Un día Grisela se sintió muy triste, tan triste como su piel gris. «Tengo que hacer algo», pensó.
Cogió un bote de pintura roja y dijo: –Si me pinto de un color alegre, seguro que me pongo contenta.
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Un día Grisela se sintió muy triste, tan triste como su piel gris. «Tengo que hacer algo», pensó.
Cogió un bote de pintura roja y dijo: –Si me pinto de un color alegre, seguro que me pongo contenta.