Milu adoraba los perros. Deseaba tener uno de cualquier tipo: grande o pequeĂąo, salvaje o dĂłcil, silencioso o ladrador...
Un dĂa, mientras regresaba a su casa, Milu se encontrĂł con una bola grande y peluda.
–¿Quieres ser mi perro? Te llamaré Peluso –le dijo. Como si la hubiese entendido, el animal saltó alegremente y la siguió.