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Revista Cuenca Nazarena 2019

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Saludas. Jorge Sánchez Albendea (Presidente de la JdC) y Joaquín Ruiz Requena (Delegado Episcopal) Entrevistas 14 Al Pregonero: Carlos Amigo por Berta López

20 Al Cartelista: Javier Romero por Berta López

Visiones de la Semana Santa 28 Enrique Martínez Gil, David Culebras, José Antonio Panadero, Irene Cano, Vicente Tofiño y Pedro Muñoz

Hablan las Hermandades

Opinión 38 El Cirio Pascual

por Antonio Abarca Contreras

42 El Ocaso. Es tiempo de muerte y reflexión.

102 La Cátedra González Francés

106 Bajorrelieves del paso de la Itre. y Vble. Hermandad de la Negación de San Pedro. Patrimonio Nazareno

por Juan Luis Cueva Medina

44 Centenario íntimo

por Ramón Carlos Rodríguez

48 ¿Por qué cambia todos los años la fecha de celebración de la Semana Santa?

por Antonio Abarca

56 La Capilla de la Coronación de Espinas

por Mikel Rubio

60 Oro para una Reina

por Rafael Murgui Quintero

64 Viernes Santo junto al Río Júcar Documentación

Comisión de Publicaciones de la Junta de Cofradías de Cuenca

66 Entrevista a Juan Carlos Aguilar

Coordinación

por Félix Herráiz García por Antonio Abarca

Antonio Abarca Contreras

74 El motín del Tío Corujo

Diseño y Maquetación

La Red Creativa

82 Toque, marcha y poema

Edita

Fotografía de Portada

84 Ponencia sobre Ntro. Padre Jesús Nazaneno de Sisante

Junta de Cofradías de Semana Santa de Cuenca Juan José Gómez del Río

94 75 Aniversario de la llegada del Santísimo Cristo de la Luz

por Miguel Romero

por Juan Carlos Muñoz

110 El primer sábado de duelo por la Hdad. de Ntra. Sra. de los Dolores y las Santas Marías

116 75 años del primer desfile del Cristo Yacente

por José Ángel Vicente y Juan Luis Cueva

122 La Cantera Nazarena del Huerto de San Antón 129 X X años de pasión de Cuenca desde el objetivo de una cámara

por Luis Ángel Martínez Domingo

134 Pregón Juvenil de la Semana Santa 2018. Escalofríos

por Juan Ignacio Cantero de Julián

por Carlos Román de Lerma

por Juan Aurelio Martínez

por Pablo Martínez Muñoz

Investigación 140 Doscientos años de historia compartida

Agradecimientos

A las Juntas de Diputación de las Vbles. Hdades. de Semana Santa y a los autores de los artículos y las fotografías

160 La Semana Santa de Cuenca en 1897

138

El Futuro de la Semana Santa

por José Manuel Alarcón

por Enrique Valero Moscardó

Publicidad

Eurográficas S.L.L Imprime

Eurográficas S.L.L Depósito Legal: CU-510/2008

Queremos dar las gracias a todas las entidades y empresas que aparecen en esta publicación, ya que sin su colaboración hubiera sido prácticamente imposible que este ejemplar de la revista Cuenca Nazarena, verdadero testimonio del sentimiento nazareno conquense, se hubiese podido editar.


FotografĂ­a: Ignacio Blanco


FotografĂ­a: Ignacio Blanco

Saluda

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Presidente de la Junta de Cofradías

Jorge Sánchez Albendea Gracias por leer estas líneas, las cuales no pretenden otra cosa que transmitir de manera telegráfica profundos sentimientos, líneas de actuación, recomendaciones a nazarenos y espectadores. En definitiva, reflexionar sobre dónde estamos y a dónde queremos llegar. Pues bien, sabed en primer lugar que gracias al tesón y al esfuerzo callado de unos cuantos nazarenos nuestra Semana Santa sigue creciendo en participación, lucidez y prestigio. Los actos previos a la Semana de Pasión se ven abarrotados de gente y están a la altura necesaria. Entonces, ¿qué nos queda por hacer? ¿hacía dónde debemos encaminar nuestros pasos en los próximos años? Mantener el nivel debería ser ya suficiente y el esfuerzo os aseguro que no será poco para lograrlo. Pero lo más importante es no perder la verdadera razón de esta conmemoración ancestral: la Fe y devoción a Nuestro Señor Jesucristo. Nuestras creencias como cristianos deben ser la guía en cualquiera de nuestras actuaciones. ¡Qué importante es ver la Semana Santa como un todo! Como un conjunto en el que todas sus piezas son igual de importantes, porque si cualquiera de nuestras hermandades o desfiles procesionales no está a la altura, todos perdemos. Por ello, una vez más me veo en la obligación de pediros que entendáis que por la composición que tiene la Semana de Pasión conquense no es posible limitarse a ”mi hermandad”, a “mi recorrido procesional”, pues somos lo que somos por nuestra representación cronológica, por nuestra homogeneidad, porque hombro con hombro caminamos juntos en pie de fraterna igualdad. La Semana Santa del año pasado quedó marcada por el nuevo desfile del Sábado Santo. Siempre creí en el proyecto y aposté por él aun cuando sabía la dificultad de introducir nuevos elementos en la Pasión conquense. Hoy sigo emocionándome cuando recuerdo todo lo vivido. Los nazarenos de Cuenca ya estamos presentes en la Vigilia Pascual. Somos parte de ella. No podría ser de otra manera: Cuenca ya tiene su Semana Santa completa. Por favor, cuidad el sentido con el que ha nacido y luchad por consolidar la Procesión del Duelo. Es nuestra obligación conjugar tradición, devoción y regeneración. Y así, este año, la Procesión del Perdón adelanta a las 19:00 horas su inicio. Haciendo una salida de manera simultánea con la que esperamos ganar lucidez y seguridad. En los últimos años se han modificado horarios y recorridos con gran acierto. Todavía es necesaria alguna modificación más. El tiempo dirá. La inoportuna lluvia que el año pasado hizo su aparición durante la Procesión Camino del Calvario puso a prueba los “miedos” pasados. Pues bien, dicho desfile acortó su recorrido con normalidad y sin ningún incidente digno de mención: vamos por el buen camino. El entendimiento entre Hermandades, Turbas de Cuenca y la propia Junta de Cofradías está dando sus frutos. Ha llegado la hora de acometer de manera defintiva el mecanismo jurídico que permita a las Turbas de Cuenca dotarlas de una regulación que les haga participar de una manera activa en el seno de la Junta de Cofradías. Desde hace algunos años hemos apostado por proyectar nuestra imagen fuera de Cuenca. De contar lo que hacemos y como vivimos nuestra Semana Santa. Estamos convencidos de que este esfuerzo está dando sus frutos y que la armonía, prestigio y, cada año, mayor esplendor de nuestros desfiles, tiene mucho que ver con estas acciones. Y todo esto lo podemos hacer debido a la buena salud y buen hacer de nuestras hermandades. Es un gran privilegio contar fuera de nuestros límites provinciales que CUENCA ES NAZARENA. Y así, después de habernos promocionado dos años consecutivos en Madrid, en el Circulo de Bellas Artes y en el Museo Thyssen Bornemisza, este año hemos intentado ir más allá, buscando sitios em-

blemáticos donde la repercusión del mensaje que intentamos transmitir repercuta de manera correcta y adecuada. La presentación de la Semana Santa de Cuenca esta vez será el 5 de abril, en el Círculo Mercantil e Industria de Sevilla, en pleno corazón nazareno de la capital andaluza. Allí estaremos hablando de Cuenca y su Semana de Pasión. Y lo haremos además de la mano del Consejo General de Hermandades y Cofradías hispalense con el que vamos a suscribir, por primera vez en la historia de las máximas instituciones de representación nazarena, un Acuerdo Marco de Colaboración. Si importante es la divulgación, no menos es la educación, el enseñar los valores que nos son propios a los más jóvenes. Seguid invirtiendo tiempo en ellos pues son los garantes del futuro. Una decisión poco afortunada y, bajo mi punto de vista, de difícil justificación, pone la campaña electoral a unas elecciones generales durante la Semana más grande que muchos españoles tenemos. Pues bien, espero y deseo que seamos ejemplo de libertades y respeto y que podamos convivir sin molestarnos. La Semana Santa en Cuenca nos une a todos. Es el único momento en el que caminamos, unos tras otros, bajo el anonimato del capuz sin importarnos otra cosa que no sea conmemorar el inmenso legado que nuestros padres y abuelos construyeron con tan gran acierto. Por supuesto, desde la Junta de Cofradías velaremos por mantenernos totalmente al margen de cualquier utilización que se pretenda hacer. Me sigue preocupando la excesiva comercialización de nuestra imagen. Resulta paradójico que gracias a nuestro trabajo y puesta en escena, gente ajena a nosotros genere un beneficio particular, sin que nada de ello repercuta en las hermandades ni en la propia Junta de Cofradías. Soy consciente de la dificultad de regular este problema pero algo tendremos que hacer pues, por desgracia, nuestro modelo tiende a la autofinanciación. ¡Qué alegría me produce nuestro Museo! Hoy rebosa de salud, de vida. Es un espacio alegre, estable, recién remodelado… Un lugar donde poder juntarnos cualquier día del año porque sus actividades son continuas y variadas. Sin duda, el esfuerzo ha valido la pena. Ojala, pronto, seamos capaces de acometer la remodelación de la primera planta. Ahora sólo falta vestirnos de hábito penitencial para acompañar a nuestras Sagradas Imágenes, para dar testimonio de lo que somos y en lo que hemos sido educados. Por favor, cuidad la uniformidad, sed respetuosos, recordad que la humildad y sencillez nos caracterizan. El respeto y la devoción se demuestran en el silencio que debe presidir nuestra participación en los desfiles procesionales. Serán los detalles los que nos sigan haciendo crecer, detalles sobrios y elegantes. Cuenca está preparada para ser el perfecto escenario de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Ha llegado nuestro tiempo. Gracias a la Junta de Diputación por su apoyo incondicional y continuo. Os estoy muy agradecido. Mil gracias a mi Comisión Ejecutiva, sin ellos yo no estaría hoy aquí. Sois un gran equipo. Gracias Toñín por estos años y por tú amistad, siempre has estado a mi lado. Marta, Jesús, Jorge y Rut, siempre conmigo, siempre juntos. Mi sueño ha sido posible por vuestro sacrificio. ¡Disfrutad de vuestra Semana Santa y Feliz Pascua de Resurrección!

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Fotografía: Juan Gómez del Río

Saluda

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Delegado Episcopal en la Junta de Cofradías

Joaquín Ruiz Requena Acercarnos a la Semana Santa es acercarnos a uno de los aspectos centrales del Misterio de Cristo: Redención y Glorificación. Es acercarnos como Moisés al misterio de la zarza ardiente en el monte Sinaí cuando Yahveh le pide descalzarse porque el terreno que pisa es sagrado. Es acercarnos al misterio de la Redención con admiración, con respeto, con actitud de adoración. Unos meses atrás contemplábamos a este Dios que se hace hombre: el misterio de la Encarnación. Este Dios que se viene a este mundo, este Dios que nace en un pesebre envuelto en pañales, en la pobreza y sencillez para traer la Salvación a la humanidad, para hacerse uno de nosotros compartiendo en todo nuestra condición humana excepto en el pecado. Este Dios que pasa por el mundo haciendo el bien, liberando a los oprimidos por el mal. Y sin embargo llega el gran Misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección. Este Dios llega al culmen del anonadamiento en la cruz. Este Dios muere en la cruz. Carga con tus pecados y con los míos, carga con todo el mal de la humanidad. Varón de dolores, como lo llama el profeta Isaías. “Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta”. Es el escándalo de la Cruz. Allí donde se produce el máximo dolor, la máxima oscuridad, se produce también la máxima revelación de Dios. Pero la muerte no tiene la última palabra.” Aquel a quien vosotros matasteis , colgándolo de un madero, Dios lo ha resucitado de entre los muertos”. Dios Padre es quien lleva a cabo el misterio de la Resurrección. La Vida nueva triunfa sobre la muerte, la luz sobre la tiniebla, la gracia sobre el pecado. A ti, nazareno que participas en la procesión con tu hermandad; a ti, bancero que cargas sobre tu hombro el peso de ese Cristo o de su madre o de unos de los partícipes de la Pasión; a ti, espectador que contemplas el desfile procesional o a ti, que desde la distancia lees estas líneas, te invito a introducirte en este Misterio Pascual. Con silencio, con admiración, con adoración. Misterio de Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Te invito a recorrer con este Cristo, con María, su Madre, este camino que lleva a la Resurrección.

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Entrevista

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Por Berta López

El Pregón más completo, más sublime y más lleno de verdad, es el que ha hecho Cristo con su Resurrección gloriosa

Cuando el Cardenal Carlos Amigo se dirija a los nazarenos de Cuenca el Viernes de Dolores, será el noveno religioso en hacerlo como Pregonero de la Pasión. Conversar con el arzobispo emérito de Sevilla es recibir una lección de fortaleza en la Fe con cada palabra. No en vano el Pregonero de la Semana Santa de Cuenca colgó en su juventud los estudios de medicina para seguir la llamada de la Fe, una Fe que transmite y que contagia, que hilará su Pregón y de la que ha hecho su forma de vida. Amante de las bellas artes y del conocimiento, su voz transmite sabiduría y firmeza, pero también humildad y curiosidad. Su Pregón, uno de los más esperados en Cuenca en los últimos años, promete ser memorable. ¿Cómo afronta el hecho de ser Pregonero de la Semana Santa de Cuenca? Como un honor muy grande. No solo porque la Semana Santa de Cuenca sea una Semana Santa declarada de Interés Turístico Internacional. Más allá de eso, la Semana Santa de Cuenca tiene una profundidad de expresiones, de vivencias y una fe profunda muy arraigada de muchos años, así como una belleza inigualable. Por todo ello, pregonarla es para mí algo que recibo como un honor y como una gran responsabilidad. No puedo disimular el gozo que significa este oficio de Pregonero, pues supone hablar de las creencias que llevo en lo más hondo de mis sentimientos. En cuestiones de Semana Santa, en Cuenca las cosas se suelen hacer muy bien, tiene una solera, un estilo, unas esencias. Y esto es una responsabilidad que asumo con mucha ilusión y honor y gratitud hacia quienes me han propuesto.

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Entrevista

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Cuando le propusieron ser Pregonero de la Semana Santa de Cuenca ¿ya conocía nuestras procesiones? Cuenca como un pueblo que sabe cuál es su fe y cómo manifestarla. He estado en Cuenca en varias ocasiones: de visita, impartiendo conferencias, en algunos actos e incluso he asistido recientemente a la Exaltación de una hermandad. Cuenca no es para mi distante, ni tampoco su Semana Santa. Sin embargo, a pesar de conocer la Semana Santa de Cuenca y de saber que en Cuenca se hacen las cosas bien, cuanto más leo, descubro más datos de Cuenca interesantes y desconocidos para mi. ¿Cuáles serán las líneas generales de su Pregón? ¿Qué quiere contarnos Carlos Amigo el Viernes de Dolores? Es un Pregón y, por tanto, se trata de anunciar algo. Y se trata de hacerlo con entusiasmo, de ayudar a que la gente viva aquello que se anuncia, y que es nada más y nada menos que la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Hablar de la Semana Santa de Cuenca es hacerlo de banceros, borriquetas, de horquillas, de puestas en andas, de capuces y túnicas, de clarines desafinados y de tambores roncos, de silencios y lágrimas, de nazarenos y tulipas. De turba, de turba, de turba… Qué forma más original de rezar tienen en Cuenca. Mi Pregón lo haré con el lenguaje que le es propio a la celebración, con palabras que todo el mundo pueda entender. La Fe ¿será la columna vertebral de su Pregón? Sí, pero no solo hablaré desde el punto de vista de la Fe. La Semana Santa de Cuenca, desde cualquier aspecto que la mires, es excelente: en belleza, en música, en tradición, en imágenes… pero, todo esto tan magnífico, no tendría alma si no tuviera asociada la vivencia religiosa. Es mi obligación hacer sentir así el alma de la Semana Santa desde la fe, pero también teniendo en cuenta toda la tradición, la emoción, y la vivencia de la gente en la calle. Es esa la emoción que quiero transmitir. Ha pregonado la Semana Santa de Medina de Rioseco, la de Valladolid, la de Murcia, la de León, la de Zamora… ¿Cómo debe ser, en su opinión, un Pregón de Semana Santa? Como dije en mi presentación a los conquenses, el Pregón más completo, más sublime y más lleno de verdad, es el que ha hecho Cristo con su Resurrección gloriosa.

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Entrevista

El Pregonero de la Semana Santa de Cuenca de 2019 nació en Medina de Rioseco (Valladolid), en agosto del año 1934. Ingresó en la Orden de los Hermanos Menores (Franciscanos), de la que era Provincial de la Provincia Franciscana de Santiago al ser nombrado en 1973 Arzobispo de Tánger. Inició los estudios de Medicina en la Facultad de Valladolid, abandonándolos al ingresar en el noviciado de la orden. Ordenado sacerdote, cursó en Roma estudios de Filosofía y de Psicología en la Universidad Central en Madrid, habiendo sido profesor en centros de educación especial y de Filosofía de la Ciencia y de Antropología. Como obispo, participó en diversas ocasiones en el Sínodo de los Obispos y ha formado parte de la Pontificia Comisión para América Latina y del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud. En 2011 fue Legado Pontificio para el V Centenario de la erección de las primeras diócesis americanas. Arzobispo de Sevilla desde el 22 de mayo de 1982 al 5 de noviembre de 2009, fue creado Cardenal Presbítero en octubre de 2003, con el título de la Iglesia de Santa María de Montserrat de los Españoles; como tal, tomó parte en el cónclave que eligió a Su Santidad Benedicto XVI. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro del Comité Ejecutivo (1984-1987 y 2005-2009), habiendo desempeñado los cargos de Presidente de las Comisiones Episcopales para el V Centenario de la Evangelización de América (1984-1993), de Obispos-Superiores Mayores (1993-1999) y de Misiones y Cooperación con las Iglesias (1999-2005). En 1993 organizó en Sevilla el Congreso Eucarístico Internacional, el cual contó con la presencia del Beato Juan Pablo II. Vocal de la Comisión Nacional para el V Centenario del Descubrimiento de América y miembro del Comité de Expertos de la Exposición Universal de 1992, ha recibido reconocimientos honoríficos y académicos en diversos países de Hispanoamérica y en España. Es Hijo Predilecto de Andalucía (2000), así como Hijo Adoptivo de la Provincia de Sevilla

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(2011), contando también con esta distinción en varias localidades de la Archidiócesis. Autor de numerosas publicaciones y participante en congresos y semanas de estudio, es miembro de las Reales Academias de Buenas Letras, de Medicina y de Bellas Artes, de Sevilla, y de la Academia de Ciencias Sociales y Medio Ambiente de Andalucía. Fuera del entorno eclesiástico es miembro de las reales academias de Medicina, Buenas Letras y Bellas Artes de Sevilla. Ejerció de vocal de la Comisión Nacional para el V Centenario y miembro del Comité de Expertos de la Exposición Universal. Además es miembro de honor de la Hermandad de Jesús Atado a la Columna de Medina de Rioseco, cofradía penitencial que desfila en la Semana Santa de la ciudad, y a la que pertenece Carlos Amigo desde la infancia. Muy vinculado a Valladolid, su provincia natal, fue pregonero de su Semana Santa en 1988 y ocupó la tribuna de la plaza Mayor en el Sermón de las Siete Palabras de 2010, año en que acompañó las celebraciones de Semana Santa por encontrarse la archidiócesis de Valladolid sin arzobispo, tras el traslado a Toledo de monseñor Braulio Rodríguez y pendiente de nombramiento monseñor Ricardo Blázquez como prelado de la diócesis. Regresó en 2016 como pregonero de la Cofradía de Jesús Nazareno. La labor evangelizadora de Carlos Amigo no se circunscribe sin embargo solamente al ámbito eclesiástico. El Pregonero de la Semana Santa de Cuenca de 2019 es autor de 28 libros entre los que destacan Caminar con Francisco de Asís; Cristianos y musulmanes; Humanismo y esperanza; El perfil misionero del sacerdote diocesano; Profetas para el 2000: lectura y comentario de la exhortación “Vita Consecrata”; Evangelización y ministerio pastoral; Testigos del amor a la Iglesia: aproximación a una eclesiología de la vida religiosa; o Sacerdotes, así como de un número notable de colaboraciones en libros, revistas y diversas publicaciones en multiformato. Amigo es además conferenciante y sus ponencias son muy apreciadas.


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Entrevista

Entrevista al Cartelista de la Semana Santa 2019

Por Berta López

Dice Javier Romero, Cartelista de la Semana Santa de 2019, que lo que hace especial fotografiar la Pasión conquense no es la luz, ni el colorido, ni la expresión de las tallas. Que no son las sombras, ni los contrastes, ni las texturas. Que lo que hace única nuestra a Semana Santa para quien la mira a través de su objetivo es “el sentimiento” ligado a ella, ese “poder aderezar tu fotografía con un sentir nazareno y plasmar una tradición que pasa de padres a hijos durante cientos de años”. Nuestro Cartelista forma parte intrínseca de esa tradición, pues es hermano de la Congregación de Nuestra Señora de la Soledad y de la Cruz y de la V. H. Benéfico-Religiosa de Excombatientes de San Pedro Apóstol, de la que habitualmente es bancero. Y la ha transmitido también, de ahí que una de sus ilusiones sea esperar el momento de “ disfrutar del día en el que tenga a mi lado portando a mi querido San Pedro a mis hijos, Alejandro y Alberto”. Como fotógrafo nazareno, dice Romero que “ lo que más me ha llenado, después de muchos años de trabajo, es haber tenido el honor de realizar el cartel de la Semana Santa de Cuenca 2019”. Un Cartel que habla de Cuenca para Cuenca y de Cuenca para el visitante. Una obra dual que muestra, además, la dualidad de la Semana Santa: Pasión y Esperanza, Amor y Sacrificio, Sufrimiento y Redención. Fe y tradición unidas en una de las imágenes que más devoción despiertan en la ciudad.

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¿Cómo ha sido el proceso de creación del Cartel? ¿Por qué has usado una técnica mixta entre fotografía y pintura? El proceso de creación ha sido muy laborioso y en el que he empleado muchas horas, dado que fusionar fotografía y pintura implica que el cartel esté trabajado en múltiples etapas. Evidentemente he combinado fotografía y pintura porque es la técnica que estoy utilizando en los últimos años y creo que es con la que consigo dar un realce y volumen especial a las imágenes. La idea original que tenías en mente cuanto te nombraron Cartelista y la que has plasmado al final ¿eran la misma o ha evolucionado de alguna manera? Solo decirte que tenía una idea muy clara y era que quería un cartel basado en la esencia de la Pasión. En la que los elementos que la compusieran reflejaran lo más extremo del amor y el

sufrimiento al que Jesús fue sometido. Por ello, uno de los principales elementos que se convirtió desde el primer momento en protagonista del cartel fue la cruz de sangre que reflejaba todo ese dolor y sufrimiento. Evidentemente después de eso fue tomando forma y se convirtió en el cartel que es ahora, pero al final he conseguido ser fiel a la idea inicial. Tu Cartel reúne las dos figuras fundamentales de la Semana Santa de Cuenca y los dos sentimientos clave: el sacrificio en el Hijo y la esperanza en la Madre. ¿Por qué has escogido esta simbología para el Cartel? Porque son los dos grandes protagonistas de la Pasión, los dos grandes sufridores y porque crean un contraste perfecto entre el amor de la Madre hacía su Hijo y el inmenso sufrimiento que el Hijo ha dejado atrás plasmado en la cruz de sangre.

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Entrevista

Me gustaría que el conquense se viera reflejado en el sentimiento nazareno del Cartel y que el visitante se sienta atraído y venga

Además y tal y como explicaste en la presentación, tu Cartel tiene claras referencias a monumentos emblemáticos de Cuenca porque pretende ser una herramienta para la promoción turística de la ciudad. ¿Cómo ha sido el proceso hasta conseguir un Cartel simbólico para el conquense y atrayente para el visitante? Tenía clara una cosa, que Cuenca tiene el privilegio de contar con una Semana Santa de Interés Turístico Internacional y que además tiene como escenario una ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad, algo que muy pocas Semanas Santas pueden decir. Creí que era primordial para el cartel que esa combinación quedara reflejada y para ello conjugué una de las imágenes más bellas de nuestra Semana Santa con uno de los paisajes más emblemáticos y reconocibles de cara al exterior de nuestra querida ciudad. Todo ello acompañado por una amalgama de capuces de diferentes colores, los colores de la Semana Santa de Cuenca, que vienen a representar el momento en que todos los nazarenos conquenses de las diferentes hermandades nos unimos en el dolor con un gran sentimiento de hermanad, para acompañar a Jesús ya sin vida, y a la madre en su sufrimiento. En el horizonte puede adivinarse el Cerro de la Majestad que, con sus tres cruces, preside nuestra ciudad durante la Semana de Pasión. Este bello paisaje se desvanece en forma de viejo pergamino, en el que puede leerse un fragmento del Stabat mater, que nos habla del silencio de María ante tanto dolor. Con todo ello creo que he conseguido llegar a los conquenses y hacer un cartel atractivo para los visitantes. ¿Qué te gustaría que viera el conquense cuando mire el Cartel? ¿Y el visitante? El conquense que se viera reflejado en él y que viera que está cargado de espíritu nazareno. Y el visitante que se sintiera a primera

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vista atraído tanto por nuestra Semana Santa como por su ciudad y que desde el primer momento fuera consciente de la grandeza de lo que anuncia el cartel. ¿Cuánto tiempo has dedicado a la confección del Cartel, desde la idea y bocetos previos hasta que pusiste el punto y final? La cantidad de detalles que tiene ¿fueron surgiendo o estaban en el boceto mental inicial? Han sido un par de meses de intenso trabajo, pues el cartel lleva gran cantidad de detalles. Muchos de ellos, como te he comentado antes, estaban en la idea y el boceto original, pero algunos que al final han terminado siendo de gran importancia se han ido perfilando durante su confección. Como he explicado en más de una ocasión cuando inicias el cartel con el boceto original, en la mayoría de las veces, él solo va cobrando vida y te va pidiendo los detalles, las pinceladas y los colores que necesita. ¿Cómo es un buen Cartel de Semana Santa, según la visión de Javier Romero? ¿Qué debe mostrar? ¿Qué debe transmitir? Como su propia palabra lo dice, un cartel anunciador, lo primero que debe de hacer es anunciar y para ello debe ir cargado de información, que bien combinada y tratada refleje a primera vista, cuál es el evento que desea promocionar. Dentro de todo eso, una vez conseguido eso que no deja ser mera información, se debe aderezar con un gran sentimiento nazareno que le aportará alma y el corazón, y que conseguirá que finalmente se convierta en un cartel que esté cargado de argumento y cuente una historia. En esta ocasión la más bella historia jamás contada de amor y sufrimiento.


Haber trabajado durante mucho tiempo la imagen relacionada con la Semana Santa de Cuenca (en prensa gráfica, en exposiciones, en la propia Cuenca Nazarena…) ¿es una ventaja o un inconveniente a la hora de concebir un Cartel? Es una ventaja, porque eres conocedor de qué debes de plasmar para llegar al corazón de la gente. Ya que durante estos años con mis trabajos he podido comprobar, experimentado con diferentes técnicas, qué es lo que más aceptación puede llegar a tener. Además, al tener una dilatada trayectoria artística he conseguido que la gente identifique mi estilo propio en cada una de mis obras. A través de tus 25 años de trayectoria profesional y artística relacionada con la Semana Santa vemos una evolución clara en nuestra celebración y también en tu forma de representarla. ¿Cómo se veía antes y cómo se ve ahora la Semana Santa a través del objetivo de Javier Romero? ¿En qué ha cambiado? ¿Qué se ha mantenido? Gran parte de mi trayectoria ha estado basada en la fotografía informativa por lo que mis imágenes sobre Semana Santa estaban destinadas a su publicación en los medios de comunicación, así que la estética, las luces y los detalles pasaban a un segundo plano y primaba que la fotografía estuviera cargada de información para el lector. Sin embargo, cuando dejé de lado la fotografía informativa y me centré más en la fotografía de autor, además de empezar a disfrutar muchísimo más de la Semana Santa, comencé a tener tiempo para seleccionar con más calma, lugares y momentos que hicieran de mis fotografías algo especial y llamativo y que le aportan un porcentaje de creatividad mucho más alto. De hecho, una de las pruebas más evidente fue mi primer libro sobre la Semana Santa ‘Alma Nazarena’ en el que todavía dedicándome a los medios de comunicación empecé a reflejar el lado más humano y nazareno de nuestra Semana de Pasión.

Pero lo que siempre he mantenido y ha sido primordial para mí, es que primero hay que pensar qué imagen, qué lugar y qué encuadre necesito y después disparar tú cámara. Sin necesidad de hacer cientos de fotografías que luego tengas que revisar por si en alguna de ellas has conseguido plasmar lo que querías. Todo eso creo que es algo que mantenemos todos los fotógrafos que trabajamos en la etapa analógica, en la que trabajando con carretes de negativos que solo disponían de 36 fotografías, y que además tenías que posteriormente revelar. Por lo que te veías obligado a pensar qué foto querías y después hacerla. Ahora, con las cámaras digitales que portan tarjetas de memoria de increíble capacidad, puedes realizar miles de fotografías de una procesión y después revisarlas tranquilamente para ver si hay algo que te convence. Y el Javier Romero nazareno… ¿Cómo ha evolucionado? ¿Qué significa ahora la Semana Santa para él? En los primeros años, debido a mi trabajo, tenía muy poca oportunidad de participar en la Semana Santa como nazareno debido a que, aunque seguía constantemente las procesiones, era desde mi faceta de informador gráfico. Pero al abandonar esa etapa, aunque siempre ligado al mundo de la comunicación pude experimentar, disfrutar y participar en los desfiles procesionales desde dentro y en todo lo que previamente y después conlleva, como puede ser la puesta en andas, comidas de hermandad, funciones... Algo que sigo disfrutando y que inspira más aún cada una de mis obras. A la vuelta de los años... ¿Cómo crees que recordarás haber sido Cartelista de la Semana Santa de Cuenca? Con mucho cariño y orgullo. Y como una etapa de mi vida en la que se me reconoció una trayectoria de muchos años participando y colaborando activamente en la promoción de nuestra querida Semana Santa a través de mis obras.

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Entrevista

Retrato de Javier Romero sobre fondo nazareno Su primer recuerdo de Semana Santa es una estampa de Viernes Santo. Son aquellas madrugadas en las que, siendo muy pequeño, subía con su hermano a llevarle el bocadillo a su padre “que participaba como capataz de las Turbas en Camino del Calvario”. En su memoria, Javier se ve a través de los años como en una fotografía, ahora sentado sobre el tambor de su padre, ahora tocando, porque la memoria es eso: retratar lo que añoramos. Y los recuerdos, aunque parezca mentira, se conservan a veces mejor que las fotografías. Nuestro Cartelista reconoce no recordar su primera instantánea nazarena, cámara en mano, porque “son muchos años dedicados a la Semana Santa”, pero aventura que sería “ de alguna puesta en andas en la iglesia de El Salvador”. Lo que sí recuerda, tan vívido como si acabara de retratar el momento, es “ la llegada de San Pedro a la puerta de la Diputación, cuando comienza a sonar La Saeta” porque “aunque con un tremendo cansancio en el cuerpo después de portar el paso durante toda la noche, una inyección de adrenalina invade tu cuerpo”. Es ese momento sin el que, para Romero, es como si no fuera Semana Santa. Si tuviera que quedarse con un sonido, sería “el crujir de las horquillas”. Y él, que ha hecho miles de fotografías de la Pasión en Cuenca a lo largo de sus 25 años de trayectoria se queda, sin embargo, con una (que es además la que más veces ha hecho y la que más le gusta hacer): “El momento en el que el Jesús de las Seis hace su entrada triunfal a la Plaza Mayor, ante miles de turbos y público en general. Es una imagen que he plasmado en varias ocasiones y no por ello deja de sobrecogerme. Y me gusta repetirla no simplemente por el hecho de que pueda captar algo diferente que no haya plasmado el año anterior, sino por lo que me hace sentir ese momento”. Sentir. Empezamos esta entrevista hablando de sentimiento y hablando de sentimiento la terminamos. Porque la Semana Santa, en Cuenca, se escribe con S de Sentir.

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Enrique Martínez Gil David Culebras José Antonio Panadero Irene Cano Lozano Vicente Tofiño Pedro Muñoz 28 Cuenca Nazarena


Enrique Martínez Gil

Cámara: Canon EOS 5D MARK II Objetivo: Canon 24-105 mm F4 L Datos EXIF: F 4,5 · 1/320 · ISO 200

En fotografía puedes trabajar con la luz, con las formas y con el color. En este caso he jugado con la importancia del color, con una composición muy focalizada donde un pequeño detalle de la cabeza de la Virgen pasando, con su intenso color morado, da sentido al resto.

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David Culebras

Cámara: Nikon D200 Objetivo: Nikkor 18-20 VR Datos EXIF: ISO 400 · 1/100 · F9 · 200 mm

La tensión de la lluvia hace a una semana santa más humana, aparece el temor que que se acabe antes de tiempo o que la espera de un año ni tan siquiera no tenga recompensa ni con la salida de las imágenes, es más inquietante una pequeñas gotas, un que si, que no que genera en el ambiente desasosiego y preocupación, es difícil ver imágenes con lluvia o con los restos de ella, puesto que las previsiones actuales y las tecnologías al alcance es difícil que den lugar a ello, pero le confieren sin duda a las tallas un aspecto más noble, más auténtico y si me apuras más humano.

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José Antonio Panadero

Cámara: Sigma SD1 Merrill Objetivo: Sigma: 24-70 Datos EXIF: F 7.1· 1/160· ISO 160

Domingo de Ramos, calle Palafox, ésta junto a la del Peso, son mis preferidas para la fotografía en Semana Santa, debido a que permite al fotógrafo moverse con cierta soltura sin molestar a nadie y porque siempre procuro incorporar a la composición fotográfica las ricas y variadas texturas de sus paredes, con esos colores desgastados por el paso del tiempo y en donde el agua y el viento dejan su huella, haciendo que la fotografía cobre otra dimensión entre el clasicismo y la abstracción. Los nazarenos con sus capuces y sus coloridas palmeras cobran, si cabe, más protagonismo y nos indican que ya estamos en Semana Santa.

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Cámara: NIKON D90 Objetivo: Sigma 17-70 mm F2,8-4 Datos Exif: F 3,2 · 1/60 · ISO 3.200

Irene Cano Lozano

Mientras los hermanos esperan ansiosos bajo el sol del Jueves Santo de 2016 a que aparezca la majestuosa imagen de Nuestra Señora de la Soledad del Puente, al otro lado del umbral, cuarenta corazones latiendo al unísono se mueven cuidadosamente bajo el imponente palio, dispuestos a darlo todo, como si de dicha penitencia dependiera el avanzar del tiempo.

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Cámara: EOS 1DS MARK II Objetivo: Canon 24-70 mm F2,8 L Datos EXIF: F 3,2 · 1/800 · ISO 200

Vicente Tofiño

Planteo lo anecdótico dentro del orden de la linealidad de la escalera con el contrapunto de las miradas furtivas de las niñas. Dos puntos de interés que equilibran una foto en principio desequilibrada.

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Pedro Muñoz

Cámara: SSIGMA SD 14 Objetivo: 50mm- 85mm equiv Datos EXIF: 1/60, F/2 – 2.8, ISO 800, exposición 0.7

En las puestas en andas, donde los cofrades y las Imágenes se sitúan en un mismo plano espacial, se producen situaciones sorprendentes, que forman parte de la Semana Santa anterior a los desfiles. En la fotografía la mirada de Jesús Nazareno se dirige hacia abajo donde sólo se ven unas manos que descargan la Cruz, ésta ocupa las diagonales de la toma. El ojo del espectador discurre en una secuencia mirada-cruz-manos-mirada y así nuevamente.

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Fotografía: Roberto Nieva

Opinión

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Por Antonio Abarca Contreras Es el signo más destacado del Tiempo Pascual. La palabra “cirio” viene del latín “cereus”, de cera. El producto de las abejas, representación de la pureza. El cirio más importante es el que se enciende en la Vigilia Pascual como símbolo de Cristo - Luz, y que se sitúa en sitio destacado en el tiempo que dura la Pascua.

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Opinión

El Cirio Pascual es ya desde los primeros siglos uno de los símbolos más expresivos de la Vigilia Pascual. Fuera del templo y en medio de la oscuridad, los fieles se reúnen alrededor del Fuego de Pascua para comenzar su tiempo de vigilia. No es una espera meramente pasiva, sino que es un tiempo en el que se anhela el levantamiento triunfal de Cristo sobre la muerte. Después de que la comunidad ha sido recibida, la primera acción es la bendición del Fuego de Pascua y de la Vela de Pascua. El Cirio, normalmente, es mucho más grande que cualquier otra vela utilizada en la Iglesia durante el año.

Fotografía: Roberto Nieva

Significado del Cirio Pascual y del Rito Marcado con las heridas de Cristo, el Cirio Pascual se convierte, por un momento, en Jesucristo sepultado en la tumba, sin vida. Y entonces, una llama tomada del Fuego de Pascua, enciende el Cirio y le da vida, que significa que la Luz del mundo ha regresado, ha vuelto de las penumbras, de ella, nosotros mismos sacamos luz y la Iglesia vuelve a la vida. Un sacerdote porta entonces el Cirio Pascual en procesión al templo que se encuentra también en ese momento a oscuras. Al principio la única luz es la luz del Cirio Pascual, Lumen Christi”: La luz de Cristo. Desde este fuego vivo encendido que es el Cirio Pascual, da comienzo entonces el encendido del resto de las velas sostenidas por los asistentes a la Celebración, dando a entender que en cada uno de ellos ha nacido el Salvador. La luz se multiplica en la iglesia a través de cada uno de los asistentes y la oscuridad se desvanece, siendo éste uno de los momentos más emotivos de la Vigilia Pascual. Nosotros, los que estamos unidos a Cristo por medio del bautismo, se nos recuerda que a través de esta acción somos siempre portadores de la Luz de Cristo, sus testigos en el mundo. Seguidamente se coloca el cirio en la columna o candelabro que va a ser su soporte, y se proclama en torno a él, después de incensarlo, el solemne Pregón Pascual. El Cirio Pascual nos conduce a la Vigilia Pascual, y desde esa Vigilia mantenemos la vela, para servirnos a lo largo de la Pascua, en todas nuestras liturgias, como signo potente del Cristo resucitado y de la nueva vida que nos ofrece.

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El Cirio Pascual estará encendido en todas las celebraciones durante las siete semanas de la cincuentena pascual, al lado del atril de la Palabra, hasta la tarde del domingo de Pentecostés. Una vez concluido el tiempo Pascual, el Cirio Pascual se conserva dignamente en el baptisterio hasta ser sustituido por el del año siguiente. El Cirio Pascual también se usa durante los bautizos y en las exequias. Es decir, al principio y el término de la vida temporal en la tierra, simbolizando que un cristiano participa de la luz de Cristo a lo largo de todo su camino terreno, como garantía de su definitiva incorporación a Luz de la vida eterna. Símbolos del Cirio Pascual La Cruz Una cruz central identificada en el centro de vela, símbolo de los padecimientos y el sacrificio de amor de Jesús por nosotros. Los Clavos Cinco clavos con incienso insertado en el centro y en cada uno de los extremos de la cruz simbolizan las cinco llagas de Cristo muerto y resucitado. Letras griegas ALFA y OMEGA Las letras griegas alfa y omega, inicio y final del alfabeto griego, significando que Cristo es el principio y el fin de todas las cosas, y que la Palabra de Dios está presente desde la creación y hasta el fin de los tiempos. El Año presente El año actual indica que Cristo está presente no sólo al principio y al final de los tiempos, sino a lo largo de la historia y entre los reunidos en cada momento alrededor del Cirio Pascual. Hay otro simbolismo presente en la vela pascual. Un simbolismo expresado en la forma en que, al cumplir su propósito, el de llevar luz para nosotros, la sustancia misma de la vela se consume. Es como si la vela misma se sacrificara para recibir luz. No lo olvidemos, el Cirio Pascual representa la presencia eterna de Cristo, la Luz del Mundo, en medio de su pueblo.


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Fotografía: Ignacio Blanco

Opinión

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Por Juan Luis Cueva Medina Rasca el sol del Lunes Santo el horizonte. El celeste se torna en un dorado bermellón que anuncia la salida del Señor. Este ocaso, es símbolo de la muerte, más será vencida por el amanecer que prometiste. Pronto la oscuridad torna en la serranía, Cristo, el de la Vera Cruz, un año más se crea el escenario de la Pasión. Custodian tu señorío los bellos arcos de tu palacio catedralicio, otrora dorados y sosegados por las últimas luces del Sol, ahora, blancos marfileños, iluminados, altivos e impacientes. En el interior del pétreo templo, bajo las grandilocuentes bóvedas, tu figura Señor, iluminada por el fuego de cuatro llamas se retuerce en la Cruz. De repente, silencio, roto por la campana y voces estremecedoras acompañan tu mudo andar. Cristo entre bóvedas, ¡Señor de la sapiencia! El pueblo conquense aguarda en la fría noche que lo ilumines ante tan aciago destino, tu cruel final, la tortura que nuestros pecados te causaron. Tu rostro, espejo de dolor exhala mirando al fin al cielo suplicante, agonizante. Tus hermanos, vistiendo hábitos oscuros como una noche sin luna te acompañan como testimonio de amor hacia ti, Redentor. Portan grandes cirios, que, con tintineante brillo rompen la penumbra. Velas penitentes, que son ofrenda a ti Cristo. ¡Oh vela triste! ¡Dulce es tu condena! Que, al calor de la llama, tu cera lacrimosa desliza sutiles lágrimas sobre las empedradas mejillas de mi Cuenca amada. Cada lágrima lleva consigo el dolor de los Hermanos que están con el Padre en el Reino de los cielos y que tiempo atrás, como mortales fueron testigos de este bello sueño. Avanza el Señor, desciende de la piedra y la hiedra entre aceras expectantes. San Felipe, San Andrés, El Salvador, y tantos otros templos se convierten esta noche en ambones de vida y de enseñanza, en ellos se produce el descenso de tu Espíritu Santísimo convertido en palabras de reflexión, salidas de lo más hondo del alma. Será, sin duda, esta noche tiempo de muerte y dolor. Pero también de penitencia y reflexión. Llegará de ti, Cristo de la verdadera Cruz, la única, sabiduría y consuelo a tu fieles devotos, mortales y pecadores, pero que no olvidan que la medida de todo cuanto es importante, se encuentra entre uno y otro clavo de tus brazos. Doloridos brazos extendidos en forma de un abrazo de amor, que será consumado cuando la cera de Lunes Santo llore por ellos. Y yo Señor, solo te pido que guardes mis fuerzas para que tras muchos ocasos pueda seguir llorando ante tu mirada.

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Opiniรณn

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Por Ramón Carlos Rodríguez Yo siempre estoy en Cuenca aunque me encuentre lejos. Exiliado de la ciudad de la infancia, el alma sigue viviendo en la misma casa de los días azules, la morada que habitan mis mejores jornadas, aquéllas que me abrigan cuando todo es hostil. En el exilio no hay puentes que conduzcan a la dicha de atravesarlos sabiendo que en la ribera del Júcar, tras los muros de otoño de la iglesia añorada, él descansa esperando tu eterno retorno. Es el exilio la ausencia de su rostro en mi mirada, y es la intemperie insalvable de hallarse en casa ajena cuando el Señor está en la calle. Si el primer plenilunio de la primavera te trae la certeza de que ese año no caminarás tu ciudad al encuentro de sus pasos, tu orfandad será un abismo alojado en tu cuerpo hasta que no divises de nuevo su alada compostura hermoseando la tarde. Por eso al volver a Cuenca, el corazón se ensancha, retomo los senderos que el tiempo borró en vano, abrazo los recuerdos que esperan en la sombra y el mundo me sonríe, resumido en su luz.

Por seguirte en tu calvario mi corazón te acompaña la tarde de Jueves Santo. El niño que fui me llama camino de San Antón, donde aguardan tu llegada, desempolvadas tulipas y cruces enamoradas. Cada año esperan su llegada los enamorados del rito ancestral de la pasión de Cristo, los que enarbolan su tulipa en distintas hermandades, o prueban su fortaleza bajo el banzo día sí, día también. Yo, sin embargo, sólo soy de la Caña, de la muy antigua, ilustre y venerable Hermandad penitencial de nuestro Padre Jesús con la Caña, la del orgullo humilde que se hace presente sobre un fragor de bambúes, la que viste a mi ciudad cada Jueves Santo con su esplendor carmesí.

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Opinión

La espera llega a su fin. Las cuatro y media en Mangana. Miríadas de nazarenos inundan la tarde santa, y al compás de los recuerdos, caminando con el alma, se entregan bajo el capuz, conversan con la mirada. Y es que no hace falta decirse nada cuando se acude al reclamo de la alegría del reencuentro, y la memoria golpea tus sienes poblando el camino de amor y añoranza, el tiempo abolido en el presente efímero que huye al pasado de un niño que marcha detrás de la estela del primer nazareno, siguiendo el ejemplo de los que antes que él, ya se conmovieron con la representación del dolor en la ciudad hecha calvario, en sus calles empedradas de lamentos. Alegría y dolor, felicidad y angustia, amor y agonía, los sentimientos trenzan su corona de espinas en torno al rito atávico, alrededor de nuestra vida. El Júcar refleja púrpura, las ramas parecen lanzas, la hoz entera cobija a Jesús el de la caña. Cuánto amor en esa herida cuánta dicha demorada, cuántas noches de vigilia van sosteniendo tu marcha. Cuántas noches de vigilia sostienen nuestra pasión desde hace cinco siglos, ese quinto centenario presentido que está buscando el historiador que lo fije en el tiempo definitivamente, y por fin desentrañe el misterio de aquella primera procesión dedicada al culto de la Vera Cruz. Somos los herederos de los padres franciscanos que difundieron en el origen la veneración de la pasión de Jesús, a través de cofradías con hermanos de luz y hermanos disciplinantes, y de los miembros del antiguo Cabildo de la Sangre de Cristo, que hacia 1525 enterraba a los pobres y a los ajusticiados, a los que además daba consuelo espiritual, para fundirse después con el Cabildo de la Vera Cruz y unir su origen asistencial con el cometido penitencial que mantenemos en nuestros días. No es difícil imaginarlos procesionando en torno a la mítica Ermita de San Roque y al abrigo del Convento de San Francisco, situado en el Campo del mismo nombre, donde tenían lugar las ejecuciones de los reos civiles y de los condenados por el Santo Oficio. La Vera Cruz se hace paso, misericordia en su planta. La campana de los reos anuncia la madrugada. La niebla del tiempo no permite distinguir las imágenes precursoras de todas las que después han sido. Un Ecce-Homo con las manos atadas portando esa caña que hoy nos guía, se hizo presente en Cuenca en un momento ignorado del siglo XVI. Le acompañaban un Jesús nazareno con la cruz a cuestas, el primer Huerto de nuestra historia y la primera Soledad, precedidos por el Cristo de las Misericordias portado por una sola persona que somos todos nosotros dándole

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impulso a la historia bajo la intimidad del capuz. La misma persona que entonces veneraba el primitivo Cristo de la Caña en la capilla de los Grandes Pasos de San Roque, fue después la que se ocupaba de cuidar la integridad de la imagen venerada cuando hizo guardia en la garita frente al invasor francés y la que adecentó la hornacina de su definitiva sede en el templo reconstruido de San Antonio Abad. Nuestro bisabuelo ya desfilaba entonces acompañando al paso decimonónico, sintiendo la plenitud que se instala en el corazón del nazareno en la Pascua de Resurrección, cuando el tiempo se detiene y se renueva el compromiso con la tradición. A él también le emocionaba el temblor del Miserere, y el quejido de las horquillas se iba clavando en su alma hasta que al fin las tinieblas recuperaban la noche y el fulgor de las heridas se apagaba en hermandad. También nuestros abuelos tuvieron que refugiarse en la Catedral como tantas veces hicimos nosotros cuando la tarde morada se resolvía en lluvia sobre nuestros enseres y sobre nuestros pecados. La estación de penitencia al amparo de su bóveda era el cálido consuelo que nos protegía a todos en estos trances no siempre venturosos. La belleza del entorno obnubiló a nuestros hermanos cuando tal vez pendientes de la magia del triforio, vencieron el paso sobre la rejería de la Capilla de los Apóstoles. Los daños del 34 fueron el anticipo de los desastres del 36, la ilusión de la nueva talla de Marco Pérez confinada en el recuerdo junto a la antigua imagen, el fuego de la intolerancia arrasando tanta grandeza en la misma puerta de San Antón. Cristo cae y en su deriva, nuestra derrota se ensancha por ese puente de luto que Jesús camina en andas. El silencio se oye apenas en las horquillas calladas. El sufrimiento del enfrentamiento entre hermanos dio paso al calvario de la posguerra que, a pesar de todo, se aplazaba un tanto por Jueves Santo con la talla de Bayarri mitigando sólo a medias la majestad perdida. La Hermandad de nuestros ancestros no se detuvo hasta recuperarla en 1947 cuando el arte de Federico Coullaut-Valera restableció el merecido esplendor, el legado orgulloso que desde entonces conservaron nuestros padres en las épocas de escasez, cuidaremos los hermanos hasta el último aliento y heredarán nuestros hijos con la cruz, la tulipa o la horquilla compartiendo la emoción centenaria. Mientras tanto aquí seguimos los nazarenos de la Caña, los que renuevan la huella en la senda de los tiempos, los que escoltan al bancero que va meciendo tu gloria, los del corazón asaltado por el vuelo de tu clámide, los que alumbran tu partida abrigados por tu amor.

Una madre bajo un palio de soledad y alborada, va despidiendo a su hijo que tras la esquina se apaga. Por seguirte en el calvario que paso a paso te amarga, la tarde de Jueves Santo, mi corazón te acompaña.


Ecce Homo solo. Autor: Gerardo Vielba 1966. Colección permanente del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Gerardo Vielba Madrid 1921-1992. Uno de los grandes maestros de la que es sin duda la generación más importante de la fotografía española. Presidió la Real Sociedad Fotográfica hasta 1992. Como historiador destacado de la fotografía española colaboró en casi todas las publicaciones sobre fotografía de su tiempo. Recibió el Premio Nacional de Bellas Artes en 1962, así como galardones internacionales.

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Fotografía: Antonio Abarca Contreras

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¿POR QUÉ CAMBIA TODOS LOS AÑOS LA FECHA DE LA CELEBRACIÓN DE LA SEMANA SANTA? Por Antonio Abarca Contreras ¿Cuántas veces nos preguntamos a lo largo de un año cuándo va a caer la próxima Semana Santa?, o ¿cuándo ha caído la anterior, porque ya no nos acordamos? Y es que eso de que cada año se celebre en fechas diferentes nos tiene desorientados y nos crea más de un quebradero de cabeza a la hora de organizar nuestra vida en los meses de marzo y abril. El año pasado fue Domingo de Ramos el 25 de marzo; este año lo será el 14 de abril; y el año que viene el 5 de abril. El motivo es que la Semana Santa es una festividad móvil que depende de algo muy curioso y a la vez atractivo: la primera luna llena que sigue al equinoccio de primavera para el hemisferio norte o al equinoccio de otoño para el hemisferio sur. O al menos así nos lo habían explicado. Yo, que siempre me he tenido como un entendido en la materia, en más de un foro en los que me he encontrado, ante la pregunta de si alguien sabía por qué cada año cambiaba de fechas la celebración de la Semana Santa, soltaba, sin dudarlo, la retahíla que me aprendí cuando era pequeño: “Porque la Semana Santa tiene que caer en el primer plenilunio después del equinoccio de Primavera”. Y con esto, la mayoría de los presentes, ante la contundencia de mis palabras se quedaban conformes. (Los equinoccios vienen determinados por el movimiento de traslación de la Tierra alrededor del Sol y corresponde concretamente a los momentos del año en que la noche y el día alcanzan una duración similar en todos los puntos del planeta; mientras que la luna llena corresponde a la fase lunar que sucede cuando nuestro planeta se encuentra situado exactamente entre el Sol y la Luna y por esta razón, la cara visible de la Luna se ve plenamente iluminada desde la Tierra debido al reflejo de la luz solar). Al comienzo de este año me ocurrió una cosa curiosa: estaba enredando por la web del Observatorio Astronómico Nacional, consultando los eventos celestes más relevantes que iban a tener lugar en este 2019, cuando me di cuenta que este año el equinocio de primavera era el día 20 de marzo y la primera luna llena después de este equinoccio tendrá lugar al día siguiente, 21 de marzo. Entonces… según la regla anteriormente expuesta… la Semana Santa tendría que celebrarse entre los domingos 17 y 24 de marzo. Sin embargo, como todos sabemos, no va a ser así. Este

2019 la Semana Santa se va a celebrar desde el 14 a 21 de abril. Justamente 28 días después. Es decir, habrá que esperar hasta la siguiente luna llena. Esto me hizo pensar y recapacitar sobre el tema y me propuse averiguar el porqué de esta excepción a la norma. Seguro que tenía que haber una poderosa explicación, ya que de las fechas en las que se celebre la Semana Santa depende no solo la celebración de otras muchas conmemoraciones cristianas, sino que también condiciona de manera substancial el calendario laboral. Y me puse a indagar por internet. Enseguida empecé a encontrar reseñas en las que aparecían conceptos que para mí eran totalmente nuevos: “equinocio ficticio”; “luna llena eclesiástica”. Estos conceptos hacían una clara referencia a que la Iglesia utiliza unos criterios propios a la hora de determinar las fechas en que cada año tiene que celebrarse la Semana Santa, que si bien están basados en los fenómenos astronómicos del equinocio primaveral y el plenilunio posterior, hay ciertas ocasiones en que éstos no coinciden con la realidad y es por lo que se da la diferencia. Y este 2019 es uno de ellos. Habría que remontarse hasta 1962 para volver a encontrarnos en una situación similar. Para el resto de años que van entre estos y hasta el 2050, que es hasta donde he encontrado, el plenilunio astronómico y eclesiástico coinciden. Pero, ¿cuál es la razón de la discrepancia? De todos es sabido que Jesús de Nazaret era de origen judío. Un pueblo con unas profundas y severas raíces y convencimientos religiosos basados en el judaísmo. Y tal como se recoge en los Evangelios, la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo sucedieron en los días de celebración de la Pascua Judía (festividad más importante del pueblo hebreo con la que conmemora su liberación de los egipcios después de 430 años de esclavitud. Según el judaísmo, los hebreos deben renovar cada año esta celebración el día 15 del mes de Nisán, que empieza con la primera luna nueva de primavera. El calendario judío se basa en las fases de la Luna, siendo Nisán su primer mes del año). Las Escrituras se refieren a esta celebración en la Última Cena, cuando Jesús se reúne con sus discípulos para celebrar la Pascua Judía.

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Fotografía: Luis Miguel Caballero

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Los primeros cristianos establecieron la Resurrección de Cristo como el acontecimiento más importante en el que se tenía que basar su religión: Día en el que los cristianos celebramos que Cristo ha vencido a la muerte al tercer día después de haber sido sacrificado en la Cruz. (Y así se sigue manteniendo hoy en día: “Si Cristo no hubiese resucitado; vana sería nuestra fe”, nos dice la Iglesia). Y manteniendo su tradición hebrea decidieron celebrarlo al mismo tiempo que la Pascua Judía, pasando a denominarlo Pascua de Resurrección. De esta forma sus actos festivos pasarían desapercibidos con los de la celebración de la Pascua Judía. Con la expansión del cristianismo por el mundo, las fechas de celebración de la Pascua de Resurrección se fueron adecuando a las conveniencias y criterios de cada comunidad. En el Concilio de Arlés (año 314) el cristianismo ya reconoció la necesidad de fijar la celebración en un mismo día para toda la cristiandad. Por aquel entonces el día de la celebración era fijado por el Papa y sus asesores, que lo hacían respetando los ciclos astronómicos. Sin embargo algunas congregaciones religiosas hacían caso omiso de estas instrucciones o, simplemente, no les llegaban y hacían su celebración otro día. En el año 325 tuvo lugar uno de los eventos más importantes para la cristiandad occidental y para la medida del tiempo por igual: el Concilio de Nicea (hoy Izmir, Turquía). En esta reunión, autoridades eclesiásticas de todo el Imperio Romano se reunieron para fijar algunas reglas de orden teológico y doctrinal y otras mucho más prácticas. Estas reglas buscaban unificar la manera como se profesaría la fe cristiana a partir de ese momento. En el asunto que nos ocupa, éstas fueron las decisiones más relevantes que se adoptaron: · Que la Pascua de Resurrección se celebrara en domingo. Anteriormente, al igual que la Pascua Judía, podía celebrarse cualquier día de la semana. · Que no coincidiese nunca con la Pascua Judía. De esta manera se evitarían paralelismos o confusiones entre ambas religiones. · Que los cristianos no celebrasen nunca la Pascua dos veces en el mismo año. Esto tiene su explicación porque el año nuevo judío empezaba en el equinoccio primaveral, por lo que se prohibía la celebración de la Pascua antes del equinoccio real. Por aquel entonces en la iglesia cristiana existían dos claras corrientes con marcadas diferencias a la hora de establecer los preceptos astronómicos para establecer la medida del tiempo: la iglesia de Roma (católicos) y la iglesia de Alejandría (ortodoxos). La Iglesia romana consideraba que el equinoccio de primavera era el 18 de marzo y los alejandrinos la establecían el 21 de marzo. Y es que había ciertos años, en los que, por su proximidad en la sucesión, podía pasar que el momento cuando se produjera el plenilunio posterior al equinoccio primaveral de un territorio se encontrara en una fecha, mientras que otra localidad, situada más al oeste, se encontrara todavía en la anterior. También hay que tener en cuenta que, astronómicamente hablando, el equinoccio de primavera no se produce todos los años en el mismo día. Estas diferencias, y otras menores, hacían que en la Iglesia romana la Pascua nunca cayera con posterioridad al 21 de abril, mientras que en la alejandrina podía llegar a ser el 25. El Concilio de Nicea dio la razón a los alejandrinos, estableciéndose la costumbre de que la fecha de la Pascua se calculaba en

Alejandría, que lo comunicaba a Roma, la cual la difundía al resto de la cristiandad. Aunque las discrepancias se continuaron manteniendo. El embrollo se prolongó hasta el año 525, cuando Dionisio el Exiguo –un monje de origen Sirio con amplios conocimientos matemáticos y que vivió parte de su vida en la curia romanaadoptó unos criterios claros (que procedían de la iglesia de Alejandría) y emitió una normativa definitiva. · La Pascua ha de caer en domingo. · Este domingo ha de ser el siguiente a la primera luna llena después del equinoccio de primavera boreal. Si esta fecha cayese en domingo, la Pascua se trasladará al domingo siguiente para evitar la coincidencia con la Pascua judía. · Este equinoccio tiene lugar el 20 o 21 de marzo. · Se llama epacta a la edad lunar. En concreto interesa para este cálculo la epacta del año, la diferencia en días que el año solar excede al año lunar. O dicho más fácilmente, el día del ciclo lunar en que está la Luna el 1 de enero del año cuya Pascua se quiere calcular. Este número, como es lógico, varía entre 0 y 29. La norma era aproximadamente la expresada más arriba. Pero así enunciada, planteaba importantes problemas a la hora de ponerla en práctica. Por ejemplo, el equinoccio de la primavera boreal no tiene una fecha fija, sino que puede oscilar entre el 20 y 22 de marzo (dependiendo de la inclinación de la Tierra en el plano de la eclíptica) y, de no calcularlo con criterios astronómicos, ello podía introducir confusiones a la hora de calcular el primer plenilunio. Por otro lado, la fecha local del plenilunio puede entrar con un día de diferencia dependiendo de la longitud terrestre en la que se encuentre el emplazamiento geográfico. Teniendo todos estos elementos en cuenta, se estableció la regla completa (y correcta) para la determinación de la Pascua: El domingo de Pascua es el siguiente a la primera “luna llena ‘eclesiástica” (un plenilunio ficticio definido por la Iglesia mediante unas tablas numéricas) que se da en o tras el 21 de marzo. Esta regla lleva implícito que cuando el plenilunio eclesiástico cae en domingo, la Pascua se celebra el domingo siguiente, lo cual impide que la Pascua cristiana coincida con la judía. Afortunadamente no hay que recurrir a esta regla completa y exacta más que en contadas ocasiones y la regla simple suele funcionar para un elevadísimo número de años. Las fechas de las lunas eclesiásticas venían determinadas en unas tablas que la Iglesia siempre intentó que estuvieran justificadas por cálculos y razones matemáticas. A estos algoritmos algebraicos se les denominó Computus. A lo largo de la historia ha habido muchos eruditos que dieron con una solución para esas tablas en base a operaciones matemáticas más o menos complejas. La más acreditada, y la que hasta ahora se ha considerado como definitiva, es la de Gauss. La cual, basándose en cinco operaciones aritméticas básicas obtiene unos resultados que resuelven perfectamente las fechas de las tablas para calcular la luna llena eclesiástica. ( Johann Carl Friedrich Gauss -Brunswick; 30 de abril de 1777 - Gotinga; 23 de febrero de 1855-, fue un matemático, astrónomo, geobotánico y físico alemán que contribuyó significativamente en muchos campos, incluida la teoría de números, el análisis matemático, la geometría diferencial, la estadística, el álgebra, la geodesia, el magnetismo y la óptica).

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Opinión

CURIOSIDADES SOBRE LAS FECHAS DE LA PASCUA DE RESURRECCIÓN:

Fotografía: Ignacio Blanco

El 19 de abril es la fecha más frecuente del domingo de Pascua (cae en esa fecha casi 4 veces cada cien años: el 3,87 %). Lo menos frecuente es que caiga el 22 de Marzo (solo 5 veces cada milenio) o el 25 de Abril (solo unas 8 veces por milenio).

De esta regla se desprende que la Pascua de Resurrección nunca puede ser antes del 22 de marzo (cuando el plenilunio sucede un 21 de marzo que además es sábado) ni después del 25 de abril (cuando hay plenilunio el 20 de marzo y, además, el 18 de abril -fecha del siguiente plenilunio- es un domingo, lo que hace retrasar la Pascua de una semana). El siguiente momento histórico que tiene importancia para determinar la Pascua de Resurrección es la sustitución del calendario juliano por el gregoriano. (El calendario gregoriano es un calendario originario de Europa, actualmente utilizado de manera oficial en casi todo el mundo, denominado así por ser su promotor el papa Gregorio XIII. A partir de 1582, sustituyó gradualmente en distintos países al calendario juliano, utilizado desde que Julio César lo instaurara en el año 46 a. C. El calendario juliano era, básicamente, el calendario egipcio, el primer calendario solar conocido que estableció la duración del año en 365,25 días). La reforma gregoriana nace de la necesidad de llevar a la práctica uno de los acuerdos del Concilio de Trento: ajustar el calendario para eliminar el desfase producido desde el primer Concilio de Nicea, celebrado en 325,​en el que se había fijado el momento astral en que debía celebrarse la Pascua y, en relación con ésta, las demás fiestas religiosas móviles. Lo que importaba pues, era la regularidad del calendario litúrgico, para lo cual era preciso introducir determinadas correcciones en el civil. En el fondo, se trataba de adecuar el calendario civil al año solar. En el Concilio de Nicea se determinó que la Pascua debía conmemorarse el domingo siguiente al plenilunio posterior al equinoccio de primavera en el hemisferio norte. Aquel año 325 el equinoccio había ocurrido el día 21 de marzo,​pero con el paso

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del tiempo la fecha del acontecimiento se había ido adelantando hasta el punto de que en 1582, el desfase era ya de 10 días, y el equinoccio se fechó el 11 de marzo. El desfase provenía de un inexacto cómputo del número de días con que cuenta el año solar; según el calendario juliano que instituyó un año bisiesto cada cuatro, consideraba que el año solar estaba constituido por 365,25 días, mientras que la cifra correcta es de 365,242189, o lo que es lo mismo, 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,16 segundos. Esos más de 11 minutos contados adicionalmente a cada año habían supuesto en los 1.257 años que mediaban entre 325 y 1582 un error acumulado de aproximadamente 10 días. Y así, al jueves -juliano- 4 de octubre de 1582, le sucedió el viernes -gregoriano- 15 de octubre de 1582. Diez días desaparecieron debido a que ya se habían contado de más en el calendario juliano. El calendario gregoriano ajustó del siguiente modo: la duración básica del año es de 365 días; pero serán bisiestos (es decir tendrán 366 días) aquellos años cuyas dos últimas cifras son divisibles por 4, exceptuando los múltiplos de 100 (1700, 1800, 1900..., que no serán bisiestos), de los que se exceptúan a su vez aquellos que también sean divisibles por 400 (1600, 2000, 2400..., que sí serán bisiestos). El calendario gregoriano ajusta a 365,2425 días la duración del año, lo que deja una diferencia de 0,000300926 días al año de error, es decir, adelanta cerca de 1/2 minuto cada año (aprox. 26 s c/año), lo que significa que se requiere el ajuste de un día cada 3.300 años. El calendario gregoriano se adoptó inmediatamente en los países donde la Iglesia católica tenía influencia. Sin embargo, en países no católicos, como los protestantes, anglicanos, ortodoxos,


y otros, este calendario no se implantó hasta varios años (o siglos) después. A pesar de que en sus países el calendario gregoriano es el oficial, las iglesias ortodoxas siguen utilizando el calendario juliano. El calendario gregoriano es el que se considera como base para el establecimiento del año civil en todo el mundo, incluyendo los países con un año religioso diferente al que se estableció en la reforma gregoriana del siglo XVI. Las diferencias se siguen manteniendo actualmente: · LA IGLESIA OCCIDENTAL Con la adopción del calendario gregoriano, la iglesia occidental estableció unas definiciones eclesiásticas. Fijó el equinoccio el 20 o el 21 de marzo y estableció una tabla de fases lunares, cuyos datos pueden diferir hasta en 2 días de la realidad. Como consecuencia, la fecha de la Pascua (Domingo de Resurrección) no concuerda en algunas ocasiones con los datos astronómicos ·L A IGLESIA ORTODOXA Los ortodoxos mantuvieron el calendario juliano y establecieron la fecha de la Pascua respetando las observaciones astronómicas de la luna, pero acumulando el error que este calendario lleva implícito y que se ha explicado anteriormente. Acordaron además dos puntos de referencia más, uno geográfico, el meridiano de Jerusalén, y otro tradicional, decidiendo realizar su celebración del Domingo de Resurrección posterior a la Pascua Judía.

Pese a estas discrepancias, la coincidencia de fechas entre ambas religiones se da una vez cada 3 o 4 años. Los restantes pueden llegar hasta las cuatro semanas de diferencia entre ambas celebraciones. Desde Aleppo, Siria, 1997, líderes religiosos ortodoxos, ortodoxos orientales, católicos y protestantes vienen trabajando en una propuesta que pretende unificar criterios de acuerdo a las observaciones astronómicas modernas. La propuesta es volver a la ciencia moderna y a las observaciones astronómicas, fijando un meridiano, que puede ser Jerusalén y seguir la regla común: celebrarlo el primer domingo tras la luna llena que sucede al equinoccio de primavera en el hemisferio norte, independientemente de la Pascua Judía. Debido a que el calendario gregoriano es bastante cercano a la realidad astronómica, la adopción de este acuerdo por las iglesias occidentales solo tendría que haber hecho un solo cambio en sus celebraciones de la Pascua de Resurrección hasta el 2050, y que precisamente habría sido este 2019: en vez del 21 de abril, tendríamos que haber celebrado el Domingo de Resurrección el 24 de marzo. -tal y como sospechaba al principio de este artículo-. En contraste, las iglesias orientales que se rigen bajo el calendario juliano tendrían que hacer 17 cambios en las suyas. Recientemente, el Papa Francisco se ha sumado a la polémica, lanzando la idea de la idoneidad o no de mantener fijas en el tiempo las fechas de la celebración de la Semana Santa. Otra posibilidad más para dar solución a algo que es tan antiguo como su propia existencia: La Celebración de la Resurrección de Jesús de Nazaret.

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Texto: Mikel Rubio. Fotos: Mikel Rubio y María Remedios Jaén López La Catedral de Cuenca, mística y mítica. Testigo mudo de cada acaecer, de más derrotas que victorias. La primera joya del gótico a la que en el s.XX le engarzaron nueva luz con sus vidrieras. Corona de nuestra medieval ciudad de la que todos presumimos ante amigos, turistas y extraños. Pero sobre todo templo. Templo Mayor, madre que ha recibido con los brazos abiertos a las hermandades que durante siglos dirigían a ella su Estación de Penitencia. Que ha resguardado bajo sus bóvedas a miles de cofrades, sino a todos. Casa

regida, custodiada y cuidada para siglos venideros por la mano firme pero amable de su Ilustre Cabildo, una de las instituciones vivas más antiguas de la ciudad. Mucho le debemos al templo común los hermanos de nuestra Venerable Hermandad. Es cierto que en ella sufrimos cuando la Sagrada Imagen del Señor golpeó al entrar en la Capilla de los Apóstoles en 1934, pero también en ella estrenamos la obra de Música Sacra “Gozos al Santísimo Paso de la Caña” en una preciosa mañana de 1866.

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Siempre ha sido amable refugio en los Jueves Santo lluviosos, y en los últimos años amable colaboradora en nuestros Cultos. Sirvan estas palabras para agradecerlo una vez más. Desde hace unos años no era raro ver a alguno de nuestros hermanos, al salir de Misa o de algún acto o celebración, deambular y acercarse a un rincón sin apenas luz, frente a la Virgen de las Nieves. Allí, tras una reja, se encontraba un “Jesús con la Caña“, un lienzo magnífico, cuyos detalles apenas se veían con la luz ambiental. Una sonrisa, tal vez un padrenuestro, entornar los ojos para intentar ver mejor los detalles y un leve susurro “es precioso”. A todos nos ha pasado alguna vez. Una de las finalidades de una Hermandad es fomentar la devoción en su advocación, y que mejor que hacerlo en el templo principal de la Diócesis. Ese rincón, ese lienzo, estaba esperando recuperar la veneración que tuvo siglos atrás, esas oraciones que seguro muchos de los hermanos que nos precedieron musitaron mirándolo. Presentamos la idea a D. Miguel Ángel Albares, Director de la Catedral, y a D. Ángel García Benedicto, nuestro Consiliario. Ambos se mostraron muy receptivos. Llegaba la hora de desarrollar un proyecto de recuperación del espacio para la restitución al Culto de esa pequeña Capilla y presentarlo al Cabildo.

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Unos días después la petición fue aprobada por el Ilustrísimo Cabildo Catedralicio, que una vez más confió en nosotros. Con el asesoramiento de nuestra hermana, la restauradora Mar Brox Osma cuyas manos cuidan nuestra Sagrada Imagen Titular, y la inestimable ayuda a pie de obra de D. Miguel Ángel Albares, un pequeño grupo de hermanos fueron saneando, enfoscando, iluminando… La Capilla, situada en el Trascoro realizado en 1755 por el Maestro Fray Vicente Sevilla, en la nave de la Piedad, ya permitía admirar el momento bíblico magníficamente pintado a principios del s. XVII por Cristobal García de Salmerón. Una obra barroca que nos presenta a Cristo en uno de los momentos de su Pasión, el momento del escarnio por parte de los soldados de Pilatos. Clámide roja, las manos atadas sujetando una caña, zogal al cuello y coronado de espinas. REX REGUM. Salmerón usa todos los recursos propios del barroco, las diagonales creadas con los cuatro personajes, la luz que mana desde el mismísimo cuerpo del Señor, el realismo y patetismo de la escena buscando la devoción. El cuerpo lacerado se encuentra salpicado de gotas de sangre tan reales que parecen salir del lienzo. A pesar de la crudeza del momento la imagen del Señor muestra compasión, serenidad, humildad y entrega. La misericordia de la impresionante mirada de nuestro Titular, plasmada con óleo tres siglos antes.


Cada detalle fue minuciosamente cuidado y el domingo 25 de Noviembre, Solemnidad de Cristo Rey, fue bendecida bajo la advocación de Capilla de la Coronación de Espinas. La fecha no pudo ser mejor. Cristo Rey del Universo, Rey de Reyes, coronado de espinas por nosotros, por nuestra salvación. Tras la Misa con la Peregrinación del Jubileo por el Año de San Julián de la Parroquia de San José les acompañamos a rezar la Oración del Peregrino y besar la Reliquia de nuestro Patrón San Julián. Unos minutos después, desde la Capilla Honda partía nuestra Procesión Claustral con un solemne en imponente silencio. Tras nuestro guion, flanqueada por cirios y portada por nuestro hermano Rafael, avanzaba la bellísima Reliquia de la Santa Espina, una de las joyas que atesora la Catedral y que está datada en el siglo XVI. Un paño de hombros en seda blanca y bordado en oro la rodeaba. Un poco más atrás y acompañados por los miembros de nuestra ejecutiva, nuestro Hermano Mayor D. Manuel Olarte Madero y D. Fco. Javier Parrilla Moreno, representando a la Excma. Diputación Provincial. El cortejo lo cerraban, también flanqueados por cirios, dos de los Canónigos del Ilmo. Cabildo: D. Ángel García Benedicto, Consiliario de nuestra Venerable Hermandad y D. Miguel Ángel Albares Albares, Director y Capellán Mayor de la Catedral. Un numerosísimo grupo de nuestros hermanos caminaba a los lados y tras la Procesión que causaba admiración a los respetuosos turistas.

Una vez llegados a la Capilla, la Reliquia de la Santa Espina fue depositada en el Altar y D. Miguel Ángel leyó los versículos del Evangelio de San Juan referentes a nuestro Sagrado Titular así como al lienzo de García Salmerón que la preside. Tras la Liturgia de la Palabra se procedió a la Bendición, dedicando así la Capilla al momento de la Pasión de nuestra Advocación, un momento sin duda emocionante. Posteriormente los hermanos y devotos procedieron a besar la Reliquia de la Santa Espina, como una manifestación del sentimiento de compromiso con el Señor y del deseo de vivir cristianamente. Antes de iniciar el regreso a la Capilla Honda, D. Miguel Ángel dedicó unas bellas palabras a la Hermandad, agradeciendo en nombre del Ilmo. Cabildo el trabajo realizado y la generosidad mostrada con la Catedral, invitándonos a celebrar pronto algún otro culto en nuestra Capilla, cosa que esperamos realizar ya en esta próxima Cuaresma. Desde aquí queremos agradecer al Ilmo. Cabildo de la Catedral de Cuenca, en especial en las personas de los Canónigos D. Miguel Ángel Albares y D. Ángel García Benedicto, la posibilidad de realizar este precioso proyecto. Gracias también a Mar Brox Osma por su ayuda y asesoramiento, y como no a los hermanos que han dedicado su esfuerzo y tiempo en la realización técnica.

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Por Rafael Murgui Quintero Vuelva la vista atrás e intente recordar al Cristo o a la Virgen de su devoción en tiempos pretéritos, quizá regrese a su mente el recuerdo de un niño llevado de la mano de su padre a contemplar un paso en una calleja, o con su madre o abuela acudiendo a la iglesia a rezarle, o a visitarlos; tal vez le venga a la memoria una foto tomada por Muller, Pascual o cualquier instantánea en blanco y negro de un fotógrafo anónimo de nuestra querida ciudad. Todo ello no será más que una ilusión ya que, salvo excepciones, nuestras hermandades han cambiado mucho, ha cambiado el número de hermanos, han cambiado las directivas, los sastres, los músicos, los floristas, las camareras, los cereros, los vestidores, los capataces, los banceros... y con ellos, la estética de nuestras hermandades, pasos e imágenes. Las hermandades han renovado su patrimonio, unas veces obligadas por las circunstancias, otras por el deterioro y uso, algunas en relación con el pensamiento y gustos de la sociedad de la época y la mayoría promovidas por la propia hermandad a fin de mejorar su patrimonio o enriquecer el ajuar de su imagen titular. La Semana Santa de Cuenca está más viva que nunca, y como tal siempre está renovándose, cambiando, reinventándose, pero siempre a sí misma, sin dejar de ser ella.

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Quizá, entre otras, le haya venido a la mente la imagen de la Esperanza saliendo de “La Esperancilla”, qué imagen más bella y más distinta de la Virgen que en casi 70 años ha ganado gran devoción en la ciudad y sobre todo en sus hermanos, que la han querido engrandecer de tal forma que posee un importante patrimonio, no solo humano, sino también artístico, y dentro de éste, de bordado. De hecho, el bordado es uno de los oficios que sobrevive gracias al arte religioso. Hoy en día, la práctica totalidad de los encargos a los talleres procede de hermandades y cofradías, aunque también de particulares que, o bien quieren hacer una donación, o bien quieren vestir una réplica de una imagen. Así la Venerable Hermandad de María Santísima de la Esperanza ha ido adquiriendo una estética barroca a lo largo de los años. Se puede decir que ha tendido a ello desde su fundación, y entre los muchos elementos que lo identifican destacan los bordados. El arte del bordado en oro ha evolucionado en cuanto a sus diseños desde piezas que evocan a la época barroca del siglo XVII con motivos como roleos y vegetales, pasando en algunos casos a apostar por un estilo renacentista con elementos tales como ramas entrelazadas, azucenas, rosas de pasión, etc, pero sobre todo caracterizado por un eje simétrico, incluyendo estos bordados en sayas y mantos de la Virgen. Una tarde de otoño de 2017 y partiendo de un grupo de hermanos, surge la inquietud de crear un taller con el interés de aprender a bordar para su Virgen, para ofrecerle sus manos, su tiempo, su aprendizaje y su ilusión, porque para Ella

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todo se les hace poco. Sin embargo la tarea no es fácil, es una labor completamente artesanal desde la confección del dibujo hasta la conclusión de la pieza, pero para ello cuentan con la ayuda de Mateo López Crespo y Antonio Bravo Hurtado, dos profesionales del bordado que se convertirán en los maestros del taller. Así arranca una nueva y ambiciosa ilusión de la Hermandad. El aprendizaje será lento, ya que se trata de una técnica minuciosa y muy cuidadosa, para la que hacen falta muchas horas de dedicación. Se ha aprendido la técnica del recorte o aplicación con piezas de tisú; después el bordado en cartulina con oro y sedas, para pasar a estudiar los distintos puntos del bordado en realce, primero en lana hasta que la técnica sea óptima para no malgastar el hilo de oro, ya que es un material muy caro y en los inicios los errores son frecuentes. El objetivo es claro, el taller no nace con el ánimo de lucrarse, sino de enriquecer el ajuar de María de la Esperanza, pero no de cualquier manera, de este taller surge la necesidad de preservar, aún hoy, la esencia de una antigua profesión que ha sabido renovarse para que en pleno siglo XXI se prefiera un trabajo hecho a mano al ejecutado con una máquina. Eso sí, buscando que el resultado del trabajo sea el mejor posible técnicamente, lo más bello que sean capaz de hacer, que sea armónico, con diseños únicos y originales, nunca perdiendo de vista que servirá para honrar a la Madre de Dios. Seguramente que el trabajo de este grupo aún de aprendices no sea perfecto, de hecho no importará que no lo sea, ya que todo lo hecho a mano es susceptible de ser imperfecto,


pero hablo de imperfección no referida a lo mal hecho, sino entendida como aquel pequeño detalle que le dará su carácter único y lo envolverá en otra sensación, de otro tiempo, de otra experiencia. Si hay errores, habrá que repetir. Es algo normal para cualquier artesano, el tiempo no es importante, trabajar con las manos implica adentrarse en un ritmo que no es el de la vida normal, un ritmo que le permite estar consigo mismo y en este caso, acercarle a su Madre, aunque no se aleja de su pensamiento, pues todo esto es por y para Ella. Quizá para muchos todo esto solo sea la locura de una Hermandad “transgresora”, y por supuesto habrá quien no lo vea con buenos ojos; para otros será una bendita locura que vendrá a engrandecer el patrimonio de la Hermandad y que servirá para honrar a su Virgen todavía más si cabe. Pero para el grupo de bordadoras y bordadores, ajenos a todo ello, es mucho más sencillo, cada hilván será una forma de fe, cada puntada una forma de rezar a su Esperanza, cada pinchazo con la aguja una forma de entregar una parte de sí, como lo haría un enamorado a su Enamorada, unos hijos con su Madre o lo que haría un pueblo por su Reina. Así comienza nuestra andadura, con la humildad del que no sabe nada, como si fuese la primera vez que estrenamos una palma, como si saliésemos por primera vez de nazarenos en la “fila de en medio”, pero con toda la inquietud de querer saberlo todo como cuando apenas vemos pasar al último nazareno de la procesión y salimos rápidamente a otra calle para volverla a ver, para volver a sentir la música, los colores, los matices, en cada calle distintos...

Así, desde el boceto en el papel, mediante el montaje del bastidor, el pegado de la tela, el bordado de cada pieza puntada a puntada, estos nazarenos darán testimonio de su fe, no solo a la muchacha humilde de Nazaret, sino a la Virgen convertida en Reina del Cielo por ser la Madre de Dios, como versa el salmo: “De pie a tu derecha está la Reina, enjoyada con oro de Ofir”. Desde entonces esta parte de la hermandad no arranca hojas del calendario para esperar otro 18 de diciembre, otro besamanos, otra Semana Santa; cuenta los meses, las semanas y los días puntada a puntada, como desgranando las cuentas de un rosario que culmina cuando se termina un bordado y la Señora puede lucirlo, como con la saya que la Virgen ha podido estrenar para su función el pasado diciembre, sintiendo, porque no decirlo, el orgullo de haber servido a la Madre, como el que siente el hermano mayor cuando se pone frente a Ella entre las filas y la mira directamente a los ojos, o como la satisfacción del bancero por ser los pies de la Virgen, pero con la ilusión del que no ceja en su empeño y con el interés de seguir aprendiendo y mejorando para que cuando llegue el mejor atardecer del año y en la plaza de San Andrés no coja una aguja con el fin de ver salir a la Madre de Dios, Ella luzca con sus mejores galas para que podamos llorarle, pedirle, para que reparta salud en los hospitales, consuelo a los que han perdido un ser querido, paciencia en un paritorio, caridad con los hermanos, fe a los que están desahuciados porque, a fin de cuentas, ¿qué es eso sino ESPERANZA?

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Por Félix Herraiz García Paseo, bajo la ciudad colgada de Cuenca, junto a las aguas del Júcar, que embelleció en versos de Gerardo Diego: “Agua verde, verde, verde, agua encantada del Júcar, verde del pinar serrano que casi te vio en la cuna bosques de san sebastianes en la serranía oscura, que por el costado herido resina de oro rezuman”. Esos pinos, Júcar, que te acompañan en la alta sierra y que tiñen y embellecen de verdor tus aguas, tiempo ha, otros de tu especie, fueron bajados, transportados, en maderadas a lomos de tus refulgentes aguas. Hoy, a tu orilla, me deleito, en bella ensoñación, imaginar a maderos y gancheros navegando sobre tus esmeraldas y sosegadas aguas. Sigo mi paseo bajo álamos blancos que procesionan tu curso, y que van tejiendo, bajo el palio de un cielo azul y un tibio sol, nacientes hojas de verde plata, primavera primeriza en brazos de cenicientas ramas, que testifica, en verdosa copia, el lienzo terso del agua. Me paro en mi caminar y escucho, es esta mañana de sol triste de Viernes Santo, cómo , por la puerta de San Juan discurre la procesión “Camino del Calvario”: sus sonidos, de tambores y clarines destemplados, bajan, resuenan por la hoz, ponen temblor en las incipientes hojas y en la piel cristalina del agua, e invaden de tristeza mi alma. Sus ecos, desgarrados, me hacen brotar estos versos, del ayer y del hoy de un Júcar, que sabe de la Pasión de Cristo y de una ciudad que la vive: Júcar, ayer levaste, como Jesús a hombros, la maderada, y al ganchero, cirineo sobre el agua. Hoy reflejas con amor de una Cuenca dolorida, en tus “verónicas” aguas.

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La música es esencial. Es el complemento perfecto para las procesiones.

De todos es sabido que la música es parte esencial y me atrevería a decir que consustancial a la celebración de la Semana Santa en Cuenca. No hay acto programado alrededor de nuestra Semana de Pasión que se precie, que no cuente con la aportación casi obligada de los sones de las marchas procesionales. Durante la Cuaresma, conciertos, misas, funciones, exposiciones, pregones, y otros muchos actos son organizados por las hermandades, donde la música nazarena cobra un protagonismo esencial. Coros, cuartetos, bandas y diversos tipos de agrupaciones musicales se afanan por contar entre su repertorio con obras musicales con las que poder deleitar a los nazarenos de Cuenca. Unas composiciones musicales con unas armonías y unos ritmos que para nosotros tienen un significado y un sentimiento especial, que nos hace, no solo disfrutar de la buena música, sino que a la vez nos transporta a un mar de sensaciones donde recuerdos y realidad rivalizan por dominar nuestros pensamientos. ¿Quién se libra de que un escalofrío le sacuda el cuerpo de arriba abajo cuando suenan los primeros compases de la marcha de “San Juan” del maestro Nicolás Cabañas? Luego, cuando llegan los días de nuestra Semana Grande, y con ellos las procesiones… eso ya es otro cantar. ¿Alguien se puede ni tan siquiera plantear una Semana Santa en Cuenca sin bandas de música? ¿Sin esos sonidos y esos ecos que la recorren de parte a parte, impregnando de aroma nazareno hasta el último de sus rincones mientras que una hermandad está procesionando por sus calles? Imposible, ¿verdad?

En Cuenca, todas las hermandades quieren y necesitan llevar música: una banda que con su interpretación armonice la cadencia y el ritmo de un paso, y con ello el desfile de toda la hermandad; el sonido de unos tambores y trompetas que con sus toques consigan esculpir en lo más profundo de nuestras memorias los instantes que hemos vivido, mientras nos anuncian que ya se acerca la procesión; como, ante un momento de flaqueza por el cansancio acumulado, el escuchar una marcha procesional provoca una resurrección del espíritu y la regeneración de las energías de unos banceros fatigados, haciendo que el paso vuelva a mostrarse poderoso y elegante;… Sí, en Cuenca, las hermandades necesitan la música. Y eso lo sabemos bien en la Junta de Cofradías. De hecho, cada año se constituye una comisión de trabajo que es la que se encarga de contactar, contratar y distribuir las distintas agrupaciones musicales en todos y cada uno de los desfiles procesionales. Siendo esta una de las tareas más significativas y trascendentales que tiene establecida por estatutos la Junta de Diputación de la Junta de Cofradías. Pues, no solo hay que proporcionar bandas, sino que, además, éstas tienen que ser las mejores. Y una de las que nunca pueden faltar y nunca lo hace. Y que para muchos de nosotros, sin lugar a dudas, es la mejor. Es… la nuestra: la Banda de Música de Cuenca. Al frente de ella, actualmente se encuentra Juan Carlos Aguilar, músico y nazareno donde los haya. Y, aprovechándonos de su amistad y amabilidad, hemos querido que nos cuente, desde su experiencia como músico y nazareno, su opinión al respecto de unas cuestiones sobre el tema que nos ocupa.

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Fotografía: Ignacio Blanco

Por Antonio Abarca Contreras


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¿Cuán de importante consideras que es la música para la Semana Santa? La música es esencial. Es el complemento ideal para las procesiones. Todos sabemos que lo más valioso, fundamental e importante que tenemos en nuestra Semana Santa son las imágenes, las tallas que conforman cada paso y con los que cada hermandad procesiona. Aunque sería posible organizar una procesión sin música y tan sólo con el desfile de los pasos, no nos cabría ninguna duda de que algo faltaría. Por eso, el mejor complemento para esa puesta en escena que se produce, año tras año, por las calles de nuestra ciudad es el acompañamiento musical. Creo que nadie puede discutir el importante papel que cumple la música en los desfiles. Ahora mismo no sería capaz de imaginarme un desfile en nuestra Semana Santa sin ese acompañamiento musical. Hasta incluso en la procesión del Lunes Santo, que sabemos que no participa ninguna banda de música, es necesario ese acompañamiento, aunque en este caso sea coral. ¿Cuáles son las características de la música para las procesiones de Cuenca? ¿Existe un esquema, ritmo o características propias de las marchas para nuestras procesiones? ¿Hay diferencias con las marchas de otras zonas de España, andaluzas, levantinas,…? Desde mi experiencia como componente y como director de la Banda de Música, puedo decirte que en la década de los años

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80, las marchas que sonaban dentro de nuestros desfiles eran las clásicas de los maestros Dorado, Cebrián, San Miguel o Texidor, junto con las de nuestros paisanos, Cabañas, Calleja, Aguirre, Julián y José López Calvo, y del anterior director de la Banda, Aurelio Fernández-Cabrera, además de algunas adaptaciones de composiciones de Thalberg, Beethoven o Chopin. Posteriormente, el repertorio se fue ampliando y así se fueron dando a conocer obras de otros compositores como Abel Moreno, Sendra o Grau, por citar algunos ejemplos. Sus composiciones no estaban exclusivamente dedicadas a nuestras imágenes ni a nuestros desfiles, pero nadie puede dudar de la calidad de sus obras. Poco a poco y año tras año, se ha ido ampliando el repertorio hasta llegar al momento actual con la incorporación de marchas de compositores originarios de muchos y diversos lugares de España así como de numerosos jóvenes compositores conquenses. Quiero decir con esto que, en principio, la música procesional no debe ni tiene porqué tener límites geográficos. Una marcha escrita o pensada para la Semana Santa de Sevilla o Málaga puede interpretarse aquí perfectamente y al contrario. Cualquier marcha escrita por un compositor conquense puede escucharse en Andalucía, Cantabria o Valencia. El compositor que quiere escribir una marcha procesional, en cierto modo se encuentra “encorsetado”. A la hora de escribir se encuentra con elementos musicales predeterminados


Fotografía: Ignacio Blanco

como son el compás, la forma y hasta incluso las tonalidades que deben emplearse a la hora de componer para banda de música. Por eso, la clave del éxito para que una marcha se pueda escuchar en cualquier parte reside en la calidad, y para ello es necesario que la composición esté correctamente escrita melódica, armónica y contrapuntísticamente. A esto habría que añadir que además el compositor debe ser un buen conocedor de la instrumentación para banda.

marchas de carácter alegre enfatizan más el pulso, los ritmos son más vivos, dinámicos y el pulso se presenta más “repetido”, más machacón. Las marchas de carácter triste podríamos decir que tienen un perfil más solemne. Es el compositor quien adopta la denominación para sus composiciones utilizando, generalmente, el término marcha procesional o marcha de procesión para las de carácter alegre y marcha lenta o fúnebre para las de carácter más triste.

Marcha procesional, marcha lenta, marcha fúnebre ¿qué las diferencia? Decir que la palabra “marcha”, en su definición, es una composición que se caracteriza por el movimiento, el ritmo constante y está concebida para que el desfile de tropas o de procesiones de grupos no militares sea uniforme, generalmente por medio de acentos enfáticos que se ajustan a modelos rítmicos sencillos y repetitivos. Atendiendo a lo anterior, está claro cuál es la función que debe cumplir una marcha, llámese procesional, fúnebre o lenta. Todas tienen la misión de acompañar un desfile procesional e intentar que el ritmo de quien lleva el paso, ya sean costaleros, banceros o cualquiera que sea su denominación, sea uniforme. La denominación procesional, lenta o fúnebre, atiende al carácter interno de la propia composición. Digamos, en primer lugar, que el carácter puede ser más alegre o más triste. Las

La música procesional, ¿tiene ámbito nacional o existen territorios acotados? Sabemos que la música es el lenguaje de los sentimientos. Es un lenguaje universal. Es por ello que la música procesional no puede tener acotaciones geográficas. Es cierto que no en todos los sitios del territorio español la Semana Santa se celebra con la misma importancia ni se vive de forma igual. Somos conocedores de la importancia de la Semana Santa en ciudades como Zamora, Valladolid, León, Málaga, Sevilla, etc, en donde se da por hecho el importante papel que tiene la música procesional. Seguramente existirán muchos sitios en los que no haya ni un solo desfile procesional durante la Semana de Pasión y por lo tanto no se puedan escuchar marchas procesionales. Pero estoy seguro de que en esos lugares, el día en el que se celebra su fiesta local o su fiesta grande, por las calles saldrá en procesión el Patrón o la Patrona y estarrá acompañada a ritmo de marcha procesional.

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Según tu experiencia, como observador desde la parte trasera de los desfiles ¿existen en Cuenca diferentes formas de llevar los pasos? ¿La música se adapta al paso o el paso se adapta a la música? Hace tiempo leí en un foro sobre este asunto de que si la música se tenía que adaptar al paso o el paso a la música. Como era de esperar, en aquel foro había opiniones para todos los gustos a favor de una u otra opción. Hay dos aspectos de la música que son los que influyen al respecto: por un lado el carácter (triste o alegre) de la marcha procesional y por otro la velocidad (rápido o lento) con la que se interpreta una u otra marcha. De entre estos dos aspectos musicales, yo diría que el que más influye en el desfile y para los banceros es el relacionado con la velocidad. Seguramente a todos nos ha pasado el haber escuchado alguna marcha de procesión y haber comentado que, para nuestro gusto, va demasiado deprisa o demasiado despacio. Para no entrar en aspectos técnicos musicales sólo diré que la cadencia, el ritmo con el que se ha de interpretar una marcha procesional es constante, sin variaciones de velocidad a lo largo

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de la misma, lo que sirve para facilitar el movimiento acompasado de los banceros. Se puede decir que aquí en Cuenca, más o menos todos los pasos desfilan con la misma cadencia rítmica (velocidad). Como autor de varias marchas procesionales, define alguno de los elementos en los que te has apoyado para realizar las obras y como se reflejan éstos en la composición. Como clarinetista de la Banda de Música de Cuenca, desde muy joven y año tras año interpreté marchas de grandísimos compositores como Dorado, Cebrián, Texidor, San Miguel, etc. También de Cabañas, Calleja, Aguirre, los hermanos López Calvo, etc y posteriormente de Fernández-Cabrera, Sendra, Moreno, Grau y muchos otros. Creo que mi estilo está influido por todos ellos. De todos aprendí y me alegra haber tenido en algún momento de mi vida trato personal y haber sido alumno de alguno de estos grandes músicos. Mis marchas en cuanto a la forma, melodía, armonía e instrumentación son de estilo clásico y están pensadas para ser interpretadas en la calle. Hoy en día muchos compositores denomi-


Fotografía: Julio Palencia

nan marcha procesional a composiciones que, a mi juicio, nada tienen que ver con lo que yo creo que debe de ser una marcha. Y, sobre todo, teniendo en cuenta que la función primordial que debe de tener una marcha procesional es la de acompañar un desfile en la calle, con todo lo que ello supone. Hay compositores que escriben sus marchas pensando más en sus interpretaciones en un tranquilo auditorio que procesionando. Muchas de las marchas que hoy se escriben parecen más música incidental para un documental que para un desfile. Por las peculiaridades de los desfiles procesionales en Cuenca, ¿cuáles de ellas condicionan y de qué forma en las interpretaciones que se realizan a lo largo del recorrido de una misma hermandad? (Me refiero aquí a si hay diferencia a la hora de elegir una marcha a la salida, o cuando pasa por Carretería, o si se toca lo mismo el Domingo de Ramos o en el Santo Entierro). Habiendo participado durante casi 40 años en los desfiles de Semana Santa, primero como clarinetista y desde el año 2005 como director, no es difícil entender que cada desfile tiene sus

particularidades y su idiosincrasia: no es lo mismo participar en un Domingo de Ramos que en el Santo Entierro o en el Martes Santo, por ejemplo. Como responsable de la parte artística y técnica de la Banda de Música de Cuenca, siempre pienso en qué marchas son las más adecuadas para un día u otro, pero también hay que tener en cuenta otros factores para elegir una determinada marcha, como son la concentración de público en diferentes lugares, la acústica en determinados sitios y también el cansancio que pueden llevar acumulado los banceros o los mismos músicos después de tantas horas procesionando. ¿Cuál es el proceso que sigues para componer una marcha procesional? Te diré que el hecho de componer una marcha, un pasodoble o cualquier otro tipo de género musical, para un compositor se debe convertir en algo normal y natural pues esa es la finalidad del trabajo de un compositor. Al ser un trabajo artístico y creativo te absorbe mucho tiempo. No tienes horarios y hay que estar preparado para que las musas de la llamada inspiración se presenten.

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Quiero decir con ello que, en mi caso, cuando tengo que escribir cualquier tipo de composición lo primero que me planteo es la finalidad de esa composición: para qué o para quién la voy a escribir; el estilo y el lenguaje que quiero emplear; etc. Y a partir de ahí comienza un trabajo intelectual y mental que es el que luego se plasmará en el papel pautado. Cuando he compuesto marchas procesionales, como te digo, he pensado principalmente en el espíritu de la hermandad a las que las he dedicado, en la forma de desfilar, etc. Y a partir de ahí ha surgido todo. ¿Cuáles suelen ser los motivos que te llevan a componer? ¿Encargo, agradecimiento, decisión personal, inspiración,...? La mayoría de mis composiciones están dedicadas a hermandades y a personajes de nuestra ciudad. Las tres primeras “Entre Banzos” (1997), “Lienzo Sagrado” (1997) y “Tu silenciosa mirada” (2000) las escribí por decisión personal en agradecimiento a las tres hermandades a las que pertenezco, es decir: al Huerto de San Esteban, a la Verónica del Jueves Santo y a la Soledad de San Agustín respectivamente. Posteriormente escribí “30 Denarios” (2004) para El Prendimiento en el año de su 1er Centenario; en 2010, y en colaboración con el maestro D. José López Calvo, escribimos “Marcha por un guitarrista conquense”, dedicada al gran músico y guitarrista conquense Ismael Barambio, en homenaje a la gran amistad que nos unía; “Santísimo Cristo del Amparo” la escribí en el año del 200 aniversario de la fundación de la hermandad y además es el Patrón del barrio en el que vivo; y por último, “Arrepentimiento en el silencio” (2017), con motivo del hermanamiento entre la hermandad de la Negación de San Pedro y la Banda de Música de Cuenca que tengo el honor de dirigir. La única que no está dedicada a nadie es “Sombras de Pasión” escrita en 2014. Todas están escritas con la ilusión, pasión y respeto de un conquense que ama la Semana Santa, las fiestas y las tradiciones de su ciudad. En mi caso, nunca me he planteado el hecho de escribir música de Semana Santa para que el público me reconozca nada. Soy conquense de nacimiento y amante de nuestra Semana Santa y de todas nuestras fiestas y tradiciones. Es por ello que una de las mejores herramientas que un compositor tiene para contribuir a aumentar y engrandecer el patrimonio cultural y, en particular, el musical es escribiendo marchas procesionales o cualquier otro tipo de composiciones. ¿Qué tipo de actuaciones se te ocurren para promocionar la música de Semana Santa? Sabemos que en cuanto llega la Cuaresma, en nuestra ciudad, las hermandades organizan muchas actividades entre las que se encuentran algunos conciertos. La misma Junta de Cofradías organiza el llamado Concierto Inicio de Cuaresma con bandas de música traídas de diversos lugares de España. Este concierto junto con el que organiza la Hermandad del Huerto de San Esteban y la Banda de Música de Cuenca son los más tradicionales en nuestra ciudad. Como es lógico, la finalidad de ambos conciertos es la de poder disfrutar con la escucha de marchas procesionales tanto de nuestra ciudad como de otros sitios. Es justo decir que en el concierto que organiza la Hermandad del Huerto de San Esteban junto con la Banda de Música de Cuen-

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ca se han estrenado un gran número de obras, lo que ha servido para dar a conocer y promocionar a muchos compositores, principalmente, conquenses. Cualquier concierto que se organice en la ciudad es siempre bueno para el disfrute de la música, pero creo que se puede correr el peligro de programar demasiados y por ello perder, finalmente, el interés por asistir a todos. También quiero decir que sabemos que vivimos en un mundo global y que, gracias a la tecnología, cualquier evento que se produce en un lugar determinado, en pocos segundos o incluso en directo, se está viendo o escuchando en cualquier otra parte del mundo. Para un compositor lo más gratificante es que su obra se escuche y que cuanto más público la escuche, mucho mejor, ya sea en directo o no. Por eso, además de los conciertos, creo que también son muy importantes las grabaciones, ya sean en Cd o en vídeo. De todas tus marchas procesionales, ¿cuál es tu “favorita, preferida, o, simplemente, de la que te encuentras más satisfecho? Eso es como preguntarle a un padre cuál de sus hijos o hijas es el favorito o favorita. Estoy satisfecho con todas mis marchas. Es verdad que si las escucho, sobre todo las primeras que escribí, cambiaría alguna cosilla, algún detalle. Pero creo que sería un error revisarlas y modificarlas después de quince o veinte años. Tú fuiste miembro del jurado en el concurso de marchas procesionales que organizó la Junta de Cofradías hace unos años, ¿cuál es tu opinión sobre estos concursos? Todo lo que sea potenciar y gratificar económicamente la labor de un compositor me parece bien. Está claro que los concursos pueden ser una lanzadera para determinados compositores. Reconozco que no estoy muy al corriente de cuántos concursos de marchas procesionales se convocan. Lo que sí sé es que las cuantías económicas que ofrecen estos concursos en premios son cada vez más escasas y, por lo tanto, menos atrayentes para que los compositores presenten sus obras. Por otro lado, a mi juicio, creo que se están premiando obras que poco o nada tienen que ver con la idea y la funcionalidad que tiene que tener una marcha procesional. Las marchas procesionales se tienen que escribir para ser interpretadas en la calle, y no en un apacible teatro o auditorio. ¿Cuál es tu clasificación de tus cinco marchas procesionales preferidas para Cuenca? ¿Coinciden con las mejores, o cambiarías alguna? Es otra difícil pregunta de responder. Digamos que todo depende del momento y del lugar. Como ya te dije mi influencia siempre han sido los compositores clásicos. Por eso en el repertorio no pueden faltar “Mater Mea” de Dorado, o “Nuestro Padre Jesús” de Cebrián. También “Banceros de la Pasión” de Sendra, “La Quinta Angustia” de Grau, o cualquiera de Abel Moreno para el Domingo de Ramos o de Resurrección. En estos últimos años ha entrado con fuerza Vélez. Y todo ello, sin olvidar a todos y cada uno de nuestros compositores conquenses: Cabañas, Aguirre, Julián y José López Calvo, FernándezCabrera y toda la nueva generación de jóvenes compositores.


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FotografĂ­a: Ignacio Blanco


Opiniรณn

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Por Miguel Romero Saiz. Cronista Oficial de la Ciudad En tiempos del LIV Obispo de Cuenca, D. Isidro de Carbajal y Lancaster, sexto nieto por línea paterna de Motezuma, último emperador de Méjico y descendiente de la madre de D. Enrique II rey de Castilla y de D. Fernando y D. Juan II, reyes de Portugal (hijo que fue de D. Bernardino de Carbajal, conde de Lanjarada y señor de San Juan de las Encinillas, nació en Toledo el 15 de mayo de 1703), se produciría el famoso Motín del pan, motín de la Corte o motín del tío Corujo, en Cuenca capital. Fue nombrado obispo de Cuenca en enero de 1760, por Carlos III y justo, unos días después de ser entronizado en su obispado por el obispo de Teruel, se llevó a cabo el traslado de los restos de San Julián al altar trasparente. Visitaba muy asiduamente los pueblos de su Obispado, preocupado por la grave situación de crisis alimenticia y de fuerte necesidad de feligresía y durante el mismo se producirían los altercados de Madrid y Zaragoza, como consecuencia de la mala situación que vivía el país. Durante el reinado de Carlos III -el rey ilustrado apellidado el mejor alcalde de Madrid-, la situación del país no era la mejor. En la Corte, el enfrentamiento entre dos grupos de nobles alteró la situación pacífica que reinaba en toda la península y la presencia de uno de sus ministros más afamados y de su total confianza, el italiano Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache y su programa de modernización de Madrid, capital del reino, provocó una movilización popular masiva que llegaría incluso a amenazar la seguridad del propio monarca. Cierto es que los programas ilustrados del gobierno de Carlos III chocarían mucho con la situación del pueblo madrileño, incluso no todos los ministros de la Corte eran partidarios de esas y otras medidas de reforma social y cultural. Recordemos que al reinado de este monarca se le llamaría el Despotismo Ilustrado. La villa de Madrid presentaba una suciedad, insalubridad e inseguridad demasiado alta en aquellos años como consecuencia de la política de los borbones -sobre todo, de los anteriores enfrascados más en guerras europeas, en bailes y convites, que en buscar la mejora de la situación económica del país-. Era necesaria una limpieza, pavimentación y alumbrado público que no tenía, así como la construcción de fosas sépticas que evitase el arrojo habitual del agua sucia desde las ventanas a los arroyos. Por otro lado, siguiendo un poco el ejemplo de París, Carlos III deseaba una ciudad con más jardines y parques. Todo ello, llevó a la publicación de una serie de órdenes reales y entre ellas, una importante que sobresalió frente a las demás y que fue la de erradicar definitivamente el uso

de la capa larga y el chambergo (sombrero de ala ancha, gacho redondo, montera calada) bajo el argumento de que permitía el anonimato y la facilidad de esconder armas para los delincuentes, fomentando con ello, delitos y actos de desórdenes públicos. Con todo ello, la revuelta en Madrid -capital de Corte y Villafue altamente numerosa, más de treinta mil personas, los cuales se enfrentaron a las medidas de Esquilache y a provocar su marcha de España, culpándole a él de la carestía del pan, algo que se había extendido y su impopularidad creció en aumento. Aunque algunos historiadores acusan a los jesuitas de ser provocadores de estos y otros disturbios queriendo con ello, ayudar al ascenso del marqués de la Ensenada -enemigo del napolitano- y fortaleciendo la idea primitiva de que esta revuelta era más bien un enfrentamiento entre los albistas, partidarios del duque de Alba y los arandistas, seguidores del conde de Aranda, lo cierto es que fue un movimiento popular espontáneo con una instrumentalización política evidente en medio de esa lucha de poder cortesano. No hay duda de que el problema del pan era algo muy grave para las masas populares, siempre expuestas a la decisiones reales. Hay que tener en cuenta que era el elemento fundamental de la dieta y se había duplicado su precio en cinco años, pasando de siete cuartos la libra -unos 460 gramos- en 1761 a doce cuartos en 1766 y a un máximo de catorce en los días previos al motín. El jornal diario podía ser, para distintos oficios y categorías, de entre dos y ocho reales, por tanto, un ingreso medio de cuatro o cinco reales diarios llegaba apenas para poder comprar entre dos o tres libras de pan a ese precio máximo. Si atendemos a que cada familia, por entonces, podría estar formada por siete u ocho miembros, la carestía y el hambre empezó a hacer gran mella entre la sociedad más baja. Siguiendo las clásicas pautas de los motines de subsistencia del Antiguo Régimen, la carestía de pan en todas esas crisis llegó a ser insoportable para los más humildes en la época del año en que justamente el trigo era más caro, antes de la cosecha y cuando se estaban agotando las reservas del año anterior, provocando un máximo de conflictividad coincidiendo con los meses de primavera (llamados tradicionalmente, meses mayores a esos efectos). En esta ocasión no solamente serían las malas cosechas que las hubo, sino la supresión de la tasa de granos que arrastraba la liberalización del comercio del trigo provocando que los acaparadores del trigo, normalmente lo nobles y el clero lo vendieran más caro.

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Fotografía: Luis Alejandro Moya

…portando palos, horcas, hoces, cuchillos y otros elementos de uso, se dirigió a la ermita de San Roque, sacó los trajes, túnicas nazarenas y tambores que habitualmente se utilizaban en el Jueves y Viernes Santo…

Cuenca no se quedaría al margen, al igual que otras ciudades próximas a Madrid, alcanzando una dimensión inesperada. La proximidad a la Corte de nuestra ciudad, arrastró la información con rapidez. Un comerciante de aceite, llegado desde Molina de Aragón, anunció a bombo y platillo que en Zaragoza había habido un amotinamiento del pueblo, más grande que el de Madrid. En pocas horas, dentro de nuestra ciudad, se constituyeron dos grupos de gente humilde y necesitada, en algunos casos desocupada y baldía como dirían las noticias municipales. Un grupo se formó en la puerta de Valencia -donde había algunas panaderías entre el Campo de San Francisco, el cerrillo de San Roque y la Carretería- y otro, a la salida del puente de San Antón, barrios que concentraban más gente humilde por su carácter obrero y jornalero. La medida de la subida del pan fue rápidamente dada, a viva voz, por el pregonero de la ciudad, en cada uno de los puntos habituales de comunicación: La plaza del mercado, la plaza de la picota o del Carmen, la plaza del trabuco, la plaza de San Andrés, la plaza de Santo Domingo, la Cárcel Vieja y la puerta de la Trinidad y, el Postigo del puente de Palo, donde se encontraba el Pósito, lugar que ya vigilaban los soldados con cierto celo, desde hacía meses en que la carestía del pan había condicionado la situación del país. La subida del pan un cuarto

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de libra fue el detonante de un descontento popular que ya existía con anterioridad por otros motivos, contra el propio concejo de la ciudad. El grupo de la puerta de Valencia, “portando palos, horcas, hoces, cuchillos y otros elementos de uso, se dirigió a la ermita de San Roque, sacó los trajes, túnicas nazarenas y tambores que habitualmente se utilizaban en el jueves y viernes santo, y vestidos aquellos de improvisadas hachas de viento con botillo y teas, a tambor batiente, volvieron a la puerta de Valencia. La fama del motín ya había cundido por toda la ciudad y empezó a extenderse por otros lugares de la misma. Ante tal situación, desde la catedral había bajado el doctor Leoz, canónigo capitular muy apreciado por la feligresía, como comisionado por el Cabildo, con la intención de hacer desistir a todos aquellos violentos. Este sacerdote, muy dado, a conceder limosnas a los pobres, era apreciado y se pensó que su presencia y palabras podrían ser el remedio. Cuando el canónigo Leoz se encontró al grupo, quiso apaciguar con sus arengas epistolares, pero entre el grupo amotinado se empezaron a oír los gritos de, ¡muera¡, ¡muera¡, ¡matarlo¡, ¡a la horca...¡ por lo que, asustado, calló y quiso huir hacia la puerta de Valencia hacia arriba, impidiéndoselo los más irascibles de la revuelta popular. El sonido de los tambores era estremecedor y la ciudad crujía en sus entrañas, pensando desde el corregimiento que el peligro de que pudiera arder parte de la ciudad era grande.”


Las personas que dirigían el amotinamiento eran muy conocidos en la ciudad. Los más importantes eran el Corujo, los Pimientos, Quico, Solbito, Zuecos, los Maneles, los Cacheros y Pititi, apodos todos muy populares en Cuenca, pues eran resientes en los barrios de San Antón, Santo Domingo, San Gil y Barrionuevo. Empezaron a formar diversos grupos de no más de veinte personas y empezaron a separarse para ir formando cada vez más concentraciones en puntos diferentes de la ciudad y así extender el amotinamiento. “Gritaban y tocaban constantemente los tambores al mismo ritmo que lo hacían en la procesión de las Turbas del los viernes santos. Era un griterío ensordecedor y entre los gritos, las palabras de muerte, ¡abajo el rey¡, ¡que caigan los nobles¡, etc., eran comunes, sin olvidar que los niños acompañaban a sus padres con alboroto y gritos compartidos”. Según citan los documentos, el grupo de el Corujo (tío Corujo) se dirigió a la casa del depositario de Propios con furiosa compostura y amenazas terribles. Vivía enfrente de San Felipe y advirtiendo los gritos quiso huir por los tejados de la propia iglesia y saltando a los del convento del Carmen pudo llegar a los aposentos de los propios frailes donde le refugiaron detrás del camarín de la imagen de la Virgen. Cuando éstos llegaron a su casa, rompieron la puerta y entraron en ella, se llevaron la

sorpresa de su ausencia, destrozando todo cuanto encontraron y lanzándolo rabiosamente por los balcones y ventanas a la calle. Allí, les prendieron fuego quemando todos sus enseres, llegando las llamas hasta los tejados de la congregación del oratorio de San Felipe Neri. “Desde allí, pasaron a la Casa del Corregidor haciendo sonar con mayor fuerza, los tambores que portaban, cogiendo a la autoridad y depusiéndolo como tal, dando la autoridad al propio tío Corujo, dirigente del grupo. Se formó un nuevo municipio, cogió la vara de mando y se sentó en la mesa de los plenos municipales, nombrando nuevos concejales. No habría muertes por la prudencia y vigilancia de las personas de responsabilidad y criterio.” Siete días duró el gobierno de los amotinados. La llegada desde la corte de una compañía de Miñones de Aragón controló la situación. Los conquenses que, desde los disturbios de la guerra de Sucesión estaban siempre temerosos de la presencia de soldados, rápidamente acataron su mando, no sin antes, cerrar puertas de la muralla y encerrarse en sus casas durante las horas previas a la llegada. Poco después, entraban los soldados al mando del Excmo. Señor D. José Moñino con la real comisión de hacer pesquisa de los culpables y se instaló en el hospital de Santiago. Allí estableció el tribunal para juzgar la causa.

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Fotografía: Enrique Martínez Gil

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Gritaban y tocaban los tambores al mismo ritmo que lo hacían en la procesión de Las Turbas de los Viernes Santos

Hizo interrogatorios, prisioneros y procesos, siendo numerosas personas procesadas y con causas abiertas llegando a las penas de destierro de la ciudad a otros lugares del país, sin poder volver a ella en cinco años -previo pena capital-, como fue el caso de el Pimentero y Maneles. En algún otro proceso, concretamente los que secundaron la revuelta en el barrio de San Antón, como fueron Quico, Solbito y Zuecos, fueron conducidos a los presidios de África después de la pena de azotes que recibirían en las cárceles de la Inquisición y de diez años de presidio como pena a cumplir. Nunca volvieron a Cuenca. Por otro lado, los grandes cabecillas y dirigentes como fueron Pititi y Corujo serían sentenciados a la pena capital que no sufrirían por estar prófugos y morir ausentes y, por fin, según la severidad de la antigua legislatura, se inhabilitó a todos los encausados, a la descendencia de los culpables hasta la quinta generación para desempeñar cargos municipales y destinos. Sirvió de escribano de toda la causa, el Señor Llerena, secretario del Hospital de Santiago y tanto le gustó al señor Moñino su trabajo que lo nombró director general del Canal

de Murcia, llegando a estar en el Ministerio como subsecretario de él. Le premió comprándole la casa del Sr. Muñecas, sita en Correduría, para su propiedad como conquense que era. En estos tiempos, Cuenca había experimentado un importante crecimiento económico provocado por el comercio de la lana y la producción textil que, a su vez, había extendido la ciudad en arrabales por la parte del Campo de San Francisco y los cerros de Molina y San Roque. Por otro lado, la calle que corría paralela al Huécar donde vivían los tintoreros, estaba llena de mesones donde los comerciantes y artesanos alternaban después de sus trabajos diarios. Las Cofradías religiosas, algunas de ellas en ciernes, iban conformando sus estatutos. Por el momento, había algunas que estaban fortaleciendo su organización como era el caso de la de Jesús Nazareno del Salvador, nacida hacia 1662, aunque tardaría unos años en incorporarse al cabildo de San Nicolás de Tolentino; o la de San Juan Evangelista que aparecerá en 1702; la del Santo Cristo de la Agonía en 1715 o la del Cristo de la Luz, por esos años y casi al final de este siglo, la de Nuestra Señora de San Agustín. Otras muchas no existían.

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Fotografía: Enrique Martínez Gil

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Sin embargo, era necesaria una producción de telas para adecuar sus imágenes en sus diferentes atuendos que empezaban a ser considerados como principal parte del repertorio procesional. Los nazarenos iban componiendo su vestimenta, algo que tardó bastante en llegar. Los recursos eran mínimos y por tanto, escasas las adquisiciones. A finales de este siglo XVII, las fábricas de paños y de otros tejidos alcanzaron cierta importancia al recibir su impulso, y según nos cuenta Don Eugenio de la Ruga en sus Memorias Políticas y Económicas, Don Humberto Mariscal, natural de la provincia de Henan de los Países Bajos, experto en la fabricación de pel de febre, camelotes finos, carros de oro y otras telas, llegó a España y concretamente a Cuenca, donde se instalaría, junto a operarios y oficiales suyos traídos de Amberes, estableciendo una fábrica en 1688. Unos años después ya contaba con diez telares de bayetas y barraganes y en 1692 con quince telares. La necesidad y demanda de la sociedad conquense y sobre todo, madrileña, generó una dimensión importante de producción y venta. Igualmente extendió tal producción provocando el que otros muchos conquenses empezaron a poner telares familiares en sus domicilios, sobre todo de barraganes, al ver que el corregimiento lo permitía pagando como impuesto al mismo, diez arrobas de aceite, doce de jabón y diez de vino por cada tela al año, librándoles de pagar otros dineros. Con estas franquicias, la ciudad de Cuenca contó con treinta telares de barraganes que llegarían a cuarenta y tres en el año 1700. Fueron muy afamados los barraganes, carros de oro, extremeñas y pelo de cabra de la fábrica de Don Humberto Mariscal, extendida por toda Europa, hasta el 1756 momento en que empezaría el descenso de producción. Sería después, durante el obispado de

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don Antonio Palafox cuando volvería a renovarse la producción textil de la que ya hablaremos en otro momento. Algunas cofradías utilizaban unas prendas baratas que, en gran parte eran barraganes para el uso cotidiano y de cubertura de enseres. La situación provocada por la movida del pan y otros productos de primera necesidad, empezó a dejarse sentir con demasiada virulencia. Se acercaba las fechas de la Semana Santa y además, la religiosidad popular estaba muy enraizada en esta ciudad. En 1766 la situación alcanzaría su máxima dimensión y Cuenca sufrió el control de los Miñones por lo que la mayor parte de los amotinados y cabecillas fueron encarcelados, algunos en la Cárcel de la Penitencia que estaba en el edificio de la calle de San Juan. Varios de los que habían dirigido la contienda, en la capital, formaban parte de las Cofradías religiosas que acababan de empezar su historia, incluso eran personas destacadas dentro del ámbito cofrade. Esa sería la razón y no otra, para que el Consistorio, como consecuencia de estos altercados graves en la ciudad, decidiese que en esa Semana Santa no aparecieran nazarenos con tambor ni clarín, ni que la procesión llamada tradicionalmente Las Turbas en las madrugada del viernes santo, se llevase a cabo, entendiendo que los facinerosos que se apoyaron en las túnicas nazarenas y los instrumentos de desfile procesional pudieran volver a provocar altercado alguno. Tal es así, que el Jesús Nazareno y las escasas imágenes que procesionaban por aquellos años, salieron de sus iglesias sin más “bombo y platillo” que el silencio de su hermanos, haciendo sentir con ello, el fervor y la devoción que toda Semana Santa debe de tener. Así lo expresaba el canónigo Muñoz y Soliva en sus “Noticias de los Ilmos. Señores Obispos de la Diócesis de Cuenca” (Imprenta e Francisco Gómez e hijo, Madrid, 1860).


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Por Juan Ignacio Cantero de Julián Cuenca es un pentagrama. Cuenca es una sinfonía perfecta. La Semana Santa de Cuenca puede recorrerse a través de las marchas procesionales. No hace falta poner ni una sola palabra para hacer poesía de ella. La música aporta los versos, la rima, el ritmo y la sintonía. Cuenca es el compás, la Semana Santa la melodía. Cuenca Santa, Cuenca encantada. Semana Santa en España, sentimiento en Cuenca. Jerusalén, las tres cruces, entre banzos, de tulipas y capuces. Al hombro banceros de la pasión, en vos confío alma nazarena. Fervor, calvario, coronación, cofrades de Cuenca. Alma de la Trinidad, calle del peso, pasión conquense, bendita estrella. Domingo de Ramos en Cuenca. la borriquilla entre palmas y ramos, hosanna in excelsis. virgen de la esperanza, dolor y llanto.

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Amarguras, oremos, cantos de tristeza y esperanza. Arrepentimiento en el silencio, Christus perdónalos. tu silenciosa mirada. El bautista bautizando a Jesús, Concha, María Magdalena. Penitente de pasión, Jesús de Medinaceli, la belleza de la virgen, esperanza nuestra. Eterna alianza, pan compartido, sangre derramada. La santa cena. Noche de olivos orando en Getsemaní, el prendimiento. Beso traidor en los olivos de Cuenca. Salve maestro y lo besó, 30 denarios. San Pedro Apóstol, Malco.


Fotografía: Ignacio Blanco

Ecce-homo, he aquí el hombre, la negación, Jesús preso. Lágrimas de San Juan, reina de mi amargura, orando al cielo. Cueva santa, Jueves Santo en Cuenca. Sueños de misericordia, orfebres de la ribera. Getsemaní, el huerto, oración. Nuestro padre Jesús amarrado a la columna, azotes de pasión. Corona de espinas, paso de la caña, lamentación. Tras de ti mi cautivo, la santa faz en tu primera caída. Reo de muerte, Jesús del puente nazareno del Júcar. El dolor de una madre en tu soledad, eterna melodía. Puntal del Jueves Santo y al tercer día... La madrugá, lloran los clarines. Por un viejo turbo, nazareno del alba. La vía dolorosa, camino de lágrimas. Las turbas camino del Calvario, la caída, el Jesús de la mañana. La palma al viento San Juan, el evangelista, discípulo amado. Soledad de la madrugada. Dolor de madre, madre del Salvador, palio de esperanza.

Monte Calvario, la exaltación. Cristo de la agonía, crucifixión. Lienzo sagrado, reflejos de pasión. Muerto en la cruz el Cristo de la lanzada, Longinos, Cristo de la luz. Descendimiento, Cristo de la salud. El descendido, mater mea, sendero de promesas a Nuestra Señora de las Angustias de Cuenca. Descansa en paz alma de Dios de vuelta al porvenir. El héroe muerto, el sepulcro, paz eterna, repose in paix. Marcha por nuestro Cristo yacente, llora Jerusalén. Por tu cara de pena pasa la Soledad, las cruces de la merced. Las lágrimas de la virgen camino del sepulcro. María santísima del dulce nombre, gracia y esperanza. Luz de Jerusalén, sombras de pasión, tempestad y calma. Espéranos en el cielo, Resucitó. Bendita amargura al rey de la gloria. Gracia y amparo, triunfal. Danos tu paz Jesús resucitado. Aurora en su resurrección.

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Opiniรณn

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Presentada en el encuentro del “Foro Nazareno” de la Vble. Hdad. de Nuestro Padre Jesús Amarrado a la Columna, en la sede de la Muy Antigua y Vble. Hdad. de Nuestro Padre Jesús Nazareno (del Puente) el pasado 10/11/2018

Por Carlos Román de Lerma Ruiz

“Jamás Cuenca vivirá momento de más honda emoción que los de aquel Jueves Santo en el que la mutilada imagen recorrió sus calles. Sin cruz, las mangas colgando de los muñones, tajada la nariz, hundidos los ojos, conservaba no obstante su imponente majestad. Y en la boca, que la furia sacrílega intentara rasgar, la huella de la profanación extremaba el gesto de amorosa dulzura.”... (Pregón de Federico Muelas, 1945). Así habla Federico Muelas en su pregón de 1945 de la llamada “Procesión del Desagravio al Nazareno de Sisante”. Una procesión cuyo simbolismo, afortunadamente en estos tiempos, nos es difícil de calibrar, ya que su ultrajada figura simbolizaba las heridas que, como hachazos, aún sangraban en aquellas gentes salidas de una guerra terrible. Una procesión, en definitiva, que caló hondo entre quienes la vivieron y que sirvió de estímulo para quienes, ya en aquellos momentos, estaban manos a la obra para reconstruir la Semana Santa de Cuenca y darle el esplendor con el que la conocemos hoy en día. Así que, si me permitís, arropado por el guion del Nazareno del Puente, os quiero hablar de aquel otro Nazareno que atrajo las miradas, las emociones y no pocas lágrimas en aquella noche para la historia de la ciudad de Cuenca y de nuestra Semana Santa. Os quiero hablar de Nuestro Padre Jesús Nazareno, de Sisante. DESCRIPCIÓN Hemos de distinguir los dos momentos que conforman su historia, el previo a la Guerra Civil y el posterior, tras la restauración (casi se podría llamar reconstrucción), realizada por Federico Coullaut-Valera. Es una talla de candelero de tamaño natural concebida para ser vestida. Tiene, pues, tallados cabeza, rostro, cuello, manos, antebrazos y pies hasta las rodillas. Representa a Jesús, encorvado y cargando con la cruz que porta sobre su hombro izquierdo. La cabeza, coronada de espinas, y con las tres potencias que simbolizan las tres facultades del Alma: “Entendimiento, Voluntad y Memoria”, que son una evolución del “Nimbo Crucífero”, representación de tiempos bizantinos de la divinidad de Cristo, y que

podemos contemplar en forma de corona, entre otros, en nuestro “Amarrado”, se ladea hacia su derecha e inclina levemente hacia abajo. La larga cabellera, de ondulados y sueltos mechones, cae por detrás y por los laterales de la cabeza, dejando entrever la oreja izquierda. El rostro, de acusados rasgos y perfiles muy marcados, se caracteriza por unos ojos almendrados bajo abultados párpados, entrecejo fruncido, nariz recta, pómulos sobresalientes y boca entreabierta traduciendo el dolor soportado y el agotamiento físico. La barba, bífida, contribuye a crear la sensación de rostro alargado. Al igual que las facciones, las manos, de dedos largos, nervudas, muy realistas y de correcta y marcada anatomía (bien visibles se muestran huesos, tendones y venas), insisten en la expresividad que emana toda la figura. Estas sostienen el palo corto de la cruz con dulzura, apenas rozándolo, estando la diestra más abajo que la izquierda. Me quiero detener en las manos porque es, siempre en mi humilde opinión, lo menos conseguido de la, por otra parte, ajustadísima restauración de Coullaut-Valera. Según se puede comprobar por fotos antiguas, las manos originales eran finísimas, de una perfección sublime. Hay quien piensa que la escultora modeló sus propias manos ya que se apreciaban detalles como hinchazones de los nudillos o una desviación en un dedo meñique, que podrían indicar cierta artrosis, dolencia que podía haber sufrido la escultora. Las actuales, tras la pérdida de las originales, no llegan a ese grado de perfección. Al hilo de la restauración y de su acabado final, quería contaros que la primera impresión que me llevé es que su rostro me resultaba familiar. La típica sensación de que ya nos habíamos visto antes, aunque eso no fuera posible. Tiempo después, y ya sabiendo un poco los avatares históricos de la talla (que ahora abordaremos), ese “aire familiar” tiene una explicación. Creo firmemente que el Nazareno de Sisante sirvió de inspiración para obras posteriores de Coullaut Valera, como nuestro “Jesús con la Caña” del Jueves Santo o, muy particularmente, con el “Santísimo Cristo de la Agonía” del mediodía del viernes. Insisto en que es una opinión propia, pero a estos profanos ojos, esa similitud me resulta muy clara y cada vez que los veo me recuerdan vivamente el rostro de la talla de Sisante. Cuenca Nazarena 85


Opiniรณn

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LA ESCULTORA Es obra reconocida de Luisa Ignacia Roldán Villavicencio, conocida popularmente como “La Roldana”. Nacida en Sevilla en 1652, fue hija del afamado escultor sevillano, Pedro Roldán, y en su taller inició su formación, ayudando a su padre junto con algunos de sus hermanos. Pronto empezaron a destacar sus dotes creativas, aunque este periodo de su obra es bastante desconocido. De fuerte carácter y alejada de los convencionalismos de la época, se casó con uno de los colaboradores de su padre en contra de la opinión de éste que, incluso, no asistió a la boda. A partir de ese momento (año 1671) se mantiene la hipótesis de que inició su obra por separado de la de su padre y se tiene constancia de obras contratadas por su marido, Luis Antonio de los Arcos, también escultor (pero de mucha menos categoría) en las que su influencia está presente. También hay autores que atribuyen obras anónimas sevillanas de la época como la “Virgen de Regla”, o la mismísima “Esperanza Macarena” a La Roldana, por el parecido de esta última con la “Dolorosa” del convento de Sisante de la que hablaremos más adelante, aunque no hay documentación que lo acredite. Sí está documentado que el matrimonio se traslada a Cádiz en 1687 y en esta provincia se conservan obras ya firmadas por ella tanto en la Catedral como en iglesias y conventos de la provincia. En 1689 se trasladan a Madrid y por influencia de Cristóbal de Ontañón, Ayudante de cámara del Rey, en 1692 es nombrada “Escultora de Cámara”. Esta última fecha es importante en lo relativo a la talla de Nuestro Padre Jesús, porque está acreditado que es por su condición de “Escultora de Cámara” que el Rey Carlos II le hace el encargo de su tallado. Sin embargo, ese cotizado puesto no supuso un alivio para la precaria situación económica que les acuciaba. Así, como sustentadora de la economía familiar, no dudó en escribir cartas al propio Rey y a su consorte para solicitar ayuda y alojamiento para su familia. También, cuando ocupó Felipe V el trono de España, tampoco dudó en presentarle dos obras y varias cartas en las que solicitaba seguir ostentando el cargo que desempeñaba con el anterior, así como obtener “ración para ella y su familia”. “Lo que sabe lo ejecuta en piedra, en madera, en barro, en bronce, en plata, y en cualquier otra materia”, así lo solicitaba al primer Borbón. El cargo le fue renovado el 21 de octubre de 1701, pero sus penurias económicas no se solucionaron y cuando le sobrevino la muerte en 1706, se encontraba en la más absoluta miseria al punto de tener que ser enterrada en caridad. Madre de 7 hijos, tuvo que soportar la pérdida prematura de 4 de ellos. Una vida dura la de la primera mujer escultora reconocida y una de las principales artistas escultóricas del barroco español. HISTORIA DE LA TALLA Para abordar la curiosa historia de la talla del Nazareno y de cómo terminó en el pueblo de Sisante, hemos de tener en cuenta que, aun siendo abundantes los documentos (al menos hasta la Guerra Civil), estos no se encuentran clasificados, por lo que la referencia más usada es la “Noticia histórica de la fundación del ejemplarísimo convento de religiosas clarisas -vulgo Nazarenas- de la Villa de Sisante, obispado de Cuenca, del sacerdote que la hizo y de la peregrina imagen de Jesús Nazareno que le da nombre”...” , obra de anónimo autor, fechada en 1844 y basada en dichos documentos conventuales. Sin embargo, esta “Noticia...” contiene ciertas incongruencias en

las fechas y no pocas leyendas y misticismos de difícil comprobación. Hay referencias anteriores como la del pintor y erudito Antonio Palomino coetáneo de la escultora a la que conoció personalmente y quien afirmó que esa talla había provocado “El pasmo y la admiración de la Corte” y añade en tono más personal que “ fue tal el estupor que me causó el verla que me pareció irreverencia no mirarla de rodillas”. También un documento fechado en 1775, que se encuentra en el archivo parroquial de Sisante y que parece una contestación a una encuesta catastral, contiene curiosas noticias tomadas del “Libro Becerro” del convento. Un libro éste que, lamentablemente, no se conserva en su archivo. Como hemos comentado anteriormente, la fecha de la realización hemos de ubicarla entre los años 1692 y 1700. Está documentado que fue un encargo del Rey Carlos II pero no se tiene claro el destino, sobre el que hay varias teorías. Hay diversas fuentes que indican que sería un regalo del Rey al Papa Inocencio III. Así lo indica, por ejemplo, el propio Ayuntamiento de Sisante en lo que es un error de bulto, ya que este Papa fallece en 1216, varios siglos antes de la época en la que reinó Carlos II. Otras fuentes, en una teoría más extendida y aceptada, indican que sería para el Papa Inocencio XI, pero me atrevería a asegurar que también es un error, quizá de transcripción, ya que este Papa fallece en 1689, unos años antes de que La Roldana fuera nombrada “Escultora de Cámara”. Lo más probable sería que fuera un encargo para otro Inocencio, el Papa Inocencio XII. No sólo porque las fechas están más ajustadas, ya que ocupó el solio pontificio entre los años 1691 y 1700, sino que, además, tuvo una intensa actividad con la Corona Española en asuntos doctrinales y políticos, que bien pudieran haber movido al Rey a encargar aquel presente. Sin embargo, el fallecimiento del Papa el 27 de septiembre de 1700 frenó su traslado a Roma, buscándole entonces acomodo en el Real Monasterio de El Escorial. Muy poco después fallece el propio Carlos II, el 1 de noviembre de ese mismo año, con lo que estos luctuosos hechos y la más que probable paralización del pago de la obra hicieron que la talla quedase, ya terminada, en el obrador de la escultora y allí estaba al fallecimiento de ésta. Así lo aseguraban los dueños, según lo expuesto en el documento de 1775 y que aparecería en el “Libro Becerro” del Convento: “...había estado encajonada la Sagrada Imagen varias veces para Roma y otras partes por orden de los señores de Madrid y siempre se desconcertó el negocio”. Esas otras partes a las que alude podrían ser El Escorial, como hemos comentado, o el Convento de San Diego de Alcalá de Henares, como ahora veremos. Efectivamente, se tiene constancia de varios intentos de compra por parte de importantes personalidades como el X Duque del Infantado, Juan de Dios de Silva y Haro, benefactor de la familia Arcos-Roldán y para el que La Roldana ya había trabajado en alguna ocasión. Quería el noble destinar la talla al citado Convento de San Diego de Alcalá de Henares, pero no llegó a concluirse el negocio por el alto precio con el que los herederos de la escultora tasaron la pieza. Otro aspirante fue un comerciante genovés que llegó a ofrecer 30.000 reales por ella, aunque tampoco se llegó a un acuerdo. ¿Y cómo esta talla, destinada a las más altas estancias vaticanas y luego a importantes monasterios, pretendida por nobles y por ricos comerciantes, acabó en un humilde convento de un pueblo de Cuenca? Cuenca Nazarena 87


Opiniรณn

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En este punto aparece un personaje primordial: el licenciado Don Cristóbal de Jesús Hortelano de la Fuente, fundador del beaterio y luego Convento de las Clarisas de Sisante. Nacido en este pueblo en 1656, fue ordenado subdiácono en 1679. En 1695 funda un beaterio y obtiene en 1701 la licencia del obispo para que las beatas hagan votos y se trasladen a la actual sede. La iglesia del convento se construye entre los años 1702 al 1708. Se tienen dos teorías de cómo el Padre Hortelano supo del Nazareno de La Roldana. Según la primera, un jesuita, el padre Agustín de Castejón, puso a Hortelano tras la pista del Nazareno en una visita al pueblo. Otra teoría narra cómo estando Hortelano en las “Vistillas de San Francisco” de Madrid y habiendo preguntado en un obrador de esculturas por una Dolorosa que le habían encargado, se le acercó una niña, de nombre Elena, que le informó de una preciosa escultura de Jesús Nazareno que se hallaba en el cercano taller de los hijos de Luisa Ignacia. Sea como fuere, el caso es que Hortelano vio la obra y se interesó vivamente por ella. Tanto es así que, según testigos de la época, cuando los familiares de La Roldana le descubren la talla, sintió tal emoción que se le rompió una costilla, haciéndole una herida en el pecho que le acompañó hasta su muerte y que, según diversos testimonios posteriores, era visible en su cuerpo incorrupto. Quizá un hecho extraordinario como ese pueda explicar que el Padre Hortelano consiguiera hacerse con la talla por la mitad de precio de lo que se había ofrecido por ella poco antes. Fue, efectivamente, tasada en 15.000 reales y, además, a cambio de una misa anual perpetua por el alma de los vendedores, el Padre Hortelano consiguió la talla de una “Dolorosa”, que se venera también en el Convento y a la que nos hemos referido anteriormente. Sin embargo, en ese instante, el Padre Hortelano sólo dispone de unos pocos reales, por lo que recurre a benefactores para reunir el dinero necesario para comprarla. Esta venta por un precio sensiblemente inferior a las ofertas anteriores no debió ser muy del agrado del Duque del Infantado ni del propio Rey Felipe V quien, según está recogido en el documento fechado en 1775, ordenó que salieran al paso de la comitiva que transportaba al Nazareno camino de Sisante para embargar la imagen y depositarla en el famoso Convento de San Diego de Alcalá a expensas del Rey. Pero los agentes de la justicia dieron con la talla cuando se encontraba fuera de los límites jurisdiccionales de Madrid y se vieron obligados a aceptar el trato de la venta que se había cerrado el 10 de septiembre de 1711. El contrato de venta viene firmado por los hijos de La Roldana y en esto puede estar la clave de la rebaja del precio. Sabemos que Luis Antonio de los Arcos fallece ese mismo año y, posiblemente, la situación de la familia fuera complicada, lo que ayudaría a las dotes persuasivas del Padre Hortelano. Así que, ese mismo día 10 de septiembre, la imagen saldría del taller familiar de los hijos de La Roldana de camino a Sisante, localidad a la que llegaría la madrugada del 14 del mismo mes, entrando acompañada de antorchas y constituyendo un acontecimiento de gran importancia, quedando esta fecha como la oficial para las celebraciones relacionadas con el Nazareno.

La siguiente parada en la historia de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Sisante se produce en 1817. En este año es nombrada Abadesa del convento la hermana Rafaela de Santa Teresa. Nacida en 1786 y llegada como novicia a Sisante en 1812 en contra de los deseos de su familia, toma los votos en 1813 y como decimos, es elegida Abadesa del convento en 1817 a los 31 años, una edad muy temprana para esos menesteres. Enterada de que no se celebró el primer centenario de la llegada del Nazareno a Sisante por la complicada situación por la que atravesaba el país en 1811, en plena Guerra de la Independencia, y sabedora de la importancia con la que se suelen celebrar este tipo de efemérides, se puso manos a la obra para conseguir, aunque fuera con unos años de retraso, celebrar ese centenario con la brillantez debida. Así, en 1819 consiguió reunir los fondos necesarios para ello y se celebró el I Centenario de la llegada de Nuestro Padre Jesús a Sisante, quedando instaurada la tradición de su salida en procesión cada 100 años. En este primer centenario, se reforzó la imagen con un vástago para que le diera estabilidad en la excepcional salida procesional, ya que no estaba preparada para ese tipo de movimientos. Además, el Nazareno lució una túnica que habría sido regalada por el propio Rey Fernando VII, aunque no está documentado y de la que sólo se conserva una fotografía fechada en 1911. Es en este año de 1911 cuando se celebra el II Centenario con toda brillantez y cuando las monjas confeccionan la túnica bordada que aún conserva. LA GUERRA CIVIL La Guerra Civil Española de 1936-1939 supuso para la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Sisante un punto y aparte. Pongámonos en situación. En las afueras de Sisante se construye un aeródromo que servirá de base para los bombarderos Tupolev SB-2 Katyhushka de la 2ª Escuadrilla del Grupo 12 de la aviación republicana. Esto supuso la llegada de tropas rusas y españolas al pueblo que convivieron con relativa armonía, pero también de la llegada de milicianos a los que se acusa de varios actos execrables. A partir de la llegada de estos... la iglesia parroquial fue convertida en garaje y las ermitas fueron saqueadas, siendo las sagradas imágenes amontonadas y quemadas en la plaza del pueblo. También el convento fue asaltado y convertido en cuartel, las monjas expulsadas, exceptuando la abadesa que fue encarcelada y murió en prisión. La iglesia fue asaltada; reducido a astillas el retablo barroco; profanadas las tumbas del padre Hortelano entre otros; y atacada la imagen del Nazareno junto con las que no se pudieron salvar. Que no acabara en la pira donde acabaron otras imágenes es motivo también de alguna leyenda, como la que relata que, una vez arrancado de su camarín, los milicianos pretendieron llevarlo a la plaza para quemarlo pero, cuando ya lo tenían subido a un carro tirado por dos mulas, estas se negaron a moverse por más palos que les dieron. Sea así, sea por la superstición de los asaltantes, sea por la defensa anónima de algún vecino, la imagen de Jesús Nazareno quedó abandonada en la iglesia, ultrajada, cosida a hachazos, arrancados los ojos, las manos y la cruz, y desprovista de ropajes hasta que fue descubierta una vez finalizada la contienda en 1939.

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Opinión

¿1939 o 1940? Llegados a este punto, todavía existen voces que ponen en cuestión la fecha de la realización de la “Procesión del Desagravio al Nazareno de Sisante” en Cuenca. Para intentar aclarar esta cuestión, sólo puedo aportar dos documentos fechados en 1940 que hablan en futuro de la realización de dicha procesión. Así, la edición de la mañana del periódico A.B.C del sábado 24 de febrero de 1940, en su página 8 y en una columna titulada “Las Cofradías de Cuenca”, comenta que se realizará una procesión “solemnísima” en la que estarán representadas todas las imágenes que fueron destruidas en la guerra y que la “ imagen que llevará esta procesión será la del Nazareno, obra maestra de La Roldana...”. También las actas fechadas el 10 de marzo de 1940 de la Venerable Hermandad de San Juan Evangelista de Cuenca, dan fe del acuerdo para “Asistencia a la procesión de Desagravio a la Imagen de Jesús Nazareno de Sisante que se celebrará el Miércoles Santo por la noche, a las 8, haciéndolo todos los hermanos sin portar hábitos y con asistencia de cetros y guion”. Es a partir de 1948 cuando se empieza a hablar del Miércoles Santo de 1939 como fecha en la que se realizó esta procesión. Así, un artículo firmado por “Un Cofrade” en el periódico

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“Ofensiva” del 24 de marzo de 1948, indica que las últimas procesiones en Cuenca se realizaron en 1936 y las primeras en el mismo 1939 indicando así el arraigo de la Semana Santa entre las gentes de Cuenca e indica que dicha procesión de 1939 fue la del Desagravio, a la que describe como “ la más impresionante que jamás se ha visto”. Yo, particularmente, me inclino a pensar que se realizó en 1940. No sólo porque se emplea el futuro en las actas del Evangelista, sino porque, como ya hemos visto, la situación en 1939 en Sisante, en Cuenca y en toda España era tan sumamente complicada que idear, organizar y trasladar la talla en los cinco días que median entre el final de la Guerra el 1 de abril (aunque en Cuenca finalizó unos días antes) y el 5 de abril que fue el Miércoles Santo de 1939 se antoja una empresa casi imposible. Sí que fue en 1940 la restauración que realizó Federico Coullaut-Valera, quien talló nuevas manos, completó la nariz y repuso los ojos, además de reparar otros daños. Federico se apoyó en obras gráficas anteriores a la Guerra, como las excelentes fotografías de Belda, publicadas en 1933. Por exigencias del contrato de restauración, el escultor devolvió junto con la imagen hasta la última astilla sobrante, un dedo original y un trozo de cera con la que, originalmente, se adherían los ojos


interiormente a sus órbitas. Una vez restaurada, volvió a Sisante en medio de grandes muestras de devoción por parte de los vecinos del pueblo y de los aledaños. Antes de cumplir el III Centenario y encuadradas en los actos por el “Año Jubilar del Nuevo Milenio” a petición del Papa Juan Pablo II, el Nazareno de Sisante tendría otras dos salidas de su camarín. Así, el 24 de marzo de 2000, la imagen salió de la iglesia del Convento hasta la iglesia de Santa Catalina de Sisante para la celebración de un Triduo que se extendió los días 24,25 y 26, volviendo posteriormente al Convento. Unos días después, el 31 de marzo, se trasladó a Cuenca, esta vez en circunstancias muy diferentes de aquella del “Desagravio”, y salió en procesión junto a la Virgen de las Angustias (del Santuario), patrona de la diócesis de Cuenca, desde la iglesia de El Salvador hasta la Catedral. Al día siguiente, el 1 de abril, la Patrona rendía visita al Nazareno en su regreso a su propio pueblo. Miles de personas se reunieron para vivir tan extraordinario acto. Fueron unas jornadas inolvidables para quienes tuvieron la suerte de poder vivirlas. Y ya por fin, el 14 de septiembre de 2011, el Nazareno cumplía con la tradición y salía en procesión por las calles de Sisante en su III Centenario, en otra memorable jornada. Es en este año

cuando el Papa Benedicto XVI concede a Sisante el privilegio de ser “Lugar de Peregrinación en Año Jubilar”, en aquellos años en los que el 14 de septiembre (día de la Exaltación de la Santa Cruz) caiga en viernes. No os entretengo más, hasta aquí llega esta exposición. Espero que haya sido de vuestro agrado y que os haya permitido conocer un poco más a esta imagen excepcional, una de las obras maestras de La Roldana y una de las mayores joyas artísticas de nuestra provincia. BIBLIOGRAFÍA: - PLEGUEZUELO, ALFONSO, “Luisa Roldán y la iconografía de Jesús Nazareno”, artículo incluido en el libro,“La imagen devocional barroca. En torno al arte religioso en Sisante” edición preparada por PEDRO MIGUEL IBÁÑEZ MARTÍNEZ Y CARLOS JULIAN MARTÍNEZ SORIA, editado por las EDICIONES DE LA UNIVERSIDAD DE CASTILLA-LA MANCHA (2010), p 187 y sig. - MARTÍNEZ HERRERA BENAVIDES, JUAN FRANCISCO, “La fuerza del Silencio. Notas y apuntes para la historia de un convento. Sisante, (2000). - Páginas Web consultadas: www.jesusamarrado.com www.sisante.net www.lahornacina.com www.alcielocofrade.com

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Hablan las Hermandades

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En 1943, previo encargo del Ayuntamiento de Cuenca con aprobación en pleno municipal, entregó Luis Marco Pérez la imagen del Santísimo Cristo de la Luz a la ciudad, tras ser destruida la que recibía culto la hermandad en la Guerra Civil y desfilar con otra, propiedad de las Madres Carmelitas, durante los primeros años de posguerra. Así, en 1944, la procesión ‘En El Calvario’ cuenta con el primer desfile de esta magistral talla. 1943-1944: 75 años de su llegada; 75 procesiones de Viernes Santo; 75 celebraciones de Función Religiosa. Con un nutrido grupo de actos para esta conmemoración (que se iniciaron en noviembre de 2018 y se finalizarán en la Función Religiosa de este año), las fotografías que se muestran han sido donadas a la hermandad por la familia Jiménez, que revelan, sobre todo, los primeros años de su desfile.

11-14 DE NOVIEMBRE DE 1943. Autor: Desconocido Se desconoce la fecha exacta; entre el 11 y 14 de noviembre de 1943 el Santísimo Cristo de la Luz llegaba a Cuenca a la Iglesia de San Antón desde el taller de Luis Marco Pérez, según la prensa de la época, donde se expuso al culto; días después, un grupo de hermanos trasladarían la Sagrada Imagen a la Parroquia de El Salvador en una noche fría y lluviosa.


Hablan las Hermandades

7 DE ABRIL DE 1944 Autor: Foto de Arte Pérez Primer desfile procesional con la Sagrada Imagen por las calles de Cuenca en la procesión ‘En el Calvario’, con el recorrido inverso al actual. La instantánea está tomada en la calle San Vicente, en la actual sede de la hermandad.

7 DE ABRIL DE 1944 Autor: Foto de Arte Pérez Fotografía tomada en el principio de la calle Calderón de la Barca. Tradicionalmente, los banceros se levantaban el capuz para la realización de los retratos en lugares prefijados.

19 DE ABRIL DE 1946 Autor: Foto de Arte Pérez La participación de los hermanos en las filas siempre ha sido muy amplia; las penitentes, mujeres y vestidas de calle (no podían participar como nazarenas) acompañan a la Sagrada Imagen.

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19 DE ABRIL DE 1946 Autor: Foto de Arte Pérez Portado en andas con diseño de Marco Pérez con los cuatro ángeles del mismo autor en las esquinas.

4 DE ABRIL DE 1947. Autor: Foto de Arte Pérez Por el interés de D. Emilio Sáiz, iniciaron la participación en el desfile niñas ataviadas de ‘samaritanas’ delante de la Sagrada Imagen, convirtiéndose en un elemento propio y característico de la hermandad.

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10 DE ABRIL DE 1952. Autor: Foto de Arte Pérez. Con las andas actuales (diseño y realización de los hnos. Pérez del Moral), desfila la Sagrada Imagen por la calle Calderón de la Barca empapada por la lluvia.

2 DE ABRIL DE 1953. Autor: Foto de Arte Pérez. Con una importante fila central de niños, la Sagrada Imagen es escoltada por miembros de la Policía

TARJETA POSTAL EDITADA POR A JUNTA DE COFRADÍAS Con la transcripción en inglés y francés de ‘Santísimo Cristo de la Luz (vulgo, de los Espejos)’, instantánea tomada en el umbral de la capilla dispuesto ya en sus andas actuales.

AÑOS 50. Autor: Foto de Arte Pérez. Altar de los cultos para la Solemne Función Religiosa que celebra la hermandad en la Solemnidad de la Santísima Trinidad en la parroquia de El Salvador.

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18 DE ABRIL DE 1957. Autor: Foto de Arte L. Pascual. En el final de la calle Calderón de la Barca, repleta de espectadores, el Santísimo Cristo de la Luz desfila en la procesión que inició en el siglo XVIII/XIX y que preside desde entonces.

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1959. PUESTA EN ANDAS. Autor: Foto de Arte L. Pascual. Miembros de la hermandad participando en la bajada de la Sagrada Imagen para ser colocada en las andas para su desfile procesional.

AÑOS 60. Autor: desconocido. Espectador en balcón observando al Santísimo Cristo de la Luz.

AÑOS 60. Autor: desconocido. El Santísimo Cristo de la Luz ante la fachada de la Catedral, con el andamiaje en la fachada de la misma.

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Fotografía: Juan Antonio Martínez

Hablan las Hermandades

Por Juan Aurelio Martínez “Las Hermandades son asociaciones públicas de fieles de la Iglesia Católica, erigidas por la autoridad eclesiástica, de la que dependen. Tienen personalidad jurídica propia y reciben, en cuanto sea necesario, la misión para trabajar en pro de los fines que la asociación se propone alcanzar en nombre de la Iglesia. La finalidad de las Hermandades, su razón de ser, es: - La promoción del culto público. - La formación de los hermanos. - La mejora de la sociedad, con espíritu cristiano. - El fomento de la caridad en los hermanos.” Así resume Ignacio Valduérteles Bartos en su libro “Hermandades 360º” tanto lo que disponen el Código de Derecho Canónico de 1983 en sus cánones 298 y 301 sobre la existencia de asociaciones de fieles distintas de los institutos de vida consagrada y su erección, como el tratamiento que se hace de la religiosidad popular en la “Carta Pastoral sobre las hermandades y cofradías” que publicaron los Obispos del Sur de España en octubre de 1988.

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En la Muy Antigua, Ilustre y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús con la Caña, una serie de hermanos venían demandando que, igual que se fomentaban dentro de la misma la promoción del culto público y el fomento de la caridad, se hiciese lo mismo con los otros dos principios, siendo necesaria para la mejora de la sociedad, con espíritu cristiano, una mejor formación cristiana de los hermanos, en algunos aspectos. Este interés por la formación, junto con una serie de acontecimientos que tienen lugar en los últimos años, nos llevan a lo que hace tres años era una idea casi irrealizable, pero hoy es una hermosa realidad, la “Cátedra González Francés”. En enero de 2016, Monseñor Yanguas, Obispo de Cuenca, hizo una propuesta a la Junta General de la Junta de Cofradías con motivo del Año de la Misericordia. Tenía la intención de que, durante la Cuaresma, los miembros de las hermandades y cofradías, todos, no solo sus dirigentes, así como aquellos fieles que lo deseasen, participasen en unas conferencias preparatorias de la Semana Santa.


Cuenca Nazarena 103 FotografĂ­a: Mikel Rubio


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El jueves 18 de febrero tuvo lugar la primera de estas Estaciones Cuaresmales, como se les vino en llamar, pronunciada por el Rvdo. Sr. D. José Antonio Fernández Moreno, y titulada” La Confesión, abrazo de la Misericordia de Dios”. El Rvdo. Sr. D. Miguel Ángel Albares Albares, obsequió a los asistentes a la segunda de ellas con una brillante disertación titulada “La Eucaristía, don de la Misericordia de Dios a los hombres”. En La tercera, el Rvdo. Sr. D José Javier Muñoz Pérez, nos ofreció su meditación titulada “La Oración, experiencia de la misericordia de Dios” Monseñor José María Yanguas Sanz, Obispo de Cuenca, culminó la tarde del 10 de Marzo de 2016 la serie de Estaciones Cuaresmales promovidas por el Obispado de la Diócesis en la cuaresma del Año Jubilar de la Misericordia con su disertación titulada “La misericordia del Señor llena la tierra”. Ese mismo año, la Hermandad de Nuestro Padre Jesús con la Caña había incluido entre sus actos a celebrar en el fin de semana que honra a su Titular con sus cultos internos una pequeña “conferencia cuaresmal”. ¿Casualidad?, ¿coincidencia?, ¿providencia?, o quizá escritura recta con renglones torcidos. Esta conferencia, sin más pretensiones que reunirnos alrededor de nuestro Titular y recibir el aliento espiritual de nuestro consiliario para prepararnos de cara a la Cuaresma, resultó una gran disertación por parte de D. Ángel García Benedicto sobre la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor, de la que todos los asistentes salimos dispuestos a vivir una Cuaresma plena en la fe y a prepararnos adecuadamente para la Semana Santa. La buena sensación que dejó la experiencia nos hizo pensar no sólo en darle continuidad sino en potenciarlo, y teniendo en cuenta que una de las cosas que menos nos gustaba era ese título de “conferencia cuaresmal”, una tormenta de ideas y el recordar a uno de los hermanos ilustres de la Hermandad así como la necesidad de marcar el afán de continuidad así como la intención de que estas conferencias quedaran para siempre en un compendio que en principio se hallará en la propia página web de la Hermandad, pero quien sabe si llegaremos a

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editar en papel, nos dio la idea. A partir de ahora, estas conferencias se enmarcarían en la “Cátedra González Francés”. “Quinientos años dan para muchos hermanos ilustres, hoy recordamos a uno de ellos. Don Manuel González francés fue Canónigo Magistral de la Catedral de Córdoba, escritor, filosofo…, pero sobretodo un filántropo que fundó escuelas y ayudó al más necesitado. Hasta su muerte difundió la fe en Nuestro Padre Jesús con la Caña, y hoy, más de cien años después seguimos su camino. Llevaba a gala, que desde los once años nunca dejó de acompañar al Señor en su Estación de Penitencia de la tarde de Jueves Santo. Orgullosos sabemos que él fue una pieza más de las muchas que nos han traído hasta aquí. La hermandad con la ayuda de nuestro párroco y consiliario ha decidido crear esta Cátedra para el estudio y fomento de la advocación de Nuestro Padre Jesús con la Caña. Y hoy recordamos a N.H.D. Manuel González Francés como canónigo, orador y literato, pero sobretodo como hermano nuestro, como filántropo y hombre de fe, ejemplo y espejo donde mirarnos. Que su figura nos ayude en el engrandecimiento y difusión de nuestra fe y amor al Señor, Nuestro Padre Jesús con la Caña. Así sea”. Estas palabras, pronunciadas por el secretario de la Hermandad en la presentación de la segunda de las conferencias cuaresmales, primera bajo el auspicio de la Cátedra Gonzalez Francés, nos hablan de un hermano más, pero alguien más que un hermano, alguien que además dejó el principio de una historia de la Hermandad hasta sus días. Quizá algún día encontremos el resto. En esta ocasión, D. Ángel repitió como ponente, y su disertación versó sobre la oración como forma de vivir la Cuaresma y de prepararnos para lo que vamos a rememorar y celebrar en la Semana Santa. La segunda Conferencia Cuaresmal de la Cátedra González Francés, el ponente fue el Rvdo. Sr. D. Mariano Ortega, sacerdote adscrito a la Parroquia de la Virgen de la Luz, con una charla titulada “La Humildad y la Mansedumbre del Señor ante la burla y el escarnio”. Pero para algunos de nuestros hermanos no era suficiente con una conferencia al año. Se habían dado cuenta que, en algunas ocasiones, a la hora de participar en una Celebración,


Fotografía: Juan Antonio Martínez

hacían lo que se suponía que debían hacer, pero no sabían a que se debía esa manera de actuar, esos gestos o esas palabras que muchas veces contestaban de forma mecánica, así que, se pusieron manos a la obra y tras consultarlo con el párroco, se pusieron manos a la obra. La Cátedra González Francés daba un pequeño salto junto con la Parroquia y se embarcaba en un nuevo proyecto. La nota de prensa de presentación decía así: La Cátedra González Francés de nuestra Hermandad y la Acción Pastoral de la parroquia de Ntra. Sra. de la Luz organizan de forma conjunta el Primer Ciclo de Formación, dedicado este año 2017 a La Liturgia para Hermandades y Cofradías. Con esta iniciativa la Hermandad de Jesús con la Caña pretende poder ofrecer a nuestros hermanos, hermanos de otras hermandades y fieles en general, actividades de formación permanente, que en comunión con las iniciativas que se promuevan desde la parroquia Virgen de la Luz o desde la Diócesis de Cuenca, nos preparen para poder afrontar los retos que el mundo de hoy plantea a cualquier católico. Uno de los retos que debe afrontar la Hermandad es la preparación de sus hermanos, y mucho más de los miembros de su directiva, para que vivan en la fe y sepan transmitirlo a cada uno de sus miembros y todos aquellos que les rodean. En la Cátedra González Francés se une la devoción a Jesús con la Caña, en la que el Canónigo Magistral de la Catedral de Córdoba D. Manuel González Francés fue un auténtico ejemplo, con la formación, algo que el Canónigo considero imprescindible y que procuró con sus multiples publicaciones. La Cátedra González Francés es un foro con el que la Hermandad pretende crecer en el conocimiento y la formación cristiana desde diversos prismas. En este Primer Ciclo, durante cuatro ponencias, se desarrollará un temario aprobado y consensuado con la Acción Pastoral parroquial, y junto a nuestro consiliario, párroco y Vicario Episcopal de Cuenca D. Ángel García Benedicto, se ha procurado desarrollar temas imprescindibles en el día a día de nuestras agrupaciones, desde el papel de la hermandad en el seno de la iglesia en la que tiene su sede, hasta el Oficio Divino y la Eucaristía, pasando por la liturgia y los Cultos que a lo largo del año estas desarrollan”.

Finalmente, las cuatro ponencias fueron cinco ya que el contenido de la cuarta se desdobló debido al interés que suscitó quedando de la siguiente forma: - La liturgia y el culto. El Año Litúrgico. El papel de la hermandad en el seno parroquial y en el seno de la iglesia. El magisterio de la iglesia. - El Oficio Divino. - La Eucaristía. - La Liturgia y Actos de Culto en las Hermandades. - La Liturgia y Actos de Culto en las Hermandades (II). Todas fueron seguidas por un apreciable número de asistentes, miembros de la Hermandad, de otras Hermandades, de la Acción Pastoral de la Parroquia, y fieles en general, que disfrutaron de las disertaciones de N.H.D. Rafael Díaz Valencia. Estas sesiones fueron convenientemente grabadas y tras su transcripción se intentarán editar o, al menos se incluirán en la página web de la Hermandad para ponerlas a disposición de los interesados. Debido al interés suscitado, desde la Cátedra y la Acción Pastoral de la Parroquia, se inició para este curso 2018-19 un segundo ciclo de formación con el título genérico de Introducción en la Teología e impartido por el Rvdo. Sr. D. Cruz Campos Mariscal, Párroco de la de San Pedro y Santiago y que están suscitando además de interés, un provechoso debate al finalizar cada una de las sesiones. Las fechas y temas son los siguientes: - 15 de Octubre: Teología o las posibilidades de conocer a Dios. - 26 de Noviembre: ¿Por dónde hemos de empezar? - 17 de Diciembre: La tradición Cristiana. - 21 de Enero: El valor de la Sagrada Escritura. - 18 de Febrero: Tradición y tradiciones. - 11 de Marzo: Magisterio y teología. Desde la Hermandad no nos queda más que invitar a aquellos que lo deseen a acompañarnos en esta forma de profundizar en nuestra fe y poner la “Catedra González Francés” a disposición de todos los nazarenos de Cuenca.

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FotografĂ­a: Antonio Abarca

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Por Juan Carlos Muñoz del Olmo Secretario y Hermano Honorífico de la I.V. H. La Negación de San Pedro Extraordinarios. Así fueron calificados los bajorrelieves realizados para las andas del paso de La Negación de San Pedro por parte de dos grandes artistas conquenses: el escultor conquense Vicente Marín Morte y el maestro artesano Tomás Bux; trabajo encargado por esta joven y consolidada hermandad de la Semana Santa de Cuenca que recuperó un paso desaparecido en la contienda civil dando el nombre a la misma, haciendo suyo los valores de la Semana de Pasión Dentro del marco de la celebración de los actos del XXV Aniversario de su Fundación, La Ilustre y Venerable Hermandad de la Negación de San Pedro, llevó a cabo el proyecto de elaboración de ocho bajorrelieves que estarían expuestos sobre las andas durante todo el año en la Iglesia de San Pedro, dándole vistosidad especialmente en el desfile procesional de la noche blanca del Miércoles Santo. Si nos dejamos llevar por la simple denominación del proyecto, la cual sintetizaba claramente la intención del mismo, que no era otra que la “creación de ocho bajorrelieves”, podíamos intuir los objetivos que se perseguían. Pero si a la fundamentación aducida, le agregamos que vino motivada en base al enriquecimiento de los fondos artístico religioso culturales de la Semana Santa de Cuenca, declarada de interés Turístico Internacional fomentando, por una parte, el mecenazgo institucional, y por otra parte tal y como se ha citado la cultura tradicional y actividades de promoción religiosa, cultural y turística, este proyecto se convirtió indudablemente en algo mucho más interesante, tanto en el ámbito de la Semana Santa como en el plano institucional y en especial del Casco Antiguo de la ciudad de Cuenca. Esta Hermandad, de forma metódica y analizando todos los pormenores, ya sometió ante su Junta General del 10 de mayo de 2014, el futuro proyecto de restauración de las andas y la creación de un grupo de bajorrelieves que irían en mismas relacionados con la vida de San Pedro según las Sagradas Escrituras. Asimismo, consciente de las dificultades económicas, inició el proyecto dos años atrás con el ahuecamiento interior del atrio de Caifás donde se desarrolla la escena de las negaciones de Pedro. Ahuecamiento necesario para poder embutir y sujetar desde su interior los ocho bajorrelieves desarrollados en este proyecto, bien es cierto, que este trabajo previo supuso una conservación de la estructura inicial, para, posteriormente policromarla simulando un solado y elementos arquitectónicos de piedra caliza. Aprobado por unanimidad en esa misma Junta General, también se definió los ocho motivos de la vida de San Pedro que irían recogidos en los bajorrelieves. Ocho escenas donde se muestra el hombre como ser de humanidad, ante sus miedos, ante sus dudas, ante sus soledad y ante su Fe; pretendiendo ser una catequesis sobres aspectos de la vida de San Pedro.

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Cronológicamente, como nuestra Semana Santa, el primer bajorrelieve, Pescador de hombres, plasma lo recogido en Mateo 4.19.“Andando junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, echando una red al mar, porque eran pescadores. Y les dijo: Seguidme, y yo os haré pescadores de hombres. Entonces ellos, dejando al instante las redes, le siguieron.…”. Obra de Tomás Bux, sobre tabla de cerezo español de formato rectangular. Composición en base a la figura de Jesús como primer plano y en un segundo plano la barca de pesca con los apostales protagonistas de esta escena, dirigiéndoles unas palabas que ambos escuchan atentamente, mientras sujetan las redes con la pesca obtenida. En tercer plano el paisaje del Mar de Galilea En el segundo bajorrelieve, Jesús camina sobre las aguas (o Pedro salvado por Jesús), recoge el texto de Mateo 14.22-.33 Entonces Pedro le respondió: Señor, si realmente eres tú, ordena que yo camine también sobre el agua y vaya hasta donde tú estás. Y Jesús le dijo:¡Ven!. De inmediato Pedro bajó de la barca. Caminó sobre el agua y fue hacia Jesús. Pero cuando sintió la fuerza del viento, tuvo miedo. Allí mismo empezó a hundirse, y gritó: ¡Señor, sálvame! Entonces Jesús extendió su brazo, agarró a Pedro y le dijo: Pedro, tú confías muy poco en mí. ¿Por qué dudaste? En cuanto los dos subieron a la barca, el viento dejó de soplar. Todos los que estaban en la barca se arrodillaron ante Jesús y le dijeron: ¡Es verdad, tú eres el Hijo de Dios!. También obra del maestro artesano Tomás Bux, sobre tabla de cerezo español. De formato rectangulat. Composición en base a dos personas, la figura de Jesús y la figura San Pedro como primer plano, donde muestra cómo Jesús salva a Pedro semihundido en las aguas; en un segundo plano un mar embravecido, y como tercer plano la barca con los apostales que les acompañaban. El tercer bajorrelieve, La Transfiguración de Jesús que recoge Mateo 17.1.13 y Lucas 9.28-36 Seis días después, Jesús se fue a un monte alto, llevando con él solamente a Pedro, Santiago y Juan. Allí, en presencia de ellos, cambió la apariencia de Jesús. Sus ropas se volvieron brillantes y blancas, como nadie podría dejarlas por mucho que las lavara. Y vieron a Elías y Moisés, que conversaban con Jesús. Pedro le dijo a Jesús: Maestro, ¡qué bien que estemos aquí! Vamos a hacer tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías (los discípulos estaban asustados y Pedro no sabía qué decir.) Obra de Tomás Bux sobre tabla de cerezo español de formato rectangular , La Composición en base a la figura de Jesús en

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primer plano como protagonista, vestido con túnica y manto que cae sobre sus brazos, desprendiendo un halo de luminosidad. En un segundo plano, debajo y a la izquierda san Pedro arrodillado dirigiendo su mirada a Jesús, y sobre él la representación de Moisés con las tablas de la Ley; debajo a la izquierda, Juan y Santiago arrodillados y sobre ellos, la representación de Elías. Toda la escena envuelta en nubes dando un halo de misterio a la iconografía que ocupa la escena. El cuarto bajorrelieve, Pedro niega a Jesús. Marcos. 14.66-72, Lucas. 22.55-62; y Juan. 18.15-18,25-27) Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo. Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices. Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús el nazareno. Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre. Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre. Entonces él comenzó a mal decir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo. Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente. Estamos ante una obra de Vicente Marín, escultor del conjunto escultórico, escena elegida especialmente por el propio artista donde plasma claramente los rasgos de su obra. Sobre tabla de cerezo español, la composición es en base a dos figuras humanas, en primer plano a la izquierda un San Pedro huidizo, temeroso y arrepentido; como segundo plano un soldado del Sanedrín mirándolo fijamente entre la duda de prenderlo o no. El quinto bajorrelieve: Pentecostés. (Hchs 2,1-4) La venida del Espíritu Santo.Cuando llegó la fiesta de Pentecostés, todos los creyentes se encontraban reunidos en un mismo lugar. De pronto, un gran ruido que venía del cielo, como de un viento fuerte, resonó en toda la casa donde estaban. Y se les aparecieron lenguas como de fuego, repartidas sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Obra de Tomás Bux sobre tabla de cerezo en formato rectangular, La Composición en base a un grupo de doce personas, y sobre éstas la representación del Espíritu Santo en forma de paloma, las figuras de la Virgen María en el centro de la escena y San Pedro a su derecha se les sitúa en un primer plano junto al Espíritu Santo. En un segundo plano, los otros diez Apóstoles con las lenguas de fuego sobre sus cabezas; y ya, en


un tercer plano, la representación de la Iglesia de San Pedro donde se rinde culto al conjunto escultórico El sexto bajorrelieve: San Pedro Ad Víncula, se recoge en los Hechos de los Apóstoles 12, 1-19….. Pedro estaba encerrado en la cárcel, mientras la Iglesia rogaba incesantemente por él a Dios. Cuando Herodes iba ya a hacerlo comparecer, aquella misma noche dormía Pedro entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, mientras unos centinelas vigilaban la cárcel delante de la puerta. De pronto se presentó un ángel del Señor y un resplandor iluminó la celda. Tocó a Pedro en el costado, le despertó y dijo:— ¡Levántate deprisa! —y se cayeron las cadenas de sus manos.El ángel le dijo:—¡Vístete y ponte las sandalias! —y así lo hizo.Y añadió:—¡Ponte el manto y sígueme!Salió y le siguió, pero ignoraba que fuera realidad lo que hacía el ángel; pensaba que se trataba de una visión. Atravesaron la primera guardia y la segunda y llegaron a la puerta de hierro que conduce a la ciudad, la cual se les abrió por sí sola. Salieron y avanzaron por una calle y de repente el ángel le dejó. Entonces Pedro, vuelto en sí, dijo:—Ahora comprendo realmente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de las manos de Herodes y de toda la expectación del pueblo judío. Estamos ante otro bajorrelieve obra de Vicente Marín. Sobre tabla de cerezo español de formato rectangular; la composición es en base a dos figuras humanas ambas en un primer plano, a la izquierda el Ángel de la historia quitando las cadenas a San Pedro. Esta escena tiene un especial significado para la Hermandad, ya que la primera Solemne Función religiosa que se celebró fue un 1 agosto, cuando la Iglesia Católica conmemora San Pedro Ad Víncula, que reconoce el milagro de la liberación de Pedro cuando se encontraba aherrojado quedando las cadenas juntas unas a otras como si fuera una sola. El séptimo bajorrelieve: La Crucifixión de Pedro, cita San Jerónimo: “[De manos de Nerón, Pedro] recibió la corona del martirio, siendo clavado a la cruz, con su cabeza hacia el suelo y sus pies hacia arriba, asegurando que él no era digno de ser crucificado del mismo modo que lo había sido su Señor”. Bajorrelieve del escultor Vicente Marín. Sobre tabla de cerezo español de formato rectangular; una bella composición clásica es en base a dos figuras humanas ambas en un primer plano, a la izquierda San Pedro en la cruz pero crucificado boca abajo según su deseo expreso de no merecer morir como el Maestro, a la derecha el romano que lo se dispone a elevar la cruz sujetando la misma con sus manos.

El octavo bajorrelieve: San Pedro guardián de las puertas del cielo. (Epist., lib. V, ep. xx, in P.L., LXXVII, 745)] Las llaves del Cielo o llaves de San Pedro son vistos como un símbolo de la autoridad papal : “He aquí que él [Pedro] recibió las llaves del reino de los cielos, se le ha dado el poder de atar y desatar, el cuidado de la Iglesia entera y su gobierno se le da a él “. Cuarto bajorrelieve del escultor Vicente Marín. Sobre tabla de cerezo español de formato rectangular; Composición en base a dos figuras humanas ambas en un primer plano, a la izquierda Jesucristo entregando a San Pedro las llaves del Reino de los Cielos, y éste a la derecha de la escena, recogiéndolas: cura ei totius Ecclesiae et principatus committitur Estos ocho temas fueron diseñados y posteriormente creados los bajorrelieves libremente bajo el identificado y personal arte de cada uno de los dos artistas, por el escultor del conjunto procesional D. Vicente Marín Morte y por el escultor cerámico D. Tomás Bux; ambos hermanos mayores del año 2016-2017. Cuatro bajorrelieves elegidos por cada uno de los dos artistas, cuyos bocetos fueron ejecutados en el material que consideraron para, posteriormente, ser trabajados en madera por un pantógrafo, quedando un trabajo final de 8 bajorrelieves en madera de cerezo español con medidas de 32 x 17,5 centímetros, y finalizados en el taller de ArteMartínez en Horche (Guadalajara) Del 15 de marzo al 7 de abril, en la sala de exposiciones ACUA de la Universidad de Castilla La Mancha, coincidiendo con la exposición que organiza la universidad regional “Objetivo Nazareno 2017”, se llevó a cabo la exposición temporal de bajorrelieves y enseres de la Ilustre y Venerable Hermandad de La Negación de San Pedro con una gran aceptación. A partir del 7 de abril, se establecen dos exposiciones temporales, una en la Iglesia de San Pedro con la exposición de los bajorrelieves colocados en las andas del paso procesional y otra exposición permanente en la sede la Hermandad, calle Solera, donde se pueden contemplar los moldes de los bajorrelieves y enseres de la hermandad exhibidos en la exposición temporal y a disposición de cualquier otra exposición que se organizase, especialmente de las instituciones colaboradoras en el acontecimeinto.

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FotografĂ­a: Roberto Nieva

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Por la Hermandad de Ntra. Sra. de los Dolores y las Santas MarĂ­as

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La lluvia. Durante la pasada Semana Santa parecía no haber otro tema de conversación; cada vez que nos cruzábamos con alguien, éste continuaba su saludo con el último parte meteorológico, era inevitable. Aquel cielo encapotado nos hacía temer un debut pasado por agua. Bien pensado, el hecho de que fuera la lluvia la protagonista de las conversaciones era una buena señal: sólo nos preocupaba aquello que no estaba en nuestras manos. Por entonces, la Hermandad había culminado un intenso trabajo de preparación de la procesión que había durado meses, y que no evitó, eso sí, que se nos fuera instalando en nosotros un cosquilleo en el estómago que sólo desapareció cuando Don Antonio abrió las puertas de la Iglesia. Sentimos que se habían pasado volando aquellos cuarenta días, aquellos siete años. Durante la pasada Cuaresma cualquier minucia nos quitaba el sueño. Los quebraderos de cabeza se repartían entre el traslado de las andas, o el refuerzo de última hora de la aureola de la

Virgen. Acudíamos a San Esteban donde aguardaban las imágenes para hacer mil comprobaciones; raro era el día en el que no se veía a nuestro secretario con alguna herramienta en la mano haciendo algún retoque. Aún con todo, los ánimos iban en aumento; la cena de Hermandad ayudó a consolidar el grupo, y los comentarios del gran número de curiosos que acudían a la Iglesia para visitar a las imágenes presagiaban una buena acogida. Además, siempre encontramos en el resto de Hermandades palabras de ánimo y tranquilidad; se agradecían tanto como aquellos enseres que muy generosamente nos fueron prestando para la ocasión. Conforme se acercaba la Semana Santa aumentaba nuestra confianza al ver que todos los elementos físicos de la procesión estaban preparados. El dato de las ventas de escudos auguraba una buena participación y terminaba por disipar las dudas, a la vez que iban aumentando los nubarrones en el cielo. Cuenca Nazarena 111


FotografĂ­a: Roberto Nieva

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Fue una Semana de Pasión inolvidable; el Lunes Santo acudimos al último ensayo de la banda que iba a desfilar detrás de Nuestra Señora. Rafa, el cual había gestionado el acompañamiento, no quería molestarnos porque “nos veía emocionados” mientras escuchábamos las piezas que los músicos de Cuenca habían compuesto para la ocasión. Así era, pocas cosas hay tan evocadoras como la música; los chicos habían conseguido trasladarnos a la procesión y ya imaginábamos a “Las Marías” meciéndose al compás de las marchas. Al finalizar el ensayo comentábamos felices cómo en cuestión de meses la Hermandad ha pasado a tener un patrimonio musical increíble, con seis obras que imprimen a la procesión un carácter íntimo, diferente, pero plenamente conquense. El cosquilleo que recorría nuestros corazones fue aumentando de intensidad con el paso de los días; conforme se acercaba el momento las predicciones de lluvia mejoraban, y ya para el Jueves Santo teníamos la práctica certeza de que íbamos a salir en procesión. Ya sólo quedaba descontar los minutos que faltaba para vestir nuestros hábitos por vez primera y acudir a San Esteban. Entonces llegó el día. La mañana fue una carrera frenética para preparar los últimos detalles: recorrimos las sedes del Ecce Homo de San Miguel y del Cristo de la Luz, cargamos las horquillas y almohadillas de la Congregación, según las habían retirado de las andas. Del Bautismo recibimos las últimas palabras de ánimo y el incensario que salió en la procesión. Mientras, las camareras terminaban de vestir a las imágenes, las cuales resplandecían sobre el paso en mitad de la Iglesia, quedando iluminadas con los colores de las vidrieras, a la espera de salir a la calle. Llega la tarde y los alrededores de San Esteban comienzan a llenarse de impecables túnicas blancas: todo huele a nuevo, la Hermandad está de estreno. Dentro, la Iglesia es un hervidero; los imperdibles circulan para solucionar problemas de última hora, los portadores de los enseres se reúnen por un lado mientras Jesús y Bea los organizan. Cerca del altar, los banceros escuchan las últimas instrucciones del capataz: “vamos a salir a disfrutar, estamos haciendo historia”, los nervios a flor de piel. A falta de pocos minutos, Jorge tuvo la magnífica idea de hacernos una foto de familia. Mientras nos apretábamos en el altar confesaba María que sólo quería que las calles se llenaran, que la ciudad entera saliese a nuestro encuentro, y acertó: afuera, un mar de gente abarrotaba la plaza de San Esteban y las calles adyacentes. Se abren las puertas y una Cruz saluda a Cuenca, le siguen las matracas que rompen el silencio y sobrecogen a los cientos de personas que presenciaban el momento: la Hermandad ponía un pie en la calle. Dentro, sólo se escuchaban las palabras del capataz; los hermanos cargaban a brazo el paso mientras se miraban entre ellos, la emoción se tornó en lágrimas para una bancera cuando “sintió caer a sus Marías” sobre sus hombros. No fue la única, ya en la calle, con la intimidad que ofrece el capuz enfundado, muchos de nosotros comenzamos a soltar toda la tensión y los esfuerzos de estos años. Suena por vez primera “O vos omnes”, el paso se mueve. Nuestra Señora desfila por Cuenca conteniendo el Dolor por la muerte de su Hijo; no lo hace sola, le consuelan María Magdalena y Salomé. Lo hacen rodeadas de numerosos nazarenos que acompañan a la Madre en su Duelo con los cirios encendidos, arriba, le aguarda un enorme sepulcro gótico en tinieblas.

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Fotografía: Roberto Nieva

La Hermandad se despliega y comienza a avanzar; poco a poco los nervios se iban calmando y conforme encarábamos la puerta de Valencia la procesión se fue desperezando. En las primeras cuestas se vieron tiradas muy largas, los banceros mecían a Nuestra Señora acompasados por unas marchas que encajaban a la perfección; más adelante, el sonido seco de las matracas rompe el silencio del Sábado y su eco recorre todo el cortejo como un escalofrío. Tras estas se encontraba la cabecera, y en una curiosa distribución el estandarte, seguida por un nutrido grupo de niños que portaban las mismas ceras que los mayores, a modo de cetro. Susurraban entre ellos por el Peso, como si no quisieran romper aquel ambiente íntimo, en el que la música se agiganta y la Hermandad se mira a sí misma sabedora que había nacido para calles como esta. Ya por entonces cada hermano conocía su función. En el momento en que se cubrió con el capuz interiorizó la procesión como si llevase saliendo toda su vida: existía una cohesión interna en la Hermandad, que había com-

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partido entre sí una forma de entender el Sábado Santo. En San Felipe, todos nosotros contenemos la respiración con el Estabat Mater; es nuestro rito de paso. Segundos después la matraca de Chule nos devuelve a la realidad, toca retomar la marcha hacia la Catedral. Las Marías abandonan la intimidad de Alfonso VIII, cruzan solemnemente los Arcos y atraviesan un mar de gente que observa en silencio el cortejo; suena “Sábado de Duelo”, que espolea a los banceros llevando el paso en volandas. Aquella marcha sigue retumbando en nuestros corazones. Mientras, las puertas de la Catedral se abren y nos reciben los miembros del Cabildo, al que el Representante pide permiso para entrar. En mitad de aquel torrente de sentimientos la Hermandad abandona una plaza abarrotada y se adentra en la oscuridad y el silencio sepulcral de la Basílica; los rostros de las imágenes, tenuemente iluminadas, se pierden en la inmensidad de la nave, que relampaguea con el fogonazo de los flashes. La procesión continúa en el interior, aunque las luces de los cirios se apagan, ya no


le acompaña la música, las carracas callan: es la Nada previa a la Resurrección. Finalmente, el paso arría en el templo, y los Hermanos nos quitamos los capuces descubriendo nuestros rostros emocionados. Nos abrazamos y repasamos todo lo vivido. También lo hace Jorge, el cual nos regala unas palabras que hacemos nuestras: “ni en los mejores sueños pensábamos que pudiera salir así de bien”. Es el resumen de un éxito colectivo de muchos nazarenos de Cuenca. Pero esto no acaba aquí. Sin solución de continuidad comienza la Vigilia Pascual; el Señor Obispo bendice el fuego y un hermano porta el Cirio Pascual por la nave de la Catedral, la cual se va iluminando paulatinamente hasta alcanzar todo su esplendor. El Coro canta, y el Altar Mayor se ve rodeado de hábitos blancos para celebrar la Resurrección de Cristo en una estampa imborrable. La Hermandad desborda de alegría. Ya nada volverá a ser igual para estos hermanos. Cada vez que coincidimos entre nosotros, y charlamos sobre Semana Santa, acabamos recordando aquella noche con

un brillo en los ojos. Desde entonces, esta experiencia ha guiado los pasos de la directiva, sabedora que cada uno de los banceros, nazarenos o portadores de enseres elevaron el listón a tan altas cotas que nos obligan a redoblar esfuerzos para estar a su nivel. Entendemos que debe ser el año de la cristalización de todo lo vivido aquel día; iniciamos ahora una transición para hacer de ésta una Hermandad más sólida y afianzada, conservando su carácter austero y juvenil. Esta Semana Santa desfilaremos con todos los enseres propios, las Imágenes lucirán algunos estrenos y los hermanos habrán recibido en sus casas su primer boletín; todos estos pasos van dirigidos a terminar de homologar el proyecto al de una Hermandad más de Cuenca. Aquella fecha marca nuestro futuro a fuego; es la guía sobre la que andaremos los siguientes años. La procesión forma ya parte del patrimonio inmaterial de la Hermandad, como una joya que conservamos en nuestros corazones, y que esperamos compartir de nuevo en el próximo Sábado de Duelo.

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Por José Angel Vicente Martínez y Juan Luis Cueva Medina

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FotografĂ­a: Ignacio Blanco

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Primero procederé a hacer un breve resumen del motivo del festejo, pues peculiaridades históricas motivadas por la situación del país, hacen que el 2018 fuese el auténtico aniversario de la primera procesión de la talla de Cristo Yacente. Aunque la talla realizada por D. Luis Marco Pérez data de 1942, no fue hasta el año siguiente cuando las calles de Cuenca pudieron volver a ser testigos, tras la contienda fratricida, del cuerpo inerte y castigado del Señor. Eran años de dificultades económicas, y la Diputación no pudo pagar a tiempo la primera parte del coste de la talla de Cristo Yacente al imaginero, por lo que habría que esperar hasta el 20 de agosto de ese año para poder presentarla ante el pueblo conquense. En un certamen de arte celebrado en Cuenca esos días, el imaginero de Fuentelespino de Moya expuso la talla de Cristo Yacente junto con la de Nuestra Señora de las Angustias. Desfiló por primera vez el Viernes Santo de 1943. Ante la inminente llegada de este entrañable aniversario, en la Junta General de la Congregación de Nuestra Señora de la Soledad y de la Cruz del pasado Febrero de 2016, el señor Presidente, D. José Ramón García Martínez nombró una comisión para organizar los actos a desarrollar en 2018 con motivo de la primera procesión en la Semana Santa de Cuenca de la talla de Nuestro Cristo Yacente. Dicha comisión, la formaban inicialmente los congregantes D. Pedro Polo Buendía y D. José Ángel Vicente Martínez. Desde el día posterior a la Junta, con ilusión, nos pusimos manos a la obra para intentar desarrollar una serie de actos que fueran dignos para una fecha tan importante. Y así, en la Junta de Diputación, dos meses después, presentamos un borrador con una primera idea de los actos, junto con un boceto del cartel, realizado por D. Ignacio Blanco, que a la postre y con algún retoque fue el que se empleó para hacer eco de la efeméride, con el nombre, de cuantos habían portado la Sagrada Imagen con los datos que dispone el archivo de la Congregación. La idea fundamental del borrador era realizar una procesión conmemorativa el 23 de abril de 2018. Con estas ideas nos embarcamos en la aventura de organizar una importante celebración para todos los devotos de Cristo Yacente. Pasada la Semana Santa de 2017, se unieron a la comisión D. José Manuel Abascal, D. Carlos Pontones y D. Jesús Pontones, para representar al Cabildo de Caballeros de Cuenca. Después de diez meses de trabajo y múltiples visitas a Diputación, Ayuntamiento, Junta de Comunidades, Universidad de Castilla la Mancha y empresas locales, la comisión tenía el programa prácticamente redactado. La celebración se englobaba en torno a dos eventos principales: en primer lugar, una semana cultural en la Diputación dedicada a la talla de Cristo Yacente. Y, en segundo lugar, una procesión con la talla de Cristo Yacente. En esta procesión se daría la posibilidad a cualquier nazareno conquense de portar la impresionante talla de Marco Pérez, sin importar su pertenencia a la Congregación, siempre y cuando fuese comunicado por escrito. De esta manera se daría una oportunidad única

de ser bancero de Cristo Yacente a todo aquel nazareno que lo deseara, pues en esta Congregación se sigue un riguroso orden de lista para poder acceder el Viernes Santo a tan alto honor. Así se presentaron los actos en la Junta General de 2018, a falta de solventar pequeños detalles. Gracias a la citación enviada a las casas de los congregantes en la que figuraba como portada una fotografía de la primera procesión de Cristo Yacente, D. Francisco Moraleja, reconoció las gualdrapas que, en dicha fotografía, cubren las andas de Cristo Yacente. Este hecho, sucedió gracias al escudo de un lateral. Se trataba del escudo de la localidad de Tarancón, dato que nos comunicó, pues desconocíamos qué simbolizaban tales adornos. Gracias a las consultas realizadas por su parte, se descubrió que las gualdrapas podían pertenecer a la Virgen de Riansares, patrona de la localidad. A través de D. Francisco Moraleja nos pusimos en contacto con D. Francisco Arcas, Presidente de la Hermandad de la Virgen de Riansares, el cual, muy amablemente desde el primer momento, nos cedió tales gualdrapas del siglo XIX. Y, gracias a esta cesión, en la Diputación se expuso a Cristo Yacente con las gualdrapas con las que desfiló por primera vez. Este detalle sería el colofón a lo que sería una semana llena de emociones. ACTOS EXCMA. DIPUTACIÓN Los actos comenzaron el martes 17 de abril en la Diputación Provincial, con la inauguración de una exposición fotográfica, con el Cristo Yacente expuesto, tal cual desfiló el 23 de abril de 1943. También se presentaron las conferencias que se desarrollarían a lo largo de esa semana, la presentación corrió a cargo de una mesa formada por D. Benjamín Prieto, presidente de la Exma. Diputación de Cuenca, D. Alberto Muro, como Maestre del Cabildo de Caballeros de Cuenca y D. José Ramón García, en calidad de Presidente de la Congregación. Dichas conferencias, siempre con relación a la figura de Cristo Yacente, contaron con la participación de primeras figuras del ámbito cultural conquense, a los que agradecemos su participación. De esta manera, el mismo 17 de abril, el Canónigo de la S.I. Catedral de Cuenca D. Miguel Ángel Albares, Prior del Muy Ilustre Cabildo de Caballeros de Cuenca abrió el ciclo de conferencias. El día 18 de abril fue el turno del historiador D. Julián Recuenco, que habló a los asistentes sobre el Santo Entierro en la Semana Santa de Cuenca. El día 19 de abril jueves, fue D. Miguel García quien nos disertó en su conferencia sobre “Jesucristo muerto por nosotros”. El último día de conferencias viernes, 20 de abril, D. César Barta Gil miembro del Centro Español de la Sindonología, fue el encargado de ofrecer la interesante ponencia y clausura de estas jornadas, siendo este un final inmejorable. Cabe destacar que todos los días se contó con la actuación de un trío de cuerda “Sine Nomen” de los miembros del conservatorio de Música profesional de Cuenca, Pedro Aranaz.

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PROCESIONES Por fin llegaron los actos más importantes del 75 aniversario, se trataba de dos procesiones para conmemorar la primera procesión. La primera de ellas fue una nublada mañana del domingo 22 de abril, saliendo de la Diputación Provincial, ya que había sido la institución que sufragó el pago de la talla, y llegando hasta la Catedral, donde se oficiaría una eucaristía. La segunda, en el atardecer del día siguiente, que bajaría desde la Catedral hasta la Iglesia del Salvador, donde el Señor, Yacente, recibe culto durante todo el año. Se invitó a todas las hermandades de Semana Santa y de Gloria de Cuenca para que participasen con su guión, dos banceros, y un cetro. Todas las hermandades asistieron. A los banceros se les pidió que nos dijeran cuando les venía bien acoplarse, y de una forma fácil y sencilla se informó uno a uno, del turno, lugar y capataz que se les había asignado. Se acoplaron 288 nazarenos conquenses. Para muchos de ellos sería la primera y única vez que tenga el honor de llevar al Cristo Yacente en sus hombros. El domingo 22 de abril, amaneció muy lluvioso, como si el cielo gris, hubiese derramado al alba lágrimas de emoción por ver a Cristo Yacente desfilar. Lloviendo, sacamos las andas desde la Iglesia de San Esteban, su párroco, amablemente, nos dejó guardarlas en su interior la noche anterior. Sorprendentemente, en el momento que el cuerpo del Señor atravesó el pórtico de la Diputación, para que sus hijos devotos lo pudiesen poner en su catafalco, dejó de llover y el cielo comenzó a volver a su azul celeste, alegre y jovial, quedándose una mañana soleada y calurosa. A las 9.45 horas la Banda de Trompetas y Tambores de la Junta de Cofradías, comenzó a redoblar, avisando a Cuenca que el Señor estaría en la calle en breves momentos. A esta Banda, tan magníficamente dirigida por su director D. Francisco Javier Poyatos, se le impuso un banderín por su estrecha relación con la Congregación en la noche del Viernes Santo. Fueron momentos de nervios, y de alegría, dos años de trabajo por fin estaban en la calle, se estaba produciendo aquello por lo que tanto habíamos luchado. Se puso el Yacente en marcha, siendo por primera vez en sus 75 años portado por conquenses no pertenecientes a la Congregación y mujeres, estas últimas podrán seguir portándolo el Viernes Santo con la llegada de los nuevos estatutos. Al llegar a la altura de las escaleras de la puerta de entrada a la Diputación, se invitó, como no podía ser de otra manera, a D. Benjamín Prieto, presidente de la Diputación, a portar al Cristo Yacente y sacarlo de “su” casa; amablemente aceptó la invitación junto con el señor alcalde de Cuenca D. Ángel Mariscal. También amablemente aceptó portar un pequeño espacio del recorrido D. Ángel Tomas Godoy, y D. Ramón Pérez Tornero. Tras Cristo Yacente, la Banda de Música de Cuenca, dirigida por D. Juan Carlos Aguilar, llenó las calles de Cuenca con

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sus notas musicales, bellas melodías acordes con la muerte de Cristo. Con el himno de España, interpretado desde el órgano central, entró majestuosamente el Yacente en la Catedral acompañado por todos los guiones de las hermandades. Desde un lateral, se quitó del catafalco y puesto en el altar mayor para presidir la misa, cantada brillantemente por el Coro Alonso Lobo. El lunes 23 de abril, día exacto de la conmemoración, a las 20:30 horas, cuando el sol se empezaba a ocultar por el oeste, símbolo de la muerte en multitud de culturas antiguas, se inició la procesión de bajada, rememorando el aniversario. Como sucedió hace 75 años, la luz, tenue, dado que el luto del cielo se antojaba cercano, el solemne cortejo procesional salió de la madre de los templos conquenses. Esta procesión contrastó enormemente con la del día anterior, dando mayor riqueza y vistosidad a la celebración. Las notas musicales puestas por sendas bandas participantes y el jovial cielo celeste del día anterior dieron paso al silencio en un cielo añil que tornase azabache estrellado en los últimos momentos. Tan solo el tintineo de una campana resquebrajaba el silencio. Dicha campana fue elegantemente portada por D. Alberto Fernández, en memoria de su abuelo, D. Pedro Fuentes, que, durante décadas, nos deleitó con su replicar en la tarde del Jueves Santo, en la procesión de Paz y Caridad, y que desde 1976, la campana que nos acompañó, anuncia la procesión En el Calvario, pasando la tradición de hacerla sonar a las manos de sus nietos. Durante el trayecto se realizaron cuatro cambios de banceros pertenecientes a todas las hermandades de Cuenca. Alrededor de las 22:00 horas la procesión llegó a la calle del Peso, donde el coro Alonso Lobo interpretó el Miserere hebreo, y a las 22:30 el Cristo Yacente entraba con un silencio sepulcral, respetuoso y devoto, en la Iglesia del Salvador. Dentro de la Iglesia, el coro Alonso Lobo volvió a interpretar unos motetes antes del cerrar el acto. Sin duda, multitud de momentos emocionantes quedaron marcados en la retina de cuantos acompañamos a Nuestro Señor muerto. Fue un aniversario histórico en doble sentido. Por un lado, se celebraba la historia de una devoción hacia la imagen de Cristo Yacente, y por otro lado, era histórico el hecho de que el honor de potar al Señor del Santo Entierro, recayese en los hombros de banceros y banceras de todas las Hermandades de Cuenca y por supuesto de todos aquellos congregantes que lo desearan sin importar número de lista. Nuestra Congregación recibió multitud de felicitaciones por otorgar esta oportunidad única y por el brillante trascurso de los actos programados, haciendo merecer enormemente el esfuerzo realizado por la comisión de organización. Ya estamos trabajando para el centenario, con el fin de festejar la bendición de tener entre nosotros a tan bella y venerada imagen.


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FotografĂ­a: Ignacio Blanco


FotografĂ­a: Ignacio Blanco

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Cada año, al terminar la Semana Santa de Cuenca, la Cantera Nazarena del Huerto de San Antón comienza una nueva andadura sin haber finalizado la anterior, puesto que todavía nos queda el acto de la Clausura de la misma. Pero qué mejor manera de pensar en el nuevo proyecto y en la nueva programación que con el regusto de la recién terminada Semana Santa. En esas reuniones es donde analizamos y evaluamos cómo ha ido la actividad de ese año y donde ponemos encima de la mesa los nuevos proyectos y actividades que se nos han ido ocurriendo y que, una vez debidamente programadas y preparadas, serán desarrolladas en el nuevo curso de la Cantera Nazarena. Prácticamente tenemos todo el verano por delante para ir dando forma al contenido de lo que será el nuevo curso de la Cantera. El programa como tal, con niños, da comienzo Luego a pocos días de estrenar el otoño, ya en el mes de octubre. Concretamente en el sábado más cercano a la celebración de San Francisco de Asís. Esa es la fecha en la que La Cantera Nazarena comienza de nuevo con las actividades, y que se prolongarán hasta bien entrada la Cuaresma. Cada año se hace una programación distinta, manteniendo una idea o concepto común. Aunque, si bien es cierto, algunas de las actividades sí que las mantenemos como fijas, pero siempre dándoles algún retoque y mejorándolas sobre las ediciones anteriores. Esta temporada ha venido marcada por nuestro deseo y objetivo de compartir actividades con la Asociación del Descendimiento. Durante el verano del 2018 se creó una comisión de trabajo por parte de los dos grupos de jóvenes de ambas hermandades. Ellos empezaron a preparar las actividades donde los objetivos principales serían la convivencia entre ambos grupos para intercambiar formas de trabajo, costumbres y tradiciones de cada Hermandad, e inculcar a los más pequeños el sentido y el valor de hermanamiento, convivencia y ayuda entre hermandades.

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FotografĂ­a: Ignacio Blanco

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Durante la primera actividad, a mediados de octubre, una treintena de niños y jóvenes de ambos grupos nos juntábamos en el Museo de la Semana Santa para conocer la remodelación recientemente inaugurada y seguidamente visitar por completo la parte museística del edificio. Después comenzábamos con la parte más divertida y donde los niños y jóvenes se entremezclaban para hacer unos juegos que tienen preparados en el Museo para estas ocasiones. Para finalizar terminaríamos en la sede de la Hermandad del Huerto de San Antón donde dábamos por concluida la primera actividad con una merienda para todos después de tres horas de actividad. Como segunda actividad teníamos preparada una convivencia por la Serranía de Cuenca. Actividad que tuvo que ser suspendida por el mal tiempo: no paraba de llover. Pero no quisimos abandonar el objetivo de pasar un día completo de convivencia y decidimos retomar un proyecto que la Cantera Nazarena tenía en la “recámara” para realizar un viaje a localidad valenciana de Requena, con el fin de visitar a la hermandad homónima a la nuestra. De esta forma, al realizarlo en este año, vimos la posibilidad de que se unirían al mismo las hermandades del Descendimiento de Cuenca y Requena. Tras varias conversaciones entre las cuatro Hermandades, por fin se pudo realizar el viaje. Más de cincuenta nazarenos nos desplazamos para disfrutar un día entre “hermanos”. Comenzamos visitando los distintos museos de la localidad, las cuevas de la Villa de Requena y toda su parte antigua. A continuación hicimos un recorrido por diferentes iglesias de la localidad con reconocida tradición nazarena, empezando por la Iglesia de El Salvador, donde recibe culto durante todo el año el titular de la Hermandad del Descendimiento. Seguidamente, visitamos la Iglesia del Carmen, de donde parten muchos de los desfiles procesionales de la Semana Santa de Requena. Con esta visita dimos por terminada nuestra actividad de la mañana y nos dirigimos a disfrutar, las cuatro hermandades juntas, de una comida de hermanamiento. Acto que aprovechamos para estrechar lazos de amistad e intercambiar recuerdos y regalos. Valoramos como muy positivas estas convivencias, no sólo con y entre las hermandades de Cuenca, sino también con las de otras localidades por el gran espíritu nazareno con el que se desarrollan.

Terminábamos las actividades programadas con un concurso de pintura rápida, en el cual los niños y jóvenes tenían que elaborar un cartel de Semana Santa. En esta ocasión la sede que acogería esta actividad sería la de la hermandad del Descendimiento, y decidimos abrirla a todos los niños que quisieran participar aunque no pertenecieran a ninguna de las dos hermandades. Para comenzar la actividad y que nos hablara sobre el tema, contamos con una persona de especial trascendencia en este 2019: Javier Romero, el cartelista de este año de la Semana Santa de Cuenca. Tres fueron las categorías que se establecieron para, de esta forma, poder tener un amplio abanico de edades. Esta fue otra actividad que obtuvo un rotundo éxito y que, seguramente, repetiremos en años venideros. Otra novedad en este año ha sido la creación de un taller Digital en el cual los jóvenes del grupo han estado trabajando para crear un blog de La Cantera Nazarena. En este blog, son ellos mismos los que lo manejan e informan de todas las actividades, artículos de la Hermandad y donde se está creando un archivo-galería de documentos gráficos de la hermandad. Al terminar este artículo todavía está pendiente la realización de la Procesión Infantil. Actividad ésta por la que los niños y niñas de la Cantera Nazarena tienen una especial ilusión: por unos momentos se sienten verdaderos nazarenos adultos asumiendo tareas y responsabilidades de una procesión hecha a su medida. Lástima que la del año pasado se tuviera que suspender por la lluvia. Hasta en eso sufren las mismas contrariedades que las procesiones de la Semana de Pasión. Tanto por La Cantera Nazarena como por la Asociación del Descendimiento, hemos visto muy positivo estas actividades entre hermandades y no descartamos continuar realizando para el año que viene alguna otra jornada de convivencia conjunta. Animamos, desde estas páginas, a otras asociaciones y grupos jóvenes a participar en ellas. La Cantera Nazarena seguirá trabajando y apoyando todas aquellas actividades que se realicen con los niños y jóvenes de nuestras hermandades. Ellos son el futuro de nuestro legado. Trabajar con los niños de una Hermandad es mantener viva nuestra Semana Santa

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Por Luis Ángel Martínez Domingo

Presidente de la Asociación Cultural “Soledad del Puente” En el año 1998 se creaba la Asociación Cultural “Soledad del Puente”, dependiente de la Hermandad del Jueves Santo que cierra la Procesión de Paz y Caridad en Cuenca. Años de ilusiones, de ideas y proyectos por desarrollar y cumplir. Así nacía el Proyecto de actividades para promocionar y divulgar la Semana Santa de Cuenca, el cual incluía durante los tres primeros años un certamen de video que no terminaba de dar resultado por diversas razones, dificultades técnicas en su mayor parte. Tan solo dos años más tarde (año 2000) la entidad organizadora decidía incluir en dicho proyecto su I Concurso de Fotografía con ese mismo lema. A partir de ese momento y de manera continuada, los fotógrafos aficionados y profesionales esperan ansiosos cada año la convocatoria del mismo para preparar sus mejores obras. Por aquel entonces, una cámara analógica era suficiente para conseguir este objetivo. La evolución de las mismas ha sido más que notoria y hoy podemos ver diversos tipos de dispositivos en las manos de los amantes de la fotografía, sean estos aficionados o profesionales, niños, grandes o mayores. Teléfonos móviles, tablets, cámaras digitales de diverso tamaño, prestaciones y calidad, hasta cámaras de vídeo que recogen imágenes en 360º, cámaras GoPro tan pequeñas que se colocan en lugares insospechados para mostrar escenas creativas y curiosas, o los más actuales drones que ofrecen una excepcional “vista de pájaro”. La Pasión desde el objetivo de una cámara de fotos.

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La Semana Santa es tradición. Es una celebración religiosa internacionalmente conocida que se manifiesta públicamente en las calles durante esos días de olor a incienso y cera. ¿Cómo recoger en una imagen la devoción y el sentimiento profundo en y por la Pasión? ¿Cómo retratar esas sensaciones y momentos de oración, fé y esperanza? ¿De qué manera dejar constancia al mundo del Culto a unas Sagradas Imágenes para vivir y revivir la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo? Cada año, la Semana de Pasión es la cita obligada en esta ciudad eminentemente nazarena. Está marcado en el calendario de cada hogar, puntual cada año en función del astro lunar. Conocemos la historia porque está escrita en las Sagradas Escrituras y llegado el momento de vivirla, encontramos las mismas caras, las mismas emociones, los mismos lugares, la misma rutina, y sin embargo, cada año todo es diferente. Cada persona tiene un espacio reservado en su memoria para revivir momentos pasados y solo cada uno sabe lo que esos días pasa por su retina. Vivencias y recuerdos. Juntas generales y subastas de enseres. Nos acercamos a besar el pie del Padre en recuerdo del momento que vivieran los discípulos. Besamos la Mano a la Madre para paliar su dolor por lo que ha de venir. Alegrías por reencontrarnos con quien siempre llega en esas fechas, y tristeza por aquellos que ya no están ahí pero observan desde el cielo. Reuniones de amigos, tertulias con sabor a torrijas y resoli, repaso al anecdotario entre risas y emociones. Procesiones, música y bandas. Silencio. Respeto. Devoción. Traición. ¡Crucifícale! Dolor y luto por su muerte. Alegría por su Resurrección. Esas imágenes se mantienen grabadas muy dentro de uno mismo y no se borran nunca. Es el alma nazarena. Al otro lado de esa invisible y traspasable línea están ellos, los

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magos de la imagen estática. Los responsables de dar vida a esa misma emoción contenida. Son los responsables de reflejar con sumo detalle lo que uno mismo ni se ha dado cuenta de haber vivido. Son los que trabajan para mostrar al mundo el esfuerzo y dedicación de otros. Y es que la Semana Santa es uno de esos enclaves especiales y diferentes que ofrecen un lugar mágico a los amantes de la fotografía. Retratar la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo a través de los desfiles procesionales de una ciudad es poder captar esa imagen especial, diferente e inusual, que sorprenda al espectador. Es el alma del fotógrafo. Durante estos XX años del Certamen de Fotografía “Semana Santa de Cuenca” organizado por la Asociación Cultural “Soledad del Puente”, se han podido contemplar todos esos aspectos, y otros muchos detalles más que nuestra ciudad encantada ofrece cada año cuando llega la Cuaresma y la posterior celebración de la Pasión. Las cerca de 1600 instantáneas correspondientes a los casi 500 fotógrafos que se han dado cita durante esas ediciones nos reflejan desde la evolución de la propia calidad de las fotografías debido al vertiginoso avance de la tecnología, hasta aspectos tan nazarenos como el que ofrece una misma Sagrada Imagen en distintos momentos y lugares, o los preparativos previos para su salida procesional, pasando por los ornamentos que componen las Andas que las portan, exornos florales, iluminaciones, las distintas vestimentas de las Imágenes, … Un compendio de cosas y detalles que muestran la tradición en unas cosas y la evolución o mejora en otras para mantener vivo un mismo sentimiento y una misma celebración religiosa. Volviendo a sus orígenes, y con datos en la mano, recordemos que en el año 2000, año del estreno, confluían a concurso 49


instantáneas. De aquel primer certamen, saldrían los dos primeros ganadores: Juan Andrés Cubillo Bayo, con su obra “Santísimo Cristo de la Agonía”, el cual obtenía el primer premio de 100.000 pesetas donado por la propia Hermandad de la Soledad del Puente, y Ramón Culebras Serrano, con su obra “Nuestra Semana Santa”, quien obtenía un segundo premio de 50.000 pesetas, donado por la Obra Social Caja Castilla La Mancha, entidad que se convertía a su vez en el primer colaborador del evento. En ese primer año, el Jurado también cobraba su protagonismo al considerar que “debido a la cantidad, calidad y elevado nivel artístico de las fotografías presentadas, debía proponer a la Asociación Cultural organizadora del acto, el conceder un accésit de 25.000 pesetas a la fotografía con el título “Dolorosa” del autor Sergio Murgui Quintero”. Un buen comienzo sin duda alguna. En los años sucesivos pasamos rápidamente de la moneda histórica –la peseta-, a la moneda europea –el euro-, de tres premios iniciales se aumentaría a cuatro estableciendo dos categorías –la general y la destinada a fotografías centradas en la Virgen de la Soledad del Puente, en el año 2017 se añadían dos accésit más para fomentar la participación y la posibilidad de conseguir premio, … También se incluían progresivas mejoras en las bases del concurso en cuanto al tamaño y el soporte para presentar las obras, nuevos colaboradores y patrocinadores, como el Excmo. Ayuntamiento de Cuenca en algunas ediciones a través del programa Cuenca, Naturaleza y Cultura; la Excma. Diputación Provincial de Cuenca –quien todavía hoy sigue mostrando su apoyo a este certamen con la donación de los trofeos-; la empresa Calefacciones Tomás Pérez – propiedad de este hermano de la Soledad que tristemente fallecía tras sufrir una larga enfermedad

y al que se le guarda un gran recuerdo en la Hermandad-, o la empresa Hijos de Jesús Caballero quien igualmente mantiene la dotación económica actual del tercer premio, junto con las dos entidades que patrocinan los dos primeros, Eurográficas Cuenca –segundo premio- y la Fundación Global Caja Cuenca –primer premio-. Asimismo, comenzaría un progresivo aumento de originales presentados llegando en dos ocasiones –en 2007 y en 2009, año del X Aniversario- a traspasar la centena de obras, lo que otorgaría al certamen un gran prestigio y una evidente muestra de la expectación que iba adquiriendo con el tiempo y que le ha llevado hasta hoy, esperando pueda seguir manteniéndolo por muchos años más. Al igual que sucede con los protagonistas de este evento, los fotógrafos y sus respectivas obras, y la colaboración de estos patrocinios, no menos importante ha sido la implicación de las personas que han constituido el Jurado, no solamente por su apoyo y tiempo destinados a este fin sino por la seriedad que han otorgado cada año a la hora de deliberar y emitir su fallo. Siete son las personas que habitualmente forman este equipo de personas, llegando en alguna ocasión a ser nueve. Entre todos ellos reúnen todas las características más dispersas que puedan ponerse en valor a la hora de calificar una obra. Hablamos de la técnica, el estudio y encuadre de la escena, la focalización, la nitidez y la calidad de la imagen,…, aspectos elementales y solamente apreciables desde el conocimiento y la experiencia de un profesional, que se conjugan con otros más terrenales, como la mera expresividad o el personal significado que el fotógrafo ha querido expresar y que puede llamar más o menos la atención del observador para conseguir atraerle hacia esa foto y no hacia otra.

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Siete –o nueve- personas distintas, cambiantes cada año, y con sus correspondientes criterios individuales de manera que ninguno de ellos tiene posibilidad de influir en el criterio del otro al analizar las obras, por lo que la seriedad y responsabilidad de la calificación y posterior decisión de los galardonados es más que evidente y no da lugar a dudas en ningún caso. Entre estas personas que han tenido la difícil misión de elegir unas u otras fotografías se encuentran artistas distinguidos, profesionales y regentes de varios estudios fotográficos de la ciudad como Aurelio Lorente, Antonio Texeda, Ramón Herraiz, Luis Castillo, Santiago Torralba, Javier Jiménez, o Javier Romero – Cartelista de la Semana Santa 2019-, todos ellos trabajando codo con codo con otros profesionales, fotógrafos y colaboradores en medios de comunicación o publicaciones, como Emilio Palacios, Julio Palencia o Javier Chaler. A estos profesionales del mundo del arte y de la imagen, se unen los responsables que la Hermandad y la Asociación Cultural organizadora ha tenido en esos XX años (Francisco Recuenco, Santiago Saiz y Luis A. Martínez) y el Presidente de la Junta de Cofradías –o persona en quien ha delegado- por ser éste el máximo órgano nazareno de la ciudad, sin olvidar los Hermanos Mayores de la misma que cada año tienen el honor y responsabilidad de dirigirla y el ganador de la edición anterior –incluido en las bases del concurso en 2017 al ser sugerido por el Jurado y los propios fotógrafos participantes. Como vemos un amplio y nutrido grupo de profesionales y nazarenos conquenses que han conseguido crear un bonito clima de amistad y trabajo hasta el punto de ser una gran familia. Todos ellos han conseguido dar el prestigio y reconocimiento a este longevo certamen de fotografía en la ciudad de Cuenca, referente a partir del cual han ido surgiendo en otras Hermandades e incluso en el Museo de la Semana Santa de Cuenca. Por el camino quedan muchas horas de dedicación, anécdotas y curiosidades compartidas, sonsacadas de la multitud de imágenes presentadas a este emblemático concurso. Por mencionar algunos, nombraremos los casos en los que se entregaban los premios del fallo del Jurado y uno de los galardonados no podía pasarse a recogerlo hasta unos días después por estar re-

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cibiendo otro premio en otra localidad cercana a la capital. O aquel otro en que el premiado, que estaba cubriendo un evento cultural en la ciudad, llegada a toda prisa a la Sede de la Hermandad tras recibir la llamada de su madre quien le comunicaba su premio. O también varios casos en que la poca confianza de su autor por conseguir galardón le hacía no estar presente al ser nombrado entre los ganadores y recoger su premio días después con una bonita mezcla de sorpresa y alegría. Otro motivo a destacar es que en estos XX años se ha dado la circunstancia de tener que dejar desierto algún premio por entender el Jurado que las fotografías presentadas no reunían la calidad suficiente para merecer recompensa, en cuyo caso el premio económico se donaba a una entidad benéfica de la ciudad, como fue el caso de ASPADEC en el año 2009. Y no debemos olvidar el reconocimiento a toda una trayectoria profesional del reconocido fotógrafo Jiménez en el mismo año 2009, coincidiendo con el X Aniversario del concurso. En definitiva, muchas imágenes que compartir, grandes recuerdos imperecederos, extraordinarias fotografías de excelentes fotógrafos que cada año lucen en las paredes de la Sede de la Hermandad durante la exposición de todas las obras presentadas al concurso. Esfuerzo humano y dedicación constante en todos ellos. Profesionales y aficionados mostrando sus habilidades bajo una misma premisa y un mismo objetivo: promocionar y difundir las virtudes de nuestra Semana Santa a través de sus objetivos. Momentos mágicos, encuadres y enfoques, contraluces del Nazareno, lágrimas de la Madre, sentimientos a través de un objetivo, imágenes fijas que cobran vida. Esa es la Semana Santa de Cuenca a través de una cámara de fotografías. Intensa vivencia y puro sentimiento religioso. Dolor y llanto por la Pasión y Muerte del Salvador. Alegría por su Resurrección. “Los datos han sido extraídos de las Actas del Fallo del Jurado de los Concursos de Fotografía así como de los informes y memorias anuales sobre los Proyectos de Actividades elaborados por la Asociación Cultural “Soledad del Puente” desde el año 2000 hasta hoy”


Luis Miguel Caballero. Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo FotografĂ­a ganadora del concurso fotogrĂĄfico en 2018

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FotografĂ­a: Ignacio Blanco

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Pregón Juvenil de la Semana Santa de Cuenca 2018 Organizado por la Vble. Hdad. de Ntra. Señora de la Soledad (del Puente)

Por Pablo Martínez Muñoz Es escalofrío lo que siento cuando la tela del capuz acaricia mi rostro, al notar el roce del aire entrando por los ojos, como una suave melodía, en la mañana del Domingo de Ramos. Es entonces cuando me doy cuenta que la demora invernal ha dado paso ya al florecer de la primavera. En cuaresma, la llegada ha sido amenizada por marchas que salen de un CD, Juntas en las que reinan los nervios, por la deseada subasta o simplemente, por charlas entre grupos de nazarenos anónimos. Hemos sacado del armario túnicas que se nos han quedado pequeñas, guantes que aún conservan cera, capuces doblados que adoptan forma cónica, gracias a un cucurucho o una rejilla que su trabajo hace, bajo la tela, aunque no se vea. Han pasado los días y el viento sopla en dirección a la Plaza de San Andrés, a la espera de tres toques que abren la puerta a un vendaval de emociones, recogidas en siete días de pasión. Apenas el primer redoble de tambor y un golpe de horquilla son necesarios para despertarnos del letargo. La gente se echa a la calle para recibir a Jesús, que baja ya con su particular trote, por el jardín del Salvador, a lomos de su Borriquilla. Se agitan palmas y ramos de olivo entre Hosannas, sin saber que los que esa mañana aclaman su bienvenida, son los mismos que días más tarde le enviarán a la Cruz. Es esa misma Cruz la que representa la angustia de una pasión anticipada, en la noche del Lunes Santo. Siete palabras de Cristo en su hora de expiración. Son penitentes los que ceden su voz para relatar la agonía del Calvario, entre cantos gregorianos y tañidos de campana. La noche es negra como las túnicas de sus hermanos. Y son hachones los que lloran gotas de cera, para iluminar el camino de la Catedral a San Esteban, a ritmo de ronco tambor. ¡Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen!

Perdón para tus hijos que se congregan el Martes en la Plaza de El Salvador; expectantes, son un enjambre de almas que llevan túnica y capuz. Yo, vestido de morado y amarillo, no puedo más que esperar a que San Juan Bautista haya traspasado el ocaso de la tarde para ver tu silueta. Subes cáliz en mano, paso firme, al compás de la marcha de Ugeda. Eres, Magdalena, la dama de honor que precede al manto tejido de hiedra que lleva la Esperanza. Noche de devoción conquense la del Martes Santo; íntima en sus últimas horas, cuando el tiempo pesa y los riñones piden un descanso. Para mí siempre será diferente. Son los pequeños detalles los que le dan ese aroma especial e invisible que hacen que nunca sea igual. Aroma a torrija bien hecha es lo que se respira en las cercanías de San Esteban el día que se lleva a cabo la traición. Olivos y espadas al aire para ser fieles al Evangelio, puesto en escena desde los guijarros impregnados de incienso, en la calle de San Pedro. He aquí el hombre, nazareno. El Señor de San Miguel ante Anás, presentado al pueblo al salir llena la luna. Le sigue una Amargura que, subiendo por Solera, recoge las últimas luces de la tarde, para tintar del azul celeste las filas nazarenas. No temas, en tu amargura, no estás sola. El discípulo amado te acompaña. Déjanos que nosotros también te acompañemos. ¿Qué hace al Sol del Jueves Santo brillar así? ¿Es el reflejo del agua del Júcar? ¿O es el chopo que desde la orilla se asoma a ver la procesión? Son, quizás, las tres cruces de la Majestad testigo mudo de la representación bíblica, que se pone en la calle. Es, esa tarde, el puente la arteria que enlaza la ciudad y de la que brotan los nazarenos de Paz y Caridad.

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Fotografía: Ignacio Blanco

Hablan las Hermandades

Jesús, despojado de ropa, con caña y capa, para recorrer la senda tortuosa y empedrada del casco antiguo. Golpe tras golpe, ya no sé si lo que suena es la horquilla o son los latigazos en la espalda. La calle se estrecha, el dolor aumenta. Cae al suelo y un niño lo levanta. El atardecer ilumina para que sus hermanos guíen a la Virgen y no sea Soledad. Cuando el Sol se haya puesto y el puente de la Trinidad sea ya recuerdo, la Reina del Júcar volverá a casa y caerá la noche más larga, en la que reside la esencia del alma nazarena. Es la madrugada la que, una vez más, pone los pelos de punta; es el estruendo hecho sinfonía mediante clarín y tambor. Hiere el golpe de martillo a la Virgen, a su paso por la fragua, como herirán los clavos en las manos al que horas más tarde será crucificado; pero eso será al llegar la hora Nona. En Cuenca aún no ha despuntado el alba; abucheado por escarnios y burlas, el Nazareno de las Seis carga a sus espaldas una culpa que no merece; le ayuda el cirineo y una mujer le seca el rostro de sangre y sudor. Y así padece, caída a caída. Siguen sus pasos capuces verdes del Evangelista, serpenteando por la Audiencia, hasta volver la cabeza y encontrarse con su Madre, que llora sola. Ella no oye tambores; tampoco clarines, sólo escucha el silencio del Hijo que presagia la muerte del hombre, muerte del Salvador, muerte convertida en vida entre Misereres incompletos, que retumban en la hoz, paso a paso, hasta llegar al Gólgota. Atardece el Viernes Santo bajando por Palafox. Calvario reflejado en Carretería, mediante ocho cruces y un río multicolor de sensaciones, que inunda a cada nazareno y espectador; calvario desde que se alza la Cruz hasta que no queda más que un sudario; Cristo yace muerto, sentenciado por espinas y una lanzada en el costado. Cuenca entera arropa a la Virgen de las Angustias, que sostiene el cuerpo del hijo, escondida entre las rocas en el santuario de los Descalzos. Yace muerto lo que Marco Pérez fue capaz de dar vida, esculpiendo la madera a golpe de gubia y paciencia, imaginería hecha lección de anatomía, que pone fin al día en el que la ciudad se empapa de pasión. Quedará tiempo después para el descanso y el rezo. Tiempo también para recordar a los que ya no están, pero viven allá arriba, atentos cada cuaresma a la llegada de Semana Santa, para que no se pierda el porqué celebrarla. Se recupera este año la procesión del Sábado Santo. Una prueba más de que la tulipa sigue encendida y la ilusión impulsa a la creación de nuevas hermandades y proyectos. Tienen toda mi admiración por su valentía y constancia y les deseo mucho éxito en el futuro. Tras el luto llega la Resurrección: el triunfo de la vida sobre la muerte. Salgamos vestidos de gala al encuentro de Jesús con la Madre. Desaparecen los capuces. El manto negro que cubría la ciudad se retira y se pinta de verde esperanza un año más la Plaza de la

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Constitución. Vuelan palomas y el milagro se completa, no sin dejar ese nudo incómodo en la garganta, que nos paraliza por un instante en el que desearíamos detener el tiempo y dar marcha atrás. Así es Cuenca en Semana Santa. Como conquense, privilegiado de poder decir que es aquí donde, en ocasiones, miles de tambores sin orden, o incluso el silencio, son la melodía más bella. Como nazareno, agradecido de serlo desde la cuna, de sentir ese bullicio de emociones que llega por estas fechas, cuando el eco del Miserere se incrusta en las hoces y Júcar y Huécar se asoman para ver el milagro de la Pasión. Y es que, como Nazareno, se me ha caído encima el peso de las horas consumidas, al cruzar la Puerta de Valencia en la noche del Martes Santo. He perdido la sensibilidad en las manos porque el frío me la robó, y en su lugar ahora tengo dos palillos para aporrear un tambor de piel, mientras el Nazareno sube por Alfonso VIII, cargando con su particular peso en forma de Cruz. He perdido la noción del tiempo. He escuchado coros en la fragua intercalados con el yunque, para dar calor a la Soledad. He visto al anciano que mira la madera con nostalgia y al niño que la mira admirado. He notado el escalofrío al ver a la Magdalena y al Cristo de los Espejos bajo los arcos, mientras una lágrima color amarillo teñía mi capuz de terciopelo. Siempre he dicho que es igual de Nazareno el que procesiona como el que espera horas de pie, el espectador que ve la representación con ojos que no son los del capuz, pero que igualmente siente su propio escalofrío. Por eso, desde la acera, me paro a escuchar el silencio del Miércoles Santo, sólo interrumpido por el choque de las tulipas contra el suelo. Es también la acera recuerdo de mi infancia, en la tarde de Jueves Santo, pegado a una barandilla, viendo caminar a Jesús del Puente, mientras sonaba Banceros de la Pasión, porque sin infancia mi Semana Santa no sería lo que es, ya que en esa etapa se curtió mi piel al frío de Cuenca. Entonces llevaba cruz. Con los años me puse un capuz y cambié a una tulipa para calentarme las manos con el aliento que la llama desprende. Crecí y maduré. Aprendí a esperar y a apreciar la espera. Cuaresma a cuaresma, escalofrío a escalofrío. Hoy ya no llevo cruz; elegí coger la horquilla y hacer mi penitencia agarrado al banzo, para que la almohadilla me dé calor, porque el frío lo sigo teniendo y es la túnica que en pocos días vestiré. Huele a incienso y la cera ya gotea. La ciudad está preparada para la llegada de esta Semana que se acerca, sin prisa y de puntillas, a ritmo de marcha procesional. En estos párrafos he dejado plasmado lo que siento; así es como yo vivo cada florecer de la primavera, cuando el roce del aire acaricia mis ojos. Por eso, si quien me escucha alguna vez sintió algo semejante, le invito a cerrarlos y a dejarse llevar. Es entonces cuando notará el escalofrío.


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Investigación

Iglesia de la Virgen de la Luz y San Antón. Fotografía de José Antonio Barrasa Esteban.

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Recuerdo de la llegada a la iglesia de la Virgen de la Luz y San Antón de las hermandades de los Santos Pasos y de su Cabildo de la Vera Cruz, Sangre de Cristo y Misericordia.

Por José Manuel Alarcón Sepúlveda Las campanas de San Antón anuncian a la ciudad la salida de la secular procesión, encargando al viento que acaricia la ermita que cuente el mensaje de que las escenas de la Pasión y Muerte de Jesús recorren ya las calles de la vieja ciudad en singular desfile, único y cada año repetido desde el siglo XVI, como lo quisieron aquellos conquenses de entonces, de las centurias que vinieron, y de hoy. Todos los cristianos tenemos siempre un templo que tiene un significado especial, que marca de forma más profunda nuestra vida. Detrás de ello siempre hay un motivo, un hecho íntimo, que en el caso de nuestra ciudad suele hallar su por qué en el lugar sagrado en el que la Imagen venerada recibe culto durante todo el año, donde recibe miles y miles de plegarias anónimas, en silencioso cortejo incontable de devotos que hacen la visita, castiza expresión que encierra fe, popular y muy viva. Así sucede con los hermanos del Jueves Santo, para quienes la iglesia de la Virgen de la Luz ocupa un espacio central, lugar en el que empieza y finaliza su año, ese que contamos de Semana Santa a Semana Santa, y donde encuentran refugio y escucha, cuando la vida aprieta o comparten una alegría. Casi imposible sería para nosotros encontrar esa referencia en otro templo, imaginar otro escenario, mas ello fue así hasta el siglo XIX, en indeterminada fecha que en este tiempo anda cumpliendo su segundo centenario, efeméride sin día, como sucede con los más señalados hitos del histórico Cabildo, hoy Archicofradía de Paz y Caridad, y de las hermandades nacidas en su seno. Dos Historias se dieron la mano en ese momento, que los documentos que hoy conocemos sitúan entre finales de 1818 y 1819; la de la Vera Cruz, que había nacido y vivido durante cientos de años en la ermita de San Roque, a la cálida sombra del convento franciscano, y la de la iglesia de la Virgen de la Luz y de San Antón, edificio sacro que por entonces contaba pocas décadas, erigido sobre el solar de dos antiguos templos, uno dedicado a la Madre y otro al santo eremita.

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Investigación

Procesión de Paz y Caridad en la Plaza Mayor de Cuenca a principios del siglo XX (con seguridad, antes de 1914). Colección de José Ángel Vicente.

El Cabildo de la Vera Cruz y la ermita de San Roque. Como queda escrito, el cabildo, que en sus orígenes aparece citado alternativamente bajo las advocaciones de Nuestra Señora de la Misericordia, de la Vera Cruz y de la Sangre de Cristo, carece de fechas conocidas para los momentos señalados de su larga historia, pues pocos son los documentos que han llegado hasta nuestros días, o al menos los que han sido descubiertos. Quizá, como en otras partes del Reino, existieron corporaciones independientes con alguna o algunas de esas denominaciones, que después se fusionaron para mejor cumplimiento de sus fines. Quizá se trató siempre del mismo Cabildo, nombrado de manera diferente. Sabemos que ya en la primera mitad del siglo XVI el cabildo se encuentra instalado en la ermita de San Roque1, situada sobre el pequeño promontorio situado junto al Campo de San Francisco, en lo que hoy es cerrillo que lleva el nombre del santo, y que entre sus principales fines tuvo, además del enterramiento de ajusticiados, el de poner en la calle cada tarde de Jueves Santo la procesión en la que se contemplaban y veneraban las principales escenas de la Pasión y Muerte de nuestro Señor, situándolo en el mismo origen de la Semana Santa de Cuenca. De ello nos hablan las primeras noticias que nos han llegado de una escultura procesional del viejo cabildo, sendos contratos fechados en 1580 y 1588, de encargo de la talla policromada de la

efigie de Jesús con la Cruz a cuestas, para los pueblos de Zaorejas y Alcocer respectivamente, que debían ser realizados tomando como modelo la Imagen de Cristo camino del Calvario que era propiedad de la Vera Cruz conquense2, y que recibía culto en San Roque. Del desfile de Jueves Santo nos da nueva noticia la controversia surgida en 1611 entre el Cabildo de la Vera Cruz y el que había sido su mayordomo3, que alude de forma clara a los gastos de esa procesión. Gran fama alcanzó aquel Nazareno, pues aún se tomó como referencia al encargar el Cabildo de San Nicolás de Tolentino al escultor Fernando Lascasas Espinosa la talla de Cristo con la cruz a cuestas4, junto a las de San Juan Evangelista y Nuestra Señora de la Soledad, para la que debía ser la primera salida de la procesión de los Nazarenos, hoy Camino del Calvario, que no pudo ser celebrada en 1615 precisamente por la oposición promovida por el Cabildo de la Vera Cruz, y sí en 1616. Debió ser precisamente esa primera mitad del siglo XVII la que vio cómo surgían Hermandades en el seno de la Vera Cruz para dar culto y sacar en procesión las Imágenes pasionistas, de lo que dan fe diversas cartas de obligación firmadas por vecinos de la ciudad con las respectivas asociaciones de fieles nacidas, encontrando una de 1644 suscrita con la “ hermandad del Santo Cristo de la Cruz a Cuestas, cuya capilla está en la Ermita

1. I BÁÑEZ MARTÍNEZ, P.M.: Orígenes de la Semana Santa de Cuenca, 2007. Página 47, donde el autor nos habla de las obras que se realizan en 1543 por cuenta del cabildo de Nuestra Señora de la Misericordia en la sede del mismo dentro de la ermita de San Roque, así como la ampliación en 1575 de esas dependencias en el templo que posee la corporación, que ya por entonces amplía su advocación de Nuestra Señora de la Misericordia con la de la Santa Vera Cruz. 2. I BÁÑEZ MARTÍNEZ, P.M.: Orígenes de la Semana Santa de Cuenca, 2007. Páginas 32 a la 34, y 63 a la 68. Y del mismo autor, dentro de Las Cofradías de Jesús Nazareno. Encuentro y aproximación a su estudio, 2002. Páginas 157 y 158.

3. Transcrito por RECUENCO, J.: Huerto del Jueves Santo. Historia de una Hermandad. Cuenca 1998. Pág. 42 4. Transcrito por PÉREZ VALERO, A. en Cuenca Nazarena, 2012. Página 107: “…Y la otra de Cristo con la cruz a cuestas de la misma hechura y altor y grueso suerte que el que es del Señor San Roque…”. 5. Transcrito por MOYA PINEDO, J. en Cuadernos de Semana Santa. Cuenca, 1993. Págs. 28 a 32, 35, 44 y 45. Resulta de especial interés la antedicha de 1646, en la que se cita textualmente a la “ hermandad del Paso del Huerto, que es de la Cofradía de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, sita en la ermita del Señor San Roque”.

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Nuestro Padre Jesús Nazareno – del Puente - y el Santísimo Cristo de las Misericordias iniciando la procesión. Primer tercio del siglo XX. Colección de José Manuel Vela Velasco.

del Señor San Roque”, tres de 1646, 1665 y 1666 con la Hermandad del Paso del Huerto y dos de 1671 y 1672 con la del Santo Cristo de la Caña.5 Acaso por ese proceso de aparición de nuevas corporaciones en torno a cada una de las esculturas procesionales, el cabildo matriz entra en un declive que le lleva a ver reducido su número de hermanos a dieciséis, y en consecuencia a que peligre el cumplimiento de sus fines piadosos, tanto el de dar sepultura a los reos de la pena capital como el de la procesión de Jueves Santo, lo que motivó que presentase un memorial ante el Corregidor, para ser elevado a la ciudad, implorando medidas para paliar la falta de incorporación de hermanos que venía sufriendo. En ese documento, se declara que “…todas las personas honradas y principales desta ciudad eran hermanos de tan piadosa Cofradía…”, que en este momento de la Historia se denomina de la Sangre de Cristo, Vera Cruz y Misericordia. Del siglo XVIII nos han llegado distintas noticias de las hermandades formadas al abrigo del Cabildo, como la solicitud que la “Hermandad del Paso del Huerto, sito en la ermita del Señor San Roque” eleva al Provisor General del Obispado para requerir a un cofrade a cumplir con las obligaciones propias del cargo de Hermano Mayor, dejando constancia de que uno de los gastos a asumir por éste lo generaba “ la función de la procesión que sale el Jueves Santo por la tarde” 6. La Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, “que se venera en su ermita del Señor San Roque” es citada en documen-

tos de los años 1747 y 17557, y de la de Cristo con la cruz a cuestas de San Roque conocemos dos instancias dirigidas al Provisor General en 1750 y 1754, para que los seis hermanos que habían portado la Imagen titular en procesión entregasen a la Cofradía las túnicas utilizadas, pues los banceros tenían la obligación de costearse la confección de esa prenda con la que se revestían para llevar sobre sus hombros el Paso cinco años consecutivos, transcurridos los cuales debían ponerla a disposición de aquella8. Manuel González Francés describe la capilla de los Santos Pasos de la ermita de San Roque, presidida por el Nazareno, encontrándose la efigie de Jesús con la Caña en su lateral derecho9, cuya Hermandad es mencionada en la visita realizada por la autoridad eclesiástica a la Parroquia de San Esteban el 24 de enero de 1762, junto con la de la Sangre de Cristo y de la Misericordia10, dejando constancia del estado de postración en el que se encontraba esta última, al menos en el plano económico11. En el pleito promovido por la Hermandad de Jesús Nazareno del Convento de San Agustín frente a la del Santísimo Cristo de la Luz, controversia judicial que se extendió entre 1764 y 1766, se describe la procesión de Jueves Santo y los Pasos que la formaban12. El “Diccionario Geográfico” de Tomás López, interesante encuesta obtenida de todas las parroquias de España a finales del siglo XVIII, incluye la descripción que el párroco de la iglesia

6. Transcrito en PÉREZ VALERO, A.: La Cuenca Nazarena hasta el siglo XX. Cuenca, 2011. Págs 93 y 94. 7. PÉREZ VALERO, A.: La Cuenca Nazarena hasta el siglo XX. Cuenca, 2011. Págs 106 y 107. 8. PÉREZ VALERO, A.: La Cuenca Nazarena hasta el siglo XX. Cuenca, 2011. Pág. 108. 9. PÉREZ VALERO, A.: La Cuenca Nazarena hasta el siglo XX. Cuenca, 2011. Pág. 115.

10. En el documento llama Hermandad de la Sangre de Cristo y de la Misericordia al Cabildo de la Vera Cruz, Sangre de Cristo y Misericordia. 11. Transcrito en PÉREZ VALERO, A.: La Cuenca Nazarena hasta el siglo XX. Cuenca, 2011. Págs. 115 y 116. 12. Transcrito en PÉREZ VALERO, A.: La Cuenca Nazarena hasta el siglo XX. Cuenca, 2011. Págs. 123 y 124.

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Investigación

Nuestro Padre Jesús con la Caña en el primer tercio del siglo XX. Archivo de la Muy Antigua, Ilustre y Venerable Hermandad Penitencial de Nuestro Padre Jesús con la Caña.

conquense de San Esteban, Manuel Herrainz Briones, realiza en 1787 de la capilla de la Vera Cruz, cuyo retablo fue realizado en 1737 por Jaime Bort13: “en una de las hermitas que se referirán ay las imágenes de varios pasos de la Pasión de Christo, que la más célebre de ellas es la de Jesús Nazareno con la cruz a Cuestas…”14. La invasión napoleónica trajo consigo un incalculable expolio y menoscabo del patrimonio artístico y religioso español, como el sufrido por San Roque, templo que fue incendiado por los franceses, lo que obligó a trasladar los Pasos a la antigua iglesia parroquial de San Esteban15, que estaba intramuros de la ciudad, en el que hoy es conocido como barrio de Santa Lucía, permaneciendo depositados y recibiendo culto allí hasta que la Historia del viejo Cabildo y de sus Hermandades se unió a la de la iglesia de la Virgen de la Luz y San Antón. Para entonces la antiquísima ermita era ya un hermoso recuerdo que no volvería, añorado durante largos años entre sus ruinas, cicatriz pétrea y dolorosa en el humilde altozano que poco a poco, al compás de las nuevas construcciones, fue borrando su memoria hasta dejarnos sólo su nombre de recoleta barriada urbana, que aún hoy se conoce como el cerrillo de San Roque. La iglesia de la Virgen de la Luz y San Antón. Origen del actual templo y sus primeras décadas. Tomo la denominación de la iglesia que refleja el encabezamiento de esta parte del artículo, diferente a la que es su denominación oficial actual, de la utilizada por el doctor y catedrático Pedro Miguel Ibáñez Martínez en su obra La Iglesia de la Virgen de la Luz y San Antón y el barroco conquense, sin duda la mejor y más completa monografía publicada sobre este singu-

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Nuestra Señora de la Soledad del Puente. Fotografía publicada en La Semana Santa en Cuenca, programa editado en los años veinte del pasado siglo por la Cámara de Comercio e Industria de la provincia.

lar y maravilloso edificio religioso, absoluta e imprescindible referencia bibliográfica para todo aquel que quiera conocerlo en profundidad. En un escrito como el presente, de vocación marcadamente divulgativa, la base principal de este apartado es la citada obra del profesor, empezando como decía por el propio nombre de la iglesia, acertado no ya sólo por la dualidad con la que los conquenses la llamamos de forma indistinta, sino sobre todo por haberse construido y decorado con la clara intención de equilibrar lo referente a cada una de las dos devociones. Para explicar el actual emplazamiento de este templo conquense debemos remontarnos siglos atrás, a la Edad Media, cuando la leyenda sitúa la aparición de la Madre de Dios al Rey de Castilla Alfonso VIII en el tiempo de la conquista de la ciudad, culminada el 21 de septiembre de 1177. Cierta o no, las noticias son seguras respecto al temprano culto a la Virgen de la Puente16 junto al puente del Canto17, que desde siempre ha llevado el camino que venía desde Madrid de orilla a orilla del Júcar, hasta la ciudad del cáliz y la estrella. Su ermita es citada en numerosos documentos desde el siglo XV en adelante, apareciendo en la vista de Cuenca desde el oeste de Anton van den Wyngaerde, fechada en 156518, en la que se aprecia como un edificio independiente y diferenciado del contiguo de San Antonio Abad, convento hospital que ya en 1352 estaba erigido, en el que la orden titular del mismo atendía sobre todo a los enfermos aquejados de ergotismo, dolencia conocida entonces como “fuego de San Antonio”, teniendo el complejo asistencial una iglesia dedicada al santo ermitaño junto al puente. Es decir, que el viajero que llegaba a Cuenca atravesando las Ollerías, se encontraba a su mano iz-


Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto de San Antón en procesión. Fotografía publicada en La Semana Santa en Cuenca, programa editado en los años veinte del pasado siglo por la Cámara de Comercio e Industria de la provincia.

quierda en primer lugar con el oratorio dedicado a la Virgen, después con el templo de San Antón, a continuación la salida del camino que lleva a la sierra, para después cruzar el puente del Canto hacia la ciudad. Excede del objetivo de este trabajo el análisis de la evolución arquitectónica de ambos espacios sagrados hasta 1760, si bien mencionaremos como excepción el feliz hecho, cuyo resultado aún disfrutamos hoy, de la construcción en el final del primer tercio del siglo XVI de la bella portada plateresca de la ermita de la Virgen de la Puente19, integrada después en la fachada de la actual iglesia. Los dos templos, aunque eran construcciones independientes cada una con su portada, estarían comunicados entre sí 20, custodiando la orden de San Antonio Abad la ermita mariana, de lo que dan cuenta las inscripciones y los emblemas antonianos que se pueden observar en la citada portada plateresca, como la tau que se encuentra tallada en el intradós de la clave de su arco. El paso del tiempo debió dejar su huella en los dos espacios, y tras unas obras inconclusas de reforma del oratorio de la Virgen, la orden antoniana dio un giro a la disposición histórica de los dos lugares de culto, fundiendo iglesia y ermita

en un solo edificio, que comenzó a construirse hacia 1760 y se finalizó en 1764, de lo que da fe la inscripción de ese año en la parte superior del muro que cierra el coro. El maestro turolense José Martín de Aldehuela fue su autor, arquitecto que había trabajado por primera vez en Cuenca en la terminación y ornamentación del oratorio de San Felipe Neri, llamado por el que luego sería obispo de la diócesis, Isidro Carvajal y Lancaster, templo en el que desplegó un depurado y bello estilo rococó, muy diferente del expresado en la iglesia de San Antón, con la que dio inicio a una nueva etapa en su arte, continuada en las grandes construcciones que acometió sobre todo en la década de los años 60 del siglo XVIII, la mayoría levantadas en Cuenca. Este nuevo estilo de Aldehuela pudo nacer en parte de la influencia de las creaciones de Ventura Rodríguez, con especial mención al Transparente de la Catedral de Cuenca inaugurado en 1760, y de otros arquitectos de la corte, virando el de Teruel a partir del templo antoniano hacia la creación de espacios dinámicos de una gran pureza barroca, donde no domina tanto la profusión decorativa como la sensación de movimiento que generan las soluciones arquitectónicas utilizadas.

13. I BÁÑEZ MARTÍNEZ, P.M.: Orígenes de la Semana Santa de Cuenca, 2007. Páginas 69 y 70. 14. Transcrito por RECUENCO, J.: Huerto del Jueves Santo. Historia de una Hermandad. Cuenca 1998. Pág. 57. 15. RODRÍGUEZ SAIZ, A., “Las imágenes de la ermita de San Roque fueron llevadas a la parroquia de San Esteban”, Gaceta Conquense (Semana Santa 1988), nº 190, pág. 21. 16. C on el nombre de Virgen de la Puente se denominó por los conquenses durante siglos a la que hoy es patrona y alcaldesa de honor de la ciudad. El nombre actual de Virgen de la Luz no aparece de forma muy puntual hasta el siglo XVII, y ya con más fuerza desde el XVIII.

17. C omo puente del Canto aparece citado desde antiguo y hasta tiempos no tan lejanos el que hoy es conocido como puente de San Antón. 18. I BÁÑEZ MARTÍNEZ, P. M.: La Iglesia de la Virgen de la Luz y San Antón y el barroco conquense. Cuenca, 2011. Págs. 81, 82 , 91 y 92. 19. I BÁÑEZ MARTÍNEZ, P. M.: La Iglesia de la Virgen de la Luz y San Antón y el barroco conquense. Cuenca, 2011. Capítulo 4. 20. L EÓN IRUJO, P. La iglesia de Nuestra Señora de la Luz y de San Antón. Cuenca, 2013. Cuadernillo informativo sobre el templo. Pág. 3.

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Investigaciรณn Portada plateresca de la Virgen de la Luz, erigida hacia el final del primer tercio del siglo XVI.

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José Martín de Aldehuela crea en la iglesia de San Antón un espacio de gran pureza barroca, con una dominante sensación de movimiento. Fotografía de José Antonio Barrasa Esteban.

Como muestra evidente de la fusión de dos antiguos templos en una sola iglesia, se puede observar en ésta un absoluto equilibrio en el programa iconográfico que decora sus muros y bóvedas, con un número de escenas de la vida de San Antonio Abad equivalente a las representativas de Nuestra Señora, paridad que también se ve reflejada en la existencia de dos portadas de acceso, cada una ante el espacio que ocupaban los respectivos edificios primitivos, siendo digna de destacar la impecable conservación por parte de José Martín de Aldehuela de la portada plateresca de la ermita mariana, que integró en la fachada dieciochesca sin mover una piedra de aquella, respetando con ello el indudable y alto valor artístico de esa joya del siglo XVI. El inventario del templo realizado en 1780, en el que se describía con detalle su mobiliario e imágenes, casi todo desaparecido en las siguientes décadas, también revela con claridad cómo se quiso aunar en la nueva iglesia las dos devociones, lo que se reflejaba en la morfología y disposición del retablo baldaquino bifronte del altar mayor, con la Virgen de la Luz al frente y San Antón hacia lo que hoy es el camarín, en el que se situaba también un ara para decir misa. En 1791 se publica en España un Breve que el Papa Pío VI había promulgado en agosto de 1787, tras una petición formal

realizada por el Rey Carlos III, decretando la supresión y extinción en nuestra nación de la Orden de Canónigos Reglares de San Antonio Abad, quedando sus bienes dentro del Real Patronato de la Corona, que nombraría recaudadores reales para administrar los bienes de cada casa de los antonianos21. No es presumible que este hecho menoscabase el mantenimiento y conservación de la iglesia de la Virgen de la Luz y San Antón, pues en la petición que el Ayuntamiento de la ciudad eleva en febrero de 1817 al Rey Fernando VII solicitando la reparación del templo o su cesión 22, se explicita que, tras la disolución de la orden antoniana, por Real Orden se mantenía en la iglesia un sacerdote que se encargaba del cuidado del edificio, del culto y de administrar los sacramentos a los vecinos del barrio, situación que se habría mantenido cerca de veinte años. Sí puede afirmarse que la invasión francesa deparó un enorme daño al templo, y muy especialmente a su mobiliario e imágenes, sumiéndolo en un lamentable estado de franco deterioro que bien hubiera podido llevarlo a la ruina, de no haber sido por la afortunadísima decisión del Ayuntamiento de Cuenca de solicitar a la Corona la cesión de su propiedad. Un tiempo nuevo se abría para nuestra iglesia, en el que su Historia y la del Cabildo de la Vera Cruz y sus hermandades se dieron la mano para caminar juntas. Dos siglos han pasado.

21. S ÁNCHEZ MARTÍN, C. “La extinción de la orden medieval de San Antonio Abad en Toledo. Un ejemplo de regalismo eclesiástico”. Publicado en: La desamortización. El expolio del patrimonio artístico y cultural de la iglesia en España. San Lorenzo de El Escorial, 2007. Págs. 539 a 558.

22. Archivo Municipal de Cuenca (A.M.C.). Legajo 1262, expediente 9. Papeles reunidos sobre el Patronato de la Hermita de Ntra. Sra. De la Luz, comúnmente llamada del Puente. 1833. Sin foliar.

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Investigación

Copia de la petición que el Ayuntamiento de Cuenca dirige al Rey Fernando VII, en orden a la reparación de la ermita de la Virgen de la Luz o de su cesión al Municipio. Archivo Municipal de Cuenca. Legajo 1262, expediente 9.

La restitución del culto en la iglesia de la Virgen de la Luz y San Antón y el regreso de su Señora. No he hallado documento que feche con certidumbre la primera petición del Ayuntamiento de Cuenca relativa a la cesión a favor del Consistorio de la iglesia de la Virgen de la Luz. Aunque en el legajo custodiado en el archivo municipal, titulado en 1833 Papeles reunidos sobre el Patronato de la Hermita de Ntra Sra. De la Luz, comúnmente llamada del Puente, se puede encontrar un escrito que la Dirección de Crédito Público dirige al Ayuntamiento de Cuenca el 16 de enero de 181723, en el que alude a una representación del Consistorio que había solicitado el 6 de diciembre de 1816 la cesión del templo en su favor, Pedro Miguel Ibáñez Martínez afirma que esa solicitud se produjo en 181424, y se dirigió al monarca Fernando VII. En la citada carta, la Dirección de Crédito Público se declaraba incompetente para resolver al respecto, remitiendo al Municipio a elevar la misma petición al Rey, lo que hizo el 11 de febrero, obteniendo lo solicitado de Fernando VII por Real Orden de 9 de marzo de 1817, en la que se disponía la entrega al Ayuntamiento de la iglesia y sus pertenencias, comisionando éste a Ignacio Rodríguez de Fonseca, regidor capitular más antiguo, para que recogiese la llave de la iglesia, designación que se realizó en sesión celebrada el 9 de abril de 1817 en la Casa Consistorial 25. En las fuentes documentales queda patente las desastrosa situación en la que se encontraba la iglesia, que carecía de pertenencias26, en peligro de causar ruina, “sin altares ni efigies, sin más que su hermosa planta y cubierta, que va ya manifestando quiebras por falta de retejos y cuidado, abandonada y puesta a discreción del que quiera asaltarla para sustraer los pocos materiales de teja y madera que ha quedado, para que sea más pronto asolada” 27. Hasta tal punto llegaba su deterioro, que cuando el Ayuntamiento solicita a la Corona su arreglo o cesión, inicia la fundamentación de la petición aludiendo a que el estado del edificio supone un peligro para los viandantes, lo que se ve acentuado por su ubicación, en un paso estrecho junto a la entrada al único puente de la ciudad sobre el río Júcar. La falta de dinero con el que reparar el templo hizo que, ante la comunicación por parte de la Dirección de Crédito Público de

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que la Real Orden de 9 de marzo no establecía que se entregase al Ayuntamiento nada más que el edificio, no sus pertenencias, que en cualquier caso parece que se limitaban a las ofrendas de los fieles28, el Consistorio acudiese de nuevo al Rey, que confirmó lo comunicado por la referida Dirección de Crédito. Como dictan la lógica y lo que se deduce de los papeles de archivo, en el año en el que el Ayuntamiento obtuvo la propiedad de la iglesia se hizo lo más apremiante, pues ni el tiempo ni los fondos disponibles para tan loable empresa daban para otra cosa, siendo el Provisor y Vicario General de la Diócesis, Manuel González de Villa, el encargado de disponer la obra, encontrando en el archivo municipal una primera carta del referido señor de 17 de octubre de 181729, de la que se desprende que hacía poco que se le había solicitado su colaboración en la reparación, estando ya en contacto con Mateo López, a la sazón Maestro Mayor de obras, Ignacio Esteban Romero30, Comisionado de Obras Públicas, e incluso con las hermandades de los Santos Pasos. En ese documento se deja constancia de que el retejo y el cierre de algún que otro portillo que tenía la iglesia abierto “a la cerca” estaban ya ejecutados. Es de justicia detenernos a subrayar la importancia capital que tuvo el Provisor Manuel González en la recuperación del templo, encargándose desde 1817 de promover, gestionar y seguir todo el proceso, costeando incluso de su propio bolsillo las obras de primera necesidad31. Así, no es de extrañar que el 24 de enero de 1818 el Ayuntamiento mostrase su gratitud hacia el señor Provisor por su labor, confirmando por otra parte el documento de archivo que para entonces ya se había realizado lo necesario “para que la iglesia sea conservada, quitando las aguas con que la fábrica padecía” 32. Como decía antes, los caudales que se podían dedicar al adecentamiento y restitución de la iglesia a su función de espacio sagrado eran escasos, de tal suerte que el Consistorio acordó en la misma fecha señalada del 24 de enero que se pidiese limosna a los vecinos para costear las reparaciones de la iglesia, y conseguir devolver al culto en ella a la Virgen de la Luz, labor que se encargaría a los Comisarios de cada Cuartel acompañados del


José Martín de Aldehuela crea en la iglesia de San Antón un espacio de gran pureza barroca, con una dominante sensación de movimiento. Fotografía de José Antonio Barrasa Esteban.

párroco, para poner a disposición del señor Provisor lo obtenido. Éste contesta mucho más adelante, el 11 de abril33, aceptando ser el depositario de los donativos que se pudiesen recoger para las obras del templo, pero dejando al Capitular Obrero o a cualquier otro que se hiciese cargo de los trabajos, la administración del uso del dinero recaudado de la generosidad y devoción de los conquenses. En esa carta, Manuel González de Villa describe el estado de la iglesia en ese momento, que vuelve a dimensionar hasta qué punto había llegado su deterioro antes de solicitar su cesión el Municipio: “El estado actual que tiene la iglesia es de haberla desocupado de las maderas y escombros que había en ella, y haber tapado algunos portillos que aún había hacia la parte del cerro, por manera que ya se puede principiar a poner algunas puertas, y hacer el pavimento y componer el altar mayor en el modo posible y menos costoso para la colocación de Ntra. Señora.” El 12 de agosto siguiente informa el Provisor al Presidente y Ayuntamiento de la ciudad de que “ la iglesia, y altar y camarín están reparados ya en lo más preciso, y con la decencia correspondiente”. Menciona en su escrito también que el “Maestro Mayor Don Mateo López ha asistido y dirigido lo que se ha hecho hasta ahora” y propone la festividad de la Natividad de Nuestra Señora como el día para la colocación de la Virgen de la Luz en su altar34, fecha que no fue la elegida finalmente. El 24 de agosto el Ayuntamiento publicaba un aviso35 en el que se informaba

de que el 13 de septiembre de 1818 se trasladaría a la Patrona de la ciudad a su ermita desde la iglesia de San Juan en procesión general, aprovechando el anuncio para pedir a cualquier vecino que tuviese algún efecto perteneciente al templo antoniano que se sirviese entregarlo al señor Provisor y Vicario General. Finalmente se adelantó en un día la procesión por la que la Virgen de la Luz, aún llamada por el pueblo “del Puente”, regresaba a su santuario. Así, el sábado 12 de septiembre de 1818, a las cuatro de la tarde, se reunía en el atrio de la iglesia parroquial de San Juan la comitiva que iba a acompañar a la Patrona en tan esperado día. Las actas capitulares del Ayuntamiento de Cuenca dan fe de ello, en un magnífico documento que describe con exactitud cómo fue aquel desfile, encabezado por “ los pendones de los siete gremios y sus individuos, con luces, y en seguida los devotos que concurrieron con velas como se les invitó, entre los cuales llevaban en andas los hortelanos a San Roque (trasladado en la noche anterior desde la parroquia de San Esteban) y los labradores a San Antonio Abad, seguían después los cabildos sacramentales, con sus insignias y cruces parroquiales, los religiosos de los conventos de esta ciudad, eclesiásticos, el cabildo de señores sacerdotes con sobrepelliz, y el de señores curas y beneficiados, haciendo de Prioste el Abad Mayor, D. Miguel Martínez Valera, beneficiado de la Parroquial de Santo Domingo, entre cuyos dos cabildos sacaron a Nuestra Señora cuatro individuos de éste, y después cerraba la procesión la ciudad” 36.

23. A .M.C.. Legajo 1262, expediente 9. Papeles reunidos sobre el Patronato de la Hermita de Ntra Sra. De la Luz, comúnmente llamada del Puente. 1833. Sin foliar. 24. I BÁÑEZ MARTÍNEZ, P. M.: La Iglesia de la Virgen de la Luz y San Antón y el barroco conquense. Cuenca, 2011. Pág. 244. Conocido y probado el rigor científico del profesor Ibáñez, su afirmación respecto al año en el que el Ayuntamiento de Cuenca solicita a Fernando VII la cesión de la ermita de San Antón debe darse como cierta. 25. R ODRÍGUEZ SÁIZ, A. Cuenca en el Recuerdo. Cuenca, 1988. Pág. 25. 26. A .M.C. Legajo 1262, expediente 9. Escrito de la Dirección General del Crédito Público al Ayuntamiento de Cuenca, de 28 de abril de 1817. 27. A .M.C. Legajo 1262, expediente 9. Solicitud del Ayuntamiento al Rey de la reparación o cesión al consistorio de la iglesia. 28. A.M.C. Legajo 1262, expediente 9. Escrito de la Dirección General del Crédito Público al Ayuntamiento de Cuenca, de 28 de abril de 1817. 29. A .M.C. Legajo 1262, expediente 9. Carta de Manuel González de Villa al Presidente y Ayuntamiento de la ciudad, de fecha 17 de octubre de 1817.

30. E n el documento, el Provisor lo menciona como Ignacio Romero y Moya, pero por lo visto en otros escritos y actas parece claro que se refiere a Ignacio Esteban Romero, nombre con el que el propio Manuel González de Villa lo alude en otro escrito de 12 de agosto de 1818. 31. S ANZ Y DÍAZ, C. Historia Documentada de Nuestra señora de la Luz. Cuenca, 1989. Pág. 74. 32. A .M.C. Legajo 1262, expediente 9. Certificado del acuerdo municipal de 24 de enero de 1818, que se remite al Provisor de la Diócesis, Manuel González de Villa. 33. A .M.C. Legajo 1262, expediente 9. Carta que Manuel González de Villa dirige al Ayuntamiento de la ciudad el 11 de abril de 1818. 34. A .M.C. Legajo 1262, expediente 9. Carta que Manuel González de Villa dirige al Ayuntamiento de la ciudad el 12 de agosto de 1818. 35. A .M.C. Legajo 1262, expediente 9. Aviso al Público del Ayuntamiento de esta N. Y M.L. ciudad, de fecha 24 de agosto de 1818. 36. A .M.C. Actas Capitulares del Ayuntamiento de Cuenca, 1817, 18 y 19. Asiento de 14 de septiembre de 1818.

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Investigación

Nuestra Señora de la Luz, antaño denominada Virgen de la Puente por el pueblo conquense. Fotografía de José Antonio Barrasa Esteban.

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Subió el cortejo hasta la Catedral, adornada toda la carrera de la calle Real mediante colgaduras, recibiendo a la comitiva en las puertas del primer templo conquense para incorporarse al cortejo su Venerable Cabildo, con sobrepelliz y velas encendidas, al tiempo que lo hacía el Excelentísimo e Ilustrísimo señor Obispo. Continuó el desfile hasta la capilla de Nuestra Señora del Sagrario, y tras el canto de un motete salieron de la Santa Iglesia por la nave del lado del Evangelio, quedando el Cabildo Catedralicio formado en ella, para emprender el cortejo la bajada con el señor Obispo y llegar a la iglesia de la Virgen de la Luz al anochecer, depositando la Imagen de Nuestra Señora en una mesa al medio, a la de San Antón a la derecha y a San Roque a la izquierda. Tras el canto de una Salve solemne y de impartir la bendición a los fieles, se colocó a la Virgen en el altar mayor, y a ambos lados las efigies de San Antón y San Roque. La religiosidad, devoción y alegría que manifestó el pueblo en tan señalada procesión se vio prolongada con la iluminación durante aquella noche del puente y de los cerros que circundan la iglesia37. “El día siguiente trece Domingo del Dulce Nombre de María fue al alba anunciada su función por el repique general de campanas, y a las diez se juntó la ciudad en la puerta de la iglesia de Nuestra Señora, que entró luego que el Excmo. e Ilmo. Señor Obispo”. Asistieron a la Misa Solemne los cabildos de curas y beneficiados, y el de clérigos de Santa Catalina, oficiada por el señor Abad de señores curas, cantando la Música de la Santa Iglesia Catedral y pronunciando el sermón el Dr. Nicolás Escolar y Noriega, párroco de San Juan, “solemnizando así la colocación de Nuestra Señora de la Luz titulada del Puente, Patrona de la ciudad, en su antigua iglesia”. El 19 de septiembre el Ayuntamiento otorga a Manuel González de Villa el título de Protector de la Iglesia con carácter vitalicio38, distinción que es agradecida por su destinatario el día 30 del mismo mes39, al tiempo que manifiesta la necesidad de que las limosnas y obligaciones de los vecinos costeen la conservación y el culto del templo, por cuanto su iglesia carece de fondos a la fecha y se tienen deudas, como la que genera la obra que en ese momento se está realizando en el que fue convento, para evitar que las aguas sigan afectando a la iglesia. Poco después, el 14 de octubre de 1818, el municipio comunica a Manuel Guijarro su nombramiento como Sacristán Llavero del templo, con facultad para recoger las limosnas que los fieles quisiesen ofrecer a Nuestra Señora, San Antón y San Roque40. Y es que las obras y reparaciones continuaban, sostenidas en su mayor parte por el esfuerzo monetario del pueblo conquense, que había visto cumplido el anhelo, tan lejano apenas dos años antes, de ver retornada a la Patrona y Protectora de la ciudad a su templo, junto a las aguas verdes del Júcar represadas bajo el puente del Canto, donde cuenta la leyenda que, hace muchos años, una Virgen con su Hijo en brazos se apareció a un Rey bueno y noble, huérfano Don Alfonso desde muy pequeño, que guiado por la Madre conquistó la inexpugnable Cuenca.

La llegada a la iglesia de la Virgen de la Luz de las Hermandades de los Santos Pasos y del Cabildo de la Vera Cruz y Sangre de Cristo. Como queda dicho, en la primavera de 1817 recibe el Ayuntamiento de Cuenca la cesión de la propiedad de la iglesia antoniana por parte del Rey Fernando VII, edificio que se encontraba en un desastroso estado que avanzaba hacia la ruina, con todo su antiguo mobiliario desaparecido y con una disponibilidad de fondos para su reparación y devolución al culto totalmente insuficiente para tales fines. En ese momento, las hermandades conocidas en la ciudad como de los Santos Pasos y su primitivo Cabildo de la Vera Cruz y Sangre de Cristo se encontraban con sus Imágenes depositadas en la iglesia de San Esteban, intramuros en lo que hoy se conoce como barrio de Santa Lucía, luego de la ruina de la ermita de San Roque y de su célebre capilla de los Pasos, causada por la francesada. Nos encontramos por tanto en una coyuntura histórica en el que de una parte existía una iglesia en reparación y sin fondos para amueblarla, con cuatro espacios para altares y ocho hornacinas vacías, y de otra cuatro hermandades y un cabildo populares e históricos, nacidos en el origen mismo de la Semana Santa de Cuenca, que habían perdido su lugar de culto para siempre. Y de aquellas dos necesidades se hizo virtud, y dio comienzo una Historia común. Desconocemos de qué parte surgió la idea de llenar los espacios laterales de la iglesia de San Antón con los Santos Pasos, y de dar a éstos un lugar para el culto a la altura de su fama e importancia en la ciudad, mas sí sabemos que en el mismo año en el que el Ayuntamiento había recibido la cesión del templo esa propuesta ya estaba lanzada. Conviene detenernos aquí para recordar que en Cuenca eran conocidos como los Santos Pasos aquellos que pertenecieron al Cabildo de la Vera Cruz y Sangre de Cristo, que recibían culto desde sus orígenes en la ermita de San Roque y que eran sacados en procesión en la tarde de Jueves Santo: Jesús Orando en el Huerto, Paso de la Caña, Jesús Nazareno y Virgen de la Soledad. Los cuatro vieron cómo en el siglo XVII se formaban hermandades en torno a cada uno de ellos, que siempre siguieron vinculadas al viejo Cabildo. En la carta señalada en el anterior apartado dirigida el 17 de octubre de 1817 por Manuel González de Villa al Ayuntamiento de la ciudad41, el Provisor y Vicario General de la Diócesis, encargado de la promoción y seguimiento de las reparaciones y de la devolución del culto al templo, hace referencia en primer lugar a que está contestando a un oficio del Consistorio de fecha 7 de octubre, en el que le invitaba a cooperar con el retejo y reparación de la ermita de Nuestra Señora de la Puente, mencionando D. Manuel que esa ayuda para las reparaciones más apremiantes se le había pedido también a las hermandades de los Santos Pasos. Luego parece que la implicación de las mismas en la recuperación de la iglesia se procura desde el primer momento.

37. No debía resultar sencillo iluminar el puente y los cerros circundantes en una época en la que no existía la luz eléctrica, lo que da idea de la ilusión y alegría que el regreso de la Patrona a su templo había despertado en Cuenca. 38. A .M.C. Legajo 1262, expediente 9. Escrito del Ayuntamiento de la ciudad dirigido a Manuel González de Villa el 19 de septiembre de 1818. 39. A .M.C. Legajo 1262, expediente 9. Carta que Manuel González de Villa dirige al Ayuntamiento de la ciudad el 30 de septiembre de 1818. En ella nombra al templo como “ iglesia de Nuestra Señora de la Luz o del Puente y de San Antonio Abad”.

40. A .M.C. Legajo 1262, expediente 9. Título de nombramiento a favor de Manuel Guijarro como Sacristán Llavero de la iglesia de San Antón, dado a 14 de octubre de 1818. Comienza el documento así: “Nos Cuenca cabeza de su provincia y de voto en Cortes de estos Reynos de Castilla y León…”. 42. A .M.C. Legajo 1262, expediente 9. Carta de Manuel González de Villa al Presidente y Ayuntamiento de la ciudad, de fecha 17 de octubre de 1817.

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Investigación

Invitación del Ayuntamiento de la ciudad a las hermandades de los Santos Pasos para que se trasladen a la iglesia de la Virgen de la Luz y San Antón. Archivo de la Muy Antigua, Ilustre y Venerable Hermandad Penitencial de Nuestro Padre Jesús con la Caña.

En la misma atenta, el señor Provisor informa al Municipio de que le pasó oficio a las Hermandades animándolas a colaborar, lo que hizo el 2 de octubre de 1817 por medio del Prioste de Nuestra Señora de la Soledad, sin que a la fecha en la que escribe las cofradías hayan contestado. Lo contenido en esa carta viene respaldado por otra que el Comisionado de Obras Ignacio Esteban Romero dirige al Ayuntamiento, informando de que el Provisor diocesano ofició a las hermandades de los Pasos, ubicadas por entonces en la parroquial de San Esteban, para ver si gustaban trasladar las santas efigies al templo antoniano. El 24 de enero de 1818, en el agradecimiento al señor Provisor que realiza el Ayuntamiento, al tiempo que le comunica su deseo de que siga a cargo de la gestión de las obras, se menciona como uno de los objetivos perseguidos, junto a la vuelta del culto a Nuestra Señora en la iglesia, el del proyecto de que en el templo “se pongan los Santos Pasos que había en la hermita arruinada de San Roque que la ciudad desea se verifique”. No tardó Manuel González de Villa en continuar su trabajo en pos de tal objetivo, de lo que nos habla una carta imprescindible que obra en el archivo de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús con la Caña, única Cofradía que guarda documentos de la época que puedan ayudar a la hora de conocer cómo se produjo la llegada de las corporaciones del Jueves Santo a San Antón. El escrito fue sacado a la luz en su día por Antonio Rodríguez Saiz42, habiéndolo reproducido también Carlos Julián Martínez Soria y Julián Recuenco Pérez43, e Israel José Pérez Calleja44. Acompañamos testimonio gráfico del mismo y lo transcribimos: “El señor Provisor y Vicario general eclesiástico de esta Diócesis, en su oficio de 31 de enero de este año, me dice hablando con todos los 152 Cuenca Nazarena

hermanos mayores de los Santos Pasos que se hallan depositados en la Parroquia del señor San Esteban, uniforme con lo determinado por esta M.N. y Leal Ciudad que teniendo que colocar a Nuestra Señora del Puente su Patrona con San Antonio Abad en su antigua Yglesia y Altar mayor, para lo que ha dado y da a este Ylustre Ayuntamiento las disposiciones necesarias a la más decente colocación de dichas Ymágenes; invita a dichas Hermandades a que, permaneciendo como tienen manifiesto querer trasladarlas a esta Yglesia desde la citada de San Esteban, lo executen previo uniforme consentimiento de todas ellas, con el bien entendido que no quieren exijir ni grabar en otra cosa más que cada una respectivamente costee la colocación en el Altar adonde habrán de permanecer los citados pasos, lo cual habrá de hacerse con la decencia que es debida y corresponde a tan preciosas efigies. Todo lo cual traslado a Vmd. para que haciendo juntar los individuos de su Hermandad determinen quanto les pareciese conveniente a que tengan efecto, y se cumplan los buenos y eficaces deseos que se manifiestan así por el Ayuntamiento de esta ciudad como por el señor Provisor de esta Diócesis quienes incesantemente se desvelan y continuaran haciendo en lo subcesibo para que se acreciente la deboción a tan precioso templo y cada día se esperimente y consiga su antigua decencia y culto; Practicada que sea dicha Junta se nombrarán hademas del hermano mayor otros dos que le acompañen con las facultades necesarias, presentándose en la que se ha de celebrar con todos los demás indibiduos de esta clase en el sitio y ora que se determine a cuio efecto se reunirá el día antes. Espero de su celo concurrirá con la mayor presteza a contribuir y tener parte en la consecución de tan loable asunto, dándome aviso de su resultado para el día 15 del corriente. Dios guarde a Vm. muchos años. Cuenca 7 de febrero de 1818. Patricio Lázaro Muñoz.”45 En el documento se explicita que a esa fecha todas las hermandades habían manifestado su intención de trasladar los Pasos a San Antón, debiendo correr aquellas con el coste


Santísimo Cristo de las Misericordias ascendiendo por la calle Palafox, con la iglesia de San Antón al fondo. Archivo de la Junta de Cofradías de Semana Santa de Cuenca.

Nuestro Padre Jesús Nazareno – del Puente – sobre andas a principios del siglo XX, ante su retablo en la iglesia de Nuestra Señora de la Luz (antes de 1914). En la hornacina de la derecha puede verse la Imagen del Ecce-Homo de San Gil bendecida en 1902, que sustituyó en la procesión durante un breve espacio de tiempo a la antigua y afamada obra de José de Torres. Colección de José Ángel Vicente.

del altar en el que cada una situase su Imagen. Es la última noticia de archivo que se tiene sobre el asunto en ese año de 1818 que apenas acababa de comenzar, abriéndose un silencio al respecto que sólo se puede intentar remediar interpretando los datos que tenemos sobre el resto de pormenores referentes a la reparación del templo y al retorno a él de la Patrona y de otras Tallas, así como por lo que se desprende de lo que nos ha llegado de 1819. En mi opinión el traslado de los Pasos del Jueves Santo a la iglesia de la Virgen de la Luz no se produjo en 1818, pues según carta de Manuel González de Villa fechada el 11 de abril de ese año, para entonces el estado del edificio, ya retejado el año anterior, era el de haberlo limpiado de escombros y maderas, haber tapado algunos portillos que aún quedaban abiertos hacia el cerro, de manera que en ese momento se podía empezar a pavimentar el suelo, poner algunas puertas y componer el altar mayor. Resulta obvio que en esa situación no se podía instalar allí escultura alguna. En agosto se tiene constancia de que se ha reparado sólo lo más preciso, y en la diligencia insertada en el libro de actas capitulares del Ayuntamiento, en la que se describe con todo detalle la procesión mediante la que se repuso al culto a la Virgen de la Luz en su templo, sabemos que las Imágenes que

se colocaron en el restituido espacio sagrado fueron las de la Señora del Puente, San Antón y San Roque. Precisamente sobre esta última efigie del santo occitano se nos aporta un dato a mi juicio revelador, cual es que fue trasladada la noche anterior desde la parroquial de San Esteban hasta la de San Juan Bautista, de donde partió la citada procesión la tarde del 12 de septiembre de 1818. Si la iglesia estaba en condiciones de albergar ya a los Santos Pasos, y sus hermandades hubieran podido trasladarlos, no habría tenido sentido aplazar ese tránsito a otra fecha, siendo significativo que sí fuese llevada al recuperado templo la Talla de San Roque, tan íntimamente ligada en la Historia y en el culto a las corporaciones del Jueves Santo46. Nuevos datos que a mi juicio refuerzan esta hipótesis los aporta el título de 14 de octubre de 1818 mediante el que se nombra a Manuel Guijarro como Sacristán Llavero del santuario, en el que se le faculta para recoger las limosnas de los fieles, mencionando como objeto de la piedad popular sólo a las Efigies de la Virgen de la Luz, San Antón y San Roque. De haberse encontrado allí los Pasos hubiera sido lo lógico nombrarlos, o al menos dar algún tipo de instrucción en el título respecto a los donativos que se recaudase de la devoción hacia ellos.

43. M ARTÍNEZ SORIA, C. J. y RECUENCO PÉREZ, J. “Devociones de la iglesia de la Virgen de la Luz”, en IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P.M., La Iglesia de la Virgen de la Luz y San Antón y el barroco conquense. Cuenca, 2011. Págs. 395 y 396. 44. P ÉREZ CALLEJA, I. J., “Recuerdo de un gran bicentenario”, en Soledad, boletín de la Venerable Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad (del Puente). Número 15. Cuenca, 2018. Págs. 10 a 15. 45. Archivo de la Muy Antigua, Ilustre y Venerable Hermandad Penitencial de Nuestro Padre Jesús con la Caña.

46. Independientemente de lo que pueda aportarnos esta noticia respecto al objeto del presente artículo, ésta satisface la curiosidad histórica respecto al motivo por el que existe una representación escultórica de San Roque en la iglesia de la Virgen de la Luz, repuesta tras la Guerra Civil de 1936-1939 con una poderosa efigie labrada por Fausto Culebras. Queda patente que el motivo es el traslado de la Imagen que recibió culto en su ermita hasta la francesada, depositada en San Esteban, al igual que los Santos pasos, tras la destrucción del templo situado en el promontorio que aún hoy se conoce por el nombre del santo occitano.

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Investigación

Santísimo Cristo del Ecce-Homo (de San Gil) cruzando el puente de San Antón en el inicio de la procesión de Paz y Caridad. Archivo de la Junta de Cofradías de Semana Santa de Cuenca.

Entramos así en 1819, con dos fuentes documentales que se complementan a la perfección respecto al objeto de este artículo. Por una parte las cuentas anuales de la Hermandad del Santo Paso de la Caña47, y por otro el libro de actas capitulares del Ayuntamiento. Especial importancia tiene la contabilidad de Nuestro Padre Jesús con la Caña, cuyo contenido ofrece sólidos datos que incluso permiten aventurar una fecha como la más probable en la que se produjo la llegada de los Santos Pasos a San Antón. Revisadas en primer lugar las cuentas de la corporación que se cierran el 29 de marzo de 1818, precisamente en la Dominica in Albis, día de la Función Religiosa que se dedicaba a su Titular, no consta en ellas ingreso ni gasto alguno generado por el traslado a San Antón. Todo lo contrario que ocurre en el balance del año siguiente. En esa anualidad de 1818 a 1819 aparece el ingreso de 207,28 reales que “le tocaron a esta Hermandad de la capilla que se vendió”, refiriéndose a mi juicio a la que fue capilla de los Pasos de la ermita de San Roque, pues en San Esteban se encontraban depositadas las Imágenes desde hacía no muchos años, insuficientes para adquirir un espacio en propiedad del que además no hay

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Nuestra Señora de la Soledad del Puente en el interior de la iglesia de San Antón, sobre andas diseñadas por Luis Marco Pérez y ejecutadas por los hermanos Pérez de Moral. Archivo de la Junta de Cofradías de Semana Santa de Cuenca.

noticia, encontrando además en ese mismo año datos de archivo que dan cuenta de que la vieja capilla de la Vera Cruz, o más bien lo que quedaba de ella, se había vendido a un vecino de la ciudad48. Parece lógico pensar que las hermandades esperaron a tener destino seguro y definitivo antes de formalizar la venta de lo que quedó de su antiguo lugar de culto. Pero lo que a mi juicio constituyen datos de la máxima relevancia son los apuntes consecutivos en la data, luego de otros cinco asientos, de 20 reales para el Sacristán de San Esteban por las honras del Paso, 40 reales por el yeso para el altar de San Antón, 16 reales pagados a dos peones para que les ayudasen49, 10 reales por la madera para formar el arco y 30 reales que importaron la nueva mesa y repisa. A estos gastos siguen 30 reales por una sabanilla, 6 reales por bajar la mesa y el frontal a San Antón, 35,17 reales por la procesión de Jueves Santo, 37 reales por la cera de la función, 16 al muñidor y 8 pagados al santero, con lo que se cierran estas cuentas el 25 de abril de 1819, una semana después de la misa solemne de la Dominica in Albis. Ya en el siguiente ejercicio, aparece el gasto de 320 reales el 30 de agosto de 1819 para la pintura del retablo de la Santa Efigie, y 48 reales el 3 de octubre por levantar un andamio50,


Nuestro Padre Jesús Amarrado a la Columna comenzando su desfile procesional antes de 1936. FOTO AGENCIA EFE. Colección de José Manuel Vela Velasco.

cerrando cuentas el 16 de abril de 1820, otra vez el Domingo posterior a la Dominica in Albis. Toca ahora interpretar esos fríos datos económicos, de cara a lo cual debe subrayarse que, se detallase o no la fecha del ingreso o del gasto, los asientos siempre guardaban un orden cronológico. Por tanto, el que exista un apunte de un pago al Sacristán de San Esteban en sexto lugar dentro de la relación de la data, y justo antes del gasto relacionado con la composición del altar de la Imagen en la iglesia de San Antón, nos sugiere que esos servicios del Sacristán de la parroquia que se abandonaba debieron prestarse entre finales de 1818 y los primeros meses de 1819. Ni qué decir tiene que el adecentamiento del lugar donde iba a recibir culto el Paso en el nuevo templo se realizó en lo fundamental antes de la Semana Santa, dejando sólo la pintura del retablo para el verano de aquel año.

Mas lo que considero un dato definitivo es el pago de 6 reales por bajar la mesa y el frontal a San Antón, justo antes del gasto generado por la procesión, que era soportado a partes iguales por las cinco hermandades51 luego de ajustar cuentas las personas a las que aquellas confiaban tal labor, lo que en el caso de 1819 se realizó el Sábado Santo 10 de abril. Además, volviendo a la documentación del Archivo Municipal de Cuenca, consta en el libro de actas capitulares del consistorio de 1817 a 1819, que el 24 de abril de 1819 se vuelve a hablar de la iglesia de San Antón, en la que se seguía trabajando, habiéndose colocado el nuevo púlpito, manifestando la urgencia de abrir una zanja para sanear las humedades que venían del cerro, e informando de manera sucinta pero rotunda que “ las hermandades de los Santos Pasos se han trasladado allí, y las Imágenes” 52.

47. Archivo de la Muy Antigua, Ilustre y Venerable Hermandad Penitencial de Nuestro Padre Jesús con la Caña. 48. A .M.C. Actas Capitulares del Ayuntamiento de Cuenca, 1817, 18 y 19. Acta de la sesión de 21 de abril de 1819. 49. Sugiere esa redacción de la anotación contable que los hermanos o miembros de la Junta de Diputación habrían trabajado en la realización del nuevo altar.

50. E l Tesorero de la Hermandad es ahora Santos Valiente, que fecha cada asiento, cosa que no detallaba su antecesor en el cargo, Claudio Lucas. 51. Sufragaban los gastos de la procesión de Jueves Santo a partes iguales las hermandades de la Oración en el Huerto, Paso de la Caña, Ecce-Homo de San Gil, Jesús Nazareno y Soledad. 52. A .M.C. Actas Capitulares del Ayuntamiento de Cuenca, 1817, 18 y 19. Acta de la sesión de 24 de abril de 1819.

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Investigación

Paso de Nuestro Padre Jesús Caído y la Verónica, obra de Ricardo Font. Colección de la Real, Ilustre y Venerable Cofradía de Ntra. Sra. De las Angustias.

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Santo Paso de la Caña en procesión. Primer tercio del siglo XX. Archivo de la Muy Antigua, Ilustre y Venerable Hermandad Penitencial de Nuestro Padre Jesús con la Caña.

Visto todo lo anterior, me atrevo a lanzar una hipótesis sobre la fecha más probable en la que las hermandades del Jueves Santo y sus Titulares llegaron a la iglesia de la Virgen de la Luz y San Antonio Abad: el Jueves Santo 8 de abril de 1819. Paso a explicar por qué aventuro ese día. En primer lugar, y por el orden de los asientos de los gastos en las cuentas de la Hermandad del Santo Paso de la Caña, la composición de su nuevo altar en el templo antoniano se produjo poco antes de la procesión de Jueves Santo, no teniendo mucho sentido que hubieran bajado antes a la Santa Efigie desde San Esteban. De haberlo hecho, conociendo los usos y los medios de la época, se debería haber formado procesión de la que alguna noticia de archivo habría llegado, cosa que no se ha producido, y además se tendría que haber generado algún gasto, que tampoco consta. Y en el improbable caso de que el traslado se hubiera hecho de otra manera menos solemne, también habría producido un coste, que igualmente no aparece.

Por otro lado no hay noticia en las actas capitulares del Ayuntamiento de que los Pasos estén en la iglesia de la Virgen de la Luz hasta el 24 de abril de 1819, lo que sugiere que no debían llevar allí mucho tiempo, algo que concuerda con los escasos 16 días que habían transcurrido desde el Jueves Santo. En esta línea, el pago de 6 reales por bajar la mesa y el frontal a San Antón, justo antes del gasto generado por la parte que le corresponde a la Hermandad del desfile penitencial, en primer lugar apunta a descartar un tránsito entre templos distinto al procesional, y por otro nos indica claramente que esa Semana Santa el cortejo finalizó en la Virgen de la Luz, siendo lo lógico, no habiendo noticias ni gastos asociados a un traslado anterior, deducir que la mesa y el frontal se llevaron a la ermita el mismo Jueves Santo, después de partir el desfile por última vez de San Esteban. Era el 8 de abril de 1819, festividad de San Dionisio y de Santa Casilda, Jueves Santo.

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Investigación

El Auxilio a Nuestro Señor Jesucristo en el interior de la iglesia de la Virgen de la Luz. Fotografía de José Antonio Barrasa Esteban.

Epílogo. Hora es de ir poniendo fin a este artículo, redactado con la mayor de las ilusiones y la esperanza de que su lectura resulte amena, su contenido interesante, y la información, conclusiones y notas útiles para quienes en el futuro investiguen sobre este asunto, u otro que pueda tener relación. Quiero agradecer a todos los autores citados en el escrito su magnífico y admirable trabajo, imprescindible a la hora de estudiar la materia, y de manera muy especial a mi buen amigo y hermano Israel José Pérez Calleja, quien tuvo la generosidad de fotografiar todos los documentos del Archivo Municipal de Cuenca que he citado en notas poniéndolos a mi disposición, al igual que su artículo “Recuerdo de un gran bicentenario”53 y el material que manejó para el estudio del asunto. También es de justicia enaltecer la labor de los hermanos de Nuestro Padre Jesús con la Caña que a lo largo de estos dos siglos han conservado la importante documentación que ahora he podido consultar y analizar, y de su actual Junta de Diputación, que me ha ofrecido todas las facilidades para acceder a su archivo. Deuda de gratitud guardo asimismo hacia la Junta de Cofradías por acoger este trabajo en Cuenca Nazarena, revista oficial de nuestra Semana Santa, y hacia todos aquellos autores, propietarios o coleccionistas de fotografías que lo ilustran. Y finalmente doy las gracias a la Archicofradía de Paz y Caridad y a sus siete hermandades, mis hermanos del Jueves Santo y de todo el año, por la confianza depositada en mí para ser el autor de este artículo tan especial, que conmemora

una efeméride señalada como la del bicentenario de nuestra llegada a la iglesia de la Virgen de la Luz. Aunque hace doscientos años fueron cuatro hermandades y su Cabildo las que llegaron a la ermita junto al Júcar, el fuerte lazo espiritual que desde entonces nos une a la iglesia se ha estrechado aún más, trayendo hasta San Antón a las tres corporaciones que felizmente se han ido incorporando a la Archicofradía con sus respectivos Pasos, Nuestro Padre Jesús Amarrado a la Columna, Santísimo Cristo del Ecce-Homo (de San Gil) y Nuestro Padre Jesús Caído y la Verónica, así como al conjunto escultórico de El Auxilio a Nuestro Señor Jesucristo, que la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno agregó a su desfile en 199754, por lo que esta celebración es de todos. Cualquiera que haya vivido una tarde de Paz y Caridad en el templo ha presenciado el saludo fraternal y el abrazo en el que se funden hermanos de cualquiera de las siete cofradías con los de otras, compartiendo emoción y responsabilidad, sabiendo que todos somos importantes y necesarios, insustituibles para los demás. Avanza la procesión por el Campo de San Francisco, acariciando el recuerdo de la ermita que junto a aquel paraje estuvo; caminan los penitentes en silencio y al atravesar el puente sobre el Huécar, calle arriba, casi nadie sabe ya que por allí cerca, hace muchos años, la vieja parroquial de San Esteban acogió a los Santos Pasos, no muy lejos de San Gil y de Santo Domingo. Aquél era otro tiempo, antes de que la iglesia de la Virgen de la Luz y San Antón fuese hogar para sus almas, que en la noche de Jueves Santo abre sus puertas para acogerlos de vuelta a casa, donde el mismo Dios les espera cada día de sus vidas.

53. “ Recuerdo de un gran bicentenario”, en Soledad, boletín de la Venerable Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad (del Puente). Número 15. Cuenca, 2018 54. E n el caso de la Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Caído y la Verónica y de su Paso titular, y del grupo de El Auxilio a Nuestro Señor Jesucristo, la falta de espacio dis-

ponible en la iglesia para conjuntos escultóricos de considerable envergadura obliga a que su estancia en ella se limite a unos pocos días, entre el Lunes y el Sábado Santo, recibiendo culto ambos Pasos durante el resto del año en la parroquial de San Fernando.

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Bóveda y coro de la iglesia de la Virgen de la Luz. En el centro la Imagen de Nuestra Señora de las Angustias, que sale en procesión a mediodía del Viernes Santo. Fotografía de José Antonio Barrasa Esteban.

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Investigación Cuenca 1897. Riada del Júcar en el Puente de San Antón y Cristo de Paz y Caridad. Una de las primeras fotografías tomadas de la ciudad. A pesar de su antigüedad, conserva una gran calidad y detalles, como la inexistencia de la torre de El Salvador, Mangana con su campanario, el Instituto, etc. A la derecha, el antiguo Cristo de las Misericordias preparado para la procesión de Jueves Santo de aquel lejano año.

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Por Enrique Valero Moscardó Lic. Humanidades e Historia Textos: El Correo Católico, El Corresponsal del Día, La Correspondencia de España, El Imparcial, Noticias del Telégrafo, Gabino Crespo Ortega, Enrique Valero. Colaboración: Biblioteca Pública Fermín Caballero de Cuenca, Hemeroteca Nacional de España, Archivo Diocesano de Cuenca, Junta de Cofradías de Cuenca,Hermandad Ecce Homo de San Gil, José Vicente Ávila, Bidicam. Fotografías: D. Emilio Sáiz, Eduardo Zomeño, Cabañas Alamán F.J., El Correo Católico, Cuencavila (blog), colección E. Valero.

La investigación sobre la antigua Semana Santa de Cuenca ofrece a veces sus sorpresas. Archivos, bibliotecas, colecciones, etc. deben ser revisados para ello; sabemos de la injuria de los tiempos, las guerras se cebaron con todo y no quedó casi nada. Pero puede decirse, que siempre existe un camino que nos guía hacía nuevos descubrimientos. Nada sabíamos de las crónicas de Semana Santa anteriores a 1900, salvo escuetas líneas de prensa como: -”...las procesiones se han celebrado con todo su acostumbrado esplendor en la ciudad de Cuenca”, breves noticias de alguna hermandad, párrafos sueltos de algún legajo histórico o un puñado de cristales fotográficos. Un vacío narrativo que, obviamente, es difícil de escrutar. Hace unas semanas, el resultado

se presentó en forma de relato: “Semana Santa de Cuenca de 1897”. Se trata de un texto inédito, que publicamos íntegro en las siguientes páginas y que permitió indagar más sobre aquel año para componer el presente artículo. También, hemos rescatado los clichés de aquella época, algunos habían sido publicados anteriormente. En realidad, son las primeras fotografías conocidas de nuestra Semana Santa, como también parece serlo la crónica citada. Siempre es necesario agradecer, a las personas que han guardado estas pruebas gráficas, por haberlas prestado a la investigación y publicación. Si todos colaboramos, todos aprenderemos más. Nos vamos a la Semana Santa de Cuenca de 1897.

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Investigación

Cuenca. Cuaresma de 1897 La ciudad de Cuenca poseía 10.816 habitantes en 1897. Hacía cuatro años que el moderno “ ferro-carril” había llegado por primera vez a su estación, y dos, que una tremenda epidemia de cólera había asolado la urbe, matando a 400 personas y dejando enfermas a 700. Se marchó el cólera morbo y, por si fuera poco, el monumental Puente de San Pablo de piedra dejó de existir también, una vez dinamitado cientos de sillares fueron aprovechados para la levantar la moderna Diputación y otras obras. De todos los siglos, desde su fundación, el XIX fue el peor para los monumentos de Cuenca, nada se oponía a la piqueta concejil, que derribaba torres, barrios, murallas y hasta las “ intocables” puertas de realengo. Aún así, Cuenca continuaba mostrándose a los viajeros como una ciudad extremadamente pintoresca y medieval, siendo recomendable conocerla durante los días de Semana Santa, al igual que Sevilla, Murcia o Valladolid. Cartilla sanitaria para combatir el Cólera en Cuenca.

Puente de San Pablo (Cuenca). Su demolición y las fuertes explosiones, provocaron la aparición de grandes grietas en la Torre del Giraldo de la Catedral y la caída de rocas en la Hoz del Huécar. (Cliché: Eduardo Zomeño.1897).

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Banda Municipal de Cuenca en 1897. Los músicos de la primera Banda Municipal de Cuenca posando con su director, cuando participaron por primera vez en las procesiones de Semana Santa. (foto: Cabañas Alamán)

Noticias Todas las hermandades comenzaron los preparativos conforme a las antiguas normativas y costumbres. Una de ellas destacará por sus innovaciones, las cuales serán adoptadas por las demás progresivamente.

Hermandad del Ecce Homo de San Andrés (antes de San Gil) En los acuerdos tomados durante el año anterior, se obliga a todos los hermanos, y a partir de 1897, que asistan a la procesión de Paz y Caridad el Jueves Santo, con la nueva uniformidad, “según modelo traído de Sevilla”. Este es, con túnica de franela color morada y capuz de veludillo color granate o corinto. Del mismo modo, se decide que la incorporación al desfile se realice por el callejón de Sto. Domingo, bajando desde San Andrés por las calles del Peso y Solera (antes se hacía directamente desde la calle del Peso). También, se hace referencia y se agradece al hermano Ruperto Moreno por haber confeccionado los trajecillos, escudos y armas de los hacheros que escoltan al paso. A partir de este año los banceros llevarán la cara tapada y el capuz alto. (Un año después, esta Hermandad también innovaría comprando las denominadas “ bombas de cristal” o tulipas para los hermanos y así evitar que las velas se apaguen durante la procesión”)1

El obispo de Milevo En el tren correo de ayer llegó á Cuenca, asociado del Rvdo. Padre D. J. Bautista Coudere, el Ilmo. Sr. D. Carlos Lavigne, obispo titular de Milevo, quien pasará una temporada en compañía del Ilmo. y Rvdo. Prelado de nuestra capital. La Unión Católica. 3/4/1897

D. Arturo García Agúndez en 1897.

La Banda Municipal Según recientes noticias, parece que este año se incorporará por primera vez, a las procesiones de Semana Santa, la Banda Municipal de Cuenca. Fundada en diciembre de 1895, en la actualidad sirve de base a los estudiantes de nuestra Academia Municipal de Música. El primer concierto, para todos los conquenses, se realizó el año pasado. Su director es el conocido, prestigioso y popular, maestro don Arturo García Agúndez2 , siempre imaginativo y cordial.

El Correo Católico. (15 de abril) En una edición especial del Correo Católico, el Sr. Obispo, D. Pelayo González Conde3 publica una extensa carta sobre la Pasión de Jesucristo y la vida de los cristianos a finales del siglo XIX. En sus páginas, de forma destacada, aparecen publicadas reproducciones fotografías de algunos Pasos de la Semana Santa de Cuenca. 1 .- Libro de Actas de la Vble. Hermandad del Ecce Homo de San Gil. 2 .- “Arturo García Agúndez, se convertirá con fecha de 28 de abril de 1896, en el primer director de la recién creada Banda Municipal de Música de Cuenca (16 de Septiembre de 1895) tras ganar el concurso que convocaba la plaza, percibiendo por esta labor la cantidad de 1.500 pesetas anuales.”(CABAÑAS ALAMÁN, F. J. “Músicos conquenses de otros tiempos: Nicolás Cabañas Palomo (1871-1948)”. 3. .- Pelayo González Conde. Obispo de Cuenca (1891-1899).

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Investigación

Las primeras fotografías conocidas de la Semana Santa de Cuenca, aparecieron publicadas en el especial de El Correo Católico de abril de 1897.

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Semana Santa de 1897 La Semana Santa en España (Por Telégrafo).Cuenca, 16, 9n. Con grandísima animación y solemnidad, y con no poca afluencia de forasteros, llegados a esta capital de los pueblos de la provincia, se han verificado este año, en la hermosa e histórica ciudad de Cuenca, las procesiones y funciones religiosas propias de la Semana Santa. El domingo de Ramos se celebró con inusitada pompa y con asistencia del Ayuntamiento, el acto de la bendición de las palmas, en la Santa Basílica Catedral, por el ilustre prelado de Milevo, que accidentalmente reside aquí, y que dio su bendición a todos los fieles asistentes, después de terminada la misa. El temor a hacer esta carta demasiado extensa nos impide dar una idea siquiera de la catedral, una de las más hermosas obras de arquitectura que tenemos en España, y en donde puede estudiarse la historia de aquella desde el siglo XII hasta el XVII, apareciendo por tanto el estilo románico, el ojival en sus tres periodos, el plateresco y el renacimiento. Pero con ser lo más puro y hermoso los órdenes arquitectónicos que esta santa basílica presenta, aún tienen más celebridad las verjas que contiene, y que demuestran el estado de progreso en que se encontraba en esta clase de trabajos la ciudad de Cuenca, donde fueron hechos en anteriores siglos. Hecho este pequeño aparte, continuaré la descripción de las funciones celebradas en los días en que la Santa Iglesia Católica señala especialmente para el recogimiento y la oración. El Miércoles Santo se celebró, con la ceremonia de costumbre, el acto de descorrer un ancho velo negro colocado en el presbiterio y que al caer fue recogido por los acólitos en magníficas bandejas de plata y conducido al coro. Por la tarde se cantó un solemne Miserere por los canónigos de la catedral y con acompañamiento de la música de capilla, cantándose después los Salmos y Tinieblas. El Jueves Santo por la mañana se celebraron, de nueve a once de la misma, los Oficios en todas las iglesias de la capital, sobresaliendo los de la Catedral, donde se verificó la bendición de óleos. A las dos de la tarde de ese mismo día, tuvo lugar en el Presbiterio de la Catedral la ceremonia del Lavatorio, por el prelado de Milevo. El Jueves recorrió las calles principales de la ciudad una magnífica procesión, que superó a las de años anteriores, en el orden y lujo con que se verificó. La procesión compuesta de muchos y preciosos Pasos, que representaban la Oración del Huerto, Jesús en la Columna, Jesús con la Caña, Ecce Homo, Jesús Nazareno, Cristo de Paz y Caridad y Ntra. Sra. de los Dolores, salió de la iglesia de San Antón, yendo presidida por el Gobernador civil, el Alcalde y el Gobernador militar, y precedida de numerosas comisiones de Hacienda, Diputación, Instituto, todo el elemento oficial y principales personas de esta capital. La inauguración de la banda de música municipal, compuesta de 72 plazas, ha sido verdaderamente notable, y sobre todo, teniendo en cuenta el cortísimo tiempo en que se ha organizado. El director de la banda señor Agúndez y el alcalde Sr. Fontana

han recibido muchas y merecidas felicitaciones, por haber donado en tan poco tiempo a esta capital de tan brillante banda de música. Asimismo la banda provincial que dirige el maestro Rubio ha adelantado mucho en poco tiempo, habiendo sido dotados los músicos que la componen de nuevos instrumentos, que a decir verdad, hace tiempo debían haber sustituido a los antiguos. El Viernes Santo salió por la mañana de la iglesia del Salvador una procesión compuesta de tres Pasos, que representaban a Jesús Nazareno, San Juan y la Soledad, recorriendo el arrabal y la parte alta de la población. A las once de la mañana del mismo día, salió otra procesión de la misma iglesia, compuesta de un solo paso, que representa a Jesús Crucificado, y que recorrió la misma carrera que la anterior. Por la tarde se verificó la última procesión de Semana Santa, la más conocida con el nombre del Entierro, que es la más solemne de las verificadas, y compuesta de dos Pasos: el Señor en el Sepulcro y la Soledad arrodillada, adorando la Cruz, que son verdaderas obras de arte. El orden de esta procesión fue el siguiente: Abriendo la marcha iban cinco batidores de la Guardia civil de caballería, los asilados de la Beneficiencia y la banda de esta Casa. Seguía después la hermandad y paso del Santo Sepulcro, llevado por ocho nazarenos, vestidos con túnicas negras, y custodiado por la Guardia Civil. A continuación iban doce niños vestidos de Jesús, llevando los atributos de la Pasión; las tres Marías y la Verónica, que eran cuatro preciosas niñas muy bien vestidas; seguía después el paso de la Virgen adorando la Cruz, seguido de unos 200 seminaristas con velas encendidas; todos los ordenados, el Ayuntamiento, las autoridades principales de la provincia, comisiones oficiales, el señor obispo de la diócesis, comisión del cabildo de la Catedral y cerraba el paso un piquete de la Guardia Civil con la banda municipal. Merece plácemes, por lo bien organizada que ha sido esta procesión, el hermano mayor de la Hermandad citada D. Luis Rodríguez y todos los que han contribuido al lucimiento de aquella. La animación que ha reinado estos días ha sido grande, así como la exhibición de mujeres hermosas que, con el traje de seda negro, la airosa mantilla y la mirada místicamente mundana, han dado gran relieve a las fiestas religiosas de Semana Santa celebradas en esta capital. La Semana Santa ha revestido inusitada animación y esplendor extraordinario. El tiempo hermoso ha permitido que salgan todas las procesiones, rivalizando las cofradías en buen gusto y lujo, distinguiéndose la del Ecce Homo. La músicas provincial y municipal han dado gran realce a las solemnidades religiosas, particularmente la última, inaugurada ayer, cuya organización honra a su director D. Arturo García Agúndez, pues de hecho puede figurar ya entre las más notables de España.

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Investigación

Tomadas por Eduardo Zomeño, las cuatro antiguas fotografías nos llevan a las dos primeras procesiones del Viernes Santo de aquella época. Todavía no había capuces sino capuchas, ni tulipas y los nazarenos avanzaban por encima de las aceras. En un soleado medio día de 1897 la procesión avanza por Calderón de la Barca con el Cristo de la Luz y su hermandad.

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Impresionante escena de finales del siglo XIX, con la Procesión del Santo Entierro subiendo por la calle de Solera camino de la Plaza Mayor.

De Cuenca al Cielo (Semana Santa 1897) El triste Sacrificio del Calvario es famoso en Sevilla; pero Cuenca también es escenario en que el respeto al acto excelso brilla. Son muchas sus Hermandades con variación vestidas, dan tributo al amor de otras edades en uniones Cristianas convertidas. Sus magnas procesiones se deslizan largas y recogidas, por qué pasaron, seres tan divinos cual Jesús y María, en quien fundan constantes sus destinos los hijos de Ciudad tan noble y pía. Sus Pasos son hermosos

vestidos con decencia, a los que sigue á paso de tambores la Cristiana y devota concurrencia. De la que forma parte en estos días envuelta en sus vestidos más flamantes, la gente de sus muchas alquerías por ver nuestras funciones delirantes; y cuando ya los pasos penetran en el templo, estos devotos y buenos lugareños de previsión no escasos, regresan sin temor a los fracasos en grupos numerosos ó pequeños contando los primores de los Pasos, que pasan por su mente como sueños. Gabino Crespo Ortega, 1897

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