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krokodil

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krokodil la pesadilla dulce del c谩ucaso

Fotografia: David Sim贸n Texto: Frank Richart Maquetaci贸n: klidoscopio@gmail.com


T

blisi, capital de Georgia. Dos jóvenes deambulan por la gélida noche en busca de una farmacia. Van a comprar los ingredientes para cocinar una de las drogas más peligrosas y letales que están asolando a los adictos en el este de Europa: el Krokodil. Analgésicos, codeína, azúcar y gasolina son algunos de los elementos comunes para la fabricación de este estupefaciente que se ha convertido en un sustituto barato y efectivo de heroína. Los primeras piezas periodísticas que documentan el Krokodil se centran en la apariencia que deja tras de sí el consumo mediante la inyección. Piernas gangrenadas, carne al descubierto y heridas infectadas, han sido las estampas más reconocidas e impactantes sobre los efectos de este compuesto debido a la utilización de gasolina en el proceso. Con una sola gota derramada sobre la piel, es suficiente para que la carne empiece un proceso de putrefacción. Por ello es conocida como “Krokodil” (Cocodrilo), ya que la piel de sus consumidores suele convertirse a la larga en una textura escamosa. Pero todo evoluciona. Ahora los adictos a esta desmorfina ( como se conoce farmacéuticamente), no se inyectan con una aguja sino mediante catéter, para evitar precisamente que ninguna gota dadivosa se cuele en la piel. Actualmente, a pesar de ser una fórmula con productos convencionales, su producción es totalmente ilegal en Georgia. Pese a que el origen de esta droga de diseño barato nació en Rusia apenas hace doce años, su expansión se ha dado en los países que colindan con la Federación, como en las ex repúblicas de la URSS. Actualmente el auge de este consumo se está dando en Armenia, Georgia y Ucrania, con casos registrados en Alemania y también en Argentina. ¿Pero cuál es el motivo que se esté extendiendo las drogas de fabricación casera? Hay varios, y la mayoría proceden de un mismo sitio, Afganistán. La guerra iniciada por los Estados Unidos en 2001 contra uno de los países más pobres, y a la vez, de los mayores productores de opio del mundo, supuso un corte del tráfico de heroína desde el sur de España hasta Siberia. O era más cara o de menor calidad. Esa sequia fue abonando un terreno ideal para que el Krokodil se pusiera de moda en el interior de Rusia y se fuera convirtiendo en el nuevo veneno del lumpen eslavo. Y las políticas de Vladimir Putin no apuntan a un descenso de ello. El plan Rainbow-2 que está ejecutando el gobierno ruso en Afganistán junto con las Naciones Unidas, tiene como objetivo reducir un 25% los sembríos de opio y “llevar un desarrollo económico que cree 2 millones de puestos de trabajo”. Un plan de shock no sólo contra los toxicómanos de Europa


y Asia, sino también contra el campesinado afgano de las provincias del sur del país, donde se dedican a plantar dormideras. Otro factor que aumentó la cifra de consumidores hasta el medio millón en Rusia, según datos otorgados por el periodista Simon Shuster, fue la mala cosecha de opio en Afganistán entre el 2010/2011. Esa mala siega motivó a los consumidores de algunos países a reemplazar la heroína por otras sustancias como el krokodil, el opio acetilado (conocido como “kompot”) y opioides sintéticos como el fentanilo y la buprenorfina (Subutex). Consecuencias. El krokodil se ha propagado entre los pobres que no pueden adquirir su cuota de heroína en Rusia o en las zonas donde simplemente no llega. Aún así, un hecho es que el “Do it Yourself” del Krokodil ha apartado en cierta medida a los mafiosos y al crimen organizado de sus ambientes. Dosis a 3 euros, que apenas llegan a una hora de efecto, por dos horas de preparación. Un breve sueño que describen como dulce y que los despierta con una potente adicción que los conduce a cocinarlo otra vez. El resultado para los que sus consumidores es un síndrome de abstinencia más duro y arduo que el de la heroína, con fiebres, delirios, convulsiones y dolores que se tratan con altas dosis de analgésicos. En Georgia es preocupante, ya que los hospitales son privados y sólo un 20% de la población puede acceder a una sanidad decente. La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen ha alertado sobre el aumento de su consumo y sobre las sustancias que deja en el cuerpo como el ácido clorhídrico, yodo, fósforo y metales pesados. Para la sociedad georgiana, la drogadicción es uno de los principales problemas a atajar en el país, junto con el desempleo que roza el 17%. Una de las medidas más visibles que estableció el presidente Mijeíl Saakashvili, fueron los controles policiales de orina, donde se obligaba a comprobar que no hubiera rastro de estupefacientes. Pero estos tests son poco efectivos con el Krokodil, ya que la sustancia desaparece a las pocas horas del organismo. La mayoría de los actuales adictos lo eran antes al Subutex, un derivado opioide, que no provocaba las consecuencias nefastas del Krokodil. La drástica reducción de los adictos a la buprenorfina, indica que cientos de ellos se han pasado a la codeína con gasolina y para desengancharse deben depender de 100 milígramos diarios de metadona. Muchos añoran al Subutex y se preguntan si fue mejor el remedio a la enfermedad.


Krokodil

Los nidos del se encuentran en los destar talados edificios de protección oficial soviéticos, donde se albergan hoy en día los laboratorios clandestinos. Puntos de reunión donde los toxicómanos cocinan y se sumergen en una pesadilla, que como promedio de vida suele durar de uno a tres años. lll Una tragedia más, que va cerniéndose sobre esa bisagra olvidada entre Asia y Europa. lll


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