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Entre Marchas y Manchas: Jóvenes peruanos en el nuevo milenio

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Entre manchas y marchas Jóvenes peruanos en el nuevo milenio José Cabrera Chacón Jesús Macedo Gonzáles


José Cabrera Chacón es psicólogo social. Tiene estudios de post grado en Sociología y Educación. Es investigador en juventud y experto en el uso de metodologías cualitativas aplicadas a la investigación y la sistematización. Ha publicado el libro “Juventud y Desarrollo Sustentable en el Perú” (Grupo GEA, 2006), “Educación Tecnológica y Producción” (SINEACE, 2017), entre otros libros.

Jesús Macedo Gonzáles es abogado y periodista. Magíster en Ciencias Políticas por la Western Illinois University. Posee larga experiencia en el acompañamiento grupos juveniles desde las ONG y el Estado. Publicó el libro “Pedagogía del Acompañamiento Juvenil” (CONCYTEC, 2010), así como otros artículos. Es docente de la Universidad Nacional de Moquegua y ex director del IFOSOCJ.


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ENTRE MANCHAS Y MARCHAS. JÓVENES PERUANOS EN EL NUEVO MILENIO © J OSÉ LUIS CABRERA CHACÓN © J ESÚS E FRAÍN M ACEDO GONZALES

Primera edición, Moquegua, mayo de 2019 Editado por: © Fondo Editorial de la Universidad Nacional de Moquegua Calle Ancash s/n, Moquegua, Mariscal Nieto, Moquegua Correo-e: fondoeditorial@unam.edu.pe / www.unam.edu.pe © Instituto de Formación Social, Comunicación y Juventud IFOSOCJ Calle Ilo Nro. 114, Cercado, Moquegua, Mariscal Nieto, Moquegua Correo-e: institutoformacionsocial@yahoo.es COMISIÓN ORGANIZADORA DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE MOQUEGUA

Dr. Washington Zeballos Gámez – Presidente Dr. Pedro Rodenas Seytuque – Vicepresidente Académico Dr. Alberto Bacilio Quispe Cohaila – Vicepresidente de Investigación DIRECCIÓN EDITORIAL

Franky Flores Apaza EDICIÓN Y DIAGRAMACIÓN DE INTERIORES Y EXTERIORES

Marcos Samuel Corrales Choque REVISIÓN Y CUIDADO

Fondo Editorial de la Universidad Nacional de Moquegua FOTOGRAFÍA DE PORTADA

Jóvenes de la Escuela de Liderazgo y organización del IFOSOCJ IMPRESO EN XXXXXXXXXX XXXXXXXXXX Calle xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx, Perú. Impreso en mayo de 2019 Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú Nro. 2019-xxxxxxxx ISBN Nro.: xxxxxxxxxxxxxxxx Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de la obra, bajo cualquier medio, sin el permiso explícito de los editores. Impreso en Perú.

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A todos los jóvenes, que rompiendo el individualismo, fomentan la solidaridad desde sus organizaciones, construyendo un país inclusivo y democrático.

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ÍNDICE Presentación Prólogo Introducción a. Escribir desde la juventud: más allá de las barras José Cabrera Chacón b. Ser joven más allá de la parroquia y el barrio Jesús Macedo Gonzales

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Capítulo I Mundos juveniles: Ideas y concepción de la juventud a. Un concepto relacional b. Vertientes de pensamiento en juventud c. Representaciones sociales d. Jóvenes y diversidad e. Tecnología y colectividad

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Capítulo II Juventud, vida pasajera: Percepciones sobre la edad y el tiempo a. Transcursos de vida b. Era de cambios c. Desinstitucionalización del tiempo d. Interrupción del tiempo libre e. El significado de lo adulto f. Clases de edad g. La cuestión etaria en el Perú h. El enfoque de las generaciones

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Capítulo III Estado y juventud: Un lento aprendizaje

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a. Emergencia de nuevos tipos de juventudes b. Labor de la Secretaria Nacional de la Juventud (SENAJU) Capítulo IV Emergencia de la juventud: Un nuevo actor social a. Entre manchas b. Atrapados en el tiempo c. Hijos del sistema d. Desconectados e indiferentes e. Ingenuos e instrumentalizados f. Entre marchas

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Capítulo V Movimientos juveniles: Entre concesiones y organizaciones a. ¿Una concesión gubernamental? b. Lemas sin ideología c. Nuevos tiempos y colectividades d. La generación del atajo e. El último reto

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Capítulo VI Una experiencia regional: Moquegua 1. El proceso juvenil organizado en Ilo a. En sus inicios desde la mirada de iglesia liberadora b. Otras experiencias de jóvenes organizados c. La Municipalidad Provincial de Ilo 2. La movida juvenil organizada en Mariscal Nieto a. El Centro Loyola Ilo b. La Universidad Nacional de Moquegua c. Los Consejos de Participación Juvenil (CPJ)

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Bibliografía

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PRESENTACIÓN

El Fondo Editorial de la Universidad Nacional de Moquegua, se digna en entregar a la comunidad, el presente texto que aborda la situación del final del siglo pasado e inicios del actual (19902010). Realizando un balance conceptual y analizando el enfoque de las políticas y programas dirigidos a jóvenes durante esos años. La propuesta central del libro juega con el título “ente manchas y marchas”. Los autores identifican un conjunto de fenómenos que algunas veces ocultan a los jóvenes y otras los visibilizan, poniéndolos en el centro de la agenda pública. También identifica algunos enfoques teóricos sobre la juventud como categoría social construida. Asimismo, desde la experiencia de la región Moquegua, analiza la importancia del trabajo de las ONG y la Universidad en la formación organizada de jóvenes como ciudadanos y actores del desarrollo. Siguiendo esa línea, presentamos este libro como una invitación a la reflexión en los diferentes espacios, sobre el papel que juega el Estado, las instituciones privadas y los grupos juveniles, en relación a las políticas públicas que promuevan el empoderamiento de la juventud para su contribución al desarrollo de nuestra comunidad y del país, a partir de su variedad, fortalezas y propuestas. Por ello, desde la Universidad Nacional de Moquegua, no solo brindamos una educación integral para formar profesionales 11


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competentes, sino que desarrollamos acciones, para hacer de ésta, un espacio abierto para el encuentro con la cultura, para formar y empoderar ciudadanos críticos y comprometidos con su realidad, que generen procesos de reforma social, de la mano con los sectores involucrados. De este modo, expresamos ante la comunidad académica y la colectividad, nuestro compromiso con la investigación y el protagonismo de la juventud, como elementos importantes en la concepción de la nueva universidad peruana, aquella a la que, con el esfuerzo de nuestros estudiantes, docentes, personal administrativo y autoridades apuntamos.

Dr. Washington Zeballos Gámez Presidente Universidad Nacional de Moquegua

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PRÓLOGO

Este texto fue escrito en varios momentos. Su redacción inició durante el 2010, a partir de la necesidad de redactar un artículo para el proyecto editorial de una universidad limeña que pretendía publicar un libro sobre la realidad social del país. El proyecto editorial no se concretó y su autor (José Cabrera) siguió ampliando sus ideas en torno de las juventudes a partir de su experiencia en procesos de formación, en el diseño de políticas públicas y su trabajo académico con jóvenes. Hacia el 2012, la redacción se suspendió por cuanto el autor se involucró en temáticas vinculadas al desarrollo y la educación, más que a la juventud como fenómeno. Por el 2013 Jesús Macedo invitó a José Cabrera a participar en la Municipalidad Metropolitana de Lima para diseñar y gestionar un programa de formación de funcionarios municipales: el Diplomado en Juventud y Políticas Públicas que contribuyó a la formación de más de 50 funcionarios municipales de distintos distritos de Lima. El proyecto fue realizado gracias al apoyo de la Sub Gerencia de Juventudes donde alternaban Claudio Zapata, Marco Lozano y Mariella Bazán. El 2015 Jesús Macedo viajó a los Estados Unidos a profundizar sus conocimientos sobre política social y, a partir de una conversación con José Cabrera, surgió la idea de retomar el texto. A partir de allí cada uno escribió sus reflexiones, coordinando permanentemente hasta llegar a esta visión final.

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El libro es una reflexión sobre la juventud de final del siglo pasado e inicios del actual (1990-2000) y debe leerse en esa perspectiva. Integra un conjunto de análisis de los autores sobre la movida juvenil durante la época mencionada y sobre las confrontaciones que los jóvenes tuvieron en su vínculo cambiante con la Sociedad y el Estado. Se pretende así dar cuenta de lo que significa ser joven y lo que representa la juventud como constructo social y cultural, teniendo en cuenta que los jóvenes peruanos responden a una compleja realidad definida generalmente desde el mundo adulto, en un versátil y complejo contexto nacional y regional. Podemos afirmar que las vivencias de los autores han marcado su experiencia ciudadana, política y profesional más allá de la edad, porque en alguna medida siguen revelándose frente a las exclusiones de las cuales fueron objeto durante su juventud. No se pretende que este libro refleje solamente una mirada del pasado, sino que sea también un acto de reivindicación para seguir considerando las diversas voces de los jóvenes. Esto lo seguimos asumiendo desde nuestro rol como institución formadora y promotora y los autores, desde su labor de docentes universitarios y acompañantes de distintas generaciones juveniles con las que siguen trabajando. El libro está dividido en seis capítulos. En la introducción se plasman dos testimonios construidos a partir de las vivencias juveniles de los autores. Dichas reflexiones fueron tejidas primero desde una mirada juvenil capitalina, de barras, fútbol y barrio y complementadas con una mirada regional de dirigencia barrial y parroquial. De esta forma, se expone la subjetividad de los autores a través de sus testimonios personales, de manera que los lectores se motiven a analizar también su propia experiencia de vida como jóvenes, tengan o no una edad juvenil.

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En el primer capítulo se delinean algunos conceptos de juventud desde las distintas aproximaciones de las ciencias sociales. En el segundo capítulo, se constata que el concepto de juventud va cambiando conforme al tiempo y al espacio en el cual cada persona vive su juventud. En el tercer capítulo se esbozan algunas ideas sobre la relación tejida entre los jóvenes, el Estado y la institucionalidad creada desde el fenecido Consejo Nacional de la Juventud (CONAJU) y la Secretaria Nacional de la Juventud (SENAJU) y su apuesta por consolidar procesos de organización juvenil en el interior del país. En el capítulo cuarto, se describe cómo el movimiento juvenil se articula en función del contexto histórico y emerge en el escenario con sus marchas y movidas en el marco de amplios procesos sociales y políticos de nuestro país. El capítulo quinto plantea cómo el movimiento juvenil va tomando otra mirada de la realidad social mientras van apareciendo nuevas organizaciones de jóvenes. Finalmente, se concluye describiendo una experiencia regional que refleja cómo las organizaciones juveniles, el Estado, la Universidad y las ONG se articulan para construir espacios de dialogo y encuentro que contribuyen al fortalecimiento de las políticas de juventud. Se ha avanzado un largo camino y es necesario seguir entendiendo cómo cada generación va configurando su identidad desde la realidad, y cómo cada joven va siendo considerado ciudadano y protagonista -y no solo sujeto de protección o preparación-; consecuentemente, los jóvenes y adolescentes son actores y autores desde donde están y todos debemos confiar y aprender de ellos.

Instituto de Formación Social, Comunicación y Juventud IFOSOCJ

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INTRODUCCIÓN

a. Escribir desde la juventud: más allá de las barras Debo a una experiencia personal, mis inicios en la reflexión sobre las juventudes. Terminaba la década del 90 y vivía, junto a mi familia, en un barrio popular de Lima: el distrito de la Victoria. Mi adolescencia discurrió por calles y jirones donde se respiraba un ambiente de fútbol. Alianza Lima era el club emblema del distrito y la mayoría de mis amigos del barrio eran tributarios suyos, hinchas del equipo blanquiazul. Cuando niño (hacia los cinco años), yo había elegido ser hincha de Universitario de Deportes (clásico rival del Alianza Lima). Ambos clubes, por aquel entonces, eran los grandes animadores de la escena futbolera nacional. Creo que mi elección fue un capricho por contradecir a un tío mío, que a la sazón vivía con nosotros, y era hincha acérrimo del Alianza Lima. Mi padre detestaba el fútbol y no entendía nada del campeonato nacional. El tío Alberto, en cambio, moría porque yo asuma también su opción aliancista. Anhelaba ir algún día conmigo al estadio del barrio de Matute, gran bastión aliancista, que se situaba a pocas cuadras de mi casa. Con cinco años a cuestas, me negué rotundamente a las invitaciones de mi buen tío. Esta oposición llegó a un extremo insospechado: me hice hincha de la U. Gracias a esta decisión, sufrí más de una exclusión durante mi adolescencia. Ya en ese entonces empecé a frecuentar junto a mis amigos el Estadio

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Nacional de la calle José Díaz. Más de una vez, por acompañarlos, terminé junto con ellos en la tribuna de la zona sur (conocido fortín de hinchas aliancistas donde hoy se congrega la conocida barra: Comando Sur), mientras veía, cómo al frente de nosotros en la zona conocida como tribuna norte un conglomerado de muchachos fanáticos de la U hacían resonar su voz y la hacían llegar hasta la tribuna de enfrente donde mis amigos y yo, contemplábamos los partidos confundidos en medio de la barra brava del club aliancista. Por ese entonces una tragedia enlutó la familia blanquiazul cuando el avión que transportaba al equipo entero se hundió en el mar de Ventanilla poco antes de la navidad de 1987. En el barrio futbolero de la Victoria el luto se pintó de blanco y azul fortaleciendo intensamente la identidad del club. No voy a negarlo, todo ese sentimiento me acercaba a la emoción aliancista. Sin embargo, dentro de mí, algo empezó a reclamarme. Era difícil. No conocía a casi nadie de la “U” y los pocos que conocía no tenían la costumbre de asistir a los estadios. Así es que me aventuré solo. Fue durante un clásico del año 88 (fecharlo exactamente ahora mismo me es imposible) al que acudí junto a los amigos del barrio: Cesár Llanos y José Matos. Al llegar al Estadio Nacional, me separé del grupo y me dirigí solitario a la otra tribuna. Mis amigos no pudieron decirme nada. Mi encuentro con la tribuna norte fue fundamental. En ese momento llegó algo que le dio color a mi vida adolescente y emoción a los primeros años de mi juventud. Por ese entonces empezaba a consolidarse la hoy famosa Trinchera Norte, 1

El estadio Nacional de la Calle José Díaz era el gran coloso peruano. Allí jugaba la Selección Nacional de Fútbol. Otro gran estadio era el Estadio de Alejandro Villanueva del barrio de Matute en la Victoria. Otro estadio —de menor capacidad era el Estadio Lolo Fernández situado en el barrio de Breña que era en ese entonces el reducto del equipo crema— el Monumental de ATE todavía no existía. 18


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en medio de enfrentamientos épicos con las barras de otros clubes. Allí ensayé y memoricé los primeros cánticos de guerra y fui testigo de grandes batallas campales. Cerca de mí transitaban el alcohol y las drogas, pero nunca me sentí obligado a consumirlas. Acompañé a la U, el equipo de mis amores, a casi todos los partidos de los campeonatos de la década del 90. No me perdía un solo clásico e incluso llegué viajar algunas veces con la barra, conociendo de cerca a míticos personajes de la famosa hinchada crema. Llegó mi etapa de estudios universitarios y lo primero que busqué en las aulas de San Marcos fue compañeros hinchas de Universitario para alternar con ellos y hacer mancha. Un muchacho al que apodamos Vallejo fue uno de mis socios claves junto con Kike Pinaud, un ex compañero de colegio. Pasábamos jornadas enteras preparándonos antes de los clásicos. Yo portaba una banderola gigantesca que luego perdí en una redada policial. Posteriormente, cuando estudiaba ya psicología, me interesó académicamente el fenómeno de las barras y pandillas. Aunque ya no frecuentaba tanto los estadios, empecé a escribir mis reflexiones y a participar en eventos y proyectos vinculados a la temática. Así nació mi afición por estudiar y comprender a los jóvenes. Recuerdo dos experiencias trascendentales: mi paso por los desaparecidos PROMEJ de la Municipalidad de Lima y el Centro de Estudios y Acción para la Paz (CEAPAZ). Posteriormente me incorporé al Grupo GEA donde dirigí proyectos que vinculaban a jóvenes con la temática del desarrollo sustentable. Sistematicé esta última experiencia en el libro Juventud y Desarrollo Sustentable en el Perú, que se publicó hace más de 19


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diez años. Tiempo después, me propuse analizar, desde mi particular punto de vista, el fenómeno de la juventud peruana durante la primera década de los 2000. Empecé a escribirlo a propósito de un artículo analítico sobre la juventud que me solicitaran en una universidad peruana el 2010. El proyecto quedó inconcluso y lo retomé hacia el 2015. Entonces sentí que el texto debía actualizarse y enriquecerse desde el punto de vista de un gran amigo y profesional que conocí en el trabajo con jóvenes, Jesús Macedo, quien ha complementado y enriquecido este trabajo con sus excelentes aportes desde su experiencia con la juventud de la región Moquegua.

José Cabrera Chacón

b. Ser joven más allá de la parroquia y el barrio A diferencia de José Cabrera, mi protagonismo juvenil lo he vivido desde mi parroquia y mi barrio. Pertenecí al Grupo Juvenil Voz y Mensaje de la Parroquia San Miguel en la Urb. Simón Bolívar en el distrito de José Luis Bustamante y Rivera de la ciudad de Arequipa, ahí descubrí mi condición de joven cuando fui empoderándome en contra de los adultos de mi barrio que excluían a los jóvenes, eso lo aprendí en mi grupo juvenil parroquial, que los jóvenes tenemos poder si nos organizamos. He pertenecido a esa organización desde los trece años que empecé en el colegio hasta los veintitrés que acabé la universidad y me fui a vivir a Lima. En esa época yo era adolescente, pero me di cuenta que las personas mayores no solo daban sus opiniones, sino que querían imponer sus ideas y había que demostrar que los nuevos integrantes somos los nuevos líderes, pues nos formaron para asumir los

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nuevos roles en la organización, y deberíamos ser protagonistas. Esto pude demostrarlo cuando a los dieciocho años fui elegido coordinador general de Voz y Mensaje, una organización parroquial que cumplía en ese momento quince años. Lo más interesante era mi directiva intergeneracional; por cuanto, la secretaria de economía fue mi catequista y la secretaria de actas otra persona mayor que yo. Aunque dichos jóvenes adultos, estarían por encima de los veintiséis años, me parecía interesante un joven dirigiendo a los adultos. El grupo juvenil me sirvió para descubrir mis cualidades de liderazgo, de conciencia crítica sobre la realidad y de formación cristiana. Esta experiencia luego sería mi modelo para ayudar a muchos jóvenes a formar o crear su propia organización juvenil, desde mi experiencia profesional. No obstante, donde si pude sentir una radical exclusión, fue en las asambleas de mi barrio. Recuerdo que fui a una de las reuniones del pueblo, porque mi abuelita decía siempre dónde están los dirigentes que no hacen nada y en esa época mi barrio tenía postes de madera viejos y calles sin asfaltar. Fui a dicha asamblea, en mi condición de corresponsal periodístico y porque quería saber que estaban haciendo los dirigentes. En una oportunidad fuimos con mi formador que era mayor que yo y vi que cuadró a los dirigentes, exigiendo que se debiera promover la participación de los jóvenes. Su ejemplo, me sirvió de inspiración para no tener miedo a los adultos y romper el poder que manejan excluyendo a muchos jóvenes en el barrio y también cuadrándolos para que promuevan la participación de jóvenes. En esas reuniones me di cuenta que a muchos adultos les molesta que un joven les contradiga su argumento, ellos se creen que tienen siempre la razón.

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Sentí que como joven debería pelear por que haya espacios de participación en el barrio. Así, en el momento en que estaban elaborando el reglamento electoral colocaron que solamente podrían participar los titulares; es decir, los dueños de la propiedad, lo cual era absurdo, porque mi abuelito era el propietario y no todos ellos estaban dispuestos a participar, esto era una exclusión para los jóvenes. Además, a mí me molestaba que en el barrio los tíos digan que a los jóvenes no nos interesaba lo que pasaba en la comunidad y que solamente nos importaba, el futbol o las fiestas, porque a mi si me interesaba lo que pasaba en el barrio, e irónicamente no me gustaba ni el futbol, ni las fiestas. En mi organización parroquial, había aprendido no solo a ser cristiano, sino que podía cambiar el mundo y hacer de mi realidad un mundo más justo y solidario, asumiendo mi rol de evangelizador en y desde el mundo. Uno de esos días Juan Gutiérrez Cáceres, se acercó uno de mis formadores indicándome, que las diversas futuras listas que se estaban armando para la dirigencia del barrio, lo estaban buscando y me consulto que capaz podríamos armar una lista juvenil. Recuerdo que le dije: “mira Juan, yo creo que no nos van a elegir, pero hay que demostrar que los jóvenes aquí estamos y queremos cambiar la realidad”. Armamos la lista, la mayoría integrada por jóvenes de la Parroquia y el día de las elecciones fue una pelea generacional, porque la lista opositora recibió el apoyo del Club de la tercera edad, porque los señores recibían víveres y les habían hecho creer que si votaban por nosotros ellos perderían sus víveres. El asunto fue que recibimos apoyo de las señoras de la Parroquia de nuestro grupo Juvenil, y sin pensarlo y por escaso margen de diferencia, fuimos elegidos dirigentes del Barrio, recuerdo que yo ocupaba el cargo de secretario de organización. 22


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Durante esos dos años, logramos constituir a la urbanización en asociación sin fines de lucro con estatutos e inscribirla en registros Públicos. Asimismo, por primera vez una directiva rendía cuentas de los dineros que recibía la urbanización por alquiler de local social entre otros. Luego por razones de trabajo me fui a vivir a Lima, pero no deje de estar vinculado a mi grupo juvenil al cual empecé a visitar y dar talleres de formación a los nuevos jóvenes. Pero cuando regresaba mi ex catequista Doris Zúñiga, me decía los jóvenes de ahora no son como ustedes, ya no se comprometen. Recuerdo que en esa época tenía veinticuatro años y me resultaba difícil creer que había otro tipo de jóvenes, que no eran comprometidos como lo éramos. Esa pregunta fue mi motivación para buscar respuestas al respecto; por lo que descubrí que los jóvenes estaban cambiando rápidamente. Me inscribí a cursos de pastoral juvenil, porque todavía estaba vinculado con mi grupo juvenil a la distancia les escribía cartas desde Lima. Además, libro de jóvenes que encontraba, libro que compraba y por esa época apareció el Consejo Nacional de la Juventud (CONAJU), motive desde Lima para que participen de ese espacio, lo cual lo hicieron porque el grupo juvenil estaba reconocido como asociación sin fines de lucro e inscrita en registros públicos. Al visitar mi grupo juvenil en Arequipa, muchos jóvenes nuevos a los que no conocía se acercaban a contarme sus problemas y consultarme sus dudas. Sus testimonios me sirvieron para descubrir que podía hacer algo más que dar charlas. Aprendí a escucharlos y a conocer sus propias vivencias subjetivas y a orientarles en su proyecto de vida.

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Estas ideas luego, fueron canalizadas con la creación del Instituto de Formación Social, Comunicación y Juventud (IFOSOCJ), una institución especializada en jóvenes con la cual empezamos a enseñar mediante nuestros cursos virtuales. Luego decidí hacer una opción preferencial por los jóvenes inspirado en la Doctrina Social de la iglesia desde los documentos de Medellín y Puebla. De ese modo, asumí el compromiso de si algún día me vuelvo adulto no marginare a ningún joven por ser joven o adolescente y no seré un adulto autoritario, o cerrado, y permitiré siempre la posibilidad de inventar nuevas cosas con ellos. Hoy me anima mi compromiso de formar ciudadanos jóvenes, la experiencia acumulada asesorando organizaciones juveniles en Lima, Arequipa y Moquegua y mi labor docente desde la Universidad Nacional de Moquegua. Siempre es refrescante ver las esperanzas de muchos de ellos por un nuevo país y la búsqueda de modelos y apuestas a futuro más allá de sus miedos y contradicciones.

Jesús Macedo Gonzáles

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Capítulo I

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Mundos juveniles: Ideas y concepción de la Juventud

“No en todos los sitios, ni en todos los momentos históricos significa lo mismo que a las muchachas le crezcan los pechos y a los muchachos el bigote” (Feixa, 1999)

En diversos países de Latinoamérica, hacia fines del siglo pasado, algunos jóvenes fueron actores de complejos procesos y fenómenos que los enfrentaron a la sociedad y sus instituciones (Cisneros, 2006). Muchos de ellos formaron parte de bandas, pandillas, maras, colectivos juveniles y su socialización se vinculó al consumo de alcohol, drogas y la expresión irrefrenable de su 2 sexualidad . La cobertura excesiva que merecieron estas posiciones gobernó la escena pública y creó una mirada que en nuestro país aún sigue vigente en las representaciones de algunos políticos y funcionarios del Estado. Nuestras políticas públicas recientes —entiéndase éstas como las respuestas del Estado Peruano a las necesidades de las y los jóvenes— los han representado como un vasto sector demográfico que ejerce una creciente presión sobre el sistema con sus 2

Esa —por ejemplo— es una mirada de los jóvenes de los 80 y 90 en una América Latina convulsionada por la violencia, sin embargo los procesos de socialización y de construcción de identidad de lo que se entiende por joven cambia conforme a cada cultura y la realidad de las y los jóvenes. 27


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demandas laborales, de formación, de acceso a la información, de servicios de salud y de participación ciudadana.

En el Perú, la institucionalidad pública en materia de juventud a través de los años ha sido dispersa. Durante el segundo gobierno de Alberto Fujimori (1995-2000) se elaboraron los primeros Lineamientos de Políticas de Juventud en el desaparecido PROMUDEH (Ministerio de la Mujer y del Desarrollo Humano) y no es hasta el gobierno de Alejandro Toledo (2001-2006) en que se crea y fortalece una institucionalidad pública con respaldo del Estado: el extinguido CONAJU que tuvo rango ministerial y pretendió articular estratégica e intersectorialmente los diferentes servicios estatales dirigidos a la juventud por un lado y por otro, articular el movimiento juvenil a través de instancias locales, regionales y nacionales de representación (el CNJ). Durante el segundo gobierno de Alan García (2006-2011), esta estructura fue desmantelada, convirtiéndose en la SENAJU: Secretaría Nacional de la Juventud, dependiente del Ministerio de Educación, apartada físicamente de la sede ministerial y orgánicamente menos visible dentro de su estructura organizativa.

Para comprender las relaciones aparentemente conflictivas entre Juventud y Estado, es preciso entender las propias realidades juveniles. La juventud no debe ser solo concebida como una etapa biológica de la vida que se manifiesta en un intervalo etario más 3 o menos definido. Tampoco como un simple fenómeno psicológico al que corresponde un periodo de adolescencia con tareas de desarrollo4 universalmente establecidas. Tampoco como 3

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De hecho, los márgenes etarios no son los mismos incluso, entre los países de la región. En el Perú, por ejemplo, la Ley de creación del CONAJU (2003) considera jóvenes a aquellos sujetos que se encuentran entre los quince y veintinueve años de edad. Las tareas del desarrollo son un constructo desarrollado ampliamente por Erikson y se refieren a “... tareas que surgen en cierto periodo de la vida del indivi-

duo, cuyo cumplimiento exitoso le lleva a la felicidad y al éxito en tareas posteriores, y cuyo fracaso produce infelicidad del individuo, la desaprobación 28


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un mero momento histórico marcado por generaciones que imponen determinadas pautas de relación y de consumo. Nuestra noción de juventud debe superar las concepciones anteriormente señaladas (aunque muchas de ellas persistan aún en el sentido común), teniendo en cuenta las presencias individuales (la existencia personal de cada joven) como las realidades 5 históricas sociales (el pasado y el presente de su sociedad) así como el entorno cultural en el cual se desenvuelven. Los propios jóvenes configuran formas de cultura y es por eso que algunos investigadores peruanos, como Sandro Macassi, se refieren a las culturas juveniles del Perú. Dicho de otro modo, no podríamos comprender a los jóvenes aislándolos del contexto donde transitan, ni dejando de lado su propia historia. Nuestras representaciones de lo que ellos son, marcan la pauta no solo del adulto que trabaja con ellos, sino también de los propios jóvenes. Sería más certero hablar de jóvenes en particular que, de juventud, en general, sobre todo cuando aquellos poseen una condición social específica y a la

vez son agentes del proceso de reproducción y transformación social (Valenzuela, 1997). Balardini (2005) lo dice mejor: no podemos pensar el sujeto sin estructura o aislado de la estructura, así como tampoco podemos pensar las estructuras genéricas sin considerar a los sujetos. Desde esta perspectiva, la comprensión y vivencia de la juventud no es similar en todos los sectores sociales, ni en todos los momentos históricos, ni en las diversas regiones del país. Su valoración, en sí misma, difiere considerablemente entre los jóvenes de sectores acomodados, sectores medios y sectores populares. Lo

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de la sociedad y la consecuente dificultad para cumplir tareas posteriores…” Erikson, E. El ciclo vital completado. PAIDÓS, Buenos Aires, 1985. Participación y Desarrollo Social en la Adolescencia. Dina Krauskopf. Fondo de Población de Naciones Unidas. San José de Costa Rica, 1998. 29


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mismo podríamos decir para los jóvenes urbanos y rurales, como para las mujeres y los hombres y también para aquellos que 6 tienen quince o dieciséis que para aquellos que tienen entre veintiocho y veintinueve. Esto lo constatamos a diario quienes trabajamos con jóvenes y tenemos que interactuar cotidianamente con esta diversidad. No es lo mismo conversar con un joven de veinte a veinticinco años que proviene de la sierra sur del Perú, que con uno de dieciséis a dieciocho que vive en la capital del país. De la misma forma, la comprensión de la juventud no es la misma si quien analiza el trabajo de los jóvenes es un abogado, un sacerdote, un psicólogo, un padre de familia o incluso otro joven. Nuestras representaciones pueden facilitar o limitar el trabajo que realizamos con ellos.

PROFECÍA AUTOCUMPLIDA Muchas veces terminamos creando lo que fervientemente esperamos. A través de estereotipos y prejuicios asignamos roles a algunos actores sociales. Estos estereotipos son tan fuertes que no podemos imaginarlos representando roles y papeles distintos. Finalmente les cerramos oportunidades en otras áreas de desarrollo y los sujetos terminan desempeñándose en lo que nosotros esperábamos, confirmando así nuestros prejuicios. Un ejemplo muy extendido de este fenómeno fue el rumor que se creó durante la depresión de 1929 en EEUU, de que los bancos iban a quebrar. Muchas personas retiraron sus ahorros con presteza, producto de lo cual los bancos quebraron. Esto pasa con las expectativas que se construyen respecto del comportamiento de los miembros de

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En este trabajo utilizamos el término joven para los sujetos comprendidos en rango de edad entre quince y veintinueve años. Algunos autores hacen una diferenciación entre adolescentes y jóvenes. Nosotros lo haremos cuando sea necesario y sobre algunos procesos en particular. 30


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algunas minorías. Sucede también con las expectativas que se construyen de los jóvenes.

Entre el concepto y la realidad, podemos tropezarnos, pues “… no debe confundirse la juventud (un concepto sociológico rela-

tivamente reciente) con los jóvenes (una realidad demográfica de largo alcance)” (Feixa, 2006). Quien quiera realizar un trabajo serio debe incorporar una mirada interdisciplinaria sobre ellos. Esto es un desafío, pues a pesar de que los jóvenes mantienen algunas características generacionales, cambian demasiado rápido. Lo que antes pudo ser considerado joven después ya no lo es y aquello que podría ya no serlo, puede volver a serlo luego.

SOBRE LA NOCIÓN DE JUVENTUD Castillo, Lucero y Gasquez, 2010 definieron algunas particularidades sobre la noción de la juventud: Es situacional. Responde sólo a contextos delimitados; no se podría hablar de juventud en forma general sin tener en cuenta la especificidad de espacios y tiempos concretos en los que la noción surge. Es construida. Sobre lo juvenil se dan procesos de disputa y negociación entre las significaciones elaboradas por el lugar que ocupan frente a sus adultos más cercanos —los padres, por ejemplo, e instituciones sociales externas, como la escuela—, en torno a los jóvenes y las culturas juveniles que ingresan y habitan las mismas. Estas significaciones a veces coinciden, otras veces mantienen una relación conflictiva o de negociación, donde se delimita quiénes pertenecen al grupo juvenil y quiénes quedan excluidos del mismo.

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Es variable. Se construye y reconstruye permanentemente en la interacción social. Se produce en lo cotidiano. Sus ámbitos de referencia son íntimos, cercanos, familiares: los barrios, la escuela, el trabajo, la música, los estilos, a moda, Internet, los medios de comunicación, la parroquia o su iglesia evangélica, entre otros. Es transitoria. Dependiendo de tiempos biológicos y socioculturales que los integran o expulsan de la condición juvenil. Se construye en relaciones de poder. Se advierte la existencia de construcciones discursivas dominantes, con valor de verdad, que recluyen otras formas subjetivas de habitar la juventud. Hoy las diversas estigmatizaciones por las que transitan determinadas subjetividades juveniles —aunque compartan la misma generación— los alejan del discurso dominante.

Por tanto, cuando hablamos de jóvenes tenemos que identificar sus territorios de origen: ¿de qué parte del país provienen? En muchas zonas rurales la juventud prácticamente no existe (algunos autores sostienen que se trata de un concepto urbano), pues se la entiende como sinónimo de preparación para el mundo adulto. Los procesos de disputa, muchas veces se traducen en los llamados conflictos generacionales, que no solo se expresan entre jóvenes y adultos, sino también entre los propios jóvenes. Un típico ejemplo sucede en las universidades peruanas donde los estudiantes de los últimos años miran con cierto desdén a los cachimbos (ingresantes). Los espacios de referencia social (escuela, instituto, barrio, etc.) son sumamente importantes, pues ayudan a construir la identidad de los jóvenes. Quienes trabajamos con ellos tenemos que usar las redes sociales como el Twitter, Facebook o Instagram 32


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que constituyen mundos poco conocidos por muchos adultos. Allí se impregnan y comparten diversas vivencias que configuran un marco de referencia virtual donde lo público se hace privado y lo privado se hace público. Por otro lado, el adulto ejerce un poder real y efectivo en nuestra sociedad. El ser joven es la lucha por el poder, por los derechos que debe conquistar el joven para no ser excluido, ni marginado. El hecho de ser y sentirse ciudadanos les otorga ese poder. Bazán (2015), lo llama el protagonismo juvenil de los jóvenes, dicho concepto excluye el adultocentrismo y el juvenilismo. a.

Un concepto relacional Para muchos estudiosos la juventud es un concepto relacional, un constructo que adquiere sentido dentro de un marco socio-histórico determinado, y en contraste con otras condiciones, como las étnicas, de género o de posición social (Valenzuela, 1997). Fuera de estas consideraciones la juventud pareciera ser un concepto vacío. Desde esta perspectiva, las investigaciones ponen énfasis en las condiciones estructurales (económicas, políticas, históricas, sociales y culturales) que le dan sentido e influyen poderosamente en la construcción de las subjetividades juveniles (Castillo y otros, 2010). Ahora bien, tenemos que concebir la juventud también como una representación en la que confluyen las percepciones de diversos actores sociales e institucionales (de los actores estatales, por ejemplo), entre ellas, las de los propios jóvenes. La juventud es un constructo independiente de quien lo enuncia (sea éste joven o no). No debemos dejar de tener en cuenta que nuestra concepción de lo que significa ser joven está marcada por la manera de cómo hemos vivido nuestra

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propia juventud. Nuestros conflictos también pueden habitar en nuestras representaciones y expectativas sobre ellos. Aunque el tiempo de la juventud es una valoración —muchos 7 adultos dicen sentirse jóvenes, aunque pasen los años—, ésta juega a favor o en contra al momento de trabajar con jóvenes. En nuestro trabajo con ellos, hemos comprobado que muchos adultos que dicen sentirse jóvenes, muestran actitudes conservadoras y dogmáticas. ¿Es legítimo considerarlos espíritus juveniles? Uno de los elementos que definen a la juventud es su condición transitoria. La juventud en algún momento se cancela en la vida y experiencia misma de los sujetos. Mejor dicho, todos dejaremos de ser jóvenes en algún momento desde las perspectivas de la edad y de la moratoria social. Estos dos momentos no siempre coinciden en un mismo sujeto. 8

Este fenómeno altera la percepción y complica la capacidad de los movimientos juveniles, pues las demandas y propuestas que se plantean desde la condición juvenil (Sandro Ven9 turo le ha llamado a este fenómeno juvenilismo) tendrán escasas posibilidades de trascender en el tiempo, pues los integrantes del movimiento no perseverarán, pues mañana ya no serán jóvenes. Peor aún si los jóvenes no logran descubrir que sus demandas no solamente los beneficiarán a ellos, sino también a las futuras generaciones.

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Haciendo referencia a un clásico comercial peruano de la marca Polystel de la Fábrica Universal Textil muy recordado entre la teleaudiencia nacional, cuyo eslogan era: se mantiene joven, aunque pasen los años. Un conocido huayno peruano da cuenta de esta realidad: adiós juventud, vida

pasajera. Revisar: Sandro Venturo. CONTRAJUVENTUD. Instituto de Estudios Peruanos (IEP). Lima, 2001. 34


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No sucede lo mismo con otros movimientos, como el feminista, pues la condición femenina acompañará toda la vida a sus integrantes (Rodríguez, 2002). Dicho en clave fácil: las mujeres serán mujeres hasta su muerte, los jóvenes serán jóvenes sólo un tiempo de sus vidas. Para ilustrar esta situación acudimos a los casos de tres organizaciones vinculadas al movimiento juvenil limeño de la década pasada (2000-2010). Sus líderes dejaron de ser jóvenes y se enfrentaron una serie de conflictos. Resulta que la organización juvenil supuso para ellos un estilo de vida y una forma de ganarse el sustento a través de la aplicación de programas financiados por diferentes fuentes cooperantes. El primer caso es de AMDENA de Villa el Salvador, orientada hacia las actividades de educación ambiental y cuyo líder al pasar los treinta años se mantuvo al frente de su organización, liderándola en los extramuros de su edad, y resistiéndose a un cambio generacional de liderazgo. El segundo caso es de ACOCSUR, también de Villa el Salvador, que evolucionó hacia la forma de asociación civil abandonando el rótulo de organización juvenil, aunque algunos temas de su agenda continuaron siendo juveniles mucho tiempo. El tercer caso es de Virgen Morena, de Villa María del Triunfo, cuyo líder al hacerse adulto, actuó como patrocinador del grupo permitiendo un reciclaje permanentemente de sus miembros. Uno de los desafíos que plantea el Instituto de Formación Social Comunicación y Juventud (IFOSOCJ) es que necesitamos adultos que acompañen a los jóvenes a construir un liderazgo desde el acompañamiento juvenil, de manera que las organizaciones y movidas juveniles se fortalezcan a través del cambio generacional, de lo contrario, el poder ejercido por los jóvenes que tienen militancia ciudadana repetirá los modelos de exclusión de los que pretenden alejarse, pues 35


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no aprendieron a transferir lo aprendido ni tuvieron adultos que los acompañen. b.

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Vertientes de pensamiento en juventud Las modernas concepciones sobre juventud, así como las escuelas del pensamiento que las han hecho posibles, son recientes en la historia (la revisión que vamos a proponer pertenece en su mayor parte al siglo XX). Desde la vertiente pedagógica los sujetos se consideran alumnos11 y son homogenizados por el proceso educativo bajo la condición de educandos, con lo que pierden, en alguna medida, su condición individual. Desde esta perspectiva los jóvenes son hojas en blanco que se llenan (porque no son capaces de hacerlo por sí mismos) con conocimientos y herramientas (desde una mirada utilitaria) para incorporarse a la vida social y al mercado laboral de manera normal (sin considerar su habilidades y preferencias). Paulo Freire —destacado pedagogo latinoamericano— hablaba de la educación bancaria donde los estudiantes son como bancos vacíos donde se depositan los conocimientos. Este tipo de educación, decía, justifica el sistema y es opresora, no liberadora. Postulaba que la educación debía liberar al hombre de aquellas ataduras que lo amarran y no le dejan ser libre (Freire, 1970).

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Las ideas de este acápite han sido sintetizadas a partir de los textos del Diplomado Mundos Juveniles del Seminario de Investigación en Juventud de la Universidad Nacional Autónoma de México, y muchas han aparecido en el Blog del Instituto de Psicología y Desarrollo que gestiona José Cabrera. Esta palabra proviene de la denominación latina alumnus, que quiere decir alimentado. Por allí hemos recogido una versión en la que alumno proviene de la denominación a-lúminus que querría decir sin luz o sin iluminar. Sin embargo, no hemos encontrado ningún sustento académico de esta última versión. 36


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Para Durkheim la educación es un mecanismo de socialización y reproducción del orden social, para lo cual es necesaria una renovación de generaciones. El enfoque educativo ha aportado mucho a la construcción de proyectos institucionalizados en el mundo de las escuelas secundarias. Necesitamos jóvenes capaces de construir nuevos modelos e inventar la escuela, algunas instituciones educativas tienen problemas con el famoso uniforme escolar. ¿Por qué los estudiantes en Estados Unidos no llevan uniforme escolar y en el Perú si? ¿Son las formas externas las que importan o las identidades que construimos o destruimos? A veces los adultos queremos que los jóvenes se comporten de acuerdo a nuestros modelos disciplinarios y somos renuentes a aceptar la construcción de un sujeto nuevo, diferente, discrepante a nuestro modelo de vida.

“Ciertamente jóvenes han existido siempre y estos han sido capacitados para ejercer luego tareas en su comunidad; sin embargo, en las sociedades modernas la educación se convierte en una función especializada, separada de la vida productiva y cívica de los mayores. La educación se abstrae del hogar, la chacra, el taller, etc.; los jóvenes son separados a instancias donde, reunidos, son diferenciados del resto de la población. Se diferencian jóvenes de adultos. La sociedad en su conjunto reconoce esta separación y produce imágenes de lo juvenil que todos consumen, tanto los adultos como los propios jóvenes. Se aprende a ser joven en un doble movimiento: desde dentro, en la experiencia de los pares; y desde fuera, en el consumo de imágenes sobre las (distintas) juventudes que producen los diseñadores de modas, los maestros, los psicólogos, los padres, los guionistas de cine y televisión, entre otros. Venturo. 2001

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La vertiente psicológica (que más precisamente podríamos denominar biológico-médico-psicológica) consagra la idea de la adolescencia como estado natural de la vida que corresponde al tránsito del estado de naturaleza al de la cultura (Rosseau). En el marco de estas ideas —influidas por la teoría evolucionista—, surge la propuesta de Stanley Hall,12 para quien la estructura de la personalidad atraviesa distintas etapas, las mismas que corresponden a la propia historia de la evolución de la especie. La adolescencia (de doce a veinticinco años) se vincula a una prehistoria turbulenta dominada por las fuerzas del instinto (Feixa, 2006). Dicha etapa constituye un periodo de moratoria durante el cual los sujetos no tienen que comportarse como adultos, pues se encuentran transitando entre la barbarie y la civilización. No podemos negar que esta mirada es importante pues la adolescencia marca las opciones vitales de la juventud. Es la etapa donde se construye el pensamiento abstracto y además un pensamiento protagónico, que cuestiona los estilos de vida existentes desde el mundo de los adultos. En esta etapa, uno empieza a pensar por sí mismo, se plantea preguntas y a veces no encuentra respuestas convincentes. El éxito del Movimiento de Adolescentes y Niños Trabajadores Hijos de Obreros Cristianos (MANTHOC) revela un tipo de organización que supo valorar a los niños y adolescentes (desde su condición de trabajadores) por más de cuarenta años, para darles el espacio organizativo necesario, y desde su condición de niños y adolescentes. Quienes hemos conocido a sus delegados o representantes, nos hemos sorprendido por la calidad de sus discursos. Muchos de ellos

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Adolescence: It´s Psychology and it´s Relations to Physiology, Anthropology, Sociology, Sex, Crime, Religion and Education. Obra considerada por muchos el primer estudio serio acerca de la juventud contemporánea. 38


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ahora son destacados líderes y algunos han salido a estudiar al extranjero. En estos casos, se aprovechó de manera positiva su adolescencia, no se la vio como una limitación. Esta idea de la adolescencia creó una concepción entendida no sólo como etapa de cambios psicológicos, sino también como una etapa de crisis y moratoria social. Se generó la idea de que los adolescentes y los jóvenes eran seres incompletos a los que la educación, la represión y un exhaustivo control harían madurar hasta convertirlos en adultos ejemplares. La moratoria constituye así, un espacio simbólico de prerrogativas y licencias que la sociedad le otorga a sus jóvenes a través de dos instancias: la preparación y el tiempo libre, procesos fundamentales para entender la condición juvenil contemporánea. La idea de adolescencia y moratoria está muy presente en el sentido común de los que toman decisiones públicas y en la propia mentalidad de muchos jóvenes que aún se encuentran en la escuela. Desde las ciencias sociales se aportó el análisis de las condiciones estructurales y la influencia de las instituciones sociales como la familia, la escuela y el trabajo. De otra parte, los estudios antropológicos han aportado la mirada de las imágenes culturales y la conformación y expresión de culturas juveniles urbanas. Así mismo, la psicología social ha sumado el estudio de las representaciones sociales. Podríamos registrar dos ideas: dime qué joven fuiste y sabré a qué joven querrás o con cual te enfrentarás. Las representaciones sociales creadas en nuestra propia vivencia de juventud marcarán nuestra apuesta o desconfianza por los jóvenes de nuestro país. Eso lo sabemos quienes trabajamos con ellos desde hace muchos años en diversos espacios de promoción de juventudes.

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MORATORIA SOCIAL “En 1899 se impuso, en la legislación británica, la prohibición

de encarcelar a los menores de 16 años al lado de los adultos; en 1908 se instauraron los tribunales de menores: eran medidas que ponían de manifiesto el reconocimiento social de una nueva categoría de edad, situada entre la infancia y la mayoría de edad. Primero en los Estados Unidos y Gran Bretaña, y después en el resto de países occidentales, los jóvenes comenzaron a retrasar su incorporación al mundo laboral y a pasar cada vez más tiempo en instituciones educativas. Escuelas e internados, prisiones y tribunales de menores, servicios de ocupación y bienestar, todo eso formaba parte del reconocimiento social de un único status a quienes ya no eran niños pero que aún no eran plenamente adultos. Mientras para los jóvenes burgueses significaba un período de moratoria social dedicado al aprendizaje formal y al ocio, para los jóvenes obreros era una de las consecuencias de la segunda industrialización, que los expulsaba del mundo del trabajo y los condenaba al paro (desempleo) forzoso y a la calle.” Feixa, 2006

“La juventud es la etapa de la vida dedicada esencialmente a la adquisición de conocimientos. Para ello, la sociedad otorga una moratoria de roles, esto es, una suspensión temporal de obligaciones que favorece tanto la flexibilidad para adaptarse a nuevas situaciones —experimentando con ellas y haciendo un balance de sus ventajas y desventajas— como la incorporación rápida de innovaciones, proceso que no enfrenta, como suele ser el caso entre las generaciones adultas, las resistencias provenientes de hábitos y prácticas cristalizadas, o de intereses que ya han echado raíces en estructuras institucionales.” Rodríguez, 2001

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Siempre hemos creído que se tienen que romper esas ideas de moratoria social en el trabajo con los jóvenes para que puedan asumir el rol protagónico que les corresponde como ciudadanos. En la medida que los consideremos en preparación, estaremos justificando el paternalismo y dando pie al autoritarismo. A los jóvenes les corresponde cumplir su rol como ciudadanos que tienen derechos y deberes. c.

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Representaciones sociales Existe un conjunto de representaciones sociales en torno a nuestra idea de los jóvenes y de la juventud. Muchas de estas representaciones no necesariamente corresponden a saberes obtenidos a partir de la investigación académica, sino a un conjunto de sentidos comunes que se reproducen en los medios, en la calle, e incluso en algunos espacios de toma decisión. De allí que no sea raro que en los noticiarios se propalen sin ningún tapujo, ciertos estereotipos y estigmas acerca de los jóvenes.

“UNA POSE MÁS AGRESIVA PE COMPARE…” Octubre de 2011. Cercado de Lima. Barrio El Planeta. Margen izquierda del río Rímac. Dos reporteros de un diario limeño acuden a cubrir las actividades de un proyecto de resocialización de jóvenes de la Municipalidad de Lima. Los jóvenes que participan del proyecto pertenecen a algunas pandillas de la zona. En determinado momento el fotógrafo les solicita una toma grupal. Los jóvenes forman entonces un ameno grupo lleno

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Algunas ideas planteadas en esta sección han aparecido en el Blog del Instituto de psicología y Desarrollo, gestionando por José Cabrera. 41


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de sonrisas, de gestos amistosos. Uno de ellos, inclusive, carga una mascota entre los brazos. Entonces el periodista les increpa: “muchachos, una pose más agresiva pe, más sal-

vaje, si no, mi editor no me va a pasar la nota”. Entre sonrisas, entonces, los muchachos se sacan el polo y lucen orgullos cicatrices, tatuajes; se ponen de lado para mostrar el brazo más fiero y “recorrido”. Modifican sus rostros frunciendo el ceño y mostrando los dientes. El periodista “poncha” e inmediatamente anuncia el comienzo de las entrevistas individuales. No puede entrevistar a todos, así que selecciona a tres o cuatro, aquellos que lucen más cicatrices y tatuajes. Las representaciones sociales operan tanto en los que reciben la información de los medios, como en los que las producen. En nuestro ejemplo, actúan como un filtro sobre la percepción del periodista impactando en la selección de sus imágenes y contenidos. Más tarde, influirá sobre los propios consumidores. Ellos ya no sabrán de los gestos amistosos, pues solo le son presentados seres salvajes, violentos, irracionales, hambrientos de venganza.

Las representaciones sociales constituyen sistemas de valores, nociones y prácticas que proporcionan a los individuos los medios para orientarse en el contexto social y material, para dominarlo (Moscovici, 1961).14 Nuestros conocimientos espontáneos y sentidos comunes se construyen socialmente y se establecen a partir de nuestras propias experiencias y de la información que recibimos a través de las tradiciones, el sistema educativo y los mass media (Jodelet, 1984). Las representaciones sociales son estructuras comunicacionales a 14

Moscovici (1961), citado por Perera, M., 2005, Perera, M. (1999): “A propósito de las representaciones sociales: apuntes teóricos, trayectoria y actualidad”. Informe de investigación. CIPS. La Habana. 42


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las que se accede a través del lenguaje, pues se reproducen a través del discurso. Se organizan de diferente forma según la cultura y las clases. En un taller de jóvenes en Moquegua, discutíamos el significado de juventud, en su mayoría los participantes eran adolescentes entre trece y diecisiete años. Hubo tres respuestas interesantes que reflejaban sus representaciones sociales sobre ellos mismos: soy joven porque dependo de mis padres, soy joven porque me puedo equivocar, soy joven porque puedo crear algo nuevo. Estas respuestas grafican lo que hemos venido planteando hasta ahora. Por otro lado, debemos mencionar que algunos psicólogos insisten en que actualmente muchos jóvenes experimentan una adolescencia tardía y que no quieren separarse de sus padres, de allí que no sea raro que cuando se unan a una pareja, traigan ésta a la casa paterna. Muchos de ellos estarían marcados por el miedo y una baja autoestima, sobre todo los jóvenes en edad escolar. La representación produce un sistema de anticipaciones y expectativas, moldeando la realidad según la propia representación: constituye, entonces, la propia realidad. Como bien dijimos, son muchos los espacios en donde se crean y reproducen éstas representaciones. Un espacio importantísimo es el de las instituciones, donde históricamente se ha construido la imagen de los jóvenes respondiendo al deber ser. Quien no encaja dentro de esta expectativa institucionalizada, queda al margen y es depositario de los estigmas con que la sociedad excluye a quienes no pudieron alinearse dentro de sus cánones (vago, marginal, ninis). Estas representaciones son potencialmente perniciosas pues no sólo 43


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afectan el enfoque de política estatal (leyes, planes nacionales, ordenanzas municipales, etc.) sino que se hacen carne en los programas que deberían crear mejores oportunidades para los jóvenes.

Es innegable que la prensa es uno de los principales agentes de socialización de nuestra sociedad; construye modelos, crea referentes, propone —a veces sutilmente y otras de manera muy directa— un determinado estilo de vida. Pero ¿qué modelos o referentes proponen los medios de comunicación? ¿Cuál es el estilo de vida que los medios invitan a seguir? (…). Una de las imágenes de los jóvenes —la principal desde mi punto de vista; no por su importancia sino por su persistencia en los medios— es la del personaje que es la síntesis del monstruo incontrolable al que hay que temer, y el incapaz de readaptarse por sí mismo, al que hay que corregir a través de medios punitivos (…). Encontramos también que la imagen del joven desadaptado y violento se halla íntimamente vinculada a la figura del pobre (…). La violencia es el recurso de los que no tienen recursos sí, pero sobre todo de los que carecen de recursos simbólicos a través de los cuales puedan construir una convivencia pacífica y una cultura ciudadana de respeto de deberes y derechos. Cruzado, 1998

Otro espacio generador de representaciones son los medios de comunicación, y en especial, el cine y la televisión. En ellas se ofrecen imágenes mundanas de la juventud. El cine peruano está repleto de estos estereotipos, sino recordemos las películas DIOSES o Ciudad de M, o series como Al fondo 44


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hay sitio, ambientados en los sectores medio y alto de la sociedad limeña. En los últimos años se pusieron de moda los programas televisivos llamados reality como Esto es Guerra y Combate. Estos programas delinean una forma de entender a los jóvenes y de percibir la vivencia juvenil de acuerdo a su pertenencia a diversos estratos sociales. De ahí que es importante tener un análisis crítico sobre los modelos que allí se ofrecen. Los que dirigimos programas y proyectos con jóvenes sabemos que es bastante difícil lograr una cobertura periodística para las actividades de desarrollo lideradas por ellos. Sin embargo, los diarios peruanos están llenos de noticias que cubren actos de vandalismo, sicariato y pandillaje (ver recuadro). Tenemos que promover capacidades comunicativas para que los jóvenes usen los medios de comunicación y éstos no usen a los jóvenes. Los medios son instrumentos de información, ocupan un rol en nuestra sociedad y hay que usarlos. Finalmente, otro espacio donde se reproducen los estereotipos de la juventud es el de los propios jóvenes.

“Las representaciones que de sí mismos construyen los jóvenes, en el marco de su experiencia social, son edificaciones imaginarias que se concretan con la creación o adopción de estilos, mediante los cuales los grupos se definen a sí mismos, cómo son y cómo quieren ser, pero también cómo quieren que los demás los definan. Estilos y rituales operan como identificadores simbólicos entre los pares y como diferenciadores frente a otros (jóvenes y adultos)”. Texto del Seminario de Investigación en Juventud de la Universidad Autónoma de México

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d.

Jóvenes y diversidad La enorme diversidad de los jóvenes es un fenómeno visible. Los científicos sociales peruanos hace tiempo utilizan el término juventudes para dar cuenta de esta heterogeneidad. Los jóvenes de hoy no se parecen a los de ayer y aún, entre los individuos actuales, las diferencias son notables. No se es joven de la misma manera ni en el mismo tiempo, ni en el mismo espacio, ni en el mismo país. En Perú, por ejemplo, cualquier programa de investigación o desarrollo debe considerar las polaridades existentes: jóvenes urbanos versus jóvenes rurales; empleados versus desempleados; hombres versus mujeres. Otra aproximación al fenómeno de la juventud es a través de sus relaciones en sus colectivos y organizaciones que ayudan a nuestros jóvenes a transitar entre las tensiones que confrontan sus aspiraciones individuales con las expectativas colectivas, por medio de la integración de sus proyectos de vida con las metas sociales (Reguillo, 2000). Hay que reconocer que, en los testimonios que hemos recogido de los 15 jóvenes limeños, aparecen relatos de proyectos de vida que priorizan el ámbito individual (en el caso de los que no participan de organizaciones ni movimientos juveniles). Los jóvenes que pertenecen y participan de organizaciones juveniles incorporan en sus testimonios una visión más colectiva que involucra a la familia, el barrio y la comunidad. El proyecto de vida es un elemento importante que marca la concepción de juventud desde los propios jóvenes, por cuanto, les permite ubicar su rol consigo mismos y con la sociedad. Es sumamente importante ser consciente que su

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En el contexto de una intervención de desarrollo que llevamos a cabo en Lima Sur bajo el liderazgo de la Asociación UNACEM, Lima. 46


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proyecto de vida ayuda a construir su identidad y su vida, de ahí que subrayamos que la adolescencia es un momento clave de definiciones, siendo una de ellas, su proyecto de vida, que va más allá de saber qué carrera deben elegir. e.

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Tecnología y colectividad Las diversas colectividades de jóvenes son influenciadas por variadas tendencias multiculturales debido al creciente acceso al internet, lo cual afecta la antigua homogeneidad de las culturas juveniles (Krauskopf, 1998). Hay una relación innegable entre medios de comunicación, consumo y estilos/culturas juveniles (Macassi, 2001). En efecto, las interacciones de nuestros jóvenes están profundamente marcadas por las TIC (florecidas y propaladas en los últimos años). Hoy las distancias son más cortas; las pautas culturales rompieron sus fronteras y nuestros jóvenes crecen en un ambiente heterogéneo, expuestos a una información que parece inacabable y socializando en redes virtuales, cuya información (transmitida en tiempo real) deben procesar para construir su posición frente al mundo y frente, incluso, a ellos mismos. Los fenómenos del Youtube, el Facebook o el Twitter, son solo algunos ejemplos de las posibilidades de articulación social que brinda la Internet. “…Tal vez los vínculos que los jóvenes vienen desarrollando con las tecnologías de comunicación e información son el cambio cultural más profundo pero silencioso de las últimas décadas. La conformación de cyberculturas culturas, las comunidades virtuales, el cybersexo, e incluso el activismo político desarrollado en el ciberespacio, o el activismo que el ciberespacio permite, son la expresión tangible de estos cambios, especialmente porque la línea divisoria entre el ciberespacio cada vez es más débil,

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Ibídem 47


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los jóvenes transitan de una relación virtual a una real y viceversa. Diversas redes y comunidades se encuentran, intercambian y construyen sentidos con más facilidad en el ciberespacio que en la interacción personal, por otro lado, diversos grupos juveniles se vinculan con otros, y se adscriben a otras comunidades más amplias a través de la Internet, como es el caso de los darks y los subterráneos...” Macassi, 2001

Sin embargo, este consumismo virtual marca la vida e identidad de muchos de los y las jóvenes y a veces no es percibido por ellos mismos, ni mucho menos por el mundo adulto. El internet está cambiando los procesos de socialización que normalmente eran bilaterales y desde lo que les enseñaban los padres a hijos o docentes, a estudiantes. Hoy es más multidimensional y horizontal, ya que se construye en relaciones desde las redes virtuales con una serie de símbolos e imágenes que incluso los mismos jóvenes no son capaces de discernir o reflexionar. De otra parte, desde ya hace algunos años la afición a los videojuegos ha capturado la atención y poblado el tiempo libre de los jóvenes (Jerjes, 2009). Con el desarrollo de las tecnologías, hoy cada vez más jóvenes acceden a los llamados juegos on line a través de consolas de última generación que producen una interfaz para conectar individuos reales en un entorno virtual que es el mundo donde interactúan. Estos juegos suponen una experiencia novedosa de participación colectiva donde literalmente se puede interactuar con todo el mundo, floreciendo redes globales y locales de gamers (así se les dice a los aficionados a estos juegos). Actualmente viene prosperando una industria formal e informal en torno de estos juegos y muchas veces se consolidan 48


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puntos de encuentro, como los points de algunas galerías comerciales, donde coinciden gamers de diferentes partes de Lima que, además de interactuar a través de la interfaz, socializan e intercambian una serie de datos, trucos, password, tips, que les permiten enganchar y establecer redes de socialización muy peculiares. También debe observarse a aquellos jóvenes y adolescentes que encuentran en estos juegos un espacio virtual donde siempre son los ganadores. No vamos a profundizar en esto, pero deben de atenderse las investigaciones que dan cuenta de estos efectos. Recordemos que las generaciones de jóvenes, sin excepción, han reclamado históricamente un espacio de reconocimiento y protagonismo en nuestra sociedad, que muchas veces se les ha negado, ¿la virtualidad le ofrece estos espacios? Quienes nos dedicamos a la docencia universitaria, sabemos que, si bien los jóvenes de estos tiempos son los abanderados del uso de las tecnologías, constituyen también la generación del copia y pega. Hay que seguir esto con cuidado, pues en algunos casos podría afectarse la construcción de un pensamiento crítico en un sector de jóvenes. Gracias a la red de redes —dice Balardini— los mecanismos

que conforman la identidad de los jóvenes despliegan hoy nuevos universos simbólicos y se sitúan en una dimensión de consumo global, dejando de lado su clásico dominio local. De esta manera, los jóvenes pueden tener mayor afinidad con chico(a) s de otras latitudes que con los de su propio vecindario. Esto posibilita “una nueva formulación del «nosotros», y, en consecuencia, del campo significante de los «otros»” (Balardini, 2005).

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Nuestros jóvenes no solo han sido influidos en sus prácticas de consumo cultural. Ha habido un profundo cambio en sus pautas de interrelación. Ellos han crecido al influjo de la cultura del mercado y muchas veces no necesitan guardar para mañana. Los aparatos, que a sus abuelos les duraba toda la vida y a veces eran heredados por los nietos, han modificado su ciclo de vida. Un equipo personal de reproducción de música o de telefonía portátil no les dura más de uno o dos años. Asimismo, sus equipos informáticos evolucionan de manera veloz hasta quedar rápidamente en la obsolescencia. Artefactos que costó mucho esfuerzo conseguir y hoy se desechan a cúmulos en los botaderos del mundo. Esta configuración del tiempo de vida de los productos del mercado de consumo, genera —en diversas generaciones— distintas percepciones del tiempo e impactan sobre su propia vivencia fragmentando sus procesos de identidad, cual, si estuvieran desligados del pasado y del futuro, ya que solo viven un tiempo similar al de los aparatos que usan (Macedo, 2011).

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Capítulo II

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Juventud, vida pasajera: Percepciones sobre la edad y el tiempo

“Adiós juventud, vida pasajera, de tanto florecer te vas marchitando (…)” (Vida pasajera. Huayno peruano)

Para muchos investigadores sociales —la juventud es un concepto vacío— una construcción social que toma forma sólo en contextos sociales específicos. Su concepción, ha recibido el impacto de una serie de transformaciones en el curso de la historia. Aunque no lo parezca, en realidad la idea de la juventud como etapa de vida, es reciente (Venturo, 2001). En las últimas elecciones los candidatos jóvenes (menores de veintinueve años) tuvieron una inusual cobertura de los medios de prensa. Estos postulantes al congreso fueron invitados a foros, mesas de debate, programas radiales y tantos otros espacios generacionales que se dan en torno a la juventud y la política. Si hubieran postulado hacia la década de los 70 u 80, su condición juvenil hubiera pasado casi desapercibida. Pero ¿cómo es posible esto? ¿Cómo puede hacerse invisible unas veces y otras visible la condición juvenil de un sujeto? ¿Todos acaso no han sido o serán jóvenes en algún momento de la

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vida? Veamos cómo se ha ido transformando la concepción de 17 los transcursos de vida. a.

Transcursos de vida En las modernas sociedades industriales se estableció, hace algunas décadas, la idea de un ciclo tripartito que organizaba la vida de los sujetos (Odonne, 2006). Las tres etapas establecidas (niñez, adultez, vejez) giraban en torno a la capacidad productiva y estaban, por lo tanto, ligadas al fenómeno del empleo. La vida de las personas fluía en el sentido que marcaba su relación con el trabajo. De esta manera, la niñez, estaba orientada a la preparación para el mundo laboral. La adultez, se centraba en el trabajo productivo; y la vejez, era orientada hacia el retiro y la jubilación. Hay una relación biunívoca entre los elementos del curso vital niñez-adultez-vejez y los elementos del ciclo productivo preparación-trabajo-retiro. La protección de la infancia, los derechos sociales del trabajador, las pensiones de jubilación (mecanismos de protección social dirigidos a niños, adultos y ancianos, respectivamente) son ejemplos de la forma en que el sistema social establecía sus metas en torno de este ciclo tripartito. Así, la estructura social institucionalizaba los transcursos de vida a través de políticas y normativas específicas.

b.

Era de cambios Los cambios estructurales que resquebrajaron la sociedad 18 industrial y sus modelos de producción fordista, afectaron la concepción del transcurso de la vida. Diversos estudiosos, entre ellos Castells (1998), dieron cuenta del agrietamiento

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Nuestro análisis se realiza en el marco de las transformaciones ocurridas en la sociedad occidental. 18 Llamada así por el sistema de producción en serie que caracterizó a la emergente industria automovilística del siglo XX en Estados Unidos. 54


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de las interrelaciones entre el mundo de las biografías y el universo de las instituciones. Es sobre estas grietas que muchas instituciones del Estado construyeron recientemente el significado de jóvenes y juventud y en función de cada definición, establecieron sus programas. Por ejemplo, si el joven es concebido como adolescente que vive una época de cambios biológicos, se implementarán programas de salud sexual y reproductiva desde las entidades gubernamentales; si es concebido como ciudadano, con deberes y derechos, entonces tendremos encuentros anuales con los jóvenes para actualizar las políticas públicas de juventud. Así cada institución diseña sus intervenciones de acuerdo a la visión que tienen de los jóvenes. c.

Desinstitucionalización del tiempo Una reflexión adicional nos detiene en la relación dominioautonomía de los sujetos sobre el tiempo. En la sociedad fordista, la estructura social moldeaba las trayectorias individuales introduciéndolas en una dinámica establecida por el tiempo. Hoy, en cambio, el trascurso vital se ha desinstitucionalizado y los individuos tienen mayor autonomía. Las personas, por ejemplo, pueden estudiar durante toda su vida, no hay más una edad específica para los estudios. Las nuevas condiciones de empleo (inestabilidad, incertidumbre), trajeron consigo un descentramiento de la vida frente al trabajo. Hoy los individuos pueden iniciar su vida laboral sin pasar por procesos de formación establecidos. Es el caso de muchos niños, adolescentes y jóvenes de los países en desarrollo. Los propios procesos de formación se han extendido más allá de las edades convencionales. Hoy es posible ver a personas que pasan los cuarenta años cursando estudios universitarios, o inscritos en cursos o programas de 55


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postgrado después de los cincuenta, pues el mercado laboral los obliga a actualizarse de forma permanente.

Citemos un caso. Los jóvenes del coro de la Capilla de Ilo y Moquegua, realizaban reuniones después de sus sesiones de canto. A uno de ellos se le ocurrió sugerir que orasen antes de cada reunión. Un sector de los jóvenes se opuso tajantemente, aduciendo que ya no estaban en la misa. Al finalizar la discusión quedó claro que no cuestionaban la oración como ritual, si no la institucionalidad de la Iglesia que les obligaba a hacerlo. A los que trabajan con jóvenes les corresponde permitir espacios de análisis que permitan cuestionar la institucionalidad y a partir de allí generar una reflexión sobre las prácticas juveniles. Cuando hablamos de institucionalidad nos referimos a los dispositivos de instituciones que marcan las pautas del proceso de socialización: el estado, la iglesia, la escuela, la universidad e incluso la familia.

Por otro lado, la escuela ya no es el espacio privativo de la socialización juvenil. La calle y las redes sociales (Facebook, Twitter, juegos on-line, salones de chat, etc.) han cubierto la función socializadora, descentrando la influencia de la escuela en la socialización juvenil. Esto es algo que les cuesta aceptar a algunos docentes tradicionales de escuela que critican las redes sociales y no facilitan procesos de discernimiento para usarlas. Muchas veces las aulas escolares se convierten en jaulas y los jóvenes más valoran el espacio afectivo de sus pares que la propia escuela. d.

Irrupción del tiempo libre El trabajo ha dejado de ser el gran organizador de la vida social. Hoy, los individuos se definen más por lo que hacen en su tiempo libre. Los circuitos culturales giran en torno del

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mundo del ocio y configuran nuevos fenómenos como las culturas juveniles. Eso no significa que el trabajo no sea un elemento muy importante para los jóvenes, lo sigue siendo, pero existen otros espacios que antes no eran considerados trascendentes en el proceso de socialización. Por ejemplo, los espacios de amigos, son muy significativos para ellos, su espacio de ocio puede ser para consumir drogas entre otras razones o para ayudar a la comunidad o hacer música con un grupo. Esto es una novedad porque antes, la construcción de identidad estaba ligada a la política y la religión sobre todo en los 80, hoy son los espacios definidos por el tiempo libre, la subjetividad y el internet, que marcan su proceso de socialización. La concepción de los trayectos, aporta también a pensar y comprender la situación de los jóvenes, es decir lo propiamente juvenil, superando lo general. Los individuos no son meras transiciones, pues se trasladan de una a otra etapa vital. Su vida no es una etapa en sí misma y es por eso necesario entenderlos en el marco de esa transición; más aún cuando la etapa juvenil pareciera difuminar sus límites, pues, como analizaremos a continuación, éstos no terminan de establecerse mediante meras condiciones biológicas o sociales.

ALTERIDADES Tenemos que el concepto de transición juvenil es una concepción occidental y citadina. Contrario a lo mencionado, en las comunidades amazónicas y andinas, el trabajo y consecuentemente la identidad de los niños y adolescentes, está ligada a su relación con la tierra y no necesariamente a etapas

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definidas o transcursos de vida. En dichas zonas nadie vería con escándalo que un niño trabaje en el campo, lo extraño sería que no contribuya con las tareas rurales, lo que no pasa en la ciudad cuando de niños y o adolescentes trabajadores se trata. En la ciudad se asume que el niño no debe trabajar y solo debe preparase y jugar, por lo que es incompatible la infancia y el trabajo. Una mirada comunitaria le da otro significado al trabajo, como una contribución al desarrollo y vínculo con la tierra. Los jóvenes en zonas rurales se incorporan prontamente al mundo productivo y no tienen necesariamente un momento de preparación para la vida laboral.

La Convención Iberoamericana de la Juventud (que al momento de escribir este trabajo aún no ha sido firmada paradójicamente porque había un artículo que abría la posibilidad a la unión sexual), considera en su artículo 1 jóvenes a los sujetos desde los quince años. Por otro lado, el Código del Niño y del Adolescente del Perú, considera a los adolescentes desde los trece años. Esta confusa definición jurídica, muestra que es difícil definir tanto en el ámbito internacional como en el nacional lo qué se entiende por ser joven, más allá de la edad. En nuestro medio, muchas veces se considera al adolescente dentro de la categoría menor de edad y en otras ocasiones lo consideran joven. e.

El significado de lo adulto Las transiciones no han desaparecido, continúan, pero ya no están definidas por estancos separados como años atrás. Es decir, se asumía que tú acababas una etapa y pasabas a la otra; así, nacías bebé luego eras niño y después pasabas a ser adolescente, joven y después adulto. Estas transiciones ahora se mezclan y van más allá de la edad y de los aspectos biológicos. Al respecto debemos hacer una nueva conceptualización de lo que significa adultez porque tanto la niñez 58


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como la juventud una de las clásicas definiciones han sido considerarla como una etapa de transición a la adultez. Otros llaman moratoria o espera, si es así, no se tendría nada que esperar de un joven porque es un proceso inacabado, el final y el ideal es el mundo adulto, esto era así ahora ya no lo es. En el afán de explicar cómo se están dando los procesos de definición de lo que se entiende por jóvenes la psicología moderna ha quedado corta y dada la multidimensionalidad del concepto, ayuda mucho la sociología y la antropología. Definamos qué significa ser adulto y cuáles son sus características. Normalmente se asume que la adultez está relacionada con la mayoría de edad o; es decir, dieciocho años y teóricamente ya eres adulto, porque ya puedes decidir sobre ti mismo. Aquí hay dos elementos: la edad y la capacidad de decisión. Se asume que ya tienes la madurez suficiente como para decidir sobre distintos aspectos, por lo que a partir de esa edad ya puedes vender y/o, comprar una casa, votar, incluso ser candidato a regidor joven. Para empezar, diremos que la madurez no depende solamente de la edad, puede ser un factor, pero no lo es todo. La ciencia ha demostrado que el cerebro se desarrolla mucho antes que el lenguaje, por lo tanto, el cerebro que es el origen de donde vienen nuestras decisiones, puede ser estimulado. De ahí la importancia de la estimulación a los bebes. La madurez está definida por la capacidad de discernimiento y de tomar decisiones en función de ciertos valores, y lo que sí es posible es, que por cada etapa o por cada edad pueda haber un promedio de decisiones que cada persona debiera o podría tomar, según el enfoque constructivista. Sin embargo, qué duda cabe que los niños de ahora no son tan ingenuos como lo fuimos nosotros, ellos tienen otro tipo de madurez mental que no necesariamente corresponde a 59


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la madurez cronológica, sin incluir el contexto y la estructura social en la que se desenvuelven. Ellos han recibido esta estimulación cerebral y por lo tanto son más maduros en ese sentido que los niños de antes, algunos les dicen chiquiviejos o despectivamente niño rata, cuando la verdad es que tienen un proceso de madurez que a los adultos nos cuesta aceptar. Lo mismo pasa con los jóvenes y adolescentes, pueden tener una edad cronológica determinada, pero son bastante maduros para asumir decisiones y eso no tiene que ver con la edad necesariamente, y a la inversa podemos encontrar muchos adultos que se comportan de manera inmadura envidian, se resienten, ley del hielo, no asumen sus errores, etc. O a la inversa, jóvenes que no han madurado. Al respecto Bazan (2015) desde otro enfoque indicaba que lo

que hace a una persona adulto es el trabajo, la familia y la capacidad de asumir las responsabilidades de otros. Cuando trabajas y te pagan un salario eres confiable, cuando tienes hijos y cuando asumes que eres responsable de otros. Estos ejemplos ilustran una capacidad de discernimiento, madurez mental más allá de lo cronológico. Actualmente muchos jóvenes, incluso adolescentes, trabajan e incluso tienen hijos; sin embargo, su nivel y capacidad de discernimiento es otro asunto. Bazan sostiene que de todas maneras tienes que madurar porque asumes responsabilidades. Este ejemplo es significativo por cuanto nos permite reforzar, lo que afirmábamos líneas arriba, que los procesos de transición en los cuales había un momento para trabajar o para tener hijos que era la adultez han cambiado. Por lo tanto, si tuviéramos que mencionar a la adultez como sinónimo de madurez, podríamos decir que encontraríamos jóvenes adultos, adultos jóvenes, o niños jóvenes, o niños adultos, o dicho de mejor manera, jóvenes maduros, jóvenes con responsabilidades, 60


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jóvenes trabajadores, y jóvenes con familia, cuyas responsabilidades los han hecho madurar y ser adultos jóvenes. Por lo tanto, queda descartado que ser adulto es sinónimo de madurez y, si tenemos como concepto que la adultez es una edad cronológica, esto ya no es así. De ahí que las transiciones ya no existan; lo que hay, son procesos de desarrollo personal diversos y complejos. Alguna vez una psicóloga decía que, aunque el proceso biológico sea lineal y llegue un momento de plenitud física, luego de declive, el proceso de madurez y crecimiento personal nunca termina. Si no aceptamos esto siempre estaremos encajonando a los jóvenes como inmaduros, con falta de experiencia, que no son responsables, pero hay que ir más allá de los clásicos enfoques para definir a los jóvenes. f.

Clases de edad Sin embargo, como también lo mencionábamos, la edad sigue siendo uno de los elementos que la legislación utiliza. El problema de considerar solo la edad, es que muchas veces se suele ocultar la complejidad socio-cultural que existe en torno de las juventudes. Las aproximaciones que se logran sobre la base de criterios etarios ayudan a construir acercamientos estadísticos y descriptivos que constituyen la base de los abordajes institucionales (Cabrera, 2006). Asimismo, las políticas internacionales (desplegadas por instituciones como la ONU, CEPAL, OMS, etc.) y estatales (desplegadas por diversos actores sectoriales) son delineadas considerando estas definiciones etarias pues la edad termina siendo el criterio más simple, intuitivo y pertinente, en términos demográficos, para la identificación de población juvenil. Las clases de edad refieren a fronteras etarias (rangos) que las sociedades establecen para designar determinadas etapas de 61


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la vida y categorizar su población en niños, jóvenes, adultos y adultos mayores, a través de sus instituciones. A cada categoría le corresponde un conjunto de productos institucionales: derechos, deberes y expectativas que se determinan socialmente. En ese sentido, las clases de edad son productos sociales que varían históricamente y se ajustan a una serie de condiciones materiales y culturales. Constituyen fronteras arbitrarias, conjeturales e imprecisas (Fanfani, 2008). De hecho, las clases de edad no son las mismas en todas las sociedades y varían continuamente a través del tiempo. Ya hemos visto cómo, la clase juventud permaneció inexistente durante buena parte de la historia de las sociedades occidentales. Últimamente, por ejemplo, se han creado estratificaciones más específicas entre lo que se considera vejez o ancianidad, creándose rótulos como tercera edad y más recientemente cuarta edad o adulto mayor. Ahora, si bien es cierto que la edad indica una cohorte po-

blacional sumamente útil para el diseño de proyectos y programas a favor de la juventud (Venturo, 2011); es también cierto que mucha gente quedará fuera de los rangos instituidos y por tanto excluidos de las políticas públicas. Es más, para el caso peruano, se produce una significativa confusión de márgenes entre los que se definen como niños y adolescentes con los que ya se consideran propiamente jóvenes. Y es que la aplicación irreflexiva de los instrumentos normativos podría producir más de una confusión. El Código de Niños y Adolescentes ampara a la población hasta sus dieciocho años de vida. La Ley del Consejo Nacional de la Juventud, en cambio, desde los quince hasta los veintinueve años. ¿Qué instrumento debe aplicarse a la población entre quince y dieciocho años de edad? ¿Cómo los denominamos y describimos?

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Esto ya es un tema de interpretación jurídica donde se tendrán que aplicar los principios generales del derecho, y otros elementos. Por ejemplo, el principio de interés superior del niño establece que la legislación se debe aplicar en cuanto favorezca a los niños y adolescentes incluso por encima de los intereses de los padres o docentes. O el principio de inclusión, establecido en la Ley de Presupuesto Participativo, hecho para promover presupuesto participativo de niños y adolescentes o los consejos consultivos de niños y adolescentes en Lima. O el principio de interpretación extensiva; es decir, que se interpreta complementando con las demás leyes y en lo que mejor favorece al ciudadano. Sin embargo, si interpretáramos de manera restrictiva la ley, seguramente tendríamos muchos problemas para determinar quién es o no joven.

Sólo desde la definición formal de los rangos de edad que esto incluye ya hay confusiones y ambigüedades: para la Convención de los Derechos del Niño y UNICEF ésta abarca desde los diez a los dieciocho años, denominándose incluso al tramo entre diez y catorce años como la adolescencia temprana; para la OMS, adolescencia es entre los diez y veinte años; para la organización de las Naciones Unidas (ONU), juventud es entre quince y veinticuatro años, y para el Banco Mundial, comprende entre los doce y veinticuatro; para la Unión Europea, juventud es entre quince y veintinueve. En lo formal, a lo menos esto acarrea una superposición de edad entre niñez y juventud, patente sobre todo entre los quince y los dieciocho años, lo que se evidencia en el hecho que la juventud permanece como una categoría indefinida en los marcos constitucionales de la mayoría de los países. Discurso de Marta Maurás, enviada especial de UNICEF para América Latina para la Cumbre Iberoamericana 2008 www.unicef.org

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Hay aquí una situación todavía pendiente que refleja la eterna confusión teórica y metodológica (que ha significado más de una batalla entre la psicología y la sociología) en el abordaje de adolescentes y jóvenes. Y lo que es peor aún, a veces el derecho y los operadores del mismo, no tienen clara idea de ello, por cuanto, una mala interpretación puede dar a lugar al recorte de un derecho. Cuando uno de los autores trabajaba como Coordinador del Programa de Fortalecimiento de Organizaciones Juveniles de la Municipalidad Metropolitana de Lima, llegó una queja del Grupo Amauta del Movimiento de Adolescentes y Niños Trabajadores Hijos de Obreros Cristianos (MANTHOC) porque la Municipalidad Distrital de Ate Vitarte no quería inscribir en el Registro Único de Organizaciones Sociales (RUOS) a su presidente por ser menor de edad, ni tampoco querían atender el discurso de la participación protagónica de los niños y adolescentes. Por lo que se elaboró un documento de subsanación jurídica indicando que el Código del Niño y del Adolescente establecía en su artículo 13 que los adolescentes pueden formar parte de las asociaciones y constituirse en personas jurídicas. Con ello, el impase jurídico fue superado y la organización pudo inscribirse en el registro y asistir a diferentes espacios de decisión y participación ciudadana como el Presupuesto Participativo o el Consejo Distrital Juvenil de Ate Vitarte. Para Bourdieu (1990) la edad es una suerte de marca social que se establece entre grupos y clases: jóvenes y viejos. Delinea simbólicamente su condición actual o futura. Estudiar esta marca social, significa introducirse en las luchas por la clasificación.

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Como dijera alguna vez Alejandro Cussianovich, el asunto de la edad, adultez e infancia, es un asunto de poder; por cuanto, el adulto impone su poder porque tienen determinada edad, y no le conviene que él tenga ese poder. Normalmente un niño o adolescente con poder empieza a cuestionar el mundo adulto, de ahí que insistimos en que si alguien conoce sus derechos y deberes tiene poder, lo mismo ocurre con los jóvenes. Las típicas discusiones entre un adulto o un joven acaban cuando el adulto no le puede dar la razón a un joven y termina diciendo que es un malcriado o inexperto. La diferenciación entre lo que significa ser adulto o joven, no solo es un asunto de poder, es también una forma de exclusión y discriminación, que acrecienta las distancias generacionales en lugar de acercarlas, pues no se trata de despreciar a los viejos porque son viejos o a los jóvenes porque son jóvenes. Creemos que de lo que se trata es de empezar a creer que cada persona con la edad y condición social que tenga puede aportar junto a otros ciudadanos en la construcción del bien común. En un comentario en Radio Yaraví de Arequipa, decíamos que era importante cuestionar ciertas formas de decir las cosas que a veces reproducen —sin pensarlo y sin quererlo— formas de exclusión que van más lejos del poder. Por ejemplo, la palabra chibolo que se usa en el Perú para referirse a las personas menores. Así, una persona de cuarenta años dirá que los jóvenes son chibolos y un joven dirá que los niños son chibolos. Sin embargo, en el fondo, esta expresión lleva una connotación peyorativa, manifestando que no se puede esperar nada de ellos porque no saben, no tienen experiencia o son menores que uno. Ese es un lenguaje discriminador que genera

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exclusión entre las generaciones y pretende hacer creer que porque uno es mayor que otro es mejor que él. g. La cuestión etaria en el Perú Desde el ámbito público nacional, se consideran jóvenes a las personas que se encuentran en el rango de los quince y veintinueve años de vida, según la Ley del Consejo Nacional de la Juventud - Nro. 27802. Las principales instituciones del Estado han adoptado este criterio. Esta definición etaria de la juventud es reciente y se la debemos al CONAJU. Antes de la primera década del presente siglo no había consensos en cuanto a la definición de la juventud y las políticas públicas se encontraban fragmentadas secto19 rialmente. El establecimiento del rango etario como medida inicial para plantear una política pública de juventud, fue estratégico, y vino a simplificar la posición institucional del Estado frente a los jóvenes. Ahora bien, como ya hemos mencionado, las definiciones hechas sobre la base de rangos de edad nos 20 ayudan a obtener abordajes estadísticos y descriptivos, pero muchas veces simplifican la concepción de juventud y no nos permiten una mirada más amplia de su complejidad socio cultural. Los parámetros impuestos en el país son diferentes a otros estándares internacionales. Por ejemplo, para la organización Naciones Unidas, la juventud abarca a la población cuya edad oscila entre los quince y los veinticuatro años. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud, establece este 19

Como ya hemos dicho, en los ministerios y municipalidades existían oficinas de juventud, pero no coordinaban ni articulaban sus actividades, ni mucho menos sus criterios y concepciones sobre los jóvenes del país. 20 Según la CEPAL, la edad es el criterio más simple, intuitivo y adecuado para identificar a la población joven. 66


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margen entre los diez y veinte años. El hecho es que, en un escenario como el nuestro, con un deficiente sistema educativo y un sistema laboral todavía precario (a pesar del crecimiento económico del país), a nuestros jóvenes les resulta difícil independizarse, insertarse en el mercado laboral, conquistar su autonomía, y acceder por lo tanto, a una ciudadanía plena. Esto explica la permisividad de nuestros límites etarios, que amplían la etapa de la juventud cerca de los 21 treinta años. Por otro lado, no solamente la edad es lo que define quién es joven, hay otros elementos a tomar en cuenta. Así, la estratificación social, la madurez, la cultura, la etapa de socialización, entre otros, son elementos a considerar. Enmarcar a los jóvenes dentro de un rango numérico, es un enfoque que por sí solo no funciona. Quizás ese sea el principal problema de un Estado que no logra empatar con las necesidades de los jóvenes del país. h. El enfoque de las generaciones Otra línea desde donde se ha observado el fenómeno juvenil es el de las generaciones. En torno de este concepto hay muchas acepciones, como las positivistas que conciben el tiempo como una externalidad de los sujetos y evalúan el progreso como una eterna sucesión que es posible gracias al relevo generacional. Desde esta perspectiva es posible ponderar el tiempo de duración de las generaciones (treinta años para Comte, para muchos hoy día, diez o cinco años). Una variable clave en 21

Durante julio de 2002, con motivo de implementar el sistema del CONAJU en el Perú, se dieron, en diferentes localidades, las consultas públicas “Oirán tu Voz”, donde jóvenes y especialistas debatieron intensamente sobre los límites de edad que se considerarían en el rango etario de la juventud.

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esta perspectiva es el elemento coetáneo, necesario para la configuración generacional de los sujetos. Este enfoque generacional considera el rango de edad de las personas que nacieron en determinado momento y que son coetáneos. Cada vez es más difícil determinar cuánto tiempo abarca una generación. Hemos visto cómo muchos jóvenes de dieciocho o diecinueve años ven viejos a los de veintidós o veintitrés, y no sienten que sean sus coetáneos. A lo mucho, pueden sentir coetáneo a quien comparte su salón de clase o su organización juvenil. Abordajes más historicistas introducen la variable de la contemporaneidad, entendiendo las generaciones como un conjunto de vivencias condicionadas por influencias históricas (culturales, políticas, económicas, sociales, etc.). Desde una entrada más sociológica deben de considerase factores como la clase social en la vivencia de las generaciones. De esta manera, los sujetos están expuestos a situaciones históricas que los impactan de manera peculiar según su pertenencia a un grupo o una clase determinada. Es clave considerar el factor edad, pues los acontecimientos tendrán una impronta más determinante en la primera edad de los sujetos. De allí que no sea raro que la música que acompaña gran parte de la vida de muchas personas es la que sonaba en su juventud. Siendo la juventud una etapa sensible a la percepción del cambio, es por tanto susceptible de impresiones más o menos duraderas. En nuestro país, algunos hechos políticos son vividos de manera distinta por las diversas generaciones. Los adultos que pasan los cuarenta años recordarán la época del terrorismo (1980-200), como uno de los mayores miedos de su juventud. Los que superan los treinta años de 68


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edad recordarán la marcha de los cuatro suyos (2000) o la destitución de los miembros de Tribunal Constitucional. Sería interesante determinar cuál es la impronta que marca a las actuales generaciones. Recordamos la llamada generación pulpín, que tienen como acontecimiento las marchas en contra de la ley que recortaba derechos laborales a los jóvenes. Quizás los programas televisivos de concurso de cuerpos esculturales sea actualmente un referente de generaciones recientes. Otras perspectivas sociológicas introducen la variable de la identidad en la configuración de las generaciones. En la forja de la identidad confluyen dos dimensiones imprescindibles de la vivencia humana: la biografía y la historia social. Ambas se sincronizan y se funden para dar sentido a una generación (Feixa y Leccardi, 2011). Esta es una de las miradas que ha trabajado mucho el Instituto de Formación Social Comunicación y Juventud en el libro Pedagogía del Acompañamiento Juvenil (2010) donde se plantea la necesidad de resignificar la historia personal y curar las heridas del pasado, por cuanto, la identidad de los jóvenes se construye muchas veces sobre la base de historias cargadas de heridas o frustraciones no procesadas, ya sea de violencia vivida en la infancia u otros eventos. Ello no les permite salir de sí mismos y proyectarse provechosamente en la sociedad. Por lo tanto, un enfoque de trabajo con jóvenes, debiera incorporar elementos como la subjetividad, la autoestima, la resiliencia en el ser humano, entre otros.

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LAS GENERACIONES DE CARLES FEIXA I. II. III. IV. V. VI. VII. VIII. IX. X.

Generación Generación Generación Generación Generación Generación Generación Generación Generación Generación

A (Adolescente) B (Boy Scout) K (Komsomol) S (Swing) E (Escéptica) R (Rock) H (Hippy) P (Punk) T (Tribu) R (Red)

Feixa, C. Generación XX. Teorías sobre la juventud en la era contemporánea. En Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud. Vol. 4, Nº. 2. 2006.

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Capítulo III

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Estado y Juventud: Un lento aprendizaje

No se ha sido joven de la misma manera en todas las épocas e incluso, en algunos momentos históricos no han existido jóvenes. (Saintout, 2009).

En nuestro país, las relaciones entre el Estado y nuestras juventudes no estuvieron libres de tensiones y conflictos. Algunas actitudes asumidas por diferentes instituciones públicas frente a los jóvenes fueron alimentadas por posiciones intransigentes que revelaron un conjunto de prejuicios y estereotipos que perduran hasta hoy. Por lo tanto, cuando evaluamos al Estado en materia de juventud, debemos tener en cuenta cuáles son los prejuicios interiorizados en los funcionarios que ejecutan o no, políticas de juventud. No existen muchas iniciativas de fortalecimiento de capacidades especializadas para el abordaje de la materia. Dichas actitudes se sustentaron en concepciones que transitan entre los enfoques punitivos, de control social —apoyados en la idea de que los jóvenes deben ser reprimidos y/o controlados—, orientaciones paternalistas y asistencialistas —que presentan a los jóvenes como personas vulnerables—, y perspectivas clientelares —que instrumentalizan la participación juvenil—.

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Estos enfoques condujeron al Estado a establecer políticas infructuosas que no contribuyeron a la configuración de una sólida institucionalidad en materia de juventud (Montoya, 2001). Estos enfoques además son reforzados por la opinión pública, cuando a alguien se le ocurre decir que el servicio militar obligatorio es una alternativa para evitar la vagancia haces y que los jóvenes sean productivos.

APUESTA MUNICIPAL La Municipalidad Metropolitana de Lima desarrolló, allá por el 2000, el programa de jóvenes PROMEJ. A su vez, promovió la implementación del Sistema Metropolitano de Promoción y Gestión de Políticas de Juventud - Ordenanza Nº 462. Este sistema pretendía articular el esfuerzo de diferentes sectores vinculados a la política local de juventud: organizaciones juveniles, ONG y programas municipales. Aunque el sistema logró instaurarse, el gobierno municipal que se instaló el 2002, no le prestó atención y poco a poco fue desarticulado, quedando solamente en su versión normativa. Durante la gestión municipal del periodo 2011-2015 la Municipalidad dispuso, a través de la Ordenanza Nº 812 que la Subgerencia de Organizaciones Juveniles (dentro de la Gerencia Municipal de Participación Vecinal) reactive el sistema. Sin embargo, el gobierno municipal tuvo problemas de legitimidad y se consiguieron pocos avances en materia de juventudes.

En la historia reciente del país no ha existido una política pública que se exprese en planes, programas y proyectos de juventud, coherentemente articulados, en diversos sectores (salud, educación, empleo, justicia, etc.), escenarios (nacional, regional, local) y actores (Estado, empresa, fuentes cooperantes, sociedad civil, universidades). En su lugar, hemos tenido programas sectorizados,

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esfuerzos institucionales aislados, proyectos ocasionales que no 22 significaron mayores oportunidades para nuestros jóvenes. A principios de 2000, una fuerte corriente institucional posibilitó la creación del Consejo Nacional de la Juventud (CONAJU), ente rector de políticas de juventud a nivel nacional, adscrito a la Pre23 sidencia del Consejo de Ministros (PCM). Durante su vigencia (los tres últimos años del gobierno de Alejandro Toledo y los primeros de Alan García) se aprobaron diferentes documentos técnicos y normativos (Ley del Consejo Nacional de la Juventud, Política Nacional de Juventudes, Plan Nacional de Juventud) y se instauró un sistema de gestión que contaba con una instancia de coordinación de políticas y programas —la Comisión Nacional de Juventud (CNJ), que funcionaba en Lima— y un ente de representación, el CONAJU, integrado por representantes de las ju24 ventudes organizadas de todo el país. Fue el primer intento de elaboración de políticas participativas integrales de juventud. Si bien el sistema fue ampliamente publicitado, empezó a debilitarse antes de su consolidación y fue finalmente desmontado por el gobierno de García, devolviéndole a la política de juventud su 25 estatus marginal a nivel de políticas de Estado. 22

Uno de los programas estatales más publicitados de la primera década del siglo ha sido el PROJOVEN, que luego cada gobierno le ha cambiado de nombre, se trata de un programa sectorial del Ministerio de Trabajo. Desde algunos gobiernos locales, se ensayaron diferentes modelos de gestión, como las mesas de juventud, los comités técnicos de juventud o los programas municipales de juventud. De otra parte, diferentes ONG han impulsado iniciativas auspiciadas por agencias de cooperación internacional (Red Interquorum, CEAPAZ, Grupo GEA, REDDES JOVENES, ENCUENTROS, etc.). Todas estas experiencias han ensayado, por cuenta propia, modelos y metodologías que no han cuajado en una política integral que se plantee desde una perspectiva nacional y/o local. 23 Creado por Ley 27802, en julio de 2002. 24 El proceso de convocatoria para integrar el CONAJU entre los jóvenes no fue claro ni convincente, pues muchos pusieron en cuestión, su real condición de representatividad. 25 El CONAJU dejó de estar adscrita a la Presidencia del Consejo de Ministros, convirtiéndose en una oficina del Ministerio de Educación llamada Secretaria Nacional de la Juventud SENAJU. Los especialistas de probada trayectoria que concibieron e implementaron este sistema, no volvieron a ser convocados, 75


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El Consejo Nacional de la Juventud quedó así reducido a una Secretaria Nacional de Juventud, una oficina relativamente aislada del Ministerio de Educación. Al margen de la decisión política de relegar al CONAJU —proceso que merece un análisis que escapa a los objetivos del presente texto—, queremos plantear algunas anotaciones sobre las dificultades que tuvo el sistema CONAJU para cumplir con sus objetivos. Por un lado, la poca capacidad para la concertación entre sus dos instancias: la Comisión Nacional de Juventud (CNJ) integrada por funcionarios estatales y el Consejo de Participación Juvenil (CPJ), integrado por representantes juveniles elegidos en las diferentes regiones del país. Por otro lado, la limitada capacidad de los jóvenes para asumir dicha representación y desarrollar propuestas de política a nivel nacional y regional. Pocas veces hemos tenido espacios donde el Estado y la sociedad civil trabajen en conjunto, éste sigue siendo un desafío para nuestra pretendida democracia participativa. Ésta requiere ciudadanos con capacidad propositiva y compromiso, lo cual todavía es una carencia a nivel regional y nacional. Algunos jóvenes que participaron en el CPJ comentaban que, a los funcionarios del Estado, les molestaba que ellos les digan lo que tienen que hacer. Además, los jóvenes sentían que en Lima se manejaba un buen presupuesto y que éste no llegaba a las regiones. Un sector de las organizaciones juveniles regionales esperaba que sus representantes vuelvan de las reuniones en Lima con presupuestos aprobados para ejecutar proyectos. Sin embargo, los dirigentes elegidos para representar a los jóvenes de las regiones en el CPJ, tenían limitadas capacidades para formular proyectos o diseñar programas en favor de sus propias organizaciones. poniéndose en su lugar a técnicos vinculados al partido de gobierno, técnicamente menos calificados que sus antecesores en materia de juventud. 76


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DEL CONAJU A LA SENAJU ¿Y DE LA SENAJU A DÓNDE? Aunque para muchos resultaba más que obvio que la transformación del CONAJU en la SENAJU le restaba estatus a la política de juventud, bastaba ver que el CONAJU dependía de la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM), mientras que la SENAJU sigue siendo una oficina casi anodina del Ministerio de Educación (MED). Esto, al parecer, para los representantes del gobierno, fue más bien una acomodación estratégica, al menos así lo afirman en los documentos oficiales: “… la SENAJU fue adscrita al MED mediante Decreto Supremo Nº 010-2007-ED, norma que aprobó la fusión por absorción de la Comisión Nacional de Juventud CONAJU con el MED con la finalidad de mejorar el desarrollo de la estrategia integradora de los jóvenes en el Perú, al vincularla directamente con la política educativa, cultural, deportiva y recreativa que el MED diseñe y formule…”. Asimismo, se buscaba incrementar la productividad de los recursos que el Estado venía destinando a ambas instituciones. Finalmente, se aprobó el Decreto Supremo N° 0012008-ED, que modifica e incorpora a este órgano en el Reglamento de Organización y Funciones del MED como Secretaría Nacional de la Juventud SENAJU (…). (Instructivo para el cumplimiento de las Políticas Nacionales en Materia de Juventud. SENAJU, 2010. Lima). Sin embargo, en las postrimerías de su gobierno y contra todo pronóstico, el Presidente Alan García envió al Presidente del Congreso de la República, con fecha febrero del año 2011, el proyecto de Ley de creación del Ministerio de la Juventud y el Deporte, que contaba con la anuencia del Consejo de Ministros. Con la llegada del nuevo gobierno, liderado por Ollanta Humala, el proyecto se encarpetó sin plantearse en el pleno del nuevo congreso, aunque durante la contienda electoral nuevamente

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se hablara de los jóvenes y se discutiera la pertinencia (o no) de una instancia de este tipo. Dilucidado el destino de la SENAJU, el gobierno de Ollanta Humala (2011-2016) le prestó más atención a uno de sus ofrecimientos electorales: el Programa Beca 18 que apuntaba al otorgamiento de becas a estudiantes con desempeños académicos sobresalientes del interior del país. No ha tenido nada que ver con el fomento de la participación y la representación de las organizaciones juveniles. Este programa ha tenido continuidad y fue asumido por el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski. La SENAJU, mientras tanto ha seguido trabajando en la línea instaurada durante el gobierno de García.

Las iniciativas institucionales promovidas durante los años 20032005 (CONAJU), prometían poner orden y darle horizonte a la 26 política de juventud del país que se había caracterizado hasta entonces por la implementación de programas sectoriales que no tenían horizontes temporales definidos, ni articulación política o administrativa y lo que era peor, se cancelaban a la salida de los políticos de turno. Su capacidad de convocatoria juvenil era limitada por lo que terminaban beneficiando a privilegiados actores, alimentando la cultura clientelar de la política peruana. La Secretaria Nacional de la Juventud (SENAJU) tuvo entre sus encargos el levantamiento de información referente a juventudes a partir de la Encuesta Nacional de Juventudes (ENAJUV). A pesar de que internaron retomar los encuentros juveniles a nivel nacional para el desarrollo del Plan Estratégico de la Juventud, no llegaron a cumplir a cabalidad sus objetivos. Algunos jóvenes

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Hacia fines de los noventa, apareció un documento Lineamientos de Política de Juventud, que fue elaborado por el entonces Ministerio de la Mujer (PROMUDEH). 78


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participantes de esos encuentros sintieron que no hubo voluntad política hacia las juventudes. La línea de promoción de becas para el estudio, que fortaleció y descentralizó las oficinas de PRONABEC en las regiones, es una excepción que queremos destacar, pues promovió la ampliación de oportunidades para jóvenes talentos. Pero es una línea de acción dentro de los programas sociales que los últimos gobiernos han venido ejecutando. El Plan de la Juventud como instrumento orientador de políticas es todavía un proyecto, lo que puede comprobarse al ingresar a su página web. a. Emergencia de nuevos tipos de juventudes Aquella oleada institucional que forjó el CONAJU a principios de la década del 2000, no fue solo una ocurrencia presiden27 cial o una mera visión partidista: fue producto, en gran medida, de otro fenómeno: la emergencia del actor juvenil en el escenario de fines de siglo que tuvo dos expresiones, por un lado: las pandillas y por otro: las marchas universitarias. Ambas expresiones, desde diferentes perspectivas, alteraron el orden establecido.28 En menor medida, se gestaron movimientos juveniles vinculados a la iglesia y otros movimientos barriales que provenían de experiencias de organización popular y de iniciativas realizadas por organismos no gubernamentales. Son estos fenómenos los que condicionaron la creación del Consejo Nacional de la Juventud, pues posibilitaron que los 27

En los comicios electorales de 2001, la mayoría de partidos políticos anunciaron en campaña diversos modelos de gestión de políticas de juventud. De hecho, la situación de los jóvenes, fue uno de los ejes importantes del debate electoral. 28 Las pandillas surgieron en realidad un tiempo antes, pero se hicieron visibles hacia fines de los 90 e inicios de 2000. Los jóvenes que fueron parte del fenómeno alteraban el orden ciudadano con un desborde inusitado de violencia callejera. Las marchas juveniles que se suscitaron en la misma época también buscaban alterar el orden impuesto por un gobierno autoritario. 79


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jóvenes sean reconocidos en la agenda pública. A nivel local, por ejemplo, en Lima, se creó el Sistema Metropolitano como un proceso para elaborar Políticas de Juventud, institucionalizando a los diversos actores involucrados: autoridades, ONG y jóvenes organizados. La irrupción de jóvenes en la escena pública de fin de siglo constituye un fenómeno complejo que hemos bautizado como emergencia de las juventudes. Supuso la aparición de pandillas y barras bravas enfrentándose en las calles o de jóvenes universitarios marchando y protestando contra la dictadura fujimorista en ellas. Se visibilizó así el fenómeno juvenil en el imaginario colectivo haciendo que se discuta con mayor vehemencia la necesidad de una política de Estado que brinde una respuesta integral a los problemas y oportunidades presentados por el movimiento juvenil. El avance institucional en materia de juventud no fue una simple concesión gubernamental; pues los propios jóvenes —probablemente sin buscarlo— se lo ganaron. De allí que sea válida la creación de espacios de diálogo y concertación entre los jóvenes y las instituciones. Lima tiene —por ejemplo— diversos consejos de participación juvenil, donde los jóvenes tienen la posibilidad de presentar propuestas y de ser escuchados. b.

Labor de la Secretaria Nacional de la Juventud (SENAJU) El trabajo de la SENAJU durante buen tiempo se redujo a la organización de encuentros nacionales realizados en función de las organizaciones juveniles inscritas. Si bien es cierto, hasta la fecha no se ha logrado aprobar el Plan Estratégico Nacional de la Juventud, se han promovido dos estrategias que promueven la participación de los jóvenes a nivel nacional: Encuentros nacionales de jóvenes y los Consejos Regionales de la Juventud (COREJU). Además, se propuso un 80


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Sistema Nacional de Juventud que intenta articular los diversos espacios de participación juvenil, a nivel local, regional y nacional. Así mediante Resolución de la Secretaría General N.° 901-2015-MINEDU, se aprueba una Directiva denominada Orientaciones para la Creación, Conformación e Implementación de Espacios de Participación Juvenil. Esta norma determina a la SENAJU como institución responsable de la promoción y asistencia a los gobiernos locales y regionales para la creación y funcionamiento de espacios de participación juvenil (SENAJU, 2016). Los encuentros nacionales fueron concebidos como espacios para reunir y consolidar la opinión de las organizaciones juveniles para construir el Plan Nacional de la Juventud. Sin embargo, fueron convirtiéndose en espacios de encuentro de las diversas realidades y voces de los jóvenes a nivel regional. Se han realizado algunos encuentros nacionales, llamados congresos nacionales en Lima, San Martin, Cuzco, Ayacucho, Ancash y Lambayeque. Éste último estuvo vinculado a los objetivos del Desarrollo Sostenible. Su agenda estuvo marcada por el contexto internacional, ya no solo por la necesidad de construir políticas públicas locales de juventud. El Estado no tiene la costumbre de reunirse con la sociedad civil (salvo los establecidos por norma como son los consejos de coordinación local o regional); en ese sentido los encuentros juveniles son significativos. Sin embargo, después de estos eventos la realidad de los jóvenes no mejora mucho, por lo que muchos de ellos se desencantan y hasta llegan a manifestar que solo sirvieron para la fotografía de los organismos del Estado. Es esencial que desde el Estado se dispongan espacios para escuchar al actor 81


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joven; pero no solo para escucharlo, sino también, para construir políticas de juventud, lo que todavía sigue siendo una promesa pendiente. Sin embargo, hay que destacar como positivo, que retomando la experiencia del Sistema Metropolitano de Lima, han elaborado un Sistema Nacional de Juventudes y dictado una norma para la creación de los Consejos Regionales de Participación JUVENIL. Así, se han implementado una serie de acciones para convertirse en un sistema que articule todos los espacios de participación juvenil, tanto a nivel distrital, provincial y nacional. Asimismo, es pertinente mencionar que, al margen del rol del Estado, esta emergencia de la juventud en el Perú surgió en medio de complejos procesos sociales, culturales, económicos y políticos, los cuales van cambiando y no son estáticos. Por lo tanto, es necesario repasarlas considerando que son estos procesos los que hacen posible en el país la irrupción del discurso sobre lo juvenil, el mismo que hizo visible lo que hasta el momento no había sido nombrado. Nuestra indagación nos lleva a la contextualización de esta emergencia y a reconocer que en el caso del rol del Estado, cada gobierno ha mantenido una política sobre el tema, que no siempre ha sido ni la misma ni la mejor. Parece que cada gobierno ensayara un tipo de rol respecto a los jóvenes, sin considerar las realidades de los mismos.

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Capítulo IV

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Emergencia de la Juventud: Un nuevo actor social

Y aluciné, aluciné, aluciné que tenía poder, y más poder y más poder, aluciné que tenía poder (…) Más poder, La Sarita

Para entender la emergencia de la juventud de fines de siglo, tenemos que explorar las grandes transformaciones que ha atravesado el país. Algunos autores afirman que el Perú ha abandonado, durante los últimos setenta años, su condición ru29 ral para transformarse en un país urbano otros afirman que existe un Perú urbano y uno rural; sin embargo, hoy día la vida 30 de la mayoría de peruanos discurre en las ciudades, junto a ello tienden a hacerse más visibles los fenómenos urbanos, quedan31 do al margen las realidades rurales. 29

Un conjunto de fenómenos que han sido analizados por diferentes estudiosos peruanos y que están relacionados a la decadencia de la sierra, la industrialización de las ciudades, el crecimiento de la costa. Las ciudades de la costa se convierten en focos de desarrollo industrial que atraen miles de migrantes, generándose una súper población que demanda para su sustento, una serie de recursos que las zonas rurales próximas a las ciudades ya no les proveen. La sierra finalmente se empobrece y los jóvenes que allí habitan no tiene otra alternativa que mudarse a las ciudades para enrolarse en la maquinaria productiva urbana. Manrique, Nelson: Historia de la República, Lima: Fondo Editorial de COFIDE, 1995. 30 Poco a poco algunos jóvenes empiezan a mirar lo rural, andino y amazónico como posibilidad. 31 Junto a esto se observa la tendencia de los estudiosos peruanos de urbanizar el 85


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Los flujos migratorios que alimentan las ciudades han generado una transformación demográfica. Las estadísticas nos revelan información interesante. Tres de cada diez peruanos vive en Lima y también tres de cada diez peruanos tiene entre quince y 33 veintinueve años. El Perú es un país de jóvenes. Muchos de ellos migraron desde sus territorios de origen y se asentaron en 34 las ciudades en pos de la promesa de una vida mejor. La migración no ha sido una decisión unilateral de estos jóvenes, puesto que en el país se ha promovido estructuralmente la exclusión en sus territorios de origen. La mayoría de instituciones educativas de nivel superior en el Perú se encuentra en Lima y otras pocas en las capitales de región; así también las políticas de juventud más publicitadas en los últimos años han enfatizado sus acciones sobre la población urbana. En cambio, no hubo claridad respecto de las políticas para mejorar la calidad de vida y crear oportunidades entre la juventud rural. Esta diferencia se observa también en el enfoque utilizado por estas políticas que se vuelven populistas en las ciudades y asistencialistas en el campo.

fenómeno de la juventud. Desde esta perspectiva aparecen, por un lado, las nuevas expresiones culturales como los emos, con su halo de depresión, suicidio y muerte con que se le ha presentado en los medios de comunicación y, por otro lado, las pandillas, consideradas hace mucho el primer problema de seguridad de las poblaciones urbanas. 32 Lima es un ejemplo paradigmático de este fenómeno, al convertirse en poco tiempo, en una de las grandes megalópolis del continente con más de 9 millones de habitantes. Los datos revelan que la tercera parte de peruanos vive en Lima lo cual refleja otro fenómeno perverso: el centralismo social, político y cultural del país. 33 Este intervalo representa demográficamente el 29% de la población nacional. INEI, 2005. 34 Esto genera presión sobre los recursos y sobre las posibilidades de sostenibilidad de las ciudades. Presiones sobre el recurso agua, presión sobre el recurso suelo. Pero también presiones sociales, porque se crean nuevos asentamientos humanos que traen a su vez, una serie de problemáticas de convivencia que vienen acompañadas de una fuerte ola de desempleo y delincuencia. 86


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Esta urbanización de las políticas se da porque no es fácil, por un lado, ubicar y caracterizar al sujeto joven rural, debido a que en el campo no hay una clara transición de la niñez a la adultez. Desde pequeños, ellos asumen el trabajo del campo, sin mayores moratorias. Por otro lado, en las ciudades se generan espacios de incertidumbre, moratorias no definidas que dan lugar a la marginalidad. Emerge aquí una imagen letal de la juventud: aquella que no tiene oportunidades y convive con la angustia; la que delinque y protagoniza violencia urbana. Como ya hemos dicho, hacia finales de la década del 90, se terminó de consolidar un estereotipo sobre el joven urbano marginal: una imagen que bordea el estigma y lo condena con adjetivos como vago, delincuente, miserable. a.

Entre manchas 35 Si bien es cierto, ya desde inicios del siglo pasado las juventudes universitarias habían protagonizado una serie de manifestaciones públicas, es en la década del 80 que los jóvenes irrumpen como fenómeno social y urbano (Montoya, 1999). Anteriormente su participación se había hecho notoria en torno de una agenda más amplia y no necesariamente de 36 carácter juvenil. Al finalizar la década del 80, aparecen en escena las primeras 37 colectividades juveniles urbanas : las pandillas y las barras

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La visibilización de los jóvenes no fue un fenómeno evidente y ha transitado en una serie de relaciones tensas con diferentes actores sociales, especialmente con el Estado. Luis Montoya ha descrito y caracterizado la presencia juvenil a lo largo del siglo, también Luis Fernán Cisneros. 36 Según Sergio Balardini, fenómenos como la modernización de las sociedades, la urbanización galopante de las ciudades, la universalización de los sistemas educativos y la cobertura de empleos productivos, facilitaron procesos participativos en que los jóvenes fueron protagonistas durante las décadas de los sesenta y los setenta. La Participación Social y Política de los Jóvenes en el Horizonte del Nuevo Siglo. Buenos Aires, 2000. CLACSO. 37 Normalmente en el Perú se le llama mancha a cualquier colectividad juvenil. 87


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bravas.38 La atención que reciben inicialmente es parcial, pues otro fenómeno concita el interés de los medios y la ciudadanía: la violencia desatada por los movimientos subversivos entre 1981 y 1993. Es a partir de la caída de estos movimientos (1993), que los medios de comunicación traen a la escena a grupos de jóvenes urbanos enfrentados en un sin sentido de violencia escalada y desbordante. Una violen39 cia incomprensible que carecía de toda ideología (Tong, 1998). Rápidamente, se les confiere el adjetivo de pandilleros y así la llamada violencia juvenil se convirtió en uno de los principales problemas que, según la propia población, afectaba nuestras posibilidades de convivencia social. Las pandillas en el Perú son un fenómeno característico de las urbes y son constituidas por agrupaciones de jóvenes en disputa por la hegemonía de determinados territorios. Despliegan un sistema de identidades en torno del grupo de pares y de la localidad de donde provienen. A estos elementos también suele añadirse el equipo de fútbol al que se declaran 40 seguidores o afiliados. Están asociadas a un territorio definido, un lugar de donde provienen y donde operan: el barrio,

Un grupo de esquina es una mancha, pero también el grupo de universitarios que sale a divertirse el fin de semana. En general, se le dice mancha a cualquier congregación de personas, especialmente de jóvenes. 38 Anteriormente habían emergido algunas expresiones juveniles vinculadas a la violencia, pero su presencia, relativamente marginal, no les dio la notoriedad que sí ganaron las pandillas. Me refiero a los jóvenes vinculados a la movida chicha que utilizaron los chichódromos como escenarios de violencia y también a los jóvenes vinculados a la movida del rock subterráneo que protagonizaron expresiones violentas en determinados recintos del circuito cultural punk limeño. Tong, Federico y Martínez, Maruja. Nacidos para ser Salvajes. Lima: SUR-CEAPAZ, 1998. 39 A diferencia de los actores responsables de la violencia política de la década pasada, cuya propuesta ideológica se sustentaba en la triada: marxismoleninismo-maoísmo. 40 Todas las pandillas tienen una denominación: los vagos locos, los crueles, los holligans, los caciques, los ilegales, los sicarios, la tropa, barrio fino, etc. 88


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que funciona en ellos como un sistema de cohesión social (Santos, 2002).

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Hacia inicios de los 90, junto al fenómeno de las pandillas, aparece el de las barras bravas. Los jóvenes hinchas de algunos clubes de fútbol se apropian de las tribunas de los estadios de fútbol (Trinchera Norte del Club Universitario de Deportes, Comando Sur del Club Alianza Lima) y manifiestan sus rivalidades hostilmente. Los recintos deportivos se convierten en su escenario habitual de enfrentamientos. Con la importación de nuevos modelos (Inglaterra y Argentina) y la llegada de otras barras (Juventud Rosada del Sport Boys y el Extremo Celeste de Sporting Cristal), el panorama se complica y traslada a los barrios, transformándolos en un entramado de identidades y discrepancias. A todo este panorama se sumaron las manchas escolares, conformadas por adolescentes de entre trece y diecisiete años, que se disputaban la hegemonía de diversos territorios. Estos enfrentamientos públicos desbordaron grandes dosis de violencia y tuvieron como saldo daños a la propiedad y a las personas, generando un clima de pánico y estupor, exacerbado por los medios. Actualmente (segunda década del nuevo siglo) los medios han reducido su atención a las pandillas y éstas notoriamente han disminuido, pero han surgido nuevos protagonistas de la violencia urbana: los sicarios y los raqueteros. Esto merece un amplio análisis que no es el objetivo del presente texto.

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Es notorio el sentido de pertenencia al barrio que aparece en el discurso de las pandillas y se expresa en sus propias denominaciones: justicia cercado, la

banda de san juan, la tropa de canto grande, locura de la victoria. 89


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b.

Atrapados en el tiempo Así como en el caso peruano, las condiciones históricas y estructurales que condicionaron la aparición de las colectividades juveniles en el escenario regional, son similares. Desde las que determinaron la presencia de las maras en Centroamérica, a las que facilitaron la vida del parcero de Colombia. Para Perea (2007), las pandillas son un desafío a los actuales proyectos de ordenamiento y urbanización, ya que significan la renuncia de los jóvenes a los proyectos institucionales. La 42 vida del pandillero, es posible no por ser un excluido del sistema, sino por ser un producto del mismo. Muchos autores utilizan la variable del tiempo para analizar el 43 fenómeno juvenil. El tiempo cobró un sentido diferente al nuestro en la vida de los pandilleros. El tiempo institucional que proponía una estructuración de la vida a partir de los ciclos productivos, aparece descolocado en la vida de estos jóvenes, que no se adaptan a sus márgenes. El tiempo paralelo de los muchachos que integran las pandillas está exonerado de fechas y horarios. (Perea, 2007). Quizás por ese motivo, una de sus frases predilectas sea hacer hora o matar el tiempo. Nuestras aspiraciones sociales y los medios institucionales para alcanzarlas, no son compartidas por ellos. Su vivencia no tiene imperativos pues viven del goce que les proporciona el día a día: llevar la vida en la piel.

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Se han ensayado diferentes denominaciones alternativas a la palabra pandillero. De esta manera Martín Santos los llamó esquineros trajinantes en sus textos de inicios de década. Santos Anaya, Martín. La Vergüenza de los Pandilleros: Masculinidad, Emociones, Conflictos en Esquineros del Cercado. Lima: CEAPAZ, 2002. 43 La Parábola del Tiempo de Carlos Feixa, constituye un modelo fundamental. Carles Feixa. De Jóvenes, Bandas y Tribus. Antropología de la Juventud. Ariel. Barcelona, 1998. 90


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El debilitamiento de los agentes clásicos de socialización (la familia, el sistema educativo y el laboral), hizo posible el traslado de esta función al entorno de los pares: la mancha de la esquina. La esquina del barrio fue un escenario imprescindible en el aprendizaje social de estos jóvenes. Actualmente las tecnologías de la información juegan un rol fundamental en la definición de identidades, pues los jóvenes socializan, se relacionan e identifican a partir del internet a través de redes sociales como WhatsApp, Facebook o Instagram. Muchos jóvenes vinculados al ejercicio de violencia tuvieron a la transgresión, como un medio de expresión, usando el espacio público para el ejercicio del poder. El miedo que provocaban en los otros, fue reflejo de tal poder. Así se construyeron autoestimas equivocadas, confundiéndose el respeto con el temor que infundieron en sus barrios. Como ya hemos anotado, la violencia que cruza sus vidas es de una expresión desideologizada, carente de discursos. Para algunos (Tong, 1998) la violencia es usada por ellos de forma instrumental: para conseguir bienes de consumo, para demarcar sus territorios, para afirmar masculinidades. Lo cierto es que estos jóvenes expresan sus solidaridades conformando comunidades. La tribuna del estadio y la esquina del barrio se convierten en comunidades emocionales de 44 pares (Castro y Benavides, 1999). Hay que agregar que, en el caso peruano, muchos de los jóvenes y adolescentes inmersos en pandillas son reflejo de una violencia estructural. Sus familias huyeron de las zonas ocupadas por el conflicto terrorista y poblaron la ciudad: San Juan de Miraflores, Villa el Salvador, Villa María del Triunfo o San Juan de Lurigancho. 44

En: Panfichi, Aldo y Valcárcel, Marcel. (1999) Juventud: Sociedad y Cultura. Lima: Instituto de Estudios Peruanos (IEP). 91


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c.

Hijos del sistema La utopía de otorgarle a cada ciudadano una posición dentro del proyecto colectivo perdió la batalla de la inclusión de estos jóvenes: los dejó fuera. Muchos de ellos encuentran en sus grupos de referencia (para nuestro caso, las pandillas,) un sentido de pertenencia que no encuentran en otros espacios. Allí se congregan los sujetos sin proyectos ideológicos ni políticos, pero con una carga vital que busca gratificación y experiencia cotidiana (Nateras, 2004). El consumismo que promueve la era del mercado, estimula la cultura del narcisismo y del inmediatismo (Balardini, 2000). Los pandilleros son herederos legítimos de la era del consumo (Perea, 2008). En la actualidad, a muchos jóvenes les cuesta planificar su futuro, y en consecuencia, la desconexión entre su pasado y el futuro es evidente. Una tradición clásica explica la violencia juvenil desde la exclusión y la marginalidad. Nosotros creemos que ésta es heredera del propio sistema en que vivimos. Un sistema marcado por la violencia heredada históricamente: la era de la violencia política aún está muy cerca. Como bien dice Perea (2008), los jóvenes pandilleros no son otros, son un extremo de nosotros.

d.

Desconectados e indiferentes En la década del 90, a la imagen del joven violento e irracional, se suma la del joven indiferente y desenchufado (Macassi, 2001; Tong, 2002). ¿Cómo se dio este fenómeno? Durante la década del 70, un buen número de jóvenes, inspirados en procesos regionales, terminaron militando en los movimientos de izquierda, protagonizando una serie de

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manifestaciones (huelgas, movilizaciones), logrando signifi45 cativa presencia en el escenario político peruano. Por esos años se instaló en el Perú el autodenominado Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, régimen militar socialista conducido sucesivamente por los generales Juan Velasco Alvarado y Francisco Morales Bermúdez. Con una prédica que oponía los intereses populares a los intereses de la oligarquía, se implementaron una serie de reformas socialistas que generaron masivas adhesiones populares. Un caso paradigmático es el de la Reforma Agraria. Los fracasos del régimen, sin embargo, trajeron consigo el desencanto. Los movimientos de izquierda atravesaron agudas crisis y sus procesos de organización se debilitaron. La generación de la década del 80 creció en medio de los fracasos económicos del proyecto democrático y socializó en un escenario generalizado de violencia interna, que tuvo como principales protagonistas al Partico Comunista del Perú Sendero Luminoso (PCP-SL), el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) y el gobierno, representado por sus fuerzas armadas y policiales. Este clima generó una sensación de desencanto de diversos sectores de la población, en particular el juvenil y marcó el desinterés de los jóvenes hacia la vida pública. Hacia fines del 80 e inicios del 90, la juventud peruana vivió quizás su etapa más apática. Ya en esta época, la población desconfiaba abiertamente de sus instituciones y de las tradicionales formas de organización política y social. Los partidos políticos cayeron en un abismo de deslegitimación popular;

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Luis Fernán Cisneros y Mariana Llona han analizado estos procesos y presentan un significativo balance en Por una Zona Franca para los Jóvenes, DESCO. Lima 1998. 93


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los sindicatos y las organizaciones sociales fueron objeto de 46 la suspicacia y el rechazo generalizado de la población. Esta situación es aprovechada por Fujimori, cuyo discurso populista lo convirtió en el portavoz del cambio. Gozando de gran aceptación popular, especialmente de los jóvenes, Fujimori emprendió acciones arbitrarias como la disolución del Congreso de la República y la intervención de las universidades. Los primeros años de su segundo gobierno (1995-1997), estuvieron signados por la corrupción y los excesos del régimen. Pareciera como si los jóvenes, en esta época, se desentendieran de la vida pública nacional (a escala mundial se denominó a ésta, la generación X). Esta indiferencia fue animada por sus progenitores, pues muchos jóvenes fueron enviados a las aulas universitarias bajo la consigna de no meterse en problemas. Esto se sustentaba en la fama de las universidades públicas como canteras de formación del fanatismo comunista. Recordemos que los movimientos subversivos habían penetrado en algunas universidades, frente a ello, el ex presidente Alberto Fujimori, ordenó la intervención militar de dichas casas de estudio. De esta manera, fue necesario violar la autonomía universitaria a fin de llevar a cabo diversos procesos de ordenamiento, que se hicieron conocidos a raíz de sonados excesos.

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Nicolás Lynch ha estudiado, desde las canteras de la sociología, este fenómeno y lo ha denominado la Antipolítica en el Perú, considerando a Fujimori un outsider que quebró los sistemas de representación y organización en el Perú. Se puede revisar de este autor: Política y Antipolítica en el Perú. DESCO. Lima, 2000 y también ¿Qué es ser de Izquierda? Lima: Instituto de Estudios Peruanos (IEP). 2005. 94


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Este descalabro de los movimientos sociales tras la década de la anti-política (Grompone, 2005; Lynch, 2000), alejó a los jóvenes de la participación, pues deslegitimó los movimientos sociales e impuso, por encima del desarrollo colectivo, una cultura liberal donde el valor fundamental era el pragmatismo (el gobierno fue manejado desde una tecnocracia). Este alejamiento contribuyó a consolidar la imagen del joven indiferente: aquel que abandona los proyectos ciudadanos y se convierte en un consumidor del siglo XXI. e.

Ingenuos e instrumentalizados Por aquel tiempo se denuncia también la instrumentalización que hacen de la participación juvenil, algunos aparatos políticos. Se populariza la idea de que algunos sectores juveniles son potencialmente manipulables, y esto trae a la escena otra idea perversa: la del joven ingenuo. Retorna así una inveterada imagen presente en el imaginario colectivo: al joven se le puede orientar hacia cualquier ideología, pues no tiene la capacidad de discernir con autonomía. Durante las épocas de la violencia, cundía la idea de que los elementos subversivos les lavaban la cabeza a nuestros jóvenes. Coinciden así, a inicios de la década de los 2000 en la escena pública peruana, una serie de percepciones sobre los jóvenes. Por un lado, la imagen del joven rebelde que se opone a las instituciones y se enfrenta a los proyectos ciudadanos; por otro, la del joven irresponsable que transgrede el orden establecido; pero también la del joven ingenuo a quien podemos manipular e instrumentalizar de acuerdo a intereses específicos. Estas imágenes son difundidas y publicitadas ampliamente por los medios (Cruzado, 1998) y replicadas por las propias instituciones del Estado, lo cual se evidencia en los modelos de abordaje vigentes en ese entonces.

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Un fenómeno inesperado, sin embargo, terminan arrasando estas imágenes: las marchas juveniles de recuperación de la democracia (1997-2000). Estas movilizaciones colectivas fueron convocadas, organizadas y lideradas por los propios jóvenes (es célebre la marcha de junio de 1997 contra la dictadura de Fujimori). Diversos sectores ciudadanos se sumaron a estas movilizaciones inundando las calles de Lima y creando un clima propicio para el retorno de la democracia. Desde nuestro punto de vista, es el propio desencanto que había producido el fenómeno Fujimori, el que llevó después a aquella juventud, en apariencia apática, a salir a las calles y consolidar así una nueva imagen de los jóvenes: la del sujeto comprometido, activo partícipe en la lucha contra la dictadura. Revisemos con detenimiento cómo se dieron las cosas. f.

Entre marchas Luego de su primer gobierno (1990-1995), Fujimori tentó un segundo periodo gubernamental, que finalmente consiguió gracias a un masivo apoyo electoral. Si en su primer periodo pudo consignar algunos triunfos políticos y económicos, como el control de la hiperinflación (que había trastornado durante el quinquenio previo la economía 47 de los peruanos) y la derrota de los movimientos terroristas que asolaron el país durante más de una década. Su segundo régimen, a decir de muchos analistas, se empeñó en consolidar un aparato político cuyo principal objetivo era entronizarse en el poder. Así, con un Congreso conformado por una

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Al menos eso hizo creer por varios años, ya que cuando la captura Abimael Guzmán, fue ejecutada por el grupo Especial de Inteligencia (GEIN) de la Policía Nacional del Perú (PNP), pero con los medios comprados, supo canalizar estas capturas a su favor. Según el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), la derrota del terrorismo no fue la política dura de Fujimori, sino la organización de la población, el aprendizaje y estrategias de las fuerzas armadas, la PNP, la conciencia ciudadana de una cultura de paz entre otros. 96


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absoluta mayoría oficialista y un Poder Ejecutivo totalmente subordinado, se abrió el camino para que Fujimori emprendiera acciones cada vez más audaces, que revelaron su 49 vocación autoritaria. Bajo el postulado de que los partidos políticos y los movimientos sociales eran un estorbo para la efectividad de las medidas reformistas, el régimen inició una campaña de deslegitimación de los diferentes sectores de la oposición a través de los medios de comunicación, que había literalmente tomado luego de convertir a sus promotores en cortesanos suyos. Luego consiguió, a través de la Ley de Interpretación Auténtica, arreglar las cosas para postularse a un tercer mandato. Es en esta época que se hace evidente el rol de su oscuro asesor Vladimiro Montesinos (que ha purgado condena junto a Alberto Fujimori) detrás de todas las acciones de corrupción del gobierno. Uno de los últimos proyectos en los que se embarcaron fue el control del Poder Judicial. Bajo este formato, Fujimori tuvo, literalmente en sus manos, los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, avasallando el clásico esquema de separación de poderes, fundamental para el sostenimiento de cualquier proyecto democrático. Mientras tanto, las voces de oposición que se alzaban desde el Congreso permanecían desarticuladas y eran aplastadas por la abrumadora mayoría oficialista. Los medios de comunicación 48

Un dato interesante es que la mayoría de proyectos presentados por el ejecutivo en ese periodo provino del ejecutivo. Para ampliar este análisis podemos recurrir a: El Nacimiento de los Otorongos, de Carlos Iván Degregori y Julio Meléndez. 49 Cabe indicar que ya antes, en 1992, Fujimori había ordenado la disolución del congreso con el pretexto de que éste, era un estorbo para las reformas democráticas que su gobierno pretendía realizar. Su decisión gozó de una amplia aceptación popular. 97


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adeptos al régimen (era escandaloso el caso de los canales de señal abierta) ejercieron su hegemonía con un impresionante rating popular. Con todo a su favor, el gobierno arremetió nuevamente: destituyendo a los miembros del Tribunal Constitucional. Cuando todo hacía suponer que nada frenaría el tsunami Fujimori, aparecieron de pronto (junio de 1997) una innumerable cantidad de jóvenes universitarios que atravesaron las calles del centro de Lima para protestar frente al Congreso de la República. Se inició de esta manera, una etapa de protesta ciudadana que ya no pararía hasta la fuga del entonces presidente; acaecida en noviembre de 2000. Meses antes, en abril de 2000, se convocó a un nuevo proceso electoral en los que se presentó nuevamente Fujimori. Para ese entonces tenía cada vez más presión internacional y dentro del país, los sectores de oposición, inspirados en el movimiento juvenil, habían comenzado a articularse y expresar en las calles su rechazo al régimen. No fue suficiente para evitar que, en un proceso fraudulento, Fujimori se haga de la victoria y juramente como Presidente de la República para un tercer mandato, mientras en las calles de Lima, más de decenas de miles de personas protestaban durante la llamada marcha de los cuatro suyos (según reportaron medios internacionales). Reinstalados en el poder, Fujimori y Montesinos se vieron envueltos en nuevos escándalos. El último de ellos lo protagonizaron el propio Montesinos con el congresista Alberto Kouri. En un vídeo propalado por los medios de comunicación independientes, aparecía el segundo de ellos aceptando su traslado al oficialismo por unos cuantos miles de dólares entregados por la mano del asesor presidencial. La ciudadanía contempló estupefacta en sus televisores cómo operaba 98


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la maquinaria de corrupción del SIN (Servicio de Inteligencia Nacional que dirigía Montesinos). Ante tamaño escándalo, Fujimori anunció inmediatamente, a través de un mensaje televisado en vivo a toda la Nación, un nuevo proceso electoral donde él no participaría. Meses más tarde, en medio de una gira presidencial por el continente asiático, renunció al cargo, a través de un fax enviado desde Japón. Se cerró así un capítulo nefasto de nuestra historia republicana. El entonces presidente del Congreso, Valentín Paniagua, asumió el gobierno de transición y convocó a elecciones generales para el año 2001. Si bien muchos ponen en tela de juicio que haya sido el movimiento ciudadano el que descalabró al régimen hasta hacerlo caer, es verdad que la movilización de los jóvenes hizo emerger una nueva imagen de la juventud: la del joven luchador, principista y protagonista. La propuesta electoral de la mayoría de partidos políticos y movimientos que participaron en el proceso electoral de 2001, consideraba, como nunca, iniciativas para abordar la realidad de las juventudes del país. Y es que los jóvenes aparecían como protagonistas de la reciente historia nacional y esto no podía ser ajeno a los partidos, más aún cuando cerca del 40% de la masa electoral del país estaba constituida por ellos, un dato que en anteriores procesos electorales había pasado desapercibido. Aparecieron en escena un conjunto de especialistas que discutían sobre la situación de los jóvenes en el país y pusieron en debate el esquema de políticas de juventud más apropiado para el caso peruano.

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Capítulo V

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Movimientos juveniles: Entre concesiones y organizaciones

La juventud y la vejez no están dadas, sino que se construyen socialmente en la lucha entre jóvenes y viejos (Bourdieu, 2000)

a.

¿Una concesión gubernamental? Alejandro Toledo, postulante al sillón presidencial del año 2000, lideró personalmente la protesta ciudadana que enfrentó al régimen fujimontesinista a inicios del nuevo siglo. Las figuras de oposición habían sido pulverizadas por los medios de comunicación —recordemos que a esas alturas el oficialismo tenía el control de los medios, además del Poder Judicial y del Congreso de la República, y ya ningún poder ciudadano parecía poder hacerle frente—. La imagen de Toledo, pudo mantenerse a salvo durante el breve tiempo transcurrido entre su súbita aparición pública y el día de elecciones presidenciales del año 2000. Gracias a eso pudo convertirse en un serio competidor de Fujimori el 9 de abril, día de los comicios electorales. Toledo probablemente ganó las elecciones ese día, pero finalmente la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) declaró que pasaba a la segunda vuelta electoral junto a Fujimori. Aquel proceso electoral fue muy sospechoso hasta el punto que obligó al 103


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Centro Carter, organismo que vela por la transparencia de los procesos electorales en diferentes países de la región, a retirarse ante la falta de garantías. Ante el retiro del ente garante, Toledo decidió abandonar la justa electoral dejando a Fujimori solo en una carrera de la que se proclamó ganador. Meses después, luego de su intempestiva renuncia a la presidencia, Valentín Paniagua, convocó a elecciones generales en nombre del gobierno de transición. Allí es elegido Alejandro Toledo como presidente de la República para el periodo 2001-2006. Toledo había reconocido la importancia del movimiento juvenil para la recuperación de la democracia, por ello su programa de gobierno proponía novedosas iniciativas para los jóvenes. Una vez en el poder y fiel a sus promesas, inauguró el Consejo Nacional de la Juventud (CONAJU) convocando para su diseño e implementación a un conjunto de especialistas que provenían de diferentes sectores de la sociedad civil. Sin embargo, las políticas que se implantaron desde su gobierno tuvieron un sesgo: si bien fueron una reacción al emergente movimiento juvenil, no fueron pensados por éste; fueron concebidas y propuestas por la élite de expertos mencionados. Estos técnicos habían laborado para diferentes programas de desarrollo y cooperación internacional (BID, OMS-OPS, GTZ). La presencia de estos organismos en el país había posibilitado el florecimiento de un sector de profesionales académicos y técnicamente preparados para abordar temáticas relacionadas a la juventud. Por otro lado, la ausencia prolongada de una política pública en juventudes había generado una expectativa que se evidenció en los espacios de debate y discusión que se crearon en los fueros académicos y de la sociedad civil, liderados activamente por estos especialistas. 104


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b.

Lemas sin ideología La política de juventud de inicios de siglo fue producto, entonces, más del empeño de estos técnicos que del propio movimiento juvenil. La situación resulta irónica, puesto que, lo que se celebró como conquista juvenil (la instauración del CONAJU), no constituía un proceso totalmente legítimo, en tanto fue gestado con escasa, o en todo caso, apresurada, participación de los propios jóvenes. Y es que las publicitadas movilizaciones juveniles contra la dictadura estuvieron regidas por la espontaneidad y el voluntarismo. Sus bases fueron improvisadas, carecieron de estructuras organizativas básicas y de un proyecto común a largo plazo, que les restó sostenibilidad. El discurso que construyeron los jóvenes se sustentaba en una negación a la dictadura, un rechazo a la corrupción y una afirmación de la democracia y los derechos humanos. Sus mensajes tuvieron una fácil y rápida aceptación ciudadana. Su propuesta ideológica, sin embargo, se sostenía apenas en una serie de consignas acompañadas de intervenciones urbanas que tuvieron en las manos blancas y los lavados de bandera, expresiones artísticamente originales, pero que contribuyeron poco a crear un ideario, un programa o, mejor aún, una ideología (Acevedo, 2002). Es así que las organizaciones protagonistas de este fenómeno se disolvieron delante del nuevo escenario, dejando al auspicioso movimiento juvenil al margen de otros procesos necesarios para la consolidación de la democracia en el Perú. La debilidad del movimiento juvenil es un fenómeno regional al que los decisores políticos no le han dado la relevancia debida, y esto se expresa en la inexistente estabilidad institucional en materia de juventud. A esto se suma una condición 105


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intrínseca de la juventud que ya hemos mencionado, su transitoriedad: los jóvenes dejan de ser jóvenes en algún momento (a veces muy pronto). Esto explica la fragilidad de los movimientos juveniles que no se nutren lo suficiente de la experiencia y tienen que ser regenerados constantemente (Rodríguez, 2011). Quizás es esta la razón por la que fue fácil para el gobierno aprista (2006-2011), que sucedió al de Alejandro Toledo, desmontar las instituciones que sustentaban las políticas mencionadas (la desarticulación del CONAJU es un ejemplo). Los jóvenes que habían participado en la recuperación de la democracia ya no eran jóvenes, y se encontraban a esas alturas insertos en otros procesos personales y sociales. Así, no hubo un movimiento juvenil consistente que pusiera resistencia a la descomposición realizada, que apenas si tuvo unas cuantas menciones a través de la Internet. Como si la memoria de los jóvenes no se transmitiera generacionalmente. c.

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Nuevos tiempos y colectividades En la actualidad (segunda década del siglo), no podemos decir que existe un movimiento juvenil, aunque sí colectividades de jóvenes distribuidas en todo el país. Y decimos colectividades antes que organizaciones, pues en realidad 51 son pocos los jóvenes organizados que deliberadamente estructuran un grupo con objetivos, metas y planes de acción conjunta. Aunque en algunas regiones se han establecido dinámicas interesantes en la promoción de espacios

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El siguiente análisis se centra sobre todo en la situación de los jóvenes en Lima, zona de estudio y trabajo del autor. Aunque no han sido sistematizadas, el autor ha utilizado sus indagaciones en diferentes experiencias de trabajo realizadas en la ciudad de Lima. 51 Según algunos estudios regionales, sólo están organizados en América Latina entre el 5 y el 20% del total de jóvenes, dependiendo del país y del momento histórico en que fueron realizados los estudios y registros. En Algunas Experiencias de Políticas de Juventud en América Latina. CONAJU. Lima, 2005. 106


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participativos, como los consejos regionales o provinciales de juventud. En Lima algunos distritos han afianzado estos espacios de coordinación con los consejos juveniles distritales, por ejemplo, Ate Vitarte y Los Olivos. Aquí tenemos que realizar una primera diferenciación. El escenario universitario constituye la cantera de donde han surgido grandes movilizaciones en el país, pero no es el único escenario. En este acápite revisaremos sobre todo la cantera barrial, espacio donde los jóvenes que provienen de la ciudad popular gestan diferentes tipos de asociatividad. No descuidaremos el análisis de otros escenarios como el de la iglesia donde se han canalizado diferentes propuestas inspiradas por movimientos como la Teología de la Liberación y la Opción Preferencial por los Pobres. En los espacios locales, los jóvenes tienen diversos referentes de asociacionismo. Así, tenemos las manchas de esquina a las que ya nos hemos referido, donde confluyen jóvenes del barrio, comparten tiempo libre y estructuran interrelaciones a partir de algunas actividades cotidianas: conversar (hacer hora), escuchar música, caminar (pasear), jugar fulbito, bailar, etc. Ahora bien, creemos que se debe revisar el impacto de las tecnologías y redes sociales en la socialización de los jóvenes, este análisis escapa a los objetivos del presente texto. Tanto para los jóvenes que estudian y trabajan, como para quienes se encuentran al margen de estas ocupaciones, la calle es un referente obligado de socialización, más aún en la ciudad. La calle puede ser cualquier espacio público: la esquina del barrio, el parque, la loza deportiva, una plaza pública, un boulevard, una glorieta, etc. Sobre estos espacios se gestan aglomeraciones que no configuran en sí mismas, grupos —en el sentido organizacional del término—, pero si determinan colectividades generacionales diferenciadas en 107


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cuanto a sus intereses, necesidades, pautas de interacción y signos culturales (consumo, moda, música, look, etc.). Allí encontramos a los breakers, bboys, skaters, grafiteros y también a los pandilleros y barristas, además de un extenso mosaico de expresiones juveniles urbanas. Por otro lado, los jóvenes que participan de los espacios institucionales (escuelas, iglesias, institutos, academias o programas juveniles) comparten diversos momentos de encuentro que no son regulados corporativamente: los recreos, los breaks, la salida, el almuerzo, el fin de semana. A partir de estos encuentros, en apariencia frugales, surgen una serie de iniciativas de acción social: la organización de campeonatos deportivos, de fiestas, rifas, polladas, etc. Esto afianza una organización que, siendo coyuntural, tiene un gran potencial por desarrollarse. Lamentablemente en nuestras regiones, son escasas las iniciativas que apoyen estas iniciativas y las potencian en toda su posibilidad de generar participación ciudadana. Las colectividades, movimientos y organizaciones de jóvenes son variados y variables. Van desde la mancha de patas, las pandillas, las barras, el grupo parroquial, hasta las asociaciones civiles formadas por jóvenes profesionales. Existen complejas hibridaciones, pero debemos diferenciar la estructura organizacional de la mancha de patas de la de asociaciones civiles formadas a partir de organismos juveniles que maduraron y se institucionalizaron formalmente. En medio de estos dos extremos, se despliegan muchas formas de asociación, algunas de las cuales consideraremos organizaciones en tanto tienen objetivos comunes, metas más o menos claras y participan explícitamente de la vida social 52 de su comunidad. En consecuencia, nuestra concepción de 52

No hemos considerado como una de las características el hecho de compartir 108


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organización juvenil53 pretende ser flexible pues la realidad de nuestro país (especialmente la de Lima Metropolitana) nos muestra que existen agrupaciones con diferentes grados de estructuración, organización y formalización. Además, estrictamente hablando una organización juvenil debe por lo menos estar inscrita en el registro de organizaciones sociales de alguna municipalidad, lo cual implica la existencia de mecanismos legales y formales como estatutos, libros de actas y juntas directivas. Además de una vida orgánica, a través de asambleas donde se deciden y planean actividades. 54

Según algunos estudios latinoamericanos de juventud las organizaciones o movimientos juveniles se pueden clasificar en cuatro grandes conjuntos: a) los movimientos más politizados, tales como organizaciones estudiantiles y las juventudes de los partidos políticos; b) los que funcionan en el marco de estructuras complejas e internacionales con predominio de lógicas adultas; c) los que se relacionan con iniciativas programáticas en espacios locales impulsadas, entre otros, por Comisiones Municipales de Juventud, y d) grupos más informales incluyendo aquellos que operan en torno a expresiones culturales. Atendiendo a esta clasificación, podemos afirmar que la mayoría de organizaciones juveniles peruanas se ubican en las dos últimas formas organizacionales, sobre todo en la última una ideología. A diferencia de los movimientos juveniles históricos del Perú, los actuales carecen de una ideología o por lo menos no ha sido ésta un referente expreso para la asociación juvenil. 53 Nosotros consideramos Organización Juvenil a aquella agrupación de pares que se congrega en torno de propósitos determinados, establece roles y funciones individuales para mantener la unión y estructura grupal y busca cumplir con metas propuestas por el grupo. Además, claro está, como el resto de colectividades, expresan intereses y expectativas similares y participan de la vida social de su comunidad. 54 Estudios al respecto han sido realizados por Sandro Macassi Lavander (Perú), Ernesto Rodríguez (Uruguay), Sergio Balardini (Argentina), Dina Krauskopf. 109


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categoría. La mayoría de ellas desarrollan actividades referidas al arte y cultura: representaciones teatrales, presentaciones de danza, organización de conciertos, participación en concursos artísticos, pintado de murales y grafitis, movidas y tocadas (Hip Hop). Aunque en los últimos años también han surgido muchas organizaciones y movimiento juveniles vinculados a la defensa y protección del medio ambiente. Otras actividades realizadas son las relacionadas a la educación, capacitaciones a otros jóvenes, difusión e información en escuelas, realización de cursos y talleres en las ramas de su especialidad. Otro considerable porcentaje de organizaciones están más relacionadas al desarrollo social donde destacan las actividades de utilización del tiempo libre, talleres preventivos, organización de campañas para combatir problemáticas específicas. Un pequeño porcentaje de organizaciones realiza actividades vinculadas a la promoción de la participación ciudadana: participan en los presupuestos participativos, en mesas de concertación, en movimientos más amplios de reivindicación de derechos. Muchas de estas organizaciones no están inscritas en ningún registro de organizaciones sociales (RUOJ o RUOS), no poseen estatutos ni líderes elegidos formalmente y sus miembros cambian y mudan a lo largo del tiempo. La cantidad de miembros activos que tienen es muy variable. La mayoría no sobrepasa los veinticinco miembros activos, por lo que las consideraremos organizaciones pequeñas. Otra observación que podemos realizar es que estas organizaciones son prioritariamente masculinas, no solo por el escaso número de mujeres entre sus miembros, sino por la posición formal de la mujer dentro de ellas. En cuanto a la edad, la mayoría de sus miembros tiene veinte años como edad promedio, siendo significativa la presencia de jóvenes menores de edad.

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Ahora bien, sobre los motivos que llevan a los jóvenes a organizarse hemos constatado diversas modalidades, siendo las más comunes aquellas que se forman a partir de convocatorias institucionales, los que nacen a partir de su participación en espacios de concertación local, los que surgen de algún evento o encuentro generacional y deciden trasladar la experiencia a sus espacios locales y los que lo hacen a partir de su concurrencia a un espacio de socialización común. Nos llama especialmente la atención aquellos que surgen de encuentros generacionales a partir del interés común en temáticas específicas (música, danza, grafiti u otra expresión artística) que coinciden en algún evento o encuentro zonal o distrital. Los jóvenes asistentes a estos eventos quedan motivados y buscan luego replicar la experiencia en sus espacios locales, identificando en sus barrios a otros jóvenes con similares intereses y afinidades. Es el caso de los grafitteros y de los grupos de arte urbano. Hay un potencial integrador en estos movimientos, similar al de las barras de fútbol, que se despliegan en el territorio urbano y luego se congregan de modo masivo en puntos determinados de intersección distrital. Estas movidas no sólo son territoriales, sino también temáticas, por ello trascienden las fronteras distritales. Los jóvenes que las integran comparten una práctica aparentemente marginal (están muy cerca de lo que los antropólogos llaman subculturas) y esta condición les otorga una sólida identidad común. También hemos identificado grupos formados a partir de la participación en espacios de socialización común: la parroquia, la cancha deportiva, la playa, etc. Allí se generan espacios abiertos para compartir necesidades e intereses de donde surgen, muchas veces la posibilidad de agruparse. Aquí muchos jóvenes dejan en claro la conjunción de sus 111


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necesidades colectivas y capacidades individuales para hacerle frente a problemáticas específicas como el pandillaje. En el discurso de formación de la mayoría de grupos que hemos estudiado, prevalece la idea organizarse para hacerle frente a una problemática local. Sea la presencia de violencia callejera, de alcoholismo o de drogadicción, ellos buscan generar una alternativa frente a estos malestares locales. El enfoque usado para abordar estos problemas, en la mayoría de casos, es el del buen uso del tiempo libre. Muchos de estos grupos han elaborado planes de acción a partir de un diagnóstico en los temas que abordan, aunque es obvio que no todos manejan los instrumentos pertinentes para llevar a cabo procesos de diagnóstico e intervención. Aunque otros también se organizan solo para realizar actividades en función de una necesidad inmediata sin algún plan de trabajo o estructura formal. Aquí hemos detectado una ausencia de educadores y/o promotores de jóvenes que apoyen estas iniciativas, Lima tiene muchas ONG que lo hacen a partir de sus proyectos, este es un desafío que sigue vigente para los profesionales de las ciencias sociales. Otro importante número de organizaciones juveniles se agrupan para afirmar algunos derechos que ellos juzgan vulnerados: Salud Sexual y Reproductiva y Derechos a la Vida y al Buen Trato, por ejemplo. Un discurso recurrente entre algunos jóvenes, especialmente los vinculados a las nuevas culturas urbanas, es el de la lucha contra la exclusión y/o la marginación. Ellos se reconocen como un sector excluido y manifiestan luchar para demostrar lo contrario. Además de jóvenes vinculados a los temas de orientación sexual, desde el llamado movimiento LGTB, muchos de ellos que han adquirido poder en el discurso social, pese a la reticencia de una sociedad conservadora en discutir el tema. 112


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Estas experiencias nos muestran que los jóvenes siguen participando. Y las orientaciones y motivaciones de los jóvenes a veces están ligadas a temas no convencionales y formas no necesariamente estructuradas. Los jóvenes de la década del 80 formaban su identidad juvenil en función a la política o la revolución promovida desde lo que se creía era la revolución, sin embargo, los jóvenes de los años 90 fueron marcadas por la corrupción de Fujimori, los rezagos de la violencia y fueron esas protestas y movidas que definieron a los jóvenes de esas generaciones. Los jóvenes del milenio, sin embargo, siguen teniendo motivaciones sociales, pero las movidas ahora son virtuales y subjetivas. d.

La generación del atajo Este es un término acuñado por Silvia Díaz de INVERA en una investigación de mercado para determinar características de la generación Z en un grupo de diez a diecinueve años. Afirma que es una generación del atajo, dado que solo piensan a corto plazo. Procuran saltar todas las barreras posibles para lograr su objetivo y les gusta lograr las cosas rápido. Según este estudio, ellos son nativos digitales y viven en un mundo social muy conectado virtualmente, donde combinan lo social con el disfrute. Si bien es cierto esta investigación comparte el sentido presentista de muchos jóvenes de hoy, también es importante mencionar que los llamados nativos digitales están tejiendo nuevas movidas virtuales, que sirven para que muchos de ellos se enteren de la realidad o para elaborar los famosos memes mediante los cuales van teniendo conciencia política de su realidad de otra forma. Un caso que llama la atención es el de los youtuber.

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Que un candidato a la presidencia haya crecido virtualmente y haya tenido mucha acogida con los jóvenes no es gratuito, es reflejo de este tipo de socialización virtual. Lo mismo ocurrió con las movilizaciones frente a la mal llamada ley pulpín (que según un sector de la ciudadanía recortaba los derechos laborales de los jóvenes), surgió de una gran movida virtual, que acabó con grandes marchas en las calles que al final hizo retroceder al congreso hasta derogar dicha ley. Sin embargo, podríamos afirmar que, a pesar de esa supuesta mirada de corto plazo, las nuevas generaciones de jóvenes tienen tres características que los identifican: dependen de las nuevas tecnologías, tienen un gran respeto a la naturaleza y están mentalmente abiertos a la diversidad de ideas, de formas de vida, de culturas y de creencias religiosas o espiritualidad. A esta nueva generación, algunos autores la denominan millennials porque nacieron en el nuevo milenio. Son una generación nativa digital que abraza la economía colaborativa y duerme con el teléfono inteligente o la tableta cerca de la cama (Begazo, 2015). Este autor divide a los jóvenes por generaciones: llamamos generación Y o millennials a los empleados jóvenes que agrupamos entre los dieciocho y los treinta y cinco años. La generación X abarca a los que tienen entre 36 a 49, y los Baby Boomers comprenden a los que tienen entre cincuenta y sesenta. Estas referencias generacionales no nos permiten medir las diferencias culturales y sociales. Begazo y Fernández Baca (2015), en su trabajo sobre los millennials peruanos señalan que las características de esta generación están definidas por la importancia que le dan en su vida al internet; el presentismo, la búsqueda de felicidad y la pasión en todo lo que hacen. 114


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Dichas características generan un cambio del significado del éxito, pues para las generaciones anteriores el éxito estaba relacionado con las posiciones jerárquicas en lo laboral; así los millennials ponderan el trabajar de lo que les gusta por sobre el ejercicio del poder o incluso lo material. Otra característica de los jóvenes peruanos es su movilidad laboral, pues procuran cambiar de trabajo, buscando otro en el cual se sientan más a gusto. Estos autores afirman que los jóvenes privilegian el disfrute, el viajar y la inversión en expe-

riencias por sobre la posesión física de las cosas, cualesquiera que éstas sean. Lo que sí es cierto es que esta nueva generación, muestra problemas para desarrollar habilidades sociales por la dependencia de la tecnología. Tienen menos tiempo para el contacto físico cara a cara y el afecto. No obstante, los educadores, promotores y los mismos jóvenes tenemos el desafío de considerar que el trabajo con jóvenes, ya no solo es presencial es también virtual, tratando de recuperar la dimensión humana de la comunicación. Esto implica entender los nuevos códigos digitales que usan los jóvenes de hoy. Muchos de estos códigos están cargados de la emocionalidad de las imágenes, lo que a veces no les permite procesar la gran cantidad de información que reciben, pero sí captar algunos mensajes que les son significativos en su vida personal, social o política. La encuesta aplicada por INVERA concluye que para un millennial peruano el desarrollo profesional pleno tiene menos que ver con tener una empresa propia o hacer lo que le apasiona y más que ver con convertirse en un experto en su campo. Y que dicha generación está dispuesta a trabajar 115


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horas extra a fin de ascender más rápido en su línea de carrera. Sin embargo, nosotros creemos que las generaciones actuales tienen menos conciencia de sus derechos laborales como lo tenían las generaciones antiguas debido a la flexibilización del mercado laboral. Aun así, consideramos que hay una tarea pendiente en construir jóvenes con conciencia de derechos y deberes. No es gratuito tal vez que la Secretaria Nacional de la Juventud, haya implementado la Defensoría Juvenil, un interesante modelo cuyo impacto es necesario revisar. e.

El último reto Las organizaciones que hemos descrito son en su mayoría, precarias. Su permanencia, muchas veces, depende de un apoyo institucional que es variable. La experiencia de Moquegua, da cuenta de cuán importantes son espacios como la Universidad, ONG y el trabajo coordinado con el gobierno local, como veremos más adelante en el capítulo final. Cuando el espacio es municipal, suele seguir los vaivenes de una política clientelar y, con los cambios de gestión, suelen diluirse los espacios de concertación que parecía congregarlos. Sin embargo, la creación de consejos regionales y provinciales de la juventud, permite afirmar que, en cierta forma, estos espacios están institucionalizando la participación juvenil. El asunto es que no bastan estos espacios institucionalizados, se necesita que los jóvenes también se formen como ciudadanos y desde su experiencia vayan aprendiendo lecciones para abrir camino a nuevas generaciones y realizar la trasferencia en los liderazgos. Además, se necesita que los jóvenes tengan la posibilidad de esperar lo mejor del Estado, muchos de ellos desconfían, por la misma desconfianza que tienen de los políticos. Este es otro desafío, construir un Estado, desde un gobierno local, 116


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regional o nacional que responda a las necesidades de sus ciudadanos jóvenes. Aunque es importante el trabajo de los organismos no gubernamentales de desarrollo, muchas de sus iniciativas, suelen durar lo que dura un proyecto: tienen un horizonte temporal muy breve. Y como es de esperarse, sin financiamiento, se disuelven. Salvo que dichos proyectos tengan en claro el sentido de sostenibilidad, como la experiencia del Instituto de Formación Social, Comunicación y Juventud (IFOSOCJ) en Moquegua, donde concluido el proyecto de Escuela de Liderazgo y Organización Juvenil, los jóvenes estaban organizados y sabían elaborar proyectos y participar en su comunidad como veremos más adelante. En ese sentido, las movidas juveniles que surgen de experiencias más autónomas, no tienen la capacidad de convertirse en actores válidos en sus espacios locales. Sea por una cultura adultocéntrica que les cierra espacios vecinales, sea por sus escasas capacidades de afrontar liderazgos interorganizacionales e intergeneracionales, cuando surgen nuevos líderes dentro de la propia organización. Muchas de ellas terminan ahogándose y resignándose a su propio espacio de expresión juvenil. Además, se trata de construir ciudadanía no solo con los jóvenes o adolescentes, sino con un enfoque intergeneracional, donde los jóvenes aprendan a trabajar con los adultos y los adultos con los jóvenes, este es un aprendizaje que, a veces, ni los jóvenes ni los adultos están dispuestos a realizar. Consideramos que este panorama no variará, mientras no existan condiciones institucionales locales para promover la participación juvenil. Esto significa que la institución educativa y la Universidad deben involucrarse a promover espacios de participación de los jóvenes y adolescentes. Así también la existencia de ONG y gobiernos locales que por un lado 117


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fortalezcan estas capacidades y por otro permitan la creación de políticas públicas de juventud. Pero somos conscientes que también depende de los propios jóvenes. Por lo que, también es necesario que construyan redes de segundo nivel que vinculen intereses comunes y los proyecten a espacios de influencia, que traspasen el interés meramente juvenil. Consideramos que sin estas condiciones, el movimiento juvenil permanecerá atomizado, fragmentado en pequeños grupos, sin posibilidades de incidir en las agendas locales, menos aún en las nacionales; delegando, sin quererlo, a los especialistas (que sí manejan estrategias de incidencia) la función de forjar una agenda juvenil acorde a las necesidades de ellos, pero nunca con base a oportunidades que surgen de la propuesta juvenil. En ese sentido es esencial que los profesionales especialistas en juventud, se actualicen, por cuanto los especialistas en juventud de los 80 no podrán serlo de los jóvenes del 2000, si no los ha estudiado o tenido experiencia con ellos. Asimismo, seguimos creyendo en la necesidad de seguir formando especialistas en juventud. Finalmente, es necesario crear condiciones sociales para el empoderamiento del actor joven, pero es también un designio que recae en los propios jóvenes. Los muchachos y muchachas que lideran actividades en el espacio micro-social del barrio tienen un potencial que no ha sido todavía descubierto. Cuando lo hagan ellos mismos, se forjarán el posicionamiento requerido para consolidar una participación activa de las juventudes peruanas en los procesos que atañen a nuestro desarrollo como país viable, justo y solidario.

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Capítulo VI

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Moquegua: Una experiencia regional juvenil

Las Escuelas de Liderazgo para jóvenes sin organización, al final solo son actividades para la foto, porque la provincia y el distrito siguen igual. (IFOSOCJ)

Esta experiencia intenta explicar algunos hitos significativos del movimiento juvenil organizado en la región Moquegua, en el cual han estado inmersas diversas instituciones. Esta experiencia se caracteriza por la formación constante de los ciudadanos jóvenes, la apertura política de las autoridades a la participación juvenil y el desafío de la integración regional. Sin embargo, antes de mencionar las instituciones y los procesos, describiremos algunos aspectos de Moquegua. Moquegua se divide en tres provincias: General Sánchez Cerro, Mariscal Nieto e Ilo. General Sánchez Cerro, cuya capital es Omate, es el centro de producción frutícola, no solo de la región, sino también de Arequipa. Una zona eminentemente rural. La provincia Mariscal Nieto cuya capital es Moquegua, posee una zona rural conocida como el Valle del Ticsani (Carumas, Cuchumbaya y San Cristóbal), una zona urbana con arquitectura republicana y un fuerte movimiento migratorio de Puno, Tacna y Arequipa.

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Por su parte la provincia de Ilo, cuya capital lleva el mismo nombre, es una zona urbana caracterizada por sus playas. Tiene una población, cuya mayoría, es migrante de Puno, Arequipa y Tacna. Mariscal Nieto e Ilo, tienen como principal fuente de ingresos el comercio y la actividad minera. Ilo además tiene actividad pesquera por tratarse de un puerto. La experiencia del movimiento juvenil que abordaremos ha estado centrada en dos provincias: Mariscal Nieto e Ilo. Pese a que la distancia entre estas dos provincias es de una hora, la comunicación e integración regional es aún un desafío, pues pocas veces los moqueguanos de las tres provincias tienen la posibilidad de encontrarse y hacer algún trabajo conjunto, esto incluso entre los mismos jóvenes. Quizás el Consejo Regional de la Juventud sea una buena posibilidad para ello. Actualmente existen diversas organizaciones juveniles en Moquegua e Ilo. Algunas han fenecido y otras continúan. Muchas de ellas son el producto de la formación y promoción ciudadana llevada a cabo por diversas instituciones como el Centro Loyola Ilo, la Universidad Nacional de Moquegua (UNAM) y el Instituto de Formación Social, Comunicación y Juventud (IFOSOCJ) y la iniciativa de jóvenes líderes. Moquegua cuenta con un Consejo Regional de Juventud (COREJU) y un Consejo Provincial de la Juventud (COPROJU). En el año 2005 la Municipalidad de Mariscal Nieto elaboró un Plan Provincial de la Juventud, mientras Vicente Zeballos era alcalde. Sin embargo, este plan nunca se implementó. Durante la gestión del ex alcalde Edmundo Coayla Olivera se implementó un proyecto juvenil en el cual se realizaron actividades vinculadas a la participación estudiantil, formación sexual, un programa de radio y el financiamiento del registro de personas jurídicas de organizaciones juveniles.

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En cuanto a la Municipalidad Provincial de Ilo, se ha avanzado muy poco pese a que cuenta con algunas ventajas comparativas en relación a Mariscal Nieto. No obstante, sería interesante realizar una investigación sobre la representación juvenil y la Ley del Concejal Joven (regidor) joven para saber en qué medida estos representantes políticos se han preocupado por los jóvenes. Además, al momento de escribir esta historia la municipalidad estaba por aprobar la ordenanza de creación del Consejo Provincial de la Juventud de Ilo. 1.

EL PROCESO JUVENIL ORGANIZADO EN ILO a) En sus inicios desde la mirada de iglesia liberadora El movimiento juvenil organizado en la provincia de Ilo en la década del 80 fue impulsado por líderes juveniles de la iglesia católica desde su compromiso social cristiano. 55

Ana Clotilde Cavero Cores una destacada líder juvenil en los 80 cuenta que la mayor parte de jóvenes organizados en la provincia de Ilo provenían de la iglesia y que en 1988 se formó la CORJUPI (Coordinadora Juvenil de la Provincia de Ilo), por lo que se constituyeron como organización de segundo nivel conformada por los representantes de las diferentes organizaciones de jóvenes de la provincia: coordinadores de animadores de catequesis, coordinadores de grupos juveniles: bibliotecas populares, grupo musical, Juventud Estudiantil 55

Promotora y líder juvenil parroquial en el 80. Fue entrevistada para obtener la información que aquí ofrecemos, y a quien le agradecemos. Ella es, además, licenciada en Educación con título de segunda especialidad en políticas públicas educativas, y especialidad psicopedagogía y deficiencia mental, estudia la Maestría en Gerencia Social de la Pontifica Universidad Católica del Perú (PUCP). Ex docente de la Universidad Nacional de Moquegua, ha sido coordinadora del Proyecto Educativo Local de Mariscal Nieto (PEL) así como del Programa Educativo de Logros de Aprendizaje (PELA) y ha trabajado en el Proyecto Educativo Regional de Moquegua (PER). Se desempeña en el Ministerio de Educación en Lima como especialista en políticas educativas. 123


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Católica (JEC), Boletín "El Barrio", bocinas populares y el grupo de teatro. (Entrevista a Ana Cavero, 2016). El movimiento juvenil organizado fue sido promovido por la Pastoral Juvenil de ese entonces, con Santiago Vallebuona s.j. y Carlos Sebastián o.f.m. Es decir, eran jóvenes cristianos de la iglesia católica inspirados en la iglesia de los pobres y los discursos sociales de las conferencias episcopales de Puebla y Medellín. Estos jóvenes participaban de las reuniones de cabildos y presupuesto participativo (aun cuando no existía la ley de presupuesto participativo). Estos espacios permitían reconocer a los jóvenes con voz donde debatían, argumentaban y lograban incorporar demandas mediante consensos, según señala Ana Cavero, entrevistada para este trabajo. Luego fueron las ONG vinculadas a las obras sociales de los sacerdotes jesuitas quienes promovieron la formación ciudadana de los jóvenes. Así, el CEOP Ilo y el Centro Loyola asumieron el proyecto Promoción del li-

derazgo y la participación cívica de los jóvenes - Ahora l@s jóvenes. Este proyecto fue coordinado a nivel nacional por la Universidad Antonio Ruiz de Montoya y fue financiado por el Banco Interamericando de Desarrollo (BID). Los promotores eran el Centro Loyola Ilo y CEOP Ilo. Como parte de este proyecto, los jóvenes formaron comisiones de educación, salud, trabajo y participación ciudadana y elaboraron una propuesta de Consejo Juvenil, la cual fue presentada al alcalde de ese entonces, Ernesto Herrera. Luego surgió el CONAJU y decidieron

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apostar por la institucionalidad del Consejo Juvenil a partir de los lineamientos señalados por el CONAJU. Posteriormente, el Centro Loyola Ilo ejecutó un nuevo proyecto nacional asumido por Encuentros Casa de la Juventud y la conformación del Consorcio Juventud y País (2003), compuesto por varias ONG pertenecientes a la sociedad jesuita que ejecutaban un trabajo juvenil a nivel nacional. El proyecto se denominó Formación pa-

ra el liderazgo y la participación ciudadana juvenil (2002-2005), que tuvo como objetivo, formar a ciudadanos jóvenes. El Centro Loyola Ilo decidió trabajar con los jóvenes de Moquegua, por cuanto gestionar nuevo financiamiento de la cooperación internacional exigía una carta aval de la municipalidad provincial, donde se compromete a facilitar espacios participativos para los Jóvenes. El ex alcalde de la Municipalidad Provincial de Ilo de ese entonces, Jorge Mendoza, se negó a firmar dicha carta. Sin embargo, Antonio Zeballos, ex alcalde de la Municipalidad Provincial Mariscal Nieto, vio con buenos ojos esa propuesta y firmó la carta aval por lo que el Centro Loyola inició un trabajo integral de formación ciudadana con jóvenes en la capital Moquegua y no en Ilo, como solía ser. b) Otras experiencias de jóvenes organizados Pero no solamente las ONG han estado vinculadas a estas experiencias de promoción de la participación ciudadana juvenil, hubo líderes juveniles con iniciativas que supieron canalizar su sensibilidad social en las décadas siguientes. Los grupos Juveniles Puerto Joven, y Juntos en el 2010 son clara muestra del protagonismo 125


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juvenil organizado de los jóvenes de Ilo. Estas dos organizaciones realizaron interesantes movidas juveniles vinculadas a la participación ciudadana y la gestión cultural, respectivamente. La experiencia del grupo juvenil Puerto Joven, surgió durante el 2009 en la Capilla Señor de los Milagros en la urbanización 24 de Octubre de Ilo. Se registró como organización social y participó en el presupuesto participativo provincial 2010. Esta organización estuvo integrada en su mayoría por adolescentes, y surgió con el apoyo de la Hna. Katerine Mag Gregor de las Hermanas de la Caridad y de Jesús Macedo Gonzales quienes promovieron la participación de los jóvenes desde la Capilla Señor de los Milagros en la misma urbanización. El teatro y la música fueron elementos que caracterizaron a esta organización, así como las clases de guitarra, acompañamiento en la misa y presentaciones públicas. Posteriormente, Puerto Joven logra la aprobación de un proyecto en el presupuesto participativo, para promover las capacidades empresariales de los jóvenes. Esta experiencia le permitió, en el 2010, ser reconocida entre las 10 mejores experiencias de participación ciudadana de jóvenes convocada por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE). Fue la primera organización juvenil registrada en el Registro de Organizaciones Sociales que logró aprobar un proyecto en el Presupuesto Participativo. En esa época no había jóvenes organizados y reconocidos por la municipalidad, y menos aún, que tengan participación activa en el proceso del Presupuesto Participativo provincial. 126


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La Organización Juntos (2010) inició su labor atendiendo a casos sociales de familias pobres a las cuales apoyaban con alimentos y en la organización de diversos eventos culturales organizados en coordinación con la municipalidad. Esta organización estuvo motivada por dos jóvenes que trabajaban en medios de comunicación y supieron difundir muy bien su trabajo y canalizar a líderes universitarios, promoviendo a través del hip hop y caminatas. Sin embargo, luego su trabajo estuvo luego vinculado al fortalecimiento de una candidatura con un alcalde de la municipalidad provincia de Ilo, con quien entraron a trabajar más estrechamente, una vez elegido. Estos dos grupos Puerto Joven y Juntos ya no existen debido a la falta de renovación de sus integrantes. Los que quedaron asumieron otras labores personales, pero podrían ser considerados como las organizaciones juveniles reconocidas más antiguas, una vinculada a la iglesia católica y otro a la movida barrial. No obstante, al momento de escribir este libro, existe el interés de resurgir la experiencia a partir de algunos adolescentes hermanos de los fundadores iniciales. Luego surgieron otras experiencias de organización juvenil vinculadas a otros líderes juveniles. Así, el grupo juvenil Fénix Formando Ciudadanos (2011), el grupo juvenil Esperanza, la Red Universitaria Ambiental (RUA) (2010), el grupo XIGMA y el grupo Jóvenes Protagonistas para el Cambio Social (JPCAS) formados en el 2014, fueron después movidas juveniles motivados por jóvenes universitarios. Cada una de estas organizaciones juveniles ha tenido su propio proceso.

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Así los integrantes del grupo juvenil Fénix se formaron a iniciativa de los egresados de la Escuela de Liderazgo y Organización Juvenil de IFOSOCJ (2010), quienes han organizado diversas campañas de educación ciudadana y proyección social. Esperanza y XIGMA surge también por iniciativa de jóvenes con sensibilidad social y capacidad de servicio, quienes también han organizado campañas de educación ciudadana y actividades de proyección social. El grupo JPCAS se juntó a iniciativa de ex integrantes de los proyectos de formación ciudadana promovidos por el Centro Loyola Ilo. La Red Universitaria Ambiental es una red promovida por jóvenes universitarios de Lima vinculados a la carrera de Ingeniería Ambiental, pero más que una organización juvenil, es un movimiento que respondió a iniciativas desde Lima y que luego asumió sus propias iniciativas. c) La Municipalidad Provincial de Ilo El rol de la Municipalidad de Ilo ha ido cambiando con el tiempo, conforme cambian los estilos gobierno de los alcaldes. Paralelamente el movimiento juvenil organizado en Ilo ha ido cambiando de liderazgos y la incidencia política de las nuevas generaciones ha sido incipiente en comparación con las anteriores movidas juveniles. Sin embargo, la Municipalidad Provincial de Ilo, tiene en la actualidad, tres elementos interesantes que no tiene la Municipalidad Provincial de Mariscal Nieto y que ni los jóvenes o la municipalidad han sabido aprovechar: 128


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Una ordenanza que regula y reconoce a las organizaciones de niños, adolescentes y jóvenes, un área de Participación Ciudadana adscrita a la Alcaldía y diversas Escuela de Liderazgo promovidas como consecuencia del presupuesto participativo provincial, exigido por sociedad civil. Estos tres elementos son el reflejo de un proceso participativo histórico de ciudadanos y alcaldes que solían trabajar de manera conjunta en la provincia de Ilo. Sin embargo, a partir del ex alcalde de Ilo, Jorge Mendoza, las alcaldías fueron utilizadas de manera clientelista y populista, y algunos jóvenes con poca conciencia política, utilizados en las campañas políticas. El primer elemento que podría ser usado como ventaja y que cuenta la Municipalidad Provincial de Ilo, es la Ordenanza Municipal 039-2009 que crea el registro de organizaciones sociales. Esta norma es sumamente sencilla, porque solo exige que las organizaciones tengan un libro de actas y estatutos para que las organizaciones juveniles sean reconocidas. Solo basta una solicitud y copia fedateada de los estatutos de manera gratuita, los cuales deben ser presentados para ser reconocidos como organización social. Este es un procedimiento simple, por cuanto la mayoría de municipalidades solicitan que las organizaciones sociales, que deseen participar en presupuesto participativo y ser reconocidos por la municipalidad, deben tener personería jurídica. Esto suele ser una dificultad para las organizaciones juveniles, por cuanto, implica el registro notarial, la inscripción en registros públicos y consecuentemente un costo económico y

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de procedimiento legal para la participación de muchos jóvenes. El detalle es que muchas veces el personal que trabajaba en la Oficina de Participación Ciudadana, actúa como si solamente fuese una mesa de partes de los ciudadanos que van a realizar su trámite, eso lo pudimos comprobar cuando iniciamos el trámite de reconocimiento de la organización juvenil Puerto Joven, no hacen un trabajo de campo, ni asesoramiento a las organizaciones juveniles en sus lugares de reunión. Un segundo elemento es la existencia de una Oficina de Participación Ciudadana en la Municipalidad de Ilo. Esta oficina es la encargada de convocar al proceso participativo y promover la participación de los ciudadanos. Durante los últimos años esta oficina ha estado brindado su espacio para llevar a cabo las reuniones de sociedad civil y de los comités de vigilancia ciudadana del presupuesto participativo. Su sola existencia, demuestra la importancia que la provincia de Ilo ha dado a la participación ciudadana. Sin embargo, esta oficina no cuenta con personal especializado en participación juvenil, mucho menos focaliza a las posibles organizaciones juveniles en espacios como las universidades o instituciones educativas. Un tercer elemento que se pudo usar para el trabajo de fortalecimiento de la participación ciudadana son las Escuelas de Liderazgo organizadas por la Municipalidad. Una característica de la provincia de Ilo, es que el proceso de presupuesto participativo se inició a nivel nacional en esta provincia, cuando no existían leyes 130


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que lo promuevan. Por lo tanto, ha sido y sigue siendo un espacio importante de participación masiva de las Juntas vecinales y de las organizaciones sociales. Y parte de los proyectos aprobados por sociedad civil, ha sido la implementación de Escuelas de formación Ciudadana y liderazgo para fortalecer las capacidades de los agentes participantes y la generación de nuevos liderazgos. Sin embargo, estas escuelas han sido dadas a todo el que quería matricularse, no importa si tenga o no una organización, era una actividad programada. Lo irónico de esta iniciativa es que lo ejecuta el área de Desarrollo Social y no la Oficina de Participación Ciudadana. Una Escuela de Liderazgo debe fortalecer la participación ciudadana organizada. Y no tiene sentido si los que se forman, no están o promueven alguna organización, ya que la participación en presupuestos participativos, tiene que ser organizada y no individual. La ultima Escuela organizada por la Municipalidad en el 2016 con el apoyo de una empresa minera ha intentado crear una organización juvenil con los egresados, sin embargo, ninguno de los temas formativos impartidos en dicha escuela de liderazgo han sido vinculados a la organización de los jóvenes y a temas que deben saber o que les servirán para presentar propuestas tales, como presupuestos participativos, vigilancia ciudadana o proyectos de desarrollo. 2.

LA MOVIDA JUVENIL ORGANIZADA EN MARISCAL NIETO La movida Juvenil organizada en la provincia de Mariscal Nieto cuya capital es Moquegua, ha estado definida por los proyectos de formación ciudadana ejecutados por el Centro Loyola Ilo, la labor de la Universidad Nacional de Moquegua 131


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y la creación del Consejo Provincial de la Juventud (COPROJU) Municipalidad Provincial Mariscal Nieto. a) El Centro Loyola Ilo El fenecido Centro Loyola Ilo (obra social de sacerdotes jesuitas) ejecutó varios proyectos de fortalecimiento de la participación ciudadana en la ciudad de Moquegua, tales como: “Jóvenes, Ciudadanía y desarrollo Sostenible” (2007), y “Jóvenes, participación y Gobernabilidad democrática” (2009). Estos últimos tuvieron como promotores juveniles a Jesús Efraín Macedo Gonzales, Luis Alejandro Balta y John Artemio Valderrama Valderrama, profesionales especialistas y muy comprometidos hasta la actualidad con el trabajo de formación juvenil. A partir de este trabajo de formación ciudadana, varios jóvenes decidieron organizarse. Una primera experiencia producto de dicha formación ciudadana desarrollada por el Centro Loyola Ilo en Moquegua, fue la Red de Generación de Nuevos Líderes (GNL) que fue una plataforma formada por diversas organizaciones. Sin embargo, esta experiencia tuvo renovación de liderazgo en algunas ocasiones, no logró mantener esta renovación, ni la integración de las diferentes organizaciones que la conformaban, quedando reducida a una organización juvenil de pocos integrantes, que la acabó desapareciendo. Luego aparecieron, las organizaciones juveniles: Generación Aurora y Somos Oportunidad Libre Incentivando el Desarrollo (SOLID) durante el 2008, por iniciativa de estos jóvenes formados por el Centro Loyola Ilo, como resultado de estos proyectos. 132


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Dichas organizaciones juveniles que continúan hasta la fecha, recibieron formación y asesoramiento en sus inicios de parte del Centro Loyola Ilo a través de sus promotores. Así, Luis Alejandro Balta fue el encargado de motivar a un grupo de estudiantes de la escuela profesional de Gestión Pública y Desarrollo Social de la Universidad Nacional de Moquegua, y Jesús E. Macedo Gonzales el encargado de motivar a otro grupo de estudiantes de la I.E. Simón Bolívar, en formar una organización juvenil, a efecto de que además se vinculen al proceso del Presupuesto Participativo de su provincia. Estos jóvenes de la Universidad Nacional de Moquegua y la I.E. Simón Bolívar, que formarían nuevas organizaciones juveniles, participaban en el proyecto “Juventud, Ciudadanía y Desarrollo Sostenible”, y posteriormente, del proyecto “Juventud, Ciudadanía y Gobernabilidad Democrática”. La experiencia acumulada por el Centro Loyola Ilo durante el desarrollo de estos programas de formación y otros, permitió corroborar que no bastaba formar a los ciudadanos, ellos tenían que estar organizados y con capacidad para presentar propuestas de desarrollo. La historia de estas dos organizaciones fue continuada por jóvenes decididos, emprendedores y entusiastas. El trabajo de la organización juvenil Generación Aurora fue fortalecer la formación ciudadana de adolescentes de instituciones educativas, mediante talleres formativos y con nuevos integrantes producto de estos talleres. Así también con integrantes de la Universidad 133


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Nacional de Moquegua y de la Universidad José Carlos Mariátegui (UJCM). Han tenido además un programa de radio, han organizado campañas de educación ciudadana sobre el voto y han estado vinculadas a acciones de memoria en relación al Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) y al Movimiento Ciudadano Para Que No Se Repita (MC-PQNSR). Por su parte la organización juvenil SOLID, ha sabido canalizar nuevos integrantes que son mayormente estudiantes de la carrera de Gestión Pública y Desarrollo Social, de la Universidad Nacional de Moquegua. Así ha servido para fortalecer la participación los estudiantes en actividades internas de la Universidad, la organización de campañas navideñas dirigida exclusivamente a la parte alta de la provincia Mariscal Nieto, organizando diversas actividades, e incidencia política ante la Municipalidad Provincial Mariscal Nieto para realizar diversas actividades de celebración de su aniversario, y otras actividades de proyección social. Aquí hubo un trabajo interesante de institucionalidad entre Universidad y ONG, no planificado al comienzo entre estas dos instituciones y que los jóvenes supieron aprovechar, para crear organizaciones juveniles desde los jóvenes universitarios, participantes del proceso formativo iniciado por el Centro Loyola Ilo. b) La Universidad Nacional de Moquegua (UNAM) La Universidad ha contribuido de dos formas con el fortalecimiento del movimiento juvenil en la región Moquegua: ha sido espacio de reunión de los jóvenes organizados universitarios y ha promovido la formación 134


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de ciudadanos jóvenes. En el primer, caso como iniciativas de los propios jóvenes, y en el segundo caso como parte de uno de sus proyectos de investigación aplicada con recursos de canon y regalías mineras, en las Filial Ilo y Sede Moquegua. En relación a la UNAM como espacio de fortalecimiento organizacional desde las iniciativas de sus integrantes tenemos a SOLID, Jóvenes Entusiastas con Espíritu de Lucha (JOEELU) y meridianamente Generación Aurora. SOLID desde el inicio estuvo formado por estudiantes de la primera promoción de la escuela profesional de Gestión Pública y Desarrollo Social de la UNAM, que habían sido formados en los proyectos de formación ciudadana implementados por el Centro Loyola Ilo, como ya indicamos. Posteriormente, ellos han sabido convocar a nuevos integrantes de esta carrera, hasta la actualidad. Aunque poco a poco están incorporando nuevos integrantes de la Universidad José Carlos Mariátegui (UJCM). Por su parte, el Grupo Juvenil JOEELU, que si bien es cierto, es producto de la primera Escuela de Liderazgo y Organización Juvenil desarrollado por el IFOSOCJ, sus integrantes también eran estudiantes de la misma carrera de Gestión Pública y Desarrollo Social, aunque a la fecha incluyen a otros estudiantes de otras carreras de la sede Moquegua y también de otras universidades. Pero desde sus inicios JOEELU tenía como lugar de reunión, las aulas de la mencionada carrera, e incluso la misma Universidad emitió una resolución reconociendo como primera organización juvenil universitaria de la UNAM.

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Por otro lado, Generación Aurora tuvo tres momentos, el primero, vinculado a estudiantes de la I.E. Simón Bolívar (durante el 2008), quienes en su mayoría ingresaron a la UJCM. El segundo momento en el cual se fortalece con estudiantes de esa Universidad, principalmente de la carrera de Derecho. Posteriormente la organización invitó a nuevos integrantes, esta vez, de Gestión Pública y Desarrollo Social de la UNAM. El tercer momento fue la formación ciudadana de los jóvenes universitarios por parte de la UNAM. Esto se ejecutó en las dos sedes donde se encuentra ubicada la UNAM (Ilo y Moquegua), gracias a un proyecto de investigación aplicada, denominado: Empode-

ramiento y fortalecimiento ciudadano de la juventud universitaria a través del modelo de intervención: Liderazgo y Organización, ejecutado en durante el 2014 y 2015 con fondos de canon.

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El objetivo del proyecto fue promover la participación de los jóvenes universitarios en organizaciones juveniles. Varios de los jóvenes que participaron, actualmente pertenecen a organizaciones vigentes o han formado nuevas, las mismas que forman parte del Consejo Provincial de la Juventud Mariscal Nieto (COPROJU). Los jóvenes que decidieron formar sus organizaciones al comienzo, se reunían en la Plaza de Armas de Moquegua, luego, gracias a las facilidades brindadas por algunos coordinadores de la carrera profesional de 56

Este proyecto es un modelo aplicado anteriormente por el Instituto de Formación Social Comunicación y Juventud (IFOSOCJ) durante el 2012, denominada “Escuela de Liderazgo y Organización Juvenil”, que posteriormente fue reconocida por el Jurado Nacional de Elecciones, dentro de las diez mejores experiencias ciudadanas de jóvenes. 136


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Gestión Pública y Desarrollo Social de la UNAM, empezaron a reunirse dentro de estas instalaciones. Es decir, fueron los mismos jóvenes, que exigieron en un primer momento a la universidad que sea el espacio donde puedan reunirse en su condición de estudiantes de la universidad. Posteriormente, la universidad por iniciativa propia asumió la ejecución de un proyecto de investigación aplicada con recursos de canon, para fortalecer la participación ciudadana de los jóvenes universitarios. Es importante mencionar que muchos jóvenes vinculados a la escuela profesional de Gestión Pública y Desarrollo Social, e incluso algunos egresados de la misma que han pasado por alguna experiencia de organización juvenil asumieron liderazgos interesantes al interior de la Municipalidad Provincial Mariscal Nieto. Estos procesos sociales lanzan un reto para la misma universidad y la mencionada carrera, toda vez que está formando no solo profesionales para la gestión pública, sino también, para promover el desarrollo desde los grupos sociales, históricamente excluidos. En ese sentido, saludamos que en el nuevo currículo de esta carrera profesional incluya cursos como participación ciudadana, responsabilidad social, o emprendimiento y que varios de sus egresados hayan asumido como parte de sus investigaciones para elaborar su proyecto de tesis, a partir de temas vinculados al liderazgo y la participación ciudadana juvenil.

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En conclusión, el rol de la universidad ha estado marcado por dos momentos: como espacio de reunión y como espacio de formación. c) Los Consejos de Participación Juvenil (CPJ) La región Moquegua cuenta con tres espacios de participación ciudadana juvenil institucionalizados: El Consejo Provincial de la Juventud (COPROJU) de la provincia Mariscal Nieto y el Consejo Regional de la Juventud (COREJU Moquegua), así como el Consejo Provincial de la Juventud (COPROJU Ilo). Estos espacios han cumplido hasta ahora dos roles: capacitar a jóvenes y adolescentes de instituciones educativas y universidades, y registrar a las organizaciones juveniles. Sin embargo, no existe ningún consejo juvenil instalado y que esté cumpliendo sus funciones de elaborar propuestas y planes desde la Juventud, solamente ejecutan encuentros juveniles. El COREJU se creó a finales del periodo del ex presidente regional de Moquegua, Martin Vizcarra Cornejo, mediante Ordenanza Regional 010-2012-CR/GRM. Sin embargo, su implementación se ejecutó en el periodo del ex gobernador regional, Jaime Rodríguez Villanueva. Esto implicó un largo camino para asignar el presupuesto necesario y contratar personal especializado para ejecutar actividades de difusión e integración entre los jóvenes de las tres provincias. Sin embargo, este fue un trabajo de incidencia política de Shiomara López Ticona, ex secretaria regional, elegida por las organizaciones juveniles, y ratificada por el Consejo Regional. Sin la presencia activa de jóvenes

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exigiendo un presupuesto, la voluntad política de la autoridad regional habría sido mínima, por decir lo menos. El COREJU estuvo coordinado por la Sub Gerencia de Desarrollo Social del Gobierno Regional, en cuanto a actividades de difusión e integración, se refiere. Así, los jóvenes de Mariscal Nieto tuvieron la oportunidad de encontrarse con otros jóvenes de la provincia de Ilo, así como de viajar a la provincia General Sánchez Cerro y conocer más jóvenes, lo cual es muy importante porque el área rural de la región Moquegua se encuentra bastante marginada y, muchas veces, se desconoce de la existencia de estos espacios. Por otro lado, el COREJU también ha sido el espacio para decidir la elección de los delegados a los encuentros nacionales, organizados y convocados por la SENAJU. En cuanto al COPROJU Mariscal Nieto, este consejo fue creado mediante Ordenanza Municipal Nro. 012-2013MPMN, y si ha contado con voluntad política desde sus inicios. Y es reconocido por algunos grupos juveniles, en cuanto al espacio que asesora sus actividades grupales, les brinda los locales de la municipalidad y talleres de capacitación. Además, el personal de la municipalidad que ha laborado, fue especialista en juventud y ha coordinado con las municipalidades distritales para apoyar en la implementación de Consejos Distritales Juveniles. Así también, han realizado dos encuentros provinciales, los cuales deberían ser considerados como diagnósticos de la

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realidad de los jóvenes en la provincial y elaborar el Plan Provincial de la Juventud. Pero tanto el COPROJU como el COREJU no tienen un consejo Juvenil instalado, conformado por consejeros juveniles que se reúnan periódicamente para canalizar propuestas, solamente han registrado a las organizaciones juveniles, y tampoco existe un Plan Regional o Provincial de la Juventud, lo cual creemos ira en funcionamiento los próximos años. Por otro lado, ambas instancias han tenido de apoyo a la Secretaria Nacional de la Juventud (SENAJU) en los talleres de capacitación y en la implementación de este espacio. Por lo pronto estos dos Consejos han estado supeditados a la convocatoria, ya sea de la propia Municipalidad o el Gobierno Regional. Si bien es cierto, existen organizaciones juveniles tanto en Mariscal Nieto como en Ilo, los propios jóvenes todavía no están empoderados en este espacio, para asumir su rol como consejeros. Así también, no se observa un proceso de formación ciudadana diferenciada, por cuanto no es lo mismo motivar a los jóvenes de instituciones educativas que no participan con frecuencia, para que se involucren; que formar a jóvenes organizados. Lamentablemente, los talleres de capacitación solo han servido para que los jóvenes se formen y no ha sido un proceso que les ha permitido empoderarse. Además, se imparten talleres descontinuados y donde no son siempre los mismos participantes. Sin embargo, uno puede encontrar en el Facebook varias fotos donde se observa que muchos jóvenes se siguen capacitándose. 140


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La pregunta está latente ¿cuándo asumirán el poder que tienen para exigir y/o proponer programas y políticas para los jóvenes? ¿cuándo mejoraran la vida de todos los jóvenes? Esa es una tarea pendiente que suponemos se implementará en los próximos años. Por otro lado, la experiencia nos demuestra que no basta solo espacios de participación juvenil, instrumentos, legales o presupuestos. Lo más importante es personal especializado en juventud en los gobiernos locales y sobre todo jóvenes empoderados con conciencia de sus derechos y deberes con su rol claro como ciudadanos y como organización. Si el personal que trabaja en los gobiernos regionales o locales, es especializado en juventud, sabrá que la participación de los jóvenes no es solo sentarse a recibir charlas, sino que ellos tienen sus propias movidas como el hip hop, el teatro, las dinámicas de integración, los paseos, que a veces a los servidores públicos les cuesta aceptar. Por eso muchos jóvenes y adolescentes prefieren no participar porque a veces la participación es aburrida y no se entiende, según las palabras de muchos jóvenes. Así también, se requiere jóvenes con capacidades técnicas y políticas para elaborar propuestas y no solamente ir a comer sanguchitos, tomar gaseosa en los eventos, o recibir un certificado; sino también comprometerse con el desarrollo de su comunidad y exigirle a la autoridad lo que corresponde, esa es una tarea pendiente de los jóvenes en la región Moquegua.

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Por ello, en la medida que haya un consejo juvenil con representantes empoderados y asesorando a sus gobiernos locales en proyectos para los jóvenes, estos espacios, no tendrán sentido y solo servirán para convocar a jóvenes y la foto del Alcalde o del Gobernador regional, y luego afirmen que están trabajando con los jóvenes, cuando la vida de los jóvenes sigue igual.

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Otras publicaciones del Fondo Editorial

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El texto aborda la situación del nal del siglo pasado e inicios del actual (19902010). Realiza un balance conceptual y analiza el enfoque de las políticas y programas dirigidos a jóvenes durante esos años. La propuesta central del libro juega con el título “ente manchas y marchas”. Los autores identican un conjunto de fenómenos que algunas veces ocultan a los jóvenes y otras los visibilizan, poniéndolos en el centro de la agenda pública. También identica algunos enfoques teóricos sobre la juventud como categoría social construida. Asimismo, desde la experiencia de la región Moquegua, analiza la importancia del trabajo de las ONG y la Universidad en la formación organizada de jóvenes como ciudadanos y actores del desarrollo.

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