MUJERES IMPRESCINDIBLES:
Educadoras en la vanguardia del siglo xx Antón Costa Rico, pedagogo y doctor en Ciencias de la Educación/Universidad de Santiago Manuela Rodríguez, educadora y editora
Las generaciones del presente y del futuro tenemos la obligación y el deber moral de rastrear y contar su historia, de sacar a la luz sus ideales, de airear su ejemplo y de demostrar, con sus vidas, el inmenso poder de la educación para transformar el mundo.1 ABRIENDO PASO A LAS EDUCADORAS
El tiempo final decimonónico, que solemos conocer como el «ciclo de la Restauración alfonsina», período burgués conservador y con resonancias aristocráticas, fue el del inicio de las reivindicaciones feministas. Señalamos el siglo xx como el del despertar de la preocupación por los derechos de la infancia, y también del reconocimiento de los derechos de las mujeres. La obstinada resistencia y reivindicación que efectuaron un gran número de ellas en todo el escenario occidental, junto con otros factores sociológicos y de demandas sociales, culturales y políticas, hicieron posible un mayor protagonismo femenino. Esta presencia avanzó 1
María del Mar Pozo Andrés, Justa Freire o la pasión de educar. Biografía de una maestra atrapada en la historia de España (1896-1965), Barcelona: Octaedro, 2013, p. 267.
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de forma apreciable, en particular, a través del canal de las instituciones educativas próximas a la burguesía ilustrada, cuando la mayoría de ellas operaban en sentido contrario y bajo el modelo de una escuela segregadora. En contra de los conservadurismos de género (expresión de un poder patriarcal y eclesiástico), la afirmación femenina fue consolidando crecientes conquistas, contribuyendo con sus luchas y dinámicas a derribar una parte de las estructuras de dominación en pro de sociedades más democráticas. En el Estado español, es habitual referirse a los impulsos dados por el clérigo de orientación krausista 2 Fernando de Castro Pajares, fundador en 1870 de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, como uno de los precursores de la Institución Libre de Enseñanza, marco este desde el que se afirmaba la absoluta pertinencia de la educación femenina. LA AFIRMACIÓN SOCIOLÓGICA DEL MAGISTERIO FEMENINO
En el inicio de los años veinte, comenzaron a darse los primeros pasos de un movimiento sin vuelta atrás; sirvan como ejemplo los primeros avances en el ingreso en la profesión docente; la búsqueda de la igualdad salarial entre maestros y maestras; la posibilidad para las mujeres de realizar estudios superiores, profesionales y universitarios3 sin la paulina de la 2 Recordemos que el filósofo idealista alemán Karl Ch. F. Krause fue defensor de los derechos de las mujeres.
Hasta el 8 de marzo de 1910, la legislación española no les reconocía a las mujeres el derecho a matricularse libremente en la carrera universitaria que deseasen. 3
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autorización paterna; la resonancia lograda por distintas mujeres –como fue el caso, no único, de Emilia Pardo Bazán en el Congreso Pedagógico Hispano-Portugués-Americano de 1892–; la creación en 1907 de la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, como motor de europeización y de modernización cultural;4 la creación en 1909 de la Escuela Superior del Magisterio;5 la Real Orden, dictada en 1911, que facilitaba la escolarización de niñas y niños en las mismas aulas; algunos avances en la profesionalización docente femenina y la búsqueda de la mejor formación de las y de los docentes primarios después de 1914; el impulso a la Residencia de Señoritas desde 1915 –siguiendo la pauta de la Residencia de Estudiantes, creada en 1910–; la creación en 1918 del Instituto-Escuela para la renovación de la educación secundaria…, y la presencia de mujeres «conscientes de sí» en todas estas nuevas plataformas e instituciones. Se iban rompiendo fronteras y techos de cristal. Desde el inicio de los años veinte, y siguiendo por el tiempo de la Segunda República, se intensificarán estos avances.
4 Un apreciable número de mujeres docentes también se beneficiaron de las becas de viaje y de estudios concedidas hasta 1936 para proyectos de formación y de especialización en diversos lugares de Europa. A este respecto, puede verse Teresa Marín, Innovadores de la educación en España, Cuenca: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 1991.
Pronto redenominada como Escuela de Estudios Superiores del Magisterio. Quedó suprimida en enero de 1932, cuando se crea la sección de Pedagogía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central, al transformarse también la Cátedra de Pedagogía que, desde 1904, había desempeñado Manuel Bartolomé Cossío. 5
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Entretanto, la sociedad registraba una creciente urbanización –distinta en el Mediterráneo o en Galicia–, acompañada de cierto crecimiento del sector terciario de la economía, pero también de una mayor proletarización y de la expulsión de la población agraria, que se convertirá en migrante; un conjunto de fenómenos que aceleran el dinamismo de la sociedad, pero también las contradicciones que en ella se suscitan. Los todavía reducidos sectores subalternos crean paulatinamente instrumentos de comunicación y de información escrita, a modo de prensa periódica, boletines y revistas, desde donde poder mostrar las contradicciones sociales y manifestar asimismo algunas de las discriminaciones de género. Entre tales corrientes de opinión cabe hablar del «liberalismo reformista y federalista» –casi siempre imbuido de acentos republicanos–, de la masonería y el librepensamiento, de las que alimentaban el societarismo obrero, que irá ramificándose a través de organizaciones de clase –la ugt y el psoe y, más tarde, la cnt– y de parte de las expresiones regionalistas/nacionalistas. En cualquiera de esos escenarios de opinión y de sociabilidad podían sentirse algunas inquietudes que introducían críticas al modelo educativo conservador dominante. Es, en este marco, donde podemos hablar de una creciente reclamación de la educación para la autonomía de las niñas y de las mujeres, con entrecruces teóricos de distinta procedencia: frecuentemente idealista y poskantiana; empirista, positivista y evolucionista en otros casos; vitalista y, en menor medida, pragmatista. La Institución Libre de Enseñanza; la Escuela Moderna de Barcelona, con su ramificación a través de las escuelas racionalistas, y el movimiento pedagógico interna16
cional de la Escuela Nueva, sobre el que se dispone de atenta información en España, proveerán de las orientaciones pedagógicas oportunas y será en este escenario, un algo pluriforme, donde se forjarán las educadoras y mujeres imprescindibles a quienes nos referiremos en la presente y coral monografía. EDUCADORAS DE ESPÍRITU REPUBLICANO
Mujeres que forjan sus itinerarios en un tiempo que parecía invitar a la búsqueda de horizontes de progreso social y democrático, lo que se afirmó con la llegada de la Segunda República,6 como movilización cívica democrática, en la que tantas participaron «atreviéndose a soñar», al punto de vivir con intensidad su compromiso docente –en plano igualitario con sus compañeros varones–, que unía ejercicio profesional y valores propicios a la igualdad, a la justicia y a la libertad, al punto de llegar a hablarse de las «maestras de la República», con un sentido categorial: «Aquellas docentes que se comprometieron y movilizaron con las reformas republicanas, que posibilitaban la obtención de derechos civiles y políticos».7 Una parte de ellas, además, tomando distancia de cualquier elitismo intelectual reformador, desarrollaron un perfil humano y profesional excepcionalmente marcado por el compromiso con estas reformas políticas y sociales y realizaron prácticas culturales y pedagógicas innovadoras, en 6 Con Marcelino Domingo, Fernando de los Ríos, Barnés y Llopis promoviendo los distintos programas de educación del primer bienio republicano.
Carmen de la Guardia, Maestras republicanas en el exilio. Como una luz que se prende, Madrid: La Catarata, 2020, pp. 14-15.
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las escuelas y colegios,8 en los ateneos, Casas del Pueblo, bibliotecas y en las Misiones Pedagógicas, a favor de la coeducación, de la plena libertad de las mujeres, del naturismo y del pacifismo. Desde sus distintos grados de compromiso, padecieron los sufrimientos de la represión brutal de la dictadura franquista con la pérdida de sus puestos de trabajo, con la cárcel y con el exilio, siendo «olvidadas y silenciadas»9 y profundamente afectados los ideales educativos y de vida que habían practicado. En estas circunstancias vivieron durante décadas manteniendo, con todo y de distintos modos, su acción educadora reflexiva y cultivada, tanto en el exilio exterior en distintos países de América y de Europa como, en algunos casos, en el exilio interior, después de recuperar –tras años de separación forzosa– un puesto docente «vigilado» y en un clima social marcado por la permanente represión. A pesar del asfixiante ambiente, algunas de estas educadoras todavía pudieron trasladar la llama de los valores y de los ideales educativos queridos a las nuevas generaciones. La recibieron, entre otras, Marta Mata y Carme Miquel quienes, en feliz compañía de sororidad, trazaron vitalmente la transición a un renovado tiempo nuevo,10 como antecedentes del presente. 8 Con los lemas de «escuela activa», «pública y unificada», «gratuita», «laica o aconfesional» y «coeducativa» como horizontes. 9 Como indicó Antonina Rodrigo, Mujeres olvidadas: las grandes silenciadas de la II República, Madrid: La Esfera de los Libros, 2013.
Como se destaca en Victoria Robles (dir.), Educadora en tiempos de Transición, Madrid: La Catarata, 2018. 10
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HISTORIOGRAFÍA CONTRA EL OLVIDO
La orientación de la historia social y, particularmente, la de la historia cultural, con atención en este caso a los estudios de género, ha hecho posible abordar una miríada de cuestiones relativas y abrir productivos caminos teóricos, asentados en específicas categorías analíticas, con un amplio despliegue investigador y de debate, presente en todo el espacio de las ciencias sociales y humanas. La historia de las mujeres y, en su seno, de las docentes, aunque entró tarde en el territorio de los estudios históricos, es actualmente un extraordinario ámbito de investigación y de conocimiento, como se observa en la realización de distintos congresos de estudio y de debate y en la atención prestada desde diversas publicaciones académicas y culturales reconocidas.11 Además, son varias las colecciones editoriales abiertas en distintos lugares alrededor del feminismo y de la vertiente histórico-educativa; incluso contamos con estudios específicos en varias comunidades. LOS HILOS QUE CONECTAN ESTOS NOMBRES
Hemos escogido a nueve mujeres educadoras que ya no están físicamente entre nosotros: nueve nombres posibles, nueve imprescindibles ejemplos. Las historias de vida son siempre singulares, pero, en estas aquí reunidas, podemos encontrar varias líneas de conexión. Entre ellas, cuidamos las siguientes: Está igualmente presente en la distinta y valiosa bibliografía referenciada en el conjunto de trabajos de la presente monografía.
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Mujeres con fuerte inquietud por la formación, que transita de los estudios medios a los normalistas y que continúa en el tiempo de sus vidas mediante lecturas, encuentros y viajes de formación en distintos países de Europa, junto a especialistas en el campo de la psicopedagogía o en contacto con alguna de las mayores figuras del movimiento internacional de la Escuela Nueva. Mujeres con preocupación educadora e imbuidas de optimismo pedagógico, que manifiestan intelectual y emocionalmente un profundo compromiso con la educación infantil y juvenil y con los valores que conducen al progreso de la humanidad. Mujeres con orientación social reformadora, o que las llevaba a conectar la pedagogía con las ideas y las luchas democráticas: en unos casos, desde la filosofía del elitismo reformador orteguiano y, en otros, desde una adscripción de horizonte socialista. Mujeres que hacen de la escuela, es decir, del espacio en el que intervienen como educadoras, lugares de vida, donde poder conectar el naturalismo pedagógico propio de la utopía de la Escuela Nueva con el vitalismo filosófico, con el convencimiento de que «una escuela no termina de hacerse nunca», como afirmaba María Sánchez Arbós. Mujeres que desarrollan su acción con atención reflexiva sobre sus gestos, intenciones, motivaciones y acciones o que, en la mayoría de los casos, las lleva a escribir: textos sobre lo que viven, como modo de ejercicio reflexivo e indagatorio, y también a publicar, es decir, a escribir para otros, como modo de intervención profesional y social sobre el presente. 20
Mujeres que manifiestan una insistente preocupación por la formación del profesorado, conscientes de la trascendencia humanizadora y cultural de las y de los educadores, en el horizonte de una sociedad más justa, libre, solidaria y acogedora para todas las personas. INDICACIONES DE EDICIÓN12
Nueve nombres de mujer, algunas del primer tercio del siglo xx, maestras republicanas, vidas de exilio político y luciérnagas del anuncio de una ilusionante etapa posfranquista, componiendo un tejido en el que podemos percibir la línea del tiempo y la geografía cultural y lingüística distinta que nos compone colectivamente; nombres escogidos, por otra parte, con alguna dependencia de los registros historiográficos de los que en el presente disponemos. Las nueve contribuciones que aquí aparecen son textos originales elaborados para la presente monografía por autoras y, en algún caso, autores de notable trayectoria investigadora; reconocidas o reconocidos especialistas en el estudio de las figuras que, en cada caso, analizan Juan Soler Mata, Ana Romero Masiá, Raquel Vázquez Ramil, Dolores Cotelo Guerra, Víctor Juan, María del Mar del Pozo Andrés, Miel Anjel Elisondo, Núria Simó Gil y M.ª del Carmen Agulló Díaz. Gracias a todas y todos ellos por poner en valor el legado de estas nueve educadoras imprescindibles. Las aportaciones referidas a Rosa Sensat, Marta Mata y Carme Miquel contienen numerosas referencias y textos originalmente escritos en catalán, valenciano y gallego, que aquí fueron traducidos al castellano.
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ROSA SENSAT I VILÀ (1873-1961)
La renovación de la escuela pública y la enseñanza de las ciencias
Joan Soler Mata Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya
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Introducción:
LA MAESTRA Y LA MIRADA PEDAGÓGICA HACIA EUROPA El problema que nos preocupa es un problema de educación […]. En nuestro país sobran leyes y falta educación.1
Rosa Sensat i Vilà fue una maestra de sólida formación científica y pedagógica con un pensamiento y obra que sintonizaron con los ideales del novecentismo y con los amplios horizontes abiertos por los principios de la pedagogía europea e internacional más avanzada de su tiempo. Fue un verdadero acierto, en 1965, dar su nombre a la nueva Escola de Mestres, creada en Barcelona por un grupo de maestros de gran inquietud educadora convertida rápidamente en un faro de la renovación pedagógica en pleno franquismo. Marta Mata explicaba que se trató de una propuesta de Alexandre Galí: «Le deberíais dar el nombre de Rosa Sensat […]. Era una mujer; vosotras seréis mayoría; ya era así en los Estudis Normals de la Mancomunitat de Catalunya. Fue una excelente maestra, desde el primer al último momento de su trabajo y en toda circunstancia, abierta a nuevas corrientes pe1
Sensat, Rosa: «Problema d’educació», en Claror, 1935, p. 34.
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ROSA SENSAT I VILÀ
dagógicas de dentro y de fuera, estudiosa y sensible, trabajando a fondo en la escuela pública. Y se preocupó mucho por la formación de maestros». Gracias a la iniciativa y el empuje del equipo fundador, el 4 de octubre de 1965 Angeleta Ferrer i Sensat, su hija, daba la primera clase en la Escola de Mestres Rosa Sensat.2
La utopía educativa de la Escuela Nueva: LA ESCUELA COMO «BUEN LUGAR»
«Nuestro edificio escolar será adornado con todas las bellezas puestas con emoción por los que quieren liberar las clases populares de Barcelona, que han vivido sin sol ni aire en calles húmedas y sin ninguna claridad tampoco en las tinieblas de su espíritu […]. Una escuela bella de donde nuestros niños saldrán preparados para las más altas empresas culturales, la escuela bella que contribuya a serenar el alma de nuestras multitudes, haciéndoles entrever una parte del cielo en esta tierra.»3 El primer tercio del siglo xx corresponde a un período de modernización de la escuela y la enseñanza que conlleva una extensión de la escolarización y, sobre todo, una renovación metodológica basada en nuevas teorías educativas generadas, 2 Carles Bastons, «M. dels Àngels Ferrer i Sensat (1904-1992), una vida dedicada a l’educació», Temps d’Educació, n.o 56, 2019, pp. 237-256; Salvador Domènech, Angeleta Ferrer. La força de la renovació pedagógica, Barcelona: Dstoria edicions, 2020.
Manuel Ainaud, «Edificis per a escoles», La Veu de Catalunya, año xxvi, n.o 6133, 29 de mayo de 1916, p. 4; artículo reproducido en Les construccions escolars de l’Ajuntament de Barcelona, Barcelona, 1922, pp. 162-166.
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LA RENOVACIÓN DE LA ESCUELA PÚBLICA Y LA ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS
como mínimo, desde tres ámbitos: el filosófico, el científico (especialmente a través del desarrollo de la psicología experimental) y el político. Se trataba de una propuesta pedagógica de signo reformista que aspiraba a construir una nueva humanidad a partir de la educación. No fue difícil encajar este modelo reformador, sustentado en los principios de la pedagogía activa, en el contexto de una sociedad catalana que, desde sectores diferentes, tanto de carácter burgués como republicano o socialista, pretendía construir un país a través de la educación. Los referentes se ubicaban en Roma, París, Ginebra, Bruselas, Londres, Berlín o en Estados Unidos. Las publicaciones y las realizaciones prácticas de los principales pedagogos llegaban a Cataluña y, en ocasiones, lo hacían ellos mismos en persona. A su vez, nombres propios, escuelas e instituciones catalanas pasaron a gozar de cierto reconocimiento gracias a su proyección externa. La escuela nueva era una utopía pedagógica: el lugar para los niños (el topos) y, aún más, el buen lugar con nombres distintos: escuela moderna, casa de los niños, escuela serena, república de niños, cooperativa escolar o escuela bella.
Una trayectoria marcada por los cambios: DE LA FORMACIÓN A LA PLENITUD El espíritu del maestro, consciente de su misión, penetrado de la trascendencia de la tarea que la sociedad pone en sus manos, ha de vivir siempre alerta y hacerse sensible
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