peque単as puertas que se abren y peque単as puertas que se cierran
Una casa simboliza la persona que la habita, su mundo interior. Cuando ésta se encuentra deshabitada y en ruinas, asistimos a la decadencia y el implacable transcurso del tiempo que por ella han pasado. Sin embargo, el recuerdo de los acontecimientos y las personas que allí vivieron ejercen aún ciertas vibraciones que podemos percibir cuando nos encontramos en una de ellas. En su interior se proyecta la caducidad e inestabilidad del pasado, de los acontecimientos y experiencias que allí sucedieron, del que queda sólo la apariencia. Si nos adentramos en estas casas, pequeñas puertas se nos abrirán con la intención de que conozcamos otras vidas pasadas y otras épocas, recobrando ese mundo perdido y manteniendo así vivo el recuerdo de lo que fue.
“Es una casa tan grande la ausencia...
... que pasarĂĄs por ella a travĂŠs de sus muros....
... y colgarรกs los cuadros en el aire.
“Es una casa tan transparente la ausencia....
... que yo sin vida te verĂŠ vivir...
... y si sufres, mi amor, me morirÊ de nuevo.�