Respeto y AutonomĂa Montserrat Fabres
Principios de referencia en el Instituto Emi Pickler • Actividad autónoma: en los hábitos y en el juego. Depende de la actitud del adulto. • Relaciones personales estables. • Toma de conciencia. • Bienestar físico. Pickler hizo una estadística como pediatra comprobando que tenían más caídas los niños que pertenecían a clases acomodadas. Un niño/a que se mueve en libertad es más prudente, tiene un mayor conocimiento de sí mismo y es protagonista de su desarrollo. El niño es capaz desde que nace, es una persona que forma parte activa de su propia evolución, que necesita moverse, comunicarse.
Cuando hablamos de pedagogía activa ¿quién creemos que tiene la actividad? Lòczy es un ejemplo de pedagogía activa desde la cuna, diseñada para niños y niñas que viven en situación de grupo. El adulto tiene la responsabilidad de personalizar la relación con cada niño de este grupo. Y esta relación está basada en el respeto a su libertad. Aceptar la libertad de cada niño, de cada niña supone aceptar su autonomía, y por tanto, que cada niño es único en su desarrollo. Actividad autónoma: Si le ayudamos a solucionar todas sus tareas, le privamos de lo más importante para su desarrollo intelectual. Las vivencias producen conocimientos más sólidos. El niño que experimenta siente pequeñas frustraciones que podrá superar. Esto es diferente a si se interviene poniendo retos desde fuera. Por ejemplo, si los ponemos sentados antes de que se sienten por sí mismos, les estamos impidiendo que maduren para sentarse solos.
El niño tiene que sentirse cuidado, mimado, atendido, pero no debe sentir que se le hace algo que él podría haber hecho por sí solo. Esta conducta sólo genera dependencia. Por ejemplo: la tumbona: crea situaciones de dependencia, nos creamos cargas como educadoras y ponemos a los niños en situación de fracaso. Frente a la tumbona USAR EL SUELO, permite la experimentación del equilibrio y los movimientos armoniosos. Las posiciones intermedias permiten un trabajo corporal y cognitivo más elaborado. El niño debe ir encontrándose obstáculos, materiales firmes y un suelo no mullido pero sí más blando que las losetas. Por ejemplo, madera. Para poder dejar libertad, hay que confirmar que los espacios y los materiales sean seguros.
¿cuándo intervenir? Cuando observamos angustia en el niño. Pero esta intervención puede ser no invasiva, sino sugerente de soluciones. Escuchar. El niño es capaz de sentir cuándo tiene sed o hambre desde que nace. También cuándo está saciado. El adulto debe mirar, escuchar, interpretar qué nos está comunicando con su gestualidad. El adulto ha de hacer un trabajo personal. Dejar “a la maestrilla que todos llevamos dentro”. Y establecer una relación de igualdad con la infancia.
Concepto de autonomía • Reconocer el potencial que tiene el niño para: – Ser – Hacer – Escoger – Decidir • Permitir que reconozca sus necesidades: – El adulto no marca – El niño indica (Metáfora de los pasos de danza. Recordar el vestido) La participación por placer supone no poner en situación de fracaso, dar tiempo a cada acción, reconocer la importancia que tiene la vida cotidiana en la construcción de la personalidad.
Trabajar los hábitos ¿para quién? • ¿Para satisfacer las necesidades del adulto?¿para mejorar la organización escolar? • ¿Para favorecer la salud y el desarrollo de los niños y las niñas? • ¿Dónde están los límites? No podemos elegir entre todo. No es real. Pero podemos dar al menos dos opciones. Dejar elegir es OTORGAR COMPETENCIA • Procesos de elección = procesos cognitivos complejos. • Actitud del adulto: – “Te dejo” – “Te impongo” – “Te propongo”
¿Cómo favorecer la autonomía? Respetar la libertad de sus movimientos. Respetar sus iniciativas. Dar tiempo. (Modificar, hasta donde sea posible, la organización del grupo del que se es responsable) Acompañar, no ir por delante. Autonomía motriz A. Mejor desde lo interior que desde lo exterior. B. Rol de la educadora: preparar el ambiente, estar presente, observar. C. No privarles del placer de conseguir sus logros. Esto es hacerles competentes para conocer su cuerpo, sus límites y el espacio donde se desenvuelven. Compete al adulto hacer sentir al niño que es competente = construcción de autoestima. Un hecho: el lactante no necesita del adulto para cambiar de posición.
Autonomía en las rutinas
• Principios:
– Dar cuidados afectuosos, – Atención personalizada, – Confianza y seguridad.
No se trata sólo de satisfacer una necesidad fisiológica, sino de todo lo positivo o negativo que un niño/a recibe del adulto cuando se le trata: indiferencia, afecto, rechazo. Cabe preguntarse cómo nos organizaremos para que estos momentos sean de máximo placer. Feedback: • No perder la escucha • Tener en cuenta sus iniciativas. Pedir colaboración. • Poner palabras a nuestras acciones. • Dar tiempo: esperar la respuesta. • Responder a sus peticiones (que los bebés hacen con gestos y miradas)
La comida • Estar atento a sus señales (mirada, boca y cuerpo) • ¿Qué hago con lo que me dice? • Escuchar el momento evolutivo y volitivo para adecuar el espacio y los materiales. • Hacer de la comida un momento placentero. • Ser consciente de todas las cosas que ha de aprender alrededor del momento de la comida: placer, atención, mantenerse sentado, control óculo-manual, relación social, uso de cubiertos, etc.) • Las esperas: lo menores posible. Si empezamos a dar señales como poner baberos será porque la comida esté preparada. • Organizar la participación progresiva: poner la mesa, repartir comida o agua (pensar el material) • Documentar las conversaciones en la comida. • Respetar ritmos, gustos y demanda de agua. • Mejorar la organización. • Dar de comer y beber en el regazo hasta que se siente sólo: somos más conscientes de lo que nos comunica y hace mejor la digestión. • No dar de comer por detrás. No estar todo el tiempo de camarera. • Usar vajilla adulta.
Cambio de pañales • Es un momento de placer. • Buscar la mirada y hablar. • ¿Podemos dejarle que se mueva? ¿En qué posición lo podemos cambiar? ¿Cómo puede participar? • Buscar un espacio amplio que permita que se gire, o el suelo. • Coreografías individuales: buscar rituales, poner palabras a cada niño, a cada niña. • No manipular mecánicamente. • Pensar en el bienestar de los otros niños que no están siendo cambiados. Mirar y prepara el espacio antes de irse a cambiar. • Control de esfínteres: – No poner en el orinal, ofrecer, proponer. – No hacer excesivas fiestas cuando controla, sobre todo por los demás.
• Escribir en nuestro proyecto las prácticas detalladas que dan coherencia a nuestros principios pedagógicos.
Juego El juego es actividad de descubrimiento, a través del movimiento, de él mismo, los demás y lo demás. Condiciones del juego: – Satisfechas otras necesidades: sueño o hambre. – Seguridad física (materiales, hacinamiento) – Seguridad psíquica (miradas, presencia, palabra, y protegerles de otros o de cosas). – Tiempo regular y suficiente. Flexibilizar la estructura organizativa. – La acción espontánea, aunque planificado el ambiente y materiales, es más interesante que la dirigida por la educadora. Espacios de juego: – Facilitar el movimiento. – Crear vacios para moverse. – Materiales para arrastrar, trepar, subirse y bajar. – Objetos Goldschmied pero no sólo a ratitos. – Material poco estructurado y seguro, y que no necesite la ayuda del adulto, acorde con sus intereses cambiantes. – ¿cómo presento el material?
El adulto • Dar tiempo para recoger. Avisar, dar tiempo para terminar el juego. Reconocer que es una actividad importante para el niño. • Mantener el espacio de juego confortable. • Un adulto que espera, confía, permite, acepta, está, y organiza ambientes. • Un adulto que permite la libertada de acción. • Un adulto que pone límites: que asegura y protege en situaciones de peligro y frustración. • Que observa y documenta. • Que ejerce como modelo al cuidar los ambientes y los materiales. • Que es espejo de logros y dificultades • Que es consciente que los niños no le necesitan para jugar