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El periodismo y la democracia El verdadero periodismo pone los temas en el debate público. Jamás juzga para ello está la Justicia. POR: ALEJANDRO QUEREJETA BARCELÓ
El periodismo de investigación se considera como el más contumaz “perro guardián” del sistema democrático. Es el mejor garante de su estabilidad, eficacia, probidad, su capacidad de regeneración, dinámica interna y proyección futura, sino además, como afirma Luis María Ansón, director del diario madrileño ABC, “el periodismo de investigación asume la parte más delicada y difícil en esa misión de defensa de la transparencia democrática, al sacar a luz los casos, a menudo ocultos e invisibles por su propia naturaleza”. Faltan garantías Más el sistema de información de nuestras democracias no garantiza en la mayoría de los casos que el ciudadano conozca las actividades de quienes dicen representarlas y encarnarlas (personas o instituciones), sin que pueda haber
(idealmente) secretos.
Sin embargo, no es posible desarrollar el periodismo de investigación fuera de una sociedad democrática. “El periodismo de investigación colabora con la democratización de una sociedad, pero, al mismo tiempo, requiere que esa sociedad esté suficientemente democratizada como para permitir la existencia de periodismo de investigación”, afirma el periodista uruguayo Darío Klein, quien añade: “Cuanto más democratizada esté la sociedad, más posibilidades existirán de desarrollar correctamente esta misión periodística, y cuánto más periodismo de investigación realicen los medios masivos, más incentivarán la democratización de la sociedad lo que, a la vez, puede permitir desarrollar un mejor, más eficiente y más libre periodismo de investigación. Trabas El periodista de investigación sólo puede desarrollar su actividad hasta el final en una democracia. Pero aún en este sistema debe enfrentar importantes trabas y limitaciones que él mismo, con su tarea, puede ayudar a sortear y a solucionar”.
Según este autor, hay una serie de requisitos que es imprescindible observar para
que esto sea posible. El primero de ellos, que las empresas periodísticas estén dispuestas y en condiciones de apoyar empresarialmente esta actividad, que destinen los recursos y le cedan el tiempo necesario a los reporteros, y que gocen de la suficiente independencia política y económica como para permitir una práctica periodística lo más libre posible. El libre acceso Y también que la ley y la puesta en práctica de la ley garanticen el libre acceso a registros públicos, la protección a la práctica periodística y a la libertad de expresión, y la protección al secreto profesional.
Sin estos requisitos, o del mayor número de ellos en la empresa y en la sociedad, la práctica de la investigación por parte de los medios se hará prácticamente imposible o sufrirá de limitaciones que la alejen cada vez más de sus objetivos irrenunciables. Pero, como apunta Klein, “existe una diferencia sustancial entre lo deseable y lo posible, y es difícil encontrar todos esos elementos en estado puro”.
Expandirse El periodismo de investigación adolecería de un enfoque excesivamente reductor, si no se expandiera a todas las esferas de la vida económica, empresarial, deportiva, social, cultural, gubernamen-
tal o política, o sea, a la sociedad contemporánea en su conjunto.
Las revelaciones de los periodistas de investigación enriquecen el debate democrático. La sobreabundancia de información o el embotellamiento de mensajes, la mayoría de las veces aumentan la confusión y la incertidumbre de los lectores y, como indica Darío Klein, contradictoriamente pueden dar lugar a un deterioro en la comunicación.
Versión contrastada Cada vez más los medios de comunicación independientes asumen la función de contestar las versiones promulgadas por el poder con la versión contrastada y verificada, un poco más cercana a la verdad. Versiones que tratan de verse respaldadas lo más posible con los hechos, tarea para la que la investigación es ineludible. “Ni el periodismo de actualidad, ni el periodismo de declaraciones, ni las filtraciones interesadas y ni siquiera el periodismo de denuncia logran la claridad, la profundidad y la certeza que sí puede lograr el periodismo de investigación”, afirma Klein. A lo que añade Philip Meyer: “Una sociedad democrá-
tica necesita modos de poner a prueba la realidad. Los políticos y los grupos de interés definen la realidad para que ésta se amolde a sus necesidades.
Investigación Los periodistas de investigación pueden poner a prueba sus versiones de la realidad acumulando hechos que puedan crear una realidad más objetiva”. Medir la eficacia Un buen índice para medir la eficacia del periodismo de investigación en una sociedad democrática es su repercusión en el ámbito político o judicial. “La consecuencia buscada por el periodismo de investigación es poner los temas en el debate público, enriquecerlo, mejorar la calidad de la democracia y de la comunicación, vender periódicos y publicidad, mejorar los ratings, derrotar a la competencia... Pero nunca juzgar. Esta tarea corresponde a la Justicia, al Parlamento o a la opinión pública”, sostiene Klein en su texto ya citado. Sociedad alerta Porque, sin duda alguna, como considera Martínez Albertos, “es la misma sociedad la que actúa como perro guardián de los valores e instituciones, aunque parezca hacia fuera que quienes muerden son los susodichos periodistas”.
Sólo estamos ante una democracia sana, cuando el sistema reacciona con rapidez y eficacia ante los resultados de una investigación periodística, poniendo en marcha sus mecanismos de regeneración y depuración, bien sean judiciales o legislativos.
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La Ley de Comunicación Lo importante en una ley es que esta permita un mejor funcionamiento.
POR: PATRICIO CÓRDOVA CEPEDA
Cuando se debate la posibilidad de nuevas leyes siempre hay divergencias, opiniones divididas, posiciones contrapuestas, porque, sin lugar a dudas, los intereses se confrontan y afloran al calor de la necesidad de cuidar lo que hoy se tiene, no dar paso a cambios o acomodar las cosas a la conveniencia política. Mi condición de periodista y abogado, sin ser empleado de ningún medio de comunicación ni del Estado, me permite con mayor libertad opinar sobre el beneficio o no de una ley de comunicación. Es imperioso que se dicte una ley que permita un mejor funcionamiento de los medios, que brinde la oportunidad de una adecuada comunicación e información a la ciudadanía y plena libertad de expresión. El proyecto que se mantiene en la Asamblea Nacional contiene situaciones altamente positivas, como el prohibir al sistema financiero privado la participación directa o indirecta en el control de capital, inversión o patrimonio de los medios de comunicación social. Sólo así se superará aquella visión existente en el país que lo que verdaderamente hay es libertad de empresa y no de prensa. Se debe desterrar cualquier asomo de monopolios o grupos concentradores del poder económico, político o comunicacional. La profesionalización de quienes laboran en los medios de comunicación es otro de los aspectos importantes, en especial en algu-
nas funciones que requieren de conocimientos académicos, que jamás podrán ser reemplazados por la mera experiencia o los años de trabajo. No todo está en los títulos pero tampoco en lo puramente empírico, nadie puede desconocer lo fundamental de la formación universitaria. La obligación de incluir un buen porcentaje de producción nacional en la programación de los medios, dando valor y categoría a lo nuestro, es una medida acertada, que estimulará de a poco el fomento de la cultura, historia, arte y más manifestaciones colectivas propias. Lo mismo sucede al incluir en las radiodifusoras dentro de su programación un mínimo respetable de música producida, compuesta y/o ejecutada en el Ecuador. Muchos levantan sus voces y críticas al afirmar que no se trata de una ley de comunicación sino de Medios, con la intención de controlar todo y abusar del poder gubernamental para reprimir y coartar la libertad de expresión. No estoy seguro si esto puede suceder, claro está que nuestro país se ha caracterizado siempre por excesos y confrontaciones inútiles. Diría que lo esencial es mantener un sano y maduro equilibrio para que no se manipule la información, para que exista plena libertad de prensa pero con necesario control para que la libertad de expresión no se confunda con opiniones desenfrenadas, hostiles, que ningún bien le hacen al país ni a la sociedad. No hace falta crear complejos organismos burocráticos ni pretender sanciones drásticas al colmo de la desaparición o clausura de los medios, considero que lo trascendente es que haya representación equitativa del Estado, del sector privado y de la ciudadanía. Sin embargo, ante los excesos tampoco es oportuno ser demasiado tolerantes y hay que actuar con
DEBATE. Al interior de la Asamblea Nacional existen posiciones divididas sobre la ley.
firmeza, lo complicado es conducirse con sabiduría y determinar quienes son los responsables de calificar lo excesivo o lesivo. Sobre las frecuencias estimo que la nueva ley tiene que ser estricta y categórica, deben ser otorgadas en concursos públicos y con requisitos claros, en procesos transparentes y con igualdad de oportunidades, porque no debemos olvidar que antes se las otorgaban por influencias políticas o a través de padrinos y del vil metal, en una especie de festín al mejor postor, mientras el pueblo bien gracias. Valoro el pluralismo de Diario La Hora al facilitar criterios diferentes sobre los temas de opinión pública, haciendo un real homenaje a nuestro Estado diverso y democrático. Aspiremos que lo que venga sea mejor y sobre todo un verdadero aporte para el desarrollo social. Ecuador exige nuevos derroteros.
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