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Polémica en cierre de campaña en Quinindé

Hoy llega a Esmeraldas el líder social cristiano Jaime Nebot Saadi, para participar del cierre de campaña organizado por Roberta Zambrano Ortiz,candidata a la reelección para la Prefectura de Esmeraldas y respaldar a los candidatos de la lista 6, intentando de esta forma mantenerse en la provincia verde como la mayor fuerza política; es innegable la pérdida de espacios y reductos del partido social cristiano en otras zonas del país.

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La mafia albanesa vuelve al terreno político por un tuit 11

LORENA BALLESTEROS @loballesteros
La violencia y el fútbol

El fin de semana pasado volví al estadio. Lo hice después de cuatro años. Desde que tengo uso de razón, me recuerdo sentada en los graderíos del estadio Atahualpa, junto a mi padre, alentando a la Liga Deportiva Universitaria. Llevé a mi hija, desde muy chiquita, a vivir la experiencia del fútbol. Luego llegó la pandemia, los estadios se vaciaron y comenzamos a seguir los partidos exclusivamente por televisión.
La pasión se mantiene, no ha muerto, ni ha cambiado de preferencias. Uno nace con una camiseta y la lleva hasta la muerte. Pero la pasión ciega y desbordada sí se ha equilibrado. ¿Síntomas de la madurez? Por no decir, el inicio de la vejez. Quienes amamos el fútbol comprendemos la satisfacción de ir al estadio en familia, pero me sucedió algo paradójico. Me vi cohibida de gritar y alentar al equipo con ciertos cánticos. No alcé la voz libremente como antes lo hacía. La agresividad, la rivalidad, el menosprecio del otro están latentes en muchas de las barras, que con ferviente emoción se claman.
Mi esposo, que también es padre de una niña y de un niño, analizó este aspecto. Ambos queremos formar personas tolerantes y respetuosas. ¿Qué ejemplo les damos si les enseñamos a disminuir al otro?
Tomando en cuenta que para insultar o menospreciar al rival lo tachamos de gay, ‘marica’, ‘esposa’… y fomentamos un vocabulario en el cual el marido, el hombre o la virilidad son cualidades y la feminidad o la homosexualidad son defectos.
No había analizado este aspecto hasta que leí una de las columnas de Elvira Sastre, una escritora española con la cual empatizo en su sentimiento de rechazo a la agresividad y la violencia. El fútbol no tiene por qué serlo. Me disgusta que este hermoso deporte, que tantas alegrías nos da, se manche con palabras o acciones violentas. Replanteemos. Fomentemos el aliento al propio equipo sin ridiculizar o agredir al otro.
JOSÉ ALVEAR @JoseRAlvearC
Laconsulta no es chicha ni limonada, pero al final marca una oportunidad para apoyar una hoja de ruta enfocada en la transparencia, el combate a la corrupción, el narcotráfico y sobre todo la inseguridad.
Directora Nacional Gabriela Vivanco Salvador
Editor General: Jean Cano
Redacción: editorgeneral@lahora.com.ec
Publicidad: publicidad@lahora.com.ec
Año: XL No. 13562
Tratar a los niños a patadas
El país observó con horror las imágenes de una madre arrastrando a patadas a su hijo de dos años de edad. Cabía esperar una vigorosa reacción de parte del Estado —como la que se desató tras el asesinato de María Belén Bernal y que llegó hasta a contemplar la demolición de edificios—, pero lo único que hubo fue promesas en Twitter — “lo protegeremos”, escribía el ministro de Inclusión Económica y Social, Esteban Bernal—, tras una detención rutinaria e inútil. Bajo las leyes actuales, en un país que carece de una política de prevención de violencia intrafamiliar , resulta probable que la preocupación por el porvenir de ese pequeño tungurahuense no trascienda el escándalo mediático.
Las madres no son las únicas víctimas en el hogar. Hay más de 6 millones de menores de edad en Ecuador; muchos de ellos crecen bajo el yugo del maltrato y la humillación. Esas heridas sufridas en años formativos, especialmente antes de los ocho años de edad, dejan daños en ocasiones irreversibles en la psique y el cuerpo.
Los niños víctimas de hoy son los adultos agresores del mañana. Eso es lo que explica el perturbador ‘síndrome de Estocolmo’ del que adolecen tantos ecuatorianos con respecto a la violencia infantil. Tras crecer sufriendo golpizas y humillaciones, muchos terminan creyendo que estas son herramientas pedagógicas útiles y las defienden fervorosamente. Lo único que un niño maltratado aprende es que la violencia funciona, que es un recurso legítimo de la autoridad y que las agresiones tienen cabida en una relación cercana; esa es, justamente, la manera de pensar que, en estos tiempos sangrientos, necesitamos superar.
Los monstruos
Los monstruos son tales o existen cuando quien los descubre se siente diferente de ellos; entonces un monstruo no existe porque asusta o es malo, su vida depende de lo que el otro le concede como diferente.
El más célebre y conocido, Frankenstein, fue construido a partir de partes humanas y que en su esencia no era malo, sino que su maldad se generó por el rechazo de los diferentes. Otro monstruo literario o el doble de monstruosidad es el que creó Stevenson con esa historia del hombre que prueba en sí mismo una pócima para convertirse en el opuesto: Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Esta fantasía clásica nos lleva a valorar cómo somos los seres humanos que mostramos nuestra faceta monstruosa cuando queremos, pero luego se descontrola y nos gobierna, por lo que debe morir una de ellas, pero a la final, son los dos los que mueren, porque el científico es tan monstruoso como su creación.
El monstruo existe porque lo nominamos y ese nombramiento está en nosotros. Es decir, cuando ponemos apodos o cuando nos burlamos de alguien por sus diferencias físicas, somos nosotros los monstruos, no ellos. Es más fácil agredir, que empatizar y comprender.
Los monstruos están con nosotros y son aquellos que, a pesar de conocer nuestras historias, nos miran como extraños; a fin de cuentas, los monstruos siempre se reconocen en el otro y no quieren dejar ver su alma, por ello se escudan en las similitudes físicas y no en las diferencias espirituales. Si no, que nos lo cuente el personaje principal de la película de Guillermo Del Toro en ‘La forma del agua’.
O que lo diga el niño torpe, débil y cobarde que llamó ‘Frankenstein’ a una niña con una marca de operación en su dedo índice. Él es el monstruo porque ella solo demuestra su valentía y fuerza vital, mientras que él siente miedo porque no soportaría lo que ella vivió, pero su cobardía no le deja reconocerlo. El monstruo es él.
Debe quedar claro, sin embargo, que la consulta no puede quedar reducida a la aprobación o desaprobación al gobierno de Guillermo Lasso.
Las preguntas 1, 2 y 3 son de aporte indudable. En la pregunta 1 es fundamental decir que sí, porque resulta imperante la necesidad de enviar a delincuentes que hayan cometido crímenes transnacionales, al exterior para ser juzgados. La 2 garantiza la autonomía de la Fiscalía. Consiste en sacar de las garras del politizado Consejo de la Judicatura para la selección de fiscales. Basta de trabas burocráticas.
La pregunta 3 sobre la Asamblea y su número de vagos —perdón, ‘legisladores’—, se cae de madura. Es importante apoyar esta iniciativa para que no aumente el número de parásitos que se pagan sus sueldos con nuestros impuestos y no aportan nada Para las próximas elecciones en el 2025 tendremos que mantener 152 parásitos en vez de 137. ¡Depende de nosotros cambiar esta realidad!
Las preguntas 4, 5 y 6 tienen objetivos positivos para el país. Que se reduzcan los partidos políticos es necesario. Basta de regalar dinero del Estado a movimientos que no nos representan.
Las preguntas 5 y 6 son fundamentales, porque es urgente quitarle el poder al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (invento burdo del correato para controlar los poderes del Estado, mediante sus representantes disfrazados de independientes).
La pregunta 7 es la que no resulta positiva, porque incrementa el poder del Estado en sus ejes de acción. Por eso es mejor decir fuerte y claro menos Estado intervencionista ‘controlando’ más libertad.
La pregunta 8 debe ser respaldada. Hay que premiar e incentivar a quienes cuidan el medioambiente hasta que sea parte de nuestra cultura.
Es nuestro momento. No se trata de apoyar o no al Gobierno, sino de exigirle que haga su trabajo y es fundamental hacer fuerza común para buscar mejores días desde las urnas. Si evadimos esa responsabilidad, perdemos una oportunidad de oro.