Producciones literarias Cotepecos 2018
Compilación de textos: Kattia Castro Toruño y Margarita Jiménez Carmona Diseño de portada: Julieth Valverde Sandoval
Índice Agradecimiento ..........................................................................................................................3 POESÍA..............................................................................................................................................4 ALIUM ............................................................................................................................................5 ÚLTIMO ADIÓS ...............................................................................................................................7 CUENTO ...........................................................................................................................................11 UN CUENTO DIFERENTE ...............................................................................................................12 MONOCROMÁTICO .................................................................................................................14
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“Derribar y destruir es muy fácil. Los héroes son aquellos que construyen y que trabajan por la paz.”
Nelson Mandela
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Agradecimiento
Este año, celebramos con orgullo nuestro VII Concurso de Producción Literaria, como parte de una serie de actividades en honor al Día del Libro.
Agradecemos a cada uno de los jóvenes que aportó su producción, su creatividad, sus ideas y su talento. Como Departamento de Español, externamos nuestro orgullo por la entrega y el sentido de responsabilidad de nuestros estudiantes. Ustedes hacen posible el desarrollo de cada idea.
Asimismo, el Departamento de Español agradece al Comité de Biblioteca y al personal de nuestra institución por todo el apoyo brindado.
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POESÍA “Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos.”
Martin Luther King
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ALIUM
Lo siento, he tratado, pero mis intentos han fallado. Desearía haber sido quien te pudo haber salvado.
Frente al espejo trata de buscar a aquella chica que solía bailar, pero tus golpes destrozaron todo lo que la hacía brillar.
Le susurras al oído que observe hacia el vacío, porque solo ahí encontrará a quien la pudo haber querido, pero no debía ir a un lugar tan obscuro y frío.
Trata de encontrarse en un mar de lágrimas que lentamente desgarra toda su esperanza. Pero no puede respirar. Tus palabras robaron todo el aire que quedaba. Cada vez se sumerge más. Por favor te lo ruego.
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Ayúdala a nadar. No comprendo cómo personas se alegran al gritar palabras llenas de odio que pueden destrozar.
Acaso no ves que cuando te burlas de su apariencia angelical cada fragmento de su alma se destroza al pasar. No importa cuánto esfuerce mi voz al gritar. Ojalá mis palabras pudieran importar.
Aquella obscura tarde esperando el tranvía, todos le exigían un acto de valentía para que seres asquerosos la aceptaran algún día. Quisiera decir que fui quien te salvó, pero por un reto aquel día su vida acabó.
Argerie Flores 11-6
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ÚLTIMO ADIÓS
Desearía que las palabras alcanzaran para expresar lo que llevo en mi interior. Que la luna y el sol se alinearan y entonces yo acabe con este dolor. No importa el futuro, no importa el pasado, si siento su presencia acercándose a mi lado. Es algo dentro de mí que me obliga a sufrir; con un cuchillo me graba: “tú debes morir”. Mi enemigo quiere derrotarme, hacerme pedazos, me flagela cada vez que puede, recordándome los pasos que llevaron mi vida a la desgracia innecesariamente, solo porque mi hermano cree que es culpa de la gente. Debí contarle todo a mi ángel, no pude hacerlo; ya que creí que jamás iba a comprenderlo. Ahora me doy cuenta de todo este error, porque se hubiera acabado todo este horror.
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¿Qué pasa cuando sabes que te desprecias a ti mismo? Que sigues jugando cada vez más cerca del abismo; y no tienes tiempo, ni razones ni motivos, para pensar en tener pensamientos positivos. Y no está justificada mi forma de sentir, ya que hay gente en este mundo que no tiene ni para vivir. Niños muriendo de hambre sin nadie que se compadezca, al punto de que la situación llegue a ser tan gigantesca, que ahora sí todos la vemos y nos unimos para llevarles las sobras de lo que ayer comimos. Y todo se juntaba y hacía como que me importaba; diciéndoles a los demás que ya pronto se terminaba. Mas hoy me he vuelto tan egoísta y ambicioso, Sin que nada me importe, tan avaricioso. Y ahora las tornas, cambian para mal, y volvemos al principio sin vislumbrar un final. Mi inseguridad vuelve a mí como un río. Cada vez que me ven solamente les sonrió.
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Oculto mi rostro tras una máscara de felicidad, pero después me castigo por tanta hipocresía. Ya que aunque por fuera parezco un hombre fornido, yo sé que por dentro soy un niño herido. Que espera a su madre a la orilla de la puerta, sin saber siquiera si está viva o muerta, pensando si ella volverá algún día, creyendo que ella realmente lo quería Y justo cuando la ve se llena de paz y alegría, pero pronto se da cuenta de que nunca volvió, ya que su madre realmente nunca lo amo. Así me siento yo, tan triste y agobiado, esperando un cambio, viviendo en el pasado. Meditando en cómo hubiera acabado, si nunca se hubiera ido de mi lado. He pensado en decir un último adiós, pero me he retenido por respeto a Dios, y por respeto a una promesa que hice en el pasado,
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omitiendo los pensamientos que ya he desestimado, y que ahora me impulsan a seguir viviendo, aunque en el fondo sé que se me acaba el tiempo. Pero yo sé que nunca olvidaré esto: "En la vida siempre hay que ser honesto"
Joqtán Hernández Mora 11-7
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CUENTO "La belleza es la apreciaciรณn, la sensibilidad a las cosas que a uno lo rodean: la naturaleza, la gente, las ideas."
Jiduu Krishnamurti
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UN CUENTO DIFERENTE
En un pequeño pueblo, cerca de lo que hoy consideramos como una “civilización”, se asentaba el castillo en el cual vivía un pequeño niño junto a su padre, el rey actual. El nombre de este niño correspondía a Fabián, nombre dado por su difunta madre, la cual se lo asignó en reconocimiento a las grandes hazañas hechas por esta persona en un pasado no muy lejano, siempre dándose a conocer por su respetuosa forma de actuar. Fabián, el entonces príncipe (sin importar su edad), se inspiró en este personaje histórico, haciendo buenas hazañas, y siempre siendo bondadoso y respetuoso. Al pasar de unos cuantos años, se volvió un adolescente muy atractivo, pero con una personalidad triste y amarga debido a la soledad que se daba en los pasillos de su castillo. Al pasar todavía más años, llegando a ser así adulto, Fabián tenía que dejar la batuta de príncipe y asimilar lo que ser rey significaba, debido a que su padre estaba un poco mayor para seguir como máxima autoridad de este pequeño pueblo. El todavía príncipe del pueblo se sentía cansado de tanto alboroto por su pronta coronación, y de igual manera se encontraba indispuesto, ya que en el fondo no iba a ser feliz hasta que pudiera tener lo que nunca tuvo, una mujer a su lado. No obstante, Fabián sabía que su papá nunca le aceptaría una pareja en el castillo, ya que para él sería una ofensa al reino tener una mujer gobernante, todo esto
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debido a que las consideraba como ineptas e incapaces de ejercer un puesto de poder. Fabián mantuvo siempre, durante su infancia, un mínimo contacto con una mujer, llamada Elisa, la cual siempre le había gustado. En el presente se seguían viendo, mas no como antes, ya que el príncipe era observado por los guardias de su padre… Después de unos días, Fabián empezó a actuar diferente, este se iba a escondidas en la noche hacia un árbol, en el cual se encontraba Elisa y hablaban por horas y horas, provocando en él una sensación de amor que nunca había sentido, una sensación de libertad y a la vez de alegría. Llegado el día de la coronación, Fabián habló con su padre a mitad del acto amenazándolo de alguna forma, en que él no iba a ser el rey del pueblo, si no permitía que Elisa le acompañara en el trono, ya que aprendió durante los momentos en que se escapaba a hablar por horas y horas con ella, que no todas las mujeres eran como su padre las había descrito, inútiles y arrogantes, sino más bien únicas y con un mundo que un hombre nunca logrará entender, por lo que le explicó detalladamente la importancia de su papel en el mundo, haciendo énfasis en la igualdad tanto social como política que se debe tener siempre en alto, si se quiere llegar a tener un futuro exitoso.
Christopher Pérez Fallas 12-6
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MONOCROMÁTICO Se dice de viejas leyendas que las almas humanas están atadas a otra, la cual le complementará y llenará sus días de felicidad. La manera en la que las personas tienen la oportunidad de encontrar a su otra mitad varía de diversas formas, cada persona es un mundo y por ello, encontrar la razón de ser de cada quien es igual de aleatoria como la vida misma. Alana vivía como cualquier otra persona, tenía buenas amistades, buenas calificaciones y su vida académica era más que perfecta. Gracias a ello, logró conseguir un buen trabajo y entrar a una gran universidad, esto para por fin partir de la comodidad de morar con sus padres y de esa manera establecerse como una adulta independiente; a los meses de empezar una carrera universitaria especializada en psicología, Alana fue capaz de hacer amistades con varios de sus compañeros del semestre en un plazo sumamente corto, cosa que la tomó muy de sorpresa al verse tan sociable de un pronto a otro. Uno de los sueños frustrados de la universitaria fue el arte, adoraba dibujar cuando era una infante y cualquier objeto o criatura que pasase por su mente eran plasmados con papel y lápiz. Pero hubo y había un problema, Alana no tiene la capacidad ver colores; los médicos pensaron que tenía un serio problema de daltonismo, que sus ojos no eran capaces de tener una percepción normal de la luz y así poder mirar la variedad de tonos como la mayoría de los menores con los que ella compartía. Otro problema que le diagnosticaron a la infante fue que no tenía ni
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una sola muestra de tener un alma gemela, alguien que estuviera destinado a amarla y cuidarla como nadie más lo haría, la madre de Alana compartía una marca que llevaba desde nacimiento, la cual muestra como un tatuaje una afición que tiene su padre y viceversa. Los otros niños sentían si su acompañante eterno tenía algún golpe o ciertas características físicas cambiaban como por arte de magia, sin embargo Alana nunca pasó por nada de eso, y eso la decepcionaba a montones. En su adolescencia lo pasó fatal al dar por hecho que siempre estaría vacía y nunca habría nadie que permanecerá a su lado. Agravando el hecho de que la pasión por el arte que ella tenía se veía imposibilitada por su visión monótona. Rendida ante el saber que simplemente podría hacer bosquejos, Alana lo dejó de lado como un simple pasatiempo para dedicar su vida a otra cosa que no se vea estancada por cómo ve el mundo, de ahí nació su interés por la psicología. No tenía por qué observar colores y si ese fuera el caso nada que un tercero no pueda decirle, por lo que manteniendo ese pequeño detalle llevando polvo, se interesó cada vez más en la mente humana junto a que lleva un curso sobre las almas gemelas, algo que en años atrás fue catalogado como un mito, pero luego de varias investigaciones se dio como un hecho canónico, cada quien estaba destinado a alguien. Mas una pregunta surcaba su mente cada dos por tres, «¿Si eso es cierto, dónde está mi otra mitad?» El profesor de ese curso siempre decía y remarcaba que era imposible el hecho de que alguien no tuviera a nadie predestinado y hacía una que otra broma sobre eso como si fuera posible, haciendo gracia a toda la clase, menos a una
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persona y esa era Alana. Ella reía de las hirientes bromas de su profesor para no levantar sospechas, pero de igual forma no culpaba al pobre hombre de no saber su extrañísima condición, por lo que como todo lo que va y viene, se terminó acostumbrando y lo empezó a ignorar, aunque de cierta forma, que alguien que lleva años estudiando la unión de almas dijo, es imposible que alguien no tenga a otra persona en su destino y eso a Alana le llenaba un poco de esperanza. Un poco. En la clase que recibía Alana ese día, vería una amplia variedad de formas en las que el destino demuestra que hay alguien esperando, las señales que se presentan en muchos casos. Era una lista enorme y tenía una inmensa cantidad de variantes, lastimosamente para Alana, ninguna de esas se había hecho presente en su vida diaria y por milésima vez en su vida, se volvió a decepcionar de su falta de un alma gemela. Y esa decepción la volvió a atacar cuando uno a uno, su profesor hizo la pregunta que Alana más temía desde que se unió al curso. "¿Cuál es su característica para hallar a su alma gemela?" Cuando su turno llegó, Alana estaba en blanco, frunció su ceño y miró las anotaciones de su cuaderno llena de vergüenza en tanto sentía las miradas de los demás miembros de clase, odiaba ser el centro de atención. —¿Alana? —Cuestionó su profesor, la mirada de ese hombre hacía que la antes mencionada mantuviese con más ganas los ojos pegados a las hojas con apuntes.
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—¿Sucede algo? El sudor pegaba unos cuantos mechones a su frente y el pulso se hallaba acelerado por culpa de la exposición social de ella y su problema, causando preocupación a los de su alrededor y, sin dilación alguna los murmullos crueles empezaron a resonar en toda la clase. "¿será que no tiene alma gemela?", "¿no ha encontrado a su otra mitad?". Las burlas eran también presentes haciendo que la desgracia de la chica incrementara sin piedad, empezando cuadros de ansiedad. Para alivio de Alana, la alarma de fin de lecciones dio presencia como un disparo sin rumbo que llama la atención y esto calmó a la sociedad inquietante, dejándola a ella sola con su pena y el profesor. — Alana... ¿No tienes un alma gemela? Ella lo miró, incrédula de que aquel hombre que siempre hacía bromas al respecto y juraba que esa condición era algo simplemente imposible, llegara a tomar como suposición aquello, era como ver a un religioso empedernido negar con seriedad la presencia del Dios al que sirve, por lo que sorprendida y decepcionada a más no poder, asintió lentamente. — Tiene que haber un error—. Suspiró para recostarse sobre un pupitre cercano y mirarle seriamente—. No digo que haya algo malo en ti, Alana. Es solo que... algo no cuadra en todo esto. Tienes que tener algo en particular. — Pues no, señor—, dejó de guardar sus cosas para encararlo—. Desde pequeña no hay nada que me ate a otra persona, nunca nada lo ha estado haciendo.
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— No. Entiende, Alana. Si no hubiera alguien destinado para ti, no hubieras nacido en primer lugar. Nunca se ha dado un caso así. Algo tienes que tener, pero piensas que es otra cosa. Por un momento a la chica se le pasó la vaga idea de que su daltonismo no era eso, en realidad no podía ver los colores porque lo haría cuando encontrara a ese alguien destinado a amarla. Aun así esa idea pasó a descarte por lo estúpido que le sonaba; la mayoría de características que brindaba una pista eran marcas indelebles o cambios físicos notorios, no enfermedades oculares. — Pues no sé qué decirle, profesor, si me disculpa, me retiro. Su autoestima chocaba con las suelas de sus zapatos, se sentía pésima, fue expuesta de la peor manera y ahora sería convertida en un hazmerreír del curso, incluso de la universidad; las personas son tan crueles que llegan a esparcir los rumores como pan caliente, sabía que era cuestión de días para ser atacada con presiones psicológicas, burlas y miradas a sus espaldas. Prestando atención a la hora del reloj de su muñeca soltó un largo suspiro, el cual ahora era visible por el frente frío que acarreaba el invierno. Debía de llegar a su departamento, no muy lejos del recinto del que salió. Las luces hacían del invierno un paisaje precioso, las calles casi intransitadas regalaban un silencio agradable, solo sus pasos ante la ligera capa nieve y el transitar de los pocos automóviles eran oídos al caminar, muchas tiendas estaban cerradas y los adornos bailaban al compás del viento llegando a mecerse con
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suavidad. Alana se tranquilizaba con el pasar del viento que ayudaba a secar esas lágrimas de desesperación, quería tener a alguien para amar, quería tener a ese alguien que la esperaría y cuidaría como nadie, el deseo de ser alguien normal, ser capaz de ver los colores de esas luces, el color de los adornos. Incluso con el inmenso frío y el abismal viento, había poca gente y notaba a un par de personas pasando por el lado contrario, no les prestaba atención, no tenía por qué hacerlo, eso hasta que un joven con prisa y bastante desabrigado colisionó con ella con bastante fuerza, soltando una queja por la molestia. Alana notó un choque de color, por un momento pudo ver los colores de las luces y de sus guantes. Ambos estaban estáticos; el muchacho con prisa se giró ahora con una paciencia estresante, como si tuviera miedo de volverla a ver. El corazón de Alana comenzaba a bombardear con adrenalina a todo su cuerpo y los latidos hacían una presión sofocante, su mente estaba asfixiándola con dudas y decidió hablar para que la persona al frente suyo se diera la vuelta de una vez. —Disculpe... Al chico le gustó esa voz, le parecía dulce y cálida, sentía que estaba en su hogar con esa simple palabra. Deseaba escucharle más, no sabía cuál era la razón, pero deseaba oír su nombre salir de la dueña de ese suave. Qué dulce le sonaba ese parecer. Ahora con ese capricho por querer ser cumplido, se volteó con rapidez, ignorando el hecho de que, siendo desde nacimiento incapaz de ver colores, por un
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momento ha visto el mundo como todos, alegre, no muerto y hecho con una escala de grises. Y la vio; fueron segundos para que ambos notaran como todo tomaba colores, ella llena de alegría porque por fin podrá hacer lo que ha querido y también porque ha encontrado eso que supuestamente le faltaba. Él, se encontraba ensimismado, la veía sonreír mientras observaba alrededor y entonces se puso a pensar: «Vaya, enamorarse a primera vista me parecía una estupidez. El amor en general, pero... de verdad me siento raro, me siento egoísta... y eso me aterra», y soltó un murmuro de duda para ahora ser él, el que llegará a llamarle la atención. —Lo lamento, es solo que... todo es precioso—, y hubo contacto visual, definitivamente tenía más razones para aterrarse—. ¿Me permitiría saber su nombre? No lo pensó mucho, se sentía obligado a complacerla—, Andrew, me llamo Andrew, señorita... —La típica pausa para dar oportunidad a una presentación. —Alana, un placer Andrew. Justo como lo pensó, su nombre brotaba suave y armonioso, Andrew estaba maravillado, por ello todo lo que Alana hiciera le parecía perfecto, había caído de bruces en eso que tanto trataba de evitar. —El placer es mío, Alana. No solo Andrew se encontraba encerrado en un mundo en donde la persona que estaba enfrente suya se convirtió en la prioridad número uno en un santiamén,
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la cual le caliente, sabía que era cuestión de días para ser atacada con presiones psicológicas, burlas y miradas a sus espaldas. Prestando atención a la hora del reloj de su muñeca soltó un largo suspiro, el cual ahora era visible por el frente frío que acarreaba el invierno. Debía de llegar a su departamento, no muy lejos del recinto del que salió. Las luces hacían del invierno un paisaje precioso, las calles casi intransitadas regalaban un silencio agradable, solo sus pasos ante la ligera capa nieve y el transitar de los pocos automóviles eran oídos al caminar, muchas tiendas estaban cerradas y los adornos bailaban al compás del viento llegando a mecerse con suavidad. Alana se tranquilizaba con el pasar del viento que ayudaba a secar esas lágrimas de desesperación, quería tener a alguien para amar, quería tener a ese alguien que la esperaría y cuidaría como nadie, el deseo de ser alguien normal, ser capaz de ver los colores de esas luces, el color de los adornos. Incluso con el inmenso frío y el abismal viento, había poca gente y notaba a un par de personas pasando por el lado contrario, no les prestaba atención, no tenía por qué hacerlo, eso hasta que un joven con prisa y bastante desabrigado colisionó con ella con bastante fuerza, soltando una queja por la molestia. Alana notó un choque de color, por un momento pudo ver los colores de las luces y de sus guantes. Ambos estaban estáticos; el muchacho con prisa se giró ahora con una paciencia estresante, como si tuviera miedo de volverla a ver. El corazón de Alana comenzaba a bombardear con adrenalina a todo su cuerpo y los latidos hacían una presión sofocante, su mente estaba asfixiándola con
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dudas y decidió hablar para que la persona al frente suya se diera la vuelta de una vez. —Disculpe... Al chico le gustó esa voz, le parecía dulce y cálida, sentía que estaba en su hogar con esa simple palabra. Deseaba escucharle más, no sabía cuál era la razón, pero deseaba oír su nombre salir de la dueña de ese suave. Qué dulce le sonaba ese parecer. Ahora con ese capricho por querer ser cumplido, se volteó con rapidez, ignorando el hecho de que, siendo desde nacimiento incapaz de ver colores, por un momento ha visto el mundo como todos, alegre, no muerto y hecho con una escala de grises. Y la vio; fueron segundos para que ambos notaran como todo tomaba colores, ella llena de alegría porque por fin podrá hacer lo que ha querido y también porque ha encontrado eso que supuestamente le faltaba. Él, se encontraba ensimismado, la veía sonreír mientras observaba alrededor y entonces se puso a pensar: «Vaya, enamorarse a primera vista me parecía una estupidez. El amor en general, pero... de verdad me siento raro, me siento egoísta... y eso me aterra», y soltó un murmuro de duda para ahora ser él, el que llegará a llamarle la atención. —Lo lamento, es solo que... todo es precioso—, y hubo contacto visual, definitivamente tenía más razones para aterrarse—. ¿Me permitiría saber su nombre? No lo pensó mucho, se sentía obligado a complacerla—, Andrew, me llamo Andrew, señorita... —La típica pausa para dar oportunidad a una presentación. —Alana, un placer Andrew.
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Justo como lo pensó, su nombre brotaba suave y armonioso, Andrew estaba maravillado, por ello todo lo que Alana hiciera le parecía perfecto, había caído de bruces en eso que tanto trataba de evitar. —El placer es mío, Alana. No solo Andrew se encontraba encerrado en un mundo en donde la persona que estaba enfrente suya se convirtió en la prioridad número uno en un santiamén, la cual le había obsequiado la maravilla de notar los colores. Alana estaba estupefacta con Andrew, buscaba una imperfección en el muchacho frente a ella, pero no obtenía respuestas, sabía que el amor enceguecía, las películas y libros que veía no se alejaban de la realidad, de su realidad, eso de cierta forma le asqueaba y asustaba. —Sé que es tarde, Andrew. Pero me gustaría conocer a aquel que le dio color a mi mundo, literalmente— espetó con una risilla ligera, tal vez para no hacerlo ver muy precipitado—. Podemos tomar algo, claro está, si ya no tiene la prisa con la que llegamos a chocar. Ahora el que soltaba la risa era Andrew, no esperaba que ella tuviese el mismo problema, no perdería la oportunidad de conocerla, incluso si llegaba a los extremos de la hipotermia y dejaba a sus amigos y hermano plantados en aquel club al que se dirigía. Hay prioridades y Alana era ahora la primera de todas. El silencio no era grato, era incómodo para ambos y eso era entendible, conocer a un completo desconocido por un choque y descubrir que están atados
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por el destino no es algo de todos los días, por parte de Alana el hallazgo repentino de que en realidad sí tiene un alma gemela y no tiene daltonismo la dejaba perpleja, por parte de Andrew, el saber que se estaba enamorando sin conocerla y además, luego de negarse rotundamente a la idea de estar con alguien, ahora quiere que esa muchacha que camina junto a él repita su nombre interminables veces y desea mirar cada detalle que hace, cada expresión, las costumbres que tiene, lo que sea. Mas ambos no sabían ahora cómo actuar, parecían dos niños descubriendo algo nuevo, son almas gemelas, pero no pueden irse jurando amor eterno sin siquiera saber el apellido del otro. La vida no funciona así. Tal vez por eso Alana dio el primer paso, incluso si esto conllevaba a caer en un abismo desconocido y recurrir a la improvisación por no pararse a pensar dos veces el mover su pie, tal vez era hora de salir de esa burbuja de confort. Por fin obtuvo todo eso quería, pero aun así sentía que no lo merecía, que de un pronto a otro todos estos regalos se le iban a ser arrebatados y, de nuevo, iba a quedar incompleta y llena de desdicha. Tal vez es por eso que Andrew aceptó la invitación, inconscientemente lo hizo; luego de privarse a sí mismo de amar y querer cariño por parte de los demás, le está dando a Alana la oportunidad de romperlo a como ella le plazca, tratando de ignorar las consecuencias de ser manejado al antojo de otra persona, algo dentro de él quería atención, quería vaciar esa soledad que le llenaba día con día. Para mala suerte, no había a la redonda ni un solo lugar que ofreciera lo que buscaban, por lo que Alana prometió que sería en otra ocasión y pidió el celular de
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Andrew para no perder el contacto, no quería irse sin poder aprovechar la oportunidad de aquel que la abrumaba con su mirar, odiaba con toda su alma el contacto visual, le avergonzada y eran escasas veces en las que lo hacía, pero Andrew no tenía problemas en mirarle fijamente y poco a poco pensaba que con él podría acostumbrarse si su ansiedad se lo permitía. —Disculpame, Alana. Pero no tengo celular. Eso la descolocó por completo. Parpadeó un par de veces por la sorpresa y tomó fuerzas para mirarle, Andrew tenía una mirada llena de pena, no mentía con ello para alejarse de ella, en parte eso la tranquilizaba, pero su inseguridad crecía como sus esperanzas. —Pero como supongo que usted, bella señorita sí tiene uno a su disposición. ¿Me dejaría su número telefónico para llamarle cuando pueda, por no decir mañana? —Alana carcajeó, el tono sabía que era de broma y captó que se trataba de la formalidad con la que le habló minutos atrás. —Claro que sí, buen joven. Y sacando un bolígrafo de su bolso y un pequeño trozo de papel de aquel cuaderno que miró tan fijamente, apuntó su número de teléfono. Feliz, Andrew guardó ese número en un bolsillo y, siguiendo la actitud que tomó luego de encontrar con Alana, habló sin considerarlo antes.
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— A pesar de que no pudimos tomar algo, me ofrezco a acompañarte a tu casa, es mi deber como caballero —riendo añadió: — solo si me lo permites, claro está. Era una buena idea, aunque se regañó mentalmente por no conectar la lengua con su cerebro, sabía que acompañarla le dejaría sacar algo de conversación y hacer su relación más amena. Y Alana con la misma mentalidad aceptó. Y de ahí, el salir a caminar y dejar a Alana en su departamento se volvió parte de la rutina de ambos. Las semanas pasaban tan rápido y la relación de ambos también crecía, ambos sabían que eran almas gemelas, era algo muy obvio, pero formar una relación de un pronto a otro les parecía algo muy estúpido sin saber nada de lo que hace el otro, por lo que decidieron hacerlo como la gente normal lo hace, empezando con una amena amistad. Andrew estaba perdidamente prendado de Alana y el afecto era bilateral luego de ahora tener tres meses de amistad, se demostraban el cariño necesario como para darse a entender que el ser algo no estaba mal, mas no sabían el cómo se podría hacer oficial y tampoco había que ser precipitados. Al paso de ya tener seis meses de amistad, Andrew se quedó quieto en medio de la acera por la que iban caminando, Alana notó el extraño comportamiento de su compañero y se dio la vuelta para preguntarle si se encontraba bien, pero Andrew
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estaba en blanco sin saber qué decir y temblando por los nervios de aquello que su mente imaginaba. —Andrew, ¿pasa algo? — Sin embargo no recibió una respuesta, obligándola en base a su preocupación a tener que acercarse—, no es divertido, di algo. Andrew levantó su mirada al sentir el contacto, Alana había acunado sus mejillas con sus delgadas manos para que alzara su mirar, una fuerte mirada azulina derrumbó su concentración e hipnotizó, como odiaba eso de estar enamorado, lo ponía verdaderamente idiota, no odiaba a Alana, se odiaba a sí mismo por no tener autocontrol. Un poco después de estar perdido en la mirada de color zafiro, tomó una profunda bocanada de aire y se armó de valor, ¿para qué?, pues para besar a su otra mitad, claro está que la fémina no se lo esperaba, para nada, por lo que estaba estática sin saber qué hacer, tenía sus ojos abiertos por la sorpresa del chocar así con Andrew, era pésima en todo lo que conlleva la palabra amor en su contexto, pero quería corresponderle. Andrew se separó dudoso luego de no tener la reacción esperada, y de nuevo ese escenario que pasó por su cabeza se repitió como un déjà vu. Se sentía un verdadero imbécil por esa decisión tan poco acertada de su parte y ahora le quedaba pedir un centenar de disculpas a Alana. Bueno, eso pensaba hasta que la tímida chica enfrente suyo lo besó de vuelta con pena, los suaves labios de la chica temblaban con inexperiencia, cosa que le parecía tierna a Andrew, le encantaba
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saber que todo lo experimentaría con él, el labial sabor a frutilla ahora hacía presencia por el corresponder de la chica, ahora el besar sí era dulce como la miel. El beso terminó segundo después y Alana pegó media vuelta y siguió el camino de siempre—. Déjame decirte, Andrew, que eres un completo idiota. —Lo sé —respondió coqueto para molestarla y seguirla en tanto festejaba mentalmente de no haber fracasado. Y así es como esos dos terminaron juntos de forma oficial. «No puedo llegar hoy, te lo debo.» Se leía en el mensaje que había enviado Andrew, Alana iba a hacer una tarde de películas y ya tenía todo listo para el momento en el que su prometido hiciera presencia y así darle una gran noticia; eso que los padres siempre le dicen a sus hijos de que la vida se pasa más rápido luego del colegio no era mentira, Alana ya tenía dos años de vivir con Andrew y tres de conocerlo, no esperaba ser tan afortunada. No estaba enojada con él, entendía que el trabajo de ser médico complicaba las cosas el doble de lo normal, pero lo entendía, lo que no la dejaba tranquila era la horrenda sensación de vacío que sentía en el pecho. Alana tenía un mal presentimiento y todo se confirmó con el vibrar de su celular. «Andrew.» —¿Sí? —Quería mantener la compostura y estar tranquila, pero el sonido de fondo no ayudaba en nada. Sonaba un desastre. —¿Alana? —La voz de Andrew tampoco—. Lo lamento — soltó sin más.
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—¿A qué te refieres, Andrew? —Déjame hablar, ¿sí? — La respiración al otro lado de la línea era entrecortada y rápida. —Lamento mucho lo que va a suceder en un futuro. Aun así quiero decirte lo mucho que me has hecho feliz en estos tres años, lo extraño e idiota que me pones con tus gestos que me enamoran cada día más. Dios, estoy siendo demasiado dulce, incluso para mí… de verdad adoré el poder despertar a tu lado y vivir contigo, el ir a la misma universidad y trabajar cerca, adoro tu comida y la forma en la que bailas cuando crees que nadie te ve, aunque eso es falso ya que yo lo hago —rio para luego toser. —¿Por qué me dices todo esto?, ¿qué está pasando? —Quería llorar, no era tonta, pero esperaba que fuera una broma pesada de las que él siempre hace. —Silencio, estoy hablando, mujer —soltó con gracia, quería aligerar las cosas—. Continuando… de verdad espero que seas feliz, Alana, y me vuelvo a disculpar e implorar tu perdón. Te amo con todo mi ser por como eres y por cómo me tratas, eres lo mejor que me ha pasado, no me arrepiento de haber encontrado a alguien como tú —. Eso fue lo último que soltó, lo demás eran suaves quejidos, Andrew estaba llorando. —¿Andrew?, no nos dejes solos por favor —espetó Alana llena de miedo, el vacío de su pecho ahora estaba por todo su ser.
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—¿Solos?, ¿de qué hablas Alana? — El llanto del varón había sido calmado por esa sorpresa.— ¿Estás embarazada? Él solo recibió un murmullo de asentimiento por parte de la chica, haciendo que un fuerte quejido de impotencia se traspasara al oído de Alana. —¿Sabes que me has hecho el hombre más feliz del mundo con eso que has dicho?— dijo melancólico, por el respirar se notaba que una sonrisa adornaba su cara.— Los amo, de verdad. — Yo también te amo, nosotros te amamos —susurró Alana con dolor sin saber qué más responder. —Yo más, Alana —. Y cortó la llamada, no quería escuchar el llanto de ella. Segundos después de haber terminado la llamada, los ojos de Alana perdieron la capacidad que tenían para observar los colores, confirmando para Alana que Andrew se estaba disculpando de dejarla sola para siempre. Andrew había sufrido un accidente automovilístico a causa de un conductor ebrio, planeaba darle una sorpresa a Alana al salir temprano del hospital, una sorpresa como la que ella le tenía preparada; luego del choque y al saber que no llegaría a tiempo al hospital tomó la decisión de llamarla, simplemente para oírla por última vez, oírla hasta que su corazón se diera por vencido por la pérdida de sangre. Qué cruel es el destino con aquellas almas jóvenes que solo quieren experimentar el amar. Tal vez la leyenda de que aquellas almas que son arrebatadas de forma cruel de su otra mitad tiene otra oportunidad de volver a
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encontrarse para remediarlo todo, quizรก se cumpla sobre Alana y Andrew, tal vez en otra vida ellos puedan terminar bien.
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