EL PARAÍSO DEL NECIO
EN ALGUNA PARTE, vivía alguna vez un hombre rico que se llamaba Kadish. Tenía un único hijo que se llamaba Atzel. En casa de Kadish, vivía una pariente lejana, una chica huérfana llamada Aksah. Atzel era un muchacho alto, de pelo negro y ojos negros. Aksah era un poco más baja que Atzel y tenía ojos azules y pelo dorado. Los dos eran de parecida edad. De niños, comían juntos, estudiaban juntos y jugaban juntos. Atzel jugaba a ser el marido; Aksah, a ser su mujer. Se daba por hecho que, cuando fueran mayores, se casarían de verdad. Pero, cuando se hicieron mayores, Atzel se puso enfermo de pronto. Era una enfermedad de la que nadie había oído hablar nunca: Atzel se imaginaba que estaba muerto. 5
¿Cómo se le metió en la cabeza semejante idea? Parece que fue por escuchar historias sobre el paraíso. Había tenido a una vieja nodriza que le había descrito ese lugar constantemente. Le había contado que, en el paraíso, no era necesario trabajar ni estudiar ni hacer ningún tipo de esfuerzo. En el paraíso, se comían chuletas de toro salvaje y solomillos de ballena, se bebía el vino que el Señor les reservaba a los justos, se dormía hasta muy avanzado el día y no se tenía obligación alguna. Atzel era holgazán por naturaleza. Odiaba levantarse por la mañana temprano y estudiar lenguas y ciencias. Sabía que, algún día, tendría que ocuparse del negocio de su padre, y no quería. Desde que su vieja nodriza le dijo que la única forma de llegar al paraíso era morirse, Atzel decidió hacer justamente eso, y lo antes posible. Pensó y discurrió tanto sobre ello que pronto empezó a creer que estaba muerto. Como es natural, la preocupación de los padres de Atzel cuando vieron lo que le ocurría fue terrible. Aksah lloraba en secreto. La familia hizo todo lo posible por tratar de convencer a Atzel de que estaba vivo, pero él se negó a creerles. Les decía: –¿Por qué no me enterráis si ya veis que estoy muerto? No puedo ir al paraíso por vuestra culpa. Llamaron a muchos doctores para que vieran a Atzel y todos trataron de convencer al joven de que estaba vivo. Le hicieron saber que hablaba, comía y dormía. Pero, al poco tiempo, Atzel empezó a comer menos y raramente hablaba. Su familia temía que fuera a morirse de verdad. Desesperado, Kadish fue a consultar a un gran especialista, famoso por su sabiduría y erudición. Se llamaba 6