Hablan las Hermandades
Saludas Entrevistas 12 Al Pregonero José Vicente Ávila por Berta López
18 Al Cartelista Rafael Pérez Caballero por Berta López
80 La talla del Beso de Judas de Marco Pérez. 75 años de Historia por la Junta de Diputación de la Hermandad
82 Entrevista a Pablo Muñoz Miranzo. Secretario de la V.H. de Ntra. Sra. de los Dolores y las Santas Marías por Berta López
86 El sueño de un devoto de Jesús. Tributo a D. Manuel Sáiz Abad por José Manuel Alarcón
Visiones de la Semana Santa 26 Sara Ayllón, Cristina Díaz, Águeda Lucas y El Objetivo de Andrea
Opinión 34 Manuel Calzada. In Memoriam por Rafael Redondo Moya
36 La Semana Santa de 1935 por Miguel Romero
44 Aurelio Cabañas: Un siglo de Semana Santa por José Miguel Carretero Escribano
58 Gregorio Cubillo. In Memoriam por Antonio Abarca
60 Lo espiritual en un transparente rosa sobre negro por María Fraile Yunta
98 Cuenca sueña una corona por José Manuel Vela
102 Un cuarto de siglo de Hermandad. XXV aniversario de la I. y V. H. de la Negación de San Pedro por Juan Carlos Muñoz del Olmo
106 Una cita con la historia. Crónica del Rosario vespertino de Ntra. Sra. de la Soledad del Puente por Adrián López Álvarez
112 Medio siglo en Cuenca. Un huerto en San Antón y dos imagenes para siempre por Juan Ignacio Cantero de Julián
114 Historia de la V.H. de la Cruz Desnuda de Jerusalén de Cuenca por Eduardo Domínguez Suay
120 75 años de la llegada a Cuenca de las imágenes del Jesús y el Ángel del paso de la Oración del Huerto (San Esteban) por Rafael Torres
62 Triduo Pascual por Gregorio Martínez de las Heras Documentación
Comisión de Publicaciones de la Junta de Cofradías de Cuenca Coordinación
Antonio Abarca Contreras Diseño y Maquetación
La Red Creativa Edita
Junta de Cofradías de Semana Santa de Cuenca Fotografía de Portada
Juan del Río
Agradecimientos
A las Juntas de Diputación de las Vbles. Hdades. de Semana Santa y a los autores de los artículos y las fotografías Publicidad
66 Conmemoración del IV Centenario de la procesión Camino del Calvario. 2016, un año el recuerdo por Aurora Garrote
70 A Leonor Culebras por Antonio Abarca
74 Homenaje a José Luis Marco Nielfa. Un nazareno ejemplar. por Alfredo López Pérez
76 Memoria de la presentación de las publicaciones de la JdC en el Círculo de Bellas Artes. Dos objetivos cumplidos por Berta López
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El Futuro de la Semana Santa Investigación
128 Luis Marco Pérez y el realismo castellano. La expresión de una tierra por Javier García Salmerón
140 Tres documentos sobre Semana Santa de Cuenca en la crisis del antiguo régimen por Julián Recuenco
140 Doña Luisa García Campos y la Semana Santa de Cuenca por Israel José Pérez Calleja
154 La Semana Santa de Cuenca en 1930 por Enrique Valero Moscardó
Eurográficas S.L.L Imprime
Eurográficas S.L.L Depósito Legal: CU-510/2008
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Queremos dar las gracias a todas las entidades y empresas que aparecen en esta publicación, ya que sin su colaboración hubiera sido prácticamente imposible que este ejemplar de la revista Cuenca Nazarena, verdadero testimonio del sentimiento nazareno conquense, se hubiese podido editar.
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Fotografía: Enrique Martínez Gil
Saluda
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Presidente de la Junta de Cofradías
Jorge Sánchez Albendea Aquí tenéis nuevamente la revista Oficial de la Semana Santa de Cuenca. Una publicación realizada por entusiastas nazarenos que de manera totalmente altruista y coordinados magníficamente por la comisión de publicaciones de la Junta de Cofradías, vuelven a situarnos en lo que es la actualidad nazarena y la vida de nuestras Hermandades. Vaya por delante mi enhorabuena y gratitud por tanto y tan buen trabajo. En estos últimos meses, donde las conversaciones nazarenas inundan nuestra vida cotidiana, he escuchado en repetidas ocasiones que la Semana Santa de Cuenca se encuentra en su mejor momento. Cada uno tendremos una opinión al respecto. Personalmente creo que así es. Pero lo que sí tengo claro es que todavía hay mucho camino por recorrer y mucho margen de mejora. Para mantener lo conseguido necesitamos dos cosas. La primera cuidar los detalles en nuestras procesiones. Nuestros desfiles y la organización de los mismos es cada vez mejor. Y lo que es más increíble, la participación aumenta de un año para otro. La devoción, el respeto, el recogimiento y el orden deben presidir nuestra puesta en escena. Potenciemos el silencio como elemento característico y diferenciador de nuestra Semana de Pasión. Cuidemos la uniformidad, sobre todo el calzado, que siempre debe ser negro; la decoración floral sobre nuestras andas; la manera de repartir obsequios durante el transcurso de la procesión; las salidas y llegadas de los pasos procesionales a las iglesias; el no abusar de lo que se ha venido a denominar “momentos mágicos”; el adecuado repertorio musical; etc. Como veis, todos tenemos mucho por hacer. Por ello pido tú colaboración e implicación, cada uno bajo su responsabilidad, para tratar de conseguir una Semana Santa cada vez más auténtica. Serán, por tanto, los detalles estéticos los que debemos sumar a lo ya conseguido. En segundo lugar debemos potenciar nuestra proyección y promoción. No podemos ni debemos quedarnos en nuestros límites provinciales. Debemos salir al exterior y contar, como a nosotros nos gusta, como es nuestra Semana Santa, como la sentimos los conquenses. La presentación de las publicaciones oficiales de la Junta de Cofradías en el Museo Thyssen ha supuesto un gran paso en favor de este objetivo. A ello debemos sumar ese audiovisual promocional que gracias a todos vosotros está inundando las redes sociales. Este año varías de nuestras Hermandades celebran importantes efemérides que han sido preparadas con gran acierto y que refrendan el buen momento y el buen hacer por el que atraviesan. Gracias a las Juntas de diputación por tan encomiable labor y por el cariño y empeño que estáis poniendo en ello. Vosotras, las Hermandades, sois los verdaderos pilares que sujetan y dan sentido a nuestra celebración. Vuestra fortaleza nos permite seguir construyendo con la seguridad de que este camino lo recorremos todos juntos. La procesión del Sábado Santo será una realidad en el 2018. Un proyecto que viene a completar la escenificación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y que ha contado con un gran respaldo por parte de las Hermandades integrantes de la Junta de Cofradías.
Proyecto que adquiere su pleno significado en la participación de esta nueva Hermandad, y por extensión, de todos los nazarenos de Cuenca, en la Vigilia Pascual. En la noche más importante para los cristianos, los nazarenos estaremos presentes y completaremos de esta manera una Semana de Pasión inigualable. Importante sigue siendo el trabajo con los más jóvenes. La Escuela Nazarena ha continuado, otro año más, apostando por ello. No olvidemos nunca que tan importante es el presente como cuidar y enseñar a los que construirán el futuro. Sirvan estas líneas para realizar una llamada de atención a todos aquellos nazarenos que participan como turbos en la Procesión “Camino del Calvario”. Y digo bien, nazarenos. Pues eso es ser turbo, ni más ni menos, y como tal debe comportarse. Son muchos los esfuerzos que sobre este desfile se hacen, pero lo más efectivo es, sin duda, enseñar a todo aquel que participa en que consiste el “Rito”. Y así ir apartando esos extraños comportamientos que nada tienen que ver con nosotros y que tanto daño nos hacen. ¡Quién nos los iba a decir! El próximo mes de mayo, nuestro Museo cumple diez años: ¡Tanto esfuerzo por mantener sus puertas abiertas ha merecido la pena! Un espacio que, dentro de su modestia, ha crecido hasta consolidarse como un recurso cultural más de nuestra ciudad. Hoy todos nos sentimos orgullosos de él, pues es “nuestro espacio”. El que tenemos durante todo el año para mostrar que Cuenca vive por y para su Semana Santa. El pasado mes de enero tenía lugar la presentación del cartel oficial de la Semana Santa de este año, realizado por Rafael Pérez. Cartel bautizado en ese mismo acto por el pregonero de este 2017, José Vicente Ávila, como “El cartel eterno”. En clara referencia a aquellos nazarenos que ya partieron a la procesión celestial. Y así, en lo que llevamos de año, Aurelio Cabañas, Gregorio Cubillo, Manolo Calzada y Leonor Culebras, todos ellos consagrados nazarenos, nos han dejado para participar ya en esa Procesión Celestial. Gracias a todos por todo lo que hicisteis, por vuestro tiempo, vuestro trabajo… Pero sobre todo, gracias por vuestro inmenso amor a la Semana Santa de Cuenca. Todo está preparado. Han sido muchas las horas invertidas para intentar mantener el nivel de ediciones anteriores. Hoy os pido que demostréis que Cuenca es nazarena. Y así, revestidos de túnica penitencial, acompañemos a nuestras Sagradas Imágenes, dando, una vez más, testimonio de lo que somos y en lo que hemos sido educados. Mi enhorabuena a la Junta de Diputación de la Junta de Cofradías por la implicación demostrada y por el continuo apoyo. Mi reconocimiento personal a mí Comisión Ejecutiva por el sacrificio personal que demostráis en favor del bien común. Impagable vuestra labor. Los años pasan pero ellos siempre están ahí: Marta, Jesús, Jorge y Rut, gracias por dejarme cumplir un sueño. ¡Disfrutad y cuidad de vuestra Semana Santa!
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Fotografía: Juan del Río
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Delegado Episcopal en la Junta de Cofradías
Joaquín Ruiz Requena Una vez concluidas las celebraciones de Navidad, el mundo nazareno toma un creciente ritmo en el preparar lo que es el centro de nuestra Fe: Celebrar los misterios de la pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Las distintas cofradías invitan a sus hermanos a unirse a en esta preparación para que cuando llegue el día del desfile procesional todo esté a punto, y éste sea la expresión de toda esta preparación. No nos quedamos solamente en aspecto exterior, formal, de nuestro desfile procesional, por hermoso que sea. Para nosotros es recorrer, junto con nuestro Señor Jesucristo y su Madre María, este camino que lleva al monte Calvario y culmina el día de la Resurrección. Es entrar en las entrañas de este Dios que se hace hombre, es participar del misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, que nos lleva, a través de la Pasión y de la Muerte, al Misterio de la Resurrección. El papa Francisco, en los dos últimos sínodos sobre la Familia, y en la Exhoración apostólica Postsinodal “Amoris Laetitia” (La Alegría del amor) pone sobre la mesa la situación de las familias en el mundo actual. Basta leer el capítulo II de la Exhortación para observar el complejo panorama en el que se encuentran muchas familias del mundo, de nuestro
alrededor, cercanas a nosotros. La pluralidad de las situaciones en las que se encuentra, la gravedad de los problemas culturales, sociales, laborales, económicos que les afectan en su vida cotidiana. Las dificultades a la hora de la educación de los hijos, el sacar la familia adelante día a día… No podemos dejar de ver también los aspectos positivos y los avances registrados: más espacios de libertad, reparto equitativo de cargas familiares, mayor comunicación familiar, más respeto a la vida naciente y a los ancianos… En este cuadro de luces y de sobras que recaen sobre la familia, a nosotros nazarenos, se nos invita a incrementar esa luz sobre las familias y a ser esos “Cirineos” que ayudan a llevar la carga de la cruz a los que pasan por dificultades familiares, esos “Juanes” que están al lado de María junto a la cruz de su Hijo, en silencio, por que las palabras no logran expresar nuestro compartir el dolor, esas “Marías” que acompañan, con serenidad en el sufrimiento, a su Hijo Jesús en esa Vía Dolorosa, esos “Cristos” que sirven de puente entre Dios y los hombres, que transforman la muerte en Resurrección. Que nuestro Señor Jesucristo nos ayude a recorrer este camino.
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Entrevista
Fotografía: Saúl García
La Semana Santa y la JdC forma parte de la esencia de la ciudad y, como tales, han de tomar parte en las decisiones sobre Cuenca
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Entrevista al Pregonero de la Semana Santa 2017
Por Berta López Su primer contacto con la Semana Santa de Cuenca no fue en la calle, vestido con túnica y capuz, tulipa en mano, sino a través de las páginas de la revista Medalla de Medallas, cuando apenas contaba siete años. Si el futuro está escrito en la infancia, desde bien pequeño apuntaba José Vicente Ávila (Cuenca, 1950) maneras como “nazareno de la orilla informativa”, que es como le gusta a él denominar a los periodistas de Semana Santa. El Viernes de Dolores, este periodista con más de 50 años de profesión y de devoción a sus espaldas pronunciará el reportaje de su vida: cantar la Pasión según Cuenca ante el Señor del Miércoles Santo.
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Entrevista
¿Cómo afronta uno el reto de ser pregonero de la Semana Santa de Cuenca? Pues lo afronta primero con mucha ilusión pero, más que nada, con mucha responsabilidad. Aunque yo ya haya pregonado otras fechas, por ejemplo las fiestas de San Julián en 2004 o las de San Mateo en 1989, cuando entonces era un poco problemático, o haya hecho pregones de fiestas en barrios o las de mi pueblo, Puebla de Almenara, nunca me había planteado que el Pregón de Semana Santa pudiera tener tanta repercusión en cuanto a lo que pueda decir o no el pregonero. Le he estado dando muchísimas vueltas hasta determinar qué quiero yo decir en San Miguel, primero desde los ojos del capuz, como nazareno, y luego ya la que será la parte más amplia del Pregón, que es la que constituye mi visión nazarena a través de los ojos de los medios informativos de los que he formado parte. Quiero contar cómo ha ido cambiando y mejorando nuestra Semana Santa desde que yo empecé a escribir sobre ella, hace cincuenta años. El proceso de redacción del Pregón ¿te está resultando diferente a lo que esperabas? No el proceso de redacción en sí, sino todo lo que rodea al Pregonero desde que lo nombran Pregonero. Desde que me eligieron, por ejemplo, hay mucha gente que me pregunta qué voy a decir, la gente incluso me para por la calle. Y también me dan muchos consejos, cosa que no me ocurrió cuando hice otros pregones. Adquiere uno un compromiso y una responsabilidad grandes y, a veces, me ha llevado a pensar al acostarme “Dios mío, dónde me he metido”. En cuanto al Pregón en sí, es cierto que estoy cuidando mucho tanto lo que digo como la manera de decirlo. Sé que van a ser conmigo muy exigentes, como lo soy yo conmigo mismo. Es tan importante la Semana Santa de Cuenca, al formar parte de la esencia de la ciudad más, que me veo en estos días de Cuaresma pensando
qué es lo que yo puedo decir en San Miguel que no hayan dicho otros, o que sí, pero a mi manera. Por tus palabras deduzco que el Pregón de Semana Santa en Cuenca ¿no es solo del Pregonero? Pues no del todo. Es mi Pregón y, como amante de la Semana Santa de Cuenca, quiero verla siempre bien y hablar de ella como debo hacerlo. En ese aspecto, estoy comprendiendo lo que va a suponer y lo que supone pregonar la Semana Santa de Cuenca. He llegado a la conclusión de que esta fiesta, que es la fiesta del alma, es la celebración más importante que vive la ciudad. ¿Cada Pregón es especial? Sí, porque cada Pregón, al final, refleja la Semana Santa de una época. Yo ahora me encuentro con que he visto la Semana Santa de Cuenca desde que cantaba el miserere con doce años y hasta hoy, y con que tengo que seleccionar bien qué digo y qué no de todo esto, para que sea un Pregón que interese y no sea demasiado largo. Lo que más me importa es lo que yo pueda decir de una Semana Santa como la nuestra, que es una de las más importantes de España. Los pregones anteriores y todo este clima que se genera en torno a la Semana Santa y al propio acto del Pregón ¿resultan inspiradores o pesan un poco sobre el Pregonero? ¿Le hacen dudar sobre si el Pregón no sea lo que la gente espera? Esa es la clave. Tengo la impresión de que se han levantado muchas expectativas desde que me nombraron Pregonero de Semana Santa y yo no quisiera defraudar a la gente. Por eso, me sigo planteando de qué manera puedo pregonar Cuenca y de Cuenca, a Cuenca y al orbe cristiano. A mi me gusta más cantar lo que tenemos bueno, por eso estoy teniendo mucho cuidado en escoger las palabras que puedan ser mejores. En este sentido, la prensa te da mucha experiencia a la hora de escribir pensando
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en quien lo va a leer. Hablar de Semana Santa y hablar de cada hermandad y de Cuenca hace que te miren mucho. En este aspecto hay que tener mucho cuidado, porque te miran mucho. Pero es cierto que creo tener ya la sapiencia de haber estado en los medios y haber hablado mucho sobre Semana Santa. Pero sí sé que tengo que tener ese tacto de decir algo que pueda agradar a todo el mundo. ¿Cuáles van a ser las líneas generales del Pregón? Para mí, es una especie de gran reportaje. He planteado el Pregón desde cuatro o cinco puntos o piezas que se unen. Es obligado hablar de cómo yo conozco la Semana Santa, porque en mi casa no veía túnicas, como sí han podido ver mis hijos desde pequeños, y tuve otro concepto de la Semana Santa hasta que la fui conociendo. También hablaré de mis primeras impresiones como nazareno. Pero, como desde muy pronto empecé en los medios hablando de Semana Santa y apoyándola, quiero hablar de lo que supone esto para un periodista, sobre todo si es conquense y le gusta la Semana Santa. Quiero hablar de cómo es nuestra labor, como periodistas, dentro de la Semana Santa. Incluso cuando decimos cosas que a la gente no le gusta oír. Eso sí, sin olvidar que el Pregón es un canto a una celebración principal. En otros pregones he sido reivindicativo, pero la Semana Santa tiene otra trascendencia. ¿Cómo ve el Pregonero la Semana Santa de Cuenca a día de hoy? Veo que en los últimos años, la Semana Santa de Cuenca ha ganado en grandiosidad, en religiosidad, en manifestación de fe... La misma fe que hubiera antes también la hay ahora pero hemos ganado en respeto y en que el desfile en la calle es un auténtico espectáculo visual. Ves ahora imágenes de hace treinta años y no tienen que ver con las procesiones de ahora, que tienen un orden, una armonía, una musicalidad...
Hemos ganado muchísimo. Si eso lo hubiésemos hablado en los años 70 u 80 no lo hubiésemos creído, porque en aquella época quizá pensábamos que la Semana Santa se iba a terminar. Y al contrario: se ha revalorizado, se ha aumentado. Tenemos un Museo de Semana Santa que cumple diez años. Seguimos creciendo, con una nueva hermandad y una nueva procesión. Y este año tenemos el hito histórico de la coronación canónica de una imagen de Semana Santa, como es la Virgen de las Angustias. Y además, ahora en Cuenca es Semana Santa todo el año. Y con la Ruta de los Belenes, la eclosión belenística nazarena ha propiciado que todo el recorrido nazareno del Casco Antiguo, sea recorrido de belenes. Es importante y muy bonito ver que la Semana Santa no se vive solo en la Cuaresma y los días álgidos, sino todo el año. Esta es también una de las visiones que quiero dar a entender en el Pregón. ¿Cómo vive la Semana Santa un periodista? Bien lo sabes tú, Berta, cómo se vive. Te puedo contar como anécdota que mi hija nació un Jueves Santo, en 1981, y ese día tuve que trabajar. Fui al hospital a verla un rato y no pude librar. Estuve toda aquella Semana Santa alternando hospital y procesión. Otra anécdota: El Jueves Santo de 1989 es el único en que yo me he ido de Cuenca, por retransmitir un PuertollanoConquense para Radio Cadena Española, y me fui con un enfado... El Conquense ganó aquel partido y, al final, volvimos a tiempo de ver la procesión. Así vivimos la Semana Santa los periodistas que queremos a Cuenca. Los periodistas de Cuenca que amamos la Semana Santa queremos verla pero también contarla y que salga a nivel nacional e internacional de la mejor manera posible. Por ahí también tendrá el Pregón algunos recuerdos. Más que nada, para decir a la gente cómo desde los medios hemos intentado dar una mejor visión de la Semana Santa. Y, si algo no nos ha gustado, lo hemos comentado fuera de micro.
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Entrevista
¿Cómo ha evolucionado la información sobre Semana Santa en estos años? En los últimos años, echamos de menos la prensa diaria. Pero, como no hay mal que por bien no venga, tenemos los medios digitales y la información puntual en directo en las redes sociales. Hemos ganado la rapidez, la inmediatez del momento, pero hemos perdido el análisis al día siguiente en la prensa y poder guardar la información en papel, repasarla. Esas páginas se echan de menos. Pero sin embargo, sí es importante para la Semana Santa toda la tecnología actual que emplean los medios y que hace que, lo que pasa ahora en Cuenca se vea en cualquier parte. Lo más importante de todo esto es saber aprovecharlo. Una de las principales evoluciones informativas que yo he visto fueron las primeras retransmisiones de Semana Santa en televisión, en TeleCuenca. Supuso mucho esfuerzo y trabajo, pero mereció la pena por llevarla a tanta la gente enferma, impedida o que simplemente no podía acudir a las procesiones. Nos llamaba mucha gente para darnos las gracias. Eso también estará en el Pregón, con algunos testimonios de fe que me hicieron algunas de esas personas. Yo, que por altura no he podido ser bancero nunca (risas), sí considero que mi banzo ha sido ese: llevar la Semana Santa a los demás a través de los medios, sobre todo de la televisión. En ese sentido, sí que me siento muy bien pagado, no en dinero, sino emocionalmente. Creo que hicimos a mucha gente feliz y todavía hoy, después de tantos años, me siguen preguntando cuándo ponen la procesión. ¿Qué aporta la prensa a la Semana Santa? Mucho. La Semana Santa necesita a los medios informativos. Su labor es muy importante, tanto la didáctica como la informativa y la promocional. Es cierto que en algunos momentos ha habido prensa tanto ajena como propia que no ha estado a la altura en según qué situaciones pero, en general, la prensa es muy importante para dar a conocer una celebración tan principal.
Sobre todo, si sabe darle el contenido que requiere la Semana Santa. Yo recuerdo que, cuando trabajaba en prensa, lo primero que hacía tras el Viernes Santo era ir a mirar los teletipos para ver qué decían de nosotros. Y, mientras que de otras ciudades como Sevilla, Málaga, Murcia o Zamora hablaban de las procesiones, en Cuenca se hacía crónica de sucesos. A mí eso me molestaba muchísimo. Me dolía un montón. Lo que quiero decir con este es que, lo que se cuente y cómo se cuente, depende también del profesional. Y, en ese sentido, tenemos que saber estar a la altura y hablar de lo grande que es lo que tenemos. ¿Cuáles han sido, informativamente hablando, los avances tecnológicos que han supuesto puntos de inflexión en la difusión de la Semana Santa de Cuenca? No cabe duda de que la televisión ha sido muy importante. Además, recuerdo por ejemplo la primera película sobre la Semana Santa de Cuenca que hizo Rafael Pérez Madero en 1975, con muy poca ayuda y mucha incomprensión por parte de la gente. También los reportajes del No-Do. La prensa ha sido siempre importante, porque además, Cuenca tuvo prensa desde el principio. Pero, la televisión era un medio distinto por lo inmediato. La prensa era al día siguiente. Y también fue importante la televisión local porque llegó en unos momentos en los que Cuenca era la eterna olvidada por la televisión nacional. ¿Cómo debe ser una buena información sobre Semana Santa? Lo primero que debemos hacer es diferenciar el tipo de pieza que estás haciendo y el momento en que se va a ver o publicar. No es lo mismo un reportaje para leer al día siguiente que una pieza para un informativo o una retransmisión en directo. Dicho esto, siempre ha que contar lo que se vea en la calle y la libertad de información y del periodista es importante. Pero, para informar bien sobre algo y saber cuándo es conveniente contar de una manera y cuando de otra, es necesario conocer
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ANECDOTARIO “En las retransmisiones de las procesiones, muchas veces echaba mano de los pregones de Semana Santa para llenar tiempos muertos y darles más contenido. He leído muchos pregones y así, he descubierto que son muy variopintos. Cada Pregón, en el tiempo, viene a retratar cada época”
aquello sobre lo que informas. Y más en el caso de la Semana Santa de Cuenca. El periodista debe informar, no deformar. Ahí está la diferencia. ¿Y un buen Pregón de Semana Santa? ¿Cómo debe ser, en tu opinión? El que intente cantar, decir, cómo es esa celebración, qué sentimiento tiene. Todas las Semana Santas de España rememoran la Pasión y Muerte de Cristo, pero la nuestra es la Pasión según Cuenca. Es nuestra fiesta del alma. Una tradición que hemos vivido y heredado de nuestros padres y nuestros abuelos. Incluso de los gremios. Hasta en el trabajo se habla de Semana Santa porque la nuestra viene de los gremios que luego desaparecieron. Por tanto, el Pregón de Semana Santa tiene que incidir en todo lo que rodea a esta celebración, en una ciudad como la nuestra: una Semana Santa de Interés Turístico Internacional en una ciudad Patrimonio de la Humanidad. Como me dijo Mayor Zaragoza el Viernes Santo que vino a traer el título de Ciudad Patrimonio: el patrimonio de Cuenca son los conquenses y el de su Semana Santa, los conquenses y sus nazarenos. ¿Qué mensaje quiere trasladar el Pregonero de la Semana Santa de 2017 a los conquenses? Uno principal y es que, en Cuenca, en Semana Santa, todos los nazarenos están por su hermandad. Visto desde fuera, a veces da la sensación de que cada hermandad mira mucho por ella. Pienso que ese miramiento ha de estar conjugado con el resto de hermandades. Todas las hermandades deben trabajar unidas en pro de la Semana Santa de Cuenca y de la Junta de Cofradías. Y la Junta de Cofradías debe tener presencia siempre en todos los actos y estamentos de Cuenca, porque forma parte de la idiosincrasia de la ciudad. Es parte de su esencia. Y, como tal, ha de estar presente en las decisiones importantes para la ciudad.
“En una ocasión me dormí en la retransmisión de una procesión. Hacíamos tantas horas, que te podía el cansancio. Siempre me voy a acordar de que me salvó el sonido de la Banda de Tarancón. “Otro año me hice un esguince y tuve que retransmitir una procesión del Domingo de Resurrección con el pie escayolado” “Cuando trabajaba en La Gaceta Conquense, un año se agotó la edición del Extra de Semana Santa, por mala previsión de la imprenta. Tuvimos que hacer una segunda edición y vendimos 6.000 ejemplares” “He hecho retransmisiones de Semana Santa desde locales en obras, medio en ruinas, con escombros y cables caídos... También he hecho comentarios de procesiones en diferido en las que los editores, que no eran de Cuenca, ponían imágenes que no se correspondían con lo que yo estaba contando y me hacían quedar mal” “Recuerdo retransmitir una procesión de Miércoles Santo desde El Carmen y estar pasando frío mientras en mi portal, en Zapaterías, estaban los compañeros de Televisión Española de C-LM, viendo la procesión en los monitores y tomando café con rosquillas que les bajaba mi madre” Cuenca Nazarena 17
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Entrevista
FotografĂa: Luis Miguel Caballero
La gran suerte de nuestra Semana Santa son las personas que llevan siglos haciĂŠndola posible. Por eso protagonizan mi Cartel
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Entrevista al Cartelista de la Semana Santa 2017
Por Berta López Su primer recuerdo de Semana Santa tiene como protagonistas a la lluvia, a las manos de su padre y al Jueves Santo y su Verónica. Poco imaginaba Rafael Pérez Caballero (Cuenca, 1966) que sería Cartelista de la Semana Santa de Cuenca de 2017 cuando, allá por los años 80 y 90, se presentó sin éxito al concurso de Carteles de la JdC, en su etapa de estudiante de Bellas Artes. Entre aquellos carteles y el actual median casi 30 años y un océano de experiencia. Vivencias nazarenas que se reflejan en un Cartel que es, al tiempo, un homenaje a su padre y a quienes hacen posible, año tras año, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor... a la manera de Cuenca.
¿Cómo ha sido el proceso de creación del Cartel? ¿Por qué has usado el acrílico como técnica? Sabía que me iban a presentar como candidato. Aunque siempre piensas que saldrá otra persona, por si salía yo, ya llevaba desde el verano con algunas ideas, entre ellas las que finalmente he usado en el Cartel. Basándome en ellas, el día que me llamaron definitivamente en septiembre, empecé a darle vueltas a cómo llevarlas a término. A las dos semanas del nombramiento empecé a hacer bocetos. Los primeros fueron a lápiz y más bien rápidos. Luego ya me puse a dibujar. Me decanté por el acrílico porque lo que sí tenía claro desde el principio es que, aunque siempre he hecho más dibujo y me gusta mucho dibujar a lápiz y sin colores, para un cartel que tiene que anunciar, que tiene que ser llamativo y atrayente, hay que usar el color. Y el acrílico te da unas posibilidades que no te dan, en mi opinión, otras técnicas como la acuarela, que no está hecha para los grandes formatos. El acrílico te permite usar los colores y mezclarlos de forma más elaborada. Más como quieres hacerla tú. Cuando te nombraron Cartelista de la Semana Santa de Cuenca, comentaste que tenías varias ideas para tu obra. ¿En qué te has basado para diseñarlo? En aquel momento tenía dos ideas principales, que son las que he seguido. Una es la que tenía de siempre, desde las primeras veces que me presenté a los concursos de Carteles de la Junta de Cofradías a finales de los años 80 y principios de los 90, cuando estaba estudiando, hasta los últimos años en que me han presentado varias veces como candidato. La idea principal del Cartel busca destacar la figura del nazare-
no, ya sea hombre o mujer. Las personas en realidad. El tema del cartel son las personas, que en la Semana Santa son los nazarenos y las nazarenas. Esto lo pensé así porque, echando la vista atrás, en los carteles muchas veces salen pasos, otras veces grupos de nazarenos en el caso de los antiguos, pero lo de representar nazarenos se ha ido perdiendo. Considero que la Semana Santa la hacen las personas y que, si no fuera por las personas, es decir los nazarenos y las nazarenas, no hubiera existido durante cientos de años. Por eso, el tema principal son los nazarenos y no un paso. Y, dentro de los nazarenos, siempre hablamos de las personas que se mueren y se van a la Otra Semana Santa. Esas son las dos ideas en las que he basado el diseño de mi Cartel y, muy especialmente, en la de la Semana Santa en el cielo, que nombró mi padre en el Pregón del 86 y que le gustó mucho a la gente. He retomado esa idea y el tema del nazareno. Los protagonistas son ellos. Tu Cartel está estructurado en dos partes: una terrenal, por así decirlo, y otra celestial. ¿Por qué? ¿Qué simbolizan? La parte principal, en la que hay tres banceros de perfil, representa mi idea de dedicar el cartel a las personas. Y, entre esas personas, quería destacar la figura de los banceros y las banceras porque son una parte muy importante de la Semana Santa, por su papel en ella y porque nos diferencia mucho de otras Semana Santas. En este sentido, he pintado un bancero de cada una de las tres hermandades que son de mi familia: el Ecce-Homo de San Miguel, la Verónica del Jueves y el San Juan Evangelista. Son las hermandades de las que somos toda la familia y en las que personalmente más he participado. Es cierto que soy de más pero, como había que
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Entrevista
escoger, elegí las familiares y a las que mi padre estaba más unido. En cuanto a la parte superior del Cartel, en ella hay una alusión a Cuenca en un cielo azul lleno de nubes y es ahí donde se desarrolla la procesión del cielo, en la que he representado alrededor de cuarenta nazarenos. La parte de abajo es la más actual, por así decirlo, y la de arriba es la parte espiritual del Cartel. En esta parte del dibujo, todos van vestidos del mismo color, para simbolizar que todos pertenecen a una misma hermandad. He representado tres turbos, una nazarena del Resucitado, otro del San Pedro Apóstol, con la capa, y un caballero de la Congregación. El Cristo que he pintado, para simbolizar la procesión, no es ninguno en concreto de nuestra Semana Santa. Me he inspirado en todos. Esta parte es la que representa a esa Otra Gran Semana, a la que dedicó mi padre uno de los apartados de su Pregón. Rafa, es la tercera vez que nombras a tu padre en el breve rato que llevamos hablando. Este Cartel ¿es un homenaje o un recuerdo a tu padre? Pues sí. La verdad es que es un recuerdo. Un homenaje. Cuando hice el Pregón de Semana Santa en el año 2004, lo dediqué a mi familia. A mi madre, a mis hermanas, a mi mujer. Pero el Cartel es más para mi padre. Está dedicado a él. Porque, si yo he dibujado, es porque le veía a él dibuja cuando era pequeño. Y, si yo estudié Bellas Artes, que me gustaba, es porque era el sueño de mi padre y él me animó. Y, si me gusta la Semana Santa, es porque él nos la enseñó. A mí y a mis hermanas. Imagínate cómo era una casa en la que prácticamente casi todo el año estás oyendo hablar de Semana Santa y en la que, desde que pasan las Navidades, prácticamente ya solo se escuchan marchas de Semana Santa. Es un homenaje a mi padre. Me hubiera gustado que lo hubiera visto. ¿Qué te gustaría que viera la gente cuando mire el Cartel? Quiero que la gente vea que hay que recordar a las personas. A sus antepasados. A los padres, a las madres, a toda esa
gente que participó alguna vez en la Semana Santa y ya no está. Siempre que estamos en Semana Santa nos acordamos de ellos, cuando vas en la fila, cuando recuerdas que eres de tal o cual hermandad porque te apuntó tu abuelo o porque era hermana tu madre y por ella se hizo hermana toda la familia. Lo que quiero que vean es eso: un recuerdo a los nazarenos antiguos que ya no están con nosotros. En la Semana Santa de Cuenca tenemos mucha suerte: tallas espectaculares e irrepetibles de Marco Pérez, de Coullaut-Valera, de Martínez Bueno, de Capuz. Tenemos mucha suerte con nuestra imaginería. Pero las personas llevan haciendo la Semana Santa desde hace siglos. Si no fuera por las personas, las tallas estarían en una iglesia y nadie las sacaría a la calle. Por eso, lo que he querido destacar por encima de todo en el Cartel, son las personas. Ésa es, en verdad, la gran suerte de nuestra Semana Santa. ¿Cuánto tiempo le has dedicado al Cartel? Voy a echar las cuentas. Dejé pasar La Vaquilla para ordenar mis ideas, terminó septiembre y, a principios de octubre, ya empecé con los bocetos. En unos diez días me puse directamente a dibujar en el papel. He trabajado en él casi tres meses. Intensos porque, cuando me pongo a pintar, me gusta dedicarle bastantes horas tanto entre semana como, sobre todo, los fines de semana. A veces también lo dejas reposar un poco para luego volver a mirarlo con otros ojos, como de nuevas, y poder corregir o mejorar alguna cosa. ¿Te ha llevado más, menos o el mismo tiempo que preparar el Pregón en su momento? Menos, menos (sonríe). Es que el Pregón... Cuando preparas el Pregón te pones a escribir, las cuatro ideas. Luego se te ocurre una más, la apuntas. Vas pensando qué decir en cada parte, por cada imagen... lo vas juntando y le vas dando forma. Lo que tiene el Pregón es que no es un continuo de trabajo todos los días, pero era más largo en el tiempo. Varios
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meses más en el tiempo. El Cartel no. Una vez que lo tenía prácticamente dibujado a lápiz y quedé satisfecho con la idea, ya es ir pintando. Es diferente y un Pregón lleva más tiempo. Corriges, quitas y pones más. En el Cartel, una vez que tienes la idea principal, va todo seguido. Qué te ha resultado más complicado: ¿Quedarte satisfecho con el Pregón o quedarte satisfecho con el Cartel? (Rafa dedica unos instantes a pensarlo) Con el Cartel me he quedado muy satisfecho. Pero, también te da mucho miedo el Cartel ¿sabes? El Pregón, como es un acto literario y es más largo, por así decirlo, sabes que habrá párrafos que le gusten más a la gente y otros que les gusten menos. Pero el Cartel, como es un instante, es la primera reacción de la gente cuando lo ve, aunque luego se pare a analizarlo y a contemplarlo más tiempo, me daba más miedo. El Pregón me daba casi menos miedo, porque confías en que tienes muchas vivencias, muchos hilos de los que tirar para llegar a la gente. En un Cartel, sin embargo, no puedes reflejar todas las vivencias. Tiene que ser una sola idea, dos como mucho, y eso es muy difícil también. Una obra artística es más complicada. Eres Cartelista y Pregonero, solo hay otra persona en la historia de la Semana Santa de Cuenca que haya hecho lo mismo. Has sido y eres directivo de hermandades, fuiste directivo de la Junta de Cofradías, nazareno de fila, bancero... ¿Qué te queda por hacer en la Semana Santa de Cuenca? En la Semana Santa de Cuenca... (sonríe) En la Semana Santa de Cuenca, nuevo, creo que no me queda nada por hacer. Bueno, me quedaría ser jefe de banceros, que eso no lo he hecho nunca. Pero la verdad es que no me atrae. Yo lo veo muy difícil. En la Semana Santa de Cuenca, con las cosas que he hecho, me conformo. Nunca pensé que fuera a ser Cartelista, me han presentado varias veces pero era muy difícil llegar. Pregonero, igual. Y directivo de hermandades... pues puedes ser de alguna, pero llegar a la Junta de Cofradías tampoco es
tan sencillo. Pienso que, como dice el refrán, he estado en el sitio justo en el momento adecuado. Desde que eres pequeño nunca aspiras a ninguna cosa y además a mí me da mucho reparo que me nombren cosas. Mi primera respuesta muchas veces, cuando me han propuesto para algo, ha sido que no, por esto que te digo. La verdad es que he tenido mucha suerte con ser Pregonero y, con ser Cartelista, mucha más. Si te soy sincero, considero que es demasiado. Pienso que no tengo tanto méritos para ser tantas cosas. Pero estoy agradecido, eso sí. Tanto como nazareno como en tu faceta de artista, ¿qué queda de aquel joven que se presentaba a los concursos de carteles de la JdC hace tantos años? Pues... la verdad es que han pasado muchos años. Cuando me presentaba a los concursos de cartelista, luego se hacía una exposición. Me acuerdo de ir a ver las pinturas y de pensar que era muy difícil ganar, pero lo bueno es que vas cogiendo experiencia. De aquel joven no queda mucho, han pasado tantas cosas y se ha pasado tan deprisa el tiempo, aunque sea una frase hecha, que lo que queda de entonces es poco. ¿Cuánto se nota el paso del tiempo en la Semana Santa? Mucho. De un año para otro se nota cómo pasa. Y cuando eres nazareno, más. Cuando eres nazareno lo notas mucho. Porque cuando empiezas a salir, de pequeño, los años parece que son muy largos. Pero luego, cuando vas yendo cada año a tus hermandades y vas viendo la gente que ya falta, la que no puede salir por enfermedad, la verdad es que lo notas mucho y el tiempo pasa muy deprisa. A la vuelta de los años... ¿Cómo crees que recordarás haber sido Cartelista de la Semana Santa de Cuenca? Con mucho agradecimiento. Estoy muy orgulloso de ser Cartelista, que es una gran responsabilidad, y muy agradecido a las hermandades y a la Junta de Cofradías. Es un honor ser Cartelista y así lo voy a recordar siempre.
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Entrevista
¿Cuál es tu primer recuerdo de Semana Santa? Mi primer recuerdo de Semana Santa es en la procesión de Paz y Caridad, en la Verónica del Jueves Santo, que es la hermandad en la que primero desfilé. Recuerdo ir a San Antón con mi padre de la mano, creo que ese año él era Hermano Mayor de la Verónica, y que llovía... muchísimo. Mi primer recuerdo es la lluvia del Jueves Santo y que me quitaron de la procesión cuando subía por la Audiencia y me llevaron a casa de mi abuela. ¿De cuántas hermandades eres? De nueve: Vera Cruz, San Juan Bautista, Medinaceli, Ecce-Homo de San Miguel, Virgen de la Amargura, Jesús Caído y la Verónica del Jueves, San Juan Apóstol Evangelista, Cristo de la Agonía y Congregación. De todas las cosas que has hecho en Semana Santa ¿cuál es la que más te ha llenado? La primera vez que fui bancero. Dentro de la Semana Santa, la primera vez que llevas un banzo es, para mi, el momento más especial. Debuté con 18 años y es el recuerdo más vivo que tengo. Estás muy nervioso, no sabes cómo lo vas a hacer, si vas a aguantar la procesión... Es muy especial la primera vez que eres bancero. Y, después de ese momento, cada vez que eres bancero durante el resto de tus años, te acuerdas siempre de esas cosas. ¿Con qué paso debutaste? Con un paso bastante difícil como es el de San Juan Apóstol Evangelista. El banzo le tocaba por turno a mi padre y él en esos momentos ya llevaba unos años que no era bancero. Creo recordar que llamaron a mi casa un Martes Santo para avisar de que le tocaba. Le dijeron que si lo llevaba y si no, corría turno, y él dijo que su hijo lo sacaba. Es un paso muy difícil de llevar y yo, con 18 años y sin haber llevado ninguno... pues eso. Luego me acompañó mi padre y fue muy especial. ¿Cuál es tu momento preferido de la Semana Santa? Ese que dices... si no lo vivo, no es Semana Santa: Pues mira, es estar un Domingo de Ramos en Cuenca y ver al primer nazareno del Domingo por la calle, vestido de blanco. Ver a un nazarenete, un niño por la calle con su túnica, es decir “mira, ya estamos en Semana Santa. Ya veo a un nazareno por la calle”. Eso es lo principal. Cuando era pequeño, me acuerdo de asomarme desde el balcón de mi casa y ver siempre a alguno ir a San Felipe o a San Esteban, cuando salía de allí la procesión. Ése es mi momento preferido. Cuando ves al primer nazareno por la calle. ¿Cuál es tu sonido preferido de la Semana Santa? El redoble típico de toda la vida, de la Banda de Cornetas. Tanto la de la Guardia Civil, que había cuando éramos pequeños, como ahora la de la Junta de Cofradías. Ese redoble que se escucha en toda Cuenca y que anuncia la procesión es mi sonido preferido. Con ese me quedo.
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Sara Ayllón
Cámara: Nikon D5300 Objetivo: 55-200MM F/4-5.6G Fecha: 20 Abril 2014
He escogido esta foto porque para mí marca un antes y un después, fue mi primera publicación “oficial” en la revista de una hermandad, algo que siempre agradeceré. Además es un pequeño guiño a una hermandad a la que le tengo muchísimo cariño por la forma en que me han tratado siempre y por su continua actitud colaboradora, finalmente como tercer porqué: por mi abuela, que siempre tuvo un especial aprecio a su domingo de Resurrección.
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Cámara: Canon Marck II Objetivo: 24-105 Canon f4 Fecha: Miércoles Santo de 2016, hacia las 4 de la madrugada
Cristina Díaz Chavarría Esta foto representa para mí el esfuerzo descomunal de un niño en una larguísima procesión como la del Miércoles Santo. Decía la criatura que no sentía los pies, pero que tenía que acabar porque era Hermano Mayor y tenía que dar ejemplo. Me impactó muchísimo esta escena y, más que la belleza de la imagen en sí, es el afán de superación del nazareno conquense, tan joven, lo que he querido retratar. Una integrante de la Banda de Trompetas y Tambores de la Junta de Cofradías le hace masajes, pero lo mejor de todo y lo que más me sorprendió, fue que estaba deseando repetir al año siguiente. Por eso, la he llamado Pasión hasta el final.
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Águeda Lucas
Cámara: Canon 5D mark II Objetivo: 24-105
La fotografía fue tomada el Martes Santo de 2012, aunque podría ser este momento concreto de cualquier otro año. Me gusta porque cuando San Juan vuelve a la iglesia de El Salvador después de horas de procesión y en la madrugada conquense, ya son pocos los que aguantan en las filas y como espectadores. Así que yo siento que entonces se crea una intimidad especial, en el frío de la noche, en la soledad, en el que parece que solo estás tú y la imagen, que regresa a la calma, a su templo, después de la multitud, el ruido y la emoción. Esos segundos de intimidad, ese instante de ser “tragado” por esa maravillosa puerta de El Salvador es lo que se queda para mí en esta fotografía. Una despedida que reconforta.
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El objetivo de Andrea Cรกmara: Nikon D5100 Objetivo: 18-105 3.5/5.6
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La fotografía seleccionada fue realizada el año pasado y presenta a un niño mirando fijamente a su tulipa. Su mirada se clava en la vela, como lo hace la luz unánime de los nazarenos en la vieja Cuenca, transmitiendo los indescriptibles sentimientos de un joven nazareno emocionado en la ceremonia de la Semana Santa. Pese a todo, parece estar dispuesto a apagar, sólo hasta el año próximo, su humilde pero férrea llama. La fotografía no es más que inmortalizar momentos que expiran y se pierden para siempre. Es esto lo que me enamora de este arte y lo que considero que conseguí con esta toma, burlar al tiempo y dejar constancia de aquello que se esfuma y jamás volverá.
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Fotografía: Luis Miguel Caballero
Opinión
Por Rafael Redondo Moya
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Finalizamos los fríos de enero con la triste noticia del fallecimiento de Manolo. Un mensaje al móvil de mi hijo, a quien se lo comunicó Enrique (sobrino de Manolo), nos lo confirmaba. Te quedas inmóvil, sin palabras, sin dar crédito... y ante esto, le insisto a mi hijo que por favor se cerciore de lo ocurrido. A los poco minutos, la llamada para decirnos que ya está camino del tanatorio. Una maldita infección se lo ha llevado. Enseguida me dirijo con mi familia hacia el velatorio, en especial para dar el pésame a su hijo José Manuel. La sala era un desfile constante de personas, amigos, conocidos, muchos de ellos del mundo cofrade. Allí frente a mí, vestido con uniforme nazareno, estaba mi amigo. Algo increíble pero cierto. Te habías marchado, Manolo, sin despedirte. Sin haber podido darnos un abrazo, pues el último nos lo habíamos dado hacía un mes, el día de Nochevieja en la Iglesia de las “Monjillas”, al término de las nupcias de Guillermo y María. Te devolví la felicitación Navideña, porque tú ya lo habías hecho enviándome por correo tu tarjeta como todos los años, fiel a la tradición. Este año me recalcabas tu nuevo domicilio. Allí te dejé en el banco esperando a que comenzara la eucaristía. Me marché recordando también a Tere, tu esposa, tu compañera y rememorando las tardes en que había coincidido con vosotros por las inmediaciones, cuando regresabais de la misa del convento, acompañando a la señora Leo hasta su floristería. Qué vacío tan grande en esos bancos en tan poco tiempo. Tres feligreses que ya están junto al Padre. A mi memoria llegan tantos recuerdos… Son ya más de treinta años los que hace que nos conocíamos, de vernos por el barrio de la Av. Castilla la Mancha en el que vivías con tu familia. Recuerdo cuando esperábamos a nuestros hijos en la Iglesia del Salvador, en la época en que ejercían de monaguillos. Tú siempre salías el último, te despedías del Señor de rodillas en el reclinatorio y, después, de camino de vuelta al barrio, hacíamos parada en el bar pidiendo siempre agua mineral. Después vino lo que compartimos en Semana Santa: la Junta de Cofradías. En un principio como Tesorero, más tarde Presidente y, entre tanto, Depositario de la Hermandad de Ntra. Sra. de la Soledad de San Agustín, la Madre de la Silenciosa Mirada, como te gustaba denominarla. Por aquellos años, los 90, cuántos ratos no habrás pasado en La Esperancilla con la Directiva de entonces: Jesús Torralba, José Luis “Pipo”, los hermanos Bascuñana, Curro... cuánto trabajo, esfuerzo y dedicación, que ahora ya es tarde para agradecer. Posteriormente, ya como Presidente de la Junta de Cofradías y en la Comisión de Bandas... Qué grandes recuerdos Manolo, qué orgullo, qué grupo de Representantes. Teníamos citación para organizar el cuadrante de las bandas que presentaríamos ante la Junta de Diputación y, antes de acudir, quedaba contigo en tu otra sede, “La Peña Madridista” en la calle Jorge Torner. En aquel bar donde trabajabas con tu fiel amigo Luis Miguel, preparando excursiones al Estadio Santiago Bernabéu y las cenas anuales de la peña. Siempre detrás de la barra, Ángel y su esposa. Te despedías de ellos y nos dirigíamos al Hotel Alfonso VIII, a la reunión de la Comisión de Bandas. Allí estaban todos, fieles a ti como Presidente y amigo. Tus palabras siempre eran: “La Junta de Cofradías está por encima de todos y debemos dejarla en buen lugar”. ¡Qué grandes momentos! Recorriendo la provincia todos juntos, visitando las sedes de las diferentes bandas... Cuántos y cuántos amigos. Y llegó otro de los acontecimientos, quizá el de más excelencia, Manolo. El hermanamiento con la Academia de Infantería de
Toledo y el Concierto de Inicio de Cuaresma. Allí, en la Ciudad Imperial, junto con Paco Moraleja y en el despacho del General Romay, firmaste como Presidente tan magno documento. En aquel acto tu amigo, el Coronel Ramos, miembro de la dirección de la Academia, te invitó a la fiesta del Corpus toledano. Él también pertenecía a la Adoración Nocturna de esa ciudad. Tu detalle como Presidente de la Junta de Cofradías fue la entrega de dos libros y un video de nuestra Semana de Pasión, para enriquecer la Biblioteca de la Academia. Ese año mi hijo Rafa, junto con algún otro conquense, formaba parte de la Unidad de Música. Aquel concierto de Inicio de Cuaresma y aquella Semana Santa fueron muy especiales para todos nosotros. Y llegó tu merecido Pregón de Semana Santa, sí. Fui yo quien tuvo el honor de presentarte, porque así lo quisiste. Mis palabras de aquella noche grandiosa: “El tercer pricense que pregona nuestra Semana Santa, pregonero de otras Semana Santas y de las Fiestas en honor al Stmo. Cristo de la Caridad, la perla del Escabas. El tercer Adorador que pasaba por el atril de San Miguel”. Inolvidable, Manolo. Cuando terminé tu presentación y ocupé el sitio que tú dejabas junto a Tere, sus palabras fueron: “Muy bien, pasodobles”. Así nos apodaba cariñosamente a los componentes de la Comisión de Bandas. El Miércoles Santo, turiferario para la eternidad. Acompañado de “Poli”, anteriormente de Jesús Ortega, siempre incensando al Señor. En tu pregón lo dejaste claro: “Ecce Homo, Yo le agradezco a Pilatos el que hiciera semejante exclamación, He Aquí el Hombre”. Sí, Manolo, he aquí un hombre bueno como tú, un hombre querido como tú, un hombre de Dios, el cual te ha llamado. Ya estabas maduro, tal como predicó D. Antonio en la misa de exequias. Este Miércoles Santo el incensario se elevará hacia el cielo que Rafa Pérez “padre” describió en su Pregón y nuestro hermano y amigo Rafa Pérez “hijo” ha plasmado con tanta belleza en su Cartel, perfumando a todos los nazarenos que allí estáis descansando. Y en el regazo del Padre sonará tu marcha, Ecce Homo, marcha que gracias a ti fue compuesta por otro compañero adorador: el genial maestro López Calvo. En la próxima festividad del Corpus te llevaré delante como todos estos años y tu farol dará luz al Santísimo con mayor fuerza. Los cuatro juntos en un banco de la Santa Catedral Basílica asistiremos a la misa Mayor: “Poli”, Aurelio y nosotros dos, quienes nos dirigiremos al ambón para leer la liturgia. Recuerdo tu propuesta para que yo formase parte del grupo, debido a la retirada de un componente por la edad. Ese año tenía compromiso con la Junta de Cofradías pero al siguiente ya formé parte. Tus primeras palabras fueron: “Los cuatro del Ecce-Homo”. Y ya a la hora de iniciar el desfile me indicabas: “Te colocas en mi lado, detrás de mi”. Sí, Manolo, gracias a ti me siento muy orgulloso de estar ahí, de portador del farol dando luz al Señor. También te quiero dar las gracias. El párroco de San Esteban hizo lo propio en nombre de la Diócesis en tu funeral y yo lo quiero hacer, y así me atrevo, en nombre del pueblo nazareno de Cuenca, por unanimidad, por todo lo que has hecho por nuestra Semana Santa. Gracias de corazón. Hasta luego, Manolo. Nazareno, pregonero, presidente, tesorero, turiferario, portador de farol y adorador. Hombre de Dios. Allí con Él, con su hijo Jesucristo, su Madre y tantos nazarenos, sé que estarás bien cuidado. HASTA LUEGO, AMIGO.
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Opiniรณn
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Por Miguel Romero. Cronista Oficial de la ciudad de Cuenca
Nuestra Semana Santa ha alcanzado la brillantez que bien ha merecido desde hace muchos años. Ahora, en estos dígitos del siglo XXI, marca un reflejo de solemnidad, crea una atmósfera de devoción y respeto y sobre todo, hace crecer el sentimiento nazareno de todos los conquenses. Por eso, debemos de estar de enhorabuena y debemos, si me lo permitís, agradecer a toda esa comunidad nazarena su gran esfuerzo por creer en una Semana de Pasión, única y real, fruto del trabajo de mucha gente. La Junta de Cofradías ha permitido extender e internacionalizar nuestro reflejo turístico nazareno, ha oficiado actos de presentación en Madrid y Valencia provocando sinergias de deseo hacia un desarrollo más futurista; las Hermandades, todas, cada una en su germen y proceso, han demostrado el valor de una fe que embauca a los nazarenos hacia un objetivo loable, enmarcado en su proyección particular como comunidad de todos; las autoridades siguen haciendo oficial sus apoyos institucionales como meta de proyectos ciudadanos que provoquen una mejor calidad de vida hacia una ciudad más moderna y universal; y el resto de conquenses, fieles devotos, admiradores visitantes, hosteleros, comerciantes y funcionarios, comparten como el primero su afán de creer en esta ciudad, rica en su patrimonio costumbrista, en sus tradiciones religiosas y profanas, en sus bellezas arquitectónicas, en sus excelencias como “urbanitas” modernos, haciendo de cada hogar una
apertura a la generosidad y hospitalidad que vuelva a demostrar el carácter de cada conquense. Son años de onomásticas, de homenajes y de conmemoraciones y eso ayuda a crecer en todo su contenido. Cuenca es ciudad del mundo y por esa razón, es ciudad abierta a todos. Ahí, nuestra Semana de Pasión alcanza ese protagonismo excelso que mantienen sus Hermandades y entre ellas, esos procesionales y esculturales Pasos que desfilan ante el fervor y la devoción de cada uno de nosotros. Las miradas de nuestras imágenes se entrecruzan con las miradas del penitente y sin recelo alguno, brillan más las pupilas mientras la luna, sí, esa Luna de Cuenca, destellea en cada rincón y recoveco de una ciudad mística y dolorosa ante la eternidad. Mientras, en ese Museo de la Semana pasional, ese Museo que habita en la antigua Casa de los Girón, es el emblema para representar durante todo el año, el espíritu conquense nazareno. Ahí, proyecto vivo, se reflejan los estilos del arte, se manifiestan las retinas de nuestros fotógrafos cada vez más pasionales, se expresan los aportes creativos de ceramistas, pintores y escultores. Por eso, toda Cuenca está hecha para el disfrute y la belleza. Y ahora, cuando todo bien camina, quiero expresar en mi crónica de este año, un recuerdo a un año porque historia hace y se dice. Aquella Semana Santa de 1955, en el recuerdo. Cuenca Nazarena 37
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Opinión Contemos como archivo de nuestra historia: No sé por qué, me viene a la memoria este año. No sé por qué, recuerdo esta Semana Santa y quizás lo sea, por un encuentro de tantos, entre mi buen amigo, añorado por su bonhomía, Fernando Muñoz y un servidor, tras tomar café en Ruiz, sentados y en pensamiento vivo, por amar a la cultura como soplo de vida y respirar latente en una Cuenca dormida. Me acercó a mi escritorio un panfleto escrito, casi amarillo en su papel, pero reflexivo. En él bien decía su Junta de Cofradías que “el presente año, marca un jalón más en el buen camino iniciado años atrás, tanto en lo que se refiere a mejorar algunos Pasos, así como a una mayor asistencia de nazarenos en las filas. Mención especial merecen al respecto, los esfuerzos que por las mayoría de las Hermandades se viene realizando, facilitando túnicas y capuces a aquellos hermanos que por su condición humilde no pueden adquirirlas, y que son abonadas después en largos plazos.” Qué largos días en aquellos tiempos, recuperando solemnidad perdida por el desánimo y la dejadez. Que trágicos esfuerzos por sacar adelante, pasados años de posguerra, un tintinear de tulipas, mientras las horquillas sufren por tener dueño bajo andas heridas a destiempo. Por eso, en esa reflexión seguían comentando, “no puede ni darse lugar, a que un afán de lucimiento personal que no cabe en nuestros desfiles procesionales de penitencia, deben de obligar a un sacrificio personal a los en ellos figuramos, evitando ese proceder que pueda servir de mofa y hasta de escarnio”. Reflexionemos en ello, hermanos.” Pero a todo lo que el esfuerzo sacó adelante, hubo una exposición de buenos proyectos a conseguir y tal vez, por eso de que puede y debe ayudar a mantener la historia, aquí lo expreso en su total dimensión, como prueba: “Si consideramos la labor realizada, teniendo en cuenta que se inició cuando nada existía, no cabe duda que debemos considerarnos satisfechos del desarrollo de la Semana Santa de este año de 1955. No creemos que haya sido realizado esfuerzo semejante al de este año, por ninguna otra capital de España, aún contando con medios superiores a los nuestros. Testimonios poseemos que así lo reconocen. Pero estamos obligados a superarnos. A nosotros llegan peticiones de informes de otras ciudades, que reconociendo lo expuesto en nuestro informe, desean seguir nuestro ejemplo. Antes fueron Crevillente, Santander, Albacete y Tarragona. Hoy son Guadalajara y hasta un sitio tan lejano como San Cristóbal de la Laguna en las Islas Canarias, han solicitado nuestra cooperación, que como a las anteriores, les ha sido facilitada. Nuestra propaganda es solicitada de todos los rincones del Mundo (San Francisco de California, América del Sur, Países Europeos). A todos atendemos, pero hemos de ir a más. Acostumbrados al sacrificio no nos duele el continuar en esta situación. Tenemos pensado recurrir a todos los medios a nuestro alcance, y que nos autorizan nuestras Constituciones. Pero sinceramente creemos, que merecemos algo más. Esto no lo decimos por nosotros, es por nuestra Semana Santa en la que una población compenetrada con la Pasión del Señor, participa entera, en esos días que nuestra Ciudad se llena de una multitud creciente de personas venidas de todos los confines de nuestra Patria, que después son nuestros más encendidos propagandistas.
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Conocemos nuestras necesidades. hay que mejorar la mayor parte de nuestros Pasos. Otros hay que renovar. No deben de salir ni faroles de hojalata pintados de blanco, ni plataformas de madera mal pintadas. Sabemos el entusiasmo de todos y confiamos en que nuestra súplica ha de sernos oída. Para todo, nuestro más sincero agradecimiento y que tengan la seguridad, que la confianza que depositen en nosotros, nunca ha de ser defraudada. Así, valoramos, una a una, cada procesión: Domingo de Ramos: Si bien este año, incorpora la Hermandad infantil de Nuestro Señor entrando en Jerusalén a la de San Juan Evangelista y Nuestra Señora del Amparo, lució más que en años anteriores, pero se notó la falta de niños. Martes Santo: Esta procesión, a presar del breve tiempo transcurrido desde su iniciación en 1951, ha ganado en brillantez y no desmerece con las demás. El San Juan Bautista, estrenó andas doradas dándole una gran vistosidad. Debe renovar faroles y varales. Miércoles Santo: Destacó el elevado número de penitentes de la Hermandad de San Pedro Apóstol. Pero es demasiado larga y lenta por lo que se pide se estudia el que las hermandades que salen de San Esteban lo hagan media hora antes que, unido a un corto descanso en la Plaza Mayor, permitan desfilar por la avenida de José Antonio, una hora antes. Infringió en su baile la imagen de Nuestro Padre Orando en el Huerto a su paso por la plaza del Generalísimo. No se debe hacer. Jueves Santo: Este desfile procesional que era el de mayor esplendor antes de la Guerra de Liberación nacional, es el que actualmente en este año de 1955, se concentran la mayor parte de los defectos que no se deben de hacer. Al ser la hermandad que más hermanos congrega siempre cuenta con retraso que hay que evitar. Se echa de menos un mando único y eso obliga a la descoordinación. Viernes Santo: En la de las seis de la mañana, el juicio general sobre toda la procesión es favorable, pero aún así habría que evitar algunos hechos, por ejemplo, el que los banceros vayan destapados en gran parte del recorrido, haciendo lenta la subida por ser excesivo el peso de los pasos obligando a sucesivos descansos. En el número 43 de la calle Alfonso VIII, bailaron repetidas veces el Paso de la Verónica obligando al representante de San Juan a llamar la atención de los autores. La Virgen de la Soledad de San Agustín procesionó con solemnidad a pesar del gran número de sus nazarenos. Viernes Santo: De las once horas. Desfiló con gran brillantez por la parte baja y se deslució un poco, una vez rebasado el puente de la Trinidad con pocos nazarenos en sus filas. La Banda de Cornetas y Tambores del Frente de Juventudes al llegar a este lugar, sin saber por qué, abandonaron la misma. Domingo de Resurrección: Puede considerarse como un acierto este desfile procesional al ejecutar el encuentro en la Plaza del Generalísimo, materialmente atestada de público. Va ganando cada más, año por año, y sobre todo en éste, al incorporar la Sagrada Imagen de la Virgen del Amparo con banceros propios. El Cristo Resucitado debería procurarse otras andas, aunque el acuerdo conseguido permite pensar que así será para el próximo año. Procesión del Santo Entierro: Creemos que debemos exponer para esta procesión algunos aspectos que no son favorables. Los estudiantes del Seminario deben portar velas en lugar de ir cruzados de brazos; se ha notado la falta de muchos componentes del Cabildo de Escuderos y evitar que conversen
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Opinión
demasiado a lo largo del trayecto, sobre todo los cargos directivos. La Virgen de la Soledad no tiene valor artísticos alguno, por lo que deberían procurar una nueva imagen para hacerlo. Medidas que se proponen por esa Junta de Cofradías y que así firmarían: 1 Prohibición absoluta de que los componentes de las procesiones vayan destapados en ninguna parte del recorrido. 2. No se deben bailar los Pasos. 3. Obligación de los representantes de esta Junta de salir con su hermandad respectiva. 4. Prohibición absoluta de actuación de los fotógrafos profesionales por alterar el buen orden de las procesiones ya que, mezclados con los nazarenos perturban su marcha. Curiosamente, el Pregón de este año, fue encargado al Gobernador civil D. Gabriel Juliá Andreu, el mismo que extrañó a Eugenio de Ors, enconquensado, cuando dijo que era un excelente hombre que había publicado a Baltasar Gracián, A Quevedo y otros clásicos literarios como González Ruano y Federico Muelas. Este licenciado en Derecho que llegase a ser también Vicepresidente de la Diputación de Barcelona, escribió muchos artículos en varios periódicos nacionales y en la Ofensiva conquense, siendo elegido pregonero de la semana santa de 1955, pregón que realizase en los micrófonos de RNE el viernes de Dolores, el domingo 1 de abril. Tal vez, ilustrar estas páginas con algún fragmento del mismo, pueda solemnizar mi artículo: “Y tras las procesiones y los Pasos, si aguzamos la vista y tenemos los sentidos despiertos para percibir el eterno y moral flujo y reflujo del pasado y del devenir, podremos contemplar
sombras ilustres mezcladas con los nazarenos y encaperuzados hermanos de las Cofradías conquenses. ¿Quién es este noble caballero, con el jubón cubierto de sangre bermeja? Lo reconocemos: es el propio Jorge Manrique herido de muerte en el asalto al Castillo de Garcimuñoz. ¿Y este santiaguista? Es Julián Romero, el gran mariscal de campo de los viejos tercios de Flandes, que desciende de sus tierras natales de la Serranía, envuelta en alta y enjuta silueta en la blanca capa de la orden militar que conquistó por su esfuerzo heroico. ¿Y este nobilisimo señor, todo vestido de negro, con los ojos ardientes y la mano en la empuñadura de la espada? Es Alfonso de Valdés. Y a su lado otros capitanes y prelados y escritores y teólogos en silente y espectral hilera. Todos han acudido a la cita de los días Santos, en esta ciudad nobilísima y hermosa de Cuenca, encaramada en los riscos, y las duras piedras como para tocar el cielo con las manos. Ciudad tan alta que las luces de sus últimas ventanas se confunden con las luces de las primeras estrellas.” Y tal como el concluyese, quería yo -como Cronista de esta ciudad de Cuenca- acabar reflexionando, porque el tañir de todas las campanas del Orbe, echadas al vuelo, con esos bronces sonoros del romano San Pedro, hagan sentir a lado, las campanas de todas las catedrales de España, inculcadas por las nuestras, las de la Iglesia Basílica Catedral, la de Mangana, la de todas las iglesias de esta Cuenca española y que por siempre, así fuera, debiendo airear la esperanza de que venga un mundo mejor, en paz y sin guerras, para que todo haga confluir en ese canto blanco de que Cuenca es eterna y así lo será siempre, su Semana Santa.
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Por José Miguel Carretero Escribano
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Opinión
El Maestro Nicolás Cabañas, de uniforme (Foto Colección familia Cabañas). Carnet profesional del Maestro Cabañas, expedido en Enero de 1936. (Documento colección familia Cabañas).
Izado a hombros en arrebato emocional; mecido a paso lento, al paso hacia su Paso, a los benditos sones de “San Juan”: así acabamos la exequial Misa, corpore insepulto, de nuestro hermano Aurelio Cabañas Cabeza. Con gloria y con pena, y con honor, nos lo llevábamos acunado en lecho de madera que soñaba ser andas, marcando sin horquillas el compás y el camino de un invernizo atardecer, quince de enero, dos mil diecisiete, a los noventa y seis cumplidos. Y sí, era su carga efímera y ligera, su cuerpo en finitud y el alma en vuelo, pero abrumaban, y cómo, el peso y el poso de su persona y vida, de un siglo entero, casi sin casi, hecho Cuenca, hecho Semana Santa. A su limpia memoria tan viva y tan vivaz, a su vívido hacer y para que así conste y quede, apuro este trance. Bien quisiera como él, lucido y lúcido, pincel en ristre, hacerle su acuarela o su cartel; conformarme deberé con estrujar el corazón y los recuerdos, con escrutar mis actas de la íntima historia, y ver de componer, lápiz sobre papel, dedos en el teclado, un texto digno, aunque a distancia sideral de ese talento suyo cuando él hacía lo propio, leyendo y escribiendo entre las líneas del pentagrama y, al fin, deslizando sus manos bien abiertas sobre las teclas nobles del piano familiar. Letras por la música. Y en clave de sol nazareno.
LOS CABAÑAS Nicolás. Alfonso. Aurelio. También Adela y Maruxa. Eufonía desde el apellido con musicalidad de origen: Cabañas. Conquensismo en la entraña. Arte en los genes, incontenible, ubérrimo. Y un sentimiento puro y perenne, vital, ofrendado, en todas sus posibles expresiones, a nuestra y su Semana de la gran Pasión.
Cuando Aurelio nace, en Cuenca, en marzo de mil novecientos veinte, siendo el más pequeño y para ser el último de sus hermanos, era su padre, Don Nicolás Cabañas Palomo, a punto ya de cumplir media centuria de personal existencia, el muy veterano Director de la Banda Provincial de Música, con siete trienios ganados, amén de reputado y virtuoso organista y pianista. Así es que el neonato vino a este mundo en la mejor tierra posible, la suya y nuestra, y en todo un apogeo de la filarmonía. Para vivir entre músicos. Y entre banzos; pero esto vendría después. Repasando historiales biográficos y concluyentes hechos, todo se comprende con facilidad extrema: Cuenca entonces, como reza el eslogan de ahora, bien podía decirse ser ya una Ciudad para la Música. Y en ello fue hacedor clave aquel Maestro Cabañas de figura enjuta, faz alargada y expresividad en el gesto. Con su magisterio, decente y docente, se formaron aquí infinidad de jóvenes educandos, bella palabra que aúna el presente con el futuro, la siembra con la cosecha: los puso en solfa en la acepción primera y buena, esto es, con arte, regla y acierto. Pasaron, pues, por sus manos, como también, por cierto, cuantos pianos y órganos se repartían y obraban en casas, templos y establecimientos distribuidos por la pétrea y arriscada piel de la Muy Noble y Muy Leal. Los pulsaba con sapiencia, albriciando melodías. Rigió además, insólita y sucesivamente, las dos Bandas de Música que en un milagro prolongado disfrutaron nuestros mayores: la Provincial desde el noventa y ocho, año tan crucial para España, hasta el veintiuno; y desde éste, reorganizada para siempre jamás, esa Municipal que con él fuera árbol joven bien plantado y hoy lo es centenario, frondoso y recrecido. Y leyenda.
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Portada del disco “Nicolás Cabañas. Música y Pasión”. Año 1996. “Sexteto Cabañas”. En el centro, ya anciano, Don Nicolás. El segundo por la derecha, Alfonso Cabañas (Foto Colección familia Cabañas).
LA MÚSICA DEL MAESTRO Quedan las obras. De ágil intérprete, seguro y brillante, el quehacer en la Dirección comprometida de sus Bandas lo llevó a la instrumentación y orquestación para ellas de infinidad de piezas, las clásicas y, arriesgando, las novedades de cada momento: en pocas cosas como en esto, y por él, Cuenca supo estar más al día, a la última para ser primera. Y, sobre todo con la rica madurez, llegaron sus propias creaciones en muy diferentes géneros. Hace apenas nada, en nuestra última tarde juntos, Aurelio me mostró una pequeña y muy antigua libreta de su padre en papel pautado: contenía varias composiciones, en especial valses y “schotis”, así escrito tal cual. Era evidente que Don Nicolás se mostraba sensible a los ritmos y modas de su tiempo. Y me atrevo a decir, acaso a un tris de la osadía, que se le nota hasta en su música procesional, esa que lo llevó, en su lar y allende el Júcar, a ser más conocido y reconocido, valorado y admirado. Basta y enardece enunciar el máximo exponente: “San Juan”, Cabañas, 1927. Aurelio tenía siete años; tal vez aún se encaramase sobre las rodillas paternas en amoroso incordio para el compositor citado con las musas. Ya no era éste aquel
Maestro joven de la Provincial, con un bigotazo negro e imponente y fulgor en la mirada, sino el muy curtido Director de su Municipal del alma, con las sienes plateadas, otoñal en lo físico, pero intacta su inventiva, rutilante y en sazón. Se sabía al dedillo la Semana Santa. Horas, noches y días, hielos y soles, procesionando al frente de sus músicos, esos a los que defendía a capa y espada, y batuta, ante los ediles cambiantes y rampantes del Consistorio, como así bien consta en ciertos expedientes que se conservan intactos e impolutos en el Archivo de la Casa común de los conquenses. Cabañas coloreó de musical sonoridad aquellos desfiles antañones, de Miércoles a Viernes, con los pequeños Pasos venerables y los primeros puntiagudos capuces, aportando, de entrada, consagradas marchas de los más afamados autores y, con audacia, estrenos como el rompedor y teatral “Mektub” de Mariano San Miguel. Y, dando el salto decisivo, se lanzó a componer. Inauguró así el sentido y el talante luego seguido y practicado por sus hijos: servir y no servirse; laborar y labrar su mejor arte para, con él, engrandecer la Pasión magna, apasionada y compartida. Y la cosecha fue feraz y memorable. Cuenca Nazarena 47
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Con su hijo de la mano (1963); en Procesión, con la capa morada de Presidente; conversando en el descanso en la Plaza Mayor (Fotos: Colección Familia Cabañas)
Tienen las marchas de Nicolás Cabañas un aire de especial gracilidad y un sello genuino. Lo primero y principal era ser consecuente con el objeto y destino: ayudar al bancero como balsámo eficaz en su orgulloso esfuerzo; avivar de luz, desde el sonido, el discurrir de los cortejos; señalar la cadencia y la esencia, marcapasos del alma. Dicho y hecho. Escrito y compuesto. Escuchándolas ahora, noventa años de por medio, mantienen fresca y radiante la lozana tersura del origen, de la primera vez. Les pasa como a ese Apóstol eternamente joven de la madrugada, de la palma, del manto verde como la primavera. Amén de la citada, himno oficial que suena y sueña (ya sabemos, el “San Juan”), perviven y descuellan piezas inolvidables grabadas a fuego y gloria en nuestra memoria sentimental: “Muerto en la cruz”, “Christus”, “El Descendido”, “Dolor de Madre”… Y, junto a ellas, el asombro de las innumerables numeradas, porque el Maestro casi siempre optaba por ponerles sin más, y sin darse importancia, un número por nombre. Sean aquí varios ejemplos: la “nº 10”, digna de tal nota, solemne en su patetismo, bellamente fúnebre; la “nº 12”, impecable y de libro para un exacto desfilar sin confundir el paso; o la importante “nº 20”, paradigma de ortodoxias, con un primer tema emotivo seguido del fuerte de bajos contundente y canónico, para rematar con la sorpresa asombrosa de un trío que es toda una declaración de puro casticismo. Acabo este repaso breve e insuficiente con la cita de otra marcha sonada en todos los sentidos, “Beso traidor”, para enlazar con el apartado que llega.
LA HERMANDAD FAMILIAR No bastaba con acompañar y dar voz en madera y metal, sumando y multiplicando, entre las filas y los Pasos, uniformados de “nazarenos con gorra de plato” cual define la feliz expresión bien acuñada del ayer. Y por eso decidieron los músicos de Cuenca incorporarse, uno a uno, uno tras otro, a una elegida Hermandad: la del Prendimiento de Jesús, Beso de Judas; la de la noche blanca, como la luna, como la túnica, como el capuz. Y se hicieron “del Beso”, como se le decía,
que así la llamaban nuestros padres. Al frente, los Cabañas en bloque. Fue el comienzo de algo grande, muy por encima de una bella amistad: era, sigue siendo, una historia de amor. Lo de menos sería el no poder compaginar la tulipa con el bajo, la horquilla con el trombón, el cetro con la batuta. Lo más de lo más, el ser unos más, nada menos. Y cuando falta hacía, a la decisiva hora de la verdad, en los difíciles finales, se arrimaba sin reservas el hombro en mezcolanza sincera y fraternal de las cruces con las liras. Llegó el treinta y seis, con la tragedia de una incivil, crudelísima y absurda guerra para nunca más amén. Se libró Don Nicolás del frente por su ya avanzada edad, sesenta y cinco largos, y de las balas criminales porque Dios quiso, por fausta suerte y hasta para cumplirse el escrito mandato del wéstern clásico: “no disparen al pianista”. Después toco restañar y, por los mejores, practicar el perdón, el silencio, la paz y la caridad. Cada uno en su lugar y a su manera. Cabañas padre lo hizo dirigiendo postreramente, al alimón con su sucesor Jesús Calleja, la Banda de Música. Y los Cabañas hijos, reorganizando la Hermandad que lleva en su nombre y título, y así cada vez más se le designa hoy, al discípulo pobre y desgraciado, “el Judas”, cooperador necesario, malvado oficial, pero no tan distinto ni distante del predilecto Pedro: ambos fallaron en lealtad, delatando y negando; los dos también, y muy pronto, se arrepintieron; fueron de gracia pordioseros y, por Dios ser el que es, redimidos. Presidió Alfonso, el mayor de los dos vástagos varones, la primera Junta de la nueva época del Prendimiento, asumiendo, de seguido y por décadas, la Tesorería, esto es y hablando en plata, el control de la bolsa de monedas, muy mermada en ese tiempo, como la que suele mostrar el mismo Judas en su otra iconografía pasional. Y el menor, Aurelio, discreto y a la zaga, fue joven y entusiasta bancero para enseguida, llegado su momento y sin buscarlo, verse elegido Secretario mediados los cincuenta; luego, pronto, le tocaría, en condición de Representante, la Presidencia de la entera Procesión: toda la responsabilidad sobre sus hombros de hombre, en máxima exigencia.
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Y, mientras tanto, la vida. Las alegres actuaciones del “Sexteto Cabañas” tiñendo de ilusión la ciudad no tan gris; los premios en cadena ganados por Alfonso en su faceta de pintor acuarelista excelso, entre ellos varios carteles de Semana Santa, el primero en el cuarenta y dos; los proyectos hermosos de las artes bellas. Y las penas que también son inevitable ley, de vida y muerte: el patriarca Nicolás fallece en febrero del cuarenta y ocho, a los setenta y siete recién cumplidos; fue el suyo un entierro con Cuenca echada a la calle, tras de su féretro y de sus músicos en fúnebre desfile interpretando “Christus”. Tocando que tocaba seguir.
LA JUNTA DE COFRADÍAS Dedicar quiero este especial capítulo a un tiempo crucial, de cruz, de encrucijada, del cual en parte ya soy presencial testigo y Aurelio fue del todo muy activo hacedor, eso sí, siempre sin vanidosos afanes de protagonismo por su parte: las únicas ínfulas al uso eran las anchas cintas de la mitra episcopal, sin cabida para las miras estrechas. El buen ojo clínico lo tuvo Don Manuel Sáiz Abad, como con él lo tuviesen antes el caballeroso Carlos Albendea y el soñador Emilio Sáiz, mi vecino entrañable. Manolo, magno factótum de la Semana Santa entera, para ella verdadero hombre orquesta, que aquí nos viene como un guante el símil musical, se fijó en el menor de los Cabañas, a la sazón, y en sazón, ya todo un hombre cuajado, hecho y derecho como sus andares elegantes, probo en su vida e ímprobo en su honrado trabajo de funcionario en Abastos; con abolengo y con galones; trece años más joven que él. Y lo fue arrimando a la Junta de Cofradías. Acercarse a la historia de aquel tiempo, del previo y del inmediato ulterior, requiere el ejercicio, elemental pero necesario, de ponerse en la situación y circunstancias nada fáciles de tales momentos. Amén del mandato evangélico de no juzgar para no ser juzgados, ya puestos en el brete es menester ineludible valorar con buen juicio, ser justos, juiciosos. Y si lo hacemos así, por exigencia moral, todavía gana y crece más la agigantada dimensión de quienes primero emprendieron la reconstrucción, luego consolidaron y por fin, nos entregaron una Semana Santa en esplendor. Mandaban, en lo espiritual y principal, las sotanas, que el anglicista clergyman ni se veía; en lo material y organizativo, con bastantes matices y demasiadas reservas, las túnicas, con las Instituciones públicas a veces ayudando y otras más enredando e imponiendo; nada nuevo. Sáiz Abad fue catalizador de todo el proceso, de todos esos equipos que deberíamos saber y recitar de memoria como las delanteras de los clubes campeones. Y presidió la Junta, seglar él como su predecesor Albendea Escribano, nazarenos los dos, hasta que el Obispado instituyó, año sesenta y vía reforma estatutaria, el cargo del Asesor Religioso-Presidente. Y luego se las apañó para coexistir y colaborar lealmente con éste, o sea, con Don Aristeo Del Rey Palomero, llamado “el Magistral”, sonora y exactamente, entre la devota grey, por su función catedralicia. Fueron los años de un tándem singular y conjuntado: presidiendo, el precitado Canónigo, cuatro veces además pregonero antes, durante y después, con su favorita y logradísima
expresión del “rosicler del alba”; Secretario, Ángel Martínez Soriano, otro de los más grandes. Los textos oficiales redactados entre ambos, con brillantes toques por doquier, merecen agavillarse en florilegio. Con ellos dos, y con todos, de presidente a presente, siempre omnipresente, ese Don Manuel al que le gustaba ver y oír las Procesiones, él casi a solas y a sus anchas, desde el Puente de Palo. La posterior sucesión de sucesores sacerdotes al frente de la Junta fue casi un vértigo por razones diversas: Don Martín Garcés y su ganado empeño por conseguir el edificio de Solera; Don Amadeo, enorme y efímero; el animoso Don Francisco Bermejo, que en Cuenca tuvimos también nuestro “cura Paco”, de “Los Tiradores”. Y luego llegó Don Santos, que aceptó, pues así dijo y lo creo, por obediencia. Entre los renovados nazarenos rectores, como siempre sin querer, descolló desde el principio, de lejos, y de cerca por su cercanía cariñosa, la delgada, recta y, hasta en lo físico, juncal figura de Aurelio Cabañas. Él era y significaba la seguridad, el prestigio, la confianza; a la vez la continuidad y el avance, la sensatez y la ilusión; el saber estar, el buen hacer y el límpido ser. Tuvo que avivar más su luz, conforme se apagaban Manolo y Don Emilio, bien tranquilos y en paz: uno se nos marcharía amortajado de paisano, mas con su túnica remetida bajo los brazos; el otro, sabido es, en aquel Martes Santo con su Magdalena en puertas, y añado ahora que fue Aurelio quien prendió el crespón negro en la morada colgadura del viejo balcón de Carretería, con la Procesión ya llegando apremiante y el sonar de los tambores ahogando el llanto de Matilde. Pero antes les dio tiempo a todos de ver la tierra prometida, la gran Semana Santa por la cual vivieron y se desvivieron; sus Hermandades florecientes, recrecidas; el mosaico nazareno más completo, con más brillo. Y levantando acta, como flamante y constante Secretario de la Junta común y de su puño y letra, el hermano Cabañas. Contemplo ahora una fotografía, aquí reproducida, que es toda una estampa de época y ya tiene sobrada antigüedad de cuatro décadas. La recuerdo muy bien porque yo estaba allí en aquella General acompañando a mi padre, en la Sala de las Cruces, más o menos con la misma perspectiva de Pinós, el intrépido reportero gráfico que nunca se cortaba para levantarse y pulsar su máquina, con flash y sin molestar. Ahí tenemos a la cúpula en quinteto con la que nos hicimos mayores. De izquierda a derecha, es un decir y un escribir: Luis Villanueva Vergara, hortelano jardinero, de tez retostada y corazón ardiente; Eduardo Fernández Palomo, el vicepresidente, con gesto decidido y mirada penetrante; Don Santos Sáiz Gómez, máxima autoridad por mandato del Obispo; Aurelio Cabañas Cabeza, leyendo con prestancia el borrador de acta de la sesión precedente; en la esquina y casi fuera de la insuficiente mesa, José López Moya, el más joven de ellos, sosegado y atento. En aquel grupo dirigente y perdurado, con temperamentos fuertes, mucho tesón y no menos usos de sacristía, diplomacia cofrade y vaticana, Aurelio fue principalísimo factor de equilibrio, de moderación, de estabilidad. Humilde y noble, hijo fiel de la Iglesia y miembro igual de fiel, no cabía más, de las Hermandades de Cuenca; no sirvió, por ello, a dos señores sino al solo Señor. Nunca se lo agradeceremos lo bastante.
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Opinión Histórica cúpula rectora de la Junta de Cofradías. Aurelio, Secretario, lee el acta. (Foto José Luis Pinós, cedida por el autor).
Y además de ejercer con primor sus directas funciones, hizo mucho más, lo escrito y lo que no está en los papeles. Imposible pasar revista, aunque en Revista estemos, a toda su demasía, pero citaré algo de lo más esencial y diferente: el abrirse y salir para mostrar a los cuatro vientos, a las urbes y al orbe, nuestra Semana Santa. Su porte personal y esa amenidad natural de gran conversador como una seda,
nos hicieron quedar requetebién y sin superación posible en prensa, radio y televisión: dejó pasmado así a Joaquín Soler Serrano, el mejor entrevistador, en charla que éste fue prolongando sin atender al regidor, para “La Uno” y, entonces, única; algo parecido le pasaría luego con José Vicente, Ávila de Cuenca, cuando aquel experimento que nos hiciera de maravilla Ciudad Global.
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Sobre todo, en esta difusora tarea, se lanzó por carretera y tren convencional para asistir a las citas congresuales nacionales nazarenas. Se acabó el autismo confortable, para estar donde hacía falta, enseñar al que no sabe y corregir al que yerra, siempre dándonos la tabarra algunos ajenos sabiondos, que ni sabios ni hondos, con la leyenda negra y cansina de las Turbas. Pasó por Villagarcía de Campos y por Zamora, con Rafa Pérez padre, trabando santa alianza con los Pedrero
Yéboles. Luego, ya conmigo de escudero, pusimos pica y horquilla en Valladolid o en Jumilla, y él, en singular, señoreó Murcia. Nos puso y nos pusimos en nuestro sitio, el merecido, a la alta altura de las reales y elevadas circunstancias, al lado de nuestras competentes competencias de norte y sur, pero ni un paso detrás; ni de Sevilla y Málaga. Y sí, ya sé que otros siguieron y seguimos, pero quien empezó fue él.
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Opinión
Ilustraciones de Aurelio Cabañas para el Pregón de José Miguel Carretero. Año 1987
PINCELADAS Y ACORDES Volvemos a la música y vamos a la pintura. Nadie se merece más la definición de nazareno del arte que Aurelio Cabañas. Y ahora que él nos da licencia, y nos oye igual de bien o mejor, repasamos unas cuantas verdades. Por demasiado tiempo se empeñó en negar las evidencias, negándose a sí mismo por encima de la frase evangélica: los artistas, insistía, eran su padre y su hermano. Así es que tuvo y retuvo Aurelio media vida su arte más que oculto en espera. Y la epifanía llegó primero para la pictórica expresión, con motivo de un encargo personal de la Caja Provincial de Ahorros, que entonces lo era todo y ahora no es; pronto vinieron las peticiones a mansalva y las exposiciones exitosas de acuarelas y aguatintas, de óleos y de acrílicos: su Júcar, sus Hoces, sus campos, sus calles; su Cuenca. Y, claro, en inspiración sublime incontenible, las escenas de Procesión. Es evidente, por unanimidad exultante, que nadie como él ha dibujado ni trazado, tanto y tan bien, en blanco y negro y en el arco iris entero, los nazarenos y los Pasos, en claroscuro, en las esquinas, en las vueltas y revueltas, en el puente, en la noche y en el día; en el santo amanecer. Suerte la nuestra. Y buena raza la de su hijo Cabañas González, también de nombre Aurelio y pintor exquisito, que en ello suma y sigue. Dejo apenas apuntado, en un paréntesis, que Aurelio padre y su compadre Emilio López Drake, compañero de hazañas inverosímiles pero veraces, como un vuelo compartido en un caza del ejército americano, válganos Dios, idearon patentándolo un peculiar y popular torico, nada turolense y sí conquense, que fundido en metal se exportó a medio mundo. Y retorno a los cuadros y al marco incomparable y sin paspartú de la Semana Santa: se entusiasmó Aurelio con el en-
cargo del cartel oficial para 2002; buen regalo a sus ochenta y dos; en realidad, una decisión inteligente y de recta justicia. Y, naturalmente, lo bordó, como a la vista y para siempre está: esos nazarenos flamantes como su ánima y, al fondo, la silueta de la Cuenca amada, unida sutilmente al cielo rojizo y cárdeno de la noche niña. Es hora, ahora, de pasar al do-re-mi-fa-sol. Por descontado, era músico Aurelio: a la clara, melómano; intérprete en privado; autor secreto. Sólo en su atardecer se declaró, y sin alardes, con esa modestia suya pudorosa y el temblor de la ofrenda primicial, tierna y jugosa. Porque antes concentró los cabales afanes en cuidar la memoria y la obra de su padre, que no se le olvidase, que lucieran escuchadas sus composiciones. Les hizo con tal fin un marcaje muy severo y estrecho a todos los Directores de la Banda de Cuenca: Lucio Navarro, Aníbal Carricoba, Aurelio Fernández-Cabrera, Juan Carlos Aguilar. Y ellos, me consta, lo entendieron y trataron con el respeto debido y una admiración real. El mismo atestiguado a la recíproca, embelesado en las actuaciones: “¡Qué bien suena!”. Eso le dije yo también cuando en su casa del Parque, con amplias vistas a la acrópolis y, más cerca, de soslayo intuido, al kiosco de la música, me llevó por vez primera a la habitación del piano y se puso a tocar. Empezó por “Dolorosa”, de San Nicolás, y yo no daba crédito. Poco a poco se fue animando más y más hasta mostrar tan sólo la esquinita de alguna creación suya en ciernes: no sabía la que se le venía encima. Hasta que ello sucediese, asedio, asalto y toma, pasaron bastante tiempo y muchos avatares, perdurando melodías. Lo peor, para todos, fue la muerte de Alfonso, en el noventa y dos, fatalmente atropellado por una moto. A instancia de
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Cartel Oficial de la Semana Santa de Cuenca de 2002. Autor: Aurelio Cabañas Cabeza
Aurelio hablé con el Ayuntamiento: la Banda Municipal desfiló acompañando al fenecido, desde la esquina del Gobierno Militar hasta San Esteban, a los sones de “Marco Pérez ha muerto”, la sentidísima y doliente marcha fúnebre que el mayor de los hermanos Cabañas le hiciese y dedicase a quien de joven fuera su maestro de dibujo y modelado y al fin, para Cuenca y el mundo, escultor sinigual. Por buscada fortuna, no faltaron los gozos sin sombras, ligando Música y Pasión con mayúsculas de honor. Citaré varios hitos escogidos, respetando cronología como hacemos en nuestras Procesiones. Y empiezo por el año ochenta y cinco, cuando ideó e inauguró, con su autoría y su autoridad, el rito extraordinario para la Función de su Hermandad del Prendimiento, añadiéndole un sabroso ingrediente y estando él en su salsa: incorporó a la Banda de Horcajo, la del pueblo del Vítor, la del facundo y fecundo Director Exuperancio, todo un disfrute verlo desfilar con esa faz riente al frente de sus músicos. Y aquello fue, y es, la fiesta con los cinco sentidos: fresca mañana, Domingo de Pasión, recibimiento en la Plaza de Cánovas (ahora del Nazareno, y viva la Constitución), pasacalles por Carretería con la Directiva escoltando, entrada en la Iglesia parroquial, cuatro marchas durante la Misa Solemne, bendición para ir en paz camino del “Alfonso VIII”, desayuno colosal y universal sin control de acceso al local y al caliente chocolate, pasodobles en la acera y, para despedida, “Nuestro Padre Jesús” y “San Juan”. Casi nada. Todo. Sigo con el noventa y seis. Codo con codo, en la sala dos del Auditorio, vivimos la grabación del disco de su padre para Rtve por la Banda de Mota con Jaime Charco al mando: Aurelio estaba en éxtasis total, con los pies en el suelo y, a la vez, levitando. Raro es el año en que los de la tele pública,
con fino paladar, no ponen como fondo musical “Muerto en la cruz” en sus reportajes de Semana Santa: es nuestra divina presencia en los telediarios, porque en imágenes no suele haber manera y salen los de siempre, con la Giralda y con Banderas. Oído. Y saltamos, en última etapa, hasta una década más. Entremedias, y ya personalizo, lecciones suyas por entregas y entregado; audiciones memorables, intercambiando cintas y discos, catadores de esencias. Giraba el vinilo, sonaba “Sueño eterno” de Texidor y glosaba Aurelio:”Yo lo conocí, al Maestro…”. Y brotaba el anecdotario como agua clara de manantial. Y me abría su sapiencia de vademécum, su enciclopedia: la Biblia en verso, y en corcheas. Llegó el momento de la verdad ya contada y que resumo. Él tenía la marcha casi hecha, alma, vida y corazón: la introducción, los temas, el fuerte, el puente, el trío. Lo sabíamos ambos y mi insistencia se acercaba a lo cruel: termínala, no te la guardes, deja que nos deleitemos; publícala. Al final, entre Javier Vidal y yo le hicimos un dos contra uno tremendo y sin escapatoria, pero por su bien. Y por el de todos. No era una cruz sino la luz más luminosa y la alzó con la ayuda en el instrumentar de Óscar Contreras. Aurelio, padre y creador, le puso el título a su obra: “Semana Santa en España”. El estreno fue en Valladolid, uno de abril de dos mil seis, Concierto Sacro Gregorio Fernández, Banda de la Guardia Civil. Tiemblan mis manos porque conmigo tengo, atesorados, los borradores con correcciones de lo que él escribió para decir aquel día: se lo pasé a máquina. Allí, en la Castilla fría, fue profeta; las salvas de aplausos llegaron al Pisuerga. Y aquí, después, en su Cuenca ardiente, con su Banda querida, Concierto indeleble del Huerto, las ovaciones le llegaron al alma.
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Opinión
NAZARENO EN CUERPO Y ALMA Hacemos girar hacia atrás el barojiano reloj de las hirientes horas. Porque Aurelio Cabañas, artista, pintor y músico, humano y humanista, era, es y será, por la gracia de Dios y sobre todo, nazareno de Cuenca. Lo reencontramos metido en faena, ya años noventa, con la capa morada presidiendo el desfile del Miércoles. Empezó a ser y pesarle demasiado: abarcar de cabecera a cierre, desde La Cena y el Huerto hasta La Amargura, subir y bajar, ir y venir, estar y ser. Cumplidos los setenta y dos, Aurelio impuso su autoridad para dejar el cargo y carga en las manos, espaldas, cabeza y pies de su fiel Tino Rodríguez. Aliviado se sintió. Y, más tarde, triste cuando ya no se notó capaz de revestirse para hacer entera y bien la Procesión de sus amores. Lo vi verla, yo en la fila tapado y él, anhelante de añoranzas, observándonos pasar bajo las hiedras. Y sufrimos. Todavía volvió, con su donosura innata, con ilusiones intactas. Fue para el centenario del “Silencio”. Y lo hizo a lo grande de su inmensa humildad: detrás de su Paso, nazareno del honor, con sencilla tulipa, capuz y túnica rematada por una cola inusual y larguísima cual manto de Soledad, como su vida propia. Desde el sagrado introito de la Hoz, Puerta de Valencia, inicio de la cuesta, conmovidos contemplamos la histórica escena, inolvidable: la calle entera llena de una albura nívea, resplandeciente; el Paso alzado enfilando la subida y él, tras de Él, con un andar frágil y decidido, lento y solemne. Yo me lo imaginé así cuando Aurelio entrase en el cielo: en traje de labor y de amor, nazareno del tránsito y con su luz de cera ardiente, crepitante de fe. Y se lo conté. Al poco, se me presentó en casa, con el estupendo libro de Luisma Calvo “El Prendimiento. 100 años de Historia”. Releo ahora, con los ojos empañados, y transcribo, fidedigna y exacta, su dedicatoria manuscrita: “José Miguel. Tú que entiendes bien la Semana Santa, quiero que
conserves un recuerdo de “El Prendimiento”, pues ya está cerca la “Agonía”. Aurelio.”. No estaba, gracias a Dios, tan cerca. Hubo un regalo añadido de doce años más, que transcurrieron apacibles e imparables; nos quedó corto aunque intenso. Pasé de tutelado a casi tutelar algunas de sus horas. Se vio y sintió querido. Se lo merecía. Lo mantuve al tanto de lo que más le importaba en nuestro pequeño gran mundo; no le faltaron los programas, los discos, los cariños, los conciertos: tú avísame, que para las Misas me citan seguro. E iba a todo y todo lo llenaba. Fue llegando el final, aunque caía y se levantaba floreciente como una siempreviva. Pervivía su afán de conversar y sorteaba los pequeños accidentes vasculares de su privilegiada mente dándole al fluir tan expresivo y agudo de su verbo un tempo rubato sinigual, cual director de orquesta vienesa para la Musikverein. Recién llegado del último ingreso hospitalario, se acercó a su piano. Sus hijas, Isabel y Amparo, se afanaron en grabarlo con el móvil, tras de él. Me lo acaban de poner: Aurelio, como un rey, como un mito, como los propios ángeles, pulsa el teclado. E interpreta, sin partitura alguna y de memoria, “Hey Jude”, de los Beatles. Si es que no se podía ser más clásico, ni más moderno, ni más eterno. No sé cómo voy a pasar esta Semana Santa del dos mil diecisiete. Ni quién me va a decir ahora que tranquilo, que no tema a la lluvia aguafiestas, y eso que toca abril. Ya nos echará una mano. Y nos dará alas, él ya un ángel. Alborea en el cielo. Viste de blanco Aurelio, con su cruz de corazones bien flamante. Es hora de Procesión. Se ajusta y remanga ese capuz que le dejaron pasar; saluda a Pedro, flanqueado por Judas redimido. Y con su venia, da la orden: salimos; tambores; arriba y al brazo; al hombro. Suena y sueña su Música. Está y estamos en la Gloria.
ALGUNAS REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS · Ávila Martínez, José Vicente: “Aurelio Cabañas Cabeza, icono de la Semana Santa de Cuenca”. En www.elblogdecuencavila.com. Cuenca, 2017. · Cabañas Alamán, Fernando Juan: “Nicolás Cabañas Palomo. Un hombre, un músico… un conquense”. 89 páginas. Cuenca, 1996. Rne para Rtve-Hoces Nazarenas. · Calvo Cortijo, Luis: “50 años, y… un día, de la Semana Santa de Cuenca (1940-1990). Cuenca, 1990. Ed. Excmo. Ayuntamiento de Cuenca. · Calvo Rubio, Luis Mauricio: “El Prendimiento. 100 años de Historia”. Cuenca, 2004. Ed. V. Hermandad del Prendimiento de Jesús (Beso de Judas). · Carretero Escribano, José Miguel: “Acerca de la Semana Santa en Cuenca: Imágenes e imagineros; las marchas procesionales; Vida, Muerte y Vida”, en Jesús Nazareno y Rescatado
de Medinaceli. Actas del IV Congreso Nacional, Cuenca, UCLM, 2005, pp. 103-140. · Carretero Escribano, J. M. : “Música procesional: los Cabañas, estirpe de compositores conquenses”. En “Pasos de Arte y Cultura”. Madrid, 2008. Nº 5, págs. 49-51. · Carretero Escribano, José Miguel: “Aurelio Cabañas: cruz de corazones”. En vocesdecuenca.es. Cuenca, 2017. · Domínguez Carrascosa, José Javier: “Muere el pintor y músico conquense Aurelio Cabañas Cabeza”. En vocesdecuenca. es. Cuenca, 2017. · Pérez Valero, Antonio: “A través de mi capuz”. Cuenca, 1997. Ed. Excma. Diputación Provincial de Cuenca. · Torres Muelas, Rafael: “Fallece Aurelio Cabañas, nazareno y pintor”. En rafatorrescuenca.blogspot.com.es. Cuenca, 2017.
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En su casa, apoyado en el piano familiar. (Foto Reyes Martínez, cedida por “La Tribuna de Cuenca”).
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Opinión
IN MEMORIAM
Por Antonio Abarca Contreras Coordinador de publicaciones de la JdC
En el entorno nazareno conquense somos muy dados a catalogar, renombrar o clasificar a las personas que de una u otra forma participan o tienen que ver con nuestra celebración por excelencia: la Semana Santa. Así, hablamos de banceros, nazarenos de tulipa, músicos nazarenos, nazarenos de tambor o corneta… Incluso hablamos de nazarenos de acera para referirnos a esas personas que, apostadas a los lados de las calles, contemplan el paso de los desfiles procesionales. Importantísimo papel el suyo ya que, de no contar con su presencia, carecerían de todo sentido nuestras procesiones. Pero al fin y al cabo, todos, nazarenos. Nazarenos conquenses. Cada uno con su papel, con su cometido en la magnífica demostración de fe y tradición, tradición y fe que supone la conmemoración, año tras año, Primavera tras Primavera, de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo en Cuenca. Sin embargo hay un colectivo del que muy pocas veces nos acordamos y que ha constituido y constituye una parte primordial para poder alcanzar el principal objetivo de todo nazareno que se precie, y que no es otro que el de transmitir a las generaciones venideras la verdadera identidad heredada de nuestra Celebración. Me estoy refiriendo a los reporteros gráficos. Personas que, con sus instantáneas o sus películas, son capaces de atrapar las peculiaridades de las “Semanas Santas” que les ha tocado vivir. Creaciones que resultarán de vital importancia para ver la
evolución que ha tenido la Semana Santa conquense con el paso del tiempo; y que a la vez deben constituir un testimonio riguroso para que nunca se pierda la verdadera esencia de la Semana Santa de Cuenca. Permitidme que simbolice la admiración y reivindicación que siempre he tenido por estos auténticos nazarenos, nazarenos de la imagen o del recuerdo, en la persona de Gregorio Cubillo Magán, “Cubillo” -como amigablemente le conocíamos en Cuenca- quien falleció el pasado 27 de enero. Cubillo ha sido y será uno de los mejores cronistas gráficos aficionados de Cuenca. Tanto con sus fotografías como con sus películas ha sido capaz de captar, con precisión exquisita, aquellos detalles que hacen que esta tierra y sus gentes tengan bien ganado el apelativo de “única”, con el que internacionalmente se nos conoce. Cubillo era un apasionado de la imagen, de la luz, del color… Un verdadero maestro del enfoque y el encuadre. Pero, sobre todo, Cubillo era un auténtico enamorado de Cuenca. Pocos acontecimientos de nuestra provincia quedaron sin ser recogidos por Cubillo en su etapa más prolífica. Pero si, de entre todos, él hubiera tenido que escoger uno que le atrajera especialmente, estoy convencido de que hubiera elegido la Semana Santa de Cuenca. Yo, como buen conocedor de su afición y de la calidad de su trabajo (y él como amigo de la familia que era y seguirá siendo, pues su recuerdo vendrá con nosotros hasta el fin de nuestros
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días), fue la primera persona a la que recurrí, allá por el año 2000 -cuando la Comisión Ejecutiva tuvo a bien ponerme al frente de las publicaciones oficiales de la Junta de Cofradías- para que me dejara alguna de sus fotos con el fin de que ilustraran el programa y la revista de ese año. Su respuesta fue inmediata, poniendo todo su archivo fotográfico a mi entera disposición. Y así continuó, año tras año, hasta la edición de éste mismo. En él encontré a la primera persona que me dio su apoyo incondicional en mi trayectoria como responsable de las publicaciones de la Junta de Cofradías. Él fue mi primer y mi mejor “censor” a la hora de seleccionar las fotografías y los contenidos de las publicaciones que cada Cuaresma, puntualmente, recogían el devenir nazareno de todo un año; y el mayor crítico a la hora de valorar el resultado final. Aspecto éste por el que siempre le estaré muy agradecido. En estos últimos años, era su costumbre que, al poco de terminar nuestra Semana de Pasión, se pasara por mi trabajo para referirme con su voz socarrona y su particular ironía, y siempre esbozando una sonrisa: “¿Se puede? Aquí te traigo lo de este año. A ver si te vale algo. No vaya a ser que….” Yo siempre le cortaba… Nunca quise dejarle terminar la expresión. No quería ni imaginar que un día él también faltaría a su cita. Y acercándose a mi mesa de trabajo me pasaba la tarjeta de memoria de su cámara -ahora ya digital, aunque le costó abandonar la tecnología analógica- para que me descargara las fotos de ese año. Y de igual forma ocurrió en el 2016, por lo que también este año, las
publicaciones de la Junta de Cofradías contarán con la valiosa aportación de Cubillo. Gracias a Cubillo la Junta de Cofradías cuenta con una espléndida colección de diapositivas con instantáneas de las Semanas de Pasión conquenses de los años 90. Y de un amplísimo número de sus fotografías en formato digital. Él fue el primer contribuyente al magnífico archivo fotográfico con el que actualmente cuenta la Junta de Cofradías. Pero no acaba aquí la colaboración de Cubillo con la institución nazarena. Hace unos años nos hizo entrega de todas sus películas que tenían que ver con el mundo nazareno. Películas que constituyen un auténtico archivo de extraordinario valor documental, al recoger momentos de los desfiles procesionales de las décadas de los ochenta y noventa. Excelente legado con el que Cubillo nos obsequia: cientos de imágenes en horas y horas de grabación, capturadas en diferentes formatos y ya convertidas a formato digital tras días y días de trabajo, poniéndolas a disposición de todos los nazarenos conquenses presentes y futuros. Reiterar desde estas líneas, centradas en este modesto homenaje a Gregorio Cubillo Magán, que sirvan también como reivindicación hacia tantos y tantos “nazarenos del recuerdo” que contribuyen con sus obras a difundir todos los aspectos, desde los más triviales y frívolos, a los más profundos e íntimos, de nuestra Semana Santa. Muchas gracias, amigo, por tu colaboración y por tu apoyo. Hasta siempre Gori. Adiós nazareno.
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Opinión
Por María Fraile Yunta
Historiadora del arte especializada en arte español del siglo XX
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“El negro es como una hoguera quemada, algo inmóvil como un cadáver (…). Es como el silencio del cuerpo tras la muerte”¹, el final de una vida tras la que ha llegado la noche: “el reino de las almas profundas y vigilantes, la cumbre de la más alta meditación; el blando reclinatorio de las plegarias, el espejo más puro de lo sobrenatural (…)”². De él se hacían eco los pintores de una España enferma donde solo la muerte pareciera dar lugar a la creación de cosas grandes, de obras de arte teñidas de un color negro que harían incluso hablar de una realidad nacional “negra”. La ferviente religiosidad española propia de la “España negra” sería reflejada por pintores como Zuloaga o Solana, hitos en una secuencia temporal que nos haría partir de Goya hasta llegar a los pintores informalistas de la posguerra -a quienes tanto fascinó Cuenca-. Y algunos de estos últimos pintores volvieron a hacer de la muerte el eje central de obras donde el negro evocaría no solo la tradición hispana más profunda sino la oscuridad de los ataúdes en los que se hallaba apresada el alma de gritos ahogados que se tornaron arañazos sobre un muro ante el que no cabía más que guardar silencio. También silencio ha de guardarse frente a Transparente Rosa (1964), obra de Fernando Zóbel empleada en el cartel de la Semana Santa que nos lleva desde la cuarta letra de la semana más grande de Cuenca hasta el capuz que cubre la cabeza de los banceros, que, a paso lento, ascienden hacia la cumbre del triángulo místico que hace conectar con el alma divina. Desde el vértice del capuz una quebradiza línea dibuja en el espacio un camino ascendente que conduce más allá de la superficie desnuda donde la ausencia de figuración recuerda que nada importa más que ascender hacia esa región espiritual donde el objeto de culto frente al que posarse sobre el reclinatorio negro de las plegarias no es más que un cuerpo aniquilado por el dolor, un ente desnudo que ya no es más que sangre de color púrpura. En Transparente rosa no sucede nada porque ya ha sucedido todo lo que podía suceder y ante la barbarie solo cabe permanecer en silencio, en un silencio en el que ni la narración ni la anécdota desvían la atención de ese trayecto en el vacío por el que ascender sin obstáculos desde la cuarta letra de la semana más grande de Cuenca hasta el triángulo místico que dibuja el capuz cuyos ojos no necesitan ver más que el recorrido que describe la línea que les llevará hasta el vértice de la cumbre a la que no es posible llegar más que a través del dolor al que fue sometido el cuerpo divino coronado de espinas. Apuntaba Kandinsky en De lo espiritual en el arte que “el período materialista había producido en la vida, y por tanto también en el arte, un espectador incapaz de enfrentarse simplemente al cuadro, en el que, cegado por los medios externos, lo buscaba todo menos la vida interior; que al ser humano no le gustaban las profundidades y prefería quedarse en la superficie porque le costaba menos esfuerzo (…). Pero este esfuerzo será menor si nos limitamos a adentrarnos en silencio por el espacio desnu-
do de Transparente rosa: transparente como las vidrieras de colores que desmaterializan los muros de la catedral gótica, desmaterializado de igual forma que los muros de la misma lo están por esa luz coloreada para dirigir nuestra mirada hacia el lugar que indica esa línea en el espacio, el vértice de ese capuz o triángulo místico por el que a medida que ascendemos sentimos una mayor confusión e incertidumbre. Al adentrarnos en este triángulo místico podemos sentir el mismo miedo que sienten los pasajeros de un trasatlántico cuando la tierra firme desaparece en las tinieblas de alta mar, pero este nos llevará, como en una danza que crea formas emancipadas en el vacío, a contribuir a la construcción de esa pirámide espiritual que, según el pintor alemán, un día llegará hasta el cielo. No es posible llegar hasta el cielo más que librándonos de la naturaleza externa, de esa materia que ocupa el espacio desnudo entorpeciendo que miremos con los ojos del alma y escuchemos en nuestro interior la música que emana de los colores cuando estos no se empeñan en describir objetos. “Cuando la religión, la ciencia y la moral se ven zarandeadas y los puntales externos amenazan derrumbarse, el hombre aparta su vista de lo exterior y la centra en sí mismo, y la literatura, la música y el arte son los primeros sectores en los que se nota el giro espiritual”, decía el autor citado. Si sumamos lo anterior al hecho de que el sentir íntimo de un período puede conducir a la utilización de formas que en otro período anterior respondieron a las mismas necesidades, comprenderemos la recurrencia, para ilustrar un cartel de carácter religioso en la Cuenca del siglo XXI, al lenguaje abstracto empleado en los años cincuenta y sesenta del siglo XX, cuando éste -a la par que en la ciudad a través de la creación del Museo de Arte Abstracto en 1966- fue abriéndose camino en las iglesias -como muestran la capilla de Ronchamp o el Santuario de Aránzazu-, abundaron interpretaciones del mismo desde el punto de vista religioso e incluso la Iglesia Católica se convirtió en auténtica plataforma de lanzamiento de la abstracción. Decía A. López Quintás en 1968 -cuatro años después de que Zóbel creara su Transparente rosa- que el arte de sus días se fraguó al mismo tiempo que el Existencialismo, movimiento que corría el riesgo de dejar al hombre en el vacío para ponerlo en la tensión de trascendencia. Pero esa misma trascendencia parece anhelada en una época difícil -igual que lo fue la previa a la Primera Guerra Mundial o la posterior a la Guerra Civil española- en la que resulta felizmente oportuna la elección para ilustrar una realidad espiritual de una obra cuya desnudez espacial nos libra de los obstáculos que nos impiden ascender por esa pirámide espiritual que un día llegará hasta el cielo: ese cielo hacia el que se dirigieron los ojos de Cristo crucificado pidiendo clemencia y que, como cualquier realidad abstracta, nos insta a creer sin ver, a sentir sin comprender…
¹ VASILY KANDINSKY, De lo espiritual en el arte, 1912, p. 78. ² De un texto de CONCHA ESPINA, citado por BLAS CUBELLS VILLALBA en “Don Quijote y la filosofía de Miguel de Unamuno”, Apuntes para una charla dada en la Sala Apolo de Madrid en el año 2005.
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Opinión
Destruid este templo y en tres días lo reedificaré
Fotografía: Enrique Martínez Gil
Por Gregorio Martínez de las Heras
La palabra “triduo”, en la práctica devocional católica, sugiere la idea de preparación. A veces nos preparamos para la fiesta de un santo o, como hacemos con los titulares de nuestras hermandades, tres días de oración en su honor, o bien pedimos una gracia especial mediante triduo o novenario de plegarias de intercesión. La Cuaresma es en realidad un retiro de cuarenta días de preparación a la celebración de la Pascua. Absortos en los desfiles procesionales, dejamos a un lado mayoritariamente la celebración del Triduo Pascual. Sin embargo, para los cristianos son los días -Jueves, Viernes y Sábado Santo- más importantes del año litúrgico, los que nos traen la actualización del misterio pascual: Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. “Es preciso que observemos no sólo el día de la Pasión, sino también el de la Resurrección. En esto consiste el Triduo Sacro, en el que Cristo padece, reposa en el sepulcro y resucit” (San Ambrosio, Ep.23, 12-13) El Triduo surge como celebración de la fiesta grande de la Pascua, a partir de su vigilia. Hay que recordar que la celebración anual de la Pascual es del siglo II. En su origen, el Triduo estaba formado por el Viernes y el Sábado Santo, como días de ayuno, lectura de la Pasión y vigilia, junto al Domingo de Resurrección.
A partir de los siglos III y VIII, se añadió el Jueves que es, en realidad, el último día de Cuaresma y tiempo para preparar el Triduo. En la Pascua celebramos el memorial de la liberación salvadora, es decir, el tránsito de Jesucristo de la muerte a la vida, el paso de Cristo “ de este mundo al Padre” ( Jn 13,1). Toda la vida de Cristo es una Pascua: “Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre” (Jn 13,1). El Triduo Pascual es algo más que un mero recuerdo de los últimos días de Jesús o un aniversario de su muerte; es la celebración cristiana -sacramental y comunitaria- de la esencia del cristianismo; la asamblea más importante de cuantas celebran los cristianos es el redescubrimiento -siempre dominical y especialmente anual- de la identidad cristiana del ser y misión de la Iglesia en el mundo. La celebración del Triduo Pascual no es una celebración reciente, sino que hemos de retrotraernos al siglo II. A partir de esa época se sabe con certeza que había un día que tenía carácter de celebración anual de la Pascua del Señor. El ayuno anual terminaba el día de Pascua y es el germen de lo que desde el siglo IV aparece ya como un Triduo dedicado a celebrar el paso de Cristo de este mundo al Padre. En el siglo III, la Tradición apostólica de Hipólito menciona el ayuno del viernes
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y del sábado, que acaba con la eucaristía de la vigilia pascual. Otros testimonios como la Didascalia de los apóstoles, extienden el ayuno a toda la semana, pero concediendo un significado especial a los tres últimos días. Hasta el siglo VII, el Jueves Santo fue día de reconciliación de pecadores públicos, sin rastro de eucaristía vespertina, y es a partir de este siglo cuando se introducen dos eucaristías en este día; la matutina, para consagrar los óleos -necesarios para la celebración de los sacramentos- conocida como Misa Crismal, y la vespertina en la que conmemoramos la Cena del Señor. Todo el misterio del Jueves Santo y del Triduo Pascual se contiene en las palabras de Juan (13,1) “Era antes de Pascua, sabía Jesús que había llegado para él la hora de pasar de este mundo al Padre; había amado a los suyos que vivían en medio del mundo y los amó hasta el extremo”. Es significativo que los padres de la Iglesia, tanto san Ambrosio como san Agustín, conciban el Triduo Pascual como un todo que incluye el sufrimiento de Jesús y también su glorificación. El obispo de Milán, en uno de sus escritos, se refiere a los tres santos días (triduum illud sacrum) como a los tres días en los cuales sufrió, estuvo en la tumba y resucitó, los tres días a los que se refirió cuando dijo: “Destruid este templo y en tres días lo reedificaré”.
En la eucaristía del Jueves Santo, la Iglesia revive la última cena de despedida de Jesús -“Cada vez que coméis de este pan y bebéis de esta copa proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva” (1Cor 11,26)- y da comienzo la celebración de la Cena del Señor, día de reconciliación, memoria de la eucaristía y pórtico de la Pasión. Tras diversos avatares a través de la historia de la Iglesia, es en 1951 cuando el Papa Pío XII inicia la reforma de la Semana Santa por la Vigilia Pascual. La primera medida fue hacerla volver a su hora natural nocturna. Y así ocurrirá en 1956 respecto a la misa vespertina de la cena del Señor y de la acción litúrgica de la Pasión, el Jueves y el Viernes Santo respectivamente. La reforma litúrgica del Concilio Vaticano II es también explícita en este punto. El Jueves Santo celebramos el día del amor fraterno, la institución de la Eucaristía y del sacerdocio. La alegría del Jueves Santo arranca de comprender que el Creador se ha desbordado de cariño para sus criaturas e instituye la EUCARISTÍA, “ fuente y cima de la vida cristiana” (LG 11), para que podamos tenerle cerca siempre. Participando en los oficios litúrgicos, podemos darnos cuenta del misterio que entraña este día. La celebración de la Hora Santa ante el “Monumento” se hace el Jueves Santo por Cuenca Nazarena 63
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Opinión
Fotografía: Enrique Martínez Gil
Este es el día en que actuó el Señor
la noche o bien el Viernes en la mañana. Esta Hora Santa es un periodo de meditación de textos bíblicos, fragmentos religiosos, oraciones de petición y de acción de gracias. Todo el Viernes Santo se centra en el misterio de la cruz, instrumento de muerte, pero también de redención. Caemos con frecuencia en la tentación de quedarnos solo en el sufrimiento de Jesús, en los azotes, en la corona de espinas, en la Cruz… Pero no son los azotes, ni los clavos los que nos salvan, sino Cristo que entrega su vida por nosotros. La cruz duele, araña, escuece, sacude, golpea. La cruz desconcierta, oprime, la cruz pesa y hunde, abate, doblega, destruye, machaca, desmorona. La cruz da miedo… Crea ansiedad, angustias, nauseas… Pero la cruz está aquí, en medio de la vida, en el corazón de cada hombre. Si algún hombre existe que no lleve su cruz, su dolor, su pecado… ése hombre ya no es hombre. ¿Dónde encontrar respuesta al peso de la cruz? La respuesta es el saber encajarla en la CRUZ de Jesús, Cruz que lleva a la vida. Este día era denominado por los judíos al modo judío, paresceve (preparación) y hoy es, para los cristianos “celebración de la Pasión del Señor”. Desde el siglo IV, el Viernes Santo se celebra con un oficio de la palabra propio del día, con los elementos actuales: lecturas, oraciones solemnes, adoración de la cruz y comunión. La celebración del Viernes Santo es austera, gira en torno a la muerte del Señor. Comienza con un rito muy antiguo que es la postración del celebrante y de sus ayudantes en silencio. La primera lectura es el cuarto canto del siervo de Yahvé denominado “Pasión según Isaías”, aplicado proféticamente a Jesús. El evangelio es el relato de la Pasión de San Juan, donde la cruz es
la suprema revelación del amor de Dios. Sigue la oración universal, según formulario romano del siglo V. Después es adorada la cruz por el pueblo, precedida de su elevación ante la asamblea: “Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo”. La celebración concluye con la comunión. El Viernes Santo para esta ciudad y muchas más dentro de la geografía peninsular es un día de dolor, representado en el Nazareno y en la Dolorosa. Pero necesitamos descubrir la grandeza de los oficios de la Pasión. El Sábado Santo es un día alitúrgico, de silencio y meditación -en la antigüedad también de ayuno- hasta llegada la noche eb que se da principio a la Vigilia Pascual, verdadero momento culminante del Triduo Pascual. “La vigilia pascual, la noche santa de la resurrección del Señor, es tenida como la ‘madre de todas las santas vigilias’” (San Agustín, sermón 219) En ella, la Iglesia espera velando la resurrección del Señor y la celebra en los sacramentos (NUALC.21). Es la culminación de la Semana Santa y el eje de toda la vida cristiana. Sin embargo, aún está lejos de significar algo importante para nuestro pueblo, que en cambio sí se hace presente sobre todos en las procesiones del Viernes, pues para muchos fieles el Viernes Santo sigue siendo el día decisivo. Pero, con todo ello, la resurrección de Jesús es el evento fundamental de la confesión de la fe, comunicación de nueva vida e inauguración de nuevas relaciones con Dios. Según la actual liturgia, el sábado es día de meditación y de reposo, de paz y de descanso, sin misa ni comunión, con el altar desnudo. La Vigilia Pascual más antigua que se conoce es del siglo III.
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La Vigilia Pascual es esencialmente una larga celebración de la Palabra de Dios y de oración, que culmina con la eucaristía. No es una misa vespertina en víspera de un día festivo, ni siquiera una celebración más del año litúrgico, sino la acción litúrgica más importante, el vértice de todas las conmemoraciones tanto del Triduo Pascual como de todo el año. La acción se desarrolla en cuatro partes bien definidas. Primero el lucernario o rito del fuego y de la luz, cuyo origen es antiquísimo y hay que buscarlo en la práctica judía y cristiana de encender una lámpara a la llegada de noche, junto a una bendición. La preparación del cirio pascual que se enciende con el fuego nuevo y es llevado en procesión hasta el interior del templo y que constituye la evocación simbólica de la resurrección de Cristo: “La luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu”. El cirio representa la columna de fuego que iluminó a los israelitas al pasar el mar Rojo, como canta el pregón pascual: “Es el lucero que no conoce ocaso, es Cristo resucitado que, al salir del sepulcro, brilla sereno para el linaje humano”. El cirio pascual entra en procesión por la nave central de la iglesia, que se halla a oscuras, y se van enciendo las velas que portan los fieles. El cirio encendido evoca la resurrección de Cristo y, una vez dentro del templo y entronizado el cirio en sitio bien visible para el pueblo, se proclama el pregón pascual, canto de esperanza y de triunfo. La segunda parte es la celebración de la Palabra, que tiene un dinamismo propio que se va mostrando en el ritmo tan significativo de lectura, canto y oración.
El conjunto de los textos que se proclaman describen la historia de la salvación. Son fundamentales las lecturas del Génesis (creación), Éxodo (liberación de Egipto), Profetas (habrá una nueva liberación) y Evangelio (proclama de la resurrección). Al término de las lecturas del A.T. (Antiguo Testamento) se proclama el canto del Gloria, se encienden todas las luces de la iglesia y se echan al vuelo las campanas, si las hubiera. La tercera parte es la liturgia del agua, es el rito bautismal. Se bendice el agua, se convoca a los santos en las letanías, las promesas bautismales se renuevan estando todos de pie, con los cirios encendidos, mediante un diálogo que concluye con la aspersión a los presentes. La liturgia recomienda encarecidamente que se administre el sacramento del bautismo en el curso de esta vigilia. Para ello se pide -salvo en casos de fuerza mayor- que no se bautice durante la Cuaresma. La eucaristía de la Noche Santa de Pascua tiene un encanto especial como anuncio eficaz de la muerte de Señor y proclamación gozosa de su resurrección en la espera de su venida (cf. 1Cor 11,26; 16,22; Ap. 22, 17.20). Inaugurada la celebración festiva de la Iglesia en la solemne vigilia, la liturgia no dejará de decir durante la octava pascual y durante la Cincuentena: “Éste es el día en que actuó el Señor” (Sal 117,24); “El día en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado” (1Cor 5,7). La Resurrección es nuestra Pascua; es un paso de la muerte a la vida, de la oscuridad a la luz, del ayuno a la fiesta.
Bibliografía: La Biblia, revistas y webs católicas, Catecismo Iglesia Católica, NUALC (Normas universales año litúrgico)
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Fotografía: Antonio Abarca Contreras
Opinión
Conmemoración del IV Centenario de la Procesión Camino del Calvario
2016 ha pasado a los anales de la historia de la ciudad de Cuenca como el año de las efemérides, por celebrarse diversos aniversarios institucionales e históricos, a los que los conquenses debemos nuestra personalidad actual. Desde la proclamación del título de Patrimonio de la Humanidad de nuestro recinto amurallado y barrios anejos y la inauguración del Museo de Arte Abstracto, al que alcanza mayor trascendencia histórica y humana: la conmemoración del IV Centenario de nuestra procesión Camino del Calvario. 400 años de historia por y para Cuenca y los conquenses que, desde las tres hermandades que formamos este desfile procesional, hemos hecho presentes a lo largo del año 2016. Con el claro objetivo de celebrar este acontecimiento como merecen 400 años de historia, se optó por desarrollar actividades de diversa índole y buscando formatos novedosos que acercaran a los conquenses la procesión desde todas las perspectivas posibles (religiosa, social, artística y científica, entre otras), se
Por Aurora Garrote
programó un despliegue de actos que, iniciados en enero de 2016 no querían tener cabida solo en las semanas cuaresmales y en la propia Semana Santa, sino que abordaran toda la vida anual de la ciudad. Para ello, se logró el apoyo de todas las instituciones públicas de la ciudad, además de otras privadas y de carácter social y asistencial, cuyas aportaciones junto a las de las tres hermandades, han logrado establecer un variado programa de actos. ACTOS RELIGIOSOS La concesión del Año Santo Jubilar a la parroquia de El Salvador, sede que alberga canónicamente a las Hermandades y epicentro nazareno por excelencia en nuestra ciudad, ha conllevado la celebración de diferentes cultos encaminados a favorecer y afianzar la espiritualidad que emana de las Hermandades de Semana Santa. Así, con la celebración eucarística de apertura y clausura de esta concesión, los principales cultos de las Hermandades de la madrugada del Viernes Santo junto a los
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de las Hermandades que comparten la parroquia como sede canónica, han conllevado el privilegio indulgente, además de los desfiles procesionales con salida en la iglesia y otros cultos parroquiales. De mayor relevancia diocesana, se desarrollaron peregrinaciones diocesanas de hermandades que en nuestra provincia eclesiástica compartían advocación venerada de Jesús Nazareno, San Juan Evangelista y Nuestra Señora de la Soledad; sendos encuentros de confraternización, de intercambio de experiencias y, sobre todo, de participación común y recíproca de vivencia de Fe, bajo el amparo y la dedicación personal y grupal de nuestras advocaciones. Ha sido, probablemente, la compartición de estas vivencias pasionistas comunes las que ocasionan en los miembros de nuestras Hermandades la concepción universal de Fe. En la conmemoración litúrgica de San Nicolás de Tolentino, fraile agustino bajo cuya advocación se originó el Cabildo que agrupó a las tres hermandades en el inicio procesional, el 10 de septiembre, se celebró la solemne eucaristía que recogía el apego, todavía continuado, a la orden agustina con la presencia del padre Teófilo Viñas, agustino, presidiendo la celebración, y con el acompañamiento musical de la Escolanía de Ntra. Señora de la Soledad (de San Agustín). El momento culmen eucarístico de esta efeméride tuvo lugar en la Santa Iglesia Catedral Basílica el 3 de abril. Las tres Sagradas Imágenes Titulares en el Altar Mayor de la sede diocesana
presidieron la Solemne Función Religiosa conmemorativa; con una participación masiva de hermanos y fieles, las bancadas de la Catedral rebosaron por las tres hermandades de la procesión de la madrugada, que en inicio llamaron ‘de los Nazarenos’ y que en la actualidad, junto a diversas denominaciones populares, llamamos ‘Camino del Calvario’. En el mes de octubre, el día 8, se celebró la Misa de Réquiem en sufragio de los hermanos difuntos de la procesión Camino del Calvario. Desde los mismos orígenes de las hermandades (de todas las pasionistas) la oración por el alma de los hermanos difuntos y su acompañamiento durante las exequias funerarias fueron clave en la vivencia propia de estas agrupaciones. Y lo sigue siendo. En este centenario, y unidos en oración común, las tres hermandades que actualmente conforman la procesión, junto a la del Santísimo Cristo de la Luz (que desfiló en la madrugada desde 1751 hasta el primer tercio del s. XIX) y al Grupo Turbas, participaron en esta celebración que, con rito preconciliar en lengua latina y oficiada por el párroco de la Iglesia de El Salvador, D. Gonzalo Marín, agrupó a numerosos fieles para honrar a los que nos precedieron en este desfile, orando ante las tres Sagradas Imágenes. El acompañamiento musical corrió a cargo de la Capella Prolationum y el Ensemble La Danserye (grupos especializados en música renacentista) con la interpretación de la Misa Prodefunctis de Francisco Guerrero.
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Opinión
ACTOS CULTURALES La cuaresma del año 2016 se impregnó de la historia de nuestra procesión. La principal de las calles de nuestra ciudad, Carretería, acogió la singular y novedosísima exposición urbana fotográfica en gran formato en la que, fotógrafos históricos de la ciudad (Texeda, Carlos Jiménez, hermanos Culebras y Pedro Muñoz) y otros que continúan aportando su impecable trabajo a nuestra Semana de Pasión (Luis M. caballero, Ramón Herráiz, Enrique Martínez Gil, Julio Palencia y Santiago Torralba), reflejaron la historia de las tres hermandades desde la posguerra hasta la actualidad. A modo de cronología de la procesión en imágenes, los conquenses observaron -con emoción y nostalgia algunos y otros, quizá, con admiración al ver documentos inéditos y lejanos- la evolución de la procesión más genuina de Cuenca. Acompañaron, además, una selección de fotografías previas a la contienda civil, cedidas por miembros de las hermandades. La inclusión de la música llegó en dos vías diferentes: la dedicación de la obra de encargo de la Semana de Música Religiosa, Breathing de Héctor Parra, estrenada en la Catedral en el concierto celebrado el Sábado Santo; y el concierto didáctico a cargo de la Asociación Musical ‘La Concepción’ de Horcajo de Santiago destinado a los niños y que, celebrado al finalizar la procesión infantil de la Junta de Cofradías en el
Auditorio de la ciudad, contó con la presencia de un público infantil que colapsó la sala principal de este edificio cultural. El profesor ecijano de la UCLM Ramón J. Freire Santa Cruz ha realizado un grabado en hueco, a partir de la diapositiva fotográfica en la que aparecen individualmente nuestra Sagradas Imágenes titulares (del fotógrafo conquense Luis Pascual), con carácter conmemorativo de esta celebración. De igual forma, y durante el desfile procesional de la madrugada de 2016, en el edificio actual cuya localización albergó en orígenes el convento agustino que dio cobijo inicial a las Hermandades y que era punto de salida y cierre de la procesión, se bendijo una placa conmemorativa, ejecutada en granito y donación de la empresa conquense Mármoles Granero. Destacar, además, la identidad visual de este centenario, que ha sido desarrollada por el ilustrador y editor José Antonio Perona, ha formado parte de esta conmemoración de un modo casi intrínseco. El logotipo, con tipografía de época, mostraba la conmemoración y un isotipo directo: la corona de espinas con las tonalidades propias nazarenas. El desarrollo de los actos celebrados y, sobre todo y ante todo, el desfile de la madrugada del Viernes Santo de este último año que ha culminado el centenario, es la temática audel audiovisual que ha sido presentado en esta cuaresma, au
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diovisual que integra la memoria visual y sonora de nuestra histórica conmemoración. Por diversas causas, y vinculado sobre todo a la emergente y vasta documentación que Israel Pérez Calleja y Antonio Pérez Valero están extrayendo de numerosos y divergentes fondos; y dado que su ordenación, y actualización y vinculación con lo ya conocido dificulta considerablemente su análisis y síntesis para ser publicado, previsiblemente, no será hasta finales de este año 2017, cuando se editará la publicación que va a suponer un nuevo elemento conclusivo de estudio documentalista e historiográfico, que culminará las expectativas de los nazarenos e historiadores conquenses. La presentación se realizará tras un nutrido ciclo de conferencias sobre la Semana Santa española en las procesiones de la madrugada del Viernes Santo. OBRA SOCIAL Un nutrido grupo de artistas conquenses (pintores, escultores y fotógrafos) donaron su obra para la exposición solidaria que se desarrolló en las semanas de cuaresma previas a la Semana de Pasión de 2016 en el Museo de Semana Santa. La recaudación obtenida con los donativos ha servido para colaborar con Cáritas y Manos Unidas, organizaciones propias de la Iglesia católica, además de otras actividades organizadas para tal fin.
2016 será para los nazarenos de las hermandades de Nuestro Padre Jesús Nazareno (de El Salvador), de San Juan Evangelista y de Nuestra Señora de la Soledad (vulgo de San Agustín) el año del centenario, de los cuatrocientos años que cumplimos como procesión en la madrugada del Viernes Santo. Las investigaciones de la última década han permitido conocer numerosas identificaciones, datadas fidedignamente, siendo el que ha servido para el desarrollo de esta celebración en este 2016 el Permiso Real concedido por Felipe III en 1614, el 17 de octubre, al cabildo ya formado de San Nicolás de Tolentino que acogía a las tres imágenes que después serán las titulares de sendas hermandades y que conllevó el desfile inicial procesional en 1616. Tal conmemoración debía ser tratada, a criterio de las tres hermandades, con un enfoque multidisciplinar y así, desarrollando las actividades expuestas, se ha logrado aunar trabajos, inquietudes y esfuerzos ante un mismo nexo común: el cuarto centenario de la procesión Camino del Calvario. Actos culturales que remarcan la presencia en la vida de social de la ciudad, como parte de la tradición; actos de caridad que engarzan el hermandamensaje cristiano en la práctica del día a día de las hermanda des; y actos religiosos que consolidan y actualizan la esencia de nuestra tradición: nuestra Fe.
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Por Antonio Abarca Contreras A pesar de que la edición de este año pueda estar convirtiéndose en un auténtico obituario, dado el número de artículos que hacen referencia a personas que recientemente han fallecido y que, a lo largo de su vida, han tenido una destacada vinculación con la Semana Santa de Cuenca, no puedo ni debo dejar pasar la oportunidad de escribir unas líneas que sirvan de postrer reverencia y homenaje a la persona de Leonor Culebras. Una de las personas que más y mejor me han enseñado a querer a Cuenca y a sus gentes. De mal nacido sería no ser agradecido y dedicarle unas pinceladas a quien nos regaló tantas y tantas obras de arte en la que fuera su revista de Semana Santa preferida, Cuenca Nazarena, y a cuya cita nunca faltó desde que, en el año 2004, naciera entre Leonor y las publicaciones nazarenas de la Junta de Cofradías una relación de fidelidad y puntual colaboración. Corría el año 2003 cuando, en una de mis habituales visitas a la Librería Católica, Juan Evangelio -“Juanito”, como le llamamos los que nos preciamos de contar con su afecto y amistad- me comentó que había estado Leonor Culebras para preguntarle si él conocía a alguien que estuviera en la Junta de Cofradías, porque quería hablar con ellos. Yo le dije que, la próxima vez que viniera, le diera mi número de teléfono para
que me llamara. “Pero... ¿no conoces a Leonor?”, me preguntó Juanito. La verdad es que, en aquel momento, aunque su nombre no me era del todo desconocido, no lograba centrarme en su persona. Rápidamente, Juanito sacó de la estantería de su librería en la que tiene los libros de Cuenca, varias obras donde aparecían colaboraciones de Leonor Culebras. Enseguida identifiqué sus dibujos y pinturas en los libros de María Luisa Vallejo, y en tantos y tantos otros que Juan me iba enseñando. Y un día del caluroso agosto de 2003 sonó mi teléfono. Cuando cogí la llamada, oí una voz que me decía: “Buenas tardes. Soy Leonor Culebras y me ha dado tu número de teléfono Juan Evangelio para que te llamara”. ¡Nunca olvidaré la impresión que me causó la primera vez que escuché la voz de Leonor! Tras el tono de su voz, que rebosaba una entrañable ternura y profunda serenidad, se advertía también a una persona con una vitalidad, una energía y una ilusión arrolladoras. Estuvimos hablando un rato largo, durante el que ella me comentó la intención que tenía de ceder a la Junta de Cofradías, para su publicación, una colección de sonetos dedicados a las hermandades de la Semana Santa conquense. También en este primer contacto Leonor dejó bien patente y me demostró su apasionado amor por Cuenca y su pasión por la Semana Santa conquense.
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Aquella conversación telefónica fue el primero de otros muchos encuentros que le siguieron, ya de forma presencial, cada vez que Leonor se desplazaba a Cuenca, y que desembocaron en una sincera, profunda y bonita amistad. Relación que ya no tendría fin hasta el pasado 11 de febrero. Momento en el que el Señor llamó a Leonor para que partiera hacia la sempiterna procesión celestial donde, estaba convencida, le estaba esperando su marido, Aquilino, al que anhelaba con locura. (Providencial cartel el de Rafa Pérez este año. Parece como si, con su representación de la “Procesión Celestial”, hubiera causado un justo y acusado “efecto llamada” sobre buenos nazarenos conquenses). También aquella primera conversación fue el preludio de una intensa relación de colaboración de Leonor Culebras y la Junta de Cofradías, que se plasmó en: una magnífica colección de sonetos que se incluyeron en el Programa Oficial de la Semana Santa de 2014, bajo el título “Monólogo Procesional. Poemario Religioso”; numerosas colaboraciones anuales en la revista Cuenca Nazarena; una exposición antológica que Leonor tituló “Buscando esa pincelada…”, y cuya recaudación por la venta de los cuadros expuestos fue donada a Cáritas; así como en donación de obra original. De las paredes de la sede de la Junta de Cofradías cuelgan, a modo de exposición permanente, los magníficos cuadros que Leonor donó a la institución nazarena de Cuenca. Recordar aquí también que Leonor Culebras fue la encargada de anunciar al mundo la Semana Santa de Cuenca con sendos carteles en los años 1964 y 1968. Bendita seas por siempre, Leonor. Y Dios te tenga donde mereces.
Te fuiste despacito… con la calma que solo consigue el que se sabe en paz consigo mismo y con el Señor al que se dirige… Y hasta última hora, creando. Creando hermosas poesías y preciosas ilustraciones. Este año, Cuenca Nazarena también cuenta con tu colaboración. Me la diste a mediados del mes de enero, cuando ya te encontrabas ingresada a causa de la enfermedad. Pero tu vitalidad y tu alma no cesaban… Y, al mismo tiempo que me entregabas el soneto y el dibujo de este año, me diste a leer otro que ya tenías escrito para el año que viene. “Por si acaso”, me dijiste, esbozando una sonrisa y apretándome la mano. El año que viene verá la luz, Dios mediante, la que será la última creación de Leonor Culebras: un soneto y un dibujo dedicados a una de las imágenes de la Semana Santa conquense, a una de las imágenes de su venerada Semana Santa. Hasta entonces, tendremos que esperar para conocerla. Disfrutemos a continuación de la colaboración de este año, dedicada al Cristo de los Espejos. Para concluir este artículo, lo haré con un párrafo extraído del texto con el que Leonor nos obsequió en el catálogo de la que vendría a ser su última exposición, y que tuvo lugar, como dije anteriormente, en la sala de exposiciones temporales del Museo de la Semana Santa de Cuenca: “…mi inquietud artística se ve reflejada en el trabajo de tantos años, como si me fundiera espiritualmente en el lienzo o en el papel. Mi vida ha sido un fluir de sentimientos y sensaciones motivados por el amor a la poesía y la pintura. Lo veréis reflejado en cada cuadro, en cada fecha, en cada acontecimiento... yo le llamo energía espiritual”. Cuenca Nazarena 71
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Participar con vosotros en esa asamblea litúrgica, en esa Revista Oficial de la Semana Santa, es una satisfacción para mí, como buena conquense y como mensajera de todo lo concerniente a los desfiles procesionales, a su recorrido inigualable, a su austeridad, su valoración estética, su carisma… He procurado siempre, al llegar estas fechas, cuando irrumpe la primavera y Cuenca se prepara a conmemorar la Pasión y Resurrección de Cristo, con un renovado impulso, analizar mis sentimientos, exteriorizar una vez más esta emoción contenida, que se desbordaba en toda su plenitud por calles y plazas… Os escribo ilusionada porque he de confesaros que en estos días me siento más vulnerable, más sensitiva, ante los acontecimientos colectivos que se aproximan a la religiosidad de una ciudad castellana, hoy Patrimonio de la Humanidad, que aporta además de tradición, belleza y espiritualidad en un bagaje de recogimiento y fervor… Se palpa el silencio, entrecortado por las pisadas de nazarenos y penitentes, cuesta arriba, a un ritmo de tulipas, donde los banceros hombro a hombro, marcan el paso siguiendo viejas tradiciones. El aire se renueva… Hay olor a cera, a lilas recién cortadas, a resina y a espliego, que nos evocan, días pasados, adormecidos por la nostalgia… Y me dejo llevar en alas de la imaginación, transportada a esa Cuenca insólita, profundamente hospitalaria, cuando rezo, cuando medito, cuando escribo… A esa Semana Grande del dolor y del abatimiento, con cierta timidez y lágrimas en los ojos… Me ocurre algo extraño, imprevisible, donde la ingravidez se hace dueña de mi persona, como en un estado de “serena levitación espiritual”. Recorro mentalmente aquellos lugares donde las procesiones realzan su belleza, rincones inolvidables como la Puerta de Valencia, Alfonso VIII, Puerta de San Juan, San Felipe, Plaza Mayor, la Catedral… Y como en el episodio evangélico de Zaqueo, mi pequeñez física me reprime ante la presencia de Jesús Camino del Calvario…
Él está tan próximo y tan cerca de mí, que desde el árbol de la vida que me acoge, puedo contemplarlo y decirle ¡Aquí estoy Señor! La luz del amanecer marca la silueta de Jesús Nazareno de El Salvador. La noche de las profecías se hace realidad. Las turbas desveladas, rescatan con sus gritos y arrebatos de burla, un proceso ancestral… Suenan trompetas destempladas y tambores al unísono y el “paleteo penitencial” marca huellas profundas. La llaga se abre en el costado, año tras año, para redimirnos. La fe está viva en esta ausencia, con estigmas de continuidad… Cuenca se abre en sus ríos y en sus hoces para recibirnos, en el entramado angosto de sus callejuelas, en la polifonía, que se desborda por la escalinata de San Miguel, por los arcos de la Plaza Mayor asciende hasta la Plaza de la Merced, con reminiscencias epistolares, latines y oratorias… Es el dolor de la Pasión que se retuerce en el pentagrama de los actos litúrgicos. Resurrección y Vida. Quisiera abrir un glosario en este recorrido, analizando todas y cada una de sus procesiones, de sus imágenes renovadas. La descripción detallada de su valor artístico, de sus tallas y ornamentos, junto a la perfecta sincronización de Cofradías, colorido y ejemplaridad en sus filas… Sería interminable el elogio y la misión de esta carta. Solamente deseo dejar mi pequeña huella donde otros caminaron, sumida en el silencio de la contemplación, desde mi atalaya, desde el árbol que cobijó a Zaqueo, y decirle despacito, cuando pase: ¡Aquí estoy otra vez, Señor…! Os mando a todos un cordial saludo.
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Esmeralda de Luz en ese espejo que el Júcar a tu paso simbolizas esmeralda que en verde se desliza con el último pino y su reflejo. El vuelo silencioso de un vencejo abre tu cielo azul con sintonía, posándose en la Cruz que te mecía y en la roca más alta del cortejo. Un vaso de cristal mueve lo viejo y marcan tu Pasión y tu Agonía… ¡Oh, Cristo de la Luz! La Cofradía se empina para verte en ese espejo. Y Cuenca, herida, recoge tu consejo “roca y cristal” al viento, desolada he sentido de nuevo la Lanzada que aumenta mi dolor, cuando me alejo. LEONOR CULEBRAS Dedicada a la Hermandad del Cristo de la Luz. Semana Santa 2017
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Por Alfredo López Pérez José Luis Marco Nielfa, Jose para los amigos, forma parte de ese reducido grupo de nazarenos que, tras más de cincuenta años, sigue en activo trabajando no solo por las hermandades a las que pertenece, sino también por la Semana Santa en general. Nace en una de las calles más procesionales de Cuenca, concretamente en el nº 6 de la calle Andrés de Cabrera, junto a la Iglesia de San Felipe Neri, donde fue vecino del maestro Calleja. A los siete años asiste como monaguillo en la capilla de las Esclavas de Jesús, siendo contratado pocos años después con empleo y sueldo en la Parroquia del Salvador. Iglesia de referencia en nuestra Semana Santa donde se celebraban los mayores acontecimientos religiosos de nuestra Semana Grande, dejándose sentir en todos ellos el ambiente nazareno en su máximo esplendor. Allí conoce a las personas que dirigían la organización de la Semana Santa de la época, de las que toma buena nota. Entre ellos D. Manuel Saiz Abad y D. Emilio Saiz Díaz. Actualmente, José Luis pertenece a la mayoría de las Hermandades de nuestra Semana Santa, participando activamente en varias de ellas. Durante la Semana de Pasión se le puede ver uniformado, tanto de morado como de blanco, acompañando a sus veneradas Imágenes. El motivo de este artículo es reconocer la gran labor que José Luis, de forma callada y generosa, ha realizado
por nuestra Semana Santa y que seguramente muchos de los que lo lean desconocían. La inquietud y ganas de trabajar por nuestra Semana Santa le llevan, junto con un grupo de amigos que quiero se sientan incluidos también en este homenaje, a integrar en el seno de la Junta de Cofradías la Procesión del Domingo de Ramos o del Hosanna. Hasta entonces, esta procesión dependía de la Cruzada Eucarística. Por si esto fuera poco, emprende también la complicada tarea de recomponer la Procesión del Domingo de Resurrección. Suspendida en su día por los graves problemas que padeció durante varios años, ya en la actualidad se encuentra totalmente recuperada, siendo una procesión imprescindible para la Semana Santa de Cuenca y para poder completar la cronología de la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. En un principio quería que este homenaje fuese una sorpresa para él, pero a pocos días de entregar este artículo a la Comisión de Publicaciones creí conveniente que, teniéndole tan cerca y tan asequible, y con una memoria prodigiosa, fuese él mismo quien nos contara cómo sucedieron aquellos acontecimientos. Aunque tendríamos que editar varias revistas de Cuenca Nazarena para poder relatar todo lo que este experimentado nazareno guarda en su interior.
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Ha pasado tanto tiempo del proceso de integración de la Procesión del Domingo de Ramos en la Junta de Cofradías que ya no nos acordamos de las dificultades que hubo. ¿Qué nos puedes contar tú? Llevaba años encargándome de la organización de la procesión junto a la Cruzada Eucarística, que desde el año 1958 era la encargada de organizarla. Yo tenía claro que para el futuro debía constituirse en Hermandad y ser una más de la Semana Santa de Cuenca. Lo hablé con el Presidente y el Vicepresidente, D. Jesús Bermejo y D. Manuel Saiz respectivamente, y les pareció muy bien. Y en el año 1973 se formalizó el acuerdo con la Junta de Cofradías. La Procesión del Domingo de Resurrección fue suspendida por los problemas que tuvo durante varios años. ¿No fue una decisión un tanto arriesgada el volver a ponerla en marcha? Más que arriesgada. Pero la ilusión de poder ver, después de seis años, al Resucitado y a la Virgen del Amparo en la calle podía más. Había que trabajar. Trabajar mucho, pero había que intentarlo. ¿Qué consejo, dado tu dilatada experiencia, darías a los que rigen los destinos de nuestra Semana Santa y a nazarenos en general? Que todos los nazarenos nos tomemos la Semana Santa como lo que realmente es, una fiesta religiosa. Tenemos que esforzarnos más en la calidad que en la cantidad, no se puede perder el sentido religioso por realzar otros aspectos. Y a los directivos de las hermandades, que estén más unidos a la Junta de Cofradías y no vaya cada hermandad a lo suyo sin pensar en las demás. Todas juntas somos Semana Santa. ¿Crees que has realizado todo lo que te proponías o te hubiera gustado hacer algo más? En aquellos años quizá sí me hubiera gustado que todo hubiese ido más rápido. Porque los primeros años fueron
muy difíciles y en algunos momentos llegué a pensar que no podríamos crear las hermandades y organizar las procesiones con la brillantez que se merecen. Pero hoy, con la perspectiva que dan los años, creo que se ha conseguido con creces todo lo que anhelábamos, tanto para el Domingo de Ramos como para el de Resurrección. No hay más que ver los desfiles procesionales actuales. La Junta directiva de la Hermandad del Resucitado, a la que perteneces, te propuso la idea de presentarte para candidato a pregonero de la Semana Santa 2017. ¿Por qué no aceptaste? Es cierto que llevo muchos años en esto de la Semana Santa, pero un Pregón es algo más que contar mis vivencias, tiene que llegar al corazón de los nazarenos conquenses. Después de muchos años escuchando pregones y pregoneros, tengo que decir que algunos dejaron huella en mí y la verdad es que yo no me encuentro capacitado para hacer un Pregón de ese nivel. Y para finalizar, seguro que guardas un montón de anécdotas en tu memoria ¿podrías contarnos alguna que no sepamos y que sea de interés para todos los nazarenos? Más que anécdotas son recuerdos de aquellos años difíciles y de las reuniones en la calle Solera y en el establecimiento de D. Manuel Saiz. Tuve la suerte de tener los mejores profesores en esto de la Semana Santa y el apoyo de muchas hermandades y de sus representantes. Sin la buena voluntad de “casi” todos ellos, no serían posibles muchas de las cosas que tenemos hoy. No debemos olvidar a los que nos precedieron. Yo, al menos, no los olvido. Muchas gracias José Luis por habernos transmitido el verdadero espíritu de nuestra Semana Santa durante tanto tiempo, y damos gracias a Dios y le pedimos que podamos gozar con tu presencia y sabiduría durante muchos años más.
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Fotografías: Tofiño
Opinión
Por Berta López Más de 100 asistentes al acto, alrededor de 70 profesionales de medios de comunicación nacionales e internacionales, 457 noticias sobre la Semana Santa de Cuenca en ocho días... La presentación de las Publicaciones Oficiales de la JdC en el Círculo de Bellas Artes cumplió en 2016 un doble objetivo: llevar la Semana Santa de Cuenca más allá de Cuenca y contarla “como queremos que se cuente” Un éxito rotundo. Eso es, a la vista de los datos y tras el análisis reposado hecho desde la distancia de los meses, lo que cosechó en 2016 la presentación de la Semana Santa de Cuenca y sus Publicaciones Oficiales en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Era la primera vez que las Publicaciones de la JdC se presentaban fuera de Cuenca y el marco no podía ser mejor. El acto, patrocinado por la Junta de Comunidades de CastillaLa Mancha, fue un éxito ya desde la propia participación. La Sala Nueva, asignada por el Círculo, se quedó pequeña debido
a la asistencia de alrededor de un centenar de personas (más de 70 pertenecientes a medios de comunicación nacionales e internacionales, sin contar con los medios locales y regionales que también estuvieron presentes). La cita, conducida por el Cronista Oficial de Cuenca, Miguel Romero, contó con la presencia, entre las personalidades de la cultura, de Rafael Canogar, Luis Feito, Antonio Pérez, Leonor Culebras, Vicente López Tofiño o Demo, entre otras. Por parte de los medios, dieron cobertura las agencias Europa
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Press y Zona News; los diarios digitales ABC, El País, Lanza Digital, Diario de La Mancha, La Opinión o La Tribuna de Cuenca; los grupos RBA (con sus revistas National Geographic y Viajes NG, entre otras) y Prisma Publicaciones; los medios internacionales Le Petit Journal y varios medios alemanes como Weser Kurier y Freie Presse; prensa especializada como Viajeros, Sector Ejecutivo, MasKViajes (Cambio 16), Hola! Viajes o Inout Viajes; Gestiona Radio, Onda 3 Radio, Onda 40 Radio y Radio Libertad; TVE, Hispanoamericana TV y CMT, entre otros. El plantel político y social no se quedó atrás en cuanto a representación. Así, acompañaron al presidente y la Comisión Ejecutiva de la JdC, el delegado de la Junta de Comunidades de C-LM en Cuenca, Ángel Tomás Godoy; el concejal de Fiestas Mayores, Pedro J. García Hidalgo; el concejal del Grupo Municipal Socialista, José Ignacio Benito Moreno; el presidente de CEOE CEPYME Cuenca, Abraham Sarrión, y el secretario General, Ángel Mayordomo; el secretario general de la Federación Española de Municipios y Provincias, Juan Ávila; y el director del Hotel Torremangana de Cuenca, José Manuel Abascal, entre otros. Asistieron nazarenos de Cuenca residentes en Madrid y otros que se desplazaron expresamente para el acto, como el fotógrafo Enrique Martínez Gil, el diseñador de las publicaciones Emilio Palacios o Tomás Mercedes (hijo de Pedro Mercedes). Gran repercusión La consecuencia inmediata de una asistencia tan profusa la encontramos en los más de 450 impactos informativos sobre la Semana Santa de Cuenca que el acto de presentación en el Círculo de Bellas Artes generó, solo del 20 al 27 de marzo de
2016. Medios digitales, prensa y revistas, y radio y televisión, así como agencias, dieron difusión tanto a las dos notas de prensa enviadas desde el Gabinete de la JdC, como a entrevistas y reportajes específicos sobrre la presentación, las publicaciones, el Cartel y la Semana Santa de Cuenca en general, desde una óptica multitemática. Así, la seña de identidad y el evento más multitudinario de la capital conquense apareció en medios de información general, cultura, sociedad, viajes, turismo, gastronomía, arte... Pero ¿en qué se ha traducido este impacto de la presentación de las Publicaciones Oficiales de la JdC en Madrid? En la práctica, la repercusión del acto ha supuesto cumplir los dos objetivos que, en materia de promoción, se ha fijado la Comisión Ejecutiva de la JdC para la actual legislatura y que enuncia el presidente de la institución nazarena, Jorge Sánchez: “Llevar la Semana Santa de Cuenca más allá de Cuenca y de Castilla-La Mancha, y hablar sobre la Semana Santa de Cuenca como queremos que se hable, contando las cosas como creemos que se deben contar”. Además, la repercusión del acto en el Círculo de Bellas Artes ha tenido otra consecuencia deseable: contribuir, de forma fundamental, a devolver a la Semana Santa de Cuenca al epicentro cultural y nazareno nacional, lugar que le corresponde por ser una de las representaciones de la Pasión declaradas de Interés Turístico Internacional en la primera tanda de reconocimientos de este tipo, en el año 1980. La primera presentación de las Publicaciones Oficiales de la JdC en Madrid fue un éxito, pero también, una puerta abierta y la primera etapa de un camino largo y laborioso que recorrer: el de la promoción, constante, de la Semana Santa de Cuenca.
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Fotografía: Pascual. 1947
Hablan las Hermandades
Por la Junta de Diputación de la Hermandad
La década de los 40 del pasado siglo será una de las más importantes para encontrar sentido a la Semana Santa actual y a la conformación después de la Guerra Civil de las diferentes Hermandades que habían perdido imágenes, enseres y hermanos durante estos años. Los primeros datos de los que nos hemos valido para poder dar luz a estos primeros pasos de andadura de la Hermandad, han sido un trabajo de búsqueda en archivos que acumulaban polvo. Debido a ello y a la falta ya presente de los que en su día firmaron las actas, dejan documentos que solo se pueden interpretar, como así hemos hecho, todo en pos de darle forma a estos años olvidados en el tiempo. En 1941, la Junta Directiva del Prendimiento dejaba constancia ya de la necesidad de una nueva imagen para los desfiles que empezaban a organizarse, así como de aumentar la lista de hermanos. De ahí el propósito de unión con la Hermandad de Excautivos, unión que nunca llegará a realizarse. Quizá por ello ambas hermandades reclamaron para sí la imagen. Curioso es el documento encontrado en un acta del Ayuntamiento de Cuenca, con fecha 26 de marzo de 1942, en la cual el presidente de la Hermandad de Excautivos, Juan Bri-
huega, reclamaba la talla con el misterio del Prendimiento, del escultor D. Luis Marco Pérez, para que fuera la titular de la Cofradía de Excautivos, cuando La Hermandad de El Prendimiento y la “Junta de Hermandades” con fecha 25 de noviembre de 1941 ya habían firmado un documento entrega de la imagen del Beso traidor a ésta última, anticipándose así a las intenciones de la Hermandad de Excautivos. Es 1942 por tanto un año decisivo. Llegará la preciada imagen y en el programa de Semana Santa aparecerá la primera fotografía de la que se tiene constancia hecha a la talla. Siempre se había creído que esta fotografía pertenecía a la hornacina de mármol en la que se le rendía culto en la antigua iglesia de San Francisco, siendo esto imposible ya que la misma no llegó a construirse hasta 1944. Además será el nazareno del Prendimiento el que protagonice el cartel de 1942, obra de D. Alfonso Cabañas. Fue necesaria por tanto la incorporación de unas nuevas andas para el desfile. Siendo las primeras unas andas sencillas, sin ornamento y sin apenas iluminación. Tan austeras como las filas de hermanos y de banceros bajo el paso, 16 en total, que realizaron el recorrido en el sentido contrario al actual.
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Fotografía:Luis Miguel Caballero
Los años, las aportaciones de hermanos, y sobre todo el trabajo de unos cuantos hizo que poco a poco las cosas cambiaran. En el año 1946 se añadieron a las andas cuatro grupos de luz, cada uno de ellos compuesto por 9 lámparas y en 1948 aparece la primera vez en el inventario el cordón de oro que portará la talla de Jesús en el lado derecho, a modo de cinturón en la túnica morada gracias a una donación. A petición del depositario, en 1950 se decidirá hacer una mejora en las anda mediante la implantación de unas molduras que den realce a la imagen. Pero que en el libro de cuentas aparezca en 1955 la compra de madera y un adelanto a José Prados por una talla de andas de 1.000 pts de un total de 5.000, así como documentos gráficos que lo corroboran, nos hacen pensar que nuestra imagen desfiló a partir de este año en unas nuevas andas, las cuales fueron doradas por el señor Jimeno en Madrid en el año 1959. No fue fácil encontrar la iluminación adecuada para ellas. Reflejo de ello es que las imágenes de diferentes años las muestran sin iluminación en los primeros desfiles, con los antiguos grupos de lámparas de los años 40, o con un candelabro de forja rematado con 4 brazos y una tulipa en cada uno que la Hermandad decidió encargar a un hermano un por valor de 360 pesetas en 1960, siendo éste el único elemento de iluminación del que tengamos constancia que exista en la actualidad. Pero no serán las andas definitivas. En 1976 la Junta Directiva expone entre sus proyectos encargar unas nuevas andas, a los hermanos Pérez del Moral. Dos años tardaron en desfilar, dando un nuevo porte a la imagen, una nueva iluminación y una amplitud que dejó aumentar el número de banceros a 34. No deja de ser curioso el especial cariño que el escultor tenía hacia la imagen del beso. Según su biógrafo José Benedicto, era la única foto de una imagen religiosa que había en el salón de la casa de Don Luis Marco Pérez. El propio José Benedicto cedió a
la Hermandad una foto donde deja constancia de ello, así como una lámina y el negativo original de la misma con un primer plano de los rostros de Jesús y Judas. Expuesta en numerosas muestras de la obra de Marco Pérez, desde El Círculo de Bellas artes en Valencia en 1.986 hasta las Atarazanas de Valencia en 2.002, pasando por Fuentelespino de Moya en una exposición organizada por José Benedicto en las fachadas de su domicilio familiar en 1.996, muestra de la importancia de la talla en su obra. Será en el año 2006 cuando la organización de la Muestra Nacional de Artesanía Cofrade (MUNARCO), pone su atención en la talla del Beso. Es por eso, y de forma excepcional, que la imagen viajó a Sevilla para ser expuesta en la Catedral. Desde 1942 han sido varias las restauraciones que se han llevado a cabo. La Primera fue de manos del mismo escultor en 1974 de “limpieza y retoque”. Más adelante, en 1991, se procederá al vaciado de la imagen los talleres de Arganda, en Madrid, ya que el peso de la imagen era excesivo. Pero el paso del tiempo así como los retoques en la policromía original llevó a la necesidad de una restauración integral en 2008 de la mano de Mar Brox. Restauradora que también se ha encargado de los trabajos llevados a cabo en 2016, con el fin de mantener las imágenes en perfecto estado de conservación evitando así que el paso del tiempo afecte a las mismas. En la actualidad, unos nuevos cordones de oro y una corona son los únicos ornamentos que acompañan a la imagen, la cual sigue presidiendo las noches del Miércoles Santo. Muchos han sido los cambios en estos 75 años, aunque la herencia de Don Luis Marco Pérez, en forma de talla de El Prendimiento de Jesús (Beso de Judas) sigue intacta a pesar del paso del tiempo, gracias al esfuerzo de muchos hermanos que han forjado una Hermandad entorno a su imagen con una idiosincrasia propia, que a pesar de las dificultades habidas en estos años, seguimos manteniendo.
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ENTREVISTA A
Secretario V. H. de Ntra. Sra. de los Dolores y las Santas Marías Por Berta López Nació amparada por las nuevas tecnologías pero conserva la esencia de las hermandades de Cuenca manteniendo, incluso, el carácter gremial. En una época de dudas y laicismo creciente, la V. H. de Ntra. Sra. de los Dolores y las Santas Marías se erige como paladín del futuro de la Semana Santa. De la vuelta a los orígenes y a la fe. Una hermandad entre dos luces. Tradición y modernidad, experiencia y juventud, razón y sentimiento. Una hermandad que, en 2018 – si Dios quiere – dará a Cuenca su décima procesión: la que llena el hueco del Sábado Santo. Hablamos con su secretario, Pablo Miranzo, de pasado, presente, futuro... y de Semana Santa. Vamos a empezar por el principio, aunque lo hayas contado ya muchas veces. ¿Cómo se os ocurre la idea de abarcar un proyecto tan grande como es recuperar la procesión del Sábado Santo? Ésta es la primera hermandad de la Semana Santa de Cuenca que se crea en el siglo XXI y hemos nacido con herramientas del siglo XXI. Todo empezó de forma virtual, a través de foros, especialmente el del Amarrao. Fue ahí donde se empezó a fraguar el proyecto y desde donde empezamos a documentarnos sobre la que fue la procesión que recorría las calles de Cuenca el Sábado Santo allá por los años 50. Con todos los datos que recabamos decidimos que queríamos recuperar aquella procesión, nos juntamos un grupo de personas y decidimos proponer el proyecto a la Junta de Cofradías. ¿Qué acogida encontrasteis en aquel primer momento? Pues mira, teníamos algunas dudas porque éramos un grupo de jóvenes muy jóvenes, que llegábamos con un proyecto grande. Pero la verdad es que, desde un primer momento, Jorge -Sánchez Albendea, presidente de la JdC- nos trató con muchísimo cariño y le vio muchas posibilidades al proyecto. A partir de ahí, lo que hicimos fue ir de la mano de la JdC. Nos han guiado en los pasos que debíamos ir dando y que
hemos dado, y ha sido en verdad un proceso que, aunque parezca que no, ha sido muy largo. Entre otras cosas porque hemos pasado por una crisis bastante importante y económicamente, probablemente no era el mejor momento para embarcarnos en la aventura. Pero hace ya cosa de dos años decidimos retomar el proyecto con fuerza. Vimos que era el momento y, en el último año y medio, hemos dado todos los pasos hasta llegar aquí. ¿Por qué el Sábado Santo? ¿Qué era lo que os llamaba la atención de este día y de esa antigua procesión perdida? Lo que primero nos llamó la atención es que había un hueco en el Sábado Santo. Empezamos a investigar por este motivo. Y entonces nos encontramos con que hubo gente a la que se le había ocurrido lo mismo que a nosotros, antes que a nosotros. Fue entonces cuando supimos que la Hermandad de la Cruz Desnuda había organizado la antigua procesión, a petición de la Diócesis de Cuenca y con la Dolorosa de Mena, una procesión que tuvo que ser muy interesante. Nos parecía algo precioso poder rememorarlo, recoger ese espíritu. Sabiendo, eso sí, que había cosas que no íbamos a poder repetir, como pasar por las Casas Colgadas. La Hermandad se siente un poco heredera de eso.
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Crear una hermandad de Semana Santa supone tiempo, esfuerzo, inversión y mucho trabajo. Vosotros, además, habéis afrontado el reto de un proyecto doble: Hermandad nueva y procesión nueva. ¿Supone mucha presión? ¿Os ha supuesto más trabajo del que habíais pensado? Sí. Totalmente. Sí que supone más trabajo para nosotros, la verdad. De hecho, cuando fuimos a plantear el proyecto a la Junta de Cofradías, les comentamos que para nosotros era una labor tremenda el hecho de organizar una procesión, porque la cantidad de elementos técnicos y humanos que hacen falta es grande. Sin embargo, desde un primer momento nos recomendaron crear una hermandad nueva para una nueva procesión. Una advocación propia de este día que sustentase el sentido del proyecto, en una hermandad creada expresamente para organizar la procesión. A raíz de ahí, se nos presenta un reto gigantesco. Desafíos como el propio diseño de la procesión, la música con la que vamos a ir... cosas que veremos en 2018 y en las que llevamos tiempo trabajando. Queda aproximadamente un año para la Semana Santa de 2018. ¿Ya hay nervios? Sí, sí, sí. Además es que se nota la presión, esa pulsión. El ver ya lo cerca que está la fecha. Ya tenemos planteado el calendario de juntas generales, subastas y pasos que debemos dar para llegar con solvencia y las cosas hechas a 2018, así que no lo vemos como algo lejano sino todo lo contrario. Eso sí, este año para nosotros va a ser muy bonito, porque será el año en que vamos a conocer las tallas de las imágenes, para empezar. Pero siempre con 2018 en perspectiva y, evidentemente, la presión por llegar a esa fecha ya se nota. Ahora que mencionas las tallas. Uno de los aspectos más emocionantes de la llegada de una nueva talla es comprobar cómo va despertando devoción entre los hermanos y en la ciudad en general. Al haber escogido la Dolorosa de Mena como modelo para la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, ¿pensáis que esto ayudará a que esa devoción se extienda rápido? Vosotros ¿ya sentís devoción por vuestra imagen, aun sin casi haberla visto? Yo creo que sí. Nosotros sí que entendemos que uno de los puntos fuertes de la Hermandad es precisamente que tiene una advocación mariana. Y además no solo eso, sino que está acompañada por otras dos figuras femeninas, una de ellas con gran presencia ya en la Semana Santa de Cuenca, como
son María Magdalena y María Salomé. Además, las tres tallas son de vestir. Creemos que la nuestra es una advocación muy interesante y por eso, pensamos que tendrá “éxito”, por así decirlo. Y está muy bien que hayas mencionado a la Dolorosa de Mena porque, efectivamente, nuestra Dolorosa se inspira en ella y guarda un poco también esa suavidad y esa expresión de dulzura que tiene la Virgen, que tiene la Dolorosa de Mena y que creo que va a gustar mucho en Cuenca. Vuestra talla además contará con una imagen inédita en la Semana Santa de Cuenca, como es la de María Salomé, y con una novedad en cuanto a advocaciones marianas como es la Dolorosa ya que, aunque la Vera Cruz tenga también como titular a Ntra. Sra. de los Dolores, lo cierto es que no procesiona. ¿Por qué esta advocación de los Dolores? En la Semana Santa en general, pocas advocaciones marianas hay más comunes que la de Nuestra Señora de los Dolores. Y sin embargo en Cuenca, es cierto que procesionando no hay ninguna como tal ahora mismo. Es una cosa curiosa de nuestra Semana Santa. Nos gusta que la Hermandad recupere una advocación que tiene toda la justificación posible en la Semana Santa. También nos ha gustado dar un espacio, como bien apuntas, a la figura de María Salomé, que tiene un papel de acompañamiento dentro de toda la Pasión de Cristo, especialmente a partir del Viernes Santo. Es un personaje recurrente en la imaginería española, que nosotros recuperamos, por así decirlo, para Cuenca. Tal y como está planteada, la procesión del Sábado Santo devendrá en la Vigilia Pascual de la Catedral. En un momento de dudas con respecto a la fe, el cristianismo y el propio relevo generacional dentro de la Semana Santa, ¿qué mensaje manda la nueva Hermandad y esta relación tan estrecha que va a tener con un acto religioso principal como la Vigilia Pascual? Cuando empezamos a plantear el proyecto de la procesión, entendimos desde el primer momento que este día no tenía sentido sin la Vigilia Pascual. En realidad, ésta es para muchos la ceremonia más importante de la cristiandad. Por lo tanto, que una hermandad de Cuenca ponga eso en valor es importante. Daremos por justificada la Hermandad si conseguimos que la gente de Cuenca se acerque un poco a la Vigilia Pascual en sus parroquias y, por supuesto, en la Catedral.
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¿Sois el ejemplo vivo de que la Semana Santa de Cuenca, la Semana Santa en general, tiene futuro? ¿De que la fe tiene cabida en nuestro mundo actual? Yo sí que entiendo que somos una consecuencia y un ejemplo más de una situación que puede parecer contradictoria. Vivimos en el mundo de la globalización, cada vez más impersonal, en el que no existen fronteras, pero en el que elementos como la Semana Santa gozan cada vez de mayor salud y viveza. Yo entiendo que esto se da porque, dentro de esta situación impersonal, cada uno de nosotros busca una vuelta a los orígenes propios, a vernos a nosotros mismos, a lo que somos y a lo que fuimos. En las distintas relaciones y celebraciones humanas. Qué mejor forma de sentirse conquense que participar en la Semana Santa. Nosotros somos un ejemplo de ello. Nuestra hermandad, desde sus orígenes, cuenta con muchos conquenses que viven fuera. Gente que contacta con nosotros a través de internet y que nos dice que, al ser la procesión en sábado y festivo, es probable que puedan participar. Nos gusta ser su oportunidad de volver a los orígenes. Vamos a hacer un pequeño resumen del camino que habéis andado. Sois alrededor de 300 hermanos. En el proceso de desarrollo del proyecto habéis tenido buena relación con la Junta de Cofradías y el resto de hermandades, con el Obispado, con Patrimonio, y la ciudad ha mostrado mucho interés en vuestra idea. ¿Esperabais esta acogida tan buena? Pues mira, sinceramente nos ha sorprendido. La verdad. Sabemos que iniciar algo en Cuenca es complicado, sea lo que sea. Somos una ciudad que tiene cierta reticencia al cambio, a la innovación, a la novedad. Por eso, el auténtico reto para nosotros era ser capaces de conseguir que el cuerpo de nazarenos de Cuenca viera a esta hermandad como a una más, como a una entre el resto. Y, desde el primer momento, desde que presentamos en Aguirre el boceto de las imágenes, nos ha sorprendido que siempre nos han tratado con cierto cariño allá donde hemos ido. Queremos creer que se debe a que el proyecto es bueno, sensato y a que no venimos a inventar nada, sino a continuar con la tradición de nuestra Semana Santa añadiendo un pequeño detalle. La buena acogida ha sido además una de las cosas que más nos ha animado a seguir adelante.
A pesar de que el camino ha sido, vamos a decirlo así, “cómodo”, ¿habéis encontrado algún escollo inesperado? Sí. Yo diría que uno en concreto y que tiene que ver con la inscripción en el Registro de Entidades Religiosas. Cuando iniciamos los trámites para la fundación de la Hermandad, nos encontramos con que un mes antes había cambiado la Ley de Registro de Entidades Religiosas y los requisitos se habían endurecido un poco. Eso está siendo un verdadero quebradero de cabeza. Por ejemplo: estamos erigidos canónicamente como hermandad desde abril de 2016 pero no estamos inscritos todavía oficialmente en el Registro por una cuestión de plazos y papeleo. El resto de cosas han ido muy bien. Evidentemente ha habido bastante trabajo detrás, pero ha ido incluso más rápido de lo que pensábamos que iría. A lo largo del proceso, ¿hay alguna palabra de ánimo, alguna frase, algo que alguien os haya dicho y que os haya ayudado a seguir adelante? Sí. Yo recordaría una frase, que nos dijo el presidente de la Junta de Cofradías en el acto fundacional de la Hermandad, en febrero de 2016. Jorge nos dijo unas palabras que todavía resuenan entre nosotros. Nos dijo que estábamos haciendo historia en la Semana Santa de Cuenca y que teníamos que seguir en esta línea porque estábamos continuando la historia. Fue el momento en el que nos dimos cuenta de que el proyecto de unos jóvenes había conseguido alcanzar una dimensión que no habíamos valorado. Si todo va bien, en 2018 os veremos por primera vez en procesión. Queda un año pero ¿qué le pedís al Sábado Santo de 2018? Y no me digas que le pedís que no llueva, que eso ya lo sabemos. (Risas) Nosotros siempre decimos que tenemos un propósito y es que queremos que, cuando la gente acuda a San Esteban a eso de las siete de la tarde a ver cómo sale la procesión a la calle, cuando se abran las puertas de la iglesia vean a una hermandad más de Cuenca. Que la vean como si llevara toda la vida ahí. Como si llevara toda la vida saliendo. Queremos que desde un primer momento la gente de Cuenca haga suya esta procesión y la valore como lo que es: una procesión de Cuenca. Nada más y nada menos. Eso es lo que siempre hemos querido mostrar: a una hermandad de Cuenca y una procesión de Cuenca. Al Sábado Santo de 2018 le pedimos que la gente haga suya esta procesión.
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Hablan las Hermandades
Por José Manuel Alarcón Sepúlveda Secretario de la Muy Antigua y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno – del Puente -
Primavera de 1939. Apenas hace un mes y medio que ha terminado la guerra civil española, cuando la Junta de Diputación y una Comisión de la General de la Hermandad de Jesús Nazareno (vulgo del Puente) se reúne, asistiendo los hermanos D. Pedro Carralero, D. Jesús Martínez, D. Jacinto del Mazo, D. Lorenzo Torrero y D. Eduardo Palomares, el Depositario D. Florencio Cuesta, los Hermanos Mayores D. Francisco López y D. Baldomero López, y el Secretario D. Manuel Zanón Ochoa. De su puño y letra escribe sobre un humilde cuadernillo cosido a mano y sin tapas, en el segundo párrafo del acta de esa pequeña asamblea, que él mismo “ da a conocer en las condiciones que está la Hermandad y todos los destrozos que las masas marxistas han hecho con los enseres que la misma tenía, tanto con el Santo Paso, como con los fondos en metálico, ropas, etc…” Casi nada quedaba en lo material, sentida era la ausencia de los hermanos que habían perdido la vida en el transcurso de la contienda, y abierta y dolorosa palpitaba la herida sentimental y espiritual de la desaparición de la carismática y venerada Imagen del Nazareno de San Antón, que tanta devoción había despertado en el pueblo de Cuenca. Nunca más volverían a ver la anhelada efigie del Señor con la cruz a cuestas, dueño de sus recuerdos y sueños de Jueves Santo. Junto con las cuotas de los hermanos y los donativos recibidos, los números de unos títulos de deuda depositados en el Banco Zaragozano, cuyos resguardos habían sido requisados al Depositario en los tristes años anteriores, constituían todo el recurso económico con que contaba la Hermandad. Pero fuerte era la determinación por superar el trance, e inquebrantable la fe de los hermanos, y, después de enviar fotografías del añorado y perdido Santo Paso a varias casas especializadas en imaginería religiosa, aún no había acabado el año cuando ya estaba encargada la talla de Jesús Nazareno, sin Cirineo, a D. Tomás Marqués Amat, y sus andas a una empresa de Valladolid.
La breve Historia en Cuenca de aquella Imagen es conocida, desfilando el Jueves Santo de 1940 y también el Viernes Santo de madrugada, luego de la petición de cesión de la Imagen para tal fin por la corporación homónima de El Salvador, que fue atendida por la Junta General de la Hermandad de Jesús del Puente, en fraternal gesto, indispensable para sacar a la calle aquellas primeras procesiones de postguerra. No debió gustar a los hermanos la talla, pues muy poco después de aquella Semana Santa, la Junta de Diputación otorga un voto de confianza al Hermano Mayor para que se dirija a la casa de Pío Mollar, de Valencia, pidiéndole precios y condiciones de pago de un Cirineo y de nuevas andas, así como de un Jesús Nazareno. Al principio del verano parecía decidida aquella directiva a encargar la reconstrucción del Paso a esa firma valenciana, pero entonces, cuando incluso se había formado una comisión que visitase a la Hermandad a ese respecto, se abre un vacío de noticias sobre ello, sin que tan siquiera se mencione en el acta de la siguiente Junta General de la Hermandad de 30 de enero de 1941. Y llegamos así a la asamblea general de 16 de marzo siguiente, que se dedicaba al orden procesional, en la que es palpable el entusiasmo de la Hermandad por la nueva Sagrada Imagen, cuyo inminente encargo se debía al interés y trabajo de los señores que componían la Comisión de Hermandades, a quienes se otorgaba un voto de gracias por ello, incorporándoles como hermanos sin pagar cuota de entrada, con especial mención a uno de ellos: el hermano D. Manuel Saiz Abad. D. Manuel nació en Cuenca el 10 de septiembre de 1907, y ya desde los años veinte del pasado siglo se incorporó al negocio de su padre, D. Faustino Saiz, al que dio continuidad, realizando trabajos de fontanería, calefacción y otros oficios dentro de los habituales en hogares, edificios y comercios, llegando a tener un buen número de trabajadores a su cargo.
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D. Manuel Saiz Abad. Toda una vida dedicada a la Semana Santa de Cuenca asoma en sus ojos. Foto D. Carlos Albendea.
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Nuestro Padre Jesús Nazareno - del Puente -; venerada Imagen destruida en 1936. Foto archivo M.A. y V. Hermandad de N. P. Jesús Nazareno - del Puente -.
Entusiasta de nuestra Semana Santa, dos eran las devociones que marcaron su vida de forma especialísima: San Juan Apóstol Evangelista y Nuestro Padre Jesús Nazareno (“vulgo del Puente”1). En 1935 cumplía la edad de 28 años, y era nombrado Secretario de la Hermandad juanista; su inusual juventud, comparada con lo acostumbrado para los titulares de ese cargo, nos sugiere personalidad, madurez e ilusión, con las que veló por la Cofradía y por sus documentos y bienes durante la contienda civil, tiempo en el que la pertenencia a una Hermandad, y aún más a su Junta de Diputación, ponían en serio riesgo a quien ostentaba tal condición. A su valentía, a la de D. Aquilino Muñoz Rojo y a la de Dª Esperanza López Castillo, camarera de la Imagen de San Juan, debe la Cofradía del Evangelista el hecho de que se conservasen los antiguos libros de actas, la túnica y el manto de la talla que habían sido elaborados en 1913, el guión de los entierros, así como candelabros, un crucifijo, una aureola de plata y dos cetros2 . Pero como decíamos, el Jesús del Puente era también su Hermandad. En ella había causado alta en enero de 1928, siguiendo tradición familiar, pues también en el libro de registro de hermanos consta la inscripción de su padre, D. Faustino, el 8 de enero de 1910. En aquel tiempo era muy habitual la incorporación a las hermandades en edades que hoy nos podrían parecer demasiado avanzadas, siendo varios los factores que
lo explican, especialmente la propia costumbre, la limitación del número de hermanos hasta 1917 en el caso de la corporación del Nazareno, y la necesidad de disponer de una solvencia económica personal para poder afrontar las cuotas periódicas derivadas de la condición de hermano, que ni mucho menos eran como en nuestro tiempo, en el que han devenido a ser casi simbólicas. Terminada la guerra civil española, luego de la destrucción de la práctica totalidad de las imágenes procesionales conquenses en el principio de la contienda, encontramos a D. Manuel Saiz Abad como uno de los ya legendarios componentes de la Junta de Hermandades, que movieron cielo y tierra, y comprometieron a instituciones, para conseguir que la reconstrucción de lo perdido tuviese la altura artística, estética y espiritual que consideraban digno de Cuenca y de su Semana Santa, hasta el punto de mejorar lo que antes hubo, y legar a las generaciones que hemos venido tras ellos, acaso el mejor elenco escultórico procesional del siglo XX. Aquella comisión, que en unos años se convertiría oficialmente en la Junta de Cofradías que hoy conocemos3, procuró conseguir el apoyo económico de las administraciones durante el año 1940, culminando esa primera parte de su labor gigante con la reunión que, ante la autoridad del Gobernador Civil, congregó a representantes del cabildo catedralicio y a miembros de la Junta de Hermandades, junto al alcalde de la ciudad de Cuenca y al
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Nuestro Padre Jesús Nazareno – del Puente -, obra de D. José Capuz, desfilando por primera vez el Jueves Santo de 1942. Foto archivo familia Pérez Torralba.
Presidente de la Comisión Gestora de la Diputación Provincial, D. Jesús Merchante, quien, dando efecto al firme compromiso que de allí salió para que las administraciones sufragasen el encargo de imágenes sobre las que reconstruir las procesiones capitalinas, de inmediato dirigió escrito al mencionado Gobernador, en el que le solicitaba que intercediese para conseguir liberar una jugosa partida económica provincial vinculada a otros fines, y poder destinarla a costear contratos con escultores4. No hay certezas, y mucho menos documentales, sobre por qué se eligió al Nazareno de San Antón para el primer gran encargo costeado por la Diputación, y tampoco del motivo por el que se pensó en D. José Capuz Mamano para el mismo, escultor que apenas había tenido una obra en Cuenca, la Piedad del Salto de Villalba, destruida años atrás durante la guerra. Que la talla de Marqués Amat no debió gustar en Cuenca, y mucho menos a la Hermandad, parece claro a tenor de que,
nada más pasar la Semana Santa de 1940, su Junta de Diputación se plantease pedir presupuesto de un Jesús Nazareno a Pío Mollar, escultor que por cierto había sido el autor del Cirineo incorporado al Santo Paso en 1914. Y no podemos obviar la honda devoción que el pueblo conquense dedicaba a la Sagrada Imagen de Jesús del Puente desaparecida, y el hecho indiscutible de que su Hermandad era una de las de mayor raigambre e Historia de la ciudad. Mas la presencia en la Junta de Hermandades de D. Manuel Saiz Abad debió ser relevante a la hora de que se abordase con tal inmediatez el proyecto del nuevo Nazareno del Jueves Santo, sabedor como todos sus hermanos de que se necesitaba una nueva Imagen titular que tuviese la suficiente calidad artística y carisma como para mover corazones y almas con su sola presencia, pues sólo así podría llenarse el vacío que había dejado el imponente Jesús tan recientemente destruido.
1. Castizo y hermoso añadido con el que por entonces se distinguía a la Sagrada Imagen que recibía culto en San Antón, de la homónima de El Salvador 2. PÉREZ VALERO, A. A través de mi Capuz. Servicio de Publicaciones de la Excma. Diputación Provincial de Cuenca. 1997 3. La constitución oficial de la Junta de Cofradías podría fecharse el 10 de enero de 1946, día de su aprobación eclesiástica. 4. Carretero Escribano, J.M. y Pérez Calleja, I.J. “El Nazareno de José Capuz para Cuenca: Proceso de una adquisición decidida por Luis Martínez Kleiser. De una desaparecida “Piedad” del escultor en el Salto de Villalba al cantor de nuestras bellezas.”, Cuenca Nazarena 2016, pp. 112 -141.
5. Para conocer la semblanza y figura de D. José Capuz, nos remitimos al contenido al respecto del mismo artículo de los hermanos D. José Miguel Carretero Escribano y D. Israel José Pérez Calleja que referenciamos en la nota 4, publicado en Cuenca Nazarena 2016. 6. Comisión de Hermandades es el nombre que se recoge en el acta de esa Junta, refiriéndose a lo que más habitualmente se denominaba Junta de Hermandades. 7. Así consta en los libros de actas de la Muy Antigua y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno – del Puente -, que junto a los documentos que se conservan en el archivo de la misma, constituyen la principal fuente consultada a la hora de redactar el presente artículo.
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Detalles del diseño realizado por D. Luis Marco Pérez de las andas de Nuestro Padre Jesús Nazareno – del Puente -, estrenadas en 1952. Archivo de la M.A. y V. Hermandad de N. P. Jesús Nazareno - del Puente -.
Y quizá por ello no es casualidad que se buscase algo muy distinto al patrón estético y artístico que estaba marcando la recuperación de nuestra imaginería, afortunadamente definido por el estilo de D. Luis Marco Pérez, acudiendo esta vez al nombre y prestigio de un escultor como D. José Capuz5. Del altísimo concepto que se debía tener del artista valenciano da una idea el precio en que se cerró la oferta para la realización de la obra; 24.000 pesetas, contemplando el adelanto de 12.000 a la hora de aceptar el boceto 4. Una comparación con los precios en los que se remataron los encargos de tallas de otros Pasos de entonces, nos da una idea de lo recién afirmado. También es muy ilustrativo recordar que se le situaba a la altura del mismísimo D. Mariano Benlliure y Gil, en la conocida rivalidad entre las grandes Cofradías de Cartagena, también muy afectadas en su patrimonio por la guerra. Así, en aquellos años los californios encargaron sus nuevos Pasos a Benlliure, y los marrajos a Capuz. Aunque para esa fecha aún no se había formalizado la oferta al escultor por la Excelentísima Diputación Provincial, el 16 de marzo de 1941 ya conocía la Hermandad el seguro encargo de su nuevo Titular, pues, como queda dicho, en la Junta General celebrada en esa fecha acordó admitir como hermanos sin pagar entrada a los componentes de la Comisión de Hermandades6 , dándoles un voto de gracias, con especial
mención al hermano D. Manuel Saiz, que, por cierto, había sido nombrado Vicesecretario de la Cofradía el 30 de enero anterior 7. Ya anunciaba D. Manuel en aquella asamblea que la Imagen sería de calidad y belleza, pidiendo que las andas que se construyesen para ella estuvieran a su altura. Con pleno conocimiento de causa podía realizar tal aseveración, pues la Junta de Hermandades era la que mantenía conversaciones y estipulaba condiciones con el artista, precisamente en esos meses, entre las que fue especialmente afortunada y decisiva aquélla, luego reflejada contractualmente, por la que se daba al escultor libertad creativa, sin atarle a referencias estéticas ligadas al antiguo e histórico Paso. Luego de la oferta remitida por la Excelentísima Diputación a D. José Capuz el Viernes de Dolores de ese año, que sería aceptada a renglón seguido por el escultor, el mismo Lunes Santo, se abre una interesante relación epistolar entre la Junta y el escultor, que obra en el archivo de la Muy Antigua y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno – del Puente -, iniciada por D. Carlos Albendea nada más terminar la Semana Santa de 1.941, el 15 de abril, pidiendo ya al señor Capuz un dibujo del Nazareno, con indicación de dimensiones, para poder ir trabajando en la construcción de unas andas para la Imagen.
5. Para conocer la semblanza y figura de D. José Capuz, nos remitimos al contenido al respecto del mismo artículo de los hermanos D. José Miguel Carretero Escribano y D. Israel José Pérez Calleja que referenciamos en la nota 4, publicado en Cuenca Nazarena 2016. 6. Comisión de Hermandades es el nombre que se recoge en el acta de esa Junta, refiriéndose a lo que más habitualmente se denominaba Junta de Hermandades.
7. Así consta en los libros de actas de la Muy Antigua y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno – del Puente -, que junto a los documentos que se conservan en el archivo de la misma, constituyen la principal fuente consultada a la hora de redactar el presente artículo.
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El Nazareno de San Antón en procesión sobre las andas de 1952, tal y como lucieron entre 1953 y 1960. Foto archivo D. Víctor Rafael San Julián Esteve.
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Hablan las Hermandades Nuestro Padre Jesús Nazareno – del Puente -, el Jueves Santo de 1969. Foto archivo D. Jesús Torralba Mora.
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El día 28 del mismo mes responde el artista valenciano, dejando el envío de lo que se le solicita para el momento en el que tuviese realizado el boceto, cosa que se demoraría mucho más, como ahora veremos. El 12 de septiembre, ante la ausencia de noticias del señor Capuz, es ya D. Manuel Saiz Abad el que le escribe, tomando a partir de ahora el protagonismo en las comunicaciones postales con el escultor, con la sola excepción de una carta más firmada por D. Carlos Albendea, en la que además dejaba constancia de haber visitado el estudio de D. José Capuz, todo dentro de una línea de creciente impaciencia entre los componentes de la Junta de Hermandades, pues el tiempo pasaba sin que el artista mostrase el boceto. Varias cartas se intercambian a partir de entonces, la mayoría de las enviadas desde Cuenca firmadas por D. Manuel Saiz, todas las que Capuz remite, con D. Manuel como destinatario, en las que se apremia al escultor, y éste intenta tranquilizar la inquietud de los hermanos, asegurando que la obra estaría terminada a tiempo. Muestra del protagonismo de D. Manuel Saiz en la interlocución con el escultor desde Cuenca, es que D. José Capuz avisa de que el boceto va a estar disponible en la segunda semana de diciembre de 1941, mediante carta que dirige a aquel, y es también D. Manuel el que le explicará a mediados de ese mes el motivo de la dilación en la visita para dar el visto bueno al boceto, lo que vino motivado porque la Diputación no celebraba sesión hasta el 20 de diciembre, luego de suspender la que estaba prevista para el 10 de los corrientes. La causa por la que era indispensable esa reunión de la administración provincial, no era otro que la necesidad de aprobar el pago de las 12.000 pesetas del primer plazo al escultor, que debía hacerse efectivo en el momento de dar la conformidad al boceto, según se recogía contractualmente. Como quedó plasmado en el espléndido artículo firmado por D. José Miguel Carretero Escribano y D. Israel José Pérez Calleja que aparecía en el número de Cuenca Nazarena del año 2016, finalmente esa visita para ver y aceptar la maqueta de la Imagen fue realizada antes de terminar el mes, nada menos que por D. Luis Martínez Kleiser, comisionado al efecto por la institución provincial, quien otorgó su favor al boceto, lo que comunicó al Presidente de la Diputación mediante carta, redactada con exquisito gusto e impecable estilo, fechada el 27 de diciembre de 1941. Inmediato debió ser el comienzo del trabajo sobre la madera del escultor, pues el 25 de enero de 1942, D. Manuel Saiz da cuenta ante la Junta General de la Hermandad que ha estado viendo la nueva Imagen, encontrando el trabajo muy adelantado. En esa misma asamblea se acordó contratar la construcción de las andas para el primer desfile de la talla con el hermano D. Reyes Pérez, en la cantidad de 1.435 pesetas, y el mismo señor Saiz muestra a los hermanos un modelo de grupos de tulipas, que semanas más tarde serán encargados al broncista madrileño D. Mariano López.
Precisamente en esa Junta General, D. Manuel es nombrado Depositario de la Hermandad, y D. Emilio Saiz Díaz su Secretario. Holgaría recordar la contribución decisiva que ambos aportaron a la reconstrucción de la Semana Santa de Cuenca y a la Hermandad de Jesús del Puente, siendo sobre todo el primero el que durante décadas estuvo comprometido en la primera línea del gobierno de la Cofradía, demostrando constantemente un absoluto amor y devoción por el Nazareno de San Antón. Tampoco podemos olvidar a los hermanos que cesaron en sus cargos en aquella asamblea de enero del 42, con especialísima mención para el hasta entonces Secretario D. Manuel Zanón Ochoa, y para el Depositario D. Florencio Cuesta, ejemplo ambos de la mayor generosidad al ceder el testigo del gobierno de la Hermandad en ese momento, precisamente cuando la ilusión despejaba los oscuros y duros tiempos atravesados, en los que, como apuntábamos antes, ellos arriesgaron hasta la vida. En la cuaresma de 1942 prosigue la relación epistolar entre el nuevo Depositario de Jesús del Puente, que también lo era de la Junta de Hermandades, y D. José Capuz. Por ella sabemos que, aunque se le había pedido al escultor una fotografía de la Imagen para que apareciese en el programa de Semana Santa de ese año, no pudo incluirse en la edición por no estar terminada la Imagen al cierre de la misma. Y es que el artista iba muy justo de tiempo para que el Nazareno pudiera desfilar aquel Jueves Santo, haciendo frente incluso a contratiempos de salud, suyos y del sacador de puntos que le ayudaba, llegando a pedir el retraso de la fecha de entrega, que él mismo había previsto inicialmente para el Domingo de Ramos 29 de marzo, aplazándola al Lunes Santo 30 o Martes 31, con el objeto de poder ganar unas horas más de trabajo sobre la obra. No tenemos constancia cierta de en cual de esos días llegó la Imagen a Cuenca, pero sí de que el Jueves Santo 2 de abril fue llevada en procesión por primera vez por las calles de Cuenca, a hombros de dieciocho hermanos entre los que se encontraba D. Manuel Saiz Abad. Apenas nos han llegado dos o tres fotografías de aquella tarde y noche, en las que se puede contemplar un Jesús Nazareno sin corona de espinas ni potencias, desfilando sobre sencillas andas de doble plataforma, con cuatro grupos de siete tulipas cada uno, escoltando al Divino Reo, para iluminarlo en la anochecida. Nada más terminar la Semana Santa, el Martes de Pascua 7 de abril, D. Manuel Saiz escribía al escultor para expresarle que la Imagen había gustado mucho, felicitándole por su acierto hasta el punto de considerar al Nazareno la mejor obra que a la fecha tenía nuestra Semana Mayor, lo que había motivado que la Hermandad hubiera nombrado Hermano Honorario de la misma a D. José Capuz, designación que con gusto fue aceptada por él mediante carta del día 10 siguiente, agradeciendo el honor que se le hacía al poder contarse entre los componentes de aquella.
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La obra había pasado a ser Sagrada Imagen, y la devoción, acaso adormecida por la ausencia del antiguo Jesús destruido, empezaba a crecer. Y mucho hizo D. Manuel Saiz Abad por ello, junto con las Juntas de Diputación con las que trabajó a lo largo de muchos años. Pocos meses después de su llegada a la ciudad, se colocó al Nazareno una corona de espinas, y ya en 1943 unas potencias realizadas en dorado fino por la platería Meneses de Madrid. Las adquisiciones de elementos destinados siempre al mayor esplendor y más digno culto de la Imagen, se convierten en algo constante en esos años, ya sean para su altar de diario, para los cultos que se le dedican o para la procesión, enriqueciendo poco a poco las andas con unas barandillas, molduras, cambios en los grupos de luces, o mediante la incorporación de iluminación eléctrica. Como ejemplo del celo del señor Saiz por todo ello, baste mencionar el préstamo que de su peculio ofreció a la Hermandad para el pago de las mencionadas barandillas incorporadas a las andas en 1944, gesto que fue objeto de un nuevo voto de gracias, signo de reconocimiento que la Hermandad le concedió en numerosas ocasiones, tantas que sería prolijo enumerarlas; como al año siguiente, cuando se le otorgó otro, esta vez extensivo a su esposa, por el regalo a la Sagrada Imagen de una sabanilla, unos búcaros de cristal, y un nuevo juego de potencias, que a partir de entonces luciría la Imagen en su altar, reservando aquellas primeras para las salidas procesionales. Un nuevo impulso se produce a partir de la Junta General de 4 de febrero de 1951; en ella, D. Manuel Saiz Abad toma la palabra para alentar a los presentes a aumentar la brillantez de la Hermandad y de su Sagrado Titular, de cara a lo cual pide un voto de confianza para realizar gestiones que posibiliten la incorporación de la talla del Cirineo y la construcción de unas nuevas andas, voto que le es otorgado tanto a él como a toda la directiva. De inmediato se pusieron manos a la obra, con el liderazgo de D. Manuel que hoy evidencian los libros de actas y el archivo de la Hermandad, quien el 31 de marzo de 1951 escribía a D. Luis Marco Pérez, recordándole el encargo que, fechas atrás, le había hecho de un proyecto de andas para Jesús del Puente, cuya idea le dio el señor Saiz al propio escultor en el último viaje que éste había realizado a Cuenca. En esas semanas también se había dirigido solicitud a la Excelentísima Diputación Provincial para proceder al vaciado de la Sagrada Imagen del Nazareno, en la que afirmaban haber encontrado síntomas claros de carcoma, institución que les emplazó a recabar el consentimiento de D. José Capuz, quien se lo dio por escrito, con la sola condición de que la obra no viese menoscabado su valor artístico. La delicada operación fue ejecutada por los hermanos Pérez del Moral en mayo de ese año, y el testimonio oral de
D. Modesto, uno de ellos, apuntaba a que tan cierto era que la intención real del vaciado era la reducción de peso de la Imagen, en la que en realidad no se habrían observado señales de ataque de insectos xilófagos, como también lo fue el hecho de que, entre la madera retirada, se encontraron dos gusanos que hubieran menoscabado la venerada Talla con seguridad8 . Poco antes, el 29 de abril de 1951, se celebró Junta General Extraordinaria en la que se renovó el voto de confianza concedido a la de Diputación, la cual volvería a escribir a D. José Capuz para abordar el encargo del Cirineo, trabajo que fue rechazado por el escultor valenciano alegando motivos de edad y de salud, lo que fue dado a conocer a la Hermandad en asamblea de 28 de enero siguiente. Aun estando documentada una enfermedad pulmonar que Capuz padecía, pierde fuerza la causa que esgrimió, por el hecho de que al año siguiente, en 1953, entregaría a la Cofradía Marraja de Cartagena el maravilloso grupo escultórico del Santo Amor de San Juan en la Soledad de la Virgen. Aventurándonos quizá en el terreno de la elucubración, no parece descabellado pensar que nuestro artista no quería añadir figura alguna a su Nazareno, para él obra definitiva tal y como la concibió, esculpió y entregó en 1942. Ante esa respuesta, la citada Junta General del día de San Julián del año 52 acordó que la imagen de Simón de Cirene le fuera encargada a Marco Pérez para su ejecución pasada la Semana Santa de ese año. Tras ello, y felizmente -podemos afirmar hoy-, nunca más se volvió a mencionar siquiera el asunto del Cirineo en la Hermandad. Quedó así sin apurar el espacio, suficiente para dos tallas, que en su plataforma superior tenían las andas cuyo diseño fue presentado en aquella misma asamblea, realizado por el genial artista de Fuentelespino de Moya, cuya ejecución en la parte de carpintería fue adjudicada a los hermanos Pérez del Moral en el precio de 12.500 pesetas , y el dorado del conjunto a D. Enrique Gimeno Monrabal, que cobró por su trabajo 15.015,60 pesetas9. También eran parte fundamental del proyecto de aquellas andas las placas en plata repujada que se disponían de forma simétrica en todo su contorno, representando las estaciones del Vía Crucis. Con gran maestría y celeridad ejecutaron los Pérez del Moral su trabajo, remitiendo las andas por ferrocarril a Madrid, donde el taller de Gimeno cumplió plazos y calidad, pudiendo desfilar el Jesús del Puente sobre ellas el Jueves Santo de ese mismo año, sin las placas que no había dado tiempo a encargar, en cuyo lugar figuraban unos sencillos dibujos de motivos de la Pasión del Señor, realizados por el dorador. Sobre las esquinas de las andas, lucieron en aquella procesión los cuatro grupos de tulipas que habían acompañado al Nazareno en 1942, plateados para la ocasión en Valencia por D. José Bonacho David.
8. De ese testimonio de D. Modesto Pérez del Moral puede dar fe el firmante del presente artículo, junto a otros hermanos, conservando además grabación audiovisual del mismo.
9. Que finalmente se redujeron a 12.000, de las que 6.250 se les abonaron en 1953, y 5.750 en 1954.
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Jesús del Puente, sueño de su devoto D. Manuel Saiz Abad. Foto D. José Antonio Barrasa Esteban.
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Avanzando el año 1952 se encargaron a D. José Martínez, de Valencia, las cartelas de plata repujada y diez grupos pequeños de tulipas ejecutados en las mismas líneas que los grandes de las esquinas, aparejando todo ello un coste de 12.390 pesetas. Las placas no representaron finalmente las estaciones del Vía Crucis que figuraban en el diseño, siendo sustituidas por un apostolado, y los escudos de la Hermandad y de Cuenca. Toda la correspondencia cruzada con los profesionales foráneos que intervinieron en la ejecución de los trabajos de las andas, fue enviada y recibida por D. Manuel Saiz Abad, siendo palpable su máxima implicación personal en la consecución de aquella obra de arte de primer nivel, que suponía el espectacular pedestal de oro puesto a los pies de su Nazareno. El esfuerzo económico que afrontó la Hermandad en aquellos años fue notable, y así, en la Junta General de 28 de marzo de 1954 se plantea reducir los gastos en todo lo posible, para liquidar cuanto antes los débitos pendientes de satisfacer, ante lo que D. Manuel Saiz toma la palabra para manifestar que, mientras él pueda, no debe la Hermandad prescindir de aquello que pudiese dar lucidez y esplendor a su Sagrada Imagen, mostrándose totalmente dispuesto a seguir anticipando de su propio patrimonio lo que fuese necesario, sin ningún tipo de interés. Y es que el Depositario ya venía adelantando dinero, cerrando la Hermandad muchos ejercicios económicos con saldo negativo deudor hacia D. Manuel, cosa que siguió haciendo siempre que fue necesario, siendo especialmente significativas las cantidades que se le debían algunos años. La Junta General de 25 de enero de 1959, en la que se aprobaron las primeras cuentas cerradas con superávit en mucho tiempo, le nombró Hermano Mayor Honorario, concedido por unanimidad, aun habiendo declarado él mismo no ser merecedor de tal rango, según se recoge en el acta de esa asamblea “agradeciendo el celo, desinterés económico y fervor que siempre ha demostrado en todo momento a esta Venerable Hermandad” . Con los años, se siguieron introduciendo novedades en la estética procesional del Nazareno, como las espléndidas gualdrapas bordadas por Dª Encarnación Román Checa en 1955, o los grupos de faroles de la casa Bonacho David, que en 1966 sustituyeron a los de tulipas en las andas, sin olvidar el mayor decoro del altar de la Imagen, que fue adecentado en 1974, con la intervención de D. Nemesio y D. Modesto Pérez del Moral. De todo ello fue parte muy activa siempre D. Manuel Saiz Abad, que desde 1958 compartía directiva con otro hermano inolvidable, D. Jesús Torralba Cuevas, Secretario de la Hermandad durante 24 años, a la que además representó ante la Junta de Cofradías, siendo también capataz de banceros de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Su intachable trabajo, serio y generoso, aún es recordado con admiración. El 27 de febrero de 1977, después de 35 años en el cargo, D. Manuel abandona la depositaría de Jesús del Puente, y lo
hace porque le corresponde ocupar el puesto de Hermano Mayor Presidente por turno de antigüedad, honor que desempeña durante casi un año, hasta el 5 de febrero de 1978, fecha de la Junta General de Cuentas11 en la que, como es preceptivo, es relevado por otro hermano en el puesto. Poco después, el 30 de noviembre, cesaba también como Depositario de la Hermandad de San Juan Evangelista, cargo al que había accedido en 1959 desde el de Secretario, y ya por entonces había recibido la distinción de su nombramiento como Presidente Honorífico de la Junta de Cofradías, ratificado el 16 de marzo de 1977 por el Excmo. Sr. Obispo, D. José Guerra Campos, quien definió a D. Manuel Saiz como “el más decidido entusiasta de nuestra Semana Santa”. Así lo atestiguan quienes con él compartieron directiva, que recuerdan cómo, a pesar de su vinculación especial con las hermandades de Jesús del Puente y de San Juan Evangelista, siempre destacaba por encima de todo el conjunto de la Semana Santa de Cuenca, por la que trabajó incansablemente, ya fuera desde los cargos que ocupó en sus hermandades, ya desde la Junta de Cofradías, institución en la que había pasado por las responsabilidades de Depositario, Presidente y Vicepresidente (en los tiempos en los que el Asesor Religioso presidía la Junta), siendo su Contador en aquellos momentos de finales de los años setenta. El 9 de junio de 1981 D. Manuel Saiz Abad fue llamado por el Padre Eterno. Contaba con 73 años de edad, la mayoría de los cuales, mucho más de media vida, habían sido dedicados a sus hermandades y a su Semana Santa, asumiendo un papel fundamental a la hora de reconstruirla tras la Guerra Civil, unido a sus compañeros de aquella primera Comisión y de juntas posteriores, hacia quienes Cuenca guardará perenne gratitud. Se marchaba un personaje único e irrepetible, un hombre sin el cual no se podría entender la Semana Santa de nuestra ciudad tal y como hoy es, y seguramente tampoco la Hermandad de Jesús del Puente. Pues mucho tuvo que ver D. Manuel Saiz Abad en que D. José Capuz fuese el que soñase y tallase hace 75 años al venerado Nazareno para Cuenca, consiguiendo reemplazar, y quien sabe si superar, el fuerte recuerdo de la antigua y desaparecida Sagrada Imagen, que se tornó en ilusión nueva y fe en la dulce mirada que hoy nos acompaña cada día de nuestras vidas. Partió D. Manuel pero quedó su legado, su testimonio y su ejemplo, y sobre todo su amor y entrega a la Sagrada Imagen de Cristo con la cruz a cuestas, que en Su altar junto al Júcar, al otro lado del puente, recibe las oraciones, tristezas y alegrías de Sus millares de devotos. Quizá, cada vez que una lágrima, una mirada emocionada o un beso se deposita a Sus pies, que la asombrada mirada de un niño lo contemple y lo grabe en su corazón para siempre, que la anciana mujer le pida verlo otra vez en el cielo, el mismo Dios sonría agradecido al viejo nazareno, susurrándole quedo: “Jesús del Puente me llaman, Guardián de vuestras familias, Señor de Cuenca”.
10. También pagadas en dos plazos, en los ejercicios de 1953 y 1954. 11. La Junta General Ordinaria de Cuentas de la Muy Antigua y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno - del Puente -, llamada así para distinguirla de la de Subasta (denominación esta última que sustituyó hace dé-
cadas a la más tradicional de Junta General de Orden Procesional), es aquella en la que se someten las cuentas a la aprobación de los hermanos, además de renovar los cargos, tanto electos, como de Hermano Mayor Presidente y de sus Tenientes.
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Por José Manuel Vela Velasco El próximo 6 de mayo de 2017, la ciudad de Cuenca asistirá a un hecho muy singular, tanto por su significación, como por las escasas ocasiones en que tiene lugar: La Coronación Canónica de una imagen de la Virgen María. En esta ocasión, será la talla de Nuestra Señora de las Angustias, titular de la Real, Ilustre y Venerable Cofradía a la que da nombre desde 1902. Se da además la circunstancia de cumplirse los 75 años de la llegada a Cuenca de esta obra magnífica de imaginería procesional-pasional, nacida de la lucidez creativa del imaginero conquense por excelencia, D. Luis Marco Pérez. Desde décadas, nuestra venerada imagen, la Virgen de las Angustias, ha convocado la admiración, el respeto, el sobrecogimiento, la aflicción y el fervor generalizado; Fe en suma, hecha pública y patente con orgullo dentro de la amplia familia de los católicos conquenses, siendo acompañada cada Viernes Santo –en la Procesión “En el Calvario”- por miles de nazarenos anónimos y multitud de fieles, vistiendo así de luto sincero y silencio reverente nuestra ciudad en día tan señalado para la comunidad cristiana. La Real Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias, viene desarrollando en los últimos años, una intensa actividad a la que han dado contenido importantes proyectos: En 2006, el paso procesional de Ntra. Sra. de las Angustias, representó a la Semana Santa de Cuenca en la Muestra de Arte Sacro Munarco, desplazado hasta la Catedral de Sevilla durante diez días. En 2008, finalizando el año, Nuestra imagen titular era entronizada en un nuevo retablo en su sede canónica, la parroquia de Ntra. Sra. de la Luz, logrando con ello, proporcionar a Nuestra Señora de las Angustias un marco más adecuado donde recibir el cariño y las oraciones de sus cofrades y fieles conquenses. En 2009, la cofradía organizaba en nuestra ciudad el III Congreso Nacional de Hermandades y Cofradías de Nuestra Señora de las Angustias; Entre la programación diseñada y ejecutada con éxito, citar la presencia de la “Unidad de Música del Regimiento de Infantería Inmemorial del Rey Nº1, del Cuartel General del Ejército”, que por primera vez ofreció en nuestra ciudad un concierto de marchas procesionales, y en el que se estrenó una obra compuesta por el gran compositor Abel Moreno, “A Nuestra Madre de las Angustias de Cuenca”. En 2011, la hermandad participó activamente en la celebración de la JMJ en nuestra ciudad. En 2013, la cofradía recibía la “Cruz de la Orden del Mérito de la Guardia Civil con distintivo blanco”, otorgada por Orden del Ministro del Interior, Ilmo. Sr. D. Jorge Fernández Díaz, de fecha 30 de abril.
Fotografía: Luis Miguel Caballero
Secretario de la R.I.V. Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias
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Fotografía: José Andre´s Jiménez
Pero además, desde la Junta de Diputación de esta cofradía –como ya hicieran otras directivas anteriores- se ha intentado siempre priorizar y fomentar el culto a María Santísima de las Angustias. Un ejemplo de ello, es la recuperación en 2010, del Traslado de Nuestra Señora de las Angustias en procesión desde la parroquia de Ntra. Sra. de la Luz, hasta el Convento de las RR.MM. Concepcionistas Franciscanas, desde donde inicia su caminar la hermandad el día de Viernes Santo al mediodía. Y ahora, se tenía la idea clara de lograr alcanzar el mayor reconocimiento que la Iglesia Católica otorga a una talla de la Santísima Virgen en atención a la singular veneración que recibe cada día del año de forma continuada: Su Coronación Canónica. Todo ello, con la pretensión clara de no limitar este objetivo a la celebración del solemne acto litúrgico que ello conlleva, sino ser la muestra un testimonio imperecedero de la Fe de una cofradía y de una ciudad por la angustia de María. Con el deseo además, que constituya un verdadero renacer de la devoción Mariana en nuestra población, en unos tiempos donde el despiadado materialismo, amenaza con aplastar sin miramientos la espiritualidad humana; donde corrientes interesadas parecen haber puesto su atención en romper el vínculo sagrado entre Dios y los hombres. Por todo ello, pretendemos que esta trascendente celebración sea un evento capital para el devenir de nuestra cofradía, de todos y cada uno de sus hermanos, pero también de los conquenses en general y de cuantos peregrinos llegados de nuestra provincia y de fuera de ella quieran participar en semejante loa de amor María. En los próximos días, se anunciará el programa completo de los actos previos que servirán de preparación al día esperado. Entre ellos, la celebración de un Concierto Benéfico en el Teatro Auditorio de Cuenca, el día 25 de marzo, a cargo de la Banda de Música Maestro Dueñas (de El Puerto de Santa María) y la Capilla de Música de la Catedral de Cuenca. En él, se estrenará la marcha “Nuestra Señora de las Angustias Coronada de Cuenca”, compuesta como obra de encargo por D. Fernando Ugeda Fernández. La recaudación del mismo irá destinada al capítulo de Acción Asistencial que lleva aparejada la Coronación Canónica. La celebración de conferencias de contenido mariano, a cargo de ponentes de gran relieve, como la que pronunciará el Excmo. y Rvdo. Cardenal Carlos Amigo, bajo el título “Razones y motivos para coronar una imagen de la Virgen María”. Superados los días de la Semana Santa, la talla de Nuestra Señora de las Angustias, visitará todas las parroquias de la ciudad, permaneciendo 24 horas en cada una, como preparación de cara al día de su Coronación Canónica.
La solicitud de Indulgencia Plenaria a la Santa Sede para todos aquellos que asistan a los cultos diseñados cumpliendo los requisitos que se establezcan. La Bendición Papal. La celebración de un Solemne Triduo en las vísperas del 6 de mayo. O el Traslado de Nuestra Señora de las Angustias –sin corona- en la tarde noche del 5 de mayo en procesión desde la parroquia de Nuestra Señora de la Luz hasta la Catedral. A las doce de la mañana del día 6, dará comienzo la celebración litúrgica de la Coronación de la Madre de Cuenca. El acto tendrá lugar en la Plaza Mayor de Cuenca, siendo ya muchas las hermandades de la provincia y de otras ciudades de España que han comunicado su asistencia. Y ya por la tarde, a las 17:00 horas, dará comienzo la Procesión de Nuestra Señora de las Angustias Coronada desde la Plaza Mayor hasta su iglesia de origen, recorriendo las principales calles de la ciudad. Ya entonces, María Santísima de las Angustias lucirá la corona que le habrá sido impuesta horas antes por la dignidad eclesiástica, y que en su mayor parte, ha sido realizada con las donaciones de oro y plata de sus cofrades y de otros conquenses que sin serlo, han querido tener este generoso gesto y muestra de cariño. Esta pieza joyería ha sido realizada por el taller de de la capital Pedro Joyeros, con un diseño realmente atractivo, original y recorrido de motivos y alegorías de la historia de esta hermandad centenaria y la propia ciudad de Cuenca. Para finalizar, deseamos invitar a todos los fieles de María a que asistan al acto donde será reconocida de nuevo como Reina del Universo, tal y como apuntó Juan Pablo II el 23 de julio de 1997. Que ese día, arropemos a Nuestra Madre y le hagamos saber el orgullo sentido por considerarnos sus hijos. “Jesús, viendo a su madre y al lado del discípulo predilecto, dice a su madre: - Mujer, ahí tienes a tu hijo. [27] Después dice al discípulo: - Ahí tienes a tu madre. Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa”. Jn 19 26-28 Que todos seamos como Juan, el discípulo amado, y demos cobijo a Nuestra Madre en nuestros corazones cada día de nuestras vidas. “Siempre ha sido, y deberá seguir siendo, para mayor gloria de nuestra Madre, la Virgen de las Angustias”
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Por Juan Carlos Muñoz del Olmo Secretario y Hermano Honorífico de la I.V. H. de La Negación de San Pedro 102 Cuenca Nazarena
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Fotografía: Antonio Abarca Contreras
En la entrevista de “El Día” realizada a Aurelio Cabañas en abril de 1992, como representante del Beso de Judas, se recogía: “Puede ser noticia en pocos meses. Un grupo de muchachos ha solicitado al Beso de Judas el permiso oportuno para crear una nueva hermandad con base en la antigua imagen denominada La Negación de San Pedro”. La entrevista seguía a continuación, en palabras recogidas literalmente de Aurelio: “No creo que pongamos inconveniente alguno a ello, porque lo cierto es que estas nuevas cofradías jóvenes se toman muy en serio la Semana Santa, no como una diversión. En nuestra próxima Junta General, que se celebrará el Domingo de Ramos, decidiremos al respecto”. Este grupo de jóvenes, como Junta Directiva Constituyente de la futura hermandad al que aducía nuestro querido hermano Aurelio, ya había redactado su acta fundacional un mes antes, el 7 de marzo de 1992, como primera de las numerosas gestiones a realizar. Y citamos, “querido hermano Aurelio”, porque desde que un Viernes Santo de 1991, durante la larga presidencia de la Procesión Camino del Calvario, este Secretario de la hoy Ilustre y Venerable Hermandad de La Negación de San Pedro le comentó el proyecto de recuperación de uno de los
pasos perdidos en la contienda civil que se estaba gestando: Jesús despojado de sus vestiduras, la Crucifixión de Jesucristo o el recuperado La Negación de San Pedro; Aurelio respondió con una mirada de complicidad y una sonrisa ladeada de satisfacción. Desde ese día y hasta el 14 del pasado mes de enero, día en que tristemente nos dejó, siempre lo tuvimos a nuestro lado. También como hermano de esta Hermandad y como Hermano Mayor en 2016, junto a nuestro también querido Consiliario, D. Anastasio Martínez Sáez, en la celebración de nuestro XX aniversario de desfile por las calles de Cuenca. Acontecimiento que celebramos en la Semana Santa de ese año al otorgar su Excmo. y Rvdo. obispo de Cuenca, monseñor D. José María Yanguas Sanz, el título de Ilustre a la Venerable Hermandad de La Negación de San Pedro. El domingo de Ramos del año 1992 en que se celebró la Junta General de la Venerable Hermandad del Prendimiento de Jesús, tal y como Aurelio Cabañas vaticinó, saldría del olvido uno de los pasos perdidos de la Semana Santa de Cuenca y que desfiló por primera vez en el año 1906, al aprobarse por unanimidad la cesión de los derechos para su recuperación. Cuenca Nazarena 103
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Desde este recuerdo, desde aquel lugar donde habita la memoria, Aurelio estará sentado en su balcón celestial observándonos, como él lo solía hacer desde la acera cada Miércoles Santo, cuando se acercaba a abrazarnos, felicitándonos por el buen desfile y mostrándome orgulloso su insignia de La Negación prendida de la solapa de su chaqueta. El motivo para la fundación de esta Hermandad quedó suficientemente claro y surgió con el ánimo conseguido de recuperar un paso de nuestra Semana Santa desaparecido en la contienda Civil, reflejado en el pasaje Bíblico de la Pasión de Jesucristo que da nombre a la Hermandad: “La Negación de San Pedro”. Paso que desfiló con ese nombre desde 1906 a 1936 bajo la tutela de la V. H. del Prendimiento de Jesús, junto con los pasos de El Beso de Judas y Jesús en el Pretorio. A partir de aquí, el camino fue largo y con un gran número de gestiones por realizar. Al mismo tiempo, cada vez eran más los hermanos y hermanas que se sumaban al proyecto con ilusión. Desde la fundación en 1992, la Junta Directiva Constituyente presentó diversas solicitudes hasta su aprobación como Hermandad en 1995, ya que, en esos casi tres años, diversos acontecimientos de régimen interno se gestaron dentro del seno de la Junta de Cofradías (elecciones, presidencia seglar, estatutos...). El 25 de mayo de 1995 la Hermandad era reconocida dentro del seno de la Junta de Cofradías como miembro de pleno derecho. Por Decreto de Erección Canónica del Obispo de Cuenca S.E.R. Monseñor Guerra Campos, el 19 de febrero de 1996 quedó erigida como asociación pública de fieles la Venerable Hermandad de La Negación de San Pedro, rigiéndose la Hermandad por los Estatutos aprobados en esa misma fecha. Un mes y unos días más tarde, el 30 de marzo de 1996 y en el Teatro Auditorio de Cuenca, se llevó a cabo la Presentación Oficial de la Hermandad para todos los nazarenos y conquenses, instituciones públicas y medios de comunicación. El 22 de marzo de 1997, en la Santa Iglesia Catedral Basílica, se procedió a la bendición del conjunto procesional, del escultor conquense D. Vicente Marín Morte, por parte de S.E.R. Obispo de Cuenca, D. Ramón del Hoyo López.
Cuatro días después y desde esta misma Catedral, el 26 de marzo de 1997, saldría a recorrer por primera vez las calles de Cuenca un paso recuperado y convertido en Hermandad. Nuestro primer desfile por la calles de Cuenca se desarrolló bajo la estela que iba dejando el cometa Hale-Bopp en la noche blanca de aquel Miércoles Santo; quizá muy pocos se acuerden de aquella coincidencia, nosotros lógicamente sí. Los primeros escalones los habíamos superado con éxito, los nervios de la emoción flotaban en el aire mezclándose con el olor a cera de la tulipas ya encendidas, todos juntos en la puerta de la Capilla de los Muñoz del templo Catedralicio. Fuera, en la Plaza Mayor, la expectación era máxima. La novedad estaba servida. Desde ese 26 de marzo de 1997 al 12 de abril de 2017 habrán pasado veintiún años desfilando por las calles de Cuenca y cinco lustros de Hermandad. En medio: nuevas ilusiones, nuevos quehaceres tan importantes como los anteriores... ¡Pero tan distintos! Y siempre con el afán de trabajar por engrandecer con nuestro esfuerzo y humildes aportaciones a la Semana Grande de Cuenca. Aportaciones continuas con un sobreesfuerzo de todos los 635 hermanos y hermanas que integran la Cofradía. En estos veinticinco años la Hermandad pudo: afrontar el pago del conjunto escultórico, así como la reforma interior de sus andas; también se ha conseguido tener varales propios, tanto del Guion, como de los dos estandartes y de los dos faroles de la cabecera. Todos se pudieron adquirir gracias a las recaudaciones obtenidas a partir de las rifas que se organizaron para sortear las magnas obras escultóricas que, año tras año, ha venido donando el afamado escultor cerámico y hermano de La Negación, Tomás Bux. Esta Cofradía no olvida el compromiso que tiene con el cumplimiento de lo recogido en sus Estatutos. Por tal motivo, ha venido colaborando y colabora en diversas actuaciones de ayudas económicas de carácter social y parroquial. Tampoco olvida la ayuda económica a fondo perdido o de préstamo; o la cesión de enseres para poder procesionar el primer año; en definitiva, el apoyo que recibió por parte de algunas Hermandades de nuestra Semana Santa. Muchas Gracias. Fue nuestra Hermandad la que propuso ante la Junta General de la Junta de Cofradías de la Semana Santa de Cuenca que
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todos los guiones de las diferentes Hermandades portasen un crespón negro en memoria de las víctimas del atentado terrorista del “11-M”, en el año 2004. Propuesta que fue aprobada y aceptada por unanimidad. La hermandad ganó su Jubileo en el Año Santo de San Julián, el 16 de mayo de 1998, de la mano de nuestro Consiliario y guía espiritual de la Hermandad, el M. I. Canónigo de la S. I. Catedral Basílica, D. Anastasio Martínez Sáez, quien ha venido mostrando su cariño, apoyo y entrega a la Cofradía desde su nombramiento como tal, interviniendo activamente en las diferentes gestiones y actividades de la misma: supervisión de las diferentes fases del conjunto procesional, Juntas Generales, Juntas de Diputación, Funciones Religiosas, Misas por el Sufragio de los Hermanos Difuntos, participación en los desfiles acompañando a nuestro titular, gestiones de la Diócesis... En definitiva, una gran referencia para todos miembros de nuestra Hermandad. En el aspecto musical, también nuestra Hermandad ha contribuido a engrosar el repertorio de la música procesional conquense, con la aportación de cuatro marchas procesionales compuestas por otros tantos compositores conquenses, que han tenido a bien dedicar sus obras a la Hermandad. Estas son: “Flevit Amare” (1999), de Pedro José García Hidalgo; “La Negación” (2004), de José Vicente Monedero; “No lo Negaste en la Cruz” (2005), de Manuel Millán de las Heras; y “Banceros de la Negación” (2011), de Javier Calderón Zamorano. Este año se estrenará la quinta marcha procesional, compuesta por Juan Carlos Aguilar, director de la Banda de Música de Cuenca, titulada: “Arrepentimiento en el Silencio”. El día 25 de marzo de 2006, en la Iglesia de San Miguel, se celebró un Concierto de Marchas Procesionales dedicado al Acto de Hermanamiento con la Asociación Musical Moteña, así como se editó un disco compacto con las marchas interpretadas, ilustrado por el artista Tomás Bux. Además, y gracias de nuevo al hermano Tomás Bux y a su hermano Eduardo Bustamante Monedero (Lenon), maestro conquense de la piedra, podemos contemplar un mural dedicado a nuestra Hermandad en la calle San Pedro.
Esta joven Hermandad propuso por escrito a todas las Hermandades del Silencio la celebración del I Centenario de la Procesión del Silencio en el año 2005, liderando y participado activamente en la conmemoración, junto con las hermandades que integran la Procesión del Miércoles Santo. Pero lo más importante de toda esta participación es la unión entre hermanos generada entre las siete hermandades de la Noche Blanca a partir de entonces. También cuenta en su haber la creación de la Asociación Cultural “Flevit Amare”, fundada en el año 2005 para llevar a cabo diversas actividades dirigidas a todos los grupos de edad que integran la Hermandad. La Asociación ha impulsado especialmente al Grupo Joven, con el fin de crear ambiente de Hermandad y acercarla aún más a sus integrantes. Se consigue mediante la organización de viajes culturales, diversos talleres y la ya tradicional convivencia en la Fuente de las Tablas (con educación en respeto al medio ambiente, taller de cerámica buxiana, acercamiento al conocimiento del firmamento, técnicas de orientación y senderismo, entre otras). Actualmente, La Negación cuenta con una sede de Hermandad ubicada en los locales que la Junta de Cofradías tiene en la calle Solera. En ella se encuentran el archivo de la Hermandad y enseres de la misma. Así de rápido han pasado cinco lustros. Visto así, no parece tanto. Pero en medio quedan muchas ilusiones realizadas y otras truncadas, multitud de quehaceres, todos ellos iguales a los anteriores pero, ya lo dijimos, todos tan distintos; especialmente el trabajo de muchas personas, hermanos y hermanas, que acompañaron y acompañan a la Hermandad en su Vivir Nazareno. Otros nos acompañan de otra forma, desde otro lugar y otra Semana Santa, iluminándonos con la luz viva de la memoria y los sentimientos, desde el corazón. Por y para todas las luces que se encendieron, se encienden y se encenderán.
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Crónica del Rosario Vespertino de Nuestra Señora de la Soledad (del Puente) con motivo del 75 Aniversario de su hechura Por Adrián López Álvarez Atardecía en la ribera del Júcar. El sol declinaba, acercándose poco a poco a la línea del horizonte y dejando que su claridad, cada vez más tenue, alumbrase con mortecina oblicuidad los suelos de las orillas, alfombrados de hojas pardas. El río parecía discurrir más lento hacia la noche, como si quisiera solazarse en el calor de los últimos rayos que reverberaban en su superficie. Pero aquella tarde de octubre no era una tarde de otoño cualquiera, fría y algo apagada, como tantas otras. Hacía más calor que de costumbre. Y se diría, aunque pareciera mentira, que en las ramas de los chopos reverdecían hojas nuevas y entre la hojarasca desprendida se adivinaban, pese a lo inverosímil del hecho, algunas tímidas y coloridas flores. El viento no bajaba por las hoces con la fuerza que, por la época, le era propia; ni parecía querer embocarse, gélido, en los recovecos de la ciudad. Venía templado, pausado, algo retozón. Y por eso se enroscaba, travieso, entre los pinos y las rocas, aleteando, transportando fugaces nubes -de esas que asustan más que otra cosa-, como suele hacer en abril. Quizás es por eso que, al igual que ocurre cierto día de primavera, aquel 15 de octubre también había un bullicio especial en los alrededores de San Antón. Un nutrido grupo de gente se reunía en torno a la puerta de la Virgen de la Luz y algunos, incluso, se agolpaban en las traseras del templo y llenaban esa pequeña y familiar terraza con la algarabía de un día grande que, por calendario, no tocaba vivir. Hasta había quienes esperaban en los laterales del puente. Y es que aquella tarde de otoño tenía aires de Jueves Santo. Pero no, los que se congregaban en los aledaños del viejo arrabal no estaban allí por capricho o a causa de una extravagante ocurrencia. No habían sido convocados por obra y gracia de las redes sociales, cosa común en nuestros días. No. Lo que ocurría es que tenían una cita con la Historia. Así, con mayúsculas. La de una Hermandad que aquella tarde iba a cerrar, me atrevo a decir que poniéndole un broche de oro, más que una efeméride, un hito en su trayectoria centenaria. La de una ciudad que estaba -y está, por desgracia, todavía- poco acostumbrada a vivir eventos como aquel, sobre todo en fechas lejanas a la Cuaresma. Y la de una Semana Santa que aquel día recuperó buena parte de su esencia, su autenticidad y el gusto por el detalle que ha ido perdiendo, lamentablemente, por muchas y diferentes razones que ahora no vienen al caso, a lo largo de su ajetreada y también centenaria existencia.
Porque, si algo significó el Rosario Vespertino que, con carácter extraordinario, fue organizado por la Venerable Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad (del Puente), como colofón a los actos conmemorativos del 75 Aniversario de la hechura de su Sagrada Imagen, fue precisamente eso: una vuelta a lo esencial, a lo fundamental. Un viaje al pasado, a nuestra Historia, no para mirarla con nostalgia, sino para reencontrarse con ella y aprender de ella. Para retomar usos y costumbres prácticamente olvidados, que la Cuenca Nazarena dejó de lado probablemente por necesidad, pero que ahora era precisamente necesario, si no urgente, recuperar. Elementos perdidos, casi condenados al ostracismo, de la liturgia y la estética cofrades que, ya sea por desconocimiento o por una bienintencionada pero errada voluntad de remarcar nuestra peculiaridad, hemos venido atribuyendo al acervo cultural de otras ciudades y de otras regiones, pero que siempre fueron tan nuestros como de los demás. Ritos y formas que no son fruto del capricho de nadie, sino que tienen sentido, profundidad y, sobre todo, contenido. Que es, justamente, lo que se echa de menos en la Semana Santa de hoy, en la que parece que cualquier cosa adquiere sentido por obra y gracia de la repetición, o del inmovilismo; en la que cualquier moda de las décadas pasadas es elevada a tradición inviolable gracias al conocido mantra del “esto siempre se ha hecho así”, en detrimento de lo que sí que se estuvo haciendo, mucho tiempo atrás, durante siglos. El propio formato del acto, así como la fecha elegida, eran ya una declaración de intenciones. En lugar de apostar por el boato de una procesión extraordinaria que, siendo absolutamente legítima, parece más adecuada para efemérides de mayor calado, como los aniversarios fundacionales, se buscó la sencillez, la cercanía y el recogimiento de un rosario público. Un culto externo de gran arraigo en la religiosidad popular española, cuyo origen cabe situar hacia mediados del siglo XVII, pero cuyo auge se vivió en el siglo siguiente, cuando la propia Iglesia fomentó ampliamente su práctica, contribuyendo a que se fijara definitivamente su forma y ritual. Bien es cierto que en Cuenca no tenemos constancia explícita, en las fuentes históricas, de la celebración de ninguno de estos rosarios, lo que se debe, sin duda alguna, a la parquedad de dichas fuentes y al hecho de que aún no han sido suficientemente abordadas por los investigadores de temas cofrades. Pero resulta lógico pensar que Cuenca no era la excepción en el panorama religioso de la
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España del XVIII y que, por tanto, en ella tendrían lugar estos cultos, al menos, con la misma frecuencia con que se daban en todas las demás ciudades del reino. O con la que en la propia Cuenca se daban otras expresiones de religiosidad popular parecidas, algo mejor conocidas por nosotros, como las procesiones de rogativas. Que, por cierto, era muy notable. De hecho, sí que tenemos conocimiento de que algunas devociones cristíferas protagonizaban cultos públicos en tiempos más o menos remotos. El caso más claro es el del Stmo. Cristo de la Agonía (de marfil), que salía por las calles de la ciudad en Vía Crucis cuaresmal no sólo uno, sino todos los viernes de la Cuaresma, al menos hasta bien entrado el siglo XIX. Afortunadamente, en época reciente la Hermandad de Ntro. Padre Jesús Amarrado a la Columna vino a recuperar la centenaria tradición de este ejercicio piadoso, organizando su Vía Crucis por el barrio de San Antón el primer fin de semana de Cuaresma. Pese a las críticas que en su día recibió esta corporación, que no fueron ni pocas ni desdeñables, aunque ahora la inmensa mayoría de los nazarenos y nazarenas conquenses ya no las recuerde, esta cita se ha erigido, con todo merecimiento, como un acto absolutamente indispensable para dar por comenzada, en lo que al ámbito puramente cofrade se refiere, la época de preparación para la Pasión. Bien mirado, ¿hay acaso un acto más adecuado para celebrar una efeméride tan fundamental en la vida de una Hermandad como es el 75 Aniversario de la hechura de su Titular? No debemos olvidar que, por más que sean obras de arte, las Sagradas Imágenes son, ante todo y sobre todo, obras concebidas para la devoción. Están hechas para constituirse en metáfora de aquellos a quienes dirigimos nuestras plegarias: Nuestro Padre Jesús y la Santísima Virgen. Están creadas para conmovernos, para llegarnos al corazón y que, ya sea en el silencio y la soledad de la capilla oscura, en medio de un oficio, o en un rincón de la ciudad durante una procesión -o, por qué no, un culto externo-, miremos a esos ojos que imploran, que sufren, que nos interpelan, y desnudemos ante ellos nuestras almas. Por ello, sacar a la Virgen de la Soledad a la calle, llevarla al encuentro de sus fieles y devotos hijos, para terminar de celebrar que hace 75 años llegó a nuestras vidas, y hacerlo colocándola cerca del pueblo, sin el boato y el hermoso pero a veces apabullante artificio con el que acostumbramos a verla cada Jueves Santo es, precisamente, una forma de poner en valor la gran devoción que esta preciosa dolorosa, obra magistral del gran imaginero de Cuenca, Luis Marco Pérez, lleva 15 lustros suscitando.
En cuanto a la fecha, ésta también se eligió con una intencionalidad concreta. Por un lado, se trataba de acercarse lo máximo posible a la llegada de la Sagrada Imagen a Cuenca desde Madrid, donde se ubicaba el taller de Marco Pérez, cuya fecha concreta se desconoce, pues no está recogida en ningún documento de la época, ni en los que posee la Hermandad, ni tampoco en los que, relativos a la reconstrucción de la Semana Santa de Cuenca, se conservan en los diferentes archivos de la ciudad. Hay que recordar que las circunstancias que envolvieron la hechura de la Virgen de la Soledad, así como su llegada a la ciudad y a la corporación que le da culto son excepcionales. No en vano, se trata de la única imagen de todas las del ciclo de la reconstrucción inicial que no fue sufragada por las instituciones civiles. En lugar de ello, fue encargada y adquirida por un donante particular, cuya identidad sigue todavía envuelta en el misterio. Lo que sí sabemos es que debió llegar a Cuenca en el otoño o invierno de 1941, y que fue recibida en la Iglesia de El Salvador, al encontrarse la Virgen de la Luz inmersa en unas obras de rehabilitación. Pero, por otro lado, al no poder concretar la fecha exacta en la que la talla fue recibida, se optó por situar este rosario vespertino en el mes de octubre, mes mariano por excelencia que es el que la Iglesia Católica consagra, en su calendario litúrgico, especialmente al ejercicio del Santo Rosario. Así pues, nuevamente se prefirió un acto con sentido y contenido, a uno solamente conmemorativo. De ahí que el 15 de octubre del pasado año, a la hora convenida, las puertas de la Iglesia de la Virgen de la Luz se abrieran para dejar salir el cortejo que la Hermandad puso en la calle, y que estuvo repleto de pequeños grandes detalles. Porque, llevando ese propósito de configurar un acto donde lo esencial, lo fundamental, primara sobre lo accesorio, la Hermandad conformó un cortejo ordenado, una lección práctica de puesta en escena, liturgia y estética cofrades. Para empezar, a la vanguardia de las filas se situaba la Cruz de Guía de la Archicofradía de Paz y Caridad, como muestra simbólica del peso específico que dicha institución ha tenido históricamente, y sigue teniendo hoy en día, en las Hermandades que forman esa gran familia que es el Jueves Santo. La cruz estaba flanqueada por dos faroles que prestó para la ocasión la Muy Antigua y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno (del Puente) -otra muestra más de la relación fraternal que existe entre todas las corporaciones que integran la Archicofradía-, y la acompañaba la inseparable campana que, desde hace siglos, ha abierto el desfile del Jueves Santo y que, en esta ocasión, tañía con el inveterado eco de las épocas pa-
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sadas, anunciando con ese sonido ancestral, que se hunde en la memoria de las hoces, el inicio de un acto singular, único. Tras esta poco habitual cabecera se disponían, ordenadamente, los hermanos de luz que quisieron acompañar a la Madre de la Soledad, aquellos que tuvieron el honor de llevarla sobre sus hombros -y que, excepcionalmente, fueron hermanos y también hermanas que se habían ofrecido voluntariamente a ello-, y una nutrida representación de hermandades y cofradías conquenses. Hay que señalar que, tratándose de la ocasión que se trataba, se quiso contar con una representación bastante amplia, pero que obedecía a unos criterios muy concretos. La Hermandad invitó, en primer lugar, a las corporaciones marianas de la ciudad, por tratarse de la primera vez que se organizaba un culto público de estas características con una dolorosa; en segundo lugar, a todas las hermandades con las que se compartía la celebración del 75 Aniversario de la hechura del Titular; y, finalmente, a un grupo de corporaciones con las que se comparten lazos especiales, ya sea históricos o devocionales. Hay que decir que, en cada uno de estos grupos, se tuvo el buen criterio de disponer a las hermandades no por el orden de salida que guardan en el conjunto de la Semana Santa, como suele ser habitual, sino por su antigüedad. Un gesto que no es baladí, aunque lo pueda parecer, ya que supone un reconocimiento al carácter centenario de la tradición que las hermandades y cofradías mantienen viva, y al gran arraigo y permanencia de éstas como instituciones relevantes dentro de la historia y la vida de la ciudad. Finalmente, la presidencia institucional ocupaba el lugar que solía tener antiguamente: delante del paso en lugar de al final del desfile. Pero lo más destacado del cortejo y del propio rosario se encontraba al término del mismo, en el lugar de honor. Porque, como bien dice el refranero popular, todo lo bueno se hace esperar. Y así, quienes supieron esperar, quienes acudieron a su cita con la Historia, recibieron su recompensa al contemplar el bellísimo espectáculo, sumamente evocador, que ofrecía la Virgen de la Soledad, entronizada en un paso pequeño y humilde, pero también exquisitamente elegante; magníficamente vestida con los mismos colores que luciera 75 años atrás, a su llegada a Cuenca -manto negro y saya granate-; y alumbrada por el cálido y titilante resplandor de la candelería natural. La Santísima Virgen lucía, después de varias décadas sin hacerlo, la preciosa saya granate que bordara Encarnación Román, una recuperación fantástica para el ajuar de la dolorosa del Jueves Santo, que además se mostraba radiante, con su bello rostro enmarcado en un tocado asimétrico que resaltaba sus hermosos rasgos, tan repletos de ese dolor bello, de
ese llanto delicado, tan característico en Ella. En cuanto al paso, se montó sobre la parihuela que la Ilustre y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Amarrado a la Columna tiene para montar su paso del Vía Crucis, algo que resulta especialmente pertinente, pues no en vano se trata de la corporación que recuperó estos ejercicios de culto externo para la Semana Santa actual y que es, por tanto, madre y maestra en estas lides. Si algo destacaba del conjunto era su sencillez y equilibrio, y la recuperación de la luz natural como medio de iluminación de la Sagrada Imagen. Sin duda, todo un acierto. Tras el paso, la presencia eclesiástica del Consiliario de la Hermandad acompañando a la Madre, y como cierre dos faroles de mano cedidos también para esta ocasión por la V. H. del Santísimo Ecce-Homo de San Miguel. Además, en torno al paso se pudieron contemplar las dos grandes novedades que el cortejo ponía en las calles: el cuerpo litúrgico antecediendo al paso y el acompañamiento de un trío de metales que interpretaba música de capilla. Se trataba de dos novedades absolutas en lo que se refiere a la Semana Santa actual, si bien, en puridad, deberíamos hablar de dos recuperaciones históricas de gran calado. El cuerpo de acólitos era un elemento fundamental de la liturgia anterior al Concilio Vaticano II que tenía un papel destacado en la celebración de los oficios religiosos y que ha formado parte durante siglos no sólo de las procesiones de Semana Santa, sino de cualquier ocasión en la que el Santísimo Sacramento o cualquier Imagen Sagrada hacía un recorrido público, y hasta de carácter claustral. Los acólitos tenían como función principal la de asistir a los sacerdotes en la celebración de las misas, y la de preceder a los pasos en las procesiones, dando luz e incensando. Los cuerpos litúrgicos o de acólitos -nombre que reciben sus integrantes y que proviene del griego, viniendo a significar acompañante-, están formados por un Pertiguero, que viste ropón y porta una pértiga o cetro con el que ordena cuándo se ha de avanzar, parar o realizar determinados gestos; un número determinado de Ceroferarios (portadores de cera), que son los que llevan los ciriales, revestidos con dalmáticas, tunicelas o roquetes; y un número determinado de Turiferarios (los que portan el incienso), que suelen llevar también dalmáticas o roquetes. En el caso que nos ocupa, la Hermandad puso en la calle un cuerpo litúrgico completo, gracias a la colaboración de la Hermandad del Silencio y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Fe, Nuestro Padre Jesús del Perdón y María Santísima de los Desamparados de Madrid, que prestó para la ocasión tanto los ciriales como los incensarios. Los acólitos iban revestidos con ropajes blancos, acordes con el
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tiempo litúrgico en el que se celebraba el rosario. En cuanto a la música de capilla, se trata de lo que podríamos llamar la banda sonora de las procesiones anteriores al surgimiento e implantación de las bandas de música y de cornetas; por tanto, la música que acompañaba a nuestros desfiles procesionales desde sus orígenes. En relación a estos dos elementos es necesario realizar una puntualización, ya que hay quienes piensan que se trata de rasgos ajenos a la tradición conquense y que han sido importados desde Andalucía, que es la región donde más y mejor se ha conservado hasta nuestros días. Sin embargo, esto es un error. Hay múltiples testimonios históricos, tanto documentales como gráficos, que demuestran que los cuerpos de acólitos eran usados a lo largo y ancho de toda la geografía española desde comienzos del siglo XVII, sin que existieran diferencias regionales a este respecto. Cuenca no era, tampoco en este sentido, una excepción. Lo que ocurrió en nuestra ciudad es que se fue perdiendo la pureza de dicho elemento y, finalmente, se fue abandonando. En algunas fotografías de principios del siglo XX aún se aprecian acólitos revestidos de roquetes y con ciriales situados a los lados de algunos pasos como, por ejemplo, el de Nuestro Padre Jesús Nazareno (del Salvador). Y, de hecho, algunas hermandades han conservado una deformación de este elemento litúrgico hasta nuestros días, como la Venerable Hermandad del Santísimo Cristo de la Agonía, que desde hace décadas viene disponiendo a ambos lados del Cristillo de Marfil a unos monaguillos con dalmáticas que portan faroles; o la Ilustre y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Amarrado a la Columna, que suele llevar cuatro nazarenos desempeñando una función análoga. Se trata, sin duda alguna, de los últimos vestigios de los antiguos cuerpos litúrgicos. En cuanto a la música de capilla, su uso en la Semana Santa de Cuenca de los siglos XVI, XVII y XVIII ni siquiera admite discusión, puesto que hay testimonios documentales que lo avalan, aludiendo claramente a su presencia en los desfiles tanto en la forma de un conjunto instrumental, como en la de conjunto instrumental con coro. Con todos estos ingredientes; con toda su incólume pureza, tanto en las formas como en las esencias; el rosario discurrió por un recorrido poco habitual para la Semana Santa de Cuenca, que atravesaba calles y zonas de la ciudad por las que no pasaba una procesión desde hacía siglos. Así, la Virgen de la Soledad atravesó el puente, como hace cada Jueves Santo, y se adentró por las intrincadas callejuelas de la zona de Santo Domingo y El Salvador, dejando estampas de grandísima belleza. Su travesía por las calles González Francés y del Pósito fue, sencillamente, una auténtica maravilla. La silueta de la dolorosa titilaba en las fachadas, proyectada sobre ellas por el arrebol anaranjado de los cirios, y antecedía a la llegada del paso, que se adentraba en las callejas envuelto por una nube de oloroso incienso, mientras las melodías del trío de capilla, íntimas y melancólicas, ascendían y descendían con candidez en el silencio de una noche templada. Las horquillas, amortajadas, golpeaban el suelo, produciendo un ruido extraño, como un eco ahogado de tambor en la lejanía. La llegada a la Plaza del Salvador, abarrotada de gente, consiguió transportar a todos los presentes quién sabe si a aquella Semana Santa de los años 40, que se estaba levantando de la nada, y donde la ausencia de recursos obligaba a cuidar lo esencial por no tener casi nada de lo accesorio. O, quizás, a otros tiempos más pretéritos aún; a
las procesiones que nadie hemos visto y que apenas podemos imaginar, ésas del siglo XVII o XVIII, que en nuestra mente aparecen ascéticas cuando quizás eran mucho más complejas y ricas, mucho más plenas de sentido y simbolismo, que las de hoy. Ya en el interior de la Iglesia de El Salvador, todos los presentes pudieron sentir el latir de la Historia, cuando la dolorosa de San Antón se encaró a su advocación hermana, a la Soledad de San Agustín, la Reina de la Madrugada. Cara a cara, frente a frente, como quizás estuvieron solamente una vez, 75 años antes. Así se consumaba una cita con la Historia. El descenso fue rápido, leve, apenas un suspiro. Porque no se trataba de estar en la calle innecesariamente, ni de entretenerse requebrando por los recovecos de un recorrido cuya parte central era sumamente hermosa, y se prestaba ello. Todo eso pertenecía a la categoría de lo superfluo, de lo accesorio, de lo superficial. Pero aquel día, aquel 15 de octubre de 2016, se trataba de buscar las esencias, lo fundamental, lo incontrovertiblemente puro de nuestras tradiciones. Y vaya si se hizo. Pues, a pesar de los pequeños fallos que pudieran señalarse, que los hubo -¿cómo no los iba a haber, si era la primera vez que la Hermandad se enfrentaba a un acto de estas características?-; a pesar del fallo de la megafonía, que no permitió que se escuchara bien el rezo de las estaciones, y de la aparición final del viento, que tampoco quiso perderse el evento, apagando las velas cuando la Virgen pasaba el puente, de regreso a su templo; el rosario cumplió, y con creces, con su cometido. Nos devolvió al año 1941, a aquella época de penurias y de retos, donde todo era crear, por cuanto no había prácticamente nada que conservar, y ningún reto era pequeño, pero tampoco asustaba. Nos devolvió al hecho trascendental que se conmemoraba: la llegada a Cuenca de Nuestra Señora de la Soledad. Y nos transportó a una Semana Santa mucho más vieja, que ya casi hemos olvidado, pero que es nuestra, y nos llama desde la profundidad de la memoria con su poderoso eco. La de los siglos primeros, la de las calles oscuras y los pasos pequeños, portados por un puñado de devotos hermanos en el silencio intemporal de las noches serranas, en medio del resplandor de las velas. La de las esencias. La de las tradiciones. La de los símbolos. El Solemne Rosario Vespertino conmemorativo del 75 Aniversario de la hechura de Nuestra Señora de la Soledad cerró un año sumamente especial, inolvidable para la Hermandad por todo lo que ha traído y lo intenso que ha sido. Pero no debería quedar como un hecho especial, aislado en el tiempo y en su propia singularidad. Este culto externo ha supuesto un fuerte aldabonazo en el silencio de la rutina. Un tañido de campana que podemos escuchar y mantener retumbando en nuestra memoria, o silenciar para siempre en el olvido. Este rosario marca un camino que está abierto, no sólo para la Venerable Hermandad de la Soledad del Puente -que lleva algún tiempo ya transitando por él, como algunas otras corporaciones de Cuenca-, sino para toda la Semana Santa, para todas nuestras hermandades y cofradías. Un camino de redescubrimiento, de reencuentro con lo que fuimos. Un camino que nos conduce a lo esencial y nos aparta de lo superfluo; que nos dirige hacia los usos y costumbres que un día tuvimos, que perdimos y que podemos recuperar, que tenían un significado, un contenido. Tenemos, al fin y al cabo, la ocasión de aprovechar esta cita con la Historia.
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FotografÃa: Luis Miguel Caballero
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FotografĂa: Archivo de la Hermandad
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Fotografía: Ignacio Blanco
Por Juan Ignacio Cantero de Julián ¿Qué son 50 años? Mucha gente lo mide en tiempo; medio siglo dicen. Quizás tengan razón desde su perspectiva, pero desde el prisma de un nazareno conquense la visión es muy distinta. 50 años son abuelos, son padres, son tíos, son hermanos. Banzos sacados y sin sacar, gente que estuvo, gente que está. Imágenes del pasado que “procesionan” por nuestras retinas con túnicas y capuces, con banzos y horquillas. Recuerdos y experiencias que forman largas filas de nazarenos en nuestras mentes e iluminan nuestras almas con la cera encendida de sus tulipas. La Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto (de San Antón) celebra los 50 años de sus nuevas imágenes. Un conjunto escultórico con el que sus hermanos han envejecido, mientras el Jesús y el ángel se mantienen intactos, desafiando al tiempo. Federico Coullaut Valera regaló a los hortelanos conquenses una nueva huerta para labrar. No haría falta abono, no requeriría semillas, simplemente el riego de unas lágrimas de pasión, el cultivo del fervor en el hombro y el correr de la sangre por acequias intravenosas. Un Getsemaní hecho exclusivamente para esta ciudad, al estilo de sus hoces, a la medida de sus callejas. Un huerto para los hortelanos del Júcar y del Huécar, un huerto para Cuenca. Una talla que en el año de su estreno en procesión quisieron entregar al Júcar y por la que hoy, muchos se arrojarían al mismo río de verla sufrir algún daño. Porque hay vidas que se pierden si sostienen al Jesús del Huerto la mirada. Porque la andrógina figura que sujeta el cáliz junto a él, da fuerzas y regala sus alas. Porque vemos en el Huerto sufrimiento, pero también esperanza. Lo que han visto estas imágenes imperecederas, es el paso de generaciones distintas y, han sentido el tacto de las manos temblorosas de diversos hermanos. La madera ha absorbido los recuerdos como si fueran agua, pero estos no la agrietan, la refuerzan. Experiencias y emociones de Cachiris, Gildos, Roscaos, Pimenteros, Ropardobles… Desde el cultivo nazareno de Agustín, Aragón, Isidro o Fabio entre otros, hasta la recogida del fruto de la tradición en una extraordinaria Cante-
ra Nazarena, pasando por la labranza desde la tierra y el cielo de Paco Zafra. Están todos. Meciéndose junto al “Paso del Huerto” cada Semana Santa, sangrando de pena cuando cada año se guarda, poniendo la oliva en sus almas, extendiendo los corazones por sus ramas. Como escribió Federico Muelas: “sois vosotros, hortelanos, orfebres de la ribera”. Y son ellos. Los que año tras año en San Antón trabajan. Los que unen la Pasión con el Huerto y lo llevan en volandas. Los que apartan del Señor el cáliz y regalan un medallón a su cuello; los que fabrican Semana Santa. Con un banzo a cada lado y unas andas de madera, salen a las calles Jesús y el ángel, salen sus nazarenos, sus hortelanos, sale Cuenca. Los hombros sangran en solidaridad con el rostro de Nuestro Padre y suenan las horquillas a ritmo de sístoles y diástoles. Lo han acompañado por las calles distintos nazarenos con un mismo objetivo: dormitar en las calzadas y soñar en las aceras. Y lo han llevado tantos... Tantos hombros lo han tocado... Tantos que físicamente lo han sufrido y emocionalmente lo han amado. Porque el Huerto se clava hasta las entrañas y se hunde hasta las raíces. Pero cuando pones la horquilla en el banzo y echas la vista hacia arriba, ves al Jesús y su cara y ya no duele el hombro, ni hay fatiga, y se lleva el paso con el alma. Y más ahora, que cargando al izquierdo hay un puntal añadido, que desde el cielo mete el hombro en cada tirada. 50 años dicen. Parece que fuera el primero. Desde 1967 hasta aquí ha habido un transcurso de tiempo, un devenir de familias y personas, unas permutas superficiales; pero la esencia sigue siendo la misma. De Marco Pérez a Coullaut Valera, de 28 banceros a 38, de mojete en La Parrala a gachas en una sede propia, de unos pocos hortelanos a Cantera Nazarena… Es correcta una felicitación por un hito temporal pero, cualquiera que recuerda a su familia en el olivo, que palpita en los ojos del Jesús, que suda sangre trabajando por la Hermandad o que se estremece pensando en su Huerto, cumple años todos los días. Feliz aniversario queridas imágenes, feliz cumpleaños hermanos, feliz eternidad Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto de San Antón. Cuenca Nazarena 113
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Paso de la Cruz Desnuda de Jerusalén en 1942, portada por 8 banceros
Por Eduardo Domínguez Suay En el mes de abril del año 2016, coincidiendo con la Semana Santa, se publicó la “Historia de la Venerable Hermandad de la Cruz Desnuda de Jerusalén”, libro del que extraemos en este artículo los aspectos más significativos, y que venía a recopilar las investigaciones realizadas sobre los orígenes de la Hermandad, ya que por distintas razones no se disponía prácticamente de soporte documental de su historia. El libro iba acompañado de un DVD que recoge imágenes de la participación de la Hermandad en la procesión del Santo Entierro y otras actividades. A lo largo de los últimos años, todas las reseñas que aparecían en folletos, publicaciones, e información de prensa sobre la Semana Santa de Cuenca y, en concreto, en lo relativo a la fundación de la Hermandad de la Cruz Desnuda de Jerusalén, solían indicar: “La Venerable Hermandad de la Cruz Desnuda de Jerusalén se fundó en el seno de la Juventud Franciscana Conquense, en el año 1924, a expensas del fiscal de Cuenca, don Gabriel Cayón. Desaparecida la Asociación de la Juventud Franciscana, la Hermandad se integró en la Venerable Orden Tercera de San Francisco, establecida
en la Parroquia del mismo nombre, posteriormente bajo la advocación de San Esteban”. De hecho, en la página oficial de la Junta de Cofradías decía: “Fundada por Gabriel Cayón en 1924, no participa en desfile procesional hasta 1933. En 1945, por trescientas pesetas, el conquense José Gallego realiza la actual Cruz. Por deseo del Obispo de la Diócesis esta hermandad organiza desde 1956 hasta 1960 la procesión del Rosario de Sábado Santo, que discurre desde San Esteban a la Catedral por la Hoz del Huécar. En el primer desfile se utilizó la Cruz grande de José Gallego, que hubo de ser desmontada a mitad del recorrido al no pasar bajo el arco existente bajo las Casas Colgadas. No es hasta 1947 en que la Hermandad solicita su inscripción en el Gobierno Civil, trámite necesario en la época, datando el primer libro de actas de la misma de 1969. Esta Hermandad sufraga sus gastos mediante aportaciones voluntarias”. Diferentes investigaciones confirman que la fundación de la Hermandad se produce en el año 1928, en el seno de la Juventud Franciscana Conquense, dependiente de la Venerable Orden Tercera (V.O.T.), a expensas del fiscal de Cuenca D. Gabriel Cayón y Duomarco, con el nombre inicial de la “Compañía de la Santa Vera Cruz”.
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Uniformidad de un nazareno de la Hermandad
El Día de Cuenca, , 1 de Abril de 1928
En el periódico El Día de Cuenca del 1 de abril de 1928 (Domingo de Ramos) hay una noticia que hace referencia al programa de los horarios y asistentes a las procesiones y, en concreto, a la del Santo Entierro del Viernes Santo. La procesión sale de El Salvador a las cuatro y media de la tarde, y la reseña indica: “Juventud Franciscana Conquense. Esta juvenil institución, con el consejo del Ilmo. Señor Obispo de la Diócesis y de acuerdo con el señor Alcalde Presidente del Excelentísimo Ayuntamiento y Hermandad de los Caballeros del Santo Sepulcro, han resuelto asistir en corporación formando la “Compañía de la Santa Vera Cruz” en la solemne procesión del Santo Entierro en la tarde del Viernes Santo. Los jóvenes terciarios que se han alistado en la referida Compañía, irán en dos filas delante del Santo Sepulcro, en el centro de las filas irá llevada por cuatro jóvenes “La Santa Cruz Desnuda”, “paso” que sale por primera vez este año. Los jóvenes llevarán túnica de color castaño ceñida por el cordón propio, y capuz blanco, en el que campea la cruz de la Orden Franciscana. Se advierte que la Juventud no formará parte en ninguna otra procesión de Semana Santa, fuera de la indicada”. Finalmente, la procesión no salió al ser suspendida por la lluvia, al igual que las del resto del Viernes Santo. En El Día de Cuenca del 28 de marzo de 1929, hay una noticia que dice: “Santo Entierro. Sale esta procesión de la iglesia de El Salvador en esta tarde: Cofradías diversas, “La Santa Cruz”, forman su Compañía, noventa y dos de la Juventud Franciscana, con túnica de color castaño y capuz blanco, donde campa la Cruz de Jerusalén. “Santo Sepulcro” acompañado por el capitán de caballeros. Los Caballeros del Santo Sepulcro visten traje de etiqueta con ceñidor, capa y bonetes blancos y sobre el pecho un escudo con las armas del Cabildo de la orden. A esta procesión asisten todas las autoridades civiles, militares y eclesiásticas, el Ayuntamiento en pleno, bajo mazas, representaciones de todos los centros
Paso de la Cruz Desnuda, en la procesión del Santo Entierro de 1945
oficiales y la preside el Ilmo. y Rvdmo. Sr. Obispo de la diócesis. La Juventud Franciscana, Compañía de la “Vera Cruz”, estrena el Paso. La Cruz y las andas son de estilo renacimiento; el velo está bordado primorosamente, la rica bandera negra con adornos de plata y en el centro la cruz de Jerusalén bordeada de grueso hilo de plata y el porta-bandera de terciopelo negro con artístico galón de plata”. Es por tanto el año 1929 el primer año en que desfila la Juventud Franciscana, con la Compañía de la “Santa Vera Cruz”, en la procesión del Santo Entierro del Viernes Santo, estrenando un nuevo “paso”, algo mayor, cuya Cruz y andas son de estilo renacimiento, que es llevado por ocho banceros y va acompañado por 92 jóvenes franciscanos. El 24 de marzo de 1932, el diario ”El Defensor de Cuenca” indica: “Sale a las cuatro y media de la tarde, la Procesión del Santo Entierro y la Soledad, asistiendo el paso de “La Cruz Desnuda de Jerusalén”, con la Juventud Franciscana y Seminario Conciliar, así como comisiones de todas las Cofradías”. Aunque La Cruz Desnuda de Jerusalén sigue participando en la procesión del Santo Entierro el Viernes Santo hasta el año 1936, último año antes de quedar interrumpida por la Guerra Civil, durante los años 1935 y 1936 ya no se encuentra integrada en la Juventud Franciscana Conquense, al haber desaparecido esta institución en diciembre de 1934 al transformarse en la Juventud de Acción Católica, aunque permanece dentro del ámbito de la Venerable Orden Tercera (V.O.T.). Hasta el año 1934, fecha de su disolución, la Juventud Franciscana Conquense, cuya sede social se encontraba en la C/Carmen, 1 (edificio del ex convento del Carmen y actual colegio) viene realizando actividades dirigidas a los jóvenes para completar su educación religiosa, científica, literaria y artística, mediante la asistencia y participación
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Hermanos de la Cruz Desnuda en la Procesión del Santo Entierro de 1943, en la puerta de la Iglesia de El Salvador
en actos religiosos, procesión del Santo Entierro, conferencias, sesiones de cine, teatro, conciertos, excursiones y otros eventos. Dado que la celebración de la Semana Santa de 1936 fue en el mes de abril, esta se llevó a cabo, ya que el conflicto bélico se inicia en julio de 1936. La procesión del Santo Entierro se organizó desde la iglesia de El Salvador, partiendo a las cinco de la tarde y en ella figuran niños y niñas con atributos de la pasión, heraldos, soldados, las tres Marías y los pasos de Cristo Yacente, Cruz de Jerusalén y la Dolorosa, asisten representaciones de todas la Cofradías de la ciudad y organizan los Caballeros Capitulares del Santo Sepulcro y la Soledad. Una vez finalizada la Guerra Civil, se reúnen ocho antiguos miembros que pertenecieron a las Juventudes Franciscanas, refundando de nuevo oficiosamente, con fecha 1 de febrero de 1940, la Venerable Hermandad de la Cruz Desnuda de Jerusalén, enraizada en la anterior Compañía de la “Santa Vera Cruz”, ya que la forman antiguos componentes de la Juventudes Franciscanas, utilizan el mismo uniforme e incluso aprovechan las andas del antiguo paso. Aunque la Hermandad configura su propia Junta Directiva y se organiza para desfilar en la procesión del Santo Entierro de 1940, no es hasta el año 1942 cuando hay constancia oficial de que participa de nuevo en dicha procesión con un nuevo “paso” de la Cruz, que es llevado por ocho banceros. En 1945 se estrena un nuevo “paso”, cuyas andas y Cruz son construidas por José Gallego Fernández, paso al que en el año 1951 se le añaden los actuales “grupos” de piñas con iluminación y que será llevado por 16 banceros. En la actualidad, el número de banceros suele oscilar entre 28 y 32 máximo, según disponibilidad, al contar con unos banzos de aluminio más largos.
En el año 1946, la Hermandad recibió una notificación del Muy Ilustre Cabildo de Caballeros de la Soledad y de la Cruz, en la que se le comunica que solo podrá asistir a la Procesión del Santo Entierro con la Cruz de Jerusalén una vez que se incorporen como Congregantes del Cabildo de Caballeros de la Soledad y de la Cruz, debiendo vestir el correspondiente hábito negro. Se contesta a esta solicitud confirmando que se acepta la incorporación como Congregantes del Cabildo, pero manteniendo el hábito marrón, amenazando con la disolución de la Hermandad en caso de no aceptarse, por lo que se transige a esta petición. Enrique Sanz Pérez, con el fin de legalizar la situación de la Hermandad, que venía funcionando oficiosamente desde 1940, con fecha 11 de marzo de 1947 efectúa una petición, tanto en el Gobierno Civil como en el Obispado, en la que comunica que pretendiendo constituir en esta ciudad una Cofradía con el nombre de “Cruz Desnuda de Jerusalén”, disponiendo de un altar en la Iglesia de la Esperanza, ha redactado un Reglamento, del que solicita su aprobación. Con fecha 28 de marzo de 1947, el Canciller-Secretario del obispado comunica a la Hermandad que, con esta fecha, el Obispo de la Diócesis, Inocencio Rodríguez, aprueba dicha solicitud, erigiendo la Hermandad en la Parroquia de San Esteban. En este Reglamento ya no se vincula obligatoriamente a la Hermandad con la Venerable Orden Tercera de San Francisco, quedando por tanto a criterio individual de cada Hermano. Hasta el año 1946 inclusive, la procesión de El Santo Entierro salía de El Salvador entre las cuatro y las cinco de la tarde, subiendo a la Catedral por la calle Solera, y regresaba, bajando por Carretería, para terminar de nuevo en la iglesia
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Capilla de la V.O.T. de San Francisco en la antigua iglesia de San Francisco
de El Salvador. Es a partir del año 1947 cuando la procesión por primera vez sale de la Catedral entre las ocho y las nueve de la noche, para desfilar por Carretería hasta El Salvador, siendo este último tramo modificado a partir del año 2005, al pasar por la calle de Los Tintes. Desde el año 1947 y hasta el año 1960, el paso de la Cruz Desnuda se retiraba de la procesión del Santo Entierro a la altura de la iglesia de San Esteban, donde la Hermandad tenía su sede y una capilla propiedad de la V.O.T. de San Francisco. Esta fue demolida en 1960, no reservándole capilla en la nueva iglesia inaugurada en 1970. A partir del año 1960 el paso de la Cruz completa su recorrido hasta su finalización en la iglesia de El Salvador. Por deseo expreso del Obispo de la Diócesis, desde el año 1956 y hasta el año 1960, la Hermandad de la Cruz Desnuda organizó, con su “paso”, la procesión de Penitencia/Rosario del Sábado Santo, formada solo por mujeres, procesión que discurrió el primer año desde la Catedral y, posteriormente, desde San Esteban, desfilando por la hoz del Huécar, y pasando por debajo del portillo de las casas Colgadas, hasta llegar a la Catedral. El primer año también salió el paso de la Dolorosa de Mena. La Hermandad, desde el año 1947 y hasta el año 2001, se ha regido por el Reglamento Orgánico aprobado el 29 de Marzo de 1947. En la actualidad, se rige por los Estatutos aprobados con fecha 5 de junio de 2002. A partir del año 1969 se abre una nueva etapa en la Hermandad, con un relevo generacional, donde los Hermanos de la década de los cuarenta dejan de participar activamente. Se intenta en este momento potenciarla y dinamizarla, abriendo un Libro de Actas, un Libro de Caja, celebrando Juntas Generales, es decir, gestionándola de acuerdo con los criterios del resto de Hermandades, pero sin perder su idiosincrasia. Dentro de esa singularidad, destacar que, a diferencia de otras Hermandades, la Cruz Desnuda no subasta los banzos,
ni hay turnos establecidos. Que los cargos de la Junta Directiva y de participación en la procesión se asignan prácticamente a petición o por sorteo, y que los fondos necesarios para el funcionamiento de la Hermandad, hasta fechas muy recientes, se cubrían con aportaciones voluntarias y, en la actualidad, con una simbólica cuota anual. La Cruz Desnuda de Jerusalén es una Hermandad básicamente con un cierto carácter familiar entre sus miembros y, por tanto, con criterio restrictivo en cuanto al número de altas. Hasta la década de los sesenta, el número de Hermanos era pequeño, habiendo a veces dificultades para disponer de suficientes banceros para participar en la procesión. Hoy en día, afortunadamente, el número de Hermanos ha crecido sustancialmente, gracias entre otras cosas a la presencia de Hermanas desde 1965, y a un gran número de niños, lo que permite mirar con optimismo el futuro de la Hermandad. A partir de los años sesenta la Hermandad, al finalizar la procesión del Santo Entierro, organiza una cena, que durante años sirvió inclusive para celebrar la Junta General, y que sirve de convivencia entre los Hermanos, algunos de los cuales solo se ven ese día en el año. Al finalizar la cena, sobre las dos y media de la madrugada del Sábado Santo, todos los asistentes efectúan una visita a la ermita de las Angustias, para rezar y acompañar durante un rato a la Virgen en su dolor y soledad. Desde el año 1986, la Junta General de la Hermandad se celebra en los locales de la Junta de Cofradías en la C/ Solera 2 y, desde 1992, el Sábado Santo por la tarde, en el mismo lugar. En febrero de 1990, Julián Aguirre Belmar compuso de forma altruista una marcha dedicada a la Hermandad de la Cruz Desnuda de Jerusalén, que ha sido interpretada y grabada por la Banda de Música de Cuenca, de forma desinteresada, dirigida por su director Juan Carlos Aguilar. Al no disponer en estos momentos de capilla reservada para la Cruz Desnuda, en ninguna de las parroquias de
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Hermanos de la Cruz, después de la puesta en andas en la Catedral. Año 2015
Cuenca, al finalizar la procesión del Santo Entierro hay que llevar el “paso” para dejarlo depositado hasta el año siguiente. Actualmente se guarda en el almacén de la Junta de Cofradías, pero durante años ha ocupado otras ubicaciones, especialmente en San Andrés, pero también en San Pedro y en otros lugares privados, propiedad de alguno de los Hermanos. Cada año, aproximadamente una semana antes de la fecha de la procesión del Santo Entierro, y en los últimos años el Sábado de Dolores, se sube el “paso” en camión, desde el almacén de la Junta de Cofradías hasta la Catedral, para su “puesta en andas”, dejándolo sobre unas “borriquetas” y en una posición desde la cual luego se iniciará la procesión el Viernes Santo. Es interesante resaltar que, mientras que en la década de los sesenta el número de Hermanos de la Cruz Desnuda asistentes a la procesión del Santo Entierro era del orden de 25, teniendo a veces dificultades para completar los banceros necesarios para llevar el “paso”, en la década de los ochenta ese número se incrementó hasta los 50 asistentes, contando los banceros y niños, y en la actualidad esa cifra se ha incrementado hasta aproximadamente los 175 Hermanos. Por último, hacemos referencia a la reseña del diario “La Tribuna” de 5 de abril de 2015, sobre la procesión del Santo Entierro, que dice: “El cortejo salió pasadas las nueve de la noche del templo primado de la Diócesis de Cuenca, después de recorrer su interior en una procesión intimista. Encabezado por la Banda de Cornetas y Tambores de la Junta de Cofradías, que tocó como primera marcha “La muerte no es el final” y seguido por estandartes y guiones de las hermandades de la Semana Santa de Cuenca. Todas ellas quisieron acompañar a la Venerable Hermandad de la Cruz Desnuda de Jerusalén y la Congregación de Nuestra Señora de la Soledad y de la Cruz en su discurrir por las calles de Cuenca, poniendo la única nota de color a una noche de duelo marcada por el negro. Tras ellos, los hermanos de la Cruz
Desnuda, que salieron a la plaza vistiendo hábito franciscano ante un silencio sepulcral, seguido por un “paso” simple que pone en valor el símbolo de la cristiandad. A continuación salía el Yacente de la catedral, mientras la banda de la institución nazarena interpretaba el Himno Nacional, precedido por ocho miembros del Muy Ilustre Cabildo de Caballeros y Escuderos de Cuenca. El paso del Cristo Yacente estuvo flanqueado en todo momento por miembros de la Guardia Civil, que llevaban el tricornio a la espalda en señal de duelo. La Benemérita también acompañó el paso de la Soledad y la Cruz que, conforme al estricto protocolo del cortejo, estuvo precedido por un grupo de veinticuatro mantillas, vestidas de riguroso negro. La madre salió de la Catedral a las diez menos veinte de la noche, mientras la Banda de Música de Cuenca interpretaba la Marcha de Infantes”. “La última sección del cortejo la formaban los máximos representantes de los ámbitos religioso, político, militar y académico de Cuenca. Solo las voces del Coro del Conservatorio en San Felipe Neri, y del Coro de cámara Alonso Lobo, en la iglesia de El Salvador, rompieron el silencio sepulcral en el que discurrió la procesión para interpretar el Miserere al paso del Yacente o el Stabat Mater a la Dolorosa. El Santo Entierro finalizó en torno a las doce y media de la noche con el encierro de los pasos del Cristo Yacente y Nuestra Señora de la Soledad y la Cruz en la iglesia de El Salvador; y el de la Cruz Desnuda de Jerusalén en la iglesia de San Andrés”. “El itinerario con salida de la S.I.C.B., discurrió por la Plaza Mayor, Alfonso VIII, Andrés de Cabrera, San Juan, Palafox, Puente de la Trinidad, Calderón de la Barca, Plaza de la Constitución, Fray Luis de León, Tintes, Puerta de Valencia, Alonso de Ojeda, San Vicente, para finalizar en la iglesia de El Salvador”. Dentro de sus actividades, además de su participación en la procesión del Santo Entierro del Viernes Santo, la Hermandad organiza cada año, el primer viernes del mes de mayo, una función religiosa en la cripta de la Iglesia de San Esteban de Cuenca, celebrada especialmente por los Hermanos difuntos.
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FotografÃa: Ignacio Blanco
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Por Rafael Torres Cuando esta revista nazarena, canal de comunicación entre los amantes de la Semana Santa de Cuenca y del resto de España, llegue a sus manos entrada ya la época cuaresmal y con el corazón del nazareno anhelando oír el primer toque del redoble del tambor... La Venerable Hermandad de Jesús Orando en el Huerto de San Esteban ya habrá conmemorado y recordado el 75º aniversario de la llegada a la ciudad de Cuenca de las imágenes del Jesús y del ángel, labradas por las manos del laureado D. Luis Marco Pérez, padre artístico de la mayoría de las imágenes que participan en los desfiles procesionales que componen la Semana Santa de Cuenca. Antes de relatar los hechos de la llegada de las nuevas tallas y cómo sucedieron, creo preciso y oportuno resaltar que estas bellas y significativas figuras, llenas de pragmatismo y expresividad humana, sustituyeron a un primer paso que fue realizado por el escultor Manuel Moreno Sastre, de Madrid, por encargo de don Mariano Catalina y Cobo, uno de los máximos benefactores de la Semana Santa de Cuenca,
además de promover el origen de la procesión del Silencio allá en el año 1905. El paso precedente de la Oración estaba compuesto por las figuras de Jesús y el ángel, y estaba realizado artísticamente al modo “salcillano”, lleno de sencillez y plasticidad. El escultor interpreta en la imagen de Cristo su conformidad para la salvación de los hombres con un rostro en su expresión sosegado, mirando al cielo, con las manos unidas y descansadas, así lo atestiguan las fotografías antiguas. La figura del ángel completaba la escena que nos narran los evangelios como un mensajero del cielo, que portaba el cáliz y revelaba la comunión con el Dios de la alianza. Observando y juzgando las fotografías existentes se deduce un tamaño algo menor del natural para la figura de Jesús orante, en contraposición con la talla del ángel, que era de mucha menor dimensión. Desde 1906 y hasta 1923 este paso de la Oración del Huerto pertenece a la Venerable Hermandad del Prendimiento, cofradía que lo mantiene y saca a la calle todos los Miércoles Santos abriendo la procesión del Silencio.
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El 2 de diciembre de 1923 y en la iglesia parroquial del proto-mártir San Esteban de la ciudad de Cuenca, se forma la hermandad, bajo la advocación de una imagen del Señor representativa de su Oración en el Huerto de Getsemaní, vulgo de las Olivas, para tributarle cultos de altar y procesional en la noche del Miércoles Santo en la procesión llamada del Silencio. Desde ese momento, el paso de Manuel Moreno Sastre pasa a pertenecer a la nueva hermandad creada. En el año 1936 se incorpora al paso procesional la talla de San Pedro, siendo imaginable la pretensión de la hermandad de intentar añadir las figuras de los otros apóstoles dormidos, tal y como venían representándose desde el siglo X en iconografías y esculturas diversas. Las sagradas imágenes se colocan en la iglesiaen un retablo de gran belleza que adquiere la hermandad; en antiguas fotografías se aprecian las paredes del fondo pintadas con olivos. Unos meses más tarde, iniciada la Guerra Civil, serán destruidas todas las imágenes, andas, enseres procesionales y retablo de la parroquia de San Esteban. Tras la desaparición total de las imágenes del Señor, del ángel y del apóstol San Pedro, además de toda la historia de la hermandad como consecuencia de la contienda civil, ésta se reorganiza en el año 1940. Había que partir de cero y recuperar desde la nada todo el trabajo de las décadas anteriores. Fue una época de ilusiones pero también de muchos desvelos y graves obstáculos (todo estaba perdido). La Hermandad celebra su primera Junta General tras la reorganización el día 9 de marzo de 1941. Los hermanos se
congregaron en el piso 1º Dcha. de la casa Nº 9 de la Puerta de Valencia, domicilio social entonces de la Comunidad de Labradores de la ciudad. En esa misma junta se da cuenta de las gestiones llevadas a cabo por el secretario, Francisco Jiménez Martínez, con la Junta de Hermandades de Semana Santa que había encargado al escultor D. Luis Marco Pérez la construcción de un grupo escultórico que representara la Oración en el Huerto, compuesta del Señor, el ángel y los tres apóstoles, todo ello por la suma de cuarenta mil pesetas de las de entonces. Se contaba con el compromiso del artista de entregar ese mismo año las tallas del Señor y del ángel, posponiéndose la entrega de los tres apóstoles para el año siguiente. Si bien la primera parte del compromisorio se cumplió puntualmente, no ocurrió lo mismo con la entrega de las imágenes de los apóstoles que, por avatares económicos, no se llevaría a efecto hasta 1954. Hasta la adquisición de unas nuevas andas para sacarlo procesionalmente, se haría uso de las del Sagrado Corazón de Jesús. Las imágenes fueron expuestas al público en un escaparate de la capital. Fue en la “casa comercio” del hermano don Federico Saiz Verdú, establecimiento situado en la plaza de Cánovas (Constitución hoy), colindante con Carretería. El misterio está tallado por Marco Pérez en madera de pino y presenta la figura principal de Jesús, que refleja el momento en el que cae al suelo anonadado por la congoja, humillado por el dolor que se le avecina, afrendado por la injusticia que los poderosos van a hacer en ÉL, mostrando en su revelación gran dolor debido a la visión de su pasión.
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Completa la escena bíblica la talla del ángel, que responde a la iconografía típica de seres asexuados, los cuales tienen rasgos masculinos y femeninos. Ambas figuras están policromadas, encarnadas y estofadas, algo propio de la escultura religiosa. El estofado consiste en dorar la figura y añadir después la policromía, levantando el color en las partes deseadas para que se vea el oro. De este modo se consigue resaltar la condición divina en las representaciones. El ángel de la Oración en el Huerto es de una gran belleza al más puro estilo clásico: belleza, serenidad, su cabellera está formada por unos rizos que recuerdan a la escultura griega. Marco Pérez, a la hora de realizar la talla del ángel, quiso que realmente éste protagonizara la escena, y que el Dios Padre se evidenciara a través de él en “la oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní”, como si fuera su trasunto en la puesta en escena procesional. Brinda a su hijo la libertad de aceptar o rechazar su propio sacrificio; es el Padre que acude solícito a confortar a su Hijo y a asistir en su terrible agonía. Es muy difícil encontrar un escultor que sepa captar con tanta precisión el momento de la comunicación entre el Padre y el Hijo. Divino y contundente el autor de la obra. Para don Luis, este ángel era una de sus imágenes más queridas y predilectas, a la que le profesaba un afecto especial, de ahí su gran disgusto cuando el Miércoles Santo, día 6 de abril, de 1966, al tomar parte en la procesión y al sacarlo del interior de la iglesia de San Andrés, debido al excesivo peso que entonces debían soportar los banceros y de forma inesperada, el paso se vino abajo, desprendiéndose brusca-
mente la imagen del ángel y cayendo sobre la del Jesús. Ambas hubieron de ser recogidas del suelo con graves desperfectos, resultando mayores los de la primera; además, se produjo el desprendimiento del brazo izquierdo en la segunda. Hubo de recomponerse el paso como buenamente se pudo, prescindiendo, al poco de iniciado el desfile, de la figura del ángel. No tuvieron que lamentarse daños personales. Las tallas de los apóstoles tampoco sufrieron daño alguno. Concluida la procesión, las imágenes dañadas se trasladarían al día siguiente al edificio de la Junta de Cofradías. Poco después se abriría una suscripción entre los hermanos para sufragar los gastos, iniciándose contactos – hacia mayo y junio – con el escultor don Luis Marco Pérez, quien acepta acometer gratuitamente la restauración con la sola condición de llevarla a cabo en su estudio de Madrid, a donde habrían de ser trasladadas las figuras por cuenta de la hermandad. En la junta siguiente, y para evitar incidentes como el reseñado, se acordaría la colocación de un tercer banzo en el centro de las andas, en el que se añadirían doce banceros a los ya existentes. Conviene explicar que, a lo largo de estos años, la Hermandad ha llevado a cabo varias restauraciones de envergadura tanto para las figuras que componen el soberbio grupo escultórico como para las andas. Estos datos históricos han sido obtenidos de los libros de actas de la Hermandad de Jesús Orando en el Huerto de san Esteban, apuntes en papel escritos a mano y con tinta morada por nuestros antepasados, verdaderos responsables del resurgir de esta Hermandad y de la Semana Santa conquense.
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Por Javier García Salmerón El escultor nacido en Fuentelespino de Moya en 1896 no cesó de esculpir a lo largo de su vida, toda esta carrera ha dejado una amplia producción, mereciendo cada una de sus líneas y obras un estudio profundo. En general fueron cuatro las líneas de producción más importantes: Realismo Castellano, Escultura decorativa, Clasicismo Mediterráneo e Imaginería religiosa. El presente artículo tiene como objetivo desarrollar una de las líneas que mayor éxito supusieron para el artista conquense, aportándole un papel destacado tanto en este movimiento como en el panorama artístico del momento, el Realismo Castellano. La participación de Marco en esta corriente supuso la creación de obras de una inmensa profundidad, belleza y significado, como se desarrolla a continuación, debiendo valorar también que a través de ella se convirtió en un agente de la renovación escultórica del panorama artístico de principios del siglo XX. Su producción realista se centra desde el inicio de la década de los 20 hasta el comienzo de la Guerra Civil. Durante este periodo Marco alcanzó su consolidación como artista, formándose en Valencia y Madrid. No solo llevó a cabo una amplia labor como escultor, sino también como docente en Cuenca y Valladolid. Del mismo modo no tuvo una residencia fija en este periodo, ya que sus obligaciones y trabajos condicionaron una constante itinerantica, sin que ello supusiera el abandono de sus obligaciones en sus talleres de Valencia y Cuenca, que mantuvo simultaneamente. El artista conquense fue capaz de crear una escultura que revitalizó el arte del momento, y superó, en palabras de Rodolfo Llopis, las obras “frías y sin vida” que en ese momento dominaban el panorama artístico (Llopis, 1929: 1). Cuenca Nazarena 129
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Investigaciรณn El Hachero. 1926
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El Realismo Castellano, origen y significado Antes de hablar de la trayectoria de Marco dentro de este movimiento escultórico es necesario tratar su origen, significado e implicaciones, tanto en la Historia del Arte como en la sociedad donde se desenvolvió. El Realismo Castellano se define como un movimiento escultórico que surgió a principios del siglo XX, y basado en la representación plástica de las gentes de la sociedad castellana más tradicional. Se trata de un movimiento que buscaba un nuevo ideal estético, a través de unos modelos y temas que fueran capaces de renovar la escultura, adquiriendo por tanto al movimiento el título de renovador desde su comienzo, y por ende sus artistas partícipes. El origen de este movimiento no se entiende fuera de las circunstancias que rodeaban el momento de su nacimiento, por lo que conviene tratar en primer lugar el contexto social y artístico que lo rodeó. En estos momentos el arte se presentaba como la expresión de unas nuevas inquietudes, surgidas de una revisión del hasta entonces producido, buscando en todo momento la expresión de unos nuevos principios e ideales que fueran llevados tanto a la teoría como a la práctica El siglo XIX a nivel artístico ya había supuesto un momento de revisión y renovación, dando lugar a una serie de movimientos, corrientes y primeras vanguardias que se oponían a la continuación del arte más tradicional que se venía produciendo desde el Renacimiento, un arte denominado “academicista” y que era promovido por las instituciones oficiales del ámbito artístico. Se buscaba de este modo cambiar los principios que regían la creación artística y que habían quedado obsoletos, defendiendo la necesidad de una mayor libertad creativa y expresiva. Esta reclamación no supuso la ruptura de la tradicional producción artística, sino la apertura de nuevos caminos para la misma, que ya se desarrollaban a principios del siglo XX en algunos ámbitos europeos como Alemania o Francia, y que pronto servirían de modelo para el resto de Europa. Estas ideas renovadoras tuvieron una amplia recepción en Europa, con Paris como uno de sus focos principales, y en cada ámbito fueron expresadas de una manera diferente, en relación con la tradición y características de cada uno de ellos. Dentro del ámbito que nos atañe, el contexto social y político del siglo XX en un principio se define con un progreso económico y desarrollo industrial; una progresiva modernización que en la realidad no se repartió de manera homogénea, sino que se concentró prácticamente en Madrid, Barcelona, Vizcaya y Asturias. Este hecho condicionó que el resto del territorio, incluyendo el conjunto de Castilla, a excepción de su capital, mantuviera unas características similares a las del periodo anterior, con la ganadería y la agricultura como principal fuente de sustento. Un proceso por tanto desigual, que de manera general dividió la sociedad en dos ámbitos opuestos: uno modernizado y otro que mantenía las características sociales más tradicionales. Del mismo modo, el contexto político, con los acontecimientos que habían marcado el siglo XIX y otros más recientes, como la pérdida de las últimas colonias en 1898, generaron en algunas partes de la sociedad una preocupación por ella, derivando en un interés por su estudio y análisis, a través de la búsqueda de las esencias regionales. A partir de este momento, artistas e intelectuales centraron su interés en el estudio y expresión de una sociedad, como la Generación del 98, que hizo eco en sus obras de la sociedad de su momento. El Realismo Castellano se inserta dentro de esta tendencia, buscando profundizar en las raíces de la sociedad castellana para reflejarlas a través de sus esculturas. Al igual que el resto de movimientos de este cariz que tenían lugar en Europa, cuyo interés se centraba en el estudio del ser humano, se abogaba por la recuperación de su esencia. Esta búsqueda tuvo diversas maneras de interpretarse, y en Castilla se hizo a través del estudio de aquellas gentes donde la tradición seguía viva, que eran una clara expresión de una historia forjadora de su esencia.
Fueron muchos los artistas que se preocuparon por crear un arte reflejo de esta sociedad a través de un retrato de las gentes que la integraban. Gutiérrez Solana, Zuloaga, Ortiz Echagüe… son algunos ejemplos de artistas partícipes de estas corrientes. Pero el elemento que los definía era la intención y los ideales con los que llevaban a cabo sus obras. Se dieron corrientes que pretendía la defensa y exaltación de sus gentes, y por el contario existieron artistas en cuyas obras residía la crítica y el rechazo hacia una sociedad que consideraban caduca. Tal es el caso de Solana, que en su libro la España Negra, refleja y critica los resortes de la sociedad tradicional; al igual que en sus cuadros, que poseían la misma intención y en los que también representó a Cuenca, como en Precesión en Cuenca (1916-1918) y en la Procesión de la Muerte (1930), cuyas casas representadas se asemejan a los rascacielos conquenses. Fue en este contexto donde nació el Realismo Castellano. Sus artistas buscaban la expresión de la sociedad castellana, así como un nuevo tipo de expresión y de ideal figurativo para la escultura. Fue en la sociedad de la vieja Castilla donde hallaron los modelos adecuados para ello, buscando además de unas nuevas pautas anatómicas, la expresión de un sentir y una vida. La unión de estos elementos generó el desarrollo de unas obras de gran belleza y carga expresiva, que crearon un nuevo tipo de escultura capaz de renovar la tradición escultórica del siglo XIX, a través de como decía el artista Julio Antonio “la descripción plástica de las gentes hispanas” (Portela, 1980: 144). Este movimiento escultórico fue capaz sin duda de participar en la renovación artística en su momento de mayor efervescencia, el primer tercio del siglo XX. La escultura del siglo XIX era considerada caduca por parte de artistas que, como Marco, defendieron la necesidad de revisarla, rechazando su pervivencia en las instituciones oficiales artísticas, integrándose así en una corriente que se extendía por toda Europa. Este intento de renovación tuvo diversas manifestaciones en función de los ideales y principios que se buscaban, así como en el modo de ejecutarlos. De manera general estos artistas pueden dividirse en 2 grupos: el primero defendía un cambio total en la producción artística, incluyéndose en este los movimientos de vanguardia; y el segundo lo integraban aquellos mantenían en sus obras rasgos importantes de la escultura clásica, conservando las formas figurativas. Ambas tendencias, que generaron producciones de muy distinto carácter, nacían de unas mismas ideas. El Realismo Castellano pertenece a la segunda tendencia, que si bien mantenía una representación realista de los personajes como la escultura tradicional, se trataba de un tipo de escultura totalmente diferente hasta la ahora ejecutada, con nuevos temas y formas de representar los personajes. Para comprender la base de esta renovación y ruptura es necesario citar cuales fueron las características de este movimiento, plenamente presentes en las obras del escultor conquense. Tuvo como principales modelos a las gentes más populares de la sociedad tradicional de Castilla, ya que eran quienes mejor representaban los valores que se querían plasmar. Buscando la plena manifestación de estos valores se representó preferentemente a las personas más ancianas, ya que ellos eran testigos de toda una vida dedicada al duro trabajo en una tierra, de la que sus cuerpos y rostros eran un claro exponente. Por ese motivo estos artistas se preocuparon por realizar un profundo estudio de estas gentes, para mostrarlas con total veracidad sin esconder ningún detalle. El origen de este realismo se debe principalmente a dos artistas: el tarraconense Julio Antonio (considerado siempre por la Generación del 98 como un miembro y fundador) y el palentino Victorio Macho. Ambos artistas con la intención de exaltar a las personas populares, eran participes de un espíritu regeneracionista que buscaba el progreso de una sociedad a través de sus gentes. Julio Antonio realizó la espectacular colección de “bustos de la raza”, bustos de bronce que de forma sobria plasman a estas gentes, con Cuenca Nazarena 131
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un intenso realismo y belleza, cuyo formato fue el más usado por el movimiento. En las técnicas de trabajo y tratamiento de los materiales, defendían un trabajo directo, ya fuera en madera, piedra o bronce; una técnica limpia y sin exceso de correcciones o virtuosismos, que buscaba una pureza en sus formas. Se pretendía de este modo extraer una escultura verdadera, que representara la verdad sobre las gentes retratadas. Este tipo de creación pura precisaba de unos modelos de igual pureza, marcados por una vida de trabajo, cuyos rostros y cuerpos se mostraran de modo directo y sin idealizar, sin esconder nada al espectador. A pesar de representar un tipo de escultura e ideales hasta ahora nunca vistos, este tipo de movimientos en general son rechazados como renovadores por basarse en unas representaciones figurativas, y no ser tan rupturistas como otros, tales como el cubismo o el futurismo. Por este motivo el Realismo Castellano o el Clasicismo Mediterráneo, ambos seguidos por Marco Pérez, han permanecido en ocasiones fuera de manuales que solo daban importancia en este periodo a las vanguardias. Pero se trata sin duda de un movimiento novedoso, plenamente capaz de renovar el panorama artístico del momento. Representa un nuevo tipo de escultura con unos modelos, que si bien ya habían podido aparecer en el arte, no habían sido con la intención que ahora lo hacían, buscando ser expresión de una tierra. Estos artistas, que rechazaron los conceptos de belleza tradicionales en favor de una significación más profunda, sin duda consiguieron hallarla, ya que sin miedo a ahondar en la fealdad más básica representaron una belleza pura y humilde, una belleza desnuda como la misma tierra que representaba. Fueron muchos los artistas que, al igual que Marco, siguieron la estela de estos escultores. Con estas perspectivas se abrieron diversos caminos marcados por la peculiaridad de cada escultor, y que en conjunto conformaron una corriente clave para la escultura del momento. Estas fueron las circunstancias bajo las que nació este Realismo, cuyo epicentro se situó en Madrid y que abarcó la amplitud de Castilla, no fue fácil para sus seguidores crear una escultura que pudiera superar el academicismo dominante. La tarea de estos artistas fue individual, y aunque no llegaron a consolidarse como grupo, fue tenaz y sin descanso. Fue una labor solitaria que se convirtió en muchas ocasiones en una lucha, no solo por la modernidad y la renovación, sino también por la recuperación de una escultura pura y la búsqueda de los valores de una tierra basados en la verdad de sus gentes.
La “Gallera”
Marco Pérez y el Realismo Castellano La aparición del Realismo Castellano en la carrera de Marco Pérez tiene una fecha concreta, 1920. En este año el Círculo de Bellas Artes de Valencia le renovaba una beca que le había concedido el año anterior para estudiar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, junto a ella se le instaba a realizar un estudio, en consonancia con las corrientes del momento, sobre “tipos de España” con el fin de plasmarlos en sus esculturas. No se sabe con certeza si de manera previa a esta recomendación, el artista había mostrado algún interés o realizado alguna escultura sobre esta corriente. Es cierto que en 1919, mientras trabajaba en el taller madrileño del escultor castellonense José Ortells realizó Ofrenda y Musa Gitana (1920); un torso y un busto femenino respectivamente, cargadas de intenso realismo y cierto clasicismo, pero que no buscaba idealizar, unas características que posteriormente fueron desarrolladas en su escultura realista. A pesar de esto no se puede afirmar si estas obras fueron fruto de un interés en esta nueva corriente, o ejecutadas bajo las influencias de su maestro. Otro hecho que se debe tener en cuenta es que en 1919 Marco tuvo la oportunidad de conocer a Julio Antonio y Victorio Macho. Ambos artistas ya habían realizado obras de este carácter y desarrollado una fundamentación teórica para las mismas. Por lo tanto es probable que la recomendación de la institución valenciana naciese por el interés del escultor en una corriente que había podido conocer de primera mano a través de sus principales exponentes. Del mismo modo pudo ser posible que las dotes expresivas de Marco para mostrar un realismo sincero en sus esculturas, como ya había demostrado, hicieran que esta corriente fuera considerada idónea para él. A pesar de estas posibilidades no se puede afirmar con plena certeza que existiera algún tipo de razón previa para el comienzo de su estudio de “tipos de España”. Una vez tomada la decisión de realizar este estudio, Marco fijó como objeto del mismo su tierra natal, la Serranía de Cuenca. Fueron varias las ocasiones en las que Marco justificó esta elección expresando el deseo de que su trabajo fuera asociado con su tierra, así como que éste fuera un homenaje a sus gentes. De este modo comenzó a realizar viajes a diferentes poblaciones conquenses, una dinámica habitual en los artistas del Realismo Castellano, que siempre buscaron la inspiración con un estudio directo de sus modelos. Estos viajes sirvieron al escultor no solo para encontrar modelos para sus obras, sino también para comprender y hacerse partícipe del espíritu que los envolvían. Cuenca Nazarena 133
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Las primeras obras llevadas a cabo bajo estos conceptos son prácticamente inmediatas al comienzo de sus estudios en la Sierra de Cuenca, mostrando en gran parte las líneas y el estilo que siguieron estas producciones. La primera obra fue El romancista de Uña, de paradero desconocido (1920). Esta obra, con una anatomía de intenso realismo, representa un tipo popular del pequeño pueblo conquense, pero no se concibe como un simple retrato sino que, como se ve a través del título, se trata de un personaje que pierde su identidad a favor de la representación de una colectividad. De este primer momento datan otras tres obras, todas bustos realizados en bronce: La princesilla de la Hinojosa (1920, Museo de Cuenca), El teólogo de Uclés (1920, colección particular en Bogotá) y Retrato de la Señora López Fontana (1921, paradero desconocido). La primera de ellas sale en parte de lo que serían sus temas habituales, ya que predominaron los personajes ancianos, representa una niña con el pelo recogido, con un rostro delicado que encarna la inocencia. En cuanto al Retrato de la Señora López Fontana, representa un personaje determinado, una mujer de avanzada edad que no pierde su identidad al contrario que los “tipos” del resto de sus obras. Estas obras muestran un primer interés en las gentes populares conquenses, a la vez que iban definiendo las características del conjunto de sus producciones, de las que era mejor exponente El teólogo de Uclés, al representar un personaje anciano y anónimo. Destaca por su intenso realismo y expresión, que permite aproximarse no solo a su imagen física, sino también a su retrato psicológico, factor fundamental para el Realismo Castellano, cuya fuerza expresiva se basa en el interior de sus personajes. Se aproxima al espectador a través de un rostro surcado de arrugas casi en tensión, mostrando concentración en sus pensamientos, a la vez del abatimiento de la edad. Estas obras fueron expuestas en el Ateneo de Cuenca, con gran reconocimiento entre el público (Muñoz, 2003: 392). Prueba de ello fueron las críticas positivas que recibió en diferentes artículos de periódicos conquenses. El 29 de junio de 1921 el semanario La Lucha (número 201) publicó un conjunto de artículos sobre arte, uno de ellos dedicado a Marco y su obra. El artículo “La obra de Luis Marco Pérez” habla de él como un escultor “rebelde e independiente” que no cesa en su progreso, y se le ponía en relación con artistas tan importantes como Mertrovic, Meunier o Rodin (Llopis, 1929: 1). El Ayuntamiento y la Diputación Provincial de Cuenca también hicieron eco de este reconocimiento con espacios para la exposición de sus obras, subvención de algunas sufragando los costes del material y la ejecución, y con una beca de estudios en Italia. A partir de este momento hasta 1930 la producción escultórica de Marco estuvo marcada por las obras que presentó a diferentes exposiciones nacionales, en las cuales centró gran parte de sus estudios y trabajo. Su temprana obra Cuenca, el alma de Castilla es el silencio... (1921, Museo de Cuenca) fue la primera premiada al obtener la medalla de bronce en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1922. Se trata de un busto de bronce cuyo modelo es una anciana serrana apodada “la Gallera”, una obra de un intenso realismo que marca profundamente todos los rasgos de la vejez. Aparece representada tuerta de un ojo y con el pelo recogido en un pañuelo que deja escapara algunos mechones, resaltando la naturalidad de la obra. La base del cuello es rugosa, como si estuviera esculpida, una técnica que recuerda a Miguel Ángel. Su realismo puede considerarse matizado si se compara con el dibujo previo de la modelo a sanguina sobre papel. Su título, de gran capacidad expresiva fue extraído de la obra del escritor Eduardo Zamacois y hace referencia al significado de la obra, una tierra representada a través de una anciana que solo precisa para expresarse su verdad desnuda. Tras este primer éxito proyectó dos conjuntos escultóricos. El primero fue Poema de Cuenca, donde se representarían de manera
alegórica a través de figuras humanas las tres regiones de Cuenca: Sierra, Alcarria y Mancha. El segundo, Las Brujas de Algarra, se compondría de tres brujas que perseguían a una muchacha asustada, un tema relacionado con la tradición de brujería asociada al entorno de este municipio. Estas obras por motivos desconocidos no llegaron a ejecutarse. En 1925 realizó en madera patinada en color bronce Cabeza de ganchero o Cabeza de maderero (Museo de Cuenca), un busto masculino cuya cabeza se cubre con una boina. Representa uno de los oficios más tradicionales de la serranía conquense, cuyo rostro refuerza la expresión con las arrugas marcadas y el hundimiento de los ojos mostrando toda una vida dedicada a este duro oficio. Esta obra fue presentada a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1929. De 1930 es un bronce de similares características, el Carnicero de Bocairente, El hachero o El Garrut (Valencia, colección particular), un busto masculino con la cabeza parcialmente cubierta con un pañuelo que deja ver el inicio de su pelo. Destaca en esta obra la mirada y expresión del personaje, que parece emanar una profunda tristeza. En 1926 Marco alcanzó una cima de su carrera gracias a El hombre de la Sierra, también conocido como El Hachero (Museo Reina Sofía, Madrid). Se trata de una obra exponente de todos los principios de su producción realista y de gran capacidad expresiva. Este bronce, en actitud sedente ejecutado hasta la mitad de las piernas, representa un anciano leñador de torso desnudo, acompañado de un hacha y un pañuelo para proteger sus ojos de las astillas, que tapa la mitad de su cabeza y se deja caer por el hombro derecho. A pesar de ser un anciano pose una fuerte musculatura, con hombros y pectorales anchos, además de unas venas marcadas en brazos y manos. El rostro afilado posee una expresión seria que refuerza su expresividad. El naturalismo de su cuerpo no responde a una razón idealizante ya que no pretende exaltar la fuerza del personaje, sino un cuerpo fruto de una vida dedicada al trabajo. Fue presentada a la Exposición Nacional de 1926 obteniendo la primera medalla. Un galardón de suma importancia, ya que solo lo habían recibido dos artistas hasta el momento, el escultor Mariano Benlliure (1924) y el pintor Eugenio Hermoso (1926). En 1929 realizó otra de sus obras maestras, El pastor de las Huesas del Vasallo, premiada con la medalla de oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid en 1930, representando como tema un oficio fundamental de Castilla. Desde su ejecución tuvo un gran reconocimiento, éste fue tal que se propuso situarla como monumento en la ciudad de Cuenca, función que sigue cumpliendo en la actualidad. En primer lugar se situó en la Plaza de Cánovas y después a los pies de las Casas Colgadas. Esta obra fue realizada bajo el patrocinio de la Diputación conquense y fue considerada un homenaje a sus gentes y su trabajo. Al igual que las anteriores destaca el rostro que, resguardado bajo vastos ropajes, expresa la vida de este pastor acompañado por parte de su rebaño. Durante estos años muchos de sus proyectos no se vieron consumados, ya que tuvo que compaginar otras líneas escultóricas como la escultura decorativa, encargos particulares, retratos y la escultura clásica mediterránea. Tras este éxito la producción realista se redujo parcialmente, debido a esta acumulación de trabajo en sus talleres y a su traslado en 1933 a Valladolid en calidad de docente. En 1930 realizó un busto titulado Labrador o Cabeza de Serrano (Museo de Cuenca). Este bronce presenta unas características similares a las anteriores aunque los pliegues de la piel poseen mayor intensidad, destaca el trabajo del pelo que recuerda al retrato romano de época republicana. Alrededor de estos años realizó Serrano de Cuenca (paradero desconocido), un busto de bronce que tapa su cabeza con un pañuelo de leñador, reforzando la expresividad de un rostro que evoca cierta pesadumbre. La última obra anterior a la Guerra Civil es una escultura femenina de cuerpo entero, Vieja Serrana (1933, Diputación de Cuenca). Se trata de un bronce inferior al metro de altura, una figura que, Cuenca Nazarena 135
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tapada hasta la cabeza con su falda para protegerse del frio, solo deja ver su rostro y manos nervudas, Miguel Ángel Monedero la calificó como obra maestra y calor exponente del movimiento (Monedero, 1985: 16). Recuerda esta obra al cuadro de Fausto Culebras La santera de Gascueña (1926-1927, Museo de Cuenca), ya que posee una composición similar. Expone además el hecho de que artistas que no estaban inmersos en este movimiento, mostraran un interés en este tipo de representaciones. Después de la Guerra Civil apenas llevó a cabo obras realistas, el nuevo contexto artístico hizo que centrara su producción prácticamente en la imaginería religiosa, además de otras como la escultura decorativa o el clasicismo mediterráneo. El 1940 realizó Serrano de Cuenca o Viejo Serrano, un busto de bronce que fue presentado a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1944 y que se conserva en el Museo Nacional d’Art de Catalunya en Barcelona. Tras esta obra fueron muy escasos los ejemplos que llevó a cabo dentro del Realismo Castellano, y en ningún caso alcanzaron la calidad de las desarrolladas antes de la Guerra Civil. Una parte fundamental en su producción realista fueron sus dibujos de tipos populares. Estos dibujos no fueron únicamente un trabajo previo de sus modelos, sino que formaron parte de la expresión de los valores de este movimiento. Se trata de dibujos que muestran las mismas características que las esculturas, con la excepción de que su realismo es aun mayor, reforzando su anatomía y rasgos como arrugas o pliegues de la piel. Son retratos
que no esconden nada, que muestran al personaje tal y como es buscando un pleno contacto con la verdad. Son muchos los dibujos que realizó entre 1920 y 1930, destacan algunos como Retrato de Emeterio Pozuelo Atienza, Estudio para el hombre de la Alcarria, Serrana, Hombre de Villapardo, Labrador, Cabeza de Viejo serrano o La Gallera (estudio previo para su busto Cuenca) cuyo realismo y dureza es mucho mayor que en la escultura. Destaca su participación como ilustrador en el libro “Los Hijos de la Hoz” de Luis Martínez Kleiser, publicado en 1931. Acerca de la escultura realista de Marco La llegada de Marco a esta corriente renovadora se tradujo en una profunda implicación y estudio, cuyo resultado fue una producción que de manera innegable contribuyó a la exaltación de estos nuevos ideales estéticos que se manifestaban como necesarios en el panorama artístico. Del mismo modo destaca a Marco como un artista propio de su tiempo y con un papel activo en el contexto artístico. La participación de Marco dentro de este movimiento supone su consideración desde un primer momento como un artista preocupado por el desarrollo de nuevos modos de expresión, y al igual que muchos otros artistas, por renovar la escultura. Estos artistas, bajo una tendencia figurativa, crearon una obra novedosa y fresca basada en un realismo que no temía ahondar en rasgos como la vejez o la fealdad, superando los moldes del idealismo naturalista que encasillaba al arte. Marco fue uno de
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sus principales actores y como tal fue reconocido por el público, instituciones y otros artistas similares, siendo en la actualidad citado como uno de los principales actores de este contexto. La figura del escultor conquense como un artista preocupado por la renovación artística se refuerza con el hecho de que además del realismo fuera partícipe de otra de las corrientes que bajo un lenguaje diferente buscaban el mismo fin, el Clasicismo Mediterráneo. Esta corriente, a la que accedió por su vinculación con Valencia, se enmarcaba dentro del noucentismo, de origen catalán y centro en Barcelona. Se trata de un movimiento que concebía las esculturas con rasgos corporales voluptuosos y una sensualidad volumétrica, sus modelos fueron prácticamente mujeres, ya que como una de sus bases buscaba la exaltación de los valores femeninos. En este sentido hay que valorar la capacidad creadora de Marco, que fue capaz de introducir estos elementos renovadores dentro de los círculos oficiales ligados al academicismo. Cada uno de estos movimientos estaba ligado al entorno y centro donde se desarrollaban, el clasicismo partencia al ámbito catalán y levantino, más ligados a la renovación artística y donde los nuevos modelos podían tener mejor recepción. En cambio Castilla y su centro madrileño, estaba más ligada al arte más tradicional y académico por lo que en principio la introducción y éxito de los modelos realistas era complicada. A pesar de ello Marco fue capaz de superarla, no solo introduciendo estas obras sino también haciendo que tuvieran gran éxito sus artistas y académicos. Muestra de ello fueron los premios previamente citados, su continuo reconocimiento, así como su labor docente y en diferentes jurados de concursos y oposiciones, facilitados por la Academia de San Fernando, a los cuales no habría podido acceder sin su éxito en ella. Por lo tanto la figura del escultor conquense debe considerarse como la de un artista renovador y agente activo de la misma, buscando continuamente nuevos modelos y obras capaces de revitalizar y refrescar la escultura de principios del siglo XX. A lo largo de su producción realista mantuvo en sus obras unas características similares que permiten calificarlas como conjunto. Estas obras se ejecutaron en sus comienzos como escultor, etapa que puede considerarse de formación y consolidación, pero a pesar de este hecho desde un principio poseen una gran calidad fruto de una profunda dedicación. En primer lugar poseen un minucioso estudio anatómico que potencia su realismo, esta característica se debe principalmente a la influencia de su maestro José Ortells, y a sus estudios de anatomía en la Facultad de Medicina de Madrid, sugeridos por el propio Ortells. En segundo lugar sus viajes de estudios a Italia le aproximaron a la escultura clásica y en relación con esta escultura destaca el retrato romano de época republicana, aspectos como la preferencia por el busto, acentuación de las facciones, rostros serenos y el predomino del retrato psicológico están presentes en sus obras. En cuanto al formato Marco prefirió el uso del busto, al igual que Julio Antonio. Este tipo de formato desarrolla una composición cerrada que da a las obras estabilidad, hieratismo y rigidez; esta falta de movimiento resalta la vida interior de los personajes, principal elemento que se busca destacar.
Vieja Serrana. 1930-1933
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El tratamiento de los personajes se basa en la sencillez, ya que solo pretende mostrarlos tal y como eran, sin buscar emociones exageradas. De este modo se busca una profunda expresividad pero basada en elementos como la anatomía, los rasgos físicos y la mirada, facilitando un acercamiento al interior del personaje. En palabras de Marín-Medina, “un realismo que no pretendía exagerar las formas para dar validez a sus argumentos, sino simplemente la representación de una verdad desnuda que no pudiese ser replicada” (Marín-Medina, 1978: 132). También en este apartado es importante la consideración de los personajes, personas sencillas que pierden su identidad para crear personajes anónimos que podían identificarse con cualquier persona que perteneciese no solo a estas localidades serranas, sino a todo un pueblo en su amplitud, el castellano. Como se ha citado previamente el Realismo Castellano buscaba la expresión de unos valores de gran profundidad y complejidad, por lo que encarnarlos a través de unas simples esculturas no resultaba fácil. Se debe por tanto resaltar la capacidad de Marco, y del resto de artistas participes en él, de representar a través de unas obras de gran sencillez un significado tan amplio Quizás uno de los mejores ejemplos para aproximarnos a la valoración de la obra de Marco en la época, incluso a su personalidad, sea la gran cantidad de poemas, artículos y referencias en la prensa que le dedicaron, que son a la vez reflejo de su éxito entre los espectadores, y que le defendían desde el primer momento como un renovador de la escultura. Son varios los artículos que le presentaban, como Rodolfo Llopis en La Lucha, como un exponente de la emoción human, capaz de elevar a los tipos populares a la categoría de héroes, y en su personalidad habla de él como un artista profundamente ligado a su trabajo y alejado de los ambientes oficiales en tertulias o cafés (Llopis, 1924: 2). Basta citar algunos ejemplos para entenderlo: “Marco Pérez ha sabido resistir esa perniciosa influencia y no tiene contacto alguno con la escultura oficial” (Reclús, 1924: 2). “El escultor de la raza ibera” (La Opinión, 1930: 1). “Fuerte, huraño, triste hasta la renunciación, pues la necesidad en las alturas emplea la lucha fuerte, brutal y primitiva” (El día de Cuenca, 1926: 1). “Vuela, triunfa sobre todo ello, y elevado ya, sin auxilio de nadie y sin que los dueños activos o pasivos puedan titularse sus mecenas,
se muestra a nosotros tan sencillo como siempre fue, como es su nacimiento y su vida, como son sus obras, como es su vestido y su genio” (Portela, 1930: 1).
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A modo de conclusión Este éxito y recepción no se entiende únicamente como un triunfo dentro del contexto artístico del momento, ya que las esculturas de Marco eran un elemento donde los espectadores podían verse reflejados. Estas esculturas representaban de manera sencilla un pueblo en su conjunto, donde sus miembros podían verse con su pasado y su presente, una mirada que aun hoy en día no se ha perdido. Marco se convirtió en un escultor que supo captar a través de una sencillez extrema la complejidad de un pueblo, capaz de contener su esencia en unas esculturas que se convirtieron en reflejo de todo su conjunto. A través de unas características fuera de la belleza formal, e indagando en aspectos como la fealdad o la vejez, pudo alcanzar un nuevo tipo de belleza que no deja indiferente al espectador usando como medio un retrato psicológico, que emociona al comprender la complejidad de su significado. Su obra, como él lo manifestó siempre, es un homenaje a su tierra, introduciéndola en el regeneracionismo de la que emanaba y que invitaba a una tierra marchita a recuperar su fuerza. El conjunto de autores realistas siguió por tanto la línea de la Generación del 98 y Giner de los Ríos, convirtiendo los valores castellanos en valores estéticos, llegando a hacer, en palabras de Josefina Alix, de la geografía seca y descarnada de la vieja Castilla un objeto de veneración. Estas esculturas pretendían introducirse en la sociedad, generando un arte capaz de influir en ella, donde el espectador podía hacerse participe con una mirada que hoy debemos mantener. Su obra supone por tanto una amplia labor tanto para su tierra como para la escultura del siglo XX. Se trata de un papel que ha supuesto un continuo reconocimiento al que Marco siempre respondió con humildad diciendo “he hecho lo que he podido y con entusiasmo”. Fue un escultor que siempre buscó la belleza y la grandeza a través de una profunda sencillez, que se extiende en el tiempo y no caduca, como defendía Juan Jiménez Aguilar al hablar de su obra, “ese es el verdadero arte, el que produce obras imperecederas”.
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Por Julián Recuenco Ya hemos resaltado en otras ocasiones anteriores, la gran importancia que la documentación de carácter notarial puede tener a la hora de investigar en el pasado de nuestras hermandades; el fuerte interés que suscita este tipo de documentación con carácter general se hace aún más interesante para los estudiosos de esta celebración, por cuanto los datos proporcionados son difíciles de encontrar en otro tipo de archivos. Y es que entre los legajos que se conservan en esta sección de los archivos provinciales pueden encontrarse cartas de obligación, testamentos de algunos hermanos antiguos, documentos contractuales con escultores o con cualquier otro tipo de profesionales que pudieran tener relación con las cofradías,…, documentos todos ellos que pueden ayudar a reconstruir el pasado de nuestras hermandades y cofradías. Los tres documentos que voy a comentar en esta ocasión son un ejemplo de esto que acabo de decir, y proceden de los fondos del Archivo Histórico Provincial de Cuenca. Son tres documentos muy diferentes entre sí, y como interés añadido hay que decir que cada uno de ellos tiene que ver con una hermandad diferente y con una procesión diferente; están representadas así las tres procesiones clásicas de la Semana Santa de Cuenca. Tres documentos diferentes, pero con algunos aspectos comunes entre sí: cada uno de ellos nos hablan del pasado de nuestras cofradías en aquellos años lejanos de finales del siglo XVIII y principios del XIX, cuando la Semana Santa teatral y pomposa del Barroco, entrada en crisis hacía ya algunas décadas, estaba a punto de ser sustituida por una Semana Santa liberal, casi atea, obligada a tener que renovarse a sí misma para evitar su desaparición. Aquellos años en los que las otrora hermandades filiales terminarían por sustituir definitivamente a aquellos grandes cabildos de la Vera Cruz o de San Nicolás de Tolentino, en cuyo seno habían sido creadas. El primero de esos tres documentos está fechado el 14 de octubre de 1792 y afecta al cabildo de San Nicolás de Tolentino y a la que ya en aquellos años, y desde un primer momento, era la más importante de sus hermandades filiales, la de Jesús Nazareno 1 ; el propio documento, que cita ambos institutos al mismo tiempo y como si fueran una misma cosa, demuestra hasta qué punto eso era cierto. Por aquellas fechas, la hermandad deseaba adornar su imagen titular de cara a su procesión en la madrugada del Viernes Santo, y para ello había decidido encargar al bordador madrileño José de Esquiliche una cenefa de oro para ornamentar la túnica de terciopelo con la que procesionaba la imagen, túnica que supuestamente debía ser de color morado aunque el documento
no da ningún detalle a ese respecto. La obra había costado en total la cantidad de 11.572 reales y 17 maravedíes, de los cuales aún quedaban por pagar 2.662 reales, pago al que la hermandad aún no había podido hacer frente debido a sus cortos ingresos. Esos ingresos consistían apenas en los sitios anuales que pagaban los hermanos y a las escasas limosnas recogidas durante la procesión Para afrontar la deuda contraída con el bordador madrileño, la hermandad había comisionado a cuatro de sus hermanos para que en el nombre de la propia hermandad y del cabildo, otorgaran la carta de obligación preceptiva por la que reconocían la deuda y ofrecían la manera de pagarla. Los cuatro comisionados eran Benito María González, sacerdote beneficiado de la iglesia parroquial de San Esteban, Antonio de Carrión Salcedo, contador principal de las rentas reales y arbitrios de la provincia, Tomás Saiz, uno de los procuradores del tribunal provincial, y Francisco Anaya Cerezo, los cuales acudieron juntos aquel 14 de octubre de 1792 ante el escribano público Benito María González, quien también era hermano de la cofradía, como casi todos los notarios de la ciudad por aquellas fechas. Por el documento redactado, la hermandad se obligaba a ir pagando cada año, en el mes siguiente a la celebración de la Pascua de Resurrección la cantidad que buenamente pudiera, dependiendo de los ingresos obtenidos, y una vez descontados los gastos correspondientes a aquella Semana Santa, hasta terminar de pagar el crédito contraído con el artífice de la obra. También se obligaba a pagar todos los gastos que el mantenimiento de la deuda pudiera ir ocasionando. Firmaban como testigos de la escritura de obligación Pedro Nolasco Martínez, José de Yuste Pastor y Juan Redondo, vecinos de Cuenca. El segundo de los documentos está fechado el 3 de mayo de 1793, y tiene que ver en esta ocasión con el cabildo de Nuestra Señora de la Soledad y de la Cruz, que como es sabido recibía culto desde su origen en la iglesia parroquial de El Salvador 2 . Procede del mismo legajo, aunque está firmada por un escribano diferente, y se trata de una escritura de poder que un grupo de miembros destacados de dicho cabildo otorgaban a dos de ellos, Francisco Antelo y Villoria, y José Maestra y Polanco, para que pudieran hacer en su nombre ciertas averiguaciones sobre cierto vínculo que había recaído en el altar propio de la cofradía. El documento lo habían mandado redactar ante el notario José Félix Navalón, los hermanos Nicolás Álvarez de Toledo, Antonio Castillo y Peralta, Francisco de Paula Castillo y Frías Haro, y Marcos Morales y Jaraba, además de los dos cofrades que eran beneficiarios de dicha escritura de poder.
1. Archivo Histórico Provincial de Cuenca. Sección Notarial. P-1441. Mateo Rodrigo Fernández
2. Archivo Histórico Provincial de Cuenca. Sección Notarial. P-1441.
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Todos ellos eran miembros de la alta sociedad conquense del siglo XVIII, algunos de ellos integrantes incluso del grupo de regidores perpetuos de la ciudad, categoría que estaba reservada por otra parte a la nobleza local. Así, el propio Francisco Antelo y Villoria era, además, secretario del tribunal conquense de la Inquisición. Francisco de Paula Castillo, por su parte, era señor de los lugares de Hortizuela y Palmero, despoblado los dos en la actualidad que actualmente se encuentran en el término municipal de Barbalimpia, además de ser miembro de la Real Maestranza de Ronda. Y por lo que se refiere a José Maestra, por otro documento notarial se sabe que José Maestra era teniente coronel graduado y jefe del regimiento provincial de milicias de Cuenca y que había fallecido ya en el año 1800, fecha en la que su viuda, Victoria María Tutor de Miranda, había contraído nuevas nupcias con el licenciado Juan Manuel Matute, abogado de los Reales Consejos 3 . El más importante de todos ellos era sin embargo Juan Nicolás Álvarez de Toledo, quien era en ese momento conde de Cervera. El documento demuestra algo que ya era conocido desde hacía mucho tiempo: la vinculación de la cofradía con los sectores nobiliarios de la sociedad conquense durante gran parte de su historia. Pero también es importante porque es una de las escasas noticias que tenemos sobre la economía de nuestras hermandades durante los años del Antiguo Régimen. Como ya se ha dicho, está relacionado con cierto vínculo familiar que por aquellas fechas había recaído, al haber quedado extinguidas por sí todas las líneas familiares, en el altar propio que la hermandad tenía en la iglesia de El Salvador, en el cual recibía culto su imagen titular. El vínculo había sido fundado por Petronila de Jaraba, mujer que había sido de Baltasar de León, sobre ciertos bienes raíces que se hallaban en el término municipal de Torralba, y se hallaba vacante desde 1779, fecha de la muerte de su último poseedor, Juan Manuel Chavarría que sin embargo era vecino de Peralta, en la provincia de Navarra. La coincidencia del apellido con uno de los firmantes del documento, Marcos Morales y Jaraba, el único por cierto que no estaba incluido en el grupo de los regidores perpetuos de la ciudad, hace pensar en la existencia de una relación familiar de este cofrade con la mujer que había creado el vínculo, y quizá esa relación familiar podría explicar además el hecho de que finalmente su
posesión hubiera recaído en la propia cofradía. En esta ocasión, quienes habían firmado como testigos eran Félix Bachiller, Andrés de Requena y Manuel Víctor Navalón. El más importante de los tres documentos estudiados afecta por fin y en su conjunto a las cuatro hermandades clásicas del viejo cabildo de la Vera Cruz, actual archicofradía de Paz y Caridad, y a la procesión del Jueves Santo 4 , y lo es porque nos da nuevos datos de lo que pasó con su antigua sede de la ermita de San Roque, una vez arrasada y quemada por las tropas napoleónicas durante la Guerra de la Independencia. Por su interés considero interesante la transcripción completa del documento, que había sido redactado ante el escribano Pablo Román y Ramírez el 15 de abril de 1819: “En la ciudad de Cuenca a quince de Abril de mil ochocientos diez y nueve, ante mí el escribano y testigos infraescriptos, Pedro José de la Cueba y Jacinto Serrano, hermanos comisarios de la hermandad de la Soledad, Antolín Navalón y Rafael Santa María, hermanos comisarios de la de Jesús Nazareno, Matías López y Claudio Lucas, hermanos comisarios del Santo Paso de la Caña, y Valentín Mariana y Antonio Pérez Cano, hermanos comisarios de Jesús en el Huerto, y dixeron: que en las pasadas ocurrencias y guerras quedó la hermita de San Roque arruinada y la capilla que en la dicha había, en que se hallaban los Santos Pasos y pertenecía a las Quatro Hermandades, desmantelada de padecer ruyna, con esposición a desgracias, por cuya razón se había tratado de aprovechar sus despojos antes de que fueses estrahidos o totalmente inutilizados en aquel mismo sitio, si caigan sus paredes, y con este valor que se le diere y produjere, hacer la traslación de los Santos Pasos a la Yglesia de Nuestra Señora del Puente y San Antón como estaba determinado por hallarsen interinamente en la Parroquial de San Esteban desde que la capilla de San Roque se inutilizó en la pasada guerra, sin tener arbitrio las Hermandades para poder ponerla en la forma que hantes se hallaba, como se hizo presente al Señor Provisor de esta Ciudad y Obispado, en cuya anuencia y previo taso del Maestro Mayor, se mandó repararla o demolerla aprovechándose de los despojos vendiéndolos; y que este producto se invirtiese en los gastos y demás de respectivo instituto; pero como citado para remate ni aún el que ofreció tomarlos no prometió cosa alguna. Y sólo por parte de Don Vicente López Salcedo se propuso que si las Hermandades le cediesen la capilla y sus despojos tal como se hallaba en el día para sí, ya para cubrirla y reedificarla a su arbitrio y voluntad o aprovechándose de sus escombros,
3. Archivo Histórico Provincial de Cuenca. Sección Notarial. P-1538. Diego Antonio Valdeolivas (1799-1802).
4. Archivo Histórico Provincial de Cuenca. Sección Notarial. P-1578. Pablo Román Ramírez (1819-1823).
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si se arrynase como dueño quedando con pleno dominio de este sitio y edificio, como le heran las Hermandades, contribuiría con la limosna de mil reales en favor de éstas, lo que aprobado por el Señor Provisor se ha librado el correspondiente testimonio para formalizar esta excritura y su tenor siguiente. A consequencia de esta licencia, habiendo manifestado el Don Vicente López Salcedo estar llano a cumplir su promesa y ofrecimiento, otorgándose escritura de cesión y traspaso por los Comisionados Hermanos de las quatro Hermandades a que pertenecía el sitio de la capilla, y materiales que conservan sus paredes, y parte de cubierta en la forma que se halla, para que pueda como dueño hacer el uso que tenga por conveniente, ya reparándola con el destino que le parezca darle o ya aprovechándose de sus despojos y materiales si se arruynase totalmente o no pudiese cerrar su fábrica, o no se lo permitiese el estado de ésta o las circunstancias que sobreviniesen; y viendo ser conforme lo ofrecido y determinado: confesamos haber recibido la cantidad de los mil reales de su oferta… Y por virtud de ello y en fuerza de la licencia concedida por el Señor Provisor otorgan: que ceden, renuncian y traspasan de derecho que tenían las quatro Hermandades de Pasión que representan al sitio en que estaba la capilla, los escombros, paredes y materiales que hay dentro de su recinto en la forma que hoy se halla, a Don Vicente López Salcedo, vecino de esta ciudad, y para que como cosa suya propia, en fuerza de esta cesión, haga el uso que tenga por conveniente, reparándola, aumentándola o desaciéndola, o haciendo de ella el uso que tenga por conveniente, y según mejor le combiniese, pues de este fin le hacen gracia y donación… El documento continúa con los términos de rigor en este tipo de escritos, y con los nombres de los tres testigos, que en este caso eran Pedro de Olarieta, Ventura Hinarejos y Antonio Ortega, y termina con la firma del notario y de los diversos hermanos que representaban a las cuatro cofradías. Algunos de ellos son conocidos por otros documentos anteriores. Valentín Mariana, impresor conquense, liberal que fue represaliado durante la Década Ominosa, era por aquellas fechas secretario de la hermandad del Paso del Huerto, como lo serían después su hijo y su nieto, también impresores como él, Pedro y Manuel Mariana respectivamente. Y teniendo en cuenta que según algunos autores quien puso en un primer momento en el cuello de Jesús la “joya”, el medallón que todavía luce la imagen durante la procesión, era un tal “señor de
Mariana”, ¿no se trataría en realidad de algún descendiente de este Valentín Mariana? Y respecto a uno de los comisionados de la hermandad del Paso de la Caña, Claudio Lucas, también habíamos visto ya su firma en las constituciones de la hermandad que habían sido aprobadas en 1802. Así, las cuatro hermandades cedían conjuntamente a Vicente López Salcedo la que había sido capilla propia de la hermandad, con el fin de que éste pudiera aprovechar sus escombros, principalmente la madera, es de suponer, a cambio de una limosna que ascendía a mil reales de vellón. Limosna que, por otra parte, la hermandad podría utilizar en el traslado que por aquellas fechas estaba llevando a cabo desde la parroquia de San Esteban, a cuya jurisdicción correspondía la ermita arruinada, hasta la iglesia del convento de San Antón, que el Ayuntamiento acababa de adquirir y estaba ocupando sus altares. En este expediente de cesión está incluido también el preceptivo auto del provisor diocesano, Manuel González de Villa, fechado el 19 de marzo de ese mismo año, por el que se concedía a las hermandades la licencia oportuna para proceder a la cesión de las ruinas, en virtud de un informe que había sido redactado por el arquitecto Rafael Santa María, maestro mayor de obras del obispado y miembro así mismo de una de las cuatro hermandades interesadas, la de Jesús Nazareno, informe que a su vez se basaba en la tasación que el 5 de noviembre del año anterior había realizado Mateo López, el mismo Mateo López que, arquitecto ilustrado, había ganado con una historia de Cuenca el concurso que algunos años antes había celebrado la Sociedad Económica de Amigos del País de la ciudad; el libro, sin embargo, no se puedo publicar hasta 1953 por Ángel González Palencia 5. En virtud de ambos informes, el propio provisor diocesano decretó la subasta de la capilla y los materiales, subasta que fue debería estar dirigida por el teniente de maestro mayor de obras, Rafael Felipe Mateo; la subasta se realizaría a la baja, partiendo de la cantidad de 1.860 reales. Sólo se presentó un pujador a la subasta, el propio Vicente López Salcedo, en la cantidad ya aludida de los mil reales. Aunque el adjudicatario había afirmado desear reedificar la capilla, ésta, como es sabido, nunca llegó a construirse de nuevo, ocupando en la actualidad un espacio en el extremo de los jardines del Palacio Provincial, el que se halla junto a la calle San Francisco y el barrio que le da nombre.
5. LÓPEZ, Mateo, Memorias históricas de Cuenca y su obispado. Edición a cargo de Ángel González Palencia, tomo sexto dela Biblioteca Conquense. Consejo Superior de Investigaciones Científicas y Ayuntamiento de Cuenca, 1953.
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Por Israel José Pérez Calleja
Luisa y Natalio retratados, a comienzos del siglo XX, en el famoso estudio madrileño de Mouton (Fuente: Olcades, Segunda época, nº. 3).
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D. Juan José Gómez Brihuega, in memoriam Nota introductoria a modo de agradecimiento. Había que preludiar esta brevísima aproximación sobre el pujante fenómeno comitente asociado a la Semana Santa capitalina durante el primer tercio aproximado del siglo XX, aquí acaparado por la rescatada figura de Dª. Luisa García Campos1, con una póstuma evocación del profesor Juan José Gómez Brihuega; el entrañable y desaparecido Juanjo, pariente distinguido de nuestra benefactora (resobrino-nieto de la popular Doña Luisona, a la que titulaba como “tía”) y singular continuador de una genética nazarena a medio camino entre el añoso fervor al, en adelante, protagónico y familiar Cristo de los Espejos y al siempre imponente –D. Lucio Gómez García2 también mediante, padre del catedrático latinista Brihuega– Misterio procesional de San Pedro Apóstol. Mejores plumas y ocasiones hubo y habrá, por mucho más cercanas y lúcidas3, de justipreciar la notable influencia cultural del anhelado y comprometido erudito que, recuérdese, tanto promocionara la mejor poesía contemporánea desde Priego y su Escabas veraniego, con José Hierro y nuestro gran pregonero Diego Jesús Jiménez; tan bien tutelara los designios de una linajuda institución educativa, con tanta solera en estas latitudes, como el itinerante Instituto de Enseñanza “Alfonso VIII” (cuyos inspiradores Archivos y Laboratorios recompuso con paciencia y sapiencia); tradujera el parentesco conquense de las Cantigas de Alfonso X “El Sabio” y porfiara hasta la saciedad, como patrono y mecenas de la Fundación Luisa-Natalio, en la recuperación a perpetuidad de los nobles fines natalicios de la misma y la pulquérrima y debida nombradía de García Campos. Y es que este puñado de líneas destinadas a inventariar y resumir la fecunda aportación de su admirada y querida Doña Luisa en aquella briosa y renacida Cuenca procesional aludida (párrafos redimidos, estos, más de un lustro después de su dolorosa pérdida –casi media década más tarde de lo preconcebido y, por tanto, acarreando esa frustrante sensación de no haber llegado a tiempo, de no haber cumplido–), también pretende constituir un modesto tributo a su cariñosa predisposición y generosidad superlativa para con este autor. Humilde y receptivo, como todos los grandes, recogió con agrado y complacencia el planteamiento y objetivo propuesto en este estudio, más ambicioso entonces que hoy pero menos que mañana, entregándome su entusiasta colaboración, sin esos regateos vanidosos que tanto lastran a la investigación bienintencionada, y sin más referencia personal sobre mi trayectoria que la de, no es poco decir, su respetado amigo José Miguel Carretero Escribano. Escasas pero muy intensas jornadas compartimos, mano a mano, con el imponente reflejo de Doña Luisa planeando sobre una conversación monopolizada por su extremo conocimiento de aquella fornida y espléndida mujerona. Pláticas conjugadas con ironía y capitalizadas por unos ojos serenos y claros, frecuentemente desviados hacia la añeja fotografía matrimonial de esta filántropa con áspero desenlace en sus días finales, con antagónica suerte elogiosa que la que el destino deparara, por ejemplo, a otras tan iguales y meritorias como Doña Gregoria de la Cuba y Clemente (la última nacería más de veinte años antes, sobreviviéndole, la primera, cerca de cuatro décadas). Cada diálogo nuestro, dicho sea, fue presidido por esa omnisciencia socarrona y crítica, la suya, que le permitía colonizar mi asombro con derivas conquensistas de alto voltaje y deliciosa digestión. En su céntrico domicilio de la Carretería –en el que parecían recrecer, por momentos, ordenadas madrigueras de libros–, no muy
alejado de ese ya sexagenario templo de la dulcería apellidado Ruiz y al que permanecía ligado por felices cuestiones maritales, abundamos en uno de los lenguajes universales de esta tierra: la Semana Santa. No es elogio gratuito ni oportunista guiño a favor de obra, tan al uso en forzadas loas de obituario urgente, redundar en lo bien que se portó: puso en mis manos, noveles y sorprendidas, sin condiciones ni prisas, todo un tesoro documental celado, también, por la Fundación Luisa-Natalio; ejerció de incomparable cicerone por el Cementerio Municipal del Santísimo Cristo del Perdón, trasladándonos en su corpulento vehículo y mientras las brillantes sentencias escapaban por la ventanilla soleada del conductor, hasta descubrirme las exactas coordenadas de esa ya definitiva, destemplada y eterna morada de Doña Luisona; por cierto, tan alejada de la fastuosidad artística de otras egregias y vecinas personalidades conquenses o enconquensadas como Sánchez Vera o el pintor Manuel Domínguez Sánchez.
Reproducción de un trascendental documento referente a la herencia de Luisa García Campos (Archivo Familiar de Juan José Gómez Brihuega).
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Lápida del matrimonio en el Cementerio Municipal de Cuenca (Sandra Mª. Navalón Martínez)
Después, la tristeza lo invadió todo. Nunca imaginé que aquella portentosa mente, preñada de vitalidad ingeniosa y retranca inteligente; que aquel carácter arrollador, amarrado a la firmeza de la eterna conquista, apenas sobreviviría unos pocos meses. Aquel fatídico mes de julio, el oro viejo del alma se vistió de luto. A la Semana Santa de Cuenca, concretamente a su divulgación y difusión, le debemos un permanente afán que va de suyo, aún asumiendo nuestras ilimitadas taras. En esta ocasión y a través del anticipo que sigue, permítaseme encarecer –postergando paralelas y mediáticas ejecutorias personales en tiempo y forma e incluso relegando la metodología y causalidad de este decisivo fenómeno munificente–, a aquella dadivosa valedora de unas robustecidas comitivas pasionistas empeñadas en doblegar la pertinaz y galopante crisis procesional decimonónica. Luisa García Campos desplegó, por si poco fuera lo anunciado, una patente preocupación social, asistencial, caritativa y cristiana para con los más necesitados de entonces4; dibujando una singladura repleta de bondadosos donativos y que desembocó en el fundamento mollar de sus últimas voluntades: la creación de una institución benéfica que amparara la educación de los niños desvalidos con menos opciones de disfrutarla5. Y, burlando la costumbre y sin que sirva de precedente, absuélvaseme también por lo mucho confesado en este pórtico íntimo y atinente a su simbólico custodio, Juan José Gómez Brihuega; quizás hasta la temeraria osadía, insolente para algunos y de recibo para el firmante, de haber restado ya demasiada tinta encomiástica al supremo papel que estos párrafos y el universo nazareno conquense le venían debiendo a Doña Luisona.
Aspecto actual del Panteón-mausoleo de Dª. Luisa y D. Natalio en el Camposanto del Santísimo Cristo del Perdón (Sandra Mª. Navalón Martínez)
El pudiente matrimonio de Luisa y Natalio como génesis de una Fundación; los ruinosos últimos días de Doña Luisona y las presiones testamentarias en plena guerra civil6. Siendo muy otro el objetivo primordial de este sucinto trabajo y víctimas de las limitaciones de espacio que constriñen el mismo, únicamente desglosaremos un esquemático e irrenunciable apunte a partir del contenido trazado en el presente epígrafe contextual. Nuestra Luisa García Campos casaría con Natalio Calixto Nohales Rubio, armonizando uno de los más hacendados matrimonios de la capital a caballo entre finales del siglo XIX y las primeras décadas de la siguiente centuria. El acreditado y también pío marido, siempre a la sombra pionera de la virtuosa mujer, hizo algo más que agregar un creciente granito de arena para, así, situar a la ensalzada pareja entre las posiciones más desahogadas de aquella sociedad; fue Diputado Provincial, concejal del Ayuntamiento de Cuenca y, responsabilidad nada subsidiaria, Jefe provincial del Monopolio de Cerillas. Provechosas fincas urbanas y rústicas –no solo en la capital–, ventajosos negocios varios, un acusado sentido cristiano de la solidaridad y, algo que la estimularía también, la inexistencia de hijos y herederos directos, fueron sumatorios que proclaman el incansable comportamiento indulgente de Doña Luisona en vida y su, por otra parte, acuciosa y benéfica pretensión final de traspasar y supeditar su vasto patrimonio, en un futuro ya sin ella y mediante la institución de la Fundación Luisa-Natalio, a la erección de una escuela para niños y niñas pobres7. El nonato recinto educativo se emplazaría en un lugar tan notorio como la legendaria Plaza de Cánovas; estrechamente emparentada con Luisa y Natalio, quienes alteraron el histórico nombre del
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Tarjeta postal con la vieja disposición de la Plaza de Cánovas, distinguiéndose a la izquierda la Posada de Santa Luisa (Colección Pérez-Navalón).
Parador del Sol por el más afectuoso de “Santa Luisa” (de tal guisa era conocida aquella localización de hospedería que, a su vez, irrumpía en parte de la estructura declinante del otrora muy pasionista monasterio de los agustinos). Todo estaba dispuesto así, la resumida ambición colegial decimos, desde febrero del año 1936. Sin embargo, la apresurada, extraña y contradictoria disposición de un segundo testamento de Luisa García, apenas un mes antes de fallecer el día 18 de julio de 1938 y frisando edades nonagenarias, revocaba voluntades anteriores para, ahora, premiar largamente a la C.N.T., agrupación libertaria con antitéticas convicciones religiosas, salvo excepciones, a las profesadas por nuestro personaje. Al parecer y aprovechando la delicada contingencia del momento, uno de los máximos exponentes de la central sindical en Cuenca, el albañil Elías Cruz Moya y según consta en la documentación conservada, se habría hecho cargo de la administración de los bienes de García Campos desde el levantamiento militar –en aquellos primeros compases de la ciudad republicana en guerra, también consta la requisa, por parte de otros elementos revolucionarios, de mobiliario junto a objetos varios (prismáticos, colgaduras con los colores nacionales o un cáliz) y la petición municipal de importantes cantidades de dinero (25.000 ptas.)–, llegándose al punto álgido cuando, entre engaños y coerciones, a una muy frágil y vulnerable viuda de Nohales se le hizo “creer que la C.N.T. eran los pobres de Elías y que estos eran los mismos a los que doña Luisa quería fundarles una escuela, para que cumpliera su voluntad de siempre”; y perpetrándose un testamento (este, luego derogado, de 1938) “cuya simple lectura, en contraste con el anterior, produce un sentimiento de amargura en el ánimo de todos y de estupor para los que conocían a doña Luisa”8. Ocurrió que ese segundo y polémico testamento, una vez liquidada la contienda bélica y bajo sentencia, fue anulado debido a coacciones intimidatorias sobre la libre voluntad de la dadora, quien hizo otorgamiento y cesión en clara situación de invalidez. En esta línea, los escabrosos detalles e impactantes testimonios recogidos en los documentos a los que tuvimos acceso y referidos a estos pasajes, no hacen sino mover a la compasión acerca de los últimos y calamitosos meses de vida de nuestra otrora preponderante protagonista. La novela más triste que imaginen podría, aquí, ser posible.
Ni siquiera prosperaría, por avanzar algo más, el póstumo y pusilánime expediente de responsabilidades políticas –aventado por un Estado franquista, con olfato rapiñador, ofuscado con la incautación de sus apetitosos bienes–, encaprichado en hallar peligrosas y paranoicas connivencias de Luisa García Campos con ese anterior régimen republicano9 que, como queda dicho y en sus estertores, la había abocado a una situación nefasta e inimaginable por peripatética. Como no podía ser de otra manera y con una aplastante e impoluta hoja cristiana de tenaces servicios a la sociedad e inmarcesible apego practicante al catolicismo10, un nuevo dictamen absolutorio de posguerra le permitió recobrar la libre disposición de sus bienes, dejando el horizonte expedito a los albaceas que sobrevivieron: Juan Pedro Lorente Pérez, canónigo; José Niño Astudillo, profesor y catedrático de la Escuela Normal y su pariente, ya nombrado en este escrito, Lucio Gómez García; y con un recuerdo del significativo proceder, sentir y pensar de Doña Luisona hacia aquellos albaceas fallecidos y designados en el veraz testamento de 1936 (el también canónigo José María Ayala, el oficial de Prisiones Germán Olarieta Crespo, el teniente coronel retirado José Pradell Pedraza y, por último, el abogado Santos Lázaro Cava). La dadivosa munificencia de Doña Luisona en la Pasión conquense: de sus donativos a la Hermandad del Ecce-Homo de San Miguel (1905/06) al celebrado sufragio de “La Lanzada” (1930). Antes de acotar la doble ligazón de nuestro próvido personaje con las numerosas novedades procesionales de su tiempo –distanciados por un cuarto de siglo cada capítulo desgranado11–, recurriremos a alguna consideración general, insinuada líneas atrás, para el mejor entendimiento y correcta enmarcación de sus valiosas aportaciones pasionistas en aquellas manifestaciones públicas de fe. Primeramente, téngase en cuenta la etapa alcista que representa, en la irregular y cronológica línea evolutiva de la Semana Santa de Cuenca, el tramo de centuria pasada que se estira hasta la guerra civil. Será esa dinámica porción de siglo una especie de terreno abonado, cual antítesis de la honda depresión nazarena que golpeó a nuestros desfiles y cofradías decimonónicas, para la eclosión de nuevas comitivas, revitalización de otras así como la contagiosa renovación y actualización de Constituciones, Reglamentos y Ordenanzas periclitadas o inexistentes. Cuenca Nazarena 147
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Tanto la propia Doña Luisona –alimentando ejemplares padrinazgos procesionales junto a otros acaudalados e insignes propietarios y políticos de la ciudad (apellidados Catalina o Cobo)–, como sus concretas y espaciadas cooperaciones pasionistas aquí traídas a colación, simbolizan perfectamente los ejes y hoja de ruta del, en lo religioso-popular, esperanzador escenario de comienzos del siglo XX; en primera instancia, liderado por una privilegiada burguesía católica que promocionará, a base de populares gestos altruistas, el renacimiento de la, poco tiempo atrás, adormecida Cuenca nazarena12. En esa tendencia figuraría, por derecho propio, la estrecha relación de García Campos con la Hermandad del Santísimo Ecce-Homo de San Miguel durante los primeros vagidos de la comitiva de “El Silencio” (1905/6). De otro lado, con el inexorable transcurrir del tiempo y el emergente interés turístico de nuestra ciudad y desfiles pasionistas13, será el propio y capitalino Consistorio primorriverista de Cayo F. Conversa Martínez el que impulse, oficialmente y con diversas medidas, el inaplazable embellecimiento y máximo esplendor de nuestras procesiones; sumándose hacia finales de los años veinte –con el arbitrio de múltiples subvenciones económicas a las cofradías y sus proyectos14–, a las entonces más intermitentes iniciativas privadas como, por ejemplo y no obstante, la otra vez auspiciada por Doña Luisona en el año 1930 y a propósito de la financiación del Paso de “La Lanzada”. La rumbosa ayuda prestada por García Campos –o García Izquierdo, lo mismo da– a algunas cofradías conquenses queda inaugurada, pues y hasta donde sabemos, a raíz de una obsequiosa protección en el arranque mismo del siglo XX: la ofrecida a la Hermandad del Santísimo Ecce-Homo de San Miguel y en el jubiloso contexto nazareno de la naciente procesión de “El Silencio”; desfile centenario que recorre nuestra capital desde un Miércoles Santo del año 1905. En aquel entonces y recién consumado el traslado de su hermosa Imagen Titular a la Iglesia de San Pedro (proveniente, claro está, de la distintiva de San Miguel), esta modesta y venerable institución fundada en 1860, tradicionalmente vinculada a la parte antigua de la ciudad, se encontraba en pleno proceso interno de ajuste: acomodando su primitivo y exclusivo cariz asistencial y de culto a una nueva y necesaria dimensión pasionista que demandaba, ahora y a su vez, el inminente y tentador alumbramiento de aquella ilusionante comitiva de los capuces blancos. En esta misma coyuntura, ahormada la irrupción procesional del Ecce-Homo de San Miguel en el flamante y recién estrenado desfile del Miércoles Santo, poco tiempo se haría esperar el acuerdo de la citada Hermandad consistente en remitir a Doña Luisona un merecido voto de gracias por su cariñoso regalo a la misma y para tan garbosa ocasión: un impreciso pero precioso ornamento destinado a la Imagen. Sin certidumbre plena aunque muy probablemente, dicho presente consistiría en un juego de potencias de plata para la testa del mentado Ecce-Homo; por tanto, correspondiéndose con aquella suerte de tres rayos de luz que, recurrentes en tantas representaciones de Jesucristo, adornaron la cabeza de la antigua efigie durante bastantes años15. El contenido de aquel reconocimiento dispensado por los agradecidos cofrades abundaba, respecto a la honorable protagonista, en “la nobleza de sus sentimientos y acendrado cariño demostrados por dicha señora a nuestra hermandad”; elogiándola como una “hermana efectiva, con relevación de toda carga” y en poder de los mismos derechos concedidos a los hermanos16. La incipiente y exitosa puesta procesional de largo de esta Hermandad, en aquel lejano abril de 1905, concitó innumerables emociones pero también la necesidad interna, con un plausible sentido de la autoexigencia, de acometer una serie de reformas
inmediatas en el Paso procesional. Así y con el fin de prosperar en su todavía tierna escenografía pasionista, se decide acometer la mejora o acopio de una capa tallada para el Ecce-Homo; encomienda que recae en Marcelo Usón, uno de los clásicos e imprescindibles artesanos de la Semana Santa conquense de la primera mitad del pasado siglo. Serán los discretos depósitos económicos de la cofradía, en este sentido, los que obliguen a sus rectores a solicitar auxilio y colaboración a una serie de relevantes e influyentes próceres de aquella época y sociedad. Políticos como el senador y diputado D. José Cobo o el mismísimo Sr. Obispo de la Diócesis fueron algunos de los prohombres que encabezaron, junto a la también destacadísima aportación pecuniaria de Dª. Luisa García Campos (25 Ptas.), la selecta relación de bienhechores publicada, en el mes de febrero del año 1906, en El Correo Católico y a cuenta de las contribuciones actualizadas para el antedicho arreglo de la capa17. En base a lo relatado, parece incuestionable el manifiesto fervor que esta Imagen despertaba en el ánimo devocional de Doña Luisona. Celo imperecedero y doblemente reforzado hacia esta advocación, si se tiene en cuenta que tan piadosa mujer había conminado a sus albaceas a costear, en la segunda cláusula de su testamento y a perpetuidad, una misa diaria por su alma, al estipendio de cuatro pesetas, “en la capilla del Altar del Santo Heccehomo (sic.) de la Catedral de esta Ciudad”, procurando que su celebración fuera todos los días a una misma hora, la más oportuna, para la mayor asistencia de fieles. Llega a testimoniarse, incluso y por añadidura, en el extenso documento que “el sobrante, si lo hubiere, de los intereses totales de cada año se empleará también en misas que, durante los primeros días de enero, serán rezadas en el mismo altar”18. En otro orden de asuntos y a propósito de lo anunciado sobre Doña Luisona y la Hermandad del Santísimo Cristo de la Luz, cabe apuntar que la remota Semana Santa de Cuenca de 193019 es rememorada como unos inolvidables desfiles repletos de novedades procesionales20. Ya hemos tenido ocasión de catalogar, en otras aproximaciones editadas21, algunas de las más sonadas y correspondientes a ese año tan importante: Paso de la Última Cena y Ángel del Huerto de San Antón (ambas obras, de Luis Marco, rubricaron su primera carrera pasionista aquel Jueves Santo); incorporación de una talla de María Magdalena al espectacular conjunto procesional del Cristo de La Agonía o, sin entretenernos en alguna otra más, aquellas excelsas andas de plata donadas, para la Virgen de la Soledad del Santo Entierro, por el que fuera Alcalde de la ciudad, D. Aurelio Torralba Moreno y tristemente martirizado en el 36. En esta ocasión y como advertíamos, interesa focalizar la atención en la importante donación efectuada por Luisa García Campos, en el citado año 1930, a la conquense cofradía del Cristo de los Espejos y basada en la vigorosa transformación de la, hasta entonces, solitaria Imagen Titular del Crucificado de la Luz en un poblado grupo procesional de Misterio: “La Lanzada”, con la incorporación de las efigies de la Virgen María, María Magdalena, San Juan Evangelista y Longinos a caballo. En este mismo sentido y por la prodigalidad de fuentes locales halladas22, secuenciaremos en orden cronológico y de modo abreviado las noticias fundamentales al respecto. Primeramente, cribemos y centrémonos en lo publicado, al respecto, en los periódicos capitalinos de finales del mes de febrero de 1930; más en concreto, en un artículo publicado en La Opinión23, cuyo texto conserva la Hermandad de Los Espejos y está incluido también en el legado testamentario de Doña Luisona. Se infiere del mismo cómo, por un lado, la cofradía procuraba este afanoso designio desde tiempo atrás y, de otra parte, era su entonces Hermano Mayor, Emilio Saiz Díaz (insultantemente
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Talla antigua del Ecce-Homo de San Miguel (Archivo de la Vble. Hdad. del Stmo. Ecce-Homo de San Miguel)
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Espectacular instantánea de las rutilantes andas donadas por Aurelio Torralba, en el prolífico año 1930, y destinadas a la Imagen de la Soledad y de la Cruz del Santo Entierro (Foto: Campos. Colección Familia Ruiz Leal)
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joven, con 28 años24), quien comandó la comisión recaudatoria de óbolos al efecto; recaudándose, a su vez, la exigua cantidad de 300 ptas., muy alejada del presupuesto global de la obra y que superaba las 4000. Nuestra munificente protagonista –la siempre sensible Luisa García y cuyo quebrantado deseo era que la cosa no trascendiera–, “mandó llamar a la junta directiva de la misma y dispuso que cuantas pesetas hubieran recogido a tal fin, fuesen devueltas a sus donantes, que la reforma del «paso» corría de su única cuenta, razón por la cual, la obra está en ejecución por el inteligente y famoso escultor de Játiva D. Vicente Rabasa”. Amén de lisonjear tan plausible gesto y suspirando, en esas mismas líneas, para que “Cuenca un día le rinda el tributo que merece”; no es asunto baladí la proporcionada respuesta que la Hermandad elevó en sesión extraordinaria: “que se dé un voto de gracias a tan distinguida señora, y que conste en acta el agradecimiento por tan excelente donación; que el día 1º. de marzo próximo, aniversario del fallecimiento del que fue su esposo don Calixto Nohales (q.e.p.d.) se celebre una misa en el altar del Santísimo Cristo de los Espejos, en sufragio de dicho caballero”. Además, se acuerda el oficio de otra misa “todos los años, en dicho altar, al siguiente día del Domingo de la Santísima Trinidad, en memoria de sus difuntos y que cuando esté hecha la reforma del Paso, se saque una ampliación fotográfica que se ha de regalar en magnífico marco a la donante”. En este correlato, hay que fijar la innegociable esquela anual que, en recuerdo de Nohales Rubio y por expresa voluntad de su viuda, se insertaba en la prensa local en recuerdo del fallecido. Tal es así que, en el recordatorio impreso en la segunda página de El Centro, correspondiente al número del día siguiente, se hablaba de la segura asistencia, a la antedicha misa, de seis hermanos de la cofradía con hachas encendidas. Sin abandonar esta última tirada, específicamente en el artículo titulado “Nuestro sincero aplauso” (cuyos párrafos, de igual forma, custodia la Hermandad, así como engrosan el paquete documental del archivo familiar), se participan venideros propósitos de calado y arropados por Doña Luisona: “la caritativa dama tiene el magno proyecto de convertir su amplia y magnífica casa de la Plaza de Cánovas en un Centro Cultural en donde se enseñe a todos los niños pobres de Cuenca y además reconstruir el templo de San Agustín, cumpliendo la coincidente voluntad de ella y su caballero esposo el señor Nohales”25. Seguidamente y durante las dos primeras semanas del mes de marzo, se renuevan públicos plácemes hacia la respetada figura de García Campos y, de nuevo, con la Hermandad del Cristo de la Luz en liza. Nuestra donante es encomiada por su nuevo obsequio de una preciosa corona de plata26 que, gestionada por Emilio Saiz junto a otros comisionados y expuesta durante unos días en el escaparate del comercio de Calixto Benedicto, iba destinada a la talla de la Santísima Virgen; la cual, pasaba a engrosar, a la par, el rutilante grupo de “La Lanzada” y en unión con el Cristo de los Espejos. El arranque de abril del año 1930 fue intensificando el caudal informativo sobre esta incorporación procesional para la Semana Santa de ese curso y por la que, la desprendida responsable en cuestión, estuvo “recibiendo muchas felicitaciones”27. De nuevo, en La Opinión28, otra vez más Tarielao, aportaba sustanciosos e indefinidos datos para el futuro que, a su vez, encumbraban el espíritu abnegado de Doña Luisona para con el Cristo de la Luz: “Ya tenemos conocimiento de que tan cristiana dama lleva el propósito de contribuir a otra mejora notabilísima, que hemos de apreciar en el próximo año, ya que por la proximidad de esta Semana Santa, no cabía realizar tan buenos propósitos, que hay que dejar para otra ocasión”. Sin obviar, además, algunos extremos desconocidos hasta este punto como el regalo de “las ropas de las imágenes que han de usar de diario. Las han confeccionado
primorosamente, las señoritas Julia y Esperanza Saiz, que están siendo objeto de felicitaciones, pues son labores acabadas y de lujo”29. A esta altura del estudio, huelga redundar en la importancia documental de este episodio para enriquecer el certero conocimiento contemporáneo de esta Hermandad del Cristo de los Espejos. Como en el agigantamiento, por momentos, de una misericordiosa benefactora cual era la aquí repetidamente referida como Luisa García Izquierdo (Campos). Al hilo de esta última impresión y como acento de dicho sentir, nótese la siguiente consideración coetánea: “dicha cofradía no podrá agradecer nunca a tan distinguida señora cuanto merece por su liberalidad y desprendimiento; reciba la más efusiva felicitación de un admirador del Santísimo Cristo de la Luz de Cuenca”30. Se impone, también en este punto, la siguiente y lógica interpretación –madura y que va de suyo–, por si alguien, extrañamente, no la hubiera inferido ya: lo descrito descuella como irrefutable antecedente explicativo, con un omnipresente actor vehicular apellidado Saiz Díaz, de la preocupación intergeneracional latente en la cofradía por resucitar, de uno u otro modo y en adelante, con Luis Marco primero o Martínez Bueno al final, el Misterio de “La Lanzada”. Curiosamente, la formidable expectación generada en la ciudad por presenciar, en su correspondiente carrera procesional del Viernes Santo de 1930, este “conjunto vario y brillante”, con aquellas sorprendentes imágenes de San Juan, luciendo “un pequeño bigote”, y Longinos “con su uniforme de gala, encima de un caballo de tamaño natural”31, estuvo en entredicho a causa del peor enemigo de nuestras procesiones: “A las once de la mañana empezó a nevar, creyendo que la procesión «En el Calvario» quedaría suspendida, no siendo así”32. Y prosigue el cronista: “un poco de sol esperanzó a la gente que decidió sacar a la calle la comitiva, aunque cuando esta desfilaba por Carretería cayó un pequeño chubasco de granizo y agua menuda, que desapareció al momento dejando al fin que la procesión luciera sus galas que por esta vez le cupo al hermoso paso de «La Lanzada»”. Para concluir esta ligera aproximación histórica, remarcaremos las paralelas y sincrónicas inquietudes procesionales, quién sabe si casuales, que anidaban en el ánimo de las dos cofradías amparadas por Luisa García Campos (Izquierdo): Ecce-Homo de San Miguel y Cristo de los Espejos. Apenas unos meses antes de verificarse la desmenuzada ampliación del Paso Titular del Crucificado de La Luz –con la decisiva cooperación de Doña Luisona–, la Comisión Municipal Permanente adjudicaba a la cofradía del Ecce-Homo una muy exigua subvención de 200 ptas. y en contestación a la petición de ayuda económica solicitada, con fecha de 4 de febrero del año 1929, para ampliar su Titular y convertirlo en grupo procesional. No debió cristalizar aquel proyecto que, presupuestado y a ejecutar por la Casa de José Rabasa de Játiva, contemplaba unas andas y la incorporación, junto al antiguo Ecce-Homo, de las tallas de Pilatos y un soldado romano, amén de un pórtico para el prefecto33. Aparte de compartir tangenciales desvelos escenográficos en lo procesional, en forma pero en tiempo también, parece sintomática la idéntica elección adoptada por sendas hermandades a la hora de depositar su confianza y sendas aspiraciones de ampliación de los Titulares34 en los setabenses talleres de Rabasa (fuere bajo el nombre propio de José o el, también leído, de Vicente). Un apellido muy conectado, consabido es, al acopio conquense de nuevas Imágenes llevado a cabo después de la guerra civil; una relación con la Semana Santa capitalina que, de confirmarse la contigua y previsible sucesión empresarial entre esta Casa y el activísimo marchante de los años cuarenta, vendría de más lejos que lo, en principio, manejado. Finalmente y con Cuenca Nazarena 151
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Investigación los datos existentes, meras especulaciones serían las encaminadas a elucubrar, como uno de los posibles obstáculos que lastraron la materialización de lo perseguido por la cofradía del Ecce-Homo, sobre el exigente respaldo económico ofrecido por Doña Luisona a la del Cristo de los Espejos y con idéntico e incompatible propósito –y que podría haber convertido en una auténtica quimera, incluso para una potentada como nuestra distinguida dama, la ofrenda al unísono, y unívoca casi, de dos planes de esta envergadura–.
Impactante escena procesional del flamante Paso de “La Lanzada”, donado por Luisa García, en la entrada de la Iglesia de “El Salvador” (Fotografía cedida por la Hdad. del Stmo. Cristo de la Luz y restaurada por Diego Castillejo Arana). Notas. 1. En muchos sueltos es nombrada como Luisa García Izquierdo. No debe llevar a equívoco esta circunstancia pues era hija, en efecto, de Doroteo García Izquierdo y Joaquina Campos Montoya. 2. La decisiva condición de excombatiente de D. Lucio, Alférez Provisional y herido durante la contienda del 36, unida a su activo y precoz papel como organizador del SEU en Cuenca explican, en gran parte y por un lado, su posición como vocal de la Junta Directiva que fundaría, en el verano de 1943, la cofradía religiosa del Miércoles Santo; además de una dilatada andadura política en el Consistorio de posguerra, inaugurada con tan solo 27 años y desde su pretérita filiación falangista, como Segundo y Primer Teniente de Alcaldía del Ayuntamiento (desde octubre de 1942, renovando en 1948, 1951 y 1954 por el tercio familiar) y asumiendo la secretaría local de FET y la local de Milicias (Archivo Familiar de Juan José Gómez Brihuega (AFJJGB), Escritura Pública de Protocolización de las Operaciones Particionales de la Herencia de Doña Luisa García Campos. Copia para la Fundación del Patronato Luisa-Natalio, 1 de agosto de 1946, s. n.; Archivo de la Vble. Hdad. Religioso-Benéfica de Ex-combatientes de San Pedro Apóstol, Libro Fundacional de Actas, Sesión de 9 de agosto de 1943, ff. 1-2 y GONZÁLEZ MADRID, D. A., Los hombres de la Dictadura. Personal político franquista en Castilla-La Mancha, 1939-1945, Ciudad Real, ALMUD, 2007, p. 248). Añádase la circunstancia de que aquel abogado y “señor a la antigua usanza” (como lo describiera D. Salvador Zanón entre sus Semanasanteros de pro), nieto del hermano de Doña Luisona por tanto, sería uno de los afortunados banceros que portó, durante su primera salida procesional en 1944, la inconmensurable talla del Cristo de los Espejos y entregada por Luis Marco. 3. Nótese la ascendencia, en esa tesitura y sin faltar respetos a otras lucidas voces, del histórico Decano de la Facultad conquense de Educación, D. Martín Muelas Herraiz, íntimo amigo y colaborador de Gómez Brihuega; como también lo fue el periodista y editor D. José Luis Muñoz Ramírez. Al primero de ellos se debe una magnífica recopilación de textos de Juanjo que, precedidos por palabras laudatorias de autores como Gamoneda, fue presentado durante el multitudinario homenaje de diciembre de 2011, rendido en su recuerdo en el Centro Cultural de Aguirre (apellido no menos concienciado, el de D. Lucas, y prendido a la moderna nomenclatura de la Fundación Educativa y Cultural Lucas Aguirre-Luisa y Natalio) y donde se descubrió una placa bautizando con su nombre el espacioso Salón de Actos (MUELAS HERRAIZ, M. (comp.), Miscelánea. In Honorem Juan
La incivil guerra del 36 arramblaría con aquellos fogosos y denodados esfuerzos, ejecutados o en vías, para realzar nuestra cada vez más valorada y afianzada Semana Santa. La desmemoria y el torticero signo de los acontecimientos estuvieron a punto de difuminar también, por increíble que parezca, el inusitado legado e intachable quehacer de Luisa García Campos para con los nazarenos conquenses; ergo, para con su tierra y gentes. Sirva este acelerado prontuario como adenda a su consolidado reparo; vaya en su demorada y nunca suficiente exaltación.
Interesante panorámica procesional conquense del Paso de “La Lanzada”, con el Cristo de los Espejos, en una indeterminada fecha comprendida entre 1930 y 1936 (Colección de Antonio Pérez Valero). José Gómez Brihuega, Cuenca, Diputación Provincial de Cuenca, 2011). En el haber del también mentado académico tetuaní y al alimón con la profesora Clotilde Navarro García, se cuenta una rigurosa aproximación al germen y evolución de la Fundación Luisa-Natalio y al nonato proyecto educativo de la escuela para niños pobres de la vieja Plaza de Cánovas. Huelga repetir, en lo sucesivo, que ese extraordinario trabajo comporta cita de obligado cumplimiento para el lector interesado en pormenores; no estando de más ponderar, por cabal correspondencia a lo sentido por el propio Juan José, las cruciales aportaciones del promotor cultural en pos de la Fundación y el desenredo del celebérrimo solar que fuera agustiniano (“La Escuela que nunca existió”, Olcades, Segunda época, nº. 3, pp. 15-28). 4. Cerca del ecuador de los “Felices 20”, puede leerse en la prensa local cómo Doña Luisona ofrecía un suculento donativo pecuniario destinado a los más necesitados de la ciudad y a través de una recién establecida organización (“Institución «Valdés»”, El Día de Cuenca, 11-12-1923, p. 1). 5. No era novedosa ni sorprendente la sensibilidad que profesaba hacia el tema educativo: “Doña Luisa García Campos, esposa de nuestro estimado amigo D. Natalio Nohales está haciendo gestiones y tiene ya encargado el material suficiente para establecer a sus expensas una escuela en su casa de la calle de San Pedro de esta Capital. Actos como este honran a quien los ejecuta y, sin perjuicio de insistir en el asunto dando en su día mayores detalles, nos complacemos en hacer público este propósito de la Señora Campos, que muy pronto se convertirá en hermosa realidad. Felicitamos a la distinguida señora y ojalá que este ejemplo repercuta y tenga muchos imitadores” (El Profesorado Conquense, 06-08-1904, p. 7). 6. Emplazamos al lector inconformista a una futura publicación monográfica en la que se dará cuenta, detallada y densa, de aspectos meramente bosquejados aquí. Vaya por delante que la varias veces citada Escritura Pública del Archivo Familiar de Juan José Gómez Brihuega, entre otros documentos, ofrecen un más que fértil panorama de estudio sobre este caso y una desaforada época de vaivenes sociopolíticos. Por otra parte y como impecable estado de la cuestión, reincidimos en una anterior recomendación: MUÑOZ RAMÍREZ, J. L. y NAVARRO GARCÍA, C., “La Escuela que nunca existió”, ed. cit. 7. “En las escuelas, además de las enseñanzas usuales, se dará la del catecismo de la doctrina cristiana y de ningún modo se consentirá que los libros de texto y las explicaciones de los Profesores estén en oposición a los dogmas y a la moral de la religión católica, apostólica, romana” (AFJJGB, Doc. cit., 1 de agosto de 1946, s. n.).
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8. AFJJGB, Doc. cit., 1 de agosto de 1946, s. n.
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9. En cualquier caso y con la prudencia debida, de cara al futuro se impone un escrupuloso análisis sosegado sobre estas peliagudas cuestiones. Así, véase, en el verano capitalino de 1930 (mucho antes del comienzo de la guerra civil e incluso con antelación al advenimiento de la II República), una desconocida donación de nuestra Luisa García Campos a una conocida entidad que, por ende, configuraba la auténtica semilla del sindicalismo conquense: “La filantrópica señora doña Luisa García Izquierdo ha donado a la sociedad obrera La Aurora la cantidad de 1.000 pesetas, ofreciendo al mismo tiempo otras sumas para ayudarle a la adquisición de un domicilio social y al cumplimiento de sus fines benéficos” (“El rasgo de una dama”, ABC, 13-08-1930, p. 32). Como bien estudió el profesor Ángel Luis López Villaverde, esta especie de federación de sociedades, cuyo programa iniciático fue la creación de bolsas de trabajo y rotativos como Vida Obrera o La Lucha sus órganos de difusión, ostentaba una más visible preocupación por las cuestiones laborales y problemática obrera que otra más benéfica y con menor compromiso de clase como era “La Fraternal” (LÓPEZ VILLAVERDE, A. L., Cuenca durante la II República, Cuenca, Diputación Provincial de Cuenca y UCLM, 1997, pp. 118120). En vista del citado apoyo económico y por mor del mismo, todo hace pensar que si bien Doña Luisona pudo haber establecido inocentes relaciones de colaboración con algunos de quienes serían, a no mucho tardar, destacados componentes del izquierdismo local y que engrosaban una sociedad, como “La Aurora”, todavía por impregnarse de un imparable crescendo ideológico, no resultaría menos cierto que el auxilio prestado a esa institución obrera respondería, ante todo, a criterios de orden funcional e intereses caritativos más que a las hipotéticas preferencias o adscripciones políticas de las campañas asistenciales pergeñadas. Muestra de ello paradigma de aquella conducta suya de hacer el bien por encima de todo y todos es el hecho de que, tan solo unos pocos meses antes de lo descrito en esta nota, la que también fuera protectora del Ecce-Homo de San Miguel acababa de regalar a la Hermandad del Santísimo Cristo de la Luz, entre hondos y variopintos parabienes, el Paso procesional de “La Lanzada” para el desfile “En el Calvario” del Viernes Santo.
19. Una nutridísima y detallada información sobre aquellas procesiones, con sus estrenos consumados y mejoras en lontananza, puede leerse en la animada hemeroteca local de entonces. Por ejemplo: PATIÑO Y TARÍN, A., “Cuenca y su Semana Santa. Breves apuntes para el Turista”, El Día de Cuenca, 08-04-1930, p. 1 (este artículo sirvió a José Vicente Ávila, de paso sea dicho, para avanzar alguna cuestión de este fascinante episodio: “Feliz Encuentro”, El Día, 13-04-2009, p. 5); “La Semana Santa en Cuenca. Las procesiones”, El Centro, 10-04-1930, p. 2; “Pasó la Semana Santa”, El Día de Cuenca, 20-04-1930, p. 1; “Pasó la Semana Santa”, La Voz de Cuenca, 21-04-1930, p. 1. En cuanto a lo reflejado, acerca del tema, en los Programas de Semana Santa, cabe indicar que en el más escueto e impreso en los Talleres Tipográficos Ruiz de Lara, nada se informa sobre el inminente estreno pasionista que nos ocupa; en cambio, sí se noticia el particular en aquel otro trabajado en la Imprenta del Seminario Conciliar.
10. Rezaba en su testamento, suma y sigue: “Confiesa ser católica, apostólica, romana y manda que su entierro tenga lugar con las solemnidades de primera clase y conforme a los ritos y ceremonias de la Religión de la compareciente, dando sepultura a su cadáver en el Panteón donde descansan los restos de su marido, si la otorgante no lo tuviera de su propiedad en el cementerio de Cuenca pero en este caso se le construirá inmediatamente o a él serán trasladadas sus cenizas” (AFJJGB, Doc. cit., 1 de agosto de 1946, s. n.). 11. Dejaremos entre paréntesis y en el terrero de lo legendario, por ahora y a falta del fehaciente respaldo documental, la otra vinculación histórica que el poeta José Luis Lucas Aledón establece entre Luisa García Campos y la Hermandad del Cristo de la Luz: “Se llama y se conoce de los Espejos porque Doña Luisa Natalio, rica propietaria de Cuenca, llamada La Luisona, tuvo unas fiebres de mal cariz y difícil cura por lo que prometió, si sanaba, una Cruz de Oro al Cristo de la Luz del cual era fervorosa devota además de hermana de cuota. Sanó Dª Luisona. Bien porque el precio de la Cruz en este metal precioso ofrecido superaba sus cálculos o bien por sugerencia de la Junta de Diputación de la Hermandad sugiriese el enorme peso o el deterioro grave que sufriría durante el desfile procesional, por la meteorología variante y caprichosa de Cuenca. Proyectó y mandó construir una Cruz Dorada con incrustaciones de espejos que reflejasen la Luz del Sol. El vulgo comenzó a llamar desde entonces al Cristo de la Luz, CRISTO DE LOS ESPEJOS” (“Hermandades y gremios”, Cuenca Nazarena, 2000, p. 71). Recuérdese que el conocimiento que poseemos sobre la presencia procesional de una Cruz adornada con espejos y asociada al Cristo de la Luz viene, sin embargo, de antiguo: el autor Antonio Pérez Valero rescató datos comprobados al respecto desde el año 1821 (La Cuenca Nazarena hasta el siglo XX, Cuenca, Diputación Provincial de Cuenca, 2011, pp. 164-165). A lo que habría que sumar, más modernamente, desde imaginativos relatos reminiscentes como el de Andrés González-Blanco en Episcópolis hasta las indiscutibles informaciones periodísticas que, en el año 1902 y a través de El Correo Católico, ilustraron el primer desfile “En El Calvario”. En parecido sentido, pocas certidumbres añadidas hay acerca del apunte histórico, revelado por D. Dimas Pérez Ramírez en su Pregón de Semana Santa de 1990, sobre la posible autoría de la antigua talla del Cristo de la Luz: “procedente del convento de San Agustín, obra probable, según infiero de alguna nota del Archivo Diocesano, del escultor Alonso Palacios, labrada hacia 1714”. 12. Acerca de este importante período y sus inercias, véase el siguiente trabajo: PEÑUELAS AYLLÓN, J. C. y PÉREZ CALLEJA, I. J., “Regreso a una nueva Semana Santa. Aproximación a la Pasión conquense de comienzos del siglo XX y las Constituciones de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno de El Salvador (1907)”, Cuadernos de Semana Santa, 2015, pp. 11-35. 13. La más antigua película conservada de las procesiones conquenses de Semana Santa, filmada en 1927, se debe a Tomás Camarillo Hierro; cineasta aficionado residente en Guadalajara y atraído, como tantos vecinos de la provincia y territorios limítrofes, por los ya famosos desfiles pasionistas de esta capital. En otro orden de asuntos y pese a la paupérrima calidad del último, resulta interesante comparar sendos metrajes, a base de imágenes en movimiento separadas por un quinquenio casi, del citado Camarillo con el de Barrachina; a fin de calibrar el considerable engrandecimiento del Paso del Cristo de los Espejos. 14. Archivo Municipal de Cuenca (AMC), Negociado de Festejos (General), Leg. 2297-2, Exp. 5: Procesiones de Semana Santa de 1928, 1928 y Negociado de General, Leg. 2302-2, Exp. 21: Procesiones de Semana Santa, 1929. En el primer Expediente aparece reflejada, por ejemplo, una asignación monetaria a la Hermandad del Ecce-Homo de San Miguel para costear, parcialmente, la adquisición de unos grupos de tulipas en el valenciano Estudio de Escultura “Francisco Pablo”. Mientras que en el siguiente referenciado, por citar otro caso, será la cofradía del Cristo de la Luz la que, también con respuesta positiva de la Comisión Municipal Permanente, recabe ayuda económica del Ayuntamiento capitalino para comprar unos grupos de luces destinados a las andas procesionales del Titular. 15. GARROTE ORTEGA, A. (coord.), 150 años. Venerable Hermandad del Santísimo Ecce-Homo de San Miguel, Cuenca, Vble. Hdad. del Stmo. Ecce-Homo de San Miguel, 2011, pp. 45 y 57. 16. Ibíd., p. 59. 17. Ibíd., pp. 60 y 68.
20. Lo aquí extractado resume, a la perfección, el espíritu y modus operandi de aquel período: “Fueron reunidos los hermanos mayores de las distintas cofradías de esta capital, bajo la presidencia del Sr. Alcalde Presidente del Excmo. Ayuntamiento, a fin de que se propongan las reformas y soliciten la subvención necesaria para realizarlas, al objeto de dar mayor esplendor o importancia religiosa a las procesiones de Semana Santa” (A.M.C., Negociado de General, Leg. 2302-2, Exp. cit.). 21. PÉREZ CALLEJA, I. J., “La Semana Santa de Cuenca del cineasta alcarreño Tomás Camarillo Hierro. Históricas imágenes en movimiento para un emotivo regreso a la Pasión conquense de la década de los años veinte”, Capuz, nº. 13, 2009, pp. 32-53. 22. El estreno pasionista de este “precioso grupo escultórico donado por la dama conquense doña Luisa García Izquierdo, que sobresalió en grandiosidad y lujo”, también fue objeto de interés en la prensa nacional: “Paso de Semana Santa”, ABC, 28-03-1930, p. 28 y “En Cuenca”, ABC, 19-04-1930, p. 23. 23. TARIELAO, “Pro Semana Santa. Chispazos del porvenir”, La Opinión, 26-02-1930, p. 2. 24. La fecha de nacimiento de D. Emilio, 22 de mayo de 1901, ha sido facilitada, a través de la Hermandad del Cristo de La Luz, por Dª. María Castellanos. Emilio Saiz Díaz y Luisa García Campos, nombres cimeros para la tradición cofrade de Los Espejos; indispensables, como los Pérez del Moral y Doña Matilde. 25. “Nuestro sincero aplauso”, El Centro, 27-02-1930, p. 4. Entre la documentación conservada por la familia, se hace mención a este escrito; siendo su texto mecanografiado, de otra parte, la otra referencia lejana en poder de la Hermandad. 26. UN COFRADE, “Un regalo”, La Voz de Cuenca, 10-03-1930, p. 4 y “Regalos piadosos”, La Opinión, 11-03-1930, p. 1. 27. “Semana Santa. Mejoras de este año”, El Centro, 07-04-1930, p. 1. En parecida dirección, léase lo que sigue: “Ya las personas más pudientes, atienden con toda esplendidez a las peticiones de ayuda que piden los buenos y simpáticos cofrades, dígalo el paso de «La Lanzada»” (EQUIS, “Del momento”, El Centro, 14-04-1930, p. 4). 28. TARIELAO, “Semana Santa. Entusiasmos conquenses”, La Opinión, 04-04-1930, p. 2. Este escrito también se adjuntó, como enésima prueba de la inmaculada ejecutoria cristiana de García Campos, en el proceso judicial de posguerra que anuló su último testamento y restauró el anterior. 29. Como colegirá el avezado lector, ambas “señoritas” eran hermanas del impar D. Emilio. Así nos lo confirma, de nuevo y a través de la Hermandad del Cristo de la Luz, Dª. María Castellanos. Por cierto, la citada cofradía abunda, mediante la siempre diligente familia Castillejo, en la mañosa pericia de sendas mujeres; quienes cosecharían, en los años cuarenta, la condición de Camareras de Honor de la balbuciente Hermandad de Jesús y la Verónica (“La Caída” de Jueves Santo). Así lo atestigua un bonito pergamino que, ornamentado por el propio Emilio Saiz, acredita ese compartido título honorífico (está reproducido, en blanco y negro, en GUIJARRO MARTÍNEZ, J. A., Fundación, proceso y evolución de la Venerable Hermandad de Jesús y La Verónica (Vulgo “La Caída”), Cuenca, Vble. Hdad. de Jesús y La Verónica, 1995, p. 12). 30. UN COFRADE, art. cit. 31. “Cine sonoro”, Electra, 20-04-1930, p. 1. Desgraciadamente, las esculturas del famoso soldado romano y del poderoso équido terminarían siendo objeto de burla sacrílega, durante la guerra civil en Cuenca y parodiando una supuesta guardia, en una de las entradas a la capital: “Entrevista con D. Antonio Garrido de la Cueva”, Boletín Capuz, 2006, p. 17 y RODRÍGUEZ PATIÑO, A. B. y DE LA ROSA PICAZO, R., Represión y Guerra Civil en Cuenca. Nuevos testimonios y fotografías, Cuenca, Edición de los Autores, 2009, pp. 39, 70 y 131. 32. “De la Semana Santa conquense. Viernes Santo”, La Opinión, 19-04-1930, p. 1. 33. A.M.C., Negociado de General, Leg. 2302-2, Exp. cit. y GARROTE ORTEGA, A. (coord.), Op. cit., pp. 89-90. En la última obra citada aparece transcrita la concreta documentación generada al respecto; habiendo localizado, identificado y parcialmente desglosado dicho Expediente, el autor de este artículo en el temprano año de 2009 (PÉREZ CALLEJA, I. J., “La Semana Santa de Cuenca del cineasta alcarreño Tomás Camarillo Hierro. Históricas imágenes en movimiento para un emotivo regreso a la Pasión conquense de la década de los años veinte”, ed. cit., pp. 51 y 53). 34. Juan Giménez de Aguilar, entonces Delegado provincial de Bellas Artes, reconocía el sentido pedagógico de estas numerosas transformaciones de Pasos procesionales con una única Imagen a la conversión en grupos de Misterio: “la razón de aquel expresionismo siempre insaciable, sugiere el hacer mayores cambios en los «pasos» antiguos; añadiéndoles nuevas figuras, que más o menos felizmente hechas y combinadas completen el tema simbolizado en la imagen suelta, con la acción, mejor comprendida por el pueblo. «El Cristo de la Luz», es ahora el «Paso de la Lanzada» (La Semana Santa en Cuenca, Cuenca, Junta Provincial de Turismo, 1932, p. 20). No nos resistimos a trasladar otra lindera consideración de postín del gran docto: “No dejan de producir excelente efecto ciertas extravagancias del gusto barroco, en el intento de representar lo divino con cosas muy materiales y humanas; tal sucede con el «Cristo de los Espejos», donde el tosco e infamante leño, está convertido en una cruz harto decorativa” (Ibíd.).
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Investigación
Tarde de Jueves Santo de 1930 en la ciudad de Cuenca. Entre una multitud contemplativa desfila la colosal Santa Cena, prodigiosa obra de Marco Pérez destruída en la guerra civil; al fondo el paso del Huerto que también estrenó aquel año el Ángel (hoy desfila en la localidad de San Clemente). Foto: E. Saiz
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1930 Por Enrique Valero Moscardó Lic. Humanidades e Historia Textos: L.M.Kleiser, F. Viejobueno, A Patiño, Tarín, Rufino Martínez, El Día de Cuenca, La Opinión, La Voz de Cuenca, ABC, Tarielao y E. Valero. Colaboración: Biblioteca de Cuenca Fermín Caballero, Hemeroteca Nacional de España, ABC, Archivo Diocesano de Cuenca, Revista Olcades, Vble. Hdad. Cristo de la Luz, Vble. Hdad. Prendimiento de Jesús, Junta de Cofradías de Cuenca, Antonio Abarca Contreras, Rafael Pérez Caballero, José Ángel Palacios Portalés, Antonio García Escamilla, José Miguel Carretero Escribano, Jose Aguilar Torralba, Jose A. Carretero Cadenas y Jose Luis Muñoz.
Una vez más, regresamos al pasado conquense para conocer cómo fueron aquellas Semana Santas de principios del siglo XX. La que hoy nos ocupa corresponde a 1930, un año plagado de información y nuevos documentos gráficos, quenos harán comprender mejor el gran desarrollo al que habían llegado las tradicionales procesiones de Cuenca. Esfuerzo, religiosidad y tesón, demostrados por los conquenses y algunos eruditos de Madrid, cuya meta era también hacerlas más reconocidas, extraordinarias y simbólicas en toda España. Comenzó el año con una tremenda crisis, miles de trabajadores estaban en paro, la mayoría habían llegado a Cuenca durante los años veinte para trabajar en las continuas obras y construcciones que modernizaban la vieja ciudad.La preocupación de las autoridades era manifiesta en la prensa diaria, buscaban sin parar soluciones al problema e iban consiguiendo paliar algo la situación, hubo contratos en el ferrocarril, canales, presas, carreteras, fábricas de madera, etc. En febrero, los conquenses comenzaron a preparar la primera Semana Santa ”treintañera”, inconscientes del futuro incivil próximo que se avecinaba; continuaron apostando, colaborando como nunca y forjando nuevas ideas para engrandecerla. Fue uno de los años clave y de grandes logros, muchos de los cuales tardarían largos lustros en recuperarse, y otros nunca..., pero viajemos a Cuenca en 1930.
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Investigación
Ciudad de Cuenca, febrero de 1930 “Chispazos del Porvenir 1” Al aproximarse la Semana Santa las Cofradías procuran por el esplendor de sus respectivos “pasos”, y entre ellos hay uno: el del “Cristo de los Espejos”, acaso el más antiguo de los que figuran en nuestras procesiones, antigua efigie procedente del grandioso templo que se alzó en donde se halla el Parador de Santa Luisa, cuya iglesia y convento se denominó de San Agustín. La Venerable Hermandad del Cristo de la Luz procuraba desde hace bastantes años llevar a cabo una reforma en el “paso”, transformándole en un excelente grupo que con el Cristo y otras esculturas, se denominase “La Lanzada”; se analizaron proyectos y presupuestos, así varios años, y este año la mencionada Hermandad se lanzó a realizar sus buenos propósitos, ayudando con gran ahínco a la empresa el actual hermano mayor D. Emilio Saiz, conocido maestro nacional de Palafox y artista en el orden pictórico. Tan entusiasta cofrade, en unión de sus compañeros de comisión, fue visitando a las personas que con sus óbolos quisieran contribuir al excesivo gasto que representaba la reforma, reuniendo la exigua cantidad de 300 pesetas; la obra superaba las 4.000 pesetas. Nunca falta en empresas tan nobles y desinteresadas, almas conocedoras de lo que significa ardor y entusiasmo, de aquellos que todo lo sacrifican por acometer un deseo tan vivo y tan hermoso como el de hacer florecer los entusiasmos del más espinoso proyecto que ha de dar cima al engrandecimiento de una obra. En esta ocasión cabe ese galardón a la distinguida dama conquense doña Luisa García Izquierdo2 , quien sabedora de lo que la Hermandad del Cristo de los Espejos proyectaba, mando llamar a la junta directiva de la misma y dispuso que cuantas pesetas hubieran recogido para tal fin, fuesen devueltas a sus donantes, que la reforma del “paso” corría de su única cuenta, razón por la cual la obra está en ejecución por el inteligente y famoso escultor de Játiva D. Vicente Rabasa. Perdone tan distinguida señora hayamos faltado el deseo expreso por Vd. de no decir nada de esta acción noble y desinteresada a favor del progreso de nuestra Semana Santa, pero lo loable del rasgo mueve nuestra pluma, además, hacer público, que sabemos que la caritativa dama tiene el magno proyecto de convertir su amplia y magnífica casa de la Plaza de Cánovas en un Centro Cultural en donde se enseñe a todos los niños pobres de Cuenca 3 y además reconstruir el templo de San Agustín, cumpliendo la voluntad de ella y de su caballeroso esposo el Sr. Nohales.
Dña. Luisa García Caritativa dama conquense, benefactora de la Semana Santa y cuyos deseos nunca se cumplieron en la plaza de Cánovas de Cuenca. Foto.: Rev. Olcades. Cuenca.
11 de Marzo El pasado domingo se reunió la Archicofradía de Paz y Caridad acordando que la procesión del Jueves Santo salga de la ermita de San Antón a las cuatro y media de la tarde, o sea, media hora después de la que antes se hacía. También se habló de celebrar algún festejo profano y nombrar una comisión entre todos los hermanos mayores para que se pongan al habla con la del Ayuntamiento y se pueda hacer un programa de festejos económico y sirva para atraer algún forastero.4 Don Emilio Saiz Foto: Col. Antonio García.
Convocatoria Con el fin de tratar de las procesiones de Semana Santa y muy especialmente de la organización de la de la Cena que se trata de celebrar el martes Santo, me permito citar a todos los Hermanos mayores y socios de todas las Cofradía que integran todas las procesiones para el domingo, día 16, en mi domicilio a las 11 de la mañana. 5 F.Viejobueno
1. TARIELAO. El Centro, 27 de febrero. La Opinión, 26 de febrero, de 1930. Prensa local. Cuenca. 2. Fotografía: Revista Olcades-Segunda época, nº 3. Clotilde Navarro García y José Luis Muñoz. Cuenca. 3. “La Escuela que nunca existió”, Clotilde Navarro García y José Luis Muñoz. Revista Olcades (segunda época), nº3. Cuenca. 4. Para la Semana Santa. El Día de Cuenca.11/03/1930. 5. F.VIEJOBUENO. Convocatoria. El Día de Cuenca, 11/3/1930.
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Turistas en el Castillo de Cuenca. La fotografía fue tomada durante la Semana Santa de 1930. Col. : E. Valero.
Aprobación de Estatutos El día 28 de marzo, José Pérez Madero, hermano Mayor de la Vble. Hermandad de Ntra. Sra. de la Amargura y San Juan Apóstol, ha remitido al Ilmo. Sr. Obispo de nuestra Diócesis los Estatutos de dicha Hermandad, ya discutidos y aprobados en la Junta del día 17 de marzo de 1929, para su aprobación si así lo merecen.6
el Cristo de la Luz, la Virgen, María Magdalena y el centurión Longinos, dando lanzada a Cristo clavado en la Cruz. Este paso, nuevo en la próxima Semana Mayor es debido a la feliz idea del altruista cofrade don Emilio Saiz, y terminado en los talleres Rabasa (Játiva). También Nuestra Señora de la Soledad en la Cruz lucirá por vez primera unas valiosas andas de plata, obsequio del capitular don Aurelio Torralba.7
8 de Abril Breves apuntes para el turista
El Paso de la Cena - I
En la actualidad el número de Cofradías ha sufrido un aumento considerable y en algunos aspectos aventaja a las festividades religiosas de mayor fama. En la del Miércoles Santo “La Oración del Huerto”, notable escultura del imaginero Moreno Sastre ha sido restaurada notablemente, la Virgen de la Amargura con San Juan Apóstol llevará unas artísticas andas de plata, Jesús con la Caña es una obra de gran valor artístico procedente de la ermita de San Roque, incendiada en la guerra de la Independencia, el Ecce Homo, bellísimo busto procedente de la derruida parroquia de San Gil, Jesús con la Cruz, vulgo “ del puente” de meritísimo valor artístico, Jesús Nazareno del Salvador, con su guardia romana de doce hombres, San Juan Apóstol, escultura procedente del convento de San Agustín y trasladada a El Salvador en 1834, Nuestra Señora de la Soledad, sobre hermosísimas andas de plata repujada, la Turba, de estridentes clarines y destemplados tambores que simulan escarnecer al “Jesús Nazareno”, el Cristo de la Agonía obra admirable del escultor Marqués, la “Lanzada” , artístico grupo formado por
“… tuve la suerte de ser designado para visitar al famoso escultor (Marco), y al contemplar las figuras inacabadas de los Apóstoles y, sobre todo del Jesús, quedé francamente maravillado: yo no podía calificar la obra, pero adiviné que sería una obra de arte suntuosa y admirable. Con esta impresión torpe, llegué a la Casa de la Ciudad y, sin excepción, procuramos dar solución a lo que nos pareció más difícil; la manera de conducir procesionalmente el “paso”. (Conste que no se trata de conducir 1.500 kilos de mercancías), y sin garantía de que no ocurriera una desgracia, dada la aglomeración de gente en las calles durante esos días…y sobretodo el peligro inminente en las cuestas que recorren las procesiones. El propio Marco opinó conmigo que lo mejor sería exponerlo al público en la ermita de San Antonio Abad, propiedad de la ciudad, y hacer un folleto explicativo con los datos que el mismo pondría acerca de la colocación de las figuras en la Santa Cena y una fotografía en la cubierta, para la mejor comprensión y recuerdo de la Semana Santa de 1930.8 Rufino Martínez
6. Archivo Diocesano de Cuenca, C.E. Secretaria, leg. 1884/1976-B 7. A. PATIÑO Y TARÍN, Cuenca y su Semana Santa, Breves apuntes para el Turista. El Día de Cuenca, 8/4/1930.
8. “RUFINO MARTÍNEZ. Carta Abierta. El paso de la Cena. El Día de Cuenca, 11/4/1930.4. Para la Semana Santa. El Día de Cuenca.11/03/1930.
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Investigación
Las próximas fiestas
La Fotografía
Nos parece una obra de romanos, porque donde no hay no se puede sacar, el esfuerzo de la Corporación Municipal, poder hacer un dispendio de 5.000 pesetas para una serie de festejos profanos durante la próxima Semana Santa, a más de poder ir atendiendo otras muchas obligaciones, toda vez que ha encontrado las arcas totalmente exhaustas y aplastada por el gravamen de una deuda tan crecida que es necesario realizar inauditos equilibrios para poder lograr la normalización económica del Ayuntamiento.9
El fotógrafo Sr. Campos ha manifestado en la última sesión del Ayuntamiento que los periódicos de Madrid le solicitan fotografías de las procesiones de Semana Santa, y él se ve en el trance de facilitar fotografías que fueron impresionadas hace varios años y carecen de actualidad. A tal efecto, propone al Ayuntamiento le sufrague la confección de las fotografías de las procesiones y “pasos” del año actual, que serían designadas a la propaganda que tanto ha de beneficiar, desde el punto de vista turístico, a nuestra ya esplendorosa Semana Santa. El presidente le contestó que este punto se aceptaba, como ruego, añadiendo que no habría de ser el Ayuntamiento tan desconsiderado con los trabajos de arte del Sr. Campos, que no le adquiera varios de ellos.13
El Paso de la Cena -II En la tarde de anteayer se verificó el traslado del admirable grupo escultórico “La Cena”, desde los Talleres de Las Angustias a la ermita de San Antonio Abad donde quedó expuesta al público. Son muchos los elogios que de esta joya artística se hacen, e incontables las felicitaciones que el laureado escultor Marco Pérez, autor de la obra, está recibiendo. El alcalde interino, don Rufino Martínez, nos invita a concurrir a una reunión con objeto de poder ser llevado procesionalmente el magnífico “paso”, se celebrará hoy a las doce en las Salas Consistoriales.10
La Banda Municipal en la Semana Santa. En las procesiones de Semana Santa, la Banda Municipal ejecutará las siguientes marchas fúnebres: “España a sus Héroes”, P.Beneyto.- “A la memoria del maestro Bretón”, M.San Miguel.-Ecce Homo (nueva), E. Escobar.- “Cortejo fúnebre” (nueva), M.G.de la Parra.- “Cristo de la Expiación”, G. de Beigbeder.- “Cuatro Notas a la Memoria de Gayarre”, L. MatinElexpuri.- “Juicio Final” (nueva), A. Terol.- “¡Perdón”, Sontullo y Andreu.- “San Juan”, N. Cabañas.- “Marcha fúnebre”(nueva), Thalberg.- “Marcha fúnebre”, Beethoven.11
Banda de Cornetas y Tambores del Regimiento de Saboya. Según noticias del Ayuntamiento, la contribución a la Semana Santa será la siguiente: Para dar solemnidad a las procesiones, vendrá la banda de cornetas y tambores del regimiento de infantería de Saboya, compuesta por un maestro de cornetas, dos cabos cornetas y diez cornetas; tres cabos de tambor y cuatro tambores más. El Sábado de Gloria, por la tarde, se celebrará en la Plaza de Toros un festival infantil japonés, con disparos de juguetes y dulces. Después tendrá lugar la elevación de globos grotescos. En la noche del sábado habrá una bonita función de pólvora, con la quema de un majestuoso volcán de gran efecto y vistosidad. El domingo se quemará una traca en Carretería. El concejal encargado de estos actos ha sido el industrial don Félix Sáiz, el cual no se ha salido del presupuesto votado.12
El paso de la Cena - III Ante las dificultades de preparar debidamente los banzos y sus portadores, nos parecía muy acertada la idea de aplazar la salida para el próximo año. No puede haber en esto molestia para nadie y menos para el artista. Pues todas las consideraciones que se han hecho de que el ambiente y lugar apropiado para admirar la obra era la calle y la procesión quedaban en pie para el año venidero. Otros, no lo entendieron así y pensaron pasear procesionalmente el “paso” arrastrado por una pareja de bueyes, eso sí, engualdrapados y con cuernos y pezuñas teñidos de purpurina. Esto sería una novedad. La tradición es que las imágenes, salvo en romerías como la del Rocío, en Sevilla, sean llevadas a hombros por las Cofradías y devotos. El alcalde interino, don Rufino Martínez, en su deseo de complacer a los que querían sacar el paso de la Sagrada Cena, reunió el domingo pasado a los Hermanos Mayores de las Cofradías y a los que decían contar con medios y personas para sacar el “paso”. De la reunión, no se sacó nada en limpio. Fue el domingo, es decir, cuando sólo se disponían de tres días para trabajar, y lo que se ofreció fue una lista de personas dispuestas a sufragar los gastos y llevar el “paso”. Sólo tres nombres se dieron, y se precisan, cuanto menos, treinta a un promedio de cincuenta kilogramos, que no es poco. Después de un diálogo de elogios y buenas intenciones, el alcalde interino prometió hacer todo lo posible para que en la tarde del Jueves Santo esté el “paso” en condiciones de sacarlo a la calle. El Ayuntamiento sufragará todos los gastos y otorgará un premio a la Hermandad que lo lleve.14
9. Las próximas fiestas. El Día de Cuenca.. 11/4/1930. 10. El Día de Cuenca. 13/4/1930. 11.La Banda Municipal en la Semana Santa. El Día de Cuenca .13/4/1930.
12. El Día de Cuenca, 13/4/1930 13. El Día de Cuenca, 13/4/1930 14. El Día de Cuenca, 15/4/1930
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Programa de las procesiones de Semana Santa y Festejos de Pascua Año 1930. Cuenca El pequeño, pero muy interesante, programa de Semana Santa de 1930 se realizó en la imprenta del Seminario Conciliar de Cuenca. La portada presentaba la transformada torre de Mangana, y el interior, contenía una gran variedad de anuncios publicitarios, un “Himno a Cuenca” y “La Saeta”, novela corta del entonces reconocido y buen colaborador José Mª. Portalés. Portada del Programa de 1930 15
Miercoles Santo A las ocho de la noche.- Sale de la iglesia de San Francisco la procesión llamada de <<El Silencio>>, la componen siete pasos: La Santa Cena de Marco Pérez, que se estrena este año16 ; La Oración del Huerto, recientemente restaurada; El Beso de Judas, Jesús en el Pretorio, La Negación de San Pedro, Ecce Homo y la Virgen de la Amargura con San Juan, que estrena un hermoso palio de plata.
Jueves Santo A las cuatro y media de la tarde.- Sale de la iglesia de San Antonio Abad la procesión que forma los Misterios Dolorosos. La componen siete pasos: La Oración del Huerto, recientemente restaurada por Marco Pérez; Jesús atado a la Columna, Jesús Coronado de Espinas (magnífico Ecce Homo), Jesús de la Caña, Jesús Nazareno, Jesús Crucificado, y La Virgen de la Soledad.
Viernes Santo En este día salen tres procesiones: 1ª – Camino del Calvario. Sale a las seis de la mañana de la iglesia del Salvador. La forma cuatro pasos: Jesús Nazareno con el Cirineo, Jesús y la Verónica, San Juan y la Virgen de la Soledad. 2ª.- En el Calvario. A las once de la mañana se inicia en la iglesia del Salvador, completándose al llegar a San Francisco. La forma siete pasos: Jesús despojado de sus vestiduras, La Crucifixión, La Exaltación de la Cruz, La Agonía, este año se ha añadido la figura de la Magdalena arrodillada y
abrazada a la Cruz; La lanzada, que se estrena este año; El Descendimiento, y Nuestra Señora de las Angustias. 3ª- Santo Entierro. Sale a las cinco de la tarde del Salvador. La forma tres pasos: La Santa Cruz desnuda de la V.O.T., El Santo Sepulcro, y La Dolorosa al pie de la Cruz, que estrena magníficas andas de plata. Lleva el siguiente orden: Cofradías diversas, Juventud Franciscana, y caballeros terciarios que constituyen la compañía de la Vera Cruz, Caballeros del Santo Sepulcro, seminaristas, órdenes religiosas, clero secular, la preside el Ilmo. Sr. Obispo y las autoridades civiles y militares.
Sabado de Gloria A las tres y media de la tarde. En la plaza de toros elevación de globos de figuras grotescas y Festival Infantil en el que se dispararán bombas japonesas, con cargas de juguetes, caramelos y bombones. Estos actos estarán amenizados por la Banda Municipal. A las diez de la noche.- Fuegos artificiales aéreos y concierto de la Banda Municipal en el Parque de Canalejas.
Domingo de Resurrección Por la tarde, gran corrida de novillos por los diestros: Ramón Lacruz y Calderón de la Barca con sus respectivas cuadrillas, y a las diez de la noche, en el sitio de costumbre Gran Traca Final. 15. Colaboración: José Ángel Palacios Portalés. 16. Error en la redacción del Programa, en realidad fue el Jueves Santo cuando salió por primera vez.
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Investigación Asombrosa e inédita fotografía de la Hermandad de la Virgen de la Amargura con San Juan Apóstol en la noche del Miércoles Santo de 1930. Nazarenos, banceros y hermano mayor posando con el magnífico paso que estrenaba el palio de plata. La antigua instantánea posee además infinidad de detalles: el Beso de Judas, la Negación de San Pedro, la luna,… Col: A. Abarca.
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Admirable fotografía de la Hermandad del Prendimiento de Jesús (Beso de Judas) posando con su antiguo paso titular en la iglesia de San Esteban momentos antes de iniciar la Procesión del Silencio en la tarde de Miércoles Santo de Cuenca en 1930. Col: A. Abarca.
La Semana Santa de 1930 Miercoles Santo Bendición de La Santa Cena A las cinco de la tarde en la ermita de San Antonio Abad y en medio de una gran expectación se ha verificado el religioso acto de bendecir la admirable obra del escultor Marco Pérez que representa La Santa Cena. Al mismo acudió una representación del Ayuntamiento. También, en el tren correo ha llegado la Banda de Cornetas y Tambores de Saboya que, en correcta formación, han subido tocando desde la calle de Cervantes hasta la Casa Consistorial, donde han sido recibidos por una representación municipal, presidida por el señor Martínez García, y numeroso público que con extraordinaria simpatía ha acogido la llegada de los militares.17 La Procesión del Silencio “En la iglesia parroquial de San Francisco, en torno de los pasos, se agita una muchedumbre como de trasgos y de apariciones que se dirían evocados por la narración de una leyenda; la mirada absorta contempla un aquelarre de sombras que huyen espantadas a los rincones, un cabeceo de pináculos que parecen bamboleados por la brisa, un desasosiego de colores que se mezclan sin confundirse, como si se movieran sobre una paleta encantada, y una fugacidad de luces violáceas que no despiden luz y corren vaporosas, magníficas, impalpables, rasgando la oscuridad, como
una zambra misteriosa de fuegos fatuos. Una de las procesiones nocturnas de Semana Santa de Cuenca se dispone a salir. La nueva calle de la Amargura, con aureolas y fosforescencias de gusanos de luz; las llamitas inquietas, pálidas temblorosas, que arden en el interior de las campánulas de cristal, al extremo de los hachones, conducidas por los hermanos cofrades. Por el centro, avanzan lentamente, como apariciones fantásticas, suspendidos en el aire, los pasos evocadores; por los lados dos filas interminables, paralelas, tortuosas, los hermanos nazarenos que elevan hacia el firmamento sus puntiagudos capirotes, son a manera de un símbolode la vida humana, por su lado más bajo se hunde en el polvo de sus miserias, mientras su estirpe privilegiada quiere rasgar la túnica del cielo con la tizona de su aspiración”.18 La desapacible temperatura, casi cero grados, ha restado brillantez a la Procesión del Silencio, pero ha hecho su recorrido habitual con gran solemnidad. Como nota especial hemos de hacer mención del magnífico palio, que sobre andas de plata lucía el paso de “San Juan y la Virgen”, y la magnífica y completa restauración del “paso” del Huerto. La banda de cornetas y tambores ha causado un efecto sumamente grato.19 17. La Bendición de la Cena y la Banda de cornetas y tambores. El Día de Cuenca, 17/4/1930. 18. LUIS MARTINEZ KLEISER. Semana Santa en Cuenca. ABC, marzo 1930. 19. El Día de Cuenca, 17 de abril de 1930.
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Investigación
Jueves Santo Una orden de la Plaza militar de Cuenca ha dispuesto que hoy y mañana, con motivo de ser Jueves y Viernes Santo, sea izado el pabellón nacional a media asta, desde la diez del día de hoy hasta las diez del Sábado de Gloria, siendo días de gala. Dispone, además, que a la procesión del Santo Entierro de Viernes Santo, que saldrá de la iglesia del Salvador a las diecisiete horas, asistan dos señores jefes y oficiales francos de servicio en traje de kaki, ros con plumero, leguis, sable y guantes blancos. Con una temperatura un poco más benigna que la de ayer, y por cuya razón el público ha sido más numeroso, se ha celebrado la procesión de Paz y Caridad con gran orden. Desfilando las cofradías, plenas de majestuosa solemnidad, el cortejo ha recorrido el tradicional camino que tiene asignado, y en él, a más de las imágenes de los pasos del Huerto, al cual se le ha adicionado un ángel de grandes dimensiones, salido del cincel de Marco Pérez y que ha llamado poderosamente la atención; “Jesús Amarrado a la Columna”, “Jesús de la Caña”, “Ecce Homo”, “Jesús con la Cruz”, “Smo. Cristo de Paz y Caridad” y “Nuestra Señora de la Soledad”, ha desfilado por vez primera “La Santa Cena”. Por la tarde se han visto concurridísimos los monumentos, en los que se han celebrado los actos del día. Las típicas mantillas, lucidas por gentilísimas y bellas señoritas que, siguiendo las tradicionales costumbres, han puesto la nota de simpatía y color en las calles conquenses. Ambas bandas de música han tocado durante el desfile escogidas marchas fúnebres.20
Viernes Santo Al romper el día, la primera procesión salió de la iglesia del Salvador, formada por los “pasos” de Jesús Nazareno, Jesús y la Verónica, San Juan y Nuestra Señora de la Soledad. Precedía a la imagen de Jesús una comparsa histriónica, que bien impuesta en su papel de plebe judaica, emula escarnecer a su anhelada Víctima, escupiendo sobre su amargo rostro las descordadas notas de unos clarines estridentes. La procesión atraviesa primero la parte baja y luego empieza a subir penosamente, pausadamente, la cuesta áspera, agria, camino de la cumbre de la Plaza Mayor, para reproducir con más propiedad la ascensión fatigosa del Calvario. (L.M.Kleiser.1930) La procesión del alba, Camino del Calvario, ha tenido su lucimiento, siendo admirados sus pasos por el lujo y gusto al llevarlos. Pudimos apreciar en el paso de “Jesús Nazareno” el regalo de una túnica hecha y trabajada por la señorita Julia López, hermana política de don Constancio de la Rosa, y que estrenó el Cirineo. A las once de la mañana empezó a nevar, creyendo que la procesión “En el Calvario” quedaría suspendida, no siendo así; un poco de sol esperanzó a la gente que decidió sacar a la calle la comitiva, aunque cuando esta se encontraba en Carretería cayó un pequeño chubasco de granizo y agua menuda, que desapareció al momento, dejando al fin que la procesión luciera sus galas que por esta vez le cupo al hermoso paso de “La Lanzada” grupo que enaltece a la donante doña Luisa García Izquierdo, que ha sabido realizar un hecho que admiraron todos, al contemplar el Cristo de los Espejos, “paso” reformado a sus expensas, no olvidando tampoco la innovación hecha en el de “La Agonía”, completándolo con una preciosa escultura de “María Magdalena” arrodillada al pie de la Cruz. La procesión del Santo Entierro, como siempre, fue la nota más bella de nuestra Semana Santa por su conjunto de asistencia, orden y piedad; debido al Cabildo de Caballeros del Santo Sepulcro, que le hace merecedor de todo aplauso, dándoselo al Capitular Sr. Torralba por el desprendimiento económico al adquirir unas andas de plata de estilo gótico, y de una importancia colosal. La nota brillante fue la de “La Juventud Franciscana” en dicha procesión, pues formando 20. Los desfiles procesionales. DIARIO LA OPINIÓN. 18/4/1930. 21. De la Semana Santa conquense. DIARIO LA OPINIÓN. 19/4/1930.
largas filas iban perfectamente disciplinados, con sus túnicas ceñidas con el cordón franciscano y ostentando en sus blancos capuces la preciada venera de la gran Cruz de Jerusalén, privilegio de su orden, llevando su “paso” “La Santa Cruz Desnuda” sencilla y severa sin más adorno que un sudario primorosamente bordado. Bien han hecho los dignísimos caballeros de la Soledad y el Santo Sepulcro, al aceptar con toda complacencia, la valiosa corporación de jóvenes franciscanos, pues nunca se ha visto tan brillante la ya bien organizada procesión del Santo Entierro. Según Kleiser, el cortejo fue solemne, grave, angustioso, doliente, entre una multitud hierática y muda, que lloraba sin llanto y rezaba sin palabras. La visita al Santuario de Las Angustias fue, como las de todos los años, concurridísima, estando toda la noche acompañada de gran número fieles la Virgen en la Soledad. 21
Sabado de Gloria Al toque de gloria, la banda de cornetas y tambores del regimiento de Saboya, después de tocar una diana floreada, batió marcha seguida por mucho público, recorriendo en esa forma las principales calles. En el tren de las dos y media regresó a Madrid, después de dejar un grato recuerdo en Cuenca, tanto por su presentación irreprochable como por la complacencia con que tocaron en todas las largas y penosas procesiones. Por la tarde, en la plaza de toros el festival infantil con su lluvia de caramelos no resultó un espectáculo recomendable. Las criaturas en su afán de coger las golosinas se atropellaron resultando algunos niños contusos. Espectáculo nada edificante, que prepara el espíritu infantil de un modo lamentable. Los fuegos artificiales sin ser una gran cosa gustaron al público que en gran número presenció el espectáculo.
Domingo de Resurrección Ya ha pasado la Semana Santa, La extraordinaria agitación que se notó antes de las procesiones y en el trascurso de ellas, se ha tornado en la cotidiana calma de todo el año. Nuestras fiestas religiosas han lucido la suntuosidad que les da nombre, aun cuando el tiempo no estuvo amigo. Todos los “pasos” han sido paseados procesionalmente, algunos de ellos con notabilísimas reformas que han acrecido el esplendor que ya ostentaban. En realidad el “paso” de La Santa Cena no debió salir este año, falta policromarlo, carecía de alumbrado adecuado, y de la plataforma rodada para su transporte… El deseo por parte de algún concejal de satisfacer a los impacientes hizo que todo se precipitase. La escultura es buena, una verdadera obra de arte, que honra al artista y a Cuenca, pero no lució lo que debía y los que la llevaron a hombros tuvieron que realizar un esfuerzo sobrehumano. Además como una vez puesta sobre las improvisadas andas no cabe en la ermita, desde el miércoles hasta la fecha está el “paso” en plena calle, aguardando a que lo desmonten para poderlo entrar en la iglesia a que se destina. En todas las procesiones reinó el más completo orden a pesar de la multitud que las ha contemplado, y las bandas de música muy acertadas en el desempeño de su penoso cometido, la de cornetas y tambores de Madrid es merecedora del aplauso cumplido por la nota de brillantez que ha aportado. 22 La novillada que estaba anunciada para hoy se ha suspendido porque no han llegado los novillos, no se han hecho los pagos precisos, ni tampoco se ha solicitado autorización al Gobierno Civil y no sabemos si habrá dos o tres impedimentos más. La afluencia de forasteros ha sido verdaderamente notable y los elogios que han hecho de nuestras procesiones justifican nuestro legítimo orgullo al apreciar la admiración de los visitantes de Cuenca en los últimos días transcurridos. 22. Pasó la Semana Santa. EL DÍA DE CUENCA. 20/4/1930.
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Antigua imagen del monumental grupo procesional que formó el paso de La Lanzada, sufragado por Dña. Luisa García completaba al antiguo Cristo de la Luz. La espléndida fotografía fue tomada en el momento que salía de la iglesia del Salvador; fue encargada por la Hermandad y regalada a la benefactora en el mismo 1930. Col..: Vble. Hdad. Cristo de la Luz.
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