Incertudumbre, agotamiento, miedo, agresion…sintomas de un mal agobiante: ¿EL SUFRIMIENTO EMOCIONAL Y LAS RESPONSABILIDADES LO PARALIZAN? BUSQUE AYUDA!
Por: Catalina Torres Leon Periodista El caso de la colombiana, Natalia Ponce, agredida con ácido por un hombre a finales del año pasado y que le desfiguro el rostro, produjo indignación y llevo a crear la Ley Ponce para lograr endurecimiento de penas a quienes desgracien la vida a un ser humano con ese tipo de acciones irracionales. El Defensor del Pueblo y el supuesto acoso sexual de una subalterna que lo denuncio; ambos casos públicos ponen sobre el tapete la incapacidad de una sana convivencia y la urgencia de prestar atención, no solo al castigo, si no a la solución y prevención de lo que revelan estos hechos: la falta de salud mental y emocional que lleva a venganzas, rencores y sobre todo a atentar contra la integridad, la misma vida, de las personas. Pero ¿cómo estamos a nivel doméstico? en nuestras casas? El MAGAZIN INTEGRACION, se dio a la tarea de encontrar estas experiencias de personas como usted o yo que han encontrado una alternativa de solución, para lograr una vida útil y feliz. Eduardo: Prestigio y Dinero, Temor a perder trabajo Durante los últimos años de mi vida, especialmente desde que comencé a trabajar en la empresa que laboro, mi vida se tornó un continuo desfile de angustias, a medida que iba logrando buenos resultados, incrementaban mis preocupaciones, angustias y miedos que se incrementaba según mejoraban las condiciones económicas, sin darme cuenta de ello. Así fue que fui pasando de estar preocupado por obtener cosas materiales sobre todo, a estar siempre pendiente de no perderlas, así, la preocupación por no perder mi trabajo se convirtió en angustia, el dejar de percibir un ingreso económico me comenzó a quitarme el sueño, hasta que un día vi que no podía dormir más allá de una hora y media seguida cuando mucho, sin que me despertara con la cabeza llena de pendientes y el miedo a que se me olvidarán al día siguiente, muchas veces me levanté a esas horas de
la madrugada a escribirlas, o revisar los pendientes en el trabajo, o enviar emails antes que se me olvidarán. Todo con la intención de que no pensarán los jefes que habían tomado una mala decisión al darme más responsabilidades. Todo este cuadro, vino acompañado en un inicio de gastritis, luego un día agrieras, y después de colitis. Entonces comencé a visitar médicos especialistas para que me erradicaran eso males. Hubo tratamientos bastante costosos que ayudar durante un tiempo pero posteriormente dejaban tener efecto en mí, así pasé unos cuantos años, cuando de repente un día me invadió un miedo extremo por todo. Me daba miedo enfrentar situaciones tan cotidiana como ayudar a darle de cenar a mis hijas, como contestar emails del trabajo, y perderlo todo, pero sobre todo me daba miedo la incertidumbre de lo que sucedería. Yo pensaba que si yo perdía el trabajo, entonces no pudiera continuar dando soporte económico a la familia como pagar la casa, y todos los demás gastos. Terminé buscando un psiquiatra, pero un amigo me recomendó antes a un psicólogo, así lo hice, pero terminé con miedos aún mayores, ya no tendía control de nada según yo. Finalmente, ante el fracaso con el psicólogo, decidí visitar a un psiquiatra, quién para mi suerte me recibió solo unas horas posteriores a haberlo contactado. Me diagnosticó con Depresión aguda, me recetó antidepresivos y ansiolíticos, que en un inicio me hicieron sentir mejor, pero un par de semanas después de haber comenzado a tomarlos, las angustias regresaron, y me incrementó la dosis, volví a estar bien, pero en un viaje de trabajo, nuevamente el cuadro regresó, hablé con el Psiquiatra y quiso incrementarme la dosis nuevamente, y fue allí cuando decidí acercarme a pedir ayuda a Neuróticos Anónimos. Mi madre y un amigo, de manera separada, me habían pasado el mensaje, y fue para mí la tabla de salvación que necesitaba me arrojarán. De pronto sin darme cuenta a unos pocos días de asistir, comencé a dejar se sentir el temblor en los párpados y la piel de la cabeza, así como esa sensación de hormigueo alrededor de la mitad de la boca, y esa sensación de no sentir mi brazo izquierdo. Finalmente me ayudaron a dejar de lado los ansiolíticos que hasta hoy no he vuelto a tomar, y a medida que me he permitido estar más inmerso del programa, mis compañeros me han ayudado a conocer la raíz de mi enfermedad, a lidiar con ella a través de crearme conciencia de lo enfermo que estoy y regalándome su tiempo para escucharme, su preocupación por mi bienestar, y si guía para saber cómo lidiar con mi neurosis. NA ha sido para mí la alternativa a la búsqueda de esperanza en los momentos que más la he necesitado. Al día de hoy no me veo enfrentando los problemas cotidianos sin el respaldo de NA. Se ha convertido para mí, en la vida que siempre había buscado inconscientemente.
Natalia Ponce. Antes y después Unknown: Anomalías Sexuales Desde muy niña me pasaban ideas por la mente que simplemente no podía controlar, entre ellas las ideas sexuales. Sentía mucho deseo sexual por casi cualquier hombre: mi padre, mis hermanos, mis primos, mis compañeros de clase, mis profesores, posteriormente los amigos de mis parejas, los colegas del trabajo, incluso mis alumnos. Dicha situación me generaba mucho sufrimiento al estar constantemente generando imágenes y situaciones sexuales con quiénes estuviesen cerca de mí, por lo que me costaba mucho trabajo convivir con ellos; se me dificultaba conversar, trabajar en equipo o realizar algún proyecto conjunto. En cuanto conocía algún hombre lo veía como el posible padre de mis hijos, como un medio para satisfacer mis deseos o fantasías sexuales o como alguien que pudiese cubrir todas mis necesidades y además ocultara todos los aspectos de mi personalidad que no me gustaban, tales como mi inseguridad, mi indecisión, y mis miedos. Esperaba siempre que con su compañía se eliminara esa soledad interna que había sentido desde muy temprana edad. Al llegar a esta agrupación y comentar poco a poco aquellos pensamientos que no deseaba tener, que me han generado tanta culpa y confusión, he podido desarrollar la capacidad de realizar actividades con compañeros del grupo o incluso con gente fuera de la terapia, he obtenido la fortaleza para poder convivir con hombres (como si lo hiciera con las mujeres) con respeto y cordialidad. Además, he podido conservar y tener nuevas amistades masculinas. Neuróticos Anónimos