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Era Navidad. En Linyola se inauguraba el Pesebre viviente justo después de la misa del Gallo, a medianoche. Todas las figuras vivientes esperaban, en su sitio, de la llegada de la gente que iba a inaugurar el Pesebre. Todo el mundo estaba contento desde las figuras hasta los vecinos del pueblo que iban a visitarlo. De pronto el ángel del Pesebre que estaba mas arriba dijo: -¿Dónde está el “caganer”?Todo el mundo giro la vista hacia el lugar donde debía estar el “caganer”. Todos exclamaron: -¡Sin el “caganer” no podemos empezar! Mientras, el “caganer” andaba perdido por Balaguer. Parece ser que con la niebla se había perdido. Entonces todos corrieron a buscarlo. Lo buscaron por todo el pueblo. No lo encontraron. Alguien se le ocurrió: -¿Porqué no lo llamamos por el móvil?-


-Sí, buena idea-. San José marcó el número y espero, cruzando los dedos, que respondiera. Pasados unos segundos alguien respondió: -Hola, San José, estoy más perdido que un pingüino en un garaje. San José preguntó: -¿Dónde estás?Él le dijo: -¡Estoy en Balaguer, no sé como he llegado aquí! ¡Seguramente, con la niebla me he pasado de Linyola! Entonces fueron a buscarlo y lo encontraron. De vuelta iban tan deprisa que casi tienen un accidente. Pero llegaron bien y a tiempo. Todos corrieron a sus sitios, mientras el alcalde estaba cortando la cinta. -¡Uff!... ¡Por poco, la gente entra en el Pesebre vacío!-


Un pesebre casi vacío