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LA FACTORÍA Francisco Rodríguez I En el folleto “El Pueblo de Doctrina de Turmero”, editado en 1979, nos dice su autor Oldman Botello en la página nueve, que dos instituciones jerarquizaron a Turmero: el Corregirato de los Valles de Aragua y la sede administrativa de la Renta del Tabaco. Profundizando el tema, guardando el orden de referencia empleado por el autor de la obra, diremos que Corregidor era un funcionario nombrado por el Rey, para que representara la autoridad real en aquellos territorios que lo pidiesen o cuya situación hiciese conveniente su envío. En cuanto a la Administración de la Renta del Tabaco, se hace realidad a partir 1779, cuando la Corona se reservó el cultivo, mercadeo y explotación de las famosas hojas, que sirven para elaborar cigarrillos y puros, para ser mascados, para fabricar la pasta del chimó y el polvo del nafré. El monopolio español sobre la actividad económica que genera la planta herbácea, originaria de al América tropical, recibió el nombre de Estanco. Desde Turmero se contrataba los sembradíos de sus inmediaciones, extendidos los cultivos hasta Guaruto, con un personal para sus operaciones que contaba con un administrador, un oficial, un subdelegado de los Valles de Aragua, encargado de los asuntos judiciales, un guardalmacen, un veedor de tabacos que supervisaba millones de plantas que producían las variedades curanegra, para el consumo interno y el curaseco destinado a la exportación. Esa actividad económica convirtió a Turmero en importante urbe de los Valles de Aragua. La Renta del Tabaco función hasta su extinción, en un edificio de amplio terreno llamado La Factoría, con una fachada de cinco entradas por la calle Candelaria (hoy calle Bolívar), otro acceso era por la actual calle Sucre. Además, tenía un pasadizo que le daba comunicación con la calle Petión, pasaje que lindada con dos inmuebles propiedad de León Rodríguez Espis; cuando estas viviendas fueron demolidas, el callejón fue convertido en garaje de la nueva construcción. II En el año 1854, ejercía la Presidencia de la República el General José Gregorio Monagas, a quien corresponde poner el ejecútese al Decreto Nº 922 de fecha 20 de marzo del citado año, que copiamos del Tomo III de una recopilación de Leyes y Decretos, ordenada por el Ilustre Americano, General Antonio Guzmán Blanco en el año 1874. Su inserción en este ensayo se hace respetando la ortografía original: “El Senado y C. R. de Venezuela, reunidos en Congreso, decretan: Art. 1º Se da en dominio y propiedad al municipio de la ciudad Turmero, el edificio denominado Factoría de la extinguida renta del tabaco. Art. 2º Cuando el gobierno de la nación deba servirse de una parte de dicho local, será sin ninguna compensación. Dado en Caracas a 15 de marzo de 1854. Año 25 de la ley y 44 de la Independencia. El P. de S. Pedro Portero. El P. de la C. de R. Lisandro Ruedas. El S. del S. J. A. Pérez. El S. de la C. de R. J. Padilla. Caracas Mayo 20 de 1854. Año 25 de la ley y 44 de la Independencia. Ejecútese J. g. Monagas. Por S. E. El S. de E. en los DD. Del Interior, Justicia y R.E. Simón Planas”. III A principios del año 1886, La Factoría estaba en deplorables condiciones, estando a punto de derrumbarse, por lo que interviene el Consejo de Administración del Estado Guzmán Blanco, con la Resolución Nº 258 el 7 de enero de ese año, ordenando erogaciones de mil seiscientos bolívares


mensuales para su reparación. La obra estaba a cargo de la Junta de Fomento, compuesta por los ciudadanos Leandro Blanco, Baldomero Guzmán y Francisco A. Rui, Presidente, Secretario y Tesorero respectivamente. Muy poco duró la ilusión reparadora, cuando se habían erogados montos por seis mil cuatrocientos bolívares, para las refacciones del mercado y la plaza, por Decreto Nº 287 del 6 de marzo de 1886, las obras quedan suspendidas hasta nueva orden (Boletín Apuntes Estadísticos Estado Guzmán Blanco. 1886). El 5 de enero de 1922, el señor Cirilo Cróquer Barreto, en correspondencia dirigida al General Juan Vicente Gómez, solicita la conclusión de las obras emprendidas en La Factoría, reforzando su petición con el argumento político que “Turmero es un pueblo que no ha dado una nota discordante desde que se inició la causa de la Rehabilitación”. (Revista Candelaria Nº 149, octubre 2009, página Nº 4). En esa segunda década del siglo XX, el alarife turmereño Martín Hurtado, residenciado en la calle El Tranvía (actual Villacastin), restaura la fachada del edificio dándole excesiva ornamentación, sobresaliendo diecisiete estrellas de David, símbolo que se logra sobreponiendo dos triángulos equiláteros. El patio central de la edificación conserva sus columnas coloniales, que sustentan una armadura de hierro y una techumbre de asbesto. IV La Factoría siempre ha sido un espacio para los pequeños comerciantes, de ahí los diferentes nombres que ha tenido: Factoría del Mercado, Mercado de La Factoría, Mercado de Turmero y Mercado Campesino. Allí funcionó el Bar Aragua de Víctor Vargas, la pulpería de Euclides Flores y varias carnicerías que el público llamaba presas, entre ellas las de Mariano Guzmán, Domingo Martínez, Juan José Pantoja “Cabecita”, Pedro Morgado y los guatireños Argimiro Lander y César Salas Lander. Cuando cesa la actividad mercantil su espacio pasa a ser cancha de voleibol y pista para los bailes de gala en las fiestas de Candelaria. Al momento de hacer ésta publicación (año 2011), el Mercado Campesino está divido en numerosos cubículos, surtideros o despensas de compradores minoritarios de la ciudad y sus alrededores. V Este trabajo que aborda un trozo de la historia de la ciudad, está elaborado con lo aprendido en investigaciones por la lectura y la oralidad contenida en alusiones a experiencias vividas. Lo cierro recordando que en nuestra nomenclatura, el cruce de las calles Bolívar y Petión, se llama esquina de La Factoría.


LA FACTORIA