ISBN: 1-018-460-509 Depósito legal: B. 28.004-2018 Primera edición: Febrero de 2018 Impreso en Colombia No se permite la reproducción total o parcial de esta compilación de cuentos, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea éste electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual. (Arturo. 270 y siguientes del Código Penal).
Agradezco al amor de mi vida, Vanessa PachĂłn, a nuestros cachorros, y mi familia, siempre me motivan a salir adelante. En especial a MartĂn mi sobrino, en quien este cuento estĂĄ inspirado.
Diseño e ilustración: John Alexander Galindo González Colaboración: Vanessa Pachón Éste Irónico libro fue impreso en Colombia Pivot print Carrera 3 # 22 - 39, Bogota Telefono 3208998387 Bogota,Colombia.
Libro diseñado a partir de programas diseño e ilustración digital Adobe Indesign Adobe Illustrator Adobe Photoshop Tableta Wacom Intuos y algunas ilustraciones hechas a mano
Escrito e Ilustrado por:
John Alexander Galindo Colaboraciรณn: Vanessa Pachรณn
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Refranombia tierra de la Ironía
John Galindo
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abía una vez un niño pequeño llamado Martín, él es un niño de cabello rizado, de piel blanca, cachetes rosados, ojos marrones y una gran sonrisa. Gusta de vestirse con su suéter amarillo que le recuerda los amaneceres calurosos, unos pantalones vaqueros azules como las profundidades del mar y unas zapatillas tenis de color rojo como las fresas maduras recién cortadas. Un día Martín caminaba con su padre; un hombre muy alto y esbelto, de piernas largas y cabello rizado, muy parecido a su hijo. Viste
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siempre de manera elegante, con una camisa verde como el limón, pantalón marrón como los granos de café y unos zapatos negros y elegantes como la noche. Padre e hijo se dirigían rumbo a una ciudad de carácter peculiar, su nombre es Refranombia, es una ciudad muy grande y colorida, de gigantes edificios y llena de gente cálida. Parece una ciudad común y corriente pero tiene una gran diferencia respecto a las demás, tal como su nombre lo indica es la ciudad capital del refrán; en ella todas las personas se expresan y se 13
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comunican en frases y/o refranes típicos de todas partes. Un día Martín preguntó: -¿Qué es un refrán papá? Su padre muy cariñosamente explicó: -Un refrán es un dicho o una frase popular que narra una situación, exagerándola y comparándola con una parecida pero en otro contexto. 15
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Martín no entendió ni una sola palabra, pero su padre prosiguió: -Te pondré un ejemplo; a veces cuando tengo hambre digo, tengo tanta hambre que me comería un elefante. Lo digo para decir que tengo mucha hambre. Y Martín preguntó con asombro: -¿De verdad te comerías un elefante? -¡No, no, estoy exagerando la expresión! 17
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Exclamó su padre. -Vale, respondió Martín sin entender demasiado. -Hijo no te preocupes con el tiempo lo entenderás. Comentó su padre. Un tiempo después Martín y su padre visitaron la ya mencionada tierra del refrán, así que ambos se adentraron por medio de un arco enladrillado que ponía el nombre de Refranombia de un metal pintado de negro en mayúsculas y también en forma de arco. 19
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Martín estaba emocionado por al fin conocer aquella misteriosa tierra. Caminaron sobre de los grandes andenes grisáceos en los que se posaban aquellos imponentes edificios y casas coloridas de muchas ventanas y abundantes postes llenos de cables. Pronto Martín y su padre se aproximaron hacia un puesto ambulante de rueditas chirriantes, con gran cantidad de termos vasitos y pitillos, con un letrero que decía, tintos y café. 21
La señora que atendía el puesto era una señora muy amable y bonachona, que al momento de verlos llegar casi que pegó un brinco para atendernos. -Buenas tardes mi vecino en qué puedo servirle, ¿Quiere tintico?, un ¿cafecito tal vez? O tal vez ¿una empanadita? Dijo alegremente la tendera del carrito ambulante. Martín se sorprendió al oír la palabra «mi vecino» e inmediatamente preguntó a su padre con un ademán de secretismo. 22
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-¿Acaso ella vive cerca nuestro? -No hijo mío, es una forma de decir y referirse a sus clientes. Dijo su padre susurrando. -Doña regálame por favor un tinto por favor, dijo el padre de Martín a la tendera. Martín solo miró y nuevamente preguntó a su padre. -¿Oye papi la señora regala el tinto? -No Martín, acá se les dice así a los
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tenderos para que te vendan lo que sea, es una forma cariñosa de decirlo aquí. Dijo rápidamente su padre. Martín aunque no entendía mucho la razón de por qué hablaban así, solo dijo un prolongado «Aja» de manera prolongada y asintiendo con la cabeza. Así que pronto la señora muy emocionada preguntó a Martín: -¿Y tu vecino le jalas al tinto? 25
Martín quedó atónito y respondió: -No yo dejo que mi padre se lo beba, yo no se lo quito. Respondió un poco extrañado Martín. La señora y su padre rieron al escuchar semejante respuesta. -No hijo, ella quiere decir que si también vas a tomar tinto. Respondió su padre con una sonrisa Martín reaccionó, miró a la señora y dijo: 26
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-No señora, a mí me regala un juguito, gracias. Respondió a Martín y guiñándole el ojo a su papá. Y efectivamente obtuvo su sabroso juguito sabor naranja. Luego de esto ambos caminaron por las calles coloridas de Refranombia. A unos pocos pasos de ellos se encontraron una gran fila de autos detenidos pitando y haciendo toda clase de ruidos. Martín preguntó a su padre: 27
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-¿Qué está pasando padre? -Nada especial hijo, simplemente hay demasiado tráfico y estos vehículos no pueden avanzar. Dijo su padre tranquilamente. Pronto un hombre vestido de forma elegante con portafolios en mano, vió aquel alboroto de vehículos y no dudó en decir: -Al que madruga Dios le ayuda Y sin más el hombre entró a un edificio. 29
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Martín solo miró, y su padre a él, como sabía que él no tenía ni idea de lo que sucedía le dijo: -Ese hombre al parecer salió temprano de su casa para llegar a su trabajo, dijo serenamente. -¿Que tiene que ver Dios en todo esto? ¿Acaso bendice al que más temprano se madruga? Cuestionó Martín desconcertado. -Yo hoy me levanté a las 7 de la mañana, ¿Dios me ayudará también? Prosiguió Martín. 31
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-No Martín, solo el que anticipa los problemas en este caso «el embotellamiento de carros» se evita problemas; ese hombre salió temprano de su casa porque sabía que el tráfico llegaría tarde o temprano. Pasó entonces media hora después, y un hombre vestido formal también pero con la camisa desapuntada, con la corbata desajustada, el pelo hecho un desastre, corriendo y jadeando. El hombre muy agotado e impaciente dijo: ¡Camarón que se duerme se lo lleva la corriente!
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-No puede ser, iba temprano y me he olvidado de llevar el portafolios, ¡Todo porque me dio pereza alistarlo anoche! El padre de Martín apresuró y anticipó la próxima pregunta de Martín y le dijo: -Quiere decir que a pesar de que madrugó, no anticipó que podría olvidarse del portafolios. -Entiendo papi, si el río donde está el Camarón es fuerte y el camarón a otro lugar irá a parar. Replicó Martín. 34
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-exactamente hijo mío, contestó su padre con una sonrisa discreta para que el hombre afanado no lo viera. -O sea que a ese madrugador el señor Dios no le ayudó esta vez mucho que digamos... Dijo Martín con un tono gracioso. El y su padre no pudieron evitar una pequeña carcajada que casi los delata. Al medio día a Martín y su padre les entró mucha hambre y fueron a un restaurante de comida típica de Refranombia.
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Al entrar había mucha cantidad de platillos especiales, de los cuales dos platos les resultaron muy peculiares. Uno de ellos era el famoso «Patacón pisao’», Martín no pudo evitar en pensar en un plátano al que seguro le pasó una estampida de gente. Y el otro era el especial de la costa el «Muchacho relleno» Martín se agarró duro a la silla y se puso muy pálido. Su padre lo vió tan tenso que se asustó y le preguntó: 37
-¿Qué te pasa hijo, algo te picó? -No... Dijo Martín de forma temerosa -¿Qué te pasa entonces? Repitió su padre. -Es que en este lugar pisan el plátano con una estampida, y por si fuera poco se comen a los niños. Dijo Martín aterrorizado. El padre leyó la cartilla del restaurante y con risa respondió a su hijo: 38
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-El patacón pisao’ no lo pisan, solo lo aplastan con una tabla. -El muchacho relleno es una carne de cerdo que suele estar envolviendo hogao, cebolla y tomate. Martín entonces se calmó y se soltó de la silla, confiaba en su padre más que en cualquier otra persona, entonces ordenaron sus platillos preferidos, un par de cazuelas rellenas de fríjoles. Cuando Martín y su padre almorzaban llegaron dos personas al restaurante, una mamá y un
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hijo. La mamá era una mujer muy amorosa aunque de carácter fuerte, y su hijo era un niño juguetón e inquieto, al parecer gustaba de hablar mucho y de preguntar por absolutamente todo lo que veía. El niño estaba brincando como loco y jugando con una figura de acción de un superhéroe e imaginando que volaba junto con su muñeco. Y su madre se limitaba un poco a tratar de calmarlo, ya que tenía tanta energía que probablemente si ella se descuidaba seguramente si saldría volando. 41
El niño se soltó de su madre mientras hablaba por teléfono y pronto el niño empezó a preguntarle a todos los clientes del restaurante por sus platillos favoritos. Corriendo y revoloteando como las gallinas. preguntaba al que fuera y siempre que podía recomendaba comer el espagueti a la boloñesa, su platillo favorito al parecer. Pronto la madre colgó su teléfono y el niño ya estaba hablando con Martín y su padre, enseñando a Martín su juguete favorito; su madre un poco alterada le dijo a su hijo: 42
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-No molestes a los clientes Felipe. -Pero mamá estoy mostrándole mi juguete. Dijo el niño señalando a Martín. -vámonos ya a nuestra mesa hijo, o sino no habrá postre. Dijo la madre un poco enfadada. El niño hizo una cara de sorpresa tan definida que su madre le dijo al acto:
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-No me abras los ojos que no te voy a echar gotas. Esta vez Martín entendió que el niño del restaurante había hecho una expresión de sorpresa tan marcada que pareciera como si estuviera preparándose para recibir una dosis de gotas oculares humectantes, Martín solo sonrió un poco y el niño hizo caso a su madre. La madre se acercó entonces a la mesa y les dijo: -Lo siento mi hijo habla hasta por los codos.
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Esta vez Martín tuvo que preguntar a su padre -¿Ese niño puede hablar por los codos? ¿Se tratará de algún súper poder? Dijo muy curioso. -No hijo, es una forma de decir, el niño habla mucho. Es como si yo dijera, si te tapara la boca hablarías por los oídos, es una forma de hablar, no quiere decir que se haga realidad. Dijo su padre de forma cómica.
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Dentro del mismo restaurante había también un grupo de señores trabajadores, un poco jóvenes pero tenían también el típico traje
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de paño almorzando y discutiendo temas de empresas y un poco de fútbol. Ellos y todo el restaurante notó como otro empleado al parecer compañero de trabajo de los hombres que estaban sentados en la mesa iba un poco afanado para alcanzarlos para almorzar, y dijo: -Uy, tengo un filo que si me agacho me corto. -¿Por qué no me esperaron para comer? ¿Me guardaron algo? Continuó el trabajador -No de hecho ya terminamos, respondió uno de los compañeros de la mesa.
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-«Usted pide más que deme» dijo otro compañero. -Uy no, me lleva como marrano en moto, respondió el agitado el trabajador. Luego observó a los demás y les dijo: -«más tenidos que burros en bajada», pero recuerden, «el que come solo lava sus tratos» Esta vez el padre de Martín describió lo que ocurría, ya que habían tantos refranes puestos en tan pocas frases que no tuvo más remedio que traducirlos. 49
-El hombre que acaba de llegar dijo que tenía mucha hambre, luego de preguntar que si le habían guardado algo de comer le respondieron que no, que él pide mucha comida siempre a sus amigos y que él casi nunca les invita algo de comer. Se enojó un poco y les dijo que eran egoístas por no guardarle nada, les dijo además que si seguían siendo egoístas que él en definitiva no les volverá a invitar a comer en un futuro.
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Martín lo entendió pero no sabría utilizar aquellos refranes pronunciados en algunas de sus frases. Su padre lo miró y le dijo:
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-Por eso quería que vinieras aquí, aquí hay un mundo de expresiones tan grande que si se tratara de frases escritas, llenarías calles y calles de solo refranes.
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