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Artes - Cultura edición impresa del 11 de julio de 2010

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CYAN MAGENTA YELLOW BLACK

Ecuador, domingo 11 de julio de 2010

convocatoria

A terminar el cuento Se encuentra abierta desde el 20 de junio la convocatoria del XV Concurso ‘Terminemos el cuento’, auspiciado por la Unión Latina y la Embajada de España, con la cooperación de varias instituciones y la colaboración de publicaciones periódicas como diario La Hora. Recordamos que las bases son las siguientes:

SEGUNDO: Un viaje a Galápagos ofrecido por la revista ‘Familia’ del diario ‘El Comercio’. TERCERO: Dos noches de estadía para dos personas en Arashá Resort & Spa y un curso de escritura creativa ofrecido por el Grupo Santillana.

a) Podrán participar, con un solo trabajo, los jóvenes residentes en Ecuador entre 14 y 18 años (período del 1 PREMIO ESPECIAL ‘DIARIO LA de enero al 31 de diciembre de 2010). b) El concurso consiste en finalizar el cuento ‘Cuan- HORA’: A fin de estimular la más amdo me gustaba el fútbol’ del escritor ecuatoriano Raúl plia participación en todo el país, el Pérez Torres. Deberá hacérselo de manera diferente a diario La Hora otorgará dos pasajes como lo hizo el autor e inspirándose en los valores de aéreos a Cuba a los mejores trabajos que procedan de ciudades y poblapaz y convivencia. c) El desenlace del cuento deberá redactarse en idioma ciones con menos de un millón de habitantes. castellano, ser original e inédito y estar escrito Los premios no podrán por una sola persona en no más de dos páginas TOME NOTA ser canjeados ni transferidos. tamaño INEN A4 (210 x 297 mm), mecanograLos finalistas recibirán menfiadas a doble espacio por una sola cara. No poEl plazo de ciones de honor. drán utilizarse caracteres inferiores a 12 puntos. entrega del terminaLa CCE Benjamín Carrión entreEl trabajo tendrá un máximo de 3 mil caracte- cuento do vence el 23 de julio. gará sus publicaciones a los triunfares. dores. d) Deberá enviarse el original con seudónimo h) El fallo del Jurado será inapelable. en hoja aparte del concursante, apellidos y nombres, número de cédula de identidad o pasaporte, edad, Su veredicto se publicará en los diarios padirección (calle, número, ciudad y provincia), teléfonos, trocinadores en octubre de 2010. establecimiento donde estudia y una declaración firma- i) El autor del relato ganador, representado da por el padre, madre o representante legal autorizan- por sus padres o tutores, cederá el derecho do a su hijo a participar en el concurso y manifestando exclusivo de reproducción y distribución, que se aceptan las bases y condiciones. Se descartarán comunicación pública y traducción a todos los idiomas de su relato. trabajos sin esta información completa. e) Los trabajos deberán remitirse a: Concurso ‘Termi- j) El ganador autorizará expresamente a los nemos el cuento’, Grupo Santillana: Avenida Eloy Alfa- convocantes a utilizar con fines publicitarios ro N33-347 y avenida 6 de Diciembre, Quito, o Avenida su nombre e imagen en los actos de presenFrancisco de Orellana, edificio World Trade Center, tación y material promocional que se contorre B, Guayaquil. El plazo de admisión cerrará el sideren apropiados. viernes 23 de julio de 2010. La fecha del matasellos de k) La participación en este concurso implicará la aceptación, sin reservas, correos servirá de constancia. f) Los organizadores no se harán responsables de pér- de las bases y el compromiso de no didas o deterioros de originales, ni de retrasos o cual- retirar la obra. quier otra circunstancia imputable a los servicios de correos o a terceros. No se mantendrá correspondencia con los remitentes ni se facilitará información del seguimiento del concurso. g) Se otorgarán los siguientes premios: PRIMERO: Una visita cultural a Montevideo auspiciada por la Unión Latina y el Gobierno de Uruguay.

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7 Cuando me gustaba el fútbol RAÙL PÉREZ TORRES* • Yo bajaba con Oswaldo

por la Avenida América, rodando la pelota con pases largos de vereda a vereda, cuando mamá salió a la ventana de la casa y me llamó a gritos. Me paré en seco mirando cómo la pelota se iba solita, sin nadie que la detuviera, que la acariciara, como lo hacía yo con mis zapatos de caucho ennegrecidos y rotos. Oswaldo, estupefacto por un momento, corrió luego tras ella y yo regresé donde mamá, limpiándome las manos en el pantalón. Mi vieja, enfadada y marchita, llena de grandes surcos sus mejillas, me habló de la misma manera que hablan todas las madres pobres, me recriminó mi suciedad, mi vagancia y ese juego maldito que destruía mis zapatos y dejaba mi ropa “hecho sendales”. Luego llevándome al comedor me dijo “desclava ese cuadro de la pared y límpialo porque debes ir a empeñarlo”. Me dediqué por entero a esta labor y Oswaldo me ayudaba, tratando de sacarle el mejor brillo con el trapo que utilizaba mamá para limpiar los cubiertos (que casi siempre estaban limpios). Era un cuadro plateado de la Divina Cena tallado a mano. Despreciaba ese cuadro, siempre lo había mirado desde mi silla con esa muerta benevolencia que no servía para nada, con el tipo de barbas largas sentado en la mitad de una mesa enorme y los doce más mirando nuestro almuerzo de caras macilentas y sopa de fideo. Oswaldo me dijo: “hay que jalarle las barbas a éste” y yo me reí buscando en su actitud esa sombra protectora de la amistad, pero luego me puse triste y con ganas de decir puta madre, porque me daba pena ver cómo poco a poco nos íbamos quedando sin nada, primero el radio, luego la vajilla que le regalaron a Micaela cuando se casó, el despertador de Julia, el abrigo que Manolo heredó de papá, el prendedor que le regaló el tío Alonso a mamá cuando regresó de España, los libros de Medicina de cuando el ñaño estudiaba y así todo, y también estaba eso de que podía verme Gabriela en el momento de entrar a la casa de empeño de don Carlos, como ya me había visto otras veces. Por eso y por mucho más estaba triste. Pero Oswaldo me dijo que me acompañaría y además recordé que el cuadro no me gustaba y que ahora podría comer en paz, mirando las paredes vacías y las telas de araña que siempre me produjeron una extraña fascinación. Guardamos la pelota en la red que Micaela tejió cuando estaba encinta y bajamos a lo de don Carlos. Quedaba en el primer piso de la casa de Gabriela, había que atravesar un zaguán largo y embaldosado. Yo procuraba no topar las baldosas negras y caminaba en puntillas. Siempre que no tocaba las baldosas negras don Carlos me recibía afectuosamente y decía: “veamos, veamos, qué me traes ahora, condenado”. Al final había dos puertas cerradas y despintadas, con mucha mugre, y manoseo, con el timbre a un lado (todas las veces que tocaba ese timbre me daban ganas de orinar), se abría sigilosamente una puerta corrediza pequeña y unos ojos chiquitos sin luz, escudriñaban a los lados de mi rostro, sin fijarse en mí, hasta que finalmente me miraba y decía con voz gangosa: “veamos, veamos, qué me traes ahora, condenado”. Estiré el paquete y don Carlos preguntó: “¿qué es esto?”, a la vez que abría el envoltorio con sus manos amarillas y temblorosas. Me desentendí del asunto y me puse a mirar tras suyo todo lo que mis ojos podían ver: medallones empolvados, chalinas de diferentes colores, radios, libros, máquinas de coser y de escribir, dos o tres biblias de enorme tamaño, un cofre de hueso, cobijas, un estuche de cuero, una espada, un título de abogado con marco de madera tallado, ternos de hombre, abrigos, todo ordenado y pegado con un papelito blanco. Pero el cuarto lleno de humo no me dejaba ver más allá, donde una bruma espesa se extendía como borrándolo, como debe ser la entrada al infierno... HASTA AQUÍ EL INICIO DEL CUENTO • Con la amable autorización del autor.


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