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U
n cerdo algo viejo escribĂa historias de noche y de dĂa y con sus colores disfrutaba horrores pintando los cuentos que hacĂa.
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Un cerdo, entre todas las cosas, gozaba al cazar mariposas y, luego, al dejarlas bailar y mirarlas haciendo piruetas airosas.
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Un cerdo fuertote en Corrientes zurraba a los chanchos con lentes. ÂĄQuĂŠ miedo pasaban y cĂłmo sudaban aquellos cochinos valientes!
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Un cerdo vivía agobiado al no ver su rabo enroscado. Cambió las papillas por pasta y rosquillas y el rabo quedó enrosquillado.
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Había un cerdito en Motril que se hizo a la mar en barril. «¡Sabroso cerdito!», le dijo un bonito. Así que volvió a más de mil.
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