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Petra: la ciudad del silencio

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lo m+s G a r r a f

Revista bimestral gratuita · Nº 20

KEVIN COSTNER EN UNA ENTREVISTA,DESTACA SU CARRERA COMO CANTANTE EL AUTÓDROMO DE TERRAMAR ENTREVISTA A CHENOA EL MUSEO DEL FERROCARRIL DE VILANOVA I LA GELTRÚ ENTREVISTA A MIGUEL A. TORRES +1


VIAJES / PETRA, JORDANIA

La ciudad del silencio Hace 20 siglos, Petra era la capital del imperio nabateo. Durante centurias quedó olvidada, y su memoria sólo perduró en las leyendas. Hasta que un joven suizo la redescubrió, y sus secretos volvieron a la luz. Pese a los aluviones turísticos, este parque arqueológico de gigantescas tumbas esculpidas en las rocas sigue presentando un aire majestuoso, en un valle rocoso de formaciones caprichosas y colores que cambian en el curso del día. Texto y fotos: Juan Pedro Chuet-Missé +60


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stamos en 1812. Por un angosto desfiladero con paredes que llegan a los 200 metros de altura camina un joven suizo llamado Johann Ludwig Burckhardt. El hombre viste como árabe, habla esa lengua a la perfección, y simulando ser un pastor extraviado sigue unas pistas de rumores y habladurías, en búsqueda de la antigua ciudad perdida de los nabateos. Su cuerpo palpita de ansiedad, y varios minutos más tarde su corazonada tiene premio: es el primer europeo en volver a contemplar El Tesoro, una gigantesca tumba esculpida en la roca hace casi 20 siglos. Este explorador ha vuelto a descubrir a Petra, y la ciudad olvidada volverá a

Cuando el turista decide salir de los recorridos multitudinarios, no es extraño que los beduinos ofrezcan compartir un té e intentar una cálida conversación en un inglés básico

salir a la luz. Petra se encuentra al sur de Jordania, un país de una paz insólita entre vecinos que tienen a la guerra como deporte nacional. Su nombre, que en griego significa piedra, no es en vano, porque toda la ciudad fue esculpida en la roca, gracias a las caprichosas formaciones geológicas que las rocas adoptaron en estos valles. En rigor, lo que el visitante puede contemplar es un gigantesco cementerio. Porque esas construcciones de dimensiones para colosos son tumbas, dedicadas a reyes, nobles y comerciantes que podían permitirse el lujo de descansar en el más allá dentro de un palacio rocoso. Según los estudios arqueoló-

Izquierda: El Tesoro, la tumba más famosa y grande de Petra. Es la puerta de bienvenida a un mundo silencioso. Arriba: un beduino contempla el atardecer desde su comercio de artesanías. / J.Ch. +61


El Monasterio, una de las tumbas más fastuosas, merece la larga caminata desde el centro de Petra. / J.Ch.

gicos, los nabateos eran excelentes escultores pero poco brillantes como arquitectos, por lo que preferían vivir en tiendas y dejar su legado artístico para los muertos. De todas formas, los tiempos cambiaron, y pese a que el parque arqueológico de Petra está protegido y vigilado, en las afueras del circuito turístico hay beduinos que siguen viviendo dentro de las tumbas como lo hicieron sus ancestros durante siglos. Cuando el turista decide salir de los recorridos multitudinarios, no es extraño que los be+62

Las gigantescas construcciones de Petra no son palacios sino tumbas reales. Los nabateos preferían vivir en tiendas

duinos ofrezcan compartir un té e intentar una cálida conversación en un inglés básico. Por la estratégica posición de Petra se cruzaban los caminos de la Ruta de la Seda y de otras caravanas de Oriente hacia el Mediterráneo. Los nabateos no eran grandes militares, pero supieron sacar provecho de los peajes y crecieron como una potencia comercial en la región. Inclusive los romanos, con todo su poderío, tardaron décadas en conquistar la ciudad. La clave fue que los nabateos, con su poder económico, soborna-


Uno de los momentos mĂĄs emocionantes de Petra: salir del DesďŹ ladero y encontrarse con El Tesoro. / J.Ch.

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El Tesoro, iluminado por velas en el espectáculo Petra de Noche. / J.Ch.

Un beduino vistIendo el uniforme militar de su cultura. / J.Ch.

La ciudad de Petra contemplada desde las alturas de los desfiladeros / J.Ch. +64

ban a los generales romanos a cambio de dejar a la ciudad en paz. Este poder se adivina en la fastuosidad de los templos y las tumbas, pero también en las ruinas del anfiteatro, los canales para acercar el agua, y en un diverso catálogo arqueológico que el turista debe disfrutar en calma, caminando durante kilómetros pero sin dejar de maravillarse. Cabe recordar que después de los nabateos también los romanos y los bizantinos dejaron sus huellas en este lugar. Para los amantes del senderismo, y si se dispone de más de un día, se sugiere tomar los diversos circuitos que rodean las principales atracciones, fatigar distancias, ascender por escaleras interminables y contemplar desde las alturas los valles rocosos que rodean a Petra. A lo largo del día, el sol seguirá con su periplo y la ciudad comenzará a ser invadida por las tonalidades naranjas del crepúsculo, para dar paso al silencio y a una noche de oscuridad casi absoluta. Pero hay días en que se puede ver otra cara de la ciudad: dos veces por semana, se ofrece el espectáculo Petra de Noche, donde el desfiladero que descubrió el joven Burckhardt se ilumina con cientos de velas, y se llega a la explanada de El Tesoro. Allí, la tenue luz de miles de pequeñas llamas recuerda que pasarán generaciones de hombres, pero esas tumbas silenciosas seguirán desafiando al tiempo.


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Petra: la ciudad del silencio by Juan Pedro Chuet-Missé - Issuu