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Sumario Saludas Entrevistas 12 A la Pregonera Paloma Gómez Borrero por Berta López
16 Al Cartelista Fernando Evangelio por Javier Hevia
Opinión 22 Pasión por la Música. Pasión por la Semana Santa por Javier Poyatos
28 A modo de Cuento de Semana Santa por Francisco Alarcón Díaz
31 A María por Leonor Culebras
32 Bajo el peso de la Cruz por Carmen Herráiz Yébenes
34 Aquellas Semanas Santas por Miguel Romero
40 El Miércoles Santo de 2013, llovió en Cuenca, más que agua
Hablan las Hermandades 70 I Encuentro de Oración por Rafael Torres Muelas
72 Muy Antigua Hermandad de las cuarenta horas y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo por Alfredo López Pérez
74 Objetivo conseguido por Antonio Abarca Contreras
76 23 de marzo. Una fecha para la historia por Javier Millas Romero
84 Cantera Nazarena… Seguro de continuidad por Antonio Abarca Contreras
88 El Futuro de la Semana Santa 90 Las hermandades viven la Navidad por Luis Ángel Martínez Domingo
92 Pregón Juvenil Semana Santa de Cuenca 2013 por María Ferrer García
96 Santísimo Cristo de la Luz. 70 años de la imagen del Cristo de los Espejos de D. Luis Marco Pérez por Junta de Diputación de la Hermandad
por Rafael Torres
46 La vergüenza de ser creyente por Gregorio Martínez de las Heras
50 Miguel Zapata. In Memoriam por Antonio Garrote
52 Trivium Crucifixión Documentación
Comisión de Publicaciones de la Junta de Cofradías de Cuenca y Javier Hevia Ceva Coordinación
Antonio Abarca Contreras Diseño y Maquetación
La Red Creativa Edita
Junta de Cofradías de Semana Santa de Cuenca Fotografía de Portada
Luis Miguel Caballero Agradecimientos
A las Juntas de Diputación de las Vbles. Hdades. de Semana Santa Imprime
Editorial MIC Depósito Legal: CU-510/2008
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por José Luis Lucas Aledón
54 Verónica, la mujer anónima en el Camino del Calvario por Javier Poyatos
56 De la obligación a la devoción por Javier L. Romero
Investigación 104 Enrique Galarza y la talla de Nuestra Señora de las Angustias por Julián Recuenco Pérez
112 Marco Pérez tras la mirada de un niño por María Jesús Massó Cobo
120 La Semana Santa de Cuenca en 1929 por Enrique Valero Moscardó
60 La Semana Santa en mí por Enrique Martínez Gil
64 Dos pasos, un objetivo por Miguel Ángel Sintes Puertas
Queremos dar las gracias a todas las entidades y empresas que aparecen en esta publicación, ya que sin su colaboración hubiera sido prácticamente imposible que este ejemplar de la revista Cuenca Nazarena, verdadero testimonio del sentimiento nazareno conquense, se hubiese podido editar.
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Fotografía: Enrique Martínez Gil
Saluda
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Presidente de la Junta de Cofradías
Jorge Sánchez Albendea Este año el saluda que te dispones a leer esta marcado por unas breves reflexiones que deberían ser objeto de debate interno en el seno de nuestras hermandades. Comencemos por lo más material: el tema económico. Mucho se ha hablado de las repercusiones que tendría en la Semana Santa que nos disponemos a celebrar las inclemencias metereologicas vividas en la edición del 2013. Pues ya veis, ha quedado demostrado lo acertado del nuevo sistema económico implantado en la reciente reforma del estatuto. La Junta de Cofradías ha conseguido mantener un presupuesto más que digno que, además, y gracias a un enorme trabajo callado y constante, ha desahogado de carga presupuestaria a las hermandades. Pero lo económico debe pasar a un segundo plano, no debemos distraernos de la esencia de lo que estamos representando y de los valores del mensaje del único protagonista: Jesús de Nazaret. ¡Que importante es trabajar con los más pequeños! Este año nuestra Escuela Nazarena cumple su VI edición. Recuerdo los comienzos cuando algunos, bajo no sé todavía que extraño argumento, ponían en duda los beneficios del proyecto. Hoy me alegro cuando veo como muchas de nuestras hermandades empiezan a trabajar, educar y dedicar parte de su esfuerzo a la fila del medio, a los niños. ¡La idea ha calado! Ya somos veinte las Semanas Santas declaradas de interés turístico internacional. Sinceramente, ha llegado el momento, si acaso, de presumir de haber sido los primeros allá por el año 1980. Esto de los títulos y denominaciones esta muy bien, dan prestigio, que duda cabe, pero debo recordaros que el mayor reconocimiento que podemos tener es seguir realizando unos desfiles procesionales serios, elegantes, sobrios y llenos de profunda devoción y respeto. Y por supuesto, mantener vivo el sentimiento de hermandad durante todo el año.
Vivimos tiempos complicados donde el laicismo parece estar de moda y esa moda, que pasará como lo hacen todas, muchas veces pone su crítica destructiva en nosotros. Una vez más apelo a vuestra unidad y a la idea global de la Semana Santa. Mantengamos firmes nuestras creencias, seamos humildes en nuestros planteamientos, defendamos nuestra Semana Santa y, por favor, sed conscientes que sólo desde un criterio único y común conseguiremos mantener vivo este legado. Debo animaros a todos a participar activamente en los desfiles procesionales. Ha llegado nuestro tiempo. Volvamos a llenar las calles de fervor. Participad arropando a vuestra hermandad y hacedlo como nos han enseñado nuestros antepasados pues ese será el mejor regalo que podamos dejar a nuestros hijos. Una mención especial merecen los turbos, los de verdad, pues tenéis una gran responsabilidad, el rito debe perdurar en el tiempo y no verse deteriorado por extrañas tendencias e injustificados comportamientos. Todos nos jugamos mucho. Quiero finalizar reconociendo el trabajo de todas nuestras Hermandades y agradecer a los miembros de la Junta de Cofradías su labor constante a lo largo del año. Impagable e imposible de valorar la implicación de la actual Comisión Ejecutiva. ….Y a vosotros: Marta, Jesús, Jorge y Rut, daros las gracias por vuestra paciencia y complicidad. Todo esta preparado. La Junta de Cofradías ha trabajado duro para llegar a este momento y es ahora cuando tú, nazareno de Cuenca, debes hacer bueno todo este esfuerzo. Disfrutad de vuestra Semana Santa y Feliz Pascua de Resurrección.
¿Nuestro Museo? Creo que ya nadie dudará de su viabilidad y de su importancia en la Cuenca nazarena. Además, pronto contará con un nuevo aliciente un espacio dedicado a nuestro gran imaginero Luis Marco Pérez.
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Delegado Episcopal en la Junta de Cofradías
Joaquín Ruiz Requena En este tiempo en el que los preparativos para la celebración de la Semana Santa van tomando ya forma, nos disponemos a recorrer de nuevo este camino que nos llevará, a través de los cuarenta días de la Cuaresma a celebrar el misterio central de nuestra fe: La pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Misterio que celebramos como memorial de nuestra redención. Iremos recorriendo nuestras calles de Cuenca, acompañando con nuestra cercanía, con nuestra devoción sincera, con nuestro amor entrañable a Jesús en su camino hacia el Calvario y a su madre, la Virgen María. En este año de la Fe, en los primeros días de su recién inaugurado pontificado, el Papa Francisco, dentro de la Jornada de las Cofradías y de la piedad popular que se celebraba en el mes de mayo en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, nos indicaba un camino por donde avanzar el nuestra fe, en nuestro servicio a la iglesia, en renovar nuestra pertenencia a nuestra hermandad. Nos recuerda que las Hermandades somos un tesoro que tiene la Iglesia, «son un espacio de encuentro con Jesucristo». La Hermandad tiene que ser, para cada uno de nosotros, el lugar donde siempre podemos acudir para encontrarnos con Cristo y nuestra madre la Virgen María, el lugar donde reforzamos nuestra fe, donde cuidamos nuestra formación espiritual, donde nuestra oración personal y comunitaria crece en profundidad, día a día, en el encuentro personal y comunitario con el Señor y con su Madre María. Nuestra pertenencia a una hermandad se hace dentro de la Iglesia, dentro de una comunidad eclesial concreta, la parroquia, donde normalmente se desarrolla nuestra vida eclesial. Es dentro de la parroquia donde nos sentimos parte viva de la iglesia, es en la parroquia donde somos esa presencia viva en la comunidad. Es el modo concreto de pertenecer a la Iglesia.
Dentro de nuestra hermandad tenemos una misión específica e importante: mantener viva la relación entre la fe y la cultura de nuestro pueblo. Cuando llevamos con tanta veneración y amor las imágenes sagradas de nuestro Señor Jesucristo o de la Virgen María, su Madre, no lo hacemos como un gesto externo o simplemente tradición familiar. Estamos indicando la centralidad del Misterio Pascual de nuestro Señor Jesucristo, de su Pasión, Muerte y Resurrección; estamos indicando que es necesario seguir a Cristo, como lo hizo la Virgen María, en el camino concreto de la vida para que nos transforme. Cuando manifestamos nuestra profunda devoción a la Virgen María, señalamos al más alto logro de la existencia humana, a Aquella que por su fe y su obediencia a la voluntad de Dios, así como por la meditación de sus palabras y las obras de Jesús, es la perfecta discípula del Señor. Esta fe vosotros la manifestáis en formas que incluyen los sentidos, los afectos, los símbolos de la cultura. Y haciéndolo así, ayudáis a transmitirla a todos los demás. Es necesario seguir por este camino. Sed también vosotros auténticos evangelizadores. Que vuestras iniciativas sean medios para llevar a Cristo, para caminar con Él. Y, con este espíritu, estad siempre atentos a la caridad. Cada cristiano y cada comunidad es misionera en la medida en que lleva y vive el Evangelio y da testimonio del amor de Dios por todos, especialmente por quien se encuentra en dificultad. Estas palabras del Papa Francisco nos exhortan a vivir nuestro encuentro con Jesucristo, en la Iglesia, dentro de nuestra hermandad, con un mayor compromiso. Que la Virgen Madre de Dios nos oriente, como piedras vivas de la Iglesia, para que todas nuestras actividades, toda nuestra vida cristiana, sea un testimonio luminoso del amor de Dios dado al mundo en su Hijo Jesucristo.
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En mi Pregón trataré de unir la Semana Santa de Cuenca con la de Roma, como en un encaje de bolillos Por Berta López, Periodista El nombre de Paloma, que procede de la voz latina palumba, hace referencia entre otras cuestiones a las cualidades de suavidad y dulzura que le son propias al ave a la que nombra. En el Antiguo Testamento es símbolo de paz y de la reconciliación propia del Espíritu Santo. Y este año, en Cuenca, Paloma es sinónimo de Pregón desde que la Junta de Diputación de la Junta de Cofradías decidiera, en octubre de 2013, designar como pregonera de la Semana Santa de la ciudad a la periodista Paloma Gómez Borrero. La Junta de Cofradías nombraba así a la que será la tercera mujer en pregonar el sentimiento de la Semana de Pasión de la capital (antes que ella lo hicieron Acacia Uceta en 1971 y Julia Sarro en 1991) y a la primera del siglo XXI. Madrileña de nacimiento, Paloma tiene sin embargo fuertes lazos con Cuenca y su provincia. No en vano, ella misma reconoce haber pasado los mejores años de su vida, los de la niñez y el despertar al mundo, en la localidad conquense de Las Pedroñeras. A pesar de no haber vivido nunca en la capital, la periodista tiene sin embargo grabada a fuego la imagen de la primera vez que la visitó, hace tantos años. Cuenta con un brillo especial en la mirada que le pareció entonces, bajo ese aura de leyenda que da la infancia, que era la ciudad morada de seres mágicos propios de los cuentos. Con el paso de los años, Paloma no ha perdido la idea de que es Cuenca una ciudad mágica, sin necesidad de que habite en ella hada alguna. También permanece en la pregonera un profundo sentimiento de amor hacia la ciudad. Un vínculo especial con ella que uno adivina en cuanto la escucha hablar de Cuenca con inmensa dulzura. Como sólo se habla de las cosas que se quieren mucho y a las que se añora.
El próximo Viernes de Dolores, en el altar de la antigua iglesia de San Miguel, con el Santísimo Ecce-Homo a sus espaldas, Paloma Gómez Borrero se despojará de la piel de periodista para vestir la de nazarena de Cuenca. Porque eso es lo que ella quiere ser en tanto que pregonera: nazarena, de cada una de las hermandades. Pero no una nazarena cualquiera. Conquense y nazarena. Para saber plasmar en su Pregón, de esta manera, un sentimiento genuinamente conquense de amor y respeto por la Semana Santa. El 8 de octubre de 2013, la Junta de Diputación de la Junta de Cofradías de Cuenca la elige pregonera de la Semana Santa de Cuenca de 2014. ¿Qué supone para usted pregonar la Semana de Pasión de la ciudad? El haberme elegido pregonera supone para mi, que me siento tan vinculada a esta tierra por mis antepasados y porque siempre la sentí muy cerca de mi corazón, un reto y un grandísimo orgullo. Como sabéis, pasé los mejores años de mi vida en Las Pedroñeras y para mí Cuenca siempre ha sido una ciudad muy especial. Recuerdo que la primera vez que vine a Cuenca le pregunté a mi madre que si ésta era la ciudad en la que vivían las hadas y en verdad puedo decir que Cuenca es una ciudad mágica. Como decía, pregonar la Semana Santa de Cuenca supone para mí un reto y un orgullo. Un reto por la responsabilidad que conlleva y una alegría porque me parece coronar así un sueño. Ser hija adoptiva de Castilla-La Mancha y elegirme para pregonar la belleza de la Semana Santa de Cuenca, es de verdad el no va más. Cuenca Nazarena 13
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Entrevista
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¿Cuáles son, en su opinión, los aspectos definitorios de la Semana Santa de Cuenca? ¿Qué diría que la hace única? Creo que es única por muchas razones. Pero, indudablemente, el marco de una ciudad como el que tiene Cuenca no encuentra otro igual en el mundo. A ello se unen la fe y el amor de los conquenses por sus hermandades y el todo parecerles poco para que los pasos sean la unión del arte y la fe. Pienso que la conjunción de estas cosas es lo que hace de la Semana Santa de Cuenca una representación reconocible y verdaderamente única. ¿Reflejará estas características de la Pasión conquense en su Pregón? Trataré de reflejar el alma de la Semana Santa de Cuenca en mi pregón, por supuesto. Para ello me ensimismaré en cada una de las hermandades, haciéndome un cofrade más de cada una. En su presentación, avanzó que desde el atril de San Miguel hará una semblanza entre la Semana Santa de Cuenca y la de Roma. ¿Hay similitudes entre ambas? ¿Son equiparables? ¿En qué se parecen y en qué se diferencian? Realmente no. No creo que se parezcan Roma con Cuenca más que por estar empatadas en belleza y quizás porque Roma es la ciudad de las siete colinas y Cuenca tiene sus calles empinadas como todas subiendo a lo alto del cielo. Lo que dije en mi presentación fue que, puesto que la Semana Santa que conozco bien es la de Roma, trataré de hacer a los conquenses sentirse un poco romanos y a los romanos, un poco conquenses. Que se conozcan las dos visiones de la Semana Santa. Por cierto ¿cuáles son los pilares sobre los que vertebrará su Pregón? El Pregón lo quiero centrar en cómo se vive la Semana Santa en la capital de la cristiandad y en la capital de la tierra de Don Quijote. Trataré, como en un encaje, de unir las dos. Aunque más bien diré que será como hacer un encaje de bolillos en el que trasladaré idealmente al Papa a Cuenca para que presida la Semana de la Pasión de Cristo en esta ciudad tan mágica y que tanto la quiere y la respeta. Pongámonos en situación: es Viernes de Dolores y está usted a punto de empezar su Pregón, ante el atril del altar de la antigua iglesia de San Miguel. ¿Cree que sentirá miedo escénico? ¿Está nerviosa por ese momento? Miedo escénico no creo tenerlo ni creo haberlo tenido nunca, lo que no significa que no tenga sentido de la responsabilidad por el cometido que me han confiado. Como decía más arriba, para mí es una gran responsabilidad, pero sobre todo una alegría. Lleva toda la vida en El Vaticano y ha trabajado con varios Papas. Además, hay varias hermandades conquenses que tienen lazos con la Santa Sede. ¿Se conoce la Semana Santa de Cuenca en El Vaticano? ¿Qué imagen tienen de ella? Imagino que en el Vaticano se conozca, en el ambiente de la Semana Santa, también la de Cuenca. Pero no podría afirmarlo.
Lo que si sé es que un conquense ilustre, el Nuncio en Panamá, Monseñor Andrés Carrascosa, que trabajó muchos años en la Secretaría de Estado, hablaba siempre de su queridísima ciudad y a todos les comentaba que era una de las bellas de España. Y para él... la más importante y hermosa. ¿Es la Semana Santa una buena forma de divulgar la fe? Las procesiones, los pasos, las hermandades... son importantísimas para mantener, alentar, ayudar a que la fe cada vez este más arraigada. La piedad popular ha sido por todos los papas, pero sobre todo por Juan Pablo ll, ensalzada, considerada como necesaria y muy querida. Confesó en su presentación que nunca ha estado en la Semana Santa de Cuenca. Este año, aprovechando el Pregón, ¿se quedará a verla? No, no podré quedarme con mucho dolor de mi corazón pues me esperan trasmisiones de la Semana Santa romana y solo podré llevarme las imágenes de los pasos. Sin embargo, con el deseo y la ilusión estaré acompañándoos a todos y a cada uno de los penitentes, cofrades y pueblo fiel. Para finalizar, cuéntenos alguna anécdota relacionada con la Semana Santa en Roma que usted recuerde con especial cariño, que le haya llegado al corazón. Recuerdo muy especialmente una anécdota que sucedió en 2004. Todos los españoles habíamos sufrido ese horror, ese terrorismo espantoso del 11M en Atocha. Era poco antes de la Semana Santa. El Papa Juan Pablo II ya no podía con la cruz. Ya necesitaba cireneos para que le ayudaran a llevarla. Y quiso que ese año, en el que tantos pueblos estaban sufriendo el odio y la violencia, esos cireneos fueran representantes de lugares que habían sufrido tanto o que sufrían. En las dos primeras estaciones llevaron la cruz dos chicos estadounidenses y quiso que la última, la que entregara la cruz, fuera un chico o una chica españoles, por el 11 de marzo. Por el atentado de Atocha. Él ya no podía con la cruz. Sólo podía sujetarla un poquito cuando se la entregaban en la última estación. Y eligieron a una chica, violinista, que tiene su casa en Atocha, y que tenía un problema muy grande en las manos: debido a un virus le crecían verrugas por toda la mano y ella contaba que sus manos de violinista sufrían mucho por este motivo. Le habían dicho que estaría toda la vida así y, sin embargo, no le importó a la hora de llevar la cruz. Esos días tenía las manos fatal y le dijo al Papa: “Yo te presento el dolor del pueblo español entero. Represento esa pena que tenemos dentro”. Hicieron el ensayo el Jueves Santo y Raquel, que así se llama, fue con sus manos destrozadas como las tenía. Pero cuando se despertó la mañana de Viernes Santo, se le habían quitado. Según el médico, fue de la emoción de lo que iba a hacer, pero no le han vuelto a salir nunca más. Y yo creo que fue un regalo. Ese regalo que hacéis vosotros en Cuenca en cada momento, en cada paso, en cada procesión, en cada hermandad. El regalo de la fe de darnos a Cristo en su Pasión.
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Entrevista
Detalle de plancha de madera utilizada para la realizaci贸n del cartel
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Por Javier Hevia Ceva Entrevistar a Fernando es fácil. Conversando con él, descubres una persona amable, con sencillez y naturalidad. Dice Antonio Sarelli que el arte es un acto de libertad y a la vez un compromiso con uno mismo y con el medio. Esa es la sensación que tienes cuando charlas con Fernando, y al mismo tiempo la de una persona que lejos de encumbrarse o aislarse, intenta incluirse en los ambientes que le rodean. Enseguida aprecias su profundo respeto por el arte al mismo tiempo que desprende un contagioso entusiasmo por su trabajo y su obra. Fernando Evangelio nace en Tarancón, a los 2 años se traslada a Cuenca donde permaneció hasta 1971, año en que se trasladó a Valencia, aunque sigue manteniendo contacto con Cuenca, donde pasa sus vacaciones y algunos fines de semana. En Valencia realiza los estudios de Bellas Artes y comienza su etapa de docencia, primero como profesor de bachillerato y posteriormente en la Facultad de Bellas Artes de Valencia, compatibilizándola con la creación artística Durante este tiempo nunca dejó de trabajar en la creación de obras pictóricas, dibujos y grabados. Y, evidentemente, exponiéndolas de forma individual o participando en muestras colectivas. ¿Cómo te inicias en el arte y cómo llegas al grabado? Desde pequeño me gustaba dibujar, y se me daba bien, por lo que conforme avanzaba en el bachillerato se fue afianzando mi idea de hacer Bellas Artes. Y así fue, pero cuando empecé la carrera yo no sabía nada de grabado y mi intención era hacer pintura, que, por otra parte es lo que hice, porque en aquel momento había solo dos opciones: pintura o escultura. Empecé estudiar el grabado con la idea inocente de que me serviría para imprimir mis dibujos y poder incluirlos de este modo, con una calidad mejor que las tristes fotocopias que hacíamos, en una revista artística y literaria que tratábamos de sacar algunos antiguos compañeros del instituto.
Por supuesto esa idea se me fue de la cabeza en cuanto vi lo laborioso que era hacer un grabado, y que, aparte de la realización de las planchas, para cada impresión había que dedicar un tiempo que yo no pensaba que fuera tan largo entintando. Además había que estampar en un papel de mejor calidad que los folios y por tanto más caro. Todo esto hacía inviable usar este proceso para imprimir imágenes destinadas a una revista como la que nosotros queríamos llevar adelante. Reconocí la ignorancia que me había llevado a esa pretensión, pero, al mismo tiempo me dí cuenta de que ese modo de trabajar me gustaba y que los resultados eran muy interesantes, de modo que me fui enganchando y dedicando cada vez más tiempo al grabado. En los dos años siguientes hice las otras dos asignaturas que la entonces “Escuela Superior de Bellas Artes” ofrecía. Una vez terminada la carrera seguí dedicando cada vez más tiempo al grabado y menos a la pintura. Comencé por mi cuenta a trabajar la xilografía, puesto que en la carrera las tres asignaturas eran de grabado calcográfico. Pero no me resultó difícil porque hay muchos conocimientos que son comunes, además existen libros y, un factor muy importante, las ganas que yo ponía y el interés por sacar mejores resultados cada vez. ¿Hay algún artista que haya influido en tu obra? Todo el mundo tiene influencias, pero no solo en el arte, en todas las actividades de la vida nos apropiamos de lo que nos parece más interesante y próximo a nuestra personalidad de entre lo que vemos en los demás, la mayoría de las veces de forma inconsciente. Recuerdo una exposición muy interesante titulada “Rembrandt en la memoria de Goya y Picasso”, en la que se ponían de manifiesto elementos y aspectos de las obras de Goya y de Picasso que ponían en evidencia que ambos habían admirado y seguido en cierto sentido a Rembrandt. Sin embargo sus obras son completamente diferentes. Cuenca Nazarena 17
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Entrevista
Yo te puedo decir que la obra de estos tres artistas me maravilla y que seguro que de un modo u otro me ha influido, pero no solo ellos, muchos más, los grabados de los artistas expresionistas también podrían incluirse en la lista y artistas más próximos en el tiempo, de los que prefiero no citar nombres por no ser injusto, ya que, como digo, las influencias son muy amplias y variadas. Pero ninguna de ellas es tan fuerte como para que me pueda considerar seguidor de alguien en particular. ¿Cómo explicarías tu técnica de grabación? El grabado, en todas sus múltiples y variadas técnicas tiene algo constante, que se trata de un proceso de creación indirecto, es decir, que el artista no trabaja sobre el soporte definitivo o final, sino que comienza realizando la matriz que luego, por el sistema de estampación, va a producir la obra buscada sobre el soporte definitivo, que suele ser papel, aunque también se puede estampar sobre tela, plástico, madera, cerámica, etc. Yo utilizo fundamentalmente dos sistemas de estampación para la realización de mis obras: la estampación en hueco y en relieve. La primera se corresponde con el grabado conocido como calcográfico, cuyas planchas suelen ser de metal, aunque hoy día hay otros muchos materiales, y se distingue porque la imagen grabada está incisa en la plancha, es decir, está compuesta por líneas o texturas rehundidas, que por su desnivel retienen la tinta cuando, después de ser extendida por toda la plancha introduciéndose en su interior, se limpia en superficie con tarlatana o papel.El otro sistema, el de estampación en relieve, es el empleado en el cartel de la Semana Santa. Para él se realiza un tipo de grabado para el que se emplean planchas de madera, como en este caso, o en planchas de linóleo, plástico, etc. La diferencia con el anterior es que la tinta se da con rodillo sobre las planchas y,
por tanto, se queda en las partes más elevadas, que es donde el rodillo toca, quedándose sin tinta los huecos hechos con gubia o con otras herramientas de talla. ¿Tienes alguna preferencia a la hora de elegir los temas de tu obra? En mi obra personal es muy importante la interrelación entre personas y su actitud en su paso por la vida. Al empezar un trabajo ¿piensas en el espectador o te dejas llevar libremente? La única forma que considero válida de pensar en el espectador es tratar de plasmar en la obra tu auténtico ser, tu forma de pensar, de sentir, tu sensibilidad… de forma que quien la vea no esté engañado, y si le produce alguna emoción o le estimula de cualquier manera se habrá logrado algo importante. Hay que ser consciente de que no es posible llegar a todo el mundo, y por tanto tampoco se conseguiría pensando en qué le pueda gustar a la mayoría de los mortales. Así que la mejor fórmula que conozco es tratar de ser uno mismo. Hay un poema de Fernando Pessoa en el que se recoge un consejo que es muy digno de ser seguido: Para ser grande, sé entero: Nada tuyo exageres o excluyas. Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres en lo mínimo que hagas. No esperabas ser elegido cartelista de la Semana Santa de Cuenca, cuando lo supiste ¿cuales fueron las primeras sensaciones? No solo no lo esperaba, es que no estaba en mi registro de posibilidades, porque, como ya dije en el acto de presentación del cartel, yo nunca antes había hecho un cartel ni me había postulado para hacerlo.
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Cuando me enteré de que estaba propuesto para ello me quedé muy sorprendido porque yo no sabía cómo se designaba al cartelista en la Semana Santa de Cuenca y por tanto no había contemplado esa posibilidad. Una vez informado de que se proponían artistas en base a su trayectoria y al conocimiento de su trabajo creativo (y así había sido ya en ediciones anteriores), me sentí halagado y muy contento de que mi obra hubiese movido a que se me propusiera. Por supuesto, también me sentí agradecido, doblemente, porque a cualquier artista le gusta que se fijen en su obra y la valoren, y además por el gran honor que es hacer el cartel de la Semana Santa de Cuenca. A partir de ahí, vino el sentimiento de responsabilidad, porque había que estar a la altura, ya que el cartel que yo crease iba a ser la imagen durante un año de una Semana Santa con una importancia y una proyección muy grandes ¿Qué nos puedes decir del cartel? En el cartel he querido plasmar la esencia de lo que para mí es la Semana Santa de Cuenca, y para ello me he basado en el sentimiento que yo conservo de cuando yo participaba en sus procesiones. Ese recogimiento, el silencio y el respeto, solo rotos por el sonido acompasado de las horquillas de los banceros y la música que los acompaña. Ese recogimiento yo lo recuerdo en un ambiente oscuro porque las procesiones en las que yo salía, y que por tanto más me han marcado, eran nocturnas. Pero también las que yo contemplaba como espectador eran en gran parte nocturnas. Es cierto que algunas completamente y otras parcialmente discurren de día y con una gran vistosidad, pero en mi memoria y mi sentimiento estaba más presente la luz tenue de las lámparas de los pasos y de las velas de los nazarenos, y me decidí por mostrar ese sentimiento, siguiendo mi propio impulso. No obstante, para mostrar que la Semana Santa de Cuenca está llena de contrastes y también de vida, quise hacer presen-
te el colorido y la luz de la ciudad mostrando en el fondo un pequeño ejemplo de la singular arquitectura que puede verse en sus calles. ¿Cuánto tiempo puede llevarte el desarrollar un trabajo como éste? El tiempo ni lo considero. Mucho, pero no te podría decir con rigor cuánto. Empecé a hacer dibujos y a pensar, mirar la documentación etc. en octubre, pero fue a lo largo del mes de noviembre cuando llevé a cabo todo el trabajo, incluyendo las primeras pruebas. Los ajustes finales y las primeras estampas definitivas los terminé en las dos primeras semanas de diciembre. Es decir, unos dos meses con el trabajo en desarrollo en mi estudio. Eso sin contar con la tirada de veinte ejemplares que la he estampado después de Navidad. Pero claro, no me dedicaba a este trabajo en exclusiva, porque al mismo tiempo tenía que atender y preparar las clases en la facultad y también tuve un pequeño parón a final de noviembre para acudir al Festival Internacional de Grabado de Bilbao. Por todo ello es muy difícil calcular las horas. ¿Crees que has logrado el objetivo que te proponías el cartel? La satisfacción completa creo que no se alcanza jamás, pero estoy contento, porque, aunque te decía antes que cuando realizo una obra no estoy pensando en dar gusto al espectador, tratando de interpretar sus preferencias, sino en plasmar mi mensaje de la forma más auténtica posible. Es cierto que en el caso de un cartel, y sobre todo si es de un acontecimiento tan intensamente vivido como la Semana Santa en Cuenca, es importante conectar ampliamente con el público, y me da la sensación, por la respuesta que tuve en el acto de presentación, de que en gran medida esto se ha conseguido. La unanimidad es imposible pero tampoco creo que sea deseable, así que el balance es positivo.
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Fotograf铆a: Julio Palencia
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Pasión por la Música. Pasión por la Semana Santa Por Javier Poyatos Alarcón
A pocos días de la llegada de nuestra Semana Grande, por la cual llevamos esperando deseosos todo el año, empieza a brotar en nuestro interior algo que, Cuaresma tras Cuaresma, se hace inalterable: Se podría llamar ilusión; se podría llamar fé; entusiasmo; alegría; penitencia; hermanamiento; esperanza; sacrificio;… En mi caso y en el de muchos de mis compañeros cabe todo lo anterior, y he de añadir, también, los dichosos nervios. Un nerviosismo que por muchas procesiones que desfilemos y muchas marchas que podamos tocar no dejan de aparecer en todo momento. Hemos de convivir con ello, es inevitable. Son muchas las palabras que podría ir enumerando para tratar de definir ese sentimiento, pero hay una que, para mí, lo define por si sola a la perfección, y no es otra que La Pasión. Esa Pasión que tenemos todos los nazarenos conquenses por nuestra Semana Santa; esa Pasión por ver a Nuestro Señor y a Nuestra Madre sobre las andas; una Pasión que nos une a todos y nos hace seguir el mismo camino. Camino que no es otro que poner a nuestra Semana Santa en el lugar que indiscutiblemente merece. Bajo mi punto de vista, debemos estar muy orgullosos todos los conquenses y siempre deberíamos presumir de ello. Sin duda,… ¡PASION! Esa es la palabra. Para nosotros, he de deciros que son seis meses de duros ensayos. Ensayos que comenzamos en el mes de octubre aproximadamente y que terminan el mismo Viernes de Dolores. Unos ensayos que realizamos con un compañerismo basado en la unión, en una convivencia entrañable y, como decía al principio, una gran dosis de ilusión. Ilusión de cada uno de los miembros de esta Banda. Banda que es digna de estudio: da igual que haga frío en los ensayos,que lo hace, os lo puedo asegurar-; da igual que estés con fiebre, que tengas los ligamentos de la rodilla rotos, que tengas una fisura en el pie que no te deje andar,…; da igual que salgas tarde de trabajar y estés cansado;… perderte un ensayo y todo lo que lleva consigo ni se nos pasa por la cabeza. Cuenca Nazarena 23
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Fotografía: Miriam Melero Poyatos
Opinión
No me gusta personalizar, porque ante todo somos un grupo muy unido, pero quiero que sepáis hasta que punto llegamos algunos. La pasión y el sacrificio que ponemos para poder estar presente en nuestros desfiles. No os quiero contar mi vida, porque no viene al caso. Tan solo os diré que tengo una lesión en la espalda que muchas veces no me deja ni estar de pie y para poder desfilar en Semana Santa tengo que infiltrarme varias veces para poder aguantar el dolor de alguna manera. ¿De dónde saco las fuerzas? No lo sé con seguridad, pero la palabra y el sentimiento que mencione anteriormente, PASIÓN, estoy seguro que tiene mucho que ver. Pasión por esta Banda y por la Semana Santa de Cuenca. -¡Que locura!, pensareis algunos. Y no seré yo quien os lo discuta. Pero os aseguro que sería bastante más doloroso no poder ser participe de algo tan bonito como es acompañar a nuestros Pasos por las calles de nuestra querida ciudad. ¿Qué pretendo deciros con esto? Pues que sí, que somos unos locos. Locos, porque por mucho que tengamos que sacrificarnos, no hay nada que nos haga perder ni un solo ápice de nuestro compromiso. Bueno…, nada, nada, no. Dejémoslo en casi nada, porque contra el líquido elemento tenemos las manos atadas y bien atadas. Por todos es conocido lo que ocurrió el año pasado. Aunque mejor ni recordarlo, ¿verdad? En definitiva, locos y enamorados de la Semana Santa. Musicalmente podremos mejorar, como todo en la vida, pero nunca podrán ponernos un reproche por la actitud y por la autoexigencia que nosotros mismos nos ponemos para que todo salga perfecto: respetar nuestros desfiles y encabezarlos con esa marcialidad, responsabilidad y seriedad que siempre nos ha caracterizado, y por las cuales me siento especialmente orgulloso. Compañeros de la Banda sólo tengo palabras de elogio y aliento hacia vosotros. Para mí sois ÚNICOS. Vuestra actitud y vuestro comportamiento son para quitarse el sombrero.
Tendremos algunos detractores. Lo sé. Pero trabajamos muy duro, con muchísimo ímpetu, ganas y un afán difícilmente superables para que todas estas personas puedan cambiar su opinión en un razonable y corto espacio de tiempo. Tenéis mi palabra de que nos dejaremos la piel para que así sea. Pero, también tenemos nuestros fieles seguidores. Gracias por vuestro apoyo, para nosotros sois imprescindibles. A ellos, sólo puedo y quiero decirles que vamos a continuar manteniendo la misma línea de trabajo y exigencia que llevamos desde que se fundó este grupo, y cuyo principal objetivo es intentar mejorar día tras día, año tras año, como hasta ahora creo que venimos haciendo. Quiero que todos os sintáis orgullosos de esta Banda…; de vuestra Banda…; la Banda de todos los Nazarenos de Cuenca;… la Banda de La Junta De Cofradías. Como sabéis el año pasado nos enfrentamos al difícil, pero no menos apasionante, reto de realizar un concierto en el auditorio de nuestra ciudad. ¡Ni más ni menos que un concierto! Y… ¡en el Auditorio de Cuenca! ¿Os podéis imaginar?: La Banda de la Junta de Cofradías subida en un escenario. Pues, sí. Efectivamente, así fue. Y fue muy duro, os lo aseguro. Fueron muchos ensayos, muchos más de los que hacemos en un año normal. Era mucha la presión y mucha la responsabilidad que sentíamos…, porque no podíamos defraudar a todos los que iban a estar allí oyéndonos. Había que dar el doscientos por cien. Y todos estábamos seguros de que lo podíamos conseguir. Recuerdo, que los días anteriores al concierto fueron de un nerviosismo tremendo, incluso me costaba dormir. Me atrevería a decir que ninguno de nosotros se imaginaba lo que podía suceder, porque para todos era nuestro primer concierto. Entre nosotros hablábamos y comentábamos si seriamos capaces de tocar en un escenario de tanta exigencia: ¿le gustaría a la gente y nos aplaudirían?; y las marchas nuevas, ¿serían del
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gusto de todos?… Miles y miles de dudas, y casi todas sin respuesta. Nuestro mayor temor: que nos traicionaran los nervios y en un momento determinado nos quedásemos paralizados. Porque nunca habíamos hecho algo similar. Por mucho que lo lleváramos ensayado, no teníamos ni idea de lo que sucedería en aquel momento decisivo… Tan sólo nos quedaba confiar en nosotros mismos y… que el Señor nos echara una mano desde arriba. Y por fin llego el gran día. El día que llevábamos esperando como agua de mayo desde el momento que nos dijeron la fecha exacta del concierto. Un día que cambiaría nuestra Banda y nuestras maneras de entender la música para siempre. En los momentos previos, se podía palpar la ilusión y la emoción en todos y cada uno de nosotros. Recuerdo que nos preguntábamos el uno al otro: - ¿Tú, cómo estás? ¿estás nervioso? - ¡Madre mía!…, a mi me tiemblan hasta la pestañas. - ¿Y tú? -A mí me pasa igual. ¡Venga, ánimo, que nos va a salir perfecto!... Y dándonos un abrazo, nos deseábamos suerte. -Una situación muy similar, aunque mucho más intensa, a la que experimentamos cada Domingo de Ramos cuando se oye el primer redoble del tambor reclamando atención y, por el temblor que te provocan los nervios, no atinas a ponerte la boquilla de la trompeta en los labios. Pero sigamos en el concierto. Un poco antes de que saliéramos al escenario, tuvo lugar uno de los momentos más intensos que viviríamos en este día. Fue la proyección de un vídeo sobre la “Banda de Cornetas y Tambores Amigos de Cuenca”. En él se podían reconocer a muchos de los integrantes actuales de la banda de la Junta de Cofradías y también a otros componentes que se encontraban entre el público. Fue un momento sorprendente e inolvidable: - ¡Estamos ahí!, ¡Vaya caritas! Decían con cara de asombro y anhelo. Mientras, desde el patio de butacas, se dejaban oír algún que otro suspiro. ¡Qué momentazo!, comentábamos todos después.
Ese momento se lo debemos a una persona muy especial para nosotros, pues no hay año que no nos haga varias visitas a los ensayos. Siempre tras su cámara, intentando recoger algún que otro plano inédito. Gracias, José Luis Muñoz, por tu colaboración y tu apoyo, siempre te estaremos agradecidos. Pero…, por fin llego el momento de salir a escena. Todo el auditorio se fundió en un apasionado y sincero aplauso. Fue como una explosión de emoción y un cúmulo de sentimientos que difícilmente olvidaremos: eran a la vez una alegría y una felicidad intensa que se mezclaban con el nerviosismo, ante la inmensa responsabilidad a la que nos íbamos a enfrentar y también con la extrañeza de los aplausos. Aplausos que eran nuevos para nosotros: nunca antes se nos había aplaudido tras una actuación. ¡Qué sensación! Será irrepetible, aunque volvamos, si Dios quiere, a subirnos a ese o a otro escenario. Empezamos a interpretar las marchas y los nervios no se iban. Seguían estando presentes: ¡Ya se irán!, me decía yo a mí mismo. Cosa que no pasó hasta que llegó el descanso. Nervios que no nos dejaron disfrutar, ni a mí ni a muchos de mis compañeros, de aquello por lo que llevábamos trabajando tanto tiempo. ¡Una pena!, pero es la pura realidad. Aunque estoy seguro de que esos nervios los supimos disimular muy bien y para nada se transmitieron al auditorio. No seremos nosotros quienes juzguemos si lo hicimos bien o mejor. Eso lo dejo para todos los que estabais allí. Vosotros tenéis la palabra. El descanso fue como una bocanada de aire fresco para todos. En ese momento nos pudimos relajar un poco y hablar entre nosotros de como estaba yendo todo: - ¿Nos está saliendo bien?...; - ¿estará siendo del gusto de todos?... Al terminar lo sabremos. - ¡Venga chicos que ya hemos hecho la mitad! Hay que bordarlo y que toda esta gente, que ha pagado por oírnos, se pongan en pie. Cuenca Nazarena 25
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Volvimos a salir al escenario con otra gran ovación por parte del público. Marcha tras marcha continuábamos con nuestro repertorio. Un repertorio que habíamos cambiado de principio a fin. Las marchas estaban sacadas de su partitura original. Algo que logramos con mucho esfuerzo, porque, conviene recordar, que ninguno de nosotros somos profesionales de la música y sólo nos dedicamos a ello unos meses al año. Al llegar la séptima u octava marcha, no recuerdo muy bien, tuvimos lo que para mi fue el momento álgido de todo el concierto. De repente, salen nuestros cuatro maestros solistas del tambor, se ponen al frente de la banda, y comienzan a intercambiar e intercalar toques e inverosímiles redobles entre ellos, sin que previamente lo hubieran ensayado. ¡Nos quedamos boquiabiertos! Atónitos, por la sorpresa. Nos mirábamos de reojo, perplejos, porque no teníamos ni idea de lo que estaba sucediendo. ¡Que manera de tocar el tambor! Fue impresionante. Al terminar, los cuatro recibieron el aplauso más sentido de la noche. Una ovación más que merecida, porque para tocar una caja y hacer que suene de esa manera hay que tener detrás muchas horas de ensayo y trabajo, aparte de que también hay que tener un don especial innato. Y, podéis creerme, ellos nacieron con él. ¡Vaya lección magistral!, me atrevería a decir. ¡Qué grandes sois y que espectáculo nos brindasteis a todos! Es un privilegio ser compañero vuestro. Y si todavía no tenéis el reconocimiento de la gente, cosa que dudo mucho, con el paso de los años, no cabe duda, que lo tendréis, estoy seguro. Y llegó el final…, Varios fueron los sentimientos que me invadieron cuando terminó nuestra actuación. Por un lado pena, pues había sido mucho el tiempo, el trabajo y el esfuerzo que habíamos dedicado en la elaboración de este concierto y ahora se ponía el punto y final. No sé a los que estabais allí sentados, pero a mí se me hizo corto. Por otro lado…, alivio. Alivio porque sabíamos de la mucha responsabilidad que el concierto suponía. Éramos conscientes de que el concierto podía repercutir positivamente o negativamente, no sólo para las próximas actuaciones, sino incluso para el futuro de la Banda. Para mí, si me permitís dar mi humilde opinión, y habiendo pasado ya casi un año, creo que fue altamente positivo. Cuando abandonamos el escenario, entre bambalinas, yo no sabía si reír o llorar. Todos nos abrazábamos y nos felicitábamos entre lágrimas: ¡Ya está! ¡Lo hemos conseguido! - ¡Orgullosos podéis y debéis estar!, ¿lo volveréis a repetir? Nos comentaba la gente al salir del auditorio. - ¡Sólo Dios lo sabe!, -les contestaba yo-. Aunque en mi interior estaba totalmente convencido de que sí. De que este no iba a ser, sino el primero de los conciertos que le iban a suceder a partir de este día. Este día fue casi perfecto para todos nosotros. Y digo casi perfecto porque también hay alguna connotación negativa, -no todo iba a ser “de color de rosa”-. Para mí, el aspecto negativo era cuando miraba al público y dirigía la mirada hacia la platea central, donde se suponía que tenían que estar las autoridades, y lo veía casi vacío. Eso sí es una espina que yo, personalmente, tengo clavada. Sé que no se puede obligar a nadie a participar de un evento, y si es pagando menos aun. Pero, justamente, donde había más huecos libres era donde estaban las entradas de protocolo, y por lo tanto gratuitas. Sus motivos tendrían para no asistir. Eso, al menos, es lo que yo pienso. Y con esto, no quiero
que nadie se moleste y se lo tome como un reproche, pero en los tiempos que estamos cualquier ayuda es poca. Y si no que se lo pregunten a la Comisión Ejecutiva de nuestra Junta de Cofradías, que todos los años tienen que pelear muchísimo para poder sacar adelante una Semana Santa espectacular y digna del renombre que Cuenca se merece. Lo dicho, no quiero reprocharle nada a nadie, estuvieron los que quisieron estar. Ese es mi pensamiento. Repito que es una apreciación individual que nada tiene que ver con la de mis compañeros. Quiero hacer una mención especial para nuestro director, José María Izquierdo Muñoz. Son tantos y tantos años los que lleva en este “mundillo”, que no podía pasar inadvertido en este artículo. Él es el único y principal “responsable” de lo que fuimos anteriormente en “Amigos de Cuenca” y lo que somos ahora en la “Banda de la Junta de Cofradías”. Por ello, quiero darte las gracias y hacerte una mención especial con mis palabras: Siempre serás mi director y mi amigo,… y esto quiero que lo tengas muy presente. También quisiera nombrar al Vicepresidente de la Junta de Cofradías, Antonio Abarca Contreras, por el apoyo incondicional que nos lleva demostrando todo este tiempo, y por darme la oportunidad de explicar todo lo que aconteció en aquella fecha tan señalada e inolvidable para nosotros. Gracias, Antonio, por tu dedicación hacia esta Banda. Tu Banda y tus chicos, como nos gusta oírte decir siempre. Tu presencia es primordial y fundamental para nosotros. A la Junta de Cofradías al completo, con nuestro presidente, Jorge Sánchez Albendea, a la cabeza. Sabemos de sobra lo que trabajas para poder continuar con nuestro proyecto. Son muchas las dificultades y no menos los acontecimientos, también lo sabemos. Pero hay que seguir luchando. Tu lucha será nuestra lucha. ¡Siempre te admiraré! Gracias Jorge. No quiero olvidarme de nuestras familias, las grandes perjudicadas con todo esto, que padecen y soportan nuestras innumerables ausencias por culpa de los ensayos. Gracias por vuestra comprensión y paciencia, aun sabiendo que tenemos que faltar de nuestras casas un mínimo de dos horas durante los días de ensayo, y que cuando llega la Semana Santa apenas nos veis por casa desde el Domingo de Ramos al Domingo de Resurrección. Al comenzar este artículo hablaba de la palabra sacrificio… Ellas, nuestras familias, también se sacrifican, y quizás más que nosotros. Porque, al fin y al cabo, nosotros estamos haciendo algo que nos apasiona, pero ellos… Debe ser muy duro ir una procesión y no tener a tu padre, marido, novia o novio al lado y perderte su presencia en esos momentos que son irrepetibles y que nunca volverán. Por eso quiero hacerles llegar mi reconocimiento y mi gratitud. Algún día os lo recompensaremos, tenerlo seguro. Poco es lo que puedo yo decir para todo lo que os merecéis: Mil gracias Y para finalizar, dar las gracias a todos mis compañeros. Seguir así chicos y chicas -que ya hay tres-. Y aunque haya que remar contra viento y marea no perdáis la motivación, no os vengáis abajo por nada del mundo. Las críticas que tanto daño nos hacían estos años atrás, se están convirtiendo en elogios. Y todo por nuestro buen hacer y nuestra fe en el trabajo. Quiero que sepáis que entre todos lograremos superar las metas que se nos pongan por delante: ¡un abrazo!
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Fotografía: José Andrés Jiménez
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Opinión
A modo de
Cuento de Semana Santa Por Francisco Alarcón Díaz
Julián, era un niño nacido en una pequeña ciudad de provincia castellana, en un tiempo, que como en el resto de España, imperaban necesidades, pero sobraban ilusiones y esperanzas por conseguir la normalidad, añorando mucho mientras se intentaba olvidar lo inolvidable. Los niños aprendían a hablar de aquello que se podía y a no preguntar por lo prohibido. Las organizaciones adictas, progresaban con ímpetus renovados, mientras que las otras, enterradas, soñaban con la resurrección de los justos. Julián, como todos los de su edad, lo que si aprendía con rapidez inusitada, era a amar aquello que identificaba a su Ciudad como algo intrínsico a todos sus habitantes, que habían tomado como insignia, lo que inútilmente habían intentado arrebatarle, y que en contraposición, solo habían conseguido aunarlos en una lucha sin límites por la restauración de lo expoliado y destruido por la barbarie de unas ideas mal entendidas y peor demostradas. Ya desde sus primeros días de vida, pertenecía a una de las hermandades de la Semana Santa, y con la que venía desfilando desde aquella primera vez que apoyado en un precioso cetro artesanal confeccionado por su padre, que le ayudo a conseguir una carrera tambaleante durante un escaso centenar de metros en la primavera de sus primeros pasos. Cuando apenas había cumplido seis años, ya había fructificado en él, la semilla que toda su familia al completo, y sin excepción, habían sembrado, si bien, aun le faltaba llegar, lo que para él entonces, colmaría el vaso de su infantil y corta vivencia nazarena. Apenas habían finalizado las Navidades, cuando siete días después de la festividad de los Reyes Magos de 1951, estos, atendiendo una petición de la Diputación Provincial, volvieron a la Ciudad y depositaron en los locales de unas escuelas situadas frente a su Palacio, un grandioso grupo escultórico destinado a procesionar en
la mañana del Viernes Santo, obra de un insigne imaginero que con su gubia estaba siendo protagonista principal de la restauración, en tiempo record, de los “pasos” procesionales destruidos pocos años antes; renovación ésta, que salvo alguna excepción, estaba resultando superior en calidad artística a los entonces existentes. Aquel día Julián, tenía la dicha de ser uno de los primeros nazarenos en contemplar la grandiosa obra. Llevado de la mano de aquel, que durante muchos años iba ser alma y vida de la hermandad que comenzaba a reestructurarse, contemplaba con ojos muy abiertos y llenos de asombro el recientemente esculpido grupo procesional. Contaba y recontaba sus imágenes, como temiendo equivocarse, pero siempre le daba el mismo número: ¡siete figuras, más una cruz y una escalera!. ¡Dios mío -pensaba- es el mayor de todos! Y esa idea le colmaba de ilusión y de orgullo, sintiéndose ser uno de los primeros en formar parte, de lo que él creía nueva hermandad, sin conocer entonces, que hacía casi cincuenta años que ya era cofradía, y que, merced a los acontecimientos pasados, ahora comenzaba una nueva era. Miraba repetidamente a cada una de las tallas, y se impresionaba al contemplar lo musculosos cuerpos de los sayones, rematados en rostros que solo reflejaban maldad, mientras elevaban al recién Crucificado tirando de fuertes cuerdas anudadas al madero, al tiempo que otros ayudaban la acción desde el dorsal de la cruz Intentaba adivinar, a quien representaba la imagen de cabeza recostada a los pies del Cristo, temiendo equivocarse en sus conclusiones. Se enternecía ante la expresión de la Madre al mirar a su Hijo en tan injusta escena, viendo en ella a una Virgen distinta, sin ropajes llamativos, sin corona ni otra cosa que la adornase, pero advirtiendo el rostro más bello de todas las que recordaba.
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Y especialmente, le impresionaba el cuerpo retorcido sobre la cruz de un Cristo doliente, de boca entreabierta por la que musitaban palabras de perdón para sus verdugos, por no conocer la inocencia del Justo que estaban sacrificando. Miraba a su alrededor y comprobaba como la tremenda y conseguida escena, impactaba a cuantos la contemplaban, al tiempo que se congratulaban de la llegada del que hacía ya el tercero de los grupos pasionales en su aún corta existencia como cofradía. Aquella noche Julián, tardó mucho en conciliar el sueño imaginando como el nuevo “paso” llenaría las calles de su Ciudad, y lo intentaba adivinar, por un lado, como doblaría por las cerradas curvas, y por otro temiendo que no pudiera pasar por la estrechez de algunas de sus callejuelas, y el vaivén majestuoso y lento que mostraría cuando el desfile discurriera por las calles más anchas de su recorrido, al compás del golpear de las horquillas de los muchos banceros que sin duda portarían el colosal grupo, añorando ya, desde ese momento, que algún día, aunque éste aun estuviese lejano, llegar a ser uno esos nazarenos llenos de fuerza para soportar el descomunal peso del nuevo “paso”. Deseaba que llegara el día, para ufanarse ante sus amigos de barrio y compañeros de colegio, al contarles que el “paso” de su nueva hermandad, era el más grande y el que más pesado de todos. Tardó mucho hasta quedarse dormido, prolongando en sus sueños las mismas ilusiones y temores. Muy largos se le hicieron los dos meses y pocos días más, para que aquellos sueños se hicieron realidad, hasta que finalmente, en la mañana del 23 de marzo, Viernes Santo, poco después de las once de la mañana y desde el antiguo convento Franciscano, tras un improvisado guión color crema, montado sobre burdo mástil de madera, sin escudo y sin faroles a sus lados,
vestido con túnica tierra, capuz y fajín gránate, portando el mismo cetro aquel que le preparara unos años antes su padre, Julián acompañaba por vez primera a una hermandad que sacaba a las calles de la ciudad, un nuevo grupo pasional en grandes andas cubiertas de verde hiedra, que causaba la admiración y el agrado de todos los que lo contemplaban en este su primer desfile. Y después, Julián siguió creciendo al unísono de su nueva hermandad, y aquel cetro se le quedó pequeño, y lo cambió por la tulipa. Y fue portador de los primeros, y ya viejos faroles, de la cabecera del desfile, que otra cofradía había sustituido y donado a la suya porque seguía careciendo de ellos. Y más tarde, llegó aquello que tanto había añorado, y que colmaba sus ilusiones y esperanzas, porque por vez primera desfilaba bajo el banzo soportando el sagrado peso de su paso, aunque aportando más esfuerzo con la voluntad, que con las medidas fuerzas que podía prestarle su cuerpo todavía adolescente, pero aun así, apoyado en la férrea horquilla que golpeaba rítmicamente sobre el empedrado, se sentía el nazareno más dichoso de aquella Semana Santa. Aun hoy, cuando ya han pasados bastantes años, a Julián le sigue aflorando desde lo más íntimo, una oración de petición de perdón cuando visita a su Cristo, y sigue considerando a su Virgen como la más guapa de todas, y sigue sin decidirse por la identidad de la figura con cabeza recostada a los pies del Crucificado, y sigue viendo la fealdad y maldad en los rostros de los fornidos sayones, y continúa emocionándose al verlo desfilar todos los Viernes Santos por el incomparable marco de su ciudad castellana, cuando sus banceros anuncian con su especial golpear de horquillas, que el primero de los de la “Procesión de los Cristos”, el que va derramando perdón mientras es elevado a los cielos de la Ciudad, ya está abriendo la procesión que él sigue llamando “la de las once”. Cuenca Nazarena 29
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A María La gracia del Señor puso en ti toda la belleza y toda la ternura, en aquel momento supremo. Cubrió con sus alas tu candor de adolescente para que nadie pudiera herirte, ni manchar tu nombre ¡María! Con sutileza te eligió entre todas las mujeres que existían, desveló la pureza que irradiaba de tu ser, sin mácula alguna y tus ojos se abrieron a un mundo nuevo… El estupor de repente cegó tu mirada, ignorabas el gran Misterio que acontecía a tu alrededor, temblabas como las hojas del árbol de la vida, un silencio y a la vez una inquietud se extendía por todo el campo sin fronteras y un júbilo de luminarias invadió de pronto toda la tierra… El árbol crecía y crecía a tu alrededor, hacia el Cielo, con ramas poderosas que se movían como rayos de luz descendiendo despacio y caían sobre tu cuerpo, atónito y sorprendido. El gran Misterio había sido revelado… El Universo entero, bendecía tu nombre ¡María..! Madre de Dios y Madre Nuestra…
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Opinión
Soporto la carga por vosotros, que me lleváis sobre vuestros hombros. Solo así consigo llevar esta Cruz. Cruz que compartís conmigo y os convierte en mis nuevos Cirineos. Termináis de sacarme a la calle. Se han abierto las puertas del Salvador, donde he permanecido todo un año y donde habéis venido a visitarme. He seguido estando presente en vuestras vidas, de otra manera… Oigo los clarines de la mañana; los tambores, con eco profundo, suenan al unísono. Sé que no queréis burlaros de Mí, aunque así lo parezca. La turba me sobresalta, os escucho a través de la confusión y percibo las plegarias que entonáis bajo los capuces morados. Sé que en vuestros corazones hay, además, unas profundas ganas de renovación. Me pesa la Cruz pero noto vuestra fuerza en este mágico escenario. Parece que estabais esperándome cada uno con vuestro motivo personal. Tradicionalmente madrugáis este Viernes Santo para venir a por Mí. Y yo quiero correspondeos como merecéis. El recorrido me sorprende cada año. Vuestro entorno es impresionante. En vuestras empinadas calles me regocijo, como si de mi tierra se tratase. Continúa el paso de La Caída, porque el peso me sobrepasa, pero os siento cerca y me ayudáis a levantarme. ¡Levántate conmigo! Y más allá advierto la compañía de San Juan, que luce su palma y su manto aterciopelado. Veo que me sigue la Verónica, con rostro compungido que se conecta con el mío, que ya está muy demacrado. Y al final, terminando el cortejo, no falla: ¡Mi Madre!, en Soledad perpetua. El golpe de yunque le hace deslizarse por Alonso de Ojeda a los acordes del motete. Silencio roto. Transcurrir en Cuenca de otro Santo Viernes que a vosotros envuelve. ¡Qué bien estoy con vosotros!
Carmen Herráiz Yébenes
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Fotografía: Luis Miguel Caballero
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Opini贸n
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Año 1955
Aquellas Semanas Santas (I) Por Miguel Romero Sáiz, Nazareno
Vienen a mi cuenta unos curiosos papeles, siempre bien recibidos, que empolvados por el tiempo nos hablan de anécdotas o datos curiosos referidos a nuestra singular Semana Santa en tiempos de penurias, como los que ahora pasamos. En la Memoria de la Junta de Cofradías del año 1954-55, sus responsables nos manifiestan las dificultades que atravesaron para poder ajustar los gastos que generaba su puesta en escena y lo expresaban con ese mismo sinsabor que ahora nos toca, tal vez, en ese parafrasear que algunos afirman cuando dicen “la historia siempre se repite, amigos.” Cuenca, era por aquellos años, una ciudad de provincias, de perfil conservador en sus estructuras, pero de profundo y hondo sentimiento nazareno. Tal como ahora, la Junta que regía los destinos de esta festividad religiosa que agrupaba el sentimiento de un pueblo volcado hacia su Semana de Pasión, se esforzaba para conseguir hacer, cada vez más grande, sus manifestaciones religiosas donde la dignidad de su celebración fuera envidia, como así parecía ser, de otros lugares de la geografía nacional. Todo se confabulaba en el tiempo, el mismo que se angostaba porque la petición de ayuda económica al Consistorio municipal no llegaba y la fecha de celebración estaba “casi a vuelta de la esquina”. Habían solicitado 25.000 pesetas para poder afrontar la propaganda y la contratación de Bandas de Música, Cornetas y Miserere. Todo hacía presagiar un desenlace de pánico. Sin embargo, todo debía seguir su curso y, sin el dinero necesario concedido, había que afrontar las deudas que conllevarían los gastos. La Junta dictaminaba su puesta en escena: “La propaganda se compuso de Cartel, Folleto y Tríptico. El primero con motivo alegórico del Santísimo Cristo de la Agonía, flanqueado por dos capuces y sirviéndose de fondo las Casas Colgadas, que gustó extraordinariamente. Fue encargado en número de 2.000 ejemplares a la Casa Huecograbado y Arte de Bilbao, que presentó la oferta más ventajosa. De este número, 400 carteles fueron distribuidos en todo Madrid, por la Agencia Alas previo concierto con esta Junta. Otro número no inferior al anterior fueron enviados por nosotros a la Agencia de Viaje para que los llevasen a Centros Literarios de Recreo, Hoteles de 1ª categoría de Levante, Aragón y Cataluña, provincias fronterizas y limítrofes, sin olvidar Estaciones férreas de las líneas Madrid-Valencia y circundantes, así como Paradores de Turismo y pueblos de nuestra provincia. El folleto impreso en huecograbado a un color, de 24 páginas, de alto valor artístico y con un meritorio trabajo literario de don Eduardo Zomeño, fue confeccionado en número de 2.000 por la Casa Hijos de Fournier de Vitoria, que nos ofreció las mayores garantías y que fue también del agrado de todos. Distribuido entre nuestras autoridades, fue también enviado a las Embajadas extranjeras acreditadas en España, así como a Centros Literarios y Culturales de nuestra Patria. El Tríptico de confección vistosa y esperada, fue repartido entre el sector comercial e industrial de nuestra capital, que con el programa de los desfiles procesionales y la propaganda de sus actividades, fueron distribuidos por ellos mismos, contribuyendo de esa forma a la mayor eficacia de nuestra propaganda. Cuenca Nazarena 35
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Opinión
En cuanto a las Bandas de Música, al no disponer de presupuesto para ello y teniendo dificultades para conseguir poder subsanar este servicio, se desestimaron aquellas que tenían un elevado número de participantes, ya que no se disponía de alojamiento para tanto personal, en gasto y espacio. Fueron elegidas, por tanto, la Banda de Música de Puebla de Almenara que ya había actuado en los dos años anteriores por contar con un reducido número de ejecutantes, y porque ponen siempre de manifiesto su entusiasmo, actuando con gran frecuencia a lo largo del recorrido procesional, así como la cuidada ejecución de las marchas fúnebres que componen su repertorio. La otra fue la Banda municipal de Chelva (Valencia), que deseaba a toda costa actuar en Cuenca, dejando una buena impresión, aunque su programa era del todo desconocido para los conquenses. Las dificultades económicas se acrecentaron para contratar la organización del Coro que habría de interpretar el Miserere y para ello, se contrataron unos ejecutantes profesionales residentes en Madrid, para lo que hubo que desplazarse a la capital de España para gestionarlo, haciéndolo el vocal de la Junta, don Alfonso Cabañas Cabeza. La actuación del mismo, fue francamente buena. La contratación de la Banda de Cornetas y Tambores del Frente de Juventudes fue más dificultosa que otros años, por pedir el doble que el año anterior, es decir, unas ocho mil pesetas y ello provocó el que se desistiera de su actuación, tomando la determinación de que las hermandades de Nuestro Padre Jesús Nazareno del Puente y la de San Juan Evangelista, se unieran, uniformados con túnica y turbante al estilo hebreo y fueran las que organizaran la marcha procesional. Su actuación fue francamente buena, excepto la procesión del día de viernes santo (11 horas) que abandonaron en la primera mitad del recorrido sin advertir causa alguna, dejando la misma en el puente de la Trinidad. La gente quedó sorprendida.”
Cierto es, bien lo han dicho las Escrituras por tiempo y forma, que no hay razones que puedan delimitar las formas del ser humano, pues en tiempos de holgura, como en tiempos de escasez, el sentimiento siempre define y hace valer su fuerza. Por eso, una manifestación religiosa como es nuestra Semana Santa, que aglutina lo que bien llamamos Fuerza de la Costumbre, aferrada a la razón de una devoción en fe y credo, para un pueblo, como el conquense, hecho a fuerza de tradición, vinculado a una Tierra de pobreza económica pero de grandeza de corazón, siempre ha superado todo tipo de dificultades que bien pudieran limar su esperanza. Cuenca, la ciudad de las Hoces, la que hace grande el espacio del transeúnte, alivia el desánimo con la belleza de su entorno y acaricia la solemnidad con sus rincones poéticos, luminosos y artísticos, no se amedrenta nunca y menos en tiempos malos, de antes y de ahora, porque en su Semana de Pasión se conjugan los valores más intrínsecos del conquense, sacando a la luz, su amor vocacional hacia cada Paso y hacia cada Cofradía, sintiendo como nadie ese misticismo subjetivo que le hace sentirse grande y hacer sentir grande al que hasta aquí llega. Eso es Cuenca, nuestra Cuenca pasional. En aquel año de 1954 y ejecución de la Semana Santa de 1955, las penurias económicas agudizaron la vida pastoral y tradicional de la ciudad. En clave de esperanza, la Junta solicitaba hacer más grande es espacio pasional para que Cuenca fuera todavía más admirada fuera de nuestras fronteras. Pero había que empujar a renovar la salud de la ciudad en todos los sentidos. Por eso, decía la Memoria de la Junta de Cofradías: “San Andrés se nos hunde. La humilde iglesia situada en uno de los rincones más típicos de nuestra ciudad, que nos fue cedida por el Ilustrísimo y Reverindísimo Sr. Obispo, para depósi-
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to de Andas y Enseres de Hermandades, esos objetos adquiridos sabe Dios a costa de cuantos innumerables sacrificios, precisa de reparación urgente. Anhelamos instalar en ella un Museo de nuestra Semana Santa. Pero hemos de hacer en la misma, obras urgentes sin disponer de medios, si queremos evitar su total derrumbamiento. Pensado tenemos recurrir a los más altos Poderes solicitando ayuda. Quiera el Señor que la misma nos sea concedida.” Y así, entre tantos devaneos semanasanteros, Cuenca se debatía, anhelante, para poder configurar lo que para todos era la mayor festividad del alma y del cuerpo. Los tiempos han pasado, más de medio siglo ha transcurrido desde aquellas manifestaciones y ya en el deseo del nazareno más enclaustrado estaba la consecución de un Museo para albergar la más grande de las tradiciones de este pueblo conquense. Hacer un Museo, lo que después de tantos y tantos años, pudimos lograr y ahora es ejemplo y reclamo de visitas. Un logro buscado después de penurias, esfuerzos, luchas incesantes y sacrificios constantes; pero un logro conseguido que ahora, con orgullo, debemos hacerlo más nuestro, sentirlo más de cerca y hacer, no solo que no se debilite y se pierda, sino que crezca y siga haciéndose grande, porque ahí está la esencia de todo un pueblo que vive y revive su especial Semana de Pasión, la mejor del mundo, seguro. Todo tenía un contenido espiritual, pero todo expresaba un constante esfuerzo y sacrificio en esa lucha universal que ofrece al nazareno de a pie, afrentar su sentimiento hacia la Institución pública, política y administrativa, que pueda y deba avalar con su protección financiera el seguir haciendo cada vez más grande lo que define a un pueblo: su tradición.
En el espíritu de aquellos hermanos, dirigentes de la Institución Cofrade Conquense, siempre se reflejaba su deseo de esperanza y de mejora, creyendo en el futuro como el emblema de presente porque así, de esa manera, hacían más grande el caminar de los jóvenes. Y es lo mismo que deberíamos hacer ahora, por eso Cuenca siempre será grande, tanto como nosotros, sus hijos, queramos hacerla. Y así lo manifestaban: “No creemos que en este año de 1954-55 se haya realizado mayor esfuerzo en ciudad alguna, en otra capital de España, que el que hemos hecho en Cuenca. Pero estamos obligados a superarnos, pues a nosotros llegan informes de otras ciudades, que reconociendo lo expuesto anteriormente, desean seguir nuestro ejemplo. En este caso están, Crevillente, Santander, Albacete y Tarragona. Estas que antes lo fueron y otras, como Guadalajara y hasta un sitio tan lejano como San Cristobal de la Laguna en Tenerife, lo son de ahora. Estos lugares de la Patria nos piden ayuda y colaboración. ¡Qué buen ejemplo el nuestro¡ Nuestra propaganda ha sido solicitada en todos los rincones del Mundo (San Francisco de California, América del Sur, Países Europeos). A todos atendemos, pero hemos de ir más allá e ir a más. Acostumbrados al sacrificio nos duele el continuar en esta situación. Conocemos nuestras necesidades. Hay que mejorar la mayor parte de nuestros Pasos. Otros hay que renovar. No deben de salir ni faroles de hojalata pintados de blanco, ni plataformas de madera mal pintadas.” Sigamos, por tanto, haciendo cada vez más grande nuestra Semana Santa y así haremos grande nuestra ciudad y nuestra ilusión de futuro. Cuenca Nazarena 37
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El Miércoles Santo de 2013, llovió en Cuenca, mas que agua.
Fotografía: Marta González
Por Rafael Torres
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Cuando se cumple ahora un año de la procesión del Silencio de 2013, y después de haber dejado que el fluir del tiempo la apartara de la tertulia y comentario del escenario nazareno. Creo con determinación, que el Miércoles Santo de la pasada de la Semana Santa pasará a las crónicas y memorias nazarenas, como el de la controversia y polémica por la predisposición de las hermandades que componen la Procesión del Silencio a procesionar bajo unas condiciones climatológicas, vamos a decir, inciertas. Por otra parte, y por lo que me toca, decir que en todo momento se actuó en consecuencia con lo que establece el protocolo de actuación en caso de inclemencias meteorológicas adversas para este desfile.
PROTOCOLO DE ACTUACIÓN EN CASO DE INCLEMENCIAS METEOROLÓGICAS. 1.- Si a las 19.00 horas, hora oficial de salida de la procesión, a causa de las inclemencias meteorológicas fuese imposible iniciar el desfile procesional, se esperará un máximo de 1 hora, es decir, hasta las 20.00 horas. Si llegada esa hora persistiesen las causas que motivaron el retraso del inicio del desfile procesional, ésta quedará suspendida. 2.- Si una vez comenzada la procesión, la lluvia hiciese acto de presencia en las proximidades de la Iglesia del Salvador, las
hermandades afectadas buscarán refugio en esta Iglesia o en la de San Andrés. 3.- Si la lluvia apareciese en las proximidades de la Plaza Mayor las Imágenes se refugiarán en la Catedral y en el Palacio Episcopal. Llegados a este punto, los representantes de todas las Hermandades decidirán, por mayoría, la reanudación del desfile o su suspensión definitiva. 4.- Una vez iniciado el descenso, caso de aparecer la lluvia a la altura de la Puerta de San Juan, se reunirán todos los representantes en la Hermandad de San Pedro, para tomar la decisión que consideren más conveniente, debido a la imposibilidad que algunas Hermandades como la Santa Cena, Jesús Orando en el Huerto y San Pedro Apóstol, tienen para refugiarse en la Iglesia de San Andrés, lo que las obligaría a estacionarse a lo largo del recorrido o bien terminar el desfile. Las Hermandades del Ecce-Homo de San Miguel y la Virgen de la Amargura, si lo estiman conveniente, podrían regresar al Palacio Episcopal o a la Catedral. 5.- La suspensión de la procesión no impedirá que los pasos que desfilan en la misma se dirijan a sus puntos de finalización o salida, utilizando para ello los medios que estimen convenientes. Borrador del acta de la Junta de Diputación del 4 de diciembre de 2012.
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Fotografía: Julio Palencia
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Crónica del Miercoles Santo, 27 de marzo de 2013. El Miércoles Santo del 2013 despertó, como los días anteriores, con una lluvia intensa que no hacía presagiar nada bueno de cara al desfile procesional de por la tarde. Así, en todos los ambientes nazarenos la percepción que se tenía tras mirar al cielo era: “¡Ea, otra que se suspende!”. Con la incertidumbre atmosférica puesta en las alturas y nuestro ruego y oración dirigidos al Cielo, media hora antes del inicio de la procesión, nos reunimos dentro de la iglesia de San Esteban los representantes de todas las hermandades que componen el desfile y el presidente de la Junta de Cofradías. Aunque había estado lloviendo durante todo el día, en esos momentos no lo hacía. Además, los más optimistas creían atisbar la apertura de algunos claros en el entoldado nuboso que cubría la ciudad. Tras las deliberaciones de rigor entre los representantes de las hermandades en la Junta de Cofradías, se decidió que el presidente de la institución nazarena realizase la llamada pertinente a la agencia convenida para conocer su pronóstico de lluvia para las próximas horas. La llamada se realizó con el móvil del presidente con el sonido puesto en manos libres para que todos escuchásemos, directamente y ningún tipo de mediación las notificaciones de nuestro interlocutor, que fueron las siguientes: “Existe un cierto riesgo de chubascos dispersos y poco activos durante la próxima hora y media. A partir de las 2:30 horas, podrían llegar nubes más activas. En mi opinión, el riesgo de lluvia es del 30% en este momento, bajando gradualmente a partir de una hora”. Con ese pronóstico, y tras unas pequeñas consideraciones sobre lo que acabábamos de escuchar; informados de que en ese momento no llovía; guiándonos por el protocolo de actuación; y encomendándonos al Altísimo… Las siete hermandades allí representadas, tomamos la decisión, por unanimidad, de iniciar la Procesión del Silencio de 2013, y, de esta forma con el centésimo octavo de desfile.
La Venerable Hermandad de Jesús Orando en el Huerto salió de la parroquia de San Esteban a las 19:15 h. En ese momento no llovía, y así lo confirman y atestiguan varios medios de comunicación escritos y digitales de la ciudad de Cuenca, y lo corrobora el que esto escribe. Veinticinco minutos más tarde, salía de la iglesia el paso del Prendimiento de Jesús. Cuando la cabecera de la procesión se encontraba por la calle de Las Torres comenzó a caer una fina lluvia. Rápidamente los dos representantes que en ese momento íbamos en la procesión, y siguiendo el protocolo, decidimos continuar hacia las iglesias de El Salvador y de San Andrés, sin prisa pero sin pausa, con claro propósito de suspender la procesión en ese punto, si la lluvia no cesaba. A la altura de la Puerta de Valencia las precipitaciones cesaron por completo. Las comunicaciones fluyeron entonces por los intercomunicadores. Con la banda de la Junta de Cofradías ya en la calle del Peso, y la incorporación de la hermandad de la Virgen de la Amargura con San Juan Evangelista, se decide continuar con el desfile procesional con completa normalidad y lucimiento, hasta alcanzar la Plaza Mayor y proceder al merecido descanso. Y ahora, pregunto yo: ¿A alguien de los que estábamos en la Plaza Mayor, se nos pasó por la cabeza ni la más remota posibilidad de suspender la procesión cuando se encontraba en la Plaza?; ¿Alguien podía prever la que, momentos después, se nos iba a venir encima? La respuesta es “no”. Rotundamente, no: no, porque de haber existido la más mínima duda los pasos se hubieran guardado en la Catedral; no, porque si no las hermandades que salen de la Iglesia de San Pedro no hubieran iniciado su desfile hacia la Plaza Mayor; no, porque si no la Santa Cena no se hubiera movido de la Catedral.
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Fotografía: Julio Palencia
Pero, sigamos con el relato del desfile procesional. A las 22:30 horas, se inicia el descenso tras un descanso más corto de lo habitual, debido a la intención de todos de finalizar antes de las tres de la madrugada, -hora en la que la agencia consultada había pronosticado posibles precipitaciones más intensas-. Cuando la hermandad de la Santa Cena se encontraba ya descendiendo por la calle de Alfonso VIII, estando su cabecera a la altura de la confluencia con la calle Zapaterías, se desató una fuerte tromba de agua que, como siempre, desencadenó el desconcierto y la indecisión en las hermandades que ya habían iniciado su desfile: los pasos de la Oración del Huerto y del Prendimiento consiguen refugiarse bajo los arcos del ayuntamiento; mientras, la hermandad de la Santa Cena, ante la persistencia e intensidad de la lluvia, decide desandar el camino andado y regresar a la Catedral, -lugar del que había partido apenas treinta minutos antes-. En su intento de maniobra, cuando llegan a la ante plaza se encuentran que el paso del Huerto les impide seguir avanzando. Se produce, entonces, una conversación de los directivos de la hermandad de La Cena conmigo, por mi condición de representante de la Oración del Huerto en la Junta de Cofradías, manifestándome su propósito de dirigirse a la Catedral, para lo cual era necesario que el paso de la Oración se retire de debajo del arco central del ayuntamiento. Yo les contesto que la procesión no está suspendida y, por lo tanto las actuaciones y decisiones que se tomen han de hacerse de forma consensuada, tal y como marca el protocolo establecido al efecto, y que inmediatamente se va a proceder a celebrar una reunión en el lugar convenido, donde los máximos responsables de la organización del desfile procesional dispondríamos cómo se tenía que actuar. Se producen entonces las lógicas reacciones de enfado y contrariedad de los que, indudablemente, se encuentran más desamparados y perjudicados en toda esta situación que son los nazarenos de la Santa Cena, concretamente algunos miembros de la junta de Diputación y de alguno de sus banceros. Pero nada más. Nada de nada de enfrentamientos o insultos entre los miembros de las hermandades implicadas como se ha venido manteniendo en las tertulias, círculos y foros de opinión nazarena.
Nada que estuviera fuera de toda lógica, ante una situación en la que una hermandad se encontraba claramente perjudicada. Y que estoy convencido que la actitud y el comportamiento hubiera similar, por parte de las dos hermandades de haberse cambiado los papeles y haber sucedido al revés. Os aseguro que la relación entre La Cena y el Huerto de San Esteban ha sido y es perfecta, inalterable e imperturbable, conservando la amistad y la hermandad como no puede ser de otra manera. En la ya mencionada reunión, y ante la situación de fuerte lluvia que estaba cayendo, se realiza, por parte del presidente de la Junta de Cofradías, una nueva llamada a la agencia meteorológica que teníamos de referente, con el fin de consultarle un nuevo pronóstico. La conversación es escuchada por todos, y la persona responsable del servicio vuelve a ratificar la misma predicción anterior: “No se espera lluvia hasta las tres de la madrugada. Las precipitaciones de este momento se tratan de un chaparrón primaveral totalmente circunstancial e impredecible y que pasará rápidamente” .Después de esta información, los representantes decidimos esperar cinco o diez minutos para ver si cesaba la lluvia, y si no ocurriera así la procesión se suspendería definitivamente. Conforme a lo que deseábamos todos, nazarenos y público expectante, la lluvia cesó antes de que se consumiera el plazo establecido, por lo que los siete representantes reunidos, y otra vez por unanimidad, decidimos reanudar la procesión, reorganizándola de inmediato y acelerando su desarrollo todo lo posible. Tras este incidente inicial, el resto del descenso se realizó sin ningún contratiempo hasta las mencionadas tres de la madrugada, donde la lluvia volvió a hacer acto de presencia, esta vez sí fiel a su cita, y cuando ya las hermandades estaban llegando a la Parroquia de San Esteban. En esta ocasión la lluvia no tuvo mucha duración, por lo que no interfirió en la retirada de las hermandades que lo hacen en ese punto ni en la continuación de las dos que prosiguen hacia El Salvador. He querido relatar, detalladamente, lo que realmente ocurrió en el desfile para que, ahora, todos, podamos emitir opiniones, juicios de valor o simplemente reproches teniendo más información. Cuenca Nazarena 43
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Fotografía: Pablo López Martínez
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En una Semana Santa tan particular e inédita, como la que nos estaba tocando vivir,… con las tres primeras procesiones suspendidas, no es de extrañar que hubiera muchas ganas de” sacar los santos a la calle”, y, que quede muy claro, que con este argumento no justifico, para nada, la decisión final de salir. Pero que, consciente o inconscientemente, también influyó, es innegable. Con la información que se contaba cabía la posibilidad de que el desfile se pudiera desarrollar. Y, ante esa probabilidad, Cuenca tenía que tener su Semana Santa en las calles. A manera de respuesta para todos aquellos que, abanderando la idea de la “extrema sobreprotección” de las imágenes, censuran y califican de inconscientes, irresponsables y hasta de “terroristas del patrimonio nazareno”, o de afán de protagonismo, a quienes, en un momento determinado y ante unas condiciones meteorológicas cuando menos inciertas, decidimos salir en procesión, decirles que nada hay más alejado de la realidad que lo que se desprende de sus acusaciones. En primer lugar, las tallas no son tan frágiles como argumentan: las imágenes destinadas al culto y a procesionar, en su policromía incorporan un tratamiento protector a base de productos destinados a proteger tanto la policromía original como la madera en la que están esculpidos, de las condiciones ambientales de humedad, cambios de temperatura de los templos donde se encuentran durante el año y de la posible lluvia que les pudiera caer cuando se encuentran procesionando. Ahora, eso sí, una vez que se han mojado debe procederse con exquisito cuidado y esmero a su rápido secado, utilizando para ello los métodos que de sobra son conocidos por todas las hermandades y que ahora no es el momento de exponer. Por otro lado, los que en un momento de nuestra vida decidimos implicarnos más activamente en la dirección de una hermandad lo hacemos, siempre, por los sentimientos de amor que sus sagradas imágenes significan para nosotros. Y, fieles a esos sentimientos, somos los primeros en extremar su cuidado y conservación. Además ahora contamos con un buen elenco de magníficos profesionales de la restauración que están en contacto permanente para asesorarnos sobre la manipulación y el mantenimiento tanto de las tallas como del resto de los enseres. Por cierto, muchos de esos informes determinan que algunas tallas se están dañando más en los templos en los que se encuentran a causa de iluminaciones improcedentes, que el daño que podrían sufrir por la lluvia: focos halógenos; velas;, radiadores
cercanos; tratamientos inadecuados realizados con la mejor de las intenciones,… han causado muchos más daños y deterioro a las imágenes que el agua proveniente de un inoportuno chaparrón. Pero bueno, esto, sin duda, daría para un amplio debate. Creo personalmente que, en los últimos años, si existe una preocupación constante en las directivas de las hermandades, ésta es por el cuidado y la conservación del patrimonio artístico de las mismas. Actualmente ninguna hermandad permite, ni a nadie se le ocurriría, tocar nada sin el pertinente informe de un profesional en la materia. Con la única finalidad de intentar que todo permanezca inalterable al paso del tiempo, y, conservándolo en las mejores condiciones posibles, poder seguir rindiéndoles culto y desfilar, inmortales, generación tras generación. En definitiva y a modo de conclusión personal, creo que el balance final del desfile del Miércoles Santo de 2013 fue, en líneas generales, positivo. Pese a las dificultades, se pudo cumplir de una forma digna con el objetivo final y primordial que toda hermandad tenemos, y que no es otro que procesionar con nuestras sagradas imágenes de una forma lucida y digna, para rememorar, con las respectivas escenas representadas, los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Bajo mi punto de vista, quiero dejar bien claro que mi hermandad estuvo siempre donde tubo que estar: desfilando; acatando las directrices que, por unanimidad, tomamos los responsables del desfile de este Miércoles Santo y actuando siempre tal y como marcaba el protocolo de actuación establecido para inclemencias meteorológicas adversas. Es posible que nuestra postura fuera muy atrevida y, por lo tanto, difícil de comprender por otras partes. Pero me mantengo firmemente que por “Ella”, por la Semana Santa de Cuenca, mereció la pena. No quiero dejar de lado a los hermanos que pensaron que no debimos haber salido con las circunstancias atmosféricas existentes. Solo les pido que entiendan que cuando tomas una decisión esta puede ser acertada o equivocada y la suerte, o la divina providencia, es la que finalmente nos hace salir triunfadores o perdedores. Pues que así sea. Mi gratitud y reconocimiento a la Banda de Tambores y Trompetas de la Junta de Cofradías, que hago extensiva también a la Banda de Música de Cuenca y a al resto de las que desfilaron en ese día, por no abandonar a las hermandades a las que acompañaban en ningún momento, aun sabiendo que podían haberlo hecho utilizando el protocolo de lluvia para bandas de música.
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Fotografía: Antonio Abarca
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Fotografía: Julián Recuenco
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Por Gregorio Martínez de las Heras Quién no tiene un amigo o a un pariente que, estando bautizado y creyendo en Dios, declara no ser practicante? Todos conocemos personas que creen pero no practican, pues no participan en la vida de la Iglesia. Somos conscientes de la gravedad de la crisis económica que estamos atravesando, pero no se trata sólo de una crisis económica, sino otra peor, que es la de valores. Se nos quiere llevar a un modelo de sociedad basado en la cultura del relativismo, en base a una exaltación de la libertad basada en la supresión de las obligaciones y responsabilidades. Sabemos que el relativismo intenta crear un nuevo tipo de ciudadanos, buscando liberar al hombre de sus ataduras más profundas, es decir crear una libertad sin obligaciones ni responsabilidades, cuyo eslogan es “la libertad os hará verdaderos”, en contra de lo que Jesucristo dijo “la Verdad os hará libres” ( Jn8, 34). <<Es innegable que Europa sufre un fenómeno de secularización: la existencia del hombre se concibe al margen de cualquier aspiración a una trascendencia. El fenómeno es de tal amplitud, que, incluso entre los cristianos, la fe aparece como algo colateral, como una guinda sobre la tarta; si no cada fin de mes, al menos cada fin de semana: se es católico una buena parte del domingo por la mañana, ¿no es verdad? Es decir, al menos, cuatro o cinco minutos durante la Misa…Lo humano parece haber perdido su legitimidad. Ya no vemos por qué hay que engendrar niños; por qué no, más bien, abortarlos (nihilismo), o fabricar androides (tecnocracia), o preferir tener un perro (ecologismo), o envolver a pequeños fanáticos en pañales repletos de explosivos (fundamentalismo)…Ante estas herejías posthumanistas, cada vez adquirimos más conciencia de que el Evangelio habla de una transformación del hombre que es una conversación de lo humano>> (Fabrice Hadjadj-Cómo hablar de Dios hoy.) Mucha gente dice o por lo menos, lo piensan y actúan con algo parecido a esto. “Soy cristiano, pero sin Cristo. El cristianismo ya no me llena y muchos menos la Iglesia. No me da lo que necesito, no resuelve mis problemas y se me hacen muy pesados sus rezos, misas sermones”.Para ellos Dios no existe. Para unos, Dios ha muerto definitivamente en nuestra cultura: “¿para qué lo necesitamos?”, o en el mejor de los casos, “¿dónde encontrarle?” (Ludwig Wittgenstein) Cuenca Nazarena 47
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Muchos se consideran autosuficientes para realizarse como personas pensando que cambiar el mundo y el orden de las cosas solamente depende del hombre, y que todo debe girar a gusto del hombre amoldándose a sus caprichos. En nuestra sociedad de hoy que es consumista y hedonista, lo que prima es el bienestar particular y allá cada uno con sus problemas. Pero ya no existe la vergüenza. Son nuevos tiempos. Cada cual interpreta ahora su propio código de conducta, hace lo que cree y le viene en gana. Se han perdido valores como la puntualidad, el compromiso, la respuesta seria y responsable, el respeto, la sinceridad, el honor, la justicia, la libertad, la palabra , la dignidad y… todos los que queramos añadir. Los hombres de hoy, hombres modernos, se encierran en una gran contradicción, porque modernos son los que cumplen con los valores innatos en toda persona que se precie de serlo, se esfuerzan en cumplir, se erigen ahora en dueños de sus propios valores y desechan todo lo que desde el principio les fue escrito en lo más profundo de su ser y los conforma y les da dignidad. Es el que ahora determina lo que está bien y mal, y en consecuencia actúa. Echamos una mirada al mundo que nos rodea y nos da miedo. Ya no tenemos seguridad en nada. Desconfiamos cada vez más unos de otros y nos encerramos como en una burbuja sin importarnos el otro. “Yo soy yo y mis circunstancias” (Ortega y Gasset). Grave error “Los hombres se equivocan si se creen libres; su opinión está hecha de la consciencia de sus propias acciones y de la ignorancia de las causas que las determinan” (Baruch Spinoza) Se está perdiendo a raudales el hecho de ser cristiano y más aún de manifestarlo en público. A mí no me da vergüenza que haya personas que se autodefinan como ateos, aunque personalmente dudo que no crean en un Dios, sino que no quieren creer, pues ello les conduciría a efectuar cambios en su forma de vida. Lo que más vergüenza me da es que haya tantos católicos que se avergüencen de ser creyentes; y esto no solo ocurre entre los no practicantes, sino también entre los que van a misa e incluso comulgan con frecuencia. Pero, ¿de qué tenemos miedo los cristianos? Entre los jóvenes se está dando un hecho curioso: No les importa alardear de que son banceros, porteadores o costaleros de su Semana Santa, y ello debe implicar una devoción a Cristo o a la Virgen. Si hay que hacer en grupo el camino de Santiago, no lo ocultan y si hay que ir a una concentración con el Papa lo mismo
y la realidad es que todo ello lo hacen con un auténtico espíritu cristiano, pero luego muchos de ellos no son capaces de decir en su grupo que son cristianos creyentes y practicantes, o que se marchan del grupo porque es Domingo y se van a misa. ¿Qué explicación tiene ese comportamiento? Hay que tener en cuenta que existe un plan contra la Iglesia prácticamente desde sus orígenes. Siempre hubo un poder contrario a ella, movimientos de ideología gnóstica a lo largo de toda la historia que propiciaron cambios sociales importantes en los que la Iglesia siempre quedó diezmada. El invierno espiritual que vivimos en este momento es producto de una manipulación laicista. Creer en patrañas como pitonisas y videntes es síntoma de ese vacío espiritual; es algo lúdico, como un juego sin compromiso. Muchos que se tienen por creyentes, tienden a vivir “como si Dios no existiera”, y en consecuencia, se prescinde de Él, ya que lo tienen como una cosa irreal y fantástica y que la Iglesia es un invento de curas y monjas para fastidio del ser humano. El problema radica en que se cree que las cosas de Dios son aburridas y pesadas y las otras cosas que ofrece el mundo son más divertidas y llevaderas y esto lleva a una visión distorsionada para aquel que dice ser creyente o tiene fe en Dios. Vemos que por ejemplo el ser bancero de nuestra Semana Santa, dentro del concepto cultural que de ella se tiene, es algo aceptado por nuestra sociedad y se piensa que es políticamente correcto el revestirse con una túnica y cargar el peso del anda, porque así lo han aprendido de sus mayores. Pero enseguida los mismos que van hermanados y al unísono bajo su pasos y ven que algunos se apartan del grupo porque van a misa antes de la procesión, o asisten a las distintas funciones religiosas se les tacha de beatos y al igual si dejan un entrenamiento para participar en la Eucaristía u otros actos religiosos. Y como se ven como desplazados del grupo lo dejan un Domingo, después otro y viendo que no ocurre nada, empiezan a relajarse de su vida espiritual y religiosa y a no ser practicantes. Esto lleva a la pérdida de la fe. Cierto es que en muchas ocasiones la pérdida de la fe, se debe a la ignorancia y porque la formación religiosa termina prácticamente cuando los jóvenes reciben la confirmación,-quién la recibe- y su formación religiosa queda estancada en la adolescencia con lo que es fácil que los jóvenes sientan una clara diferencia entre su formación humana y religiosa. Fallan las creencias, pues muchos tienen sólo una formación elemental de las verdades de la fe y de la prácticas católicas que juzgan desde los recuerdos de la su infancia.
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Solo pequeños grupos siguen profundizando en su fe en comunidades parroquiales o movimientos eclesiásticos, luego es vital y esencial la continuación de la formación religiosa después de la confirmación enseñándoles a superar los respetos humanos. “Cuando se ha dejado de creer en Dios, ya se puede creer en cualquier cosa”; han pasado más de 8 décadas desde que Chesterton hiciera este juicio tan lleno de sabia ironía, y hoy más aún que entonces se pone en evidencia has qué punto es absolutamente certero e incisivo. En realidad, no hace más que constatar un hecho irrefutable, mostrando la profunda racionalidad de la fe y al mismo tiempo la imperiosa necesidad que tiene la razón de la auténtica fe. Sin ella la razón se vuelve loca. Y la fe separada de la razón, deja de existir literalmente” ( Juan Pablo II. Encíclica Files et ratio.1998)
Todo ello se da en todo el mundo juvenil -colegios, institutos, universidad-. Pero también ocurre entre los adultos, estos ocultan más, o al menos disimulan, sus creencias y sus prácticas religiosas. A menudo nos encontramos con cristianos en los centros de trabajo e incluso dentro de nuestras hermandades y cofradías que se hallan influidos por el espíritu laicista que invade y milita en nuestra sociedad, hecha de crueles desigualdades e injusticias y donde existe una gran manipulación escondida en una moderna tendencia al igualitarismo, que prescinde de todos los valores para así poder reducir al hombre a su peor condición. El poder y el dinero-y desde los medios de comunicación - están intentando llevar a una deshumanización de la Humanidad, ya de por sí muy relativizada, insistiendo e intentando vendernos que la única finalidad de la vida es el placer, y el sexo la gran panacea, que es lo que creo que está generando la gran ola de violencia que nos está invadiendo. La misma surge por una determinada visión de las cosas del hombre de la vida….Convendremos todos que cuesta muy poco dinero el manipular a mucha gente trastocando completamente sus valores, y lo chocante es que para ellos Dios es el gran culpable de todos los males que le afligen, mientras que para otros Dios está reservado para implorar su auxilio cuando son incapaces- en la hora de la tribulación- de sostenerse de pie. Se dan muchos casos en que se oculta ser creyente católico, porque esta afirmación puede estorbar para prosperar en las empresas, en política o en el medio social donde se vive. Y es que es muy difícil nadar contracorriente, pero es necesario hacerlo. No se trata de hacer ostentación religiosa -porque esto ya lo criticó Jesús sobre los fariseos-, pero también dijo que no se enciende una luz para esconderla, sino para alumbrar.
No se trata solo de hablar y confesar la fe, sino también de dar testimonio cristiano de modo continuo. Ahora que en estos tiempos tanto se ataca a la Iglesia, y a principios tan importantes para el cristiano- y no solo para los cristianos, sino para todo los hombres y la sociedad-, como los que salvaguardan la vida, la familia, los derechos de los padres, la educación, la libertad…, es más necesario que haya católicos que sepan dar la cara y la den aunque se expongan a un par de bofetadas o que les llamen beatos, retrógrados o carcas. ¿Hay muchos católicos que sean capaces en una conversación, de defender a la Iglesia o al Papa? ¿Y para defender al no nacido o para evitar la aprobación de la eutanasia? “Es hora de volver a reclamar tiempo para hablar de Dios después de haber hablado tanto tiempo del hombre, de a alegrarse en Dios a la vez que en el hombre, sabiendo agradecidos que él se hizo hombre, compartió nuestros límites, sufrió, gozó y superó nuestra historia. Es hora de alegrarse de la Iglesia en el mundo y de sus instituciones en España, de compartir su destino, de dejar de utilizarla como peana para ostentar nuestras grandezas o realizar nuestros deseos. Hora de no mirarla desde fuera en espectadores sino de serla dentro en protagonistas, compartiendo riesgos, rechazos y alabanzas. Cada creyente está llamado a ser una microiglesia. Ella no es una empresa, ni un sindicato, ni una sociedad anónima: es una familia, la de Cristo y la de quienes quieren ser como él .¡Ya solo este querer merecería todo aprecio y elogio! Si antes se la utilizó haciendo de ella escudo de vanagloria propia, ahora hay que ser solidarios con ella cuando los vientos vienen del frío norte. Hay que atreverse a decir que ella es columna de la verdad que Dios nos ha dejado y a repetir con Pascal, que su historia es la historia de esa verdad necesaria, que superándonos, nos está destinada…La alegría de Dios y el gozo de ser iglesia son dos carencias a la vez que dos urgencias en España. Ellas también pertenecen a las causas de la crisis y a las posibles salidas de ella.” (Alteridad y Alegría.-Olegario Glez Cardedal.Teólogo) Me imagino la cara de idiota que se le debió quedar a un joven francés que, a finales del siglo XIX, intentó convencer en un viaje en tren a un señor mayor que la ciencia demostraba la no existencia de Dios. El otro viajero le atendió adecuadamente, pero cuando se despidieron le dejó su tarjeta: Luís Pasteur. “No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor...” (Carta de Pablo a Timoteo1.6-8.13-14)
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Opini贸n
Miguel Zapata
Fotograf铆a: Antonio Abarca
in Memoriam
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Fue en marzo de 2006, año en el que Miguel Zapata realizaría el cartel para la Semana Santa de ese año, cuando recibí esta emotiva carta que ahora, tras su ausencia y espero que con su consentimiento, hago pública con la única intención de recordar al artista que, a pesar de haber vivido fuera de nuestra ciudad, siempre la tuvo en su mente y en su quehacer creativo; al artista que siempre que se le propuso trabajar en algún proyecto por y para este acontecimiento que ahora nos disponemos a vivir —Semana Santa— aceptó con absoluta disponibilidad. Pero, sobre todo, con la intención de recordar a esa persona entrañable e incondicional con la que compartí risas, tertulias y pensamientos que fue, por encima de todo, mi amigo. Antonio Garrote
Madrid, 19-III-06 Sr. D. Antonio Garrote Museo de Arte Abstracto. Cuenca Querido Antonio: Apareces una vez más de manera inesperada ejerciendo -sin tú saberlo- la función del enviado, del ángel que diría el clásico, del Mensajero del Señor que con el propósito de conmover, zarandear y agitar el letargo espiritual en el que encontré acomodo hace tantos años, te envía y te utiliza como revulsivo nexo de unión entre mi universo que suponía perdido -¿un paraíso?- y este otro escenario tan lejano y distinto en el que me sorprendes y dejas perplejo. Así fue cuando me proponías años ha hacer unas puertas para la Iglesia del Salvador de Cuenca y así es hoy con el encargo del cartel de Semana Santa, temas teñidos de religiosidad y contenido que, por soberbia o desidia, dejé de lado hace tanto tiempo. Aceptar el encargo suponía enfrentarlos otra vez, descubriendo sin tapujos cortinas de olvido y brumas de prejuicios aunque sólo fuera con el propósito de verlos con más claridad… tratar de entenderlos y penetrarlo con ayuda de la fé…sólo así entiendo que podría aceptar ese reto intentando que mi trabajo excediera los límites de la simple ilustración adaptando las distintas técnicas al tema, pero ¿y la fe?. Cuantas veces he pensado viendo una catedral gótica, una ermita románica, el réquiem de Mozart, el Stabat Mater de Pergolesi o una pagoda india… que eran consecuencia de un espíritu henchido de fe, que la realidad desideologizada en que hoy albergamos nuestra empobrecida existencia origina la mierda de arte que vemos en museos, bienales y galerías cumpliendo su función inconsciente de crónica del momento. Y así he pensado, digo, que si tiene el corazón razones que la razón no tiene ¿por qué no utilizarlas?, pues que es la propia razón quien me empuja a hacer uso de ellas pese a entender que no se trata de un uso inocente… Y aligerado así de este peso se insinúan formas que fluyen del estancado recuerdo, que se mezclan con paisajes, con olores, con voces… Soy un niño, y ahí está mi casa en la Alameda de Santa Ana que entre álamos desciende en suave pendiente hacia el vivero. Del cine Royal llegan los ecos de la trompetería y los redobles de tambores que acompasarán el paso de las procesiones. He visto con mi padre pintar los regueros de sangre sobre el torso del Cristo de la Agonía en una iglesia del Salvador cuyo altar mayor oculta el retablo bajo lienzos morados mientras electricistas y carpinteros acondicionan las andas. Mi madre me ha llevado a besar el pie del Jesús muerto sobre el regazo de la Virgen de las Angustias en la noche del Viernes Santo entre una multitud acongojada y silenciosa que guarda fila por los obscuros y empedrados andurriales que entre las rocas desembocan en la ermita. He sido bancero del Jesús del Puente, he cantado el Miserere con Adolfo Bravo, con Arribas -el de la hermosa voz-,
con el conserje del Colegio Severo Catalina y con el padre de Miguelito Caniego. Bebí y amé con locura, y es el eco de los tambores destemplados que se filtra entre estas imágenes e imprime un ritmo al fluir de los recuerdos, insistente y machacón. Ahí va el Cristo con la Cruz a cuestas. Nada me impide acercarme a su humanidad ejemplificadora despojada de la blandenguería de los corazones de Jesús y de las representaciones azucaradas. Ahí va, como héroe de tragedia, sangriento, terrible y valiente agitador de masas que será capaz de derribar el imperio. “Jesús tuvo la seguridad de que esa energía divina que sentía en su interior actuaba también a través de todos los seres humanos movidos por un amor creador. Y sacó una conclusión generosa: todos podían ser hijos de Dios. Aunque cada individuo concreto se comportara bien de acuerdo con su personalidad, tomando sus propias decisiones, la energía con que lo hacía, era divina. El Dios sin forma adquiría rostro en cada individuo que diera un vaso de agua al sediento. Hay que ser muy miserable para no conmoverse con esta idea. -Jesús resucita en los corazones de sus seguidores -Quiero mantener en mi mundo la religión. No quiero ser una naturaleza monda y lironda. Me parece importante recuperar el sentido de lo Sagrado como zona protegida y a salvo como dominio de lo significativo y de lo no trivial. José Antonio Marina En la noche se escucha el golpe de las horquillas sobre el empedrado, el jadeo de los banceros. Calle del Peso. Han abierto el balcón de un primer piso. Unas mujeres sujetan el cuerpo de un cofrade de la Hermandad moribundo. Se acallan los murmullos. Giramos el Santo de forma que el Jesús quede justo frente al enfermo cuyo rostro macilento iluminan tenuemente las tulipas de las andas… Silencio unos segundos. Se oye la voz de mando: ¡adelante! Y el agitado golpeteo de las horquillas de apoyo enderezando el sentido de la marcha. Se elevan murmullos y sobre ellos vibrante suenan las hermosas notas del Miserere. ¿Qué más contarte?. Esto es Miguel Zapata. Esta es el alma de mis puertas y de mi cartel… y estas líneas pretenden abarcar tus preguntas en una manera global… todo lo demás son aspectos técnicos al alcance de cualquiera. Pura cocina. Espero que te cuides y que podamos volver a experimentar esas nobles y profundas emociones que juntos vivimos aquella noche de turbas. Un fuerte abrazo Miguel Zapata P.D.- Vi en un museo de América una página de un códice miniado de origen inglés con una deliciosa ilustración que representaba un calvario con el Cristo rojo vertiendo exagerados chorros de sangre. Enseguida me sugirió la idea de trasladarlo a un cartel.
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Fotograf铆a: Javier Ayll贸n Soria
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José Luis Lucas Aledón
Desde la serranía con vuelo sereno llegan la golondrinas para arrancar las espinas a Jesús Nazareno Quebrado el día llegaron a la cumbre del monte. Enmudecieron pájaros. Cesaron sus vuelos por los cielos azulados La retama perdió la flor y el jugo de su savia Huía la garduña al cubil. Tumbaron su cuerpo sobre duro leño en cruz hecho. La maza golpea seca al clavón, hiende huesos, destroza músculos, nervios. venas saja.
Vienen las golondrinas con pañuelo blancos para enjugar la sangre en las sienes de Jesús Crucificado Traen las golondrinas una gota de rocío colgada de sus picos pechera de fría nieve para calmar la sed de Jesús en el Calvario
La Cruz se iza en brusco tirón. Rompe con su mortal raíz la entraña dura del cerro pedregoso Con vituperio y burla cuelgan, Ignomía en tablilla:
El cielo herido
¡! SALVE REY DE LOS JUDIOS ¡!
Se quebró por uña de rayo. La tiniebla sembró noches
Fluye la sangre desde sus brazos por las piernas, ya torrente El labio, presagia beso de muerte GRITO: ”¡! PERDÓN. PADRE MIO. PERDONALOS ELLOS, NO SABEN LO QUE HACEN ¡¡”.
Sobre el cerral del Calvario. Huyó la luna con espanto. Durmió sobre la noche solitaria La Cruz Desnuda del Crucificado Lagrimas de tristeza y soledad Ante la Cruz. Sollozos Madre y Amigo han dejado
… Y la Madre lágrimas a sus pies, derrama.
La barca de mis amores Desembarca en el puerto de tus brazos Y Mil rosas en mi jardín Florecen de amos por ti Hoy, DIA de S. VALENTIN
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Opinión
Verónica,
Por Ángel Horcajada
la mujer anónima en el Camino del Calvario Valentía y compasión son los principales atributos de una gran mujer anónima, cuyo nombre no aparece en los Evangelios. Una más de esa “multitud de pueblo y mujeres” que seguían a Jesús con dolor y lamento durante su camino hacia el Calvario A lo largo de la historia -dice X.Valladares Paguapa-, la mujer siempre ha estado presente ahí donde el dolor hacía necesario el valor. Cuando tenemos un enfermo, cuando la muerte nos visita, cuando se pierde a un hijo, cuando la soledad se presenta, etc... En todos esos casos, siempre ha habido una mujer fuerte, valiente y compasiva que acompaña hasta el último momento. En el libro apócrifo de los “Hechos de Pilato” (siglo VI), se habla ya de una mujer, conocida con el nombre de “Verónica” que enjugó con un velo el rostro de Cristo, en el camino del Calvario. La mujer anónima recibió muy pronto de la tradición el nombre de “Verónica”. Podía haberse llamado de cualquier otro modo, pero es que su nombre significa, en latín, “verdadero icono”. Se le atribuye a ella el milagro de la Santa Faz, el paño donde Cristo dejó imprimido su rostro. Escena llena de valentía por seguir a Cristo en los momentos más duros de su vida y su gran deseo de impregnarse de Cristo, cuando seguirle era jugarse la vida y lanzarse a consolarle era arriesgarse a que soldados se lo impidieran agresivamente. Probablemente, la compasión fue lo que la hizo valiente. No al revés. Sólo un amor grande, inmenso, es capaz de arriesgar así la vida. Cuentan que el velo de la Verónica, el de la Santa Faz, está en el santuario del Santo Rostro en Manoppello (Italia) desde comienzo del siglo XVI. Probablemente fue robado de la basílica de San Pedro mientras ésta estaba en construcción. El papa Benedicto XVI fue el primer Papa en visitar el santuario de Manoppello, en septiembre de 2006. Tras trece años de investigaciones, la autenticidad de este paño de 17x24 centímetros está avalada por el historiador alemán y jesuita Heinrich Pfeiffer. Entre los exámenes destacan las fotografías digitales realizadas por Donato Vittore, experto de la Universidad de Vari, así como las observaciones bajo luz ultravioleta que confirman la inexistencia de pintura sobre el paño. Con ello se concluye que no puede ser la obra de un artista. Además, en el rostro se observan dos pequeñas manchas que dan la impresión de que un líquido que bien podría ser sangre, impregnó las fibras del tejido. Una historia y una compasión así de grande como la de la Verónica sólo pueden surgir de un amor inmenso. Vivimos
tiempos en que el sufrimiento nos rodea, pero el amor escasea. Nuestra sociedad consumista y hedonista sigue crucificando a muchos “cristos” inocentes. Pensemos en los millones de parados, en los pobres de los países no desarrollados, en los que luchan con un familiar preso de la droga o del alcoholismo, en los que tienen dificultades para llegar a fin de mes, o en los niños y ancianos que viven en soledad. Quizás hasta nosotros mismos, en nuestras propias familias, somos o tenemos “cristos” inocentes. Vivimos en un mundo en conflicto y división, necesitado de salvación: “Vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor” (Mt 9, 36). Es una humanidad que clama por “ser liberada de la esclavitud de la corrupción para alcanzar la libertad y la gloria de los hijos de Dios” (Rm 8, 21). Dios toma la iniciativa de la salvación: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único” ( Jn 3,16), y quiere contar con nuestra colaboración. “¿A quién enviaré”, decía Dios, en Isaías 6, 8, ¿quién irá de mi parte?”. La Verónica no dice: “Heme aquí”, pero, va, se lanza al consuelo de su Maestro. Nosotros necesitamos conocerlo en todos aquellos que sufren a nuestro alrededor. Sólo si somos capaces de verlo, seremos capaces de aliviar su dolor. No por altruismo humano, por compasión solidaria, sino por auténtico amor a nuestro único Dios. Descubriremos entonces el milagro de nuestra valentía y compasión. Dios se queda con nosotros, impregnado en nuestro corazón. “A JESÚS le seguía un gran gentío del pueblo, también, mujeres que se daban golpes y lanzaban lamentos por él” (Le 23, 27). Una de ellas, que había aprendido muy bien de su compasión, salió a consolarlo. Son muchos los relatos evangélicos en que encontramos a Jesús “sintiendo profundamente compasión de la gente” (Me 6, 34; Me 1,41; Mt 9, 36; Mt 20, 34; Le 7, 13 ....). Se compadece del hambre, de la enfermedad, del llanto, de la soledad.... Y, cuando a él lo están matando en la cruz, se compadece de su madre y del discípulo amado ( Jn 19, 26). ¿Quién es capaz de sentir con otro cuando él mismo está destrozado de dolor? Por eso, Jon Sobrino dice: “El ser humano cabal, es, pues, el que interioriza en sus entrañas el sufrimiento ajeno de tal modo que ese sufrimiento interiorizado se hace parte de él y se convierte en principio interno primero y último de su actuación”. Contemplando a Jesús en la cruz, podemos pedirle que nos dé un corazón tan sensible como el suyo, capaz de compadecemos aun cuando estamos sufriendo. No podemos desentendemos de este mundo que se lamenta y llora en medio de tanto dolor: “Heme aquí”.
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Fotografía: Luis Miguel Caballero
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De la Obligación a la Devoción Texto y fotografías: Javier L. Romero
Me siento muy afortunado de haberme podido dedicar, durante muchos años, a plasmar con mi cámara todo lo acontecido durante nuestra querida Semana Santa, compaginando así dos de mis grandes pasiones, la fotografía y la Semana Grande de Cuenca. Años en los que he intentando aportar una visión personal a todo aquello que fotografiaba, algo que era tanto un reto como una recompensa. Y que implicaba una narrativa visual que compaginara las necesidades artísticas y las informativas. Pues aunque la Semana Santa de Cuenca, por su belleza, te permite cultivar tu faceta artística, también demanda que tu trabajo sea fiel reflejo de lo acontecido. Desde la Junta de Cofradías me solicitan una visión personal, como fotógrafo, sobre la que es la semana más importante del año para la mayoría de los conquenses. Esto, créanme, no me resulta nada fácil aunque intentaré hacerlo con el mayor cariño y respeto que me merecen tanto la fotografía, como la Semana de Pasión. Mi corazón se encuentra dividido entre la admiración y devoción que siempre he sentido por todo aquello que estuviera relacionado con nuestra Semana Santa; y la obligación que he tenido durante más de 20 años, como reportero gráfico, de plasmar con mi cámara, año tras año, todo lo acontecido durante estos días. Y es que son muchos los recuerdos que se acumulan en mi memoria sobre la forma de trabajar como reportero gráfico de aquellos años, en lo que todo era más rudimentario. Años en los que seguía los desfiles procesionales desde su inicio, pero que rara vez podía acompañar hasta su final, pues siempre dependía del horario de cierre de la rotativa, lo que hacía que trabajara contrarreloj y que en ciertos momentos tuviera que abrirme paso entre la gente
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Opinión
que contemplaba la procesión para poder llegar, poco menos que a la carrera, a la redacción del periódico. Años en los que tras una larga jornada, ya con el trabajo hecho y las fotos colocadas en las páginas del periódico que a las pocas horas llegaría a los quioscos, yo volvía a tomar mi cámara para llegar a tiempo a fotografiar como se guardaban las imágenes en sus respectivas iglesias. Eran otros tiempos, tiempos en los que después de agotadoras horas siguiendo la procesión para poder plasmar los momentos más importantes tocaba revelar, toda aquella parafernalia de líquidos, probetas, tiempos, positivados y secados en el laboratorio, de forma casi artesanal sacaba todas las imágenes que había realizado. De ahí que no siempre, y fruto de esa premura, pudiera plasmar en las instantáneas mi visión personal sobre los desfiles procesionales. Además, siempre debía primar la información, por lo que yo veía como muchos hermosos momentos, detalles de la procesión que había captado con mi cámara quedaban relegados en un cajón por no tener ese aporte informativo que demandaban las páginas del periódico, pero que, sin duda, eran esos momentos los que hacían que nuestra Semana Santa fuera especial. Por eso, siempre fue para mí una asignatura pendiente el poder aportar con mi trabajo una visión más nazarena. De ahí que mi faceta artística este indiscutiblemente ligada a la Semana Santa de Cuenca. Una ciudad pequeña pero grande de corazón, de costumbres y tradición. Y es que yo, como conquense, llevo muy dentro el amor por mi Semana Santa. Es muy gratificante, no solo como fotógrafo, sino como conquense, ver como adultos y niños, nazarenos, banceros y penitentes forman durante estos días una gran familia unida. Es emocionante ver por las callejas de Cuenca como se portan a hombros, con gran sacrificio, cansancio y a veces frío nuestras hermosas imágenes, acompañadas por miles de nazarenos anónimos que reviven la historia más impresionante jamás contada. En los últimos años he intentado trasladar todas esas sensaciones en mi trabajo, tanto en los medios de comunicación como en las diferentes publicaciones y exposiciones que he realizado, aportando mi humilde granito de arena al importante movimiento cultural y artístico relacionado con la Semana Grande de Cuenca.
¿Qué sería de nuestra querida Semana Santa sin el trabajo altruista de tantos fotógrafos que con su dedicación, procesión a procesión, dejaron a través de sus imágenes constancia de la manera de hacer las cosas? ¿De esas gentes que en aquellos años ayudaron a convertir la Semana Santa en lo que es ahora? Una celebración declarada de Interés Turístico Internacional en una ciudad Patrimonio de la Humanidad. ¿Y qué sería del importante movimiento cultural que se genera en torno a la Semana de Pasión, sin ese aporte gráfico que da contenido a la cantidad de publicaciones que salen a la calle en estos días y durante todo el año? Por ello, debo aprovechar la oportunidad que tengo con este artículo para romper una lanza en apoyo a todos los fotógrafos, que con su abnegado trabajo, cariño y dedicación, engrandecen nuestra Semana Santa y dejan constancia de ella a las generaciones venideras. Sin olvidar que con la llegada de las nuevas tecnologías y la redes sociales, los fotógrafos, con sus imágenes y a través de sus perfiles en los medios sociales, hacen una encomiable labor de promoción y divulgación de Cuenca y su Semana de Pasión . Una labor que hace que incluso aquellos conquense y nazarenos, que por diferentes circunstancias no puedan acompañarnos en estos días, estén informados y vivan con nosotros, en tiempo real, todos los desfiles procesionales y eventos relacionados con ellos. Gracias a ese buen trabajo de los fotógrafos, Cuenca dispone de un rico fondo documental y artístico que es parte ya de la historia de nuestra ciudad y como no, de nuestra querida Semana Santa. Grandes pintores, escultores y fotógrafos han plasmado y plasman su propia visión sobre los diferentes escenarios que nos deja esta impresionante recreación de la Pasión. Precisamente sus obras sobre nuestra Semana Santa hacen que ésta sea aún más grande e importante si cabe, pues ellos comparten nuestras tradiciones con el resto del mundo. Cuenca ya huele a cera, a torrijas y a esas noches de silencio y penitencia bajo las andas de mi querido San Pedro, que hacen que mi mente viaje por un mar de sensaciones y sentimientos y que una vez más, serán el alma de todo lo que pueda crear a nivel artístico. Mi cámara está preparada y sobre todo mi corazón para vivir un año más una Semana Santa.
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La Semana Santa en mí Texto y fotografías: Enrique Martínez Gil
Nací en Cuenca en 1962, y con cinco años me establezco en un sitio emblemático “la zona de la Puerta de Valencia”, hecho que me influenciará posteriormente en diversos factores, tanto profesionales como de aficionado por su relación por el Casco Antiguo de Cuenca. Desde niño había estado rodeado de líquidos de revelado, ampliadoras y carretes por la afición de mi padre, lo que me facilitaba el acceso a todo su lenguaje y sobre todo a poder utilizar esporádicamente su “Voigtlander Vito” y así empezar a pelearme con velocidades y obturaciones del objetivo. El primer recuerdo que tengo de la Semana Santa, es que pasaba por nuestra casa, me explico, en una zona eminentemente tranquila, el hecho de que llegara la Semana Santa era una fiesta por todo aquello que pasaba esos días. Los pasos casi se podían tocar desde mi balcón, las figuras las veíamos tan cerca que parecía que nos las acercaban especialmente a nosotros para que las contempláramos. La madrugada del Viernes Santo nos levantaban y acurrucados los hermanos bajo una manta veíamos atónitos el espectáculo de la “turba” y su bronco descenso desde El Salvador. A una edad temprana apareció en mi vida una persona que también me cambió la visión de la Semana Santa, fue Don Alberto Vera, músico hasta la médula, nos reclutó a un grupo de niños para formar un coro y cantar en algunas misas en la Iglesia de El Salvador. Todo esto derivó en actuar en otros campos, entre ellos fue el cantar El Miserere. Pasé en ese momento de ser meramente espectador a protagonista de la escenificación de la Pasión, ya que los minutos que duraba la actuación, nos sentíamos los más importantes del mundo. La reacción de la gente ante la actuación de aquellos niños, acompañados por algunos adultos para la ocasión, era realmente impresionante, emocionando y adornando unos momentos tan sentidos. Además de esta agrupación surgieron unas amistades que perduran y que todavía me unen más si cabe a la Semana Santa.
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Opinión
Todos esos años participaba también desfilando en todas las procesiones que me era posible, ya que siendo de dos cofradías salía en cuatro procesiones. El Martes Santo acompañando a la Magdalena, el Jueves Santo con mi Huerto, el Viernes Santo con el Cristo de los Espejos y finalmente en el Santo Entierro. Aun así se me hacía poco y los días que no salía desfilando eran de espera impaciente hasta el siguiente. Pasaron los años y tuve que salir para realizar mis estudios superiores. El hecho de estar fuera te potencia lo que tienes y lo que has perdido. Y esto me pasó a mí, que las amistades y las tradiciones de mi ciudad cobraron un valor especial, y lo que a veces tomaba como rutina lo empecé a ver de otra manera mucho más especial entre ellos mi Semana Santa. Terminé mis estudios de Arquitectura y pude comprar mi primera cámara, que en principio utilizaba como herramienta de trabajo, y que poco a poco me iba acompañando a todos aquellos momentos que tanto significaban algo para mí. Desde entonces me di cuenta que en la Semana Santa, siendo ya un mero espectador ya que dejé de participar como nazareno de filas, no me iba a conformar con quedarme a ver como pasaban por delante de mí los pasos, y que la fotografía me abría otra vía si cabe más interesante, ya que permitía moverme por la procesión y además poder observar y plasmar todo aquello que la rodeaba, las emociones y sentimientos que provocaba a su paso, que me parecía algunas veces hasta más interesante que la misma Procesión. Participar en el concurso para confeccionar el cartel de Semana Santa y el de fotografía de “Don Vagón”, dentro de sus Jornadas dedicadas a la Semana Santa, me empujaron a afinar y a acelerar el proceso de aprendizaje, animado con algún premio que justificaba el esfuerzo. La aparición de la fotografía digital hizo que el proceso se acelerara exponencialmente, al abaratarse y poder compro-
bar instantáneamente los resultados. Empecé entonces un periodo de realización bastante denso, ya que los resultados me iban animando, y viendo que la nueva técnica me abría posibilidades de trabajar con luces imposibles de trabajar en analógico. La colaboración con la revista “Cuenca Nazarena” desde 2006, también ha obligado de alguna manera a no bajar el listón, y a sacar fuerzas para no dejar ninguna Procesión por acompañar y participar en los momentos claves de esos días. Para mí suponía un gran esfuerzo pero la recompensa era poder ver mis fotos en una publicación de calidad que se ha hecho imprescindible para todos. Fruto de estos trabajos y el de querer mostrar a mi gente lo que la Semana Santa significaba para mí, edité el libro de fotografía “Pasión por Cuenca”, apostando por la fotografía impresa en un momento difícil para ello. El fin de la fotografía para mí es poder verla en papel, y el fin de este libro era reivindicarlo predicando con el ejemplo. He estado sentimentalmente y profesionalmente muy vinculado con el Casco Antiguo de la ciudad de Cuenca, conociendo perfectamente sus rincones, arquitecturas y habitantes, lo que me ha dado una especial complicidad a la hora de recogerlo con mi cámara y de buscar las localizaciones más atractivas en cada momento. Fruto de la unión de profesión y afición, extraigo partes de arquitectura con toques muy humanos, y también busco encuadres compuestos con las proporciones clásicas que podría haber usado para diseñar una fachada. Sigo con la ilusión de ver y plasmar a Cuenca y su gente participando y viviendo una tradición, sintiéndome testigo de este momento que nos ha tocado vivir a la hora de inmortalizar esos instantes, y sabiendo de la importancia y la responsabilidad que ello tiene.
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Dos pasos… un objetivo Texto y fotografías: Miguel Ángel Sintes Puertas
El Museo de la Semana Santa de Cuenca ha albergado recientemente (17 de enero-3 de marzo de 2014) una exposición fotográfica en la que dos fotógrafos, a los que podríamos encuadrar en la denominada “Street photography” nos mostraron su particular visión de la Semana Santa de Cuenca. Hace ya bastantes años que aparecieron las primeras instantáneas fotográficas. En sus comienzos la fotografía tuvo la pretensión de acompañar a la pintura como medio de expresión artística, desarrollándose en sus albores un movimiento fotográfico denominado pictorialismo con el que se pretendía equiparar la nueva técnica surgida a un proceso artístico. Los fotógrafos, pertenecientes en su mayoría a la burguesía y la alta aristocracia, defendían que existía una manipulación por parte del autor para obtener una copia y que su directa intervención en la obra resultante le confería el carácter de obra única. La pretensión de estos fotógrafos pioneros no era otra que la del reconocimiento del entorno mercantilista para poder acceder al mercado del arte.
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Opinión
Pronto la fotografía sería consciente (como defiende el académico conquense Publio López Mondéjar), de su importancia como testimonio gráfico imprescindible para la preservación de la memoria, tanto personal como colectiva. Numerosos y prestigiosos fotógrafos se lanzaron provistos de sus cámaras a la captura de las mejores instantáneas del notable fenómeno social que constituye la Semana Santa de Cuenca. Fotógrafos de la reputación de Ortiz Echagüe, Català Roca, Nicolás Muller, Cristina García Rodero…... con miradas y planteamientos técnicos y estéticos tan dispares, nos han ido legando a las postreras generaciones abundantes imágenes con las que hemos podido evocar el transcurrir de las distintas celebraciones religiosas que tienen lugar en la manchega ciudad conquense a lo largo de su semana de pasión. La “Street photography” o fotografía callejera es un movimiento fotográfico que tuvo sus inicios en la fotografía francesa, alcanzando gran relevancia de la mano de los magistrales fotógrafos Henri Cartier-Bresson y Robert Doisneau que defendieron la importancia del instante decisivo, en el que el fotógrafo inmortaliza un instante de la vida que se habría perdido de no haberse accionado el obturador. Si a Cartier-Bressos y a Doisneau les podemos considerar los padres de la fotografía callejera, sería a mediados del siglo pasado cuando una gran legión de fotógrafos norteamericanos enfatizarían en sus trabajos urbanos la importancia del ser humano enmarcado dentro de su entorno vital. De las cámaras de Garry Winogrand, William Klein, Robert Frank, Mary Ellen Mark, por citar a algunos de los fotógrafos más notables de esta época, nos han llegado hermosas e irrepetibles imágenes de la sociedad americana de mitad del siglo XX. Los “Street photography” acostumbran a trabajar en condiciones técnicas más adversas que aquellos artistas que con planteamientos conceptuales, más filosóficos que fotográficos, disponen del necesario sosiego para ejecutar sus proyectos. Lo mismo se puede decir de aquellos otros fotógrafos que trabajan en un estudio, pues a diferencia de los fotógrafos callejeros pueden controlar de una forma más reposada las condiciones de trabajo. Los paisajes y entornos solo toman importancia como escenarios en los que se desarrolla la actividad humana y ayudan a recrear una atmósfera envolvente en la que el espectador se vea
inmerso y le transporte a lo que el fotógrafo sintió al hacer la fotografía. No debemos asociar la street photography a la fotografía documental, desde el momento en el que ésta no pretende plantear una idea premeditada, sino ser un reflejo de la sociedad a través de la espontaneidad de escenas no manipuladas. Tan importante como el instante decisivo a la hora de captar una imagen es la composición geométrica que presenta la fotografía, puesto que si solo nos confiásemos a la fugaz labor de apretar un botón para activar un obturador, estaríamos encomendándonos únicamente al azar. El estar en el lugar adecuado a la hora precisa. La compensación estética de la escena fotografiada resulta decisiva para que una imagen tenga una fuerza narrativa que la haga única y distinguida. El dominio de la composición fotográfica distingue a un “aprietabotones” de un buen fotógrafo. El primero controla la cámara y sus componentes como lo hacemos al coger un bolígrafo y escribir o al utilizar diversos utensilios mecánicos de uso cotidiano, el segundo, además de la habilidad del rápido control mecánico de la cámara, compone escenas en la que los distintos elementos que la integran guardan una perfecta armonía. En la exposición “dos pasos….. un objetivo” hemos podido observar 30 imágenes en las que los fotógrafos Vicente LópezTofiño y Miguel Ángel Sintes se adentran en la ciudad de Cuenca tras los pasos de penitentes, nazarenos, tulipas, turbos, manolas o meros espectadores, en busca de esta amplia familia conquense que participa desde muy temprana edad en la liturgia de la Semana Santa. Los pasos de las desgastadas suelas de estos dos perseverantes caminantes, madrugan para asistir al alba en la Iglesia del Salvador a la estruendosa salida de Jesús el Nazareno camino del calvario acompañado de un atronador gentío, que sincroniza la danza de los banceros con clarines, tambores y rítmicas “palillás”. Contemplan el embriagado hermanamiento de dos espigados jóvenes que danzan al abrigo de una rocosa pared, observan las cándidas miradas de los pequeños nazarenos y el níveo comulgar de las monjas de clausura, y al crepúsculo contemplan respetuosos el silente caminar de las “manolas” por las cuesta de Alfonso VIII acompañadas del hierático gesto de los Caballeros del Cabildo, mientras que un sobrecogedor miserere quiebra la fría noche conquense.
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Por Rafael Torres Muelas. Rpte. de la V.H. de La Oración del Huerto El primer encuentro de oración, promovido por las Venerables Hermandades de Ntra. Sra. de la Esperanza, El Prendimiento de Jesús y Jesús Orando en el Huerto de los Olivos, tuvo lugar el 22 de febrero del 2013, viernes. Un “Encuentro” que se circunscribía dentro del tiempo litúrgico de Cuaresma, un signo sugestivo en forma de preparación espiritual para los nazarenos y fieles como premisa hasta la llegada de la Pascua. ARGUMENTO: “LA LUZ DE LA NOCHE EN EL MONTE DE LOS OLIVOS”. Bajo este sugerente título, se presentaba y mostraba la representación artística, escrita por el párroco de San Esteban, Don José Antonio Gómez Serrano. En el guión de la obra, el autor ha querido plantear las inquietudes de la sociedad actual, recogidas en sus treinta y cinco años de ministerio sacerdotal en la provincia de Cuenca. Dentro del texto, también se afrontaba cómo esta sociedad atormentada y acuciada por los problemas que plantea la vida
actual pregunta al padre: “¿Por qué nos has abandonado? Y nos has dejado solos en la oscuridad de la noche, sin nadie a quien acudir”. ¿Quién no ha llamado a sus amigos en momentos de penuria, y éstos “se duermen”, quedando solo sin el apoyo necesario? Al igual que le ocurrió al Señor en el Huerto de Gétsemaní. Allí donde fue traicionado y abandonado en el instante más trascendental del Hombre-Dios, -según nos relata el Evangelista Lucas-. Jesús, solo, en el huerto de los olivos, es cada uno de los hombres. Es el conjunto de todos nosotros ante la vida, expuestos al destino que tenemos que afrontar y que debemos de hacerlo en solitario. Resaltando la humanidad de “Jesús”, en un estado de sufrimiento donde podemos vernos reflejados. ¿Quién no ha visto sufrir a una madre porque ve a su hijo en peligro de muerte; a un enfermo que tiene sus días contados y teme enfrentarse a su final; al padre de familia en paro que presencia junto a su familia el desahucio de su casa; o a las familias que huyen de sus hogares y de sus patria como consecuencia de
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una irracional guerra? A esas vidas fue dirigido este “Encuentro de Oración”, porque sólo a ellos se les puede presentar y mostrar este “Jesús solitario”, afligido y desesperado, como ellos, en el huerto de los olivos. REALIZACIÓN DE LA ESCENA EN EL ENCUENTRO: La puesta en escena de la meditación consistió en montar en el altar mayor una escenografía que rememorará los hechos ocurridos en la “Última Cena” que celebró Jesús, según la costumbre judía, la víspera de la Pascua y los postrimeros días de Jesús, con el anuncio de su muerte: Oración y Traición en el huerto de Gestemaní. Así, las imágenes de Jesús y el Ángel del paso del Huerto, Judas cuando besa al Señor y la Virgen de la Esperanza que fue traslada a propósito a la iglesia de San Esteban, ocuparon sitio preferencial en el frontal del altar mayor del templo. Junto a ellos, el olivo, como testigo de la Oración en el Huerto de Gestsemaní, y la imagen de “La Piedad” que posee la parroquia, por ser, sin duda, una referencia universal del dolor de la Madre ante el Hijo muerto, que asume un contenido plenamente humanitario. Las voces para la interpretación de los acontecimientos que formaban la composición de los hechos narrados las pusieron los experimentados oradores: José Luis Muñoz, Voz en off; Luis Enrique Buendía, Cristo; Pedro Cerrillo, Narrador; Gloria Torres, Virgen; Ángel Horcajada, Olivo; Rafael Torres, Judas; Miriam San Julián, Ángel. El fondo musical fue interpretado por el Coro del Conservatorio de Cuenca, dirigido, magistralmente por Pedro Pablo Morante Calleja. Entonando para la ocasión cuatro polifonías: Laudate Dominum de P. Morante Calleja; Judas Mercator pessimus de T. L. de Victoria; Caligaverunt Oculimei de T. L. de Victoria; Sepulto Domino de T. L. de Victoria.
El montaje técnico corrió a cargo de “Musical Ismael”, que además se encargaron tanto de la Iluminación como del sonido. El cartel anunciador y los trípticos referentes a la obra que se repartieron en la iglesia, fueron diseñados por el fotógrafo conquense, Julio Palencia. Es preciso matizar, que el “I Encuentro de Oración”, se desarrolló en una velada muy concurrida, en la que los fieles y hermanos de las hermandades participantes llenaron la parroquia de San Esteban. Desarrollándose en un contexto impresionante de silencio que invitaba a la reflexión. Este primer encuentro sirvió para acercarnos más y compartir los sufrimientos del “Señor” en Getsemaní, recreando perfectamente las “Composiciones de lugar” que hicieron corta la hora que duró la representación. Consiguiendo imaginar las circunstancias, el lugar, la situación para entrar en la realidad de los hechos vividos con “Jesús” y poder llegar a comprenderlo. El evento finalizó rezando juntos todos los asistentes la oración del Padre Nuestro. Cuando esta publicación, “Cuenca Nazarena”, llegue a manos de los lectores, la parroquia de San Esteban ya habrá puesto en marcha el “II Encuentro de Oración”, para los días 14 y 15 de marzo, con la colaboración de las hermandades iniciales y de dos nuevas incorporaciones: la de San Juan Evangelista y la de Ntra. Sra. la Virgen de las Angustias. Esta segunda edición nace como respuesta al efecto que tuvo el estreno de este acto en la cuaresma de la Semana Santa pasada y que contó con una afluencia de público masiva. Entendiendo la organización, que este tipo de actos tiene perfectamente cabida en nuestra Cuaresma, como un hecho muy significativo en relación con la celebración de la Semana Santa de Cuenca. Cuenca Nazarena 71
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Hablan las Hermandades
Por Alfredo López Pérez. Rpte. de la V.H. de Ntro. Señor Jesucristo Resucitado y Ntra. Señora del Amparo El domingo 8 de febrero de 1998, la Hermandad de las Cuarenta horas y Resurrección Gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo de Tarancón celebró su III centenario. Esta Hermandad, una de las más antiguas no sólo de esta provincia sino de España, dedica culto al primer Misterio Glorioso: la Resurrección del Señor. A esta gran celebración asistieron delegaciones de hermandades homólogas de pueblos limítrofes, la de Ocaña (Toledo) y la de Cuenca capital, en cuya representación asistimos: el representante de la hermandad en la Junta de Cofradías, Juan García García; el tesorero, José Ramón Benito Martínez; y los vocales, Jesús Zafra Pérez, José Luis Marco Nielfa y el que suscribe. La programación de actos previstos para ese día por la hermandad taranconera dio comienzo, a las 12 horas, en la Parroquia Ntra. Sra. de la Asunción con la solemne celebración de la Eucaristía, presidida por Ilmo. y Rvdmo. Sr. Obispo de la Diócesis D. Ramón del Hoyo López, acompañado por el párroco D. Venancio Caniego Izquierdo y varios sacerdotes de pueblos colindantes invitados para la ocasión. Dentro de las actividades programadas, los invitados nos desplazamos a la Casa de la Juventud para contemplar la exposición titulada “LAS PROCESIONES DEL RESUCITADO EN ESPAÑA”, donde se podía ver todo tipo de objetos relacionados con el tema de la Resurrección de Cristo, cedidos por sus propietarios para este importante evento. La comida de confraternidad fue una magnífica ocasión para estrechar lazos de unión amistosa con la Hermandad de Ocaña, de la provincia de Toledo, compuesta sólo por mujeres, y compartir tertulia junto a un ilustre taranconero que en ese momento ocupaba el cargo de Vicario General y Archivero de la Diócesis, D. Dimas Pérez Ramírez, que en el día anterior había impartido una magnifica conferencia sobre el tema: “La Hermandad de La Resurrección de Tarancón y sus raíces Históricas-Teológicas”. A fecha de esta celebración, la Hermandad de la Resurrección de Tarancón no llegaba a los 60 hermanos. En el año 1965, es nombrado presidente D. Vicente Cortés Gómez, fijándose como objetivo principal dar un nuevo impulso a esta Procesión. En 1995 se aprueba una nueva constitución adaptada a los nuevos tiempos. Tras más de trescientos años de historia, esta Hermandad sigue siendo fiel en la tradición horaria de la Procesión, comenzando al amanecer, costumbre que sigue arraigada en muchos pueblos de
nuestra provincia, como podemos leer en numerosos artículos escritos por una de las personas que mejor conocen las costumbres y tradiciones de nuestros pueblos, Luis Enrique Buendía González. Otro de los momentos especiales de ese día fue cuando D. Vicente Cortés nos sorprendió mostrándonos el “LIBRO DE CONSTITUCIONES DE 1698”, un ejemplar en pergamino que se encuentra en excelente estado de conservación, del que pudimos disfrutar durante la celebración. Desde ese instante, se despertó en mí una gran curiosidad por saber la historia de esta antiquísima Hermandad. Sin dudarlo me puse en contacto con D. Félix Montoya Sánchez, historiador de la Semana Santa taranconera, con varios libros publicados sobre estos temas y del cual destaco, “La Semana Santa de Tarancón: historia, cultura y fe”. Según Montoya, la Hermandad de las cuarenta Horas y Resurrección Gloriosa de Ntro. Señor Jesucristo, fue creada en el año 1640 como consta en el libro de visitas del Obispado del año 1655, aunque la fecha por la que se rige la Hermandad es la que figura en el libro de Constituciones anteriormente citado de 1698, siendo párroco D. Pablo Bernardo Iñiguez Brasas. No cabe duda del tremendo fervor ejercido hacia Cristo Resucitado en Tarancón, que probablemente, según Montoya, se remonta a finales de la Edad Media. En esa época existía una capilla situada a los pies de la torre de la Iglesia Parroquial, dedicada al culto de la Resurrección, que fue sufragada por D. Gil de Torremocha allá por el año 1507. En ella se oficiaban cinco misas a la semana. Esta capilla era conocida popularmente como “de los Coronados”, por ser esta la familia la que se encargaba de su mantenimiento. En el año 1730, con motivo del derrumbe de la torre de la Iglesia, la Capilla, el altar y la propia imagen con la que se procesionó durante más de doscientos años, propiedad de D. José Gregorio Altamiro y Carvajal -Marqués de Alhendín de la Vega-, quedaron destruidas. Al no encontrarse apunte gasto alguno en los libros de contabilidad de la Hermandad donde figurase la restauración del nuevo altar, se cree que ésta fue sufragada por los descendientes de Gil de Torremocha. Esta Hermandad rendía culto extraordinario al Santísimo Sacramento. Sus hermanos se turnaban cada hora de dos en dos, con los blandones de cera, que la hermandad tenía para este fin, durante las cuarenta horas repartidas en los tres días que, según la
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tradición, Jesucristo pasó en el sepulcro. Estas guardias las realizaban en posición firme como ordenaban las constituciones. Esta forma de dar culto divino, la introdujo en la Iglesia Universal, el fraile capuchino Juan de Plantanida, siendo aprobada en 1592 por el Papa Clemente VIII para la ciudad de Roma. Esta congregación capuchina se instaló en Tarancón sobre el año 1687 y posiblemente se deba a ellos la incorporación a la ya existente hermandad de la Resurrección el título de las “Cuarenta Horas”. Otro dato que apunta Montoya y que demuestra el fervor al misterio de la Resurrección en Tarancón, es el retablo mayor de la Parroquia, construido por el escultor y entallador palentino Pedro de Villadiego en la segunda mitad del siglo XVI, donde aparece un panel con la imagen del Resucitado. Se trata del relieve de la Aparición de Jesús Resucitado a la Magdalena o “Noli me tangere”. En él se observa a Cristo apoyando su mano izquierda en una pala, herramienta que da a entender la confusión que ha tenido la Magdalena creyendo que es el hortelano; ella, adora de rodillas al Señor, dejando a un lado la vasija con los perfumes que traía para embalsamar el Cuerpo de Cristo. Al fondo, se narra la aparición a los discípulos camino de Jerusalén a Emaús. Este magnífico panel resume al detalle todo lo acontecido el Domingo de Pascua. En los primeros momentos de la creación de la hermandad, el número de hermanos era de 36, no pudiendo superar nunca los 40, pasando el honor de serlo de padres a hijos. Pero cada hermano podía inscribir a una compañera, que normalmente solía ser la esposa o hija. En tan larga trayectoria, esta hermandad sólo ha visto interrumpida su actividad en dos épocas: la primera, en los años de 1808 al 1815, a causa de la Guerra de la Independencia; y entre los años de 1937 a 1946, por motivo de la Guerra Civil y la posguerra, donde la hermandad perdió todo su patrimonio a excepción del mencionado libro de Constituciones, de ahí que alcance un valor incalculable.
Terminada la posguerra, la Hermandad vuelve a reiniciar su actividad siendo consiliario de la misma D. José María Alfaro Girón. Regida por un prioste (presidente), un notario (secretario) y un depositario (tesorero) a los que había que añadir seis mayordomos nombrados anualmente por orden de lista. Las procesiones de la Pascua de la Resurrección en España se celebran de manera diferente dependiendo del lugar en que nos encontremos. Por ejemplo, en la zona levantina, los Pasos o Tronos como también se denominan, van decorados con gran ornamentación floral y acompañados de varias bandas de música que las hacen ser muy alegres y coloridas, desfilando varios Pasos representando diferentes pasajes de la vida de Jesús. En Andalucía, varía de una zona a otra. En lugares como como Cádiz, Algeciras o Chiclana, normalmente sólo procesiona la Imagen del Resucitado, mientras que en provincias como Córdoba, Sevilla o Granada, la imagen está siempre acompañada por una imagen de la Virgen bajo Palio, vestida con colores muy claros. En la comunidad de Castilla y León y norte de España, como es habitual suelen ser más austeras y, a veces, la Imagen del Resucitado suele sustituirse por la Imagen del Niño Jesús. Las vírgenes van vestidas de riguroso luto hasta llegar al lugar del Encuentro, donde son despojadas de sus mantos negros, apareciendo debajo vestidos de colores claros y luminosos. En nuestra comunidad, Castilla-La Mancha, podemos encontrar influencia dependiendo de la zona donde nos encontremos. En lugares como Hellín, se asemejan más al estilo levantino; en Ciudad Real, sólo desfila la imagen del Resucitado, al igual que en Andalucía occidental; y en zonas como Cuenca capital o Tarancón, se parecen más al modelo castellano, que, aun siendo alegres, no pierden la sobriedad que las caracteriza. El conocer nuestra historia nos enriquece como personas, por ese motivo quiero dar las gracias a Félix Montoya Sánchez, y a los que como él se esfuerzan por recuperar nuestro pasado. Cuenca Nazarena 73
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Por Antonio Abarca. Vicepresidente de la Junta de Cofradías Cuando desde la Junta de Cofradías nos decidimos finalmente a editar la Colección de Cromos de la Semana Santa de Cuenca, ni en los mejores de nuestros augurios podíamos imaginar la magnífica acogida y la trascendencia que iba a tener esta iniciativa. Como citamos en la presentación del álbum, hoy por hoy es muy difícil sacar algún producto que seduzca de una manera especial el interés de los nazarenos conquenses, algo que les sorprenda y que realmente les incite a querer tenerlo a toda costa. Entre nosotros suele ser habitual la expresión de “para Semana Santa está ya todo inventado”. Y no nos falta razón: conciertos; vídeos; CDs; revistas; anuarios; citaciones; libros en todas sus variedades; aplicaciones para móviles; juegos de ordenador; procesiones conmemorativas; traslados; funciones religiosas;… Y así podríamos ir añadiendo a la lista un sinfín de actividades para finalmente ver que muy raramente conseguimos encontrar algo novedoso y original. Y no será por el empeño que todos le ponemos: juntas directivas de hermandades; grupos de jóvenes; asociaciones culturales creadas a la sombra de las hermandades; consiliarios; capellanes; incluso iniciativas particulares,…. Pero cuando un acontecimiento con el reclamo cultural tan enorme que tiene nuestra Semana Santa, lleva ya los años de historia que lleva y, además, son tantas las personas que han participado y participan a lo largo de su existencia, se hace difícil, muy difícil que todavía quede algún palillo sin tocar.
La Junta de Cofradías, como parte esencial de esta realidad, no escapa tampoco a este cometido, y, año tras año, ahí nos encontramos la Comisión Ejecutiva tratando de idear algo inédito y original con lo que sorprender a la Cuenca nazarena y que, cuando menos, no suponga un coste extra para el ejercicio económico de la Junta de Cofradías, y si además dejara algo de beneficio, mucho mejor. Pues, con la Colección de Cromos de la Semana Santa de Cuenca acertamos de pleno, llegando a conseguir todas esas aspiraciones iniciales: como recurso funcionó perfectamente, interesando no solo al entorno nazareno de la ciudad, sino que también atrajo a todos esos antiguos y nuevos apasionados del coleccionismo de cromos; por otra parte, era algo totalmente novedoso, a nadie antes se le había ocurrido la idea de sintetizar de una forma didáctica la Semana Santa de Cuenca en una colección de cromos; y, finalmente, la iniciativa dejó una más que interesante cantidad de beneficio que vino como agua de mayo para la economía de la Junta. Pero lo realmente importante para nosotros, lo que de verdad nos llenó de satisfacción fue comprobar la gran acogida y el interés que provocó la colección en el entorno nazareno conquense. Ese temor inicial que teníamos sobre si la colección iba a tener aceptación se desvaneció a los pocos días cuando desde los puntos de venta, donde habíamos distribuido los sobres y los álbumes, no paraban de demandar más y más sobres. ¡No dábamos a vasto a
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Fotografías: Araceli Cuerda
ensobrar! –Quiero hacer aquí un paréntesis para agradecer a todos los que, de una forma totalmente altruista, os pasasteis por la sede de la Junta para colaborar ensobrando los más de 400.000 cromos en 40.000 sobres que se precisaron. Una ardua labor que indudablemente debe tener el reconocimiento que merece, ya que gracias a vosotros el beneficio final es el que es. Gracias a todos, y sigue pendiente una merienda. Contad con ella-. Tal era el ritmo de venta que pronto nos dimos cuenta que nos habíamos quedado cortos en la tirada y que debíamos acometer rápidamente una segunda edición. Teníamos muy claro que todo el mundo que lo desease debería poder acabar su colección. Era gratificante ir por la calle y recibir felicitaciones por la brillante idea que habíamos tenido. Incluso algunas personas que nos habían manifestado sus dudas sobre el proyecto, admitían ahora su equivocación y se sumaban los que lo calificaban como un rotundo éxito. Durante toda la Cuaresma de 2013 la comidilla de la ciudad no era otra que la colección de cromos: en colegios, en bares, en los quioscos, en las iglesias, en el Museo de Semana Santa, en las sedes de las hermandades,… hasta en nuestras Juntas de Diputación y en las Juntas Generales de las hermandades. Allí donde se encontraban un grupo de nazarenos era raro que no estuvieran intercambiando los cromos “repes”. Poco a poco los coleccionistas se fueron organizando y quedaban en lugares concretos para cambiar cromos. Desde la Librería Evangelio, situada en la Plaza de la Hispanidad, se promovían lo que llamaban “quedadas” donde se reunían grupos de personas para cambiar cromos. Daba gusto ver en esos corros a niños y mayores juntos, unidos en un mismo objetivo: conseguir completar su álbum de cromos. Pero para completar el álbum era imprescindible hablar de Semana Santa, de Semana Santa de Cuenca. Porque os recuerdo que, hábilmente, no habíamos numerado la colección. No queríamos que los cromos se identificaran por el concepto abstracto que siempre supone un número. Era mucho más didáctico y divulgativo que al querer referirse a un determinado cromo se hiciera por
lo que su ilustración representaba. Además la colección también contó con su cromo “difícil”, -La Joya-. Un aliciente más para los nostálgicos coleccionistas. Pero gracias a esa peculiaridad, ¿quién no sabe hoy en día qué es La Joya y dónde y cuando se puede ver? Estoy seguro que a partir de esta colección a nadie pasará desapercibida cuando, en la procesión de Paz y Caridad, la vean prendida del cuello del Jesús de la Oración del Huerto de San Antón, balanceándose levemente a la altura del pecho, al ritmo que le imponen los banceros de esta hermandad. Desde la Junta de Cofradías queremos agradecer la importante labor que desempeñaron los responsables de los comercios donde les llevamos los sobres para su venta, su apoyo se nos antoja que ha sido imprescindible para lograr el éxito alcanzado. Desde este artículo queremos tener un especial reconocimiento, una mención muy especial para Cristina y Luis, Luis y Cristina, Diacha, un auténtico lujo contar con la colaboración de estas dos personas, dos auténticos nazarenos dispuestos siempre a echar una mano en cuanto se lo pidas. Llegaron a convertir su establecimiento en un auténtico mercadillo de cambio de cromos, ambientado con música de marchas procesionales y con degustación de resoli, ¡qué más se podía pedir! Han sido muchas las anécdotas que nos han contado que han surgido alrededor de esta iniciativa y que seguro serán objeto de un artículo en otra ocasión. Solamente querría reseñar una de entre todas las que hasta ahora nos han llegado, la protagonizada por mi buen amigo Boni. Con el paso del tiempo, Boni se convirtió en el mayor experto conocedor de la colección. Un auténtico especialista en conseguir completar álbumes. “Operaba” en la mesa que se sacaba en la Librería Evangelio y me consta que llegó a completar más de cincuenta álbumes: le entregabas tu álbum incompleto y tus cromos repetidos y en un “santiamén” te lo devolvía con todos los cromos que te faltaban. Como él me decía: “Vaya idea buena. Estoy disfrutando como un crio”. Éste y otros testimonios como éste son los que nos llevan a plantearnos, a pesar del trabajo que supone, preparar otra colección para el año que viene. ¡Dios proveerá! Cuenca Nazarena 75
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Por Javier Millas Romero. Secretario de la Iltre. y Vble. Hdad. de Nuestro Padre Jesús Amarrado a la Columna Fotografías: Esther Sáiz Bascuñana El año que no hace mucho acabamos de dejar atrás, fue nefasto para los desfiles procesionales de nuestra Semana Santa pero será, sin embargo, recordado por el extraordinario evento que supuso para la ciudad la celebración del Vía Crucis y posterior traslado organizado por la Delegación de Juventud de la Diócesis de Cuenca enmarcado dentro de los actos conmemorativos del Año de la Fe. Resulta tremendamente emotivo realizar una crónica de lo que supuso para esta Hermandad tan histórica cita. Los días previos fueron de mucha intensidad concentrada en apenas dos semanas. No obstante, y para que quede constancia en esta publicación, que es de todos, llamada Cuenca Nazarena, pasaremos a detallar todo lo que nos dejó aquel ya histórico 23 de Marzo de 2013. Así se gesta la participación de la Hermandad En la ciudad se iban conociendo a cuentagotas noticias de un Vía Crucis que estaba organizando el Obispado con motivo del Año de la Fe, al igual que se estaba haciendo en otras muchas ciudades de la geografía nacional. De justicia es decir que fue en el Foro Nazareno de nuestra página web oficial donde algunos de nuestros “foristas” iban adelantando noticias y rumores que prácticamente en su totalidad fueron luego confirmándose según se acercaban las fechas. Así, supimos de la participación, entre otras tallas, del Nazareno de Huete, del Cristo de la Caridad de Priego, de Ntra. Sra. De las Angustias (del Santuario) o de Jesús Amarrado de Belmonte, obra atribuida a Salzillo. Imágenes todas ellas, de gran veneración en nuestra provincia cuyas salidas procesionales fuera del ámbito de su localidad son realmente escasas o nulas, otorgando por tanto una gran importancia a su presencia en Cuenca ese día. Aproximadamente un mes antes de la fecha en cuestión, el Secretario de la Hermandad recibe una llamada por parte de un miembro de la Comisión organizadora de estos actos, José Andrés Sevilla, proponiendo la participación de nuestra Cofra-
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día en los mismos, haciéndonos cargo del citado “Amarrado” de la localidad de Belmonte, debido a nuestra misma advocación y a que desde la localidad belmonteña tan sólo se aportaba la Talla, y no así banceros o insignia alguna. Así, se celebra una reunión en la que Secretario y Depositario de la Hermandad conocen de mano del citado hermano todos los pormenores de los actos que se estaban preparando desde el Obispado. En un primer momento, la Hermandad debía aportar guión, banceros, faroles y todo lo necesario para poner en la calle la preciosa talla de Salzillo, algo a lo que la Junta de Diputación dio el visto bueno - a falta de ser sometido al dictamen de la Junta General-, teniendo en cuenta que podría ser una cita histórica, y viendo el notable interés y cuidadoso esmero con el que se estaba tratando este asunto desde el Obispado. A partir de este momento, nuestra Hermandad contó con representación en la Comisión Organizadora de los actos del Vía Crucis que se reunía semanalmente. Esta Comisión estaba formada por nazarenos de diferentes Hermandades de nuestra Semana Santa, prácticamente todos ellos miembros de juntas directivas de las mismas y con gran experiencia en organización de este tipo de eventos cofrades a sus espaldas. Cada uno de ellos se encargaba de una de las Tallas participantes siendo el enlace por tanto entre el Obispado y la localidad o Hermandad en cuestión. Junto a estos nazarenos, los sacerdotes representantes de la Delegación de Juventud, destacando Ramón Paje, auténtico “alma Mater” del evento y uno de los máximos “culpables” de que hayamos podido disfrutar en Cuenca del mismo. Presencia de nuestra Talla en el Vía Crucis Resultaría bastante complejo detallar en este reportaje las razones por las cuales la Talla de Belmonte, que en principio iba a participar en el Vía Crucis como el resto de Tallas, finalmente no tuviese presencia en el mismo. Diferentes negociaciones infructuosas entre las partes implicadas - en las cuales debemos señalar que nuestra Hermandad se encontró en todo momento al margen - llevaron al Obispado a prescindir de la talla belmonteña y a solicitar nuestra participación de pleno derecho, esto es, aportando todo lo que hemos señalado anteriormente pero ahora también con la presencia en estos actos de nuestra Sagrada Imagen, la que gubió con maestría Luis Marco Pérez
en 1940. Ahí es nada. Los acontecimientos daban un giro radical y realmente inesperado. La impactante noticia nos es comunicada el 9 de Marzo a última hora de la tarde, apenas unas horas antes de que la Hermandad celebre su habitual Junta General Ordinaria previa a Semana Santa. Ante la imposibilidad material de que la Junta de Diputación se reúna para tratar el asunto, el Secretario contacta con sus miembros por teléfono. No cabe duda. La decisión es unánime. Es una magnífica ocasión, un evento histórico e irrepetible que contará con tallas de gran historia y veneración y que llenará la ciudad de gente venida de todas partes de la provincia. Por tanto, la decisión, como no podía ser de otra manera, es aceptar la invitación y ponerse manos a la obra. Así, en la Junta General Ordinaria celebrada el 10 de Marzo de 2013 (otra fecha ya histórica), en la Sala del Cincuentenario de la Junta de Cofradías, y tras la exposición de todos estos antecedentes, la Asamblea daba su conformidad por unanimidad para que la Hermandad participase en el Vía Crucis que, con motivo del Año de la Fe, y organizado por la Delegación de Juventud de la Diócesis de Cuenca, tendría lugar en nuestra capital el sábado 23 de Marzo. Fueron muchos los hermanos que ya en esa misma Junta General manifestaron su interés en colaborar con la Junta de Diputación en el desarrollo de los actos previstos. Tras la aprobación de la Asamblea, y debido a la premura de tiempo, pues quedaban poco más de 10 días para la celebración del Vía Crucis, la Junta de Diputación se puso manos a la obra para preparar todos los aspectos necesarios para la participación de la Hermandad. Así, se llevaron a cabo las gestiones oportunas para poder contar con acompañamiento musical, contando finalmente con la Banda de Música de Villalpardo, que acudió a nuestra llamada con gran ilusión. Se realizaron invitaciones para poder contar con presencia de representantes de la Junta de Cofradías, Archicofradía de Paz y Caridad y Ayuntamiento de la ciudad tras la Talla, se gestionó con una empresa de mudanzas (teniendo en cuenta la complejidad de finalizar en el Parque de San Julián) la quita de andas, se encargó la realización de un corbatín conmemorativo del evento para poderlo lucir en el Guión, y se consiguió que en el cartel anunciador del Vía Crucis figurase nuestra Talla en lugar de la Cuenca Nazarena 79
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belmonteña. Todo ello, entre otros muchos asuntos, dudas y pequeños flecos que iban surgiendo a medida que se acercaba la fecha. Tras el fuerte respaldo obtenido en la Junta General, era lógico pensar que contaríamos con un nutrido número de hermanos voluntariamente interesados en portar la Talla y los enseres en el Vía Crucis. Afortunadamente así fue, quedando todos los enseres cubiertos y contando además con 30 banceros. A todos ellos, banceros y portainsignias, se les citó a una reunión el 20 de Marzo en la Sala Guerra Campos de la Junta de Cofradías. En la misma, se les explicó detalladamente todo lo relativo a horarios, uniformidad, y desarrollo del acto. A esta reunión acudieron prácticamente la totalidad de los hermanos citados, lo que nos facilitó esta tarea informativa. Así mismo, y debido a las malas previsiones climatológicas que se avecinaban y que parecían inevitables en ese momento, se indicó a los banceros que estuvieran atentos a una posible llamada avisando de la suspensión del acto, algo que posiblemente se decidiría esa misma noche pero que, afortunadamente, y para alegría de todos, no ocurrió. Puesta en andas y exposición en la Catedral Así, el día siguiente, jueves 21 de Marzo, era el día en que tenía lugar la Puesta en Andas de todas las Tallas que iban a formar parte del evento. La Plaza Mayor y la Catedral, desde primera hora de la tarde, eran el centro neurálgico de la actividad nazarena. En lo que respecta a nuestra Hermandad, la puesta en andas transcurrió con total normalidad. Los banceros y hermanos colaboradores, en gran número, se dieron cita a las 16:30 h. en la nave de andas de la Junta de Cofradías para recoger andas, banzos, horquillas y resto de enseres. A la vez, un grupo de hermanos se desplazaba a la Parroquia de Ntra. Sra. de la Luz para trasladar la Talla de Ntro. Padre Jesús Amarrado a la Columna. Así, gracias a la colaboración de todos, a eso de las 18:30 h. el “Amarrao” se encontraba ya listo en la Catedral ocupando el espacio que tenía asignado, junto al Paso de la Oración en el Huerto, de San Clemente, y frente al Transparente de San Julián. La Talla quedó dispuesta sobre las andas que la Hermandad utiliza cada Primer Viernes de Cuaresma en el tradicional Vía Crucis del Barrio de San Antón – sin Sayón azotándole- .
Entrelazando sus manos a la Columna, la Imagen lucía los cordones que habitualmente porta cada Jueves Santo. Se remataba el “paso” con un bonito centro de flores que, por cierto, momentos antes de la Procesión del sábado, fue ofrecido al Patrón de Cuenca. A ambos lados, se dejaron situados el Guión de la Hermandad y los dos faroles de cabecera. La tarde finalizaba con la bendición, por parte de nuestro Consiliario, D. Gonzalo Marín, del corbatín conmemorativo realizado para la ocasión. Quedaba así la Catedral dispuesta para que conquenses y visitantes pudieran admirar tan sensacional escenario, y es que realmente la imagen que ofrecía el Templo conquense, con quince pasos de tal calibre en su interior, era algo digno de ver. El viernes 22 de Marzo, Viernes de Dolores, la Catedral estuvo abierta al público a lo largo de prácticamente todo el día, siendo visitada por una gran multitud de personas que pudieron apreciar en toda su belleza las Tallas que se encontraban expuestas en su interior, que ofrecían una estampa que será difícil que se repita en el futuro. Junto a ellas se colocaron paneles explicativos con la historia y particularidades de cada una; no obstante, a lo largo del día, siempre hubo algún miembro cada una de las Hermandades que explicaba a las numerosas personas que pasaban por la Catedral diversos aspectos históricos, curiosidades, o apuntes sobre su escultor o la propia Talla. Así, y como nota curiosa, podemos decir que nuestra Hermandad agotó todas las estampas preparadas para repartir a lo largo del día, lo que da una buena muestra de la gran afluencia de fieles que pasaron por la Catedral. Ya a última hora del viernes, y de acuerdo con la organización, se dieron cita en el Templo numerosos hermanos que colaboraron en dejar el paso dispuesto para el Vía Crucis del día siguiente. Se dejaban puestos por tanto banzos y almohadillas y se desmontaban las mesas cuyo destino era ya el Parque de San Julián. Todo estaba preparado. La ilusión pudo con la mala climatología El sábado 23 era el gran día. A las 8 h. de la mañana, estaban citados en la Plaza Mayor los banceros y portainsignias de nuestra Hermandad, espacio que por cierto se encontraba totalmente repleto debido a la presencia de autobuses, músicos, nazarenos y fieles venidos de todas partes de la provincia que se mezclaban dejando una imagen realmente espectacular.
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La puntualidad fue exquisita, y apenas media hora después ya se encontraban en el interior de la Catedral todos los hermanos citados, perfectamente uniformados con traje y corbata oscuros, camisa blanca y guantes con el escudo de la Hermandad. Se procedía entonces, por parte de Juan Soria, nuestro Capataz, a la medición de Banceros y a la organización en dos grupos para los relevos. Hermanos jóvenes y veteranos compartían banzo en esta experiencia inolvidable. Entrañable resultó ver bajo el banzo a hermanos que hacía años que tuvieron que dejarlo debido a su edad, pero que aprovecharon la ocasión para volver a sentir por unas horas el peso del “Amarrao” sobre sus hombros. Ponía los pelos de punta ver las caras de ilusión con las que afrontaban las horas previas al inicio del Vía Crucis. Sin embargo, no todo eran buenas noticias. La situación meteorológica en el exterior del Templo era realmente complicada. Una fina lluvia hacía acto de presencia, motivando la celebración de una reunión de representantes de todas las Hermandades a eso de las 8:45 h. A la reunión asistían también miembros del Obispado, personal responsable de la Seguridad y se invitaba también al Presidente de la Junta de Cofradías. Fue entonces, tras escuchar diversas opiniones y efectuar la pertinente llamada al servicio de meteorología, cuando se decidió retrasar la salida del desfile en media hora, algo que inmediatamente se comunicó por parte del Secretario de la Hermandad a banceros y portainsignias. Transcurrido ese plazo, que se hizo prácticamente interminable, vuelve a producirse otra reunión y ante las previsiones que indican que la situación puede mejorar según avance la mañana, se decidió alterar el orden previsto, y comenzar realizando el Vía Crucis por parte del Sr. Obispo en el interior de la Catedral, y posteriormente volver a analizar la situación para ver si definitivamente se suspendía o no el traslado. Así se hizo, y desde luego la decisión no pudo ser más acertada. Desde el Obispado se dio la orden de abrir las puertas de la Catedral para que entrasen los muchos fieles que esperaban en la Plaza Mayor, y el Vía Crucis comenzó en el interior del Templo. Posiblemente el hecho de realizar el acto dentro de la Catedral y no en el Parque de San Julián, como estaba previsto, le imprimió un carácter más íntimo (a pesar de que, paradójicamente, la Catedral se encontraba repleta de fieles). La Cruz
de los Jóvenes fue parando delante de cada una de las Tallas, precediendo al Sr. Obispo, que presidió el Vía Crucis. La cabecera de nuestra Hermandad se formó delante de la Talla que se encontraba elevada a hombros de sus banceros, en el momento que la Cruz se paró delante del “Amarrao”. Un momento para el recuerdo, entre las oraciones que surgían de la megafonía y el incienso que perfumaba este instante tan especial. Al finalizar este emotivo acto, aproximadamente a las 11:30 h., se produjo una nueva reunión a la que asistieron los representantes antes mencionados y ante la mejoría evidente que presentaba la situación atmosférica, se decidió el inmediato comienzo del traslado hacia el Parque de San Julián, noticia que se comunicó a través de megafonía y que fue recibido con gran alegría por los congregados en el Templo puesto que las esperanzas de poder ver todas estas Tallas en la calle empezaban a menguar según avanzaban las horas. Así, y en medio de una gran ilusión por la tregua concedida por la lluvia, comenzó a formarse la cabecera de la Hermandad en el interior de la Catedral compuesta del Guión, portado por el hermano David Belinchón y dos faroles, portados por las hermanas Verónica Navarro (sustituida en la parte final por Raquel Saiz) y Elena García. A continuación dos niños, Pablo Sevilla y Rodrigo Mota, llevando el incensario, y seguidamente el Paso, portado por 16 banceros, y flanqueados por el resto en dos filas, que serían el segundo turno. Tras la Talla, presidía nuestro Hermano Mayor, Fernando Díaz Miranzos junto al Consiliario de la Hermandad, D. Gonzalo Marín. Y tras ellos, la presidencia civil formada por el Presidente de la Junta de Cofradías, Jorge Sánchez Albendea, el Secretario de la Archicofradía de Paz y Caridad, Enrique España, la Concejal del Ayuntamiento de Cuenca, Ana de la Hoz y la Alcaldesa del Ayuntamiento de Villalpardo, Pilar Martínez, acompañando así a la Banda de música de su localidad. Cerraban cortejo Cristian Caballero, Carlos Millas, Raquel Millas y Paloma Garrote, cuatro niños de la Hermandad que actuaron como voluntarios separándonos de la Hermandad posterior. Finalmente, en tareas de organización interna, Alberto de León y Javier Millas, Depositario y Secretario de la Hermandad respectivamente. La primera sorpresa que nos tenía guardada este Vía Crucis se manifestaba a la salida de la Catedral, puesto que se hizo a los sones del himno nacional, hecho que no es habitual en Cuenca Nazarena 81
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nuestra Hermandad y que resultó un momento realmente especial para todos. Nada más salir, como estaba establecido, se hizo una respetuosa parada junto a la imagen de Ntra. Sra. de las Angustias, del Santuario, que esperaba junto al Templo y que era testigo del inicio de un evento extraordinario. El paso por la Plaza Mayor, que se encontraba repleta de público, se hizo de manera solemne y emotiva a los sones de “Mater Mea”. Seriedad e ilusión se veía en la cara de los banceros, que mecían al “Amarrao” con paso lento en esta parte inicial del desfile. La procesión fue transcurriendo sin incidentes, hasta que a la altura del Museo de la Semana Santa se produjo el primer relevo de banceros. Otras caras bajo el banzo, pero los mismos gestos de responsabilidad y orgullo por estar presentes en una cita histórica. Frente a la Sede de la Hermandad, unos pasos más adelante, se giró levemente la Imagen. En ese mismo momento, y casi sin esperarlo, el sol comenzó a brillar con fuerza (a pesar de las negras nubes que aún amenazaban lluvia) viviendo así, en la zona de la Audiencia, instantes de especial belleza y lucimiento. Destacaba también el magnífico comportamiento de la Banda de Música de Villalpardo que con sus marchas procesionales contribuía al buen trabajo de los banceros. El cortejo avanzaba, pasando Palafox, y a la altura del Puente de la Trinidad se produjo un nuevo relevo. La entrada en la parte baja de la ciudad contó con la presencia de muchísimo público que no quería perderse este histórico evento, animado además por la mejora en la climatología. El traslado continuó por Calderón de la Barca, hasta que, a la altura del monumento al Nazareno, se realizó el último relevo de banceros. Así, se fue acercando la Talla al Parque de San Julián por la calle Juan Correcher. La entrada al mismo, resultó brillante y espectacular, a la vez que por la megafonía se anunciaba la entrada del Paso, y se informaba de ciertos aspectos históricos y detalles curiosos de la Hermandad. Se vivía así otro momento irrepetible, como era ver al “Amarrao” desfilar por un emplazamiento tan peculiar y emblemático. Así poco a poco se acercaba el final de este desfile. El “Amarrao” fue dejado en borriquetas esperando la llegada del resto
de pasos y la bendición final por parte del Sr. Obispo que, como decimos, cerraba un evento realmente único, cargado de momentos inolvidables, y que al final, y tras gran incertidumbre, había contado con el beneplácito de la meteorología, que desgraciadamente, nos abandonaría ya esa misma tarde, y para casi toda la Semana Santa. Tras el Vía Crucis, la Talla junto a los enseres utilizados fueron introducidos en un camión de mudanzas contratado para la ocasión que reunía todas las condiciones de seguridad necesarias como para realizar la vuelta a la Parroquia con tranquilidad. Todos los banceros, y numerosos hermanos, como a lo largo de los tres días, colaboraron con la Hermandad y ayudaron a recoger todo y a dejar, de nuevo, a Jesús Amarrado en su hornacina, de donde volvería a salir, curiosamente, tan sólo dos días después, Lunes Santo. Tras esto, casi a las 16:30 h. nos dirigimos todos juntos a comer algo, satisfechos por haber podido disfrutar de un día tan largo y con tantos nervios, pero tan especial al fin y al cabo. No queremos despedir esta crónica sin hacer mención de nuevo a los 30 banceros que con ilusión y fervor estuvieron junto a su “Amarrao” una vez más. No queremos extendernos más nombrándolos uno a uno, pero vaya para todos ellos nuestro agradecimiento y respeto por su magnífico comportamiento y su compromiso. Tampoco queremos olvidarnos de aquellos que colaboraron con la Hermandad a lo largo de estos tres días, o que incluso tenían previsto portar la Talla, y luego no pudieron disfrutar de este día por motivos laborales o de otra índole. Vaya también para todos ellos nuestro agradecimiento por su esfuerzo e ilusión. Así finalizaban tres jornadas que ya forman parte de la historia de la Hermandad. Para el recuerdo, un Vía Crucis y un traslado en el que se contó con la participación de numerosos hermanos que volvieron a demostrar, una vez más, que cuando existe unión y participación, esta Hermandad lo es, y con mayúsculas. En la memoria, todo aquello que no se puede contar aquí porque son recuerdos y anécdotas íntimas de cada uno de los que hemos tenido la suerte de vivir algo tan especial y seguramente, irrepetible.
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Por Antonio Abarca Contreras. Rpte. de la V.H. de Ntro. Padre Jesús Orando en el Huerto -de San AntónFotografías: Cantera Nazarena 84 Cuenca Nazarena
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Todos sabemos la importancia que tiene que en las hermandades haya gente joven. Siempre hemos dicho que en ellos está el futuro. Pero, cada vez nos cuesta más conseguir que los jóvenes permanezcan activos en las cofradías una vez que han pasado de la niñez: ese periodo donde, guiados y dirigidos por los padres, no se preguntan por qué hacen esto o aquello y solamente se limitan a obedecer e imitar los comportamientos de sus progenitores. Así vemos, como en nuestras procesiones proliferan los niños y niñas pequeños que desfilan en esa “fila del medio”, que generalmente se sitúa tras el guion de la hermandad. Niños y niñas que años más tarde, tras su paso, durante cuatro o cinco años, como nazarenos de tulipa, terminan por abandonar su participación en la hermandad hasta que de nuevo, cuando alcanzan la mayoría de edad, vuelven a participar, en estos casos ya como banceros o banceras –que también las hay-. Pero muchos de ellos, la gran mayoría, los perdemos para siempre. Y éste, sin duda, es el gran reto actual al que nos enfrentamos las hermandades. Actualmente no corren buenos tiempos para nada que se encuentre relacionado con la religión: creencias, ritos, costumbres, valores,… todo esta cuestionado en una sociedad donde impera el egoísmo, el consumo y lo efímero. Y las hermandades, como parte que son del hecho religioso cristiano, tampoco escapamos a esta auténtica amenaza. Pero, no debemos de caer en el error de pasarles a ellos, a nuestros jóvenes, toda la responsabilidad de su “huida”, porque: ¿en cuantas de nuestras hermandades se realizan actividades para jóvenes?, es más, ¿cuántas hermandades tienen actividades desarrolladas por jóvenes?; ¿se les escucha cuando quieren dar su opinión en las juntas generales?; ¿se les deja formar parte de las juntas directivas?;... Si, encima que la competencia es difícil, no ponemos nada por nuestra parte, el desastre está garantizado. En nuestra hermandad, la Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto -de San Antón- conocemos bien está problemática y siempre la hemos tenido presente como objetivo a cumplir. Tradicionalmente, los niños siempre han acompañado a sus padres y madres, participando de forma más o menos activa en cuantas actividades realizaba la hermandad: juntas generales; puesta y quita de andas, funciones religiosas, conciertos, ágapes,… En todas ellas, la presencia de los más pequeños ha sido siempre muy numerosa. Mención
aparte merece su participación en la procesión. Podemos vanagloriarnos de ser una de las hermandades en la que más niños pequeños procesionan. No en vano, hemos sido galardonados en dos ocasiones, en los años 2009 y 2013, con el “Premio a la Mejor Cantera Nazarena de la Semana Santa de Cuenca”, distinción que, año tras año, otorga la Asociación Capuces de Cuenca. Pero éramos conscientes que podíamos y debíamos hacer más. En la junta de diputación de la hermandad se llevaba barajando, durante los últimos años, la posibilidad de hacerse con un local donde se pudiera tener recogidos y bien guardados los enseres de la hermandad, que se encontraban desperdigados en las viviendas de diferentes miembros de la cofradía, y donde se pudiera tener un punto de encuentro para todos los hermanos. Y de esta forma conseguir que el sentimiento de pertenencia a la hermandad del Huerto de San Antón estuviera vivo durante todo el año. Por fin, en la Junta General de 2010 se aprobó que la hermandad pudiera alquilar un local en la calle Solera, muy cerca del edificio que es propiedad de la Junta de Cofradías. Desde este momento, la hermandad se mostró entusiasmada con el proyecto y fueron muchas las ideas que fueron surgiendo para darle uso. Las obras de acondicionamiento del local fueron realizadas por dos miembros de la hermandad: Paco Zafra y su hijo Sergio. Paco, además, era miembro de la Junta de Diputación y se encontraba especialmente identificado e ilusionado. Conforme lo iba rehabilitando, nos comentando las muchas posibilidades que tenía y como su uso iba repercutir positivamente en la hermandad, permitiendo que estuviera viva durante todo el año. Pero, lo que de verdad ilusionaba a Paco era imaginarse la sede llena de niños y niñas realizando actividades y empapándose del verdadero espíritu de la hermandad del Huerto de San Antón: “Ya sabéis que ellos son el futuro”. -Nos decía-. Finalmente, la sede se inauguró el 18 de marzo de 2012, en un sencillo acto en el que fue bendecida por el consiliario de la hermandad, José María Alcázar, y que contó con la asistencia del presidente de la Junta de Cofradías, Jorge Sánchez Albendea, y de muchísimos hermanos. Desde ese momento, la sede comenzó a ser el epicentro de la actividad de la hermandad: se realizan las juntas de diputación; se acondiciona para guardar y conservar los enseres y la documentación que la hermandad posee; y comienzan a programarse actividades por grupos de hermanos con el fin de darle uso. Cuenca Nazarena 85
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Desgraciadamente, unos meses más tarde de su inauguración, en el mes de febrero de 2013, Paco Zafra fallece en un fatídico accidente de trabajo. Fue un duro golpe para todos. Paco era uno de los pilares más sólidos en los que se sustentaba la hermandad en esos momentos. La Semana Santa de 2013 se hizo especialmente difícil para toda la hermandad. La tristeza que a todos nos invadía por su pérdida, tan solo encontraba consuelo y alivio, al recordar lo feliz y dichoso que Paco había sido en su hermandad del Huerto mientras la vida se lo permitió. En la Junta General que la hermandad tiene establecido celebrar los Lunes de Pascua de Resurrección, donde se hace balance de la gestión anual de la hermandad en todos sus aspectos y donde se toman los acuerdos que regirán el funcionamiento durante los meses siguientes, en la del año 2013, Eduardo Zafra, hijo menor del malogrado Paco, decide proponer a la asamblea la formación de un grupo de hermanos que recojan el testigo de la ilusión que tenía su padre de trabajar en la sede con los más pequeños y jóvenes de la hermandad. La propuesta es aprobada por asentimiento de todos los presentes. El 13 de mayo de ese mismo año tiene lugar la primera reunión del grupo donde acudimos todos los que queríamos formar parte del proyecto y donde se establecen las primeras líneas de trabajo. También se decide el nombre del grupo: “La Cantera Nazarena de la Hermandad del Huerto de San Antón”. Con este nombre no solo se dejan bien claros los objetivos del grupo: como si de una cantera deportiva se tratara, forjar buenos nazarenos que garanticen el futuro de la hermandad; sino que también se recogía el reconocimiento por el premio concedido a la hermandad en los años 2009 y 2013 por la gran cantidad de niños y niñas que participaban en nuestro desfile procesional. Como objetivo principal se fijó: desarrollar actividades basadas en la convivencia de los más pequeños y de los jóvenes de la cofradía, favoreciendo su integración en la hermandad, haciéndoles sentirse útiles e importantes dentro de la misma y fomentando su amor y devoción por el paso del Huerto de San Antón y por la Semana Santa de Cuenca. Y, de esta forma, ser receptores de esta santa y ancestral tradición de las gentes de Cuenca, para que luego, ellos, puedan proceder de idéntica manera con sus sucesores. El futuro les pertenece. Se tratará pues, de una actividad abierta y flexible que se desarrollará a través de la realización de talleres, en los que se
intentará que los niños, de una forma lúdica y divertida, lleguen a conocer a fondo la hermandad y la Semana Santa de Cuenca, y adquieran valores, actitudes y hábitos basados en nuestra fe cristiana, tan necesarios, por desarraigados, en la sociedad actual. A ésta, le sucedieron más y más reuniones, hasta que el día 2 de octubre el proyecto es presentado a la Junta de Diputación, la cual lo aprueba por unanimidad, poniéndose a disposición del grupo para cuantas actividades o actos fueran precisados. Y tal y como estaba previsto, el día 5 de octubre, repletos de ilusión y ganas de trabajar, comienza su andadura la Cantera Nazarena del Huerto de San Antón, en la que a los hermanos que inicialmente formaron el grupo se le unen un gran número de niños y niñas de la hermandad. En este tiempo se han realizado muchas actividades. Cabría destacar la confección y el montaje de un belén para Navidad, donde los niños fueron los creadores de la mayoría de las figuritas, de las casas y de otros elementos que finalmente formaron un precioso belén. El día de su inauguración fue una jornada especialmente feliz para el grupo de la Cantera Nazarena, ya que fueron muchas, muchísimas, las personas que se acercaron hasta la sede para ver el resultado final y compartir el chocolate que habíamos preparado para la ocasión: la hermandad estaba viva y la Cantera Nazarena daba sus primeros frutos. Destacar también la campaña de recogida de alimentos, que bajo el nombre de “Un Chocolate Solidario”, se llevó a cabo durante el periodo navideño. Para ser el primer año que lo realizábamos no estuvo nada mal. Todo lo recogido, lo entregamos a la parroquia de Nuestra Señora de la Luz para que lo repartiera entre los más necesitados. Actualmente la Cantera Nazarena sigue a pleno rendimiento realizando las actividades que se tienen programadas: realizar la Ruta de Belenes Nazarenos; merienda con los niños de La Borriquilla; visita al Museo de Semana Santa…; Y buscando otras nuevas: charlas con personas relevantes de nuestra hermandad y de la Semana Santa de Cuenca; encuentros en la parroquia de Nuestra Señora de la Luz con nuestro consiliario, donde nos enseña a rezar a nuestras sagradas imágenes titulares; juegos sobre Semana Santa; actividades con otras hermandades;… Y, si todo sale bien, para celebrar el primer año de existencia, tenemos pensada una sorpresa que resultará muy, pero que muy interesante para la hermandad.
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Fotografía: Antonio Abarca
Paco, allí donde estás,… en el Cielo. ¡Mira a tu gente! ¡Los hermanos del Huerto! Hemos sido capaces de realizar tu sueño, tu empeño: ¡La hermandad está viva! La sede funciona y los más pequeños y los jóvenes son sus principales protagonistas. Por eso sabemos que estarás contento y orgulloso de nosotros, y tu rostro tendrá perfilada ahora su sonrisa. La misma con la que nos recibías siempre que nos encontrábamos contigo. Descansa en Paz, hermano.
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Por Luis Ángel Martínez Domingo. Secretario de la Vble. Hdad. de Nuestra Señora de la Soledad (del Puente) El origen del Belén como tal nació en el siglo XIII, convirtiéndose en la representación material de las escenas del nacimiento de Jesús y de la visita de los Reyes Magos. Hoy es una bonita tradición en muchos lugares que provoca la admiración de visitantes, amigos y familiares. Según dictan los libros de historia y la mayoría de investigaciones realizadas al respecto, aunque con varias versiones en el origen del mismo hecho, la tradición de la historia del Belén se remonta al siglo XIII, atribuido a la figura de San Francisco de Asís, el cual en la villa italiana de Greccio, junto a una ermita, se disponía a celebrar en una cueva la misa de medianoche, la actualmente conocida como Misa del Gallo. Alrededor de un pesebre y con la figura del niño Jesús que el propio Santo había moldeado con sus manos, se cantaban alabanzas y oraciones en honor al Misterio del Nacimiento. En el momento más solemne de dicha liturgia, aquella figura inmóvil adquirió vida, y con amplia sonrisa en su rostro, extendió sus brazos hacia el Santo de Asís causando gran alegría y emoción entre los asistentes a la Santa Misa. A partir de ese momento, en todos los hogares comenzaron a levantarse humildes nacimientos en señal de agradecimiento por aquella bendición. Fue a partir del siglo XIV cuando se consolidó por toda Italia la tradición de poner el Belén en Navidad, hecho que posteriormente se fue trasladando al resto de Europa. Siguiendo esta evolución, el Belén de Navidad llegó a España a mediados del siglo XVIII, cuando Carlos III de Borbón se convirtió en rey de España. Con la llegada del siglo XIX los nacimientos se hicieron habituales en los hogares españoles y aquella imagen simbólica que quiso recrear el santo franciscano en el interior de una cueva,
pasó a formar parte de las festividades navideñas de cualquier familia española. Hoy en día, la tradición de poner el Belén se mantiene en todos los países católicos. La creatividad y originalidad para representar estas escenas de la Natividad de Ntro. Sr. Jesucristo es toda una verdadera obra de arte e ingenio pues muchas y variadas son las técnicas utilizadas por los maestros belenistas para tratar de buscar el mayor de los realismos. Podemos verlos principalmente en todas las iglesias y templos religiosos, pero también en diferentes establecimientos de una ciudad, en las escuelas, en parques o en los rincones de cada hogar. En su difusión y contribución para preservar esa bonita tradición heredada de nuestros ancestros, toman parte importante las Hermandades que componen la Semana Santa de la ciudad pues, como entidades religiosas, deben desarrollar su papel guiando a sus Hermanos en el camino de la fe en aquel que un día nació para dar la vida por todos nosotros en la Cruz. Por esa razón fundamental, y con el objetivo de mantener esta esencia en una época del año diferente a la Semana de Pasión, la Junta de Cofradías esgrimía una bonita e interesante propuesta dirigida a las Hermandades de Cuenca que año tras año elaboran un bonito Belén en sus respectivas Sedes: diseñar una Ruta de Belenes que uniese más a la familia nazarena de la ciudad durante la Navidad.
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“José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que ha sido engendrado en ella es del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo; y le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados.” Mt 1, 18-24 Para ello, con esa primera premisa sobre el papel, los responsables de algunas de las Hermandades que forman parte de la institución nazarena, y que habitualmente diseñan un Belén para exponerlo en Navidad, daban el primer paso para hacer realidad ese proyecto repleto de ilusión. Tras tres años de trabajo, la Vrble. Hdad. de Ntra. Sra de la Soledad del Puente, la Vrble. Hdad. de Ntra. Sra. la Virgen de la Amargura con San Juan Apostol, la Vrble. Hdad. del Stsmo. Cristo del Perdón – La Exaltación, la Vrble. Hdad. de Ntro Padre Jesús Resucitado y la Virgen del Amparo y el Museo de la Semana Santa de Cuenca, organizan la denominada Ruta de Belenes con una diversificación artística que las dota a todas ellas de una particularidad digna de mención y análisis por parte de los visitantes que hasta sus Sedes se acercan cada año. A lo largo de estas tres ediciones hemos podido disfrutar del belén tradicional de La Exaltación y de la Virgen de la Soledad, cada año totalmente diferente y con detalles novedosos, y con el que probablemente más personas se identifican; un belén serrano que quizá aporta muchos más detalles y un trabajo más pormenorizado que el primero (véase por ejemplo, el diseño de todas las tejas de las casas, las rejas o las farolas de las calles); sendas exposiciones de Nacimientos en la Hermandad de Ntro. Padre Jesús Resucitado, una del reconocido artista conquense Tomas Bux (2012) y otra de varios países del mundo (2013) o las diferentes muestras expositivas que por el Museo de la Semana Santa han pasado a cargo de Pilar Castellanos (2011), Jose Andrés Sevilla y sus “Detalles de un Nacimiento” en pirograbados en el 2012 y los Dioramas de Arturo García Patiño de esta pasada Epifanía. Todas estas obras de arte navideño han propiciado una afluencia masiva de visitantes que se aleja de las previsiones más optimistas que los responsables de esta idea hubiesen imaginado pero que, al mismo tiempo, muestra con claridad los buenos resultados de un trabajo bien diseñado, organizado y coordinado por todas las partes implicadas, trabajo que ha recogido las opiniones críticas de todos los visitantes los cuales, con su particular visión de estas
obras, han propiciado corregir aquellas deficiencias o carencias que la Ruta ha mostrado cada año para poder mejorarla. El trabajo debe continuar de ahora en adelante para que otras Hermandades se añadan a esta bonita iniciativa. A buen seguro que aquellas que ya cuentan con sedes cerca del recorrido diseñado, así como otros espacios que podrían servir de ubicación para los belenes de otras (Casa de Cristiandad, las Iglesias de San Miguel o San Andrés, los bajos del propio Museo de la Semana Santa, …), no dudarán en aunar esfuerzos para formar parte del proyecto y en años sucesivos esta Ruta de Belenes sea una cita ineludible para todos los nazarenos de la ciudad. Y es que ese debe ser el espíritu que a todos nos debe reunir ya que pensar solamente en tener suerte para poder llevarme a casa la Cesta de Navidad que con tal motivo se conforma con productos navideños y recuerdos de todas las entidades participantes, debe quedarse en un bonito detalle y no en un aliciente o excusa para realizar la visita a nuestro Señor. Debemos concentrar nuestra mente en recordar cada año al Salvador, bien sea con trabajo para elaborar el belén en nuestra Hermandad, bien sea con nuestra presencia y valoración del resultado que nos ofrece, o simplemente con una oración de gracias por permitirnos un año más poder reunirnos en torno a una Hermandad, cantando un villancico y estrechando la mano del Hermano que tenemos al lado en señal de agradecimiento y amor fraterno. La semilla está sembrada y ha empezado a dar sus frutos. El tiempo y la concienciación de todos serán los nutrientes de la tierra que ha dado la vida a esta idea forjada en las mentes de unos nazarenos para que consiga expandirse en la ciudad. Las futuras generaciones deberán continuar la tarea que aquellas gentes de Greccio comenzaron y que hoy, otras personas tratan de mantener con su esfuerzo, trabajo e ilusión. Navidad y Semana Santa. Alegría por un Nacimiento y Sufrimiento por y para los demás. Gracias, Señor, por dejarnos ser tus Hijos. Cuenca Nazarena 91
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Fotografía: Enrique Martínez Gil
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DIGNÍSIMAS AUTORIDADES SR. PRESIDENTE DE LA JUNTA DE COFRADÍAS DE CUENCA NAZARENOS Y NAZARENAS DE CUENCA HERMANOS Y HERMANAS DE LA VBLE. HDAD. DE NTRA. SRA. DE LA SOLEDAD DEL PUENTE CONQUENSES Y AMIGOS Cuenca impresiona, es romántica, misteriosa y bella. La celebración de su Semana Santa, declarada de Interés Turístico Internacional, se remonta al siglo XVII, momento en que Agustinos y Trinitarios configuraron las dos primeras procesiones conquenses al fundar las primeras cofradías, y hoy, miles de nazarenos y penitentes, que van dando luz y color con sus cirios junto a los banceros, acunando sobre sus hombros toneladas de hierro y madera, rememoran por las calles de la ciudad la Pasión y Muerte de Cristo. Sucede como cada año, cuando el árbol del amor de la curva de la audiencia estalla en flor, cuando la luna llena aparece en lo alto del cerro Socorro, cuando las golondrinas y demás aves
inquietas revolotean por encima de Cuenca anunciando que la primavera ha llegado, proclamando la Semana Santa. Recuerdo aquellos días de mi infancia cuando en el colegio les decía a mis compañeros: “¡por fin llega nuestra Semana Santa!” y ellos no me hacían caso, se lo tomaban como algo más, días de fiesta, días para descansar, pero no se daban cuenta de que para mí era algo más que eso, era un sentimiento, una pasión. Este año no he hablado con nadie sobre lo que significa para mí esta fecha tan señalada, prefiero escribirlo, escribirlo y dejarlo plasmado en el recuerdo, para luego volver a leerlo y sentirme viva de nuevo. Recorrer las calles de Cuenca, desnudas, estrechas y empinadas, entre piedras y forja, clarines y tambores, una perfecta sinfonía de sonidos, imágenes y colores, colores enlutados por un llanto ahogado de una madre en busca de su hijo. Ver cómo se escapan las notas de una trompeta y llegan a oídos de aquellos que escuchan más allá del barullo de gente. Porque, quizá, esa es la manera de vivir la Semana Santa, mirar más cerca, más, tan cerca que lo borroso se vuelva nítido, se vuelva claro. Resuena todavía en mi cabeza, el sordo golpe de la horquilla del nazareno, contra el suelo empedrado de Cuenca, una tradición que merece ser conservada, nuestra Semana Santa. Cuenca Nazarena 93
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Hay cosas que pasaron antes, mucho antes. Cuando tus abuelos te llevaban a ver las procesiones de la mano y tú llorabas, llorabas sin motivo, sólo porque te han enseñado que cuando alguien sufre, llora. Pero hoy no lo siento así, son lágrimas derramadas de alegría, emoción y devoción y al mismo tiempo lágrimas de rabia e impotencia, de ver lo más querido insultado, ultrajado y derrotado. Un punto culminante para mí, es la llegada de nuestro Jesús Nazareno a la altura de la iglesia de San Felipe Neri cuando irremediablemente con los sentimientos a flor de piel, procuro aplacar los nervios y, con un nudo que me oprime la garganta, creo imposible retener tanta emoción que me embarga. De repente ¡shh…! el silencio se hizo presente, un silencio absoluto, parecía que las calles hubieran quedado de pronto vacías, sólo nuestro Jesús frente a los Oblatos, buscando ese canto del Miserere interpretado por el coro de Cuenca, voces encantadas como su ciudad, que nos culminan. Este es el verdadero motivo de la Semana Santa, salir a la calle dispuesta a acercarte un poco más a aquello que te hace más humana. A compartir una pasión con gente que ni siquiera conoces y estando en la procesión, siguiendo con paso lento y silencioso a esa imagen que tanto veneras y contemplar ese farolillo que se está apagando, ver a esa madre, dolorosa, madre que derrama un mar de lágrimas y que hasta el cauce se ha secado de tanto llorar. Jesús, cuna de toda inspiración, rogando a su madre que no le dejara caer, pidiendo a toda la humanidad que si caía, ellos se hicieran más fuertes. Ver a los nazarenos alzando a Jesús, proclamando al cielo que nunca lo dejarían caer, lo sujetarían en sus brazos para que su peso se hiciera sentir. Nosotros, nazarenos, adorando en silencio, contemplando las caras de agotamiento y a pesar de ello, seguir adelante como Él nos enseñó. Desde nuestro camino, vemos a la otra persona cada vez más lejos, pero sabemos que al final nos volveremos a juntar, flotando en el aire, dejándonos llevar por sonidos robados de notas musicales que dejan en nuestra memoria las marchas procesionales, fúnebres y de pasión. Notas de campanas del reloj de Mangana, que se alza altanero y que sólo él se atreve a marcar esas horas incesantes que nos embargan, que entre el viento suave y frío de la tarde noche nos hace respetar los pasos a golpe de gubias, ofrendas de sangre, sudor y lágrimas, porque la pasión vivida en estos días pesa tanto, que sobrecoge, y una vez más, me siento pequeña.
Los conquenses representan la dramatización viva de la pasión y muerte de Jesús por la parte antigua de su ciudad, tan especial, tan medieval, con sus repechos y sus cuestas, es como si realmente recorrieran el mismísimo camino hacia el calvario. Cuenca, entre sus luces y sombras, iluminada también por el calor de sus cirios y velas encendidas y allí entre sus riscos, a los pies del corazón de Jesús, la hoz del Huécar y al otro lado, a los pies de la Virgen de las Angustias, el río Júcar que ayuda con sus murmullos de agua a aplacar el dolor, la angustia y la agonía de esa madre que asoma sobre el pórtico hacia el puente de San Antón, al compás de un drama. Bajo sus pies, el río, en cuyo reflejo, resplandece ese manto aterciopelado de negro azabache y plateadas andas, en busca de su hijo amado, mirando hacia el cielo estrellado esperando una señal, con lágrimas en los ojos, lo pide con clemencia. ¡Qué puñal de dolor! Ver a su hijo con la cruz a cuestas, solo y desamparado. Pesa tanto ese dolor, que nos sobrecoge el alma, recorriendo otra calle más, donde muere un más allá, en una memoria, en un recuerdo, sin saber que pronto un Jesús Resucitado recorrerá esas calles para encontrarse con ella, con su madre, donde la despojarán de su manto negro, pasando a lucir uno verde y oro, alejando ya cualquier sentimiento de dolor. Los dos, uno frente al otro, se prodigarán en un vaivén mecido por los banceros con júbilo, y el cielo, se abrirá de lleno recogiéndolos entre ovaciones, vítores y palomas blancas al viento. Entonces dejaremos atrás esa pasión de Cristo, la veremos más cálida, más significativa y de mayor hondura, dando más sentido a nuestra vida, ya que en estos días, nuestro lado sensible cobra fuerza en nuestro interior y así recrearemos y reviviremos cada cristiano en nuestro corazón, en nuestra alma, incluso en nuestro espíritu, el sacrificio de Nuestro Redentor del que brotó la salvación. Dentro de pocos días, casi de puntillas, tendremos que contar otra vez la espera, todo habrá culminado. La gloria la tenemos, a la puerta pasión, no me sabe a despedida sino a esencia de su alma y corazón, donde Jesús siempre nos espera y nos da un amor que ninguno de nosotros conocemos, amor que ni siquiera tocamos con la punta de nuestros sentimientos. Donde ya se fueron los fríos y en todos los corazones, siempre será primavera.
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Cristo de los Espejos en el taller de Luis Marco PĂŠrez. Archivo Pepe Benedicto. luismarcoperez.blogspot.com
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Primer desfile 1944. Archivo de la Hermandad. Pascual
Por la Junta de Diputación de la Vble. Hdad. del Stmo. Cristo de la Luz Y fue la Venerable Hermandad del Santísimo Cristo de la Luz de las primeras en reorganizarse en la Semana Santa de nuestra ciudad tras la Guerra Civil, juntándose los hermanos Pedro Carralero, Felipe Soria, Telesforo Pérez, Damián Martínez, Emilio Sáiz, José López y Cipriano Álvaro, bajo el secretariado de Alejandro Pérez. El objeto era claro: para tomar acuerdos, y cambiar impresiones relacionadas con la organización de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Luz y salida de la procesión, toda vez que como se sabe esta Hermandad es la que lleva la presidencia en la procesión llamada del Calvario y hora de las once de la mañana, tal y como recoge la primera acta de la hermandad acopiada en su libro (21 de febrero de 1940) 1. Reorganización porque la hermandad, como todas las pertenecientes a la Semana Santa de Cuenca, quedó asolada tras la guerra; sin talla, sin ‘papeles’, sin andas, sin algunos hermanos… pero con el sentimiento vivo que aúna la fe y la tradición y que
fue impulso para que nuestros hermanos trabajaran intensamente en el resurgimiento de nuestra hermandad. 1940: la primera procesión tras la guerra Varios miembros de esa primera Junta de Diputación acudieron a las Hermanas Carmelitas Descalzas enterados de que existía una imagen del Santísimo Cristo de la Luz de su propiedad para desfilar por las calles de la ciudad en la mañana del Viernes Santo, 22 de marzo. En la Junta General convocada para el 10 de marzo de 1940, son subastados los doce banzos que portarán la talla, imagen anónima de un Cristo de escayola, crucificado en una cruz de espejos, del siglo XVIII. Las andas fueron donadas por Nemesio y Modesto Pérez del Moral, tanto la madera como su ejecución, siendo también donación la pintura de las mismas Gregorio y Cipriano Álvaro.
1. De hecho, y según Luis Calvo, ‘Tan solo una cofradía recoge en sus actas los pormenores de su reorganización: la “Venerable Hermandad del Santísimo Cristo de la Luz”, el de “los Espejos”’, por lo que la labor de estos hermanos queda hilada con las formas y aspectos organizativos con anterioridad a la contienda .No obstante, ese mismo acta indica que los hermanos ya habían iniciado con anterioridad las tareas de reorganización, siendo esa reunión convocada para la oficialización en acta de los trabajos desarrollados (petición de la talla a las Monjas Carmelitas, realización y sufragio de andas), acordándose solo la convocatoria de Junta General. CALVO, Luis. ‘Cincuenta años, y… un día, de la Semana Santa de Cuenca (1940-1990)’, ed. Ayuntamiento de Cuenca, pág. 23
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Cristo de los Espejos en la Iglesia de San Ant贸n. Archivo Pepe Benedicto. luismarcoperez.blogspot.com
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En esa junta se acuerda que participen en la procesión todos los hermanos, tengan o no túnica, siendo la multa de 2 pts. para aquellos que no asistan. Fue esta imagen carmelitana con la que desfiló y a la que rindió culto la hermandad desde el año 1940 hasta 1943, celebrándose incluso las funciones religiosas en el monasterio de esta orden el Domingo de la Santísima Trinidad, tal y como reclamaban los estatutos y la tradición de la hermandad. 1943: la imagen de Marco Pérez No aluden las actas de la hermandad a las gestiones para la realización de la talla de Marco Pérez; de hecho, el primer dato que encontramos sobre la talla se encuentra en el acta de Junta de Diputación de 16 de noviembre de 1943, en la que se busca sufragar los gastos para el arreglo de la capilla y la realización de unas andas para la imagen del Santísimo Cristo de la Luz por tener noticias de la entrega del Santísimo Cristo de la Luz al Ayuntamiento por el Escultor conquense D. Luis Marco Pérez. También se dice explícitamente que se tienen noticias de que el ayuntamiento tenía intenciones de entregarnos el paso completo informando uno de los vocales, José López Carralero (concejal del mismo Ayuntamiento), de que ya había hablado con el escultor para que realizara un diseño para las andas. Este hermano, junto con el hermano Lucio Gómez (por aquel entonces, secretario de Falange), serán los representantes de la hermandad para que se lleve a buen fin esta intención. Por la prensa 2 conocemos que el 11 de noviembre de 1943 se encontraba en Cuenca Luis Marco Pérez, con el fin de traer la imagen realizada: En la Iglesia de San Antón, se halla expuesta la Imagen del Cristo de los Espejos obra de Marco Pérez. La misma iglesia, propiedad municipal, quería albergar por deseo expreso de la corporación las imágenes sufragadas por el ayuntamiento de la ciudad. Según consta en las actas de la hermandad, el 16 de noviembre todavía se encontraba la talla en dicha iglesia, quedando reflejado que se quedaría allí hasta que se arreglara y dignificara la capilla de El Salvador, propiedad de la hermandad. En las actas de la hermandad no aparece reflejada la fecha exacta de llegada de la imagen a la Parroquia de El Salvador. Pero, según contaban los hermanos que vivieron ese momento, una noche de la segunda quincena de noviembre, José López Carralero, Felipe Jiménez, Ángel Llandres, Emilio Sáiz, y los hermanos Pérez del Moral (Alejandro, Nemesio y un jovencísimo Modesto) entraron en la iglesia de San Antón y sin permiso gubernamental alguno, se llevaron a hombros la imagen del Santísimo Cristo de la Luz hacia su capilla, talla que tuvieron que cubrir y resguardar con la típica gabardina de Emilio Sáiz ya que llovía fortísimamente en la ciudad. En febrero de 1944 todavía no se tenían andas para desfilar con la nueva talla, tal y como aparece en el acta de Junta de Diputación del día quince de dicho mes, haciéndose efectivo el encargo de las andas a Marco Pérez con las que finalmente desfilará: una peana octogonal adornada con cuatro ángeles en las esquinas (del mismo autor) para adaptarse al basamento cuadrado sobre el que se apoyaban los banzos. Estas andas serán con las que desfile la hermandad hasta la Semana Santa de 1950 en la que se entregan las actuales, diseñadas por los hermanos Pérez del Moral. 1944: primer desfile procesional de la talla de Marco Pérez En la Junta General de 26 de marzo de 1944, según el acta 3 que obra en poder de la hermandad, son subastados los banzos para la
Desfile de 1942. Archivo de la Hermandad. Familia Pérez del Moral
carrera de la procesión ‘En el Calvario’, bajo la presidencia como Hermanos Mayores de Alejandro Pérez del Moral, elegido por turno en esa misma junta, y D. José López Carralero, por sorteo. La asamblea, que es informada por el secretario (y Hermano Mayor por turno) de la nueva talla costeada por el ayuntamiento de la ciudad, desarrolla la subasta que alcanza un importe de 660 pesetas, siendo adjudicados los dieciséis banzos, pues son todos por subasta como en años anteriores con el fin de ingresar más fondos que redunden en beneficio de la hermandad. Son subastados también los ocho banzos para las andas de la talla de una Dolorosa que, por mediación de la Junta de Cofradías, desfiló el año anterior con la hermandad4 . El hermano José López Carralero propone formar una presidencia de luto detrás de la imagen ya que es Cristo está muerto. Se tratará de hermanos que irán vestidos con túnica y capuz reglamentario y, al mismo tiempo, zapato charol negro, capa negra y un hachón en la mano en señal de dolor. Es aprobada esta propuesta, si ya bien no se hará efectiva hasta el desfile de 1950. El 7 de abril de 1944, Viernes Santo, la hermandad inicia su desfile en la procesión de la cual ostenta la presidencia, ‘En el Calvario’, desde la Iglesia de El Salvador a las 12:30 h.5 , siendo noticia en la prensa la incorporación de la nueva talla de la hermandad. El desfile transcurrió con normalidad (con el recorrido inverso al vigente), hasta la actual Carretería: al llegar a la Avenida de José Antonio una intensa y pertinaz lluvia obligó a suspender esta procesión que luego a las cuatro de la tarde fue organizada y continuó su marcha hasta la Catedral donde hizo estación. Se volvió a suspender quedando las tallas protegidas dentro del templo catedralicio.
2. ‘Horas de Mangana’, apartado I y II. Ofensiva, 11 de noviembre de 1943, página 2. 3. Acta de la Junta General de 26 de marzo de 1944. Libros de actas de la Vble. Hermandad del Santísimo Cristo de la Luz, Folio 16 y ss. 4. Imagen que tendrá en este año de 1944 su último desfile según acuerdo de Junta General de 4 de noviembre porque debilita la presencia de hermanos en las filas. 5. ‘En plena manifestación de religiosidad, se han celebrado este año las fiestas de nuestra Semana Santa’, Ofensiva, 9 de abril de 1944, Cuenca, portada y pág. 8.
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Por la tarde, es la procesión del Santo Entierro la que desfila desde la Parroquia de El Salvador hasta la Catedral, en donde hace su estación; una vez realizada dicha estación, se organizó de nuevo la procesión a la que se unió la que de la Iglesia de El Salvador salió a las 12 y media de la mañana, terminando la extensa y única procesión a las diez de la noche en la parroquia de origen. Celebración del 70 aniversario de la imagen procesional de Marco Pérez El 15 de noviembre de 2013, rememorando la llegada del Santísimo Cristo de los Espejos, talla que el Ayuntamiento de Cuenca encargó y sufragó a Luis Marco Pérez, a la iglesia de El Salvador, la Venerable Hermandad del Santísimo Cristo de la Luz se reunió en torno a esta imagen, venerada desde antiguo como su titular, con la celebración de la misa votiva en su honor. Con la imagen con solemne ornato en el altar mayor, acompañó esta celebración el Cristo de los Espejos que veneró y desfiló con la hermandad desde el año 1940 hasta 1943, propiedad
de las Carmelitas Descalzas y que cedieron para esta celebración como fruto del culto recibido por la hermandad en los duros años de la posguerra. Y sirvió esta celebración como homenaje a los hermanos que, activos en la hermandad, estuvieron presentes en el gran acontecimiento que supuso en la hermandad la llegada de la imagen de Marco Pérez: Jesús García Domínguez y Fernando Pinedo Pérez (ambos dados de alta en 1930), Felipe Jiménez Pérez (1941), Óscar Pinar Álvaro, Jaime Pinar Álvaro y María Dolores Pérez Armero (1942); José Antonio Castellanos López, Ángel Chafé García y Alfonso Olivares de la Rosa (1943); Bernabé Yébenes López y Jesús Martínez Fernández (1944). Un reencuentro de emociones, de reconocimiento, en muchos de ellos de entrega plena a la hermandad. Otros, desde la gloria, nos acompañaron rememorando aquellos años; y así, profesando nuestra Fe y piedad, un sentimiento común, todos los que vivimos esta hermandad nos unimos para conmemorar la gran celebración que nos aúna en la devoción del Santísimo Cristo de los Espejos.
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Fotografía: José Andrés Jiménez
Investigación
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Por Julián Recuenco Pérez. Doctor en Historia Contemporánea Que no todo está dicho en lo que se refiere al conocimiento histórico y artístico que se tiene de nuestra Semana Santa, a pesar de los múltiples avances que se han venido haciendo a este respecto en los últimos años, está bastante claro. Pero que todavía existan algunas dudas respecto a determinados aspectos tan relativamente recientes, como la discrepancia existente todavía entre si fue en 1939 o en 1940 el año en el que se llevó a cabo la famosa procesión de desagravio en la que participó la imagen de Jesús Nazareno tallada por Luisa Roldán, que se venera en el convento de clarisas de Sisante, o quién es el escultor al que se le deben algunas de nuestras imágenes que participan en las procesiones de Semana Santa, que son atribuidas a José Rabasa, es algo que no se comprende. Respecto al primer asunto mencionado, ya lo dejaron claro en su momento Carlos Julián Martínez Soria y Ramón Pérez Tornero1,Sin embargo, todavía hay que piensa erróneamente que a los próceres que, una vez terminada la guerra civil, lograron en muy poco tiempo la recuperación de las procesiones de Semana Santa, les dio incluso tiempo para organizar la procesión en menos de una semana, a pesar los inevitables problemas de logística que se les presentaba en una situación como esa. Hay que tener en cuenta que las tropas nacionales sólo entraron en la ciudad el 27 de marzo, que aquel año era víspera del Viernes de Dolores. Respecto a lo segundo, ya he repetido en sucesivas ocasiones que José Rabasa no pudo hacer ninguna de las tres tallas que se le atribuyen, la de María Magdalena, la de la Virgen del Amparo y la de Nuestra Señora de las Angustias que se venera en su ermita, y a pesar de todo, incluso se cita en algunas publicaciones, el dato erróneo de la falsa atribución. Y es que ni José Rabasa ni su socio en el “Taller de Arte Religioso Royo Rabasa”, Antonio Royo Miralles, no fueron nunca escultores2 . Una cosa es que había sido aquél quien había vendido las tallas respectivas, que eso nadie lo pone en duda, y otra, muy diferente, cuál es la verdadera identidad de la persona o las personas que se encargaron de esculpirlas con sus propias manos, lo cual, a mi modo de ver, es lo único que debería importarnos. El motivo que me ocupa en este trabajo es ir un poco
más allá en esa teoría, implicarme más en el tem intentando demostrar quién fue el verdadero autor de la talla de Nuestra Señora de las Angustias. Y por lo que respecta al autor de las otras dos imágenes religiosas atribuidas a Rabasa, poco más es lo que se puede avanzar al respecto. Sólo decir que, teniendo en cuenta que, según se menciona en las actas de la hermandad del Cristo de la Luz, los directivos de la misma fueron al taller de un tal Navarro, escultor, al tiempo que la talla de María Magdalena se estaba ejecutando. Un posible autor de la misma podría ser Antonio Navarro Santafé, del que se sabe que estuvo trabajando tanto en Valencia como en Madrid; sin embargo, la posibilidad, al contrario de lo que pensamos que sucede con la imagen de la Virgen de las Angustias, no pasa de ser una simple conjetura. La obra más conocida de Antonio Navarro Santafé, al que, por cierto, no se le conoce obra religiosa alguna pero que quizá l pudo haber realizado de forma anónima para otros talleres, es el pequeño monumento urbano que se alza en la Puerta del Sol de la capital y que representa los dos símbolos del escudo de la ciudad, el oso y el madroño. 1. Derribando un mito. Como ya he dicho, este tema ha sido lo suficientemente tratado, tanto por mí como por algún otro autor, como para que debiera resultar innecesario volver a hablar sobre él. El primero que puso el dedo en la llaga fue José Javier Ortí Robles, quien publicó hace ya algunos años en el ejemplar del periódico “El Día de Cuenca” correspondiente al 11 de junio de 2000, con respecto a la autoría de la talla de la Virgen de las Angustias, la primera crítica a este respecto. Decía lo siguiente Ortí Robles: “Y la realidad es que José Rabasa no pudo ser el autor de la misma porque, como dije anteriormente, ni era escultor, ni era imaginero, ni figura por ningún lugar en los estudio, anales y relaciones de los escultores e imagineros valencianos. Simplemente actuaba como intermediario, como marchante, para un grupo de artistas valencianos que, encerrados en sus talleres, depositaban en él su confianza sobre el destino de sus imágenes, cuyo encargo aceptaban con la sugerencia de que fueran entregadas sin firmar”.3
1. Carlos Julián MARTÍNEZ SORIA y Ramón PÉREZ TORNERO, “Realmente fue un día más…?”. En Cuadernos de Semana Santa, 1999. 41-53 pp. 2. Sobre este aspecto, ya avancé primer algo al respecto en mi libro Y al tercer día… resucitó. Historia de la Venerable Hermandad de Nuestro Señor Jesucristo Resucitado y María Santísima del Amparo de Cuenca. Después elaboré una teoría de conjunto sobre los posibles autores de estas tres tallas que fueron publicadas en la revista Art DECUenca y, en el número 3 de la revista digital Surrexit Vere. 3. José Javier ORTÍ ROBLES, “Sobre el autor de la Virgen de las Angustias”, publicado en Día de Cuenca, 11 de junio de 2000.
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Investigación Desde diversos puntos de la geografía de la Semana Santa procesional, existe en la actualidad también cierto movimiento en este mismo sentido, intentando reivindicar la verdadera autoría de los pasos procesionales, y también algunos que nunca llegaron a participar en las procesiones, pues sólo fueron encargados para llenar el hueco que otras imágenes anteriores destruidas por la guerra habían dejado en hornacinas y altares, imágenes todas ellas que han sido atribuidos a Rabasa, y que se extienden por todo el país. Así sucede, por ejemplo, en Corral de Almaguer (Ciudad Real), donde se han venido atribuyendo al valenciano algunas de las figuras más emblemáticas de su Semana Santa, como las de Nuestro Padre Jesús Nazareno o la Virgen de los Dolores. Sin embargo, en una página web de dicha localidad ya puede leerse lo siguiente: “El problema surgió cuando, al hacer un estudio de investigación sobre la biografía y la trayectoria de un escultor tan prolífico, capaz de surtir a media España de imágenes, se descubrió que el tal José Rabasa Pérez no fue escultor, ni talló tan siquiera un tirachinas en su vida. Don José Rabasa Pérez era un banquero, con buen ojo para los negocios. Atento a la enorme demanda de imágenes que se produjo tras la guerra civil como consecuencia de las destrucciones sufridas por muchas iglesias, lo que hizo fue asociarse con su cuñado Antonio Royo Miralles, decorador de profesión, y crear el gran taller de escultura Rabasa-Royo que se nutrió de un buen número de buenos escultores, ávidos de trabajo durante aquellos penosos años de la posguerra. En la calle Milagro nº4 de Valencia, don José Rabasa levantó el famoso taller de arte religioso del que habrían de salir rumbo a todos los puntos de España algunas de las mejores obras de imaginería del siglo XX”. 4 No es éste tampoco el único sitio en donde se pone en duda la obra de José Rabasa. También en la provincia de Ciudad Real, en este caso en la localidad de Herencia, desfila la talla del Señor de los Afligidos. De la relación entre la imagen y su supuesto autor podemos leer lo siguiente en otra página web: “En primer lugar, queremos hacer una aclaración: Royo-Rabasa, en contra de lo que muchos creen, no es ningún escultor, sino más bien los dueños de unos talleres. José Rabasa Pérez era en realidad un banquero y Antonio Royo Miralles, decorador; ambos eran cuñados y poseían un único taller, hasta que se separaron en torno a 1953. Ellos daban nombre al taller y afloraban sus apellidos, dando fama a las obras. Pero la realidad era muy otra: un grupo de buenos escultores eran los que verdaderamente trabajaban, quedando sus nombres en el anonimato”. 5 En Orihuela (Alicante) y en Vélez Rubio (Almería) se veneran sendas tallas de Jesús Crucificado, el Cristo del Calvario y el Cristo del Perdón respectivamente. Ambas han sido atribuidas a José Rabasa, y desde ambos lugares de España, esta atribución, por los mismos motivos indicados, ha sido puesta también en duda. Respecto a la imagen andaluza, puede leerse lo siguiente en otra página web: “Otras informaciones hablan de este hombre como una persona sociable y negociante hábil. Con su cuñado, Antonio Royo Miralles, levantó el taller de arte religioso Rabasa-Royo en Valencia, en la calle Trinitarios número cuatro, a través del cual fueron suscritos contratos y gestionadas entregas de imágenes, pero él jamás fue escultor o imaginero, sino intermediario o marchante de un grupo de artistas valencianos que, encerrados en sus talleres, depositaban en él su confianza sobre el destino de las imágenes, cuyo encargo aceptaban con la sugerencia de que fueran entregados sin firmar”.6 Y desde un blog de Orihuela se llega todavía más lejos, pues se daba nombre al verdadero autor de la talla del Cristo del Calvario: el escultor valenciano Enrique Galarza Moreno7. Son sólo algunos ejemplos, pero importantes que demuestran que José Rabasa no puso nunca su mano en ninguna obra escultó-
rica, más que cuando ésta estaba ya acabada y dispuesta para ser entregada a su comprador. Además, el caso concreto de las dos tallas de Orihuela y de Vélez Rubio es importante por dos motivos: por una parte, el enorme parecido existente entre las dos imágenes del Crucificado ya ha hecho pensar a algunos investigadores que las dos salieron de las mismas manos, y también porque precisamente en Orihuela conocen bien la obra personal de Enrique Galarza. Para la ciudad mediterránea, él hizo directamente, sin intermediarios, los grupos escultóricos del Santísimo Cristo de la Flagelación y de la Santa Cena. Sobre ambos grupos hablaremos más detenidamente en los párrafos siguientes. 2. La verdadera autoría de la imagen de la Virgen de las Angustias Como se ha podido ver a lo largo de todo el apartado anterior, desde diversos puntos del país en los que existe obra atribuida a José Rabasa, existe un movimiento renovador tendente a intentar averiguar la personalidad verdadera del autor que realizó sus tallas de devoción. También el paso siguiente de mi propia investigación tiene esa misma intención, la de dar a conocer la figura del escultor que hizo en realidad, más allá de encargos comerciales, una de esas tallas que vienen siendo atribuidas a Rabasa, la que suscita la mayor devoción entre los nazarenos de Cuenca, a pesar de que no forma parte de las procesiones de Semana Santa: la de Nuestra Señora de las Angustias. No se trata en realidad de una teoría revolucionaria, sino de algo que ya había sido apuntado incluso por el propio José Javier Ortí, a modo de posibilidad, sin pruebas fehacientes, en el artículo aludido. Sin embargo, y ante la falta de una prueba documental que así lo corrobore sin ningún género de dudas, la comparación entre distintas imágenes salidas de un misma mano puede ser suficiente. Y para el caso que nos ocupa, la similitud existente entre el Cristo muerto que sujeta sobre sus rodillas la Madre afligida y otras tallas de Galarza nos demuestran que fue este imaginero valenciano, el verdadero autor de nuestra Virgen de las Angustias. Pero antes de continuar con el tema, quisiera explicar cómo se produjo la adquisición de esta talla y las vicisitudes que hicieron posible su llegada a Cuenca. La imagen anterior, de autor anónimo, había sido destruida en los primeros meses de la guerra civil, por lo que, una vez terminado el conflicto bélico, la hermandad encargaba “al escultor valenciano don José Rabasa la realización de un nuevo grupo escultórico”, según puede leerse en el libro oficial de la crónica de la coronación de la talla mariana, que se llevó a cabo, como es sabido, el 31 de mayo de 19578 . Así, la talla, que fue adquirida por suscripción popular, era bendecida en la catedral de Cuenca el 19 de marzo de 1944, por el prelado de la diócesis, Inocencio Rodríguez Díez, en uno de sus primeros actos oficiales como titular del obispado, al que había llegado el año anterior. Por ello habría que buscar la identidad del autor de una talla tan venerada en Cuenca, en algún escultor que hubiera realizado tallas de este tipo para José Rabasa durante la primera mitad de los años cuarenta. Varios son los datos que confirman que Enrique Galarza había colaborado con el marchante por estas fechas. Por un lado, varios son los autores que hablan de una posible ideología de Galarza un tanto opuesta al nuevo régimen establecido, motivo por el que, según siempre esos autores, se hacía difícil que le hicieran encargos de forma directa, y que por ello tuvo que buscar la manera de lograr encargos tras este tipo de talleres. Por otra parte, tenemos las palabras del propio Galarza, quien, después de haber descubierto
4. http://somoscorraldealmaguer.com/2012/04/03/... 5. http://herencia.net/2008-03-16/... Consultada el 23 de marzo de2013. 6. http://porcelanosrubio.blogspot.com.es/2008/10/... Consultada el 26 de marzo de 2013. 7. http://cristodelcalvarioycristodelperdon.blogspot.com.es/. Consultada el 26 de marzo de 2013. 8. Varios autores. Crónica oficial de la Coronación de Nuestra Señora de las Angustias, edición facsímil de la Diputación Provincial de Cuenca, Cuenca, 2007. Sin paginar.
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Investigación en la iglesia parroquial de Alcoy (Alicante) dos tallas suyas, las de San Jorge y la Virgen de los Lirios, que desde antiguo habían sido atribuidas a Rabasa, hizo estas declaraciones a un medio periodístico: “Un buen día se presentó en mi casa Rabasa, al que nosotros llamábamos rabosa –en valenciano y en catalán, rabosa significa zorra, por lo que el juego de palabras se nos escapa en la traducción-, ya que simplemente era un marchante, que además nos pedía que no firmáramos nuestras obras. Me encargó que hiciese una imagen de San Jorge y otra de la Virgen de los Lirios, y la verdad es que en un principio no lo tuve nada claro. Hay que tener en cuenta que todavía nos encontrábamos en guerra, y que por esta zona las imágenes de santos no estaban bien vistas”. 9 En este sentido abunda también Adrián Espí Valdés, director del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil Albert y profesor de Historia del Arte, en un trabajo que hizo sobre otra de las obras que el imaginero valenciano realizó, las andas para la Virgen del Milagro de Cocentaina (Alicante): “Nunca ha sido un desconocido Enrique Galarza, aunque sí hay que decir de inmediato que no siempre las obras por él realizadas, ideadas en su taller y allí iniciadas, han tenido igual fortuna, y quizá otros artesanos, de una manera o de otra, han hecho pasar como propias las esculturas que no lo eran, o no lo eran en su totalidad. Es preciso situarnos en el momento histórico. La posguerra, la auténtica necesidad de llenar hornacinas y altares de imágenes que el vendaval bélico se llevó por delante, destruyéndolas el fuego, la piqueta y, sobre todo, la ignorancia y la falta absoluta de sensibilidad. De ahí que en Valencia se organizaran talleres en los que, quienes allí trabajaban, demostraban un alto grado de profesionalidad y oficio, desarrollando una intensa actividad. En el taller de Rabasa ingresaban tallas, y las más de ellas sin firmar, y muchas de ellas de Enrique Galarza que, sin embargo, guardaba en su propio obrador dibujos, vaciados o croquis de los trabajos”. 10 De esta forma pudo demostrar en su momento que él había sido el verdadero autor de las dos obras de Alcoy ya citadas en el párrafo anterior. En la página web ya citada, en la que se hablaba sobre la imagen del Señor de los Afligidos de Herencia, también se mencionaba ya la posible autoría por parte de Galarza de otra de las tallas que han venido siendo atribuida a José Rabasa y que se encuentran en este mismo pueblo manchago; se trata de la imagen de San Pedro Nolasco, que se venera en el convento de la Merced La sospecha no es infundada, sobre todo si tenemos en cuenta que la fue precisamente Efraín Gómez, el mejor y más fiel alumno de Galarza, quien primero la hizo pública, en base a la riqueza y profusión iconográfica de la talla, que su maestro aprendió gracias a la amistad que mantenía con el pintor José Segrelles y, sobre todo, con Elías Tormo Monzó, catedrático de Historia del Arte. Y volviendo otra vez a nuestra imagen de la Virgen de las Angustias, también reconocieron a este autor, verbalmente, la posibilidad de que nuestra imagen fuera obra del escultor valenciano algunos hermanos de la cofradía de la Sagrada Cena de Orihuela, conocedores de la obra de Galarza puesto que su paso titular, como ya se ha dicho aquí, también fue realizado por él. Pero todas estas suposiciones no dejarían de ser sólo eso, simples suposiciones, si no existiera un documento que pudiera certificar de manera fehaciente dicha atribución, o en todo caso, a falta de dicho documento, si se pudiera hacer un estudio comparado con otras tallas documentadas de propio escultor. Así pues, y como por el momento no se ha encontrado dicho documento, la clave está en dos pasos procesionales, muy parecidos entre sí, que reflejan el momento en el que Cristo, atado a una columna de tipo bajo, es azotado por dos judíos, situados uno a cada lado del Maestro. Ambas imágenes son, como ya he dicho, muy parecidas entre
sí, tanto en lo que respecta a la posición en la que se encuentran las tres figuras representadas en la escena, como en los propios rasgos físicos que presenta no sólo la figura de Jesús, sino también las de los dos sayones. Se trata del Santísimo Cristo de la Flagelación de Orihuela, en Alicante (otra vez vuelve a salir a colación la ciudad mediterránea en este trabajo) y el grupo escultórico de la Flagelación del Señor, que pertenece a la cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Villaviciosa (Asturias), y que es conocido allí popularmente con el sobrenombre de “Los Judíos”. Ambas, principalmente la segunda, además, se parecen sobremanera al Cristo de la Virgen de las Angustias, a pesar de que la talla conquense, como es lógico si tenemos en cunta la advocación representada en el grupo conquense, mantiene los ojos cerrados. Por otra parte, cronológicamente ambos pasos son muy cercanos entre sí, y también muy cercanos a la fecha en la que fue adquirido el grupo de Nuestra Señora de las Angustias. El paso de Orihuela está fechado precisamente en el mismo año 1944, y el asturiano sería realizado por el imaginero valenciano cuatro años más tarde. Pero más importante aún que este dato cronológico es el gran parecido físico que existe entre la imagen de Cristo muerto y las otras tallas, que en el caso de la de Villaviciosa llega a límites casi gemelares. La misma frente despejada; el mismo rizo en los cabellos, tanto en los de la barba y el bigote como en los de la cabeza, peinada con raya en medio en los dos casos; el mismo gesto de tranquilidad y de dulzura que comparten las dos imágenes, todo ello nos hace pensar que ambas fueron realizadas por las mismas manos, a pesar de que en el caso de Cuenca se trata de un Cristo ya muerto, mientras que el Cristo de Villaviciosa aún mantiene los ojos muy abiertos, mirando hacia el cielo, mientras sigue recibiendo los escarnios y los azotes de los sayones. Y la posibilidad se convierte en certeza cuando se comparan cada uno de los rasgos de su cara. Resumiendo, ambos Cristos formarían parte de una misma serie, en la que estarían incluidos también el Amarrado de Orihuela, el Cristo Crucificado también de Orihuela, y el Crucificado de Vélez Rubio (Almería). Y si esto sucede con la talla del Cristo, ¿cuál puede ser el modelo de la Madre para la talla conquense? Reconozco que las propias características de la imagen, una talla de vestir de la que sólo se mantienen a la vista la cara y las manos, hace más difícil ese estudio comparativo, por el escaso margen que le deja incluso al rostro la toca con la que se viste. No obstante, y sólo a modo de conjetura, sí parece existir una cierta semejanza entre el rostro de la Virgen de las Angustias con otra obra de Enrique Galarza. Se trata esta vez de Nuestra Señora de Vallivana, venerada en Picassent (Valencia). Aunque se trata de una imagen de tamaño reducido, realizada sólo para ser venerada en su propio altar, el ovalado perfil del rostro y la línea marcada de las cejas, un tanto orientalizante, nos recuerda en parte el rostro de la talla conquense. Algo similar se podría decir de la Virgen de los Lirios de Alcoy (Alicante), de la que ya hemos hablado, aunque en este caso el parecido es aún más lejano. Por otra parte, hay un dato más que nos interesa a los nazarenos conquenses, en cuanto a la obra de Enrique Galarza, para nuestra Semana Santa. En el ya aludido blog destinado a estudiar comparativamente a los dos crucificados del escultor valenciano, se descubre la influencia, otra vez hasta límites insospechados, que la Santa Cena de Orihuela, que también es obra de Galarza, ejerció sobre la Santa Cena de Cuenca, que sería realizada en los años ochenta por el también valenciano Octavio Vicent. Influencia que para algún autor ha llegado hasta límites muy cercanos a la copia.
9. “Medio siglo después Alcoy descubre a Enrique Galarza, autor legítimo de la imagen de San Jorge”. Entrevista a Enrique Galarza, publicado en el diario Información, correspondiente al día 13 de octubre de 1991. 10. Adrián ESPÍ VALDÉS, “Acercamiento artístico-descriptivo de las andas-trono de la Mare de Deu”, En Juan PÉREZ MIRALLES e Inma RIBELLES ALBORS, Enrique Galarza Moreno, imaginero valenciano (1895-2000), Cocentaina, 2001, 17-18 pp.
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Fotografía: Enrique Martínez Gil
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En dicha página se citan las palabras de Luis Miguel García Lozano en el sentido de una “afirmación realizada por el propio Enrique Galarza y que yo escuché personalmente en un homenaje que se le hizo poco antes de morir; dicha afirmación la confirmó el presidente de la cofradía de la Sagrada Cena de Orihuela, que estuvo hablando del tema con Galarza en una visita que le hizo la junta directiva de esa cofradía a Picassent, en Valencia. Su presidente me confirmó que le dio permiso al escultor valenciano Octavio Vicent Cortina para realizar una copia del misterio oriolano con destino a la hermandad de la Cena de Cuenca en el año 1983, aunque después Vicent la talló a la hebrea y dándole movilidad a las esculturas, para intercalar imágenes de pie y sentadas, incluso sobrepasando la altura de la imagen de Cristo, cosa a la que Galarza no tendía. Pese a esos cambios que introdujo el autor, se observa claramente a simple vista la influencia del conjunto oriolano sobre el conquense, hasta en la cara de los integrantes”. Galarza talló también el apostolado de la Santa Cena de Huelva, cuya imagen de Cristo, bajo la advocación del Cristo del Amor, fue obra del escultor onubense Antonio León Ortega. 3. Vida y obra de Enrique Galarza Ahora que por fin ya parece que ha quedado claro que se conoce la personalidad verdadera del autor de nuestra querida Virgen de las Angustias, no quisiera terminar este artículo sin hacer una pequeña aproximación a la vida y la obra de este genial escultor, muy poco conocido en Cuenca, que durante una parte de su vida se vio obligado a vender su arte a otros marchantes para sobrevivir, pero que cuenta con varias de sus obras entre las tallas más significativas de algunas de las procesiones de Semana Santa más emblemáticas, un imaginero que cuenta con una larga y brillante trayectoria profesional. Los datos para elaborar esta parte del trabajo los he tomado del ya citado blog que fue realizado para comparar los dos Cristos ya citados, el del Calvario, de Orihuela, y del Perdón, de Vélez Rubio, cuyo autor los había recogido a su vez, según él mismo confesaba,
de la biografía que del escultor había realizado el también citado José Javier Ortí Robles. Enrique Galarza nació en El Grao (Valencia) el 27 de septiembre de 1895, siendo el quinto hijo de los seis que tenían Francisco Galarza Esquerre, guardia civil, y Carmen Moreno Oliva. Se trataba de una familia bastante humilde que, además, se quedó sin padre cuando el escultor apenas contaba con dos años de edad, por lo que Enrique fue internado en el colegio para huérfanos de San Juan de Dios, de la Malvarrosa, donde pasó dos años, y en el de la Milagrosa, lugar donde empezó a manifestar la gran pasión que durante toda su vida manifestó por el dibujo, y que incluso le llevaría a participar, muy joven todavía, en la Exposición Regional Valenciana de 1909. Ese mismo año, cuando apenas contaba con la edad de trece años, entró como aprendiz de escultura en el taller de Venancio Marcos, donde colaboró estrechamente con uno de sus oficiales, Joaquín Climent. Y tres años más tarde pasó al taller de José María Ponsada, donde trabajó junto a Julio Benlloc y a Carmelo Vicent, padre éste último de Octavio Vicent, el mismo que después realizaría la Santa Cena para la Semana Santa de Cuenca. Y en las clases de modelado que en la Escuela de Artes y Oficios de Valencia y en la Superior de Bellas Artes dirigían Francisco Paret y José Aixa, a las cuales asistía nuestro escultor, se le despertó la gran admiración que siempre tuvo por el que ha sido considerado mejor escultor valenciano de todos los tiempos, Ignacio Vergara (1715-1776). Éstas fueron las fuentes artísticas en las que Galarza bebió durante su período formativo, y que le convirtieron en uno de los grandes escultores valencianos, una escuela que, es sabido, fue bastante pródiga en cuanto a la imaginería religiosa contemporánea. Ya como oficial, una de sus primeras obras fue un altar de estilo barroquizante que realizó para la iglesia de Fet (Huesca),
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antes de trasladarse, como oficial primero, al taller de Pío Mollar. Un gran impulso a su reconocimiento como artista lo dio su participación en una especie de concurso, que por entonces se realizó, para tallar la imagen de la Virgen de las Nieves, patrona de Xátiva (Valencia), pues, aunque el encargo definitivo se le daría a Vicente Benlliure, el escultor de El Grao fue instado a realizar su propia versión de la imagen con el fin de ser puesta en andas, pues los comitentes querían proteger a la otra de las vicisitudes que siempre suponen para las imágenes los traslados procesionales. A este respecto podemos leer lo siguiente en la página web anteriormente aludida: “Finalizadas las obras y expuestas conjuntamente las imágenes, parece ser que los miembros de la comisión hicieron el siguiente comentario: ¿Para eso hemos tenido que ir a Madrid? Y es que, sin quitar un ápice de esplendor a la obra del primero cuando de piedra se trataba, poco habría que envidiar el trabajo en madera de la obra del segundo. Curiosamente aún se conservan las dos, y pueden ser analizadas y juzgadas conjuntamente”. Y en el año 1924, con motivo de la beatificación del padre Antonio María Claret, realizó un total de veintidós tallas para el convento claretiano del Corazón de María de Xátiva. Los años de la Segunda República y de la guerra civil fueron más difíciles para los artífices de escultura religiosa, por cuanto los encargos de este tipo primero escaseaban, y después, como es lógico por la situación del momento, simplemente inexistían. Y también los primeros años de la posguerra siguieron siendo difíciles para el escultor valenciano, quizá por la ya mencionada posición ideológica del mismo, a pesar de que el número de encargos de este tipo que se hacían por todos los rincones de España estaba ya creciendo, con el fin de llenar otra vez altares y hornacinas, vaciados por la ignorancia y por la ira de la izquierda antirreligiosa. Así pues nuestro escultor, que en los años anteriores había realizado ya importantes obras tanto para la iglesia valenciana como para otros puntos de España, no tuvo más remedio que buscar cobijo
bajo el nombre de José Rabasa, mucho más hábil para los negocios que él, para poder sobrevivir. Sin embargo, a partir ya de la segunda mitad de la década de los años cuarenta, y sobre todo hasta el año 1962, la actividad imaginera de Enrique Galarza fue frenética. Se le han contabilizado cerca de ochenta obras religiosas conservadas todavía; algunas de ellas ya han sido citadas a lo largo de este trabajo, pero hay que decir además, sólo a modo de ejemplo, que tiene reconocidas algunas tallas suyas en diversos lugares, como Abarán (Murcia), Alcira (Valencia), o incluso San Sebastián o la propia capital valenciana. Fuera de España también tiene obra reconocida en Sao Paulo (Brasil), y aunque en el conjunto de su obra destaca de manera importante la obra religiosa sobre la civil, también tiene algunos monumentos urbanos, entre los que destaca la estatua del conquistador Francisco Pizarro, que se alza en una céntrica plaza de la ciudad de Lima (Perú). Y como otros escultores valencianos, también realizó algunas aportaciones como artista fallero, aunque, como es lógico por las características especiales de este tipo de obras, no se conserva nada de este tipo. Los estudiosos de su obra destacan el especial tratamiento de las telas y la calidad del modelaje. Enrique Galarza falleció en Picasssent el 19 de enero del año 2000. En la nota necrológica del diario ABC correspondiente al día siguiente pueden leerse estas palabras sobre nuestro escultor: “Ha fallecido, a los ciento cuatro años de edad, en la localidad de Picassent, el escultor Enrique Galarza Moreno. Su obra estaba influenciada por las formas del estilo barroco español. El artista creó innumerables esculturas por iglesias, monasterios y seminarios de toda España e Hispanoamérica. Sus trabajos profanos son menos significativos, a excepción de una escultura del conquistador Francisco Pizarro situada en Lima (Perú). El escultor también creo figuras para las fiestas populares valencianas de las Fallas. A pesar de ser operado de los ojos, Galarza no dejó de trabajar hasta los noventa años.” Cuenca Nazarena 111
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POR MARÍA JESÚS MASSÓ COBO
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Alguien, muy sabiamente, dejó escrito para la posteridad “dime y lo olvido; enséñame y lo recuerdo; involúcrame y lo aprendo”, y quizás esta sencilla frase recoja el principal objetivo que nos empujó a realizar en el Colegio “Santa Ana” de nuestra ciudad, allá por el mes de Marzo del 2013, nuestro particular homenaje al escultor Luis Marco Pérez. El motivo no era otro que el de aprovechar el 30 aniversario de su muerte para que nuestros alumnos conociesen “a ese escultor”, desconocido para muchos de ellos, y en cuya calle está situado nuestro centro. Enseñar quién fue ese personaje y sobre todo su obra, era nuestra única finalidad. Sencilla y compleja a la vez, como nuestra diaria labor docente. Y hacerlo de una manera entretenida, dinámica, con actividades variadas, sin ninguna duda, fue nuestro gran reto. La mejor forma de llegar a los alumnos era involucrándoles en ese conocimiento, en ese aprendizaje: que escucharan, que viesen, que hablasen, que contaran y preguntasen, que tocaran, que crearan… Que aprendiesen viviendo y sintiendo lo que hacían.
La idea se hilvana y se convierte en Proyecto Bajo ese objetivo, aquella idea que se dejó caer en una de las tantas reuniones de coordinación que se tienen en los centros educativos, se recogió y se fue hilvanando, poco a poco, en una propuesta. Y aquella propuesta se convirtió en todo un PROYECTO, gracias al apoyo, a la ilusión y al trabajo extra de todo un Claustro de Profesores. ¡¡¡Y nos pusimos manos a la obra!!! La fecha para llevarlo a cabo estuvo muy clara desde el principio. Aquellos dos días lectivos “peculiares”, puestos en ese calendario escolar 2012-2013, donde Lunes Santo y Martes Santo había clase, debían de ser aprovechados, pues concebían el marco idóneo. Finalmente, esos dos días iniciales necesitaron de algunos días más, gracias al extenso listado de actividades planteadas. Por lo que el homenaje al ilustre escultor conquense duró toda una semana: del martes 19 al 26 de marzo.
¡¡¡E ilusionados comenzamos a “moldear” nuestro Proyecto!!! Teníamos que moldear ese Proyecto, organizarlo como si de un libro se tratara, con su inicio, su nudo y su desenlace final. Y, aunque llevó su tiempo, así lo hicimos.
El inicio era fundamental. Necesitábamos saber cuántos niños conocían o habían oído hablar de Marco Pérez. Así que, allá por el mes de enero, tanteábamos y lanzábamos la pregunta a los alumnos de los cursos más altos, en concreto de 3º a 6º de Educación Primaria. Niños con edades comprendidas entre los ocho y doce años. La respuesta nos sorprendió bastante pues, curiosamente, a muy pocos les sonaba ese nombre y muchos menos se habían percatado de que nuestro Colegio estaba en una calle que llevaba ese nombre. Estos resultados totalmente imprevistos hicieron que modificáramos el inicio. Y para ello contamos con la gran ayuda de todas las familias: padres, madres, abuelos, tíos, hermanos… todos nos proporcionaron una gran ayuda. Las fichas que se entregaron entre los más pequeños, regresaron a las aulas repletas de información. Por parte de los alumnos de Primaria, llegaron auténticos trabajos de investigación, salpicados de fotos, recortes de periódicos, dibujos y artículos sobre Marco Pérez, pero sobre todo de palabras de apoyo hacia Nuestro Proyecto. Recogimos mucho, muchísimo más de lo que habíamos previsto: numerosas familias con tradición nazarena fueron como un “soplo de energía” para esa labor extra que se nos ocurrió llevar a cabo. Pero a su vez, aquellas familias que no tenían ningún conocimiento, igualmente creyeron también en nuestro trabajo y se involucraron de igual manera. Toda la Comunidad Educativa, alumnos, maestros y familias, habíamos creído en “una idea” y juntos estábamos siendo capaces de hacerla realidad, gracias al esfuerzo y a la ilusión de todos. ¿El desenlace final? Toda una incógnita. Era lo único que no podíamos tener previsto y programado. Por todos es sabido, y sobre todo por los que nos dedicamos a esta difícil tarea de enseñar, lo rigurosos y exigentes que son los niños y, aunque nuestro objetivo estaba más que claro, no teníamos ninguna duda de que el conseguirlo estaba supeditado al nudo de nuestro Proyecto. O dicho de otra manera, serían las actividades que se habían confeccionando para este proyecto, las que en realidad dictaminasen el resultado final.
Iniciamos los “preparativos” Sin perder de vista que los protagonistas de cada una de las actividades planteadas eran los niños, unos días antes iniciábamos los preparativos de nuestra gran semana con ellos: por un lado se pinta una pancarta gigante que se expondría en la calle, en las ventanas
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del centro, para que anunciasen, a escolares y a viandantes, la actividad con la que Marco Pérez iba a ser recordado; por otra parte se diseña un logo, consistente en un dibujo de Marco Pérez, que sirva como seña de identidad para cualquier actividad que se fuese a realizar. Este logo debería aparecer también en el cartel anunciador, que los propios alumnos elaborarían, así como en el programa de actividades o en las placas de agradecimiento que se entregarían a cada una de las personas que gentil y desinteresadamente nos estaban ayudando.
Comienza la Semana de Homenaje a Marco Pérez … siempre acompañada de grandes Nombres Propios. Como estaba previsto y programado, el martes 19 de marzo a las 12:45h., en el Salón de Actos, el director del colegio D. Vicente J. Perea, inaugura la Semana de Homenaje a Luis Marco Pérez. El acto comienza con la proyección de un vídeo, elaborado por algunos maestros del centro, que bajo el título “Conocer al Escultor”, y con apenas doce minutos de duración, pretende familiarizar a los alumnos, de una manera didáctica, sencilla y con un lenguaje coloquial con la figura de Marco Pérez. (Enlace vídeo: http://www.youtube.com/watch?v=IyM6wolsaLU#t=15) A continuación, D. Carlos Julián Martínez Soria, Vicegerente del Campus de Cuenca de la Universidad de Castilla-La Mancha, y gran conocedor de la vida y obra del homenajeado, nos hacía el honor de presentar los actos programados. Seguidamente, nos amenizaba con una emotiva charla, en la que sus recuerdos de infancia se mezclaban entre la de Marco Pérez y la de esos niños del colegio Santa Ana, que muy atentamente le observaban y le escuchaban. Sus palabras, poco a poco, nos iban acercando a la persona, al personaje, pero sobre todo, al artista.
Y como de eso se trataba qué mejor que sentirnos “artistas” de la mano de otro gran escultor actual. Sin duda, los talleres que tuvimos la suerte de realizar con Tomás Bux, gustaron mucho a los niños. Allá, en su taller, antes de disfrutar tocando y moldeando barro, Bux nos explicaba el proceso de trabajo de sus obras. Pero también nos instruía en la forma de cómo se trabajaba con las imágenes que componen los pasos de la Semana Santa: sobre un trozo de madera, nos mostraba, -bajo la atenta mirada de los niños-, como se trabajaba con la gubia. En su explicación mencionó en varias ocasiones a Marco Pérez y lo importante que había sido para la Semana Santa de Cuenca. Y después de contestar a todas las preguntas habidas y por haber: ¡¡¡manos al barro!!! Había llegado el momento de tocar, de crear, de sentirse por un momento escultor… ¡¡¡Y vaya si lo sentimos!!! Vaya jornada estupenda. Y en ese ímpetu de sentir y conocer un poco más a Marco Pérez, se nos ocurrió invitar a D. José Miguel Carretero, gran experto en la vida y obra del artista, quien, sin pensárselo dos veces, aceptando nuestra invitación. Profesor de Derecho Romano, y gran conocedor del artista homenajeado, nos ofreció una interesantísima ponencia, con el título: “Nuestro escultor e imaginero Luis Marco Pérez”. Con ella aprendimos una nueva seña de identidad de Don Luis, la de imaginero. Explicándonos que así se llaman a los escultores que se especializan en realizar imágenes de carácter religioso ya sean para procesionar, para rendirles devoción o simplemente para adorno. Ponencia importante la de José Miguel, adaptada para los niños y acompañada por una suculenta proyección, con imágenes que resultaban muy curiosas para niños y mayores, y todo ello aderezado con más de una anécdota que los alumnos recogían entre expectación y risas.
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Y mientras este grupo de alumnos escuchaba estas charlas y otros se encotraban realizando los talleres que luego serían el alma de la exposición final; había un tercer grupo que se encontraba sumergido en la ardua tarea de conocer “cara a cara” al escultor. Y que mejor forma que visitando los emplazamientos donde se encontraban algunas de las obras civiles y religiosas de Don Luis. A este recorrido lo denominamos: “ La Ruta de Marco Pérez”. Nuestra particular “Ruta” comenzaba al lado de nuestro colegio, en la puerta de la Plaza de Toros, donde se puede ver el busto de “Chicuelo II” (1967). Caminando hacia el centro de la ciudad nos encontramos, en el jardinillo de la Plaza de la Hispnidad, -la antigua parada de los taxis-, el “Monumento a los soldados conquenses caídos en África” (1926). Y ya allí, aprovechamos para visitar la Iglesia de San Esteban y contemplar los cuatro pasos de Marco Pérez que se encuentran allí: “La Oración de Jesús en el Huerto (1941-53); “El Prendimiento” -más conocido por todos como “El beso de Judas”- (1942); “El Santísimo Cristo de la Salud”, llamado también “El Descendimiento” (1945); y “El Santísimo Cristo del Perdón”,conocido como “La Exaltación”) (1951). Tras admirar dichos pasos, escuchar algunas explicaciones por parte de los maestros, e incluso compartir los dimes y diretes que brotaban espontáneamente entre los niños, nos dirigimos hacia el Parque de San Julián, dejando a mano derecha la Diputación donde, hemos leído, y así se les cuenta a los niños, que también allí hay algunos bustos como el de “Fray Melchor cano”, “Calvo Sotelo” o una escultura llamada “Vieja”. El Parque de San Julián es como un pequño museo de Luis Marco Pérez, ya que en el hay muchas de sus esculturas. Allí pudimos ver “El hombre de la Sierra” (1926), el busto de “Don Lucas Aguirre y Juárez” (1927), y el monumento de “Doña Gregoria de Cuba y Clemente” (1930). Y aquí concluía la “Ruta” para los más peques del Colegio. Un descanso para tomarse el desayuno en el parque; unos minutos de
juego; y regreso al colegio para plasmar todo lo aprendido, como pequeños artistas que son, en los trabajos que se estaban elaborando. Sin embargo, los alumnos más mayores -de cuarto a sexto curso-, continuaban su aventura. Por la calle de los Tintes nos introdujimos en el Casco Antiguo de la ciudad y continuando bordeando el Huécar y tras una subida llegamos bajo las Casas Colgadas, donde se encuentra el “Pastor de las Huesas del Vasallo” (1930). Precioso lugar par recuperar el aliento contando alguna que otra historia y leyenda de Cuenca, mientras se admira el espectacular paisaje y se cogen fuerzas para continuar el ascenso. Después de atravesar la Plaza Mayor, la Plaza de Ronda y el Arco de Bezudo, nuestros pasos se encaminan, ni más ni menos, que al Cementerio de San Isidro, para visitar la tumba donde, desde 1985 descansa los restos del escultor. Aquí la “Ruta” también tiene un nombre propio: Don Florián Belinchón, Secretario de la Hermandad de San Isidro Labrador -vulgo de Arriba-, que muy gentilmente nos abrió de par en par las puertas de la Ermita. En todo momento nos acompañó y nos sirvió de guía, contándonos historias interesantísimas de aquel lugar y sobre todo contestando a las innumerables dudas y curiosidades de los niños. La gran mayoría de los alumnos, e incluso de alguno de los maestros, era la primera vez que visitaban aquel insólito paraje, por lo que todos estábamos muy atentos a lo que veíamos y escuchábamos. El momento más emotivo de esa visita, y sin duda alguna de toda esa semana, era cuando nos encontramos junto a la tumba de Marco Pérez. Era increíble escuchar los susurros de los chicos, siempre llenos de vitalidad, energía y con ganas de gritar… cuando se iban acercando al lugar, ¡no se oía nada! Y así, inmersos en ese respetuoso silencio, cercanos, muy cercanos a Marco Pérez, algunos niños tuvieron unas breves palabras de recuerdo y de agradecimiento para el artista. Palabras que concluyeron en un improvisado y sonoro aplauso. Cuenca Nazarena 115
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Investigación El texto narraba como: “el 17 de Enero de 1983, Don Luis Marco Pérez fallecía en Madrid, a los 86 años de edad. Su alma castellana quedaba en silencio. Silencio y Soledad que tantas veces supo plasmar en sus obras. Silencio, soledad, olvido y tristeza acompañaron al cortejo fúnebre que portaba los restos de Don Luis. Fueron pocos, muy pocos, los que se dieron cita en el cementerio de la Almudena de Madrid para rendirle un último homenaje (…) El hombre, que en tan larga vida artística había creado infinidad de mausoleos, lápidas y monumentos funerarios, era depositado en una fosa común (…). Dos años después, sus restos se trajeron a Cuenca, celebrándose una gran misa en la Catedral, donde estaban expuestos sus 19 Pasos. Los 19 Pasos que hizo para su Semana Santa conquense. Desde entonces, desde aquel 23 de febrero de 1985, el Escultor descansa en este cementerio en paz y mirando al Júcar, como quería, y sabiendo que su Obra forma parte, ahora y siempre, de Cuenca. Gracias Don Luis. Gracias Marco Pérez. Gracias por el tesoro artístico que nos has dejado. Y ojalá y, nosotros aún niños, seamos capaces de cuidarlo, valorarlo e incluso engrandecerlo, como se merece, para que el día de mañana, nuestros hijos, nuestros nietos y todos los conquenses, tengan la suerte que hemos tenido nosotros al poder admirarlo e incluso tocarlo.” Gran parte del texto, se extrajo del libro “Luis Marco Pérez. Vida y Obra del Escultor” de D. José Benedicto Sacristán, amigo y biógrafo del artista, a quien desde estas líneas queremos agradecerle, muy sinceramente, las palabras que dedicó elogiando nuestro proyecto cuando, en su día, vio publicado un artículo en la prensa digital y no dudó en escribirnos unas bonitas palabras e incluso invitarnos a visitar el pueblo natal del artista, Fuentelespino de Moya. ¡¡¡Muchas, muchísimas gracias!!! Don Florián también nos mostró otras enterramientos donde descansan otros ilustres conquenses: como el poeta Federico Mue-
las, o los artistas Fernando Zóbel y Antonio Saura, y que tanto llamó la atención de nuestros alumnos. Pero nuestra Ruta aún no había terminado. Volvemos hacia la Plaza Mayor y continuando, con cuidado, por la Calle Alfonso VIII, nos detuvimos en el Museo de la Semana Santa de Cuenca. Nos encontramos en el lugar perfecto para que los alumnos conozcan los 19 Pasos que Marco Pérez talló para la Semana Santa de Cuenca y también la exposición “Sentimiento y Barro”. Tomás Bux, uno de nuestros principales colaboradores en esta semana. Salimos del Museo, a cuyo personal también queremos agradecer su atención con todos nosotros, y nos disponemos a regresar al colegio, pero nuestra “Ruta” aún no ha finalizado. Aún quedan dos paradas obligadas. La primera la encontramos de camino hacia los antiguos Juzgados. Allí nos detenemos. Algo escondida y a una altura inusual, nos encontramos con una fuente, es la Fuente del Escardillo. En ella podemos contemplar un bajorrelieve que representa al Rey Alfonso VIII durante la Conquista de Cuenca” (1942), realizado también por nuestrol escultor. Retrocediendo sobre nuestros pasos, nos adentramos por la estrecha calle del Peso, hasta llegar a la Plaza de San Andrés, donde está nuestra segunda y última parada. Allí, nos detenemos unos minutos. -Después de casi cinco horas de Ruta, es buen momento para la reflexión-. Junto a nosotros, un pequeño busto: -¿Este también lo hizo él?, -pregunta un niño-; -Yo creo que no, porque éste… éste parece que es él, ¿no?, -responde otro-. Y efectivamente, así es. Nos encontramos junto al busto que se levantó en honor a Don Luis Marco Pérez en el año 1996 en este especial espacio nazareno, para conmemorar los cien años de su nacimiento. Junto al busto, una pequeña losa en la que se puede leer: “La ciudad de Cuenca a Luis Marco Pérez quien supo poner en ella, y en su Semana Santa, tanta belleza”.
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Bonito recuerdo para honrar su memoria y conmemorar así el centenario de su nacimiento. Como también lo fue, se les sigue explicando a los niños, la marcha procesional compuesta por D. Alfonso Cabañas titulada “Marco Pérez ha muerto”, y que los alumnos ya han escuchado en el Colegio, o el gran detalle de 1969, de poner su nombre a una calle: - ¡A la nuestra! - A la de nuestro Colegio! -gritan todos-. -¿Entendéis ahora porque estamos haciendo este Homenaje?, -se les pregunta-. Allí, in situ, frente a un Marco Pérez que parece mirarnos y escucharnos…todos asienten. Unos días antes, tan solo unos pocos habían oído hablar de él y ahora todos, todos, sentíamos a Marco Pérez como alguien cercano a nosotros. Lo sentíamos nuestro. Nuestra labor, como maestros, simplemente es la de enseñar. Enseñar lo que está en los libros, y también aquello que no está. Hoy en día, gracias al avance de las nuevas tecnologías, tenemos la gran suerte de poder “ver, conocer y viajar” por los más recónditos y alejados lugares de nuestro planeta sin salir del aula,… pero nunca, nunca debemos olvidarnos de lo nuestro, de lo más cercano y sin embargo, muchas veces, lo menos valorado y más desconocido. Y ese fue nuestro gran cometido, cuyo resultado pudo verse en la gran exposición final que durante los dos últimos días de Homenaje llenaron los pasillos del colegio. Todos aquellos trabajos que muy lentamente se iban elaborando en las aulas mientras, niños y mayores íbamos conociendo y acercándonos a la figura del escultor e imaginero, por fin, se podían ver. Y no sólo los vimos nosotros, sino que también vinieron las familias y muchas personas que se enteraron y quisieron acercarse a verla. En dichos trabajos se utilizaron muchas y variadas técnicas: desde el dibujo libre, coloreado o rellenado; pasando por la sanguina o el carboncillo - haciendo un pequeño guiño a esa faceta de dibujante, más desconocida, del escultor-; hasta la utilización de
papel, plastilina, arcilla y materiales varios; … y todo con el único objetivo de que los niños se sintieran como verdaderos artistas, y comprendieran a ese pequeño niño, llamado Luis, que a muy temprana edad se le despertó el gusto por el arte. Fue maravilloso poder ver las imitaciones que hicieron los niños de algunas de las obras de Marco Pérez. Quién sabe, a lo mejor alguno se anima y sigue sus pasos.
La Semana de Homenaje a Marco Pérez llega a su fin Martes 26 de Marzo, 12´30 de la mañana. El Homenaje a Marco Pérez llega a su fin. Y hasta el final, los niños siguen siendo los protagonistas de las actividades, por lo que serán ellos, salvo las palabras de agradecimiento del director del colegio y un vídeo que resume con imágenes todo lo que ha dado de sí estos días, los que clausuren oficialmente el acto. Y lo hacen, ni más ni menos, que con poesía. Sobre el escenario, pequeños dúos y tríos de niños nos deleitan con “Diecinueve Poemas para los diecinueve Pasos de Marco Pérez de la Semana Santa Conquense”. Y los alumnos más pequeños se atreven con alguna rimilla inventada por ellos mismos, con un poquito de ayuda por parte de sus maestros, como el siguiente poema de los alumnos de Primero, que decía así: Poema a Marco Pérez: “Nuestro Cole está en tu calle, eres un gran escultor y muchas de tus imágenes salen en procesión. Monumentos muy bonitos, hay en parques y jardines para que nunca olvidemos que fuiste tú quien los hiciste”.
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Investigación
Es Martes Santo. En unos minutos comenzarán las vacaciones de Semana Santa. Cada maestro, cada alumno, cada familia, cada miembro de la Comunidad Educativa que componemos el Colegio Santa Ana las vivirá a su manera. Pero esas diferentes formas de ver y de vivir la vida no deben ser nunca motivo de separación, sino de enriquecimiento. Cuántos más puntos de vista, siempre que el respeto y la comprensión estén presentes, más grandes y amplios harán nuestros proyectos: proyectos escolares, proyectos nazarenos;… o simplemente proyectos de la vida misma. En nuestro caso, la ilusión y el grado de implicación de todos, hicieron que este “Homenaje” fuese una experiencia inolvidable que quedará en nuestro recuerdo por mucho, mucho tiempo, permitiéndonos trabajar, por unos días, como una verdadera “Hermandad Escolar”. Pero sobre todo, nos ha servido para conocer, profundizar y sobre todo valorar la verdadera dimensión artística de Don Luis Marco Pérez, conquense universal donde los haya y, nos atrevemos a decir, a tenor de lo vivido, que desafortunadamente, aún un desconocido para muchos conquenses.
Nuestro más sincero Agradecimiento No podemos terminar este artículo sin expresar nuestro más sincero agradecimiento a las personas que hicieron posible este Homenaje. Y comenzar dando las gracias a la Junta de Cofradías por creer, sin haber visto nada, tan sólo por lo que os contaban, en nuestro Proyecto, y brindarnos la oportunidad de compartirlo, desde estas páginas, con todos los conquenses. Como tampoco las hay para esas personas, con “Nombre Propio”, que aceptaron nuestra invitación tan desinteresadamente y que, como hemos ido poniendo a lo largo de este artículo, ayudaron a engrandecer, ¡y de qué manera!, nuestro humilde proyecto. MUCHAS GRACIAS, una vez más, como dicen los niños, en mayúscula y sombreado en negrita a: Don Carlos Julián Martínez; Don Tomás Bux, Don José Miguel Carretero; Don Florián Belinchón; Don José Benedicto.
Y también darles las gracias: A los párrocos de San Esteban, Don José Antonio Gómez y Don Ángel Horcajada, por abrirnos las puertas de la Iglesia, uno, otro y otro día, a esos grupos numerosísimos de niños y recibirnos y acompañarnos en nuestra visita siempre con esa amabilidad. A los trabajadores del Museo de la Semana Santa, igualmente, por el trato dispensado. A Don Juan Carlos Muñoz del Olmo, en su día Presidente del AMPA del Colegio y Subinspector del Área de Seguridad Ciudadana de la Policía Local, que custodió a los escolares en nuestras “Rutas” por las calles de Cuenca con distintos Agentes de movilidad, velando que esos grupos de niños no entorpeciesen el tráfico de nuestra ciudad. ¡A todos gracias! Y muy particular y personalmente, quiero darles las gracias, a Don Francisco Martínez Zamora y a Don Luis Ángel Martínez Domingo, nazarenos activos conquenses que, creyendo fervientemente en un proyecto “ajeno” a ellos, no dudaron en brindarnos su ayuda en aquello que íbamos necesitando. Pero, sobre todo, el agradecimiento más especial es para los más de 400 alumnos y alumnas del Colegio Santa Ana y para sus maestros y maestras, que hicieron posible este Gran Homenaje. Dña. MªCarmen Luján, Dña. Inma Martín, Dña. Alicia del Saz, Dña. Montse Cantero, Dña. Raquel Alpuente, Dña. Mª Eugenia Marín, Dña. Lola Vilaplana, Dña. Lourdes Peceño, D. Javier Sepúlveda, D. Vicente Martínez, Dña. Inma Ortega, Dña. Carmen Orbís, D. Antonio Pérez, D. César Ruiz, Dña. Estela Soria, Dña. María del Rosario, D. Carlos García, Dña. Rosa Sánchez, Dña. Nieves Martínez, D. Ángel Ibáñez, D. Jesús Duque, Dña. Asun Fernández, Dña. María García, D. Fco.Javier Linuesa, Dña. Nieves Pérez, Dña. Conchita Cano, Dña. Mª Mercedes Atienza, D. Alfonso Cruces, D. José Carlos Morante, D. Vicente J. Perea y muy especialmente D. Andrés Ramos. Páginas del Colegio Santa Ana (donde están recogidas todas las actividades): http://edu.jccm.es/cp.santaana/ https://www.facebook.com/CipSantaAnaCuenca?fref=ts
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Investigaci贸n
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La Procesión Camino del Calvario a su paso por Carretería en los años 20. Fotografía: Col. Emilio Sáiz
Por Enrique Valero Moscardó Colaboración y Agradecimientos: Biblioteca Pública Fermín Caballero de Cuenca, Archivo Histórico Nacional, Biblioteca Municipal de Madrid, ABC, Junta de Cofradías de Semana Santa de Cuenca, Aurelio Cabañas, Carlos Huerta, Antonio Pérez Valero, José Aguilar Torralba, J.A. Carretero Cadenas, Familia Portalés, ABC. Textos: L. Martínez Kleiser, Juan Giménez Aguilar, Zaraus, José Mª Portalés, Prensa local y nacional de la época, E. Valero. Fotografías: Campos, Ciarán, Echagüe, L.M. Kleiser, Monjas, Col. D. Emilio Sáiz.
En 1929 la ciudad de Cuenca tuvo una de las Semana Santas más renombradas. Al buen tiempo se sumó una gran afluencia de viajeros, el orden de las Cofradías, las innovaciones procesionales y, de una forma influyente, la propaganda, los programas y los artículos periodísticos, que promovieron un turismo incipiente desde Madrid y otras poblaciones. Un año que las autoridades y los principales personajes de la vida cultural de la ciudad buscaron potenciar la Semana Santa y la permanencia de los visitantes durante los dos días siguientes a los desfiles, promoviendo rutas hacia la serranía o festejos profanos. El comercio y las empresas de viajes también apoyaron estas iniciativas, ofertando mejores condiciones y descuentos significativos durante los días señalados. A continuación aparecen las noticias que la prensa local publicó en 1929, extraídas principalmente de La Opinión, El Día de Cuenca, El Centro y La Voz de Cuenca, entre otras fuentes. Los textos, respetados en su redacción, nos llevan directamente al momento y la forma que fueron escritos, al pulso de los preparativos, observaciones, desarrollo e inquietudes de aquella Semana Santa. Escondida entre sus riscos, pensando sólo en sí misma, Cuenca ha sabido organizarse una Semana Santa severa, devota, pletórica de visualidad, de interés y de armonía, que despierta emociones, que mueve afectos, que roba miradas, que caldea los espíritus, que atrae, que subyuga, que predica, que fija la atención en la entraña representativa… (L.M. Kleiser, Blanco y Negro, Marzo 1929)
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Investigación Gran Hotel Moya de Cuenca en 1929
Cuenca, Cuaresma de 1929 6 de Marzo Según referencias que creemos autorizadas, el alcalde, señor Conversa está gestionando que venga a nuestra ciudad, los días de Jueves y Viernes Santo, un batallón de infantería, al objeto de cubrir la carrera de las procesiones.
16 de Marzo Se han reunido en el despacho del Sr. Viejobueno representaciones de todas las cofradías que integran las procesiones. La reunión tuvo por objeto tratar de si sería o no conveniente asistiese una banda militar de cornetas y tambores a dichas procesiones. Después de mucha discusión se acordó que cada cofradía dijese que donación hacía de lo que pudiese, correspondiente de las 5.000 pesetas que nuestro Ayuntamiento, a propuesta de su alcalde, tiene consignadas en presupuesto para repartir a las hermandades. De momento unas cedieron todo y otras parte de lo que hayan de percibir y las menos optaron por no dar nada por ser difícil su situación económica. Nuestras procesiones, es indudable que ya tienen algún atractivo, puesto que cada año hay más forasteros, pero estos que llegan el Miércoles Santo, desfilan el sábado, porque ese día no hay atractivo que los retenga. El comercio debe meditar también sobre la conveniencia de que ese día tengamos algo que permita distraer a nuestros visitantes y para ello propongo un programa de fiestas adecuadas que sería lo bastante para conseguirlo. La banda militar puede costar, teniéndola cuatro días, tres mil pesetas, unos fuegos artificiales mil, total cuatro mil pesetas.
17 de Marzo Anoche tuvimos el gusto de admirar unas artísticas andas de plata que, donadas por el Excmo. Sr. D. José Cobo para el paso de San Juan y la Virgen, se hallan expuestas en el comercio del industrial de esta plaza D. Calixto Benedicto. El público en crecido número se congregó a la puerta del comercio elogiando tanto a la obra artística que encierra como el generoso rasgo del donante.
20 de Marzo D. Félix Sáiz ha regalado unas artísticas andas de plata a la Soledad de San Agustín, que figura en la procesión de las seis de la mañana del Viernes Santo. El Gran Hotel Moya de nuestra ciudad ha colaborado en gran medida para la confección del programa de Semana Santa, el hotel cuenta con ascensor, teléfono, salones para banquetes, cámara oscura para fotógrafos, cuartos de baño, agua caliente, bar americano y precios módicos. El viernes, festividad de los dolores de María, se celebrará la solemne función de las Angustias a las diez de la mañana, y a las cinco de la tarde, predicando el Rvdo. P. Zabala. Por la mañana a las ocho, el Ilmo. Sr. Obispo, dará la Comunión a cuantos fieles asistan al solemne acto religioso.
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Rascacielos e Iglesia de Santa Cruz en el Barrio de San Martín. 1929 Fotografía: Casa Relev
Si algo típico y tradicional tiene nuestra capital cuéntese en primer lugar la celebración de la Semana de Pasión. Sin la obsesión de presentar grandes riquezas, sin la vehemencia de competir en imágenes con otras célebres españolas. Cuenca cuenta con sus solemnes funciones religiosas teniendo cada una de sus procesiones algo que admirar. Todas son evocativas del momento que han de representar. El orden, el recogimiento y el fervor místico con que transcurren y se admiran, son las privilegiadas dotes que las hacen inconfundibles en méritos. La procesión del Silencio a altas horas de la noche del Miércoles Santo, atrae al recogimiento de las almas de los que gozan y sirve de lenitivo a las de los que sufren. La brillante procesión de la tarde del Jueves Santo, ordenada y solemne, evoca de manera perfecta y real la amargura de las injurias humanas. Los destemplados tambores y agudos clarines del triste amanecer del Viernes Santo, impresionan y causan emoción. La suntuosa procesión del mismo día a las once de la mañana, tiene el mago poder de hacer resurgir en nuestra fantasía el grandioso sacrificio. La procesión del Santo Entierro es el broche que dignamente cierra el libro, en cuyas páginas quedó grabado por imperecederos siglos el acto de amor y humanidad de Jesucristo. Y estas son las razones poderosas por las cuales la Semana de Pasión es celebrada en Cuenca, con un sello tan típico y original que sabe evocar como pocas la muerte y pasión de Cristo. ZERAUS, La Opinión (Cuenca)
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Investigación
Banda Municipal de Cuenca con su famoso director Nicolás Cabañas (centro)en 1929. Fotografía: Col. José Aguilar
Las Bandas de Música en las procesiones de Semana Santa de 1929
La Banda Municipal de Música que dirige el competente maestro Cabañas, ejecutará en las procesiones de Semana Santa, las siguientes marchas fúnebres:
La Banda Provincial, reforzada con varios números de cornetas y tambores, estrenará en las próximas procesiones de Semana Santa, las siguientes marchas fúnebres:
“ Cristo de la Expiación” compuesta para el Viernes Santo en Sevilla por A. Beigbeder. “Estaba escrito”, Marcha fúnebre árabe San Miguel. “Jesús Christus”, Espinosa. “Marcha fúnebre”, de Beethoven. “In paradisum”, Franco. “Cristo de la Misericordia”, Rebollo. “ A Jesús Sacrificado”, Intercalándose el Miserere popular y el Stabat Mater, O. Peña. “¡Jerusalén, Jerusalén!, Arista. “En la Calle de la Amargura”, Santier. “Goya”, dedicada al célebre pintor. Borobia. “Cuatro notas a la memoria de Gayarre”, Martín Elexpuri. “Paz y Caridad”, N. Cabañas.
“Cristo de la Misericordia”. Sobre un motivo popular (M. Reballo). “Camino de las tres cruces” (A.Rodriguez) “Repose en paz” (L. J. Bendón) “Cristo de la Expiación” (A.Breigbeder) “Homenaje” (J. Benlloch). Nuestra cordial felicitación al director Sr. Piqueras, cuya voz de organización y progreso en beneficio de la Banda de música, es digna de todo encomio, esperando confiados en la mayor perfección posible de la misma.
Grupo de Turbos en la procesión Camino del Calvario a finales de los años 20. Fotografía: Col. Emilio Sáiz
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En la revista “Blanco y Negro” del Domingo de Ramos de 1929, apareció un extenso artículo referente a la Semana Santa de Cuenca, ilustrado con numerosas fotografías, fue debido al conocido literato D. Luis Martínez Kleiser. La prensa local de la ciudad comunicó la noticia unos días antes de su publicación: Una vez más el insigne polígrafo ha puesto la galanura de su pluma al servicio de esta ciudad, llevándola a las páginas de los grandes rotativos. La bella crónica, dada la difusión que tiene tan importante semanario gráfico, dentro y fuera de España, es de inestimable valor. Propaganda que significará un gran atractivo sobre esta capital y su provincia. Es un privilegio que personas de la solvencia moral y literaria del Sr. Kleiser, dediquen sus aptitudes y su inteligencia en dar a conocer, ora las bellezas naturales de su suelo y sus tesoros artísticos, sus típicas fiestas, sus tradicionales costumbres, y siempre ensalzando sus pintorescas perspectivas o rememorando los datos más interesantes de su historia y de su arte, para llevar al convencimiento de los lectores lo hermoso, artístico e interesante que es este pedazo de tierra española, para despertar en ellos el deseo de conocerla y de amarla, como él la quiere y admira, cariño que palpita a través de sus escritos y que surgen del crisol de su mente y que a Cuenca y su región dedica.
“Calle arriba, por la cuesta trabajosa y agria, avanza la procesión; en los balcones y las aceras se apiña la multitud, contemplativa y muda, formando cauce al cortejo piadoso; aisladas entre las sombras, brillan las lámparas mortecinas del alumbrado público, y las llamitas, temblorosas, trashumantes, pálidas, amarillas y melancólicas de los hachones que conducen los hermanos…, la silueta negra del disforme y afilado capirote, que se prolonga hasta clavarse en los tejados, como una fantástica aparición; por en medio de la vía, los pasos, que tan pronto descansan inmóviles sobre los banzos, como reanudan la marcha, acompasada y rítmica, columpiándose en el aire con gracioso vaivén, las pisadas de sus portadores resuenan pautadas, como golpes de batán sobre el pavimento…” Luis Martínez Kleiser Blanco y Negro. Marzo 1929
Paso de la Oración del Huerto y del Amarrado. en la procesión de Paz y Caridad. Fotografía: Programa Semana Santa 1929
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Programa de Semana Santa 1929 La Cámara Oficial de Comercio e Industria de Cuenca publicó en 1929 uno de los programas más interesantes de toda la época anterior a la Guerra Civil. Basado en el gran programa de 1926, presentaba una cubierta de imitación al cuero atravesada por un cordón, aunque disponía de un extenso repertorio publicitario, datos útiles e indicaciones generales para los turistas, su interés se concentraba en los trabajos de D. Mariano Zomeño, D. Juan Giménez de Aguilar, D. Julio Larrañaga, Sr. Conde de la Ventosa y Sr. Campos, entre otros. Describía los lugares y bellezas naturales de Cuenca y su provincia, la Semana Santa, la Catedral y la Ciudad Encantada, con un gran número de fotografías. No obstante, sus editores fueron objeto de crítica por haber prescindido de la colaboración de personajes como Kleiser y la falta de algunas innovaciones importantes que iban a ocurrir en las procesiones de este año. Debido a la extensión del programa, resumimos en estas páginas la parte correspondiente a las procesiones.
Miércoles Santo En la Iglesia de San Francisco se organiza el acto del que forman parte los Pasos: La Oración del Huerto, El Beso de Judas, Jesús en el Pretorio, La Negación de San Pedro, Jesús ante Anás y la Virgen de la Amargura con San Juan Apóstol. La escultura de Jesús ante Anás, que perteneció a la extinguida parroquia de San Miguel, es digna de verse y tiene además el prestigio de su antigüedad. También es un notable acierto del escultor Moreno Sastre la Oración del Huerto. Bastante después de la media noche, de una noche que el cercano plenilunio encanta y transfigura, regresa la procesión a la Iglesia de salida.
Jueves Santo La mañana y primeras horas de la tarde del Jueves Santo tienen su liturgia propia y es acto que presencia numeroso público el del Lavatorio en la Catedral. En la Iglesia de San Antón, a las cuatro y media de la tarde, y bajo la dirección de la Archicofradía de Paz y Caridad, se forma la segunda procesión en la que toman parte las hermandades de la Oración del Huerto, Jesús con la Caña, La Flagelación, el Ecce Homo, Jesús Nazareno con la Cruz, el Cristo de las Misericordias y Nuestra Señora de la Soledad. Las esculturas de Jesús con la Caña y Nuestro Padre Jesús tienen valor artístico, la Flagelación, aunque moderna, es una talla magnífica, pero ninguna de ellas es comparable con el bellísimo Ecce Homo, que es sin disputa, la mejor escultura de Cuenca, obra de un imaginero de buena época española y digna de la estimación en que se la tiene. La mayor parte de las imágenes proceden de la ermita de San Roque, que incendiada en la guerra de la Independencia fueron trasladadas a San Antón. El Ecce Homo estuvo muchos años en la Iglesia de San Andrés, pero procedía de las destruidas parroquias de San Gil y San Juan. El largo recorrido procesional no es obstáculo para que el acto conserve, hasta el último momento, un ordenado y solemne aspecto, que sólo se turba momentáneamente para hacer estación frente a la casa de algún hermano enfermo. Al terminar la procesión se dice el sermón de Mandato en San Antón.
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Hermandad de las Angustias desfilando por Carretería en 1929 Fotografía: Col. Enrique Valero
Viernes Santo Poco después de la media noche comienza a notarse actividad en la población precursora del ajetreo procesional que ha de embargar al vecindario todo el día. A la seis de la mañana toma origen en la Iglesia del Salvador la procesión “Camino del Calvario” que la integran los Pasos de Jesús Nazareno, Jesús y la Verónica, San Juan y Nuestra Señora de la Soledad. Es típica de esta procesión la banda de destemplados tambores y estridentes clarines, que en son de mofa, preceden al Jesús Nazareno; por ella, por la hora riente de estos amaneceres de primavera temprana, hace fuerte contraste la unción de los devotos con el jolgorio pseudojudaico de la banda. Las tres esculturas estaban en el convento de San Agustín y en la época de la exclaustración fueron trasladadas al Salvador (1834) y tienen, sobre su intrínseco valor artístico, la pátina ennoblecedora de los siglos. La Verónica es moderna y vale poco. Las tallas del Jesús y del San Juan proceden, casi seguramente, de la misma mano y son muy estimables obras, matizadas de un exotismo que incita a investigar su origen. Entre el resoli, los obsequios de los Hermanos Mayores y el picante sol mañanero, hacen que el final de la procesión sea movido y más alegre de lo que corresponde a las tristuras litúrgicas del día. La impresión placentera de esta alegre mañana, perdura largo rato. La rumbosa hermandad de Jesús Nazareno, procura que estas sensaciones jocudas, se prolonguen unas horas. A las once de la mañana y saliendo de la Iglesia del Salvador y de San Francisco, se forma la procesión con los Pasos: Jesús despojado de sus vestiduras, La Crucifixión, La Exaltación, La Agonía, El santísimo Cristo de la Expiación o de los Espejos, El Descendimiento y La Virgen de las Angustias. Son notables las esculturas del Santísimo Cristo de la Expiación y de la Virgen de las Angustias. La primera procede también del antiguo con-
vento de San Agustín, que se hallaba en el edificio que es ahora parador de Santa Luisa, en la plaza de Cánovas. La escultura de la Virgen, de propiedad particular, restaurada discretamente es de lo mejor que poseemos, no solo por ser talla completa, sino por la gracia de sus líneas. Algunos años ha formado parte de esta procesión una estupenda talla: la bellísima Virgen de las Angustias que se venera en San Felipe. En opinión de personas que merecen un alto respeto como críticos de arte, hay ciertos indicios que dan idea de que esta escultura sea debida al gran Salcillo por su traza artística y las relaciones de dependencia en que la Iglesia estuvo con Murcia, y no falta quien opina que tiene una antigüedad mucho mayor. Termina el fatigoso recorrido a las tres de la tarde en la Iglesia del Salvador, donde los devotos oyen el sermón de Soledad. Por la tarde, el Santo Entierro sale también del Salvador a las cinco, y aunque sólo toman parte oficial dos Pasos y el Cabildo de Caballeros de Nuestra Señora de la Soledad y el Santo Sepulcro, la presencia de niños con los emblemas de la Pasión, niñas que personifican a las tres Marías y los cofrades de todas las hermandades que son invitados a éstas, dan solemnidad y esplendor a la última muestra callejera del culto. Van también Heraldos de la Fama y de Armas. La talla de Jesús yacente es antigua, pero la urna sepulcral resulta poco vistosa. El rostro de la Dolorosa tiene un gran verismo en la expresión. Por la noche, la veneración por la Virgen de las Angustias, que recibe culto en la ermita de su nombre, se transforma en una sentida romería, que este año acudirá a oír el sermón de Soledad a las diez de la noche. El paraje es sencillamente encantador, rebosante de romanticismo y poesía, la pequeña ermita convida a la meditación y eleva el alma a Dios.
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Investigación
Semana Santa de 1929 Lunes Santo
Desde ayer, domingo de Ramos, se dibuja en los semblantes la incertidumbre acusadora del temor que la lluvia pueda malograr la celebración de las procesiones, inquietud que perdurará hasta que desfile el último paso. Las parroquias se hallan llenas de fieles que contemplan como las Cofradías arreglan y engalanan sus Pasos. Son muchas las personalidades que visitan nuestra ciudad y citarlas a todas es cosa imposible, lo hacemos sin embargo del
embajador de la República Argentina, D. Daniel García Mansilla y señora, General D. Antonio Losada con su ayudante de campo, y el Teniente Coronel del Estado Mayor D. Nicolás Prat. Un año más D. José María Portalés Ruiz ha editado un programa de mano sobre la Semana Santa de este año. Para ello han contribuido el Patronato Nacional de turismo y algunos comercios importantes de la ciudad.
Las Procesiones Miércoles Santo
Virgen de la Amargura con San Juan y su palio recién estrenado en 1929
El Miércoles Santo estuvo todo el día el tiempo variable, infundiendo temores de que empeorase y desluciera, o hiciera imposible, todas las procesiones. Pero aclaró y quedó el cielo limpio y despejado. A las ocho, salió la primera procesión llamada del Silencio con las siguientes Cofradías: “Jesús en el Huerto”, en la que formaban 110 cofrades con túnica morada y capuz blanco; el “Beso de Judas” o “Prendimiento” con cuarenta y dos cofrades con túnica y capuz blanco; “Jesús en el Pretorio” sin Cofradía; la “Negación de San Pedro”, sin Cofradía; “Ecce Homo” , de sesenta cofrades, con túnica roja y capuz blanco; la “Virgen de la Amargura” y “San Juan” de ciento veinte cofrades, con túnica azul y capuz blanco. La procesión terminó alrededor de las dos de la noche siendo su paso presenciado por una gran multitud desde las aceras y balcones. “La Oración del Huerto” estrenó una hermosa corona de plata que la imagen de Jesús llevaba colocada en la cabeza, y el Ángel un cáliz de oro, La cofradía lució un hermoso guión de damasco granate bordado en sedas y el paso continuó exhibiendo una iluminación polícroma de baterías eléctricas. De nada sirvieron los consejos, puede que lleven razón para ello. El Paso del “Beso de Judas” estrenó también un artístico grupo de tulipas. El Ecce Homo un precioso guión de damasco. La Virgen de la “Amargura y San Juan”, unas hermosas andas de plata con palio, donativo del Excmo. Sr. D. José Cobo. Muy bien presentada y ordenada la cofradía de “San Juan y la Virgen en la calle de la Amargura”, al parecer el año próximo introducirán mejoras en el ya vistoso paso. En la Catedral hubo solemnes maitines (vulgo tinieblas) anunciando las primeras plegarias a Cristo en la Pasión, lo propio sucedió en los templos de religiosas y en la Merced. Produce satisfacción ver como a medida que pasan los años se acentúa en las procesiones de Semana Santa de Cuenca la nota de grandiosidad, por lo que ya es una de las primeras de España, en cuya primacía juega un importante papel el orden que en ellas se observa, el cual atrae un gran número de visitantes.
Fotografía: Aurelio Cabañas
Jueves Santo Amaneció el Jueves Santo, y se asistió con fervor a los templos de la ciudad, celebración de los oficios con religioso recogimiento. En la Catedral se realizó la consagración de los santos Óleos, portando en ánforas de plata el aceite de las olivas, y por la tarde, tuvo lugar el Lavatorio de pies a doce pobres por el Sr. Obispo. A las cuatro y media de la tarde se organizó, desde la ermita de San Antonio Abad, la procesión llamada de “Paz y Caridad”, con el siguiente orden: “Jesús en el Huerto”, con setenta y un cofrades, túnica y capuz morados. “La Flagelación”, setenta y dos cofrades, con túnica morada y capuz blanco. “Jesús con la Caña”, cincuenta y siete cofrades, túnica y capuz encarnados. “Ecce Homo”, sesenta
y ocho cofrades, túnica morada y capuz granate. “Jesús Nazareno” vulgo del Puente, con trescientos cincuenta y siete hermanos de túnica con cola y capuz morados. “Cristo Crucificado o de las Misericordias” a cuya Cofradía sirven todas las de este día. “Soledad del Puente”, setenta y seis cofrades, de túnica morada y capuz negro. La procesión fue, como todos los años, muy interesante y ordenada, guardando la compostura con los acordes de las marchas fúnebres y el tradicional Miserere del organista Pradas, inmortal por sus obras musicales, recorriendo las calles de costumbre. El “Ecce Homo” de San Andrés estrenó una hermosa corona de plata sobredorada, donativo de doña Carlota Pedraza.
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Viernes Santo Al alborear el día de Viernes Santo, sobre las cinco de la mañana, unos clarines zumban en nuestros oídos. Marchando en pos de ellos vamos a una iglesia, la de El Salvador, donde se organiza la procesión de “la calle del Calvario”. Son primeramente turbas de escribas y fariseos que burlan al Señor, después, el paso de “Jesús Nazareno” con sesenta y tres cofrades, “Jesús de la Caída y la Verónica” de la misma cofradía anterior, llevan túnica y capuz morado. “San Juan Evangelista”, con ochenta y tres cofrades, vistiendo túnica morada y capuz verde. “La Soledad”, con doscientos ochenta cofrades, que lucen túnica morada y capuz negro. Con “Jesús Nazareno” del Salvador, salió por primera vez la guardia pretoriana romana, con elegantes trajes y todos los detalles que revelaron un gran gusto artístico. La “Virgen de la Soledad” del Salvador lució unas andas nuevas de plata. A las once de la mañana salió de la parroquia del Salvador la procesión “Jesús en el Calvario”, completándose después con la mayoría de los magníficos grupos escultóricos en San Esteban. El orden fue el siguiente: “Jesús despojado de sus vestiduras”, “Crucifixión”, “Exaltación de la Cruz”, de sesenta y cuatro cofrades, “Cristo de la Agonía” con sesenta y ocho cofrades de túnica amarilla y capuz granate, “Cristo de la Luz”, con setenta y cuatro cofrades con túnica morada y capuz amarillo, “El Descendimiento”, de sesenta y nueve cofrades, con túnica y capuz negro. La “Virgen de las Angustias”, de
ciento noventa y seis cofrades, con túnica y capuz celeste. Esta Cofradía estrenó un nuevo guión de damasco azul celeste con el escudo bordado en oro. La procesión del “Santo Entierro” salió por la tarde de la iglesia del Salvador en este orden: Cofradías diversas, “La Santa Cruz”, acompañada de noventa niños de la juventud Franciscana con túnica de color castaño y capuz blanco. “El Santo Sepulcro” acompañado por el cabildo de caballeros. Los caballeros vestían traje de etiqueta con ceñidor y bonete blanco, sobre el pecho un escudo con las armas del Cabildo de la Orden. A esta procesión asistieron todas las autoridades civiles, militares y eclesiásticas, el Ayuntamiento en pleno, bajo mazas, las representaciones de todos los centros oficiales y la presidía el Ilmo. y Rvmo. Sr. Obispo de la diócesis. La juventud Franciscana “Compañía de la Vera Cruz” estrenó el nuevo Paso, la Cruz y las andas son de estilo renacimiento, el velo está bordado primorosamente, el rico guión negro lleva adornos de plata y en el centro la Cruz de Jerusalén bordada de grueso hilo de plata, el portabanderas es de terciopelo negro con un artístico galón de plata. La procesión cruzó nuestras calles con un inusitado esplendor religioso, dando verdadero realce la “Cruz Desnuda de Jerusalén” que por vez primera ha venido a figurar en esta procesión así como los doce apóstoles.
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Investigación
Procesión de Soledad
Virgen de la Soledad de San Agustín desfilando con sus andas de plata en 1929. Fotografía: Emilio Sáiz
La Virgen de la Soledad del Puente volvió a salir este año en la Semana Santa. La procesión de “Soledad” se inició a las diez de la noche en la ermita de San Antonio Abad con dirección a la de las Angustias. La formaron exclusivamente más de seiscientas damas. Esta innovación se debe al digno fiscal de esta Audiencia don Gabriel Cayón, el cual la ha organizado a imitación de Valladolid, Zamora y Murcia. Las damas portaban blandones, y la Virgen era llevada en andas por sus banceros (único acompañamiento masculino) el paso estaba adornado con grupos de tulipas. Cerrando la comitiva iba un grupo de personas que acudieron a la visita de Las Angustias, donde se rezó el Santo Rosario. El regreso se hizo por el mismo trayecto. En la puerta de la ermita de las Angustias y de la de San Antonio Abad se cantó la Salve. Fue todo un éxito.
Sábado de Gloria La nota de estos días ha sido el lento desfile de las procesiones y hemos advertido un poco más de orden. Ha terminado con el descanso de las procesiones en la Plaza Mayor, el espectáculo que todos los años contemplábamos en dicho sitio, y que tan poco favorecía el buen nombre de nuestras sagradas fiestas, sin embargo, todavía no se han convencido algunos cofrades del mal efecto que producen los banceros descubiertos hasta por las calles principales. En la noche de ayer tuvo lugar la procesión al santuario de Nuestra Señora de las Angustias, procesión de “Soledad”, bien organizada y de gran efecto emotivo. En todas las procesiones ha llamado mucho la atención la banda de cornetas y tambores, integrada por los niños asilados: Jesús Viejobueno, Rufino Martínez, cornetas, y Francisco Alonso, Antonio Escribano, Juan de Dios Cuenca y Pedro Campos, tambores, los cuales desfilaron con gran mar-
cialidad, dando la sensación como si de una verdadera banda militar se tratase. La instrucción de los diminutos músicos ha sido obra del Sr. Piqueras, director de la Banda Provincial, al que felicitamos por este éxito y porque con sólo dos elementos contratados ha cumplido su Banda muy bien, ejecutando las marchas fúnebres con gran ajuste y afinación, haciendo un conjunto muy armónico con la banda de cornetas y tambores. El sol quiso prestar sus rayos brillantes a la magnificencia del espectáculo, los anocheceres han sido templados y serenos, iluminados por las luces de las hermandades y de los pasos, dando a las calles un aspecto fantástico. La concurrencia de viajeros ha sido extraordinaria, Un gentío inmenso llenaba las calles. Trajes claros, primaverales, mantillas y peinetas. Hoy es Sábado de Gloria debut de una compañía en el teatro Cervantes y mañana toros.
Domingo de Resurrección Ayer debutó en el Teatro Cervantes la compañía Portes Barroso, con la obra de Benavente “Pepa Doncel”. El público, que llenaba la amplia sala, quedó un poco defraudado en sus esperanzas, La obra del ilustre literato no acabó de convencernos, y la interpretación estuvo deficientísima. A primera vista pudimos advertir que la compañía llevaba la obra prendida con alfileres. El público de Cuenca, siempre prudente, no manifestó su desagrado; únicamente, muy educado, se abstuvo de aplaudir, como merecía la labor de los intérpretes. Hoy repetirán la misma obra y mañana “¡Pare usted la jaca, amigo…!” y “Rondalla” de los hermanos Quintero, que anoche gustó mucho y los aplausos fueron más calurosos. Enhorabuena.
Hoy se ha celebrado la anunciada novillada, con ganado de Marqués de León, que despacharon los novilleros Lorenzo la Torre y Manuel Fuentes Bejarano. La entrada respetable, y la lidia monótona. No pudimos contemplar nada digno de mención. El ganado muy regular de presentación y algo huido, y los espadas voluntarios pero desentrenados. Ambos maestros cortaron una oreja cada uno, que no pude explicarme por qué se concedieron. El público conquense se entusiasma con suma facilidad y solicita lo que solo debe pedirse en raras ocasiones, y la presidencia extremadamente complaciente.
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D. José Mª Portalés, abogado, escritor y cronista taurino, también contribuyó con la Semana Santa de aquellos años. Es digno de elogio porque editó unos curiosos programas de las celebraciones religiosas, festejos profanos y ferias; las pequeñas obras contenían una novela corta alusiva a los días de la Pasión e inspirada en nuestra ciudad, seguida del programa procesional, típicos anuncios comerciales y los actos lúdicos programados. El propio José Mª Portalés explicaba así en la prensa de aquel año sus propias impresiones sobre la Semana Santa: Ya que sobre este tema han hablado las grandes figuras, ya que a ilustres literatos tanto debe esta hermosa ciudad, por haber puesto de manifiesto sus encantos, cantadas sus bellezas, magnificencia de los riscos de su sierra, al agua transparente que brota de las entrañas de sus montañas, séale permitido después de los grandes ases del abono, a un modesto novillero, ya viejo, pasado, que por lo tanto jamás llegará a tomar la alternativa, hacer algunas observaciones que las pasadas fiestas le han sugerido. El contingente de turistas ha sido
desde luego extraordinario esta Semana Santa, pueden estar satisfechos todos los que se han interesado en la propaganda, y aunque haya contribuido en pequeña proporción tan bien yo me felicito, ya que he colaborado con mi grano de arena, al repartirse mis pobres folletos por la Villa y Corte… Unamos nuestros esfuerzos para que las fiestas de nuestra ciudad tengan el esplendor debido, sin distinción de ideales, aspiraciones, ni tendencias, todos agrupados bajo el mismo ideal, el engrandecimiento de Cuenca. Este año he podido darme cuenta de la severa majestad de las procesiones, cada aspecto nuevo era sorprendente, bello, siempre atento trataba de descubrir algún detalle de mal gusto, alguna túnica en deplorable estado, algún mal avenido que introdujera el desorden, y podéis estar orgullosos, conquenses, no lo he encontrado, de todo lo cual deduzco, que esta halagüeña impresión, ha sido la de esa pléyade de turistas que nos han visitado y que a estas horas serán voceros entusiastas de la Semana Santa de Cuenca. José Mª Portalés Ruíz El Centro, Cuenca, 10 de Abril de 1929
A cuantos nos han visitado, nuestro deseo que su estancia en nuestra ciudad les haya sido agradable y que el recuerdo que se llevan sea tan grato como el que ellos con su venida nos dejaron.
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Fotografía: Enrique Martínez Gil REVISTA CUENCA NAZARENA 2014 DEF.indd 132
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