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EXPRESIÓN Y COMUNICACIÓN. Carmen García Velasco

LITERATURA INFANTI L. Orientaciones para la narración

“Diré que el dominio de la palabra es la obsesión perdurable que determina la condición humana. La conquista del lenguaje para narrar la experiencia vivida, para expresar inciertos mundos interiores, para formular el universo que se desea, es el anhelo que unifica la vida de las personas desde el amanecer al crepúsculo. La palabra es la materia que sintetiza lo imaginado, esto es, la imagen que del mundo tiene la persona, y esa imagen, aún la más insólita y asombrosa, reproduce siempre lo visto, lo soñado o lo adivinado. La palabra consolida la experiencia, y la palabra traduce nuestro sueño. Con la palabra aprenhendemos la realidad, y con la palabra instituimos otras realidades. La apropiación del lenguaje es el antiguo eterno combate de la persona, que no es sino un combate con uno mismo... El cuento, la narración, la literatura, reflejan la pugna intensa y silenciosa con los fantasmas que nos ensombrecen, con las emociones que nos acosan, con los sueños inaprensibles y huidizos, y al reconocerlos a la luz del día nos da oportunidad de ordenar el caos profundo, dar forma a lo informe y dominar y no ser dominados. La apropiación de la palabra es un aprendizaje esencial, y una agonía tormentosa” (Juan Mata, 1985).

Cada día se valora más el contacto de niñas y niños con la literatura infantil. En la escuela esta visión no se ciñe al libro, sino que intenta coordinar todas las creaciones que tienen como vehículo la palabra, cualquiera que sea su sistema de transmisión. Los cuentos, la poesía y el teatro para niñ@s, la dramatización, las canciones de corro, las letrillas o las adivinanzas, los tebeos, y las producciones de televisión y cine,... Por tanto, el análisis de la literatura infantil debe atender no sólo a los aspectos literarios y floklóricos sino también a los pedagógicos y psicológicos. La literatura infantil tiene sus orígenes, por un lado, en la tradición popular que transmitía oralmente hechos y leyendas, la cultura de un pueblo, y por otro lado, en el inicio de la escolarización, siglo XVII, con la elaboración de libros específicos para enseñar. A lo largo del siglo XVIII, se recopilaron cuentos de tradición oral y se crearon otras narraciones que por sus características mágicas –en plena era de la razón—se consideraron infantiles. En el siglo XIX, la Edad de Oro de la literatura intantil, se desarrollaron diversas corrientes: recreadoras de cuentos populares (Grimm y Andersen), de aventuras (Verne, Kiplin) y realistas (Twain y Collodi), etc.

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Actualmente, se perciben las siguientes tendencias: Adecuación de la obra a las características evolutivas; intereses según la edad, temas, lenguaje e ilustraciones adaptadas. Estética y valor literario. Fomento de valores sociales, de carácter instructivo, sobre temores infantiles, etc. Escrita por niños y niñas.

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EL CONTACTO CON LOS CUENTOS Juan Mata (1985) afirma que “narrar cuentos a los niños no es un acto filantrópico, ni siquiera pedagógico, sino iniciático, vital... Los niños encuentran en los cuentos respuestas a muchos interrogantes... Los personajes y las situaciones de los cuentos les permiten elevar a símbolos sus caóticas intuiciones interiores”. Entendemos que el cuento contado por una persona en directo, pese a los alicientes de la música y efectos especiales de las grabaciones, es insustituible por su carácter humano y directo. El cuento tradicional tiene fórmulas que evocan un mundo distinto: Erase una vez... que pueden trasladar a todo un grupo a otro ambiente, donde se produce una adhesión afectiva entre los oyentes y el narrador. El / la narrador ha de atraer la atención de su auditorio, establecer una relación amorosa con la historia, “meterse” en la narración, saber todos sus detalles, pero no relatarlo de memoria. Se trata de contar una historia como si nos hubiese sucedido. Sólo merece la pena memorizar pasajes especialmente bellos o repeticiones y fórmulas que confieren un estilo propio al cuento. La narración de un cuento requiere de una atmósfera adecuada: ambiente relajado y todos cómodamente sentados de manera que se facilite la comunicación. Durante el relato, la mirada del narrador /a se debe posar en los oyentes, expresando con los ojos y con todo el gesto corporal lo que se está contando. El tono de voz ha de ser adecuado a la narración. Pero, incluso cuando se murmure es necesario proyectar la voz y vocalizar las palabras. Se pueden atribuir diferentes timbres a cada personaje o a alguno en particular. Podemos mirar, tocar o realizar comparaciones positivas con algún niño que se haya distraido. Contestar brevemente las preguntas que realicen a lo largo de la narración. Hacerles partícipes con onomatopeyas, repeticiones, etc. Las fórmulas rituales para empezar y acabar historias pueden ser las tradicionales o inventadas por nosotros/as mismos. Podemos apoyarnos para la narración, en el uso de un títere, un muñeco, diapositivas, ilustraciones, un cuento editado, etc.

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PERO LOS NIÑOS Y LAS NIÑAS TAMBIÉN CUENTAN... Cuando los niños cuentan, ejercen de magos. Especulan con sonidos, mezclan, manipulan, analizan, repiten palabras oídas, funden trozos de historias recibidas: siempre en busca de la materia que comunica y todo lo puede. El hallazgo casual, la fusión fortuita, el encuentro azaroso de palabras rivales, es motivo de placer, de humor. Dar la palabra a los niños, escucharles, no sólo cuando demanden atenciones nuestras, sino también cuando a través de sus palabras van contando cómo interiorizan lo que viven, su significado... permite que la palabra se troque en sensación y la narración en emoción. El niño cuando narra se ayuda del gesto, de los objetos, de las sensaciones, de la vista y de los recuerdos vivenciales. Todo ello da a su narración gran vitalidad y sinceridad emocional. La motivación para narrar es por una parte gustar al oyente/s, y por otra, gustarse a uno mismo. Esto hace que se busque y reitere el chiste o aquello que tuvo más éxito, y por otra parte, que a veces se caiga en el ensismamiento del discurso olvidando a los oyentes. Escuchar a la infancia constituye un derecho de ésta y un placer y un descubrimiento para el adulto que usa su oreja verde.

Bibliografía: • • •

RODARI, “La gramática de la fantasía”, Aliorna, 1991* PELEGRIN, “La aventura de oír”, Cincel.* VVAA. “Y entonces…” PMEI, 1985

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