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Libro de las M'Alicias C - Miquel Obiols / Miguel Calatayud

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1 Alicia se cansa de estar junto al ordenador, sin tener nada que hacer, y decide salir; pero no sabe qué ponerse. Abre el frigorífico. En su interior hay una cazuela con conejo y, en un plato blanco, una oreja izquierda con un pendiente de oro en forma de estrella. Nada más. De pronto recuerda que anoche no sacó nada para que se descongelara. Su madre le dice que va bien vestida para salir con amigos. Pero ella insiste en que quiere cambiarse. Va a tener que ponérselo todo congelado. ¡No importa! Se cambia los ojos –uno verde y el otro rosa, como David–; se pone la nariz mediana, con la punta un poco redondeada; dos pechos gorditos y unas piernas más largas. Se mira, vuelve a mirarse y se gusta mucho. –¡Por mis orejas, voy a llegar tarde! A su madre no le hace ninguna gracia que Alicia se vaya así, goteándole los ojos, la nariz, los pechos, las piernas..., descongelándose. Pero Alicia sale de su casa contenta y feliz. Como nueva.


2 Cuando Alicia no puede contenerse, es que no puede contenerse. Eso fue lo que le ocurrió un día de fiesta, durante una comida superfamiliar. Todos los parientes, pesados, se vuelcan con ella, llenos de atenciones: «¡Alicia, no crezcas tanto! ¡Alicia, si no comes, no crecerás! ¡Alicia, cállate! ¡Alicia, di algo! ¡Alicia, no contestes así! ¡Alicia, ríete un poco, mujer! ¡Alicia, criatura, no pongas esa cara! ¡Alicia, si te cortas el pelo estarás más mona! ¡Alicia, reina, ¿por qué no te dejas crecer el pelo? ¡Alicia, no te metas los dedos en la nariz! ¡Alicia, límpiate los labios, que los tienes llenos de grasa! ¡Alicia, vas a mancharte! ¡Alicia, usa el cuchillo! ¡Alicia, te vas a cortar! ¡Alicia, no bebas tan deprisa! ¡Alicia, anda, bebe un dedito de champán! ¡Alicia, no grites! ¡Alicia, date prisa! ¡Alicia, no corras tanto! ¡Alicia, estate quieta! ¡Alicia, vas a caerte! ¡Alicia, no subas ahí! ¡Alicia, siéntate!». Alicia contiene todo lo posible sus ganas de estallar. Pero las ganas aumentan, aumentan, aumentan. –¡Ya estoy harta de esta comida! Y cuando Alicia ya no puede más, estalla en un acto de liberación. El comedor queda hecho un desastre, lleno por todas partes de trozos de Alicia. ¡Un gran rompecabezas!


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