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Fotografía: Luis Diacha
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NAZARENA
SALUDA
Jorge Sánchez Albendea Presidente de la Junta de Cofradías de Semana Santa Cuenca ya se encuentra preparada para conmemorar sus días más intensos. Este año el capricho lunar nos sitúa en la última semana de marzo, algo que, al parecer, es mucho mejor, pues esa inoportuna invitada que es la lluvia no suele hacer presencia cuando la Semana Santa cae íntegramente en el primer tercio del año. ¡Esperemos que así sea!, y que durante la próxima Semana de Pasión nuestros nueve desfiles procesionales se completen en su totalidad con el esplendor que les caracteriza. Este año hemos conmemorado el XXX aniversario del fallecimiento de D. Luis Marco Pérez. En la revista que ahora tienes en tus manos encontraras un artículo dedicado a los actos que la Junta de Cofradías celebró con motivo de esta efeméride. Cuenca le debe mucho a tan insigne escultor e imaginero y conscientes de ello estamos intentando que parte de su obra, hoy oculta, quede expuesta para siempre en nuestro Museo de la Semana Santa. Sin duda un ambicioso proyecto que daría prestigio al Museo y el reconocimiento que D. Luis Marco Pérez tan merecido tiene. A día de hoy sigue siendo el más grande artista que esta tierra ha dado. Pero para portar las imponentes tallas labradas a golpe de gubia es necesario acompañarlas de unas andas a la altura de las circunstancias. Por tal motivo los queridos hermanos Pérez del Moral, Nemesio y Modesto, también han sido reconocidos con una magnífica exposición donde gran parte de su obra ha sido mostrada. El cariño del mundo nazareno quedó puesto de manifiesto arropando de manera masiva esta extraordinaria muestra. Como siempre, el trabajo ha sido intenso en el seno de la institución. Los actos previos han contado con una gran respuesta y los lugares de celebración han sido abarrotados. Las Hermandades, verdaderos motores de esta celebración, siguen dando realce a los días previos. Todo ello demuestra que la vida de nuestras Hermandades no debe limitarse al desfile procesional, que sin duda es el acto más importante y el que nos marcan nuestros tratados constitucionales, pero nuestra devoción debe ser constante a lo largo del año y nunca debemos olvidar lo que somos y lo que representamos. Que fácil sería rellenar este saluda contando lo difícil que ha sido configurar un presupuesto digno. No lo voy hacer, no quiero caer en lo material, dejémoslo en que hemos sido capaces de lograrlo y de incorporar como colaboradores de la Semana Santa de Cuenca a nuevas entidades privadas. No obstante, si quiero llamar tú atención sobre algo que no debemos dejar pasar por alto, y es que la Semana Santa de Cuenca devuelve a su ciudad y tal vez multiplicado por un elevado número, lo que recibe de las instituciones. Y aún con este dato, son las hermandades que integran la Junta de Cofradías las que más aportan. Lo digo de forma muy telegráfica pero desde la más profunda convicción. Si vas a participar en la Procesión Camino del Calvario como turbo quiero pedirte encarecidamente que tú comportamiento sea ejemplar y que reproches a aquel que no sabe ni comprende el verdadero significado del rito de Las Turbas. No nos podemos permitir otra noticia que no sea la de que todo ha sucedido con absoluta normalidad. Es ahora cuando quiero animarte a participar y a solicitarte que lo hagas bajo las señas de identidad que nos son propias: RESPETO Y DEVOCIÓN. No olvides nunca lo importante que es “escuchar el silencio” a lo largo de los desfiles procesionales. Gracias a todas las Juntas de Diputación, a los miembros de la Junta de Cofradías y a tantos y tantos nazarenos por su trabajo incansable. Mi reconocimiento especial a Antonio, Blanca, José Ramón, Rodrigo, José Javier y Joaquín, la Comisión ejecutiva, siempre estáis prestos y dispuestos con el único objetivo de engrandecer la Semana Santa de Cuenca, y eso es algo muy grande. Y este año mi “pequeña licencia” tiene que ir para toda mi familia, pero esta vez con un recuerdo especial para la persona que me enseñó la esencia de la esta Semana Santa, de la Semana Santa de Cuenca, y que con tanto amor nos cosía las túnicas y los capuces: mi abuela. ¡Es Semana Santa!, disfrutad de ella y Feliz Pascua de Resurrección.
Fotografía: Enrique Martínez Gil
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SALUDA
Joaquín Ruiz Requena Delegado Episcopal ante la Junta de Cofradías “La puerta de la fe” (cf. Hch 14, 27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida. Éste empieza con el bautismo (cf. Rm 6, 4), con el que podemos llamar a Dios con el nombre de Padre, y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrección del Señor Jesús que, con el don del Espíritu Santo, ha querido unir en su misma gloria a cuantos creen en él (cf. Jn. 17, 22). Profesar la fe en la Trinidad –Padre, Hijo y Espíritu Santo –equivale a creer en un solo Dios que es Amor (cf. 1 Jn. 4, 8): el Padre, que en la plenitud de los tiempos envió a su Hijo para nuestra salvación; Jesucristo, que en el misterio de su muerte y resurrección redimió al mundo; el Espíritu Santo, que guía a la Iglesia a través de los siglos en la espera del retorno glorioso del Señor”1. Al acercarse la Cuaresma y la Semana Santa de este año 2013, se nos invita a renovar de nuevo nuestro compromiso de fe, celebrando los misterios de la Pasión, de la Muerte y de la Resurrección de nuestro Señor. Este año, en la carta apostólica “La puerta de la fe” de s.s. Benedicto XVI, se nos invita a “renovar y redescubrir el camino de la fe2” para renovar nuestro encuentro con Jesucristo. Nuestra Semana Santa tiene su origen en la celebración anual, por parte de los cristianos, del Misterio de nuestra Fe: Pasión, Muerte y Resurrección. Es en este núcleo donde se fundamenta nuestra fe, donde se fundamenta nuestro compromiso de discípulos, de seguidores del Señor. Una fe que no se impone, sino que se ofrece y se propone, principalmente con nuestro testimonio de vida, pero también con nuestro conocimiento del contenido de nuestra fe y con nuestra celebración de la fe en la asamblea litúrgica. Es así como la luz de Jesucristo la llevamos en medio de nuestro mundo. Una fe que implica un conocimiento de ella. La formación en el contenido de nuestra fe nos hace distinguir el mensaje de nuestra fe de lo que no lo es para poder dar razón de nuestra fe. Es una fe de la que hacemos experiencia de vida, No tenemos sólo un conocimiento intelectual de ella, sino que queremos configurar toda nuestra existencia viviendo todos los momentos de nuestra vida desde el encuentro personal con Jesucristo. A partir de ahí vamos modelando nuestra vida cada día conforme al Evangelio. Esta fe, que tiene un elemento personal, cada persona es la que se compromete a vivir de esta manera, no se queda el algo meramente individual sino que la celebramos comunitariamente a través de los diferentes actos litúrgicos. Fue el encuentro con el Señor resucitado el que impulsó a los discípulos a profundizar la fe y a hacer experiencia de vida el evangelio. Que también a nosotros, contemplando los pasos por nuestras calles, acompañándolos como nazarenos con la tulipa o desfilando debajo de un banzo, el celebrar los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor nos lleve a profundizar nuestra fe y a ser testigos suyos en medio de nuestro mundo.
1. Carta Apostólica Porta Fidei, Ciudad del Vaticano 2011. 2. Carta Apostólica Porta Fidei, # 2, Ciudad del Vaticano 2011
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Fotografía: Luis Diacha
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Entrevista
Entrevista a José Javier Pérez Muñoz, Pregonero de la Semana Santa 2013
“Utilizaré mi Pregón par a que la gente se encuentre con el Señor, con Cristo” Por R afael Redondo y José R amón García Martínez José Javier Pérez Muñoz nació en Valencia en 1964. Se ordena sacerdote en 1991 tras realizar los estudios en el Seminario Mayor de “San Julián” en Cuenca, siendo nombrado Vicario Parroquial de la Parroquia de San Pedro en la ciudad de Cuenca. Rápidamente entra en contacto con el mundo de las hermandades y cofradías conquenses y es nombrado Consiliario de la Venerable Hermandad del Ecce-Homo de San Miguel. El 19 de Julio de 2003 es nombrado Delegado Episcopal en la Junta de Cofradías, por el entonces Obispo de Cuenca Mons. D. Ramón del Hoyo. Puesto en el que permaneció hasta el pasado mes de agosto, cuando el Obispo actual Mons. D. José María Yanguas lo releva de su puesto para hacerse cargo de la Parroquia del pueblo conquense de Las Pedroñeras. Tras ser propuesto por las hermandades del Ecce-Homo de San Miguel y de la Congregación para ser elegido pregonero de la Semana Santa de Cuenca 2013, resultas elegido por una amplia mayoría de los miembros de la Junta de Diputación de la Junta de Cofradías. Cuando Antonio Abarca, Vicepresidente de la institución te lo comunicó para confirmar tu aceptación, ¿qué sentiste?, ¿es un honor?¿una responsabilidad?. Bueno, pues las dos cosas. Por una parte es un honor que la gente se haya acordado de mí, y por otra parte es una gran responsabilidad: durante unos días pasas a ser el centro de atención; a estar en el ojo del huracán; quieres hacerlo bien para no defraudar a nadie, transmitir un mensaje; tienes miedo al fracaso. Sí, la responsabilidad es muy grande… Pero estoy muy contento por el trabajo encomendado y espero que le guste a la gente. Pero más que gustar o no gustar, pienso que lo fundamental de este pregón es ayudar a la gente a que viva la Semana Santa, ayudar a los que se sientan nazarenos a que se encuentren con la Iglesia, con Dios, y más en este Año de la Fe. Quiero que mi pregón sirva para ayudar a que la gente se encuentre con el Señor, con Cristo. Como nazareno que eres, ¿qué crees que le falta a nuestra Semana Santa? ¿Tiene más espiritualidad o es más tradición y cultura? Como nazareno creo que le falta espiritualidad, le falta organización en muchos aspectos, dejamos muchas cosas a la
improvisación. ¿Qué le sobra? Yo creo que nada, quizá algún “momento mágico”. Y como sacerdote, siempre he dicho que la Semana Santa se compone de unos desfiles procesionales donde los cristianos conmemoramos la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Cristo, y así lo escenificamos. Una procesión es un acto de fe. Nuestra Semana Santa surge de nuestros antepasados, de nuestros padres, de nuestros abuelos, de nuestros tatarabuelos. Ellos fueron los primeros que celebraron y escenificaron la Semana Santa y a ellos, indudablemente, les movió la fe. Esa celebración año tras año genera una tradición, y esa tradición termina por originar una cultura: una cultura gastronómica; una cultura musical; una cultura incluso de bebida como es el resoli; una cultura en la moda (una forma de vestir). Pero todo eso tiene que tener como fundamento la fe, si eliminamos la fe la tradición y la cultura se nos vienen abajo. Como sacerdote siempre he dicho que la Semana Santa debe estar cimentada en la fe. No eres el primer sacerdote que pregona la Semana Santa de Cuenca, concretamente vas a ser el séptimo, ¿crees que es bueno o positivo para la iglesia conquense, o es puramente anecdótico? Yo creo que es bueno, en la variedad está el gusto. Considero que es bueno que por el atril de San Miguel pasen todo tipo de personas, de profesiones, de formas de pensar… pero católicos, porque se habla de Dios para hombres y mujeres de Dios. Todo el mundo tiene algo que aportar, tiene algo que decir… y es bueno escuchar a los demás. Eres el Consiliario de la Hermandad del Ecce-Homo de San Miguel, ¿de qué te sientes orgulloso de haber logrado?, ¿te falta algo, o te gustaría conseguir algo? Lograr, lo que se dice lograr, no he logrado nada, he procurado sembrar. He trabajado mucho y con mucha ilusión. Estoy muy orgulloso de ser hermano, hermano desde el año 1991. He participado siempre en las procesiones y en todos los actos de la hermandad porque me gusta, lo vivo y lo siento. Yo no he hecho nada, he procurado sembrar desde el cariño, desde el amor, desde la cercanía, desde la comprensión, desde la paciencia, desde el humor. He trabajado para ayudar a la gente a encontrarse con Dios.
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Es importante que la gente viva la hermandad con espiritualidad. Que comprendan que una hermandad no es sólo un grupo de amigos, ni una peña para hablar de fútbol, sino que la hermandad es lo que nos une para acercarnos más a Dios, que es quien nos tiene que ayudar a ser mejores personas. Y, ¿qué me queda por hacer? Seguro que muchísimas cosas, porque los hombres somos limitados y aunque nos pongamos objetivos y metas siempre te queda por hacer. Me hubiera gustado, de haber tenido más tiempo, poder haber visitado a los hermanos cuando estaban enfermos; haber estado con las familias…pero, en fin, somos lo que somos, y más ahora que faltan sacerdotes, uno se siente muy limitado y llega hasta donde puede. De igual forma, como Delegado Episcopal de la Junta de Cofradías, resume tus años trabajando con la Comisión Ejecutiva y cuéntanos de qué te sientes orgulloso y qué crees que te has dejado sin hacer. Me siento orgulloso, muy orgulloso de haber representado al Sr. Obispo, de haber sido la voz de la Iglesia en determinados momentos y de haber conocido a un grupo maravilloso de personas que, como todos, tenemos nuestras virtudes y nuestros defectos. Me alegro de haber conocido a unas personas que quieren lo mismo que yo, que aman lo mismo que yo, que les gusta lo mismo que a mí… y que entre todos hemos formado un grupo de amistad con el que hemos trabajado mucho por la Semana Santa y por la ciudad de Cuenca, de lo que me siento muy feliz y orgulloso. Y de la misma forma que dijo nuestro Presidente, Jorge el día en que fue elegido, “yo aquí he venido para hacer amigos”. Y creo que me llevo un montón de amigos en el corazón. Si me siento orgulloso es de los amigos que dejo en la Junta de Cofradías. Y, ¿qué me he dejado por hacer? Pues no lo sé. Quizás haber estado más cerca de la gente, haberles acompañado más en sus problemas, en sus preocupaciones, en sus dolores, en sus enfermedades, en sus disgustos… en sus alegrías. En tus alocuciones en la Juntas de Diputación y en las Generales de la Junta de Cofradías, siempre has representado al Sr. Obispo, tu norma era siempre agradecer a todos su esfuerzo para sacar adelante a las hermandades y la Semana Santa, ¿crees que se trabaja lo suficiente o se puede hacer más? Es verdad que me gusta agradecer, es más, hay que ser agradecidos. Todos los que están al frente de las hermandades, de la Junta de Cofradías, tienen sus trabajos, tienen sus familias, sus hijos, sus problemas, su tiempo de ocio y descanso y no tiene que ser fácil abandonar todo esto para subir a la sede de la Junta de Cofradías y dedicar horas y horas a la Semana Santa, a veces con sus disgustos; ¡menos mal! que te queda la recompensa de la amistad. ¡Cómo no voy a dar las gracias a estas personas que, mes tras mes, año tras año, dedican mucho tiempo a la Junta de Cofradías para sacar la Semana Santa adelante!. La Iglesia tiene que ser la primera en reconocer el trabajo bien hecho de la Comisión Ejecutiva, de la Junta de Diputación, de las diferentes comisiones de trabajo, de las juntas de diputación de las distintas hermandades y cofradías. Desde aquí animo a que aparquen las diferencias, a que hablemos y nos escuchemos, que todos los problemas tienen solución. Con fraternidad, con amor, con humor, y con buena predisposición siempre se llega a un entendimiento y a encontrar soluciones. En tus charlas con los nazarenos y amigos te gusta hacer catequesis, de hecho una frase tuya es: “La Iglesia debe estar presente en todos los momentos de la vida, sean religiosos o no.” Puedes explicar esto. Como sacerdote me gusta hacer como el Señor. El Señor estaba en todas partes, en medio del mundo. Hablaba con todos; escuchaba sus
Entrevista
problemas; intentaba ayudar; dar buenos consejos… Y la Iglesia debe evangelizar en todas las situaciones, bien sea en una homilía, en una alocución de una Junta de Diputación, o simplemente, paseando con las personas o tomando una caña después de una reunión. Lo importante es que la gente siempre pueda encontrar a Cristo y lo tenga presente en cualquier acto de su vida. Esta es la misión de la Iglesia y cualquier momento es bueno para evangelizar, proponiendo el Evangelio, no imponiendo. Siempre es difícil hablar de uno mismo, pero, ¿cómo te definirías como sacerdote y como nazareno del Ecce-Homo? Como sacerdote procuro estar con los demás, saber escuchar, ser cercano, sencillo, ponerme siempre en la situación del otro para comprender sus problemas y luego llevarlo a la oración y rezar por él. Como nazareno del Ecce-Homo, me ha impresionado siempre su mirada, es una imagen muy especial para mí. Me emociona cuando el jueves previo al Viernes de Dolores, la Junta de Diputación de la Hermandad nos reunimos en la Iglesia de San Pedro, en un acto muy íntimo y muy bonito a nivel espiritual, para bajar la imagen a la Iglesia de San Miguel para el Pregón. Es uno de los momentos más emotivos y esperados en mi vida sacerdotal y como nazareno. El bajar el Ecce-Homo para el Pregón y subirlo al terminar te sientes parte activa de un acto tan importante para todos los nazarenos de Cuenca. Y luego el Miércoles Santo, en el silencio de la noche acompañar en procesión a la hermandad, acompañar al Señor en su Pasión por las calles de la ciudad de Cuenca. Es un momento impresionante, de amor, de sacrificio, a veces de dolor, de agotamiento, de cansancio y, sobre todo, cuando uno va debajo del capuz observa y ve las caras de la gente, ves a personas santiguarse, ves a gente llorando de emoción, el silencio y el respeto impresionante con el que la gente de las aceras contemplan la procesión, sientes que la gente está cerca de Dios. Este año será especial para ti, por primera vez no estarás con nosotros en Semana Santa, ¿cómo lo vivirás? Os echaré mucho de menos. Yo, en Las Pedroñeras, también celebraré la Semana Santa con sus procesiones y con sus hermandades. Una parte de mi corazón estará con todos vosotros. Rezaré por todos para que el Señor os ayude a ser cada día mejores personas y mejores cristianos-nazarenos. Sin duda alguna, os echaré mucho de menos. Ahora, la pregunta oficial, ¿cómo va a ser tu pregón? Esa es la pregunta oficial, ¿verdad?... Dos discípulos de Cristo, en una ocasión le preguntaron: “Maestro ¿dónde vives?” y Él les respondió: “Venid y lo veréis”. Pues eso es lo que os digo yo: que la gente venga y lo escuche. En tu interior, cuando estés junto al atril en San Miguel, ¿dedicarás a alguien tu pregón? Me acordaré mucho de mi padre que falleció el pasado mes de agosto. Él era conquense, y estoy seguro que, desde el Cielo, se sentirá muy orgulloso de mí.
Muchas gracias a todos de corazón.
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Entrevista
Entrevista a Juan Pedro Huerta, Cartelista de la Semana Santa 2013
“La Peculiar luz de las calles de Cuenca en Semana Santa es una de las cosas más bellas” Por Berta López, Periodista La primera vez que salió en procesión era apenas un retoño en los brazos de su madre. Él de aquello no se acuerda, pero sí conserva el recuerdo de desfilar —“dando guerra”, puntualiza Juan Pedro Huerta, cartelista de la Semana Santa de Cuenca 2013— detrás del Guión del San Pedro Apóstol con su primo, cuando apenas contaba años con los dedos de una mano. De familia semanasantera (no en vano su bisabuelo, José Gallego, esculpió la Cruz desnuda de Jerusalén y uno de sus abuelos estuvo muy ligado a la fundación de la V. H. de San Pedro Apóstol), lleva la Pasión en la sangre. Algo más de tres décadas, ocho hermandades e incontables procesiones (a tulipa, bajo el banzo, como capataz de banceros y entre la turba) a las espaldas después, este licenciado en Imagen y Sonido y Bellas Artes ha sido el encargado de diseñar el cartel de la Pasión conquense de 2013. Se lo dedica en especial a su padre —fallecido en 2002— porque “él era pintor pero no se pudo dedicar a ello de forma profesional y me metió a mí la ilusión por seguir su estela”. Honor, orgullo y lujo son las palabras que más repite cuando se le pregunta qué supone para él ser cartelista de Pasión en Cuenca. Y
junto a ellas, le hace especial ilusión a Juan Pedro una cosa: que en la colección de carteles de Semana Santa de su madre, a partir de este año, también estará el que él ha concebido para Cuenca. ¿Cómo es el cartel de la Semana Santa de Cuenca 2013? Es como si estuviera hecho en tres partes. Tiene una parte que es Cuenca en una especie de vista aérea nocturna de la ciudad por la que está pasando la procesión. Justo a su lado, presidiendo la escena a la izquierda, aparece el Ecce-Homo del Jueves, el de San Gil. Que es obra de Marco Pérez. Y, casualidades de la vida, resulta que este año es el XXX aniversario de su muerte. Lo cierto es que no lo sabía cuando tuve la idea para el cartel, pero incluso eso ha venido bien. Y la tercera parte son las letras del miserere, detrás del Ecce Homo y de la vista aérea. ¿Por qué el texto del miserere? Porque cada vez que pensaba en el cartel o que lo veía, no sé por qué, me venía el miserere a la cabeza. Que de hecho para encontrar
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la tipografía para las letras del miserere revolucioné casi a media Cuenca (sonríe). Conté con un par de amigos que también controlan mucho de Semana Santa, José Urbano Elche y Pedro Vergaz, para ver si me encontraban el miserere más antiguo escrito. Fue imposible encontrarlo, incluso miramos en los archivos musicales de la Catedral pero no encontramos nada y finalmente utilicé una tipografía que adapté de otras tres para conseguir la que finalmente aparece en el cartel.
¿Cuándo empezó a trabajar en el cartel? Pues me puse en octubre. Pero tuve un problema... (se ríe ahora con cara de alivio y llevándose las manos a la cabeza). Yo utilizo mucho la tinta china en mis obras. Y este cartel lleva muy poca porque el problema que tuve es que se me cayó un tintero, a finales de octubre, encima del cartel cuando ya tenía prácticamente el Cristo acabado. Con lo que tuve que rehacerlo entero desde diciembre hasta una semana antes de entregarlo. Así que eliminé la tinta china (risas).
¿Por qué concibió el cartel de esta manera? La idea principal que yo tenía es que quería que saliese Cuenca. Que no fuera como un cuadro sino como un cartel. Y como lo que vamos a anunciar es que es Semana Santa en Cuenca, tenía claro que quería que se viera la ciudad. Al principio no tenía muy claro tampoco cómo se iba a ver Cuenca, pero a través de un trabajo de filmación de imágenes aéreas de la ciudad que hice con Producciones Play hace unos años, había unas fotos de la ciudad, guardé una hace tiempo y pensando en si podría aprovecharla para el diseño del cartel, de ahí salió la parte de la ciudad que aparece en él.
Entiendo entonces que ha sido más complicado realizar el trabajo que pensar el diseño. Bueno... Sí, es posible. Realmente me costó pensar lo que iba a hacer menos que ejecutarlo. Imagina que llevas un mes y medio de trabajo y se pierde entero: otra vez vuelta a empezar, los nervios por si no llegas... Vamos, que quité la tinta china casi completamente.
Ha elegido la imagen del Santísimo Cristo de Ecce Homo (San Gil) como motivo principal. ¿Qué le ha llevado a ello? El Ecce Homo me vino porque necesitaba algo que diese mucha fuerza en el cartel. La imagen de Cuenca es nocturna y un poco apagada, así que por contraste necesitaba una imagen fuerte, que fuera muy imponente. El rostro que tiene es uno de los más expresivos, me inspira mucho. Hay mucha tristeza y mucho patetismo en ella. Me gustó mucho. Y además soy hermano también (sonríe). Así que decidí elegir esa imagen. Además es la primera vez que aparece el Ecce Homo de San Gil como tal en un cartel de Semana Santa. Que yo recuerde o haya visto, y creo que he visto todos los carteles de Semana Santa de Cuenca, sí. Sí que han dicho que la corona de espinas sí que ha salido porque es la que tomó como modelo Luis Muro en su cartel en 2009, pero como imagen, creo que es la primera vez.
¿Qué materiales y técnicas ha utilizado? Pues mira, está hecho en papel de 320 gramos, que es satinado. Y luego he usado un poco de tinta china y cera al óleo. Lo que haces con esto es pintar más con los dedos o con difuminos que realmente con pincel. El formato ¿es el habitual de cartel? No. Es un formato grande, tenía claro que quería volver a los carteles grandes de antes porque me daba la sensación de que los anteriores, que son todos muy buenos, adolecían de falta de tamaño, salvo el de Antonio Mancheño, que también era grande. A mi siempre me han gustado los carteles grandes de antes, que se veían bien desde cualquier punto. Así que es de 100x60. Y además he conseguido que la Junta de Cofradías lo deje en el tamaño original, de modo que creo que será bastante impresionante visto en la calle. Cuando recibe la llamada de la Junta de Cofradías para decirle que ha sido elegido cartelista, ¿tenía ya alguna idea de cartel en la cabeza? Un artista conquense ¿siempre tiene una idea de cartel... por si acaso? Bueno, cuando la Junta me llamó no tenía ninguna idea. En ese mismo momento no. Pero sí es cierto que ideas tenía porque llevo unos años exponiendo sobre Semana Santa en Cuenca, he hecho
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citaciones, carteles para el concierto del Huerto... Cosas que hacen que tengas ideas. Pero, cuando me llamaron, al menos yo me quedé tan perplejo pensando en la que se me venía encima y en qué iba a hacer yo, que acepté sin saber qué iba a pintar. Para mí es todo un honor, sinceramente. Y una responsabilidad muy grande. Yo que soy nazareno de Cuenca de toda la vida, que me involucro en la Semana Santa, que la vivo y que para mí es la semana más importante del año... te aumenta la responsabilidad. Y el miedo. ¿Qué reacción cree que tendrá la gente cuando vean su cartel en la calle? Pues no lo sé. Yo espero que les guste. Yo por lo menos personalmente me he quedado muy a gusto. He hecho un trabajo que para mí es muy satisfactorio, sabiendo que se va a ver un año entero por toda Cuenca. Alguna vez hasta pienso que llegará un momento en que me cansaré yo mismo de verlo (risas). Para mí que los conquenses no se cansan de ver su cartel ¿eh? (Risas) No, no, qué va, eso es verdad. Siempre te gusta verlo. Y bueno, he pasado más o menos un mes antes de que se presentara el cartel en que todo el mundo que me conoce me preguntaba y me intentaba sacar información sobre cómo era el cartel. Sobre todo nazarenos que conozco de otras hermandades y amigos de toda la vida. Siempre iban por las mismas preguntas: ¿Habrás hecho algo de tu hermandad? O me preguntaban “qué día de la semana sale, dinos sólo eso”, para intentar sacarlo por descarte. Yo creo que va a gustar. Seguro. Seguro. ¿Se lo mostró a alguien antes de presentarlo a la ciudad? Sí, se lo he enseñado a mi familia, a mi madre y a mi hermana y a un par de amigos de mucha confianza. Y también a uno de los amigos que me ayudaron en la búsqueda de la tipografía del miserere. ¿Es difícil guardar el secreto? Es súper difícil. Muy difícil. La gente es muy lista, ya te digo. La gente te venía con esas preguntas que parece que no te están preguntando, pero sí. Es muy difícil. Lo que sí he cuidado es que no
saliera una imagen en ningún sitio antes de que se presente. Porque si te cuentan como es, bueno. Pero si lo ves... se pierde el misterio, la emoción del momento en que se descubre, el día de la presentación. Para un artista de Cuenca ¿qué supone diseñar el cartel de su Semana Santa? Para mí es un orgullo. Es un acto de responsabilidad grande porque en Cuenca esto es lo que más se vive. En Cuenca casi todo el mundo está involucrado en la Semana Santa, de una manera o de otra. Y los que somos de Cuenca lo tenemos como algo muy grande. Por eso para mí es muy especial que hayan pensado en mí y me hayan elegido, con toda la gente que hay, a mí que además soy un chaval que no se ha movido tanto como otros artistas y no tiene quizá tanto reconocimiento. Por todo eso, para mí es un lujo. Y para un nazareno, desde el punto de vista personal, ¿qué supone? ( Juan Pedro reflexiona un momento) Para un nazareno, para mí que soy pintor, es una de las cosas más grandes que me podían haber pasado. Para mí es un auténtico honor. Y quiero que se note que conozco la Semana Santa. Porque la vivo. ¿Cuáles son esos momentos de la Semana Santa, además del miserere, que te han servido de inspiración para el cartel? ¿Cuál es tu visión de la Semana Santa de Cuenca? A mí me gusta mucho sobre todo la luz que hay por las calles en Semana Santa. La luz de Cuenca para mí es muy particular, porque es ese naranja amarillento tan bonito y que queda perfecto con las imágenes. Es cierto que con ella no se aprecia tanto el color o la policromía de las tallas porque esa luz prácticamente lo mata todo, pero esa luz, ese silencio, esa oscuridad sólo rota por la luz naranja de las velas de las tulipas... a mí me encanta. Y luego me inspiran momentos como la salida del Jesús de las seis de la mañana, por ejemplo. Es un momento en que no sabes ni qué sientes, que te dan ganas de sonreír y de llorar. Son cosas que no se pueden explicar con palabras, que son un sentimiento. Serán los “genes conquenses” (risas). Y yo los tengo.
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Fotografía: Enrique Martínez Gil
Fotografía: Julio Palencia
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Fotografía: Enrique Martínez Gil
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OPINIÓN
Por Miguel Romero Sáiz Qué mejor manera que iniciar con la poética mía personal este homenaje escrito a la mujer: Mujer de Cuenca, mujer al fin soñada; mujer así nacida del ensueño de quien fue en el soñar, Jesús su dueño, amo y señor, mujer al fin creada Para hacer del amor altar en cada latido, en toda frente, en el empeño del que tiene constancia por un sueño y plasma su ilusión en la mirada. Por eso, mujer, mujer de Cuenca dama, nazarena y mujer serena tal vez, sin más, la mejor costurera que hace del Pregón, su alma entera. Tendríamos que evocar, en alto contenido simbiótico, el importante papel de la mujer en todos los campos de nuestra sociedad. Quizás, por simple curiosidad, podríamos hacer, con sencilla referencia introductoria, una breve semblanza del acontecer femenino en la historia del mundo. ¿Qué ha sido de la mujer a lo largo de la historia? No sería necesario hacer un recorrido de la historia de la humanidad desde los primeros movimientos humanos, léase la Prehistoria, pasando por la Edad de los pueblos antiguos o bien llegar a esa oscura Edad Media, donde la dama ocupaba ese espacio mítico entre la doncella, el hada, la princesa y la concubina. No haría falta más que leer cualquier ensayo, contenido histórico o, simplemente, biografía de reinas para saber cómo y de qué manera era el lugar ocupado en aquella sociedad fundamentada en la religión como mentalidad de vida. El dominio del señor feudal, impuesto por ley divina, sobre sus siervos y vasallos, dominio sin duda –con derecho de pernada- en el que sólo el hombre ocupaba espacio en la nobleza poderosa y privilegiada; la época de cruzadas en el que el cin-
turón de castidad sirvió de emblema de honor a quienes despreciaban la honestidad como vínculo obligado; las sociedades de reconquista cristiana en repoblaciones y señoríos donde siempre el Marqués, Duque o Maestre era ocupado por varón y nunca hembra; las órdenes militares de dominio machista, generadores del poder en tierras y dominios; etc., etc., servirían de santo y seña en su recorrido. Cierto es, que siempre hubo ejemplos de sacrificio obligado frente al reto del poder en una sociedad totalmente machista o de dominio del hombre. Mujeres que enarbolaron la bandera de la igualdad en épocas sin retorno, en momentos imposibles, siempre sucumbieron en tiempo y pasado, en ese intento de demostrar socialmente cuál era su valor, su puesto y su mérito, haciendo de la vida la prenda en juego. No hay duda que, reinas hubo y de razón, mujeres que pudieron levantar el brazo con la firmeza de su carácter o quizás de la suerte de su tiempo histórico: Agripina, Medea, Helena de Troya, Isabel la Católica, Leonor de Aquitania, Juana de Arco y, si cabe, unas poquitas más, pero todas siempre bajo el pasado y presente de una sociedad de hombres que les envolvía y presionaba, frente a unas trabas heredadas de dominio y sumisión. Para nuestro recuerdo, Leonor de Plantagenet, reina y señora de Cuenca, esposa fiel de Alfonso VIII, la que a buen recuerdo nos trae su empeño en hacer de la iglesia cristiana de Santa María, una catedral solemne, la que ahora impera como prototipo de estilo único y personal. Ella, sin duda, sería pionera en la mujer cristiana conquense, la que luego abriría sus brazos a la tradición de nuestra Semana de Pasión. Pero dejemos atrás, por tiempo y forma, aquellos siglos pasados, porque tiempos nuevos debían de llegar. Era necesario en el acontecer del ser humano encontrar las condiciones que permitiesen escalar el contenido liberal de su función. El ser humano como tal y, por razón de origen, siempre se ha fundamentado en la igualdad de su condición pero, cierto es, que desde los primeros espacios del contenido religioso que ha guiado y sigue guiando el sentido de la evolución humana, colocaba a la mujer en segunda fila de jerarquía. La Biblia ya nos habla de Eva, en el camino de Jesús se encuentra una Virgen como madre y señora que no ejerce su mando real, en el Islam, Alá y Mahoma
Fotografía: Julio Palencia
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Opinión conducen el camino recto de una civilización que deshumaniza totalmente la condición de mujer, ocupada y arrastrada a la oscuridad del servilismo más esclavo, en oriente, Confucio o Buda nunca dieron sentido femenino a sus condiciones de fe. Ese, sin duda, ha sido el camino de la historia en ese lugar de desigualdad política, social, económica y, si cabe, humano. Por eso, era necesario un cambio. Era necesaria una modificación del concepto vital en una sociedad de dominio varonil. La idea compartida de que las mujeres sufren, de que la opresión, la falta de solidaridad, el efecto de conciencia servilista, el egoísmo del desequilibrio compartido, la defenestración en el espacio familiar y el simplemente hecho de caminar tras el macho, tal cual hace la especie animal como concepto de ser irracional, obligaba a un concepto revolucionario enmarcado en ese feminismo como movimiento de lucha por la reivindicación de una igualdad en todo su más variado y amplio significado de palabra. Tenía que pasar, desgraciadamente mucho tiempo, demasiado siempre, para que las ideas ilustradas, ideas merecedoras de un cambio brutal en la mentalidad social, llegasen sin tapujos y titubeos, y abrieran una pequeña puerta a la salida oscura de su umbral femenino. Y eso, lo iba a dar el Siglo de las Luces, el siglo de las ideas, de los cambios, de la razón. Esta época que enfatizaba políticamente la igualdad y la Revolución Industrial, que originaría grandes cambios políticos y sociales, proporcionarían una ambiente favorable a finales del XVIII y principios del XIX para la aparición del feminismo y otros movimientos reformadores. Por lo tanto, el feminismo es ese movimiento que las mujeres han tenido que realizar a lo largo de la historia para poder alcanzar la igualdad política, social y económica de la que gozaban los hombres. Este movimiento siguió tres líneas básicas de actuación: por un lado, la exploración de una nueva solidaridad y conciencia, por otro, la realización de campañas a favor de temas públicos y por último, el estudio del feminismo. Cierto es, por tanto, que la Ilustración, aquel siglo XVIII que tanto aportó a la sociedad mundial fue la que sentaría las bases de ese progreso de igualdad femenina. Si primero fue Olimpia de Gouges en 1791 con la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadanía en Francia, luego seguiría desde Gran Bretaña la escritora Mary Wollstonecraft con su reivindicación de acceso a la educación por parte de la mujer. Sin embargo, eran curiosos los estereotipos que definían por entonces a la mujer española y europea, en aquellos años de finales del XIX y principios del XX. En la moda, por ejemplo, la mujer se regía por la moral casta y repleta de escrúpulos que no permitía, entre otras cosas, el enseñar el tobillo o llevar un jersey escotado. La multitud de prendas que componían el atuendo femenino escondía eficazmente el cuerpo, el cual era tallado estrechamente por fajas y corsés. En 1915, antes de la República, se produjo un “destape” que conmocionaría al mundo por completo. Se acortaron las largas faldas permitiendo mostrar los tobillos e incluso algunos centímetros de pierna. El indispensable corsé pasó a ser sustituido por el sujetador, gracias a Coco Chanel quien, al diseñar esta inédita ropa, provocó en ellas un toque de libertad, que ya se reflejaba durante la Primera Guerra Mundial. Su éxito fue rotundo. Los nuevos tejidos que mostró fueron creados en oposición a las telas finas y poco tupidas de la época. Se produjeron los primeros cortes de pelo -radicales femeninos-, el empleo del maquillaje con llamativas tonalidades como los pintauñas o pintalabios rojos y el uso de pantalones. Sin embargo, no tuvo una larga duración esta etapa. En 1934 re-
gresó la represiva moda del corsé que estilizaba la figura aprisionando las caderas y la silueta de la mujer. Una moda que acabó con la ilusión e una ida liberada de torturas y opresiones. En el recuerdo para seguir esos logros igualatorios, dos mujeres españolas contemporáneas: Clara Campoamor y Victoria Kent, podrían servir de ejemplo de lucha y de consecución de espacios en aquellos intentos políticos y sociales de la España de mitad del XX. Y ahora, tiempos nuevos son. El cambio y el desarrollo social y sistemático, han predeterminado los nuevos conceptos igualatorios en casi todos los campos. La lucha sigue, pero se ha avanzado mucho. Hoy nos trae aquí, la igualdad de la mujer en el campo de las tradiciones, religiosas en este caso, donde la Semana Santa es vínculo indeleble de todo un sentimiento común, compartido, sentido, deseado y fiel a una idea: compartir el credo religioso a la Biblia del Catolicismo como contenido mediático de fe cristiana. Y es que, amigos, la mujer en su papel nazareno, es la copia real del espíritu de sacrificio, del buen hacer, solidaridad y generosidad que abandera a la mujer conquense, porque ahí, nos muestra su parte más sensible dentro de la espiritualidad del ser humano. Se vive, se siente, se entrega… En la Semana Santa de Cuenca podríamos hablar de tres estrados donde la mujer comparece como eje determinante, en alguno, y luchadora para el trato igualatorio, en otros:
1. MUJER NAZARENA
(Cofrade, Camarera, Bordadora, Bancera, etc.) “La mujer entiende por generosidad, principalmente, el molestarse por los demás, está dentro de su praxis femenina; el hombre, no molestar a los demás. Ahí, hay parte de ese peculiar feminismo que las hace solemnes en muchos ámbitos de la vida. Tal vez, aquí, sea uno de ellos.” Mucho tiempo ha condicionado el papel de nuestras mujeres conquenses en esta Semana de Pasión. De siempre, la labor de Camarera, fundamental para el desarrollo procesional, ha sido un sello de identidad de muchas familias. Ejecutar las labores adecuadas, con ese toque especial y virtuoso que saben dar, en ese ámbito privilegiado del feminismo, ha creado la escuela del brillo, elegancia, solemnidad y virtuosismo de estas labores dentro de cada una de las diferentes Cofradías Nazarenas. Desde la aparición de las Cofradías, incluso en tiempos gremiales, allá por el siglo XVI, la mujer empezó a ocupar ese lugar en la trastienda, encargada de aquellas labores de cuidado, limpieza, adorno, gastronomía y ropas. Un tiempo más tarde, cuando los Gremios devocionaban hacia una imagen religiosa como patrón/a del mismo, la labor de la mujer pasó a ser la de conservación y cuidado de todo lo necesario para que el patrón o patrona de cada Cofradía estuviera a punto en sus celebraciones. La imaginería procesional de cada Hermandad y el despliegue de habilidades preciosistas que empiezan a ser importantes a partir del siglo XVIII, dará lugar y condicionará la labor de las Camareras, encargadas de preparar y acondicionar “con sus mejores galas” cada una de las imágenes que componen esa tradición secular y ancestral de nuestros pueblos y ciudades. No solo la talla, no solo la orfebrería litúrgica y ornamental, no sólo las luces y la música, la cera y el incienso, los exornos florales y el acompañamiento penitencial, sino también, todo aquellos que da vida a la organización y cuidado, teniendo así
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Fotografía: Enrique Martínez Gil
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cabida entre sus menesteres que, con amor y habilidad, preparaban y siguen preparando para el lucimiento. Por eso, son muchas y, quizás, en la referencia uno peque por no poner a todas o a las que más merecen, pero perdonar si con ello cometo la falta, aunque no quisiera que algunas como representantes del resto, tuvieran por lo menos referencia: las recordadas Herminia Pardo, Mª Sol del Pozo y Virginia del Pozo, entre las que fieles a su tradición siguen con esa encomiable labor, Encarnación Sanchis, Leonor Nieto, Pilar Martínez, Mª Carmen Montero, Concepción Serrano, Beatriz Gómez o Mª Engracia Pastor, entre otras muchas. Pero, entre esta labor, destaca por habilidad y destreza, el bordado, el rico y habilidoso bordado imaginero conquense. Para que las Camareras puedan preparar las imágenes, con mayor o menor lucimiento, tiene principal protagonismo, el bordado de sus vestimentas, con sus materiales, dibujos y diseños, deslumbrando y admirando al espectador, que embelesado contempla el entramado de motivos, sin saber exactamente donde reposar su mirada, admirando la complejidad y la riqueza del trabajo decorativo bordado para tal fin. Ahí, una de nuestras sastras más queridas: Carmen Román García. En Cuenca, ha habido larga tradición de grandes bordadoras. Entre todas, habría que colocar sobremanera a Encarnación Román Checa, -la que desgraciadamente nos dejará en el 2008-. Maestra bordadora con premios en su haber y Artesana Textil con doctorado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, ha sabido hacer más grande nuestra Semana Santa. Las
hermandades conquenses de Nuestra Señora de la Soledad de San Agustín, de la Soledad del Puente, de María Santísima de la Esperanza, de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Medinaceli, de San Juan Evangelista o del Santo Entierro con la Soledad, entre otras, saben bien de su arte con esas magníficas prendas de vestir, diseñadas y bordadas por esta gran mujer. Habría que mencionar a otras manos, otros talleres, que han dejado y siguen haciéndolo, su arte del bordado, tal cual las Madres Esclavas del Santísimo Sacramento (Las Blancas) o la Escuela Taller de bordado de San Julián, los talleres de Esperanza Elena Caro o de Patrocinio Soto Ferrer. Entre todos una magnífico elenco de maravillas del bordado, motivos vegetales, hojas de cardo, pámpanos de vid, flores de pétalos sencillos o pétalos reunidos, el bordado de realce y los festones de canutillo, los hilos de oro y plata, la pedrería, lentejuelas, deshilados sobre rasos, sedas, terciopelos, tules, etc., dan riqueza a la alta variedad que nuestros pasos imagineros acogen con solemnidad. Artistas de la restauración o de la escultura, aunque menos abundantes ahí están, cuyo papel, cada vez más significativo, algunos quedan para la historia y otros, ahora proliferan en esos talleres encargados de la restauración de imágenes, de andas, de vestidos, de capas y mantones. Como escultoras, quizás por recordar su vínculo a Sisante, Luisa la Roldana, aquella escultora madrileña que tuvo a bien esculpir el Jesús Nazareno que esta localidad alberga y que tiene la virtud de procesionar cada cien años.
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2. MUJER PREGONERA
(Artista, poeta, narradora, periodista…) “Hay dos maneras de difundir la luz: siendo la vela o siendo el espejo que la refleja”, esta frase de Edith Wharton, nos induce al personalismo de cómo afrontar la vida en cada momento y en cada escena. Un aspecto donde la mujer ha dado muestras especiales es, sin duda, en la creación literaria y artística. A la labor del bordado como muestra de maravilloso arte y del que ya hemos hecho alusión, hay que añadir con letras mayúsculas, a las escritoras que han podido demostrar su devoción y amor a esta Semana de Pasión. Cierto es que las puertas para poder dar a conocer su esfuerzo creativo han tardado demasiado en abrirse, pero cierto es también como han sabido aprovechar ese momento y representar con dignidad y hechura su insigne aportación. Ahí, Leonor Culebras, Carmen Herráiz, Acacia Uceta, Aurora Garrote Armero, Elena Fernández de la Muela –como firme promesa- o Acacia Domínguez Uceta, en su gran labor de periodista. Leonor Culebras nos habla de esta manera tan sutil: “Un pájaro de luz se ha posado en el último peldaño que nos lleva hacia ti…Abre sus alas para ver si se ilumina la Noche más oscura y cruel de Tu Agonía… La luz de tulipa intermitente, frena el vaivén del
Paso entre las filas y se aureola con fervor mariano…” En ello, marca su devota compostura ante la Cruz desnuda de Jerusalen. Carmen Herráiz, nos escribe bellas palabras en lo que ella titula Semana de Nazareno: “Tumulto morado que embellece las calles de Cuenca. Ecos de años, en los que algunos que ya no están con nosotros, nos contaban su Semana Santa…Música de marchas. Un sonido que se acerca…pasos sutiles de horquillas en las piedras; ritmo que sube a golpes la calle empinada…al Calvario y allí, después, silencio majestuoso.” La joven Elena Fernández, desde el corazón de la adolescencia nos relata: “Cuenca, lleva en el cuerpo y en el alma la Pasión y Muerte de Cristo, sentida hasta los huesos, en esas marchas procesionales, viejas y solemnes; en ese silencio contemplativo y sobrecogedor de las gentes. Cuenca, se hace templo y plegaria.” Aurora Garrote, inmersa en su Semana Santa, la que tanto vive, nos cuenta tiempos pasados, aquellos felices años 20 de la Semana Santa en la Prensa, como esa fuente más fiel, del conocimiento del papel que juega esta tradición religiosa en la cultura conquense de principios de siglo. Ella, escribe y escribe de cada Paso cuando se le pide, pregona en otras tierras lejanas nuestra Pasión, asiente con su esfuerzo en esas Juntas Directivas y hace de su Cuenca, la más bella ciudad devota y sentida.
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NAZARENA Luego, qué decir de las dos únicas pregoneras que invadieron de amor y bella narrativa nuestro preludio. Cierto es, que desde 1945 tuvieron que pasar veinticuatro años para que una mujer, en este caso la poeta Acacia Uceta, nos pregonara; y casi otros tantos, para que Julia Sarro en 1991 volviera a ocupar el estrado del privilegio siendo mujer. Acacia, cuando elegida fue para pregonar nuestra Semana Mayor y alegre por el compromiso como mujer por lo que ello representaba, dijo: Yo supe que era mayo porque una mariposa entró por la ventana y escribió en torno mío un mensaje que hablaba de amor y de dulzura. después, como una ofrenda a mi humana grandeza, se consumió las alas en la vela encendida” “Cuenca que es una ciudad remansada en sí misma, contenida y casi asfixiada en su grandeza, soberbia en su plenitud y humilde en su trato, desborda todas las esencias acumuladas durante el año en su Semana Mayor. Y hace una Semana Santa trasunto de su personalidad: Una Semana humilde y soberbia, grandiosa y limitada al mismo tiempo. Una eclosión de valores reprimidos, de audacias latentes y de insospechados esfuerzos estalla en estos días para que Cuenca se abrace a su Redentor y viva con El y para El cada minuto de la Pasión.” Cuando se escucha la voz de Julia Sarro, solo es posible un dulce silencio, como si acabara de pasar, volando claro, un ángel. Así la describía el crítico Florencio Martínez Ruiz, porque, según él, Julia lleva en sí un discreto encanto de olvidada violeta, o de nota perdida de un acorde en su condición de esposa de Segundo Pastor. Tengo celos de su forma que acaricias; Del cabello de sus cuerdas descentradas; del sonar con que enamora sus oídos al pulsarla; de su carne de madera tersa y suave… de pensar que quedará cuando me vaya…” En su bello Pregón Julia Sarro nos habla poéticamente de su Cuenca y de su Semana Mayor. Nos lo hace en escritura compacta y a vuelo de verso suelto: “Si, aquí esos días del Misterio Pascual-Pascua, significa paso, tránsito, esto es el del Señor de la Muerte a la vida, de la ignominia a la gloria: nuestra propia Redención; las personas y la Naturaleza misma, sienten la presencia activa de la Salvación. Todo está espiritualizado: la ciudad alta con sus montes - ¿cómo Gólgotas? El campo es aroma: sabina de fruto azulado, romero, tomillo, espliego, como mirra serrana; y el cantueso que remata su esbelta varita con un penacho morado, como capuz de peregrino.” Ved, por los predios del viento, paso a paso, la argamasa. El ala pasa y repasa y no se explica el portento. ¡Sin plumas y sin cimiento casas en vuelo…¡ La cal se ha vuelto loca. El cristal del río mira. Y las nubes. Rodeado de querubes Dios en su alto barandal.”
Y la poética es cielo y tierra a la vez, luz y sombra desorbitada, belleza a raudales, por eso Cuenca abre su caserío a la poesía y ahí la mujer es dueña y señora. Muchas, de ahora, nos recrean en versos de melancólica nostalgia y abren, tanto como pueden, su sentimiento a la Semana más grande que Cuenca ofrece. Ahí, la mujer tiene su gran protagonismo. Recitemos algunos de estos poemas: (De mi libro los Rostros de la Pasión. Leer) Mujeres poetas que ha dedicado su alabanza a nuestra Semana Santa: - Mª Dolores Prieto (Poema al rostro de la Magdalena transido por el dolor. Pág. 43) - Elena Sáiz Sepúlveda (Poema a la Virgen de la Amargura. Pág. 59) - A lbana María Maeso Collada (Poema a la Soledad del Puente. Pág. 103) - Leonor Culebras (Romance para una Soledad-de San Agustín. Pág. 123) - Acacia Uceta (Día del Viernes Santo. Pág. 151) - Amparo Ruiz (Virgen del Amparo. Pág. 171)
3. MUJER DIRECTIVA Y ORGANIZADORA Esta faceta ha sido la más costosa. Cierto es, que hay que remontarnos a la década de los 60 para empezar a ver como la mujer nazarena empieza a hacerse un hueco necesario dentro de nuestra Semana Mayor. Lo es desde el momento en que toma partido en sus desfiles, al ver que la ausencia de hombres pone en peligro las procesiones de siempre. Es por esos años, cuando algunas mujeres forman parte de las filas de determinadas hermandades ejerciendo el papel de nazarenos/as. Ya queda atrás aquel papel de la mujer, fuera del entramado de los desfiles, para dedicar su labor a preparar todo lo necesario para poder procesionar: Las túnicas, los capuces, tulipas o las comidas necesarias, mientras el hombre, tanto adulto como joven, daba vida a las diferentes Cofradías en la preparación de los Pasos, en los banzos y el las filas, con todos los cargos y responsabilidades que ello conlleva. Ahora, en este último tercio del siglo pasado, la mujer queda totalmente integrada en el entramado organizativo de nuestra Semana de Pasión, formando parte de Juntas de Diputación de algunas de las Hermandades y como no podía ser menos, en la propia Junta de Cofradías. En estos últimos años, la creación de la Asociación de Mujeres Cofrades de Cuenca ha dado un paso firme y decisivo para hacer patente el carácter reivindicativo de ellas, sirviendo de cauce para que muchas mujeres con fuertes raíces nazarenas puedan implicarse más y que con el tiempo, la igualdad entre sexos sea un auténtica realidad en todas y cada una de nuestras Hermandades. Esta Asociación intenta fomentar la valoración de la mujer en la Semana Santa, no solo de Cuenca, sino de todas aquellas ciudades con fuerte tradición nazarena. Con la inflexión de su puesta en valor, han servido de potente eslabón para que la sociedad conquense sepa aceptar lo que es una realidad palpable y lo que, de una u otra manera, debe servir de equilibrio total en la igualdad de sexo como parte fundamental de la comunidad nazarena de Cuenca.
Opinión Aquí, Lucía de la Osa y Loli Llandres abren telón, pero otras muchas le secundan en ayuda, ilusión, amor y devoción. Las Mujeres Cofrades de Cuenca nos hacen valer su Luz del Capuz, su Escuela Nazarena y sus Jornadas Espirituales, donde la Cultura hace profunda simbiosis con la fe en Cristo y su Pasión. Un ejemplo y una emoción. Aplaudamos, sin duda, esta magnífica y especial apuesta que Cuenca expresa.
Fotografía: Antonio Abarca
A ellas dedico mi homenaje y mi alocución.
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Meditación sobre el pecado y los sacr amentos de la reconciliación y eucaristía Por Antonio Carr asco Huertas Secretario de la Real y Vener able Hermandad de Nuestr a Señor a de la Luz
Jesucristo es la manifestación de Amor más grande que Dios nos ha dado. El Evangelio nos indica que: Jesús, pan vivo bajado del Cielo, tiene ahora otro desarrollo “El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo. Donde verdaderamente Jesús entregó su carne por la vida del mundo, fue sobre todo en la Cruz. Estas palabras apuntan también claramente a la Eucaristía, donde celebramos y participamos sacramentalmente de su entrega en la Cruz. Nosotros cuando celebramos la Eucaristía, acogiendo la palabra y participando del Cuerpo y Sangre de Cristo, tenemos la suerte de que “vemos, venimos y creemos” en El, le reconocemos, y además sabemos que la Fe que tenemos en un Don de Dios, que es el que nos atrae. Tenemos motivos para alegrarnos y sentir que estamos en el camino de la vida, ya que tenemos vida en nosotros, porque nos la comunica el mismo Cristo Jesús con su Palabra y con su Eucaris-
tía. La vida que consiguió para nosotros cuando entregó su carne en la Cruz por la salvación de todos y de la que quiso que en la Eucaristía pudiéramos participar al celebrar el memorial de la Cruz. El Sacramento expresa este vínculo de comunión, sea en la dimensión invisible que, en Cristo y por la acción del Espíritu Santo, nos une al Padre y entre nosotros, sea en la dimensión visible, que implica la comunión en la Doctrina de los Apóstoles, en los Sacramentos y en el Orden Jerárquico. La íntima relación entre los elementos invisibles y visibles de la comunión eclesial, es constitutiva de la Iglesia como Sacramento de Salvación. Sólo en este contexto tiene lugar la celebración legítima de la Eucaristía y la verdadera participación en la misma. Por tanto, resulta una exigencia intrínseca a la Eucaristía que se celebre en la comunión y, concretamente, en la integridad de todos sus vínculos. Precisamente en este sentido, el Catecismo de la Iglesia Católica establece “Quién tiene conciencia de estar en pecado grave, debe recibir el Sacramento de la Reconciliación antes de acercarse
Opinión de la Gracia de la Fe que hemos recibido de Dios, y este testimonio lo daremos en nuestra familia, en nuestro trabajo así como en cualquier entorno que podamos movernos, este testimonio debemos darlo de palabra y de obra. No os pido decía Jesús, que hagáis más penitencia, más ayunos y rezos, ni que vengáis más al templo con vuestras ofrendas. Yo os pido un corazón nuevo porque os traigo un vino nuevo, que es alegría y gracia. Os pido que creáis, que tengáis la Fe de Abraham. Creed que Dios viene, que ya está aquí. Confiad en El. Es Padre, no juez. El os protege y es Pan bajado del Cielo (Eucaristía pan consagrado) y el que come de este pan vivirá para siempre ya que este pan es la carne de Cristo para la vida del mundo. Por ello, Cristo es pan de vida en el sacramento de la Eucaristía. Jesús nos ha dado el ejemplo de una vida gastada por los demás, de una vida hecha “Pan partido para el mundo”, como bien decía el lema del Congreso Eucarístico mundial celebrado hace algunos años en Lourdes. La Eucaristía, es síntesis de la verdad del amor más grande y de la belleza de la Luz de Dios, comunicada a los hombres, posee un alto grado de fuerza de producir mundo: de crear y recrear la comunidad cristiana. Este es el sentido del “Amor Fraterno” la producción de un “mundo” de significados existenciales tan hondos como la Eucaristía no es para quedarse entre los muros de una Iglesia o Capilla, sino para abrirse proclamando la posibilidad de un mundo diferente, basado en el ser y no en el tener.
Fotografía: Enrique Martínez Gil
a comulgar”. Deseo, por tanto reiterar que está vigente, y lo estará siempre en la Iglesia, la norma con la cual el Concilio de Trento ha concretado la severa exhortación del Apóstol Pablo “debe preceder la confesión de los pecados, cuando uno es consciente de pecado mortal”. La Eucaristía y la Penitencia son dos Sacramentos estrechamente vinculados entre sí. La Eucaristía, al hacer presente el Sacrificio Redentor de la Cruz, perpetuándolo sacramentalmente, significa que de ella se deriva una exigencia continua de conversión, de respuesta personal a la exhortación que san Pablo dirigía a los cristianos de Corintio: En nombre de Cristo os suplicamos: ¡Reconciliaos con Dios! Así pues, si el cristiano tiene conciencia de un pecado grave está obligado a seguir el itinerario penitencial, mediante el Sacramento de la Reconciliación para acercarse a la plena participación en el Sacrificio Eucarístico. La Eucaristía crea comunión y educa a la comunión. San Pablo escribía a los fieles de Corintio manifestando el gran contraste de sus divisiones en las asambleas eucarísticas con lo que estaban celebrando, la Cena del Señor. Consecuentemente, el Apóstol les invitaba a reflexionar sobre la verdadera realidad de la Eucaristía con el fin de hacerles volver al Espíritu de comunión fraterna. La Fe es la respuesta del hombre a la acción de Dios, la Fe es propia de las personas que peregrinan y su itinerario es camino de Fe, aunque nadie puede estar obligado a abrazar la Fe, aún siendo imprescindible para creer y para la salvación del ser humano, pero los cristianos hemos adquirido el compromiso de dar testimonio
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Cirios (A Jesús Nazareno) La llama de Tu Amor está encendida un cirio en cada esquina resplandece Cuenca, de cera virgen se enriquece subiendo la calleja retorcida… Con izado pábilo, suspendida, prende banzo y tulipa, que se ennoblece esas andas de plata, donde crece la flor y el río -“La Pasión, la Vida”.Unas gotas de cera derretida van marcando la ruta del Calvario, cirios que entre las hoces serpentean como blancas palomas que aletean mientras Cuenca refleja tu Sudario.
Leonor Culebr as
Opinión
A nuestro padre Jesús Or ando en el Huerto (De San Antón)
En una Mañana de Estío Sombras se ciernen en tu capilla al despertar la mañana. Ángel oscuro te muestra el amargo cáliz. Y tú, arrodillado, con rostro complaciente y humillado, aguantas y soportas la ignominia. Inmerso en dudas, pues grande es la exigencia y te asalta la tentación de dejarlo, de huir, de salir corriendo sin mirar atrás. ¡Cobarde! Te dices y destierras el vil pensamiento.
Regresas a tu soledad y sufrimiento, amarga hiel y cáliz imperturbable. Pero permaneces impávido en la oscuridad y por más que se eleve la mañana y la luz, aguantas en tus sombras de dudas deseando que pase el momento, el día, las horas, los minutos.
Sé fuerte para aguantar tanto sufrimiento, y sudarás, sudarás sangre y dolor porque grande es la campaña, campaña que te espera.
Ricardo López Jaén
Fotografía: Julio Palencia
Acaso, ¿es justo lo que quieres de mí? No sé lo que pretendes, pero aquí me tienes postrado ante tu palabra en las tinieblas de la mente.
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Por Alfredo López Pérez Don. Fernando León Cordente Martínez nació en el pueblo de Molinos de Papel, un pequeño pueblecito a seis kilómetros de la capital y muy cerquita de la localidad de Palomera, el día 5 de Septiembre de 1945. Ambos pueblos en los que su tío, Don Fernando Martínez Castillo, atendía como sacerdote y que pese a su ceguera, no le impedía realizar con normalidad todas sus labores pastorales, dada la gran memoria e inteligencia que tenía. De niño asiste a las escuelas del Panteón donde también vive, propiedad de los señores de la Cuba y Clemente. A los 12 años ingresa en el seminario menor Santiago Apóstol de Uclés, aunque no percibe beca de la Fundación instituida por Dña. Gregoria de la Cuba y Clemente, al contrario que muchos otros sacerdotes. Años más tarde pasa al Seminario Conciliar de San Julián de la capital conquense. Canta Misa el día 1 de agosto de 1969, día de Santa Ana en la Capilla de las Esclavas del Santísimo (Las Blancas) de la Plaza Mayor. El 12 de octubre de ese mismo año, día de la Virgen del Pilar, toma posesión de las parroquias de Cañaveruelas y Alcujate, donde permanecerá durante 27 años, celebrando aquí sus “Bodas de Plata” como sacerdote. Como regalo por este aniversario, el obispo Don José Guerra Campos delega en él para que pueda administrar la Confirmación, llevándolo a cabo el día de Nuestra Señora de la Asunción. En la actualidad, continúa su labor pastoral en la localidad de Huete donde lleva veinte años residiendo. Ha sido consiliario de las hermandades de Jesús entrando en Jerusalén (la Borriquilla) y de la Santa Cena, y actualmente pertenece a numerosas hermandades de nuestra Semana Santa. La primera pregunta se ha convertido en clásica: ¿Qué le vino a la mente cuando se enteró de que la Junta de Cofradías le iba a hacer un homenaje? Lo primero sorpresa y segundo gratitud. Pues uno se siente muy reconfortado, aunque yo todo lo hago por amor a nuestra Semana Santa y a Cuenca, sin esperar ninguna recompensa. Aunque, como se suele decir en estos casos, a nadie le amarga un dulce. Pero, vamos, ante todo sorpresa y gratitud. Como sabe, la idea partió de sus compañeros sacerdotes de la parroquia de El Salvador a propuesta de las hermandades allí establecidas, ¿esto le hace que para usted tenga un mayor significado? Sí, claro que sí. Para mí tiene un significado muy especial porque implica la vinculación que tengo con esta Iglesia tan nazarena, de la que yo me siento como el vice párroco. Yo le tengo mucho cariño, ya que pertenezco a varias hermandades que tienen allí su sede eclesiástica. Sabía que los sacerdotes y los cofrades de esta parroquia me tenían mucho afecto, igual que yo a ellos, pero creo que este reconocimiento es mayor del que yo merezco. El que hayan organizado esto, dadas las muchísimas obligaciones que tienen, es muy significativo para mí. Seguro que su tío sacerdote influyó para que usted siguiera sus mismos pasos, pero su vocación nazarena, ¿de quién y dónde le vino? Sí, mi tío fue decisivo. Él hizo nacer y desarrollar en mí la fe sacerdotal. Un día siendo yo muy pequeño, lo acompañé a Palomera para decir Misa. En el camino, me dijo que si llegaba a ser sacerdote me regalaría su cáliz, que para él tenía mucho valor y es el que usó todos los días en la Parroquia.
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Siempre hemos estado muy vinculados a la Semana Santa. Mi madre era maestra en Fuentes, donde vivíamos, y mi padre nos traía, a mi hermano y a mí, en bicicleta para no perdernos ninguna procesión, sobre todo la de Jueves Santo y la del Santo Entierro. Lo de salir presidiendo viene de cuando yo estaba en el seminario, una vez Don Pepe Arcas, vicario de la parroquia de El Salvador, me propuso la opción de salir revestido en las procesiones. Yo se lo comenté a mis padres y a estos les pareció un gran honor poder compartir la presidencia de nuestra Semana Santa. Y, desde entonces hasta ahora, estoy muy contento de poder seguir haciéndolo hasta que las fuerzas me acompañen. Según su opinión, ¿cree que los consiliarios de las hermandades están suficientemente integrados en las mismas, o debería haber más relación entre ambos? Yo pienso que, en general, se deberían encarnar más en la Semana Santa, aunque hay honrosas excepciones. Pero en más de un caso se toma este hecho como una carga u obligación, y yo creo que, aparte de ser un elemento pastoral muy importante porque está muy arraigada a nuestras gentes, debe ser una coyuntura pastoral muy buena para acercarnos a Cristo y más en este Año de la Fe, y llevar la cultura religiosa de la que tanto habló el Beato Juan Pablo II, aprovechando los elementos que tenemos de religiosidad, siendo la Semana Santa uno de ellos. Don José Guerra Campos y yo compartíamos la frase del Evangelio: “No rompas la caña cascada y no apagues el pábilo vacilante”, por eso la religiosidad que hay en la Semana Santa no hay que apagarla, sino que vaya ardiendo cada vez más. Afortunadamente se ha andado bastante terreno en este asunto. Usted que conoce tan bien nuestra Semana Santa, ¿con cuál se quedaría: con la actual o con la de hace 50 años? Me quedaría un poco con las dos, porque en las dos hay valores muy provechosos, aunque yo siempre me he distinguido por ser tradicional. Hay que aprovechar los elementos modernos que son muy valiosos, pero sin llegar a tirar todo lo antiguo por la borda, porque sería una imprudencia pastoral. Cogería lo mejor que cada época haya aportado. Pero puestos a elegir me quedaría con lo antiguo. Como usted sabe, nuestra Semana Santa en los años 80 entró en decadencia, y fue gracias a la incorporación de la mujer cuando todo empezó a resurgir, ¿cuál es su opinión al respecto? Muy favorable, porque yo he sido siempre un defensor de los valores de la mujer. Precisamente, esta mañana, aprovenchado el
evangelio de Jesús en las Bodas de Caná, lo he resaltado. Y pienso que la incorporación de la mujer en las filas de nuestra Semana Santa ha sido uno de los aciertos más importantes, incluso me atrevería a decir que el mayor de todos. ¿Qué le parece que su compañero José Javier Muñoz, ex delegado episcopal, sea el pregonero de este año? La verdad es que es una tarea muy difícil, ya que llevamos unos años que hemos tenido excelentes pregoneros y cada año parecen superarse. José Javier es una persona con gran capacidad, que ha estado muchos años dentro de la Junta de Cofradías y que sabrá seguir manteniendo el listón muy alto. Creo que oiremos un gran pregón. En tantos años como lleva participando en Semana Santa, ¿ha habido para usted alguna procesión realmente especial que le gustaría mencionar? Sí, la verdad es que ha habido una muy alegre y otra muy triste. La alegre fue el año que celebré mis “Bodas de Plata” desfilando, fue para mí algo extraordinario que nunca olvidaré. Por el contrario, el año triste fue cuando se suspendió la procesión Camino del Calvario. Al llegar al Salvador y ver que la capilla del Jesús estaba cerrada con cadenas, me emocioné y no pude contener las lágrimas. Y para terminar la entrevista ¿cómo ve el futuro de nuestra Semana Santa? Pues el futuro de nuestra Semana Santa dependerá de todos nosotros. Por parte del clero debemos aprovechar esta cultura religiosa que aporta la celebración de la Semana Santa, y por parte de los nazarenos no podemos dejar de “arrimar el hombro al banzo”. Y ambos, juntos, tenemos que saber captar los elementos de los tiempos y, como decía en la entrevista que me hicieron con motivo de mis Bodas de Plata, la Iglesia en el Evangelio ha tenido respuesta para todos los tiempos, entonces, tenemos que buscar la que nos da para el siglo XXI. Y termino con los versos de Antonio Machado: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. El camino de nuestra Semana Santa depende de todos nosotros y de nuestro comportamiento. Muchas gracias Don Fernando por invitarme a su casa, Palacio Episcopal de Huete del siglo XVIII. Hoy 21 de enero de 2013, día de San Sebastián, a pesar del frío que hace en esta antigua sede de verano de obispos, la entrevista se ha desarrollado en un clima muy acogedor. Que Dios le dé salud para poder tenerle muchos años desfilando en nuestra Semana Santa.
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Por José Manuel Alarcón Sepúlveda El 20 de abril de 2012 fallecía Modesto Pérez del Moral. El hermano que llamó para avisarme sintió al otro lado del teléfono la emoción que la noticia hizo aflorar en mí, que ignoraba además el adverso y grave trance que su salud venía atravesando desde hacía unos días. Ese día partía al cielo y terminaba su paso por este mundo, que comenzó casi noventa años atrás; y recordé… Su padre, Francisco Pérez Aguilera, también carpintero, se había trasladado con la familia desde nuestra ciudad hasta la cercana localidad de Villalba de la Sierra, donde las obras del Salto le ofrecían trabajo. Allí nació Modesto, el menor de sus hijos, y allí falleció prematuramente cuando su pequeño contaba apenas once meses de edad. Tras ello volvieron a Cuenca, primero a la calle Santo Domingo, para residir después en el edificio en el que se abre la puerta de San Juan, donde abrieron su primer taller finalizada la guerra civil, tristísima contienda que les asestó también su trágica dentellada, al llevarse la vida de Gil Francisco, el segundo de los hermanos, mayor que nuestros protagonistas, con quien dieron sus primeros pasos en el noble oficio de la madera: Nemesio y Modesto, juntos desde entonces en el trabajo cuando ya lo estaban en su vida, muy unidos; como siempre los recordaremos. Las primeras andas que salieron de su carpintería para nuestros desfiles, fueron las que en 1942 construyeron para Nuestra Señora de las Angustias, reemplazadas en la siguiente década por las actuales, de Amancio Contreras. Después, en 1945, vinieron las del Sagrado Corazón de Jesús, y más adelante, y enumeradas según cronología procesional, las andas de Santa María Magdalena, Nuestro Padre Jesús de Medinaceli, las primeras de la Santa Cena de Octavio Vicent, El Prendimiento, las de Jesús en el Pretorio, San Pedro Apóstol, Nuestra Señora de la Amargura con San Juan Apóstol, las tres con las que sucesivamente desfiló el Santísimo Cristo de las Misericordias desde 1958 hasta principios de los años noventa del pasado siglo, Oración del Huerto de San Antón, Jesús con la Caña, las primeras con las que salió en procesión el Paso de Jesús Caído y la Verónica de Leonardo Martínez Bueno, Nuestro Padre Jesús Nazareno - del Puente -, que hoy son de Jesús de Medinaceli de Ocaña, bajo diseño de Luis Marco Pérez, al igual que las que portaban la Imagen de Nuestra Señora de la Soledad – del Puente – entre principios de los años cincuenta y mediados de los sesenta, las actuales de Jesús Caído y la Verónica del Viernes Santo, San Juan Evangelista, también trazadas por Marco Pérez, El Encuentro, las dos que ha tenido La Lanzada, Santísimo Cristo de la Luz, las de Cristo Descendido que desfiló en Cuenca hasta finales de los años ochenta, Jesús Resucitado y Nuestra Señora del Amparo. Igualmente, los pasos de la Exaltación y el Descendimiento han tenido andas de los hermanos Pérez del Moral, aunque hace tiempo que las sustituyeron.
En otros casos, reformaron, mejoraron o completaron las inicialmente construidas en otros talleres, cambiando la estructura, o añadiendo molduras, tallas ornamentales o pies de faroles, como hicieron en las del Santísimo Ecce-Homo de San Gil, Cristo de Marfil, Cristo de la Agonía, Nuestra Señora de la Soledad y de la Cruz, en las primeras que tuvieron Jesús entrando en Jerusalén, el Nazareno del Puente de José Capuz, San Juan Evangelista de Marco Pérez, y Jesús Caído y la Verónica, o en las anteriores a las actuales de Nuestra Señora de la Amargura con San Juan Apóstol. Fuera de nuestra ciudad, no podemos dejar de mencionar dos: la carroza que hicieron para el Yacente de Guadalajara, gemela de las andas de Jesús Resucitado de Cuenca, y la que porta cada año a San Sebastián por las calles de Villalba del Rey, realizada con el estilo y la magistral talla que tienen las de la hermandad de El Prendimiento. Este apresurado repaso a la parte de su obra dedicada a los desfiles pasionales, encierra no sólo una prolífica y brillantísima producción, sino una rotunda capacidad para captar la personalidad de cada hermandad y la estética de su Imagen o Paso, adaptando a ello el diseño de las andas, lo que da lugar a una rutilante riqueza estilística. Pero no sólo fueron artistas procesionales. También es posible disfrutar de su obra en las iglesias de El Salvador, San Pedro, en la del convento de las Madres Justinianas, San Esteban o Nuestra Señora de la Paz, entre otras. Yo fui uno de esos muchos niños conquenses que se escapaban de su barrio, sobre todo en cuaresma, para curiosear por la puerta del taller de aquellos carpinteros que se nos antojaban como eran; pura bondad, siempre dispuestos a poner sabiduría e ilusión al servicio de la Semana Santa. En su ebanistería, que para nosotros era la de los sueños, surgían de la desnuda madera las más bellas andas, o sanaban desperfectos de las Imágenes que tallaran escultores, que en ellos encontraron expertas manos en las que confiar su obra. Les recuerdo en las puestas en andas de El Salvador, revestidos con impecable mono, bajando con mimo la cruz de su Cristo Solera abajo, o ya dentro de la iglesia, trabajando sin descanso hasta que los Pasos quedaban colocados sobre sus bancos, esperando la luz del Viernes Santo. Los años pasaron, y aquellos pequeños que buscaban en la puerta de su taller pedacitos de la esencia de nuestra Semana Santa, se hicieron banceros, al tiempo que ellos se iban retirando calladamente, con la misma humilde discreción con la que tanto habían ayudado a reconstruir nuestros desfiles pasionales, más brillantes y hermosos de lo que nunca fueron antes de la terrible fractura de la contienda civil.
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Apenas nos dimos cuenta de que se habían hecho mayores, y por eso, casi nos sorprendió la muerte en 1995 de Nemesio, el mayor de los dos. Modesto perdió ese día, según él mismo contaba, un hermano y un padre, y quizá por ello dejamos de verlo tan a menudo, y empezamos a echarles de menos. En 2009, con ocasión de un homenaje que la hermandad de Jesús Nazareno del Puente hizo a sus hermanos más antiguos, tuve la suerte de charlar con él, y a finales de ese año aún más, de entrevistarle para Capuz, el boletín anual de la cofradía. Su timidez inicial, daba paso a una conversación amena, inteligente, plagada de un atinado y elegante sentido del humor, y rica en lo que para él eran anécdotas, y para los demás testimonio de cómo, esa generación irrepetible a la que él y su hermano pertenecían, con la que siempre estaremos en deuda, habían puesto su vida al servicio de la devoción de un pueblo, rehaciendo desde las cenizas la Semana Santa de Cuenca. Después vino un reconocimiento de la Junta de Cofradías a principios de 2010 para Nemesio y Modesto, institución que además solicitó al Ayuntamiento de Cuenca que se les dedicase una calle, justa petición que el consistorio atendió, y desde entonces, el barrio de San Antón de nuestra ciudad posee una vía que lleva el nombre de Hermanos Pérez del Moral. Pero entre esas muestras de gratitud hacia ellos, realizadas aún en vida de Modesto, faltó quizá una exposición de lo mejor de su obra, que no por conocida, en el caso de sus andas a través de su contemplación anual por primavera, deja de tener el máximo interés para el espectador, que podrá recrear la vista y los sentidos en su sabia arquitectura, en los detalles de la talla primorosa, pudiendo contemplarlas cerca y despacio. Ya en el funeral por Modesto, los hermanos del Santísimo Cristo de la Luz y de Nuestro Padre Jesús Nazareno – del Puente – que allí estuvimos junto a nuestros guiones, acompañando a su familia, rezando por él y teniendo el privilegio de ofrecerle nuestro humilde hombro aquella mañana para portar su cuerpo a paso quedo, casi acunándolo, con dolor y orgullo por el hermano, por el hombre bueno hijo de esta tierra, tuvimos muy claro, sin necesidad de hablar, que esa exposición debíamos organizarla y ofrecerla a su memoria, a la de Nemesio y de Modesto, antes de que nuestras procesiones volviesen a salir a la calle.
Nos pusimos a ello de inmediato, marcando las líneas principales de lo que queríamos que fuese este homenaje, contactando a continuación con la Junta de Cofradías, pues desde el primer momento sabíamos que este tributo debía ser ofrecido por toda la Semana Santa, pues por ella trabajaron, sin distinciones, sin anteponer devociones personales ni intereses. Así, con ilusión, trabajo y desde la gratitud y el cariño, fue creciendo el proyecto, que cuando esta revista vea la luz estará a punto de concluir. Abriendo sus puertas el viernes 8 de febrero de 2013, está prevista la clausura de la muestra el Domingo 24 del mismo mes. Dos espacios expositivos la acogen; la antigua iglesia de San Andrés para albergar once andas salidas de sus manos, y el museo de la Semana Santa, con fondo documental, gráfico y obra mueble. Además se ha editado un folleto de ocho páginas, en el que también se detalla la obra de los hermanos en distintas iglesias de Cuenca, con referencia a algunas andas que se tienen que visitar en su lugar de culto o guarda habitual, y se ha creado la página web www. perezdelmoral.es, que no se cerrará después de la exposición. Hay algo que nos ha llenado y que ha renovado nuestra ilusión cada semana, cada día, y es el hecho de que no hemos encontrado ninguna puerta que se nos haya cerrado; muy al contrario, la disposición de todos aquellos a quienes hemos pedido cualquier cosa ha sido generosa y abierta, ofreciendo lo que tenían sin dudarlo un instante. Así ha sucedido con los hermanos de Ocaña y Guadalajara, y con todas las hermandades de Cuenca con las que hemos contactado. Si han faltado algunas andas en la exposición sólo se ha debido a la limitación que el espacio de la iglesia impone, o a una verdadera imposibilidad material. Y con personas, instituciones y empresas ha sucedido lo mismo. Lo más hermoso de ello, es que el motivo de tan positiva e incondicional respuesta no ha venido motivada por lo más o menos acertado de nuestra gestión, sino por la admiración, el afecto y el reconocimiento que todos tienen, tenemos, hacia los hermanos Pérez del Moral. No detallaré quiénes merecen el más profundo de los agradecimientos por su valiosa contribución a que esta exposición homenaje se haya hecho realidad, porque son muchos, porque correría el riesgo de omitir a alguien, y porque ellos saben lo que hicieron y por qué; y en Cuenca, en su Semana Santa, eso basta. No es precisa más recompensa, pues no la hay mayor. Las continuas reuniones, las horas de gestiones y trabajo, hurtadas al ocio y a cosas más importantes, los viajes, las preocupaciones… Todo ha sido compartido por muchas personas, unas que han estado presentes desde que se inició este proyecto, otras se incorporaron después, con ilusionada fuerza , y todo lo han ofrecido por la memoria de ellos, de Nemesio y de Modesto, por dos humildes artistas, que fueron protagonistas junto a los más laureados escultores, y a los más tenaces y entregados nazarenos, de la reconstrucción de la Semana Santa de Cuenca, multiplicando los talentos que les fueron dados, sólo por y para Él, a quien se los habrán entregado ya en la morada celestial. Termino con uno de los últimos recuerdos que tengo de ellos, que inmortalizó la cámara de un entrañable hermano durante la grabación de una entrevista a Modesto, apenas unos meses antes de que nos dejase. Con la humilde sencillez con la que siempre se expresaba y vivía, nos contó cómo su hermano le decía a veces que, cuando pasase el tiempo ya nadie les recordaría, y, añadía: “Por lo menos me da alegría que algunas personas aún se acuerdan de nosotros.” Y el azul del cielo castellano, puro y mágico en los días más queridos, verá a dos hermanos juntos otra vez, allá en lo alto, asomados a la puerta de su carpintería, viendo cómo sus Pasos caminan sobre los hombros de aquellos niños que no les olvidarán nunca.
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Fr ancisco Gr au:
“El ADN de una Semana Santa son sus Marchas de Procesión”
Por Berta López
El director de la Banda Sinfónica Municipal de Música de Albacete, Francisco Grau, habla del reto de dirigir a una banda joven como la de la capital albaceteña, del Concierto de Inicio de Cuaresma de Cuenca que dirigirá el próximo 16 de febrero y de su particular visión de la música dentro de la Semana de Pasión. Tiene un currículum tan extenso y una carrera militar y musical tan prolífica que es de imposible memorización, pero más allá de los reconocimientos, los títulos y el bagaje a sus espaldas, es en su mirada donde se adivina el verdadero calado de su obra: a Francisco Grau le brillan los ojos de una forma especial cada vez que habla de música. Cuánto no será su amor por ella, que confiesa con media sonrisa que su mujer siempre se refiere a la música como a su gran rival en los afectos. Después de dirigir a las mejores formaciones musicales del país, Grau aceptó hace unos meses el reto de hacer lo propio con la Banda Sinfónica Municipal de Música de Albacete. El próximo 16 de febrero actuará en Cuenca en el Concierto de inicio de Cuaresma. Y si el concierto es como la entrevista, a fe que promete ser toda una declaración de amor a la música, a Cuenca y a su Semana Santa. ¿Cómo es la Banda Sinfónica Municipal de Música de Albacete? Es una formación instrumental relativamente muy joven, que empieza a funcionar como banda profesional en 1999 y tiene pocos años de vida. Quizá me dirá “ya tiene trece años”, pero es realmente una banda joven porque en arte pasa lo que con los vinos: necesitan años para coger solera. Pero tiene una cosa muy importante, y es que está integrada por gente muy joven y con una inmejorable preparación técnica. Luego se puede abarcar cualquier obra sinfónica, popular, de música brillante como llaman los americanos a la música bailable y de películas, zarzuela u ópera, con la seguridad de que vas a encontrar una respuesta adecuada. ¿Dónde estaría la Banda Sinfónica de Albacete en un hipotético escalafón nacional? Yo puedo decir, sin ningún tipo de modestia, que he dirigido a las mejores bandas de España. Incluso la Orquesta Nacional y la Orquesta de Radiotelevisión. Por eso puedo decir que la Banda de Albacete está entre las tres o cuatro bandas mejores de España. Además de por la razón obvia de que es la única banda regional completamente profesional, ¿por qué estaría la banda albaceteña tan alta en el escalafón? Precisamente porque los músicos están en lo que llamamos nosotros en términos musicales “in crescendo”. Están alcanzando su plenitud. Están todavía en busca de nuevos conocimientos y nuevas sensaciones. Es como ese explorador que va viendo cosas y
cada vez esos descubrimientos le animan más a seguir adelante. Es decir, son músicos profesionales y esta vocación les lleva a dirigirse, a buscar, algo que está por encima de lo que ellos poseen. Y a un escalón siguen otro y otro y otro, y eso es muy importante en música. En música, como en el amor, la ilusión nunca debe de faltar. Por eso, el amor a la música les lleva a tener una ilusión que va venciendo obstáculos y cuando se encuentran ante obras o dificultades que desconocen, le ponen su amor hacia ese arte tan bonito y tan sublime como es la música. Por eso suenan así y por eso creo que van a sonar mejor. La Banda tiene actualmente 45 integrantes. ¿Es el número óptimo? No exactamente. Si a mí me dieran quince o veinte músicos más podríamos convertirla en la banda cabeza de España. Pero la situación económica es la que es, lo que hay es lo que hay, entiendo que no puede ser. ¿Cómo es dirigir a una banda tan joven? ¿Es muy diferente de hacerlo con una ya consolidada? Aquí digamos que hace falta una doble actitud: hace falta actitud técnica y hace falta actitud pedagógica. Y también una preparación psíquica buena. Es decir, hay que llevarlos para conseguir los objetivos debidamente ordenados y hay que llevarlos con la ilusión siempre flotando en ellos. Para que no falte. Esto es difícil y es fácil. Es difícil cuando eres un músico profesional. Es fácil cuando eres un músico vocacional, porque por encima de todo para ti está tu vocación. Está la música. Si eres profesional quizá buscas un poco más la peseta. No digo que todos los músicos profesionales busquen el dinero, pero la música como todo en la vida, es esencialmente amor. Usted que ha dirigido las principales bandas de este país, que tiene tantas distinciones y que ha hecho grandes todas las formaciones musicales por las que ha pasado, ¿por qué aceptó el reto de dirigir la Banda Sinfónica de Albacete? ¿Qué supone en su carrera? Bueno, digamos que era un poco una asignatura pendiente para mí. ¿Por qué? Porque mi mujer es de Albacete. Nos casamos siendo muy jóvenes y ella dejó su Albacete para seguirme a mí en toda mi trayectoria profesional. Ahora acaba mi ciclo profesional y yo
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podría estar realmente jubilado, porque es lo que me correspondía. Pero yo no sé vivir sin música. Y la verdad es que un par de semanas antes de pasar yo a la situación de retirado tenía quince ofertas de la vida civil. Y elegí, quizás, pensando materialmente, la más floja. Pero pensado de otra forma, la ideal: por poder volver a la tierra de mi mujer, estar cerca de mis hijos y nietas en Madrid, y seguir con mi otro gran amor, que es la música, a través de un grupo humano y artístico donde podía seguir haciendo lo que ha sido toda mi vida. Le brillan los ojos cuando habla de la música. En el momento que me falte la ilusión, te puedo decir que lo dejaría. En una ocasión alguien me preguntó que cómo un general hacía esto. Yo le respondí: “No pensemos en el general, pensemos en el hombre”. General es una distinción militar muy importante, le llaman príncipe de los ejércitos. Agradezco mucho que se me dé esa consideración porque a la música se le da la auténtica categoría que dentro de la cultura de un país debe tener y que en España, desgraciadamente, no la tiene. Pero lo que yo hago, lo hago pensando en que debo entregarme a aquello que constituye mi vida y que es mi música. Como dice mi mujer... “es mi gran rival”. Aunque cada cosa está en su sitio ¿eh? (sonrisas). Le proponen interpretar el Concierto de inicio de Cuaresma en Cuenca, algo que ha sido posible gracias a las gestiones conjuntas de los ayuntamientos de Cuenca y Albacete. ¿Conocía la trayectoria de este concierto y la Semana Santa de Cuenca? Sí, lo conozco y lo conozco bien, porque da la casualidad de que yo sustituí en la Guardia Real a un gran músico conquense como es José López Calvo. Pepe es mi compañero, es mi amigo y en muchas ocasiones me ha ayudado mucho. (Se emociona Francisco Grau al hablar de López Calvo y le tiembla la voz) Cuenca es su pueblo y por eso es el mío, como decía Gabriel miró: “Orihuela, tu pueblo y el mío”, yo digo Pepe, tu pueblo y el mío. Con él vine a algunos conciertos de inicio de Cuaresma y de Semana Santa en Cuenca. Además la música de Semana Santa me ha encantado siempre mucho. He estado en algunos conciertos en el auditorio en los que se interpretaban marchas mías, creo que debo tener compuestas unas ciento cincuenta, pero no por eso, sino sobre todo por estar en el pueblo de Pepe y en La Mancha, que es una tierra que me encanta y que para mí tiene muchos lazos de unión. Y sobre todo porque yo, en mi tiempo en la Guardia Real me quedé con el deseo de hacerle un homenaje a Pepe aquí en su pueblo. Las circunstancias y las obligaciones del destino no me lo permitieron y se lo hago ahora como civil. ¿Entiendo entonces que hará algún guiño a José López Calvo interpretando alguna obra suya? Entiendes bien. Habrá dos obras de José López Calvo en el programa del concierto, que es un programa didáctico, de alguna forma. Porque yo pienso que una Semana Santa que no tiene su música propia no es Semana Santa. Estamos sufriendo una inva-
sión de donde mejor se vive la Semana Santa, que es la comunidad andaluza. Pero yo creo que ellos pueden tener su música, que es muy bonita y hay que respetarla, pero que Cuenca también debe tener su música, que es muy bonita. El ADN de una Semana Santa está en sus marchas de procesión. Y yo creo que lo más importante es conservar la tradición de un pueblo, las manifestaciones, el sentir de un pueblo, que es el arte en sí. Por eso, si cambiamos de ciudad tenemos que cambiar de partitura. Se llame Galicia, se llame Andalucía o se llame Castilla-La Mancha. Hay una serie de circunstancias: la luz, el ambiente, la gente... ...que se reflejan en la música ¿verdad? Efectivamente. La música es la expresión, el alma de un pueblo. Y el alma del pueblo castellano-manchego no es el alma de Andalucía. Y cuando nos quieren meter esas cosas... chirrían. Yo creo que esas marchas aquí no dicen nada, como si oímos las de aquí allí. Al margen de que yo no encuentro música mala, cada música tiene su espacio. Sobre todo en Semana Santa. Me decía pues que será un concierto didáctico. Sí, un concierto didáctico totalmente, en el que quiero que se vean las distintas marchas de España. Vamos a oír marchas andaluzas, castellano-manchegas, castellano-leonesas y mediterráneas, porque son los focos de la Semana Santa. Vamos a ver la luz de la música en Alicante, en Cartagena; vamos a ver la alegría y el sabor tan bellos como son la música en Málaga y en Sevilla; vamos a ver la música en Castilla y León con su sobriedad leonesa... Y vamos a vivir la música de Castilla-La Mancha con su sobriedad y ese algo especial de pueblo pero menos que se siente en esta región. No sé si podemos anunciar ya que habrá algún que otro estreno en el que tiene usted mucho que ver, maestro. Podemos decirlo, podemos. Sí, he hecho algo para Cuenca. Como también vamos a tener la novedad de que por primera vez la sección de cornetas de la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla va a salir de su ciudad para colaborar con la Banda Sinfónica Municipal de Albacete en este concierto extraordinario. Y esto será así porque pienso que tenemos que darnos cuenta de que en la Semana Santa participan dos tipos de agrupación musical: las bandas de cornetas y tambores, que tienen una misión de orden en la procesión, y las bandas de música que tienen una misión de apoyo al sentimiento espiritual de los que participan en la procesión. Pero además de emocionar y de ayudar a los banceros en Cuenca, por no poner otra ciudad, cuando necesitan ese impulso extra para seguir, la música debe servir para unir esas dos partes importantes y sonoras de la procesión, que son los dos tipos de bandas y en la cual puede estar la música del futuro. ¿En qué sentido? En el sentido de evolución. Lo que no evoluciona muere. Y amando las tradiciones, combinar modernidad con tradición es lo ideal para que una cosa viva.
Fotografía: Antonio Abarca
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Por Fr ancisco Alarcón Un arco iris de capuces se entremezclan camino al viejo templo de “la Virgen del Puente”. El Puente se ha transformado en trono, sobre un Júcar vestido de esmeralda, preparado para ser espejo de Paz y Amor. Cristo de los Ajusticiados, señor de la Archicofradía precedido por el lúgubre tintineo de la vieja campana anunciando muerte. De nuevo cáliz amargo bajo olivo regado con divino sudor de sangre. Flagelo hiriente restallando en el aire de Cuenca sobre el sagrado torso del Atado a piedra. Burla al disfrazo de rey, quien lo es de todos los reyes. Mirada Sangrante al cielo castellano en el impresionante rostro donde el dolor y el perdón se palpan. Tres Cruces sobre hombros del Nazareno, que por dos veces dobla la rodilla mientras Verónica y Cirineo se apiadan del Señor de Cuenca. De nuevo la Guapa Madre, ahora sola, camina tras el Amor. Es la tarde Nazarena en el Jueves Santo de Cuenca. La procesión ha comenzado su lento caminar entre los largos capirotes de los chopos nazarenos de la orilla. Las calles de Cuenca son ahora de Amargura. Templos a sus pasos abren puertas para que se pueda acceder a sus monumentos. La Plaza Mayor será, por unos minutos marco del museo de la tarde nazarena del Jueves Santo. Los últimos destellos del atardecer transfiguran al cortejo en singular luces y sombras hasta que estas se adueñan totalmente del singular desfile y la luna sirve de contraluz en el viejo puente de San Antón que recibe a la Archicofradía a su regreso. Es entonces cuando el “Señor de Cuenca” en su lento y majestuoso caminar, escoltado por viejos nazarenos abre paso a la Soledad llorosa. La hiriente y mal entendida noche, ha comenzado, esperando con impaciencia el rasgar del cielo de la serranía con el primer clarinazo del eminente Amanecer Santo. PROCESIÓN “PAZ Y CARIDAD”.- Jueves Santo Aunque no tenemos claras referencias, sobre la fecha exacta que comenzó a celebrarse una procesión en el Jueves Santo de Cuenca que diera origen al actual desfile, es muy probable que esta apareciera a mediados del siglo XVI, organizada por la Orden franciscana en la antigua ermita de San Roque, situada a extramuros de la ciudad en el denominado “Campo de San Francisco”, con el Cabildo de la Vera Cruz, Sangre y Misericordia, que por aquel entonces poseía un pequeño Cristo o Cruz Alzada, conocido también como “Cristo de la Agonía”, limitándose este primitivo cortejo en un parco recorrido, posiblemente, tan sólo por el atrio de la referida ermita. Ahora bien, en 1580 conocemos, documentalmente, que dentro de la Cofradía de la Vera Cruz, existía al culto una imagen de un Nazareno en andas, dato este, por el que se desprende, que dicha imagen estaba destinada a salir en procesión con toda probabilidad en el Jueves Santo.
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NAZARENA Más tarde, en 1746, año en que tuvo lugar el “Motín del Tío Corujo”, volvemos a tener referencias a esta procesión, puesto que para el mismo, sabemos que fueron robadas de la ermita de San Roque, donde se guardaban, túnicas y tambores de esta procesión. Habría que esperar a 1802, para conocer alguna referencia más, al menos en similitud al actual desfile: seguía organizado por la Orden Franciscana en la ermita de San Roque y estaba compuesto por cuatro Hermandades, conocido como la procesión de “Los Cuatro Grandes Pasos”: “El Paso del Huerto”, “El de la Caña”, Jesús Nazareno y Ntra. Sra. de la Soledad. En 1810, y como consecuencia de la Invasión Francesa, fue destruida la referida ermita, y tras ello existen ciertas dudas en cuanto a la suerte que corrieron estas imágenes, si bien, parece ser, que pasaron a San Francisco y a Los Trinitarios, hasta que ocho años más tarde se trasladaron todas a la ermita de San Antonio Abad, donde recibirían culto y desde donde se inicia, también, desde entonces, la Procesión de Paz y Caridad todas las tardes del Jueves Santo. Seis años después, con su fundación, se une al desfile, la Hermandad del Ecce-Homo de San Gil, más tarde llamado de San Andrés, con una talla de incalculable valor, obra de José Torres, y que era conocido popularmente como “El Ecce Homo de los Pedrazas”, por ser propiedad de la familia de este apellido. Habrían de pasar treinta años, para que una nueva hermandad se incorporase al cortejo, ya que en 1852 lo hizo la del Amarrado a la Columna, uniéndose a la procesión a la altura de la Iglesia de Santo Domingo donde fue fundada por el gremio de canteros y albañiles. A finales del siglo XIX, aparecen en este desfile, y más concretamente en la Hermandad del Ecce Hamo, unas innovaciones que poco a poco fueron en su mayor parte adoptadas por el resto de las Cofradías, como la incorporación al junto al “paso” de los “hacheros”; los capuces armados y con el rostro cubierto; las tulipas portando las luminarias; y la diversidad de colores en túnicas y capuces, hasta entonces únicamente morados. No finalizaron aquí las novedades, puesto que en 1900, esta misma hermandad desfiló sobre una carroza con ruedas, algo que solo haría ese año, puesto que al siguiente volvió a hacerlo de la forma tradicional sobre los hombros de sus cofrades. Una nueva imagen del Ecce-Homo, desfiló en 1902, tallada en los Talleres Salesianos de Sarriá en Barcelona, debido a un conflicto que había surgido con los propietarios de la talla de José Torres, pero dos años más tarde, y una vez resuelto, volvió a protagonizar la procesión la imagen de “Los Pedrazas”. Por aquel entonces, el desfile era conocido como “Procesión de Pasión” y como la de los “Pasos Largos”, cambiando en varias ocasiones el sentido de su recorrido; además de que al llegar a la Catedral, entraba en ella, dando la vuelta en su interior por el transparente de San Julián. También en los principios de este siglo, comenzó la costumbre de hacer un descanso en la Plaza Mayor durante quince minutos, algo que fue adoptado años más tarde, por el resto de las procesiones. En 1916 la Hermandad del Amarrado a la Columna se refunda y con ello estrena una imagen de su titular, donación hecha por Don José Coba y comenzando desde entonces el recorrido procesional desde San Antonio Abad al pasar en esta fecha a recibir el culto en dicha Iglesia. En 1926, esta procesión fue la primera que acogió en la Semana Santa de Cuenca una imagen el escultor nacido en Fuentelespino de Moya, Luis Marco Pérez, se trata de la talla del Ángel de la Oración del Huerto. Con ella se sustituía una pequeña imagen que colgaba del olivo y, que curiosamente, adornaban con un arco de naranjas. La segunda obra del entonces joven irnaginero se incorporó en 1.931. Se trataba del paso de la Santa Cena, un rnagnifico grl:lpo escultórico compuesto de trece figuras, talladas todas ellas en madera
de nogal y sin policromía alguna. Solo desfilaría en esta procesión durante dos años para pasar después ahacerlo en la Procesión del Silencio. Al año siguiente, y con motivo de los cambios políticos que se estaban desarrollando en España se suprime en el cortejo la presidencia civil. Durante la procesión de 1934, al entrar en la Catedral, la irnagen del Paso de la Caña, sufre un accidente cayendo al suelo fracturándose las piernas de la talla. En 1.936, año de tan triste recuerdo, es el postrero del desfile de estas imágenes, incluso de la nueva talla de Luis Marco Pérez creada para el Paso de Jesús con la Caña, estrenada entonces y por lo que solo desfilo ese año por las calles de Cuenca. Solo se salvarían de la destrucción, la imagen del Ángel de la Oración del Huerto y la corona del Amarrado, rescatada de la pira donde fue incinerada la talla de su titular. Pero en 1940, el Jueves Santo conquense, volvió a tener de nuevo Procesión de Paz y Caridad, un desfile que partió desde la Casa de Beneficencia, por estar cerrada al culto la Iglesia de San Antón, circunstancia esta que volvería a repetirse durante dos años más. Formaron el primer cortejo, de esta nueva época, el Paso de la Oración del Huerto, con una nueva talla del Jesús obra de Marco Pérez (sí bien algún autor apunta la posibilidad de que esta fuese la antigua que también se salvase del expolio y restaurada por el imaginero al igual que la del Ángel). Tras él, Ydel mismo autor, la nueva de Jesús Amarrado a la Columna. Después del escultor Vallori, Jesús con la Caña. La Hermandad del Ecce Hamo lo hizo con la imagen del siglo XVII prestada por el Cabildo Catedralicio, que se custodia en el museo y tesoro de la Catedral. Le siguió un pequeño Cristo representando a la Archicofradía. El paso del Jesús del Puente con una talla Tomás Marques Amat, cerrando el cortejo una Dolorosa traída desde Valencia para la Hermandad de la Soledad del Puente. Al año siguiente, las tallas del Jesús del Puente y de Soledad, fueron sustituidas por las actuales de José Capuz y Marco Pérez respectivamente. Fue en 1945, cuando una nueva hermandad hace su aparición en esta procesión, se trataba de la de “Jesús Caído y la Verónica”, un grupo escultórico del imaginero Eduardo Font Stor. y dos años después, es sustituida la talla de Vallori del Paso de la Caña, por la actual esculpida por Federico Coallut Valera. Al año siguiente, Marco Pérez entrega para el desfile la nueva talla del Ecce- Homo, aún sin policromar. Pocos cambios reseñables hasta 1956, año en que la Hermandad del Amarrado a la Columna incorpora al “paso” la talla del sayón, también de Marco Pérez, pero ese año no pudo salir en procesión puesto que esta debió de suspenderse por la lluvia. Pasarían ocho años, hasta que en 1965 volviese a estrenarse nuevo grupo escultórico, la Hermandad de Jesús Caído y la Verónica, sustituye el primitivo de Eduardo Font, por otro nuevo, obra del conquense Leonardo Martínez Bueno, si bien ese año, solo desfilo con dos figuras, completándose al siguiente con la talla del Cirineo. Pero no sería esta la última renovación de un paso de esta procesión, puesto que en 1967, la Oración del Huerto de Marco Pérez, también fue sustituida por la actual, obra de Federico Coallut Valera. En 1973 La Soledad desfila por vez primera bajo palio, y un cambio en el orden del desfile se produce en 1984, ya que el Cristo de las Misericordias, titular de la Archicofradía de Paz y Caridad, comienza aser cabecera de la misma. La última incorporación a esta procesión, se producía en 1997, cuando la Hermandad del Jesús del Puente, adquiere otro “paso”, el titulado “El Auxilio de Nuestro Señor Jesucristo”, una obra del escultor hispalense José Hernández.
Fotograf铆a: Luis Diacha
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Fotografía: Enrique Martínez Gil
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Por Gregorio Martínez de las Her as Cincuenta años después, el Papa Benedicto XVI, convoca a toda la Iglesia de nuevo a un Año de la fe. Recordamos otro Año de la fe allá por el año 1967, convocado por Pablo VI, tras concluir el Concilio Vaticano. En este siglo XXI y a través del motu propio Porta Fidei el Papa Benedicto nos llama a todos a una nueva evangelización tanto interior como exterior, es decir nos convoca a una renovación personal en materia de fe. “Sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común.”(Porta Fidei) De su lectura y estudio se cae en la cuenta de que el hecho de evangelizar no solo es cosa de curas y monjas. Todos los bautizados, y por ende todos los que formamos parte de hermandades e incluso ellas mismas, estamos llamados a evangelizar y a renovar la fe que decimos profesar. La evangelización es tarea de todos los cristianos, hemos estado siempre acomodados a que todo lo concerniente a la fe y la vida cristiana era tarea sobre todo de los sacerdotes. Y, sin embargo, hemos aceptado con cierta naturalidad que la catequesis = evangelización, cuente con seglares que la impartan. Hay que partir del hecho “y lo tenemos que tener muy claro”que cada hermandad - a pesar de que muchos de los que en ellas están obvian este hecho - es una asociación pública de fieles, un conjunto de cristianos con una vocación común de vivir la fe. Los motivos son diferentes para ingresar en una u otra hermandad, bien sea por tradición familiar, la devoción hacia unas imágenes, la amistad con algunos hermanos, o simplemente la curiosidad. El hecho de habernos asociado implica la necesaria práctica en común de unas normas, objetivos, fines y actividades que todos debemos de asumir y respetar. La Semana Santa ejerce un poderoso influjo en nuestra tierra y a la mayoría nos gusta participar en su celebración. La vinculación con la Iglesia, es la parte esencial de las hermandades, si no estuviéramos unidos a ella, no seríamos lo que somos, seríamos otra clase de asociaciones. El carisma de nuestras hermandades, se identifica claramente con las actividades cultuales a nuestros sagrados Titulares y todo lo que de ello se deriva. El sujeto de la nueva evangelización somos todos: Desde el Papa hasta los Obispos, presbíteros, diáconos, religiosos-as,
todos los hombres y mujeres que constituimos el Pueblo de Dios. Hoy es imprescindible que se realice una fuerte labor evangelizadora dentro de las hermandades, porque se está produciendo un deterioro progresivo sobre todo en materia religiosa y cuyo final puede ser el del desprestigio de estas asociaciones religiosas. En nuestro tiempo hay un fenómeno particularmente peligroso para la fe: una forma de ateísmo que podríamos definir “práctico”, que no niega las verdades de la fe o los rituales religiosos sino que, simplemente, considera unas y otras irrelevantes para la existencia cotidiana, separados de la vida, inútiles. A menudo se cree en Dios de una manera superficial, pero se vive “como si Dios no existiera” (Catequesis de Benedicto XVI sobre el Año de la fe) Creer en Dios significa caminar con Cristo – en medio de todas las luchas que tengamos – hacia la casa del Padre. Pero, para ello, de poco sirven los esfuerzos, y menos aún los sermones, nuestro lenguaje es limitado. La fe es un don o regalo que Dios da a cada uno personalmente y la respuesta de acoger ese don solo la puede dar quien la ha recibido. El compromiso e implicación por parte de hermandades y de los que formamos parte de ellas, en la evangelización, debe partir de un profundo camino de renovación interior que fomente la comunión eclesial, la participación en los sacramentos y el testimonio de vida, así como una estrecha vinculación con los programas pastorales diocesanos y parroquiales. Si preguntásemos a nuestras hermandades sobre los programas pastorales o parroquiales que se preparan donde se encuentran ubicadas, nos daríamos cuenta del grado mínimo de implicación que tienen con las parroquias que las acogen. Para muchas hermandades (por desgracia muchos de sus componentes todavía piensan que la Iglesia no debe inmiscuirse en sus actos ni aceptan la opinión de la misma), la vinculación con la parroquia es casi forzada. Para muchos nazarenos lo importante de verdad, el motivo de sus preocupaciones, es la de la procesión, los enseres y las andas de las imágenes. Pero todo ello es de cara al exterior, sin embargo muy poquitos son los asistentes a la celebración de triduos, quinarios, novenarios y al día más grande de las hermandades: la función religiosa al Titular. Es de lamentar que en nuestras hermandades abundan los llamados cristianos no practicantes, cuya religiosidad es más
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supersticiosa que evangélica, personas alejadas de la Iglesia, seglares poco respetuosos con los sacramentos de la salvación, etc.…Resulta triste ver una semana santa llena de “nazarenos” que desconocen su identidad, sin profundidad, sin amor a Dios y esto es una semana vacía y falta de contenido, y si con esta actitud, estamos intentando acallar nuestra conciencia de bautizados en Cristo, es que está fallando la base fundamental de nuestro ser religioso: la fe. No podemos ser “nazarenos” de un día, tenemos la obligación de ser los 365 días. Nos corresponde como laicos y bautizados ser protagonistas activos de la Nueva Evangelización. Debemos grabarnos en nuestro interior que quizás una de la primeras obligaciones de los que nos llamamos “nazarenos ” es la de ser cristianos cualificados. El hecho de evangelizar desde nuestra condición de hermanos “nazarenos” supone, asumir un modelo de vida y coherencia interior, basada en la enseñanza Evangélica y de este modo anunciar la Buena Nueva mediante las palabras, las obras y el testimonio. Los laicos llegamos donde no llega un sacerdote, porque vivimos nuestra vida de fe inmersos en las realidades del mundo. La familia, el mundo del trabajo, la cultura y de las relaciones sociales son nuestro ámbito de convivencia cotidiano y debemos ser presencia de la Iglesia en la sociedad y hacer presente a Dios en el mundo porque tenemos la obligación de ser los evangelizadores de vanguardia, y hay que hacerlo si tener miedo, como repetía una y otra vez el hoy beato Juan Pablo II. ¿Para qué un año de la fe? << Si hoy la Iglesia propone un nuevo Año de la fe y la nueva evangelización, no es para conmemorar una efeméride, sino porque hay necesidad, hoy todavía más que hace 50 años. Y la respuesta que hay que dar a esta necesidad es la misma que quisieron dar los Papas y los Padres del Concilio, y que está contenidos en sus documentos >> Homilía del Papa apertura del Año de la fe. El Año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo, y deberá
expresar un compromiso unánime para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe sintetizado en el Catecismo de la Iglesia Católica (Porta fidei) La doctrina católica está contenida en el catecismo y si queremos aprender lo que la Iglesia realmente enseña, tenemos que consultar siempre el Catecismo de la Iglesia Católica, indefectiblemente allí está la Doctrina oficial de la Iglesia que emana de la Autoridad Apostólica. Los demás comentarios, incluidos los nuestros, son datos y pareceres. La necesidad de evangelización se hace especialmente urgente en el tiempo presente, en nuestros pueblos y ciudades. Se manifiesta en la compleja situación que vivimos: transformación social y cultural en la vida religiosa (GS .4); los complejos factores que están obstaculizando el reconocimiento de la Verdad de Dios (GS.4, 5); y los desequilibrios e existentes en nuestra sociedad y en el hombre (GS.10). Conocemos suficientemente la realidad y estamos comprometidos de una forma u otra en la solución de aquello que va entorpeciendo la penetración de la fe cristiana en la familia, en la escuela, en la empresa, en la fábrica y en el campo, en los centros docentes y en el alma de los adolescentes, y en la medida que no emprendamos acciones debidamente serias y programadas a despertar y cultivar la fe en las gentes, es más fácil que se vaya dando un rechazo frontal a la predicación de Jesucristo y la acción evangelizadora de la Iglesia. Y no nos debe pillar de susto este hecho, el Papa Pablo VI nos decía sobre la Evangelización “La fe está casi siempre enfrentada al secularismo, es decir, a un ateísmo militante; es una fe expuesta a pruebas y amenazas, más aún, una fe asediada y combatida: Corre el riesgo de morir por asfixia o por inanición si no se le aliente y sostiene cada día”. (EN.54) La nueva Evangelización también toca a nuestra Iglesia particular, es decir a nuestra Diócesis y todos tenemos parte de responsabilidad, eso sí, distinta en forma y grado para cada uno de nosotros y en conciencia ningún hermano “nazareno” puede pensar en que este problema o este ministerio no nos
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concierne. La respuesta nos la da el Concilio Vaticano II:” Todos los hijos de la Iglesia han de tener viva conciencia de su responsabilidad para con el mundo, fomentar en sí mismos una espíritu verdaderamente católico y consagrar sus energías a la obra de evangelización” (AG.36). La crisis que actualmente padecemos- ya no lo niega nadie-, va más allá de lo económico. Estamos ante una crisis cultural y de valores, y esto no se resuelve con unas simples medidas económicas. Si esta crisis no nos cuestiona solo habrá servido para que lo hayamos pasado muy mal. Estamos sufriendo el resultado de un planteamiento en el que Dios no solo no cuenta, sino que ha sido explícitamente expulsado de nuestra sociedad, y sin su presencia, nos hemos afanado en buscar otros fundamentos, otro apoyo, otra explicación, otro sentido para esta sociedad y para cada uno de nosotros. Nos hemos quedado sin sentido, sin horizonte, sin referencia absoluta, y ello nos está llevando a vivir en la inmediatez y en el egoísmo; cada uno mirando para sí mismo y disfrutando al máximo el momento presente. Hemos entrado en la llamada “cultura del relativismo “, que es fruto de una mentalidad hedonista y consumista, en la que ocupan el primer lugar los valores de libertad individual y el derecho al bienestar. Ante este desolador panorama la Iglesia no se queda en la simple resignación, ni en señalar y denunciar constantemente el camino erróneo que está llevando el hombre, no se repliega sobre sí misma esperando tiempos mejores. Ya lo hizo hace 50 años con la celebración del Concilio Vaticano II y cuyos textos hoy están en plena vigencia, y con elaboración del Catecismo de la Iglesia del que cumplimos 20 años en el que se encuentran todas las verdades de cuanto creemos y profesamos y que debemos volver a el en este año y siempre. La misión de Iglesia sigue siendo la misma: la proclamación del Evangelio, aunque para ello haya que buscar otros caminos acordes con los tiempos presentes.
La tarea de la evangelización constituye la dicha y vocación propia de la Iglesia. Ella existe para evangelizar (EN 14).” “A todas las formas asociadas de fieles laicos, y a cada una de ellas, se les pide un decidido ímpetu misionero que les lleve a ser, cada vez más, sujetos de una nueva evangelización” (CL.30) “Todas las asociaciones de fieles laicos, y cada una de ellas, están llamadas a se r cada vez más, instrumento de santidad de la Iglesia, favoreciendo y alentando< una unidad más íntima entre la vida práctica y la fe de sus miembros”.Por esta razón, cada asociación de fieles laicos debe ser un lugar en el que se anuncia y se propone la fe, y en el que se educa para practicarla en todo su contenido. (CL.30). La evangelización hemos de empezarla de dentro a fuera. Nuestras hermandades y sus componentes no están exentas de evangelización, deben buscar la manera de proponer las acciones a realizar de forma conjunta que más convengan o sean más urgentes. En este año la tarea más urgente es la propia evangelización interna de las hermandades- que no se debería haber abandonado nunca – y de los miembros que la componen, somos asociaciones religiosas de fieles cristianos y tenemos todo un fin común. El dar a conocer a todos la buena noticia que es el EVANGELIO. Es necesario un trabajo serio en este campo. Más allá de triduos, novenarios y otros actos de piedad, que evidentemente son necesarios y tienen su valor, sería de vital importancia el hecho de celebrar ciclos de formación de “hermanos nazarenos” dentro de las mismas hermandades o bien insistir en el hecho de asistir a las catequesis que se imparten en sus respectivas parroquias o ampliar la formación sobre todos de los dirigentes de las hermandades asistiendo a los distintos cursos que se imparten en la Escuela Diocesana de Ciencias Religiosas y que cada año pone nuestro obispado a disposición de todos los laicos cursos de formación, como catequesis, jornadas sobre la Liturgia, Teología, sobre la Doctrina Social de la Iglesia, sobre
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las verdades de nuestro Credo, estudio de los documentos del Vaticano II, etc.. Revitalicemos nuestras celebraciones litúrgicas, porque mientras que las mismas no sean participativas y al mismo tiempo sean fuente y alimento personal que nos lleve al conocimiento de Cristo, servirán de muy poco. No nos faltan actos de culto, lo que nos falta es sinceridad y verdad en su celebración. Todavía hay hermanos “nazarenos” que no participan ni siquiera en los cultos de su hermandad y que ni siquiera en semana santa van más allá de su procesión y si extendemos esta consideración a la misa del domingo o a la celebración de los sacramentos, nos quedamos solos. Habrá que intensificar la reflexión sobre la fe, para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio como el que la humanidad está viviendo (Porta Fidei) Nosotros… ¿Qué debemos hacer? No se trata de inventar nada nuevo. El programa ya existe. Es un programa que no ha cambiado en el devenir de los tiempos y es el anuncio de la buena nueva, el Evangelio que se centra en Cristo. Ponernos en disposición de escuchar, de pedirle deseos y secundar lo que Él quiere para nosotros, no nos va a poner las cosas difíciles, pero sí nos pedirá que le queramos y le encontremos en los más necesitados, Él quiere meterse en nuestro estudio, en nuestro trabajo, en nuestros ratos de ocio y que le contemos lo que realmente nos preocupa, porque eso le preocupa a Él especialmente. La evangelización comporta una transformación personal. La oración es absolutamente necesaria en la vida del creyente. No es posible un creyente sin el trato íntimo, continuado y diario, con Jesucristo. La propuesta del Credo como oración cotidiana en este Año de la fe, es un signo verdaderamente unitario, con su rezo iremos redescubriendo las propias raíces y el conocimiento de “quién” y “qué” está en el centro de nuestro creer. “La fe no es sólo una doctrina, una sabiduría, un conjunto de normas morales, una tradición, es un encuentro real, una
relación con Jesucristo. Transmitir la fe significa crear en cada lugar y en cada tiempo las condiciones para que este encuentro entre los hombres y Jesús se realice. El objetivo de toda evangelización es la realización de este encuentro, al mismo tiempo íntimo y personal, público y comunitario “(IL, 18) Los dos medios para la evangelización son : el testimonio y la palabra. “La Buena nueva debe ser proclamada en primer lugar mediante el testimonio .A través de este testimonio sin palabras, estos cristianos hacen plantearse a quienes contemplan su vida interrogantes irresistibles: ¿Porqué son así? ¿Por qué viven de esa manera? ¿Qué es o Quiénes el que los inspira? (EN.21) El testimonio sin palabras debe compatibilizarse con la invitación verbal a acercarse al Evangelio para encontrar una respuesta que dé sentido a nuestra vida y nos oriente al encuentro con Dios. Pero ni la predicación ni el testimonio que podamos ofrecer tendrán credibilidad, si no son fruto, en nosotros de una verdadera experiencia de fe, por eso la evangelización de los demás nos exige una revisión personal y una constante conversión al Señor. El evangelizador ha de ser al mismo tiempo evangelizado. “Redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivid y rezada ( Fidei depositum) y reflexionar sobre el mismo acto con el que se cree, es un compromiso que todo creyente de de hacer propio, sobre todo en este Año” El mayor enemigo de la fe, no es la malicia, sino la ignorancia, tomémonos en serio la evangelización de los hermanos cofrades. Va en ello la vida de nuestras hermandades y cofradías. “Nazareno” defiende tu fe, conoce tu fe.
Documentos: Porta fidei, Instrumentun Laboris(IL),Ad gentes divinitus(AG),Evangelii Nuntiandi( EN), C hristifidelis Laici CL),Gaudiun et Spes (GS),Cartas Pastorales, Catequesis Benedicto XVI.
Por Ángel Horcajada, Sacerdote Supongo, y así lo creo, que estás bien preparado espiritualmente para que tu actividad externa en la Procesión -tan deseada- sea un acto de culto público, convirtiéndose en predicación silenciosa, enseñando, de manera directa, los Misterios de la Pasión y los Dolores de María. El Año de la Fe representa un momento de gracia que no podemos dejar de acoger y transmitir con el testimonio auténtico de la vida, ahora, “en estos momentos en que se produce en no pocos un debilitamiento de la fe, cuando se respira la deserción de muchos bautizados, y no pocos creyentes ven como su fe se reduce a una práctica religiosa esporádica, descomprometida, ajena a la marcha del mundo; cuando se asiste al novedoso fenómeno de una verdad cristiana contemplada como elemento perturbador en un mundo invadido por el relativismo y la negación o la duda; en este momento es precisamente cuando debemos pedir con más fuerza a Dios que aumente nuestra fe (Mt,9,23;Lc,17,5), para confesar que sólo Él es nuestro Dios y Señor; que sólo a Él queremos servir, rechazando el señuelo de los ídolos, dioses que no pueden salvar. Es el tiempo de implorar la gracia de un nuevo empeño para que sea cada vez más fuerte nuestra relación con Cristo y nuestro empeño por colaborar en su misión de salvación”. (Carta Pastoral con motivo del Año de la Fe de Monseñor D. José María Yanguas Sanz, Obispo de Cuenca). Nos unimos, en plegaria, en El Año de la Fe: “Que se avive en todos nosotros, cofrades - nazarenos, el don precioso de la fe y nuestros corazones se abran completamente a la Verdad del Evangelio para que, modificados nuestros criterios de juicio, las líneas de nuestro pensamiento y los valores que nos guían, seamos verdaderos testigos comprometidos en la construcción de la cultura de la vida y de la civilización del amor”.
Fotografía: Antonio Abarca
Inmersos en El Año de la Fe, proclamada por Benedicto XVI el pasado 11 de octubre, debemos los creyentes aspirar a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, redescubriendo los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada, sin olvidar que la fe implica un testimonio y un compromiso público. La misma profesión de la fe es un acto personal y al mismo tiempo comunitario. La fe, precisamente porque es un acto de la libertad, exige también la responsabilidad social de lo que se cree. La misma razón del hombre lleva inscrita la exigencia de “lo que vale y permanezca siempre”. Esta exigencia constituye una invitación permanente a ponerse en camino para encontrar a Aquel que no buscaríamos si no hubiera ya venido. Estos y otros muchos más pensamientos de Benedicto XVI; en su Carta Apostólica “Porta Fidei”, nos invitan a todos los cristianos-cofrades, especialmente en los días de nuestra Semana Santa, al encuentro de Jesucristo, reviviendo su Pasión, Muerte y Resurrección. Ser cofrade-hermano-nazareno de una Venerable Hermandad de Semana Santa, supone la evidencia de que todo cristiano tiene derecho a asociarse y a formar, de acuerdo con el Derecho de la Iglesia, Asociaciones que busquen el cultivo de lo humano y cristiano, a formar una pequeña comunidad eclesial. Porque así lo has querido, amigo Nazareno, eres miembro activo de tu Hermandad, con una advocación característica del “Paso” que procesionas. Sin olvidar el aspecto histórico de tu cofradía-hermandad, cultiva el aspecto espiritual-religioso, como principal y fundamental, trabajando a fondo durante el año para conseguir: Personalizar la fe, siguiendo un proceso de formación permanente; promover la celebración de la fe, a través de la Eucaristía; dar a conocer el pasaje evangélico del “paso” que procesionas; dar razón de tu fe y esperanza en lo que crees; Ayudar a los sectores más desfavorecidos, en combinación con las instituciones eclesiales, anunciando así el Evangelio con obras.
Fotografía: Julio Palencia
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Fotografía: José Andrés J. Castellanos
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INTRODUCCIÓN. El 17 de enero de 1983, en el más absoluto olvido y expatriado de su lugar de origen, Fuentelespino de Moya (Cuenca), huérfano del olor al espliego en el “calarizo” que le vio nacer, y sin poder escuchar por última vez el sonido cantarín del agua en los “Tornajos de Moya”, fallecía en su casa de Madrid, en la que subsistía sólo y casi en los umbrales de la pobreza total, el profesor de la escuela de Bellas Artes y académico de San Fernando, a los 86 años de edad, Luis Marco Pérez. En este año de 2013 se han cumplido treinta años de su desaparición, y, como no podía ser de otra manera, el mundo nazareno conquense no ha querido dejar pasar esta fecha y conmemorar con varios actos este hecho. Tanto la Junta de Cofradías, como desde la Asociación Cultural de la Vble. Hdad, de Jesús Orando en el Huerto de la parroquia de San Esteban, pensamos que es obligatorio y meritorio hacerle un homenaje de recuerdo a este virtuoso catedrático del modelado y de la imaginería de España. Mencionar a Don Luis es citarlo con gubia en mano labrando y creando vida en los olorosos troncos de las maderas nobles; estampando en sus obras la serenidad más augusta, y cincelando a sus imágenes fuerza, belleza y dulzura, que son puestas al servicio de la propaganda de la fe. Corresponde, por tanto de un obligado cumplimiento dedicar estas páginas de la revista Cuenca Nazarena, guía y punto de referencia del mundo nazareno, al que ha sido considerado uno de los escultores más importantes de la imaginería religiosa del siglo XX y autor, de nada más y nada menos, de diecinueve obras para nuestra Semana Santa. VIDA Y OBRA DE NUESTRO PROTAGONISTA. Nuestro protagonista, viene al mundo en un contexto de una España muy campesina y rural. Su padre, Francisco Marco, hombre esforzado y porfiado, combina las labores agrícolas con las de carpintero en su domicilio particular. Y, precisamente, es en este taller donde el pequeño Luis emprende una labor primorosa. Con sus agiles manos comienza a trazar dibujos y modelados de santos con los que divertía a sus compañeros de juego. Fruto de una sensibilidad artística propia de los genios, poco a poco, alecciona su gran inspiración, para dar forma a los maderos, utilizando para ello sus manos ayudadas por unas precarias herramientas. Pronto abandonó su lugar de origen para trasladarse al levante español, en concreto a Valencia, donde ingresó en la Escuela Oficial de Artes e Industrias, especializándose en escultura en la Escuela
Superior de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos. Compaginó sus estudios con el trabajo: primero, como aprendiz en el taller del imaginero Modesto Quiles; y más tarde, en el de los hermanos Sanchís-Lázaro en el que confeccionaba medallas. El año 1919 es decisivo para el joven fuentelespinero, pues ganó por oposición la beca que el Círculo de Bellas Artes de Valencia concedía para ir a estudiar a Madrid. Sería en esta metrópoli madrileña, núcleo del arte en todas sus modalidades, en donde Marco Pérez desarrolla y amplia toda su formación. Orienta sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando a la vez que cursa anatomía en la Facultad de Medicina, asignatura ésta que le proporcionó un profundo conocimiento de las formas del cuerpo humano que luego trasladaría a sus obras. Al mismo tiempo trabaja también en el taller de José Ortells López, que se erigirá en su maestro y con el que comienza a realizar las sus primeras grandes obras. Obras que atesoran el costumbrismo, la precisión en el detalle corporal y el clasicismo: naturalismo aprendido de su maestro. Además, fija su interés en otros dos escultores de la época que le causaron honda impresión: Victorio Macho (1887-1966) y Julio Antonio (1889-1919). Un año después, el Círculo de Bellas Artes de Valencia le renueva la beca al artista encomendándole que se eduque en los “arquetipos“ de la España de la época. Razón que le hace volver a conectar con su tierra natal, Cuenca. De sus excursiones por la provincia nos han quedado no pocos dibujos y esculturas de una gran calidad: “El teólogo de Uclés”, “La princesilla de la Hinojosa”,… que exhibirá con gran éxito de público en el Ateneo Conquense. La Diputación Provincial, en reconocimiento de su mérito, le sufraga un viaje de estudios a Italia. Su pasión por el Renacimiento, movimiento cultural desarrollado en el campo de las artes en Europa Occidental en los siglos XV y XVI, le lleva a viajar a Italia,(Roma, Florencia, Pisa, Padua, Siena, Bolonia, Venecia), lugar de nacimiento y desarrollo de este pensamiento ideológico, para conocer las grandes obras, que en aquel lugar germinaron. Su admiración se ve consolidada también por la escultura griega clásica, que ha sido considerada durante mucho tiempo la cuna del desarrollo del arte escultórico en la Antigua Grecia. Dos años después, la autoridad artística de Marco Pérez como escultor a nivel nacional, es incuestionable, siendo premiado con la Tercera Medalla en la bianual Exposición Nacional por su obra “El alma de Castilla es el silencio…Cuenca”, pequeño busto en bronce comprado por el Estado para el Museo de Arte Moderno y hoy en el Museo de Cuenca.
Fotografía: Julio Palencia
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Opinión Toda esta ilustración artística, tan atrayente, acumulada en su viaje, proporcionará al escultor el principio de su estilo propio, ostensible y notorio en su gran obra “Idilio Ibérico”, en el cual nos revela su enlace con el clasicismo mediterráneo ya retocado por las influencias de la obra de los creadores franceses August Rodin (1840-1917), y de Aristide Maillol (1861-1994), y por la que recibe su segunda medalla en la Exposición Nacional del año 1924. Hace un segundo viaje a Europa que aprovecha para visitar también los muesos de Austria, Alemania, y Francia. De regreso a España, se ubica en Cuenca, donde realizaría el monumento a los Soldados conquenses caídos en la guerra de África, tras ganar el concurso convocado por el ayuntamiento. Los años posteriores son de agudo trabajo, combinando sus creaciones con el realismo de la firmeza castellana y la perfección clásica del mediterráneo: realizando en 1925 la “Cabeza del ganchero” y la “Alegoría del Trabajo”; son fechados en el año 1930 dos virtuosas esculturas sobre un mismo tema, “El carnicero de Bocairente” o “Hachero”. Marco continuó su ascensión presentando en la Exposición Nacional de Bellas Artes del año 1926 la obra “El hombre de la Sierra”, donde obtiene la primera medalla. Esta pieza sería adquirida por el Estado con destino al Museo de Arte Moderno y cuyo vaciado se exhibe hoy en el parque de San Julián de Cuenca, - el original, fundido en bronce, se conserva en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. En esta obra el autor consigue reflejar el ser espiritual y el ser físico, es decir el alma y el cuerpo de los pastores y serranos de Cuenca. El primer encargo para la realización de sus muchos pasos para la Semana Santa de Cuenca, lo recibe en una comida que se da en su nombre en el Círculo de la Constancia (El Casino), el 28 de junio de 1926. Además, la corporación municipal tiene a bien nombrar a Luis Marco Pérez, hijo predilecto de la ciudad de Cuenca. Los éxitos profesionales se fueron entretejiendo con amargos sinsabores familiares: muertes sucesivas de sus hermanos Maximiliano, María, Gregorio, y la grave enfermedad de su padre; y con hondas satisfacciones íntimas: el 15 de enero de 1927 se casa con María del Carmen Sevillano López. Esta mujer habría de ser a partir de ese momento compañera y musa de nuestro conciudadano. Es nombrado profesor de la recién creada Escuela Provincial de Artes y Oficios de Cuenca, instalándose los recién casados en nuestra ciudad. En 1928 el Ayuntamiento de la capital le nombra escultor municipal, es en estos años, fruto de la producción que le obliga el cargo y de su particular iniciativa, cuando la obra de Marco Pérez crece y se afianza: los monumentos a los mecenas Don Lucas Aguirre y Doña Gregoria de la Cuba y Clemente, ambos en el Parque de san Julián en Cuenca; la restauración de la imagen de la Virgen de Tejeda dañada en el incendio de san Bartolomé de Moya, durante el Septenario de 1927; los primeros pasos procesionales de La Santa Cena, El Descendimiento y el Cristo agonizante, todos de una gran calidad pero que desgraciadamente desaparecerían en la última Guerra Civil; El pastor de la Huesas del Vasallo, hoy en la subida a las Casas Colgadas, frente al puente de san Pablo. Esta obra, junto con otros bronces, fue el motivo de que, por abrumadora mayoría, fuera galardonado con la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid en 1930. Es justo y necesario indicar que tan importante distinción la habían ganado hasta entonces sólo el escultor Mariano Benlliure y el pintor Eugenio Hermoso. Un hecho importante para Marco fue su nombramiento como profesor de la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Valladolid en el año 1932, donde entraría en contacto directo con la obra de los grandes imagineros barrocos castellanos. Conociendo de primera mano la expresividad, el realismo un tanto recio pero no vulgar ni morboso. Todos estos rasgos se pueden apreciar en las
esculturas de sus rostros, en la forma de destacar las partes más significativas y en los elementos que añade, dejando honda huella en su obra, conforme avanzaba su madurez artística, hasta llegar a mostrarnos la representación de la figura humanoide con una objetividad perfecta en todos sus aspectos, tanto en los más sublimes como en los más vulgares. Concierta su trabajo de profesor con la elaboración constante de su obra y la participación asidua como miembro del jurado de diversos concursos primorosos. Nuestro protagonista es un ser sereno y circunspecto que no le ayuda para que su obra sea conocida por la colectividad. A pesar de todo, su categoría resaltaba de tal forma que en enero de 1934 es elegido ilustrado de la Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid y en ese mismo año viaja por toda Europa y Egipto pensionado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. La inhumana Guerra Civil, que dividió a las dos Españas, cogió a nuestro virtuoso, de vacaciones en Valencia. Ante la imposibilidad de regresar a Valladolid, solicita del Ministerio su traslado provisional a la Escuela de Artes y Oficios de la capital del Turia. Finiquitada la contienda, Marco no regresa a su plaza de profesor en Valladolid, ya que había ganado el traslado a la Escuela Central de Artes y Oficios Artísticos de Madrid, período de 1940. A partir de este tiempo, la ocupación del escultor es incesante, centrándose en cincelar monumentos en honor de los vencedores de la guerra y en tallar numerosos pasos procesionales para Cuenca y Ciudad Real. Su trabajo es considerablemente reconocido, como lo señala el hecho de ser nombrando en 1943 Socio de Honor del Círculo de Bellas Artes de Madrid. En la década de los años cincuenta se centró en la obra de carácter religioso. De su taller madrileño salieron numerosísimas imágenes para iglesias, monasterios y hermandades de Cuenca, Madrid, Ciudad Real, Mota del Cuervo, Puertollano, Valencia, Valdepeñas, Tarancón, Fuentelespino de Moya, Avilés, Albacete, Elche, y otras muchas más localidades. Al ofrecerse completamente a estos encargos y su forma tan guardada de corresponder a los ambientes sociales y círculos artísticos, lo mantienen alejado del avance tan insondable que el universo del arte vivió en el último siglo del II milenio. Obligatoriamente, en determinado momento se pudo sentir hechizado por los acontecimientos atrevidos que imponían los rasgos del arte escultórico durante el siglo XX, que dejaba atrás los rasgos definitorios primordiales de la perdida de la condición figurativa. Y a través del amplio abanico de opciones abierto por las sucesivas vanguardias, busca la aproximación al concepto de obra de arte de cualquier objeto tridimensional convenientemente sometido a la acción o a la interpretación del creador. Pero un trabajo constante que le aseguraba su existencia, pudo más que su curiosidad por hallar nuevos caminos a la escultura. Únicamente su labor como imaginero se vio alterada por la elaboración de algún que otro encargo: obeliscos fúnebres para familias pudientes encantadas con su estilo o plafones ornamentales para destinos diversos. El reconocimiento del mundo artístico y pedagógico valenciano le vino a Marco Pérez en el año 1966, al ser nombrando Académico de la Real de Bellas Artes de san Carlos de Valencia, jubilándose ese mismo año de su actividad docente. El fallecimiento de su esposa María, producido en el año 1975, sumado a la artritis que padecía desde hace años, le obliga a quedar al cuidado personal y profesional de su discípulo José Rincón, quien le acompañaría hasta los últimos momentos de su vida. La bondad del escultor, su falta de interés personal, la enfermedad y los cambios en las modas artísticas ayudaron a que su taller
NAZARENA fuera perdiendo dinamismo, causando en Marco un cuadro de hundimiento que le llevó a rechazar ser elegido miembro de honor de la Academia Conquense de las Artes y las Letras. Siguieron llegándole reconocimientos a nuestro maestro, y así, en el año 1982, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid le concedía el premio “José González de la Peña, Barón de Forma” correspondiente a un escultor que no fuera académico de la madrileña. El premio económico que ascendía a seiscientas mil pesetas le auxilió y socorrió a Don Luis ayudándole a vivir en unos años donde los encargos no se sucedían. Vuelve a recibir otro reconocimiento meses más tarde, siendo elegido Académico de Honor de la Real de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. Todos estos reconocimientos merecidos no lograron alegrar la vida emocional y económica de Don Luis. Es más, la pobreza y la soledad aumentaron acompañándole hasta el final de sus días, hecho que ocurrió el 17 de enero de 1983. El sequito luctuoso lo componían: su sobrino Jaime Pérez García; su discípulo José Rincón, que nunca dejó plantado a su maestro; un puñado de amigos; y el padre Eusebio Gómez, que se encargó de rezar por el alma del difunto en el campo santo de Nuestra Señora de la Almudena de Madrid. El 20 de enero de ese mismo año, el entonces director del Mueso de Cuenca, Manuel Osuna Ruiz, solicita al Ministerio de Cultura que le sea concedida la Medalla al Mérito en las Bellas Artes en su categoría de plata. También, a propuesta de Manuel Osuna, las obras que se encontraban almacenadas en su taller de Madrid fueron consignadas al Museo de Cuenca. Lugar en el que durante algún tiempo pudieron contemplarse una amplia selección de las mismas, pero que, desgraciadamente, terminaron por retirarse a un almacén, condenando, de esta forma, al más absurdo de los ostracismos al insigne escultor conquense. TRASLADOS DE SU RESTO MORTALES A CUENCA. Si bien la muerte de Marco Pérez pasó un tanto inadvertida para las autoridades provinciales y locales de la época, no ocurrió lo mismo en el entorno nazareno de la ciudad: un grupo de nazarenos conquenses, la mayoría de ellos jóvenes, encabezados por la junta de diputación de la hermandad de Jesús de El Salvador, enterados de cómo se había despedido Don Luis de este mundo terrenal, se pusieron rápidamente a promover el traslado de los restos mortales a Cuenca. Muchos fueron los avatares y gestiones que hubo que realizar, en las que, de nuevo, resulto primordial la ayuda de Manuel Osuna. El día escogido para tan magno acontecimiento fue el 23 de febrero de 1985. Se programaron diez días donde numerosos actos cul-
Fotografía: José Andrés J. Castellanos
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turales recordarían la vida y obra del insigne escultor: conferencias; exposiciones con parte de su obra; y para finalizar un concierto de marchas procesionales. Los restos de Don Luis Marco Pérez fueron exhumados, de la fosa común donde se encontraban en la Almudena, dos días antes del día indicado para su homenaje y entierro en Cuenca. Y ese mismo día se trasladaron, en doble ataúd metálico y emplomado, hasta el depósito municipal de Cuenca, en donde permanecieron hasta el día señalado: el 23 de febrero de 1985, sábado. Esto se hizo en previsión de posibles problemas de última hora. Este asunto no se difundió ni trascendió en su día, aparentando en todo momento que el cortejo fúnebre llegaba directamente de Madrid el mismo día del entierro. Cosas de la puesta en escena, y que veintiocho años después pueden difundirse perfectamente como anécdota. Una vez ya en la Plaza Mayor, el féretro fue portado a hombros, por compañeros y discípulos de la Escuela de Artes y Oficios, desde los arcos del Ayuntamiento hasta la Iglesia Catedral Basílica, a la vez que era escoltado por todos los guiones de las hermandades de la Semana Santa de Cuenca que se inclinaban a su paso. A su entrada en la Catedral los restos mortales de Marco Pérez desfilaron delante de cada uno de los pasos que él había creado para la Semana Santa de Cuenca, que se encontraban expuestos en las naves catedralicias según el orden cronológico que se sucede en los días de desfile procesional, al mismo tiempo que el Coro del Conservatorio interpretaba el Miserere del maestro Pradas. El solemne funeral que sucedió a continuación fue oficiado por el Obispo de la diócesis, monseñor Guerra Campos, al que asistieron las autoridades civiles y eclesiásticas, sumándose también el orbe de la cultura conquense e infinidad de nazarenos de Cuenca. Finalizado el réquiem, el cuerpo de Marco Pérez, fue conducido hacia el cementerio de San Isidro de Arriba, portado ahora por los nazarenos de Cuenca. Nazarenos que, como signo de gratitud y reconocimiento, querían portar, a hombros, igual que a sus pasos, al genio y al alma mater que los había engendrado. El desfile fue guiado, hasta llegar al pequeño cementerio que vence y eleva a la Hoz del Júcar, por la Banda de Música de Cuenca, dirigida por D. Aurelio Fernández Cabrera, que interpretaba para la ocasión la marcha “Marco Pérez ha muerto” del compositor Alfonso Cabañas. Finalmente, los restos de Marco Pérez reposan definitivamente junto al cementerio de los canónigos, a la vera de otros insignes artistas conquenses: Federico Muelas y Fernando Zóbel. Un auténtico “Huerto del Señor” con frutos ilustres. Un lugar donde convendría escribir: “Un escultor de Cuenca, para toda España”.
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D. JOSÉ BENEDICTO SACRISTÁN Paisano de Don Luis Marco Pérez, José Benedicto Sacristán, amante de la Serranía Baja de Cuenca, se ha pasado su vida recopilando información sobre la comarca de Moya, y muy especialmente su pueblo: Fuentelespino. Municipios, personas, parajes,… todos han sido objeto de estudio y análisis por parte de nuestro amigo, y, cómo no, también lo fue la persona de Luis Marco Pérez por el que siempre ha demostrado una especial admiración. Muchas fueron las visitas que José realizó al taller que Don Luis disponía en la calle Serrano de Madrid, eso le permitió llevar a cabo una intensa labor de recopilación de datos sobre la vida y obra de nuestro genial escultor que, finalmente, culminaron en el magistral libro: “Vida y Obra del Escultor Luis Marco Pérez”. Publicación que editó sin ningún tipo de ayuda. A él también se debe la apertura de la exposición permanente sobre la obra de don Luis que podemos admirar en la localidad de Fuentelespino de Moya, para lo que contó con la inestimable colaboración de Vicente Salvador Linuesa Moragón, alcalde de la villa. En la actualidad, desde Valencia, nos cuenta y nos canta las glorias de su amada Serranía Baja.
D. JOSÉ RINCÓN GARCÍA D. José Rincón García fue la única persona que permaneció fiel al lado de su maestro Don Luis Marco Pérez, tanto en alegrías como en tristezas, en venturas como en desventuras, en salud como en enfermedad, en glorias como en necesidad, materializando la sólida lealtad que sólo un inseparable amigo es capaz de aportar. Anciano y enfermo D. Luis Marco Pérez, sería la artropatía artrítica la que finalmente le incapacitaría para seguir trabajando la madera, lo cual le ocasiona serios problemas económicos. Pero allí se encontraba José Rincón para que el maestro no cayera en las más absolutas de las indigencias. Y así hasta la muerte de Don Luis, ya que el propio José el que corriera con los costes del entierro. Fue una fría mañana invernal la que me llevó a recorrer las calles más castizas del viejo Madrid para llegar a conocer, personalmente y en nombre de la V. H. de Jesús Orando en el Huerto de S. Esteban, a Don José Rincón García. Con 84 años de edad, esta maravillosa persona me acogió rápida y cariñosamente en su casa, como es propio del mejor amigo que en vida tuvo D. Luis Marco Pérez. Mi alegría era de tal magnitud que rápidamente llamé a Valencia por teléfono a nuestro amigo D. José Benedicto Sacristán, con el fin de transmitirle mi sublime vivencia. La conversación que mantuvimos fue larga y sumamente interesante, centrándonos principalmente en la obra que Marco Pérez había realizado para nuestra Semana Grande. Era impresionante observar la cantidad de datos y anécdotas que Don José tiene de aquellos tiempos. Incluso me llegó a afirmar que había sido él mismo había restaurado alguno de nuestros pasos e imágenes: San Pedro Apóstol; El Prendimiento; y también nuestra querida Oración en el Huerto, tras la trágica caída que sufriría en la Plaza de San Andrés durante el desfile procesional del año 1966. Pero nuestra exquisita conversación no se limitó a la obra religiosa de Don Luis, sino que también comentamos las obras de carácter profano. Y así, José Rincón nos manifestó la importancia y relevancia de obras que como “El Pastor de las Huesas del Vasallo”, “El Hombre de la Sierra” o el “Macho Cabrío”, habían supuesto para el insigne escultor. Me cuenta también como el fallecimiento de Don Luis Marco Pérez le llevó a verse inmerso en un frenético e intensivo trabajo, cuya finalidad no era otra que la de culminar las obras que Don Luis había dejado inacabadas, ya que el taller, que Don Luis disponía en la calle Serrano de Madrid, tenía que verse desalojado en un plazo de tiempo inferior a un mes desde el día de su muerte, el 17 de Enero de 1983. Me despedí de él con un caluroso y emotivo abrazo, llevándome la sensación de haber vivido una de las experiencias más bonitas de mi vida, conocer y charlar con el que desde entonces considero mi gran amigo: Don José Rincón García.
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Marco Pérez muere en Madrid el 17 de enero de 1983. En 1.985 sus restos fueron trasladados a Cuenca, al Cementerio de San Isidro, tras un solemne funeral en la Catedral. Treinta años nos contemplan pues desde su fallecimiento. Los pasos de ‘La Virgen de las Angustias’, ‘San Juan Evangelista’, ‘Nuestro Padre Jesús Nazareno del Salvador’, ‘Jesús entrando en Jerusalén’, ‘San Juan Bautista’, ‘Ecce-Homo de San Andrés’, ‘Jesús de Medinaceli’, ‘Soledad del Puente’, ‘Cristo de Paz y Caridad’, ‘San Pedro’, ‘Cristo de los Espejos’, ‘El Descendimiento’, ‘La Exaltación’, ‘Cristo Yacente’, ‘La oración del Huerto de San Esteban’, ‘El beso de Judas’, ‘La Virgen de la Amargura con San Juan Apóstol’, ‘Jesús Amarrado a la columna’, ‘Jesús Caído’ y ‘La Verónica’, son la secuencia real de su quehacer escultórico en nuestra Semana Santa. La noticia de que se iban a celebrar una serie de actos de reconocimiento a Luis Marco Pérez, el singular y muy querido escultor de la Semana Santa de la ciudad, me llegaba por medio de una red social. Una de las Hermandades participantes en los desfiles procesionales, en concreto la de ‘Jesús Orando en el Huerto de San Esteban’, por medio de su Asociación Cultural, organizaba una conferencia-coloquio para el viernes 18 de enero en el salón de actos del Banco CCM, y se avisaba a los colegas de tal hecho. Unos días después, y por el mismo canal, Jorge Sánchez Albendea, Presidente de la Junta de Cofradías de la Semana Santa conquense nos daba la referencia de lo ya indicado a los medios de comunicación, invitando a nazarenos y simpatizantes a unirse y participar en otros actos, con la misma finalidad que el anterior, entre ellos una Misa en la Parroquia de San Esteban, y una conferencia sobre el quehacer escultórico del imaginero de Fuentelespino de Moya, a la que seguiría una ofrenda floral en su tumba en el Cementerio de San Isidro. La Conferencia coloquio en el Salón de actos del Banco CCM, llenó sus butacas de un público ávido de aumentar sus conocimientos sobre el genial escultor, estuvo moderada por José Miguel Carretero Escribano, conocedor a fondo sobre la escultura de los pasos de la Semana Santa de Cuenca, entre otras facetas de su amplio currículo. Contó con la participación de José Benedicto Sacristán, paisano de Marco Pérez, autor del libro “Vida y obra del Escultor Luis Marco Pérez”, en el que se recogen aspectos de la realidad vital del homenajea-
do; también con José Vicente Pérez de la Sierra, otro fuentelespinero, del que se nos leería una amplia carta de adhesión llena de matices intimistas sobre Luis Marco; otro participante en el coloquio fue el profesor Miguel Romero, que acercaría a los presentes al espacio social de la vida del artista, motivador de su quehacer escultórico. En la Mesa también estaba Carlos Julián Martínez, Licenciado en Historia del arte, otro estudioso del artista conquense, participante en la Comisión de Actos que en 1996 se hizo en Cuenca con motivo del Centenario del Nacimiento del escultor, quien señaló el camino creativo del escultor en función no solo del ámbito cultural de su tiempo y de las influencias artísticas recibidas, de dentro y fuera de España, sino de sus propias inquietudes; estaba Pedro Romero, componente de la delegación que se encargo de traer a Cuenca los restos del artista desde Madrid, y que nos dejaría su crónica resumida, pero detallada de la misma, hasta el Cementerio de San Isidro. El acto se iniciaba con la proyección de un vídeo con imágenes inéditas del escultor y finalizaba con otro sobre los pasos del escultor en los desfiles procesionales de la ciudad. No faltaron los obsequios de agradecimiento de la Hermandad a los diferentes participantes en la Mesa Coloquio, quienes pedían a las instituciones de quien ello dependa, la recuperación de la Sala que en el Museo arqueológico conquense existía de la obra escultórica de Luis Marco Pérez. La Semana finalizaba con otros actos homenaje organizados por la Junta de Cofradías en el 30 aniversario de su muerte del escultor fuentelespinero. A las 11 de la mañana del sábado 19 y en el Salón de Actos del edificio del Museo de la Semana Santa, sede de la citada Junta, tenía lugar ante un numerosísimo público la conferencia de José Miguel Carretero sobre el imaginero conquense. Extraordinaria fue sin dudar su exposición, en la que hizo el repaso de la vida y obra del imaginero conquense, uniendo detalles puntuales al quehacer de su obra escultórica religiosa y civil, con el apoyo fotográfico preciso para así hacer más didáctica su disertación en la que no faltaron apostillas personales matizando aquello de lo que estaba contando. Fue extensamente aplaudido. Se cerraba la mañana, por cierto que algo ventosa, fría y a ratos lluviosa, con la ofrenda floral emotiva e íntima en la tumba del escultor, arriba en el Cementerio de San Isidro.
Fotografía: José Andrés J. Castellanos
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Fotografía: Enrique Martínez Gil
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“Ángel en Procesión” José Diego G. Mercader
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Hermandades
Por Julio César Rodríguez García y Andrés Álvarez Vicente Comisarios de la Exposición
En un país, como es este nuestro, en el que el abandono de tradiciones seculares parece ser el santo y seña de una, muchas veces, mal entendida y rancia bandera de falsa modernidad, no deja de ser paradójico y ejemplar el hecho de que un grupo de treinta y siete fotógrafos, procedentes de muy diversos puntos de la geografía española, hayan puesto sus cámaras y su buen hacer al servicio del engrandecimiento y la exaltación de una de las tradiciones más bellas y con mayor carga de sentimiento de cuantas tienen lugar en un incontable número de poblaciones españolas; la celebración de la Semana Santa. Treinta y siete magos de la luz, que lejos de ser fotógrafos unidireccionales, sí que han tenido a bien sin embargo, abandonar momentáneamente otras disciplinas fotográficas parra fijar sus objetivos en tan solemne y fascinante celebración, y a través de su propia y personal percepción, transmitirnos en ochenta y cuatro instantáneas los momentos más íntimos, más bellos, más sentidos y, en muchas ocasiones, más desapercibidos de éste ritual que se repite en los albores de cada nueva primavera, dando con ello su personal interpretación de una
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Carlos González Jiménez
tradición anclada en la religiosidad popular, y dejando un testimonio no verbal para generaciones futuras.
trasciende de las fronteras españolas para mostrarnos la obra de autores procedentes del otro lado del Atlántico.
Pero si bien las imágenes fotográficas son siempre una manera de historiar la realidad y la cotidianeidad, no es menos cierto que los trabajos que ahora nos presentan estos fotógrafos no se conforman con cumplir con la mera misión de dar testimonio, de relatarnos unos hechos, sino que pretenden, y tal vez lo consigan, transmitirnos los sentimientos y las vivencias de sus autores, la forma de interpretar de sus creadores. Esto no es nada extraño si tenemos en cuenta que a todos ellos les unen dos pasiones comunes: la fotografía, y como no, la Semana Santa, algo que queda patente en la condición de cofrade de la mayor parte de ellos.
“Una tradición en imágenes” es el segundo punto de encuentro de un puñado de fotógrafos que han querido plasmar en ésta muestra sus inquietudes fotográficas y su amor común por una manifestación religiosa de tanta plasticidad y belleza como es la celebración popular de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Su primer lugar común fue la página de Internet www.flickr.com en la que, durante los últimos años, dentro del grupo “Fotografía Artística Cofrade”, han venido compartiendo ideas, vivencias, conocimientos y trabajos, y gracias a lo cual hoy se pueden sentir orgullosos de mostrar ante ustedes un compendio de imágenes contundente, rotundo, diverso, y lo que es más importante, sentido, muy sentido.
Lo que hoy tenemos ante nuestros ojos es una extensa colección de ochenta y cuatro secuencias, repleta de matices, una colección unida por el nexo común de la Semana de Pasión, pero separada también por la diferente forma de “ver” de los fotógrafos participantes, y por las particularidades diferenciadoras de las distintas celebraciones de Semana Santa que en ella se ven representadas. Algo que hace que la exposición “Una tradición en imágenes” sea una muestra coral, múltiple, variada y muy rica en contenido y matices, hasta tal punto que la colección
Tras su paso por varias ciudades españolas de gran tradición semanasantera, la muestra llega a su octava edición en Cuenca, de la mano de la Venerable Hermandad del Santísimo Cristo de la Luz. Nuestra Semana Santa está representada por tres obras del fotógrafo local Diego Castillejo Arana. La exposición podrá ser visitada entre los días 22 de febrero y 10 de marzo en los salones del Palacio de la Diputación Provincial.
Hablan HABLANlas LASHermandades HERMANDADES
“Buena Luz” Víctor Olivencia
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Crónica del XXV Aniversario de la Fundación de la Vble. Hdad. del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo
Fotografía: Diego Castillejo
Por la Comisión Organizador a de los Actos
Hablan las Hermandades
Fotografía: Enrique Buendía
Fotografía: J.L. Sánchez
El veinticinco aniversario de la fundación de la Venerable Hermandad del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo reafirmó los años de esfuerzo, de sentimiento y de fe que esta hermandad transmite en la Semana Santa de Cuenca. Presentando un diverso programa de actos y cultos, supo expresar el compromiso de los hermanos que participaron y organizaron las variadas actividades que se propusieron en el aniversario, y de los numerosos conquenses que compartieron con la hermandad su conmemoración. Principió la memoria del aniversario la Solemne Función Religiosa que esta hermandad celebra en la Solemnidad del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo, domingo posterior a la Epifanía; presidida por el obispo de la diócesis, los hermanos renovaron las promesas bautismales en un acto de adhesión a la fe que los une bajo la advocación de San Juan bautizando a Jesús. Ya entrados en la preparación cuaresmal, el Museo de la Semana Santa albergó la exposición bajo el título de ’Un solo Bautismo’ en la que, además de mostrar los principales documentos fundacionales y su historia, se mostraron las primeras imágenes con las que esta hermandad desfiló en la ciudad durante sus primeros diez años y que venera actualmente en la Iglesia de San Román, obra del conquense Vicente Marín Morte. Acompañaba a la historia de la hermandad un audiovisual que daba a conocer imágenes inéditas de sus orígenes. Completó la exposición una sala dedicada al sacramento del Bautismo, con diversos objetos litúrgicos propios del sacramento, un relicario con agua del Jordán propiedad de un hermano, y dos vitrinas en las que se podían observar los libros bautismales de mayor antigüedad de nuestra diócesis junto con los de la sede canónica de la hermandad, la parroquia de San Pedro. La Banda de la Escuela Municipal de Música de ‘Las Mesas’, banda que ostenta el título de Hermana Mayor de esta hermandad desde el año 2006, desempeñó un papel destacable en la conmemoración de este aniversario con su participación en el concierto de marchas procesionales que se celebró en la iglesia de San Miguel el día 10 de marzo; se estrenó la marcha ‘Hermanos del Bautismo’, adaptación que Fernando Ugeda, director de la banda, hizo de la composición de entrada bajo esa denominación, que D. José López Calvo realizó para la liturgia que se celebraría en la Catedral la víspera del V Domingo de Cuaresma. Las primeras disposiciones que se encauzaron para la celebración del aniversario de la hermandad marcaron la línea esencial de esta conmemoración con el acrecentamiento del
culto a nuestro misterio devocional; así, y en aras de las imágenes titulares, se le encargó a D. José López Calvo ‘Bautismo de Jesús’, Misa para orquesta y coro mixto bajo el rito castellano, cuya composición musical le correspondió al citado maestro y la letra a D. José María Yanguas Sanz, obispo de nuestra diócesis. La interpretación musical corrió a cargo de la Joven Orquesta de Cuenca y la coral, del Orfeón de la Mancha de Albacete, ambos bajo la dirección de Fernando Ugeda. En la víspera del V Domingo de Cuaresma, en el solemne besapié a la imagen de Nuestro Señor Jesucristo que tradicionalmente celebra la hermandad, la Misa compuesta para el veinticinco aniversario se escuchó por primera vez. Las imágenes titulares fueron trasladadas en parihuelas a hombros por sus banceros a la S.I. Catedral B.; durante la terna anterior a la conmemoración, y ante el altar de San Julián, se celebró el triduo preparatorio con misas aplicadas a los hermanos difuntos de esta hermandad. La Santa Misa, en el Altar Mayor con las imágenes del Bautismo de Nuestro Señor dispuestas en un lateral, fue presidida por D. José María Yanguas Sanz; durante la celebración, el prelado diocesano bendijo las potencias que la imagen de Jesucristo portaba. Estas potencias, cinceladas en plata de ley sobredorada por David Fernández bajo propio diseño, fueron donadas por tres familias de la hermandad para esta conmemoración, tras aprobación en su junta para el besapié; según acuerdo de la última Junta General, serán colocadas también en dicha imagen para los desfiles procesionales a partir del año 2013. Culminó la celebración con el besapié al Señor y el traslado de regreso de las imágenes a la parroquia de San Pedro. Con una notable participación de hermanos y devotos, se inició el cortejo desde la Catedral, bajo los compases de ‘Bautizando a Jesús’ interpretado por la Banda de la Escuela Municipal de Música de Las Mesas, que aguardaba en la Plaza Mayor en su totalidad y que acompañó a su hermandad hasta su sede canónica. Y si el culto a las imágenes titulares marcó uno de los ejes del aniversario, otra de las líneas que definieron su esencia fue el desarrollo de actividades que cooperasen con la obra social de la Iglesia, celebrándose así una cena benéfica a favor de MANOS UNIDAS que congregó en el Parador Nacional de Turismo de la ciudad a numerosos asistentes bajo la misma propuesta de colaboración con los más necesitados, como puesta en práctica del concepto mismo de hermandad. El Martes Santo la hermandad recorrió las calles de Cuenca; eran ya veinticinco los años de vida de hermandad y su des-
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Fotografía: A. Garrote
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Fotografía: Enrique Buendía
file daba muestras de ese trabajo desarrollado por los hermanos que, siendo jóvenes en esos inicios, siguen avivando esa misma fuerza de entonces. Las antiguas imágenes talladas por Marín fueron las protagonistas en la Misa de acción de gracias celebrada en la parroquia de San Román a finales del mes de octubre, dando fin a este aniversario en la Función Religiosa de este año con un reconocimiento a los hermanos fundadores que establecieron los cimientos de esta venerable hermandad y que, veinticinco años después de aquel 8 de noviembre de 1987, continúan
siendo parte activa, con banzo o tulipa, de capataz, o llevando de la mano a jóvenes hermanos que comparten con ellos su misma sangre y su misma fe. Este veinticinco aniversario ha sido un paso más que engrandece la pequeña historia de la hermandad, porque fueron importantes los esfuerzos de los hermanos que participaron activamente para que esta celebración se llevara a cabo, bien con su trabajo, bien con su asistencia; y siempre bajo el impulso de mostrar el sentimiento en nuestra fe que más profundamente nos une a los conquenses: nuestra Semana Santa.
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Hablan las Hermandades
Visita de la Hermandad del Stmo. Ecce Homo de San Miguel de Cuenca al Ecce Homo de Balmaseda (Vizcaya)
Por Fr ancisco Javier Campillo Garrote y R afael Pérez Caballero (Vicesecretario y secretario de la Vble. Hdad. del Stmo. Ecce Homo de San Miguel)
Hace más de dos años que empezamos a oír las primeras noticias sobre un Ecce Homo parecido al nuestro. Ya José Miguel Carretero Escribano en el lejano año 1998, en el magnífico libro “Cristo de la Agonía” editado por la hermandad y con motivo del Cincuentenario de la talla de su espléndido Cristo, en el capítulo relativo a Federico Coullaut-Valera apuntaba los primeros datos: “..la tarjeta de presentación conquense de Federico Coullaut-Valera fue nada menos que el impresionante Ecce-Homo de San Miguel, el cual estrenó en la Semana Santa de 1941. Estoy convencido de que esta escultura procesional, desde el principio muy valorada en Cuenca, está elaborada por Federico a partir de trabajos de su padre Lorenzo. Y lo escribo con la certeza de haber visto una ilustración de éste publicada en una revista de años antes de la guerra civil española consistente en una figura de la cual nuestro Ecce-Homo es una reproducción prácticamente exacta, incluida su cara, postura y los colores de la imagen hasta pequeños detalles..”, se lamentaba nuestro hermano José Miguel de no haber podido recuperar esa revista que sería una prueba documental extraordinaria. Ese fue un primer dato. Después, con la nuevas tecnologías como internet comenzamos a ver fotografías del Ecce Homo de Balmaseda, ¿cómo es posible que en tantos años no se hubiese tenido constancia de este hecho?. Surgieron preguntas e inquietudes, deseos de viajar para verlo en persona. Y así desde varios hermanos de la hermandad se apuntó la idea de poder organizar algún viaje o excursión a aquellas tierras vizcaínas para ver, in situ, frente a frente, al otro Ecce Homo, que llevaba allí nada menos que desde el año 1922 cuando Lorenzo Coullaut-Valera lo tallara. Coullaut-Valera “padre”, como se especificaba en los antiguos catálogos de arte para diferenciarlo del nuestro, de CoullautValera “hijo”. Ya dentro de la hermandad fuimos perfilando el posible viaje a Balmaseda. Comenzaron los primeros contactos vía teléfono por parte del hermano Felipe Page con nuestra, amiga ya, Paloma Sañudo Orizaola, responsable del Museo de Historia de Balmaseda que nos animó incansablemente. Ella sería nuestro primer contacto en Balmaseda.
Ya estaba decidido. La hermandad organizaría un viaje para ver aquel Ecce Homo que ya era mítico para nosotros. Las fechas, tras darles muchas vueltas quedaron fijadas; para el Puente del Día del Pilar, en octubre. Antes, en la semana previa a la Semana Santa del pasado año y en el periódico número especial de Semana Santa de El Día de Cuenca de nuevo José Miguel Carretero volvía a escribir sobre los Coullaut. Sus vidas, sus obras, las visitas de Federico Coullaut a Cuenca, la amistad que unió a sus familias, con Miguel Carretero y Félix Blasco (el Ecce Homo de San Miguel, de Federico, pero rehecho de su padre) decía. Y el descubrimiento de nuevas pruebas, foto incluida de aquel Ecce Homo de Lorenzo Coullaut sin policromar del año 1922. Se tituló el artículo “Dos Ecce Homos” y ese artículo nos gustó tanto que fue uno de los regalos que dejamos en aquel antiguo Convento de Santa Clara. Pero sigamos por orden. Finalizó la Semana Santa 2012, con tantas incertidumbres al mirar a los cielos grises de esa semana. Pasó el Miércoles Santo, ese que trajo del cielo, el nerviosismo a todos con la lluvia que comenzó a caer a la hora de empezar la procesión, cuando los hermanos del Huerto asomaron la oliva a la Plaza de San Esteban. Siete de la tarde, y a los veinte minutos cesó, dejándonos vivir y sentir una magnífica noche del Silencio, que terminó para nosotros a las 3,40 horas del ya Jueves Santo dentro de San Andrés. El mes de septiembre nos metió en preparativos de viaje. Reservas de hoteles, programa de las visitas, etc. Así en el día de la Festividad de Nuestra Señora, la Virgen del Pilar, un pequeño grupo de hermanos y hermanas del Ecce Homo, diecinueve en total y acompañados por nuestro amigo Rodrigo Merchante, Vicesecretario de la Junta de Cofradías de Cuenca, nos levantamos muy pronto para coger la carretera dirección Burgos, no sin antes compartir entre todos, y a escote, como decimos por aquí, reponedores almuerzos en ruta, pues el camino es largo y el cuerpo hay que cuidarlo. Burgos fue nuestra primera estación. No de penitencia, sino de contemplación de su belleza monumental, castellana vieja, bajo las torres de su Catedral, con recuerdos del Cid. Allí recuperamos fuerzas.
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Seguimos camino de Bilbao, contemplando en el dvd del autocar numerosos videos de nuestra Semana Santa que con acierto se llevó de Cuenca Paco Campillo. Procesiones varias, nuestras bajadas a San Miguel, etc. Esa misma tarde llegamos a la capital vizcaína y nos alojamos en su casco viejo, muy cerca de la ría del Nervión. El sábado, después de descansar nos pusimos en camino hacia Balmaseda para contemplar el Ecce Homo, el objetivo de nuestro viaje. Balmaseda no está lejos de Bilbao. Apenas 30 kilómetros la separan. Es una villa preciosa. En la comarca de las Encartaciones. Nos recibió con una estupenda mañana de octubre soleada y recogida en su valle entre montañas, alfombradas de árboles, en medio de una naturaleza bellísima. Balmaseda atravesada por el Cadagua, el río donde se alza su magnífico puente románico de la Muza o Puente Viejo, que es la puerta por donde se entraba desde la época medieval. Nada más bajar del autocar ya nos estaba esperando Paloma Sañudo. Fue una extraordinaria guía, enseguida su simpatía se ganó a nuestro grupo y nos fue explicando los distintos monumentos y calles de camino al antiguo Convento de Santa Clara. Antiguo Convento de Santa Clara. En su iglesia se encuentra el Centro de Interpretación de la Pasión Viviente de Balmaseda y es la sede de la Asociación Vía Crucis Viviente de Balmaseda. Allí se encuentra su Ecce Homo (y desde ese día también un poco el nuestro) y un gran Museo con una exposición permanente que recoge todos los aspectos de la Pasión que cada año se representa en esta villa; trajes, corazas de romanos, fotos y videos de su gran representación viviente. Porque para los balmasedanos la Pasión es lo máximo y la miman y la ensayan durante todo el año. La Pasión de Balmaseda se remonta a 1770 y es una representación que atrae numeroso
público a esa localidad, cerca de 800 vecinos participan en la Pasión Viviente. Cuando atravesamos la puerta del Convento allí nos estaban esperando David Barrutia, que es el responsable del Centro junto a José Ángel Ramón, a la sazón director artístico del Vía Crucis y Ángel Jorge que nos acogieron como si estuviésemos en nuestra casa. Se puede decir que, tras las presentaciones junto a Paloma nos fuimos todos buscando a su Ecce Homo. Y allí lo encontramos, en una esquina del templo. Literalmente nos lanzamos todos para verlo de cerca. Incluso habían tenido un gran detalle retirando un cordón que lo protege de los visitantes para que lo viéramos desde todos los ángulos posibles. Estaba sobre una peana muy parecida a la del nuestro. Fue impresionante verlo. Y reconocemos que nos emocionamos. Nosotros que, sin ánimo de presunción, conocemos bastante bien los numerosos detalles de nuestro Ecce Homo, recorrimos con los ojos maravillados aquel despliegue de músculos y pliegues, con su espalda más que lacerada, con una caña en la mano. Fue como si contemplásemos una orografía que nos era conocida, pero a la vez extraña. Comparábamos sus detalles con los del nuestro. Allí estábamos al final todos juntos, los de Balmaseda y los de Cuenca. Unidos después de tantos años separados no por kilómetros, sino por el desconocimiento mutuo. Enseguida desplegamos uno de los reposteros de la hermandad para unirnos un poco más, colocándolo a los pies de aquella impresionante figura. Cuantas veces al limpiar nuestra talla, al ponerle el cordón dorado, al colocarle con mimo las espinas habíamos tenido tan cerca el Ecce Homo como tan cerca tuvimos aquella mañana al Ecce Homo de Balmaseda. Lo sentimos un poco nuestro. Nos pareció que cerrábamos un círculo. Una larga cadena con eslabones gastados ya por el tiempo con origen en 1922 y que pasaba desde nuestro escultor Federico, a su padre Lorenzo y
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cumplíamos con el deber de unir su Ecce Homo de 1922 con el conquense de 1941 muchos años después. Nos llamó la atención ver aquella talla que apenas tenía brillos ni barnices, como si la escultura se encontrase en su estado puro, madera y policromía, sin sustancias extrañas. Su cabeza con espinas “fijas”, su cabeza con un ligero giro distinto y la firma en la parte trasera (Lorenzo Coullaut Valera 1922). Contando con la infinita paciencia de nuestros anfitriones, después de numerosas fotografías junto a la talla pasamos a seguir la explicación del museo y la Pasión de Balmaseda. Después llegó el momento de intercambiar regalos. Ellos nos obsequiaron con libros y Dvd de su Pasión. Nosotros llevamos una fotografía enmarcada de nuestro Ecce Homo sobre sus andas, con la Catedral de Cuenca de fondo, para que vieran y entendieran un poco como son los banceros en Cuenca y la forma de llevar los pasos. Además del libro con la historia de nuestra hermandad y el ejemplar del periódico con el artículo de José Miguel Carretero. En la puerta del Centro conocimos a varios actores de la Pasión de Balmaseda que vinieron a saludarnos. Ellos interpretarán este año 2013 algunos de los principales papeles en su representación anual, se encontraban en pleno ensayo, el Jesús; Mikel Goikoextea, María Magdalena; Aída Orrantia y el San Juan en la piel de Juan Ramón González. Allí Paloma nos contó un poco la historia de su Ecce Homo. Como fue encargado por una familia particular, los Zulaika Taramona, afincada en Balmaseda conservando la imagen en su casa particular donde al parecer tenía una pequeña capilla. Durante décadas lo sacaban de la casa para desfilar en Semana Santa. Con el tiempo el Ecce Homo fue cedido en depósito al Convento de Santa Clara, cuidado con esmero por sus monjas (nos recordó cuando las monjas nuestras, las Angélicas de la calle de San Pedro y las Concepcionistas de la Puerta de Valencia cuidaron del nues-
tro durante varios años). Cuando las monjas dejaron el Convento en 1985 el Ecce Homo pasó durante algún tiempo a la iglesia del Sagrado Corazón y después al Museo de Historia de Balmaseda para llegar al Centro de Interpretación de la Pasión. Supimos que el Ecce Homo de Balmaseda procesiona el Jueves Santo por la tarde en la llamada Procesión de los Pasos y el Viernes Santo en la Procesión del Entierro sobre unas andas de madera portado por seis nazarenos siendo escoltado junto a los demás pasos por la guardia romana del Vía Crucis Viviente de Balmaseda. Después pasamos toda la mañana recorriendo la villa de Balmaseda. Calles estrechas, medievales, plagadas de historia. Visitamos el Museo de Historia y degustamos en sus calles sus famosas “pucheras ferroviarias” deliciosas judías que son la herencia del pasado ferroviario de esa villa. Tras despedirnos de Paloma, con la promesa de que vengan algún día a Cuenca para ver nuestro Ecce Homo nos fuimos a comer y por la tarde regresamos a Bilbao disfrutando de una espléndida tarde en la capital vizcaína. Unos al Guggenheim, otros a ver el Museo de Pasos de Bilbao, que tiene una Semana Santa de las más importantes del norte y otros sencillamente a callejear. Al día siguiente de nuevo nos pusimos en camino vía Aranda de Duero en dirección a Cuenca. Cansados por esos breves e intensos días pero creemos que felices por haber compartido unas horas de hermandad entre todos. Volvimos con la sensación de haber cubierto, al menos, una página de la pequeña historia de nuestra hermandad, y de haber agradecido así, un poco, todo lo que le debemos a Federico Coullaut-Valera, pues de sus extraordinarias manos y de las de su padre Lorenzo tenemos hoy lo que tenemos, la venerada talla del Ecce Homo de San Miguel. Finalizando una historia que comenzó en 1922 y sigue cada año, cuando sacamos al Señor en procesión para dar testimonio de nuestra fe por las calles de Cuenca. Gracias Lorenzo y Gracias Federico.
Fotografía: Enrique Solera
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Jn, 15:12 Por Paloma Armero Santos El cumplimiento de cinco siglos de historia de la Hermandad de San Juan Evangelista de Huete, podía ser el acontecimiento que origina la posibilidad de llevar a cabo un hermanamiento entre la misma y nuestra hermandad en Cuenca. Un fin común para ambas: veneración, culto y devoción al discípulo amado San Juan Evangelista. Así y por esta celebración se inician los pasos y trabajos adecuados para que todo ello surta efecto. Ante la propuesta de la Junta de Diputación en la reunión ordinaria celebrada en Domingo de Resurrección, todos los hermanos acogieron la propuesta con gran ilusión y por aquel entonces comenzaron a establecerse lazos con los hermanos optenses, los cuales también apostaron por un trabajo conjunto. Se creó para tal fin una comisión de hermanamiento entre miembros de las dos hermandades, cuyo duro trabajo durante todo este año ha hecho posible la organización de los todos los actos. El primero de todos ellos y quizás el más emotivo para los hermanos de San Juan Evangelista de Cuenca era la presencia en la procesión de nuestros hermanos juanistas de Huete acompañando a nuestra Imagen en el gélido amanecer de Viernes Santo con estandartes y cetros. Pero ello no fue posible; se vió truncado por la nieve y lluvia. Entre lágrimas y abrazos quedó quebrada la ilusión por recorrer juntos el camino al lado del Apóstol Juan, arropados por el calor “del Jesús” y de Su Madre Soledad de San Agustín. Estampas granates, moradas y verdes en la parroquia de El Salvador, respirando la nostalgia de que después de un largo año de espera, no podíamos desfilar. Pero las inclemencias meteorológicas no impidieron que siguiéramos trabajándola unísono por realizar el resto de actos en este año de hermanamiento con más empeño si cabe aún.
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Con la llegada del mes de mayo y con ella la festividad de San Juan Ante Portam Latinan proseguimos las andadas con la bendición de la imagen de San Juan Evangelista en Huete restaurada por el Sevillano Fernando Aguado en celebración de una misa solemne en la que se llevo a cabo el acto del hermanamiento mediante la firma de actas, quedando reflejado la participación de nuestra hermandad en la procesión de San Juan en el barrio de Atienza , y de la suya en la madrugada de cada Viernes Santo por las calles de Cuenca. El Sábado 12 de Mayo, con un sol radiante sobre la ciudad de Huete iluminando a San Juan, tenía lugar la procesión desde la Iglesia de San Nicolás de Medina portada por los tunos y con un bamboleo característico que simbolizaba el fervor y la alegría de todos sus hermanos y los que en el desfile de sus quinientos años de hermandad le acompañábamos; varias de diferentes localidades de la provincia, de la comunidad, y de nuestra Semana Santa la Vble. Hdad. de Ntra. Sra. De la Amargura con San Juan Apóstol y La Vble. Hdad. de San Juan Apóstol y Evangelista. Entre “vivas”, poesías, dichos, marchas… San Juan recorría las calles del Barrio de Atienza parando en sus altares preparados para el efecto. Y alardeado por esos vítores, ensalzando de manera popular la vida del discípulo. Todos los forasteros quedando atónitos y perplejos ante la muestra de pasión y devoción a su patrón. Siendo conscientes de que aunque viven el fervor y culto de una manera muy diferente a la nuestra, siempre con una misma finalidad. Han sido muy diversos los actos que acontecidos en conmemoración de este V centenario por los hermanos de Huete tales como conferencias enmarcadas dentro del programa de la Diputación Encuentros con la provincia, conciertos, exposiciones o actos religiosos; que todos ellos promueven la difusión del patrimonio histórico, cultural y religioso de su ciudad. Sin duda y como culminación a un año posiblemente inolvidable por los hechos acontecidos para los juanistas celebramos el día 27 de Diciembre, festividad de San Juan Evangelista, en la parroquia de El Salvador la función religiosa siendo presidida por nuestro consiliario D. Santos Saiz Gómez concelebrando además de sacerdotes vinculados de una u otra manera con Huete y San Juan, D. Fernando León Cordente, D. Eduardo Saiz Lara y D. Juan Antonio González Caballero, a los que la hermandad agradece sinceramente su colaboración. Finalizando la misma con un besa pie al titular. A la espera quedará el próximo Viernes Santo el recorrer por las calles de Cuenca con la agradable compañía de nuestros hermanos en la procesión, esperando que sientan el calor de la unión hacia una misma pasión. No podemos culminar la crónica de este hermanamiento sin dar las gracias a todas las personas que han hecho posible la preparación y puesta en marcha de cada una de las celebraciones, aquellos que con su humilde colaboración hacen que día a día crezcan los lazos fraternos entre hermanos por el amor al discípulo amado.
Fotografía: José Luis García
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Or ación en el Huerto Por José Miguel Carretero Escribano Al resguardo del levante, remetido en las roqueras faldas del Socorro, sobrevive el olivar de “El Quinto”, cuidadísimo y limpio. Te conmueves al volver a pisar su tierra santa, recién amanecido el sábado de Pasión. Hachuelo en mano, el viejo hortelano dirige el rito: señala las ramas y cómo y por dónde cortarlas. Sueña su juventud, cuando las cargaba en el humilde carro hasta acercarlas a “San Francisco”. De su huerto. Para su Huerto. Y tú recuerdas, himno hecho versos, el poema insuperable: “… Trescientos años su oliva más blanca, Señor, te ofrendan…”. … En el templo la luz se filtra por los vitrales polícromos. Subido a las andas, alta planicie cual sobre acantilado, trabajas con unción y soltura. Pedro, Santiago y Juan siguen dormidos según las Escrituras; los rodeas sin despertarlos. Sorteadas las magnas alas, abiertas en abrazo, contemplas cara a cara al Ángel, ni hombre ni mujer, que así lo quiso Marco, con la faz femenil de sus Pomonas, pero los brazos fuertes de un varón atleta. Rezas y rozas al Señor con tus manos. Y
con ellas colocas, una a una, las ramas frescas en el recio troncón, hasta armar una oliva tremenda, como un amparo esbelto, lustroso y cimbreante, que luego, en la calle, habrá de pregonar la escena… … Expectante, la media tarde del Miércoles Santo marca tu momento. Nervioso y decidido, te revistes con la túnica recién planchada; el capuz albo y purísimo toma su forma recubriendo ese cartón añejo milagrosamente salvo de incruentas lides y con resecas huellas de sudor. Acaricias las cuentas del rosario heredado y lo anudas a la cintura del cordón, largo como tus piernas. En un instante repasas todo un año, la vida entera. Y sales de tu lar hacia el altar. Por los caminos de Cuenca te unes a tus hermanos. Brillan los ojos de ilusiones y esperanzas… … Ya laten los tambores prologales. Restallan desafíos las horquillas y a su ritmo y compás el Paso avanza, como labrando surcos por el que fuese Campo. Leal custodia, se estiran y recrecen
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a su vera dos inmensas hileras nazarenas. De la mano los niños, aprendiendo. Los cereros a tope de faena. Al pie de Tiradores, llegados al introito de la Hoz, un cofrade veterano susurra su consejo al capataz. Y allí se para al Huerto en mutua ofrenda. El cielo va tornando del azul al morado mientras la Procesión, cruzado el Huécar, zigzaguea cuestas buscando las esquinas del Peso, acrópolis arriba…
todo la bajada se abre ante ti un horizonte llano, devastador, interminable. Toca sufrir aún más. Ya no estás para estéticos deleites. Entrando en Carretería, el Paso y el mundo se te vienen encima. Piensas entonces en los banceros de antaño, de cara retostada, encallecidas manos y ademán orgulloso: Hortelanos de Cuenca. Y por ellos, y por Él, sacas la casta. Casi no ves doblar el Jardinillo, dejándote el alma en el postrer esfuerzo…
… Bajo la luna rotunda, ante la Catedral, una Plaza repleta acoge a Dios y al hombre. Como un mar bíblico, erizado y ruidoso, el gentío se abre, partido en dos, dando paso al Misterio que reclama su senda del retorno. Conforme el Huerto se acerca a la pétrea frontera de los Arcos, te preparas, bien sabedor del trance. De golpe sube un palmo la altura de tu banzo cuando suena y resuena, puntual y hoy triunfante, la marcha sempiterna tantas veces sentida y presentida. Más que nunca te vienen a la mente y al corazón tus ancestros, que contigo siempre van, están y son. Y lloras como un niño; como un hombre… … Pasó el Miserere verde oliva, verde hiedra; hirieron las agudas trompetas rasgando el aire desde el Escardillo y la vieja Audiencia. El refrior del Júcar se cuela y cala por la revuelta de la Trinidad. Hace ya que Mangana dio las doce. Y cumplida del
… Es Domingo de Pascua, suave y apacible. Hasta el olivar llegan ecos campaniles de Gloria, remezclados con trinos de mirlos y jilgueros. La mañana es un estallido de luz clara, de flor sencilla, de imparable Primavera. Pero tú, sin remedio, ya sientes la nostalgia por lo recién vivido. En silencio acompañas al viejo hortelano pastoreando sus dominios: él con su azada, tú con el escabillo, de efímero ayudante. Te mira y te consuela: “Fue buena esta Semana Santa”. Asientes, escuchándole añadir: “Y será bueno este año para el huerto… si Dios quiere”. Agachando su rugosa frente hacia la mollar tierra, la observa con esmero. Y despacioso, retoma su tarea de humilde magisterio, de nobleza perenne. Como Dios manda. En acción de gracias. Es su mejor manera de rezar.
Fotografía: Antonio Abarca
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Vble. Hdad. de Ntr a. Sr a. de la Soledad Del Puente
Por Rocío Burgos Álvaro Sangre derramada cual lágrima de amargura solitaria. Perdón infinito, a la traición imperdonable del discípulo. Silencio sordo y desesperado, ante la muerte del Mesías esperado. Soledad siniestra y dolorosa, en un amanecer tibio y sombrío. Dolor…dolor ante la tortura, tus manos atadas a esa columna, tu espalda flagelada, tu cabeza coronada por esas punzantes espinas. Bondad…bondad en tus ojos, ojos implorantes por nuestra salvación, tus manos clavadas a ese madero que se lleva tu vida por delante. L a nada, el no existir, ese último suspiro de agonía ante la destructora, ante la muerte. El destino, cruel y trágico para los hombres, ahora nos recibe como un amigo. Tragedia, drama, infierno abrasador que los hombres ya no temen. Pecado aniquilado por tu buena obra, por tu divino perdón. La piedra, roca eterna que sustenta tu Iglesia. Roca amable y generosa, dura y fuerte que sujeta los cimientos de tu creación. Una ciudad de piedra, de leyenda y mito, donde el transcurrir de la historia, del tiempo, ha creado una fortaleza imponente. Cuenca, ciudad de piedra y forja, de callejuelas interminables, de pasadizos donde se esconde el misterio y el secreto, donde se labran historias y leyendas. Ciudad de casas colgadas con sus ventanas en forja. Forja de negro azabache, como la pena que recorre al penitente, como las promesas que nunca se cumplieron, como la culpa que persiguió a Judas por entregar al Cristo. Y es que el tiempo no se detiene jamás, nunca nos espera, todo regresa, todo vuelve al principio del fin; camina salvando senderos inescrutables, siendo protagonista en un hermoso guión no escrito jamás. Poco a poco…llegando de nuevo a nuestros corazones, labrándose en nuestro interior, despertando la preciosa armonía cuyos suaves matices solíamos saborear.
Hielo abrasador desgarra el alma de la primavera que se estremece en mil movimientos de obras jamás compuestas, nunca plasmadas en la lánguida partitura de tu bondad. Misere mei Deus, secundum magnam, misericordiam tuam… Despertar, renacer como ese árbol triste y seco de esa curva allá en la fuente del Escardillo. El frío suelo, el camino interminable, espera ese lento trascurrir de nazarenos, penitentes todos ellos. Radiante tu luz, resplandor de esperanza, en ese cielo nublado y cubierto de las nubes espesas y atormentadas que es el alma del ser humano. Lento golpear de las horquillas contra la piedra, contra el Cristo. Un golpe sordo, dos…tus manos sujetas a un tortuoso madero con clavos sin piedad, la misma que tú tenías con nosotros, aquella que realmente no merecíamos…pero eras Tú. El tañido de la campana, Cristal vibrante de esperanza. Roto sollozo, Que corta el cálido silencio. Calles sin alma, Sombras tristes del ayer. Tu mirada en el azul, Pálida angustia en la tarde. Y era miércoles, Miércoles Santo de pasión. De repente, sólo había silencio, pues ya era demasiado tarde para implorar el perdón. Judas cambiaría al buen Jesús por treinta ruines monedas. El oro, la perdición del ser humano, el deseo irreprimible de tener más y más, el olvido de la humanidad que hay en nosotros, la desesperanza del Bien, el acercamiento al cruel egoísmo y vanidad. Porque quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta. Pan partido y compartido, discípulos conocedores de la Verdad. Verdad infinita, de amor eterno en la inmensidad. Vino carmesí, símbolo de la sangre a derramar. Judas, discípulo infiel, un beso a su maestro ofrece, Señal inequívoca de lo que estaba por suceder. Negación de Pedro, el gallo cantaba tres veces. Su fe iba a ser piedra de este mundo. El Cristo había sido prendido, sus ropas habían repartido. La codicia brillaba en los ojos de sus maquiavélicos guardias. ¡Oh Ecce homo, cómo brilla esa luna inmensa y llena! ¡Oh noche, de cielo estrellado entre dos imponentes hoces! Como vestido, tan sólo una capa color grana; tu corona. Rey del Mundo, era una corona de espinas; tu cetro, una caña recogida de la ribera del río Júcar…Tú. Lágrimas de sangre bañaban tu rostro, los conquenses se estremecían ante tu serenidad, las sombras jugaban y bailaban a tu alrededor, la cera de las velas, amarillenta y triste, caía lánguida en la piedra. Las piedras del río lloraban ante la tragedia, la pérdida de la razón
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NAZARENA de este mundo, la bondad que transmitía y se colaba en los palpitantes corazones apesadumbrados llenos de dolor, pero también, de ansias de libertad, de perdón. Ecce-Homo de San Miguel, Tu mirada evoca el final. Caminante solitario, Entre esas interminables calles solemnes. Ojos, mirad por última vez, Lágrimas llorad por ese Edén Perdido entre tanta desolación Y pecado sin dueño. ¡Oh, tristeza oscura y tenebrosa, Tu Hijo amado se encamina al Gólgota, Estrellas no brilléis en incandescente luz, Pues el Cristo, llega a esa cruz! Amargura, dolor y compasión…anhelo, soledad, fantasmas del Maligno que me persiguen en un sinfín de colores sobre esa piedra, ya fría y dura, áspera y erosionada. Colores de amor puro y sincero, de morado dolor callado y ya sereno, de blanco luto, de tristeza ya callada y misericordiosa. Resplandor anunciado por las trompetas de los ángeles firmes y seguras, discípulo que te acompaña en esas amargas lágrimas; Juan, inocente y compasivo hombre, pilar que sostienes a la Madre en este tiempo de final, en esta obra cruenta y dolorosa que se lleva al bien amado Hijo con su padre, Padre Celestial, Rey de los Cielos. El sol se pone en una tarde de jueves santo. Cielo añil, naranja, rosados, violeta y morado. Cae el sol, tan solo queda esa sonrisa anaranjada en un cielo que poco a poco se ensombrece. La tarde, el fin de un día, la vida se escapa de manos de ese Cristo que ha sido torturado y entregado por el pueblo, comparado con un cruel criminal… ¡A Barrabás! Ascensión al cielo, esa plaza Mayor, ese rincón escondite de emociones y sensaciones, de contemplación y fascinación ante el Mesías, el hijo del hombre, nuestra salvación. El Cristo de las Misericordias, ese Cristo que acompañaba a los condenados a su inevitable muerte. Madera y policromía, donde la esencia de la bondad pervive, la misericordia, la piedad. Vuelve a sonar la campana, la piedra tiembla. Susurro callado de desesperanza ante lo inevitable, sensación de angustia, prisionero de una columna que retiene sus manos, tan pulcras antaño y, tan destrozadas y débiles ante el látigo que lo doblega. Luces de abril, Amoroso renacer de la vida. Poncio Pilato, Tu cobardía se llevó al hijo amado. Cristo flagelado y amarrado A una columna de dura piedra y estaño. Jesús con la caña, Envuelto en carmesí grana. Ecce Homo de San Gil, compasiva mirada hacia el pálido cielo añil. ¡Oh Cristo auxiliado por un bondadoso cirineo! Auxilio, pedían tus ojos; tu rostro ya había quedado enmarcado en ese pañuelo inmaculado; tu paso, ya era lento y desgastado, como la piedra pulida y cansada, que murmura en silencio por su ancianidad. Pies descalzos sobre la cortante piedra, Recónditos escondites de hiedra, Recorres en tu lento caminar… Soledad del Puente, madre dolorosa que acompañas el caminar de ese hijo, de ese niño Jesús que ya se hizo hombre. Puente que cruzas ese río de lágrimas, ese valle de dolor y amargura que fue tu vida. Tu mirada vuelve atrás, todo vuelve a ti. Y la palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros. La nada, lo indeterminado, el miedo, la inseguridad… La muerte, no es nada sino parte de la vida, esa vida a la que Tú diste sentido. Madrugada…madrugada de negro terciopelo, de morado pasión. El silencio es rasgado como si mil cristales cayeran sobre ese suelo de piedra triste. Inmortal acuarela, nazarenos alzan su mirada al infinito cielo de la noche, pálido y sereno, como si las propias estrellas estuvieran de duelo. Desgarrador látigo es el clarín, cruel sonido de trompeta desafinada que escarnece al Cristo cabizbajo y abatido, caminar lento y pe-
sado… Sentimiento de tragedia quema en el aire como ácida hiel. Lento retumbar del tambor, repetitiva salmodia, escalofrío recorre al turbo pues sus ojos se han encontrado con los del Cristo, su corazón late con el ronco tambor… Sólida puerta de emociones que te abres al rayar ese alba que implica el último día… Piedra que plantaste cara al correr de los tiempos, que viste todo secreto en una ciudad de majestad, que formaste parte de cerros y montañas, que te viste desgastada y solitaria. Jesús de las Seis, tu cruz sobre tu hombro llevas. Cirineo, amigo y discípulo que te acompaña a ese monte imponente de la bella ciudad, Gólgota conquense es. Palma al viento, recuerdos de ese Domingo de Ramos ya tan lejano; San Juan, el Evangelista, te acompaña a tu destino. Dolor de amor, de perdón y temor, la madre dolorosa bajo el negro palio, llora sola y en silencio. Dorados reflejos en tu corazón, corazón rasgado por un puñal certero y mortal. Soledad en la madrugada, destellos de oro le acompañan. Llora la vela derretida de amargura, en esa tulipa titilante de misterio. Martillo y yunque te acompañarán, en este momento de final. ¡Oh, lágrima de cristal, que en tu mejilla tímida resbala! Un golpe, dos…las manos del Cristo son clavadas en ese madero cruel con esos clavos de oxidado hierro. A tu lado, dos vulgares ladrones; mas nunca podrán compararte con ellos. Tú, Suprema Bondad, fuente de perdón sin fin…Tú, amor eterno, que repartes la buena nueva entre los hombres. La tarde…sol brillante sobre cielo azul, suaves pinceladas de añil. El Cristo agoniza lentamente mientras la tarde cae temblorosa y queda. Sus ojos no tienen ya expresión alguna, sólo se refleja su figura en los espejos dorados de esa cruz que ya forma parte del monte vivo y renacido por la primavera. La Madre y el discípulo, están al pie de la cruz. Hay silencio, se oye el correr del viento y hasta las aguas del Huécar y el Júcar, se han detenido para esperar una señal, la muerte, tal vez. Costado sangrante, una lanza su huella ha dejado. Ojos serenos y límpidos son los de ese Cristo que sólo perdona y esboza una tímida sonrisa que puede al más insoportable de los dolores. Y la piedra tiembla, se estremece de dolor y pérdida. Macabro cuadro, trágica acuarela, desolado poema, amarga melodía. Las piedras lloran, el corazón de ese Cristo ha dejado de latir, la nada gana espacio, la desesperanza no abandona nuestra alma. Cristo yacente es llorado por sus discípulos. Su cuerpo, lánguido e inerte, recorre las calles de esa ciudad entre hoces. Ahora, sólo se sucede el llanto y se alza la vista a ese monte en el que un día, tres cruces coronaron la puesta de sol. Ahora, se alza la cruz desnuda, despojada de su esencia de tortura, símbolo del cristiano. Y al tercer día resucitó de entre los muertos. ¡Oh, alba esplendorosa! ¡Oh, amanecer de los tiempos que vuelves en este día en que Cristo ha vencido a la muerte! La piedra yace serena y tranquila sobre ese suelo, sobre ese monte, sobre esa ciudad que tal vez, un día vio en sus calles el perdón, el dolor, la pérdida, la angustia, la soledad, la agonía… Piedra, fuerte, dura y amable, que sostienes década tras década, siglo tras siglo, milenio tras milenio, esa Iglesia que Tú construiste un día. Ciudad de hierro en las ventanas de un alma embrujada de misterio y pasión, de tulipas encendidas por esas callejuelas, de despertar en la primavera, de misereres en San Felipe… Ciudad de Cuenca.
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A Paco Zafr a
Por Antonio Abarca Contrer as. Representante del Huerto de San Antón en la Junta de Cofr adías
A ti Señor Jesús te digo que abras bien los brazos porque hacia Ti se encamina un nazareno de Cuenca, uno de los nuestros; uno de los tuyos; uno de los grandes, de los MÁS GRANDES: Paco Zafra. Y para tratar de entender su marcha, para tratar de aceptar lo injusta que es esta vida e intentar encontrarle un sentido a esta sin razón, no me queda otra que encomendarme con todas mis fuerzas, con toda mi alma y toda mi fe a la oración más bella que, en tu paso por este mundo, Tú nos enseñaste y que tantas veces pronunciamos sin darnos cuenta del verdadero sentido y significado que conllevan sus palabras: “…hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo,…”. Y a ellas tengo que aferrarme para para tratar de enjugar la rabia que me produce la pérdida de un amigo, de un hermano nazareno,… De un “hombre bueno” en el más amplio y justo sentido de la expresión: nunca un mal gesto; jamás un enfado ni una palabra más alta que otra,… Siempre y para todos, tenía una sonrisa. Abre bien los brazos, Padre, porque para participar en tu Procesión en el Cielo acude un hombre enamorado de los suyos, diligente y voluntarioso en el trabajo y ferviente nazareno de la Semana Santa de Cuenca, en la que creía como pocos y por la que trabajó como nadie. Y en esa Procesión Celestial, en la que sin duda alguna participan todos los insignes nazarenos de Cuenca que han partido ya de este terrenal mundo, guarda para él un puesto de honor porque, Paco, es de los buenos.
Hermano practicante y activo de muchas cofradías, siempre mostró una especial sensibilidad por el “Huerto de San Antón”, al que cuidaba, mimaba y amaba con todo su ser. Amor que le ha llevado a portarlo y conducirlo, como buen puntal, por las calles de su ciudad: bastaba un gesto, una indicación para que Paco, echándose el paso al hombro, recondujera la situación. Y amor que ha sabido transmitir a sus hijos, familiares y amigos, cumpliendo, de esta forma, con la finalidad y el mandamiento principal de todo buen nazareno que se precie se serlo. Abre bien los brazos, Dios, y acógelo para darle cobijo a tu vera, al lado de los santos, de los justos y de los bienaventurados que ya disfrutan del descanso eterno y de la Gloria de Tu Reino, porque Paco, de verdad, se lo merece… Y para nosotros, para los que nos hemos quedado aquí huérfanos de su amistad y compañía, permite que en nuestros momentos de oración, encontremos también al Ángel de la Pasión. Aquel Ángel confortador y de igual forma que hizo con tu Hijo reconfortándolo en los instantes aciagos que estaba viviendo, y del mismo modo, en su cáliz redentor, nos dé a beber los muchos y buenos recuerdos que Paco nos dejó, para que nos sirvan de consuelo y nos den fortaleza en los muchos momentos amargos que vamos a vivir en esta próxima Semana Santa echándole de menos. Paco, descansa en paz.
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Fotografía: Enrique Martínez Gil Fotografía: José Andrés J. Castellanos
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FotografĂa: Diego Castillejo Arana
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Investigación
Coullaut-Valer a o la expresión de la iconogr afía monumentalizada Por José Fr ancisco López Martínez. Cartagena El pasado 25 de abril hubiera cumplido cien años el escultor Federico Coullaut-Valera (Madrid, 1912 – La Granja de San Ildefonso (Segovia), 1989). Se ha cumplido, por tanto, un centenario que ha pasado prácticamente desapercibido, y que demuestra el olvido en el que se va sumiendo la figura de un escultor que tan sólo es recordado, de manera muy parcial, limitada y localista, por los vínculos emocionales que la tradición ha conseguido establecer en aquellos lugares donde siguen saliendo en procesión sus imágenes religiosas en madera policromada. Pero la obra de Coullaut-Valera rebasa con mucho los límites, en demasiadas ocasiones, encorsetados del encargo de imaginería procesional; y conforme se ahonda en el conocimiento de su trayectoria va creciendo el convencimiento de que aún pudieran haber sido mayores sus logros artísticos si no hubiese estado sometido a las limitaciones impuestas por el encargo. No pretendo realizar un exhaustivo recorrido por la trayectoria vital y artística de Federico Coullaut-Valera, mucho me-
nos en unas páginas editadas en Cuenca, donde su obra ha sido cumplidamente registrada por José Miguel Carretero, sin duda el mayor conocedor de la estirpe familiar y artística de los Coullaut. Creo, no obstante, que para poder formarnos una opinión fundada sobre su obra debemos tener en cuenta el contexto artístico y social en el que se desenvolvió el trabajo del artista, así como el destino, naturaleza y condiciones de los distintos encargos. La circunstancia de aprender el oficio de la mano de su padre, el cotizado escultor Lorenzo Coullaut Valera, y el prematuro fallecimiento del mismo, empujarían al que ya era un prometedor artista a responsabilizarse de la terminación de algunos proyectos paternos, estableciéndose así una dedicación al encargo monumental que definiría no sólo su producción destinada a emblemáticos monumentos urbanos sino, en gran medida, toda su creación escultórica, con independencia del género y la temática.
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El Arquero
Resulta muy significativo que su primera obra, con la que se reivindicaba como joven escultor – salvando la temprana Mater Salvatoris - fuera el Arquero presentado en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1932, y a propósito de la cual Antonio Méndez Casal comentaba en ABC que el joven artista Federico Coullaut cultivaba el tipo de escultura heroica, “obra briosa a trozos”. 1 Es imposible, contemplando este Arquero de Federico Coullaut, sustraerse a la evocación de la famosa escultura de Antoine Bourdelle Heracles arquero, presentada en el Salón de la Sociedad Nacional de las Bellas Artes de París, en 1910. Esta obra del discípulo de Rodin tuvo una gran difusión internacional, siendo posible encontrar numerosos ejemplares en colecciones públicas y privadas. En general, la obra de Bourdelle ejerció una gran influencia sobre las generaciones de escultores posteriores a Rodin, estableciendo un interés renovado hacia la figuración clásica, conjugado con un declarado sentido de la monumentalidad, de plasmación de la energía contenida y desarrollada por el cuerpo humano, motivo de representación fundamental. Las referencias a los modelos escultóricos del arcaísmo griego, con su reducción de las formas a las líneas y volúmenes más esenciales, marcarían el alejamiento de las morbideces modernistas y prepararían la evolución hacia un decorativismo de nuevo cuño, basado en las formas rotundas,
Aparición a la Magdalena
Sagrado Corazón
volúmenes limpios y las superficies pulidas de ecos metálicos que caracterizarían, ya a finales de la década de 1920 y durante los años 30 y 40, el denominado “art dèco”. La nueva figuración depurada, grandilocuente, dio lugar a un tipo de escultura heroica, muy del gusto de los poderes desbordantes en aquellos años, ya se tratase de la exaltación aria nazi, de la propaganda socialista soviética, el lenguaje fascista o el poder del gran capital financiero. De este modo, si el Arquero de 1932 cabe incluirlo en esa corriente de clasicismo heroico, en una obra que casi se puede considerar un ejercicio académico sobre el desarrollo muscular del cuerpo humano en tensión, la lógica inquietud del joven escultor le llevaría en esos primeros años a experimentar nuevas propuestas. De entre estas obras que quedarían como raros experimentos en su producción y que nos avisan de lo que podría haber alcanzado si no se hubiese sometido a los dictados del trabajo por encargo, destaca su singular Sagrado Corazón de Jesús realizado en 1940 para la iglesia de los Salesianos de Mohernando (Guadalajara). Es ésta una escultura sorprendente en la creación de quien destacaría, entre otras cosas, por su gran producción relativa a la iconografía del Sagrado Corazón de Jesús, siempre dentro de unos cánones clásicos tradicionales.
Boceto Verónica de Cartagena
Investigación
El Prendimiento (Horihuela)
Es cierto que existía el gran precedente, enorme, del colosal Cristo Redentor, erigido en Río de Janeiro en 1931, y que está considerado como la escultura art dèco más grande del mundo. La obra de Coullaut para Mohernando va más allá en el uso de una composición simétrica, un punto de vista frontal y una formalidad angulosa, robótica, que la emparenta con el decorativismo al uso en los proyectos visionarios de la arquitectura de cristal o la iconografía de fábulas futuristas como la Metrópolis de Fritz Lang. Pero la realidad se impone, y el joven escultor tendría que abandonar pronto sus experimentaciones formales para responder a la ingente demanda de imaginería religiosa que la destrucción de la guerra civil y las nuevas circunstancias político – sociales habían generado. No significa esto que Federico Coullaut-Valera vaya a renunciar a un lenguaje propio, sino que, como decíamos al principio, va a trasladar también al género de la imaginería procesional su sentido monumental de la figuración, prestando poca atención a detallismos que no cuadran con su expresividad de grandes volúmenes. Si realmente tuvo alguna influencia en su formación la obra de Antoine Bourdelle, convendría tener presente el ideario del célebre escultor francés, quien recomendaba a sus discípulos de L´Académie de la Grande Chaumière no copiar con exactitud la realidad material, pero sí el espíritu: “Decir el espíritu de todo, he aquí la finalidad del arte; hay que copiar el espíritu y traducir la letra”. 2 Lo de mostrar el espíritu parece especialmente adecuado para el arte religioso. Y a la hora de representar la imagen sagrada, ¿cuál era el espíritu, la idea que Coullaut-Valera querría mostrar? Comentábamos el referente de la figuración clásica griega en la nueva figuración depurada del primer tercio del siglo XX, y de nuevo Bourdelle evocaba la influencia de la idea de grandeza divina que se desprendía de la contemplación de las imágenes colosales, como el Zeus del santuario de Olimpia, en aquellos artistas bizantinos que representaron a Cristo en majestad bajo el arco triunfal de los ábsides… Si no la proporción colosal – presente en un buen número de sus obras – si un tamaño ligeramente mayor al natural y siempre un aire de monumentalidad, catalizador de la idea de grandeza, está presente en la imaginería religiosa de Coullaut-Valera, Favorecida por una
ejecución de la escultura en madera que, en buen número de ocasiones, se diría más propia de la escultura en piedra, lejos del detalle minucioso. Una vez más, sorprende que, tras algunas intervenciones de restauración o copia fiel de imagen destruida, sea un enorme grupo escultórico la carta de presentación de Coullaut-Valera en el terreno tan comprometido de la imaginería procesional. En 1942 gana la Medalla de Oro en la II Exposición Nacional de Estampas de la Pasión, con el grupo de El Prendimiento, que ejecutaría para las procesiones de Orihuela. Es éste un grupo portentoso, tanto por lo monumental de sus soluciones formales como por su elaborada y acertadísima composición. Se ha señalado su relación con la obra homónima de Salzillo, pero, asumiendo la centralidad en ambos grupos de la imagen de Cristo, y la simultaneidad de la subescena de la cólera de San Pedro espada en mano contra el sayón Malco, poco más se puede encontrar en común entre ambas creaciones. Collaut-Valera destaca, en una posición ligeramente elevada del terreno, la imagen de Cristo, que acrecienta su divinidad en la contraposición de su firmeza sosegada de “noble sencillez y serena grandeza” – los caracteres que Winckelmann señalaba como definitorios del espíritu clásico en la escultura de la antigua Grecia – con la agitación, violencia, miedo, hostilidad o desolación que se desarrollan alrededor, funcionando como el eje firme de un agitado torbellino de pasiones desatadas. Como buen grupo procesional, ofrece multitud de puntos de vista, que pueden entenderse también como el desarrollo de una secuencia a medida que el conjunto desfila ante el espectador o éste evoluciona en derredor del mismo. Y todo ello sin esfuerzo, puesto que son los distintos protagonistas los que salen al encuentro del espectador, en una composición centrífuga perfectamente compensada. Los grandes planos, la atención imprescindible a los rasgos esenciales, claramente dibujados, la escasa atención a los detalles de primorosas calidades, se complementan con el exacerbado desarrollo de los amplios pliegues de paños, en unas sucesiones de volúmenes que adquieren valores expresionistas, utilizados como un recurso expresivo.
1. ABC Sevilla, 11/06/1932, p. 7. 2. “ On vous dira, artistes, que tout le beau n´est pas dans la copie exacte de la vie; cela est vrai pour la part positive de la vie mais il y a la part d ´esprit! Dire l ´esprit de tout, voilà le but de l ´art; il faut copier l ´esprit et traduire la lettre. Après avoir imité de très près l ´aspect positif des êtres, des choses, pour en rendre plus frappant l ´esprit, interprétez les formes. C ´est là que l ´art naît.” BOURDELLE, A., Cours & Leçons à L´Académie de la Grande Chaumière. Paris, 2007, p.61.
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Ilustraciones de Emilio Freixas
Hay una cierta exageración plástica de volúmenes, gestos y actitudes, encaminada a la total asimilación del mensaje en el tiempo fugaz en que el grupo procesional pasa ante nuestros ojos. Se asume la máxima de la cultura griega del kalos kai agathos, es decir, la asimilación de la belleza con el bien, la virtud, la verdad, de tal manera que cuanto más abyecto sea un personaje, más grotesco y atormentado será representado; así queda patente en la representación con rostro casi de fauno salvaje de un Judas con los músculos en tensión reconcentrada, surcados por prominentes venas y envueltos en agitados y pesados volúmenes de paños atormentados. Se revela, por tanto, Coullaut-Valera como un gran escenógrafo, un gran componedor de escenas teatrales susceptibles de ser asimiladas rápidamente, en toda su variedad, desde todos los puntos de vista. A ello contribuye la claridad del trazo lineal de grandes volúmenes precisos, perfectamente delimitados por la línea y el color, como en el trabajo de un dibujante preparado para colorear, conjugando los llenos y los vacíos, el silencio abrumador y la expresión desatada, manteniendo un difícil equilibrio compositivo. Y es que, contemplando muchas de las obras de imaginería procesional de Coullaut-Valera se diría que son el resultado lógico de la transposición al volumen escultórico de los trazos sobre papel de dibujantes contemporáneos de su creación, como Emilio Freixas, autores de las ilustraciones de exitosas historias de cómic en la España de posguerra, protagonizadas por musculosos héroes como el Capitán Misterio. No es de extrañar, puesto que ambos campos de creación participan de los mismos objetivos en cuanto a la necesidad de contar lo más con lo menos y en el menor espacio físico y temporal posible, con un lenguaje asequible al gran público. A idénticos objetivos, idénticos recursos. Dibujantes como Freixas ilustraban historias en ediciones económicas, accesibles al escaso poder adquisitivo de la clientela del quiosco. Es lo que, en el ámbito norteamericano se denominó cultura pulp – novelas pulp, pulp fiction - y sobre la que Fernando Savater ha comentado que “se centra en la acción misma y hace poco hincapié en los resortes que la mueven o los supone elementales: da prioridad al qué y aún más al cómo sobre el por qué, gusta de colores vivos, especias fuertes, ritmo ágil, y prefiere la exhibición muscular al análisis emotivo”. 3 Pero, ¿acaso estamos calificando la imaginería procesional de Coullaut-Valera de escultura pulp? No, no se trata de eso. Los grupos procesionales de Coullaut-Valera no son en absoluto escenas simples, vacías de espíritu. Pero, al igual que los grandes imagineros del Barroco utilizaron las referencias a los recursos teatrales 3. SAVATER, F.: Misterio, emoción y riesgo: sobre libros y películas de aventuras. Barcelona, 2008.
Detalles de El Prendimiento
de su época, en los años cuarenta y cincuenta del siglo XX un escultor imaginero con una especial habilidad para la concepción de grupos escultóricos eficaces se sirve de algunos de los recursos del medio de comunicación visual y literaria de mayor éxito en su época para asegurar la consecución de los objetivos marcados por el condicionante del encargo. Y esta asimilación de recursos no tiene siquiera por qué ser un trasvase deliberado de medios expresivos de una técnica artística a otra, sino la consecuencia lógica de participar de un mismo ambiente cultural y estético en el que se integran de manera similar. La persistencia de esa escultura heroica en España quedaría ejemplarizada en sus años finales con la erección del monumental Valle de los Caídos, en el que también participaría Coullaut-Valera con una serie de relieves mucho menos convencionales que sus imágenes procesionales, pero partícipes también de los mismos recursos de monumentalidad y claridad de volúmenes. La importancia del dibujo en la obra de Coullaut-Valera se muestra de manera gráfica en una interesante fotografía en la que el artista aparece creando el volumen tridimensional de lo que podría ser la cabeza de su monumental Corazón de Jesús para el monte Urgull, en San Sebastián, sólo con hilos de alambre: dibujando en el espacio. Ese papel determinante del dibujo volumétrico aparece evidente en el desarrollo escultórico de sus perfectos y claramente definidos estudios anatómicos. También el anteriormente mencionado dibujante Emilio Freixas desarrolló un método de estudio para la representación de la figura humana en el dibujo, con especial atención a la figura masculina en acción, el deporte, pero también la imagen sagrada o la representación de heroicos personajes de siglos pasados. Son numerosas las similitudes entre muchas de las famosas láminas de Freixas y ciertas esculturas, sagradas o profanas, de Coullaut-Valera. Así pues, en su primera gran obra de imaginería procesional, El Prendimiento para Orihuela, Coullaut desarrolla ya todos los recursos estéticos y compositivos que caracterizarán su obra, obteniendo el inmediato éxito popular y el reconocimiento oficial de la Medalla de Oro. Los años inmediatamente siguientes a ese su primer gran éxito serían de gran actividad, promovida por la ingente demanda de escultura religiosa para la reconstrucción del patrimonio perdido durante el conflicto bélico. Resulta sintomático observar la progresiva depuración formal en su escultura, el cada vez mayor sosiego en sus composiciones a medida que el paso de los años vaya reduciendo la urgencia de los encargos, favoreciendo obras menos “militantes” y puede que más meditadas y menos declamatorias.
Investigación Esta evolución es especialmente evidente al comparar las diferentes versiones que realizaría del tema de la Oración en el Huerto. Tras la versión primera, en la que realiza una traducción a su lenguaje formal de la concepción salzillesca de la escena, con un tímido ángel confortador que señala a Cristo el cáliz de la Pasión (Hellín, 1943), pronto elaborará un esquema propio, de feliz resultado, de relación entre las imágenes de Jesús y el ángel, nada etéreo, que enarbola el cáliz como un trofeo, orlado por unas pesadas alas estilizadas que prácticamente lo presentan como el emblema de un escudo oficial (Úbeda, 1946 / Orihuela, 1949). Las versiones realizadas en la década de los sesenta para Almería y Cuenca nos muestran una clara evolución hacia la dulcificación del ángel y la continuidad suave de la línea que relaciona los dos personajes, culminando, sin duda, en la versión realizada para Cuenca. El grupo de la Oración en el Huerto realizado para la procesión conquense de Paz y Caridad, constituye el ejercicio más depurado en toda la serie del escultor, en el que consigue contar más con menos. De entrada, se reduce a lo esencial, la representación de las imágenes de Cristo orante y el ángel portador del cáliz de la Pasión, prescindiendo de los apóstoles durmientes. Pero no hallamos aquí el aire declamatorio de la expresión angustiada en la imagen de Cristo, que se nos muestra con la expresión contenida del dolor concentrada en el rostro sereno. Tampoco el ángel es ya un macizo monumento oficial orlado por pesadas alas cuasi heráldicas, sino que, sin perder la firmeza del trazo en sus volúmenes, se nos ofrece como una escultura mucho más delicada, un ser realmente asexuado, en pose clásica y delicadamente heroica, que ya no levanta el cáliz como un trofeo sino que sujeta delicadamente un cáliz que parece flotar. Toda la composición parece articularse desde el cáliz, que funciona a modo de nudo de líneas de continuidad en el espacio, enlazando efectivamente las dos imágenes en un sugerente tiempo místico. La habilidad compositiva de Coullaut-Valera se había vuelto a demostrar en su grupo de la Oración en el Huerto para Úbeda, donde establece claramente dos ámbitos diferenciados utilizando casi a modo de biombo las voluminosas alas del ángel, apoyado por la evocación paisajística que sugiere la inclusión de un olivo natural. Similar solución evocadora del escenario natural sería incluida en su grupo de la Aparición a Santa María Magdalena, a petición de los cofrades cartageneros, que deseaban darle un aspecto más airoso al trono procesional mediante la inclusión de un arbolito de laurel. En este grupo realizado para la Cofradía del Resucitado de Cartagena en 1948, el escultor adelanta alguno de los recursos de composición más simplificada que caracterizarán sus obras más logradas. Las imágenes de Jesús y la Magdalena reinterpretan el tema del Noli me tangere, usando de nuevo Coullaut el recurso Oración del Huerto (Úbeda)
Oración del Huerto (Hellín)
de la contraposición, tanto en cuanto al carácter y ademán de los personajes -triunfal firmeza de Cristo frente al pasmo y esperanza de la Magdalena- como en el juego de líneas y vectores contrapuestos que equilibran dinámicamente la escena, al modo de dos tiradores enfrentados en la misma cuerda. El grupo quedó a la entera satisfacción de los cofrades, transformándose el laurel inicial en poblado limonero que, junto al exorno floral, consigue crear la sugestión del escenario natural transfigurado en una suerte de huerto místico vivificado por la aparición del Resucitado hasta convertirse en promesa de Paraíso. En este caso, como en otros, traducido al lenguaje del arte contemporáneo casi podríamos hablar de una instalación, convertida en performance en su deambular por el escenario urbano, cuando no en efímero happening con la animada participación de los espectadores. Paralelamente a la realización del grupo de la Aparición a la Magdalena para la joven Cofradía del Resucitado, Coullaut acometió otra empresa de más riesgo al ejecutar el grupo de la Verónica para la antigua Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, los populares Marrajos. Lo comprometido de la empresa venía representado por ser un encargo realizado en contra del criterio de la dirección de la Cofradía, que había confiado la recuperación y engrandecimiento de su patrimonio imaginero al consagrado escultor José Capuz, quien consiguió dotar a los cortejos procesionales de los Marrajos de un aire de unidad y coherencia de lenguaje formal. Teniendo en cuenta lo anterior, la circunstancia de compartir escena con uno de los más importantes escultores del momento debió constituir para Coullaut-Valera un estimulante reto, del que lograría salir airoso sin renunciar a su estilo personal. Concibe Coullaut-Valera un grupo que representa a la mujer Verónica en el momento posterior a haber enjugado el rostro de Cristo en la calle de la Amargura, mientras el Cirineo ayuda a levantar el pesado madero. De nuevo aparece Cristo como el centro y el eje de la composición, y de nuevo se produce el diálogo con el estilizado volumen de la Verónica, adelantada por ser la imagen titular de la agrupación. En este caso, la línea recta física del madero de la cruz contribuye a poner de manifiesto el juego de líneas y energías que se desarrollan en torno a la figura firmemente tambaleante –valga la paradoja– de Cristo, otorgándole el imponente coloso clásico del Cirineo el necesario equilibrio compositivo, conformando así un eje plástico que recorre en diagonal la superficie rectangular del trono, dotando al grupo de un claro sentido dinámico procesional. La satisfacción con su anterior encargo llevó a la Cofradía del Resucitado a encargarle la sustitución de su imagen titular, un interesante Cristo Resucitado, con elegante sentido ascensional fusiforme, realizado por Juan González Moreno como adelanto de un grupo escultórico que, por diversas circunstancias, no llegó a realizarse.
Oración del Huerto (Alnería)
Oración del Huerto (Cuenca)
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La Coronación. Cartagena
De nuevo Coullaut-Valera concebirá una efectista máquina escultórica, usando de todo su repertorio de recursos consecutivos, con un claro sentido ascensional desde los romanos que huyen despavoridos casi arrastrándose, pasando por el ángel concebido a la manera de efebo clásico que ayuda a remover la losa del sepulcro del que se eleva levitando – Deus ex machina – un triunfante Cristo Resucitado de mirada perdida en el horizonte, como levantado por una fuerza superior; y todo ello recortado sobre el árbol de vida que sirve de fondo y culminación de todo el cuadro. Los agitados drapeados de las capas de los romanos componen un complicado juego de pura expresión volumétrica, en un alarde formal que se nos muestra como uno de los rasgos más interesantes de la creación del escultor en relación con la plástica más contemporánea. Todos estos elementos hacen del grupo de la Resurrección de Cartagena (1950) su versión más lograda de un tema que trabajó en diversas ocasiones, siendo también uno de sus más efectistas grupos procesionales. También para Cartagena, pero para la Cofradía de los Californios, realizaría ya en 1963 otro grupo procesional de grandes dimensiones, la Coronación de espinas, resuelto en composición piramidal, confiriéndole dignidad de rey a Cristo coronado de espinas como culminación de la pirámide visual por cuyyas aristas se deslizan las burlas interpelantes de unos grotescos sayones.
A esta etapa final de sus realizaciones procesionales, más espaciadas, pensadas y sosegadas, corresponde también el grupo de la Aparición a Santo Tomás, o La Duda de Santo Tomás (1965), nuevo encargo recibido de los cofrades cartageneros del Resucitado. Un grupo de intenso diálogo entre dos imágenes, cuya fuerza se concentra en las miradas y, una vez más, la contraposición de la serena dignidad de Cristo frente a la convulsionada figura amedrentada del incrédulo Tomás, que tímidamente adelanta sus dedos hacia la llaga, mientras a su espalda los agitados paños traducen formalmente la sorpresa y tensión del momento, en un juego volumétrico que alcanza características de expresionismo abstracto. Valga este breve repaso por algunas de las obras más significadas de entre la producción imaginera de Federico Coullaut-Valera para intentar ofrecer un panorama general de su manera de adaptar a las condiciones de los encargos y a los gustos del imprecindible mercado cofrade de la época, sus particulares inquietudes expresivas y estéticas, difíciles de comprender en su totalidad sin atender al clima cultural y social de cada momento. En los últimos años de su carrera, más liberado de condicionantes y necesidades, Coullaut-Valera parece experimentar un rejuvenecimiento de su creación, abordando nuevos asuntos y reelaborando de manera nueva temas habituales a lo largo de su trayectoria. Su enorme y variada producción bien merece una revisión que contribuya a valorar en su completa dimensión la obra del escultor, facilitándonos, al mismo tiempo, una mejor comprensión de nuestro pasado más inmediato.
Investigaci贸n
Fotografía: Enrique Martínez Gil
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Investigación
Los Gremios, Cofradías y Hermandades Por Miguel Romero Sáiz Académico Correspondiente de la Real Academia de la Historia
Edad Media. ¿Etapa de regresión, estancamiento, religiosidad, belicismo, feudalismo, retraso económico, débil demografía, pestes, cruzadas…? De la llamada Alta Edad Media (siglos V al XIII) se dará paso a la llamada Baja Edad Media (XIII-XV) y con ello, a un decisivo periodo donde la sociedad europea experimenta un importantísimo cambio que afectará a todas las estructuras sociales, culturales, económicas y artísticas. El siglo XIII es, sin duda alguna, el de la plenitud medieval ya que en él asistimos al nacimiento de las Universidades; al triunfo de gótico, arte medieval por excelencia; al final de las monarquías feudales y al triunfo de las nuevas ideas que darán paso a la activa participación de las ciudades en la vida pública, a través de su presencia en las Cortes y parlamentos; a la afirmación de las monarquías nacionales, frente a los poderes universales, Imperio y Papado, imperantes hasta entonces y, en el campo económico, al apogeo del comercio internacional y a la apertura de nuevas rutas comerciales. Por el contrario, los siglos XIV y XV son siglos de estancamiento y de crisis que podemos comprobar por una drástica disminución de la población, a consecuencia de la Peste Negra y de los largos periodos de la actividad bélica como la Guerra de los Cien Años. Asistimos también al relevo dinástico en numerosas naciones (Inglaterra, Francia, Castilla, Portugal, Aragón, Sicilia, etc.); a la crisis de la idea imperial, que impide la formación de un estado fuerte en Alemania; a la profunda crisis de la Iglesia (Cautiverio de Aviñón y Cisma de Occidente); a la desaparición del Imperio Bizantino y a su sustitución hegemónica por el naciente poder otomano, etc. Pese a todos estos factores negativos, el hombre europeo reacciona, desde mediados del siglo XV, con una vitalidad que recuerda los mejores tiempos de la plenitud medieval, anunciando en el campo político el fortalecimiento de las monarquías nacionales y, en el campo del pensamiento y la cultura, el nacimiento del ideal humanístico que se plasmará en el Renacimiento. Corolario de esta nueva vitalidad serán las empresas exteriores a las que se dedican, con decisión, las coronas de Castilla y Portugal, que aportarán al mundo conocido hasta entonces el descubrimiento del Nuevo Mundo con el que se cierra la etapa medieval y se abre la época moderna. A lo largo de toda la Edad Media, la mentalidad que rige los destinos del pensamiento: es decir, la palabra y el concepto de DIOS y todo lo que conlleva, genera una forma de vida adaptada a las premisas religiosas como el elemento fundamental.
Esa razón y, no otra, determina los parámetros socio-económico-culturales de la Europa del momento. Igualmente, la política de reinos y estados. Políticamente, las monarquías se centralizan y fortalecen apareciendo el llamado Estado Moderno. El ejemplo más claro, nuestra unión de Castilla y Aragón, con los Reyes Católicos. Las clases sociales siguen estamentalmente organizadas, es decir, tal como se nace se vive (noble, campesino, caballero), pero se observa un fortalecimiento de la nobleza y el clero en cuanto apoyarán a los monarcas en su gobierno, mientras comenzará progresivamente a tener importancia los burgueses, nacidos en la ciudades dentro de ese entramado artesanal que rige la economía urbana. Ahí tienen tremenda importancia los Gremios de los que hablaremos más adelante. La economía empieza a romper su autarquía o subsistencia para desarrollar un comercio de compra y venta, antes inexistente, potenciando con ello, los futuros viajes comerciales a tierras desconocidas y una abundante circulación monetaria. Ahí estarán los primeros viajes a Asia por parte de Marco Polo, entre otros, el descubrimiento de nuevas tierras en otros continentes, rutas de la seda, rutas de las especias, etc. La cultura se concentra en los monasterios y abadías, apareciendo progresivamente las primeras escuelas parroquiales y sobre todo, las primeras Universidades. En España será la de Alcalá de Henares y la de Palencia, a pesar de que el Cardenal Diego Ramírez de Fuenleal o de Villaescusa intentase, siendo confesor de la reina Isabel, levantar una Universidad en su pueblo natal, Villaescusa de Haro, hecho que no consiguiese por la oposición del cardenal Cisneros. El arte es popularmente religioso, pero ahora más urbano, al potenciarse las catedrales en ese gótico imponente, resaltando los elevadísimos edificios, amplios espacios de luz (vidrieras) y decoración exuberante. Por otro lado, el Renacimiento italiano comienza a expandirse por todo Europa, siendo España un máximo referente. Es un arte profundamente religioso, tal y como era el Románico, aunque ahora, el edificio civil urbano comienza a alcanzar mucha importancia y desarrollo. Estas circunstancias que predeterminan la vida socio-económica de los albores de la Modernidad, va a tener su fruto en la aparición de los Gremios como desarrollo económico, pero a su vez, desarrollo social, dentro siempre, como no, de la óptica religiosa que impregna los contenidos de estas etapas de la Historia. La primera cuestión que deberíamos de tratar para abordar este tema que hoy nos trae aquí es la posible confusión entre COFRADÍA Y GREMIO y luego, más tarde, las de HERMANDAD Y COFRADÍA o, al revés.
Fotografía: Enrique Martínez Gil
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COFRADÍAS El término Cofradía es heredado de los llamado Collegia de época romana o tal vez, de la llamada Gilde germánica. En la Edad Media, se llamaron cofradías a las asociaciones voluntarias y libres con finalidades piadosas de beneficencia, previsión local, auxilio y cooperación mutua entre sus miembros o cofrades, unidos bajo la protección de un Santo Patrono. Una de las Cofradías más antiguas fue la de los tenderos del reino de León y Castilla, también la de los tejedores, luego recueros o arrieros de la ciudad de Soria entre otras, constituidas ya en el siglo XII. La primera en Cuenca, sería la de los tintadores del Huécar o tinteros, dedicados al curtido y luego tintado de la lana. (Calle de los Tintes y barrio de Tiradores) En el siglo XIII, son bastante numerosas en Castilla y en la Corona de Aragón y aunque al principio no eran corporaciones cerradas o gremios, poco a poco, tenderían a serlo, para así monopolizar y reglamentar el precio de venta de sus mercancías y productos que fabricaban. De ahí, la procedencia del nombre de muchas de nuestras calles, por ejemplo, calle de la Moneda (los prestamistas, normalmente judíos); calle de Zapaterías (los dedicados al curtido y elaboración de calzado); la citada calle de los Tintes; calle Correduría; calle del Peso; etc. El término de COFRADÍA, por tanto, es el más antiguo, al ser Asociaciones de seglares unidos por una fraternidad voluntaria, basada en una mutualidad espiritual, que aparecieron en Europa desde los primeros momentos de la Iglesia. Como concepto engloba en sí mismo, una gran variedad de agrupaciones, según los fines perseguidos, en una tradición que mezcla lo profano con lo sagrado. Durante la primera parte de la llamada Baja Edad Media (siglo XII y XIII) fueron siglos de carácter fundacional, desarrollándose todo tipo de cofradías de Santos, incluso la de María bajo
varias advocaciones tanto en relación con sus misterios como en sus gracias y favores, así como en aquellos lugares donde estaba la imagen, siendo las menos –muy pocas- las dedicadas a la advocación de Cristo. En este periodo, dos tipos podemos encontrar: - Aquellas llamadas de Devoción a los Santos Protectores, Patronos, Abogados, Defensores, habiéndolas de todo y para todo. - Cofradías que reunían a las gentes de un mismo oficio o profesión bajo la advocación de un Santo protector del oficio: zapateros, médicos, cirujanos, carreteros, peleteros, mercaderes, sastres, laneros. Este tipo de Cofradías se equipararon a los llamados GREMIOS. En cuanto a las Cofradías cristianas, como tales, han existido siempre en el cristianismo. No nacen en el siglo XIII o en el XV, ni terminan en el XV o en el XIX, nacen con Jesús y sus apóstoles y discípulos, o con María y los apóstoles reunidos en el cenáculo después de la muerte y resurrección de Jesús, llegando hasta hoy. Son y han sido a lo largo de toda su historia, las instituciones eclesiásticas más auténticamente laicales o de laicos. En ellas, los laicos, desde siglos medievales, no solamente han tenido la obligación de callar y pagar, sino que han actuado como Iglesia o como Pueblo de Dios. Entre todas, algunos fueron de clérigos, pero las menos, pues clérigos eran los encargados de ayudar a fomentar una vida más perfecta, a propiciar iniciativas para la evangelización o el ejercicio de piedad o de caridad, estando siempre todas y cada una de ellas, bajo la autoridad eclesiástica correspondiente. De ahí, su vinculación. Varios fueron motivos de creación de ellas: • Devoción a un culto, tanto a Santos como a Vírgenes, especialmente a María. Surgen a partir del siglo XII y proliferarán en los siglos XIV y XV, momento en el que aparecerán las Cofradías de Semana Santa.
Investigación
• Cofradías de Pasión, anteriormente citadas, a finales del XV y principios del XVI. Estas fueron fruto de todo el movimiento pasionista de los siglos anteriores, buscando en su carácter reformista el catolicismo más auténtico. De ella, hablaremos en un apartado diferente. • Cofradías Espirituales, nacidas sobre el XVIII bajo el culto al Espíritu Santo, la Santísima Trinidad o el Sagrado Corazón de Jesús. • Cofradías asistenciales, dedicadas a la atención de un Hospital, bien a fundar o bien a atender alguno ya funcionando, generalmente para cualquier necesidad (cofradías hospitalarias) o bien para alguna en particular, como fue el caso de los lazaretos. En otros casos, de Asilo para pobres o necesitados. • Cofradías de Difuntos o de Ánimas, para la asistencia a los entierros, algunas llamadas de la Santa Caridad para el cuidado y mantenimientos de difuntos, cargas y otros costes. Nacen el XIV y XV.
DIFERENCIA EN COFRADÍAS Y GREMIOS La diferencia entre Cofradía y Gremio es consustancial. Está claro que el origen del Gremio es la asociación artesanal con advocación a un patrón religioso. Luego, se convertirán en Cofradías, en muchos casos, aunque no en todos. Eran, por tanto los Gremios, una especie de cofradías que tenían asistencia material y espiritual entre sus miembros, en algunos casos benéfico-religiosas y en otras como hermandades de socorro, pero con ese carácter gremial. La mayor parte de la producción industrial del Antiguo Régimen, llamado así al periodo que abarca la historia desde la aparición de la sociedad hasta el siglo XVIII (momento del cambio de la Ilustración), se encontraba articulada en unidades artesanales con una escasa diferenciación entre capital y traba-
jo, siendo su mejor expresión las corporaciones gremiales. Los Gremios, por tanto, eran asociaciones profesionales que no aparecen con todas sus características hasta el siglo XIV, pero que hunden sus raíces en las Cofradías Bajo- Medievales, llegando a alcanzar su plenitud en los siglos XVI y XVII. Sus fines eran sociales y profesionales, prestando por un lado, asistencia material a sus miembros y por otro, según unas ordenanzas rigurosas, regular el aspecto técnico y organizativo de la producción. Su decadencia experimenta un fuerte empuje en el siglo XVIII hasta su total extinción con las Cortes de Cádiz en el 1813. De entre todas las Cofradías citadas, solamente un tipo de ellas, concretamente las que agrupaban a un oficio determinado y a su vez, tenían un Santo Patrón, como protector de esa labor artesanal, es decir, de esa agrupación artesanal, podrán ser germen de Cofradías nacidas bajo ese sistema. Estas Cofradías Gremiales constituyen agrupaciones muy particularizadas, estructuradas vertical u horizontalmente, que se autogobiernan en buena medida: las ordenanzas prescriben las condiciones de admisión, las actividades, las formas de gobierno –elección de los cargos habitualmente en Junta General, control de su gestión-, incluso las normas de policía interna. Todas ellas poseen un patrimonio procedente de las cotizaciones de los miembros, algo que se dará también en el resto de Cofradías, propiciadas en algunos casos, en función de cesión de herencias, con rentas de sus bienes. Hay una fuerte diferencia de estas y de las Cofradías de Pasión, dedicadas por entero a la Semana Santa. Posiblemente, la de San Juan Bautista, pudiera haber surgido como Gremial para luego, incardinar su conceptuación hacia la advocación patronal de este Santo y sus feligreses o vecinos de la parroquia que allí se ubica. Cofradía Parroquial, como tal.
Fotografía: Enrique Martínez Gil
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¿POR QUÉ HERMANDAD? La denominación de Hermandad, utilizada frecuentemente como sinónimo de Cofradía, se difundirá en Andalucía en el siglo XV, y posteriormente en otras regiones para evitar la connotación de “liga o monopolio” y hacer hincapié en los aspectos de ayuda mutua material y espiritual. Interés especial tendrán las Hermandades de Socorro, que aparecieron en la segunda mitad del siglo XVI y se desarrollarían en los siglos XVII y sobre todo, el XVIII. Eran Asociaciones populares, cuyos fines principales eran la asistencia a sus miembros en la enfermedad y en la muerte y se pueden considerar como precedentes de las sociedades de socorros mutuos, éstas de carácter laico, que se desarrollaron en el siglo XIX, una vez abolidas las corporaciones de antiguo régimen. Las Hermandades es el nombre genérico con el que solían designarse en la Edad Media, las ligas y juntas de personas o entes que se comprometían a apoyarse mutuamente mediante algún instrumento público de solidaridad. Aparte de los agricultores y labradores o de las gentes de los Gremios urbanos artesanos, las hermandades que tienen carácter político son las constituidas entre municipios y grupos de la nobleza, con fines específicos y de una manera más o menos transitoria. Hubo hermandades territoriales, hermandades de apoyo o carácter policial y también las hermandades con carácter económico (Villar marineras del Norte; actividades de control de piratería o la Hansa en los países del Báltico) pero sobre todo, en función de su afinidad y confusión con las Cofradías, serían las hermandades de carácter religioso, nacidas al amparo de una actividad económica y acogidas a un patronazgo por devoción y sentimiento católico. Por último, quedaría hablar de las más conocidas: LAS HERMANDADES DE LA PASIÓN, aquellas que surgen como devoción y sentimiento para poder ponerlo de manifiesto en la Semana Santa. Surgen en el siglo XVI como consecuencia del movimiento reformista que busca un cristianismo más auténtico, llegando a diferentes regiones españolas, sobre todo a Andalucía y luego salta el charco hacia Latinoamérica. Su auge fue tan grande en aquel siglo XVI y luego en el XVII que afectaría a las otras Cofradías, que terminaron todas por convertirse en Cofradías de Disciplina, esa que llamamos como “de gloria, asociación de fieles”, en la mayoría de los casos exclusivamente laicos, que teniendo como advocación a Jesucristo, María, los Santos y hasta las Ánimas del Purgatorio, o teniendo otros fines artesanales como las llamadas Gremiales o, incluso, fines asistenciales o benéficos, deciden practicar su penitencia pública: autoflagelación u otro tipo, durante los días de la Semana Santa en una procesión o “Estación de Penitencia Pública”. Es decir, no nacen como tales en aquel siglo XVI, sino dentro de un contexto que permitiría su reconversión o nacimiento, en algunos casos. Surgen para contemplar la Pasión y Muerte de Cristo e imitarla mediante actos penitenciales como características exclusivas. En un principio nunca contemplarían la Resurrección del Señor, algo que se acopla con posterioridad, por eso, eran en su nacimiento, en ese siglo XVI, representaciones devotas bajo el signo del dolor, de la aflicción, de la penitencia, sin flores, sin palios, ni bandas de música, entonando los clérigos cantos litúrgicos de penitencia. Después llegaría el Barroco en ese siglo XVII, deteniéndose la constante profusión en nacimiento y desarrollo de las Cofradías
de Semana Santa, demasiado abundantes, sobre todo en Andalucía, y comienza una época de fusiones y reorganización de las existentes. En segundo lugar, aparecen las cofradías en torno al Nazareno, cobrando un cierto auge. Luego invade el sentido de un barroquismo latente en todas ellas, brillante, ostentoso, lujoso, perdiendo austeridad aquellas Cofradías de la Sangre, tan penitenciales y sobrias. Como curiosos hecho, es que estas cofradías de Semana Santa no surgieron con el objetivo de practicar la caridad, tal como en muchos casos se ha dicho, ya que se preocuparon de la vida espiritual y a veces temporal, de sus hermanos o cofrades. Pero habrá en este siglo XVII y sobre todo, en el XVIII, un sentimiento mariano en la piedad hispana, surgiendo ese tipo de Hermandades dirigidas hacia la devoción y elevación de la Virgen María, conformando así, la actual configuración de las Cofradías de nuestra Semana de Pasión. Sin embargo, los tiempos han obligado a evolucionar el sentimiento de piedad y de contemplación o desarrollo. Todas ellas, se identifican con el pueblo, con el barrio, con la ciudad y comienzan en el siglo XIX a sentirse más en su expresión cultural de un pueblo con gustos refinados, amante de lo estéticamente bello, que en aquella manifestación religiosa que indujo a su nacimiento y primeros tiempos. Son los años en los que se desata la música, las flores, el palio, los bordados. En la España de aquellos años, el caciquismo determino el acontecer político y económico del pueblo, así el anarquismo o el socialismo influyó en el pueblo quitando y desmitificando ese fervor religioso, que pasó a ser emblema de la clase dirigente. Luego la guerra y sus consecuencias nefastas en todos los sentidos, la perdida de identidad, el sentimiento frustrado, etc. Más tarde, la reacción de la posguerra donde aparecen nuevas cofradías, apoyadas en el esfuerzo gubernamental por conseguir implicar a la sociedad en ese estado religioso de complacencia y asunción. El auge de las Cofradías de Semana Santa será espectacular, el más grande que hubieran conocido. En 1970 y la década que le sigue, vino ese parón conciliar propiciado por las decisiones Vaticanas con la suplantación de una religiosidad intelectual que pretendió hacer desaparecer la mayor parte de esas Hermandades o Cofradías, tanto asistenciales como de Semana Santa, para llegar al 1980 y siguientes, donde vuelve a despertar la religiosidad popular en ese deseo de enmarcarlo todo dentro de la tradición del pueblo como sinónimo de identidad. Hay una clara defensa de los elementos populares y folclóricos que gustan al pueblo. Ahora, en estos tiempos contemporáneos, año 2000 y siguientes, las Hermandades y Cofradías han entrado en un camino de búsqueda de una auténtica espiritualidad, la suya propia, pero proyectada a las necesidades de este siglo que ha acabado y del que hemos iniciado. Por último, ha prendido en todas ellas, más en unas que en otros como es lógico, ese deseo de la culturalidad, preocupándose por sus papeles, por sus archivos, por sus documentos, por mantener los objetos artísticos como tesoro de su pasado, celebrando aniversarios, conferencias, mesas redondas, conciertos, semanas sobre “fe y cultura”, volviendo a ser serias, puntuales, religiosas en su devoción particular y protagonistas en el devenir del desarrollo de la sociedad que aspira a progresas. Su pasado marca el protagonismo del presente y si cabe, del futuro, para que nuestros herederos asuman, amen, sientan y crean en ello, como vínculo de unión social, de solidaridad, de confraternidad.
Fotografía: Julio Palencia
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EN CUENCA Es, por tanto, a partir de mediados del siglo XIII, cuando aparece en Cuenca el Cabildo de San Francisco en ese campo del mismo nombre, erigiendo una iglesia junto a un hospital, muy cerca de lo que luego sería el convento de San Francisco, fundado en el año 1313, en el mismo lugar que parece ser había tenido propiedad los templarios. (Cerca de ICONA y la Diputación, en lo que entonces se llamaría Campo de San Francisco, extramuros de la ciudad – iglesia de San Esteban). A partir del año 1500, el convento franciscano pasó de los claustrales a los observantes con Casa de Noviciado, estudios mayores y teología eclesiástica, llegando a contar con un centenar de frailes que influirían notablemente en los movimientos espirituales de la ciudad, como luego ocurrirá con la llegada de los Mercedarios, Trinitarios y Agustinos quien, como es conocido, protagonizarían a partir del siglo XVI una serie de disputas por la cuestión de preferencias en las procesiones. Es, sin duda, el siglo XVI, sobre todo a finales, cuando Cuenca se convierte en una poderosa ciudad clerical: nueve conventos de religiosos, seis de religiosas, ocho hospitales, veintitrés ermitas, catorce parroquias, amén de los correspondientes cabildos sacramentales y Cofradías. En esto momento, la ciudad cuenta con más de diez mil habitantes, además de
un importante trasiego de gentes, dada su ventajosa situación geográfica, circunstancias que favorecieron el desbordamiento de la religiosidad popular que floreció alentada también por la ordenes mendicantes o religiosas. En este ambiente, del siglo XVI, nacen los tres primeros cabildos: 1. Cabildo de la Vera Cruz en el campo de San Francisco con su ermita de San Andrés. 2. Cabildo de la Soledad en la iglesia del Salvador. 3. Cabildo de San Nicolás de Tolentino, al lado del convento de San Agustín, en los inicios de la calle del Agua. La primera Cofradía, hoy Congregación, de cuantas desfilan en la Semana Santa de Cuenca: la de “Nuestra Señora de la Soledad y de la Cruz”, surge del barrio del Salvador y compartirá protagonismo con la de “Vera Cruz y Sangre de Cristo”, del campo de San Francisco, sobre la que recaía el peso, al igual que ocurría en toda España, de la organización de las procesiones penitenciales, en cuyo seno será acogida la primera fundación de Paz y Caridad (año 1525), creándose en ese tiempo también la de “Nuestro Padre Jesús Nazareno”, que a principios del siglo XVII tendrá el beneplácito real para organizar la llamada procesión de los Nazarenos en la madrugada del viernes santo, único desfile procesional a lo largo de dos siglos.
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Es por tanto, el XVI, un siglo importante en el acontecer religioso y procesional de nuestra Semana Santa conquense. Hermandades que surgen dentro de los Cabildos (*) - (*) Aunque su origen es exclusivamente religioso y su principal finalidad fue la de organizar y administrar las catedrales y algunas basílicas o iglesias, después tuvieron también incidencia en las Hermandades gremiales del siglo XV y XVI, formando cabildos en algunas de ellas, como Junta de hermanos, a pesar de ser legos, con la función de organizarse. Por ejemplo, en Cuenca, el Cabildo y Hospital de peregrinos de Nuestra Señora de la Esperanza, establecido en la ermita del mismo nombre, es posiblemente el más remoto procedente de la devoción existente en nuestra ciudad hacia la advocación de la Virgen. Se conoce su existencia a través de la carta de agregación que el Venerable Cabildo de San Juan de Letrán de Roma renovaría a favor de la capilla y de su cabildo del Hospital. De ahí surgiría esa Hermandad de María Santísima de la Esperanza. Sabemos, por tanto, que en 1525 o 1526, según otros datos, se funda el Cabildo de la Misericordia, en la ya desaparecida ermita de San Roque, dentro de lo que después será la hermandad de la Vera Cruz y Sangre de Cristo, encargada como tal de enterrar a los pobres y acompañar a los ajusticiados de la ciudad. Es aprobada por el Ayuntamiento de la ciudad y co-
rroborada por el propio rey Carlos I con el citado fin piadoso anteriormente citado. Su sede en el convento de San Roque (antigua ermita dedicada al santo, ya citada). A pesar de que su principal misión es acompañar a los ajusticiados en un momento en que la Santa Inquisición en Cuenca tiene intensa actividad, también se le encomienda otras tareas como la de participar en diversos actos de devoción y culto, considerando su fuerte poder devocional y religioso en la ciudad; así, en varias ocasiones, asiste con la hermandad de San Isidro Labrador en la bendición de los campos. El siglo XVII y gran parte del XVIII forman ese periodo en el que se desarrollan los momentos de mayor religiosidad en Cuenca, a pesar de la gran crisis económica por la que tiene que pasar toda Castilla y gran parte de nuestra península. La comunidad conquense, con exaltado fervor, se entregaba penitencialmente ante la Pasión y Muerte de Jesucristo, arrastrándose por las calles en medio de alardes, cánticos, campanas, tambores y carracas que, además de anunciar la presencia de penitentes cubiertos de llagas, trataban de mitigar las explosiones de dolor o despejar el camino de los efluvios de espíritus malignos, tal y como era común en la religiosidad del momento. En el siglo XVIII se crean varias de las Cofradías actuales que empiezan a dar vida a una Semana Santa de indudable peso castellano. Por ejemplo, la de Nuestro Padre orando en el
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Huerto de San Antón, aparece, según sus primeras constituciones aprobadas en 1741 y constituida en la desaparecida iglesia de San Roque, pasando luego a la de San Antonio Abad junto con el resto de las que formarán la Archicofradía. La Hermandad del Ecce Homo de San Andrés, según documento, tiene una imagen de madera el famoso escultor Joseph Torres acabada en 1648, aunque luego su hermandad se fundara en San Gil, en 1875. Otra de las hermandades que compartía la iglesia de San Roque era la de Nuestro Padre Jesús Nazareno del Puente, luego traslada a la iglesia San Francisco y después a la de San Antonio Abad. La ya citada de Nuestro Padre Jesús Nazareno del Salvador que, fundada como tal en 1662 se incorporaría en 1707 al cabildo de San Nicolás de Tolentino. Igualmente, la de San Juan Evangelista, que forma parte de ese mismo cabildo y su fundación como hermandad en el año 1702 adquiere la independencia necesaria que ahora disfruta. La Hermandad de Nuestra Señora de San Agustín, ubicada en el convento de su mismo nombre, tuvo su origen también dentro del citado cabildo de San Nicolás de Tolentino y se constituirá como hermandad en 1768. La Hermandad del Santo Cristo de la Agonía, fundada por dieciséis licenciados en 1715, cofradía que recibe diversas indulgencias del propio Papa Clemente XI en 1717, perteneciendo a la iglesia de Santo Domingo. La Hermandad del Cristo de la Luz, una de las más antiguas, cuya existencia se constata ya a principios del XVII en el desaparecido convento de San Agustín, pasando después a la iglesia de San Martín y entre cuyas obligaciones estaba el cumplimiento de la fiesta de la Santa Cruz y el acompañamiento a difuntos. En 1720 aparece ya la Hermandad del Santo Cristo de la Salud, sita en la capilla del mismo nombre, dentro de la parroquia de San Esteban protomártir. Aunque se intenta extinguir como cofradía por orden del obispo en 1753 no se llevará a cabo. La última década del siglo XVIII fue el momento más delicado para el fervor religioso de España, momento en el que las ideas ilustradas comienzan a extenderse y a perjudicar ese inusitado misticismo que regía la sociedad del momento. Tal es así, que en muchos lugares como en Zaragoza, Plasencia, Pamplona, etc., se comienzan a prohibir las danzas, representaciones teatrales en templos y procesiones, algarabías de los nazarenos, convites y convocatorias de Cofradías, mayor compostura a los mayordomos de los “pasos procesionales”, etc., etc. En estos años, Cuenca mantiene su fervor y devoción procesional hacia la Pasión y Muerte. Es el momento en el que se aprueban las Constituciones de la “Venerable Hermandad de Nuestro padre Jesús Nazareno del Salvador”, entonces en el convento de los Agustinos. Fue, sin duda, un largo periodo en el que se produciría una gran evolución en el acontecer de las cofradías procesionales conquenses con esa oposición de los ilustrados españoles a que siguieran con el ritual, provocando un estancamiento de las procesiones de Semana Santa durante sesenta y cuatro años, hasta bien entrado el siglo XIX. A partir de esa fecha se nota una importante revitalización que llega a la Semana Santa de Cuenca
con la consolidación en unos casos, fundación o refundación en otros, de muchas Cofradías, movimiento que se vería empañado por nuevos rebotes de irreligiosidad, como lo demuestran algunos sucesos: el ocurrido en la ciudad en 1877 que trajo consigo la suspensión de la procesión nocturna de Cuaresma en la que desfilaba el Cristo de la Agonía o, un siglo antes, el de 1776, con el motín del tío Corujo. La Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad del Puente aparece incorporada en esa segunda mitad del XVIII a “los cuatro grandes pasos” que eran propiedad del cabildo de la Vera Cruz. Como hermandad satélite del mismo a lo largo de todo el siglo XVII, va a conseguir su independencia en este siglo XVIII. Sin embargo, la guerra de la independencia provoca numerosos incendios y saqueos en nuestra ciudad. Entre los destrozos más importantes para la ciudad, está la realizada en la custodia de Becerril, y entre los graves incendios producidos se encuentra el de la ermita de San Roque, obligando a la clausura temporal del cabildo de la Vera Cruz. Acabada la guerra, el citado cabildo vuelve a recuperar su importancia y todas las imágenes que lo había potenciado van a la iglesia de la Virgen de la Luz. Desde los primeros años del XIX, la Hermandad de la Soledad del Puente, formará parte de las imágenes que procesionan el Jueves Santo, siendo sufragados los gastos que ocasiona la misma a partes iguales por todos los hermanos que había pertenecido al cabildo y que a mediados de este siglo se transformarán en la actual Archicofradía de Paz y Caridad. El primer libro de actas que se conserva se inicia el 4 de diciembre de 1927, siendo secretario José María Ortega, contando la hermandad, según dichas actas, con un fondo de 56,43 pesetas, escogiéndose por sorteo el hermano mayor, siendo ocho los hermanos que participan como banceros en el desfile procesional. La Junta del 24 de febrero de 1929 aprueba ceder el paso a las señoras para la organización del desfile denominado “Soledad” que se organiza únicamente ese año, siendo portado por los mismos banceros del Jueves Santo. A esta ayuda se limita la presencia masculina en el desfile, que parte de la iglesia de San Andrés, presidido por las señoras de las autoridades, hacia la parte alta de la ciudad, quedando depositada la imagen en el convento de las Petras y continuando los asistentes hasta la ermita de la Virgen de las Angustias. El desfile se organiza el viernes santo al acabar la procesión del Santo Entierro. En 1930 se acepta el cambio de color de la túnica de la imagen que pasa a ser negro, siendo nuevamente alterado en 1950 con el manto color azul bordado en la denominada “Casa Grande” de Madrid. La Hermandad adopta esta decisión por considerar que el Jueves Santo todavía no se ha producido la muerte del Redentor. Tras desfilar en 1940 con una talla solicitada a un artista valenciano, que tras el desfile le es devuelta por no gustar a los componentes de la Cofradía, se efectúa nuevo encargo a Marco Pérez, cuya talla desfila ya en 1941. La imagen al ser recibida queda depositada en la iglesia del Salvador, hasta el mes de abril del mismo año que es trasladada a su sede habitual de San Antón.
Fotografía: Enrique Martínez Gil
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Investigación Virgen de las Angustias en la tarde de Viernes Santo y el jardín de su ermita a principios del siglo XX
Por Enrique Valero Moscardó Colaboración y Agradecimientos: Venerable Hdad. del Prendimiento de Jesús, Biblioteca Pública Fermín Caballero, Archivo Histórico Nacional, Biblioteca Municipal de Madrid, ABC, José Aguilar, José A. Carretero, Antonio Pérez Valero y Rubén Burgos. Textos: Prensa local y nacional de la época, E. Valero. Fotografías: Campos, J. Enero y Monjas
Desde 1903 llevamos intentando un proyecto, que será llamado “La Cofradía del Silencio”, y el orden será el siguiente: constituir la Cofradía del Silencio y organizar á su coste la Procesión del Prendimiento en la noche de Miércoles Santo. Los cofrades, con hábito blanco y capuz negro, desfilarán desde la plaza del Seminario al jardín de Las Angustias, por la calle de Pilares y bajada de Las Angustias. En el jardín tendrá lugar la ceremonia del Prendimiento y la procesión volverá al punto de partida. En la procesión, además de los cofrades, figurarán guerreros que llevarán hachones para iluminar el trayecto. El nombre de la Cofradía del Silencio obedece á que está terminantemente prohibido a los cofrades pronunciar palabra alguna durante la procesión….”
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En 1905 la Semana Santa de Cuenca se presentó cargada de novedades, algunas inesperadas, otras fueron improvisadas a “última hora”. Por fin, tras varios años de preparativos, la Procesión del Silencio parecía una realidad. Para los conquenses, los desfiles de aquel año resultaron impactantes, de tal manera que ya no prescindieron de aquella tarde y después la engrandecieron, la aseguraron para el futuro. Hoy es uno de los grandes ejemplos en la conmemoración de la Pasión de Cristo. Pero veamos como sucedió, volveremos a la ciudad de Cuenca de 1905 cuando se hallaba a las puertas de celebrar aquella Semana Santa. Detalle del Paso “El Prendimiento”, obra del artista E. Arévalo
Cuenca, Cuaresma de 1905 Creciendo cada día más en entusiasmo los hijos de esta católica ciudad para celebrar con gran solemnidad las procesiones de Semana Santa, cada año que pasa se presentan algunas novedades. Para la próxima, todas las Cofradías han celebrado sus Juntas generales, y animadas de los mejores deseos han tratado en ellas de la forma de mejorar en lo posible el culto al Santo de su advocación. Además de las procesiones del año anterior, en éste habrá otra el miércoles santo, llamada del Silencio, a las ocho de la noche, que, saliendo de la iglesia de San Esteban, recorrerá las calles de D.Mariano Catalina, Calderón de la Barca, Palafox y Alfonso
D. Rogelio Sanchiz, cofundador de la Procesión del Silencio en 1905 y hermano del Prendimiento.
VIII, hasta la Plaza Mayor, regresando al punto de partida. Esta nueva cofradía titúlase del Prendimiento de Jesús, cuyo paso, que ha estado expuesto en un escaparate de la Concepción Jerónima, ha gustado extraordinariamente, es costeado y se enviará desde Madrid por nuestro ilustre paisano el Excmo. Sr. D. Mariano Catalina, que tantas pruebas está dando de entrañable cariño á su querida ciudad. A esta procesión se agregará la Venerable Hermandad del Santísimo Ecce Homo de la iglesia de San Pedro, llevando en andas su artística y hermosa imagen de Jesús azotado. A este efecto se trasladará la víspera á la iglesia de San Esteban, quedándose en San Pedro al llegar la procesión a la Plaza.
Excmo. Sr. D. Mariano Catalina, benefactor de la Semana Santa de Cuenca y cofundador de la Procesión del Silencio.
Excmo. Sr. D. José Cobo, donante de la talla de San Juan que depositó en la iglesia de El Salvador y que después formaría el Paso de San Juan y la Virgen.
La Compañía de ferrocarriles, contribuyendo a que de los pueblos de la línea férrea puedan venir a la capital las personas que deseen presenciar tan solemnes procesiones, ha rebajado los precios de los billetes, valederos desde el día 19 al 24 del actual, inclusive. El Correo Católico. 8 de abril.
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15 de Abril de 1905 Galantemente requeridos por nuestro distinguido amigo D. Rogelio Sanchiz en la tarde de ayer, hemos tenido el gusto de admirar en la capilla de la orden tercera de la parroquial de San Esteban, donde provisionalmente se halla instalado, el grupo escultórico donado a esta capital por el Excmo. Sr. D. Mariano Catalina y que ha de figurar como uno de los pasos de las próximas procesiones de Semana Santa. La escultura representa El Prendimiento de Jesús en el Huerto de las Olivas, consta de dos figuras del Salvador y de Judas Iscariote, ambos admirablemente tallados en madera, y se halla inspirado en el momento en el que el traidor discípulo va a imprimir un beso en la faz de su Divino Maestro. Las imágenes han de ser conducidas a hombros de doce cofrades, están colocadas sobre resistentes andas, suficientes a soportar su considerable peso; son de tamaño natural, formando un solo cuerpo en actitud de abrazarse a la inmediación de un olivo, cuyo tronco se encuentra a sus espaldas, hallándose Jesús vestido con túnica carmesí, de terciopelo con cordones y adornos de oro y vistiendo el falso apóstol túnica de
color barquillo y estolón verde. Sin tener la pretensión de creer suficientemente autorizado a nuestro juicio crítico en materia tan delicada, podemos asegurar que la escultura, por su trabajo de talla, verdad en la expresión, colorido y suntuosidad en la indumentaria, nos ha producido la impresión de una acabada obra artística, cuya excelente factura sería suficiente a dar renombre, si ya no lo tuviera merecidamente adquirido, a su autor D. Enrique Arévalo, aprovechado discípulo del notable escultor Sr.Benlliure. Tras la bendición del paso, quedará constituida la Cofradía de la que es su primer hermano mayor D. Carmelo Arroyo. Para el mantenimiento de la Hermandad, los que deseen ser tenidos como nuevos hermanos, deben ingresar una cuota de cinco pesetas, si son menores de cuarenta años, y los mayores de esta edad diez pesetas, siendo común a todos, una libra de cera y un real mensual por los sitios. Su uniformidad será de túnica, capuz, guantes y alpargatas blancas, con cinturón negro y una cruz de corazones sobre el pecho del mismo color.
Los Cuatro Pasos de la primera Procesión del Silencio en 1905 “Jesús Orando en el Huerto” procedía de la ermita de San Antón, “El Prendimiento de Jesús”, “San Juan Evangelista” y “El Ecce Homo de San Miguel”
Atrio de la parroquia de San Esteban a principios del siglo XX
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Miércoles Santo 19 de Abril de 1905 Paso de la Caña En la solemne procesión que habrá de tener lugar en esta capital el próximo día de Jueves Santo, la hermandad constituida bajo la advocación del “Paso de la caña” estrenará unas preciosas andas que han sido construidas expresamente á este objeto por el conocido artista D. Marcelo Usón, y que seguramente llamará la atención de los fieles.
Primeros datos sobre la Hdad. de San Juan y la Virgen
Lunes Santo 17 de Abril de 1905 Como todos los de nuestra sacrosanta religión, resultó ayer tarde el de la solemne bendición de la nueva imagen “Jesús vendido por Judas” donativo del Sr. Catalina a la hermandad titulada del Silencio. A las cuatro de la tarde un alegre voltear de campanas en San Esteban anunciaban la llegada de nuestro Prelado Ilmo. Sr. Sangüesa acompañado de su secretario, mayordomo y familiares, que fueron recibidos en el atrio del citado templo por el clero de la misma iglesia y por los hermanos Mayor y teniente D. Carmelo Arroyo y D. Joaquín Parra. El celoso pastor, revestido de los ornamentos pontificales, rezado que fue el Rosario, procedió con arreglo al ritual Romano a bendecir la imagen, consagrándola para recibir el culto católico. En tan augusta ceremonia actuaron el diácono y subdiácono, el maestro de ceremonias de la Catedral, el porta libro, tres presbíteros revestidos de capa pluvial y ocupó la cátedra del Espíritu Santo el señor La Plaza García, el cuál pronunció un elocuentísimo sermón alusivo al acto, demostrando que la actual sociedad, con sus vicios y falta de piedad que la caracteriza, reviste toda su fisonomía que tenía el falso discípulo, que por envidia y orgullo vendió a los judíos al Divino Maestro. Con el patético canto del Santo Dios terminó dicha solemnidad religiosa. Las Noticias. Cuenca
Ecce Homo de San Miguel Bajo la advocación del Santísimo Ecce Homo se ha formado una nueva Hermandad, en la iglesia de San Pedro; a cuya imagen le ha regalado un precioso ornamento la distinguida señora Luisa García Izquierdo, á la que sinceramente aplaudimos. Dicha imagen saldrá procesionalmente en la noche del Miércoles Santo.
Hemos tenido el gusto de examinar en la suntuosa morada de nuestro respetable amigo el Excmo. Sr. D. José Cobo una preciosa imagen representando a San Juan, adquirida expresamente por dicho señor para que figure en la procesión titulada del Silencio, que se ha de verificar esta noche. Constituye la figura del Santo que es de tamaño natural, una admirable obra de talla en madera de indudable mérito artístico y valor material, habiendo sido la casa de García Murtielas de Madrid la encargada de su confección, y según nuestras noticias tan luego se exhiba en la procesión mencionada, se propone su dueño dejarla depositada en la Iglesia parroquial del Salvador. Felicitamos al Sr. Cobo por tan valiosa adquisición, siéndole de agradecer que contribuya con su laudable propósito a la mayor solemnidad de nuestras ya renombradas fiestas religiosas de Semana Santa.
Últimos preparativos para la primera Procesión del Silencio En la procesión de esta noche, que saldrá de la parroquia de San Esteban, llamada del Silencio, formarán los pasos de “Jesús orando en el Huerto” que antes sólo salía en la procesión del Jueves Santo, luego seguirá “Jesús vendido por Judas” con la cofradía constituida bajo su advocación, cuyo cofrades vestirán túnica blanca sin cola, á continuación el paso de “Jesús ultrajado antes Anás y Caifás”, y por último otro nuevo Paso obsequio del Excmo. Sr. D. José Cobo que representa a San Juan. Asistirá el Orfeón de La Fraternal, cantando en las estaciones que la procesión hará en la carrera que ha de seguir, el Miserere del maestro Pradas; y también la banda de música de la Beneficencia que ejecutará unas preciosas marchas fúnebres. De lamentar es que lo poco favorable del tiempo pueda deslucir las procesiones y sería muy plausible que el Sr. Alcalde de acuerdo con la Jefatura de Obras Públicas dispusiera que una brigada de obreros pusiera en mejores condiciones el pavimento de las calles que han de recorrer las procesiones, y muy especialmente el de Carretería.
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Grandiosa e inédita visión de hace más de 100 años. La arteria principal de Cuenca rebosante de personas durante la salida de la Procesión de Viernes Santo de San Esteban. Seguramente, la incomparable panorámica es la más antigua tomada de una fantástica Carretería, cuando todavía había edificios con escudos y el suelo era terroso, sin árboles. La emblemática casa Caballer no existía, y el Jardinillo ya contaba con su nueva valla de forja, el único elemento heredado y que no ha sucumbido a tantos derribos o modificaciones.
Investigación
Las Procesiones A pesar de haber estado el tiempo estos días de Semana Santa, la Providencia ha permitido que se cumpla todo el programa de funciones religiosas, que en conmemoración de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, se han celebrado en nuestra ciudad.
Miércoles Santo. Procesión del Silencio Salió a las nueve de la noche de la iglesia de San Esteban, figurando en ella las imágenes de “Jesús en el Huerto”, “Jesús en el momento en que le besa Judas para que le prendan los judíos”, “San Juan Evangelista” y el “Ecce Homo”, siendo acompañados estos pasos por los nazarenos de las referidas Cofradías y presidida por el Teniente de Alcalde D. Gonzalo López Jouvé con los empleados municipales D. Pedro Barambio y D. Modesto López Malo. El Paso de “Judas besando a Jesús” resultó de gran efecto, habiendo gustado mucho al público en general. San Juan Evangelista, regalo de D. José Cobo, es una imagen muy bien acabada y ha sido también del agrado del público. La venerada imagen del Santísimo Ecce Homo de San Miguel, que por primera vez ha salido en procesión ha sido extraordinariamente admirada por este piadoso vecindario, pues es talla antigua de gran mérito. Asistió a esta procesión cantando el Miserere el orfeón de la sociedad benéfico-obrera de La Fraternal, que lo constituían más de cincuenta voces, resultando el canto muy armonioso y dirigido acertadamente por el señor Rubio Casañez.
Jueves Santo. Procesión de Paz y Caridad Salió de la ermita de San Antón a las cuatro de la tarde, recorriendo las calles de Cardenal Payá, Calderón de la Barca, Mariano Catalina, Quince de Julio, San Vicente, Peso, Alfonso VIII y Plaza Mayor, regresando por Palafox a su ermita, donde predicó el sermón de mandato don Marcos Herminio Lozano. Formaban los Pasos de Jesus orando en el Huerto, Jesús atado a la Columna, Jesús con la Caña, Santo Ecce Homo, Jesús Nazareno, Sto. Cristo de las Misericordias y Ntra.Sra. de la Soledad. Todos los hermanos de estas Cofradías vestían túnicas y capuces de buen gusto y colores distintos. La presidencia la llevaba el Teniente de Alcalde D. Jose López Madina, acompañado de los concejales Sres. Cañas y Carralero y los empleados municipales D. Nicolás Redondo y D. Pascual Martínez Gallego.
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La procesión de Paz y Caridad sube hacia la Plaza Mayor a principios del siglo XX. En la foto podemos apreciar los Pasos de Jesús orando en el Huerto y de Jesús atado a la columna; el resto del cortejo los precede por la calle Palafox.
Viernes Santo. Procesión Camino del Calvario A la seis de la mañana tuvo lugar esta procesión, compuesta de los Pasos: “Jesús cargado con la Cruz”, “Jesús Nazareno caído bajo el peso de la Cruz y la Verónica con el Divino Rostro”, “San Juan Apóstol y Evangelista” y Ntra. Sra. de la Soledad “. La presidencia fue llevada por D. José Martínez y los concejales Sres. Carralero y
Cañas y los empleados municipales D. Julio López Jouve y D. Salvador Plaza. Las calles recorridas fueron: San Vicente, Alonso de Ojeda, Quince de Julio, Mariano Catalina, Calderón de la Barca, Palafox, San Juan, Andrés de Cabrera, Alfonso VIII y Plaza Mayor, regresando a la iglesia por las calles del Peso y Solera.
Viernes Santo. Procesión de Los Misterios del Calvario Salió a las once de la mañana del Salvador con los Pasos y Hermandades de “Exaltación de Jesús Crucificado”, “Jesús en la Agonía”, “Jesús muerto en la Cruz”, “Descendimiento de Jesús muerto en la Cruz” y “Ntra. Sra. de la Angustias con Jesús en sus
brazos”, recorriendo las misma calles que la procesión anterior y siendo presidida por el Concejal D. Bartolomé Rodríguez Amador acompañado de los empleados municipales D. Manuel garcía Olías y D. Federico de la Plaza.
Viernes Santo. Procesión del Entierro Tuvo lugar a las cinco de la tarde, asistiendo a ella los asistidos a la Casa de la Beneficencia, todas las Hermandades, Seminarios, el Ilmo. Sr. Obispo, acompañado de los Sres. Provisor y Secretario de Cámara, y presidiendo el Excmo. Ayuntamiento bajo mazas, los Gobernadores Civil y Militar. En esta procesión, además de las preciosas imágenes de Jesucristo en el sepulcro y la Virgen de la Soledad al pie de la Cruz, asisten tres niñas vestidas de María y varios niños vestidos de nazareno, llevando atributos de la Pasión, además abren la
marcha parejas de la Guardia civil de caballería y Heraldos a caballo y á pie. Los hermanos de la Ilustre Congregación del Santo Entierro, visten capas blancas con vueltas encarnadas y birrete blanco, también con borla carmín, resultando de gran lucimiento y efecto formados en esta procesión. La carrera seguida fue por las calles del Espejo, Santo Domingo, San Juan, Andrés de Cabrera, Alfonso VIII, Plaza Mayor, regresando por las mismas y calle del Peso a la iglesia del Salvador.
Las bandas de música Provincial y Municipal han asistido a todas las procesiones, ejecutando bonitas marchas bien dirigidas por los ilustrados directores de las mismas, señores Cabañas y Rubio, y secundados por todos los individuos que componen ambas bandas. En resumen todas las procesiones han resultado bien organizadas y solemnes y en ninguna de ellas ha habido que lamentar ningún incidente desagradable, lo cual prueba la religiosidad, prudencia y sensatez de los hijos de Cuenca. Cuenca ha recibido la visita de cuatro mil forasteros, que se han agolpado en todas las calles y han presenciado la carrera de todas las procesiones, y han visitado cuanto hay de notable en nuestra ciudad. El orden más perfecto ha sido la nota demostrativa de nuestro pueblo, el recibimiento cariñoso y cortés. Les deseamos feliz regreso y nos complacemos en creer cercana su próxima visita.
Investigación
Bernabé Aguilar, histórico porta-guión de la Hermandad de San Juan Evangelista y primera generación de “Patacos”, en la mañana de Viernes Santo de 1905.
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