Aún no se cierra el telón para el teatro guatemalteco Paty Miralbés
Las tablas chapinas se revisten de juventud 02 La comedia Gana espacio al drama 04
La dueña de los escenarios teatrales 07 ¿A qué debe enfrentarse el teatro guatemalteco? 10
Guatemala noviembre de 2012
Las tablas chapinas se
revisten de juventud
Era un viernes de julio de 2006. En la puerta principal del Aeropuerto La Aurora lo despidieron sus padres y sus cuatro hermanos. Fue el abrazo de su madre lo que lo hizo romper en llanto. Cuando se vio solo en el aeropuerto, se dio cuenta de la gran decisión que había tomado. Su vida estaba por cambiar. Desde niño, a Juan Pablo Asturias le gustó la actuación. Jugaba a imitar voces y grabarlas en una grabadora negra que era de su padre. Ponía a sus hermanos a filmarlo con una cámara de video, mientras él jugaba a ser el conductor de algún programa. Su familia es religiosa y su madre hacía una pastorela cada año. Él era el primero en participar. También se inscribió en el grupo de la iglesia, adónde iba su abuela, para ser parte de las pastorelas que ahí se organizaban. Mientras estudiaba el quinto Bachillerato en el Colegio El Roble, pensaba qué carrera seguiría en la universidad. Siempre le inquietaba la idea de dedicarse por completo a la actuación, pero no estaba seguro si era lo que quería hacer por el resto de su vida. Se graduó del colegio y entró a estudiar Ingeniería en Sistemas en la Universidad Francisco Marroquín. Mientras cursó la carrera de cinco años, nunca dejó a un lado la parte actoral. Recibió su primer curso formal de actuación en la Universidad Popular (UP) y participó en varios grupos de teatro independiente. Una vez graduado de la universidad, entró a trabajar a una empresa de telecomunicaciones; lo hizo por tres años. El sueldo era bueno; estaban por aumentárselo, pero Juan Pablo sentía que algo no estaba bien en su vida. No disfrutaba lo que hacía, así tuviera el mejor sueldo y el cargo más importante de la empresa; eso no era lo que lo haría feliz. Una noche llegó a su casa y se encerró en su cuarto. Se acostó en su cama y mirando al techo se replanteó lo que quería hacer con su vida. Nada lo llenaba más de alegría que
Fotógrafía Samantha de la Garza. Juan Pablo Asturias, actor guatemalteco y fundador de Escenarte.
Juan Pablo Asturias en la representación de la obra Pedro y el Capitán en el Teatro de Cámara.
las pocas veces en las que había actuado. Sin importar el aumento que recibiría en la empresa, decidió renunciar y viajar a México a probar suerte como actor. “La noche antes de irme, mientras hacía las maletas, me di cuenta de lo que estaba pasando con mi vida. Iba a cambiar una estabilidad económica y familiar por una inestabilidad total en todos los sentidos”, recuerda Juan Pablo. Tres horas después que su familia lo dejó en la puerta principal de aeropuerto, abordó el avión. Juan Pablo recuerda que llevaba puesto un pantalón de lona, una camisa negra y tenis blancos, dos maletas y un montón de sentimientos encontrados. Su futuro era totalmente incierto. Las cosas en México no fueron sencillas. Juan Pablo trabajó de mesero en la cafetería de la academia donde estudió. Las propinas al final de la semana variaban; a veces eran Q40 y otras Q275, con lo que se ayudaba si salía a alguna parte el
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fin de semana. Lo único que tenía para vivir eran los ahorros que se había llevado de Guatemala, los cuales le alcanzaron para dos años y medio. Durante ese tiempo, Juan Pablo acudió a hacer cualquier cantidad de castings para teatro y telenovelas, pero la frase “nosotros te llamamos” era lo único que escuchaba. Lo peor, nunca llamaban. El dinero se le acababa. “La situación se complicaba y evidentemente no la estaba pasando bien; vivía con muchas limitaciones. No entendía por qué yo tenía que estar en esas circunstancias y me preguntaba constantemente por qué los artistas guatemaltecos debemos abandonar nuestro país para triunfar”, dice Juan Pablo. Como ésta, hay mil historias más de personas que se han ido de Guatemala para alcanzar sus sueños y prepararse de forma adecuada, pero, quizá, esto ya no tenga que suceder. Aunque se han dado pocos pasos, las cosas están cambiando, ya que este año se gradúa la primera promoción de la Licenciatura en Arte Dramático de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC). Las fuentes consultadas aseguran que esto representa un avance importante porque habrá profesionales del teatro, con un título universitario. Hasta ahora, era común que quienes están sobre las tablas, hayan recibido cursos o talleres de teatro esporádicamente, se han hecho más que nada, a base de experiencia, pero la teoría también es importante. Otra opción para prepararse es la Escuela Nacional de Arte Dramático (ENAD), la cual funciona desde hace 55 años. Después de tres años de estudio, los alumnos obtienen el título de Perito en Artes Plásticas y Bachiller en Arte especializado en Actuación o Diseño Teatral. Normalmente, los alum¬nos que ingresan a la escuela son quienes concluyen tercero básico, pero también está abierta
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la posibilidad para inscribirse hasta los 20 años. La Universidad Popular (UP) es otro lugar dispuesto a formar nuevos talentos. Los requisitos para ingresar es tener de 14 años en adelante y hacer una prueba psicológica para conocer sus aptitudes y actitudes. Durante los tres años de estudio se imparten clases de dicción, expresión corporal, actuación, historia del teatro, entre otras. Para graduarse, los alumnos deben participar en un mínimo de 300 representaciones; de no lograrlo en el tiempo establecido, deberán esperar un año más para cumplir con ese requisito. Hay 300 alumnos en formación, según cuenta Estefany Cristales, Secretaria General de la UP. Al regresar a Guatemala, Juan Pablo fundó Escenarte, “la academia de actuación de los caqueros”, le llaman en el medio artístico, según cuenta su fundador. Esta es una alternativa más para quienes desean preparase. Este año, Escenarte cumple tres años de haber abierto sus puertas a todo aquel que desea aprender del interesante mundo del arte y cuenta con 30 alumnos. De acuerdo con la actriz, directora y productora María Teresa Martinez, en estas academias hay nuevos talentos formándose, deben tener en cuenta lo que le hace falta al teatro actual para no repetir los errores que se han dado cuando estén sobre las tablas. En la opinión de Juan Carlos Lemus, periodista independiente especializado en temas culturales, una de esas carencias es la seriedad. “Cuando vas a ver teatro, da la impresión que un grupo de amigos se reúnen a actuar para ver qué resulta, sin ni siquiera ensayar y eso se nota en escena. Es importante que esta profesión se tome con seriedad y que se deje de improvisar. Para lograrlo, es fundamental investigar al personaje y conocer su historia, para entender cómo actuaría en determinada circunstan-
gustaría dedicarme “esMe a hacer teatro serio, pero muy mal pagado y uno
tiene que sobrevivir, así que a lo mejor haré un poco de comedia”. Johny Cruz, 22 años, estudiante de teatro en la UP
mi no me gusta la comedia “yoAporque ha denigrado al teatro, no quiero colaborar a destruir
la cultura guatemalteca. Cuando trabaje, quiero dedicarme a hacer teatro serio, aunque no gane mucho”. Wong Reyes, 18 años, estudiante de teatro en la UP
Estudiantes de Escenarte durante la presentación de su clausura en 2011.
cia”. Algo más que hace falta es la unidad en este campo. “El medio es muy envidioso, no pueden ver que a alguien le vaya bien porque empiezan las críticas destructivas. Una vez, en la parte de atrás del folleto que se entrega para la presentación de nuestra obra, recomendé el trabajo de otros compañeros; se indicaba el lugar donde hacían su función. Empezaron a decirme que algo estaba ganando por hacer eso, así que ya no lo hice más. Las nuevas generaciones deben apoyarse entre ellos y promover el trabajo de los compañeros”, afirma el comediante Hugo Aldana. Aquellos que se dedican a hacer teatro serio o de comedia tienen mucha fe en las nuevas generaciones. Los primeros están seguros que el teatro de ese género resurgirá. “Yo tengo todas mis esperanzas en la juventud. Hay muchachos que traen una rebeldía impresionante por querer rescatar lo que se ha perdido, así que estoy segura que en 20 años, se habrá retomado el buen teatro. Esto se rescata porque se rescata”, asegura María Teresa Martínez. Por su parte, los comediantes no creen que esto suceda. “El teatro serio no resurgirá. Hay que entender que la gente ahora quiere ver otras cosas. No se puede pretender regresar a hacer lo que se hacía en 1950, ya que el teatro ha evolucionado, vivimos en una época totalmente distinta”, afirma el comediante Julio Serrano. También asegura que antes, las personas iban al teatro porque ahí se decía lo que nadie se atrevía a decir afuera, por la opresión que existía por parte de los gobiernos. “Hoy,
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cualquiera dice lo que sea. El éxito de hoy es la sátira o la burla sobre las autoridades”. Según Juan Pablo, son los colegios los que deben dar el primer paso. En México, por ejemplo, los alumnos asisten al año, como mínimo, a dos obras teatrales. Eso significa que al graduarse han visto, aproximadamente, 30 obras. “En Guatemala, con suerte, van al teatro, quizá, dos veces durante el tiempo que estudian en el colegio. En este país, hay que empezar a cultivar el teatro en los pequeños. Es lógico que quizá la primera vez que vean una obra no les guste, pero el teatro es un arte que debe cultivarse poco a poco para poder entenderlo”, asegura Asturias. Aunque es muy aventurado pronosticar qué pasará con el teatro en el futuro, esto dependerá, en gran medida, del apoyo que este movimiento reciba en el país. Para los entrevistados, también dependerá de si surgen nuevas propuestas, de lo contrario, Guatemala seguirá inundada de sketches y shows cómicos, distorsionando el significado del verdadero teatro. De acuerdo con Juan Carlos Lemus, cualquiera que sea la propuesta, debe humanizar y sensibilizar a quien la ve, así como educar en el sentido de enseñarles a las personas cómo se desarrolla la vida de los demás en escena y que sean testigos de cómo se llegan, o no, a resolver los conflictos. En palabras de Juan Pablo Asturias, “la responsabilidad de todos los que enseñamos teatro está en formar una nueva generación de actores que tengan propuestas diferentes y se atrevan a arriesgar. Actores que apuesten por cosas nuevas. Ya lo estamos logrando y de aquí a 10 años, estoy seguro que se verá un cambio en el teatro guatemalteco”.
2 géneros me gustan “enLos mucho, me gustaría trabajar ambos porque eso te ayudaría a crecer como actriz”.
Janneth Arriaga, 24 años, estudiante de teatro en Escenarte.
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al drama La comedia Gana espacio
Es un martes de octubre por la noche. En el Teatro Dick Smith del IGA está por comenzar la función de la obra Al Otro Lado del Mar, escrita por la dramaturga salvadoreña Jorgelina Cerritos y ganadora al Premio Literario Casa de las Américas en Cuba. La entrada tiene un valor de Q60 para público en general, y Q30 para estudiantes que presenten su carné y para adultos de la tercera edad. Las luces se apagan y la función empieza. El argumento de la obra trata sobre la identidad de las personas. Hace reflexionar al espectador y que se pregunte quién es más allá de los datos que lo identifican en una partida de nacimiento. Sin embargo, la asistencia es poca, como suele ocurrir en la mayoría de salas de teatro de Guatemala, cuando la presentación no es de comedia. La sala del Dick Smith tiene capacidad para recibir a 370 espectadores; aquella noche, sólo 13 butacas fueron ocupadas. De acuerdo con los actores de teatro entrevistados, esto puede parecer alarmante, pero estas cifras ya no asustan a los productores que hacen teatro serio en el país. “Si haces un drama o una obra seria sabes que vas a perder dinero, porque el público no se acerca tan fácil a ver tu trabajo”, afirma el productor, director y actor Joam Solo. Poco a poco la comedia, género que se analizará más adelante, ha ido ganando terreno hasta convertirse en la preferida de la mayoría de guatemaltecos. Por ejemplo, en la cartelera de Prensa Libre sólo se encuentran anunciadas comedias en restaurantes, pero no significa
Tomada del Facebook de Tato Galdámez. Es una obra de Jorgelina Cerritos que estuvo en cartelera del 18 de septiembre al 23 de octubre de 2012
que sea el único tipo de teatro que se monta en el país. Está la obra dramática, aquella que representa un conflicto de la vida humana a través de sus personajes y que puede llegar a crear tensión en el público por la situación que muestra. De acuerdo con Luis Román, actor, productor y director, cada año se ponen en escena obras dramáticas con la participación de personalidades del teatro, como Alfredo Porras, Javier Pacheco, María Teresa Martínez o Mercedes Arrivillaga, cuyos nombres no son conocidos por gran parte de los guatemaltecos ajenos a este medio. Artistas de teatro serio aseguran que el éxito de una puesta en escena no se mide en la taquilla, pero un actor no vive del aplauso del público. Necesita que la gente llegue y compre su entrada para cubrir los gastos que genera un
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montaje. La sala de teatro es el lugar ideal para presentar una obra no comercial, como también se le llama al teatro serio; la razón es porque el público va estrictamente a ver la obra; no hay distractores. Según cuentan los productores teatrales, alquilar estos sitios se convierte en una gran inversión económica para ellos, ya que en Guatemala son pocas las salas destinadas a esta función. Solo en la capital hay a lo sumo cinco, lo que aumenta los problemas. Asimismo, indican que debido a las pocas salas de teatro en la capital y al alto costo para alquilarlas, los grupos teatrales han decidido presentar su trabajo en los Café Teatro. Es común observar que los restaurantes cuenten con un espacio específico para este propósito. Esta opción es más económica que presentarse en una sala, por lo que los grupos la prefieren. En los Café Teatro no se les cobra alquiler por el lugar y no se les pide ningún porcentaje de lo que entra en taquilla. El restaurante únicamente gana lo que la gente consume. El objetivo de las personas al reunirse en estos sitios es comer, beber y pasar un buen rato con la familia y amigos, al mismo tiempo que ven la “obra”. Artistas nacionales como Joam Solo y Luis Román, afirman que lo que se presenta en un Café Teatro son sketches o shows cómicos, espectáculos, mas no obras de teatro. Un show es un espectáculo que se hace con el fin de divertir a la audiencia. Un ejemplo de esto es Lupe me Gusta tu Cuque, que se presenta viernes y sábados en el restaurante Fulanos y Menganos; y, Con Coca
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Ganamos Todos, cuya presentación se realiza los fines de semana en el restaurante La Estancia de la zona 9.
Costos y asistencias generan contrastes
La sala Manuel Galich de la Universidad Popular, es una de las más antiguas; fue fundada el 20 de agosto de 1922 y tiene capacidad para 310 personas. En esta no se cobra el alquiler por el teatro; únicamente se solicita el 30% de lo que se gana en la taquilla. En 2012 tuvieron dos obras exitosas, según cuenta Estefany Cristales, secretaria general del teatro. En éstas se puede comparar el gusto del público entre un montaje serio y uno cómico. Una fue La Guerra de las Mujeres y la otra, El Señor Presidente. La primera es la historia de un grupo de señoras que deciden salir juntas una noche, sin sus esposos, y van a un club de strippers. La sorpresa es que los hombres que bailaban en la barra eran sus esposos y de ahí en adelante, se desencadena una historia cómica. Todos los días la sala estuvo llena. Tanta fue la aceptación del público, que la obra se presentó una temporada más. El segundo montaje fue la adaptación de la conocida novela de Miguel Ángel Asturias. Aquí la afluencia fue de unas 40 personas, a veces un poco menos o un poco más, de acuerdo con Cristales. La sala Dick Smith del IGA, que en 1965 se utilizaba como auditorio, fue adaptada para funcionar como teatro desde 1975. El alquiler de esta sala es de Q7,000 por temporada, más el 50% de lo que se gana en taquilla. De acuerdo con Eliseo Molina, el encargado del lugar, el problema que se tiene es la poca afluencia de público, “hasta el punto de tener que cancelar obras porque hay más gente en el escenario que en las butacas”. El Teatro de Cámara es otra opción, con capacidad para 305 personas. El alquiler se paga por un mínimo de horas. Cada hora en escena tiene un valor de Q3,100, precio que incluye cuatro horas para montaje e igual número para ensayos. Si se desea ensayar horas extras con técnicos, son Q1,000 por hora, y sin técnicos, Q500. Este sitio también pide al grupo teatral el 30% de la taquilla. Otra sala que existe en la ciudad de
THRIAMBOS PRODUCCIONES
Guatemala es el Teatro Abril, fundado a finales del siglo XIX, con capacidad para 700 espectadores. Luis Abril, director del teatro, asegura que su objetivo es tratar de presentar únicamente obras que dejen en el público un mensaje para reflexionar, como alguna de William Shakespeare. En este lugar el alquiler de la sala es de Q7,000; no se exige ningún porcentaje de la taquilla. “Por lo general, la asistencia es de 100 personas por función, aunque comúnmente varía”, indica Abril. El último espacio que abrió sus puertas fue Solo Teatro, fundado en 2005, con capacidad para 400 espectadores. El alquiler es de Q7,000 por temporada y no exigen ningún porcentaje de lo que se gana en taquilla, aunque tiene una excepción: los días martes y miércoles, pone en cartelera obras serias y no se cobra el alquiler de la sala, únicamente se pide el 50% del ingreso de taquilla. La asistencia es de 5 a 100 personas.
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Gabriela Contreras, administradora del teatro, afirma que esto se hace para ayudar a los artistas, ya que el personal del teatro está consciente que la asistencia de público a este tipo de obras no es mucha y menos entre semana. En los teatros, las temporadas son de cinco semanas. El alquiler incluye sistemas de iluminación, de audio, telones, 1 o 2 tramoyistas y camerinos. Además, se ayuda en la promoción de las obras que se presentarán por medio de sus redes sociales y al enviar la información a los medios de comunicación. Sin embargo, los productores deben enfrentarse a más pagos, además del alquiler de las salas, tienen que invertir en escenografía, vestuario y maquillaje de los actores. Para María Teresa Martínez lo ideal sería que existiera una persona especializada en cada una de estas áreas, pero como eso no ocurre, todos hacen de todo y se ayudan a reducir gastos. “No tenemos dinero, por eso buscamos dónde nos sale más barato y
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todos cooperamos. Si la obra necesita una silla antigua y alguien la tiene, la presta. Si un compañero tiene algo en su closet que pueda quedarle a algún personaje, lo proporciona. Se busca entre lo que uno tiene para ver qué se encuentra, aunque no vaya 100% con el personaje o la escenografía. Hemos descuidado esos detalles, hay que vestir la obra por dentro y por fuera”, asegura Martínez. Según cuentan los entrevistados, producir una obra puede costar desde Q5,000 hasta Q60,000 dependiendo de cuánto se quiera invertir. El productor debería recuperar su inversión con lo que se gana en taquilla y también obtener dinero para el pago de sueldos de sus actores. Pero, ¿qué tanto puede ganar un actor de teatro serio? Quienes se dedican a este negocio, coinciden en que la ganancia no es mucha. Lo normal es que se les pague por porcentajes. Por ejemplo, si la entrada para una función cuesta Q50 y llegaron a verla 15 personas, el total de ganancia de esa noche es de Q750. De ese dinero, Q375 le quedan al productor y Q375 al teatro, cuando éste exige el 50% de la venta de boletos. Cuando esto sucede, no hay ganancia ni para el teatro, ni para el elenco de la obra, afirma Estefany Cristales. “Hace un par de meses presentábamos La Dama del Alba, pero decidimos cancelarla. El gasto de energía era demasiado alto y solo llegaban a verla cinco o seis personas. No es que trabajemos
Paty Miralbés. La obra de Don Juan Tenorio, en la UP, la cual se presenta desde hace 7 años durante esta época o en el mes de noviembre.
por el dinero, pero no era rentable para nadie”, cuenta Luis Román. Esta historia se repite y le ha pasado a más de uno. “He tenido que cancelar funciones, porque solo asisten tres espectadores. Es horrible, porque la obra es buena y está bien hecha, pero la gente no llega. Es humillante ver que otra vez no pudiste”, comenta Joam Solo.
Para dramas, la vida
En un país con un nivel de educación bajo, no es novedad que se dé este tipo de situaciones. El teatro serio tiene un texto como base; en este hay una presentación, un nudo y un desenlace, elementos básicos para que una puesta en escena sea considerada una obra teatral. El teatro serio invita al público a meterse en la historia, a pensar y a analizar la situación que se le presenta. Para dramas, la vida es la frase que, de acuerdo con las fuentes consultadas, se dice como excusa para no ir a ver este tipo de representaciones. Los entrevistados aseguran que, los guatemaltecos prefieren ver un espectáculo donde rían, se relajen, no tengan que pensar y se lo den todo digerido. Hoy, ven al teatro como una opción más para pasarla bien con amigos, divertirse y olvidarse de los problemas del día a día. Es cuando el teatro deja de cum-
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plir una de sus funciones principales: hacer que la gente no salga igual que como entró. Quienes se dedican al teatro serio, ven las temporadas escolares como una oportunidad para formar un público crítico de este arte escénico. Una posibilidad de fomentar en las nuevas generaciones el gusto por ese buen teatro que se ha perdido, y así lograr que en el futuro resurja, pero no es tan fácil. Los maestros piden al personal del teatro que a los jóvenes se les presente una comedia para entretenerlos, porque un drama los aburre. “Desde ahí estamos mal. Los productores deben explicar a los maestros, directores de establecimientos educativos y a estudiantes en qué consiste una obra de teatro y su importancia. Aunque éstas tendrían que ser una salvación no lo son, por la filosofía de los docentes”, asegura el actor, productor y director Angelo Medina. A pesar de los inconvenientes, en Guatemala no se deja de hacer teatro serio. Productores, directores, actores y todo aquel involucrado en este arte, lo hacen con la esperanza de que algún día los ojos de los guatemaltecos volteen a ver este trabajo y lo valoren. El amor y la pasión por esta profesión es lo que los motiva a seguir invirtiendo tiempo y dinero en obras que, muy rara vez, llegan a ser rentables. Lo importante, según dicen, es “nunca cambiar el arte por un cheque”.
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La dueña de los escenarios
teatrales
¿Se imagina usted que la historia del descubrimiento de América hubiera sido al revés? Es decir, que los mayas hubieran hecho un viaje navegando y de pronto, ¡descubren Europa! Son los nativos los que conquistan España y no los españoles a los nativos. Suena interesante, ¿verdad? Pues bien, este es el argumento de La Epopeya de las Indias Españolas, una comedia que se presentó por primera vez en 1990 y que rompió con los paradigmas de lo que se hacía en el teatro guatemalteco. Jorge Ramírez y Lourdes Montes se conocieron en la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC). Ambos tenían un gusto especial por el teatro y decidieron reunirse para escribir una obra. Fue así como después de una semana de risas, quedó terminada La Epopeya, pero ninguno de los dos imaginaba lo que iba a ocurrir con ella. En el Paraninfo Universitario fue donde la presentaron por prime¬ra vez. Producirla costó Q300, ya que lo único que se utilizaba para vestir la obra eran cartulinas y mar-
Facebook de Los Tres Huitecos: Guido Rosales, Hugo Aldana y Giovanni Aldana, quienes personifican a los Tres Huitecos.
cadores. Tenían una temporada de tres semanas y las primeras dos, estuvieron casi vacías. Fue hasta la última semana cuando el público empezó a llegar. El lugar estaba lleno e incluso se quedaba gente afuera porque ya no podían
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entrar. La demanda fue tan grande que decidieron montar de nuevo la obra al año siguiente, pero de manera más profesional. El estreno fue un viernes con sala llena en el Teatro de Cámara. En aquella primera función el público terminó aplaudiendo de pie, y al día siguiente la fila de personas para entrar al teatro era interminable. Se presentaban los sábados y debido al éxito de la obra, abrieron doble función los domingos. De acuerdo con Jorge Ramírez, “el éxito de La Epopeya fue que se utilizó por primera vez un lenguaje muy chapín y eso hizo que la gente se diera cuenta que los que estaban en el escenario eran como ellos. Rompimos la cuarta pared y nos reíamos en escena. Esas son cosas que hoy todo el mundo hace, pero se derivan de La Epopeya. Fue un fenómeno extraordinario, la gente la recuerda y la pide. No he vuelto a ver algo así en Guatemala”. Sin embargo, hoy en día hay dos frases conocidas: “Hay Dio´ Mío” y “Me dije a mi mismo, mi mismo”, ¿le suenan familiares? Desde hace once años, Los Tres Huitecos se han convertido en lo
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más cercano a este fenómeno del teatro cómico. Llevan más de 1,200 representaciones de su trabajo más reciente El Día que Teco Temió, al que se le puede sumar otros éxitos como En Busca del Huiteco Perdido y Los Tres Huitecos en Aprietos. La aceptación del público ha sido tanta que dieron un salto del teatro a la televisión. Todos los sábados y domingos se presenta un show en Guatevisión, que es el programa número uno de entretenimiento en esa cadena, de acuerdo con Hugo Aldana. Las fuentes consultadas coinciden en que el trabajo de los Tres Huitecos no puede catalogarse como teatro. Para que una obra sea considerada como tal, debe incluir tres elementos básicos: la presentación, el nudo y el desenlace. De acuerdo con Joam Solo, si se analiza El Día Que Teco Temió “es notorio que carece de estos elementos”. Af i r ma que durante las casi tres horas que dura el espectáculo, pa r e c e u n monólogo de Teco, el personaje principal interpretado por Hugo Aldana, en el que únicamente se hila una serie de chistes que hacen reír a carcajadas al espectador. “Hacer teatro es llevar vivencias al escenario. Toda expresión que se hace al público, es teatro. Esta es una nueva generación de actores y eso es lo que cuesta que los demás acepten”, indica Aldana al respecto. La fórmula de pararse arriba de un escenario a contar chistes, ha resultado de maravilla, aseguran quienes se dedican a hacer teatro no comercial. La gente de teatro se dio cuenta que hacer comedia es más rentable que hacer dramas y es por ésta razón, según Luis Román, que la mayoría prefiere dedicarse a trabajar en dicho género. Un come-
diante puede llegar a ganar de Q20,000 a Q40,000 mensuales. De acuer¬do con Jorge Ramírez, “cuando un grupo de teatro valoriza más el éxito económico que el arte de hacer teatro, es cuando éste se vuelve negocio y se pier¬de la pasión y el gusto por hacerlo. Es entonces cuando se equivoca el camino, ya que se rebaja la calidad del espectáculo y se pone cualquier obra en escena”. Quienes se
La Guerra de las Mujeres, comedia que se presentó en la UP durante el mes de julio y agosto de 2012.
dedican a hacer teatro serio, aseguran que estos casos se dan en los Café Teatro además, añaden que en estos lugares, no podría presentarse un drama, porque la gente está pendiente de otras cosas, van a relajarse. Pero la falta de atención por parte del espectador en el contenido de
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la
representación, ha hecho a los guatemaltecos poco exigentes. Mientras más ligero sea lo que se les presenta, mejor. Jorge Ramírez asegura que “el Café Teatro ha tenido mucho éxito, pero creo que dentro de lo que ahí se hace no hay una propuesta que valga la pena, y me da tristeza decirlo. Todo es comedia muy fácil o comedia chatarra. Desgraciadamente, hemos llegado al punto en el que el actor baja al nivel de lo que el público quiere ver, sin tratar de hacer algo mejor. Falta esa búsqueda y preparación por parte de los actores”. Uno de los objetivos del teatro es que lo que se ve en escena tenga alguna utilidad para la vida del espectador, con los shows esto no sucede, no son trascendentes. No está mal que existan, pero sí está mal que se confundan con una obra teatral, cuando su único objetivo es entretener y hacer reír. “Como comediante es difícil no caer en ese tipo de shows, pero yo trato de no hacerlo. No me gusta que mis obras sean vacías
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e intrascendentes, siempre tienen que dejar algo. Hay que tratar de contar una historia y que lo que ocurra en escena tenga un hilo conductor”, concluye Ramírez. Por lo general, cada una de las comedias que hoy se presentan, ya sea en restaurantes o en teatros, tienen un denominador común: todas manejan malas palabras y doble sentido. Este tipo de recursos resultan fáciles de utilizar, porque está garantizado que la gente se va a reír. Pero, ¿por qué este tipo de recursos funcionan tan bien? “Lo que pasa es que el doble sentido es inherente al ser humano, todos lo manejamos. En cuanto a las malas palabras, sí estoy en contra, creo que no son necesarias para hacer reír, pero a la gente le gusta, porque hay que recordar que siempre buscamos diversiones similares a nuestra forma de ser”, explica Julio Serrano. Otra de las ventajas que tienen aquellos que se dedican a hacer comedia es contar con personal especializado que se encarga del vestuario de los personajes y de la escenografía, cuando se monta una obra. Esto sucede en la obra Ixcamik 2012, que cumplirá un año en cartelera. El vestuario de los personajes fue confeccionado o comprado especialmente para este montaje. En total, en esta obra se invirtieron poco más de Q60,000. Otro ejemplo son los Huitecos, quienes a través del tiempo se han consolidado al formar Producciones Aldana, una productora en la que trabajan 25 personas, entre las cuales hay
Paty Miralbés. Presentación de la obra Ixcamik 2012, la que cumplirá, próximamente, un año en cartelera.
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gente dedicada a escenografía y vestuario. Ahora bien, esto no quiere decir que de vez en cuando no utilicen alguna camisa que tengan en el closet o algún elemento que se haya usado como escenografía en obras anteriores, pero es menos frecuente. De acuerdo con Ramírez, que los shows o sketches sean lo que los g u at e m a lt e c o s más “consumen”, no es culpa de ellos, la responsabilidad está en los actores y en los productores que se dedican a hacerlos. Asimismo, asegura que ven en estos espectáculos únicamente una fuente de ingreso, aunque no todos son así, pero sí una buena parte. “El guatemalteco lo mira porque es lo que hay”, indica el comediante Edgar Arriola. También afirma que el día que alguien se arriesgue y se atreva a proponer cosas diferentes, a lo mejor, la historia cambie. De cualquier manera, la comedia es lo que más éxito tiene en Guatemala, sean shows u obras teatrales. Para Ángelo Medina la razón es simple: Guatemala es un país muy lastimado, no hay día en el que no se escuche de muertes o hechos delictivos. Hoy por hoy, la violencia es el principal mal que esta sociedad enfrenta y lo que menos quiere la gente es ir a ver una obra donde también vaya a sufrir. En palabras de Aldana, “suficientemente dura es la realidad que vivimos, como para que cuando nos queramos distraer vayamos a ver algo donde nos hagan llorar. Si vamos al teatro a llorar… ¡que sea de la risa!”.
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¿A qué debe enfrentarse el teatro guatemalteco?
Sin importar el género al cual pertenezca la obra (drama o comedia), el teatro debe enfrentar diversos problemas que le impiden desarrollarse adecuadamente. Quienes se dedican al teatro, aseguran que es común observar cuando un artista guatemalteco sobresale en la actuación, en la música, en la pintura o en cualquier otra rama artística, los funcionarios del gobierno aparecen felicitándolos en los medios de comunicación. Las fotografías junto a los talentos nacionales abundan; sin embargo, cuando las cámaras se apagan los problemas continúan, como la reducción del presupuesto destinado al arte. Este año, la asignación para el Ministerio de Cultura y Deportes “es de Q378 millones, de los cuales el 50% está asignado al deporte; el 37% a Patrimonio Cultural, y el 13% al arte (que incluye el Ballet Moderno y Folklórico Nacional, Ballet de Guatemala, Orquesta Sinfónica, Marimba Femenina Nacional, Marimba del Palacio Nacional, Marimba de Concierto de Bellas Artes y Coro Nacional de Guatemala); es decir solo Q48 millones”, según un artículo de elPeriódico publicado el 8 de octubre de 2012. De los Q48 millones, por ejemplo, Q1 millón 200 mil es para el Teatro de Bellas Artes. Este dinero únicamente alcanza para el pago de sueldos del personal y para cubrir servicios básicos, como pago de luz. Sin embargo, “esta cantidad no es suficiente para los arreglos que la edificación necesita, como cambio de cielo falso y reparaciones en el sistema eléctrico”, comenta Evelyn Hernández, contadora del teatro. Para hacer dichos arreglos, se ayudan con el dinero que obtienen al realizar diferentes eventos como clausuras, reuniones de padres de familia o alguna temporada teatral para estudiantes. A pesar de que en varias ocasiones se ha solicitado el aumento del presupuesto, esto no se ha dado.
Para mantener el teatro en buen estado, se necesita, por lo menos Q1 millón más de lo que se recibe, indica Hernández. La historia no es muy distinta para la Escuela Nacional de Arte Dramático (ENAD), ubicada en una parte del sótano del Teatro Nacional. Los maestros que trabajan cuatro horas a la semana, tienen un salario de Q785 mensuales. Hasta el mes de abril, 16 docentes recibieron su sueldo completo y solo a cuatro maestros les pagaron hasta julio, esto por la falta de fondos. El Ministerio de Cultura y Deportes les ha prometido darles lo que se les debe antes del 30 de noviembre. Para conocer la postura del Ministerio respecto a este tema, se trató de localizar a Vinicio Pacheco, encargado del Departamento de Comunicación, pero no fue posible comunicarse con él. El elenco de una obra teatral tampoco cuenta con espacios para ensayar sus obras, esto los ha obligado a prepararse en sitios inadecuados como garajes o la casa de algún miembro del elenco, ya que el alquilar una sala de teatro para ensayar aumenta los gastos. Otro pro-
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Fotografía de la representación de la obra El Corazón del Espantapájaros, escrita por Hugo Carrillo .
blema es que ninguna entidad de gobierno dedicada al arte lleva un recuento del número de obras que se presentan en la capital. Las temporadas en los teatros duran 5 semanas, se dan todo el año, de enero a diciembre. Eso significa que sólo en las salas de teatro mencionadas anteriormente, se ponen en escena unas 45 obras al año. De acuerdo con Julio Serrano, la situación del arte en Guatemala es crítica y una de las principales razones por las que se dan estas dificultades, es darle menor importancia de la que merece por parte de las autoridades, además de falta de apoyo al desarrollo del artista nacional, a lo que se suma la poca valoración de la población a esta área. Por ejemplo, asegura que la gente está dispuesta a pagar Q2,000 para estar en primera fila del concierto de un cantante extranjero, pero nadie paga la misma cantidad por ver un espectáculo de un artista guatemalteco. “Yo me dedico a hacer shows privados y realmente es decepcionante con lo que me encuentro. Cuando digo
Guatemala noviembre de 2012
Paty Miralbés. Portada de la revista que recopila información sobre las obras presentadas y los comentarios realizados por la prensa en el Primer Festival de Teatro.
el precio de mi espectáculo se van de espaldas, como si mi trabajo no valiera, pero al tratarse de algún extranjero se lo pagan, como si por ser de otro país su trabajo fuera mejor”, comenta Serrano. Otro problema más con el que se debe enfrentar el teatro es la falta de apoyo de los medios de comunicación. Cuando se llevó a cabo el Primer Festival de Teatro en 1962, los medios estuvieron a la expectativa de las obras que durante el mismo se presentaron. El Imparcial, Prensa Libre y Flash de Hoy dedicaron espacios para publicar críticas o comentarios sobre las diferentes obras. Hoy, esto no se ve. Los artistas culpan al escaso periodismo cultural en el país, el cual se da con demasiadas limitaciones. En ocasiones, los periodistas dedicados a esta especialidad hacen grandes esfuerzos por llevar a las páginas de los medios de comunicación información relacionada con la cultura, pero los propietarios o directores limitan esos espacios. Sin embargo, al promocionarse un espectáculo internacional, sí se le da un lugar adecuado. “Los medios de comunicación son empresas. Los guatemaltecos aunque digamos que queremos ver cosas nacionales, consumimos mucho más noticias de otros países. Por eso un espectáculo internacional vende más y las empresas que pautan con los medios prefieren verse anunciadas junto a este tipo de noticias que son las que todos van a leer. El medio vela por sus ingresos”, explica Juan Carlos Lemus. Debido a esta situación, periodistas y quienes se interesan por escribir sobre el arte en Guatemala, buscan otras opciones para dar a conocer las actividades culturales, dejando de lado los medios de comunicación tradicionales. Existen blogs como La Pluma de Xibalbá o El Azar Cultural, donde constantemente se escribe sobre teatro y otras artes, como la pintura o la literatura. Según palabras de Lemus “aunque no lo parezca, los medios de comunicación no son tan cerrados. Se puede colaborar, de vez en cuando, escribiendo una columna de opinión sobre alguna obra de teatro que se haya visto”.
calidad a la obra de “seríaNegarle Manuel Galich “El Tren Amarillo” tonto, pero aplaudirla hasta rabiar no solo sería tonto sino además, demagógico o interesado, políticamente hablando.”.
MARIO ALVARADO RUBIO “Entre Comillas”, el Imparcial, 2 de julio de 1959
Serrano asegura que para cambiar esto, se necesita que el guatemalteco ame lo suyo. Es necesario que crea en sus artistas y confíe que en su país se pueden hacer las cosas iguales o incluso mejor de lo que ha visto. Cuando la gente aprenda a valorar al artista, entonces ésta exigirá cada vez más a las autoridades que también le dé mayor importancia.
Movimiento en evolución
La forma de hacer teatro en Guatemala tuvo un cambio drástico como consecuencia del conflicto armado, que comenzó en 1960. El teatro que se hizo en ese entonces fue de protesta política y social, algo que a los gobiernos de turno no les agradaba, según recuerda el actor, director y productor Javier Pacheco. Eso tuvo sus consecuencias, se dio una persecución en contra de artistas guatemaltecos, quienes tuvieron que exiliarse a México y otros países. Por lo que solo se permitió montar obras consideradas “light”, aquellas que no incluyeran críticas o quejas a funcionarios y a lo que se vivía en ese entonces. Las compañías teatrales se vieron obligadas a dejar a
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un lado ese estilo y empezaron a hacer comedia. La comedia, según el diccionario de la Real Academia Española, se define como: “Obra dramática, teatral o cinematográfica, en cuya acción predominan los aspectos placenteros, festivos o humorísticos y cuyo desenlace suele ser feliz”. Pero sea drama o comedia, el teatro en el país seguirá enfrentando una serie de obstáculos; sin embargo, el trabajo de Juan Pablo Asturias podría representar el inicio de un movimiento joven que logre una nueva faceta para dicho arte. Quienes ahora están sobre las tablas, consideran que el teatro está dormido, pero no perdido.
este “drama del “deIndudablemente, Caribe” en tres actos, es lo mejor la producción de Manuel Galich.
La actuación de los intérpretes es estupenda, lo cual demuestra un punto fundamental; la atinada dirección de un joven talento guatemalteco, Rubén Morales Monroy”.
Leopoldo Castellanos Cabrío, “La Hora”, 28 de junio de 1959.
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El teatro debe ser una experiencia en la cual el público salga cambiado emocional y psicológicamente”. Joam Solo.