterminio a la de entrada de prisioneros (2.400 ejecuciones y cremaciones por turno). «El trabajo nos hace libres. Heil Hitler»

Sebastián Garcés (Agraria)


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El verdadero peligro

El regreso

Miguel A. Ortega (Geografía e Historia)

Carlos Solano (Inglés)

Sentados en el trono, como tú ahora, todo el mundo ha sentido en alguna ocasión el temor a que una alimaña saliese de la alcantarilla y se le colase por el intestino o bien le redujese las nalgas a una papilla sanguinolenta.

Sin embargo, el verdadero peligro no está debajo sino delante de ti. Lo peor que puede pasarte es que cuando presientas la amenaza, como ahora, que la estás oyendo chapalear en el agua del sifón y que sabes que está tomando impulso para saltar sobre la parte de tu desnudez que la fiera elija, lo peor, digo, es que después de gastar la poca dignidad que te queda en levantarte de la forma más honrosa posible, agarres la manija de la puerta, tires de ella con todas tus fuerzas y compruebes con horror que alguien ha atrancado la puerta por fuera.

Cuando llegué al cementerio de Villaniebla, pueblo engullido por el pantano de El Cuervo, era ya casi de noche. El cementerio seguía allí porque estaba sobre la escarpada colina desde la que se divisa el valle. No sabía cómo había llegado ni por qué estaba en aquel lugar. Atravesé la cancela y recorrí lentamente el sendero, abierto a duras penas, entre las hierbas secas y las tumbas abandonadas, cubiertas de líquenes amarillentos. De pronto, me detuve ante una de ellas y sentí que mis ojos, llenos de estupor, se salían de las órbitas y que mi corazón era una locomotora desbocada a punto de estallar. Sobre la lápida caliza estaban escritos mi nombre y mis apellidos; la fecha de mi nacimiento y la de mi muerte y debajo, una extraña frase críptica que lo explicaba todo…


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Cacería

Sábanas

Diego Seligrat (4º-C)

Diego Seligrat (4º-C)

A aquellos que se acercaban solo se les escuchaba caminar como reptiles pesados sobre la piedra. Gemían. Sus respiraciones, extensas, hacían rebufos estrepitosos en aquel valle de silencios. Allí, separados por la oscuridad, maniatados por la simple incertidumbre, les esperábamos nosotros. Atados. Sin opciones de movimiento. Sus hocicos nos olían, nosotros lo sabíamos. Las sogas nos debilitaban las muñecas y tobillos. Nuestras cabezas planeaban una huída. Éramos presas servidas ya en plato caliente. Estaban cada vez más cerca, irían en procesión, arremolinados todos en un mismo caminar, sedientos y hambrientos, sin ojos piadosos hacia sus alrededores.

Cada noche, aquel niño aprendió a dormir entre gritos, ajetreos extraños y carnicerías humanas. ¿Papá, porqué ahorcas a mis amigos?


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Cielo

Techo

Diego Seligrat (4º-C)

Diego Seligrat (4º-C)

Pensé; “no he podido hacerlo, no”. Cerré los ojos. Las ratas rodeaban el cuerpo de un señor que tirado entre las hojas de un jardín sollozaba. Un radiocasete retransmitía “Free as a bird”. Al fondo, un grupo de bebés desnudos hacían madrigueras en la tierra. Uno de ellos desgarraba la piel de los demás para tejer una mantita. Su madre, ahorcada de una rama les miraba con ternura, gesticulando con sus labios un beso al aire. Débiles esqueletos malgastaban café por sus gargantas, mientras dialogaban sentados en sillas de mimbre. Un jardín de hierva sostenía a un escuadrón de suicidas, todos a la vez se autoinmolaron. Y de pronto todo fue en vano. Se terminó. Abrí los ojos y allí seguía aquella niña infantil de ojos inocentes apuntándome con un revolver mientras su pubis sangraba. Sus ojos se vaciaban de lágrimas. Su cuerpo desnudo contagiaba lástima. Mientras, el mío se tapaba. .

Sedientos y desesperados. Los perros alzaban sus hocicos hacia los cuerpos colgados de los tendederos domésticos. Para los cuadrúpedos, un cielo de extremidades hidratadas de sangre se alzaba sobre ellos. .


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