Skip to main content

Siempre estuve aquí C - Nadia Terranova / Pia Valentinis

Page 1

El 27 de noviembre de 2006 se rindió

homenaje a la filósofa María Zambrano, dando su nombre a la estación de tren de la ciudad andaluza de Málaga. Es curioso que el nombre de María esté asociado al de un lugar en el que, a cada minuto, alguien se va o alguien llega; un lugar de tránsito y de adioses, de abrazos y de despedidas, de separaciones y de reencuentros. Sin embargo, ningún otro lugar es más adecuado que una estación para recordar a una mujer que pasó toda su vida de viaje, pero que no se alejó jamás de España, ni con el corazón ni con la escritura. Una mujer que llevó dentro de sí, allá donde fuera, aquella Andalucía que, durante una imborrable infancia, nutrió su alma y su imaginación.

13


Empujada al exilio por la dictadura, María Zambrano no logró regresar a su país hasta pasados casi cincuenta años. En la fotografía más conocida de la autora, se aprecia a una joven con la mirada dirigida hacia otra parte, el cuerpo cubierto con un abrigo y el rostro enmarcado por un sombrero. Otras imágenes la muestran con un libro bajo el brazo, con un cigarrillo entre los dedos, cerca de una ventana, escondida tras las gafas. María fue una niña querida, una hermana entregada, una estudiante tenaz, una escritora que tocó la belleza y la verdad con las palabras. Su mirada de acero y agua se mantuvo inmutable durante todas las edades de aquel peregrinaje ininterrumpido que fue su vida. La figura en el andén de la estación es la tuya, lectora. No sabes todavía qué trenes vas a tomar, ni cuántas etapas realizarás ni qué cosas

15


verás, pero es un viaje para el cual es mejor que tengas abiertos los sentidos: te embargarán aromas y revelaciones. Es el viaje de María Zambrano, que empieza y acaba en una antigua ciudad andaluza.

16


2

Nubes y limones


En Vélez-Málaga hay una casa con huerto,

y en el huerto hay un limonero. El viento apenas lo sacude y esparce a su alrededor el aroma a cítrico de las hojas y los frutos. El sol templa la corteza y la luz andaluza lo envuelve todo. En esa casa, el 22 de abril de 1904, nace una niña, hija de dos maestros, don Blas Zambrano García de Caravantes y doña Araceli Alarcón Delgado. Además de maestro, don Blas es escritor y pedagogo. También se interesa por la política y, entre los amigos de la familia, se encuentran intelectuales y poetas como Miguel de Unamuno y Antonio Machado. Don Blas mira a la recién nacida y se dice a sí mismo que dará a su hija todo lo que posee: la Filosofía, la Poesía y la Política. Esos dones, como hadas madrinas, soplan sobre la cuna

19


y dejan entre las sábanas semillas silenciosas que germinarán más tarde. Todavía no ha llegado el tiempo de las palabras. La primera infancia de María es el reino del silencio y de los sentidos. Su cuerpecito descubre el mundo, absorbe la atmósfera eléctrica y exultante de Andalucía. La niña chupa la caña de azúcar, prueba el pan de higo y, de vez en cuando, lame una cucharadita de vino añejo de cien años, huele los limones y las masas recién horneadas y se deja deslumbrar por los colores. El padre, figura fuerte y generosa, la protege y le sirve de modelo. Se inventan un juego en el que don Blas la aúpa por encima de su cabeza para después, rápidamente, bajarla a la altura de los ojos, volver a levantarla y de nuevo repetir. Balanceándose, María aprende a medir las distancias: puede ser muy alta si él

20


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
Siempre estuve aquí C - Nadia Terranova / Pia Valentinis by kalandraka.com - Issuu