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MI CARRO ROJO

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MI CARRO ROJO


Era una vez Carlitos un niño de 7 años que todos los días iba al kínder, disfruta de estar con sus amigos y pasar horas jugando con ellos. En las tardes el pasa con su abuela a la cual ama pues con ella pasa mucho tiempo. Cada tarde es llena de cariño, su abuela Martha lo cuida desde muy pequeño. Todas las tardes esperan a papá y a mamá, con risas juegos y cariños, finalmente al llegar ellos, es hora de despedirse de su querida abuela, con una sonrisa y un fuerte abrazo esperaba al siguiente día para verla de nuevo


SCHOOL


Al siguiente día, Carlitos felizmente se dirige al kínder para aprender y jugar con su mejor amiga Sonia, con ella se divertía tanto jugando, Carlitos adoraba los juguetes de Sonia. Tras este día lleno de aventuras, Carlitos regresa a casa de manos de su amada abuela Martha; Al llegar a casa su abuela le prepara su comida y luego Carlitos toma una siesta durante la tarde. Al despertar, Carlitos le pide a su abuela que le lea un cuento, ella felizmente lo hace, le lee el cuento “el juguete feliz” y dice: Un día lindo y soleado, muy cálido de verano. Javier se encontraba jugando felizmente con sus juguetes, el tenia de todos los colores y tamaños, entre carritos de bomberos y de construcción, y el jugaba con ellos todas las tardes, había un carrito muy lindo, de color rojo, era su favorito era el juguete que lo hace feliz, lo llevaba a todos lados, a donde Javier iba, su carrito rojo preferido iba con él, era el juguete feliz, que, siempre lo hacía feliz.


Carlitos muy emocionado por el cuento y por la historia de Javier, le pide a su abuela Martha que se lo compre, a lo que su abuela le responde: Que ella le dirá a sus padres. Carlitos se va a jugar y no deja de pensar en el carrito rojo que tanto le gusto. De repente llega Camila donde Carlitos, pues ellos juegan juntos ya que viven muy cerca y Sonia llevó mucho muchos juguetes, pasaron toda la tarde jugando y riendo. Al llegar la noche Sonia debe irse y se disponen a guardar todos sus juguetes para que ella vaya a su casa, en eso Carlitos ve un pequeño carrito rojo, muy brillante, que le recordó al juguete favorito de Javier, por lo que decidió tomarlo y esconderlo.


Su abuela lo vio mientras lo tomaba, y ella le preguntó: - ¿Carlitos, ese carrito rojo es tuyo? - a lo que Carlitos respondió que sí, aunque sabía que era de Sonia. Los padres de Carlitos llegaron a casa a saludar a su hijo y ansiosos de cenar y charlar un rato, durante la noche, se dieron cuenta que Carlitos estaba muy emocionado jugando con su lindo carrito rojo y le preguntaron que de donde lo había sacado y Carlitos respondió que Sonia se lo había prestado. Carlitos sabía que mentir estaba mal, pero por su emoción mintió. Sus padres se quedaron tranquilos con la respuesta de Carlitos, pues saben que el y Sonia son muy unidos.


Al día siguiente Carlitos regresaba al kínder a jugar y divertirse como siempre lo ha hecho, jugó mucho con Sonia, se divirtieron también con sus demás amigos. Sonia vio su carrito rojo entre las cosas de Carlitos, el no supo qué decir y solo le dijo a Sonia que ese carrito era de él. Carlitos estaba tan emocionado con el carrito, que de tanto jugar con él se arruinó una rueda. El juguete ya no funcionaba bien, le dijo a su abuela que le ayudará a repararlo.


Carlitos preocupado porque ya no podría regresarlo a Sonia, decidió decirle que él lo tomó sin que ella supiera y que lo tomó porque pensó que era lo mejor ya que le recordó al juguete de Javier, aún sabiendo que mentir estaba mal. Martha logró arreglar el carrito de Sonia, pero le dijo a los padres de Carlitos lo que él había hecho, ellos lo regañaron ya que él jamás había mentido.


Sus padres le regañaron y sobre todo le aconsejaron. Al día siguiente Carlitos consciente de lo que había hecho se disculpó con Sonia y le regreso su muy bonito carrito de color rojo y prometió nunca más mentirle a nadie, ya que la verdad era mejor, y no se tenía que sentir mal con el mismo. Sonia lo perdonó y siguieron jugando como todos los días, siguiendo siempre con la gran amistad que tenían, y Carlitos habiendo aprendido su lección. Su abuela Martha decidió comprarle el carrito que tanto le gustaba a Carlitos, como un premio por haber sido honesto y saber que siempre decir la verdad es mejor, sin importar de lo que se trate. Carlitos fue un niño tan feliz como Javier en su cuento, y aprendió una gran lección:

SIEMPRE DECIR LA VERDAD.


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MI CARRO ROJO by Jeffry Arce - Issuu