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Tesis®

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Guatemala, abril de 2017

Los hombres que son víctimas de una violación sexual en Guatemala optan por el silencio.

Investigación y redacción por María Del Rocío Lazo Solórzano Universidad del Istmo - Facultad de Comunicación.

FOTOGRAFÍAS: SANTIAGO BILLY

LO QUE ELLOS CALLAN


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El centro capitalino es una de las áreas donde se reportan violaciones a hombres. Las noches y madrugadas son los momentos en los que ellos se encuentran más vulnerables; sin embargo, los hechos también se producen en el día.

Violaciones

sexuales a hombres,

un estigma en Guatemala


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Cada 18 horas, un hombre denuncia una violación sexual en Guatemala, pero solo el ocho por ciento de los casos llega a una condena. El resto se queda en el camino de la búsqueda de justicia. La vergüenza y el estigma que supone admitir un abuso sexual también lleva a los hombres a callar lo sucedido y a negarse a pedir ayuda legal, médica y psicológica. La cifra negra de estos casos ha mantenido la realidad oculta e ignorada. Por: Rocío Lazo

rior a 30 casos por año son Huehuetenango y Quiché.

Despertó en el asiento trasero de su carro, sin camisa y con el pantalón y el calzoncillo en las pantorrillas. Estaba solo, estacionado en una calle de la zona 16, cercana al bulevar Austriaco y a menos de un kilómetro del bar al que había llegado la noche anterior con amigos.

El artículo 173 del Código Penal define la violación sexual como “quien con violencia física o psicológica, tenga acceso carnal vía vaginal, anal o bucal con otra persona o le introduzca cualquier parte del cuerpo u objetos por estas vías, u obligue a la otra persona a introducírselos a sí misma”. El delito, cuando se denuncia y puede ser probado, es sancionado con una pena de prisión de ocho a doce años.

Lo último que recordaba era haber hablado en la barra con un hombre maduro, de chaqueta negra, a quien le rechazó la invitación a un trago. Pocos minutos después sintió mareos, vio borroso y su mente quedó en negro. Se retorcía por el dolor en el ano y los genitales, pero se resistía a creer lo ocurrido. Condujo hasta su casa y tomó una ducha. Luego, buscó a un médico y confirmó sus temores: había sido violado. Los posteriores exámenes de laboratorio empeoraron el cuadro. Se enteró de que lo habían abusado tres hombres, dos de ellos portadores de VIH. El miedo paralizó al joven de 21 años, quien optó por no contar nada a su familia, ni buscar atención médica ni denunciar la violación ante el Ministerio Público (MP). Decidió que lo que sucedió aquella noche de 2012 sería algo que callaría para siempre. La violación sexual a hombres adultos es un delito silenciado en el país. El MP registra un promedio anual de 488 casos de violación sexual a hombres mayores de 18 años que ocurren a nivel nacional. La quinta parte se reporta en el departamento de Guatemala con un promedio de 99 casos por año, seguido por Alta Verapaz con 58 casos y Suchitepéquez, con 40. Los otros dos departamentos con un promedio supe-

Sin embargo, hay una cantidad de casos que no llega a ser denunciada y que se desconoce de qué tamaño es ya que nunca ha sido calculada, pero que, a juzgar por lo que cuentan empleados del sistema de salud, operadores de justicia y psicólogos consultados para esta investigación, no es una cifra baja. Ellos aseguran que la mayoría de hombres que sufren una violación sexual optan por el silencio. La vergüenza, el temor al escarnio y a la puesta en duda de su hombría, las complicaciones para continuar con la demanda y la falta de información y de recursos económicos complican la búsqueda de justicia, así como de ayuda médica y psicológica. En ese subregistro de casos quedó el de un joven de Totonicapán que migró a la capital en el año 2000 para estudiar Psicología en la Universidad Rafael Landívar. Vivía en un austero espacio en la zona 1 y era buen estudiante, pero tenía problemas con el alcohol. Le gustaba beber en bares y cantinas del centro capitalino y a menudo se quedaba dormido en las calles. Una madrugada dormía en una banqueta cercana al Cerrito del Carmen y no pudo defenderse del motorista que abusó de él en plena vía pública. Estaba demasiado ebrio cuando se percató de la violación, FOTOGRAFÍAS: Santiago Billy


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tanto que luego del hecho, se volvió a quedar dormido. La sola idea de explicar que estaba tan borracho que no recordaba detalles, lo hizo desistir de denunciar el hecho en el Ministerio Público o a la Policía. Lo detuvo la vergüenza. Las estadísticas de 2010 a 2017 del MP reflejan que casi la tercera parte de hombres violados (el 31 por ciento) tiene entre 36 y 45 años, seguidos por quienes tienen entre 26 y 35 años (23 por ciento). Pero la realidad que narran en las fiscalías y en los consultorios médicos y psicológicos es que la mayoría de víctimas tiene entre 18 y 25 años, una etapa posterior a la adolescencia en la que el joven adulto está en proceso de afianzar su hombría y personalidad. Denunciar y enfrentar un abuso sexual es una carga difícil de llevar.

Una fiscalía de mujeres para investigar violaciones a hombres Una madrugada, un joven empleado de una entidad pública tomó un taxi para regresar a su casa. Iba ebrio y no rechazó la bebida que le ofreció el piloto. Perdió el conocimiento de inmediato y despertó horas después con señales de haber sido penetrado vía anal y oral. Revivió la pesadilla, no era la primera vez que lo violaban. Años atrás, el joven petenero había sido deportado de Estados Unidos a los 21 años, después de vivir ahí indocumentado desde niño. No importó su licenciatura en administración ni sus peticiones de que le permitieran quedarse. Las autoridades migratorias lo creyeron mexicano y lo mandaron a ese país. En su travesía hacia Guatemala fue violado en repetidas ocasiones. Ya asentado en la capital consiguió trabajo en un ministerio y se refugió en el alcohol. Cuando pensó que lo peor ya había pasado, fue abusado por el taxista. El joven entró en un proceso de depresión y ansiedad y tuvo que ausentarse del trabajo. Referido por su jefa, buscó ayuda psicológica en un consultorio privado y ahí, por primera vez y tras varias sesiones que guardó en silencio, tuvo el valor de hablarle al terapeuta de las violaciones. También le contó que había presentado una denun-

cia en el MP. Después de un semestre de sesiones, el paciente dejó de asistir a las citas. Su psicólogo le perdió el rastro y no supo qué desenlace tuvo el caso judicial. Aun cuando el hombre decide denunciar una violación sexual, se enfrenta a un sistema que, pese a sus reformas, no contempla igualdad de condiciones para los casos en los que la víctima es un hombre adulto. Hasta 2009, el Código Penal solo reconocía como violación sexual la cometida contra una mujer. Las reformas de ese año consideraron que es violación la penetración anal y bucal no consentida (además de la vaginal), así como la introducción de objetos en cualquier parte del cuerpo contra una persona, sin importar su género. El problema para buscar justicia en los casos de violación a hombres no es el marco legal, sino la vía para acceder a esa justicia. El diseño prioriza mujeres y menores de edad. Los casos de hombres adultos quedan en un segundo plano y, a menudo, minimizados. El hombre que decide denunciar una violación sexual en el departamento de Guatemala, es atendido bajo el Modelo de Atención Integral (MAI) de la Oficina de Atención a la Víctima (OAV) del MP. Es una oficina abierta las 24 horas, todo el año, en el barrio Gerona, zona 1 capitalina. En el MAI, un auxiliar fiscal de turno toma la denuncia y la traslada a la Unidad de Investigación (UDI) de la Fiscalía de la Mujer, entidad encargada de investigar los delitos de índole sexual cometidos contra mujeres y hombres. La UDI se encarga de recabar la mayor cantidad de indicios posibles en un lapso de 24 horas. Estos incluyen la declaración detallada del agraviado, los informes forense y psicológico y fotografías. Luego, el MP presenta el caso ante un juez de instancia penal. Pero la OAV solo cuenta con cuatro auxiliares fiscales para atender todos los casos de hombres y mujeres que ingresan al día a la Fiscalia de la Mujer. Cada uno maneja en promedio 400 expedientes de manera simultánea por distintos delitos, incluida la violación. Para lograrlo, es común que

El alcohol y la vida nocturna en bares y discotecas suelen rodear los casos de violencia sexual contra los hombres.

entrevisten al denunciante con tiempo limitado y que dejen sin consignar información relevante para la investigación, admite Alma Wendalí Díaz, exagente de la Fiscalía de la Mujer y ahora miembro de la Fiscalía de la Niñez. Aquellos denunciantes hombres que no se sienten cohibidos de buscar justicia en una fiscalía para mujeres se toparán con varios obstáculos. El principal es no poder aportar la información necesaria para identificar al agresor o agresores. Las lagunas mentales y los efectos del alcohol u otra droga suelen ser las causantes de que cuenten los hechos


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HOMBRES VÍCTIMAS DE VIOLACIÓN QUE PRESENTARON UNA DENUNCIA ANTE EL MINISTERIO PÚBLICO ENTRE 2010 Y 2017* (POR EDADES)

1,095

802 680 537

281 82 18 a 25 años

26 a 35 años

*al 23 de marzo de 2017.

36 a 45 años

46 a 55 años

56 a 65 años

66 a 75 años

21 76 a 85 años

04 86 a 95 años

FUENTE: Sistema Informático de Control de la Investigación del Ministerio Público (Sicomp)


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LA MASCULINIDAD DAÑADA

a medias o con diferentes versiones. Esa fue la razón por la que un agente de seguridad privada no logró que su violador fuera sentenciado a prisión. El caso lo recuerda Brenda Guzmán, agente de la Fiscalía de la Mujer. Cuenta que el guardia, de entre 22 y 25 años, fue violado por su compañero de trabajo en la oficina donde descansaban y guardaban sus pertenencias. La primera versión del muchacho fue que olvidó su mochila y, al regresar a la oficina, su colega le puso un arma de fuego en la cabeza, lo obligó a tomar dos cervezas, a quitarse la ropa, a permitir que lo penetrara y, luego, a limpiarle el pene. En la segunda versión aseguró que cinco compañeros bebían cerveza en la oficina y cuando ya se iban, el agresor le golpeó la cabeza con el arma, lo tiró a la cama y lo violó. En su tercera historia hay tres hombres y al retirarse uno, queda el joven con el compañero quien lo golpea, lo pone contra la pared y lo abusa. En el caso había una violación certificada por un médico del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) y, a pesar de las múltiples versiones, la constante era que había un agresor, el uso de la intimidación con arma de fuego y la ingesta de alcohol. Pero para el tribunal no fue suficiente y absolvió al acusado. El joven abusado intentó suicidarse cuatro veces durante el proceso. Otras víctimas que simplemente no recuerdan nada, como el joven ultrajado en la zona 16, no consiguen información que les ayude. Después de la violación, el muchacho pidió en el bar las imágenes grabadas por las cámaras. El dueño no solo se las negó, sino que le sugirió que podía aparecer muerto en algún lugar si llegaba a contar lo que había pasado. El miedo fue una de las razones por las que decidió callar. Para el Procurador de los Derechos Humanos (PDH), Jorge de León Duque, la negativa a denunciar una violación a un hombre encuentra respuesta en la desconfianza generalizada en el sistema de justicia. “El hecho de animarse a denunciar y tomar la responsabilidad tiene que ver con la

En la sociedad guatemalteca prevalece la crianza del hombre en un sistema patriarcal en el que “ser macho es perder la virginidad con las prostitutas a los 15 años”, expone Raúl López, psicólogo del Programa de Prevención y Erradicación de Violencia Intrafamiliar (Propevi). Se les enseña a hablar de aventuras sexuales, reales o ficticias, con un vocabulario que hace alusión al pene, su tamaño y vitalidad. También aprenden a “poseer” y a ejercer control en la sexualidad por medo del pene, que los hombres son los que penetran y que cualquier relación a la inversa está asociada a la mujer o a la homosexualidad. La violación sexual a un hombre, la penetración obligada, no es algo que esté en las contemplaciones que los hombres tienen de los peligros a los que se enfrentan en la sociedad. Cuando esto sucede, el golpe a su confianza y hombría es fuerte y sumamente destructiva y desencadena episodios de descontrol inimaginables, explica el psicológo. manera en que las instituciones reaccionan. Nadie confía en la justicia y por eso vemos también la omisión de denuncia”, comenta. Existen otros motivos por los cuales una violación no es condenada. Otto Juárez, exdirector de la OAP, resalta que muchas veces un mismo caso es investigado por diferentes delitos penales. Es decir, si se dio una violación pero también un secuestro y el robo de un vehículo, el caso pasa por distintas fiscalías y se priorizan los delitos. Se juzga con base en el delito principal o del que se tiene mayor cantidad de pruebas. A menudo, la violación pasa a un segundo plano. Ante las dificultades para acceder a la justicia, no es inusual que los denunciantes desistan de continuar con el proceso o que el MP pida la suspensión de la persecución penal. De 2010 a 2017 el MP registró un total de 3 mil 502 violaciones sexuales a hombres mayores de edad. De estos casos, 73 (2.08 por ciento) fueron archivados y 55 (1.6 por ciento) sobreseídos. Y de los que llegaron a juicio, solo 277 consiguieron una condena, lo cual equivale al 8 por ciento del total denunciado.

Entre los casos sentenciados se puede contar el de un veinteañero que salió con sus amigos a una discoteca de la zona 1, ellos lo dejaron solo y ya ebrio decidió retirarse a pie del lugar. Mientras caminaba dos hombres lo tomaron por la fuerza y ya abusaban de él en la calle cuando fueron descubiertos por un equipo de policías que patrullaba el área. Detenidos en flagrancia, los violadores fueron condenados.

Renuentes a buscar atención médica y psicológica Así como renuncian a buscar justicia, los hombres víctimas de violación también se rehúsan a buscar atención médica y psicológica porque eso supone confiar a extraños lo que convierten en su mayor secreto. Pero también influye que el sistema de salud público no facilita ni provee la totalidad de tratamientos necesarios para las víctimas masculinas de estos delitos. Además, la sociedad no está sensibilizada sobre estos casos. La mayoría de ciudadanos cree que a los hombres no los violan. Después de un abuso sexual, el hombre tendría que procurarse la cura de las lesiones y prevenir enfermedades de transmisión sexual. El ano no está diseñado para ser penetrado, resalta Ricardo Menéndez, médico de emergencias del hospital Roosevelt. Un coito forzado puede causar incontinencia anal, gonorrea en el recto, hemorragias, hemorroides, incluso perforación. Si le penetración fue bucal pueden producirse papilomas en la boca, herpes en la garganta y diversidad de infecciones. Eso, además del riesgo de contraer el virus de inmunodeficiencia adquirida (VIH). La persona víctima de violación debe buscar atención en las 72 horas posteriores a la agresión, sin bañarse, y llevar consigo la ropa que vestía cuando fue atacada para que el MP pueda rescatar la mayor cantidad de evidencias. El protocolo médico establece que un hombre víctima de violación debe recibir tres dosis de medicamentos retrovirales para la prevención del VIH-sida, una inyección de penicilina benzatínica para evitar la sífilis, otra de ceftriaxona para la

Pa mu reg pro an 2,2 cas

Pa ho reg pro an 43


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Los hombres que denuncian una violación sexual son evaluados por un médico forense del Inacif, quien determina si hubo agresión y de qué tipo.

VIOLACIÓN SEXUAL A HOMBRES Y MUJERES: UNA RELACIÓN DE UNO CONTRA CINCO

2589

2571 2427

2,301 Para las mujeres se registra un promedio anual de 2,226 casos.

2,026

1996

1,676

Para los hombres se registra un promedio anual de 437 casos.

603 399

471

511

488

451

544

492

87 Años

2010

2011

2012

2013

2014

2015

2016

2017

FUENTE: Sistema Informático de Control de la Investigación del Ministerio Público (Sicomp)

Fotografía: Santiago Billy/Archivo.


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LA PRIMERA ATENCIÓN A UN HOMBRE VIOLADO

gonorrea y azitromicina para la chlamydia y trachomatis. Según el cuadro del paciente y el riesgo de infección, se asiganarán dosis de distintos medicamentos para un consumo durante 28 días. Además deberá someterse a controles trimestrales o semestrales. Si contrajera VIH tendría que empezar a recibir un tratamiento que incluye hasta tres tomas al día de distintos medicamentos, por el resto de su vida. En el edificio de Gerona el MAI cuenta con un médico de emergencias que suministra las medicinas iniciales; un médico del Inacif para que realice los peritajes que determinen la agresión, y una odontóloga forense, en caso de que haya mordeduras que investigar. De los 22 departamentos del país solo 13 cuentan con MAI. En el resto, el denunciante de violación sexual también tendría que tener acceso a los retrovirales y antibióticos, así como atención médica proveída por el MP. Pero en la práctica diaria, el abastecimiento de medicinas y la falta de personal médico son las constantes en el sistema de salud público. Aun más complicado es el acceso a la salud mental. La OAV del MP cuenta con cuatro psicólogos de turno para estabilizar a la víctima de abuso sexual, ya sea hombre o mujer, cuando llega a presentar la denuncia. Durante el proceso de investigación, cada vez que el denunciante tiene que ir la fiscalía para aportar o ratificar información, la OAV provee a un psicólogo para que lo acompañe y evite que repita su relato innumerables veces ante los investigadores y lo revictimicen, expone Jessica Batres, psicóloga de la oficina. El problema es que el MP solo da acompañamiento psicológico hasta la etapa intermedia del proceso judicial, cuando la fiscalía presenta la acusación. A partir de ahí, queda a criterio del juzgador si asigna un psicólogo del Organismo Judicial, a quien la víctima tendría que narrar de nuevo lo sucedido. Ni el sistema de salud ni el judicial proveen de terapia psicológica una vez termina el proceso, incluso cuando queda inconcluso.

Un hombre que llega al Ministerio Público a denunciar una violación sexual será atendido bajo el Modelo de Atención Integral (MAI), y el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) será el encargado de realizar los peritajes respectivos. Estos contemplan: • La solicitud de una pericia por parte de un agente fiscal o auxiliar fiscal, por medio de un oficio, el cual debe incluir: número de caso, fecha, nombre, apellido y sello del agente fiscal o auxiliar fiscal y las áreas a investigar. • Un palpado anal para determinar si hay rasgaduras recientes o antiguas, evaluadas a partir de la existencia de sangrado o cicatrización. Si fueran recientes, se realiza un hisopado para la toma de semen o fluidos. • Examen en los genitales, en las características del pene, para detectar presencia de enfermedades transmisibles. • Los resultados estarán disponibles de tres a siete días. El Inacif remite el informe al juzgado y a la fiscalía a cargo, en menos 24 horas.


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ATENCIÓN ESPECIALIZADA, PERO NO PARA TODOS El Modelo de Atención Integral (MAI) del Ministerio Público solo está presente en 13 de los 22 departamentos del país (marcados en amarillo) y la Fiscalía de la Mujer, encargada de investigar los casos de violación sexual (a mujeres y hombres), tiene agencia en solamente siete departamentos. En su ausencia, las fiscalías distritales o municipales, donde se ven todos los delitos penales, se hacen cargo de esos procesos.

En Guatemala, solo 13 de los 22 departamentos cuentan con un Modelo de Atención Integral

Petén

Huehuetenango Quetzaltenango

6.3%

San Marcos

6% Totonicapán 1.5% Sololá 2.3%

3.9%

Quiché

Sacatepéquez

2.1%

Zacapa

1.3% Izabal

12%

4.1% El Progreso Chiquimula

1.5%

Retalhuleu

2.1%

Suchitepéquez

8%

Escuintla

5.3%

H V U M 2

*al 23 de marzo de 2017.

6% Baja Verapaz 2.2%

4.3%

20.2%

2.1%

Alta Verapaz

Chimaltenango

Guatemala

VIOLACIONES A HOMBRES A NIVEL NACIONAL DE 2010 A 2017*

Jutiapa

3.5%

0.9%

Jalapa

1.4% Santa Rosa

1.5%

Fuente: Sistema Informático de Control de la Investigación del Ministerio Público (Sicomp).

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*a

La Oficina de Atención a la Víctima del MP está en el barrio Gerona, zona 1. Atiende las denuncias de violación sexual las 24 horas bajo un modelo de atención integral.


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El violador recurre a las bebidas alcohólicas y a otras drogas, como sedantes, para someter a su voluntad a su víctima.

La víctima de violación debe buscar atención psicológica privada, donde cada hora de terapia cuesta en promedio Q300, un precio inaccesible para el 59 por ciento de la población guatemalteca que vive en la pobreza, con menos de Q30 al día, según la última Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) de 2014. Una violación sexual es un episodio difícil de superar. Alejandro Chang, psicólogo y analista de patrones criminales en la Fiscalía de la Mujer, explica que los hombres que la sufren pueden desarrollar procesos depresivos, ataques de ansiedad, intentos de suicidio y automutilación. Más allá del machismo, expone, una agresión de este tipo puede hacer sentir al hombre inferior a otros y con mucha desconfianza de su entorno porque le pasó que jamás habría sospechado que

podía sucederle. Es el cuadro de un joven que fue violado a los 18 años. Su madre, una prostituta retirada, trabajaba en una cafetería china. El muchacho pasaba tiempo con su padrastro, quien a menudo invitaba a la casa a sus amigos para beber. Un día, uno de ellos lo agarró por la fuerza y le tapó la boca mientras el padrastro y su otro amigo lo violaban. El joven se volvió tímido y desconfiado, desarrolló ideas suicidas y empezó a cortarse piernas y brazos. Se sentía sucio, le contaba a la psicóloga del refugio de niños y jóvenes en riesgo al que llegó después de denunciar el hecho en el MP. Fernando Yon, psicólogo clínico que utiliza la terapia cognitiva-conductual para tratar la

violación sexual, cuenta que la persona que enfrenta este tipo de abuso se forma la idea de que el sexo es sucio, doloroso y malo. También se siente cosificada, traicionada y en la mayoría de casos no sabe manejar el dolor, la ira y los recuerdos que la invaden constantemente. En el tratamiento psicológico el primer paso es contar, hablar y desahogarse, para luego poder realizar los desbloqueos a nivel sexual. De lo contrario, se podría producir una descompensación en las relaciones intra e interpersonales, se producen bloqueos emocionales e incluso, por ese miedo, llega a bloquearse cualquier posibilidad de intimar con otra persona o pareja.

Una violación cada 18 horas En el departamento de Guatemala se


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ALCOHOL, DROGAS, VULNERABILIDAD Y NECESIDAD DE DOMINIO: LAS CONSTANTES DE UNA VIOLACIÓN De los 10 casos documentados para esta investigación, en tres la víctima ingirió alcohol y en tres fue inducida o engañada para ingerir otro tipo de droga. En la mitad hubo dos o más agresores. Todos ocurrieron en el departamento de Guatemala y varios de ellos en la zona 1 capitalina, a pesar de que dos de las víctimas eran provenientes de otros departamentos. En ninguno de los casos detectados había una mujer involucrada como agresora. Las violaciones fueron de hombres a hombres. La constante fue la vulnerabilidad y aislamiento de la víctima y la toma de control de el o los victimarios. Para los casos de violencia sexual, el sistema de justicia guatemalteco está orientado a la víctima, no en el victimario, y bajo esa perspectiva se abordan también aquellos en los que los denunciantes son hombres. Pero, ¿quiénes son los hombres que violan a hombres? Los psicólogos clínicos Karla Díaz, Andrea Bonilla y Manuel Velásquez exponen que hay diversos patrones de abusadores. No se puede hablar de un perfil particular, pero sí de una serie de características de sus personalidades. • Puede que el abusador haya sufrido un abuso en su niñez o adolescencia y por eso presenta ese tipo de trastornos, aunque no aplica para todas las situaciones. • El común denominador es que son personas sumamente impulsivas, manejan mal sus emociones y se mantienen a la defensiva porque se sienten agredidos la mayor parte del tiempo. • “Hay que entender que el abusador no es una persona que quiera seducir al otro para que quiera tener relaciones. Lo que quiere es que la otra persona se resista, es parte de lo que le gusta: el poder, el dominio”, detalla Karla Díaz. • Es frecuente que el agresor estudie y elabore una estrategia para llevar a cabo sus planes. Analiza el ambiente y realiza la selección entre varias personas; como una especie de cacería. Cuando es una violación con dos o más autores, siempre hay uno que es el líder, otro que hace el vínculo y otro que se encarga de los pormenores, como manejar el auto. El líder domina y manipula a los otros y, si fueran son vistos por algún testigo, siempre buscará que sean sus seguidores quienes queden en evidencia. • Cuando se utiliza un arma, es porque el agresor necesita seguridad. A través de ella se siente más poderoso y con capacidad de atemorizar a su presa. El arma le da autoridad y eso forma parte de la dinámica. Al agresor le gusta tener el control sobre el otro, es una persona que se aprovecha de los débiles y que llena su ego a través de este tipo de acciones. Es, por lo general, alguien inseguro que necesita afianzar su personalidad. Monique Cruz, psicóloga de la Oficina de Atención a la Víctima (OAV) del Ministerio Público, asegura que la mayoría de violadores de hombres tiene reprimida la homosexualidad y manifiesta ese sentimiento por medio de un abuso a personas vulnerables. Es una amenaza el hecho de que los casos queden impunes, ya que el agresor se coloca en una zona de confort en la que, al ver que sus actos no tienen consecuencias, sus abusos se convierten en una forma de vida.

denunció en 2016 un caso de violación sexual a un hombre cada tres días y medio, según los registros del MP. Pero al buscar esos casos en las cinco unidades de la fiscalía de la Mujer no fue posible encontrar ninguno.

Para la presente investigación se documentaron 10 casos por medio de dos psicólogos clínicos que los atendieron en sus consultorios privados entre 2000 y 2014, dos fiscales que tuvieron a cargo la investigación parcial o totalmente, y una psicóloga que formó parte del tratamiento a víctimas

de estos casos en la OAV. La condición de todos fue que no se dieran a conocer nombres de las víctimas ni de ellos para que no fuera posible identificarlas. No es fácil encontrar casos de violación sexual a hombres adultos. Por un lado, limita el acceso la protección de información sensible de la víctima. Ni jueces ni fiscales tienen autorizado hablar abiertamente de estos casos cuando están en proceso. Pero por otro lado, esos no son los casos que ocupan los escritorios de los fiscales, que también investigan las violaciones y abusos sexuales contra mujeres. No hay comparación entre la cantidad de casos de violación sexual contra mujeres que registra el MP con los denunciados por hombres. Desde 2010 a 2017, se registra un total de 16 mil 130 mujeres víctimas de violación. Los 3 mil 502 casos de hombres víctimas constituyen la quinta parte. Visto de otra forma, una mujer presenta una denuncia de una violación sexual por cada 1 mil 2 habitantes de los 16.1 millones que hay en el país, según la proyección del Instituto Nacional de Estadística. Mientras que un hombre denuncia una violación por cada 4 mil 619 personas. La violencia contra la mujer, en todas sus formas, ha impulsado cambios en la legislación guatemalteca para combatirla, como la creación en 2009 de la Ley Contra la Violencia Sexual, Explotación y Trata de personas, en la que se incluyen los conceptos de víctima y la protección de sus derechos –sin distinción de sexo– y contempla la necesidad de recuperación psicológica y reintegración social. Como efecto colateral, los hombres víctimas de delitos sexuales también resultaron favorecidos. La Constitución Política de la República establece, en su artículo 4, la igualdad de todos los guatemaltecos ante la ley. Sin embargo el abuso sexual que sufren los hombres a menudo es ignorado, minimizado o ridiculizado. Cuando se buscaron casos en los juzgados penales capitalinos, a menudo el personal respondía con una risa. María José Gonzáles, agente fiscal de la Fiscalía de la Mujer, considera que los casos


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Una calle en la que transitan personas y vehículos con frecuencia puede ser el escenario para que ocurra una violación sexual.

CALLAR LA REALIDAD Y FINGIR QUE NO EXISTE PONE RIESGO LA VIDA Y LA SALUD DE LOS HOMBRES VÍCTIMAS DE VIOLACIONES SEXUALES.

de abusos sexuales a hombres no necesitan un marco legal específico ni una fiscalía especial que los investigue. Cree que son suficientes las herramientas actuales. Rootman Pérez, secretario de Política Criminal del MP, admite que “la mujer es el principal blanco del machismo en el país, no lo es el hombre, lo cual se refleja en las cifras y por eso se ha dado prioridad al sexo femenino”. Sin embargo, no niega que se desconoce la dimensión real de los abusos que sufren los hombres y la necesidad de una encuesta nacional de victimización que evidencie la cifra negra. Un sondeo que, según el secretario, debería realizar el Ministerio de Gobernación. Pero en el viceministerio de Prevención de la Violencia no está en miras ese proyecto. El viceministro Axel Romero cuenta que las encuestas de victimización solo miden ocho delitos, ninguno de índole sexual. Marco Antonio Garavito, director de la Liga Guatemalteca de Higiene Mental, critica que “si no tenemos desde 2002 un censo actualizado de cuántos habitantes

somos, no se puede pretender tener registro de víctimas de delitos tan específicos”. Las campañas de concienciación de la violencia sexual, en la que suele participar diversidad de entidades públicas y privadas, tampoco contemplan a los hombres adultos como posibles víctimas. La Secretaría contra la Violencia sexual, Explotación y Trata (SVET) lanzó el pasado febrero información para prevenir la violación sexual. La oficina del PDH también tuvo campañas similares en 2015 y 2016, pero nunca orientadas a los hombres. Pareciera que en el país la violencia sexual solo la padecieran mujeres, niñas y niños. Pero no es así. Hay una realidad ocultada y poco notoria, mas no por eso menos relevante. Las estadísticas oficiales revelan que cada 18 horas un hombre es violado en Guatemala. Eso, sin contar la cifra negra de los que optan por callar y enfrentar solos el estigma y el dolor físico y emocional. El joven que fue violado por tres hombres

al salir de un bar en la zona 16 contrajo el VIH y ya desarrolló el sida. Finalmente tuvo que contar lo sucedido a su familia y buscar ayuda médica, para mantener controlada la enfermedad y alargar su vida el mayor tiempo posible, y terapia psicológica para superar el trauma del abuso. De haber contado con la información y atención a tiempo, habría podido enfrentar de otra manera la agresión sin poner en riesgo su salud física y emocional. Pero en aquel momento de angustia lo único que se le ocurrió fue guardar silencio. Callar la realidad y fingir que no existe pone riesgo la vida y la salud de los hombres víctimas de abusos sexuales. Pero también ha impedido que el sistema de justicia y de salud los consideren como personas vulnerables y que les garanticen igualdad de trato. También los ha hecho invisibles en las campañas de información que buscan evitar este tipo de abusos. No se sabe cuántos son los que callan, pero sí se sabe lo que silencian y enfrentan. Su silencio es un grito de auxilio que, hasta ahora, nadie ha querido escuchar.


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