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El Chaparro N º 4

Foto de Juan Jiménez Venegas

Digital

S E P T I E M B R E – D I C I E M B R E

El Otoño en Coripe

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Editorial

Cada mes del año celebra un acontecimiento que, lo distingue del resto de los meses: Diciembre es el mes de las Navidades, febrero carnavales, mayo mes de las flores, julio mes de las vacaciones y de la paga extra y noviembre es el mes de todos los santos y de los difuntos. Los coripeños/as, fieles a sus tradiciones, en estas fechas abarrotan el cementerio para estar unos minutos con sus seres y amigos queridos que, murieron hace pocas fechas o hace mucho tiempo. Poco importa el tiempo que hace que murieron, lo interesante es que están recordando lo felices que fueron mientras estuvieron juntos. En la visita se aprovecha para llevar flores y limpiar su lápida, las coripeñas se entregan con entusiasmo a esta tarea y, cuando terminan las lápidas quedan como “los chorros de oro”, quedando todo en orden, las flores y faroles en su sitio. Miran y remiran cómo ha quedado el trabajo, vuel-

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ven a retocar el ramo de flores hasta quedar satisfechas. El visitante lo primero que percibe al entrar en el cementerio es, la explosión de color de las flores ya ordenadas en su sitio. No tiene importancia si las flores son naturales o artificiales, lo interesante es que cada flor ha sido colocada para recordar al ser querido. Es un deleite ver las tumbas con sus flores bien colocadas y los faroles encendidos pero, es también muy triste ver tumbas sin ningún tipo adorno, da una sensación de abandono o de olvido. Es posible que los familiares de estas tumbas estén pasándolo mal por no poder hacer lo que todos hacen. A unos, la distancia se lo pone difícil y otros, es posible que no tengan ningún familiar cercano que se acuerden de ellos. Gracias a todos los coripeños/as por mantener la llama de la tradición un año más.


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Museo Digital LA PIEDRA DE LAVAR

Hasta bien pasada la mitad del siglo pasado, no empezaron las amas de casa coripeñas a comprar máquinas de lavar la ropa, familiarmente llamadas lavadoras, estas máquinas fueron toda una liberación para las mujeres de la época, evitándoles el trabajo de lavar la ropa a mano. Dicho así, parece no tener la mayor importancia, en los prolegómenos es donde verdaderamente se centraba el trabajo duro: transportar la ropa y el agua al lugar donde estaba instalado el lavadero, una vez lavada ponerla a secar al sol y cuando estaba seca volverla a transportar a casa. La mayoría de las casas de Coripe disponían de un pozo, pese a ser sus aguas bastante duras, y esto suponía una gran ayuda, ya que el transporte del agua era más fácil. Para las personas que no disponían de pozo o tenían que lavar prendas de gran tamaño, sábanas y mantas, había que llevarlas a la fuente de Navalahiguera o al pozo de Tobalito. No quiero imaginar lo que supondría este trabajo, máxime en los días fríos de invierno o en los calores del verano. La tarea de lavar la ropa ha sido llevada a cabo por las mujeres desde que el mundo es mundo. En un principio supongo que las mujeres lavarían la ropa en los ríos o arroyos próximos a sus hogares, después se fueron habilitando espacios junto a las fuentes, hasta llegar a la creación de lavaderos públicos, En pueblos vecinos, aún se conservan estos lugares bastante bien cuidados, donde el visitante se puede hacer una idea del ambiente que reinaría cuando un grupo bastante numeroso de mujeres estuvieran lavando la ropa. Cuantas historias se podrían escribir si se tuvieran grabaciones de las conversaciones de un día cualquiera de trabajo, de los chistes más o menos subidos de tono, confidencias de amores y desamores, canciones, “cotilleos”, etc. En Coripe no hubo lavadero, nuestras mujeres montaban el suyo propio en el corral o en el patio, a la sombra del limonero. Los útiles empleados en este trabajo son muy simples: piedra o tabla de lavar según fuera de piedra o de madera, lebrillo o barreño de zinc y un cubo para sacar el agua del pozo. El lavado se hacía restregando la ropa, bien enjabonada, sobre la tabla. Esta labor era facilitada por los relieves o nervios que habían hecho los carpinteros en la superficie de la tabla. La tabla era un objeto intransferible ya que cada usuaria estaba adaptada a la suya. Colección particular de Toño Fotografía: Toño Texto: Fco. Carrascoso

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Presentación del Libro Coripe. ayer y siempre

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Presentación del Libro Coripe. ayer y siempre

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Presentación del Libro Coripe. ayer y siempre

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Presentación del Libro Coripe. ayer y siempre

Mi agradecimiento a todas y cada una de las personas que asistieron a la presentación del libro "Coripe, ayer y siempre" por la acogida que dieron a la publicación y las muestras de afecto y amistad que recibi en todo momento. También para aquellos que no pudiendo estar presentes se interesaron por el evento. Mi especial agradecimiento a José Manuel Zapico, por acceder a presentar el libro, y a la "Asociación El Chaparro" que ha sido la artífice de la publicación y ha demostrado una entrega sin medida por rescatar la historia, tradiciones y costumbres de su pueblo. Fue una noche cargada de emociones y de afectos, donde Coripe se erigió como protagonista. Espero que quienes accedan a la lectura del libro disfruten de él tanto como el autor al escribirlo. Son 50 relatos salidos del corazón que no de la razón. J. J. Ponce

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Exposición de Salvador Casanueva

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Nuestras Recetas: Tortitas de Camarones

INGREDIENTES: (Para una docena de tortitas aproximadamente)

▪ 100 g de camarones frescos (sin cocer) ▪ 100 g de harina de trigo ▪ 50 g de harina de garbanzos ▪ 1 vaso y ½ de agua ▪ ½ cucharada pequeña de sal ▪ 1 cebolleta ▪ Perejil fresco ▪ Aceite de oliva PREPARACIÓN: En un vaso de 250 ml llena tres cuartas partes de su capacidad de harina de trigo, completa el cuarto restante con harina de garbanzos y echa la mezcla en un bol mediano. Pica la cebolleta muy fina y añádela a la mezcla de harinas. Pica el perejil (una o dos cucharadas, a gusto de cada uno) y échalas en el bol. Añade la sal, los camarones y el agua. Se le puede añadir también un ajo muy picadito. Mezcla bien con un tenedor . Debe quedar una mezcla bastante líquida. Coge una sartén grande o una paellera. Pon un centímetro y medio de altura de aceite de oliva en la sartén a calentar. Cuando el aceite esté bien caliente, pero sin humear, echa un cucharón de la mezcla. Deja que se cocine por un lado y dale la vuelta hasta que se dore por el otro. Prueba la tortita y, si está bien de textura y sal, sigue haciéndolas en tandas. Si tuvieras que hacer algún cambio, este es el momento para hacerlo. Conforme se vayan sacando las tortitas debes ir colocándolas sobre papel de cocina para que absorban el exceso de grasa. Las tortitas deben comerse calentitas. Receta sacada de la publicada en internet por Javi recetas (22/02/2013)

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VA DE PALABRAS “Pasar más hambre que un maestro de escuela” Infinidad de veces hemos oído y utilizado esta frase tan popular en nuestra queridísima España. Este proverbio comparativo que todavía se usa, aunque cada vez menos, como muletilla en la conversación, se refiere a la desdichada situación económica por la que pasaron los Maestros de Enseñanza Primaria durante el siglo XIX debido a lo escaso de su retribución y a lo incierto de su percepción. Históricamente, desde Fernando VII a Alfonso XIII, los Maestros de Enseñanza Primaria formaban una profesión marcada por la penuria económica y cultural. Cualquier estudio sobre el magisterio español en el siglo XIX y parte del XX (los hay excelentes como los de Ruiz Berrio, Beatriz Baltanaz o Ruiz Rodrigo) destapa la escasa consideración social que se tenía a los docentes, lo que corrobora la literatura costumbrista coetánea. Alejandro Fernández Pombo, periodista, en su tesis doctoral “El profesor en la sociedad española del siglo XIX a través de la literatura”, ha entresacado numerosos ejemplos literarios de las obras de Galdós, Valera, Ganivet o Blasco Ibáñez. También Amando de Miguel en su libro “La España de nuestros abuelos” cita, en relación con “la figura entrañable de los maestros”, los testimonios, entre otros de Palacio Valdés y Martínez Baselga. Como exponente de estas citas, baste el feroz juicio que hace Emilia Pardo Bazán en “La vida contemporánea”, al referirse a la vida española de su tiempo: “Educación? Para eso están los maestros de escuela con sus ayunos al traspaso y sus hambres calagurritanas”. La musa popular también hizo de ese tópico, blanco de burlas y chanzas, como evidencia baste este cantar popular que entonaba una murga gaditana: El ministro de Fomento… ¡Huy que portento!... dice que les va a pagar… ¿Será verdad?... a los maestros de escuela… ¡Viva su abuela!... toda la paga atrasá… De hecho, la mezquindad de los sueldos fue la causa de que los hombres prefieran profesiones mejor remuneradas y que se ofreciera a las mujeres el ejercicio profesional como maestras, haciendo traslado a las mismas de su proverbial pobreza. Tuvo que ser el Conde de Romanones quien adaptara las medidas oportunas para que el pago de los maestros corriese a cargo del Estado. Por Real Decreto de 26 de octubre y Ley Económica de 31 de diciembre de 1901, pasaron a depender del presupuesto del Estado las atenciones de Primera Enseñanza, exceptuadas las de las Provincias Vascongadas y Navarra. A partir de entonces dejaron de depender de los municipios, que frecuentemente las olvidaban, quedando a deber a los maestros años enteros de sus mezquinos sueldos y obligándoles, por tanto a malvivivir o literalmente, a morirse de hambre. La II República hizo cuanto pudo para dignificar la figura del maestro, pues muchos dirigentes republicanos, con Azaña a la cabeza, pensaban que la Educación era clave para la modernización del país. Por ello emprendieron de inmediato una reforma pedagógica profun-

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da, empezando por la Enseñanza Primaria (la primera medida fue subirles el sueldo a los maestros) y siguiendo con la Secundaria (creación de 54 nuevos institutos). Durante este periodo republicano, entre abril de 1931 y abril de 1935, el número de maestros pasó de 31.500 a 50.000. Por supuesto, como recuerda la escritora Josefina Aldecoa en su “Historia de una maestra”, un gran número de maestros conectaron con los objetivos de la reforma e hicieron práctica profesional de su fe en los ideales republicanos. El personaje del maestro que interpreta Fernando Fernán-Gómez en la película “La lengua de las mariposas” es fiel reflejo de esa circunstancia. Además, eminentes pedagogos como Manuel Bartolomé Cossío inspiraron campañas, apoyándose en el buen hacer profesional de maestros vocacionales, como las Misiones Pedagógicas, que tuvieron gran eco dentro y fuera de España. Con la Dictadura de Franco volvió a decaer el papel de los maestros, muchos de los cuales sufrieron en sus propias carnes el rigor de la depuración (y aún males mayores). En su tesis “La depuración del magisterio español”, el historiador Moreno Valero cifra en más de 60.000 el número de maestros represaliados o que se vieron obligados a dejar sus puestos a partir de 1939. En realidad, represaliados fueron todos los integrantes del cuerpo de maestros, pues todos fueron separados del ejercicio de su profesión, bajo presunción de culpabilidad y obligados, los que quisieron y pudieron reintegrarse, a demostrar a través del alcalde o del cura que no eran desafectos al nuevo régimen. Josep Fontana señala que la depuración de los maestros no sólo pretendía apartar de la enseñanza a los que no compartían el ideario de los sublevados, sino reducir su número para cerrar escuelas (La caza del maestro. El País, 10 de agosto de 2006). María Antonia Iglesias, en su libro “Los maestros de la República” (La Esfera de los Libros, 2006), nos refiere algunos de los casos más terribles de maestros, víctimas de la represión. Igualmente, Iñaki Pinedo, en el documental de 50 minutos de duración titulado “La escuela fusilada” hace un repaso de esta memoria con testimonios de la represión sufrida por los maestros durante y después de la Guerra Civil. Durante los años 40 y 50 del pasado siglo, un Magisterio Nacional devaluado profesionalmente, se convirtió en una salida natural para las clases medias rurales. A lo largo de estos años se acentuó, además, la diferenciación social entre el maestro de Primera Enseñanza y el catedrático (o profesor agregado) de Bachillerato, licenciado universitario, procedente, en su mayor parte, de las clases media urbanas y poseedor de un mayor nivel cultural. Las reformas educativas de los años 70 y el posterior proceso democratizador en la enseñanza y en la sociedad, trajeron consigo, junto con el incremento de la demanda educativa y su correlativo aumento de aulas y profesores, una mayor exigencia social en pos de lo que se ha venido en llamar la “calidad de la enseñanza”, traducida también en una mayor participación de los padres de los alumnos en la vida de los centros docentes así como un cambio notable en las relaciones profesor-alumno, sin descartar los aspectos conflictivos de estas interrelaciones, hoy en día agudizados. Paralelamente y a pesar de la problemática que pesa en torno a la polémica sobre la Educación en España, ha ido creciendo el aprecio social por los profesores. Si en el curso 1991-1992, según una encuesta realizada OCDE, esta consideración social se mantenía todavía baja, por debajo de la media de otros países, en 2006 y según los resultados de un estudio de opinión pública efecuado por la Fundación BBVA, los

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VA DE PALABRAS maestros (los profesores en general) son, junto a los científicos y médicos, los grupos profesionales que mayor confianza suscitan entre los españoles. Los maestros —ha escrito Josefina Aldecoa— son los “héroes sociales” que han puesto en nuestras vidas las bases más importantes, los pilares más firmes para nuestra formación profesional y humana. Al recordar con esta breve nota la evolución del Magisterio en España, quiero invitar a los lectores a que recuerden por un momento a aquellos profesores que contribuyeron a su propia formación, rindiéndoles, aunque sea más que en su fuero interno, el agradecido homenaje que su memoria merece.

Texto sacado del blog Manuelblas de Manuel Martínez Bargueño.


Relatos que te hacen pensar Este cuento o relato (como queramos llamarlo), “El pescador”; de autor desconocido, está sacado de una página de internet: cuentos para reflexionar. Que disfrutéis con su lectura ya que, posiblemente, os hayáis sentido en algún momento de vuestras vidas, como nuestro protagonista. Pedro Ayllón Rodríguez

El pescador En cierta ocasión, iba un ejecutivo paseando por una bonita playa vestido con sus bermudas (de marca), sus gafas de sol (también de marca muy visible), su polo (con mucha marca), su gorra (con marca destacada), su reloj (de marca y carísimo, su calzado (donde todo era marca), el móvil colgado en la cintura (el móvil con marca y la bolsa en la que colgaba, también) y su gomina en el pelo (sin marca, pero tan abundante que uno podía adivinarla). Eran las dos del mediodía cuando se encontró con un pescador que felizmente recogía sus redes llenas de pescado y amarraba su pequeña barca. El ejecutivo se le acercó… ―¡Ejem! Perdone, pero le he visto llegar con el barco y descargar el pescado… ¿No es muy temprano para volver de faenar? El pescador lo miró de reojo y, sonriendo mientras recogía sus redes, le dijo: ―¿Temprano? ¿Por qué lo dices? De hecho yo ya he terminado mi jornada de trabajo y he pescado lo que necesito. ―¿Ya ha terminado hoy de trabajar? ¿A las dos de la tarde? ¿Cómo es posible? —dijo incréejecutivo. El pescador, sorprendido por la pregunta, le respondió: ―Mire, yo me levanto por la mañana a eso de las ocho, desayuno con mi mujer y mis hijos, luego les acompaño al colegio, y a eso de las diez me subo a mi barca, salgo a pescar, faeno durante cuatro horas y a las dos estoy de vuelta. Con lo que obtengo en esas cuatro horas tengo suficiente para que vivamos mi familia y yo, sin holguras, pero felizmente. Luego voy a casa, como tranquilamente, hago la siesta, voy a recoger a los niños al colegio con mi mujer. Paseamos y conversamos con los amigos, volvemos a casa, cenamos y nos metemos en la cama felices. El ejecutivo intervino llevado por una irrefrenable necesidad de hacer de consultor del pescador: ―Verá… si me lo permite, le diré que está usted cometiendo un grave error en la gestión de su negocio y que el “coste de oportunidad” que está pagando es, sin duda, excesivamente alto; está usted renunciando a un “pay – back” impresionante. ¡Su BAIT podría ser mucho mayor! Y su “umbral de máxima competencia” seguro que está muy lejos de ser alcanzado. El pescador lo miraba con cara de circunstancias, mostrando una sonrisa socarrona y sin entender exactamente adonde quería llegar aquel hombre de treinta y pico años, ni por qué de repente utilizaba palabras que no había oído en su vida. Y el ejecutivo siguió: ―Podría sacar muchísimo más rendimiento de su barco si trabajara más horas, por ejemplo, de ocho de la mañana a ocho de la tarde.


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AGROMIGUELÓN Miguel Ceballos Reina Tfn:656859990 Avda. Pablo Picasso 12 41780 Coripe (Sevilla)

Trabajos Agrícolas y forestales

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Relatos que te hacen pensar El pescador, entonces, se encogió de hombros y le dijo: Y eso, ¿para qué? ¡Cómo que para qué! ¡Obtendría, por lo menos, el triple de pescado! ¿O es que no ha oído hablar de las economías de escala, del rendimiento marginal creciente, de las curvas de productividad ascendentes? En fin, quiero decir que con los ingresos obtenidos por tal cantidad de pescado, pronto, en menos de un año, podría usted comprar otro barco mucho más grande y contratar un patrón… El pescador volvió a intervenir: ¿Otro barco? ¿Y para que quiero otro barco y, además, un patrón? ¿Qué para qué lo quiere? ¿No lo ve? ¿No se da cuenta de que con la suma de los dos barcos y doce horas de pesca por barco, podría comprar otros dos barcos más en un plazo de tiempo relativa-mente corto? ¡Quizá dentro de dos años ya tendría cuatro barcos, mucho más pescado cada día y mucho más dinero obtenido en las ventas diarias! Y el pescador volvió a preguntar: Pero todo eso, ¿para qué? ¡Hombre! ¿Pero está ciego o qué? Porque, entonces, en el plazo de unos veinte años y reinvirtiendo todo lo obtenido tendría una flota de ochenta barcos, repito, ¡ochenta barcos! ¡Que, además serían diez veces más grandes que la barcucha que tiene actualmente! Y de nuevo, riendo a carcajadas, el pescador volvió a preguntar: ¿Y para qué quiero yo todo eso? Y el ejecutivo, desconcertado por la pregunta y gesticulando exageradamente, le dijo: ¡Cómo se nota que usted no tiene visión empresarial, ni estratégica, ni nada de nada! ¿No se da cuenta de que con todos esos barcos tendría suficiente patrimonio y tranquilidad económica como para levantarse tranquilamente por la mañana, a eso de las nueve, desayunar con su mujer y sus hijos, llevarlos al colegio, salir a pescar por placer a eso de las diez y sólo, durante cuatro horas, volver a comer a su casa, hacer la siesta…? Y el pescador respondió: ¿Y eso no es lo que tengo ahora?

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Charlas de Café En las paredes de los bares de Coripe, han estado colgados unos carteles invitando a una manifestación el día 27/09/2014 en Sevilla, organizada por la Federación Andaluza de Caza. Mientras leía las reivindicaciones, que se plasmaban en los carteles, me venía a la mente, como si de una sesión cinematográfica se tratara, una serie de secuencias de mi niñez. Recuerdo cuando íbamos al monte y se veían pastando rebaños de ovejas y cabras. Estos animales convertían en manjar, cuanto comían (brotes de los lentiscos, de los acebuches, de las carrascas, de los chaparros y de la hierba que crecía entre las retamas). Gracias a esta labor, los montes estaban libres de matorrales y eran más diáfanos. Los árboles se veían más frondosos y los arbustos crecían más sanos y verdosos. También se oían a los leñadores cortando las ramas secas de los árboles, de los lentiscos y las retamas, con los que se hacían fogatas y, antes de la total combustión de la leña se apagaba con agua y se conseguía el cisco, producto muy apreciado en la época invernal que una vez quemado en las “copas” (braseros) calentaba los hogares coripeños. Las ramas más gruesas se empleaban para hacer carbón. El proceso era muy simple pero, muy eficaz: las ramas gruesas se colocaban en forma piramidal y se cubrían de tierra dejando abiertas unas troneras para que el aire pudiese circular y, se les prendía fuego. Transcurridos unos días, se quitaba la tierra quedando las ascuas al aire, las que se apagaban con agua. El carbón obtenido servía para alimentar los anafres donde se hacía la comida. Los montes facilitaban a los coripeños/as una parte de su dieta alimenticia. En el monte vivían o se refugiaban gran cantidad de animales silvestres: conejos, perdices, liebres y palomas que, una vez cazados eran el sustento de muchas familias, unas veces consumiendo su carne y otras muchas, vendiéndola a los vecinos y a los forasteros. Los pajarillos también tenían su refugio en el monte y se cazaban en invierno con cepos, (costillas o perchas) o por las noches en las choperas utilizando una escopeta de aire comprimido y una linterna. En verano, se capturaban con redes o liria. La caza de estas aves suponía una importante fuente de ingresos para muchos coripeños que, una vez vendidos a los bares que los servían como tapas. El monte ofrecía otras series de productos muy consumidos por la población: espárragos, tagarninas, plantas aromáticas para el aderezo de las aceitunas o para condimentar los guisos o salsas (orégano, tomillo, poleo, hinojos, manzanilla, etc.) bellotas, algarrobas, madroños, el esparto, la palma y los cogollos de palma eran utilizados por los artesanos para confeccionar: canastos, esportillas, macacos, escobas, soplillos, pleita para esteras, forrado de botellas y damajuanas, tomizas, cuerdas… El monte era el amigo y la despensa de los coripeños/as y fueron muchas familias las que salieron a flote gracias a él. Los coripeños/as supieron cuidar el monte como algo propio y jamás hubo problemas de una excesiva explotación. No existía el servicio contraincendios y tampoco las cuadrillas para su cuidado y pese a ello, no hubo incendios importantes. Los árboles gozaban de buena salud y la maleza era exuberante, los pajarillos abundaban y alegraban con sus trinos y la caza era numerosa a pesar de los predadores autóctonos (el tejón, el zorro, la jineta, las águilas perdiceras, la comadreja y algún que otro gato montés) Una vez hecho este breve preámbulo, surgen una serie de preguntas que desgraciadamente no conozco las respuestas y seguro que, cada uno de los lectores tiene las suyas propias: ¿Por qué el monte ha dejado de ser gestionado por los coripeños/as? ¿Por qué no vuelven las cabras y las ovejas al monte? ¿Por qué no se controla el uso de herbicidas y pesticidas? ¿Por qué hay que pedir tantos permisos para talar los árboles enfermos, cortar las ramas secas y podar los árboles? ¿Por qué no vuelven más rebaños de cabras y ovejas al monte? ¿Por qué no se educa a la población para que amen, respeten y disfruten más el monte? ¿Por qué no vuelven las cogujadas a sorprendernos en los caminos o los lagartos tomando el sol encima de alguna piedra, las alondras y ruiseñores a alegrarnos con sus trinos, las abubillas a deleitarnos con su peculiar vuelo y su plumaje, las bandadas de inquietos y cantarines jilgueros y verderones, los mochuelos en los majanos o en los huecos de los olivos centenarios, los cernícalos planeando en los rastrojos, las grajillas, los vencejos…?

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Después de estas preguntas creo entender algo más a los cazadores (aunque hay algunos que no merezcan este nombre) que defienden la actividad de la caza que se ha estado desarrollando desde nuestros antepasados de las cavernas y, pongo en “duda” a los ecologistas domingueros cargados con sus mochilas, prismáticos, cuadernos de campo, libros de ornitología y libros de plantas autóctonas. El monte no se conoce en una sola excursión, para conocerlo hay que patearlo a lo largo de las distintas estaciones y saber lo que el monte es capaz de regalarnos y lo que estamos dispuestos a darle nosotros a cambio. Charlo con Juan Palma “el Flaco” Presidente de la Asociación de Cazadores de Coripe para que explique lo que ellos opinan de: silvestrismo, control de predadores, funciones del guarda de coto, causas de la disminución de la caza menor en el término de Coripe y el por qué la Junta, propietaria de la mayoría de los montes, no interviene y da el sentido y el valor social que el monte ha tenido desde tiempos remotos. 1º.- Por silvestrismo ellos entienden que no se debe prohibir atrapar aquellas aves que de siempre se han tenido en casa, especialmente: jilgueros, verderones y perdices. A estas especies en cautividad se les están garantizando su supervivencia gracias a los siguientes factores: primero, las personas que se dedican a esta actividad son muy pocos en número y sí muy profesionales. Segundo: las aves capturadas, que son muy pocas unidades, se las mima y cuidan y se les facilitan los medios para que aniden y se reproduzcan y por último, todos los años se sueltan aquellas aves menos aptas para cantar y que se encuentren en condiciones de sobrevivir en su ambiente. Lo paradójico es que esta prohibición no afecta a los pueblos limítrofes de la provincia de Cádiz y sí a los de la provincia de Sevilla. A los cazadores les parece lógico que haya un control de las capturas y del número de licencias. 2º.- Predadores. La naturaleza ha mantenido a los predadores bajo control, a mayor caza mayor número de predadores y viceversa. En la actualidad que la caza está disminuyendo de forma alarmante no es ninguna novedad, es posible que una de las causa sea la falta de control de las Administraciones y la introducción de nuevas especies de predadores, ejemplo los “meloncillos” y también la proliferación de cochinos asilvestrados o jabalíes. Estos últimos están haciendo mucho daño en la caza, en los sembrados y en el monte. El sistema de buscar la comida hozando, daña las raíces de los árboles y arbustos. Los cazadores solicitan todos los años batidas controladas para disminuir el número de ejemplares. También se están detectando perros abandonados que, en la actualidad son un peligro para el tráfico y que a la larga, los supervivientes, se pueden volver silvestres, fenómeno que ya se da en otras Comunidades. Este hecho está denunciado, ignoramos cuales son los medios que se han tomado o se van a tomar. 3º.- El Guarda de Coto. Los cotos de siempre han sufragado los costes de la contratación de un Guarda, persona con suficiente experiencia que se encarga de la vigilancia del mismo (las malas lenguas decían que, los mejores guardas eran los cazadores furtivos). El guarda tiene la suficiente autoridad, reconocida por ley, para denunciar a los cazadores furtivos y a los propios usuarios del coto que, no cumplan con las normas. Hacen de verdaderos informadores de cómo evolucionan las especies en las distintas estaciones del año y de posibles incidencias en el monte. La Consejería de Medio Ambiente se está olvidando del papel del guarda de coto, infravalorando su trabajo de vigilancia, gestión y conservación del coto. Con esta política los furtivos y los que atentan contra el medio ambiente, campan a sus anchas. 4º.- Rehalas.- Se denomina rehala al equipo de perros formado por unas ocho o diez colleras que se emplean en la caza mayor. Los propietarios de las rehalas son personas entendidas en cómo se organiza y se desarrolla una montería, conocen el monte y el cuidado de sus perros. Operan como empresas mercantiles, ofrecen sus servicios y cobran por su trabajo. Las nuevas normas, que la Administración pretende imponer, van encaminadas a dar el mismo tratamiento que a una rehala al hecho de cazar con uno o dos perros. Desde estas páginas queremos animar a los cazadores para que, sean los guardianes de nuestros montes y de los animales que en ellos viven y a su vez, recordar a algunos de los coripeños que cuidaron en su tiempo, de nuestro singular entorno y fueron capaces de arrancar al monte lo necesario para que sus familias viviesen mejor, unas veces cazando, otras haciendo cisco o carbón y otras fabricando utensilios artesanos. CAZADORES Los Monagos Los Fuentes Los Lobos José de las Mulitas Los Copaos Juan Pepas y otros muchos...

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CARBONEROS Los Camachos Rafael Pérez Los Montesinos Los de las “Mulitas” Los Cabritas Los Campanitas... Francisco Carrascoso

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Homenaje a Sebastiรกn Alabanda


Procesi贸n de Nuestra Patrona Inmaculada Concepci贸n de Mar铆a


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