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Revista Cuenca Nazarena 2008

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7 Saludas

13 Entrevistas 13

Al Pregonero: Javier Caruda de Juanas por Berta López

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Al Cartelista: Pedro Mercedes por Tomás Mercedes Martínez

24 Opinión 25

Anuario 2007-2008

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Aquel Jueves Santo. por Carmen Herráiz Yébenes

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Queremos dar las gracias a todas las entidades y empresas que aparecen en esta publicación, ya que sin su colaboración hubiera sido prácticamente imposible que este ejemplar de la revista Cuenca Nazarena, verdadero testimonio del sentimiento nazareno conquense, se hubiese podido editar.

Semana Santa: Expresión de fe, expresión de un pueblo

por Manuel Romanos Genzor

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Tríptico a la Soledad de San Agustín por Leonor Culebras

37

Nuestro Museo Nazareno por José Angel Palacios

39

Músicos Nazarenos por Rosario Arquero Avilés

40

Apóstol de la Caridad por Ángel Horcajada

41

Obra Social de la Semana Santa y Manos Unidas. Objetivo Cumplido por Aurora Garrote

43

Nuestra Semana Santa y la Capitalidad Cultural Europea 2016 por Pedro J. García Hidalgo

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Tres Relatos Nazarenos por Adrián López Álvarez

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Diversos aspectos de una Hermandad o Cofradía por José Javier Muñoz

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Homenaje a Carmen “La Sastra” por Antonio Abarca Contreras

50

Banda de Trompetas y Tambores de la Junta de Cofradías por Antonio Abarca Contreras

56 Hablan las Hermandades

Comisión de Publicaciones de la Junta de Cofradías

Antonio Abarca Contreras Javier Hevia Ceva

57

Vivencias de un escultor por Antonio Sánchez Sánchez

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Una Aureola para Ntra. Sra. de la Soledad de San Agustín

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Diseño y Maquetación

ZOOM-3000, S.L. Edita

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por la Junta de Diputación

Domingo de Resurrección

por la Vble. Hdad. de Ntro Padre Jesús Resucitado y Ntra. Sra. del Amparo

Restauración de la imagen del Ecce Homo de San Miguel por la Junta de Diputación de la Hermandad

Taller de actividades lúdico-culturales 2007

por la Vble. Hdad. de Jesús Entrando en Jerusalen y Ntra. Sra. de la Esperanza

Junta de Cofradías de la Semana Santa de Cuenca

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Fotografía Portada

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Historia de la Vble. Hdad. de San Juan Bautista de Cuenca. Los Orígenes por Javier Viñuelas Torres

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El conjunto escultórico. por Juan Carlos Muñoz del Olmo

Enrique Martínez Gil Contraportada

Leonor Culebras Agradecimientos

El Vía Crucis del “Amarrao” ha cumplido diez años.

por la Vble. Hdad. de Ntro. Padre Jesús Amarrado a la Columna

82 Investigación

A las Juntas de Diputación de las Vbles. Hdades. de Semana Santa

83

La Cruzada Eucarística de la Semana Santa de Cuenca

Imprime

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A propósito de la Semana Santa de 1893

Graficas Martín y Mapa, S.L. Depósito Legal:

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por Alejandro de la Cruz

por Israel José Pérez Calleja

Semana Santa de Cuenca en 1913 por Enrique Valero Moscardó


Fotografía: Enrique Martínez Gil

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Fotografía: Antonio Abarca Miota

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SALUDA

Jorge Sánchez Albendea Presidente de la Junta de Cofradías de Semana Santa Querido/a nazareno/a: Para mí es todo un honor poder dirigirme, en este mi primer año al frente de la Junta de Cofradías de la Semana Santa de Cuenca, a toda la comunidad nazarena. No ha sido un año fácil. Más bien, me atrevería a afirmar que ha sido el más importante de la ya dilatada historia de la Junta de Cofradías, debido a los importantes retos a los que hemos tenido que enfrentarnos. En esta cada vez más rica publicación, encontrarás un anuario que recoge la frenética actividad llevada a cabo por la propia Junta de Cofradías y por lo tanto de las diferentes hermandades que la componen. Actividades que han intentado relanzar y situar a la máxima institución nazarena en el lugar que por merecimiento propio debe ocupar dentro de la sociedad conquense y más allá de los límites de nuestra provincia, que para eso se nos ha concedido, y con orgullo lo llevamos, el título de: Declarada de Interés Turístico Internacional. Quisiera lanzar dos pinceladas muy breves, una de ellas referida a la nueva sede de la Junta de Cofradías, como un digno espacio dotado muchas posibilidades de trabajo. La sala donde se ubica la Junta de Diputación, que mantiene el nombre de D. José Guerra Campos, invita por su diseño a los representantes a trabajar y construir, pues ellos son pilar básico de esta estructura. En segundo lugar quiero referirme a ese perfecto complemento ubicado en la planta baja y primera del edificio de la nueva sede de la Junta de Cofradías y que no es otro que el Museo de la Semana Santa. El cual abrió sus puertas el 10 de mayo del año pasado, y que hasta el momento de escribir estas líneas, ha sido gestionado y mantenido con verdadero acierto por la Junta de Cofradías. No debo, ni quiero ignorar la procesión “Camino del Calvario”; Así, este año, se emprenderán nuevas acciones tendentes a conseguir la total normalización

lo que debe ser única y exclusivamente un acto de catequesis nazarena. Errores habrá. Críticas vendrán. Pero, no dudes, ni por un instante, en que todo se ha preparado con un único objetivo: dignificar, honrar ya amar a nuestra Semana Santa. Y esta labor no tiene que ser sólo nuestra, también tú puedes ayudar. Y ahora te corresponde a ti. A ti, nazareno, con tú tulipa, tú cruz, portando cualquiera de las insignias de tu hermandad o cargando con el peso del banzo; a ti, penitente, con tu cirio y tu desarmado capuz; a ti, turbo, de clarín o de tambor; y a ti también, nazareno de acera o de balcón;…Participa y da ejemplo con tú comportamiento; y piensa que todos, absolutamente todos, tenemos la responsabilidad y el deber de mantener, intacto, el legado que tanto esfuerzo, trabajo y sacrificio significó para nuestros mayores. Antes de concluir quiero tener unas palabras de reconocimiento y aliento para los componentes de la Banda de Tambores y Trompetas de la Junta de Cofradías, que con su generosa y excelente labor demuestran, como nazarenos que son, su sentimiento por la Semana Santa. De igual forma, agradezco a todos mis compañeros de la Junta de Diputación su complicidad para con este presidente y reconocer y valorar el esfuerzo de los integrantes de las diferentes comisiones de trabajo. Y como no, también desde estas líneas, quiero hacer referencia a las personas que me acompañan en ésta, al fin y al cabo, maravillosa aventura: Toñín, Rafa, Blanca, Javier, Esther y José Javier, es decir la Comisión Ejecutiva de la Junta de Cofradías, por su labor constante y sincera en favor de nuestra Semana Santa. Y para terminar, disculpar la licencia, vayan estas últimas líneas dedicadas a mi familia, a mi mujer e hijos, porque sin su apoyo, comprensión y sacrificio hoy, yo, no estaría aquí. Gracias a todos y disfrutad de Vuestra Semana Santa.


Fotografía: Julio Palencia Garrote

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SALUDA

José Javier Muñoz Pérez

Delegado Episcopal ante la Junta de Cofradías Queridos Hermanos Nazarenos y Nazarenas:

Gracias a la oportunidad que me brinda la Revista “Cuenca Nazarena” quiero enviaros un saludo cordial a todos los que tenéis, cultiváis y trasmitís el espíritu nazareno. Como conquenses y nazarenos este año es muy especial e importante para todos nosotros y nuestras familias, ya que celebraremos la Semana Santa dentro del marco incomparable del VIII Centenario de la muerte de nuestro Santo Patrón y segundo Obispo de la Diócesis de Cuenca: San Julián. Por lo tanto, un Año de Gracia del cual hemos de extraer los mayores frutos espirituales para nuestra vivencia cristiana y nuestras almas. También os invito a participar en el VIII Encuentro Diocesano de Hermandades y Cofradías de la Diócesis de Cuenca que celebraremos el próximo día 13 de Abril. Momento de especial importancia para todo el que se siente hermano y cofrade será el de poder ganar el Jubileo en la Catedral ante los restos del Santo Patrón, después de la solemne procesión que transcurrirá por nuestras benditas y hermosas calles de Cuenca. Es muy importante en estos días de ajetreo, de juntas generales de hermandades, puestas en andas, actos diversos, cenas, citaciones, túnicas... que nunca perdamos el autentico sentido espiritual de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Por ello, os invito y animo a presentaros con un corazón limpio para celebrar estos hermosos días en unión con los demás hermanos, a confesar, a comulgar el cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo y a rezar por las intenciones del Papa en estos momentos históricos que nos ha tocado vivir. A nuestros visitantes que con su pluralidad de lenguas, pensamientos, creencias, ideologías les damos a todos la bienvenida desde lo más profundo del corazón. Les pedimos que observen y se empapen de nuestra fe y de nuestras tradiciones respetándolas al máximo, para que luego ellos de vuelta a sus lugares de origen sean misioneros como los discípulos del Señor que contaron con alegría y gozo todo lo que habían visto y oído. Y por la intercesión y protección de nuestra Madre, la Virgen María, pedimos que estos días se desarrollen dentro de un marco de paz, amor, cordialidad, unión y alegría entre todos los que nos llamamos y decimos hermanos nazarenos. Con mi saludo y bendición.


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Fotografía: Enrique Martínez Gil

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ENTREVISTA

Entrevista a Javier Caruda de Juanas, Pregonero de la Semana Santa 2008

“La esencia de la Semana Santa de Cuenca es el vínculo que la une con las familias” Por Berta López (Coordinadora de El Día Nazareno, EL DÍA) Javier Caruda (Cuenca, 1968) es un tipo tranquilo. Nazareno desde que nació —como todo conquense que se precie— este año tendrá el honor y la responsabilidad de pregonar una Semana Santa con la que ha crecido y que es, un poco también, su historia. Atrás quedaron años de trabajo al frente de la Junta de Cofradías y, en el horizonte, más trabajo nazareno pero éste de fila, de banzo, de tulipa, de guión... más anónimo pero igual de importante. Es por la suma de trabajos anónimos por lo que es grande la Pasión en Cuenca. Javier toma aire, mira hacia arriba en actitud pensativa, como si estuviera desfilando ante sus ojos la procesión. La más hermosa. Luego, empieza a hablar. ¿Se esperaba la designación como pregonero de la Semana Santa de 2008? J.C: Ciertamente, y viendo que por el estrado de San Miguel ya habían pasado los dos últimos presidentes de la Junta, tanto Antonio Pérez Valero como Manuel Calzada Canales, imaginaba que antes o después recaería en mí este honor. Pero la realidad es que no esperaba que fuera tan pronto, de hecho, cuando pregone la Semana Santa no se habrá cumplido un año desde que dejé la presidencia de la Junta de Cofradías de Semana Santa aunque siga siendo miembro de la Junta de Diputación. Pregonar una Semana Santa como la nuestra ¿es un honor o una responsabilidad? J.C: Hombre, creo que lleva algo de ambas cosas. Creo que lo más importante para un nazareno es hablar a sus propios hermanos nazarenos de sus vivencias, de su amor a la Semana Santa , del por qué de su participación nazarena, en fin, de todo aquello que hemos vivido a lo largo de tantos años y que cada primavera ponemos en escena. Por otra parte, siempre he dicho que me considero católico practicante (si es que esto ahora se puede decir así) y creo que esta fe que comparto con tantos hermanos nazarenos también ha de aparecer en el pregón, por lo que es un honor para un católico hablar de la festividad más grande que tenemos y que es la Resurrección de Cristo. Pero también es un responsabilidad ya que por este puesto han pasado grandes personas, magníficos escritores y fabulosos nazarenos y, cuando lo pienso, me empequeñezco un poco. Pensar que mi pregón va a seguir una tradición donde han participado Federico Muelas, Julia Sarro, José Luis Lucas Aledón o incluso el propio monseñor José Guerra Campos, pues me da un poco de vértigo. Además, creo que todos tenemos un poco de pregoneros, cartelistas, directores de

banda, presidentes de Junta… quiero decir que seguro que se va a valorar este pregón desde muchos puntos de vista con lo cual aumenta el grado de responsabilidad. ¿Cómo ha sido el proceso de elaboración del pregón? ¿Le ha llevado mucho tiempo? J.C: Pues la verdad es que el proceso está siendo un poco extraño porque lo estoy plasmando primero en mi cabeza para después pasarlo al papel. Por otra parte, no sólo estoy valorando qué decir, sino también cómo decirlo. Y aquí son una pieza importante todos los accesorios que han contribuido a formar mi yo nazareno. Estoy hablando de música, olores, colores, sensaciones, alegrías, penas… y todo esto es lo que estoy mezclando en esta fase creativa. La verdad es que me está llevando mucho tiempo porque creo que no estará terminado del todo hasta la misma tarde del pregón, siempre habrá un retoque, una idea..Casi podría decir que está siendo algo vivo. Cuando le comunicaron la noticia... ¿tuvo claro lo que quería transmitir? J.C: Sí, lo único claro que he tenido desde el principio es que quería transmitir nada más y nada menos que mi experiencia como nazareno durante más de 30 años. Y mi experiencia como directivo de la Junta de Cofradías durante casi 12 años. ¿Cuáles van a ser las líneas generales que rijan su pregón? J.C: En primer lugar, quiero que sea breve, prefiero que terminemos con ganas de seguir hablando de Semana Santa que no que estemos todos deseando terminar el solemne acto del pregón. En segundo lugar, será un pregón íntimo, ya le decía antes que voy a hablar de mi experiencia. Y en tercer lugar, me gustaría que aparecieran en el pregón diversos valores que a menudo hemos olvidado en el día a día nazareno, como puedan ser la amistad, el humor, la caridad, el amor… Hablando de la brevedad del pregón de la que hace gala. Haga un ejercicio práctico... ¿Podría resumir, en pocas palabras, la esencia de la Semana Santa de Cuenca? J.C: Uy, no sé si sabría resumirla. Creo que la esencia de la Semana Santa es precisamente el vínculo que se produce de una manera especial entre las familias conquenses y la propia Semana Santa. Ese hecho inexplicable de participar de una forma continuada en esta tradición pone de manifiesto el carácter conquense. Nos gusta


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participar de una manera anónima, de una forma callada…Y además nos gusta tanto que podemos hablar de ella en cualquier parte del mundo y en cualquier época del año. Por lo tanto, creo que la esencia es esa implicación. ¿Qué queda de aquél nazareno que comenzó a salir en procesión con su padre, en las filas del Amarrado, en 1972? J. C: ( Javier se queda en silencio un momento, pensando) Pues quedan muchas cosas. Queda la emoción al vestirme en casa de mis padres para salir en procesión. Queda la desazón cuando algo sale mal. Quedan las mariposas en el estómago hasta que la procesión echa a andar. Queda la ilusión transmitida a mi hijo ahora para desfilar, si es posible, todos los días. Queda la responsabilidad de aquellos años como Hermano Mayor infantil…Y sobre todo queda el deseo de formar parte de una cadena invisible, casi eterna que ha permitido que la Semana Santa de Cuenca sea como es.

Fotografía: Antonio Abarca Contreras

Acostumbrado a comparecer ante los medios de comunicación e incluso “veterano” ya en esto de pregonar la Semana Santa —por aquella primera experiencia en Alicante— ¿Será inmune al miedo escénico este Viernes de Dolores en la iglesia de San Miguel?

J.C: No lo sé. La verdad es que a lo largo de mi vida me presento al público casi a diario. Durante la época en la que fui miembro de la Comisión Ejecutiva de la Junta de Cofradías, tenía con los medios de comunicación una relación también casi diaria, he pregonado la Semana Santa de Cuenca en Alicante…pero en ninguno de estos casos he tenido que desnudar mi alma ante gente que espera tanto de mí. En fin, no quiero pensarlo, espero que el Amarrao me eche una mano y me ayude a no tenerlo. ¿Cómo concibe un acto de pregón de la Semana Santa? J.C: La verdad es que he tenido la fortuna de estar presente en muchísimos pregones de Semana Santa. Este acto ha pasado de ser un acto farragoso donde se daban premios y premios hasta casi dejarlo en exclusividad para el pregonero. No creo que un pregón, en el siglo XXI, tenga que ser la lectura por parte de una persona de un texto más afortunado. Creo que hay que hacer del pregón un acto interesante para la gente que acude a verlo. Y... ¿Qué hay de las sorpresas prometidas? J.C: Si dijera algo no habría sorpresa….pero si han leído la pregunta anterior algo se podrán imaginar.


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Pedro Mercedes, cartelista de la Semana Santa 2008

Semana Santa en la “alfarería” Por Tomás Mercedes Martínez La Semana Santa empezaba en la alfarería, -así llamamos no sólo al taller sino a la casa anexa en que mis padres han vivido durante años-, coincidiendo más o menos con el inicio de la Cuaresma, cuando una vez conseguida la “cazalla de la sierra”, dábamos el “pistoletazo de salida”, dejando secar las cáscaras de naranja en las cuerdas de cáñamo, con el fin de proceder a la elaboración del tradicional resolí, por supuesto, mezclando los ingredientes en unos viejos barreños de barro, y posteriormente embotellarlo en unas pequeña garrafas. “..una vez que has probado este resoli, no te sabe otro tan bueno..” comentaba Pedro, refiriéndose al resultado de aquella vieja receta, “trajinada” por su mujer Angustias, que a su vez la había recibido, a modo de “legado”, de su padre, Gabino “el danzas”, que regentó durante años una taberna llamada “El Buen Caldo” cercana a la Plaza Mayor. El proceso era largo y laborioso, haciendo parecer la cocina de casa como una gran plantación de algodones, preparados para el “cuele”, y envuelta en una neblina de olores entremezclados entre el café, la canela, la cazalla y los cítricos que se infiltraban por las ranuras de las puertas hasta el salón de la casa donde mi padre Pedro, aguardaba trazando sobre el periódico local, algún gallo, toro, o amazona que proviniendo de su imaginación se hacía paso entre las noticias de esa Semana Santa. Recuerdo con agrado el resonar de los tambores, que provenientes de el Escardillo y poco más tarde Palafox, entraban por los muros de la alfarería mientras que en el salón de la casa se sucedían las visitas no solo de amigos, sino de personalidades, que aprovechando estos días visitaban a mi padre y contemplaban sus obras. Todos, como una gran familia en torno a la mesa central del salón, nos dejábamos llevar por el gusto acafeitado del resolí comentando anécdotas, vivencias y pasos que como los de esa procesión, anunciada su cercanía por los tambores y cornetas, estaban aún por dar.

Fotografía: Enrique Martínez Gil

Baste una par de muestras: De Carmen Conde, poeta, se lee en el libro de firmas:“Los ángeles con los que sueñas P. Mercedes, son los celestes cipreses de fuego que montan la guardia alrededor de tu barro y de tus manos, para que Cuenca viva (toro, pez...) en el universo de las formas puras. 31-marzo-61 Viernes Santo en Cuenca” O ese artículo publicado en “El País” de Montevideo, el 19 de abril de 1962 ( Jueves Santo); “…En Pedro Mercedes existe una pura corriente de fe en el Todopoderoso y por ese río de vivencias limpísimas, él nos ofrece una perspectiva de obras como nunca habíamos visto, ni presentido…”.


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Fotografía: Enrique Martínez Gil

El día de más ajetreo era el Jueves Santo, por la mañana preparábamos las tulipas y dejábamos enfundados los capuces, para nada más comer, vestirnos y acompañar a “La Soledad del Puente”, nos gustaba ponernos al final de la filas, para así ir más cerca de la Banda Municipal y hacer, de esa forma, más agradable el camino bajo sus acordes.

Mi padre vivía esta semana de idas y venidas a través de las alegrías y sentimientos de su mujer, que ya sabiendo que el timbre de casa no pararía, preparaba dos grandes barreños de barro, repletos de torrijas, como es tradición, uno de vino y otro de leche, siendo el primero el predilecto de el alfarero de San Antón, que siempre pedía: “…riégamelo un poco más”, a ese bien llamado “postre divino”. El sábado de Dolores, con las ramas de palma preparadas para vestir los balcones, mis hijos marchaban a Cuenca. El domingo de Ramos revivían en la subida de la Plaza Mayor, la entrada que en su día hizo Jesús en Jerusalén sobre la “Borriquilla”. Era un día de alegría y preparativos sabiéndonos dueños aún de una semana llena de pasos por dar.

Mirando atrás, a mi infancia, encuentro entre mis recuerdos más agradables, la figura del “Ecce Homo”, figura que mi padre nos había esculpido rápidamente, tras mucho rogarle y no de muy buena gana, y que usábamos los chiquillos del barrio para prolongar la Semana Santa una vez ya terminada. Nos la colgábamos en los hombros, en unas andas echas por nosotros a modo de paso y mientras unos tocaban unas latas vacías, como si de tambores se tratase, con unos palillos de los listones de pino que mi padre utilizaba para su horno, los otros llamaban a las casas solicitando una “ayuda para los hermanos”. Estoy totalmente de acuerdo con ese grupo de personas que opina que quizás una de las cosas mas interesante de nuestra Semana Santa es mantener la tradición, aquello que has visto en tus mayores y que tratas de trasladarlo a los que te continuarán, para que no se pierda eso que todos conocemos como: “raíces”.


ENTREVISTA

Pedro Mercedes. Biografía Pedro Mercedes se sintió cautivado por la alfarería al ver cómo Florentino Merchante, casado en segundas nupcias con su madre, levantaba el barro para hacer botijos y cántaros. Luego el fuego le enamoró. La fascinación llegó tan hondo que a los once años se escapó de la escuela para refugiarse en el alfar, donde ha permanecido durante cerca de 60 años, recogiéndose junto al duende que habita su mas que centenario taller, el amor y compañía de su esposa Angustias, y el recuerdo de su ayudante, José Martínez, cómplice de sus investigaciones. Desde el inicio en los trabajos más humildes, empezó a sentir que a sus cacharros les faltaba algo. Investigando, llegó a la técnica del raspado, lo que dio el empujón definitivo a la alfarería conquense «...Yo veía que en los palacios, en las catedrales y en las casas señoriales estaban las obras de nuestros tapiceros, alfombreros y herreros, todos menos los alfareros, y eso me fastidiaba mucho..». Ha zanjado el desaire sin renunciar a las formas de la cerámica popular. Su triple secreto es haberse enamorado de la alfarería, sacrificarse mucho y no rajarse nunca: «....Luego se aplican los sueños y la imaginación, pues aunque no existan en el momento de ha-

cer la pieza, sí están presentes de forma etérea para llevarlos a la realidad.. ..». Cada una de sus piezas es fiel reflejo de esa particular filosofía. Preñadas de figuras y elementos, que narran sus más íntimos pensamientos y reflexiones Después, infinidad de trofeos, premios y distinciones; entre ellas, la Medalla de Oro de Castilla-La Mancha, entregada en 1988. Medalla de Oro de la Ciudad de Cuenca, 1989 y la mas cercana Académico de Honor de la Real Academia de Las Artes y las Letras de Cuenca en 2.007. Sus trazos obedecen «encantados» a esos misterios. Contento de todo cuanto ha hecho, confiesa que su gran obra maestra no existe.: «..Es el misterio del arte, que no acaba y está en el sentido de cada persona. Todo el mundo es artista si se pone a hacer algo». Afortunadamente para Cuenca y para Castilla- La Mancha, Pedro se puso a ello hace tiempo. Muchas gracias Pedro Mercedes. PEDRO MERCEDES - Nacido el 31 de julio de 1921 - Maestro Ceramista de Cuenca. De el catalogo “Maestros Artesanos de Castilla-La Mancha”. Editado por Junta Comunidades Castilla La Mancha.


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FotografĂ­a: Antonio Abarca Contreras

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Fotografía: Enrique Martínez Gil Fotografía: Antonio Abarca Contreras

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Anuario 2007-2008 El 28 de marzo de 2007 los conquenses que mirasen hacia el Cerro de la Majestad podrían ver las tres cruces blancas ya dispuestas para presidir el gran acontecimiento que supone en Cuenca la Semana Santa. Los días de la Pasión ya estaban anunciados semanas atrás gracias al cartel realizado este año por Carlos Codes, que representaba el Paso del Prendimiento de Jesús. Dos días después estaríamos ya inmersos en el momento en que en la iglesia de San Miguel Manuel Calzada Canales pronunciaría su pregón de Semana Santa. Comenzaba una semana que estaría marcada por la amenaza constante de la lluvia, que llego a caer durante varios desfiles procesionales y del frío en las noches de procesión. El Domingo de Ramos se pudo desfilar en todo su esplendor pese a un sol titubeante y la lluvia que había caído la noche anterior, lo mismo sucedió con la procesión del Lunes Santo que desfilo con toda normalidad pese a las bajas temperaturas de la noche. El Martes Santo la procesión estuvo a punto de no salir debido a la lluvia y tras una hora de espera se dio inicio a la misma. El Miércoles Santo la procesión si pudo salir aun cuando a la hora de la salida la lluvia quiso ser protagonista, sin embargo y pese al gran frío que hizo esa noche todo discurrió con normalidad. De nuevo la procesión de “Paz y Caridad” del Jueves Santo estuvo amenazada por la lluvia que apareció varias veces a lo largo la misma y que discurrió con gran brillantez. Viernes Santo, sin duda el día más nazareno del año. La procesión “Camino del Calvario” tuvo que acortar su recorrido debido a la lluvia de acuerdo con todos los integrantes de la procesión; hermandades y Junta Regidora del Grupo Turbas, sin embargo al final se produjeron varios incidentes que empañaron una vez mas este desfile. No tuvo mejor suerte en cuanto a la climatología la procesión “En el Calvario” que fue obligada por la lluvia a cobijar los pasos en la Catedral y a subir y bajar por el mismo trayecto. La procesión del Santo Entierro estaría también marcada por constantes amenazas de lluvia que descargo en la última parte del desfile procesional. El Domingo de Resurrección fue brillante, con el sol acariciando el Encuentro de Jesús Resucitado y la Virgen del Amparo. Una vez finalizada la Semana Santa la fecha principal seria el 21 de abril, día en que se inauguraba el Museo de Semana Santa. Esa tarde, con la asistencia del Presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y de numerosas autoridades los nazarenos de Cuenca podrían ver con sus propios ojos el tan ansiado Museo, que con mucho trabajo y desvelos se ponía en marcha. Desde esa fecha la Junta de Cofradías de Cuenca dispondría además de una nueva sede en dicho edificio.


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Fotografía: Antonio Abarca Contreras

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El día 24 de abril en Junta General y tras la lectura de los informes relativos a cada desfile procesional de la recién finalizada Semana Santa tuvieron lugar las elecciones a Presidente y Comisión Ejecutiva de la Junta de Cofradías, la única candidatura presentada fue votada siendo elegidos Jorge Sánchez Albendea, Presidente; Antonio Abarca Contreras, Vicepresidente; Blanca Benito Moreno, Secretaria; Javier Hevia Ceva, Vicesecretario; Rafael Pérez Caballero, Tesorero y Esther Montón Hidalgo, Contadora. Se agradeció la labor de los antiguos miembros de la Comisión Ejecutiva José Miguel Martínez Duque y Antonio Serrano Leal y la labor realizada por Javier Caruda de Juanas como Presidente el cual manifestó que había sido un honor y un orgullo presidir nuestra Junta de Cofradías. Comenzarían a trabajar de cara a la Semana Santa venidera las distintas comisiones que forman parte de la Junta de Cofradías; la Comisión de Organización, la Comisión de Publicaciones y la Comisión de Bandas. Al mismo tiempo la Comisión Ejecutiva ocupara gran parte de su tiempo de trabajo en la gestión del nuevo Museo recién estrenado, contactando con los futuros patronos del mismo, costes, creación de la futura Fundación, etc., así como de los asuntos pendientes entre los que destaca la búsqueda de soluciones para atajar los problemas que arrastra la procesión Camino del Calvario, trabajando de forma conjunta con las tres hermandades y el Grupo Turbas. El 10 de mayo se abriría al público visitante el nuevo Museo de Semana Santa, con acceso desde la calle Andrés de Cabrera, recibiendo más de cuatrocientas visitas en los cuatro primeros días de funcionamiento. La procesión del Corpus Christi fue organizada por tercer año consecutivo por la Junta de Cofradías, esta tuvo lugar el 10 de junio, siendo portada la custodia por miembros de distintas hermandades. A finales de mes se inauguro en el Museo la primera exposición que mostraría al público los treinta trabajos finalistas del V Concurso Internacional de Fotografía Ciudad de Málaga.

En el mes de septiembre se realizara la última Junta de Diputación en el edificio de Solera. Durante esas semanas fueron trasladadas a la nueva sede de Andrés de Cabrera diversos servicios de la Junta como la secretaria, tesorería, el archivo, y se comenzaría a adecuar la nueva sala de Junta de Diputación para las juntas mensuales de los miembros de la misma. El hecho más importante fue la elección mediante votación entre las hermandades del artista conquense Pedro Mercedes como cartelista de la Semana Santa del 2007. En el Museo de Semana Santa se inaugura una nueva exposición conmemorativa del Cincuenta Aniversario de la Coronación de la Virgen de las Angustias, patrona de la Diócesis. también se participa en la organización y desarrollo del VIII Encuentro Nacional de Delegados Diocesanos de Hermandades y Cofradías que se celebra en Cuenca a finales de este mes. La Junta de Diputación correspondiente al mes de octubre tiene lugar en la nueva sede de Andrés de Cabrera, en esa misma sesión fue elegido el pregonero de la Semana Santa del 2008 entre diversos candidatos presentados por las hermandades, recayó ese gran honor en Javier Caruda de Juanas, anterior presidente de la Junta de Cofradías. Este mismo mes varios miembros de la Ejecutiva participaron en el II Encuentro Internacional de Cofradías y Hermandades celebrado en Murcia. Durante el mes de noviembre las hermandades conocen como será la nueva Fundación que regirá el Museo de Semana Santa, su presupuesto y aportación por parte de cada hermandad. En el último mes del año se inaugura una nueva exposición en el Museo en torno al Belén realizada por el belenista conquense Joaquín Culebras. Son aprobadas las cuentas del ejercicio económico por mayoría y el protocolo de cierre de desfiles procesionales. También se cambia el domicilio social de la Junta a la nueva sede de Andrés de Cabrera. El presupuesto de la Junta de Cofradías seria definitivamente aprobado en la primera Junta General celebrada el 15 de enero de 2008.


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Aquel Jueves Santo Por Carmen Herráiz Yébenes Chopos del Júcar que veis pasar año tras año las imágenes de la Semana Santa. ¡Hablad, decid lo que habéis sentido al oír el sonido de la campana que abre el desfile procesional de “Paz y Caridad “! ¡Acaso no os habéis turbado cada Jueves Santo ante el paso del “Huerto”, del “Amarrao”, “Ecce Homo, “Jesús del Puente” y “La Soledad”. Puente de San Antón, balconada que nos permite asistir al evento y en el que parecen estar las huellas de los nazarenos, de las horquillas de los banceros…, tan nuestras… Pisadas inconfundibles de penitentes, samaritanas y gente, mucha gente. Todos queremos, con vosotros, chopos que conformáis el paisaje, volver a vivir la Semana Santa, ocasión que se os ofrece para agitaros al viento al son de las marchas de Cabañas…Suenan de nuevo los sonidos en esta noche misteriosa, sombras de capuces y siluetas reflejadas en el Júcar. Se termina el cortejo, la procesión lentea hacia la Virgen de la Luz. “El Amarrao” no desea encerrarse de nuevo en el templo; allí ya han llegado el “Huerto”, el “Ecce Homo” y varios pasos más; ese Cristo que va a morir unas horas más tarde nota el peso de Cuenca, Tambores, clarines,…,ahora la fe y la devoción, , con la madrugada, se desplazan a la plaza de “El Salvador”. Amanece entre las piedras y la hiedra, esta vez, con la gente en la calle. El Salvador, un Calvario, Jesús, de las seis asoma entre luces, tulipas ha esperado hasta ese momento entre el alborozo popular. Ya sale; es un momento mágico; parece como que el tiempo se detuviera; no hay silencio ni calma, todo se mueve en el ambiente. El Nazareno surge de la noche, las puertas del Salvador semejan el Cielo, y detrás la “Verónica”. Tú supiste escoger el momento, la caída, la primera…San Juan también madruga. Ya lleva su palma batiéndose al viento, al frío de la noche. Los capuces que en el Jesús eran morados, de penitencia y de dolor ahora son verdes de esperanza. Juan, tu has anunciado el Bautismo, y , majestuoso y guapo no pareces presagiar la angustia que vendrá después. Y la “Soledad”, bajo palio, la Madre llora, no querría ver lo que le hacen a su Hijo. Las turbas, ya lejanas en la calle no se acercan a María; la respetan y la comprenden. La Plaza Mayor y su Catedral de fondo sirven de marco para que los pasos descansen. Los nazarenos cogen fuerzas, los banceros, al bajar, cambiarán de puesto. Todos se dan cita en algún lugar, quedan con parientes y hacen amigos para compartir las viandas; los penitentes no conocen lo que es el refrigerio; ellos van a cumplir sus promesas, sus peticiones,…,… Al descender por Alfonso VIII el día va cogiendo color, tras encerrarse esa procesión, ya cerca de las dos de la tarde, nuevas imágenes vuelven a Cuenca. La Exaltación, paso de amor sublime, la Cruz ya no pesa, ha llegado el momento; el amor se ha hecho entre nosotros. Cristo no es como los hombres, no hay pruebas, no hay sentido para esto.

Y la “Lanzada”, símbolo de la ignominia, del escrúpulo, no queremos ser ese que hiere aún más a Cristo… La agonía, Coullaut Valera le puso rostro, y cada uno lo interpreta a su manera. Capuces de color fuerte, túnicas amarillas, rancias ya de tantas Semanas Santas, y guardadas año tras año, del padre, del abuelo…,…Y los más pequeños viven sus primeros pasos en las procesiones, quienes los llevan de la mano ya han pasado por estas experiencias y pueden contarles anécdotas de sus tiempos jóvenes. Las mujeres, también ellas constituyen una riqueza en nuestra Semana Santa. En primer lugar, las sastras, que ponen en sus manos todo el corazón para que cada puntada sea un golpe de amor, de sentimiento. No quieren ignorar lo que esa túnica va a presenciar y el arrepentimiento que esconde ese capuz que todavía no es sino un trozo de tela. ¡Cuántos rosarios y plegarias!. Eso es lo que hacemos todos bajo la túnica; rezamos y pedimos por los nuestros. ¡Qué miradas tan esperanzadoras se adivinan tras los capuces! ¡Qué color tiene el día! Y ¡Qué tristeza deja la mañana-tarde en Cuenca!. La Virgen de las Angustias,…tu ya sola, desvalida entre tanto clamor, te han quitado a tu Hijo, y todos, sin excepción queremos acompañarte. Túnica morada por el mal momento que estamos pasando y capuz negro de dolor, de frustración, de Viernes Santo. Comienza a nublarse. María, de luto, sumergida en llanto. ¡Qué pena mirarte, y, a la vez que escena de triunfo al ver a tus hijos…los nazarenos, los hermanos! Te hemos visto con Esperanza, Amargura, Soledad, y, pronto serás nuestro Amparo, pero es todavía Viernes Santo: pena y angustia. Nazarenos que vuelven cansados a sus casas, donde se almacenan recuerdos, devoción y costumbres de años y años. Y en mi familia, como la de tantos conquenses siempre hemos sido de una, de varias hermandades, y cada Jueves y Viernes Santo nos hemos calzado de nazareno, de penitentes, cada uno a su sitio a “dejarse “ en la procesión, como en la primera vez. Este año algunos se estrenarán como banceros, y en sus hombros sentirán la Cruz, porque así también se reza, se sacrifica. Y nuestro Cristo espera arrepentimiento de ese nazareno que siente ese fervor hacia su paso. Y la noche cae sobre Cuenca. Procesión tras Procesión así ha sido la jornada y ahora viene lo fatídico…, el Santo Entierro. La Cruz desnuda, allí donde has triunfado para que nosotros seamos algo. Recorre las calles de Cuenca, con interminables filas de nazarenos. Desfilan todas las cofradías como representación de Semana Santa. Su majestuosidad silenciosa y sublime contrasta con el comienzo que ha tenido el día. Ante el “Yacente” nos rendimos. Ya no podemos hacer otra que bajar al Santuario de las Angustias a pedir perdón y a acompañar a su Madre. Tus nazarenos, de negro, no se atreven a clavar las horquillas en el empedrado, no quieren sentirse más culpables…


OPINIÓN

Pronto llegará otra Semana Santa, en nuestras esquinas sonarán los himnos más conocidos de Aguirre, y volveremos a nuestras hermandades para preparar los actos, la subasta de banzos y diferentes ceremonias.

En las Iglesias visitaremos a menudo nuestros pasos y les hablaremos de nuestra marcha pero habrá que esperar al año que viene para escuchar “Nazareno, no me dejes, no quiero sentirme solo”. Cristo, nos dirá, entonces, ¡Muero rodeado de los míos, y mis nazarenos de Cuenca están conmigo! Y los chopos esperarán pacientes el próximo Jueves Santo, permanecerán impasibles custodiando el Júcar y tras la Cuaresma, llegará la Semana Santa, y las cuatro de la tarde anunciará que la Virgen de la Luz abre sus puertas y tras el Amarrao, Jesús del Puente, Ecce Homo…,… y tantos otros se encontrarán con sus nazarenos de túnica y capuz. El hermano mayor dará las órdenes; la procesión va a comenzar. La campana anuncia el cortejo; ya es Jueves Santo en Cuenca.

Fotografía: Enrique Martínez Gil

Y por fin, tras el descanso del Sábado llegan los albores del Domingo de Resurrección y se llenan las calles de alegría. El “Encuentro” tiene lugar a horas tempranas, cada uno llega por un lugar y en el sitio convenido se produce el revoloteo de las palomas y el bullicio. La Virgen, cambia el color de su manto y reconoce a su Hijo tras el episodio de la Cruz. Cuenca se engalana. Se ha terminado el peregrinar y ahora Madre e Hijo caminan por al son de músicas alegres.


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Fotografía: Julio Palencia Garrote

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Semana Santa:

Expresión de fe, expresión de un pueblo Por Manuel Romanos Genzor. Sacerdote. Hermano de “La Borriquilla”, de San Juan Evangelista y del Resucitado Allá por el siglo IV, una peregrina española, oriunda de Galicia, de nombre Egeria, o Etheria, llegó a Tierra Santa y nos ha dejado de legado, lo que pudiéramos llamar el “diario” de su peregrinación. Aquí podemos ver la profunda impresión que le causó la celebración de la Semana Santa, del Misterio de Cristo, en el mismo lugar de los hechos, en tiempos del obispo Cirilo de Jerusalén. Nos transmite el testimonio de lo que podemos llamar las primeras procesiones cristianas: Describe la procesión del Domingo de Ramos, donde la gente subía cantando himnos a la cima del monte de los olivos, donde se encontraba lo que entonces se llamaba el “Inbomon”, el lugar desde donde se creía que el Señor había ascendido a los cielos. Allí se lee el texto del evangelio que nos narra cómo los niños de los hebreos con ramos y palmas salieron al encuentro del Señor. Después de la lectura del evangelio, el pueblo, a pie, parte hacia la Ciudad Santa, mientras que el obispo camina a lomos de una borriquilla. Nos dice la peregrina: “…y así es llevado el obispo en la misma forma que entonces fue llevado el Señor…”. Así era llevado el obispo hasta la Anastasis (Resurrección) y los niños, hasta los que tenían que ser llevados a hombros por sus padres portaban ramos y palmas aclamando al que viene “en nombre del Señor”.

Continua citando Egeria cómo, a lo largo de la octava pascual, se van realizando procesiones todos los días, desde lo que llama “la iglesia mayor” a las diferentes basílicas jerosolimitanas. Sería lo que hoy se concentra en una única procesión el domingo de Pascua: la procesión de “El Encuentro”. Vemos, por tanto, como ya en el siglo IV, se celebraban en Jerusalén las procesiones de “La Borriquilla” y “El Resucitado” poniendo el acento por un lado en reproducir los acontecimientos de la salvación: Pasión, Muerte y Resurrección del Señor en el mismo lugar dónde sucedieron y por otro potenciar con representaciones procesionales las catequesis postbautismales de los recién bautizados en la noche pascual. Estas representaciones procesionales que están presentes en la Iglesia desde los inicios, responden también a una necesidad primaria de la humanidad: El gesto de caminar juntos responde a la necesidad de agregación con la que el grupo humano adquiere consistencia, por ello este gesto de caminar juntos es un signo válido para significar la historia misma de la humanidad. De hecho este gesto se viene repitiendo habitualmente con motivaciones laicas, recordemos las múltiples manifestaciones de cualquier tipo (reivin-


OPINIÓN

dicativo, de protesta, de luto…etc.) que se llevan a cabo mediante este caminar juntos que compacta un grupo desde una motivación común. La procesión religiosa añade un elemento de notable incidencia psicológica: el orar subrayado por el movimiento, la oración resulta ayudada por una expresión más ferviente, la comunidad es potenciada en su unidad, su imagen es una larga fila que, con paso uniforme procede lentamente orando y bajo notas musicales, con vestidos uniformes en homenaje a un personaje o a un signo sagrado. Se camina no sólo para llegar sino también para vivir el camino; la procesión añade a la ritualización de los sentimientos de penitencia, súplica o acción de gracias, un simbolismo que hace ver que, mezclados en el camino y unidos en la oración o en el canto, los creyentes se descubren hermanados y más implicados en los mismos problemas. La procesión no es sólo un caminar juntos de cualquier modo: antes de partir se reúne la asamblea estructurada, parte de un lugar determinado, elegido, generalmente, por su valor simbólico, camina con un reglamento preciso y se dirige a una meta bien definida. Esto nos recuerda, además del fin específico de cada procesión, nuestra actitud de peregrinos en esta vida, la provisionalidad y transitoriedad de este mundo. Es cierto que, a menudo, con el transcurrir del tiempo, las procesiones, como cualquier elemento de lo que podemos llamar “Religiosidad Popular”, se han ido cargando de elementos negativos que llegan en algunos casos a corromper o perturbar las tradiciones, pero ello no nos autoriza a mantener una actitud iconoclasta, sino que deberemos purificar para mantener la autenticidad de la Tradición expresada en estos gestos de Religiosidad Popular, pues, de la importancia de ésta ya afirmaba Romano Guardini: “Nunca se podrá ni se deberá exigir que la liturgia sea la forma exclusiva de piedad colectiva”. (Cf.: GUARDINI R., Vom Geist der Liturgie).

Además existe el hecho de que esta expresión de la “Piedad Popular” que son las procesiones de Semana Santa, marca la sociología y la cultura de las gentes, desde las de una pequeña aldea a las de una gran ciudad, llegan a marcar la vida y costumbres del colectivo humano. Si nos ceñimos a los pequeños núcleos rurales, vemos que ya a lo largo de la Cuaresma va planeando la larga sombra de la Semana Santa, con los Via Crucis y los cantos penitenciales aflora el sentimiento cuaresmal de conversión para celebrar la Semana Mayor: “Perdona a tu Pueblo Señor, perdona a tu Pueblo, perdónale Señor”. En la ciudad, las hermandades van desempolvando los hábitos y comenzando sus actos… Podemos decir que al poco tiempo de finalizar la Navidad, cuando Enero decae, ya empieza a “oler a cera”. Gabriel y Galán nos lo describía en aquellos versos: “Cuando esta fecha caía sobre los pobres lugares, la vida se entristecía, cerrábanse los hogares y el pobre templo se abría”. Es el paralizar la actividad cotidiana de un pueblo, de una ciudad, para celebrar el centro mismo de la fe, no sólo desde la objetividad de la acción litúrgica, sino también desde todas las expresiones de la subjetividad del hombre, tanto a nivel individual como social, expresiones que abarcan desde lo más sublime hasta lo más ordinario: Desde los sentimientos de Piedad de las procesiones, hasta la creación de un “patrimonio gastronómico propio”. Sin embargo no podemos menospreciar estas expresiones de Piedad Popular pues hay detalles que nos muestran su grandeza, podría contar varias anécdotas pero así, de momento, recuerdo dos: En un pueblo de la Alcarria conquense la procesión de “El Entierro” del Viernes Santo llega al cementerio del pueblo, es una costumbre


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Fotografía: Enrique Martínez Gil

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más, pero, ¿no es expresar el convencimiento de que en la muerte de Cristo la muerte ha sido vencida? En otro pueblo alcarreño el Domingo de Pascua, finalizados los actos litúrgicos, la gente iba a comer por grupos, o por familias… y el menú era siempre el mismo: Caldereta de cordero, esto no tendría importancia, pero había un detalle, ese día los ajos tenían que ser “robados”, no podían ser propios, esto puede ser una tontería sin importancia, pero a mí me dio por pensar en aquella primera comunidad, la comunidad que surge de La Pascua, nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía, todo se compartía, ¿no puede ser este el origen de esta costumbre? Estos dos casos me hacen pensar que hasta el gesto más nimio puede estar cargado de simbolismo cuando está referido a la Semana Santa. Además, pienso que es en Semana Santa donde instintivamente afloran las formas más antiguas, más primitivas de las religiones. Hay un elemento que en mayor o menor cantidad se repite en las diferentes ciudades y pueblos de España: trompetas, tambores, timbales… etc. ¿Nos hemos parado a pensar qué sentido tiene esto? Cierto que podemos hablar de la llamada a la penitencia que hace el tambor ronco de la Vera Cruz; las injurias de la Turba al Nazareno que va camino del Calvario representadas en sonoros tambores, palillás y clarinás; el dolor y llanto por la muerte de Jesús del repiqueteo lúgubre y bronco de los tambores y bombos bajoaragoneses rompiendo la hora y haciendo brotar la sangre de los nudillos de los nazarenos; el luto al que nos invitan los siete mil tambores zaragozanos en la procesión del santo Entierro;… Cierto, pero si miramos más atrás, en las religiones más primitivas, vemos que son los distintos instrumentos de percusión y de

viento los que han sido elegidos por los diversos especialistas en lo sagrado (chamanes, brujos, sacerdotes…) para entrar en contacto con la divinidad. Y junto con la música utilizaban también la danza, danzas rituales con los símbolos sagrados. Y yo me pregunto, si no estaremos recordando esto cuando realizamos, casi de manera ritual, el baile de las imágenes en nuestras procesiones conquenses, o en el famoso “baile del Cinco de Copas” de la Semana Santa Zamorana a los sones de la marcha fúnebre de Thalberg, por poner otro ejemplo. Por todo esto podemos asegurar que las expresiones de nuestra Semana Santa son expresiones de oración, expresiones de fe, pero expresiones que surgen de las convicciones más profundas de un pueblo y de sus mismas esencias. La Semana Santa está metida en la entraña misma de Cuenca, de la ciudad y de sus pueblos, de sus hombres y mujeres. Por eso, cuidar nuestra Semana Mayor es cuidar nuestra Tradición y cuidar nuestra Tradición es cuidar nuestras propias raíces… Por eso el vivir con vosotros la Semana Santa, ha hecho que yo, que no he nacido en Cuenca, sea conquense como el primero. Esto es lo que hallé cuando, como Machado, mi juventud y madurez fueron más de veinte años en tierras de Castilla, en tierras de Cuenca donde había, como diría el poeta de Salamanca “unos cristianos que vivían como hermanos en república cristiana”, y el testimonio de estos hermanos ha hecho que yo hoy me sienta con ellos un Nazareno de Cuenca. Mantengamos vivo este espíritu hermanos, el “Espíritu Nazareno”, así lograremos que desde la celebración de la Semana Santa, Cuenca sea algo más que una ciudad o un paisaje… Será un puente de sangre entre los que fueron y los que serán.


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Tríptico a la

Soledad de San Agustín

Fotografía: Enrique Martínez Gil

Leonor Culebras I AMAR

II PINTAR

III INVOCAR

¡Quién no besó tu manto en la alborada

Si trazara un retablo sobre el lienzo

¿No sabes de la vela que ilumina

Donde el clamor de las turbas ensordece

“Puerta del Salvador”, a tu salida,

su rostro de mujer atormentada,

y el corazón de Cuenca se estremece

y el pincel flameara de mi herida

que la tulipa lleva reflejada

cuando sales, Señora, engalanada…!

con un rojo minado, al que no venzo.

y el nazareno besa en cada esquina…?

¡Quién no ha visto cruzar de madrugada

Al verte bajo el Palio, me convenzo,

¿No sabes que la rosa con su espina

una estrella de Luz, que resplandece,

que tanta Soledad en esta vida

hiere su corazón en la alborada,

e ilumina las hoces, donde crece

no puede ser pintada, ni vivida,

que las huertas intuyen la llegada

el Júcar, cuando pasas desolada…!

si no aceptas la Cruz desde el comienzo.

y el roquedal a su dolor se inclina…?

Si no sientes ternura en su mirada

Hay un rastro de añil que, predomina,

He invocado su nombre, con sordina,

de madre, de mujer, de penitente,

en el marco de Cuenca, venerado,

cuando las turbas roncas trompetean

en ese Viernes Santo, lacerado…

cuando subes llorosa la pendiente…

y rompen bajo el cielo la rutina.

No sabes del Amor Transfigurado

Y yo sigo creyendo, humanamente,

He invocado su nombre, peregrina,

ascendiendo, tan sola, entre la gente,

que pintar tu tristeza ha desvelado

por las calles de Cuenca, que cimbrean

mientras llora el tambor a su llegada.

que llevo más Amor en mi retina.

el Paso en Soledad, cuando camina…


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Nuestro Museo Nazareno Por José Ángel Palacios

Fotografía: Antonio Abarca Contreras

Alguien dijo y ha dejado escrito: “La cultura, moneda de cambio universal, nos convierte en útiles, nos relaciona, nos proyecta a los demás, nos permite hablar el mismo idioma. Una ciudad sin proyecto cultural no es nada. Una ciudad con un proyecto cultural que no ha sabido transmitir, tampoco”. Cuenca ha querido, quiere y querrá estar en esa dinámica de expansión de nuestras raíces, a través del movimiento cultural, por eso estamos inmersos en un ambicioso propósito para el año 2016, pero que siempre será un reto más para la cultura conquense. Los nazarenos estamos preparados para ser punta de lanza de todo ello, motivo por el que se ha creado el “Museo de la Semana Santa”, un proyecto con historia que ha llegado el momento de hacerlo realidad, siendo inaugurado el pasado mes de abril y un mes después abriendo sus puertas al público en general y es más, cuando este artículo vea la luz, posiblemente ya se haya formalizado la “Fundación” creada para soporte y gestión del mismo.

Siempre se ha dicho que nuestro museo era necesario, para difundir al resto del mundo lo que los nazarenos conquenses sentimos y vivimos durante la Semana Grande, pues desde el anonimato cada uno de nosotros contribuimos a que nuestras creencias religiosas sean entendidas, llegando a transformarlas en cultura, por lo que la representación escénica se queda “minimizada” a ocho días cada año. Pero con la apertura de este espacio nos abrimos al resto de los días del año y con ello contribuimos a que nuestra maravillosa ciudad, siga, día a día, consolidando el galardón que recibió en 1996 de “Patrimonio de la Humanidad, sin olvidar que el semanasantero conquense ya tuvo el honor, allá por 1980, cuando nuestra Semana de Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo fue declarada de Interés Turístico Internacional. Ahora, a través del Museo, cada Hermandad debe contribuir para ser un eslabón de la cadena, en el recorrido del que disfrutará el visitante al contemplar nuestras bellas Imágenes, situadas en las


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Iglesias para el culto y hacer de todo ello un gran espacio museístico que llene de más interés a la ciudad. Este ambicioso proyecto ha generado, dudas, tensiones, preocupaciones, críticas, incertidumbre,… Pero lo principal “ilusión nazarena”. Y ya está aquí, pero no debemos olvidar que es un lugar que debe “servir para servir” de puente entre la Semana Santa y el resto de los días del año, y debe ser durante estos últimos cuando este Museo tiene que saber proyectarse para paisanos y foráneos, tanto pertenezcan a nuestro mundo ideológico y cultural como al de otro orden de sentimientos religiosos, ó simplemente a personas que desde la “mirada con el ojo de la cultura” sean capaces de vislumbrar nuestra vida nazarena. Hoy por hoy, aún estamos creciendo, pero nos enorgullece comprobar que ya somos referencia en la ciudad, pues el edificio donde se ubica en unión a la sede de la Junta de Cofradías, es el antiguo Palacio de Girón y Cañizares, inmueble con mucho arraigo y ocupación, pero sin embargo ahora se le conoce y le llamamos “El Museo”.

Fotografías: Antonio Abarca Contreras

No olvidemos que hasta aquí, y en esa línea, seguirá la Junta de Cofradías y la mayoría de Hermandades que han realizado y realizarán con esplendor y dignidad, actos culturales de

todo tipo y dimensión. Ahora que estamos en el “inicio del principio” del camino a recorrer, todos los nazarenos juntos bajo el “paraguas” del Museo, debemos hacer un gran esfuerzo para que se consoliden los sueños de nuestros antepasados y cercanos; pues al haber cubierto esta primera etapa, no debemos abandonar nuestro empeño, tesón y trabajo para llegar a la etapa final, que es única y llanamente hacer, minuto a minuto, mas grande y espectacular nuestra Semana Santa, todos los días del año y todos los años que resten de nuestra vida nazarena.

Este artículo se inició escribiendo lo que ya dijo otra persona, que mayor orgullo que terminarlo haciendo lo mismo respecto de Cristóbal Halffter (compositor de la obra sinfónica, Turbas), que una vez dijo: “la máxima aspiración de la naturaleza, es la cultura y es el ser humano el que la realiza”. Como broche final hay que agradecer a todas las personas, asociaciones, empresas, instituciones y hermandades que de alguna manera han ayudado, desde tiempo inmemorial, a que sea realidad el museo de la Semana Santa de Cuenca, recordando que dicho proyecto ahora está mas abierto que nunca para todo aquel que desee aportar y participar en la consolidación de “NUESTRO MUSEO NAZARENO”.


Músicos nazarenos Por Rosario Arquero Avilés

Corría la Semana Santa del año 1986 cuando, por primera vez, tuve el privilegio de conocer la Semana Santa de Cuenca. Tan sólo tenía 12 años cuando estuve en ella por primera vez y lo cierto es que empecé viviéndola y conociéndola desde su propio interior, desde sus mismas entrañas, formando parte de sus propios recorridos. Los días 26, 27 y 28 de marzo de aquel año, fueron, respectivamente, mi primer Miércoles, Jueves y Viernes Santo. Durante nueve años, me sentí parte de ella como miembro de la Banda de Música de Horcajo de Santiago, bajo la batuta de mi tío y Maestro D. Exuperancio Martínez Córdoba. Aquellas marchas de procesión, interpretadas con mi flauta travesera, me permitieron ir descubriendo matices que, de no haber sido en ese contexto, no hubiera percibido: ritmo cadencioso, resultado de la perfecta combinación música-banceros y que llenó por completo el aire que respiraba. Como músico he percibido que, con la llegada de cada nueva primavera, Cuenca se convierte en el marco idóneo para la escenificación de la Pasión de Cristo, de tal forma que, cada detalle de la ciudad hace que se revista por completo de Nazarena. Acontecimiento y entorno se han convertido en cómplices con el transcurso del tiempo y resulta imposible separar el binomio CuencaSemana Santa: Cuenca no puede concebirse sin su Semana Santa y la Semana Santa en Cuenca adquiere rasgos distintivos que le confieren personalidad propia. La acuarela multicolor de la túnica y el capuz de las diferentes cofradías que, año tras año, hemos ido acompañando con nuestra música, nos ha envuelto siempre y la cadencia de las marchas de procesión interpretadas se ha fundido con los golpes de las horquillas de los banceros, creando una atmósfera indescriptible. Cada procesión de la Semana Santa conquense supone, para el músico, una oportunidad única para pasear por la singular historia de la ciudad y de su Semana Santa y la ocasión le convierte, de algún modo, en creador de la banda sonora de dicha historia: - El ascenso conduce al ayer, al pasado y a los orígenes de Cuenca. Se hace necesario respirar hondo para afrontar la subida por Alfonso VIII y para entonar con firmeza y seguridad cada nota, pues la música ha de convertirse en el ungüento que alivie el macerado hombro del bancero. Música que hace que los Arcos del Ayuntamiento se conviertan en el particular firmamento que concentra el sonido de las marchas de procesión al coronar el ascenso. - La llegada a la Plaza Mayor coincide con el momento álgido y central del trayecto: las imágenes que representan cada escena

Fotografía: Javier Santoyo

OPINIÓN

crucial de la Pasión de Cristo pueden ser contempladas en todo su esplendor. Es el momento del merecido descanso al hombro dolorido de los banceros y de templar las manos del músico que han sostenido el frío instrumento. - Comienza el descenso. Queda a nuestras espaldas el pasado noble de Cuenca. Se avanza, marcando el paso, hacia la Cuenca de hoy, la Cuenca joven que también quiere rendir homenaje a Cristo en el transcurso de su Pasión. La calle Alfonso VIII asemeja ahora un río que fluye, uniendo el ayer y el hoy de Cuenca, en un movimiento que integra pasos y cofrades al ritmo que marca la música envolvente. Como músico, pude vivir el contraste entre el pasado y el presente que se hacía palpable en el cambio del sonido de las horquillas de los cansados/incansables banceros. Un sonido que se apreciaba diferente, como el mismo devenir del tiempo: los grandes guijarros que mis pies pisaron entonces y el asfalto gris del suelo de Cuenca que daba paso a Carreterías, suponían un contraste y llegaron a convertirse para mí en actores de la representación de ese pasado y ese presente de Cuenca que yo viví. Seguir avanzando, seguir marcando el paso uniformemente, fundirse con cada nota aportada para constituir el todo, en cada marcha de procesión: San Juan, Nuestro Padre Jesús, El Cristo del Perdón, Descansa en Paz, Pobre Carmen, Hermanos Costaleros, Amargura, La Madrugá, María Mercedes, Pasa el Señor, San Miguel Arcángel, Cueva Santa, Dolor de Madre, Santa María de Ripoll, Mater Dolorosa, Recuerdo a mi pobre madre, La Virgen del Turia, Marcha Fúnebre de Chopin, Marcha Fúnebre de Beethoven, Macarena, Altare Dei, Cordero de Dios, Oremos, Mater Mea…por citar algunas de las marchas que formaron parte del repertorio de la Banda de Música de Horcajo de Santiago, durante los años en los que viví la experiencia descrita como integrante de la misma. Cada año volvía allí, sintiéndome privilegiada por formar parte de lo que para mí era un TODO: acompañar a Cristo en el revivir de su pasión y consolar a María con cada marcha que impregnaba el aire. Volver, como en la vida misma, al punto de partida donde cada año iniciábamos el trayecto de cada procesión, pero habiendo percibido sensaciones diferentes y con el convencimiento de haber vivido con plenitud cada Semana Santa en Cuenca. Es maravilloso poder afirmar que siempre habrá más Semanas Santas en Cuenca y con ello, más posibilidades de sentirse músicos nazarenos.


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Año Santo Jubilar de San Julián en el VIII Centenario de su Muerte (1208-2008)

Apóstol de la Caridad Por Ángel Horcajada. Sacerdote En este Vlll Centenario de su muerte, reitero mi devoción y admiración por San Julián, porque fue un “tipo” realista de carne y hueso que supo armonizar lo divino con lo humano, y no fue “angelista” ni “sólo para la tierra”, sino el hombre equilibrado que contempló la tierra y su historia como el medio donde Dios prepara el esplendor de la nueva creación. No fue de los “huidizos” del mundo, ni de los “dominadores”. Supo respetar la autonomía de lo temporal, describiendo y ordenando, poco a poco, sus propias leyes y valores, impregnándolo con el espíritu evangélico. Fue alma y fermento de la época que le tocó vivir en plena Edad Media (1128-1208), “mezcla de blandura y de fineza, de religión y pasiones, de la galantería combinada con el valor más heroico, del desprendimiento más sublime, con la fe más viva, y la más ardiente religiosidad”.

Fotografía: Aurelio Lorente

En el octavo centenario de su muerte en Cuenca -como 2º Obispo, 1198-1208, solicitamos su intercesión, ya que fue todo un hombre de cabeza y corazón, misionero, apóstol, “fiel y prudente”, obispo limosnero y caritativo, sabiendo orientar los rasgos del poder en sus manos hacia los huérfanos, pobres, peregrinos, encarcelados, visitando enfermos, hospitales, y a espíritus rencillosos, sin distinción de credo. Su casa espiritual era un mesón de hospitalidad para pobres y transeúntes, sirviendo muchas veces

él mismo la mesa. Con el fruto de “las cestitas” se proporciona el sustento del día siguiente, porque no quiso ser gravoso a su grey, y así pudo contribuir a dejar intactas las rentas de la Mitra y aminorar las miserias de los pobres. Tuvo ideas claras de la Cultura, ya que cuando ésta tiene sus raíces y encuentra su vitalidad en el cristianismo, favorece la solidaridad en realidades universales, contribuyendo de este modo a iluminar los grandes desafíos de los tiempos, como la paz, el intercambio pacífico de los recursos naturales y la implantación de la solidaridad social. El perfil de su vida es reflejo fundamental de que “si la fe no es creadora de cultura, no es significativa para la vida”. Por desgracia, la cultura actual se caracteriza por una superficialidad que no puede echar raíces profundas. El obispo bueno y limosnero, el hombre de alma rota por el dolor ajeno, el coloso de su época y gran teólogo de su siglo -según Paulo V-, presiente que sus días están contados. Se acerca “la hora de la tarde y fin de las labores”, y en un 28 de enero de 1208, después de ser confortado en los sacramentos, en un golpe de luz, su alma de taumaturgo y virgen, recibe de su Reina y Madre la corona de la victoria. En el Año Santo que lleva tu nombre, te pedimos, San Julián: “A lo que sembraste, dale crecimiento”.


OPINIÓN

Obra social de la Semana Santa de Cuenca en Colaboración con Manos Unidas

Objetivo cumplido Por Aurora Garrote Armero. Responsable del Proyecto . Delagación de Manos Unidas de Cuenca. La Iglesia es la institución mundial que más acción social dirige a las clases sociales desfavorecidas; su objetivo: crear un mundo en donde todos los hombres gocen de una vida digna, cimentada en la caridad, es decir, en el mandamiento nuevo que Jesús establece amando a los suyos ‘hasta el fin’ ( Jn 13, 1), manifestando el amor del Padre que ha recibido. (1823, Catecismo de la Iglesia Católica). Manos Unidas es una Organización No Gubernamental para el Desarrollo (ONGD) Católica, de voluntarios, que desde 1960 lucha contra la pobreza, el hambre, la malnutrición, la enfermedad, la falta de instrucción, el subdesarrollo y contra sus causas. A través de la coordinación en la financiación de proyectos que buscan erradicar estos problemas y desde la Iglesia Católica, Manos Unidas es una ONG activa en el trabajo social. La Delegación de Manos Unidas de Cuenca y un grupo amplio de Hermandades, hemos llevado a cabo la coordinación y financiación de un interesante proyecto que afianza la labor social de la Semana Santa de nuestra ciudad, colaborando y transmitiendo el mensaje cristiano de la caridad en sentido pleno: amar a los demás como si fueran el mismo Cristo. El plan de actuación ha sido sufragar un scanner por ultrasonido para un centro de maternidad que dirigen las Hermanas del Corazón Eucarístico de Jesús desde 1952 en IbonWom (Nigeria) por valor de 8.240,00 €. Este centro de maternidad asiste sanitariamente a 5000 personas aproximadamente, en el país más poblado de África, con unas riquezas naturales considerables y con unos sistemas organizativos y políticos deficientes que relegan a un grupo muy amplio de la población de nivel sociocultural medio-bajo a la marginación económica, sanitaria y social. Iniciado en febrero del año 2006, ha visto por fin concluida su financiación a principios del año 2008. Diversas hermandades han colaborado, junto con la Junta de Cofradías y algún nazareno que, anónimamente, ha participado con su aportación. Desde la Delegación de Manos Unidas de Cuenca, agradecemos la colaboración de todas las Hermandades y personas que han hecho factible la ejecución de este proyecto bajo el profundo sentimiento nazareno. RELACIÓN DE HERMANDADES COLABORADORASS Junta de Cofradías ...................................................... 439,15 € Vble. Hdad. De Jesús entrando en Jerusalén y Ntra. Sra. de la Esperanza ................ 700,00 € Vble. Hdad. Penitencial de Stmo. Cristo de la Vera Cruz .............................................. 730,85 € Vble. Hdad. de San Juan Bautista .............................. 1.500 € Vble. Hdad. del Bautismo de Ntro. Señor Jesucristo ...420 € Vble. Hdad. de María Santísima de la Esperanza ....... 200 € Vble. Hdad. de la Santa Cena ....................................... 200 €

Vble. Hdad. del Stmo. Ecce-Homo de San Gil ............100 € Vble. Hdad. de San Juan Evangelista ............................300 € Vble. Hdad. de Ntra. Sra. de la Soledad de San Agustín................................................................ 500 € Vble. Hdad. del Cristo de la Luz (de los Espejos) ........100 € Vble. Hdad. De Ntro. Señor Jesucristo Resucitado y María Santísima del Amparo ..................300 € Nazareno anónimo ............................................................30€ TOTAL...................................................................................8.240,00€

Fotografía: Antonio Abarca Miota

Vble. Hdad. de Jesús orando en el Huerto (de San Esteban).....................................2.720 €


Fotografía: Juan Carlos García Benito

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NAZARENA


OPINIÓN

Nuestra Semana Santa y la Capitalidad Cultural Europea 2016 Por Pedro J. García Hidalgo En Cuenca, como diría Martin Luther King, tenemos un sueño. Ese sueño consiste en convertirnos durante un año en la referencia cultural europea, y a partir de ahí transformar nuestra ciudad, convirtiendo a la cultura en el motor de nuestro desarrollo económico y social. Este reto, que parece lejano, se acerca a gran velocidad: el próximo año el gobierno de España publicitará las bases del concurso, y a partir de ahí tendremos diez meses para presentar las líneas generales de un proyecto, que, de pasar un primer corte, deberíamos concretar más adelante. El proyecto que hemos de preparar debe bucear en nuestras raíces, ha de tener una dimensión europea, y tiene que fomentar la participación ciudadana. La cultura hemos de entenderla en sentido amplio, desde un punto de vista antropológico, encajando en ese concepto arte, tradiciones, costumbres, ritos, etc., que conforman la esencia y la identidad de una sociedad. Y si se trata de beber de nuestras esencias, de buscar nuestras raíces, y de conectarlas con Europa, es evidente que no puede quedar de lado nuestra Semana Santa, que además posee amplias resonancias internacionales. La Semana Santa en Cuenca es, en primer lugar, un acontecimiento profundamente espiritual y de orden religioso; pero alrededor de la celebración se mueven una serie de aspectos y eventos culturales, que no podemos ni debemos obviar. Poesía, literatura, pintura, fotografía, escultura, música, gastronomía, etc., conforman una miscelánea cultural de tal calidad que es, sin más aditamentos, una carta de presentación muy importante de cara a la capitalidad. Pero siendo importante lo que ya tenemos, donde nos jugamos la partida de la capitalidad es en la capacidad de crear, en el arte de innovar e inventar. Y es ahí, donde todos hemos de poner en juego nuestras capacidades, para, partiendo de nuestros ritos y tradiciones, ser capaces de originar elementos nuevos que se conviertan en posibles referencias internacionales en el orden cultural. Los sonidos, sabores, olores y colores de nuestra Semana Santa; la plasticidad de las procesiones por nuestras calles y callejuelas; el silencio cortado por el estruendo y tantos momentos de vivencia intensa, tienen la suficiente carga de profundidad, como para ser puestos en valor como elementos espirituales y culturales de mucha calidad. Yo pido desde aquí a la Junta de Cofradías de la Semana Santa de Cuenca y a todas y cada una de las Hermandades y Cofradías, verdaderos agentes culturales de la ciudad, que pongan su proa hacia el 2016, para hacer realidad ese sueño del que os hablaba al principio. Trabajemos todos para perfeccionar en la medida de lo posible lo que ya tenemos; y dediquemos esfuerzos y capacidades para innovar y crear. El esfuerzo merece la pena. Y para terminar diré que para conseguir este reto, todos debemos poner en práctica la actitud de los nazarenos conquenses cuando entramos en procesión: todos caminamos en la misma dirección, con el capuz tapado.


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Fotografía: Javier Santoyo

OPINIÓN

Tres Relatos Nazarenos Por Adrián López Álvarez

I En ese preciso instante recordaba las palabras de su abuelo cuando, en tono solemne, hablaba de ese frío intenso y blanco que emana de la hoz en las noches de primavera. El mismo que le mesaba el rostro mientras se levantaba el cuello del jersey bajo la túnica. Se podía imaginar al anciano, sereno y arrugado, narrando otra vez más las inenarrables vivencias de quien había llevado una vela encendida más años de los que cabía recordar. Sentado en aquella silla protestona, compañera de fatigas, desde la que sus historias alcanzaban un neblinoso eco, un fantástico cuerpo forjado en el crisol de la experiencia. Su voz era tanto un tambor redoblante como el ronco bramar de la mañana más larga, y no perdía nunca el hilo de luz que trazaban las tulipas de su mente. Siempre con la palabra suspendida en la cuerda floja de la pasión, vibrando entre la serenidad y la emoción más enconada. Porque su abuelo le había puesto pasión a la Pasión. Las tardes de Cuaresma habían sido para él y sus hermanos una enorme biblioteca de saberes cofrades que muy poca gente conocía. Cuentos, anécdotas, hechos simples y más memorables; todo lo que la mente del anciano evocaba o inventaba, que a veces también ocurría, se convertía en un tesoro de tiempos remotos. Fue así como pudo llegar a ver las añejas filas de luz que muchos años atrás habían recorrido los huecos en la dentadura de la ciudad. Con las velas en la mano, alumbrando tenuemente los rincones donde las plegarias dormían su sueño eterno. A lomos de la palabra, pudo ver los pasos antiguos, que apenas se conocían por un puñado de fotos, si bien estaban impresos en la nostalgia de muchos como su abuelo. Nada quedaba ya, sino el recuerdo, del pasado nazareno construido a base de vidas enca-

jadas en el banzo y en la fila. Pero los pies de aquellos cofrades volvían a emitir su eco, primavera tras primavera, poniendo así jalón a un sinfín de itinerarios íntimos por recovecos rescatados del olvido. Como si las almas nunca hubiesen dejado de andar en penitencia. La sonrisa afable y ajada de aquel hombre le acompañó la primera vez que llevó una túnica, y sirvió de colchón al enfado de la primera tulipa hecha jirones. El espíritu nazareno de su abuelo no se mitigaba nunca, porque cuando las notas de la última marcha procesional dejaban de sonar por Cuenca, aún se quedaban reverberando en las partes más profundas de su cabeza. Y con cada nota, una imagen, un recuerdo, un momento que transmitir y que compartir. La luna refulgía abriéndose paso entre los sudarios enlutados de las nubes. El tambor de la banda de música comenzó a redoblar, poniendo en el eco rocoso de las calles más lejanas ese ritmo característico y solemne de la Semana Santa. Detrás de él, las horquillas comenzaron a golpear el suelo, con fuerza y decisión, acompañando el compás fúnebre de una marcha que crecía a partir de sus primeras notas. En ese mismo momento le encendían la vela del farol, que vertía su arrebolado resplandor a través del tamiz de cristal. Los estandartes y el guión se colocaron junto a él señalando el momento, y en muy poco tiempo comenzaron a andar. Era la primera vez que no formaba parte de las hileras de hermanos de luz. La primera procesión que no llevaría una tulipa en la mano. Deseó que su abuelo estuviera allí para verlo, pero sabía que lo estaría contemplando todo desde otro lugar. Desde el interminable desfile de la eternidad, donde las almas no necesitan velas para lucir, porque tienen su luz propia.


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II A un nazareno que se reconocerá en este relato, y a quien desde el poco tiempo que le conozco, aprecio y admiro profundamente.

Fotografía: Enrique Martínez Gil

El hombro me quema, los pies me restallan. Pero el alma me desborda de felicidad incólume. Me agarro al banzo con todas mis fuerzas, haciendo acopio de tesón y de entereza. Cierro los ojos, porque ya queda poco, y me dejo mecer por el solemne chocar de la horquilla con el suelo. Es un crujido, es un retumbar, es la roca que se abre sobre el cielo, la tierra que se vuelca sobre el centro. Es la vida que grita llamando a los que se fueron de ella. Oigo el bramido de los tambores en el ocaso de los sentidos que me quedan, allá lejos, situados en el lindero de mi percepción. Asido al madero no distingo la burla de un mero murmullo apagado, tapado por una cortina difusa. Piedra a piedra vamos entrando en las alturas. La multitud se separa, lo sé, lo conozco, aunque ahora mismo no pueda verlo. Entre la marabunta y el atronar llegamos al cénit de nuestro recorrido, a la Plaza Mayor, descanso y consuelo, respiro y reserva. Los arcos se abren ante nosotros, como un estallido de luz en una tormenta dentro de un mar bravío. Y tan altivos, soberbios y esbeltos como son, casi nos parece el dintel de una pequeña y recogida puerta. En cada descanso abro los ojos de nuevo, mirando al Jesús en esa altura cercana. Lo miró con pasión, con devoción, con recogimiento. Ensimismado en su sufrimiento se hace pequeño el mío, que he escogido yo y nadie me ha cargado. El capataz golpea y volvemos a arrimar el hombro al tiempo, y andamos de nuevo. Apenas nos restan unos metros. El hombro me quema, los pies me restallan. Pero el alma me desborda de felicidad incólume. Me parece que han pasado siglos, pero solo unas cuantas horas forman el equipaje de este inolvidable momento de mi vida. Solo una horas, pero, tan largas, tan repletas de imágenes, de sentido, de sentimiento. Era de noche aún cuando salimos. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al escuchar que nos marchábamos. Y me bajé el capuz apresuradamente, impaciente. Sentía que la espera se consumía al fin como la vela de una tulipa sin aire. Para matar los nervios que se me aferraban obstinadamente a la garganta, repasé de nuevo todos los detalles. La túnica iba en su sitio, llegando hasta los pies, como tantas veces me insistía mi padre. El escudo estaba bien prendido al brazo y el capuz bien colocado. La almohadilla apretada: todo en orden. Al abrirse la puerta pude escuchar el pavoroso estruendo de la turba embravecida. Nuestro guión atravesaba el corto cielo de la madrugada, internándose en el chirriante clamor que siempre nos sirve de saludo. Como la quilla de una púrpura nave hendiendo el aullante océano de color y ruidos. Salimos entonces al encuentro

de la noche, para buscar el alba a golpe de horquilla. Y al levantar por primera vez el paso sentí el mordiente beso del madero. Mi corazón latía fieramente, redoblando mil veces sobre la piel del tambor de mi espíritu, y poco a poco fue encontrando la mesura del compás binario. Luego las horas se fueron sucediendo, paso a paso. Cada curva me deparó un nuevo recuerdo que atesorar para siempre. Cada lugar del recorrido se revistió de nuevos significados, de un nuevo aspecto; en un renacer trascendental que limpió mi alma. La madrugada fue primero negra y angosta, para más tarde mudar su rostro y embeberse de un color azul tenue, hasta que el sol salió a nuestro encuentro. La mañana se hace firme sobre los capuces, en el estrecho jirón de cielo abierto que dibujan los tejados de las casas, casi pegados los unos a los otros. Estamos llegando al último cuello de botella que conduce a la Plaza Mayor. Una leve penumbra duerme aquí, antes de que nos lancemos al aura blanca que se abre en la plaza. Nos demoramos aún un tanto bajo los arcos del Ayuntamiento, poniendo una gota más de esfuerzo en nuestras carnes, porque no quede ni un ápice de nosotros sin entregar su denuedo al Nazareno. Y yo no puedo contener más la emoción que me embarga y que me eleva. Cuando llegamos por fin al descanso, me quito el capuz y miro a mi alrededor, como embotado. Me echo las manos a la cara, pero no para limpiar mi sudor, sino para enjugarme las lágrimas que corren por mis mejillas. Estoy llorando. Al llegar, como siempre, me abrazo con algunos compañeros, amigos con quienes mantengo unos lazos fraternales hilados bajo la tela del capuz en muchas madrugadas como ésta. El alivio de estirar el cuerpo y de reposar unos momentos, para poder reanudar más tarde la última marcha hacia el encierro. Y la mirada del Jesús clavada en mis pupilas, entrándome en el alma con ternura. Esos ojos donde habita el infinito, donde innumerables voces depositaron su Miserere, en los espejos del cielo a las seis de la mañana. Y la boca entreabierta, buscando el aire de Cuenca en la agonía de los pasos que conducen al Calvario. Ese gesto que implora y que perdona, repleto de una añoranza serena y suave, de una calidez que sobrepasa todo el dramatismo. Al mirarlo, recuerdo que este Viernes Santo no es otro cualquiera. Me acerco al otro lado del paso, donde mi hijo está de pie junto al banzo. Tocando la carga que acaba de llevar sobre la espalda por primera vez. No se ha dado cuenta de que estoy junto a él porque, acodado en las andas de madera, mira completamente absorto al paso. Se lleva las manos a la cara, pero no para limpiarse el sudor, sino para recoger las lágrimas que vierten sus ojos emocionados. Está llorando.


OPINIÓN

III Formaba parte de aquella estirpe de nazarenos que no visten túnica y capuz, pero que sienten igualmente la Pasión llenándoles el alma. Ella era de quienes veían la procesión en cinco líneas, dibujada con esmero sobre la métrica y la armonía de unas notas bien cuadradas. Era músico. Sí, músico, porque no le gustaba usarlo en femenino, no le sonaba bien. Una vez se había presentado diciendo “hola, yo soy música”, y a pesar de lo poético de aquella afirmación, no podía dejar de pensar que no era lo más correcto. En fin, que había vivido con ilusión cada desfile en el que había participado. Y fueron muchos, a lo largo de su juventud y madurez. Ahora, inmersa en la plenitud de entendimiento que se logra cuando se lleva en los bolsillos un buen puñado de años, se dedicaba a ver las procesiones desde la acera. Claro, que no podía evitar la curiosidad de leer la partitura de los músicos que se paraban frente a ella, como tampoco dejaba de advertir los cambios que las marchas habían sufrido desde que ella las interpretara. Había entrado en la Banda Municipal allá por el 2008, cuando sonaban todavía algunas marchas viejísimas, que tenían que competir con otras mucho más adaptadas al gusto del momento, obra de nuevos compositores. A lo largo de sus años como flautista había vivido momentos inolvidables, los cuales quedaron impresos para siempre en la sinfonía de su mente. Había caminado detrás de la Soledad del Puente un año que llovía a cántaros y que el director, con una calma asombrosa, se negó a abandonar el paso mientras no llegase a cubierto. Fue memorable. Podía tocar con los ojos cerrados la Saeta, después de tantas veces como se la había interpretado a los banceros de la Hermandad de San Pedro, que desde que ella era joven terminaban su desfile con esa marcha tan popular. Aunque casi siempre se quedaba con recuerdos más difusos, imágenes, visiones

efímeras que poblaban el pentagrama de su vida. Como la onírica imagen de los pasos del Santo Entierro por la Calle de los Tintes, al levantar un momento los ojos de la cuartilla y dejarse llevar por la calidez de unas notas que conocía y que le emocionaban sobremanera; o la mágica atmósfera de claridad y luminosos tintes que desprendían los dos Domingos de la Semana Santa. Ahora tenía el rostro surcado por tantas arrugas como recuerdos nazarenos, y las manos ya no le respondían como para seguir dando color a los sentimientos cofrades con su flauta. Miró hacia arriba para ver si pasaban los últimos hermanos de la Esclavitud de Jesús de Medinaceli, que con el paso del tiempo había crecido más en número, hasta completar casi un solo desfile en sí misma. Llegaban ya los primeros nazarenos de blanco, con los verdes capuces brillantes de la Virgen de la Esperanza. Como siempre, Ella destilaba majestad y belleza con cada paso de sus banceros, poniendo suspiros en la voz del público y miradas de asombro en el aire. El rostro anhelante elevado hacia el cielo del Perdón, como un interrogante o una vaga esperanza que se perdiese sobre los nimbos de una antigua ensoñación. Detrás iba la banda de música con la que ella tantas veces había desfilado. Sonrió, escrutando las apretadas filas de músicos para saludar con una mirada cómplice a su nieto, que había decidido tomar el camino de la flauta y hacer así feliz a su anciana abuela. Él le devolvió la mirada feliz, como siempre, mientras terminaba de entonar un complicado trío de hermosos trinos. La Virgen se alejaba en su aura de verde y oro, cuajada de lunas llorosas que se depositaban, como rosas blancas, a sus pies. La banda tocó una antiquísima marcha sevillana. Virgen del Valle. Y ella, sorprendida porque hacía mucho que no la escuchaba, dibujó una media sonrisa y comenzó a cantarla en un susurro.


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Fotografía: Enrique Martínez Gil

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Diversos aspectos de una Hermandad o Cofradía Por José Javier Muñoz Pérez Delegado Episcopal ante la Junta de Cofradías de la Semana Santa de Cuenca

Una Hermandad o Cofradía de la Semana Santa de Cuenca es una Asociación Pública de Fieles que jurídicamente pertenece al ámbito de la Iglesia Católica. Es una Institución regida por unos Estatutos aprobados en Asamblea General por todos los hermanos miembros de dicha Hermandad o Cofradía que han tenido el visto bueno por parte del Obispo Diocesano a quien compete su aprobación, modificación e incluso su disolución. La finalidad principal de toda Hermandad o Cofradía es la de dar culto a su imagen titular durante todo el Año Litúrgico. En todo este Año, y dentro de todas las actividades que se organizan, hay dos momentos muy importantes: la Procesión y la Función Religiosa. Toda Procesión es un acto litúrgico donde la Hermandad o Cofradía expresa públicamente su fe, devoción y veneración a su imagen titular. Es un momento de gran belleza estética, de profunda emoción para todos aquellos que de una forma u otra participan en la procesión pero, ante todo, es un acto profundamente espiritual. Es un momento fuerte donde el hombre se encuentra cara a cara y a solas con Dios, con la Virgen o con los Santos para hablar con Él y manifestar públicamente su fe. Hay dos características muy importantes en toda procesión semanasantera conquense que es, por una parte el silencio y por otra la penitencia. Quizá es éste el único lugar de encuentro para muchos hermanos de estar a solas con Dios, calladamente y sacrificándose por amor a su Señor, a su Virgen, a su Santo. Un segundo momento importante dentro de la Hermandad o Cofradía es la Función Religiosa. Para mí es la gran Fiesta de la Hermandad o Cofradía, incluso más importante que la misma Procesión. Es en la Función cuando todos los hermanos y hermanas en torno a su Señor, a su Virgen, a su Santo celebran la Eucaristía recordando y viviendo el mandato del Señor aquel Jueves Santo: “Haced

esto en recuerdo mío” (Lucas 22,19). No olvidemos que la Eucaristía es la fuente y el origen de toda nuestra vida espiritual. Acudamos a ella a beber el agua que sacia nuestra sed y no busquemos este agua en tantas y tantas fuentes vacías como nos ofrece la sociedad, porque sin Dios no somos nada. Otro de los fines de la Hermandad o Cofradía es la ayuda asistencial a los más necesitados. Como la caridad empieza por uno mismo, es deber de la Hermandad o Cofradía que estén atendidas todas las necesidades espirituales y materiales de los propios hermanos y hermanas nazarenos. Se ha de estar atento a todos los que sufren por cualquier motivo, circunstancia o lugar. Esto no significa que olvidemos a nuestros hermanos más allá de nuestras fronteras que seguro que desde el punto de vista material necesitan y sufren más que nosotros. Dentro del mundo semanasantero no podemos separar la Fe de la Tradición y de la Cultura. Los orígenes de la Procesión vienen de la fe de nuestros padres. Aquél en quien creían, adoraban y veneraban lo manifestaban públicamente en nuestras calles. Esas ceremonias litúrgicas, esos ritos sagrados en muchos casos se han convertido en Tradición. Por lo tanto podemos decir que toda Tradición semanasantera se fundamenta en la Fe de nuestros padres. Esta Tradición con el paso de los años ha generado una Cultura que abarca diversos campos: la musical, gastronómica, literaria, moda, turística, económica, social... Y por tanto también podemos decir que la Cultura nazarena semanasantera conquense se funda en la Tradición, pero sobre todo en la Fe. Es nuestra misión como nazarenos y nazarenas transmitir a nuestros hijos con la máxima pureza todo aquello que hemos recibido y heredado sin olvidar que el centro y origen de todo es Dios nuestro Señor.


Fotografía: Javier Romero

OPINIÓN

Carmen “La Sastra”

Homenaje a toda una vida dedicada a la Semana Santa Por Antonio Abarca Contreras El pasado día 25 de enero, en el salón de actos del Centro Cultural Aguirre, la Junta de Cofradías de la semana Santa de Cuenca daba comienzo a los actos con los que, un año más, se conmemora la Vida, Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret; y lo hacía, como ya viene siendo costumbre, con la presentación a la ciudad del que va a ser el cartel anunciador de su Semana Santa 2008, -este año una genial obra del querido y reconocido artista conquense Pedro Mercedes- y de la persona que este año tendrá el honor de pregonar esta magna Celebración, Javier Caruda, nuestro anterior presidente y uno de los nazarenos más comprometidos que ha dado esta ciudad. Pero, sin desmerecer en absoluto a estas dos personas, -Pedro y Javier, Javier y Pedro; “que tanto monta, monta tanto…”-, que por su protagonismo e importancia en esta Semana Santa cuentan ya con un espacio propio en esta revista nazarena, quería resaltar en este artículo la intención que ha puesto en marcha la Junta de Cofradías, de reconocer institucionalmente la labor de las personas que a lo largo de su vida se han distinguido por su constancia, honradez y fidelidad hacia la Semana Santa de Cuenca. Y así se hizo, por primera vez, en este entrañable acto del día 25 de enero. Y para esta ocasión se escogió una persona de las que difícilmente aparecen en los medios de comunicación o en los documentos que tratan los diferentes temas semanasanteros, porque su labor no es de las que cobran mayor protagonismo; sin embargo es de una indudable importancia para todos los que participamos en los desfiles procesionales.

Este año la Comisión Ejecutiva y refrendado por el resto de la Junta de Diputación de la Junta de Cofradías, tuvo a bien comenzar estos reconocimientos con la persona de Carmen Román García, -no le pongo el tratamiento de Doña porque ella personalmente me dijo que a ella nunca nadie le había tratado así y que prefería que la llamaran “Carmen, la sastra”, tal y como la conocen desde siempre-. Pues bien, hacia ella, hacia Carmen va dirigido este artículo, con la intención de que quede fiel constancia en esta publicación, del agradecimiento de todos los nazarenos conquenses y de sus hermandades y cofradías por la dedicación de toda una vida, -y muy pronto va a cumplir noventa y cinco años-, a todas esas tareas que si bien rara vez se ven reflejadas en los distintos foros donde se tratan temas semanasanteros, tienen, sin duda alguna, una importancia y significación trascendental e imprescindible en la celebración más importante de la Semana Santa conquense, y que no son otros que sus desfiles procesionales. Confeccionar, arreglar y limpiar túnicas, capuces, capas,… han sido, entre otras, labores que, año tras año, voluntariosa y lealmente ha venido realizando “Carmen, la sastra”, teniéndolas siempre a tiempo y a punto, en perfecto estado para cuando los nazarenos conquenses las demandaban. Gracias, Carmen. Gracias, por aportar tu trabajo y esfuerzo, tu humilde granito de arena, pero a la vez constante y fiel, que sin duda alguna ha contribuido para engrandecer y honrar a la Celebración por excelencia de Cuenca, que no es otra que su Semana Santa.


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Fotografía: Antonio Abarca Contreras

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La Banda de Trompetas y Tambores de la Junta de Cofradías:

Otra forma de querer y sentir la Semana Santa Verdaderos nazarenos conquenses Por Antonio Abarca Contreras. Vicepresidente de la Junta de Cofradías de la Semana Santa de Cuenca Para todos los que nos de una u otra forma nos sentimos cautivados por la Semana Santa conquense, los recuerdos de la infancia cobran una especial importancia. Sellado en la memoria se han quedado la primera vez que veías, normalmente bajo los brazos protectores de tu padre o de tu madre, o desde un carro en el que te encontrabas cómodamente sentado y abrigado, a unos seres raros, sin rostro, cuya cabeza era larga y puntiaguda, que iban unos detrás de otros, y que observábamos con cierto recelo; una vez vencido ese temor inicial, pues ya habías aprendido que se trataban de nazarenos, y ya de pie o sentado en el borde de la acera, esperabas que los sonidos lejanos de unos tambores y cornetas fueran creciendo en intensidad pues significaba que la procesión se acercaba; los que teníamos la suerte de vivir cerca de las calles por las que pasaba la procesión permanecíamos en las ventanas o en los balcones atentos a escuchar el eco de los redobles de los tambores, para salir corriendo a buscar a nuestros padres gritando: “Venga, vamos. Que ya se oyen los tambores”. Todos, creo que todos a los que nos gusta la Semana Santa, tendremos grabado en la memoria no sólo el característico son de los tambores de cuando éramos pequeños, sino también el efecto que producía en nuestro estómago, o en nuestra “tripa”, -que era como nosotros le denominábamos entonces-, el golpeo del bombo cuando éste pasaba a nuestro lado. Sensación que

nos sigue provocando en la actualidad y que, a mí me especialmente, hace que por unos instantes me evada del momento real y afloren los momentos. sensaciones y sentimientos vividos en mi niñez. Y quién no recuerda las procesiones donde los niños, emulando a los mayores y modo de juego, se fabricaban sus pasos y horquillas y recorrían las calles del barrio, a nadie se le ocurría desfilar sin que delante fueran unos cuantos chicos con latas de las más variopintas formas y colores en las que, hábilmente atadas al cuerpo para tener libres las manos, se iban golpeando como si de un tambor se tratara simulando los redobles de las bandas de cornetas y tambores. Por cierto, que en mi barrio, -la Plaza del Carmen, Mangana y Zapaterías-, la actuación de las niñas en estos desfiles no se limitaba, como se podría pensar por ser lo que ocurría en los desfiles de verdad, al de samaritanas, sino que también ejercían de banceras y de admirables virtuosas del redoble en lata. Todo un signo de lo que más tarde sucedió con la incorporación plena de la mujer en todas y cada una de las facetas de la Semana Santa. Con esta introducción quiero hacer reflexionar sobre la importancia que siempre han tenido para la Semana Santa las bandas de tambores y cornetas que han ido abriendo los desfiles procesiona-


OPINIÓN

Todas con su particular son y manera de desfilar, pero todas cumpliendo a la perfección su cometido la de anunciar que la procesión se acercaba. Desde su fundación la Junta de Cofradías de Cuenca siempre ha tenido un especial interés por estas bandas y siempre había anhelado con poder contar con una que perteneciera a la propia institución. Y por fin se hizo realidad. Hace ya tres años, un grupo de jóvenes con indudables inquietudes musicales, pero con más convicciones de afecto, sacrificio y sentimiento por la Semana Santa de Cuenca, se dirigieron a los miembros que entonces estaban al frente de la Junta de Cofradías para manifestarles su intención de formar una Banda de Trompetas y Tambores que perteneciera a esta institución nazarena. La idea caló enseguida en todos los componentes de la Junta y se dieron todos los pasos oportunos para que se pudiera llegar a su formación. En la actualidad la banda cuenta con treinta y siete componentes; treinta y siete nazarenos que, desde otra perspectiva, participan, quieren y sienten la Semana Santa conquense. Ninguno de ellos es músico profesional, todos tienen sus trabajos y es después de la jornada laboral cuando se juntan para ensayar. Yo mismo he sido testigo de las condiciones en la que estos nazarenos del tambor y la trompeta ensayan, en pleno invierno, en la nave que la Junta de Cofradías tiene en el polígono CAMPSA, y puedo asegurar que ha habido días que hubiera sido imposible

aguantar si no les impulsara un verdadero amor y pasión por la Semana Santa conquense. Valores como la constancia, el sacrificio, la disciplina, la amistad, la sensibilidad,… tan escasos en otras prácticas juveniles actuales, tienen en la convivencia del día a día de este grupo su máxima expresión. Este artículo pretende, en primer lugar, ser un reclamo para que aquellos que tengan afición musical y se sientan nazarenos, sepan que tienen abiertas las puertas de esta banda de Trompetas y Tambores. Todos y todas seréis bienvenidos. Y en segundo lugar, para que sirva de impulso y ánimo a todos los actuales componentes de la Banda de Trompetas y Tambores de la Junta de Cofradías de Cuenca. Y comunicarles que tienen todo el reconocimiento y apoyo de esta institución, y nos consta, por los comentarios y declaraciones que nos llegan, que también lo tienen de la Cuenca semanasantera. Ánimo y sentiros integrados, de pleno derecho, en esta familia nazarena que conmemora en esta ciudad la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Y sentiros orgullosos y llevar con honor, el ser los nazarenos encargados de ir llamando al pueblo de Cuenca a que, año tras año, pueda contemplar por sus calles la catequesis que suponen los desfiles procesionales. El Domingo de Ramos está cerca, y todos los que nos concentramos en la placetuela de la iglesia de San Andrés para celebrar la Procesión del Hosanna, estamos ansiosos esperando, con el nerviosismo propio que el acontecimiento merece, el momento en el que con el primer redoble de tambor un centellante escalofrió recorra todo nuestro cuerpo porque habrá comenzado la Semana Santa de Cuenca de 2008.

Fotografía: Antonio Abarca Contreras

les: La Cruzada Eucarística; la Banda de Cornetas, Tambores y Gaitas de la Guardia Civil -que ya fue objeto en esta revista de un artículo en forma de agradecimiento y reconocimiento por su labor para y con la Semana Santa conquense-; Las bandas militares del Pavia o de la División Acorazada Brunete; últimamente la de la Asociación “Amigos de Cuenca”; y tantas y tantas otras…


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Fotografía: Enrique Martínez Gil Fotografía: Juan Carlos García Benito

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Fotografía: Enrique Martínez Gil

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HABLAN LAS HERMANDADES

Vivencias de un escultor Por Antonio Sánchez Sánchez. Menasalbas, 18 de Enero de 2007

Poder conocer a la Venerable Hermandad del Santísimo Cristo del Perdón, más conocida como “La Exaltación” y a sus hermanos fue una de las experiencias más importantes de mi vida. Cuando su Junta Directiva me pidió bocetos y presupuestos para unas andas nuevas sabía de la importancia del proyecto. Debía de poner todos mis sentidos en realizar un buen boceto, debía de transmitirles que mi forma de trabajar era totalmente artesanal, es decir, utilización solamente del mazo y la gubia y debía de convencerles de que mi trabajo iba a ser el mejor de cuantos recibiesen. Una vez pasada su Junta General, me informaron que uno de mis bocetos había sido elegido para sus nuevas andas. Nunca con otro trabajo había sentido nada parecido, la alegría fue infinita. Sabía de la responsabilidad de este encargo y de la ausencia de errores en mi trabajo ya que ésta podía ser una puerta que se me podía abrir y no podía cerrar. Nunca había realizado ningún trabajo en una Semana Santa tan importante como la de Cuenca. Cometer un error sería echarme tierra encima y eso no me lo podría perdonar en la vida. Rápidamente me pongo a trabajar. No podía permitirme el lujo de perder ni un solo minuto al tener que entregar la obra antes de la Semana Santa del año 2006. Además tenía que compaginarla con otra carroza para Nuestro Padre Jesús el Nazareno de Mocejón (Toledo). Como en todos mis trabajos, lo primero que hago es preparar la madera. Ésta, de cedro de Brasil, era la más adecuada para realizar las andas por sus propiedades que, sin desmerecer al nogal, si es mejor que esta al ahorrar peso y la particularidad de no entrar en ella la carcoma. Después de hacerme con la madera, trazo los tablones y los sierro para después cepillar, pasar a grueso, encolar en las prensas para obtener un tablero. Una vez que tengo el tablero ya puedo dibujarlo. Pongo el boceto en un caballete y el tablero en el banco de trabajo y comienzo a tallar. Una vez hecha la repartición de las estaciones, marco la cenefa de arriba y de abajo y ya puedo empezar a tallar totalmente a mano, de manera tradicional, como se ha hecho siempre. El tiempo pasa y tengo que sacar al día todo su jugo trabajando durante 10, 11, 12 o incluso más horas sin descanso.


Fotografía: Antonio Abarca Miota

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Fotografía: José Andrés Castellanos

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Recuerdo que, en el momento de empezar a descubrir la primera estación ( Jesús condenado a muerte), ya empecé a disfrutar de las andas. Todo iba bien, no podía correr. Tenía que trabajar tranquilo y no equivocarme. Cualquier error podía ser fatal. Intercalo el trabajo de la Exaltación con las andas de Mocejón hasta el nacimiento de mi hijo el 6 de Agosto de 2005, perdiendo un mes de trabajo después. No importa, iba bien de tiempo y mi hijo bien merecía esta pequeña demora. El nacimiento de mi pequeño ha sido lo mejor que me ha ocurrido en la vida. No obstante, tenía un compromiso con “La Exaltación” y, como hombre de palabra, debía de cumplirlo. Empecé a intensificar mas los trabajos, incluso iba los Domingos. No podía agobiarme, pero casi lo estaba, el tiempo y el trabajo delicado corría en mi contra. Las andas iban adquiriendo forma. Tallaba estación tras estación. Desde Cuenca, el contacto telefónico con el Secretario era constante. Su preocupación era el ritmo de los trabajos. Yo respondía que iba muy bien, que estaban quedando muy bonitas gracias a las profundidades que les daba y a la buena perspectiva de las estaciones. Les mandaba fotografías y me felicitaban, pero les decía que debían venir a verlas, ya que no era lo mismo que viéndolas en fotografías. En el taller podrían ver los detalles, las perspectivas, las pequeñas cosas. No quedo conforme. Hasta que no las viesen en el taller no me quedaría tranquilo. Por fin, a últimos de Enero una comisión visita mi taller. Estaba nerviosísimo y tenía un nudo en el estomago. No sabía como iban a reaccionar al verlas. La obra iba muy avanzada. Acababa de tallar la estación número 11 (La Crucifixión) y la número 12 ( Jesús Crucificado) que, por cierto, son las más difíciles y las más emotivas de las que

he hecho. Llegan al taller varios miembros de la Hermandad. Sólo con verles las caras de satisfacción me quedé tranquilo. Se le veía la satisfacción en sus rostros y esto me lleno. Poco a poco y gracias a Dios y al sacrificio realizado, iba terminando las andas. Al final me sobró un poco de tiempo. También pude terminar la carroza de Mocejón. Termino totalmente las andas y voy para Cuenca a recoger el armazón que sujetará mi trabajo y las imágenes de Marco Pérez. Allí conozco por fin a Pedro Martínez, el Secretario de la Hermandad. Pedro había visto las fotografías y sabía lo contado por los Hermanos que visitaron mi taller. Recojo el chasis y me pongo en camino a Menasalbas. Me puse a montar mi trabajo en el chasis y las pinto con una terminación castellana, quedando las andas muy bonitas, dándome un gustazo al ver el resultado obtenido. Sólo faltaba pasar la última prueba. Llevarlas a Cuenca para entregarlas a la Hermandad y que les gustaran. Eso lo tenían que decir ellos. Gracias a Dios, con mucho sacrificio y utilizando mis cinco sentidos, realice un buen trabajo quedando los miembros de la Exaltación satisfechos y el Secretario de la Hermandad sorprendido por mi obra. Ya le dije en su día que no se iba a arrepentir de haberme escogido y del trabajo que les iba a realizar. Según sus propias palabras me lo confirmo. No se arrepentía en absoluto. Doy gracias a Dios por haber tenido la suerte de conocer a esta buena gente de la exaltación y a ellos las gracias por haber depositado en mi toda su confianza. He hecho buenos trabajos, pero para mi las ANDAS DE LA EXALTACIÓN ha sido un trabajo que no olvidaré en la vida. Hasta hoy jamás había sentido algo parecido.


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Un proyecto para nuestra hermandad:

Una Aureola para Nuestra Señora de la Soledad de San Agustín Por la Junta de Diputación

La Venerable Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad de San Agustín, buscando engrandecer y acrecentar la devoción a nuestra Madre, determinamos ofrecerle en voto a nuestra titular una nueva aureola. La decisión, tomada en Junta General, inició un camino laborioso para lograr que, entre todos los hermanos que mostraran su afecto, se realizara con la mayor grandeza este proyecto bajo el sentimiento de hermandad. Se trata de una aureola o resplandor, cuya tipología luce nuestra imagen desde la posguerra, diseñada por D. Manuel de los Ríos del taller Orfebrería Andaluza S.L. Su elección se acometió en Junta General de nuestra hermandad el 15 de abril de 2007, entre otros proyectos presentados.

DESCRIPCIÓN DE LA AUREOLA

Fotografía: Enrique Martínez Gil

La aureola será realizada en oro y plata sobredorada, en la que la traza se ejecuta a partir de una base de estilo neobarroco, cincelado a base de curvas y contracurvas que ceden en ritmo cóncavo convexo en ‘S’doble, constituyendo un círculo vaciado en su interior. De cada uno de los ritmos nacen los correspondientes pináculos mayores y menores; los mayores se insertan en las formas cóncavas y son iguales dos a dos; seis de ellos tienen forma piramidal, siendo las de los seis restantes formas rectilíneas con profusa decoración neobarroca. Ambos tipos de pináculos se rematan con las doce estrellas iconográficas de la Virgen María. De las formas convexas nacen, en igual estilo, lanzaderas rematadas por rosetas. Se completa el conjunto con ráfagas entre los pináculos. Remata la obra una Cruz Latina enjoyada, sostenida por ángeles de marfil y que descansa en pedestal sobre el escudo de la Hermandad. Contiene, además, distintos medallones en forma oval, insertados en cada concavidad a fin de adquirir unidad; se adornan con dobles símbolos de la Letanías de la Virgen y de la Pasión del Señor.

El conjunto se ultima con la incrustación de piedras preciosas y semipreciosas a determinar por el orfebre y la Hermandad.

DONACIONES La devoción a Nuestra Señora de la Soledad es una tradición de Fe y sentimiento que se ha transmitido de generación en generación en numerosas familias de conquenses que forman hoy nuestra Hermandad. Seremos sus hermanos y sus devotos, hijos suyos en definitiva, los que hagamos realidad este proyecto. Para la colaboración económica para sufragar la aureola se ha abierto la cuenta bancaria 2105 2040 34 0142020043 en la Caja Castilla La Mancha; la aportación en oro y plata será recogida en la sede de la Hermandad (C/ La Esperanza nº2) los viernes de 18 h. a 20 h.


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Fotografía: Enrique Martínez Gil

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Domingo de Resurrección Por la Vble. Hermandad de Ntro. Sr. Jesucristo Resucitado y Ntra. Sra. del Amparo “Acuérdate de que Jesucristo resucitó de entre los muertos” (2 Tim 2,8). San Pablo le da a su discípulo Timoteo este consejo vital para que ese recuerdo alimente, ilumine y guíe su vida. “El Evangelio es recuerdo de lo realmente sucedido”, nos dice el Papa en su libro Jesús de Nazaret. Recordar que Jesucristo resucitó de entre los muertos es un estilo de vida, es vivir la vida en relación con Él que resucitó y que, por tanto, glorioso está vivo y presente. ¿Cómo y cuándo recordamos a Jesucristo resucitado de entre los muertos? Lo hacemos en cada misa, especialmente cada domingo (día del Señor, día de la resurrección) y en Cuenca de manera especialísima el Domingo de Resurrección con la procesión alegre y solemne, familiar y luminosa de El Encuentro. “Acuérdate de que Jesucristo resucitó de entre los muertos”. Os invito a recordar desde la propia vida, es decir, desde la realidad de estar vivos, desde la conciencia de vivir y desde los personales contenidos que cada uno le da a su vida: actos, actitudes, trabajos, pensamientos, sentimientos, relaciones, vivencias, etc. Desde luego creo que la respuesta al misterio de vivir y al misterio de morir está en Jesucristo, el Hijo de Dios, que asumió la vida humana, murió y resucitó de entre los muertos. Me gustaría profundizar en esa respuesta recordando nuestra procesión del domingo de Resurrección y sus elementos: la imagen de Cristo resucitado y de la santísima Virgen del Amparo, el encuentro de ambos y el hecho mismo de ir juntos en procesión acompañando a nuestras imágenes.

Sabemos que la procesión tiene tres partes; en la primera las imágenes de Cristo y de María desfilan por separado encaminándose ambas por distintos recorridos hacia la plaza del Nazareno en donde se encuentran. Es la segunda parte, El Encuentro, el momento cumbre y central, el de mayor simbolismo e intensidad, el que condensa y expresa la alegría de todos con el movimiento festivo de las imágenes y si hasta ese momento la imagen de la Santísima Virgen llevaba un manto negro de muerte, tristeza y luto, ahora, después del encuentro con su Hijo Vivo y Glorioso, desaparece el manto negro, el luto, la tristeza y la muerte y resplandece el manto verde de vida, esperanza y alegría. Los aplausos vuelan intensos, sonoros, festivos, espontáneos junto con las palomas que se sueltan en ese momento, y en todos los corazones vibra, sencilla y fuerte, la alegría, la esperanza, la certeza. Después María, la Madre, sigue a su Hijo Resucitado, es la tercera parte de la procesión, hasta su conclusión. A todos nos gusta la imagen de Cristo Resucitado: es una talla sencilla pero bella, airosa, llena de luz. Bien, pues esa imagen nos recuerda la realidad de Cristo, la realidad de la resurrección. Cristo, el Hijo de Dios, murió en la Cruz, pero Él como Dios es más grande y poderoso que la muerte y con la Resurrección también lo es como hombre. ¿Qué es para Cristo la Resurrección? No sólo la vuelta a la vida y la victoria sobre la muerte, sino la glorificación, la divinización de su ser humano. ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué el Hijo de Dios se hizo hombre, murió y resucitó? Por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación, nos dice el Credo, pero léelo en


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clave personal: por ti y por tu salvación, tu felicidad, tu plenitud, tu glorificación, tu divinización. Nuestra vida actual, nuestro ser como ahora lo percibimos, es sólo el inicio de lo que seremos y viviremos. “Ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que cuando se manifieste seremos semejantes a Él” (1 Jn 3,2).

formación de las Angustias en Luz es lo que evidenciamos en la procesión en el momento de El Encuentro, para que sepamos y podamos vivir que con la intercesión de María Santísima y gracias a su Hijo muerto y Resucitado todas las “angustias” de la vida pueden ser y serán fuentes de “luz”. De las Angustias a la Luz. Es uno de los caminos vitales que surgen de la realidad de Cristo Resucitado y la primera en recorrerlo, después de su Hijo, fue su Madre Santísima.

En la procesión además de la imagen de Cristo Resucitado desfila la imagen de su Madre, la Virgen María, bajo la advocación del Amparo. Nos fijamos ahora en la imagen de la Santísima Virgen en el momento de El Encuentro. Resulta paradójico el hecho de que en los evangelios no se narre ninguna aparición de Cristo Resucitado a su Madre y, sin embargo, es lo que representamos en la procesión. En realidad, el hecho de que los evangelios no recojan ninguna aparición de Cristo resucitado a María, su Madre, no es ni un olvido ni una omisión y no significa que tal aparición no tuviera lugar. Esa aparente omisión posee un significado y un contenido profundo que es el siguiente: María no perdió la fe en Cristo, en su Divinidad y en su obra salvadora por su muerte en la cruz. Su alma nunca se separó de la realidad Divino-Humana de su Hijo. Su fe, por gracia de Dios, era infinitamente más grande que el escándalo, el dolor, la oscuridad de la pasión y la muerte en la Cruz. Sin embargo, la procesión recoge una tradición antiquísima en la Iglesia, y es que la primera aparición de Cristo Resucitado fue para su madre, para consolarla y curar en ella, con su presencia gloriosa, el amor herido, su dolor inmenso. Ella es la primera redimida, el modelo de la iglesia y de todo cristiano.

Estos contenidos profundos y esperanzadores son los que expresamos y vivimos en nuestra procesión del Domingo de Resurrección. Pero todavía hay otro elemento a destacar y lo encontramos en el hecho mismo de la procesión. ¿En qué consiste la procesión? ¿Qué hacemos en ella? Desfilamos solemnemente acompañando las imágenes de Cristo Resucitado y de María Santísima del Amparo. Acompañamos en la procesión unas imágenes porque sabemos que ellos, Cristo y María, nos acompañan en la vida; nos acompañan glorificados; nos acompañan desde el cielo; nos acompañan con su protección, asistencia y guía; nos acompañan porque nos aman. En ellos, nos acompaña el amor de Dios que nos ha creado, porque existir y vivir significa siempre que Dios nos acompaña y ama infinita y perfectamente, eterna y fielmente. Y es que Dios nos ha creado con amor inmenso y para un destino maravilloso, que se realizará a pesar de las apariencias humildes de nuestra vida.

Este encuentro entre Cristo resucitado y María su madre, que gozosamente revivimos en la procesión, abraza y llena de sentido las dos principales advocaciones marianas de Cuenca y hace ver la relación entre ambas: Virgen de las Angustias y Virgen de la Luz. Ese tránsito real, misterioso y profundo… Mejor, esa trans-

“Érase una vez tres árboles pequeños en la cumbre de una montaña que soñaban sobre lo que querían llegar a ser cuando fueran grandes. El primer arbolito miró hacia las estrellas y dijo: “Yo seré el baúl más hermoso del mundo, para poder guardar tesoros. Quiero estar repleto de oro y lleno de piedras preciosas.”

Hace unos días leí esta fábula y me pareció que de alguna manera reflejaba lo que hemos estado diciendo:


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Fotografía: Enrique Martínez Gil

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El segundo arbolito miró un pequeño río dirigiéndose al océano y dijo: “Yo quiero viajar a través de aguas temibles y llevar reyes poderosos sobre mí, seré el barco mas importante del mundo”. El tercer arbolito miró hacia el valle y vio a hombres y mujeres trabajando y dijo: “Yo no quiero irme de la cima de la montaña nunca. Quiero crecer tan alto que cuando la gente del pueblo me mire, levanten su mirada al cielo y piensen en Dios. Yo seré el árbol más alto del mundo”. Los años pasaron. Llovió, brilló el sol y los pequeños árboles crecieron mucho. Un día, los leñadores subieron a la cumbre de la montaña y derribaron los tres árboles. El primer árbol se emocionó cuando el leñador lo llevó a una carpintería, pero el carpintero lo convirtió en una caja de alimento para animales. Aquel árbol hermoso no fue cubierto con oro, ni lleno de tesoros sino que fue cubierto de polvo y lo llenaron de alimento para animales de granja. El segundo árbol sonrió cuando el leñador lo llevó cerca de un embarcadero, pero ningún barco imponente fue construido ese día. En lugar de eso, aquel árbol fuerte fue cortado y convertido a un simple bote de pesca. Era demasiado chico y débil para navegar en el océano y fue llevado a un pequeño lago. Pero una noche, una luz de estrella dorada alumbró al primer árbol cuando una joven mujer puso a su hijo recién nacido en la caja de alimento para animales hecha con su madera. “Yo quisiera haberle podido hacer una cuna al bebé”, dijo su esposo a la mujer. La madre le apretó la mano y sonrió, mientras la luz de la estrella alumbraba la madera suave y fuerte de la cuna. Y la mujer dijo, “este pesebre de madera es hermoso”. Y el primer árbol supo que contenía el tesoro más grande del mundo.

Una tarde, un viajero cansado y sus amigos subieron a un viejo bote de pesca. El viajero se quedó dormido mientras el segundo árbol navegaba cruzando el lago. De repente, una impresionante y aterradora tormenta llegó y el pequeño árbol se llenó de temor,

sabía que no tenía la fuerza suficiente para llevar a todos esos pasajeros a la orilla a salvo con ese viento y lluvia. El hombre cansado se levantó, y alzando su mano dijo al viento y al agua: “¡Calla. Enmudece!”. La tormenta se detuvo tan rápidamente como había comenzado. Y el segundo árbol supo que en él estaba navegando el Rey del Cielo y de la Tierra. Un viernes por la mañana el tercer árbol se extrañó cuando sus tablas fueron tomadas de un almacén de madera olvidado. Se asustó al ser llevado a través de una impresionante multitud de personas enojadas. Se llenó de temor cuando unos soldados clavaron las manos de un hombre en su madera. Se sintió feo, áspero y cruel. Pero un domingo en la mañana, cuando el sol brilló y la tierra tembló con júbilo debajo de su madera, el tercer árbol supo que el Amor de Dios había cambiado el mundo. Esto hizo que el árbol se sintiera fuerte, y cada vez que la gente pensara en el tercer árbol, ellos pensarían en Dios. Eso era mucho mejor que ser el árbol más alto del mundo. Moraleja: Si alguna vez te sentiste deprimido porque no sucedió lo que tú querías, sólo siéntete firme, y se feliz, porque Dios está pensando en algo mejor para darte...” También la realidad y el misterio de nuestra vida, el misterio de Dios en ella, está en esta fábula. Queridos amigos y hermanos, de vez en cuando recordemos a Cristo resucitado y descubramos que desde lo más alto del cielo, desde lo más hondo de ti mismo; en cada acontecimiento y en cada ser humano con el que te encuentras, en cada actividad que realizas, en cada instante de tu vida, ese Cristo te sonríe, te anima, te comprende, te acompaña y te dice “la Paz sea contigo...” Disfruta, vive y goza la Semana Santa y ¡Feliz Pascua de Resurrección! ¡Feliz Vida Nueva!


Restauración de la imagen del Ecce Homo de San Miguel Por la Junta de Diputación de la Vble. Hdad. del Stmo. Ecce Homo (extraído del informe de restauración) La talla del Stmo. Ecce Homo de San Miguel, que desfila en la procesión del Silencio de la noche del Miércoles Santo de Cuenca ha sido restaurada durante los meses de julio y agosto de 2007. Nuestra imagen fue sometida ya, hace varios años a una completa restauración realizada por D. Raimundo Cruz Solís y su hijo Joaquín Cruz. Esta intervención se le ha hecho para poder reparar ciertas zonas de la talla que sufrían pequeños desperfectos, suciedad superficial y perdidas de material y policromía. La intervención a sido a cargo de la restauradora conquense Dª. Maria Isabel Martínez Zamora, diplomada por la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Madrid, siendo realizados estos trabajos en la propia capilla de la hermandad de la iglesia de San Pedro. Según se desprende del informe, la talla al haber sido restaurada en profundidad hace varios años no presenta un grado de deterioro serio, entre las alteraciones mas significativas se observa suciedad superficial, ennegrecimiento del barniz de protección y depósitos de grasa y suciedad en los pies de la misma. Presentaba además perdidas de material y policromía en el manto, sobre todo en las zonas más sobresalientes como los pliegues, también en las manos y en la peana. El tratamiento realizado comenzó con la limpieza mecánica de la imagen mediante brochas y pinceles con el fin de retirar los restos de polvo y suciedad del conjunto. Después se realiza la limpieza química, efectuando pruebas de solubilidad con varios disolventes. Se utiliza una disolución de agua-alcohol con lo que se consigue eliminar gran parte de la suciedad y grasa que había sobre el barniz.

Fotografía: Enrique Martínez Gil

En una segunda fase se pasa al lijado de perdidas de material y estucado de lagunas, se han resanado todos los golpes que presentaba en la superficie de la imagen, para ello se eliminaron los restos de estuco y policromías en mal estado, utilizando lijas de diferentes grosores, lápiz de fibra de vidrio y picado mecánico con bisturí para eliminar los restos. Finalmente se eliminaron los restos de residuos con alcohol. En uno de los pliegues laterales del manto existían dos pequeñas grietas en la madera, lo que había provocado craquelados en la policromía y pérdidas de material en la zona. Se ha inyectado una resina epoxidica en dos componentes con el fin de estucar la zona. Todas las lagunas se han estucado con un estuco sintético aplicado con espátula en todas las zonas en las que ha sido necesario. Después se procedió al lijado y aplicación en todas las lagunas estucadas una capa de resina sintética (paraloid) con el fin de aportar una mayor resistencia y un acabado más satinado.

Finalmente se pasa a la fase de reintegración cromática y protección final utilizando pigmentos de restauración (Maimeri) aplicados en una solución de white spirit mediante impregnación con pincel en una primera capa y mediante estarcido como acabado final. Como protección final se han aplicado dos capas de una resina sintética con cera microcristalina con el fin de aportar a estas zonas mayor protección y resistencia, finalmente el informe hace una serie de recomendaciones para la conservación y buen mantenimiento de la imagen.


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Taller de actividades lúdico-culturales 2007 Artículo y fotografías por la directiva de la Vble. Hdad. de Jesús Entrando en Jerusalén y Ntra. Sra. de la Esperanza. El pasado mes de diciembre, la Venerable Hermandad de Jesús Entrando en Jerusalén y Nuestra Señora de la Esperanza organizó su tradicional taller de actividades lúdico-culturales, dirigido a niños y jóvenes y que este año se vio ampliado tanto en la cantidad y variedad de actividades, como en la duración del mismo, ya que se realizó durante dos días consecutivos, los días 27 y 28 de diciembre. Uno de los principales objetivos de la actual junta directiva es fomentar el interés, el entusiasmo y la implicación de los niños y jóvenes en nuestra Hermandad y en la Semana Santa de Cuenca, ya que ellos son el presente y el futuro de nuestra tradición. Con este taller se ha intentado fomentar la unión y el espíritu de Hermandad que debe unirnos a todos, aunando en las actividades propuestas la alegría de la Navidad con la ilusión por nuestra Semana Santa, y transformándolas en un juego. Las actividades fueron organizadas y programadas por una comisión formada por un grupo de hermanos cuyo quehacer diario, en muchos casos, está directamente relacionado con el mundo de la infancia y la juventud, en los ámbitos de la educación, la animación sociocultural y el deporte. Esta base y un importante trabajo de preparación y ejecución de todas y cada una de las actividades desembocaron en unas jornadas de disfrute de niños y mayores, en las que se intentó articular el juego, el compañerismo, la educación y la tradición.

ACTIVIDADES Entre las actividades celebradas cabe destacar el taller de cerámica, dirigido por el escultor conquense Tomás Bux, siempre dispuesto a colaborar con nuestra Semana Santa, que tras una demostración de su maestría en el torno, se entregó al trabajo con los niños. De sus pequeñas manos nacieron graciosas figuras de animales a partir de formas sencillas siguiendo los pasos que iba exponiendo nuestro genial ceramista.

El taller de cerámica estuvo acompañado de una gimkana, con juegos musicales, mímica y sobre todo trabajo en equipo, la confección de un pequeño muñeco nazareno de tela para colgar en el árbol de Navidad, que simbolizó la unión perfecta entre dos tradiciones, y un cuento, una narración incompleta cuyos protagonistas eran Jesús y a la Borriquilla, y que los más mayores completaron con grandes dosis de ingenio e imaginación mientras los más pequeños ilustraban estos relatos con sus dibujos. La hora de la merienda sirvió, además de para recuperar energías, para seguir jugando y aprendiendo. El taller se desarrolló en los Salones Parroquiales de la Iglesia de Santa Ana, donde se venera a las sagradas imágenes de la Borriquilla y Nuestra Señora de la Esperanza, y cuyo párroco, Bernardino Buendía, como buen anfitrión, también quiso participar con los niños y miembros de la Hermandad, mostrándoles todos los detalles del belén parroquial y cantando villancicos con ellos junto a Jesús y la Virgen de la Esperanza.

CLAUSURA El taller se cerró con la entrega a los participantes de un diploma y una fotografía de grupo, recuerdo de estos dos días de convivencia “nazareno-navideña” de los que la Hermandad extrae un balance muy positivo, por la excelente acogida que tuvo entre niños y padres, y por el buen desarrollo de las actividades programadas. Es importante no olvidar que no habría podido realizarse sin el trabajo realizado por la comisión encargada, sin el apoyo de la parroquia y sin la confianza de los padres, y gracias a todos ellos ya existen nuevas ideas, que unidas al aprendizaje derivado de este taller, nos llevan a mirar con ilusión la realización de nuevas actividades para nuestros niños, para que a partir del juego y la educación continúen conociendo y amando la Semana Santa, y se impliquen en ella activamente desde un sentimiento de hermandad, compañerismo y tolerancia.


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1998-2008

El Vía Crucis del “Amarrao” ha cumplido 10 años La Cuaresma de este año 2008 quedará enmarcada para siempre en la vida de todos los que componemos esta Hermandad, ya que celebramos el X Aniversario del Vía Crucis que cada primer Viernes de Cuaresma organiza la Vble. Hermandad de Ntro. Padre Jesús Amarrado a la Columna. En realidad (por aquellos caprichos de los números), cuando estas líneas vean la luz, será el decimo primer año que el Barrio de San Antón habrá sido testigo del paso del “Amarrao” por sus estrechas y empinadas callejuelas, habiendo dejado tras de sí ese peculiar olor a cera, ese lento caminar de los fieles, se oirán aún, como susurros, las oraciones que estación tras estación nos hacen meditar a todos…

Con las siguientes palabras, consta en acta la aprobación por parte de la Junta General de la Hermandad de la realización del Vía Crucis: “… informando que la Junta de Diputación ha pensado hacer un Vía Crucis con la Imagen del Titular el primer Viernes de Cuaresma, por el Barrio de San Antón, dada la devoción que se le tiene a nuestra Imagen, siendo un acto de fé, y saliendo lo más sencillo posible.

Efectivamente, fue en la Junta General Ordinaria del día 2 de Marzo de 1997, cuando se acordó, tras la propuesta realizada por la Junta de Diputación de aquel momento, la salida de la Sagrada Imagen de nuestro Titular, por las calles del Barrio de San Antón, en una procesión solemne, sin banda de música, sin tambores ni cornetas, sólo con el “Amarrao”, seguido por fieles del Barrio, y con un fin esencialmente asistencial, el de acercar la Imagen de Ntro. Padre Jesús Amarrado a la Columna a aquellos vecinos del popular barrio conquense, cuya Parroquia nos da cobijo, que por razones de su maltrecho estado de salud o su avanzada edad no pueden acercarse al Templo, como antaño, a rezar una oración ante Él, ni tampoco pueden acudir el Jueves Santo, a presenciar su salida procesional.

Fotografías: Archivo de la Hermandad

Se pide la aprobación del presente punto, siendo aprobado por unanimidad” (Libro de Actas de la Hermandad)


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Estos fueron los motivos que impulsaron a la Hermandad a pensar en alguna actividad para acercar esta Imagen, con tanta devoción en nuestro querido barrio, a sus vecinos, y de esta manera nació este Vía Crucis por diversas calles de San Antón. La idea era, en principio, simple: Celebrar una procesión, realizando las preceptivas 14 estaciones a lo largo del recorrido, con la lectura por parte del Párroco o de los propios fieles del barrio de cada una de las estaciones, y finalizar todas ellas con el rezo de una oración, reconociendo nuestros pecados. Así, callejeando, ir ascendiendo hasta la parte alta del barrio, dar la vuelta y emprender el descenso, en dirección de nuevo a la Parroquia. La idea, era interesante, atrayente, pero no tan obvia como parecía…así que lo siguiente era ponerse manos a la obra, puesto que existían multitud de detalles a tener en cuenta.

Cuaresma de 1998. Aquel primer Via Crucis… La Hermandad, tuvo que hacer frente a muchas dudas, a muchos obstáculos. Primero se eligió fecha: El primer viernes de cada Cuaresma. Era una buena manera de dar la bienvenida a la antesala de la Semana Santa, y además era una fecha en la que no se realizaba otro tipo de actividad nazarena; posteriormente hubo que decidirse por un itinerario adecuado, en el cual tuvieran cabida las 14 estaciones, y lo suficientemente ancho (parecía evidente, pero teniendo en cuenta la fisonomía del barrio, no lo era tanto) para que la Imagen, con sus andas, pudiesen procesionar sin problemas. Así, tras recorrer a pie las calles en varias ocasiones, se pudo finalmente definir un interesante recorrido procesional. Los portadores de la Imagen, como era de suponer, serían los banceros en el anterior Jueves Santo, hecho que ha acabado convirtiendo este Vía Crucis, como se ha podido ver con el paso del tiempo, en una cita obligada y motivo de orgullo para el bancero del “Amarrao”.

tradicional redoble del tambor: lo único que se podía escuchar mientras caminábamos hacia la primera estación era el sonido desgarrador de las horquillas contra el frío pavimento. Era una procesión sin adornos, emotiva, “de las de antes”. Para la Junta Directiva todo era una amalgama de sentimientos encontrados. Por un lado el nerviosismo típico de quien lleva mucho tiempo preparando algo que no sabe a ciencia cierta como va a resultar, por otro lado el nivel de atención que conlleva la organización de un evento de este tipo, finalmente la satisfacción y la sorpresa al ver la gran cantidad de personas que se encontraban en la Misa, y en la calle esperando el comienzo del Vía Crucis. Para los banceros, como no puede ser menos, orgullo, responsabilidad, nervios y sobre todo fervor. No en vano, lo que se portaba sobre nuestros hombros, era nuestro “Amarrao”, y eso era (y debe ser por siempre) motivo más que de sobra para vivir esas sensaciones. En las caras de aquellos que nos acompañaban esa noche, se veían sentimientos de fé, se podían leer oraciones en los ojos de todos aquellos que con sus velas encendidas, seguían en silencio a Jesús en sus estaciones. De esta manera, con lento caminar, la procesión llegó a su parte más alta, donde se dio la vuelta al “paso”, los banceros cambiaron sus puestos por aquello de la diferencia de alturas, y camino de vuelta hacia San Antón. Así, cerca de las 10 de la noche, finalizaba una actividad que nos llenó a todos de emoción. Ver al “Amarrao”, por esas estrechas calles, sin el Sayón, sin música, y con ese olor a cera que impregnaba cada rincón del barrio, ponía, como se suele decir, “los pelos como escarpias”.

Sólo restaba conseguir unas andas apropiadas para realizar el Vía Crucis, y por este motivo siempre estaremos agradecidos a la Hermandad de San Julián, que gustosamente nos las ha cedido durante todos estos años.

“…Se informa a la Hermandad que el Vía Crucis, realizado el pasado día 27 de Febrero ha sido para la Hermandad, y para todas las personas del Barrio de Cuenca, que acudieron sobre unas 500, un motivo de orgullo y de devoción, con lo cual alienta para que se siga realizando y así, ha habido un apoyo por parte de varias Hermandades, mediante una serie de cartas”. (Libro de actas de la Hermandad)

De esa manera, llegó el 27 de Febrero de 1998, fecha que pasará a la historia de la Hermandad, pues fue el día en que se celebró por primera vez el Vía Crucis... Tras una misa previa, con amplia asistencia, a las 20:15 horas se abrían las puertas de San Antón, y Jesús Amarrado se encontraba con casi 500 fieles que le acompañaron durante todo el recorrido por el barrio. Iba sólo, sin el sayón que le azota cada Jueves Santo. No sonaban marchas, ni el

Este es el balance que realizó la Junta de Diputación respecto al Primer Vía Crucis. Estas palabras fueron pronunciadas en la Junta General celebrada el 8 de Marzo de 1998. De ellas se desprende el sentir general de satisfacción que dejó en la Hermandad la realización de esta actividad, no sólo por el hecho de que todo saliera incluso mejor de lo esperado, sino sobre todo por la sensación de haber realizado una labor muy importante para mu-


HABLAN LAS HERMANDADES chas personas impedidas o de avanzada edad del Barrio de San Antón, cuyas caras, cuyos gestos al paso del “Amarrao” serían sencillamente indescriptibles. No podemos olvidarnos del carácter asistencial que siempre ha presidido esta Hermandad, desde su fundación, característica esencial, que quedó de manifiesto con esta actividad, y motivo más que suficiente para recordar a tantos y tantos hermanos que nos precedieron y que nos dejaron el legado que actualmente mantenemos.

Diez años. Recuerdos, anécdotas… Desde la distancia que dan los años, podemos decir que esa iniciativa, que en su momento nació entre dudas, fue un gran acierto, ya que aparte de ser una procesión original y prestar un gran servicio a los vecinos del barrio, se ha consolidado como uno de los actos más esperados de la Cuaresma por los amantes de la Semana Santa, que año tras año, acuden al Barrio de San Antón, a celebrar con nosotros este Vía Crucis, que cada vez congrega mayor número de devotos, fieles y curiosos del ambiente nazareno conquense, siendo cita obligada para todos ellos. Durante estos dos lustros, se han producido gran cantidad de anécdotas, de las que no se ven, de las que quedan para siempre en la memoria de aquellos que las viven… pero aprovechando estas páginas, contaremos algunas de ellas: Durante el desfile procesional, una de las principales dificultades ha sido la de ir sorteando curva a curva los diferentes riesgos que ofrecía el recorrido (cables, esquinas, ramas, coches aparcados, …) . Es por este motivo, que la Hermandad quiere agradecer mediante estas líneas a los que durante estos años han participado para organizar este evento y que se desarrolle de la mejor manera posible. Serían muchas las menciones que podríamos hacer, así que simplemente citar a los banceros que cada año demuestran su buen hacer. Por supuesto, también, a los capataces de banceros que todos estos años han demostrado su experiencia dirigiendo el “paso” por esas calles, que cuentan, como decimos, con algún pequeño “contratiempo”. Así mismo a los miembros de la Junta Directiva, que año tras año, y desde aquel lejano 1998, días antes del Vía Crucis, inspeccionan el recorrido procesional, comprobando que no existan vehículos u otros obstáculos que impidan el paso del desfile. En este sentido, vaya nuestro agradecimiento, por supuesto, a la Policía Local, cuya labor cada año es indispensable, no sólo para ayudarnos a mantener despejadas las calles que configuran el citado recorrido, sino a la hora de cortar el tráfico al inicio y final del Vía Crucis. Otro hecho extraordinario se produjo hace ya algunos años, cuando la lluvia se convirtió en protagonista, impidiendo la celebración del Vía Crucis por el Barrio, con lo que la Hermandad se vio obligada a tenerlo que desarrollar en el interior de la Parroquia, donde tuvo lugar la lectura a las 14 estaciones, por parte de varios hermanos. Evidentemente, la lluvia fue motivo de tristeza y de desánimo, puesto que el fin primordial del Vía Crucis es, claro está, la salida en procesión por las calles del Barrio… Por tanto, sólo nos queda desear que la lluvia brille por su ausencia en sucesivas ediciones.

El año 2006, con motivo de las obras que se estaban realizando en varios puntos del recorrido habitual, hubo que tomar una decisión por parte de la Hermandad, y esta consistió en un cambio de recorrido, que como suele ser habitual en estos casos tuvo sus pros y sus contras, aunque en general, fue del agrado de la mayoría de los presentes. El pasado año 2007, tuvimos el honor de que la procesión fuera presidida por Monseñor José María Yangüas, Obispo de Cuenca, en lo que era para él su primer Vía Crucis, realizando además la lectura de la última estación, en la misma puerta de la Parroquia.

La tradición continúa Y de esta manera la Hermandad llega al año 2008, como siempre con ilusiones renovadas, y pensando en mejorar esta actividad en todo lo posible. El próximo 8 de Febrero, primer Viernes de Cuaresma, a las 20:15 h., se abrirán las puertas de la Parroquia de Ntra. Sra. De la Luz, y en ese momento, (D.M.), Ntro. Padre Jesús Amarrado a la Columna, a hombros de sus banceros, y seguido por multitud de fieles, volverá a recorrer las calles del barrio, en lo que será una nueva edición de su ya tradicional, y para todos sus hermanos, entrañable, Vía Crucis. Previamente, y como se viene realizando desde hace ya algunos años, tendrá lugar en la misma Parroquia, la Misa por los Hermanos Cofrades Difuntos que cada año organiza la Junta de Cofradías. No faltan proyectos, ideas, sugerencias…. En definitiva, permanece el ánimo por seguir consolidando un acto que cada año reúne a más hermanos, el cual, además de aportar un servicio asistencial importante para los vecinos del barrio de San Antón, y para que los amantes de la Semana Santa comiencen a vivir los actos de la Cuaresma, sirve para que la Hermandad se reúna por un fin común…. El culto a nuestro “Amarrao”. Motivo más que de sobra para seguir trabajando.


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Historia de la Venerable Hermandad de San Juan Bautista de Cuenca.

Los orígenes Por Javier Viñuelas Torres Buscando los orígenes de la Hermandad he indagado en todo aquello relativo a la figura de San Juan Bautista en la historia de Cuenca. La primera referencia podríamos encontrarla en la conquista de Cuenca en el año 1177, según la leyenda las tropas entraron por la puerta de Aljaraz y a esta puerta se le dio posteriormente el nombre de San Juan, nombre que ha conservado hasta nuestros días.

LAS IGLESIAS El rey Alfonso VIII no trata tanto de buscar un control militar del territorio como de repoblar las tierras con el asentamiento de nuevos pobladores que den una cierta estabilidad al territorio, desarrollando mecanismos para la explotación de la tierra y dotándoles de leyes.

La Iglesia de San Juan Bautista data de finales del siglo XII o principios del XIII. Para datar la antigüedad de la Iglesia de San Juan hay que recurrir a los documentos existentes en los archivos y la primera referencia que existe es un documento de 1185 1, solo ocho años después de la conquista, que menciona la collacion de Santo Domingo y esta iglesia estaba en la parte mas baja de la ciudad y por tanto es lógico suponer que la iglesia de San Juan al igual que el resto ya existirían en esta época. En la documentación del archivo de la catedral ya aparecen desde el año 1193 tres alcaldes corroborando con su presencia, junto a otras autoridades de la ciudad, la validez de un documento de donación sin identificar a que collación pertenecen pero con la certeza que existían mas de tres pues después de los nombres se indica “cum sociis suis” 2 . Pero el primer documento donde aparece la iglesia de San Juan es un documento de compromiso del año 1225 (Fig. 1) y aparece junto al resto de las parroquias que había en ese momento que eran un total de trece y que eran: Santa María, San Pedro, San Nicolás, San Martín, Santa Cruz, San Gil, San Miguel, San Esteban, San Vicente, San Salvador, Santo Domingo, San Andrés y San Juan.

Después de la conquista una preocupación del monarca castellano es la de repoblar la ciudad que había quedado en un estado ruinoso después de tantos meses de asedio. La organización se hace distribuyendo los nuevos pobladores en terrenos urbanos que se agrupan alrededor de una parroquia, constituyéndose las collaciones, que eran demarcaciones eclesiásticas que tenían intervención en la vida civil y en la administración del municipio, sorprende en el caso de Cuenca la celeridad con que se establecieron.

A partir de este documento de 1225, que es él más antiguo que se conserva sobre esta iglesia, existen multitud de documentos sobre testamentos, pleitos, censos, cesiones, donaciones, etc. que se conservan en el archivo de la Catedral y en el archivo Histórico Provincial de Cuenca.

1. CANOREA HUETE J.: “El Espacio de Cuenca en la Edad Media: De la Frontera a la Repoblación (Siglos XI-XIII)” Cuenca, 2006 (Histocuenca Obra Social CCM).

2. CHACON GOMEZ-MONDERO, F. Antonio: La documentación del Archivo Municipal de Cuenca, 1190-1417: estudio diplomático e histórico-institucional. Tesis Doctoral Universidad Autónoma de Madrid 1.995.


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Detalle del sello de lacre del documento de 1.225.

Fig. (1) Documento de Compromiso de 1.225 que se conserva en el Archivo de la Catedral de Cuenca.

La iglesia estaba situada al lado de la puerta de San Juan, y se da su situación exacta en un documento del año 1787 donde el párroco de San Juan contesta a una serie de preguntas que desde el Obispado se hace a todas las parroquias (Fig. 2).

otro Hospital se encuentra muy cerca del anterior antes de llegar al puente de San Antón y es el llamado de San Jorge y del que es Patrono la Cofradía de las Animas antes mencionada. También extramuros se encuentran tres ermitas una en los arrabales de las Ollerías que es la ermita de Ntra. Sra. de Belén, otra como medio cuarto de legua encima del cerro de las Ollerías llamada el Rey de la Majestad y su Patrono es el Sr. Obispo y la otra ermita que se encuentra como a un cuarto de legua al Norte es la de San Julián el Tranquilo, donde existe una cueva y una fuente donde por tradición se dice que el Santo trabajaba los mimbres para hacer cestas.

En este documento se describe con minuciosidad donde estaba la iglesia diciendo que “...estaba en la calle Principal que sube por la Puerta de Huete, teniendo su entrada al costado y medio día,... situada al Norte sobre el muro, junto al río Júcar”, los limites son “Alinda al Norte con Embid, al Poniente con Noales, Anejo de Chillaron de Cuenca, por el Medio Día con la Feligresía de Santo Domingo y por el Saliente con la Feligresía de San Andrés”; y añade que “...tiene al Norte un Zerro llamado del Pozuelo. Y una dehesa llamada la dehesilla de Santiago, que se compro a los Religiosos de la Merced de esta”.

Asimismo extramuros junto a la puerta de Huete unido al puente para entrar en la ciudad se encuentra el convento de la Trinidad.

Tiene esta parroquia cuatro cofradías (no detalla cuales) mas la especial la de Animas Advocación de San Gregorio a la que esta agregada la Venerable de San Jorge.

También nos da un detalle de la población que pertenecía a su parroquia que eran ciento ochenta casas con doscientos cinco vecinos.

Luego detalla lo que pertenecía a su feligresía diciendo que extramuros y en los arrabales de la ciudad se encuentran dos hospitales el de San Antonio Abad que esta en el puente de San Antón y en el que se conserva la imagen de la Nª. Sra. de la Luz, comúnmente llamada del Puente y “Patrona jurada de esta ciudad”. El

La iglesia de San Juan Bautista se hundió en el año 1877 y fue incorporada canónicamente a la de El Salvador, en virtud del arreglo parroquial efectuado el 1º de octubre de 1897. Todos sus enseres incluida la imagen se incorporaron a la iglesia de Santo Domingo.

Fig. (2) Documento del párroco de San Juan Bautista del año 1.787 que se conserva en el archivo Histórico Provincial de Cuenca.


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Fig. (3) Documento del párroco de El Salvador del año 1.787 que se conserva en el archivo Histórico Provincial de Cuenca.

Se sabe con toda certeza que la festividad de San Juan Bautista del año 1912 fue celebrada con toda solemnidad por quienes tenían la idea de formar la Cofradía. La imagen de San Juan fue trasladada desde la iglesia de Santo Domingo a la de El Salvador en la medianoche del 24 de Junio de 1912 para que ya en lo sucesivo se le diera culto en esta. La imagen si situó en una hornacina debajo del coro, donde estuvo hasta su destarucción. El párroco de El Salvador al igual que el de S. Juan y el resto de las iglesias responde al cuestionario del obispo (Fig. 3), el documento es más extenso (seis paginas), en los datos que da de su parroquia describe la fundación de la Hermandad de los Caballeros que realizaran la procesión del Santo Entierro, que debe organizarse a sus expensas y da una descripción de cómo organizarla indicando quien debe participar, “... en la misma Parroqª. se halla fundada en el año de mil quinientos sesenta y cinco, la celebre y

Ve. Hermandad de los Cavalleros distinguidos de esta Muy Noble Ciudad con la advocación de Nª de la Soledad, ...”. Al igual que el otro documento describe los limites de la misma, en esta época la puerta no estaba situada donde esta ahora por su descripción “..., la puerta por donde se entra se advierte al Norte por la que y su calle izquierda ascendiendo al oriente confina al medio día con la Parroqª. de Sto. Domingo, por la derecha con la de Sn. Vicente y enfrente de la primera la de Sn. Andrés.” Y algo más curioso al decirnos donde se encontraba la puerta antigua y que debe ser la puerta que se ha descubierto recientemente al realizar unas obras (Fig.4) diciendo textualmente “La puerta antigua de la misma Parroqª. se registra tapiada del medio día, y a su mano derecha del fin, esta la antigua Hermita del hospital de Nª Sra de la Speranza y Dolor.”

Fig. (4) Puerta de El Salvador antigua junto a la actual.


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Fig. (5) Fotografía de la imagen de San Juan Bautista del escultor Luis Salvador Carmona. (Archivo de la Hermandad. Fotografía donada por D. Mariano López Evole)

LAS IMAGENES La imagen que albergaba la iglesia en el siglo XVIII (Fig. 5) era una talla atribuida al escultor Luis Salvador Carmona (17091767), por el valenciano Antonio Ponz (1725-1792) en su libro “Viage de España, o Cartas en que se da noticia de las cosas más apreciables y dignas de saberse que hay en ella”, en el tomo III dedicado a Cuenca que realizo hacia 1774. Esta imagen es diferente a las dos obras existentes en la actualidad de San Juan Bautista de Luis Salvador Carmona, obras que se encuentran en la Iglesia de San Sebastián en Estepa (Sevilla) y en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Segura (Guipúzcoa). Estas dos imágenes son muy parecidas y tienen rasgos comunes que las identifican, tienen el cordero al lado izquierdo de San Juan mirando hacia arriba, tienen el pie izquierdo de San Juan subido en una piedra y tienen la mano derecha de San Juan apuntado con el dedo índice hacia abajo y hacia la izquierda donde se encuentra el cordero. En nuestra imagen como es conocido el cordero está al lado derecho ningún pie esta subido y la mano derecha está señalando con el dedo índice hacia el cielo. Dado que podrían existir dudas sobre la autoría de la obra he realizado consultas a una de las máximas expertas en este país sobre la obra de este escultor, Dª. Mª Concepción García Gainza 3, que confirma que efectivamente la escultura pertenece al escultor Luis Salvador Carmona.

1941 se recibe la nueva imagen que el Ayuntamiento ha encargado al escultor conquense Luis Marco Pérez, esta imagen desde que se recibe es muy elogiada por todo el mundo, se destaca su perfecta anatomía y su bella policromía y guarda la misma colocación que la antigua imagen.

LA HERMANDAD En el año 1912 se tiene constancia de la celebración de varias reuniones encaminadas a la constitución de la Hermandad, pero a causa de no haberse podido reunir las personas comprometidas a formar la misma y a no haber sido redactado el Reglamento para su Gobierno y Régimen Interior por la persona encargada de ello, no pudo lograrse tal propósito. El 15 de Junio de 1913, convocados por D. Herminio Lozano que firmaba la convocatoria como presidente de la Hermandad, volvieron a reunirse unos cuantos devotos de San Juan Bautista, al objeto de constituir la misma, pero de nuevo fallaron los cálculos de asistencia y ante el escaso número de congregados hubo de desistirse nuevamente.

Desgraciadamente esta imagen solo desfiló hasta la Semana Santa de 1936, es decir tres años. Con el comienzo de la Guerra Civil la imagen fue destruida.

En el año 1934 por fin unos cincuenta hermanos se constituyen como Hermandad con él título de Venerable, por concesión del Obispo don Cruz Laplana y Laguna, incorporándose a los desfiles del Miércoles Santo, saliendo de la iglesia de San Esteban con el resto de los pasos de este día. El uniforme que se estableció fue el de túnica morada, capuz y fajín de tela blanca y una cruz verde situada en el capuz a la altura del pecho.

Terminada la guerra civil se trata de reconstruir nuestra Hermandad y lo primero era tener una nueva imagen, el 3 de Abril

El primer Hermano Mayor fue don Eloy Martínez de Toro y el primer secretario fue don José Alvaro Navalón.

3. Dª. Mª Concepción García Gainza es Directora del Departamento de Historia del Arte, Directora de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro y Directora de la Colección Historia del Arte de la Universidad de Navarra, ha sido directora y coautora del Catálogo Monumental de Navarra. Académica correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y de la Academia de Santa Isabel de Hungría de Sevilla.

Ha obtenido el Premio Príncipe de Viana de la Cultura, el Premio Merindad de Tudela y el Premio Cadena Cope a la cultura. Autora de un elevado numero de libros, artículos y colaboraciones, a destacar entre los dedicados a este escultor los libros: “EL ESCULTOR LUIS SALVADOR CARMONA” y “LUIS SALVADOR CARMONA EN SAN FERMÍN DE LOS NAVARROS”.


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El conjunto escult贸rico Por Juan Carlos Mu帽oz del Olmo.

Fotograf铆a: Antonio Abarca Contreras

Secretario de la V.H. de La Negaci贸n de San Pedro


HABLAN LAS HERMANDADES El resultado gratificante de este esfuerzo de recuperación de un paso, es ver desfilar desde 1997 por las calles de Cuenca un soberbio conjunto escultórico del escultor conquense D. Vicente Marín Morte, tallado en madera de tilo y abedul, policromado sobriamente al óleo, huyendo de dorados y plateados, tal y como se identifica a la imaginería procesional conquense; con una puesta en escena calificada de atrevimiento por la ubicación de sus imágenes. La imagen de San Pedro muestra claramente su actitud de huida con intención de desaparecer ante su denunciada identidad, enmarcado entre dos pebeteros de luz natural, bajando las escalinatas del atrio del sumo sacerdote; y lo que es más importante, el rostro compungido mostrando su arrepentimiento una vez que ha negado a Jesús por tercera vez, marcándole las lágrimas surcos en sus mejillas. El Apóstol da la espalda a otras dos figuras que representan a un Soldado del Sanedrín con una dibujada expresión entre duda y fiereza, ascendiendo por una escalinata lateral blandiendo su “pilum” para prenderle. En esta figura podemos observar el atrevimiento del escultor al situarla prácticamente desde las propias andas, ascendiendo de las mismas y escuchando a su vez las acusaciones de la Portera de Caifás. La tercera figura, la mujer que se encuentra sentada junto a un brasero de luz natural, recuerda en su actitud elegante, en su atuendo y su bello rostro, a una Sibila clásica; estilísticamente deja patente la característica renacentista que identifica a este escultor conquense, de trazados suaves y delicados, marcando a su vez los pliegues exagerados de las vestimentas y la puesta en escena del origen de las procesiones, estos dos últimos aspectos propios del Barroco. La característica principal de todas sus imágenes es el dinamismo, el conjunto se ajusta al resto de los pasos procesionales que desfilan en la Noche del Miércoles Santo, manteniendo el estilo artístico y una forma acorde con éstos.

El peso del conjunto procesional incluidas sus andas es de 1.100 Kg., siendo portado por 48 banceros. Como anécdota de interés, decir que en la parte frontal de sus andas, concretamente entre los pebeteros de las escalera del atrio, figura la inscripción latina “FLEVIT AMARE”, leyenda que se recuperó y que figuraba en las andas del desaparecido paso. Su traducción al castellano lo dice todo “LLORÓ AMARGAMENTE”. Las figuras se encuentran enmarcadas con elementos que muestran nítidamente las referencias de un paisaje urbano propio de la época donde se desarrolla la acción: fustes inacabados de columnas en la parte trasera del paso, sillares de piedra donde descansa la portera, un brasero de luz natural alrededor del cual tiene lugar la última acusación y dos pebeteros también de luz natural en el frontal del atrio; todos éstos elementos quedan circundados por dos alturas de escalinatas que simulan dar acceso a las dependencias del sumo sacerdote del Sanedrín. El verdor de las hiedras que se colocan en el paso y los focos de luz natural contrastan con el color calizo de las piedras del atrio, acentuando el juego de luces y sombras del conjunto en la noche blanca del Miércoles Santo. Y se consiguió con el conjunto escultórico otro aspecto arto difícil. Lo difícil era mostrar la soledad, transmitir soledad de Pedro en esos momentos. La soledad del hombre, la soledad de todos los hombres. La lucha entre la duda y la verdad, la lucha entre la Negación y las lágrimas. El vacío que el hombre siente en sus constantes dudas, porque el hombre duda. Duda y se arrepiente. Como acertadamente, citaba en la revista de la Hermandad nuestra Hermana Mayor en 1999, Yolanda Jordán: “Todas las aportaciones son valiosas. Todos los sentimientos tienen cabida bajo la tutela de San Pedro, porque forma parte de nuestra naturaleza negar, pero también llorar amargamente. Desde las complejas dudas que el corazón alberga, es posible siempre iniciar la búsqueda y siempre ha de alentarnos la esperanza de una respuesta…” Así de rápido, dos lustros, visto así no parece tanto, pero en medio queda muchas ilusiones realizadas y otras truncadas, multitud de quehaceres, todos ellos iguales a los anteriores, pero, ya lo dijimos, todos tan distintos; especialmente el trabajo de muchas personas, hermanos y hermanas, que acompañaron y acompañan a la Hermandad en su Vivir Nazareno. Otros nos acompañan de otra forma, desde otro lugar y otra Semana Santa, iluminándonos con la luz viva de la memoria y los sentimientos, desde el corazón. Por y para todas las luces que se encendieron, se encienden y se encenderán.


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Fotografía: Julio Palencia Garrote

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INVESTIGACIÓN

La Cruzada Eucarística de la Semana Santa de Cuenca Por Alejandro de la Cruz Fotografías: Archivo Antonio Abarca A Giuseppe Melchiorre Sarto, nacido en 1835 de Riese (LombardíaVenecia), le dio por acudir a la llamada de la vocación e hizo la carrera eclesiástica. Cuando contaba 48 años de edad, el papa León XIII, le nombró cardenal y lo promovió a patriarca de Venecia, responsabilidad que ocupó hasta 1903, año en el que el conclave convocado para elegir sucesor a la silla de Pedro por el fallecimiento de León XIII lo designó Papa. Giuseppe Sarto quiso ser llamado Pío X y con tal nombre comenzó su pontificado el 4 de agosto del referido 1903. Eran tiempos convulsos para la Iglesia, fundamentalmente por las corrientes laicistas que cada vez adquirían más importancia, a luchar contra ellas y contra el modernismo dedicó parte de su esfuerzo el papa Pió. Esta lucha la enfocó facilitando la participación del pueblo en la Eucaristía, fomentando el acceso de los niños a la misma y promoviendo el estudio del catecismo. En 1910 promulgo un decreto sobre la comunión temprana que dio origen a la Cruzada Eucarística de los niños. El 20 de agosto de 1914, en la ciudad del Vaticano, Pío X entrego su alma a Dios, su vida de oración y trabajo le llevo a ser beatificado en 1951 y entro el santoral como San Pío X el 29 de Mayo de 1954. Promover y propagar la devoción al Corazón de Jesús es el motivo que mueve a la Compañía de Jesús a implicarse en la educación eucarística de los niños. La vigésimo sexta Congregación General de los jesuitas, celebrada en 1916, acuerda colaborar al desarrollo del Apostolado de la Oración, movimiento vinculado hasta imbricarse totalmente con la vida de la Cruzada Eucarística. Así en 1925 el jesuita Padre Ledóchowski convoca en Roma a los directores de los Mensajeros para que trabajen en el ya muy desarrollado proyecto eucarístico. En 1932 la Cruzada Eucarística cuenta con dos millones y medio de miembros, y a petición del mencionado Padre Ledóchowski el papa Pío XI la reconoce solemnemente como “Asociación Primaria”. Tras diversos avatares, corriendo el año de 1960, en una alocución, Juan XXIII evita utilizar la palabra “cruzada”. Nada nuevo en este Papa pues ya cuando era nuncio en Turquía opinaba que debía desaparecer el recuerdo de las cruzadas. Siguiendo este criterio y actitud de Juan XXIII, la Cruzada Eucarística de varios países cambia de nombre y se convierte en “Movimiento Eucarístico de los Jóvenes”.


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No es el caso de España y por tanto de Cuenca que siguen manteniendo el mismo nombre. La antorcha que iluminó y guió en nuestra ciudad este movimiento eucarístico, tiene un nombre propio, Don Camilo Fernández de Lelis, un sacerdote al decir de quienes lo trataron sumamente piadoso. Junto a Don Camilo destaca la labor realizada por los maestros nacionales de las escuelas conquenses, con más precisión, las maestras nacionales. Todos juntos fueron soporte y vida de la Cruzada Eucarística en Cuenca, fundamentalmente, por no decir, en su totalidad orientada a los movimientos infantiles y juveniles de la mitad del pasado siglo. En los programas sobre Semana Santa que editaba la Junta Local de Festejos en alguna ocasión y la Comisión Municipal del Excelentísimo Ayuntamiento en otras, aparece por primera vez reflejado el nombre de la Cruzada Eucarística como encargada de la procesión del Hosanna, en una separata trilingüe (español, inglés y francés) adjunta al de 1962. Tal dependencia se le adjudica hasta 1981, al año siguiente ya figura la Venerable Hermandad de Jesús Entrando en Jerusalén, como la responsable de la procesión del Domingo de Ramos. En 1981 ve la luz una pequeña publicación que bajo la denominación de “Pinceladas históricas de la cofradías de la Semana Santa de Cuenca”, cuyo autor es Ángel Martínez Soriano, y que recoge una serie de datos que el mismo autor había publicado en el Diario de Cuenca el 22 de marzo de 1959, en ella, al referirse a la procesión de Ramos, se afirma: “En 1957 la Cruzada Eucarística se hizo cargo de la imagen y del orden de la procesión, hasta que, en el año 1976, se constituyó la Hermandad propiamente dicha, con la denominación de Jesús entrando en Jerusalén”. Cinco años antes, 1976, un grueso folleto editado por “Publicon” (Publicaciones Conquenses) bajo el genérico titulo de Semana Santa en Cuenca, recoge textos de varios autores, prestigiosas plumas del momento. En su página 12, refiriéndose al Domingo de Ramos, se puede leer que “en 1957 pasaron la procesión (la Hermandad de San Juan Evangelista) a la Cruzada Eucarística que, desde entonces, pone en marcha este primer desfile”. Tenemos que esperar hasta 1997, para que llegue a nuestras manos “A través de mi capuz”, un trabajo de Antonio Pérez Valero, riguroso en su planteamiento, con una buena base documental que, en palabras del propio autor: “No pretende ser la Historia de la Semana Santa Conquense…, el único fin pretendido, servir de colaboración a futuros estudios, de apoyo a más preparados estudiosos” Pérez Valero nos aclara que en 1959, la Junta de Cofradías implica a la Cruzada Eucarística en la procesión del Hosanna, pero

únicamente a la sección infantil, banceros y uniformidad la sigue poniendo la Venerable Hermandad de San Juan Apóstol Evangelista. En 1961, don Camilo Fernández de Lelis, presidente de la Cruzada, se hace cargo de la organización completa de la procesión, hasta el 23 de enero de 1973, día en el que don Francisco Bermejo, en su calidad de presidente de la Junta de Cofradías, don Federico Rodríguez Ortiz por la Cruzada Eucarística y don José Luís Marco Nielfa como promotor, firman el acuerdo de fundación de la Venerable Hermandad de Jesús Entrando en Jerusalén. Esta fundación no supuso la total desaparición de la Cruzada de la procesión del Domingo de Ramos, ya que la sección infantil del movimiento fundado por San Pío X continúa con su participación. Otra presencia importante de la Cruzada Eucarística en nuestros desfiles procesionales, lo recogemos del libro que Luís Calvo Cortijo escribió, publicado en 1990 bajo el título “50 años, y… un día, de la Semana Santa de Cuenca”, historia arrancada a las hemerotecas, a las actas de la hermandades, a los programas radiofónicos, a unas cuantas conversaciones con viejos personajes de memorias en penumbra, y de paso defender su tesis de que la primera procesión, tras la contienda civil, se celebró en Cuenca en 1939 con el “Nazareno” de Sisante. Calvo Cortijo nos informa sobre la existencia de una banda de cornetas y tambores perteneciente a la Cruzada Eucarística, que participó en la celebraciones nazarenas desde 1966 hasta 1971. En Cuenca, de siempre hemos identificado la procesión que da comienzo a los desfiles, como la procesión de los niños, ignoro si tal identificación le viene de la participación que en ella tuvo la Cruzada Eucarística, lo cierto, como ya queda explicado, es que en este movimiento católico, la figura infantil y juvenil tuvo vital importancia. Y la vinculación internacional de la Cruzada, posteriormente recogida en el Apostolado de la Oración, con las celebraciones del Domingo de Ramos queda reflejada en que una de las publicaciones periódicas de éstos es la revista “Hosanna”. Poco a poco, la intención de Juan XXIII de hacer desaparecer el nombre de “cruzada” ha ido calando también en España, no es fácil encontrar textos relativamente recientes que te hablen de la Cruzada Eucarística, tan sólo tengo una referencia verbal sobre un trabajo que realizó el obispo Guerra Campos, y que al decir de mi informante se debió publicar en los Boletines del Obispado de la Diócesis de Cuenca, yo no lo he encontrado, cierto es que no tengo formación de historiador, tan solo soy una persona que se siente orgulloso de la Semana Santa Conquense.


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INVESTIGACIÓN

A propósito de la Semana Santa de 1893 Apuntes sobre la Cuenca Procesional en una decimonónica revista local Por Sandra María Navalón Martínez e Israel José Pérez Calleja 1 A Andrea, nazarena de Cuenca, nuestra vida

Siempre tenemos la impresión de que podríamos hacer mejor lo que los otros hacen. Desgraciadamente, no tenemos el mismo sentimiento hacia lo que nosotros mismos hacemos (Émile M. Cioran). En Cuenca se nace no con un pan sino con una tulipa u horquilla de bancero debajo del brazo, y también muchos al morir se llevan puesta la vieja túnica como forzando a San Pedro a abrirles de par en par, sin rechistar, las puertas del Cielo (J. M. Carretero Escribano). Introducción Se da comienzo con este primer artículo a una modesta serie de estudios sintéticos sobre el tratamiento periodístico local destinado a la Semana Santa de Cuenca, con la particularidad de que cada uno de aquellos estará relacionado íntimamente con una circunstancia histórica relevante de nuestro pasado. Si en posteriores colaboraciones se remitirá al lector a coyunturas socio-políticas tan interesantes como la supervivencia de esta popular celebración religiosa durante el agitado quinquenio de legalidad republicana, los accidentados momentos inmediatos a la conclusión de la pavorosa Guerra Civil española, a través de diarios falangistas como Cara al Sol y su sucesor Unidad, o la meteórica reanimación de las Hermandades y procesiones conquenses tras esa citada dilaceración que fue la contienda civil, a partir de las páginas del renombrado rotativo franquista Ofensiva, en esta nuestra presentación acudiremos a la crónica directa de una casi olvidada revista capitalina que, pese a su escasa longevidad y trayectoria (además de su lógica subordinación

al gran periódico católico de la época, entonces semanario todavía, que era El Correo Católico), nos transporta imaginariamente a la celebración de una Semana Santa de Cuenca datada nada menos que en la última década del siglo XIX, concretamente en el año de 1893. No debe olvidarse, en esta misma línea, que la sección en la que se agruparán este conjunto de breves análisis periodísticos no viene sino a recuperar aquel iniciático apartado titulado “Página de ayer” que, con idénticos fines, apareciera en el número 0 de la precoz y hoy afortunadamente consolidada revista Cuenca Nazarena 2 . No sería necesario abundar demasiado en la enorme importancia que poseen este tipo de documentos históricos, ya que los mismos permiten reproducir a pequeña escala episodios lejanos de nuestra más arraigada efeméride religiosa, en este caso, retrotrayéndonos más de un siglo hacia atrás en el tiempo, con el aditamento y reclamo, si cabe más interesante aún, que posee cualquier información al respecto fechada con anterioridad a la centuria pasada, en la cual se terminan consolidando todas las procesiones actuales,


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El Progreso. 1 DICIEMBRE. Nº. 241

La Semana Conquense. 19 MARZO. Nº. 1

luego del cruento interludio ignominioso de la Guerra Civil 3. De esta manera, si el objetivo principal del planteo no es otro que el estudio de la celebración de la típica Semana Santa conquense de finales del siglo XIX, no puede desdeñarse, a mayor dimensión, la información referente a la vida cotidiana de la urbe recogida en las páginas de la revista, ya que la misma viene a constituir un reflejo transparente de la sociedad decimonónica de una lastimosa ciudad española del interior peninsular 4 que, no obstante, sumaría a sus numerosos títulos concedidos por Reales Cédulas y Cartas libradas, como recompensa honorífica a los merecimientos y asistencias prestadas, la nada desdeñable y señera distinción de Impertérrita 5. Tal y como se podrá comprobar en sucesivos apartados, empleando para ello un método comparativo, tanto el seguimiento periodístico de la Semana Santa de la época como la propia dinámica de la misma, ha evolucionado hasta el día de hoy de manera más que notable. De este modo, los escasos párrafos del ayer que aquí rescatamos nada tienen que ver, por asemejarse en bien poco, sobre todo cuantitativamente hablando, con el generoso tratamiento que en el pasado más reciente y en la actualidad se viene desplegando por parte de los distintos medios de comunicación en relación a la Semana Santa conquense, con la afortunada publicación anual de suplementos especiales editados por los distintos diarios y magacines locales 6 , la creación de órganos de difusión escritos por parte de la Junta de Cofradías, sirvan estas páginas como ejemplo 7, y de las propias Hermandades y Cofradías 8 , de ciclo anual y desigual laboriosidad aunque con parejo empeño e intención, por no mencionar los nuevos instrumentos y herramientas que la tecnología ha puesto al servicio de la tradición y que oportunamente se han sabido optimizar (ondas radiofónicas 9, televisión 10 , páginas electrónicas 11, etc.). Y es que no sólo el seguimiento de la opinión pública ha aumentado, ya que a un nivel estrictamente procesional el número de desfiles, de Imágenes y de nazarenos participantes en los mismos se ha visto arreciado con el devenir del tiempo, cambiando ostensiblemente el panorama penitencial conquense de un siglo a otro. En ocasiones, incluso, la evolución ha supuesto una regresión palpable

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a la hora de preservar capítulos esenciales de nuestra improfanable Semana Santa, como la aguda espiritualidad de los cortejos o la adoración multitudinaria al Santísimo en los artificiosos Monumentos velados entre el Jueves y Viernes Santo, desdibujada actividad capitidisminuida esta última no sólo en franca inferioridad decadentista respecto a la apremiante y desmedida fiebre procesional, sino desconocida, desgraciadamente, para una buena parte de las jóvenes y condescendientes generaciones de nazarenos conquenses 12 . Para proseguir con este breve apunte introductorio, hay que aludir con brevedad al contexto histórico en el que se enmarca esta Semana Santa que se trae a colación 13. En el año de 1893 era Obispo de Cuenca D. Pelayo González Conde (1891-1899), quien fuera sepultado en la Capilla Mayor de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Cuenca (S.I.C.B.), y ocupaba el trono vaticano de Pedro como Santo Padre el también Cardenal de Carpineto, D. Vicenzo Gioacchino Pecci, Papa León XIII, cuyo pontificado supusiera el irreversible ingreso de la Iglesia Universal en la edad contemporánea. El citado Prelado palentino sucedió en la mitra conquense al Obispo de origen cacereño D. Juan María Valero y Nacarino (1882-1890), el cual da nombre en la actualidad a una amplia carrera anexa a la Plaza Mayor. En este mismo sentido, Monseñor González Conde antecedió en su labor pastoral al que sería primer Obispo de Cuenca del siglo XX, el madrileño D. Wenceslao Sangüesa y Guía (1900-1922) 14. En este último decenio del siglo XIX 15, hacia el año de 1895, por otra parte, se iba a producir desde el punto de vista patrimonial y artístico, una alteración tremenda y tremebunda que modificaría uno de los elementos más simbólicos y entrañables de esta ciudad, cimera cumbre ibérica del pintoresquismo urbano: la demolición definitiva del mítico y deteriorado puente de piedra de San Pablo, estrechamente vinculado al canónigo promotor Juan del Pozo y a su primer tracista Francisco de Luna, e incuestionable referente artístico que enseñoreara monumental su estructura sobre la hermana Hoz del Huécar durante el último medio milenio, cuya colosal estructura iba a ser reemplazada por la actual obra de ingeniería programada por José María Fuster y Tomás que comunica la cor-


INVESTIGACIÓN nisa edificada de tan impactante garganta orográfica, en las faldas mismas del Cerro de San Cristóbal, con el de la Cruz o Cerro de Socorro 16 . Además, apenas siete años después, se producía el tristemente recordado desmoronamiento de la Torre del Giraldo 17 de la Catedral que, como consecuencia funesta del mismo, conllevaría el atroz desmonte de la antigua y segunda fachada histórica del gran Templo conquense (1904), para iniciarse en el año de 1910 la edificación de la inacabada portada actual de estilo neogótico ideada por Vicente Lampérez 18 .

A medio caballo entre el interés histórico-artístico y religiosoprocesional, en un siglo que acogiera a genios universales de la pintura como el último Goya y el primer Monet (en el mismo mes de abril del año de 1893 vendría al mundo el barcelonés Joan Miró) –siguiendo el sabroso rastro de nuestra vecina república gala, habría por justicia que reparar en una circunstancia histórica de índole igualmente cultural como es la relacionada con el hecho de que la cocina francesa impusiera su refinado estilo y apetitosa calidad también en España a finales de la decimonovena centuria, muy especialmente en restaurantes elegantes y en sobremesas de abolengo de Madrid y Barcelona, no tanto en una Cuenca a letárgico trasmano ya y que había sido descabalgada de su deslumbrante pujanza renacentista–, debe constatarse la desquiciadora destrucción en el inicial decenio azaroso del siglo XIX de la ermita de San Roque con motivo de la Guerra de la Independencia librada contra los franceses 24, que también trajera consigo la desaparición de la muy valiosa custodia catedralicia obrada por Francisco Becerril. Constituye la expoliada y mencionada ermita, otrosí y al alimón con su cuasi mitológica “Capilla de los Pasos”, origen histórico del nacimiento de la Semana Santa en la capital conquense allá por el siglo XVI. Las Imágenes cobijadas en su recinto, protagonistas absolutas pues de la conocida como procesión de los Pasos, reunidas bajo la advocación de la Vera Cruz y alcurnia histórica de la Archicofradía de Paz y Caridad, serían trasladadas con la ruina de la ermita anotada al cercano y paternal convento de San Francisco, siendo afincadas definitivamente, hacia 1818 –luego de la concesión como propiedad municipal por Real Orden sancionada en marzo del año anterior 25 –, en su actual de la Virgen de la Luz o, hasta apurarse unas cuantas décadas de la vigésima centuria, Iglesia de San Antón 26 (ya obsoleta una apelación tan romántica como fuere en siglos vencidos la de Nuestra Señora del Puente), a los pies del Cerro del Rey de la Majestad 27 y una vez atravesado entre friores piadosos de humildad el antañón Puente del Canto que cruza el río Júcar 28 . En cuanto a las Imágenes celadas en el desaparecido convento de San Agustín 29, protagonistas máximas de las comitivas procesionales celebradas durante la madrugada y mañana del Viernes Santo, se debe recalcar que las mismas se trasladaron a la Iglesia de El Salvador hacia el año de 1812 con objeto de que las abyectas tropas francesas no las diezmasen. Cuatro años más tarde y mediante una solemne procesión que haría las veces de desagravio 30 , se habrían portado nuevamente

Fotografía: Adela Muñoz

Demográficamente hablando, la ciudad que fuera tiempo ha morada juncal y encumbrada de literarios pensamientos supinos, como el rubricado por los impecables hermanos Valdés, y compuesto predio urbano de medievales estirpes familiares, orladas con la aristocrática y genealógica filacteria circunspecta de la más alta ralea y sumiso rendibú, como las de Albornoz o Hurtado de Mendoza, fluctuaba en torno a los 10.000 habitantes 19 en un contexto administrativo que, gracias a las reformas auspiciadas por Javier de Burgos a comienzos de la década de los años treinta, situaba a la misma como capital de su provincia 20 . Su lento progreso se veía ralentizado por circunstancias tan contradictorias como la esperanzadora llegada del ferrocarril en 1883 y de la comunicación telefónica en 1891 21 o la terrible epidemia de cólera que asoló a una parte de la ciudad en el verano de 1885 22 . No obstante, la sociedad conquense seguía mostrando en algunos de sus estratos más pudientes, síntomas de una vieja preponderancia económica como se desprende de la actividad y concurrencia a distintos casinos 23.


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Fotografía: Javier Santoyo

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hasta el citado convento para, a partir del año de 1835, establecerse definitivamente en la subrayada Parroquial 31. Por último, en un apartado estrictamente procesional, la Semana Santa de 1893 se circunscribe, no sin algún avance interesante al respecto, en los últimos estertores de una de las grandes etapas de decadencia de la historia pasionista de Cuenca como fue la decimonovena centuria 32 . Se trata de un período deprimente para nuestra Semana Grande, debido a acontecimientos estrechamente ligados al fuerte control centralista y estatal como las procelosas leyes desamortizadoras33, y a rígidos episodios tan deleznables como la francesada 34 y la invasión carlista 35, tal y como resume escuetamente el citado autor Pérez Valero: “tras un siglo nada propicio para las Cofradías éstas llegan a las postrimerías del siglo XIX, empobrecidas, pero con importantes novedades: En 1898 por primera vez se ven en las travesías de Cuenca los capuces armados y un año después nuestros nazarenos abandonan los cirios dando entrada en los desfiles a las tulipas”36 . Esta coyuntura decadente, en la que debe insertarse también la práctica, común en la actualidad, de subastar los banzos como inestimable recurso de supervivencia económica rentabilizado por las Hermandades37, saludará con la llegada del nuevo siglo y de manera inmediata la irrupción de hechos tan sobresalientes y determinantes como, amén del loable impulso intestino de las mismas para la aprobación de nuevas ordenanzas38 , la constitución oficial en el año de 1902 de la procesión de la mañana del Viernes Santo, conocida desde antaño como la de los Cristos y denominada “En el Calvario” (aunque, sabido es, en el límite mismo o vírgula del segundo tercio del siglo XVIII le es concedido a la Venerable Hermandad del Santísimo Cristo de la Luz, más allá de la enigmática separación de destinos que, tradicionalmente, le unían con las Hermandades nucleadas en torno al Cabildo de San Nicolás de Tolentino, el privilegio pleités de desfilar, a modo de metafórica regalía penitencial, el Viernes Santo hacia las diez de la mañana, una vez concluida la procesión de los Nazarenos) 39. Tres años más tarde, sólo unas semanas antes de la rendida visita real de Alfonso XIII –reeditada en dos ocasiones con posterioridad en los años de 1922 y 1926–, y ya latente el prebostazgo munificente e imperial de próceres apellidos comitentes de la Pasión conquense como los de Catalina o Cobo, empeñados en aparcar para siempre las fases de penuria económica40 , desfilaría por primera vez el cortejo procesional de Miércoles Santo41 para, con el transcurrir del siglo y superando milagrosamente el trágico ínterin de la Guerra Civil (con la consiguiente reanimación de las Hermandades y desfiles repetida y acertadamente ponderada), terminar de dibujar el actual panorama de la Semana Santa de Cuenca con la creación de las pro-

cesiones de Hosanna, de la Vera Cruz, del Perdón y de Resurrección. Finalmente, las últimas décadas de la pasada centuria, con la escasa perspectiva temporal de quien apenas si la ha abandonado, concluyó con el epílogo glorioso de la última gran transformación beneficiosa experimentada por esta celebración que no es otra que la revitalización terapéutica de las procesiones, con la participación decisiva de las mujeres y su integración absoluta en el engranaje cofrade42 –y es que, en una concepción o extrapolación genérica de lo hablado, la cívica rebelión feminista será acaso la única y verdadera revolución del siglo XX que no haya fracasado–, acompañada de conquistas cruciales como, entre otras muchas43, la presidencia laica de la Junta de Cofradías, el descrito cierre del ciclo procesional desde el Domingo de Ramos hasta el de Resurrección, la declaración de la celebración como acontecimiento de relieve e interés internacional, a lo que debe unirse la cristalización, con el arranque mismo del milenio actual, de un proyecto tan anhelado como el Museo de Semana Santa44.

La Semana Conquense. Revista Dominical de intereses locales, literatura y noticias45 En este segundo apartado del artículo se tratará de definir y desarrollar la tipología básica de esta revista parafraseada. Para ello, y antes de comentar la documentación transcrita de la misma concerniente a la Semana Santa de Cuenca de 1893, acudiremos a la magnífica taxonomía aportada en su investigación sobre la prensa conquense por los profesores Ángel Luis López Villaverde e Isidro Sánchez Sánchez 46 y a la propia información existente en las páginas de la revista dominical47: 1. Tipo: en nuestro precario estudio se va a abordar una revista propiamente dicha aunque el formato y, sobre todo, la periodicidad, bien pudieran corresponderse con las de un periódico de la época. 2. Cabecera: 2.1. Título: La Semana Conquense. 2.2. Subtítulo: Revista Dominical de intereses locales, literatura y noticias. 3. Periodicidad: semanal, circunstancia que nos permite considerarla como un semanario, un dominical o una revista semanal. 4. Formato: 4.1. Dimensiones: 32x23 centímetros.


INVESTIGACIÓN

4.2. Número de páginas: ocho, entre las que no se cuentan reproducciones, instantáneas, ni se insertaba, salvo rara excepción, ningún tipo de anuncio publicitario.

a) Manual del Empleado, consultor indispensable de todos los funcionarios públicos; tercera edición. Un tomo de 4º. de 370 páginas, 3 pesetas.

5. Primer número publicado: Domingo, día 19 de marzo de 1893.

b) Guía teórico-práctica del escribiente, vademécum del oficinista; cuarta edición. Un volumen en 8º. mayor, de 200 páginas, 1 peseta.

6. Último número publicado: la desaparición de esta revista se produjo en el mismo año de su aparición. Nosotros sólo hemos podido localizar y consultar hasta el número 7, correspondiente a la fecha de domingo, día 7 de mayo de 1893. 7. Precios: 7.1. Número suelto: 25 céntimos y de venta exclusivamente en las oficinas de la propia revista. 7.2. Suscripción: 2 pesetas la suscripción trimestral en España. En Ultramar y extranjero, 2 pesos fuertes de oro la anual (toda suscripción debía hacerse en libranzas de giro mutuo; únicamente los que residieran en poblaciones que carecieran de este último, podrían enviar el importe en sellos de franqueo). 7.3. En el capítulo del precio establecido por la revista para insertar en sus páginas distintos anuncios, las cantidades estipuladas, tal y como se podrá comprobar en la cabecera del dominical de la reproducción adjuntada en este artículo, eran las siguientes: Anuncios especiales.- Una inserción a 15 céntimos por línea; Anuncios permanentes.- A precios convencionales. Todo suscriptor tenía derecho a la inserción regalada de un anuncio especial de diez líneas; Libros.- En la sección bibliográfica se daría cuenta de aquellas obras cuyos autores enviaran un ejemplar duplicado. Como dato curioso hay que resaltar que tanto las suscripciones, los números sueltos, como los comunicados (estos últimos a precios convencionales y no admitiéndose escritos polémicos), debían abonarse por anticipado48 . 8. Director: D. Enrique Mhartin y Guix. En este sentido, los mencionados doctores López Villaverde y Sánchez Sánchez señalan que se correspondía con un militar, vinculando su figura, luego de apuntar que en la vinatera localidad de Valdepeñas se intercambiaba con La Mancha Ilustrada 49 y recibía un rotativo con idéntico título, a dos interesantes referencias bibliográficas50 . Sin abandonar todavía la persona del director, a su vez oficial del Gobierno Civil, de este nuestro semanario, se apuntará seguidamente la información publicada y relacionada con una serie de obras firmadas por el rector de la revista y ofrecidas a la venta en las oficinas de la misma 51. Las obras señaladas en cuestión eran las siguientes:

c) Apuntes geográficos de las Islas Filipinas, tomados sobre el terreno; tercera edición. Un volumen en 8º. mayor, de 150 páginas, 1 peseta. d) Prontuario de los destinos civiles y reservas gratuitas; compendio de la legislación vigente en ambas materias y cruces pensionadas. Dos reales ejemplar. 9. Carácter: literario. El tono general de la información recogida en la revista va a depender en un porcentaje elevado de la cantidad y calidad de los colaboradores52 inmersos en la tarea de confeccionar aquélla. Existe una suerte de carta de presentación dirigida a los lectores aparecida en el primer número y en la que se exponen brevemente los propósitos de la publicación naciente: se habla de constituir un órgano de difusión con el deseo de ser útil a la ciudadanía proponiendo reformas que se estimen necesarias y denunciando aquellos abusos flagrantes. En la misma presentación, se añade la intención permanente de no descender a la arena política y mantener un criterio independiente. Además, parece asumirse el carácter literario como definición conceptual y característica de la revista, para inmediatamente mostrar su escrupulosa obediencia al estamento religioso, incluso planteando la posibilidad de someter al recio criterio de la propia jerarquía católica cualquier materia que pudiera dar cabida a interpretaciones dudosas53. 10. Contenido: 10.1. Crónica local54 : es una de las secciones más importantes de la revista. Normalmente aparece ubicada en las primeras y principales páginas del dominical, siempre firmada por el mismo autor o autora bajo el seudónimo de Mirándola. En la misma, se daba cuenta de los acontecimientos semanales ocurridos en la capital conquense, pudiendo aparecer informaciones de acontecimientos tan sobresalientes como, por citar algunos ejemplos, la arribada a Cuenca de dos trenes correo ; la desatadura de un turbador eclipse; la visita a nuestro coliseo de una compañía de artistas; un impresionante paseo aéreo en globo aerostático; el


Colecci贸n del Museo Diocesano de Cuenca

Altar de la Antigua Iglesia de San Esteban.

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acondicionamiento del Recreo Peral para disfrutar de las coquetas barquichuelas que, al compás de las marchas de la Banda de Música Provincial, surcaban las templadas aguas del Júcar56 ; la contribución de la ciudad de Cuenca con un óbolo a la erección de un monumento nacional para perpetuar la memoria del recientemente fallecido poeta y dramaturgo D. José Zorrilla; la llegada del circo a la capital; la celebración de la procesión del Cristo del Amparo en la tarde del domingo anterior alrededor de su humilde ermita 57; o la programación de festejos y actividades tales como la velada dramático-literaria a representarse en el Teatro de la Paz58 . 10.2. Ecos del mundo: esta sección, al igual que la anterior, fue firmada con distintos sobrenombres. Abarcaba la crónica semanal tanto de carácter nacional59 como mundial. De este modo, bajo la firma de Telerio, se amparan y pueden leer noticias tan sorprendentes como la insuficiencia del canal ácueo del Lozoya –mejor conocido como de Isabel II, fechándose su proyecto cuando Juan Bravo Murillo era Ministro de Fomento– como abastecedor de la capital de la Monarquía60 del rey que ya nació soberano, D. Alfonso XIII61. En otro ejemplar, pero inserto siempre dentro de esta misma sección, con el alias de Drope, aparece destacado el episodio de un anabaptista fanático al que se le presuponía el poder de resucitar a los muertos, dándose el caso penoso de que, para demostrar tan elevado don, llegó a estrangular en Rusia, y con el consentimiento de sus padres, a una joven para que, después de varias horas de conjuros baldíos, los citados progenitores, desesperados, tomaran conciencia de la farsa de manera tan despiadada62 . Por último, como información típica de esta sección, hemos querido rescatar por la contemporaneidad del problema otra información aportada bajo el último apodo acerca de la irrisoria comparación entre las paupérrimas condiciones laborales y premisas salariales correspondientes a la maltrecha profesión de la maestría española, con las mucho más generosas estipuladas e imperantes en Alemania63. 10.3. Leyendas conquenses: en esta sección semanal podían incluirse artículos como el elaborado por otro de los prohombres del resurgir, a comienzos del siglo XX, de la Semana Santa de Cuenca, como era el recordado D. Rogelio Sanchiz y de título “El pastor Martín Alhaja”. Dicho escrito, firmado el 27 de abril de 1893 y publicado en este semanario en el número 7 correspondiente al domingo, día 7 de mayo del mismo año64, venía a desmitificar tan cabal como razonadamente, la fabulosa leyenda medieval de la conquista de Cuenca, fechada hacia el 21 de septiembre de 1177, festividad de San Mateo, en torno a la figura del célebre pastor cristiano. 10.4. Tradiciones conquenses: el ejemplo más significativo de esta sección es el que representa el artículo de “Sagrarios y procesiones”65. Como quiera que para el objeto de estudio perseguido resulta capital atender con exclusividad el contenido del escrito citado sobre la más preciada de las tradiciones conquenses, se remite al lector al siguiente apartado del trabajo. 10.5. Gacetilla: se trataba de un compendio de escuetas informaciones, breves noticias e ilustres nombramientos que abarcan desde la capital y provincia conquenses hasta otros puntos de la geografía española, como bien se demuestra en las siguientes informaciones: meritoria reconstrucción del Puente de los Descalzos sobre el río Júcar en la capital66 ; casos de angina diftérica en la población conquense de Albendea67; celebración en los solares del Palacio Episcopal de las importantes conferencias proselitistas de San Vicente de Paúl68 ; publicación del Bando del Alcalde de Cuenca, D. Sixto Lozano Martínez; relación de matrimonios, nacimientos y defunciones; cese de la publicación capitalina de título El Progreso de Cuenca; o el anuncio del establecimiento del nuevo servicio de trenes por parte de la compañía de ferrocarriles de Madrid, Zaragoza y Alicante con la rebaja consiguiente durante la insigne romería de San Isidro69.

10.6. Cultos: hemos elegido como epítome o paradigma de esta sección los actos religiosos programados y anunciados en el ejemplar de la revista publicado el domingo día 23 de abril de 189370 . Referidos ritos y ceremonias fueron los siguientes: a) Vela y alumbrado al Santísimo Sacramento.- Estará expuesta S.D.M. durante la presente semana en el convento de las Monjas Petras, de tres a cinco de la tarde. b) Hermandad de la Purísima Concepción.- Los solemnes cultos que dicha Hermandad consagra a la Inmaculada Concepción de María Santísima, se celebrarán, como en años posteriores, en la Parroquia de San Andrés. El día 29 del actual, a las seis y media de su tarde, tendrá lugar una solemne Salve motete y despedida; y el próximo domingo 30, a las diez y media de su mañana se celebrará Misa con S.D.M. a la que asistirá el Ilmo. Sr. Obispo; dirigirá la Capilla de Música el beneficiado de la Catedral D. Anastasio Muñoz y predicará el Sr. Deán de la misma. c) Sermón.- Hoy predicará en la Santa Iglesia Catedral Basílica, el Sr. D. Martín Vicente Moya, Párroco de la de Santiago de esta ciudad. 10.7. Miscelánea: en este último y tradicional apartado, situado casi siempre en la última página del semanario, se intercalan graciosos refranes y dicharachos pintureros, ocurrentes pensamientos, octavas ingeniosas, curiosas semblanzas, enrevesados jeroglíficos y recetas gastronómicas. Por mencionar algún subapartado de esta sección, hemos tenido a bien citar la fórmula culinaria correspondiente a la elaboración de los huevos hilados: “se bate la cantidad de yemas que se quiera y cuando estén bien batidas, pero no muy duras, se pone a cocer almíbar de bastante punto, y se van echando en él las yemas por el molde de huevos hilados, que consiste en un embudo con cuatro puntos, por los que va cayendo sólo un hilo de yema, el cual se cuaja enseguida en el almíbar hirviendo. Se sacan con una espumadera y se colocan en una fuente”71. 11. Imprenta: estaba a nombre de De la Plaza e Hijos (imprenta propia de la revista). Su ubicación se correspondía con la antigua calle de las Tablas –hoy denominada de González Francés–, a la altura del número 28 y uno de cuyos extremos se corresponde con la cima del famoso y remozado paraje urbano de las Escaleras del Gallo72 . 12. Oficinas: eran situadas en la calle de las Torres, a la altura del número 16, siendo el administrador el ya nombrado D. Francisco González73. 13. Lugar de conservación de los fondos: de los números 1 (19-03-1893) al 7 (07-05-1893), salvo el 3, 4 y 6, están disponibles tanto en la Donación Rogelio Sanchiz de la Biblioteca Pública de Cuenca “Fermín Caballero”74, como en la reseñada página electrónica del Centro de Estudios de Castilla-La Mancha. La prensa conquense coetánea al objeto de interés se compone de publicaciones como la revista semanal educativa El Maestro de Escuela (publicada entre 1889 y 1903) 75, el periódico republicano de periodicidad semanal titulado El Progreso Conquense (1892-1921) 76 y el conocido semanario de propaganda católica, literatura y noticias llamado El Correo Católico (publicado desde 1893 hasta 1912, primero con una regularidad semanal y más tarde diaria) 77. Como quiera que los dos primeros medios de difusión no recogen en los números localizados información alguna respecto a la Semana Santa de 1893, ni se conserva en los distintos archivos ni hemerotecas públicas de nuestra capital el ejemplar correspondiente de El Correo Católico que, por propia definición, nos pudiera servir para contrastar la información recopilada respecto a la Semana de Pasión que aquí se pretende estudiar 78 , procederemos inmediatamente al análisis sucinto de la misma en las siguientes líneas.


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Crónica de una Semana Santa de Cuenca hacia finales del siglo XIX En el presente apartado, primeramente, se realizará una transcripción literal, con ligeras adaptaciones ortográficas que lo demandaban, de aquellas páginas de la revista que, bajo el epígrafe de “Sagrarios y procesiones”79 (a la que hemos unido por su relevancia, tal y como se comprobará en líneas sucesivas, una serie de párrafos agrupados en la sección de Crónica local bajo el subtítulo “Cosas de la semana”), vienen a canalizar lo más enjundioso y noticiable de la Semana Santa de 1893. Posteriormente, y como continuación o segunda parte de esta misma parcela, ofrecemos también una serie de informaciones capitalinas, provinciales, nacionales e internacionales que, contenidas, de igual modo, en las páginas habilitadas del mismo número de La Semana Conquense, permita contextualizar de manera complementaria la cotidianeidad en la que se enmarcó nuestra celebración anual por antonomasia. Por otro lado, se ha decidido, en aras de dotar de una mayor agilidad y continuidad al texto protagonista, respetar la esencia del mismo sin la interposición de comentarios intercalados sobre la información publicada, ejercicio irresistible que, lógicamente y no obstante, posponemos para el consiguiente apartado final del artículo reservado a las conclusiones del presente estudio.

Acerca de los sagrarios y procesiones Sobre los Monumentos Como la noche del Jueves Santo quedó bastante mejor que el día, se vieron a todas horas, concurridísimos los templos y las calles con una animación extraordinaria. Ya que la población masculina, unos por deber oficial y otros por conveniencia propia dedicaron las horas del día a visitar los Sagrarios, la porción más simpática del género humano, acompañada de sus familias o adoradores respectivos, aprovechó las primeras horas de la noche para cumplir con el precepto cristiano de recorrer las estaciones. Entre los monumentos mejor presentados, merecen citarse: El del Salvador que lo constituían una capilla elegantemente formada con bastidores adhoc cuyo centro ocupaba un bonito Sagrario custodiado por dos ángeles de escayola, de gran talla y de cuyas peanas partía una gradería cuajada de luces. A los costados del monumento, se hallaban, a la derecha, el Santo Sepulcro, y a la izquierda, Nuestra Señora de las Angustias, ambas imágenes preparadas para la procesión del Santo Entierro. En la nave principal estaban igualmente dispuestas para las procesiones respectivas, una Madre Dolorosa ricamente vestida, Jesús Nazareno, el Santísimo Cristo de la Luz y San Juan de las Palmas. En San Francisco, terminaba el monumento –colocado en la capilla de los Terceros– con un templete de notable mérito artístico. En el convento de las Concepcionistas, un caprichoso pabellón de damasco grana hecho, como de mano de monjas, con mucho primor y delicadeza, servía de elegante dosel al Sagrario, viéndose a los lados y diseminadas por la gradería del monumento, multitud de angelitos y otras figuritas de biscuit y las velas prendidas de flores y de lazos. El de la Santa Iglesia Catedral era de los más severos, espléndido en luz y presentado con mucho gusto. Se habilitó para su instalación la nave que conduce a los claustros en que se halla la capilla del Espíritu Santo, limitando al efecto su entrada con rojo cortinón en cuyo fondo se destacaba el monumento guardado por dos ángeles, bellísimas esculturas de mármol blanco, colocadas a los costados del Sagrario; el pavimento de la improvisada capilla se hallaba alfombrado por rico tapiz fabricado en esta ciudad y en cuyo centro mostraba el escudo y armas del Obispado. El de Nuestra Señora de la Merced se hallaba cubierto con amplio pabellón de armiño emplazado en el altar mayor y alumbrado por multitud de luces donadas por los seminaristas, luces que formaban artístico y caprichoso escudo ostentando en su promedio una cruz. El del Hospital, denunciaba al instante ser labor de manos femeninas

por su delicadeza, y tonalidad de colores. El de Santo Domingo mereció también las alabanzas de cuantos lo visitaron y lo propio sucedió con el de las Monjas Petras en el que pusieron las religiosas todo su empeño para que fuera uno de los monumentos más admirados.

Otro tanto pudiéramos decir de los demás; pero para no cansar a nuestros lectores nos contentamos con manifestarles que todos los monumentos que visitamos ofrecían alguna particularidad digna de encomio 80 .

En torno a las procesiones A pesar de que la tarde no se prestaba mucho a ello, salió la procesión de Jueves Santo a la hora acostumbrada recorriendo con el mayor orden y lucimiento toda la extensión de su tránsito. Las dos de la mañana del siguiente día, Viernes Santo, estuvieron también muy animadas, en particular la del Cristo de la Luz, atendida sin duda la hora en que recorrió las principales calles de la población. La de la tarde, o sea la del Santo Entierro, revistió la mayor solemnidad. Componían la religiosa comitiva, lucido acompañamiento de autoridades, funcionarios públicos, seminaristas y penitentes, formando también parte de su séquito cuatro lindas muchachas que representaban las tres Marías y la Verónica todas muy monas y ricamente ataviadas y unos cuantos niños, por cierto muy guapitos que conducían, cada cual, uno de los atributos de la Pasión. Por la enfermedad que aqueja al jefe de la provincia, Sr. Arenas, presidía la procesión el General señor Peñaranda llevando a su derecha al Sr. Lozano, Alcalde Presidente del Ayuntamiento y a su izquierda, al primer Teniente de Alcalde Sr. Blasco. En la Catedral esperaba el Cabildo que se incorporó a la procesión según rúbrica, siendo aquél presidido por el Ilmo. Sr. Obispo de la diócesis. La tarde, aunque cubierta de obscuros nimbos, se mantuvo apacible, sin atreverse a turbar el buen orden y lucimiento de la procesión hasta que, próxima ya al punto de partida, empezó a lloviznar sosteniéndose así hasta bien entrada la noche 81 . ***** Semejantes preocupaciones no han entibiado ni un ápice nuestro fervor religioso ni nuestra galante admiración por las bellezas de ese perfumado bouquet de clavellinas82 que a diario veíamos concurrir a la ermita de Nuestra Señora de las Angustias. ¡Qué plazoleta aquélla! A la caída de la tarde convertíase en un florido vergel cuajado de mariposas y moscardones. Se presentía la Primavera. Falaces presentimientos en verdad porque sus brisas bienhechoras trocáronse de súbito en desenfrenados vendavales y entonces fue cuando el tiempo nos puso verdadera cara de Cuaresma; pero no obstante su mal cariz, los cofrades –que ya al rayar el día de Jueves Santo erraban por esas calles, cariacontecidos y desafiando con terribles miradas a las nubes por su intempestiva presencia en el horizonte–, tomaron por asalto el puente de San Antón y se salieron con la suya, es decir, con la procesión del día que muchos penitentes empalmaron con el alba del siguiente. Todo salió casi a pedir de boca. Los Sagrarios, algunos muy bonitos y bien presentados, concurridísimos día y noche; las muchachas en sus glorias, las mamás satisfechas y los chicos... tan retozones como siempre 83 .


Fotografía: Antonio Abarca Miota

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Fotografía: Juan Carlos García Benito

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Otros aspectos acontecidos durante la Semana Grande de Cuenca Crónica local: entre las distintas informaciones agrupadas en esta sección, recogidas en las páginas del mismo ejemplar de la revista que ha servido como básico documento hemerográfico para el análisis y desarrollo de la Semana Santa de 1893, se encuentran crónicas breves de acontecimientos como la declaración de un imponente incendio en una propiedad del Sr. Cuba situada en la calle del Agua, sofocado al aviso del tañer de los campanarios por la solidaridad de los vecinos que mitigaron en apenas dos horas el mismo, mediante una cadena humana de rebosantes cubos colmados hasta el mismo quicio del mineral líquido dimanante de las regueras del confinante río Huécar84 , otraño desbordado y desbordante, entonces como hoy, aguas abajo ya y antítesis natural del albañal, afortunadamente alejado de esa anodina estampa contemporánea de escasos años atrás protagonizada por un desnaturalizado y desértico socaz privado de fauna o vegetación acuátil alguna –más próxima, por cierto, a la indeseable coluvie o sentina pestilenciosa–; o la consideración administrativa de la plaza conquense como parte integrante de la jurisdicción militar valenciana85. Gacetilla: esta tradicional sección de la revista, también reporta interesantes informaciones de hechos acaecidos durante la Semana Santa de Cuenca. Así, en sus páginas, se recogen asuntos como la creación de un pequeño círculo cultural como La Tertulia de Cuenca; la publicación de los precios medios alcanzados en los mercados por productos alimenticios básicos86 ; distintos nombramientos de relieve como los de médicos directores de establecimientos provinciales tan emblemáticos como los balnearios de Yémeda o Valdeganga 87 o del inspector de Hacienda de la provincia; el abandono de un recién nacido en Garaballa o la aprobación de la implantación de un puesto de la Benemérita en la también conquense localidad de Albalate de las Nogueras 88 ; la preparación por parte de la compañía teatral de La Filantrópica de diversas piezas cómicas, trágicas y dramáticas89 ; o la divulgación del resultado de los comicios electorales al Senado por la provincia de Cuenca90 .

Ecos del mundo: en una sociedad como la decimonónica española, enfrascada en una coyuntura económicamente desfavorable (sólo un lustro más tarde, tras la Guerra contra los Estados Unidos, sería desposeída de territorios como los de Cuba, Puerto Rico, Guam y Filipinas), parece concordante la aparición de noticias pesimistas sobre las leyes económicas de carácter restrictivo anunciadas por el Estado; se publica la relación nominal de los primeros accionistas del Banco de España; el estado general de las cuentas en relación con el entonces Ministro de Marina, Sr. Sagasta; la firma de un acuerdo de colaboración comercial entre España y Portugal; o asuntos de índole cultural como el rechazo frontal por parte de la Real Academia Francesa al ingreso en sus peculiares filas del eminente escritor naturalista D. Émile Zola y la misérrima situación, ampliamente abordada en las páginas del dominical, de la remuneración de los maestros y, por ende, de la salud de la enseñanza91.

Comentarios a modo de conclusión El primer asunto que reclama sin más dilaciones ni preámbulos nuestra atención, no es otro que la supuesta primacía que parece otorgar, no solamente un medio de comunicación escrito como La Semana Conquense sino la propia sociedad capitalina, y en una semana tan señalada en el calendario religioso-popular de Cuenca, a la veneración del Santísimo Sacramento, custodiado en los Sagrarios de los denominados y aguzados Monumentos, sobre los mismos desfiles procesionales. Pese a la absoluta relajación desnivelada y apartamiento actual, cuando no profundo desconocimiento, que durante Jueves y Viernes Santo padece una actividad de claro signo litúrgico tan trascendente como es la de velar al Santísimo con relación a las maratonianas jornadas penitenciales de los Santos Días señalados, la exposición al público de Su Divina Majestad (S.D.M.) en los detallistas, pulquérrimos y barroquizantes Monumentos, profusamente melindrosos y adornados éstos, para ser visitados y adorados por parte de los devotos “entre brumas de incienso y crepitantes velas rizadas en la cercana cerería”92 , gozaba de una preponderancia e importancia capital durante los dos únicos días que, por entonces, disfrutaban de procesiones en la Semana Mayor de Cuenca.


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Como quiera que existe un buen puñado de jóvenes nazarenos conquenses que, debido a la evolución local de esta residual celebración religiosa y al galopante proceso de secularización que acontece a día de hoy, no han conocido ni, por ende, perpetuado esta tradición insobornable, se propondrá de modo sintético, y siempre a partir de la fiel transcripción de la documentación hemerográfica aportada, un desordenado y negligente itinerario guiado para descifrar, en la medida de lo posible, el desarrollo de esta adormecida actividad litúrgica de participación actual lánguida pero incardinada de modo inseparable en nuestra Semana de Pasión93. Porque, parece de recibo, va siendo tiempo y lugar de incluir en esa creciente lista de momentos deleitosos de la Semana Santa de Cuenca la reconfortante y entusiástica visita a los incólumes Monumentos para adorar al Santísimo Sacramento, toda vez que el esplendoroso desarrollo ancestral de aquélla no puede ni debe ser desnaturalizado, a inconcuso riesgo empecedor e infido de la misma, prescindiendo alegremente del obligado contexto de fe religiosa y católico cristianismo al que aparece supeditado, sin anatematizar o inferir de lo hasta aquí indicado dogmático canto panteísta y recalcitrante al impremeditado anacronismo trasnochado y estólido. Durante el siglo XIX y buena parte del siguiente, y aunque a día de hoy esta actividad goza de una secuencia cronológica en cierta medida modificada, al retrasarse su inicio a la jornada vespertina de Jueves Santo y prolongarse durante buena parte de la noche, hacia las ocho de la mañana del citado día se solía celebrar en la S.I.C.B. de Cuenca (episodio que se postergaba una hora en las demás Iglesias parroquiales y conventuales de la capital) los Oficios propios para, una vez celebrados los mismos, trasladar mediante una pequeña y ceremoniosa procesión interna –bajo palio el celebrante, acompañado de runflas de fieles con cerillos; despojados los altares y encubiertos los enseres crucíferos94 – el Cáliz con las Sagradas Formas hacia una Capilla de la Catedral o Iglesia ricamente habilitada en la que, previamente, se había erigido con esquilmoso mimo el enhiesto Monumento en el que quedaba instalado, del mismo modo, el Sagrario Eucarístico en el que se depositaría, custodiaría y clausuraría bajo llave y apostura a Jesús Sacramentado.

Los tupidos Monumentos solían estar, tal y como se puede observar en la crónica de la revista, bellamente ornados con abundosa profusión de velas y condimentación floral, en una suerte de paradisíaco gineceo acunado sin más estribillo que el vacío de vocerío –ese silencio mudo que sólo Cuenca sabe fabricar en reverberaciones señaladas–, acompañados de elegantes ángeles o figuras de escayola, siendo alfombrado de ricos tapices el recinto de las capillas y cubiertos los tabernáculos con sobresalientes doseles y pabellones de armiño en los que telas de seda noble como el tisú, con aparentes hilos de plata dorada, entretejía con suntuosidad inusual el todo armonioso y armónico95. En este mismo sentido, se solía amparar durante todo el día al Santísimo hasta las nueve de la noche y, con el intermedio de unas pocas horas, hacia las cuatro de la mañana del recién inaugurado Viernes Santo se exponía de nuevo para ser firmemente venerada S.D.M. en todos los airosos Monumentos hasta la próxima celebración de los Oficios propios del Día Santo (se dispensará la Reserva de los Sagrarios expuestos en el Monumento al no consagrarse esa jornada), programados sobre las nueve horas de la mañana en la S.I.C.B. de Cuenca, y a partir de la que se volvía a celebrar una procesión inversa que servía para acompañar al Santísimo Sacramento desde el Monumento a la Capilla y Altar Mayor. Con ella se ponía fin a la Adoración a Su Divina Majestad en el lustrosamente lustrado Monumento, procediéndose de idéntica guisa en las demás Iglesias parroquiales y conventuales. Cabe resaltar la circunstancia de que, además de la concurrida participación en el ejercicio cristiano de escoltar al Santísimo, también era muy preciada y generosa la necesaria colaboración de los sensibles feligreses tanto para lograr una digna presentación del Monumento, acorde con la suprema ocasión cautiva de acoger a Jesús Sacramentado, como la dispensada por los mismos protagonistas anónimos con objeto de retirar el mismo, una vez concluida la Semana Santa, si no antes96 . En esta línea, si por un lado la información literaria que se puede alegar sobre esta finisecular Semana Santa conquense, extraída de las renombradas páginas firmadas por D. Andrés González-Blanco, como bien han estudiado los profesores Mota y Utanda, no resulta fidedigna por completo ni demasiado profusa en cuanto a los detalles de los desfiles procesionales,


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sí parece recrear de manera tan solvente como especular el ambiente costumbrista de la época que solía circuir a esta celebración y que, por supuesto, no aparca a un lado la tradicional e inquebrantable visita al Monumento97. En el texto anteriormente patentizado se citan concretamente seis Monumentos emplazados en el interior de una serie de importantes templos religiosos de Cuenca, algunos de los cuales han visto con escasa fortuna desaparecer su añosa estructura y atención pública al culto, aunque la ejemplar caracterización de aquellos debe hacerse extensible al resto de los Sagrarios diseminados por las otras Iglesias conquenses, tal y como deja entrever el texto aludido en los siguientes términos: “otro tanto pudiéramos decir de los demás; pero para no cansar a nuestros lectores nos contentamos con manifestarles que todos los monumentos que visitamos ofrecían alguna particularidad digna de encomio”98 . Para finalizar con todo aquello concerniente a la recurrente visitación a los acrobáticos Monumentos y la adoración de los Sagrarios, primera gran diferencia, aunque no la única como se procederá a comentar a posteriori, entre la Semana Santa decimonónica y la actual del siglo XXI, cabe relacionar, brevemente siquiera, el continente de los galanos Monumentos especificados: el de la S.I.C.B. estaba habilitado en la nave que conduce a la memorable claustra de la Capilla del Espíritu Santo, fundada en origen por los Señores de Cañete99. Dotado de especial significado debido a la valiosa información procesional que le acompaña era el constituido en la Parroquia de El Salvador, cuya ubicación se correspondería con la histórica Capilla de la Virgen de la Soledad y en la que hoy se celan Imágenes tan veneradas como las de San Juan Apóstol y Nuestra Señora de La Amargura (Sagrada Conversación), Santísimo Cristo de la Agonía, Cristo Yacente y Nuestra Señora de la Soledad y de la Cruz100 . Se subraya también la majestuosidad de sendos Monumentos presentados por Iglesias monjiles como los correspondientes a las de la Concepción Francisca, en el recodo urbano del Huécar, y Madres de San Lorenzo Justiniano o Petras, al abrigo de la Catedral. Por último, también se alaba el refinado gusto y fastuosidad prosopopéyica alcanzado por los Monumentos de tres Iglesias actualmente desaparecidas o cerradas al culto como son o fueron la de San Francisco101 (ligada de modo irremisible a la Parroquial de San Esteban), Nuestra Señora de la Merced, colindante al Seminario Conciliar de San Julián, o Santo Domingo, cuya hermosa torre parece obedecer, fiel testigo de acontecimientos pretéritos, a mejores tiempos constructivos102 . Como broche final de este humilde y premioso estudio, en las siguientes líneas se acometerá un fugaz análisis comentado, aunque la información recogida en las páginas de La Semana Conquense y su transcripción facilitada resulta lo suficientemente explícita, de la crónica pasionista sobre los cortejos procesionales reflejada en el artículo concreto de la revista. La Semana Santa decimonónica de ulteriores de centuria103, tal y como venía aconteciendo ya desde el ecuador de la segunda década del siglo XVII, estaba estructurada en torno a tres procesiones históricas, con el añadido posterior del desfile protagonizado en la mañana del Viernes Santo por la Hermandad del Santísimo Cristo de la Luz, desarrolladas durante la tarde-noche del Jueves Santo y hacia la madrugada, mañana y tarde del día siguiente. Como bien puede vislumbrarse, estamos definiendo una Semana Grande con inferior cobertura pública, en absoluto mediática, con un menor número de Hermandades y procesiones, con idéntico fervor popular profesado a la Virgen de las Angustias104, pero quién sabe si ungida de un mayor acato y obediencia a la tradición y un maridado comportamiento religioso más acusado y concordante a nuestra fe, esporádico estiaje de certeza dirá quien oiga pero no escuche el calmoso fulgor infinito de los adentros. Como botón de muestra de esta última consideración, véase todo lo apuntado respecto a la adoración del Santísimo en el Monumento105.

Remitiendo de nuevo al lector a lo reflejado en la información proporcionada y publicada en el dominical, la procesión de Jueves Santo (designada, hasta bien entrado el siglo XX, como la de la Pasión106 ) discurrió con absoluta normalidad “a pesar de que la tarde no se prestaba mucho a ello”107. Es decir, con el comienzo del desfile hacia las cuatro de la tarde desde la ermita de San Antonio Abad, dicho séquito, aglutinado en torno a la Archicofradía de Paz y Caridad, estaría compuesto a lo largo de su dilatado recorrido por las siguientes Imágenes: Santísimo Cristo de las Misericordias108 , Jesús Orando en el Huerto, Jesús Atado a la Columna (de Santo Domingo109 ), Jesús con la Caña, Santo Ecce-Homo (de San Andrés), Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Soledad. El Viernes de la Semana Santa de 1893 estuvo capitalizado por tres procesiones, como se desprende y colige de la lectura detenida de nuestro documento base. De esta manera, hacia las seis de la mañana abandonaría la Iglesia de El Salvador el desfile conocido como “Camino del Calvario”, compuesto por las efigies de Jesús Nazareno caminando y cargado con la Cruz, San Juan Apóstol Evangelista o “de las Palmas”111 y Nuestra Señora de la Soledad, respondiendo y correspondiéndose ésta con la definición periodística de “la Madre Dolorosa ricamente vestida” , luego de que todavía trascurriría aproximadamente una década hasta que la Hermandad que preside la especiosa procesión de la madrugada concurriera al desfile con un segundo y nuevo paso112 denominado como de Jesús Nazareno caído bajo el peso de la Cruz113. Sin abandonar aún la más que interesante jornada procesional de Viernes Santo, el segundo desfile de la mañana al que se alude en la información suministrada no es otro que el protagonizado por la Imagen del Cristo de la Luz, despejándose, por tanto, cualquier vestigio en forma de interrogante que pusiera en entredicho la posibilidad cierta y real de que, como ya se apuntó en párrafos anteriores, esta Venerable Hermandad hubiera organizado y participado con anterioridad al siglo XX y, sobre todo, a 1902 (que es el año en que se constituye de modo oficial la entonces matinal procesión de “Los Misterios desarrollados en el Calvario”114, hoy intitulada como “En el Calvario”) en una cohorte distinta a la de los Nazarenos como es, sin duda, aquélla de la que efectivamente formaba parte principal justo al finalizar esta última. Además, en el artículo periodístico, por si restaba algún reparo adicional, se incide en la especial brillantez de la comitiva procesional que integraba el Cristo de los Espejos, como consecuencia, por añadidura, de “la hora en que recorrió las principales calles de la población”115. Por último, en la tarde de Viernes Santo aconteció la más solemne de las tres procesiones del Día, la del Santo Entierro que, como siempre debiera resultar de acuerdo a lo preceptivo, fue la más ceremoniosa de toda la Semana Mayor –parece que no se invitaría hasta la primera década del siglo XX al resto de Hermandades conquenses a participar en tan sentenciosa corte pasionista, participada y organizada desde fecha aproximada tan tardía como el ecuador casi de la década cuarentenal de la centuria pasada, por el muy ilustre y nobiliario Cabildo de Caballeros y Escuderos de Cuenca como tal –116 . Comenzaba a las cinco de la tarde desde la repetidamente citada y transitada Parroquia de El Salvador, en cuyo interior abovedado, flanqueando al célebre y admirado Monumento, cegadora luminiscencia, aguardaban para su salida en procesión las Imágenes del Santo Sepulcro y de una Virgen de la Soledad, identificada en la crónica revistera con la fisonomía prototípica de la advocación de Nuestra Señora de las Angustias117. Amén del pomposo y distinguido acompañamiento que componía el embelesador conjunto pasionista (autoridades, como el General Peñaranda o los Sres. Lozano y Germán Blasco Gómez como Alcalde y Teniente de Alcalde de la ciudad, funcionarios públicos, seminaristas, penitentes, niñas representando a las tres Marías y a la Verónica, niños con atributos de la Pasión, etc.), hay que destacar la incorporación del Cabildo a aquélla desde la Seo, presidido por el Ilmo. Sr. Obispo, no sin dejar de apuntar la permanente amenaza de lluvia que, en desazonados momentos puntuales, hizo temer con su flirteo ceñudo por el recto y correcto discurrir de la procesión118 .


Monumento de El Salvador

INVESTIGACIÓN


Fotografía: Julio Palencia Garrote

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INVESTIGACIÓN Fuentes y bibliografía básica Fuentes hemerográficas RECUENCO PÉREZ, J., “La Semana Santa de Cuenca en el siglo del liberalismo”, Cuenca Nazarena, 2003, pp. 18-25. La Semana Conquense. Revista Dominical de intereses locales, literatura y noticias, Números 1 (19-03-1893), 2 (02-04-1893), 5 (23-04-1893) y 7 (07-05-1893).

Fuentes electrónicas

- Orígenes de la Semana Santa de Cuenca (Siglos XVI-XVII), Cuenca, Editorial Alfonsípolis, 2007. LÓPEZ VILLAVERDE, A. L. y SÁNCHEZ SÁNCHEZ, I., Historia y evolución de la prensa conquense (1811-1939), Cuenca, Ediciones de la UCLM y Asociación de la Prensa Conquense, Colección Humanidades, Nº. 26, 1998. - “Inmovilismo versus modernización en la provincia de Cuenca (siglos XIX y XX)” en RECUENCO, F. (coord.), Histocuenca. Ciclo de Conferencias “Cuenca en la Historia”, Cuenca, Obra Social y Cultural de Caja Castilla-La Mancha, 2006, pp. 111-139.

http://www.uclm.es/ceclm

PÉREZ VALERO, A., A través de mi capuz, Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Serie Historia, Nº. 17, 1997.

Bibliografía

RECUENCO PÉREZ, J., Ilustración y Cofradías. La Semana Santa de Cuenca en la segunda mitad del siglo XVIII, Cuenca, Junta de Cofradías de Semana Santa, 2001.

IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P. M., “Aproximación histórico-artística a las Hermandades e Imágenes de Jesús Nazareno en la ciudad de Cuenca”, en MARTÍNEZ SORIA, C. J. (coord.), Las Cofradías de Jesús Nazareno. Encuentro y aproximación a su estudio (Actas de los Encuentros celebrados en Cuenca del 9 al 14 de febrero de 1998), Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, 2002, pp. 176-177. - “Las Imágenes de Semana Santa y la reconstrucción del patrimonio de los monumentos religiosos de Cuenca”, en MARTÍNEZ DE LA PRESA, A. y VÁZQUEZ VARELA, C. (coords.), Jesús Nazareno y Rescatado de Medinaceli. Actas del VI Congreso Nacional (Cuenca, 15 y 16 de abril de 2005), Cuenca, UCLM, 2005, pp. 43-51.

- Una espada te atravesará el corazón. La Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad (Del Puente) y la Semana Santa de Cuenca, Cuenca, Venerable Hermandad de Ntra. Sra. de la Soledad del Puente, 2006. TROITIÑO VINUESA, M. A., Cuenca. Evolución y crisis de una vieja ciudad castellana, Madrid, Editorial de la Universidad Complutentese, 1984. UTANDA, Mª. C. y MOTA, A. L., Andrés González-Blanco en Episcópolis, Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Colección Atalaya, Nº. 1, 2003.

Notas Finales 1. Sandra María Navalón Martínez es Licenciada en Humanidades por la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) y Especialista Universitaria en Archivística por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y la Fundación Carlos de Amberes. Por su parte, Israel José Pérez Calleja es Licenciado en Humanidades y Diplomado en Estudios Avanzados por la UCLM (mediante el que se obtiene la Suficiencia Investigadora) y en la actualidad se emplea como Auxiliar Técnico del Museo Diocesano de Cuenca. Por otro lado, y antes de adentrarnos en los vericuetos introductorios del proemio del artículo, conviene aclarar que se ha optado por agrupar en un específico apartado final el conjunto de inexcusables notas a pie de página con objeto de amenizar la lectura del texto, evitando así posibles digresiones que dispersen o distraigan el lógico ejercicio de comprensión del mismo. En esta misma línea, habría que poner de relieve una vez más la imperiosa necesidad y tremendo valor de la inclusión de una información sistemática, en apariencia tan tendenciosamente espuria y baladrona como venenosa guinda de la impostura y el blasonar para los menos, como son las citas adicionales. Sobre este comedido aspecto de rigor y rectitud –tan alejado de esa fatua balumba más propia de la francachela, se subraya y repite–, véase la siguiente apreciación demoledora del admirado autor conquense José Miguel Carretero Escribano precisada en la más irrevocable aproximación a la actual Semana Santa de Cuenca firmada hasta la fecha: “Por justicia y corrección, siempre deben ser citadas las fuentes. Con frecuencia, las “genialidades” exhibidas como cosecha personal suelen ser ajenas; las novedades, a veces notables pero casi siempre de modesto alcance, son resultado del trabajo y, a menudo, de afortunadas coincidencias de tiempo, lugar y circunstancia” (CARRETERO ESCRIBANO, J. M., “Acerca de la Semana Santa en Cuenca: Imágenes e imagineros; las marchas procesionales; Vida, Muerte y Vida”, en MARTÍNEZ DE LA PRESA, A. y VÁZQUEZ VARELA, C. (coords.), Jesús Nazareno y Rescatado de Medinaceli. Actas del VI Congreso Nacional (Cuenca, 15 y 16 de abril de 2005), Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha (en adelante UCLM), 2005, p. 120 [nota a pie de página Nº. 129]. Esta misma ponencia fue reeditada en abril de 2006, con sus debidas actualizaciones novedosas, en el clásico número especial dedicado a Semana Santa por El Día de Cuenca). 2. Véase ÁVILA, J. V., “La Semana Santa de 1902. La procesión “En el Calvario” salió por vez primera ese año, al reorganizarse los desfiles procesionales”, Cuenca Nazarena, Nº. 0, 1995, pp. 33-35. 3. En este sentido y por citar las más concluyentes investigaciones, véanse las magníficas monografías de autores versados como Luis Calvo Cortijo, Pedro Miguel Ibáñez Martínez, Antonio Pérez Valero y Julián Recuenco Pérez (así como los estudios de distintas Hermandades realizados por este último), o las interesantes prospecciones, repletas de brillantes aportaciones, de José Miguel Carretero Escribano. 4. Al objeto de pulsar un general bosquejo de la cotidianeidad social de la capital conquense en el contexto momentáneo de finales del siglo XIX, bien interesante se presenta la consulta de estas indicativas suertes bibliográficas de nomenclátores: MUÑOZ Y SOLIVA, T., Historia de la M. N. É. I. Ciudad de Cuenca y del territorio de su provincia y obispado, desde los tiempos primitivos hasta la edad presente. Libro II, Cuenca, Imprenta de Francisco Torres, 1867, pp. 861-1005; TORRES MENA, J., Noticias conquenses. Edición en facsímil del original publicado en 1878, Cuenca, CUPRINSA, Ediciones Gaceta Conquense, 1985; MALO Y ALGAR, S., Nociones de la historia de Cuenca. Libro de lectura elemental destinado a la enseñanza en las Escuelas de esta provincia, Cuenca, Imprenta Provincial, 1896 (premiado por el Excmo. Ayuntamiento de esta ciudad en el certamen literario celebrado en la misma el día 10 de septiembre de 1895); y, ante todo, luego que este último se ajusta todavía más al año de 1893, LÓPEZ SAIZ, S., El consultor conquense, Cuenca, Imprenta Provincial, 1894 (en este misma línea, nótese para vislumbrar siquiera los capítulos más extraordinarios de nuestra localidad el estudiado trabajo que sigue: CUEVAS, P. J., Cuenca, Cuenca, Editorial Alfonsípolis, 2000, pp. 145-155). Por otro lado, atendiendo a las fuentes documentales acopiadas en el Archivo Municipal de Cuenca (en adelante A.M.C.) se denota una cierta subsidiariedad subseyente o tratamiento secundario de la Semana Grande de Cuenca respecto de otros festejos religiosos o profanos. Así puede comprobarse, si se consulta el Índice General o Inventario comprendido entre los años de 1190 y 1895 (Tomo I), en la Sección de Negociado General de 1893 (Legajo 1805), hallándose expedientes sobre la Función votiva de San Roque (Nº. 5), Feria de San Julián (Nº. 6), Festejos de San Mateo (N. 8) o Aniversario del 15 de julio (Nº. 12), cómo la información oficial y atención corporativa a la celebración magna por excelencia de la capital, al contrario, brilla por su orfandad. Además, siendo más rigurosos con el cometido planteado en esta ayuna fuente documental, elaborando un repaso informativo y minucioso de las Sesiones celebradas por la Corporación Municipal durante

el año de 1893 y presidida por el Alcalde, Sr. D. Sixto Lozano Martínez, no arroja pasionista saldo positivo, aunque sí contenga un apreciable volumen informativo sobre algunas contingencias coetáneas de la vida conquense como, entre otras muchas, la amenaza cierta de la fachada del convento de Justinianas (Petras) por las filtraciones y humedades ocasionadas por la contigua y lindante fuente de la Plaza Mayor (A.M.C., Sección de Negociado General, Legajo 1804, Expediente Nº. 1, Libro de Actas de Sesiones de la Corporación Municipal de 1893, Sesión Ordinaria de 30 de enero de 1893, ff. 14 rº-14 vº), o los importes económicos de gastos e ingresos generados por la Ermita de San Antón con motivo de los cultos celebrados en la misma y que, a través de los concejales o munícipes protectores del predicho santuario encomendado del Júcar, D. Victoriano Recuenco Soria y D. Julián Montero Martín, eran computados en los presupuestos del Ayuntamiento por ser aquélla, tal y como se pondrá de manifiesto a lo largo de este escrito, propiedad municipal desde comienzos de siglo casi (A.M.C., Sección de Negociado General, Legajo 1804, Expediente Nº. 1, Libro de Actas de Sesiones de la Corporación Municipal de 1893, Sesión Ordinaria de 30 de enero de 1893, ff. 14 vº-15 rº; también se previenen algunas obras en este edificio religioso de local titularidad pública durante ese mismo ejercicio: A.M.C., Sección de Negociado de Propios de 1893, Legajo 1814, Expediente Nº. 38, “Ermita San Antonio Abad: reparación de efectos”). En paralelo, debe señalarse que no son agradablemente diferentes las noticias desprendidas del escrutinio de las diversas sesiones plenarias de la Diputación Provincial homónima, no así respecto a otras festividades más profanas como sucede en el caso de los fastos de San Julián, ahora y desde el mes de enero nos aprestamos a conmemorar el octavo centenario de su defunción, ya que con motivo de su celebración (apenas habían transcurrido tres quinquenios desde el establecimiento oficial de la solemnidad del Segundo Obispo de Cuenca como regular feria anual), comprendida por entonces entre el día cuatro y ocho del mes de septiembre, cuando el último calor y el primer frío, la Comisión acordó la concesión –actuaría como máximo responsable de los presentes el Vicepresidente de la Institución, D. Manuel Pajarón– de una cantidad de quinientas pesetas para satisfacer los gastos ocasionados (Archivo de la Diputación Provincial de Cuenca (en adelante A.D.P.C.), “Memoria de Abril de 1893” y “Memoria de Noviembre de 1893”, Libro de Memorias de 1890 á 1895, [s. f.] y Libro de Actas de Sesiones de la Comisión Provincial de 1893, Sesión de 2 de enero de 1893, I Semestre, f. 2 rº). Aún así, parece menester extractar, con objeto de pulsar más fidedignamente el discurrir cotidiano y social de la capital, algunos de los acuerdos importantes adoptados durante las semanas anteriores a la reedición de las procesiones conquenses: consignación de modo reiterado de una serie de actuaciones llevadas a cabo en el nuevo Palacio Provincial (A.D.P.C., Libro de Actas de Sesiones de la Comisión Provincial de 1893, Sesión de 9 de enero de 1893 y siguientes, I y II Semestre, f. 11 rº y Legajos 1º y 2º, Estante 6, Tabla V, “Obras públicas: Palacio de Diputación Provincial de Cuenca”, Libro de Inventario del Archivo de la Diputación Provincial (Reemplazos 1869-1872/Adición al Inventario), f. 706. Acerca de lo referente a este noble y suntuoso edificio civil (Rafael Alfaro, 1882-1885), véase la siguiente referencia bibliográfica: ALDEHUELA, J., “Un nuevo Palacio Provincial. En vísperas de cumplir cien años de vida”, Olcades. Temas de Cuenca, Primera Época, Vol. I, Fasc. 4, 1981, pp. 193-204); igualmente, se testimonia una serie de apresurados trabajos en el revoque y decorado de las fachadas de mediodía y oeste de la Casa-Dirección unida al Instituto Provincial de Segunda Enseñanza, sito en la calle de Palafox (A.D.P.C., Libro de Actas de Sesiones de la Comisión Provincial de 1893, Sesión de 11 de enero de 1893, I Semestre, ff. 14 rº y 14 vº); aprobación de cuenta dineraria y justificativa de los costos derivados de la exposición de objetos en la Muestra Universal de Chicago, remitida por el secretario de la Junta Provincial de Agricultura, Industria y Comercio (A.D.P.C., Libro de Actas de Sesiones de la Comisión Provincial de 1893, Sesión de 31 de enero de 1893, I Semestre, ff. 40 rº y 40 vº); o conocimiento de la suspensión de las labores de acondicionamiento efectuadas en la antigua sede de la Inquisición para la instalación del Correccional (A.D.P.C., Libro de Actas de Sesiones de la Comisión Provincial de 1893, Sesión de 3 de marzo de 1893, I Semestre, f. 82 vº). Finalmente y por mera deferencia agradecida para con tan entrañable espacio urbano, menciónese que el actual solar copado por el previamente citado Palacio Provincial, amén de haber desempeñado siglos atrás, cuando los primeros vaguidos de la Semana Santa conquense, un aglutinante papel escenográfico bajo su antigua denominación del Campo de San Francisco, sigue rezumando en la actualidad un innegable aroma nazareno, de seguro evocado por numerosas creaciones artísticas, diseminadas a lo largo de su perímetro externo o en sus locales techados, alumbradas por renombradas figuras locales, estrechamente relacionadas con nuestra magna manifestación pasionista, como son Fausto Culebras, Luis Marco Pérez, Leonardo Martínez Bueno, Víctor de la Vega, Miguel Zapata, etc. 5. Acerca del capítulo de dignidades atesoradas a lo largo del tiempo por la Ciudad de Cuenca (el título de ciudadanía, consabido es, fue otorgado por el rey Alfonso VIII), deben mencionarse


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en orden cronológico de adjudicación las siguientes distinciones: Muy Noble y Muy Leal (Real Cédula de 12 de noviembre de 1465); Fidelísima y Noble (Real Carta de 19 de septiembre de 1710); Heroica (Real Carta de 11 de mayo de 1727); e Impertérrita (Real Orden de 14 de septiembre de 1843). Cfr. MUÑOZ RAMÍREZ, J. L., “El día que Cuenca quedó Impertérrita”, Olcades. Temas de Cuenca, Primera Época, Vol. III, Fascs. 17-18, 1983, pp. 277-285; TORRES MENA, J., op. cit., p. 624; y RODRÍGUEZ SAIZ, A., Cuenca en el recuerdo, Cuenca, Edición del Autor, 1988, pp. 11-13 (esta última obra, fatigantemente citada en el presente escrito por la extrema utilidad de sus páginas, constituye una fantástica compilación de artículos publicados por el autor original y previamente en el añorado semanario local de Gaceta Conquense entre los años de 1985 y 1986). Por otra parte, ahondando más en el extenso caudal informativo de la penúltima obra referenciada y debido a la relativa proximidad al segmento cronológico que nos ocupa, conviene relacionar brevemente la estructuración urbanística de Cuenca derivada, a su vez, de las Ordenanzas Municipales publicadas en el mes de mayo del año de 1877: 1º. Barrio o distrito de Arriba (comprendería el espacio callejero intercalado entre la Plaza Mayor, plazuelas de San Martín, Santa María y Carmen, bajada al río hasta el Matadero y San Gil); del Centro (plazuela de Santo Domingo, cerrillo de Santiago, el Peso, el Juego de la Pelota y las calles de Cordoneros y Palafox); y el de Abajo (plazuelas de El Salvador y de las Escuelas, el Pósito y el Rastro, la Misericordia y la Ventilla, los cerrillos de San Agustín y San Roque, calles de la Moneda, del Agua, de Madereros, etc.). Cfr. op. cit., p. 629. Bastante interesante para este cometido contextual de la idiosincrasia urbana de Cuenca resulta la siguiente aseveración del geógrafo y catedrático complutense Miguel Ángel Troitiño: “A partir de mediados del siglo XIX y especialmente en el siglo XX, el emplazamiento defensivo, razón de ser de la ciudad, se convertirá en un obstáculo casi insuperable y ello determinó que fuese perdiendo buena parte de las funciones y actividades que le habían dado vida y animado durante siglos. La Ciudad Alta vio cómo la vida se desplazaba hacia la Ciudad Baja, sufriendo los efectos del abandono y la ruina como bien simbolizan el hundimiento de la catedral y el derribo del puente de San Pablo. Son tiempos oscuros, de destrucción y miseria, donde es tardío el despertar de una conciencia ciudadana que empieza a valorar su ciudad histórica y a plantear abiertamente la necesidad de su defensa, siendo de reseñar la labor pionera desempeñada por don Juan Jiménez Aguilar en la década de los años veinte” (TROITIÑO VINUESA, M. A., “El significado y el valor de la Ciudad Alta de Cuenca”, Añil. Cuadernos de Castilla-La Mancha, Año 2, Nº. 5, Otoño, 1994, pp. 66-67). Por último y pese a la defectuosa creencia generalizada, cabe puntualizar que, si bien la capital conquense durante el siglo XIX se fue extendiendo por la llanura y extramuros, no es menos cierto que la ciudad histórica como tal no se circunscribía únicamente a la parte alta de la misma, sino que tan rumbosa catalogación debe hacerse extensible a rebajadas zonas urbanas tan históricas como la Plaza del Campo de San Francisco –verdadero e indiscutido centro neurálgico de la urbe durante tanto tiempo– o la Carretería, aunque las modificaciones espaciales hayan desvirtuado su prístina raigambre. 6. El Correo Conquense, Crónicas de Cuenca, Cuenca 7 días, El Día de Cuenca, Diario de Cuenca, Gaceta Conquense, Nuevo Diario del Júcar, Ofensiva, La Revista de Cuenca, El Semanario de Cuenca, La Tribuna de Cuenca, etc. 7. Cuenca Nazarena, Programa Oficial de la Semana Santa de Cuenca, etc.

entera dedicatoria, para toda la Comunidad de cada uno de los Conventos de clausura, –como un enjambre de abejas que son las llamas de las velas y cirios, y como esos colores y aromas que son las flores de primavera. Colmena y ramo de almas que rodean en las pequeñas iglesias de los conventos las imágenes centrales, Jesús y María, –de la Semana Santa provinciana (“Semana Santa en los Conventos de clausura”, Ofensiva. Bisemanario Nacional-Sindicalista, Año II, Nº. 93, 22-04-1943, p. 5). Durante la centuria anterior también, en el procesional período previo al desencadenamiento de la fratricida y fatídica Guerra Civil, queda fedataria constancia escrita y oral del generoso grado de convocatoria y aceptación entre los conquenses de populares cultos como las visitas a los Monumentos (véase, entre otras referencias bibliográficas y hemerográficas, la siguiente reseña: GARROTE ARMERO, A., “Los felices años 20 de la Semana Santa de Cuenca. La Prensa”, Cuenca Nazarena, 2007, p. 84). Finalmente, zalema expresa merece la honrosa circunstancia de que la ya no tan tierna savia nazarena de nuestra capital, vinculada en torno a la recientemente constituida asociación cofrade, custodie con celo memorioso la preservación y propagación de esta tradición, tal y como se comentara con fecha de 22 de marzo del año pasado en la sección de “Costumbres y curiosidades”, conducida por el joven Rubén Cañamares, en el muy interesante programa radiofónico de “Capuces de Cuenca”, emitido por las ondas domésticas de la Cadena SER y hábilmente coordinado por la antedicha agrupación nazarena. 13. Pese a la publicación en el año de 1866 de antecedentes fotográficos tan encomiables como las vistas de Cuenca inmortalizadas por S. Navarro (Cfr. VICENTE LEGAZPI, Mª. L., “Cinco vistas de Cuenca del año 1866”, ART DECUenca. La revista de las Artes Bellas, Nº. 4, Primavera, 2007, pp. 90-95), compondrán las maravillosas láminas fototípicas de nuestra más monumental urdimbre paisajística y arquitectónica, que la reputada casa madrileña de Hauser y Menet caracterizara entre 1892 y 1894, el espécimen ejemplificado de tan categórico comentario: “Queda pendiente de estudio la historia de la fotografía en Cuenca, pero todo parece indicar que la masiva revelación de la ciudad por la nueva técnica artística se produjo en el último decenio del siglo XIX” (IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P. M., La vista de Cuenca desde la hoz del Huécar (1565) de Van den Wyngaerde, Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Serie Arte, Nº. 23, 2006, p. 134). En el sentido cronológico de esta consideración y a medio caballo entre los dos siglos, reverencial y marcial respeto despierta en cuanto a los locales honores iniciales de este arte se refiere, la paisana saga de los Zomeño como aplicados aficionados a la instantánea artesanal (Cfr. MUÑOZ RAMÍREZ, J. L., Tres miradas íntimas sobre una ciudad insólita. Cuenca vista por los hermanos Zomeño a principios del siglo XX, Cuenca, Fundación de Cultura “Ciudad de Cuenca”, 2007). En cualquier caso, de magnética atención resulta este cuidado volumen: VV. AA, Tarjetas postales de la ciudad de Cuenca (1897-1936), Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Serie Fotografía, Nº. 2, 2004. Finalmente, reconocido émulo actual de aquellos fotógrafos artísticos se antoja como epígono emergente, cuando no consolidado por entero, y en lo que a la celebración pasionista se refiere, la figura de Javier López Romero: Reflejos de nuestra Semana Santa, Cuenca, Servicio de Publicaciones de la UCLM, 2006 y Alma Nazarena, UCLM, Diputación Provincial y Junta de Cofradías de Semana Santa de Cuenca (en adelante JCSC), 2007. Así, acerca de este autor, léase la autoentrevista referenciada: ROMERO, J. L., “Javier L. Romero”, ART DECUenca. La revista de las Artes Bellas, Nº. 2, Primavera, 2006, pp. 59-60.

11. Desde la página electrónica oficial de la Junta de Cofradías hasta la paulatina utilización de los últimos avances tecnológicos por Hermandades como las de Ntro. Padre Jesús Amarrado a la Columna, Ntro. Padre Jesús Nazareno del Puente, Ntra. Sra. de la Soledad del Puente, la Santa Cena, la Oración del Huerto de San Esteban, etc. No obstante, véase GARCÍA RECUENCO, J. C., “Divulgación de la Semana Santa. Las nuevas tecnologías”, Cuenca Nazarena, 2003, pp. 30-38.

14. Cfr. MUELAS ALCOCER, D., Episcopologio conquense. 1858-1997, Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Serie Historia, Nº. 34, 2002, pp. 171-368; PÉREZ RAMÍREZ, D., Centuria de páginas desiguales: La Iglesia de Cuenca en el siglo XX, Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Serie Historia, Nº. 35, La pequeña historia, 2, 2002, pp. 18-25; y Guía de la Diócesis de Cuenca. Número Extraordinario del Boletín Oficial del Obispado de Noviembre, Cuenca, Obispado de Cuenca, 2006, p. 13. Igualmente, cífrense en un plano anecdótico si se quiere casualidades como las que tienen que ver con que D. Francisco Valero y Losa fuera el último Arzobispo de Toledo de origen puramente conquense (Villanueva de la Jara), aunque el más enaltecido purpurado que jamás haya alcanzado la dignidad Primada habiendo nacido en esta capital fuere D. Gil de Albornoz (VV. AA., Los Primados de Toledo, Toledo, Diputación Provincial de Toledo y Servicio de Publicaciones de la Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, 1993, pp. 128-129 y 74-75). Por otra parte, para establecer una esquemática relación de todos los Sres. Obispos que desde antiguo y hasta tiempo actual han ocupado la pontifical sede conquense, véase CUEVAS, P. J., op. cit., pp. 80-83. En lugar último, debe reseñarse que, ante la inexistencia de una referencial obra general sobre la trayectoria, comportamiento y evolución de la Iglesia conquense en recientes épocas pasadas, parece capital para este objeto de estudio la próxima aparición del siguiente trabajo en la editorial Almud (ediciones de Castilla-La Mancha): LÓPEZ VILLAVERDE, A. L. y JIMÉNEZ MONTESERÍN, M. (coords.), Historia de la Iglesia en Castilla-La Mancha, [en vías de publicación]. Mientras tanto, debe conformarse el lector interesado con la consulta de monografías limitadas como ésta que sigue, en la que se contribuye desde distintas voces especializadas a la reflexión sobre la conexión y vinculación entre el posicionamiento católico de carácter teórico y práctico respecto a los cambios que ha experimentado sociológicamente nuestra nación en el período contemporáneo (MERINO, J. y LÓPEZ VILLAVERDE, A. L. (coords.), Clericalismo y asociacionismo católico en España: de la Restauración a la Transición. Un siglo entre el palio y el consiliario, Cuenca, UCLM, Colección ALMUD, Nº. 5, 2005).

12. Al hilo de este comentario no debe obviarse que, pese al creciente y gradual arrumbamiento inconsciente por parte de los fieles de la Semana Santa litúrgica en detrimento del interés estrictamente procesional, el sacro Misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo sigue respondiendo a las fidedignas coordenadas de antaño en bastantes localidades provinciales de la Diócesis e, incluso, en los numerosos conventos religiosos de la capital. En este sentido y en primer lugar, cabe destacar por su tradicional notoriedad la taranconera escolta de los “Armaos” (Cfr. MONTOYA SÁNCHEZ, F., La Semana Santa de Tarancón. Historia, Cultura y Fe, Cuenca, Junta Mayor de Hermandades y Cofradías de Semana Santa de Tarancón, 2006, pp. 92-104); por otro lado, extrapólese temporalmente por su absoluta concordancia y adherencia a la actualidad la siguiente y postulante descripción periodística: “Es en los conventos de clausura en donde la Semana Santa se vive con toda su belleza, con todo su recogimiento, con toda su pureza. [...] Si el panal de las velas y cirios encendidos, en torno a la Presencia verdadera de Jesucristo en la Hostia, en los Monumentos de las iglesias conventuales es una colmena de llamas que titilan, y las flores primaverales que exhalan sus aromas en un ramo de color y de olor, los rezos semiapagados de las monjas de clausura son una corona tejida en honor de Dios verdadero que se nos dio en el Sol sin ocaso de la Eucaristía y en la Cruz del Calvario, y en honor de la Virgen, Madre angustiada y en soledad porque nos entregó Todo cuanto tenía. [...] «¡Una limosna para Jesús Sacramentado!», recitada por el monaguillo con regularidad es el único ruido que se oye en las visitas a los Monumentos de los Conventos de Monjas. Esto y el quemarse ardoroso de las velas de cera virgen y el leve susurro de los rezos de los visitantes... [...] Jueves y Viernes Santo. Para Jesús en la Sagrada Forma o para Jesús en la Santa Cruz, en recogimiento, sin un sólo ruido, en

16. Cfr. MUÑOZ RAMÍREZ, J. L., “Fragilidad y transparencia de una obra de arte en hierro. El puente de San Pablo cumple pronto cien años”, Olcades, Segunda Época, Nº. 1, 2001, pp. 449; RODRÍGUEZ SAIZ, A., op. cit., pp. 19-22; o IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P. M., op. cit., pp. 167-177. A pequeña escala y como contrapunto de ese generalizado desbarajuste y abandono arquitectónico que contagió toda la solera patrimonial de la capital, se podría destacar como pervivencia de una época mejor, el embellecimiento hacia el ecuador de siglo pasado de una puerta

8. Capuz, Cofradía, Cuadernos de Semana Santa, Lignum Crucis, Vera Cruz, etc. Además, siendo un fenómeno editorial relativamente reciente, las distintas Hermandades y Cofradías conquenses de Semana Santa vienen apostando por la edición de obras monográficas de divulgación histórica sobre su fundación y trayectoria nazarena, amén de las distintas publicaciones de Actas congresuales y Jornadas convocadas y organizadas por algunas de las mismas o las tradicionales recopilaciones de artículos, a modo de exploraciones líricas no tan divagadoras, reunidas por otras bajo su cariñoso patrocinio en obras, por tanto, de autoría colectiva. 9. Han sido y siguen siendo numerosos, afortunadamente, los programas sobre la Semana Santa de Cuenca emitidos desde las ondas locales por cadenas radiofónicas como la COPE, ONDA CERO, PUNTO RADIO, RNE, SER, etc. 10. Tanto las cadenas de televisión capitalinas como POPULAR TV y Telecuenca o CNC (que además de retransmitir las procesiones en directo y en redifusión ha programado interesantes espacios cuaresmales como “Banzos y Capirotes” dedicados a la Pasión conquense), como las de ámbito regional (CMTV) y estatal (TVE), estas últimas con la retransmisión en directo de algún desfile, han dado cobertura a lo largo de los últimos años a nuestro más preciado tesoro costumbrista. En esta línea, no debe obviarse una referencia bibliográfica básica para establecer una aproximación al panorama de la opinión y difusión pública inmediatamente posterior a la Guerra Civil española: PÉREZ VALERO, A., “Los medios de comunicación y la Semana Santa de Cuenca: apuntes para un estudio”, Cuenca Nazarena, 2000, pp. 49-51.

15. A lo largo de este último decenio de la decimonovena centuria, grabado a ultramarino fuego sangriento por la sacudida moral del 98, se contabilizan importantes efemérides cercanas unas a la Cuenca pasionista y relacionadas otras con la más brillante presencia cultural capitalina. Así, referidos a las primeras, ese final período de siglo acogería el nacimiento del imaginero por antonomasia de nuestra Semana Santa como fue D. Luis Marco Pérez (1896) –José Capuz Mamano apenas si cumplía una década de vida en el año de 1893 y se tendría que alcanzar la redonda fecha de 1900 para que el gran artista alcarreño Fausto Culebras prorrumpiera en Gascueña, por citar algunos ejemplos arquetípicos–, o el merecido nombramiento de D. Nicolás Cabañas Palomo, último responsable de una marcha procesional del tan hondo calado de “San Juan”, como director de la Banda Provincial de Música (1898); en atención a esos otros relevantes hechos locales, merece subrayado especial por la absoluta implantación de la muy cotizada escolanía, la regulación normativa para el acceso de los infantes cantores al Colegio de San José como integrantes del famoso Coro infantil de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Cuenca (1896). En el superlativo contexto universal de entonces, promocionaba la descollante figura precursora de Guglielmo Marconi, considerado como el inventor de la radio.


Fotografía: Alberto Morales

INVESTIGACIÓN

lateral abierta a la callejuela mínima de los Artículos, en el edificio religioso de San Felipe Neri con la antigua portada de la recoleta y arruinada ermita de San Jerónimo, encaramada a la hoz del Huécar a la umbría del sendero al que diera nombre y que fuera degradada en su prestancia y vitalidad, de modo definitivo y precisamente, en el arco temporal al que se ciñe este estudio (Cfr. PÉREZ RAMÍREZ, D., “Los Jerónimos de Cuenca. El Convento que nunca existió”, Olcades. Temas de Cuenca, Primera Época, Vol. I, Fasc. 2, 1981, pp. 84 y 96). 17. Para establecer, en primer orden, un rápido estado de la cuestión relativa al avatar doliente y amargo trance sucedido el día 13 de abril de 1902, atiéndase a la información recogida en este artículo: SAIZ, F., “El hundimiento de la Catedral”, Olcades. Temas de Cuenca, Primera Época, Vol. II, Fasc. 8, 1982, pp. 57-68; en segundo orden, para una aproximación a esta desaparecida y torreada fábrica catedralicia, véase, entre otras, la siguiente referencia bibliográfica: IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P. M., op. cit., pp. 337-340. Tal y como se observará en páginas posteriores, las investigaciones de este reconocido catedrático universitario conforman desde etapa muy temprana un obligado eje esencial para el esclarecimiento del nacimiento de la Semana Santa de Cuenca (nótese, entre otras, esta capital referencia bibliográfica al respecto de lo comentado: IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P. M., Documentos para el estudio de la pintura conquense en el Renacimiento, Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Serie Fuentes Documentales, Nº. 11, 1990, pp. 178-179 y 229-230). Acaso la penúltima y más contundente revelación de este astuto y sagaz investigador acerca de los orígenes históricos de nuestros desfiles procesionales, sea la siguiente aseveración archivísticamente respaldada: “Antes de 1553 ya están perfectamente documentadas en Cuenca las procesiones del Jueves y Viernes Santo. Lo que falta es saber hasta cuándo puede adelantarse esa fecha” (IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P. M., La vista de Cuenca desde el oeste (1565) de Van den Wyngaerde, Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Serie Arte, Nº. 18, 2003, p. 225). Para concluir esta inaplazable aclaración, debe noticiarse sobre esta juiciosa y académica figura la reciente publicación de un cuasi definitivo trabajo, sobresalientemente elocuente, sobre los aconteceres y acaeceres primigenios de nuestras procesiones, a lo largo del cual se profundiza documentadamente en las particulares tesis planteadas en su día por el autor sobre la prelación y alcurnia de los tres Cabildos matrices, y datación aproximada de la eclosión de las primeras manifestaciones pasionistas en la capital –confirmándose por completo la certidumbre de aquellas atrevidas teorías absolutamente revolucionarias en el espeso panorama de la local historiografía cofrade cuando fueron pronunciadas en la recta final de los años noventa– (IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P. M., Orígenes de la Semana Santa de Cuenca (Siglos XVI-XVII), Cuenca, Editorial Alfonsípolis, 2007). Así y no obstante, se pueden extractar de la lectura sosegada de tan esperada obra algunos novedosos aspectos sobre nuestra más renombrada celebración religiosa: mistificación hasta la fecha de la relación secularmente deformada entre el Cabildo procesional de Nuestra Señora de la Soledad y el nobiliario e ilustre de Caballeros y Escuderos; absoluta preeminencia como devota y venerada Imagen titular del antedicho primer Cabildo de la talla de la Virgen de la Soledad y la Cruz respecto a la hoy dominante de Cristo Yacente; reconocimiento solvente del que fuera Obispo de Cuenca, fray Bernardo de Fresneda, como gran impulsor al frente de la Diócesis de las primeras Semanas Santas conquenses; etc. En el corto ejercicio noblemente entendido de nuestra labor, parece difícil sustraerse a ese frustrante ninguneo y sensación fosca que embarga a muchos nazarenos completamente atónitos, al igual que el pasmado lector, tras la más absoluta callada, bochornosa y lamentable en su insondable silencio necio que sólo parece obedecer al tradicional desprecio lesivo de la inquietud, con la que ha sido recibida tan trascendental obra. 18. Cfr. BERMEJO DÍEZ, J., La Catedral de Cuenca, Barcelona, Caja de Ahorros Provincial de Cuenca, 1977, pp. 33-41. En esta misma línea, para establecer un acercamiento moderadamente certero sobre el fatídico derrumbamiento de la también denominada Torre de las Campanas (se señala de manera nítida cómo el precitado desprendimiento de tamaña atalaya artística, acaecido en el mes de abril del año de 1902, afectó en su catastrófico desplome al Claustro y la Capilla adyacente donde, precisamente, se levantaría más adelante cada Jueves Santo el Monumento de la Semana Grande), la exitosa declaración de la Catedral como Monumento Nacional, el inmaduro y anotado desmonte de la segunda fachada de aquélla y el por entonces novedoso y reconstituyente proyecto edilicio de Lampérez, luego de un fecundo volumen de documentos accesorios francamente sugerente compuesto por informes oficiales, testimonios varios y crónicas periodísticas coetáneas a los acontecimientos, nótese esta publicación, además de las antedichas:

SANCHIZ, R., La Catedral de Cuenca. Monumento Nacional, Cuenca, Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos, Imprenta Provincial, 1923. 19. Téngase en consideración a este respecto la siguiente información aparecida en La Semana Conquense: “De la rectificación del padrón de vecinos formado en Diciembre último, resulta que el número total de habitantes de este término municipal es el de 8.859” (La Semana Conquense. Revista Dominical de intereses locales, literatura y noticias, Nº. 1, 19-03-1893, p. 7). No obstante, a partir de los censos de población e indicadores sociales y económicos de España se han cuantificado, siempre refiriéndose a la población de hecho, los siguientes datos estadísticos: año de 1887.- Provincia de Cuenca: 242.462 habitantes. Cuenca capital: 9.475 hab.; 1897.- Provincia: 241.566 hab. Capital: 10.916 hab. (LÓPEZ VILLAVERDE, A. L., “Población de hecho. Provincia de Cuenca (1857-1991)”, en SÁNCHEZ SÁNCHEZ, I. (coord.), CastillaLa Mancha contemporánea (1800-1975), Madrid, Celeste Ediciones, 1998, p. 239). 20. Cfr. JIMÉNEZ MONTESERÍN, M., “Los orígenes de la provincia de Cuenca como entidad administrativa”, Cuenca, Nº. 10, 1976, pp. 9-20. 21. Cfr. JIMÉNEZ MONTESERÍN, M., “Hace cien años empezó a funcionar el teléfono en Cuenca”, Ciudad de Cuenca. Revista del Excmo. Ayuntamiento de Cuenca, Nº. 95, 1991, pp. 41-49. 22. TROITIÑO VINUESA, M. A., “La epidemia colérica de 1885 en Cuenca”, Olcades. Temas de Cuenca, Primera Época, Vol. II, Fasc. 9, 1982, pp. 135-141. 23. En este sentido, léase la siguiente información también aparecida en La Semana Conquense: “De igual distinción ha sido objeto nuestro Director por parte de los círculos La Constancia y Casino de Cuenca, cuyas Juntas directivas agradecen tan deferente atención” (La Semana Conquense. Revista Dominical de intereses locales, literatura y noticias, Nº. 2, 02-04-1893, p. 8). 24. Adentrados en la rememoración del segundo centenario del desencadenamiento del citado episodio bélico, nótese para una fundamentada aproximación sobre la versión conquense del borrascoso conflicto este libro: MUÑOZ RAMÍREZ, J. L., Crónica de la Guerra de la Independencia. Orgullo y sufrimiento en Cuenca, una ciudad aislada en mitad del conflicto, Cuenca, Fundación de Cultura “Ciudad de Cuenca”, 2007. 25. Cfr. RODRÍGUEZ SAIZ, A., op. cit., pp. 23-25 y CARRETERO ESCRIBANO, J. M., “Virgen de la Luz. La Morena Patrona de Cuenca”, Pasos de Semana Santa, Nº. 4, OctubreDiciembre, 1998, pp. 78-79. En este sentido, conviene recordar que sería rebasada la decimoctava centuria cuando –José Martín de Aldehuela mediante– se unificarían constructiva y espiritualmente las advocaciones y edificios religiosos del convento y hospital de San Antonio Abad y de la ermita de Nuestra Señora del Puente, además de que deberían transcurrir algunos años más para que se desencadenara, en atención a los correspondientes mandato episcopal y bula papal, la secularización de los antoneros de la ribera del Huécar hecho Júcar en 1791 (Cfr. IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P. M., “Las Imágenes de Semana Santa y la reconstrucción del patrimonio de los monumentos religiosos de Cuenca”, en MARTÍNEZ DE LA PRESA, A. y VÁZQUEZ VARELA, C. (coords.), op. cit., p. 51). 26. Acerca de esta arriscada edificación religiosa, véanse, entre otras, las publicaciones especificadas: MARTÍNEZ MORAZO, C., “La Iglesia de la Virgen de la Luz”, en VV. AA., Nuestra Señora de la Luz. 50 Aniversario de su Coronación, Cuenca, Instituto (Libre) de Estudios Conquenses, 2000, pp. 33-70 y MORA PASTOR, J., Aproximación a la figura del arquitecto José Martín (Aldehuela) y su obra en Cuenca, Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Serie Arte, Nº. 22, 2005, pp. 130-135. 27. Los tres grandes y cimeros collados o altozanos hasta aquí citados que otean la ciudad tajada, a saber, de la Cruz, de San Cristóbal y del Rey de la Majestad, estuvieron coronados por otras tres correspondientes ermitas que convocaban en su denominación histórica las identificaciones referidas. 28 Cfr. IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P. M., “Aproximación histórico-artística a las Hermandades e Imágenes de Jesús Nazareno en la ciudad de Cuenca”, en MARTÍNEZ SORIA, C. J. (coord.), Las Cofradías de Jesús Nazareno. Encuentro y aproximación a su estudio (Actas de los


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Encuentros celebrados en Cuenca del 9 al 14 de febrero de 1998), Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, 2002, pp. 176-177 o “Las Imágenes de Semana Santa y la reconstrucción del patrimonio de los monumentos religiosos de Cuenca”, en op. cit., pp. 43-51. El autor anteriormente citado, actual presidente de la RACAL (Real Academia Conquense de Artes y Letras), amén de haber aportado, como ya se advirtió en procedentes líneas precedentes, interesantes y valiosos artículos sobre el origen de nuestra celebración y acerca de las características artísticas del imaginero Luis Marco Pérez, últimamente ha publicado sendas monografías sobre las vistas de Cuenca desde poniente y levante (esta última ya citada con anterioridad) realizadas en el año de 1565 por el antuerpiense dibujante real Anton Van den Wyngaerde –a modo de impagable cicerone arquitectónico de Cuenca y, por ende, su Semana Santa, podría aproximarse su enérgica repercusión a la ejercida singularmente en pucelanas tierras no menos procesionales por Pinheiro da Veiga–, y que por su enorme valor documental nos habilita y permite, además de navegar por las riquezas artísticas y monumentales de una otrora pujante ciudad castellana en pleno siglo XVI, acercarnos si cabe un poco más al origen de nuestra Semana Santa (IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P. M., La vista de Cuenca desde el oeste (1565) de Van den Wyngaerde, ed. cit., pp. 222-226, 252-253 y 312-316). En otro orden de asuntos y volviendo a la cuestión primordial de esta cita, hay que resaltar que el ya mencionado investigador Julián Recuenco Pérez apunta hacia el año de 1810 como data del definitivo abandono de la ermita de San Roque de las cuatro Hermandades satélites de la Vera Cruz, de donde serían trasladadas a la Iglesia Parroquial de San Esteban para, a su vez y desde ese segundo emplazamiento, al que pertenecía jurisdiccionalmente el predicho santuario, enriquecer las huérfanas hornacinas de San Antonio Abad, que volvía así a abrir sus puertas a los creyentes (Cfr. RECUENCO PÉREZ, J., “La actuación ilustrada contra las Cofradías penitenciales conquenses (1700-1820)”, en MARTÍNEZ DE LA PRESA, A. y VÁZQUEZ VARELA, C. (coords.), op. cit., p. 34 y 38-39 y RODRÍGUEZ SAIZ, A., “Las imágenes de la ermita de San Roque fueron llevadas a la parroquia de San Esteban”, Gaceta Conquense. Número extraordinario de Semana Santa: Pasión de Cuenca, Año V, Nº. 190, 1988, p. 21). Este último autor aporta en las conclusiones del siguiente e imprescindible trabajo de investigación, igualmente riguroso y académico, una serie de percataciones bastante similares a las alcanzadas por el citado profesor Ibáñez acerca de la eclosión de la Semana Santa de Cuenca: RECUENCO PÉREZ, J., Ilustración y Cofradías. La Semana Santa de Cuenca en la segunda mitad del siglo XVIII, Cuenca, JCSC, 2001, pp. 215-223 o “Religiosidad popular en Cuenca durante la Edad Moderna: el origen de las cofradías penitenciales de Semana Santa”, Hispania Sacra, Vol. 53, Nº. 107, 2001, pp. 7-30 (el texto publicado, con leve alteración del título, es transcripción casi completa del aparecido en la edición de Cuenca Nazarena correspondiente al año de 1999, pp. 52-67). Finalmente, y emitiendo la siguiente opinión crítica desde la comprometida humildad objetiva de la modestia bien entendida y huyendo de agravios enfurecidos, tan enemigos del escapismo formalista y de no decir lo indecible, no parece de recibo que a estas alturas de nuestra magna celebración ninguna de estas dos figuras consustanciales –Ibáñez y Recuenco– en el esclarecimiento, entre otros pasionistas asuntos varios, de los primeros latidos penitenciales de la Cuenca procesional no hayan sido final y definitivamente designadas, nobleza obliga, para pregonar la misma. 29. Muy ilustrativas para trazar un somero acercamiento a esta entrañable y desaparecida fábrica cenobítica, proverbial receptáculo edificado de la Semana Santa de Cuenca y situado en origen en la melancólica Plaza Nueva de la Carretería (presidida entonces, como largo tiempo después, bajo su más reconocible identificación de Cánovas del Castillo, por una estilosa fuente exenta), resultan estas referencias bibliográficas entre otras: MONEDERO BERMEJO, M. A., Catálogo de la Exposición IV Centenario de la procesión Camino del Calvario 1586-1986, Cuenca, Delegación Provincial de la Consejería de Cultura de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y Hermandades de Jesús Nazareno, San Juan Evangelista, Soledad de San Agustín y Cristo de los Espejos, 1986, pp. 11-12; VIÑAS ROMÁN, T., “Agustinos en Cuenca”, en MELERO PITA, A., Libro de la Venerable Hermandad de la Soledad de San Agustín, Cuenca, Vble. Hdad. de la Soledad de San Agustín y Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Serie Historia, Nº. 15, 1997, pp. 70-77; Agustinos en Cuenca, Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Serie Historia, Nº. 21, 1998, pp. 29-46; MILLÁN MARTÍNEZ, J. M. y MUÑOZ MARQUINA, A. M., “Estudio documental y arqueológico del antiguo Convento de San Agustín, Cuenca”, Turbas Memorial, 2002, pp. 3-71; o IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P. M., op. cit., pp. 248-253. La misma localización de la construcción conventual sería, en parte, la que daría situación en el tiempo al legendario Parador del Sol, rebautizado como de Santa Luisa por el matrimonio formado por Natalio Nohales y Luisa García (Cfr. NAVARRO, C. y MUÑOZ RAMÍREZ, J. L., “La escuela que nunca existió”, Olcades, Segunda Época, Nº. 3, 2001, pp. 15-28). 30. Cfr. “Hace más de un siglo...”, El Correo Conquense. Número extra de Semana Santa, Año III, Nº. 101, 17/21-03-1997, pp. 18-19. 31. Cfr. IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P. M., “Aproximación histórico-artística a las Hermandades e Imágenes de Jesús Nazareno en la ciudad de Cuenca”, en op. cit., p. 177. 32. Cfr. RECUENCO PÉREZ, J., Huerto del Jueves Santo. Historia de una Hermandad, Cuenca, Vble. Hdad. de Ntro. Padre Jesús Orando en Huerto (de San Antón), 1998, pp. 9395. 33. Nótense las tristemente célebres y muy rigurosas desamortizaciones decimonónicas del gaditano Juan Álvarez Mendizábal (1836), en primera instancia, y del pamplonés Pascual Madoz (1855), decretada dos décadas después de la anterior y continuadoras en el tiempo y algo más de la legislación desamortizadora sancionada y derogada al albur caprichoso de los avances liberales y las reacciones absolutistas (en el caso de nuestra capital y Obispado, por citar algunos casos paradigmáticos, durante la misma decimonona centuria se desamortizaría el cenobio masculino de los Trinitarios Calzados, asentado en las inmediaciones de la Puenseca, y se aboliría el diezmo) –como muestra evidente de esta coyuntura se pueden constatar, todavía en el último tercio del siglo XVIII, la obligada venta de bienes jesuitas y la desamortización de Manuel Godoy; la desamortización impulsada durante la Guerra de la Independencia desde la administración real de José I Bonaparte y la de los legisladores de las Cortes de Cádiz, concentradas en las posesiones de la Santa Inquisición y en el aminoramiento del número de monasterios; así como la del Trienio Liberal, visceralmente reactiva respecto de la detentación de propiedades conventuales de las órdenes monacales y militares– (Cfr. GONZÁLEZ MARZO, F., La desamortización de la tierra eclesiástica en la provincia de Cuenca, Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Serie Historia, Nº. 1, 1985; “Redención y venta de Censos y Arrendamientos en la provincia de Cuenca, durante la desamortización de Mendizábal (1836-1845)”, Cuenca, Nº. 33, I Semestre, 1989, p. 101-113; y La desamortización de Madoz en la provincia de Cuenca (1855-1866), Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Serie Historia, Nº. 7, 1993). Por otro lado, debe recalcarse el hecho de que con el triunfo social del modelo liberal y la consiguiente nacionalización de los ricos fondos bibliográficos procedentes de las distintas comunidades

religiosas suprimidas, se iba a crear y desarrollar durante el siglo XIX la Biblioteca Pública de Cuenca (Cfr. GARCÍA LÓPEZ, G. L., “Nacimiento y desarrollo de la Biblioteca Pública de Cuenca durante el siglo XIX”, Archivo Conquense. Revista de la Asociación de Amigos del Archivo Histórico Provincial de Cuenca, Nº. 5, 2002, pp. 111-145). Finalmente y puesto que se nominarán algunas de ellas con su primitiva acepción, permítasenos este comentario referido a la necesaria recuperación de aquellas viejas e ilustrativas denominaciones, no caducas o rancias por ello, de nuestro callejero o alusivas de un determinado emplazamiento urbano. Así, a falta de un estudio exclusivo, póngase el caso, de una intrahistoria del itinerario procesional conquense, pueden mitigarse insatisfacciones de este calado en las referencias bibliográficas que se procede a relatar: “Las calles de Cuenca I”, Boletín de Información Municipal, Año VI, Nº. 21, EneroMarzo, 1960, pp. 27-30; “Las calles de Cuenca II”, Boletín de Información Municipal, Año VI, Nº. 22, Abril-Junio, 1960, pp. 25-28; MUÑOZ RAMÍREZ, J. L. y PINÓS, J. L., Calles de Cuenca, Cuenca, Editorial Olcades, 1978; MUÑOZ RAMÍREZ, J. L., Crónica de un tiempo, una ciudad. I. El paisaje y las calles (1890-1936), Cuenca, Editorial Olcades, 1983; Luis Pascual. Imágenes de Cuenca, Cuenca, Asociación de la Prensa de Cuenca, 1997; Postales de Cuenca. Serie A: Imágenes Antiguas, Cuenca, Ediciones Olcades, 1998; JULIÁN IGUALADA, J., Cuenca. La Muy Noble, Muy Leal e Impertérrita, Cuenca, Edición del Autor, 1985; CORDENTE, H., “Localización de antiguas calles y plazas de Cuenca”, Ciudad de Cuenca. Boletín de Información Municipal, Segunda Época, Año XXXIV, Nº. 90-91, 1988, pp. 43-52; “Localización e historia de antiguas plazas y calles”, Cuenca, Nº. 38, I y II Semestre, 1991, pp. 153-167; Colección de postales. Serie Imágenes Antiguas, Cuenca, Excmo. Ayuntamiento de Cuenca, 1989; VV. AA., Casablanca. Historia de un barrio, Cuenca, Asociación de Vecinos de Casablanca, 1997; CUEVAS, P. J., op. cit.; IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P. M., op. cit.; La vista de Cuenca desde la hoz del Huécar (1565) de Van den Wyngaerde, ed. cit.; GARCÍA MARTÍN, F., Paseos y jardines históricos de Cuenca, Toledo, Editorial LEDORIA, 2004; VV. AA., Tarjetas postales de la ciudad de Cuenca (1897-1936), ed. cit.; o MORENO, E., PÉREZ CALLEJA, I. J. y PÉREZ CARDETE, G., “Lugares de la Memoria en Cuenca: los cambios en el callejero urbano (1939-1945). Una aproximación para su estudio”, en Actas del Congreso Internacional de La Guerra Civil en Castilla-La Mancha, 70 años después, [en vías de publicación]. 34. A la demorada espera de la próxima publicación de la Tesis Doctoral del repetidamente señalado novelista y poeta conquense Julián Recuenco Pérez sobre el período en cuestión (RECUENCO PÉREZ, J., La actuación del Tribunal Diocesano de Cuenca en la crisis del Antiguo Régimen (1808-1833), Madrid, UNED, 2004), atiéndase la siguiente consideración del profesor Ángel Luis López Villaverde: “En cualquier caso, parece que fueron cuantiosos los destrozos del patrimonio urbanístico de la ciudad de Cuenca, se sabe que [la francesada] provocó el hundimiento de su economía (en especial de su industria textil)” (LÓPEZ VILLAVERDE, A. L., “Inmovilismo versus modernización en la provincia de Cuenca (siglos XIX y XX)”, en RECUENCO, F. (coord.), Histocuenca. Ciclo de Conferencias “Cuenca en la Historia”, Cuenca, Obra Social y Cultural de Caja Castilla-La Mancha, 2006, p. 112). No obstante, algunas de las líneas de investigación del primer Doctor señalado han quedado apuntadas, entre otros destinos editoriales, en artículos como los que seguidamente se reseñan: “La represión contra el Liberalismo desde el Tribunal Diocesano de Cuenca (1823-1830)”, Hispania Nova. Revista de Historia Contemporánea, Nº. 3, 2003, http://hispanianova.rediris.es e “Ilustración y Liberalismo en la Diócesis de Cuenca (1750-1833)”, Hispania Nova. Revista de Historia Contemporánea, Nº. 5, 2005, http://hispanianova.rediris.es 35. A mediados del mes de julio del año de 1874 las tropas comandadas por D. Alfonso de Borbón, a la sazón hermano del pretendiente a la Corona, provocaron una crudelísima entrada, procedentes de Cañete, en la ciudad de las dos hoces con el consiguiente baño de sangre (Cfr. LÓPEZ SÁIZ, S., Los sucesos de Cuenca ocurridos en julio de 1874, Cuenca, Imp. Manuel Mariana y Sanz, 1878; PÉREZ GALDÓS, B., Episodios Nacionales. Tomo IV, Bilbao, Aguilar s. a. de ediciones, 1973, pp. 769-783; MUÑOZ RAMÍREZ, J. L., “La Guerra Carlista. 3. El saqueo de Cuenca”, Olcades. Temas de Cuenca, Primera Época, Vol. II, Fasc. 9, 1982, pp. 107-122; y ROMERO SAIZ, M., Las Guerras Carlistas en Tierra de Cuenca 1833-1876, Cuenca, Edición del Autor, 1993). En ese sentido mismo, hay que recalcar la existencia fehaciente durante largo tiempo de un imponente obelisco conmemorativo de este episodio, el cual fue acordado demoler, sin embargo, por afinidades políticas cuán claras tras el final de la Guerra Civil de 1936-1939 –podría haberse reutilizado, de modo más abreviado y con distinto motivo, en el aledaño edén provincial, si bien las solariegas fotos eternizadas del mausoleo no remiten idénticamente a una labrada disposición radial como la de la pilastra vigente– y que también conllevó una palmaria modificación en la denominación de la calle hasta entonces llamada de 15 de Julio (A.M.C., Libro de Actas de Sesiones del Ayuntamiento de Cuenca 03-10-1941/17-10-1942, Sesión Extraordinaria de 14 de agosto de 1942, f. 158 vº; Sección de Negociado General de 1942, Legajo 2424, Expediente Nº. 84, “Acuerdo sobre conveniencia de que desaparezca el Obelisco existente en el 15 de Julio, sustituyéndolo por un monumento a los Caídos”; o Cfr. RODRÍGUEZ SAIZ, A., op. cit., pp. 41-43 y GARCÍA MARTÍN, F., op. cit., pp. 102-105). 36. PÉREZ VALERO, A., A través de mi capuz, Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Serie Historia, Nº. 17, 1997, p. 17. Para un acercamiento sintético al denominado como siglo del Liberalismo –del mismo seno del Ejército partirían pronunciamientos liberales como el liderado por el militar y político asturiano Riego–, del Sexenio Revolucionario y Democrático, de la I República y la Restauración y, en lo que más nos atañe, de la crisis de la Semana Santa de Cuenca, véanse las siguientes referencias: RECUENCO PÉREZ, J., “La Semana Santa de Cuenca en el siglo del liberalismo”, Cuenca Nazarena, 2003, pp. 18-25 (responde y se corresponde parcialmente con el texto de la comunicación presentada por el autor en el marco científico del IV Congreso Nacional de Cofradías de Semana Santa celebrado en la charra ciudad de Salamanca del 14 al 17 de febrero del año de 2002; consúltense las Actas publicadas de dicho evento coeditadas por la Junta de Cofradías, Hermandades y Congregaciones de la Semana Santa de Salamanca y la Diócesis salmantina, pp. 261-277); “La actuación ilustrada contra las Cofradías penitenciales conquenses (1700-1820)”, en op. cit., pp. 34-39; y Una espada te atravesará el corazón. La Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad (Del Puente) y la Semana Santa de Cuenca, Cuenca, Venerable Hermandad de Ntra. Sra. de la Soledad del Puente, 2006, pp. 49-55. En esta misma línea, véase esta breve semblanza de la coyuntura decimonónica conquense, a partir de la figura de D. Trifón Muñoz y Soliva, en el seguido apunte bibliográfico: RECUENCO PÉREZ, J., “La historiografía nacionalista del siglo XIX. El ejemplo conquense: Trifón Muñoz y Soliva”, Archivo Conquense. Revista de la Asociación de Amigos del Archivo Histórico Provincial de Cuenca, Nº. 4, 2001, pp. 109-132; y la seguida aseveración bosquejada por Félix González Marzo sobre la constante y aletargada tónica social en la trayectoria local de la penúltima centuria de siglo pasado: “En el transcurso del siglo XIX, la sociedad española experimenta un trascendental proceso de cambio desde el Antiguo Régimen (una sociedad esta-


INVESTIGACIÓN mental) hasta la consolidación del liberalismo burgués. En la sociedad conquense, este tránsito hacia la contemporaneidad se percibe a través de una larga, casi inacabable evolución” (GONZÁLEZ MARZO, F., “Las élites conquenses del siglo XIX”, en GARCÍA MARCHANTE, J. S. y LÓPEZ VILLAVERDE, A. L. (coords.), Relaciones de poder en Castilla: el ejemplo de Cuenca, Cuenca, UCLM y Asociación de Amigos del Archivo Histórico Provincial de Cuenca, Colección Humanidades, Nº. 19, 1997, pp. 251-262). Nótese, del mismo modo y primeramente, esta panorámica político-social e histórica de carácter general sobre el siglo XIX de esta capital y provincia ofrecida por el doctor López Villaverde: “Inmovilismo versus modernización en la provincia de Cuenca (siglos XIX y XX)”, en op. cit., pp. 111-139; y el seguido análisis científico de ámbito regional computado sobre el aproximado período de tiempo acotado en este trabajo: VILLENA ESPINOSA, R., “La Restauración hasta “El 98” (1875-1898)”, en SÁNCHEZ SÁNCHEZ, I. (coord.), op. cit., pp. 116-136. 37. Cfr. PÉREZ VALERO, A., Historia de la Venerable Hermandad de San Juan Apóstol Evangelista, Cuenca, Vble. Hdad. de San Juan Apóstol Evangelista, 1988, p. 5 y “Las Cofradías de Pasión en Cuenca: siglos XIX y XX”, Cuenca Nazarena, Nº. 0, 1995, p. 24. 38. Confluyen ambas y bienaventuradas circunstancias aludidas –creación de nuevos desfiles procesionales y renovación y/o ampliación del articulado estatutario, además de recibir en la Parroquial de San Esteban la correspondiente visita pastoral unos años antes de finalizar el siglo (precisamente en 1893) – en el caso de esta venerable asociación pública de fieles: VILLALBA CRUZ, L., Historia de la Venerable Hermandad del Santísimo Cristo de la Salud. El Descendimiento, Cuenca, Edición del Autor, 1995, pp. 62-73. 39. Acerca de este, atinadamente calificado por el profesor Ibáñez, “galimatías historiográfico”, véanse las siguientes referencias: Cfr. PÉREZ VALERO, A., op. cit., p. 313; RECUENCO PÉREZ, J., “En el Calvario. Cien años de historia”, Crónicas de Semana Santa, 2002, p. 21; ALARCÓN DÍAZ, F., “Sobre el Santísimo Cristo de la Luz. Apuntes históricos”, Papeles del Huécar, Nº. 17, Marzo-Abril, 2005, pp. 14-15; e IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P. M., Orígenes de la Semana Santa de Cuenca (Siglos XVI-XVII), ed. cit., p. 133. 40. En el sentido de lo apuntado y más allá de lo altamente loable de tan altruistas cesiones, hay que señalar la circunstancia escultórica de que las tallas donadas por estas personalidades –en un tiempo, no debe olvidarse, en el que aún coexistían beligerantes tendencias iconoclastas, sólo disipadas con la celebración del Concilio Vaticano II, que propugnaban la erradicación de las Imágenes de culto– cualitativamente hablando no estaban dotadas de una singular destreza estilística, semejantemente a lo que venía sucediendo en este campo artístico en otros puntos geográficos peninsulares con el decaimiento de las barrocas escuelas imagineras, proliferando los postizos y las efigies de vestir para economizar (Cfr. DÍAZ FUENTES, L., “Iconografía de Jesús Nazareno; antecedentes medievales, fijación barroca y aportaciones populares en los siglos XIX y XX”, en ARANDA DONCEL, J. (coord.), Actas del Congreso Internacional “Cristóbal de Santa Catalina” y las Cofradías de Jesús Nazareno. Tomo II, Córdoba, 1991, Excmo. Ayto. de Mérida y Congregación de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno, p. 692). 41. Cfr. ÁVILA, J. V., “1905-1995. La procesión “Del Silencio” salió por primera vez el miércoles, 19 de abril, de 1905”, en RECUENCO PÉREZ, C. J. (coord.), Diez años después. X Aniversario de la llegada a Cuenca de la Imagen de la Santa Cena, Madrid, Editorial Zaquizami, Colección Lo Divino y lo Humano, 1995, pp. 84-92; “Los cien años de la Procesión del Silencio”, El Día de Cuenca. Número extraordinario de Semana Santa, Año XXII, Nº. 6.749, 20-032005, pp. 25-18; CALVO RUBIO, L. M., El Prendimiento. Cien años de historia, Cuenca, Vble. Hdad. de “El Prendimiento” (Beso de Judas), 2004, p. 40; “Cien años del ‘Beso de Judas”, Crónicas de Semana Santa, 2004, pp. 60-64; y “100 años de la procesión del Silencio”, Crónicas de Semana Santa, 2005, pp. 48-52. 42. Imprescindible para una aproximación certera a la historia contemporánea de la Semana Santa de Cuenca resultan ser, por distintos motivos, las dos siguientes referencias bibliográficas del que fuera pregonero de la misma Luis Calvo Cortijo: Cincuenta años, y... un día, de la Semana Santa de Cuenca, Cuenca, Excmo. Ayuntamiento de Cuenca, 1990 y Pregones y pregoneros. Semana Santa de Cuenca 1945-1991, Cuenca, Caja de Ahorros de Cuenca y Ciudad Real, 1992. Por otro lado, en esta idéntica dinámica evolutiva debe ser enmarcado el apreciable grado de normalidad con el que la mujer se ha incorporado legal y estatutariamente a la abigarrada turba como un elemento integrante más de esa riqueza variopinta de maniatados matices nazarenos que es la admirada y mancillada procesión de “Camino del Calvario”.

44. ¿Podría erigirse o constituir ya en el presente perentorio como acuciante y gran revolución pendiente de la Semana Santa del nuevo siglo la paulatina inclusión en las ringleras de penitentes y, tarea evangelizadora ésta de primera magnitud, en el discurrir cotidiano de una asociación pública de fieles como son las Hermandades, Cofradías y Esclavitudes de Cuenca de esa creciente y heterogénea colectividad inmigrante y en una coyuntura multicultural y globalizada como la que indubitablemente condiciona nuestra existencia? Esta pregunta con evidentes ribetes hipotéticos, utópicos quizá, debe ser contestada de un modo articulado desde el sosiego hospitalario y sin incurrir por enésima ocasión en el tantálico dislate de obviar de modo ominoso y amputado que el nazareno de esta tierra constituye afortunado heredero, responsable pues ante la historia de una futura y límpida transmisión de nuestro más preciado legado identitario, de algo más que un costumbrista fenómeno tradicional, cultural o antropológico. Y es que, más allá de las múltiples facetas exógenas e interdisciplinares que envuelven y rodean, enriquecedoramente en la mayoría de las oportunidades, a la Semana Santa conquense, la verdadera esencia de la misma no brota de otra concepción o manantial distinto que el que impone desde hace más de dos mil años esta celebración religiosa. En esta dirección valorativa, véase, entre otras referencias, la siguiente entrevista ilustrativa del que fuera brillante presidente de la Junta de Cofradías conquense y último pregonero de nuestra Semana Grande, además de ser el actual secretario general de Cáritas Diocesana de Cuenca (CALVO RUBIO, L. M., “Manuel Calzada. Presidente de la Junta de Cofradías. “Lo fundamental es que la Semana Santa es un hecho religioso”, Crónicas de Cuenca, Año IV, Nº. 167, 15-04-2000, pp. 18-21); o el apartado prologal a cargo del inolvidable y emérito Prelado de la Diócesis de Cuenca, Monseñor Guerra Campos, firmado en una de las primeras publicaciones genéricas, a medio camino entre la refinada lírica aledonista y la divulgación

Fotografía: Juan Carlos García Benito

43. Cuando se proceda a computar los hitos que progresivamente se han venido logrando en los últimos tiempos para la Semana Santa de Cuenca, habrá que resaltar entre lo más selecto de los mismos el estimable grado de atracción e implicación demostrado para con la misma celebración por la Universidad de Castilla-La Mancha, ya que desde su ámbito científico y con una regular colaboración en cuanto a la financiación de actividades y publicaciones puede ayudar a potenciar el aspecto cultural de aquélla, luego que no deja de ser una institución laica (MOCHALES, L., “José Ignacio Albentosa Hernández. Pregonero. Semana Santa 2005”, Crónicas de Semana Santa, 2005, pp. 8-11 y RECUENCO PÉREZ, J., “Universidad y Semana Santa”, La Tribuna de Cuenca. Número especial de Semana Santa, Nº. 2.887, 19-03-2005, p. 10).


Fotografía: José Andrés Castellanos

CUENCA

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histórica, sobre esta magna conmemoración (LÓPEZ MARTÍNEZ, J., Paso a paso... Semana Santa de Cuenca, Cuenca, Edición del Autor, 1981, pp. 5-6). En último término, para ahondar un ápice más en la densa reflexión sobre el grado de compromiso cristiano y sentimiento religioso latente en la Semana Santa de hoy, luego de sustanciosos encuentros como el espacio de debate que se viene suscitando desde la comunidad universitaria con la celebración en nuestra ciudad de eventos muy apreciables como las jornadas antropológicas desarrolladas en torno a este fenómeno pasionista, conviene fondear disquisiciones como estas: FIERRO, A., “Si regresaran y vieran”, El País, Año XXXI, Nº. 10.533, 09-04-2006, p. 15 y MIRET MAGDALENA, E., ¿Días de recogimiento?, ibídem. 45. Quisiéramos mostrar el más candoroso de los agradecimientos a los responsables del Centro de Estudios de Castilla-La Mancha (CECLM) por las enormes facilidades mostradas para la consulta y difusión de sus valiosos documentos, así como para la reproducción en esta revista de algunas páginas dotadas de verdadero interés para nuestro propósito. Los ejemplares de La Semana Conquense manejados proceden, por tanto, de la colección de prensa de Castilla-La Mancha digitalizada y ofrecida por el citado Centro de Estudios regional. Se trata de una magnífica documentación virtual cuyos originales fueron digitalizados con la ayuda económica de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha que financió el Proyecto de “Publicaciones periódicas de Castilla-La Mancha”, con objeto de comprimir en formato electrónico pdf los índices, enlaces y contenidos para publicarlos en la señalada página oficial del CECLM. En este sentido, hay que hacer hincapié en los objetivos básicos de este interesante instituto de investigación estrechamente ligado a la Universidad de Castilla-La Mancha: “El Centro de Estudios de Castilla-La Mancha se creó en 1996, desde entonces hasta hoy su presencia en la vida social, cultural y científica de Castilla-La Mancha no ha dejado de crecer ni tampoco su actividad. Si al principio de su creación se desarrollaron actividades ligadas sobre todo a la bibliografía y la heurística, con el paso del tiempo, el Centro ha reafirmado una labor investigadora propia y de apoyo a otros institutos de investigación. El aumento de fondos documentales de toda naturaleza, más de 20.000 entradas bibliográficas, y su disponibilidad en la red quizá sea el trabajo más importante que haya hecho el Centro en ocho años de vida. Un recorrido por su página (http://www.uclm.es/ceclm) es un paseo por el tiempo, una forma de conocer la intrahistoria de Castilla-La Mancha, esos entresijos que no se estudian en ningún sitio pero sin los que no se podría conocer la historia de la verdad” (TIRADO, C., “El Centro de Estudios de Castilla-La Mancha: Un paseo por la Región”, Añil. Cuadernos de Castilla-La Mancha, Año 10, Nº. 27, Primavera-Verano, 2004, pp. 75-77). 46. LÓPEZ VILLAVERDE, A. L. y SÁNCHEZ SÁNCHEZ, I., Historia y evolución de la prensa conquense (1811-1939), Cuenca, Ediciones de la UCLM y Asociación de la Prensa Conquense, Colección Humanidades, Nº. 26, 1998, pp. 196-197. Ciertamente interesante, por otro lado, resulta la somera aproximación trazada por el sevillano catedrático de Geografía e Historia Antonio Herrera sobre la colección de periódicos locales radicados en nuestra capital, entre el siglo XIX y la centuria siguiente hasta el final de la Guerra Civil y custodiados en la antigua Casa de Cultura de Cuenca (HERRERA GARCÍA, A., Hemeroteca conquense, Cuenca, Publicaciones del Instituto Nacional de Enseñanza Media “Lorenzo Hervás y Panduro”, 1969, pp. 5-17). Asimismo, absolutamente fundamental resulta para efectuar un completo acopio bibliográfico de la época estudiada, la siguiente publicación también firmada por este avezado investigador de Villanueva del Ariscal: HERRERA GARCÍA, A., Bibliografía básica para la Historia de Cuenca. Reedición ampliada con unas Adiciones que recogen 200 títulos más, Cuenca, Excmo. Ayuntamiento de Cuenca, Instituto Juan de Valdés, Colección Almenara, Nº. 3, 1996. 47. La Semana Conquense. Revista Dominical de intereses locales, literatura y noticias, Números 1 (19-03-1893), 2 (02-04-1893), 5 (23-04-1893) y 7 (07-05-1893). 48. Amén de todo lo señalado, la redacción de la revista incluyó en la primera página de su número inaugural el siguiente aviso importante: “Dispuesta la empresa de esta publicación a normalizar desde el próximo número (que aparecerá el primer domingo de Abril) la tirada de ejemplares, advierte al público en general, que únicamente seguirán recibiendo el periódico en lo sucesivo, los que con la debida anticipación manifiesten su deseo de que se les considere como suscriptores” (Op. cit., Nº. 1, 19-03-1893, p. 1). En cuanto a la composición de la redacción del dominical, léase la seguida información aparecida en el segundo número del semanario: “A los numerosos amigos que nos demuestran su interés por conocer los nombres de los que forman la redacción de esta Revista, tenemos el gusto de manifestarles que, además del Director Sr. Mhartin y Guix, constituyen aquélla los conocidos periodistas conquenses, Sres. D. Pedro Barambio y D. Modesto López Malo, exredactores de La Razón y de La Giralda respectivamente” (Op. cit., Nº. 2, 02-04-1893, p. 6).

49. Cfr. Op. cit., Nº. 7, 07-05-1893, p. 7. 50. Documentos citados, en LÓPEZ VILLAVERDE, A. L. y SÁNCHEZ SÁNCHEZ, I., op. cit., p. 197. 51. Cfr. La Semana Conquense. Revista Dominical de intereses locales, literatura y noticias, Nº. 5, 23-04-1893, p. 8. Al final de la relación de las obras ofertadas aparecía la siguiente información que aquí reproducimos: “Los que residen fuera de esta capital pueden dirigir los pedidos al autor, oficial del Gobierno Civil, acompañando el importe de aquéllos en letra de fácil cobro y en sellos de franqueo las fracciones de peseta solamente. El autor envía gratis prospectos detallados de dichas obras” (Ibídem). Las cursivas y negritas son de la redacción. Por último, cabe reseñar que D. Enrique Mhartin y Guix fue nombrado corresponsal de La Correspondencia de España, tal y como se recoge en el segundo número conservado de nuestra revista (Cfr. Op. cit., Nº. 2, 02-041893, p. 8). Téngase en consideración que el antedicho rotativo nacional era el más difundido de la época, desde la convulsa década de los años setenta del mismo siglo si no antes (Cfr. MOLINA APARICIO, F., “El País Vasco. Del martirio a la santificación de España”, Claves de Razón Práctica, Nº. 160, 2006, p. 70). 52. En este sentido, en la cabecera de la revista merece especial atención una tercera columna en la que, bajo el título de colaboración, reza y deviene en esta advertencia: “Colaboradores: Lo son todos los suscriptores.- No se insertarán los trabajos que no se ajusten a la índole y criterio de esta publicación. Los trabajos de colaboración llevarán la firma de sus autores, aunque ésta no deba aparecer en el periódico. No se devuelven los originales aun cuando dejen de publicarse. Toda la correspondencia diríjase a nuestras oficinas a nombre del Administrador: Francisco González” (La Semana Conquense. Revista Dominical de intereses locales, literatura y noticias, Nº. 1, 1903-1893, p. 1). 53. Cfr. Ibídem. 54. No ha lugar a la duda de que si esta local revista dominical hubiera circulado por las calles de Cuenca sólo unas pocas décadas antes, en sus páginas impresas se hubieran recogido episodios tan capitales para nuestro interés y el de la época como, por un lado, las reformas realizadas en el año de 1868 del moruno, al menos, Puente del Canto o de San Antón –tortuosa barriada de misericordia inmensa que camina hoy encogiendo y sobrecogiendo ánimos o alientos tras el Vía Crucis del Amarrado– cuando perdería el elevado grado de vetustez que había conservado hasta ese siglo XIX; y, por otro lado, la desmedida prohibición gubernativa, promulgada ocho años antes, para impedir la celebración, como cada noche estremecedora de Cuaresma, de la tradicional procesión de penitencia del Santo Rosario con la muy honrada y honrosa Imagen del Santísimo Cristo de la Agonía de Marfil y que la Hermandad titular venía organizando desde la Iglesia de Santo Domingo de Silos (Cfr. BLASCO, F., Pequeñas noticias sobre la Venerable Hermandad del Santísimo Cristo de la Agonía (Advocación del Santo Rosario), Cuenca, Edición privada del Autor, 1980, p. 51; RODRÍGUEZ SAIZ, A., op. cit., pp. 68-71; y CARRETERO ESCRIBANO, J. M., Cristo de la Agonía. Libro oficial conmemorativo del cincuentenario de la moderna Imagen Titular de la Venerable Hermandad del Santísimo Cristo de la Agonía de Cuenca, Cuenca, Vble. Hdad. del Stmo. Cristo de la Agonía, 1998, pp. 41-42 y 48-50). Del mismo modo, pero reeditando su interés a lo largo de casi toda la centuria decimonónica, tendrían cómodo acomodo en tan notable sección las numerosas noticias emanadas de los distintos acuerdos competentes relacionados con el Cementerio (Cfr. GÓMEZ SÁNCHEZ, D., La muerte edificada. El impulso centrífugo de los cementerios de la ciudad de Cuenca (Siglos XI-XX), Cuenca, UCLM y Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Colección Humanidades, Nº. 27, 1998). 55. Cfr. La Semana Conquense. Revista Dominical de intereses locales, literatura y noticias, Nº. 1, 19-03-1893, pp. 2-3. 56. Cfr. Op. cit., Nº. 5, 23-04-1893, pp. 1-2. 57. Acerca de esta ciudadela campechana y su discreta Iglesia, véase BERMEJO BUSTOS, F., El Cristo del Amparo y Santa Catalina, Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Colección Ediciones Provinciales, Nº. 65, 2007. 58. Cfr. La Semana Conquense. Revista Dominical de intereses locales, literatura y noticias, Nº. 7, 07-05-1893, pp. 1-2. 59. Estableciendo consonante ejercicio retrospectivo al aplicado en cita precedente, perfecto encaje encontraría en esta sección, si retrocediéramos alguna década en el tiempo se reitera, la polifacética figura, nacida en el año de 1800 en Barajas de Melo, de Fermín Caballero y Morgáez, personalidad muy activa a lo largo de todo el siglo en el campo de la educación popular y la docencia, más


INVESTIGACIÓN allá de su archisabida faceta escritora y política, la cual le catapultaría a cargos de enorme responsabilidad nacional (Cfr. POVES, M., “Fermín Caballero y la educación popular”, Cuenca, Nº. 16, II Semestre, 1979, pp. 47-69). Asimismo y paralelamente al contenido de la aclaración anterior, no sería adecuado obviar la nutrida inauguración en el año de 1886 de los centrados locales capitalinos conocidos como las Escuelas de Aguirre, centenaria obra apabullante de un conquense no menos ejemplar como fue el homenajeado filántropo Lucas Aguirre y Juárez, quien naciera en el ángulo mismo de la garbosa calle de Alfonso VIII y falleciera más de una década antes de materializarse su gran deseo benefactor (Cfr. MARÍN, T., Lucas Aguirre. Un mecenas de la educación popular, Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Serie Historia, Nº. 3, 1989 y RODRÍGUEZ SAIZ, A., op. cit., pp. 38-40). 60. Cfr. La Semana Conquense. Revista Dominical de intereses locales, literatura y noticias, Nº. 1, 19-03-1893, p. 3. En atención a esta información, léase la siguiente cita del profesor Seco Serrano: “Entre 1877 y 1900, Madrid había pasado de los 400.000 a los 539.000 habitantes. Pero en los 30 años siguientes, esa cifra casi se doblaría situándose muy cerca del millón” (SECO SERRANO, C., “Madrid en la época de Alfonso XIII”, Historia 16, Año XXIV, Nº. 290, Junio, 2000, p. 64). 61. Nótese, tal y como se ha comentado, que Alfonso XIII nació ya rey. Era hijo póstumo de Alfonso XII ( fallecido en 1885) y fue alumbrado en el Palacio Real de Madrid el 17 de mayo de 1886. Doña María Cristina de Habsburgo-Lorena, su madre, ejerció la Regencia hasta el 17 de mayo de 1902, fecha en la que cumple aquél los 16 años y accede, por tanto, a la mayoría de edad prevista para ejercer la Monarquía (Cfr. SECO SERRANO, C., Alfonso XIII, Madrid, Arlanza Ediciones, Colección Los Borbones, Nº. 9, 2001, p. 19). 62. Cfr. La Semana Conquense. Revista Dominical de intereses locales, literatura y noticias, Nº. 5, 23-04-1893, p. 3. 63. Cfr. Op. cit., Nº. 7, 07-05-1893, p. 3. En otro orden de asuntos y aprovechando la mención al país teutón, habría que completar el capítulo de ilustres nacimientos de la época con la llegada al mundo en este mismo año de 1893 del que fuera años más tarde puntero y siniestro político nazi Joachim von Ribbentrop. Contrariamente, durante el señalado ejercicio –insertos en los balbuceos de una década todavía trufada por el eco resentido de masacres como la acaecida en 1888 en Riotinto, acaso la primera protesta ecologista de la historia– acontecerían defunciones tan sonadas como la de la reformadora social y pensadora feminista de origen ferrolano Doña Concepción Arenal. 64. Cfr. SANCHIZ, R., “El pastor Martín Alhaja”, en ibíd., pp. 4-5. 65. Op. cit., Nº. 2, 02-04-1893, pp. 2-3. 66. Durante el transcurso del siglo XIX este acendrado y linajudo puente conquense tenuemente elevado sobre el río Júcar, amén de padecer múltiples reformas e intervenciones en su castigada estructura y tránsito pasadero “para la muy frecuentada Ermita de las Angustias” (A.M.C., Sección de Negociado General, Legajo 1804, Expediente Nº. 1, Libro de Actas de Sesiones de la Corporación Municipal de 1893, Sesión Ordinaria de 25 de febrero de 1893, ff. 36 vº-37 rº), comenzará a denominarse como “De los Descalzos” –en honesta recordación del vecino edificio monacal de los Padres Franciscanos y que fuera mucho tiempo después privilegiada residencia veraniega del Cardenal Segura–, desplazando progresivamente en su identificación a nombres primigenios como los de “Las dos Peñuelas” o “De Carballido” (Cfr. CORDENTE, H., “Dos siglos de puente para cruzar el Júcar bajo los Descalzos”, Olcades, Segunda Época, Nº. 6, 2002, pp. 46-50). 67. Cfr. La Semana Conquense. Revista Dominical de intereses locales, literatura y noticias, Nº. 1, 19-03-1893, p. 7. 68. Cfr. Op. cit., Nº. 5, 23-04-1893, p. 7. 69. Cfr. Op. cit., Nº. 7, 07-05-1893, pp. 5-7. 70. Cfr. Op. cit., Nº. 5, 23-04-1893, pp. 7-8. 71. Op. cit., Nº. 7, 07-05-1893, p. 8. 72. Cfr. Op. cit., Nº. 1, 19-03-1893, p. 1 y LÓPEZ VILLAVERDE, A. L. y SÁNCHEZ SÁNCHEZ, I., op. cit., p. 197. 73. Cfr. La Semana Conquense. Revista Dominical de intereses locales, literatura y noticias, Nº. 1, 19-03-1893, p. 8 y LÓPEZ VILLAVERDE, A. L. y SÁNCHEZ SÁNCHEZ, I., ibídem. 74. Cfr. LÓPEZ VILLAVERDE, A. L. y SÁNCHEZ SÁNCHEZ, I., ibídem. 75. Cfr. Op. cit., pp. 189-190. 76. Cfr. Ibíd., pp. 194-195. Aunque el recorrido señalado sería superior si se considera que desde 1885 ya se publicaba un periódico local de línea editorial republicana bajo el título de El Progreso, a cuya cabecera sería añadido siete años más tarde el calificativo toponímico de conquense (Cfr. LÓPEZ VILLAVERDE, A. L., “La prensa en la Cuenca del 98”, Studia Academica, Nº. 11, 2001, p. 96). 77. Cfr. LÓPEZ VILLAVERDE, A. L. y SÁNCHEZ SÁNCHEZ, I., op. cit., pp. 198199. 78. En la Biblioteca Pública de Cuenca se pueden consultar los números englobados entre el mes de enero de 1911 hasta el último ejemplar del mes de abril del año siguiente. D. Emilio Huerta conservaría números sueltos fechados en el año de 1910. Custodiados en la señalada Donación Rogelio Sanchiz, también ubicada en la Biblioteca Pública “Fermín Caballero”, solamente se preservan ejemplares varios comprendidos entre el año de su aparición, 1893, y el de su desaparición, 1912, siendo el primer número localizado de ese mismo año de 1893 algo posterior ya a la celebración de la Semana Santa que aquí se propone y alejado de los ecos de la misma (Cfr. Ibíd., p. 198). 79. Adviértase, ergo, la nada antojadiza y muy clarividente preferencia de una palabra denominativa sobre la otra, cobrando así carta de naturaleza la palmaria supremacía de la Semana Santa litúrgica respecto de la procesional. 80. “Sagrarios y procesiones”, en La Semana Conquense. Revista Dominical de intereses locales, literatura y noticias, Nº. 2, 02-04-1893, pp. 2-3. 81. Art. cit., en ibíd., p. 3. 82. Clavel, principalmente el de flores sencillas (Diccionario de la Real Academia Española, edición no actualizada). Adviértase la sarcástica y mordaz retranca subyacente cuando se alude, por ejemplo, a las “mariposas” y “moscardones”. 83. MIRÁNDOLA, “Cosas de la semana”, en La Semana Conquense. Revista Dominical de intereses locales, literatura y noticias, Nº. 2, 02-04-1893, p. 2. Interprétese como estimado

necesario sea el irónico y posible significado subliminal de las últimas frases insinuadas cuando se resaltan originalmente con tipo de letra bastardilla de la textual información periodística las palabras “empalmaron” y “casi”. 84. Acerca de este suceso que atañó frontalmente al carismático emplazamiento de los señores de De La Cuba, sito en el actual vial de Fray Luis de León, concretamente en el número veinte de esta populosa corredera capitalina (A.M.C., Sección de Negociado General, Legajo 1804, Expediente Nº. 1, Libro de Actas de Sesiones de la Corporación Municipal de 1893, Sesión Ordinaria de 27 de marzo de 1893, f. 54 vº), hay que apuntar como asunto de carácter anecdótico la circunstancia de que la propia y magnánima Doña Gregoria de La Cuba y Clemente cedería tan digna residencia, con el final del siglo XIX, para el afincamiento educativo y formativo del Colegio conquense de la Sagrada Familia, fundado en origen el día 17 de mayo del año de 1887 y ubicado primeramente en la añeja calle de Pilares a modo de instructivo asilo para menesterosos niños desamparados regentado por las Siervas de San José, hasta el traslado en el despunte mismo de la década de los setenta hasta su actual enclavación (Cfr. GARCÍA SALMERÓN, Mª. P., “Desarrollo en Cuenca de la política educativa de la II República”, Archivo Conquense. Revista de la Asociación de Amigos del Archivo Histórico Provincial de Cuenca, Nº. 5, 2002, p. 150). En este sentido y con objeto de perfilar o configurar un decimonónico panorama local en este ámbito, ténganse presentes el libro que sigue y su correspondiente reseña: NAVARRO, C., Leer, escribir, contar en las escuelas de Cuenca. Evolución del sistema educativo durante el siglo XIX, Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Serie Historia, Nº. 31, 2001 y MUELAS HERRÁIZ, M., “Un cálido acercamiento a los orígenes del sistema educativo”, Olcades, Segunda Época, Nº. 6, 2002, pp. 51-52; además de la siguiente obra y artículos seriados: PEREZ TRIGUERO, M., Influencia y aportaciones culturales de la segunda enseñanza en la sociedad conquense del siglo XIX, Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Serie Historia, Nº. 18, 1997; FERNÁNDEZ CURSACH, J., “Los orígenes del Instituto. Apuntes para una historia del «Alfonso VIII» (I)”, Olcades. Temas de Cuenca, Primera Época, Vol. I, Fasc. 5, 1981, pp. 235-248; “La cuestión del local. Apuntes para una historia del «Alfonso VIII» (II)”, Olcades. Temas de Cuenca, Primera Época, Vol. II, Fasc. 9, 1982, pp. 123-134; y “Los frutos de la enseñanza o el tema del fracaso escolar. Apuntes para una historia del «Alfonso VIII» (III)”, Olcades. Temas de Cuenca, Primera Época, Vol. III, Fascs. 17-18, 1983, pp. 245-257. 85. Cfr. La Semana Conquense. Revista Dominical de intereses locales, literatura y noticias, Nº. 2, 02-04-1893, pp. 1-2. 86. Por aquellas fechas todavía se seguía comercializando en las portentosas instalaciones capitalinas del Almudí un producto de primera necesidad como el grano (A.M.C., Sección de Negociado General, Legajo 1804, Expediente Nº. 1, Libro de Actas de Sesiones de la Corporación Municipal de 1893, Sesión de 3 de abril de 1893, f. 57 vº). 87. GARCÍA MARTÍN, F., op. cit., pp. 42-52. 88. Cfr. La Semana Conquense. Revista Dominical de intereses locales, literatura y noticias, Nº. 2, 02-04-1893, p. 6. 89. Cfr. Ibíd., p. 7. Debido a la relativa proximidad de la siguiente información respecto a nuestro interés de estudio, léase la siguiente cita: “Al mismo tiempo que este católico pueblo de Cuenca conmemoraba los sacrosantos misterios de la pasión y muerte del Redentor del mundo llegaban en el tren, procedentes de Ciudad Real donde han dejado su nombre bien puesto, los actores que bajo la dirección del Sr. Treviño, se prometen desquitarnos del recogimiento, de las penitencias y de los ayunos de estos días, dándonos unas cuantas veladas de solaz y grato entretenimiento” (Ibíd., p. 2). 90. Cfr. Ibíd., p. 7. Como reflejo político de la época, ojéese la seguida información acerca del resultado de los mencionados sufragios plebiscitarios: “El resultado del escrutinio de la elección de Senadores por esta provincia, fue el siguiente: el Conde de Cervera obtuvo 248 votos, D. José Aldecoa y Villasante 216 y don Mariano Catalina 68. Triunfaron, como se ve, los dos candidatos ministeriales” (Ibídem.). 91. Cfr. Ibíd., pp. 3-6. 92. CARRETERO ESCRIBANO, J. M., “VI Exaltación de Jesús Nazareno del Puente”, El Día de Cuenca. Número extraordinario de Semana Santa, Año XXIV, Nº. 7.482, 30-03-2007, p. 48. Sirva la incidida recreación nazarena citada, entre otras varias de algunos otros, del aquí redundantemente antedicho profesor Carretero Escribano, para reafirmarnos en la inexplicable desestimación en los últimos tiempos para pronunciar el Pregón de Semana Santa de opciones probadamente estimulantes, aunque vuelvan a quebrar, como antes hicieran respetados gargueros, esas razones jamás escritas relacionadas con la incompatibilidad de haber sido ya heraldos de la Pasión según Cuenca, como constituye esta del enunciador más joven que jamás haya contado y cantado las virtudes de nuestra Semana Grande. Y es que, quien tiritara de pura vibración a rebufo multiplicado de apellidos de lirismo como Muelas o Domínguez Millán, quien hoy regresaría desde la procesión celeste a un Viernes de Dolores terrenal la persuasiva pluma cofrade de Rafael Pérez Rodríguez y la voz secuencial de Luis Calvo Cortijo para conmover tiesuras vehementes y fagocitadas duermevelas nuevamente, quien incomprendido no comprenderá incomparecencias y ausencias incomprensibles por más tiempo y sonrojo ante el mismísimo Cristo de los Pregoneros, inigualadas sensaciones del humano ciclo pasionista como las que se abren paso entre seducidas alteraciones entrecortadas de prosístico pulso y emoción rota –critíquese esta suave y aterciopelada confesión pública, si querido es, por atentatoria prosopografía panegírica– hubieren merecido el púlpito seglar y el oficial altavoz de San Miguel: “Nacidos del amor, la niñez nazarena es un regalo de Dios. Te acunaron, a paso quedo, mecido como palma de la mañana fresca, musitando las marchas, queridas y entrañables, que entre cuidados sueños aprendiste, nanas susurradas, recuerdo hecho caricia cuando luego ellos falten. Te enseñaron quién eres, la fuerza del cariño; te donaron la fe. Orgullosas llevan ellas, oblación de por vida, el nombre de sus Vírgenes, porque así las quisieron: Esperanza, Soledad, Amparo Angustias, Luz, etcétera: María. Y tú todo lo observas. Y, cada vez más pronto, la túnica primera, a la medida hecha como un verso de amor. Casi sin darte cuenta, la hermosa Procesión en brazos de ese padre que un día hiciera promesa o de esa madre buena que nunca fue bancera; sensaciones de frío, luces en derredor, hasta dormir rendido sobre el hombro tan cálido, por ti seguro y fiel. Después, ceremoniosos juegos compartidos en el corto pasillo de tu casa, recreando desfiles que todavía no hiciste pero ya te contaron. Y ese primer capuz, enseña de humildad: serás tú y los que fueron. Y los que serán un día. Aprenderás así que no cuentan el tiempo ni las personas. Que la Semana Santa es eterna, de siempre y para siempre. Y tú, tapado el rostro, relucientes los ojos, te sentirás nazareno. Caminarás de la mano, el paso torpe y la viveza presta; verás pasar las calles y las horas. Rodeado de gentes igual que tú vestidas, morados, blancos, negros, granates o amarillos, notarás la Hermandad que te envuelve y agrupa; un día darás gracias porque la hicieron tuya y supieron decirte que nadie es más que nadie. Que tu Cristo es el mismo que aquél que ves delante, todavía no exaltado, y que ese otro brillante sobre


CUENCA

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una cruz de espejos. Te llevarán a Juntas y a ensayos de la Banda; arrastrarás horquillas, escaleras abajo, desde el desván repleto de tesoros inmensos: faroles de hojalata, velas amarillentas, descoloridos paños y búcaros esbeltos, plateados como sienes. Cuidarás la tulipa, frágil entre tus manos, por devolverla intacta y así merecer luego sacar aquella otra del abuelo heredada, la de esa vieja foto, ahora virada en sepia, en la que él está allí, con gesto trascendente y el capuz remangado, ante el Paso querido que jamás envejece. Quizá pudiste ser revoltoso monago de roja vestimenta o, si traviesa chica, gentil samaritana, graciosa y recompuesta; preferirás la fila, inacabable hilera, en ella iguales todos caminando la senda. Y querrás ser bancero. Te llegará el momento, tras la subasta tensa, imprevisible y larga. Lo pondrás en sus andas con ilusión distinta, porque vas a llevarlo. Temerás que te llueva, como aquel año aciago que lloraste de rabia, empapado y hundido. Será lo que Dios quiera, como siempre lo ha sido. Te medirán los hombros, rezarás entre nervios y el capataz que admiras confiará en tu esfuerzo. Así un año tras otro, siempre como el primero; como si fuese el último que una vez será cierto. Y cuando eso suceda, retornarás, vencido, a esa silente fila que de joven dejaste. La tulipa en tu mano será horquilla de luz. Y marcarás el paso como los compañeros que a tu lado deslizan sus pies bajo la Cruz. Si Dios lo permitiese, un año alcanzarás por antiguo, por viejo, el honor más preciado: presidir tu Hermandad. Será pesado el cetro y la carga ligera. Recordarás entonces los versos manriqueños anunciando gravezas para la senectud. Aún volverás más tarde, próxima ya tu noche, siquiera un corto tramo, en gallarda actitud; para seguir estando donde siempre estuviste, barruntando en Sus ojos tu pronta finitud. Te hincarás de rodillas en tu viejo balcón cuando el Paso te vuelvan para decirle adiós. Y le darás las gracias, pidiéndole perdón, sabiendo que está cerca el encuentro de amor. Luego será el silencio: latidos que se apagan tras las persianas yertas. Ya no verás el alba. Habrás dejado dicho cómo deben llevarte, ahora tú sobre hombros de nueva juventud: Que te pongan la túnica para el último viaje. El escudo en el pecho, al costado el capuz. El rosario en las manos inertes y enguantadas. Aguardando la Vida. Confiando en Su Luz...” (CARRETERO ESCRIBANO, J. M., “Acerca de la Semana Santa en Cuenca: Imágenes e imagineros; las marchas procesionales; Vida, Muerte y Vida”, en op. cit., pp. 139-140). 93. Quisiérase mostrar sobre este asunto nuestra más intensa gratitud a los sacerdotes de la Diócesis de Cuenca. D. Francisco Bermejo Bustos (Párroco del Santísimo Cristo del Amparo y canónigo), D. Ángel Horcajada Garrido (en su momento Delegado Episcopal en la Junta de Cofradías, hoy Vicario Parroquial de San Esteban y, al igual que el anterior, canónigo), D. Pedro Izquierdo Gismero (Director del Museo Diocesano) y D. José Martínez Arcas (Vicario Parroquial de El Salvador) por su laudable y preciado asesoramiento. En esta misma línea, los distintos Programas de Semana Santa y prensa contemporánea de nuestra etapa de estudio como El Correo Católico, en pie de igualdad con un reducido grupo de nonagenarias fuentes orales, también han resultado de bienquista valía para porfiar y prosperar en los objetivos planeados. 94. Cfr. LUENGO TAPIA, M., Semana Santa de los fieles. Misal para las celebraciones de Semana Santa, 2ª. Edición, Madrid, Propaganda Popular Católica, 1966, pp. 93-99; GABALDÓN SALAMANCA, D., “Los últimos días de Jesucristo. El Santo Triduo Pascual. El Domingo de Resurrección”, Crónicas de Semana Santa, 2001, pp. 52-56; o SERNA, R., Semanasantear en Cuenca, Cuenca, Edición de la Autora, 2002, pp. 23-29. 95. Véase, por lo detallado del relato, un breve pasaje de la trasposición contemporánea de la visita a los Monumentos y de la rica ornamentación de los mismos en la siguiente referencia bibliográfica: CHÁVARRI, E., “Las velas del Santísimo”, Cuadernos de Semana Santa, 1985, pp. 21-22. En esta misma línea, aunque han sido varios los pregoneros (Carretero Escribano, Pérez Rodríguez, Del Rey Palomero, etc.) que han loado la donosura de los Monumentos y debido a lo conciso de su apunte, léase la subsecuente impresión del Marqués de Lozoya: “El Jueves Santo, entre las maravillas de las iglesias y de los conventos, se levanta con humilde atuendo el trono en que se oculta la Majestad de Cristo Sacramentado” (EL MARQUÉS DE LOZOYA, “Semana Santa en Cuenca”, Programa Oficial de Semana Santa de Cuenca, Cuenca, Excmo. Ayuntamiento de Cuenca, 1993, p. 17). Por último y para calibrar en verdad el grado de atavío y aderezo del Santísimo, atiéndase la seguida relación de objetos desaparecidos durante la Guerra Civil española de la basilical Capilla del Monumento establecida por el que fuera canónigo archivero de la Catedral de Cuenca, D. Sebastián Cirac Estopañán: “4 cortinas de damasco encarnado; 2 cortinas más pequeñas; 2 piezas largas de damasco, con galón dorado fino en el extremo inferior; 1 tira de pequeños pabelloncitos y 1 tira de pabellones para el arco de piedra del Monumento” (CIRAC ESTOPAÑÁN, S., Martirologio de Cuenca. Crónica diocesana conquense de la época roja. Volumen II, Barcelona, Casa Provincial de Caridad, 1947, p. 166). 96. Téngase en cuenta sobre la adoración de Su Divina Majestad, la inigualable importancia que en este acto viene cobrando desde antiguo una asociación de fieles como es la Adoración Nocturna, la cual ha perpetuado mediante la ofrenda de velas nocherniegas una secular devoción a Aquél, prolongando sus actividades compasivas y actos misericordiosos durante todo el año. Véase, en este sentido, la programación de los Santos Oficios relativos a la Adoración Nocturna de la Semana Santa de 1993: “Celebración de la vigilia especial de Jueves Santo. Rama Femenina: en San Esteban, a las 23 h. Rama Masculina: en “El Salvador” desde las 23,30 h. hasta poco antes del inicio de la procesión “Camino del Calvario” (Programa Oficial de Semana Santa de Cuenca, ed. cit., p. 6). No obstante, consúltese CALZADA CANALES, M. (coord.), Adoración Nocturna Española de Cuenca. Crónica de un centenario (1904-2004), Cuenca, Adoración Nocturna Española, Consejo Diocesano de Cuenca, 2006. 97. “Y era el Jueves Santo, la solemnidad de los oficios; el monumento, iluminado con brillantez, atrayente como una decoración de teatro, y el Señor Obispo magnífico en sus vestiduras más lujosas, oficiando de pontifical, con la casulla bordada en oro, sobre la cual irradiaban con refulgencia las tremelucientes llamas de los candeleros... [...]. Era por la tarde la visita a los monumentos, el recorrido fatigante de los veintiséis edificios religiosos de la ciudad; las muchachas de viso en la población, colocadas en los petitorios, con su mantilla de blondas o de madroños, su magnífico traje negro y los ojos asesinos como dos puñales mirando de través al novio, bizarro oficial de la guarnición o repulido gomoso del Casino, que las contemplaban apoyados en los pilares de la nave central... Ese día mamá nos ponía majos; ella se ataviaba lo mejor posible, y allá íbamos todos; papá delante erguido, de chistera, los guantes en la mano; a su lado yo, procurando aparecer lo más formal y ceremonioso del mundo; detrás Paquito, el díscolo, el travieso, el insufrible, llevado por mamá de la mano, y aun así incapaz de estarse quieto, dando voces al pasar por un portalón vasto para que el eco retumbase en las oquedosas concavidades, o pegando aldabonazos en las puertas de las casas cerradas, cuyos moradores andaban también de visita de monumentos [...]” (GONZÁLEZ-BLANCO, A., Un amor de provincia, en UTANDA, Mª. C. y MOTA, A. L., Andrés González-Blanco en Episcópolis, Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Colección Atalaya, Nº. 1, 2003, pp. 64, 66 y 67. Nótense, sobre esta última cuestión, las siguientes referencias bibliográficas complementarias: ALVAREZ Y MARTINEZ DEL PERAL, J.Mª., “Andrés González Blanco. Conquenses ilustres” El Día de Cuenca, Año XV, Nº. 1846, 01-12-1927, p. 1; MARTINEZ CACHERO, J.Mª., Andrés González Blanco: Una vida para la literatura, Oviedo, Instituto de Estudios Asturianos, 1963; RICA, C. y DOMÍNGUEZ MILLÁN, E., 70 años de poesía en Cuenca, Madrid, El Toro de Barro, Sección Gárgola, Nº. 3, 1972, pp. 32-34 y 194; MARTÍNEZ RUIZ, F., “La Semana Santa de González Blanco”,

Cuadernos de Semana Santa, 1994, pp. 43-49; PRIEGO, H. y SILVA, J. A., Diccionario de personajes conquenses (nacidos antes del año 1900), Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Serie Diccionarios, Nº. 1, 2002, pp. 167-169; MOTA, A. L., “La Semana Santa de Andrés González Blanco”, Cuenca Nazarena, 2003, pp. 26-29; MUÑOZ RAMÍREZ, J. L., “Los versos del pobre Andresín”, Olcades, Segunda Época, Nº. 2, 2001, pp. 61-62; y Andariegos, troteros y mirones en general, trajinantes y algún que otro bohemio. Diez siglos de viajes por las tierras de Cuenca, Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Colección Atalaya, Nº. 9, 2004, pp. 141-149). En este mismo sentido, recuérdese la circunstancia de que otros autores como José Vicente Ávila, Luis Calvo Cortijo, José Urbano Elche Corada, Julián Recuenco o Enrique Valero Moscardó también han escrutado la figura de Andrés González Blanco y su relación histriónica con la Semana Santa de Cuenca. En otro orden de consideraciones, no se carece de informaciones arcaicas casi y de seguro constatadas y ciertas a lo largo del panorama conquense en las que el Monumento de Jueves Santo y la procesión aparecen entrelazados (Cfr. Doc. cit., en IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P. M., La vista de Cuenca desde el oeste (1565) de Van den Wyngaerde, ed. cit., p. 226 y Orígenes de la Semana Santa de Cuenca (Siglos XVI-XVII), ed. cit., pp. 59, 196 ó 198). 98. “Sagrarios y procesiones”, op. cit., p. 3. Acerca de la trabajosa elaboración y caracterización de los distintos Monumentos de Semana Santa erigidos y diseminados por la vasta geografía pasionista nacional (piénsese en la fehaciente existencia también de una enjundiosa taxonomía y variada escuela en cuanto a los procederes que conducen al visitante a la placentera y querendona contemplación de Monumentos tan dispares como la grandiosamente repujada urna cordobesa y catedralicia de Jueves Santo obrada por Damián de Castro y los menos recargados y austeros, aunque más sobrios y férreos en contrapartida quizá, Sagrarios enfatizados por yermas tierras disciplinadas de las dos Castillas) y para establecer un acercamiento aproximado a los mismos, véanse, entre otras, las siguientes referencias bibliográficas: ESTEBAN LORENTE, J. F., “La capilla de San Marcos y el monumento de Semana Santa de La Seo de Zaragoza”, Cuadernos de Investigación: Geografía e historia, Tomo 2, Fasc. 1, 1976, pp. 97-103: BOSCH I BALLBONA, J. y DORICO Y ALUJAS, C., “El Monumento de Semana Santa de la Catedral de Barcelona, de 1735”, D’Art: Revista del Departament d’Historia del l’Arte, Nº. 17-18, 1992, pp. 253-260; ATERIDO FERNÁNDEZ, A., “Una nueva obra de José de Churriguera: el monumento de Semana Santa del Monasterio de la Encarnación”, Análisis del Instituto de Estudios Madrileños, Nº. 35, 1995, pp. 19-32; QUESADA, Mª. J., “El monumento de Semana Santa de la Catedral de Segovia”, Estudios Segovianos, Nº. 101, 2001, pp. 303-320; ZORROZUA SANTISTEBAN, J., “El Monumento de Santa María de Bermeo (Bizkaia)”, Ondare: cuadernos de artes plásticas y monumentales, Nº. 21, 2002, pp. 257-272; o HERMOSO CUESTA, M., “Apuntes sobre Luca Giordano y el arte efímero”, Artigrama: Revista del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, Nº. 19, 2004, pp. 139-154 99. En relación con las preceptivas procesiones históricas llevadas a cabo en el interior de la Catedral de Cuenca y para trasladar hasta el Monumento de Jueves Santo la Sagrada Eucaristía, consúltese IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P. M., Orígenes de la Semana Santa de Cuenca (Siglos XVI-XVII), ed. cit., pp. 162-167. Acerca de la adoración al mencionado Monumento del primer Templo conquense, mediante disposición estatutaria de la Capellanía aneja al Altar de San Fabián y San Sebastián, se recogía la obligación de colocar dos cirios que ardiesen encendidos en aras de velar al Santísimo Sacramento el Jueves Santo de cada año ante el Monumento que en dicha Santa Iglesia y Basílica se hiciere (Cfr. BERMEJO DÍEZ, J., op. cit., p. 82). En este mismo sentido y en atención a la consecuente preeminencia del principalísimo edificio religioso de la capital, conviene recalcar que la Seo conquense siempre ostentó los más voluminosos y espectaculares Monumentos, luego de representar los mismos lapso axial y culminante de las celebraciones litúrgicas de Semana Santa. Así, conservándose testimonio documental y gráfico de la sucesión de los mismos en distintas dependencias catedralicias –en la actualidad se erige, ciertamente desangelado, en la envolvente y mayestática Capilla de Ntra. Sra. del Sagrario, diseñada bajo inconfundible patrón estilístico herreriano por el sin par arquitecto carmelitano Fray Alberto de la Madre de Dios, habiendo sido escudado largo tiempo y anteriormente por el Arco de Jamete (véase instantánea fotográfica al último respecto en la seguida referencia bibliográfica: SANZ SERRANO, A., La Catedral de Cuenca, Madrid, Publicaciones del Excmo. Ayuntamiento de Cuenca, 1959, p. 147) –, parece obligado menester dirigir nuestra atención hacia aquel grandioso Monumento encargado por el Cabildo hacia mediados del siglo XVII que hermosearía el espacio de la nave de los Reyes, comprendido entre el acceso exacto de la Catedral hasta el insolente trascoro, y se adornaría a lo largo de las arcadas y ojivas del mencionado cuerpo central con los prestigiados tapices bíblicos expuestos hoy en el Museo Diocesano de Arte Sacro y, sobre todo, con las dos series docenales del Apostolado y Profetas realizadas expresamente entonces para el nuevo Monumento catedralicio de Jueves Santo, por el maestro local Cristóbal García Salmerón y ahora ubicadas en la notabilísima Sala Capitular de la primera Iglesia de Cuenca (nótense acerca de este interesante asunto, entre otras cuantas recopiladas, las siguientes fuentes documentales y bibliográficas: Archivo de la Catedral de Cuenca, Sección de Fábrica, Cuentas Generales, Legajo 8, Libro 1 (1640-1652); Cfr. BERMEJO DÍEZ, J., “Un pintor del siglo XVII: Cristóbal García Salmerón. Su obra en Cuenca y en particular la recientemente identificada en su Catedral”, Archivo Español de Arte, Tomo 45, Nº. 177, 1972, pp. 25-21; o CHACÓN, F. A., y PALOMO, G., Inventario de la Sección Fábrica del Archivo de la Catedral de Cuenca, Cuenca, Obispado de Cuenca y Diputación Provincial de Cuenca, 2002, pp. 43, 56, 135 y 136). Finalmente, debe destacarse la regular sucesión de actuaciones arbitradas sobre el Monumento basilical a lo largo de los siglos, tal y como se deriva de la documentación difundida al respecto de la decoración aplicada en aquél hacia finales del año de 1579 y comienzos del siguiente (es decir, prácticamente con un siglo de antelación a la explicitada con anterioridad) con participación requerida, entre otros, del prestigiado genovés Bartolomé Matarana (Cfr. IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P. M., Pintura conquense del siglo XVI. Vol. II. El Renacimiento Pleno, Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Serie Arte, Nº. 6, 1994, p. 322 y Pintura conquense del siglo XVI. Vol. III. Del Manierismo a la Contrarreforma, Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, Serie Arte, Nº. 7, 1995, pp. 24, 327, 338 y 352). 100. Algunas de las grandes revelaciones testificadas en el sensacional estudio sobre la eclosión de la Semana Santa de Cuenca realizado por el aquí muy citado autor Pedro Miguel Ibáñez, atañen directamente a la errónea y comúnmente denominada como Capilla de los Caballeros y al vetusto edificio religioso que la acoge, todavía con ese cierto sabor arquitectónico muy propio de la edilicia tipología contrarreformista, como únicos contenedores religiosos subsistentes –aunque modificados– de aquellas remotas e incipientes procesiones conquenses. Además, se plantea al hilo de lo anteriormente dirimido, una acertada y fundamentada denuncia del flagrante desconcierto conceptual, y en añadidura de la decoración de la cúpula con trastocada impronta y simbología inadecuada, con el que actualmente están dispuestas en los distintos altares de esta reverencial Capilla las mencionadas Imágenes, el cual se corresponde en muy poca medida con el desempeño histórico de alguna de ellas, como es el caso de Nuestra Señora de la Soledad al pie de la Cruz (Cfr. IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P. M., Orígenes de la Semana Santa de Cuenca (Siglos XVI-XVII), ed. cit., pp. 74-117).


INVESTIGACIÓN 101. Al hilo de este comentario, cabalmente se testimonia mención indirecta en la revista conquense de la histórica influencia penitencial desempeñada por la Venerable Orden Tercera en la casi totalidad de las Cofradías y Hermandades procesionales, como solución intermedia brindada por franciscanos, sobre todo, y dominicos con objeto de involucrar al laicado en la vivencia de la plenitud religiosa (Cfr. Art. cit., en RECUENCO PÉREZ, J., Ilustración y Cofradías. La Semana Santa de Cuenca en la segunda mitad del siglo XVIII, ed. cit., pp. 29-30). Por otra parte, acerca de la antigua composición interna de la desaparecida Iglesia de San Francisco, así como de los nefandos y desproporcionados trabajos de desmembramiento de la misma –en otro flagelante desatino patrimonial para con nuestras más acreditadas fábricas eclesiales–, obsérvense los siguientes y estupendos despliegues fotográficos: VELA, J. M., Cofradía, Vol. 5, 2006, pp. 54 y 89; Cofradía, Vol. 6, 2007, pp. 16-20; y RECUENCO PÉREZ, J., Una espada te atravesará el corazón. La Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad (Del Puente) y la Semana Santa de Cuenca, ed. cit., p. 47. Asimismo, la primera edición citada de esta oficial revista de la Real, Iltre. y Vble. Cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias, unánime fervor imponderable de la Cuenca pasionista, acoge en sus primeras páginas un rico anecdotario local de lo sucedido en nuestra capital durante los dos primeros tercios del siglo XIX (pp. 50-52). Postreramente, hay que comentar que hacia el año de 1900, muy próximo, por tanto, a nuestro margen temporal de análisis, se detecta una desafortunada coyuntura cronológica a la hora de mal comprender buena parte de la alteración desaforada, cuando no grosera destrucción, de un irrecuperable volumen del patrimonio edificado y artístico local, ciertamente parecido –aunque el parangón exacto no pueda establecerse con tantos lustros de por medio– a la rauda y reciente demolición masiva de una serie de inmuebles históricos ubicados en la céntrica calle de Calderón de la Barca, que no ha venido sino a difuminar, si cabe un grado más y porque los ganapanes, faquines y edecanes siempre fueron intemporales, esa maltratada arquitectura civil decimonónica que tan evocador aroma señorial sugería, levemente contrarrestado apenas este desmoche urbano con la reparación y adecentamiento de la monumental hilera de tramos de escalera que separa a la citada vía capitalina del Hospital de Santiago, gentileza y consecuencia agraciada, cierto es, de ese prometedor reconstituyente edilicio que es el Consorcio Ciudad de Cuenca (a propósito de este comentario y referido al “Plan especial de Ordenación, Mejora y Protección del Casco Antiguo y sus Hoces de Cuenca”, aprobado en el consistorio conquense con fecha de 31 de julio del año de 2000, repásese este artículo: MUÑOZ RAMÍREZ, J. L., “Algo tendrá la rosa cuando todos quieren sus pétalos”, Olcades, Segunda Época, Nº. 6, 2002, pp. 21-38). 102. En cualquier caso y venturosamente, existe una copiosa documentación publicada sobre todo este pingüe y abundante conjunto de fábricas religiosas conquenses reseñadas, a la que debe remitirse el curioso lector interesado tanto en su génesis y evolución conceptual como en la catalogación estilística. 103. Para acometer un sincrónico estudio procesional de la Semana Santa de finales del siglo XIX como la que nos ocupa en estas líneas, de inmarcesible rendimiento se nos antojan las siguientes contribuciones periodísticas del autor José Vicente Ávila: “La Semana Santa de Cuenca hace cien años”, El Día de Cuenca. Número extraordinario de Semana Santa, Año XIV, Nº. 3.905, 2303-1997, pp. 64-65; “Semana Santa de 1898. Hoy hace cien años”, El Día de Cuenca. Número extraordinario de Semana Santa, Año XV, Nº. 4.247, 05-04-1998, pp. 58-59; “La Semana Santa de 1899, el fervor de hace casi cien años”, El Día de Cuenca. Número extraordinario de Semana Santa, Año XVI, Nº. 4.953, 28-03-1999, pp. 77-78; o “De cómo un cronista de 1897 relata las procesiones en torno a la mujer”, El Día de Cuenca. Número extraordinario de Semana Santa, Año XVII, Nº. 4.968, 16-04-2000, pp. 96-97. Aún así, singularmente jugosas por la información aportada y los objetos de ambas conversaciones, se presentan sendas entrevistas corales realizadas por Lolita Valle: “El Cuenca que yo nací. Tres conquenses nos hablan de nuestra capital en el siglo pasado y adelantan unas opiniones sobre lo que será en el próximo siglo. D. Rogelio Sanchiz, D. Cecilio Lucas y D. José Zomeño”, Ofensiva. Bisemanario Nacional-Sindicalista, Año V, Nº. 465, 10-11-1946, p. 3 y “La Semana Santa que yo conocí. Maestro Cabañas, D. Nicasio Guardia, D. Rogelio Sanchiz, D. Eusebio Sanchiz y D. Pascual Herráiz”, Ofensiva. Órgano de F.E.T. y de las J.O.N.S.-Cuenca, Año VI, Nº. 506, 06-04-1947, p. 4. 104. “Semejantes preocupaciones no han entibiado ni un ápice nuestro fervor religioso ni nuestra galante admiración por las bellezas de ese perfumado bouquet de clavellinas que a diario veíamos concurrir a la ermita de Nuestra Señora de las Angustias” (MIRÁNDOLA, art. cit., op. cit., p. 2). Acerca de la acrisolada y emotiva cita popular de cada Viernes Santo conquense en la recogida e inveterada ermita de la hoz del Júcar, consúltese RODRÍGUEZ SAIZ, A., op. cit., pp. 61-64. 105. Interprétese y sea valorado en su medida apropiada el carácter inapelable y fundamental del litúrgico ritual de la visita a los pintorescos y característicos Monumentos hasta bien entrada la vigésima centuria, en atención, incluso, a mandatos oficiales concernientes a las autoridades locales como el aquí cursado: “El Sr. Alcalde aprovecha la ocasión para invitar a que los Sres. Gestores concurran a los oficios de Jueves Santo en corporación, así como a la visita de monumentos [siendo Alcalde-Presidente del Ayto. D. Jesús Merchante]” (A.M.C., Libro de Actas de Sesiones del Ayuntamiento de Cuenca 03-10-1941/17-10-1942, Sesión Extraordinaria de 30 de marzo de 1942, f. 82 rº). 106. Cfr. RECUENCO PÉREZ, J., Una espada te atravesará el corazón. La Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad (Del Puente) y la Semana Santa de Cuenca, ed. cit., p. 85. 107. “Sagrarios y procesiones”, op. cit., p. 3. Como dato algo más que anecdótico hay que subrayar la triste circunstancia de que, desde hace más de un siglo incluso, la procesión de Jueves Santo, en hondo paralelismo al pertinaz y amenazante escarmiento meteorológico que parece cernirse sin remisión en los últimos tiempos sobre la comitiva de Paz y Caridad, también parecía ser motivo frecuente de la inclemencia del tiempo: “Se presentía la Primavera. Falaces presentimientos en verdad porque sus brisas bienhechoras trocáronse de súbito en desenfrenados vendavales y entonces fue cuando el tiempo nos puso verdadera cara de Cuaresma; pero no obstante su mal cariz, los cofrades –que ya al rayar el día de Jueves Santo erraban por esas calles, cariacontecidos y desafiando con terribles miradas a las nubes por su intempestiva presencia en el horizonte–, tomaron por asalto el puente de San Antón y se salieron con la suya, es decir, con la procesión del día que muchos penitentes empalmaron con el alba del siguiente” (MIRÁNDOLA, art. cit., op. cit., p. 2). 108. Esta veneradísima Imagen procesional del Crucificado en su agonía salvadora todavía desempeñaba por entonces, más allá de su anual ejercicio procesional en la tarde y anochecida del Jueves Santo de Cuenca, espirituales labores reconfortantes de acompañamiento y auxilio, junto a los hermanos de Paz y Caridad, de los desventurados reos condenados a muerte. En este sentido, hágase memorando del desgraciado caso fechado en el año de 1890 y que tuviera como funesto protagonista a Isaac Casamayor (Cfr. PÉREZ VALERO, A., “Jueves Santo”, Cuenca Nazarena, Nº. 2, Junio, 1996, pp. 12-14 y El Progreso. Semanario Republicano Coalicionista, Año VI, Nº. 279, 2108-1890, p. 3 [periódico local dirigido por el previamente citado ya D. Santiago López Saiz]). 109 En esta extinta fábrica religiosa se veneraría aún por estas fechas la celebérrima Imagen de San Juan Bautista, tallada por Luis Salvador Carmona y procedente del altar mayor de la hundida Iglesia de San Juan. Igualmente, compartiendo magnificente y sinónima empatía, ya se apoderaba de espacios y corazones del alfoz de San Miguel la inimitable escultura del Ecce-Homo (Cfr. PÉ-

REZ CABALLERO, R., “I Centenario del Ecce Homo de San Miguel en la noche del Miércoles Santo y notas para su historia”, Cuenca Nazarena, 2005, pp. 67-71). 110. “Sagrarios y procesiones”, op. cit., p. 3. 111. Ibídem. 112. El profesor Francisco José Portela Sandoval señala en uno de sus celebrados estudios que la consideración de las Imágenes procesionales, evocando, generalmente, escenas de sufrimiento, con el nombre de pasos viene delimitada por “[...] la etimología de la palabra “paso”, derivada del latín “passus, “patior”, sufrir, y no, como mucha gente piensa, algo que circula, que pasa” (PORTELA SANDOVAL, F. J., “Aproximación a la imaginería procesional en la España contemporánea”, Cuadernos de Semana Santa, 1986, p. 48). Como refuerzo confirmatorio a la anterior aclaración, súmese el siguiente apunte: “El nombre de paso proviene del vocablo latino passus, escena de pasión. Paso es tanto como tema lacerante, generalmente referido a la Pasión de Cristo [...]. El nombre además aparece vinculado a imágenes que se destinan a uso procesional, citándose expresamente la palabra en los contratos” (MARTÍN GONZÁLEZ, J. J., “El arte procesional del barroco”, Cuadernos de Arte Español, Nº. 95, 1991, p. 7). 113. Cfr. ÁVILA, J. V., “Noventa años del primer desfile de Jesús Caído y la Verónica. La Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno (De El Salvador) incorporó el “Paso” en la Semana Santa de 1904”, Cuadernos de Semana Santa, 1994, pp. 33-42 ó “100 años de Jesús Caído y la Verónica en la procesión de la madrugada”, El Día de Cuenca. Número extraordinario de Semana Santa, Año XXI, Nº. 6.402, 04-04-2004, pp. 73-76. 114. Cfr. ÁVILA, J. V., “Noventa años de la procesión “En el Calvario”, en VV. AA., Nuestra Señora de Las Angustias ...50 años más..., Cuenca, R. I. y V. Cofradía de Nuestra Señora de Las Angustias, 1992, pp. 19-20 o “Los cien años de la procesión “En El Calvario”, El Día de Cuenca. Número extraordinario de Semana Santa, Año XIX, Nº. 5.664, 24-03-2002, pp. 57-58. 115. “Sagrarios y procesiones”, op. cit., p. 3. 116. Cfr. IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P. M., op. cit., p. 117. 117. Cfr. “Sagrarios y procesiones”, op. cit., p. 3. Considérese que, en aquella época, la delimitación conceptual entre Soledades, Dolorosas y Angustias no estaban definidas, desde un punto de vista procesional e icónico, con tanta claridad y precisión como en el siglo XX o en la actualidad (interesante se presenta, en grado sumo, para la identificación advocatoria de la Madre el consiguiente artículo citado: MARTÍNEZ SORIA, C. J., “Sobre la iconografía mariana en la Semana Santa”, Crónicas de Semana Santa, 2000, pp. 42-45). No obstante, debido a la lógica cautela que debe acompañar a cualquier estudio basado en una fuente hemerográfica decimonónica de ámbito local, aunque sólo y muy remotamente para el caso que se significará, no resultaría del todo imposible que tanto la Imagen de Ntra. Sra. de las Angustias como la de la citada Madre Dolorosa hubieran tenido un destino procesional puntual y ligeramente distinto al recogido en la información. En esta línea, aunque extemporánea y refiriéndose a otras procesiones españolas, nótese la siguiente precisión del autor Recuenco Pérez: “[...] en algunas ciudades la cofradía de las Angustias era la encargada de organizar en el Barroco la procesión del Santo Entierro” (RECUENCO PÉREZ, J., “En el Calvario. Cien años de historia”, Crónicas de Semana Santa, 2002, p. 23). En cualquier caso, este último extremo parece evidenciar una hipótesis condenada al fracaso, tanto por la información de una revista local que publica su detallada crónica pasionista sobre el terreno y apenas unas horas después de la celebración de las procesiones como por la diestra participación en el dominical de firmas tan alejadas del ordinario tinterillo o foliculario iletrado como contrastadas y de innegable y preclara casta nazarena como es, a título de muestreo, la de D. Rogelio Sanchiz Catalán (Archivero-Bibliotecario y Académico correspondiente de la Real de la Historia, se hacen acreedores de incisiva nombradía sus galardonados y eruditos ensayos de títulos Apuntes sobre el Fuero Municipal de Cuenca y sus reformas o Noticia del Culto tributado a San Julián, contextualizada su publicación, fechada hacia el año de 1909, en la solemnidad del VII Centenario del glorioso Tránsito del Segundo Obispo de Cuenca) a lo que habría que sumar, para más inri, la casi absoluta concordancia del texto en cuestión con el panorama procesional de finales del siglo XIX esbozado por todos los especialistas y estudiosos de la historia de la Semana Santa de Cuenca. En atención a lo anteriormente señalado, pondérese como merecido es, y una vez más, la iniciativa y esfuerzo procesional de comitentes figuras, capitales para el desarrollo de la Semana Santa de comienzos de la reciente centuria acabada, como son los renombrados casos de emparentados mecenas del benevolente aplomo inmensurable de D. Mariano Catalina o D. José Cobo, y especialmente el de nuestro protagonista Sanchiz, a modo de ejecutor y regulador de las prebendas efectuadas por los anteriores y “para el que la Semana Santa en su papel de propulsor, donante y coordinador no tenía límites” (ALCALÁ, E., “Salvador Zanón: Censo urgente de los semanasanteros de pro en Cuenca”, El Día de Cuenca, Año XXI, Nº. 6.402, 04-04-2000, p. 20 y Cfr. PÉREZ VALERO, A., op. cit., p. 121). Alguna información más, finalmente, sobre el perfil humanista y humano de D. Rogelio Sanchiz Catalán, puede dibujarse en estas referencias sintéticas: ZANÓN MERCADO, S., Cuenca: Semanasantero de pro (bosquejos cuasi biográficos), edición mecanografiada y privada del autor,[s.a], p.22; MARLASCA GUTIÉRREZ, B., “Don Rogelio, un ejemplo a seguir”, Boletín de la Asociación de Amigos del Archivo Histórico Provincial de Cuenca, Nº. 0, 1996, p.5; y MARTÍNEZ RUIZ, F., “Rogelio Sanchiz, Un guardían de las palabras de la historia conquense”, El Día de Cuenca, Año XIII, Nº. 3618, 20-04-1996, pp.20-21. 118. “La tarde, aunque cubierta de obscuros nimbos, se mantuvo apacible, sin atreverse a turbar el buen orden y lucimiento de la procesión hasta que, próxima ya al punto de partida, empezó a lloviznar sosteniéndose así hasta bien entrada la noche” (“Sagrarios y procesiones”, op. cit., p. 3.). En línea sinérgica con lo relatado, y asumiendo por completo el aserto vigente de que es en el escrupuloso desenlace de la jornada penitencial, descomunal dignidad se requiere, donde se dimensiona en verdad fervores y grandezas de Hermandad, no ceja la impertinente casualidad inefable de asombrar al robusto nazareno de Cuenca cuando comprueba atónito cómo durante la desabrida Semana Santa celebrada justamente cien años antes a la aquí estudiada, padeció la suspensión de la procesión de Jueves Santo –es decir, con fecha de día 28 de marzo de 1793– nada menos que, además de un contraventor conflicto institucional entre corregidor y provisor episcopal que en muy poco coadyuvaría, por mor de inclemencias meteorológicas en forma de undosa nevisca retardada (Cfr. RECUENCO PÉREZ, J., “La actuación ilustrada contra las Cofradías penitenciales conquenses (1700-1820)”, en op. cit., pp. 30-31). Y es que, otra vez más desafiantes con el caudaloso y opulento refranero local, Jueves Santo, Cuenca y el sol han protagonizado lamentados desencuentros para doloroso desdoro del multitudinario pero anónimo capuz impaciente de la acerada tarde morada y penitente, sanantonera y de siempre, que, aterida, no querría volver a presenciar cómo su ensanchada facies urbana, allende el bulevar, de altiva roca y primavera de cera derretida bajo el vetusto puente del Camino Real, parece ahondar y constreñir en su querencia opresiva de jugar, desmemoriada con devociones e historia, a enfundarse la amenazante túnica pluviosa tan de común en el implorador septentrión peninsular. 119. Se ha recurrido, igualmente y como puede cerciorarse, a algunas fuentes documentales conservadas en los Archivos de la capital correspondientes a las Corporaciones municipales y provinciales.


CUENCA

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ENTREVISTA


CUENCA

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INVESTIGACIÓN

Niños de Cuenca, con los atributos de la Pasión, que participaron en la Procesión del Santo Entierro de 1913. Cliché: Cesar Huerta –1913

La Semana Santa de Cuenca en 1913 Por Enrique Valero Moscardó Textos: Prensa: local, regional y nacional de la época, Pilar de Cávia y E. Valero. Colaboración y agradecimientos: Biblioteca Fermín Caballero de Cuenca, Archivo Diocesano de Cuenca, Hermandad del Prendimiento de Jesús, Biblioteca Municipal de Madrid, Antonio Pérez Valero, Cesar Huerta Stern (+) y Rogelio Sanchiz (+). Bibliografía: Pinceladas Históricas de las Cofradías de la Semana Santa de Cuenca (Angel Martínez Soriano. 1981), A Través de mi Capúz (Antonio Pérez Valero.-1997).

Al triste y solemne son del pausado Miserere avanza la procesión, en tanto que el día muere envuelto en negro crespón. En bella urna encristalada, va una escultura yacente de perfección acabada. un Cristo de mustia frente y hermosa faz demacrada. Luego en andas funerales pasa la Virgen llorando con angustias maternales, y en su corazón mostrando Siete afilados puñales. Y escoltándola piadoso el pueblo entero camina tras las andas respetuoso, y apenado y silencioso bajo la luz vespertina. ¡ Oh que fúnebre cortejo! Lo mismo el niño que el viejo marchando en la procesión, vislumbra un débil reflejo del Drama de la Pasión. Mas ya atraviesa el pontón la procesión y el gentío, y del Miserere al son parece que gime el río. Pilar de Cavia. Cuenca 1913


CUENCA

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La Semana Santa de Cuenca en 1913 Durante la primera década del siglo XX, la Semana Santa de Cuenca había experimentado un verdadero aumento de cambios, había ganado en vistosidad, participación y orden. Nuevas hermandades y cofradías se habían sumado a los desfiles del Miércoles y Viernes Santo. La popularidad de sus devotas y tradicionales procesiones habían convertido a Cuenca en un gran atractivo, en el cual instituciones o personalidades no dudaban en sostener y promulgar año tras año. En 1913, como veremos a continuación, la Semana Santa parece sufrir una especie de involución, de tal modo, que ni el propio Ayuntamiento, la Diputación e incluso el “Comercio” aportarán nada para realzarla, ni siquiera un escueto Programa con los horarios. Las propias Hermandades y las Parroquias serán, exclusivamente, las encargadas de continuar la antigua tradición.

Cuaresma de 1913 El día 22 de Febrero dio principio un Solemne Novenario en honor del Santísimo Ecce Homo de San Andrés. Este fue costeado por D. Alfonso Merchante, hermano mayor; y los sermones estuvieron a cargo del M.Ilte. Sr.D. Eusebio Hernández, maestrescuela de la Catedral. El último día dio la bendición el Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo.

Cuenca, Marzo de 1913. Prensa Local -.....” Porque si aquí, como ocurre en otros lugares, supiéramos cuidar de lo que nos interesa, también deberíamos esforzarnos por acrecentar la solemnidad de unas fiestas, a las que concurren varios centenares de forasteros. “...y suponemos que ahora, como otras veces, nada conseguiremos, pero queremos llamar la atención de todos, por si alguno se convence y por si algo útil se obtiene de este anuncio, como son nuestro deseo y nuestro propósito. *

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“Seguimos como siempre”

teriores, y es de presumir que a excepción de los habitantes de los pequeños pueblos vecinos, no concurran a la fiesta forasteros. Es indudable que en esto progresamos. *

Da gusto la contemplación de la paradisíaca indiferencia del Comercio y de la Comisión municipal de Festejos. ¿No podría aún hacerse algo, señores ediles? *

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“Vísperas” “Estamos ya en las vísperas de las fiestas y ni aún programas de mano se han circulado. Ignoramos si habrá trenes con rebaja de precios, y desde luego es ya positivo que no habrá festejo alguno de carácter profano. Harán estación las Cofradías como en años an-

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Después de escrito lo que antecede, llega a nuestra noticia que en virtud de gestiones del señor alcalde interino D. Bartolomé Rodríguez, la Compañía del ferrocarril establecerá el mismo servicio que en años anteriores. Lo celebramos. *

- La eterna impresión que padecemos se hace patente ahora con motivo de la llegada de la Semana Santa. Nada se ha hecho para preparar fiestas profanas, que realcen a las religiosas y sirva de atracción a los forasteros, ni siquiera el anuncio de las procesiones en Madrid ni la solicitud de rebaja en los billetes de ferrocarril.

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Virgen de las Angustias en la procesión del Viernes Santo, a su paso por Carretería. Fotografía: César Huerta

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“Ruegos al Sr. Alcalde” Este año y bien a pesar nuestro, quedan reducidas nuestras clásicas fiestas á los espectáculos religiosos procesionales, sin que de nada hayan servido, como en otros años, nuestras indicaciones para la confección de un modesto programa de fiestas profanas que hubiesen distraído las Pascuas floridas y retenido por un par de días a los místicos forasteros que en los días consagrados al Redentor suelen visitarnos. En la absoluta carencia de festejos, ni aún compañías de teatro tendremos estas Pascuas, cosa acaecida desde hace años hasta hoy por vez primera; y puesto que lo avanzado del tiempo no permite ya otra cosa, sino conformarse a correr calles con los amigos forasteros que no se cansan de presenciar el desfile de las Hermandades, rogamos al señor alcalde que mande iluminar esas calles del tránsito en forma asaz adecuada, al objeto de no estrellarse contra una esquina.


INVESTIGACIÓN Y que la media docena escasa de arcos voltáicos que la empresa del alumbrado nos viene sirviendo desde tiempos lejanos, bajo el pomposo nombre de iluminación artística —y ni una ni otra cosa es – sean colocados en Carretería, siguiendo inveterada costumbre. Y nada más con el municipio. *

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“Petición” Al señor comandante jefe de las fuerzas de Wad-Ras, que guarnecen esta población. Deseando contribuir al mayor esplendor de las fiestas que en Cuenca se celebran, dirígese á usted en demanda de favor que desde ahora agradecemos, y que realzaría la solemnidad de nuestras fiestas religiosas. Queremos saber, si es factible que las fuerzas que usted manda, para honra de España y de su noble Ejército, cubran la Carrera en los trayectos que han de recorrer las procesiones. Si de usted depende el que sea como solicitamos, no dudamos que su cariño a esta ciudad que tan jubilosa le recibió, sabrá corresponder á esta nuestra petición. Y si por acaso dentro de sus atribuciones no estuviese la de la gracia que solicitamos, restamos sólo disculparnos de haber molestado su atención. De un modo o de otro, esperamos su contestación y le repetimos nuestro sincero afecto. *

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La Hermandad del Santísimo Cristo del Perdón (Exaltación de Jesús Crucificado), establecida en la iglesia parroquial de San Esteban, ha publicado sus Constituciones recientemente, aunque ya fueron aprobadas en 1905 por la autoridad eclesiástica.

Espectacular detalle del antiguo paso del Prendimiento, tomado por el fotógrafo Jesús Enero. (colección particular)

Portada de las Constituciones de la Hermandad del Cristo del Perdón (Exaltación) de 1913.


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Semana Santa de Cuenca Procesiones y Hermandades 1913 Día 14 de Marzo, Viernes. Los Dolores de Nuestra Sra. En la ermita de Nuestra Señora de la Angustias habrá misa solemne con Manifiesto, permaneciendo expuesto S.D.M. hasta terminar la función de la tarde, predicando el Ilte. Sr. Magistral.

Día 16. Domingo de Ramos. En la S. I. Catedral después de cantada la Hora de Tercia, se hará la bendición y distribución de palmas, oficiando de pontificial el Rvmo. Prelado de la diócesis. Acto seguido tendrá lugar la procesión de Rúbrica, terminada la cual predicará el M. I. Sr. Maestrescuela.

Día 19 de Marzo. Miércoles Santo

amarrado a la columna, Ecce Homo de San Gil, Nazareno de San Antón y la Virgen de la Soledad de la misma ermita. Preside todas estas cofradías el Santísimo Cristo de Paz y Caridad. Itinerario que recorrerá: Calles del Cardenal Payá, Palafox, San Juan, Don Andrés de Cabrera, Alfonso VIII, Plaza Mayor, y bajará por las dos últimas a la del Peso, Solera, Plazuela del Salvador, Puerta de Valencia, a la del Quince de Julio, desde la cual marchará por Carretería, que recorrerá en toda su extensión hasta la ermita de salida.

Día 21 de Marzo. Viernes Santo A las seis de la mañana se organizará en la iglesia del Salvador la procesión, compuesta del Nazareno del Salvador, La primera caída, San Juan Evangelista y Soledad del Salvador.

La primera procesión. Se formará á las ocho, en la iglesia de San Esteban, y la compondrán las siguientes hermandades: Las Injurias, Jesús orando en el Huerto, Traición de Judas, Prendimiento, Ecce Homo de San Miguel, La Negación de san Pedro y la Virgen y San Juan.

Por la Puerta de Valencia y Quince de Julio saldrá a la Carretería, que recorrerá hasta la Trinidad y por las mismas calles que las anteriores subirá a la Plaza Mayor, desde la cual bajará por las calles de la subida a disolverse en la iglesia que salió.

Recorrerá las calles de Don Mariano Catalina, Plaza de Cánovas, Calderón de la barca, Trinidad, Palafox, San Juan, Don Andrés de Cabrera, Alfonso VIII y Plaza Mayor, bajando desde este último punto por las calles de Alfonso VIII, Don Andrés de Cabrera, Peso, Solera, Plazuela del Salvador, Puerta de Valencia y Quince de Julio á la iglesia de partida.

A las diez de la mañana se formará en la misma parroquia del Salvador la procesión que componen las cofradías del Cristo de la Agonía, La Expiración y Nuestra Señora de las Angustias. Por las mismas calles que la anterior procesión de este día irá a la iglesia de San Esteban en la que se agregarán las hermandades de la Crucifixión, Exaltación y Descendimiento. Marchando todas juntas por las calles antes citadas hasta la Plaza Mayor y bajando de ésta por la calles de subida á las iglesias de partida, en donde se disolverán.

Día 20 de Marzo. Jueves Santo. A las tres de la tarde en la S.I.C. tendrá lugar la ceremonia del Lavatorio, después de la cual predicará el sermón de Mandato el Ilte. Sr. Magistral. En la iglesia de San Antonio Abad habrá sermón de Pasión, y luego saldrá la tradicional procesión. A las cuatro de la tarde sale de la ermita de San Antonio Abad la segunda procesión, compuesta de las siguientes cofradías: Jesus Orando en el huerto, Paso de la Caña, Jesús

A las cinco de la tarde y de la iglesia del Salvador saldrá la procesión del Santo Entierro, con el sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo y Nuestra Señora de la Soledad, y con asistencia de Heraldos, porta-estandartes, atributos de la Pasión, caballeros del Santo Sepulcro y todo el elemento oficial de nuestra población. Terminando con esta procesión del Santo Entierro las fiestas religiosas. Durante las noches de estos días, lucirá en la Carretería iluminación de arcos voltáicos.


INVESTIGACIÓN Maravillosa fotografía de Cesar Huerta en la Plaza de San Francisco, al paso de la Procesión del Calvario entre la multitud. A la izquierda los banceros llevando el paso de la Exaltación, en el atrio de San Esteban el Descendimiento y al fondo los Cristos de la Agonía (de marfil) y de la Luz.


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Las Procesiones A pesar de lo inseguro del tiempo, grande ha sido este año la afluencia de forasteros que han concurrido a esta ciudad, ávidos de presenciar nuestras tradicionales y grandiosas procesiones, pudiendo muy bien calcularse en más de ocho mil, el número de los que hasta el miércoles por la noche llegaron á Cuenca. Las hermandades y cofradías que cada año despliegan las mayores energías, han procurado en el presente echar el resto, como vulgarmente se dice, a fin de dar a estas fiestas religiosas el mayor esplendor y brillantez posibles. Miércoles Santo A las ocho de la noche, conforme estaba anunciado salió de la parroquia de San Esteban la procesión llamada del Silencio, compuesta de los pasos Jesús orando en el Huerto, Traición de Judas – Prendimiento, Ecce Homo (de San Miguel), la Negación de San Pedro y La Virgen y San Juan, dicha procesión siguió su ruta acostumbrada, subiendo a la Plaza Mayor y descendiendo por la del Peso a la Plazuela del Salvador, quedando en esta parroquia las dos imágenes que de la misma salieron y que bajaron a San Esteban a unirse a las restantes, y continuando las restantes por Quince de Julio y Aguirre hasta su iglesia de procedencia. Al paso de esta procesión por la calle de Calderón de la Barca ocurrió un pequeño incidente a causa de que los individuos encargados de cantar el Miserere, entonaron algunas estrofas en ocasión en que la Banda Municipal ejecutaba una bonita marcha, acto que fue censurado por el público y razón por la cual el concejal que la presidía, ordenó callaran cuando las bandas marchasen tocando. La procesión citada, que salió de San Esteban a las ocho de la noche, hizo su regreso a dicha parroquia a las doce y media de la misma.

Jueves Santo A las cuatro y media de la tarde del jueves, salió de la ermita de San Antón la procesión, compuesta de los pasos Jesús Orando en el Huerto, Paso de la Caña, Jesús Amarrado a la Columna, Ecce-Homo (de San Andrés), Jesús Nazareno (de San Antón) y la Soledad (de la misma ermita), que bajo la presidencia del Santísimo Cristo de Paz y Caridad recorrió las calles de costumbre; Por Cardenal Payá y subiendo hasta la Plaza Mayor, y regresando por las del Peso hacia Puerta de Valencia, Carretería hasta llegar a la ermita de salida, lo cual realizó a las diez de la noche. Hermoso panorama ofrecía Carretería al paso de la procesión, pues obstentaba soberbia iluminación de arcos voltáicos, lo que unido al gran número de personal de todas las clases que la presenciaba, dábanle un aspecto extraordinario.

La Virgen de la Soledad (de San Agustín) en una antigua fotografía de la época con su nuevo manto.

Viernes Santo A las seis y media de la mañana, salió de la parroquia del Salvador, la procesión compuesta de los pasos Jesús Nazareno (del Salvador), La Primera Caída, San Juan Evangelista y Soledad (del Salvador) y bajando por la Puerta de Valencia siguió la misma ruta que las anteriores por Carretería hasta llegar a la Plaza Mayor, desde donde por la calle del Peso regresó al punto de partida a las diez y media de la misma. En esta procesión hemos tenido el gusto de admirar el precioso manto que lucía la imagen de la Soledad, el cual ha sido confeccionado por suscripción voluntaria entre los miembros pertenecientes a dicha hermandad y con fondos de la misma. *

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A las diez y tres cuartos se formó en la misma parroquia la procesión que componen los pasos Cristo de la Agonía, La Expiración (Cristo de la Luz) y Nuestra Señora de las Angustias, dirigiéndose por las calles que la anterior a la de San Esteban, lugar con numeroso público y donde se le agregaron la Crucifixión, Exaltación y Descendimiento, continuando por la misma Carrera que la anterior, hasta la plaza Mayor, y regresando por la calle del Peso, quedaron en la iglesia del Salvador las imágenes que


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de ella salieron, a excepción de la Virgen de las Angustias, que llevaron a la iglesia de Santo Domingo, continuando las restantes hasta hacer su entrada en San Esteban, lo cual realizaron a las tres y media de la tarde. *

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A las cinco del mismo día, salió del Salvador la procesión organizada por los caballeros del Santo Sepulcro, compuesta de Éste y de la imagen de Nuestra Señora de la Soledad. A esta procesión, que puede considerarse como la de más seriedad de las celebradas, asistieron los heraldos, porta estandartes, atributos de la Pasión y todo el elemento oficial. A la cabeza de ella abrían marcha cinco batidores de la Guardia Civil, y cerraba la comitiva un piquete de honor del regimiento Wad-Ras, con fusil a la funerala, al mando de un capitán. Desde Palacio hasta la iglesia del Salvador, bajó en ella nuestro Exmo. e Ilustrísimo Prelado, acompañado de los Sres. Deán, Chantre y de su Mayordomo.

Por la puerta de la iglesia ya sale la procesión entre cohetes y tracas de estampido atronador. Por un lado va la Virgen, por otro el Vencedor de la muerte y de la culpa, bello como el mismo sol. Pues la procesión se parte a muy corto trecho en dos para encontrarse la Madre con el hijo de su amor. En tanto que las campanas con regocijado son claman desde la alta torre ¡ ya ha resucitado Dios ! Ya a su hijo, vivo y radiante, la Virgen Madre encontró, y entran juntos en la iglesia en solemne procesión. Ya enmudecen las carracas, ya confesó el pecador, ya se entona el Aleluya, ¡ya ha resucitado Dios!

Pilar de Cávia.1913

La Procesión del Calvario a su paso por la calle de Calderón en 1913. Los nazarenos caminando sobre las aceras. Cliché: Cesar Huerta.


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Opiniones Las procesiones a pesar del empeño puesto por sus organizadores, han resultado este año con gran solemnidad y más que regular afluencia de forasteros. Hay quien opina que con gran desorden y algo pesadas, sobretodo las dos de la mañana del viernes, por el ningún tiempo que dejan de descanso entre una y otra. Sin embargo, a nuestro parecer, esto pudiera subsanarse, refundiendo las dos procesiones en una sola, que podría salir a las ocho de la mañana, haciendo su entrada de regreso a la una de la tarde. Queremos hacer constar, que esto no es sino una pobre opinión nuestra. Las músicas, que en estos días sufren ruda faena, cumplieron, ejecutando en todas las procesiones, inspiradas marchas fúnebres.

Tanto los hermanos mayores como las autoridades, que presidieron algunas de las procesiones, un poco deficientes en el cumplimiento de su deber. También la empresa del alumbrado eléctrico ha de poner especial cuidado con respecto a la instalación de los arcos voltáicos a fin de evitar lo que pasó con algunos de ellos al paso de la procesión del miércoles. Esperamos que alguna de estas observaciones han de tenerse en cuenta, a fin de procurar subsanarlas en años sucesivos. Sin fiesta alguna profana ha terminado la Semana Santa, con un frío intenso, y verdaderamente opuesto a los espléndidos días del Jueves y Viernes Santos, nos despedimos de nuestras procesiones hasta el venidero año.

Noticias El día 14 de Junio de 1913, volvieron a reunirse unos cuantos devotos de San Juan Bautista (la primera vez fue en 1912), para constituir la Hermandad, pero una vez más fallaron los cálculos de asistencia, y ante el escaso número de congregados hubo que desistir nuevamente. También, en estas fechas, fueron reformados los Estatutos de la Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno (del Puente), pasando, a raíz de su aprobación, a ser dos los hermanos mayores, uno por antigüedad y el otro por sorteo; siendo obligatorio que éstos pudieran leer y escribir. Del mismo modo, el día 29 de Junio de dicho año, comenzaron los estudios para la adquisición de un cirineo y unas nuevas andas, encargándose a los talleres de Pío Mollar de Valencia. El día 2 de Octubre de 1913 falleció D. Mariano Catalina, máximo benefactor de la Semana Santa de Cuenca y uno de los

creadores de la Procesión del Silencio. Cuenca no ha vuelto a ver tanto desinterés personal a la hora de contribuir con la ciudad y sus desfiles procesionales. Los pasos por él costeados fueron: El Prendimiento de Jesús, la Oración del Huerto, Jesús en el Pretorio, Jesús y la Verónica del Salvador, la Negación de San Pedro y la Crucifixión. Los liberales se asociaron al duelo y admitieron: Cuenca está en deuda con uno de sus más preclaros hijos. Toda la tarde del día 3 estuvo doblando Mangana en señal de duelo.


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