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A VECES, REVISTA CULTURAL

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“A veces” edición funesto es una revista cultural que surge a partir de la necesidad de dar a conocer a sus lectores sucesos, eventos y acontecimientos infortunados relevantes cronicados por sus diferentes autores.

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© Ediciones AVECES, 2021 © Gustavo José Mantilla Prada, 2021 © José Leonardo Mantilla Prada, 2021 © Juan Sebastián Tovar Tunubalá, 2021 © Taylen Marina Lopesierra Arroyo, 2021 © Hemerson Alexis Jamioy Perdomo, 2021 Impreso por Impresiones Colombia Calle 19 #12b-36 Impreso en Colombia Título original: AVECES FUNESTO © Ediciones AVECES, Colombia, 2021 1ª edición: Abril 2021 Diseño y composición de Crónicas: Hemerson Alexis Jamioy Perdomo, Juan Sebastián Tovar Tunubalá. Diseño y composición de páginas preliminares: Taylen Marina Lopesierra Arroyo. Fotografía e ilustraciones: José Leonardo Mantilla Prada, Gustavo José Mantilla Prada Tipografías: Ibarra real nova, Albertsthal Typewriter, Neuvo-Sello


Editorial

2021

funesto

Con mucho entusiasmo nos satisface presentar la primera edición de la revista A VECES, esta revista busca adentrarse en las memorias más profundas y los recuerdos más íntimos. Nuestra revista contara con distintas categorías y en esta edición le damos la bienvenida a la primera categoría: FUNESTO. En la edición a veces funesto hallaras relatos de la vida real en momentos trágicos e infortunios, contados por medio de una serie de 5 crónicas, que narran desgracias que ocurren en momentos inesperados cambiando todo a su alrededor, encontraras crónicas con temas intensos y sensibles, que te harán sentir un contrastes de emociones. A veces funesto fue creada con el sentido de permitir sumergirse en historias que marcaron un antes y un después en la vida de los escritores, dejando al descubierto momentos impactantes que guardaban en sus memorias. Este proyecto es realizado para que tú vivas una experiencia distinta a partir de la lectura y quizás así como estos eventos funestos cambiaron la vida de sus autores, a veces funesto cambie tu vida.


CONTENIDO

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RECORDAR. Pag. 10

2021

2

AROMA A MIEL Y BANANO. Pag. 18

2009

FALSO POSITIVO CASO NO. 0916. Pag. 26

2008

4 GRATITUD SIN RISAS. Pag. 44

1970

¡ES EL FIN! Pag. 36

2001


2009

AROMA A MIEL Y BANANO.

1970

GRATITUD SIN RISA.

2021 RECORDAR...

Todos en el pueblo hablaban de los Prada como una familia humilde, pero loable, de admirar, con fundamentos y valores sólidamente construidos y valores que quedaron grabados como cada uno de los moretones que costaron en ellas, probablemente en unas más que en otras.

2001

¡ES EL FIN!

El número de personas capturadas y desaparecidas en pueblos y municipios casi invisibles para el reto de la sociedad fue aumentando, pero “la guerra se estaba ganando” o eso se creía por el gran nímero de najas de guerrilleros reportados por los militares en todo Colombia.

SUMARIO

...Era una tal Alejandra García, la curiosidad me gano y por saber que escribió entré y leí: — Llámame por favor, soy la mamá de Nicol Pensativo y sin saber que pasaba, le dije que no tenía minutos y por simple morbo de saber que pasaba le mandé mi número de celular, luego de un rato ella solo lo mencionó.

Aquel almuerzo frío a las 5 de la tarde me rotulaba en la frente la desobediencia basta y dura del fatídico medio día. Ahora entendía que se puede ser imán de cosas feas, que cada acto por bueno o malo que sea trae su consecuencia, que los días santos no son negociables, y que las abejas muertas huelen a miel y banano.

“¡Es el fin!, ¡Es el fin!, ¡Es el fin!”, gritaba la gente abrumada, desesperada y desconcertada, con mucho miedo, sin saber que estaba pasando, solo se veían grandes llamas y una gran nube de humo que cubría gran parte del cielo de la ciudad, muchas familias salieron de sus casas sin conocer dónde podían estar a salvo...

2008 FALSO POSITIVO Caso No. 0916


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Recordar. . . Entre alegrías, guayabos y mucho ruido de finalizar un año, llega la calma y así fue como comenzó el enero del año 2021, todo fluía muy bien para comenzar la gran expectativa de un año nuevo. El pensar en esta nueva vuelta al sol, era una de las cosas que me preguntaba, y entre días de salidas, y respirar un poco del año pasado, me encontraba yo un 11 de enero en mi cuarto compartido con mi hermana Fernanda, haciendo el aseo diario del cuarto y escuchando música a todo volumen, me acuerdo que estábamos bailando y haciendo retumbar casi toda la casa, en eso me llegó un mensaje a Messenger, extrañado de que era un número de otro país, lo revisé, pude notar que su foto era algo familiar, era una tal Alejandra García, la curiosidad me gano y por saber que escribió entré y leí: —Llámame por favor, soy la mamá de Nicol. Pensativo y sin saber que pasaba, le dije que no tenia minutos y por simple morbo de saber que pasaba le mandé mi número de celular, luego de un rato ella solo lo mencionó.

Mi Colsh”.

”


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Pero antes de contar lo que me dijo en aquella llamada, les contaré un poco de quien es Nicol o bueno mi Colsh, es el apodo que le tengo por todo el cariño que construimos en nuestra Infancia, siempre será muy importante para mí, ella… esa amiga que nunca falla y que buenos momentos siempre te hará tener y recordar. Su nombre completo es Nicol Alejandra Franco Palacios, y nos remontamos a el año 2013, en este entonces yo estudiaba en un colegio de Bogotá llamado Gimnasio Antonio Nariño, en el que cursé casi toda mi infancia. Ese año pasaba por primera vez a bachillerato y en tan solo sexto de secundaría, se sentía el cambio gigante de espacios, ya no éramos los grandes, pasamos a ser los niños pequeños de nuevo, ese año desde que empezó sabía que iba a ser distinto, a pesar que me encontraba con mis viejos amigos de primaria, llegaron nuevas caras al salón de clases, entre esas estaba Nicol. Como todo un año escolar lleno de tareas, juegos, recochas y hasta amoríos. Ahí me encontraba yo un niño de tan solo 11 años, yo era al que cambiaban de puesto por estar haciendo algarabía en el salón y el que conversaba con cualquiera, pero al que le daba pena hablar con un profesor; así fue como conecté con Nicol, le hablé sin pensar para conocerla, realmente fue una buena decisión, nos volvimos amigos luego de algunas semanas de compartir junto a todo el salón, de hecho ella se caracterizaba por ser muy fresca y espontánea, no le daba miedo decir lo que pensaba y sobre todo era muy frentera, hasta con los profesores, esto es algo que le aprendí y que muchas veces me ayudó en mi experiencia, a ser alguien fuerte y sin miedo, y que es mejor decir las cosas cuando enserio las sientas, porque quedarse en el silencio te deja con esa espina que es mejor sacar.

”Así fue como con ella”.

conecté


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Ella era mayor que yo, nació el 25 de agosto del 2000, me llevaba un año y algo, pero a pesar de eso nos entendíamos muy bien incluso nos proclamamos mejores amigos. En 2014 seguíamos en el mismo colegio y éramos como uña y mugre, hacíamos trabajos juntos, nos sentábamos al lado, en los descansos comíamos lo mismo, esto duró por mucho tiempo y la verdad mi memoria me da para pocas anécdotas, de las muchas que hubo. Entre salidas, comidas, descansos, peleas, trabajos y algunos partidos de voleibol, empezamos a crecer y ella se volvió novia de un gran amigo que tuve llamado William David, el cual estuvo casi toda la primaria conmigo, de hecho, estudiábamos en el mismo jardín y no lo sabíamos. William fue el primer gran amor de Nicol, y es muy importante en su historia como en la mía, teníamos muchas cosas en común, con Nicol nos encantaba ver anime y hablar horas y horas de posibles teorías, y nuevas temporadas, éramos los típicos niños otakus del salón, que les encantaba dibujar personajes y hacer

retratos en estilo anime de los demás, y William que fue mi mejor amigo de la Infancia, era con el que hacía todos mis trabajos, locuras y jugábamos en su xbox horas y horas, su familia me quería mucho, a ellos les agradezco por los buenos momentos. Pero toda esta gracia y alegrías cambiaron de repente, me dejé de hablar con mi amigo William, y con Nicol todo fluía genial y como siempre, aunque ahora se convirtió en una relación a distancia… yo ya no me encontraba en Bogotá, en el 2016 fue un año nuevo para mí, lo empecé en un pueblito llamado Sibundoy en Putumayo, ubicado al sur de Colombia. Este pueblo también es parte de mí y en vacaciones sin falta lo visitaba, por ver a mi familia, las salidas y los grandes carnavales, estas y muchas cosas más hicieron que empezara a vivir en aquel pueblo, de hecho, aquí termine mi secundaria, hice nuevos amigos, y viví mi adolescencia en un entorno diferente aprendiendo cosas nuevas, haciendo que me olvidara poco a poco de mi lugar natal y de mis antiguos amigos, entre ellos Nicol.


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Hablábamos de vez en cuando, nos llamábamos en días especiales, e intentábamos des atrasarnos; sin embargo, ya no nos contábamos todo, usualmente recalcábamos lo bueno y decíamos que todo estaba bien, solo recuerdo una que otra vez, que ella me decía que tenía algunos problemas en su casa y agobios mentales que todos tenemos, yo siempre intente dar mi mejor consejo y alentarla con toda la actitud positiva que tenía, pero los dos sabíamos que poco a poco esa confianza se estaba perdiendo y teníamos que accionar; por eso fue una vez en el mismo año, exactamente en diciembre que fui a Bogotá y nos reencontramos, muchas cosas habían cambiado, pero nos seguíamos queriendo… Ese 5 de diciembre de 2016 fue la última foto que nos tomamos, luego ya no la volví a ver en persona, si no por videollamadas, a pesar de que el tiempo seguía y lo poco que hablábamos, cada uno seguía con sus vidas, yo pude entrar a la universidad, ella estudiaba en casa, quería viajar y aprender a hablar alemán, pero aun así no entraba a la universidad y eso le estresaba un poco, Nicol trabajaba en

escuché

la grande capital, y yo me encontraba en Popayán diseñando y crenado cosas nuevas, que le contaba y a ella le gustaba mucho. El tiempo seguía pasando y poco a poco nos perdíamos entre memorias, por eso aterrizo en el presente de nuevo, retomo aquel 11 de enero en la mañana. Alejandra, la que me había mandado el mensaje era su madre, y se encontraba viviendo en Estados Unidos con sus otros hijos. Al contestarle el teléfono, solo escuché una fuerte respiración y después de un tiempo desesperadamente me contó que Nicol se había ido, y yo preocupado le dije: —¿A dónde? Asustado y aun en la llamada le escribí enseguida a Nicol, que no sabía de ella, le pregunté que si estaba bien; sin llegarle los mensajes me puse a leer los que teníamos. El ultimo era el del 31 de diciembre a las 11:52, todavía no empezaba el otro año, aun

una fuerte respiración, y después de un tiempo, desesperadamente me contó”. ”Solo


2021 El Covid-19, enfermedad que se convirtió en pandemia mundial, hasta el momento ya existe una vacuna eficiente y se está aplicando en la mayoría de países.

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El ultimo era el del 31 de diciembre a las 11:52, todavía no empezaba el otro año ,así, es un mensaje muy importante, que decía: —Feliz año mi Tovooo, te adoro, te quiero y te amo. A lo que yo le respondí que la amaba más y que tenga un muy feliz año, recalqué que se cuidara mucho… Luego me mando, que la pasara muy bien y en paz, hoy, mañana y siempre, que cumpliera todo lo que me proponga y que esperaba verme pronto… Le deseé lo mismo, y esa fue la última conversación que tuvimos. Después de leer rápidamente, Alejandra con llantos y lágrimas me devolvía a la llamada, me dijo que Nicol no se encontraba con nosotros, y yo shockeado lo único que dije fue: —¿Cómo así? Ella me decía que se había ido y que ya no iba a estar más con nosotros… temblando y buscando las palabras correctas le pregunté qué había pasado, y ella tan entre cortante y casi sin poder respirar me dijo: —No sé qué pasó, el ¿Por qué? o el ¿Cómo?, la extraño y no puedo estar con ella ahora. Con solo escuchar eso se me partió el corazón, luego me dijo que la habían encontrado fría en su cuarto…

”Espero verte

Pronto”.


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Con tartamudeos y sin saber que decir, entré en pánico y los dos en la llamada estábamos llorando, me dijo que me llamaba, porque Nicol le había hablado de mí, y que era muy importante para ella, yo sin entender y en mi ignorancia seguía preguntando que qué había pasado, luego de un silencio lleno de quebrantables respiraciones, me dijo que se había ahorcado que se había quitado la vida. No podía creer tal acto, a mi mente no le alcanzaba esa respuesta, solo pensaba en el mensaje que me mandó: —Espero verte pronto… Tomé un poco de fuerza y aun en la llamada le agradecí por todo a Alejandra, por tener una hija tan única como Nicol, ella simplemente se disculpó y entre lágrimas colgamos. Después de esa fría despedida no sabía qué hacer y en mi cuarto sentado en una esquina me encontraba, mi hermana con la música alta en el otro cuarto, entro a buscarme y me vio ahí, me acompaño y su abrazó fue mi mejor consuelo. Hasta el día de hoy quisiera saber el porqué de tal acto, enserio creía que nos volveríamos a ver. Las personas importantes, cuando menos esperas se van, y los suicidios son un tema tan delicado que me daría hasta miedo intentar dar un consejo al respecto, solo me queda por decir que hay que aprovechar cada momento, y pensar de ella que ahora debe sentirse libre o mejor, que el recordar es el sentir bonito que tenemos las personas, por eso en mi ser estás y estarás, gracias y perdón por todo Nicol y aún sigo esperando el poder escucharte de nuevo.


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Aroma a miel y banano. En algunas fiestas, la llamada “hora loca”, que no son más de diez minutos de gente a oscuras saltando con música electrónica –por lo menos en mi pueblo–, viene acompañada de un x neón de manillas que uno retuerce y truena para que un liquidito de extraña procedencia se active y termine alumbrando en la oscuridad; debo de aceptar que ese acto en específico era de lo poco que me llamaba la atención de la fiesta y como cualquier niño gomoso al adquirir la mía andaba luciéndola como si se tratara del último Rolex de la colección. El atractivo que sentía por este artefacto no era el mismo que sentía mi madre, lógicamente, por lo que ya en el regazo de la cama de aquella noche, el avivado resplandor de la manilla sumado a la susceptibilidad de las mamás a la hora de dormir hacía que nuestra relación nocturna fuese una sumatoria de regaños, que culminó con una frase terminal:

—”Si no dejas la desobediencia, viene una guiada por la luz de esa vaina, y te

bruja

asusta”.


Si bien me daban miedo las brujas, a mis ocho añitos ya sabía que el cuento de mi mamá estaba más que rebuscado; era de lógica que una bruja no iba a saber mi ubicación espacial específica. Sin embargo, por precaución: me zafé la manilla y la guardé bajo la almohada –sentimiento que siempre debí haber tenido en cuenta.

Sábado 11 de abril del 2009 –Sábado Santo–, era la primera Semana Santa que pasábamos sin mi papá después de su muerte, era reciente; mi mamá queriéndonos ver distraídos accedió a una invitación, que su amiga Ruby nos tenía desde hace mucho tiempo. Era en Pelaya, Cesar; en su finca a 2 horas de Rio de Oro. Mi abuela, Matriarca y religiosa por excelencia no estaba nada feliz con la decisión de mi madre, decía que los días santos debían ser respetados y más cuando se trataba de un Sábado Santo en donde –dicen las malas lenguas– el anticristo está suelto porque acaba de morir el hijo de Dios y “no tiene quien lo ataje”.

200

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Mami sin dejarse influenciar demasiado por mamá –mi abuela– pasa a la tienda por una caleta de mecato para que no pidamos nada a los anfitriones del paseo –para ella, pedirle algo a alguien es el peor acto de imprudencia que pueda ocurrir–, alista unos cuantos chiritos para sus hijos y para ella, y entonces estábamos listos.

Ruby y Didail, tienen tres hijas, la mayor que para ese entonces tendría unos dieciocho, la del medio que tiene nuestra edad, y la menor que tiene la edad de mi hermano Sebas. Todos ellos se movilizaban en su Camioneta 4x4 blanca envidiable, mientras nosotros en nuestro Renaultcito 7 rojo, mucho más cómodo; eso seguro. Nos fuimos a eso de las 4, ellos adelante y nosotros sin perderles rastro pocos metros detrás; recuerdo fielmente que yo era el copiloto y cada tanto preguntaba el nombre del lugar en donde íbamos y si faltaba mucho para llegar. De vez en cuando mi mamá debía bajar la velocidad tras una alerta de vomito por parte de alguno de nosotros; síntoma que aún conservamos, yo en especial.

Muere el mayor exponente de la música pop. A los 50 años, el estadounidence Michael Jackson es encontrado muerto en un hotel de los ángeles.


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Esa noche –ya en Pelaya– nos hospedamos en la casa de una cuñada de Ruby, “Pecas” le decían –ronqueta y buena gente–. La casa era tan grande cómo cómoda pero no tenía muchas paredes, quiero decir, en un mismo espacio estaban: cocina, sala, comedor y otra sala. hacía muchísimo calor. En la mañana del día siguiente –Domingo de Resurrección de esta Semana Santa atípica, para mi desgracia– la travesía comenzó a las siete, para “llegar a buena hora” y poder almorzar temprano en la finca. El trayecto definitivamente no fue tan dramático como la regresada. En él debíamos atravesar una trocha muy irregular; era de lógica que la 4x4 nos iba a dejar botados, pero nosotros, siempre aguerridos a la fuerza de voluntad de nuestro carrito. Debíamos cerrar portones pues los carros de adelante los dejaban abiertos para nosotros poder pasar, a lo Hansel y Gretel; para cerrarlos, nos turnábamos Pocho –mi hermano gemelo– y yo. Una vez en la finca, –como a las nueve más o menos– los adultos se disponían a alistar lo del almuerzo, mientras nosotros, nos dejábamos cautivar por el paraíso en el que estábamos. Nuestro guía explorador era Deysler un niño poco conocido, hijo de “Pecas”, quien a medida que nos paseaba por la finca nos hablaba de sus hazañas campestres, entre ellas coger estiércol seco de vaca dizque para abonar las matas.


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Los

caballos se negra de posada sobre

nube

En eso se nos hizo el medio día y el calor era directamente proporcional a la hora, por lo que se imaginarán nuestro estado físico. Entonces, vino la propuesta por parte de este bando hacia los mayores de irnos a la quebrada; la respuesta en medio del ajetreado fin del almuerzo fue un inmediato ¡no!, “porque ya estaban a punto de servir”, sin embargo, en nuestra pendejada creímos que se trataba de una falta de comunicación o una malinterpretación de la información; así que Deysler sin más ni más, propuso una ejecución magistral del plan para satisfacer la necesidad que teníamos –lejos de tomar en cuenta lo consultado con la autoridad, claro está­­­­­­–, mis hermanos no obstante, acataron lo acordado por mi mamá. Yo seguía en mis cabales, grave error de mi parte. Tres caballos eran nuestro medio de transporte: uno para mí, otro para Gabriela y Daniela –Las hijas del medio y menor de Ruby, respectivamente– y el último lógicamente para Deysler. Nos desplazamos desde punto de encuentro unos cien metros aproximadamente, para llegar a un pequeño pozo; era justo lo que necesitábamos. Estando allí todo parecía normal –dentro de lo que cabe–, bastó solo con la pisada de un caballo para saber que el terror iba a salir a flor de piel, literalmente.

fueron

y

abejas nosotros.

una yase


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Los caballos se fueron y una nube negra de abejas ya se posaba sobre nosotros. Sentíamos cómo chocaban con nuestra cara y las ponzoñas atravesando la epidermis; poco se veía, o eso quiero recordar. Deysler pudo salirse, Daniela solo gritaba, yo, mediante todos los medios intentaba echarle agua para tumbarle las que tenía encima, ella no sabía sumergirse –tenía solo 6 años. Mientras tanto, un olor super característico brotaba en el lugar, era fuertísimo y hace poco, descubrí que se trataba de una feromona que emanaban las abejas para advertir a otras abejas que la colmena está riesgo; entonces ahí recordé la bruja que persigue manillas. Los científicos describen el aroma como una mezcla de miel fermentada y banano… y, como que sí. Fueron pocos minutos que se sintieron eternos –frase de cajón–, no eran más de las doce y media. Entre el nubarrón logro ver la silueta de alguien, se trataba de Tino –el papá de Deysler– y entonces supe que todo estaba a punto de terminar, nos agarró entre zumbidos a los 3 restantes y viringos empezamos a correr: además de las picaduras ahora las piedras del camino eran un problema. De allí los recuerdos son muy vagos, me ardía el cuerpo y el aturdimiento no me dejaba procesar la magnitud de lo que estaba pasando.

Mi mamá desconcertada y con un: “Te lo dije” transfornado en cada lagrima rodando por sus mejillas, me empavonó de Vick Vaporub para “alivianar el ardor”, pero pensándolo bien, lo empeoró. Ahora también me ardían los ojos. La 4x4 se fue a delante y esta vez no cerramos los portones; sentía la trocha muy fuerte en mi espalda, cada salto del carro sumado a la velocidad del mismo enterraba aún más las ponzoñas en aquel lugar. El cojín de atrás no era tan cómodo como lo recordaba.En el hospital la espera para mí fue casi nula, ya ellos hacía rato estaban ahí y habían adelantado el proceso, se trataba de un caso realmente prioritario. Cuenta mi mamá que para ese entonces ya era irreconocible producto de la hinchazón y el enrojecimiento*. El tratamiento fue sencillo: nos trasladaron a una habitación a Gabriela y a mí, y mediante otro de tantos piquetazos –este un poco mas leve que los demás– nos inyectaron una dosis de algún medicamento raro, pero efectivo. Al cabo de 15 minutos ya Gabriela se hallaba desintoxicándose –vomitando–, al instante me encontraba yo en las mismas. En ese momento fue donde me percaté de la presencia de Gaby en la habitación, su cara deforme me hacía un panorama del estado en el que yo me encontraba.


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Pocas horas despues salimos del hospital y aquel almuerzo frio a las 5 de la tarde me rotulaba en la frente la desobediencia basta y dura del fatidico medio día. Ahora entiendo a que se puede ser iman de cosas feas, que cada acto por bueno o malo que sea trae su consecuencia, que los dias santos no son negociables, y que las abejas muertas huelen a miel y banano. abejas gg e m

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Falso positivo Caso No. 0916

Luis Alexander Jamioy Perdomo, 19 años de edad, hijo mayor de Silvina Perdomo Paredes y Luis Hernando Jamioy. Uno de los mejores estudiantes en la Institución Educativa Agrícola Piamonte. En su tiempo libre participaba en el grupo musical recién fundado en 2007 en el municipio, aquí fue en donde descubrió su don de cantante. Su vida estaba llena de buenas obras, un hijo y hermano ejemplar en la familia. Así es recordado mi hermano. Colombia, su historia está y seguirá siendo manchada por la sangre de personas inocentes. Desde 2002 todo fue empeorando, empeoró la guerra entre el ejército militar y las guerrillas, y, por lo tanto, el gobierno comenzó a dar incentivos y recompensas al ejército por cada baja que le daban a un soldado del bando contrario, gracias a su valor en la guerra tendríamos la paz. El número de personas capturadas y desaparecidas en pueblos y municipios casi invisibles para el resto de la sociedad fue aumentando, pero “la guerra se estaba ganando” o eso se creía por el gran número de bajas de guerrilleros reportados por los militares en toda Colombia. Piamonte, Cauca. Oculto en las montañas, pueblo de veranos interminables en donde los vientos pasan rosando sutilmente las ramas de los árboles, de un sol caliente y abrazador.Un municipio en crecimiento, casas de madera y láminas de zinc, con marcas de balas que dejaban pasar el sol formando lunares de luz en el suelo, la madera y las trincheras improvisadas debajo de las casas eran los escudos que cuidaban nuestras vidas, vidas que probablemente terminarían en un instante dejando atrás el miedo y llantos que retumbaban la tierra humedad y casi lodosa del lugar.

Éramos los primeros en la fila, presenciábamos los enfrentamientos y después del espectáculo recibíamos obsequios, balas que no cruzaban por completo la madera se convertían en souvenirs así mismo como los cartuchos de fusil regados por las carreteras destapadas del lugar.


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7 de septiembre del 2008 En la noche... Ya era demasiado tarde, la planta eléctrica del municipio ya estaba apagada y la oscuridad comenzaba a apoderarse del Piamonte. Luis tenía que llevar a su novia hasta su vivienda que quedaba al otro lado del pueblo, debía caminar bastante. 7:30 p. m. Salen de la casa de doña Silvina, él llevaba un pantalón de mezclilla, una camiseta deportiva con franjas rojas y blancas, botas y un poncho azul. Doña Silvina decide esperar a su hijo en el segundo piso de su casa, desde ahí se podía observar a las personas que pasaban por la única calle que quedaba en frente, era fácil reconocerlas desde muy lejos. Las personas pasaban; soldados del ejército, campesinos con sus bestias de carga que regresaban a sus veredas, pero Luis no llegaba. Las horas transcurrían, pero cada vez más lento, la angustia usurpaba la tranquilidad de doña Silvina, pasó toda la noche en vela y su hijo nunca llegó.


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8 de septiembre del 2008 En la mañana... Sale doña Silvina de su casa a buscar a su hijo en todo el pueblo; al colegio, donde sus amigos, a la estación de policía, pero su única respuesta era que lo habían visto en la noche. Por último, ella decide preguntar a unos soldados quienes dieron una repuesta que ella no esperaba.

—“En la noche dimos de baja a un bandido que nos

atacó”.

Salió llorando y desaforada, pidió ayuda a la gente del pueblo y también al colegio, todos salieron en busca de Luis Alexander. Pasó el tiempo y no daban con su paradero, entonces deciden ir al lugar en donde se encontraba el bandido asesinado a realizar un reconocimiento como último recurso. Dejan a doña Silvina en su casa con sus hijos, ella ya no sabía qué hacer, estaba muy mal. Su esposo había salido hace dos días, trabajaba en la mina de una vereda muy lejos de la cabecera municipal, él no tenía conocimiento de lo que estaba ocurriendo en el pueblo, de lo que estaba pasando con su hijo. Media hora después llegan a la casa de doña Silvina con la noticia, era su hijo, Luis Alexander era el bandido asesinado. El llanto y las lágrimas ocuparon los espacios de la casa; tristeza, rabia y el desprecio se esparció entre las personas del pueblo.

Doña Silvina tenía que ir hasta el lugar, quería verlo con sus propios ojos, no lo creía, porque toda la noche estuvo esperando y nunca pasaron con su hijo, no escucho algo similar a una persona secuestrada, esa calle era la única para llegar hasta donde se encontraba ahora el cuerpo de su hijo. Las personas que hicieron el primer reconocimiento del cuerpo notaron que su vestimenta era distinta, vestía un traje militar, un radio, una navaja, un revolver y tambien tenia dos hojas dobladas en donde estaba “escrito por Luis” un tipo de coordenadas que lo inculpaban como un guerrillero. Antes de que las personas se dieran cuenta del asesinato, la fiscalía ya había echo todo el procedimiento para llevarse el cuerpo, solo estaban esperando el helicóptero y transportarlo lo más antes posible hacia el batallón militar de Villa garzón Putumayo.


29

2008

El afroamericano Barack Obama, es el primer presidente negro que llega a la Casa Blanca de EEUU.


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El lugar comenzó a llenarse cada vez más de personas y el ejército inició a tomar medidas para que no se acercaran al cuerpo disfrazado de guerrillero... Doña Silvina llegó al lugar para ver el cuerpo, encuentra a su hijo dormido en la tierra fría, su cuerpo y rostro pálido, sin un que lo habitara.

sereno

alma


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El ejército utilizó una bolsa negra grande de embalaje para hacer el levantamiento del cuerpo, el transporte estaba por llegar. Luis Alexander se convirtió en un falso positivo en frente de su familia y los piamonenses, fue una salida fácil para sus asesinos, ellos solo querían salir a descansar y tener algo de dinero, el joven inocente, con muchas ganas de seguir viviendo y una madre que lo espero hasta el amanecer fueron los patrocinadores a su salida de descanso. Comenzó la lucha para rescatar el cuerpo sin vida de Luis; llantos, gritos, personas que caían al suelo desmayadas ocupaban el potrero sucio y pisoteado por los caballos. Cuenta doña Silvina que ella no quería tomar aguas calmantes, ella solo quería llorar, sus rodillas estaban raspadas por las innumerables veces que caía inconsciente, pero cada que despertaba el dolor enwww su pecho estrujaba y pesaba, las lágrimas se hacían grandes y amargas mojando por completo su rostro.

Son algunos fragmentos que alcanza a recordar doña Silvina, era lo que decía hacia los soldados golpeando el fusil en su pecho. Después de eso volvía y se desmayaba. Don Hernando, se encontraba trabajando en la mina, llegaron a informarle lo que había sucedió en el pueblo, agarró un machete y comenzó a caminar hacia el pueblo, no supo cómo llego tan rápido, en la entrada del pueblo lo estaban esperando otras personas y lo primero que hicieron fue quitarle el arma blanca y después darle agua, decían que estaba loco y podría cometer un error. Llego al lugar en donde estaba su hijo, un muro de soldados impedían el paso, pero estos no fueron obstáculos para él y las otras personas, se enfrentaron al ejército, don Hernando no sabía de donde sacaba fuerzas, tumbaba a los militares con su cuerpo y con piedras grandes los golpeaba, aturdió a varios militares y llego al punto en que ya no reconocía a las personas, el dolor al saber que su hijo estaba muerto lo segó y otras personas también salieron lastimadas.

—“Ustedes mataron un guerrillero, pues yo soy la madre de ese guerrillero, mátenme también”.

—“Ustedes mataron a un guerrillero, pues yo soy la madre de ese guerrillero,

mátenme también”.


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11:30 a. m. El ruido y los vientos que silenciaron el lugar por un momento anunciaban la llegada del helicóptero que transportaría el cuerpo. Se estacionaría en el potrero que estaba al otro lado de la calle, pero este en un momento se llenó de personas con piedras y ramas en sus manos o lo que sirviera para lanzarle y no dejar que bajara, todos los vecinos, amigos y hasta niños del colegio iniciaron a cubrir el cielo de objetos y palabras de odio, no podían llevarse a Luis.

La lucha terminó con una victoria amarga, el ejército no logró llevarse el cuerpo y reclamar sus beneficios, Luis quedó en su pueblo, quedó con su madre quien lo llamaba a gritos a su regazo, dejó sueños por cumplir y una madre que ya no puede dormir en paz hasta que todos sus hijos estén en casa, cada aniversario se encierra en su cuarto a recordar a su hijo y a llorar en silencio, el dolor que estrujaba y pesaba en su pecho jamás se fue.


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¡Es el fin! “¡Es el fin!, ¡Es el fin!, ¡Es el fin!”, gritaba la gente abrumada, desesperada y desconcertada, con mucho miedo, sin saber que estaba pasando, solo se veían grandes llamas y una gran nube de humo que cubría gran parte del cielo de la ciudad, muchas familias salieron de sus casas sin conocer dónde podían estar a salvo, personas que duermen desnudas en su desesperación por salir no se percataron de vestirse —más que todo las mujeres—, el pánico sucumbió la quietud de todos los riohacheros, se observaban muchos niños y niñas acosados por el espanto originado por los ruidos horrendos que a todos alarmó. Las personas abandonaban sus hogares y solo buscaban un lugar para refugiarse y estar a salvo y seguros junto a sus familias. Ya eran casi la una de la madrugada del 21 de octubre del año 2001, cuando yo Tania Arroyo me estaba levantando para ir al baño, ya que tenía muchas nauseas por causa de mi embarazo, cuando de repente estalló un golpe muy profundo, como si se hubiera explotado un avión, las puertas y ventanas se estremecieron con gran magnitud igual que en un terremoto y se escuchó un perturbador estruendo que azotó a la ciudad, trayendo consigo un gran miedo que nos sorprendió a todos, estorbando la tranquilidad de la noche.

Fue tan fuerte que el piso tembló y me hizo tambalear, todo mi cuerpo estaba temblando, sentí un gran vacío en mi interior, no sabía que estaba pasando, —pensé que me iba a morir. Llamé a mi esposo muy alarmada e inquieta y cuando salimos a la calle todo fue peor —era casi un infierno—, lleno de un gran caos por todas partes, las personas corrían de un lado al otro sin tener un rumbo a donde ir, se escuchaban los llantos de los niños aturdidos y conmocionados por el alboroto de las personas, y como olvidar el fuego, unas llamas inmensas e incontrolables que cada vez crecían más, era aterrador nunca había visto algo de esta magnitud, la ciudad estaba estremecida, a medida que caminábamos la situación se volvía más perturbadora y las autoridades no daban aviso ni informaban de nada, todos estábamos en un gran estado de confusión y zozobra. Recuerdo que con mi esposo nos dirigimos hacia la casa de una de sus hermanas, ya que se encontraban cerca de nuestra residencia, a medida que caminábamos, el temor y la desesperación me absorbía, las lágrimas corrían por mis mejillas al pensar en que me pasara algo a mi o a mi bebe.


Solo recuerdo que corrí a los brazos de mi esposo para que me abrazara muy fuerte, él me tocaba la panza y le hablaba a mi bebe para que se sintiera seguro, mi esposo trataba de mantener la compostura y estar tranquilo, pero en sus ojos podía ver su miedo interior al observar que estábamos en peligro, nunca había vivido un momento tan aterrorizante y angustiante en toda mi vida. Cuando llegamos al lugar donde vivía mi cuñada, la situación era muy parecida: las personas estaban muy desesperadas por la situación sin saber qué hacer. Mi cuñada tenía una bebe de cinco meses y al sentir la conmoción la bebe estaba muy inquieta y no paraba de llorar, sumado al caos terrible de afuera mi cuñada entró en un momento de gran estrés y ansiedad.

“Se escuchó un perturbador estruendo, que la la ciudad, trayendo con sigo gran “

azotó miedo

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El 11 de septiembre de, el atentado terrorista contra las Torres Gemelas de New York, con casi 3.000 muertos, cambió el mundo para siempre


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”En lo único que podía sentir refugio y era en los abrazos de mi esposo, sentía que nada me iba a pasar a mí y a mi ”

paz

bebe

Por mi mente pasaban muchos pensamientos negativos y perturbadores, para mantener la calma decidí orar, sentía que en ese momento mi único refugio era Dios, —quien me podía proteger a mí y a toda mi familia de cualquier tragedia. w Sin saber estábamos muy cerca del lugar donde ocurrió la tragedia, al paso de 15 minutos se oyeron las bocinas de las ambulancias y de los carros de policía, se veían pasar con gran velocidad los camiones de bomberos hacia el lugar donde se originaron las grandes llamas, los agentes de policía le pedían a las personas que mantuvieran la calma y no perdieran el control, —pero la gente estaba muy nerviosa e inquieta sin saber que estaba pasando—, muchas se estaban yendo a la calle primera de la ciudad donde está el mar, decían que era el único lugar donde se podían sentir a salvo y seguros.

Cuando ya había pasado una hora aproximadamente las autoridades anunciaron que el fuerte estruendo que estremeció la ciudad fue ocasionado por la explosión del gasoducto del sector El Patrón, área rural del distrito de Riohacha, por ese lugar pasaba un tramo del tubo empleado para el envío de gas natural de la ciudad, donde funcionaba la válvula reguladora, que fue la que explotó. Las autoridades dijeron que ya la situación estaba siendo controlada y dieron la noticia esperando que las personas se calmaran un poco más, al saber lo que había ocurrido, pero la reacción de las personas fue todo lo contrario, entraron en un momento de terror y pánico, al pensar que podía volver a explotar otro gasoducto, ya que esa zona era la vía principal por donde pasaba el tubo.


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Eran muchas la familias que vivíamos en ese sector y teníamos mucho miedo de lo que nos fuera a pasar a nosotros, nuestros hijos, nuestras casas, era un momento lleno de mucha tensión y preocupación, familias humildes que lucharon con mucho esfuerzo día a día para tener sus hogares, pensando que todo lo que habían construido se podía destruir en un instante. ¿Qué vamos a hacer? ¿A dónde vamos a ir? ¿Qué va a pasar con nuestras casas?, eran algunas de las tantas preguntas que se hacían en ese momento. Las autoridades al ver el desespero de las personas recomendaron desalojar la zona por el resto de la noche hasta tener todo bajo control, mi esposo, mi cuñada y yo decidimos irnos a la casa de mi suegra, para estar más tranquilos y encontrar un poco de calma entre tanto caos y miedo. Cuando salimos camino a la casa de mi suegra se veían pasar los camiones de los bomberos ir y venir para tratar de suspender el fuego lo más rápido posible, ya que se estaba extendiendo con gran velocidad, así mismo se observaban muchas personas curiosas e imprudentes que en vez de apartarse querían estar cerca y ver lo que pasaba y los agentes de policía diciendo ¡por favor aléjense, no se acerquen, busquen refugio!. Cuando llegamos a la casa de mi suegra nos instalamos y tratamos de descansar, aunque fuera casi imposible después de todo lo que estaba ocurriendo, puedo decir con mucha seguridad que ha sido de las peores noches de mi vida, sentir esa incertidumbre y a la vez temor, es de las peores sensaciones que se pueden experimentar, en lo único que podía encontrar refugio y paz era en los abrazos de mi esposo, sentía que nada me iba a pasar a mí y a mi bebe.

Al día siguiente la situación fue más esperanzadora para muchos y dolorosa para otras, las autoridades dieron aviso de que el fuego había sido controlado en su totalidad y PROMIGAS que ese momento era la entidad encargada del servicio de gas de la ciudad estaba haciendo todo lo posible por arreglar el daño de la explosión.


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Como ya lo mencione las noticias para otras personas eran dolorosas, 7 personas muertas y once heridas, pero lo más lamentable y desgarrador era que 5 de esas personas eran niños, que lamentablemente quedaron atrapados en sus viviendas envueltas en llamas y lo más lamentable sus cuerpos quedaron totalmente calcinados y fue muy difícil su identificación, que noticia tan desgarradora. Cuando estuvimos de vuelta a nuestra casa, fue imposible no ver a los familiares de las personas fallecidas, en sus rostros se podía ver claramente el dolor tan inmenso que estaban viviendo en ese terrible momento, sus ojos reflejaban ese sentimiento de impotencia y sufrimiento por lo ocurrido, aunque nadie de mi familia se vio afectada por la tragedia, trataba de colocarme en el lugar de todos los afectados, era un momento para estar unidos y poder ayudar en todo lo que pudiéramos. La verdad después de este hecho tan aterrorizante nada volvió a ser igual, vivía con el miedo de que algo parecido volviera a pasar, por muchas semanas ese sonido terrible retumbaba en mi cabeza —es casi imposible olvidarlo—, aun lo recuerdo, de mi memoria aún no se borra esa imagen de terror y caos que me perturba por ratos. Nunca imaginamos que algo así podría pasar y no se imaginan lo difícil que fue continuar nuestras vidas después de todo esto que pasó, solo sé que...


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”Desde ese momento valoré el hecho de de una forma inimaginable, cada beso, cada abrazo lo atesoro en mi como si fuera el último, porque no sé cuando será en realidad el último”.

vivir

corazón


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Gratitud sin risas Al borde de la carretera, entre nubes de polvo asfixiante a razón de la premura de los neumáticos que trascurrían ruidosos a escasos metros de las trancas de la puerta, el silencio de las llantas se interrumpía verazmente solo por la cotidianidad de los que estaban en la escuelita de Maicao, justo en frente de la casita de las Prada.

Jóvenes, hermosas y comple-

aisladas

de una realidad semejante a la de otras jovencitas de su edad. tamente

En el final de la calle, casi llegando a la enorme curva que quiebra la rectitud del barrio Maicao en este tramo y próximo al barrio San Cristóbal, se encontraba una pequeña casita de tapia pisada pintada con cal; los años y el polvo de la carretera destapada que comunica a Río de Oro con el municipio del Carmen ya habían hecho de ese blanco impoluto algo completamente maculado que, paneando de abajo a arriba, comprendía un degradé de beige a blanco hasta parte superior, en el techo, ahí, vivía Don Gustavo Prada, o Tavo, como era conocido por las diferentes personas del pueblo. Esposo de Amanda y padre de Elena, Uge, Yolanda, Marianela y Mercedes, que para el setenta y ocho comprendían edades entre los ocho y los dieciocho años.


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En la casita de Maicao – como aún la recuerdan eventualmente en algunas tertulias clandestinas – la rutina iniciaba muy temprano, cuando el sol apenas fracasaba en el intento de calentar el agua helada de la quebrada que tortuosa amenazaba con acalambrar a cada una de las chicas justo antes de cruzar la calle para ir al colegio. Elena Isabel era la mayor. Una jovencita alta, simpática, pelinegra, sus ojos medianamente verdes y enrojecidos albergaban la carga de nacer antes que las demás y con eso las responsabilidades de mayor nivel. Las demás estaban pequeñas, las labores caseras cotidianas que le correspondían inicialmente a Elena, al sonar de las cadenas asegurando la puerta y los pasos lentamente ausentes de Amanda, eran repartidos entre las niñas para que los oficios se completaran en un menor tiempo y con mayor eficacia. Todas, incluida Meche – como llamaban a Mercedes, con ocho años la menor de las cinco – contribuían con los oficios para mantener la casa completamente limpia, alineada, pulcra, pese a lo humilde y polvorienta. Que las hijas hicieran aseo y ayudaran en la casa era una muestra de buena educación. En una sociedad en donde los trabajos del hogar están completamente a cargo de las mujeres; tener 6 en la casa parecería una fortuna, el número ganador de un billete de lotería, y lo era. Gustavo al llegar de conducir por horas un camión ganadero llegaba a un lugar en donde se sentía y se le trataba como el rey, como el absoluto patrón. A Gustavo se le trataba con respeto, y tal como el temor de Dios que inscriben las religiones abrahámicas, en la casa de las Prada existía el temor a papá – Gustavo –. Un gesto, maña, costumbre, mirada, ademán, palabra, señal, rastro o indicio podría traducir perfectamente en una marca de correa en la piel por días, o meses si era considerada severa, por muy inconsciente que pareciera. La posibilidad de enamorarse, por ejemplo, era remotísima, prácticamente imposible. Sin salir de la casa, el intento de encontrar el amor en un jovencito por la calle se reducía a una idea volátil y ciertamente utópica. A excepción de las que lo lograran conseguir en las escasas horas de clases en el colegio, como Elena y Mercedes.


1970 Muere el rey del Rock and roll, uno de los cantantes más importantes de estados unidos, Elvis Presley

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Tener a cargo ahora a cinco mujeres hechas y derechas, ya no niñas que se preocupaban por salir a jugar, creaba en los padres de la familia la necesidad de aislar muchísimo más que en la niñez a sus hijas, de preservar el buen nombre. Todos en el pueblo hablaban de los Prada como una familia humilde, pero loable, de admirar, con fundamentos y valores sólidamente construidos, valores que quedaron grabados como cada uno de los moretones que costaron en ellas, probablemente en unas más que en otras. Un día – cuenta Marianela en una de las habituales tertulias con sus hijos luego de cenar – algún tipo de comitiva la buscó para ser candidata, su carisma, donaire y simpatía habían captado la mirada de esas personas que veían en ella una posibilidad para ganar la corona del reinado municipal. Nela al conocer la posibilidad supo enseguida que para su padre la idea era completamente imposible, no existía un mínimo chance afirmativo, por lo que sagazmente lo hizo a escondidas; organizó las cosas necesarias y participó sin dejar el menor rastro evidente. Para sorpresa de varios, Marianela quedó de reina frente a muchas personas y sería esa corona la causante de una de las tundas que mayor recordaría para siempre.


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Al ganar, la jovencita se puso la corona y entre aplausos toda la comitiva la acompañó hasta su casa, en el pequeño tumulto de gente había desde profesores hasta eminencias del pueblo. En el vano pensamiento inocente de la jovencita, sus padres iban a obviar un poco el hecho de ocultar la participación y se dispondrían a compartir la dicha de ser la ganadora, un evento completamente quimérico y fantasioso.

Las que inicialmente tenían la intensión de ser charlas ocasionales entre Gustavo y sus amigos, desataban interminables encuentros de cháchara con rancheras de Javier Solís de fondo.

En realidad, al llegar con la corona puesta sobre la cabeza, Amanda la entró, sus hermanas ya encerradas en el cuarto sólo descifraban entre zozobra aquella bruma turbia con aires de algarabía que se lograba escabullir por entre las paredes. En la sala, los agujeros del cinturón marcaban enrojecidos el cuerpo de la actual reina del carnaval de Río de Oro, en sus mejillas los rastros encenizados por la pestañina como secuela de un llanto silencioso, inefable. Así lo cuenta, quejosa, pero sin arrepentimiento y con un tono risible en cada palabra.

En otra oportunidad – continúa Nela – en el pueblo se celebraban las tradicionales fiestas patronales. Es costumbre que las familias y los amigos salgan juntos al parque y que al son del vallenato se levanten a bailar con algunos tragos encima. Víctima del exceso de trabajo y la falta de esparcimiento repentino, Gustavo no controló la dicha de estar de fiesta y junto a eso, la saciedad de licor.

Sumado a todo esto, el alcoholismo fue definitivamente un problema para el trabajo, para la convivencia, para prácticamente todo.

El evento podía durar días, incluso meses tomando alcohol sin parar, sin comer ni trabajar y puteando al que se atravesase intentando frenar la tertulia.

Borracho arribó a la casa, Marianela junto a sus hermanas resguardadas del peligro del holgorio local aguaitaron en la sala al ebrio que entre pasos imprevistos imaginaba faltas de respeto descomunales dignas de una muenda durísima que completamente inocentes recibieron todas, sin excepción alguna.


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Como esas son cientos las anécdotas de maltrato normalizado entre las hermanas Prada. Marianela – confluyen todas – fue la que más rejo recibió, la dicha que percibió aquella comitiva era precisamente su condena. Su espíritu de fiestera enclosetada sufría cuando no podía asistir a los eventos folclóricos del pueblo, o no podía participar en actos culturales colegiales, o no podía ponerse cosas llamativas, o acudir a fiestas; eran actividades poco probables que originaban alternativas secundarias, como escaparse o – en el caso de conseguir el permiso por un tiempo minúsculo – no llegar a la hora acordada; faltas a la obediencia que obviamente tenían represalias importantes.

“

Al preguntarle a Nela qué cambiaría de su historia, de sus vivencias y su historial de muendas, no tiene mucho por replicar:


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Hoy, tras cuatro años de la muerte de Tavo, de papá para ellas y papá Gustavo para mí, todos lo recordamos con gratitud. Sus hijas aún lloran cuando por casualidad a sus oídos llegan las melodiosas letras de Javier Solís características de los ratos libres del trabajo de Papá, extrañan sus arepas, sus calentaos y están plenamente convencidas de que no existió otro mejor papá para ellas. En su memoria quedan los recuerdos de una educación severa, estricta y normalizada fundamentada en el mal trato, pero prevalece la imagen de un hombre intachable que se partió el lomo por sacar a cinco muchachitas adelante pese a lo jodido que estuviera todo. Aún retoman con humor muchas de las anécdotas lamentables del pasado, creo que nunca admitirán que fueron infelices, porque, aunque pareciera evidente la desdicha, lo hacen ver normal, reglamentario.

El nombre de esta crónica lo propuso Maria :

nela

“Gratitud sin risas” A mí me parece fascinante, ¿Qué opina usted querido lector?


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A VECES, REVISTA CULTURAL by HEMERSON ALEXIS JAMIOY PERDOMO - Issuu