HABITAR LA CUARENTENA
Escritos del Taller Combes
HABITAR LA CUARENTENA
Habitar la cuarentena Este libro es una publicación del Taller Combes de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de Tucumán. Profesores a cargo:
Prof. Titular Prof. Adjunto Prof. JTP Seminaristas
Web:
combesfau.wixsite.com/tallercombes
Edición:
Arq Juliano Agustín
2020 FAU UNT San Miguel de Tucumán, Argentina.
Arq Patricia Rodriguez Anido Arq Ramón Palisa Arq Gabriel Wajnerman Arq Juliano Agustín, Arq Alejando Naser Luciano Tempesta, Joel Juarez Dexter
Marzo de 2020: En el marco de la pandemia mundial del virus COVID-19 el estado argentino tomó como medida el Aislamiento social, preventivo y obligatorio. Lo cual nos obligó a montar el Taller de Proyecto Arquitectónico vía remota, explorando nuevas pedagogías en la enseñanza y construcción de conocimiento. Este documento es una recopilación de escritos de alumnos y docentes el cual realizamos con el objetivo de trazar entre todos un mapa emocional de lo que genero este acontecimiento en cada uno de nosotros como individuos y como sociedad
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En este libro escribieron:
Ramon Palisa Gabriel Wajnerman Margarita Haedo Landa Antonella Aldana Colantuoni Cristian Francisco Daniel Colina Abigail Ayala María Natalia Abregu Agustina Margarita Muntaner Agustina Perez Aldana Agostina Melem Ruiz Ana Belén Juárez Ann Matheus Julieta Narazarena Ararias Adrian Rosso Ayrton Justina Borrás Eugenia Brandán Erika Navarro Camila Isas Celina Tula Norri Angela Colomba David Valdez Ruiz Esteban Pereyra Franco Miguel Fernández Giuliano Villoria Francisco Pastor Emilia Guerrero Ceaglio Walter Edgardo Herrera Ana Lucía Ituarte Maria Agostina Lefebvre Lise Leménorel Jazmine Rocio Lobo Ibañez Luciana Ocampo Macarena Idígoras Majolli Aboud Brahim Mariam
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Llanos Milton Maximiliano Rodrigo Ignacio Martinez Nicolas Alexander Splanguño Mariana Grau Nuria Muñoz Polanco Yessica Romina Paez Lucia Pariz Andres Alejandro Parra Juan Marcos Rocha Julieta Perseguino Luisina Porcel Rulli Rosario Jantus Daniela Rossi Yapur María Florencia Ruiz Cuellar Celina Sal Santiago Perez Luis Salvatierra Santiago Perez Juan Simon Perez Jose Raul Soto Sol Boero Evelyn Suarez Ricardo Eric Ismael Tolaba Micaela del Carmen Tolaba Florencia Toledo Herrera Tomás Delpero Torres Benjamín Vera del Barco Franco Damian Vargas Patricio Villafañe Juan Pablo Vargas María Virginia Ávila Severo Robles Teran Guido Zarlenga
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Espacios Vacíos Ramon Palisa
Y los espacios vacíos …… Las calles vacías, de soledad agobiante Parodiando a Baldomero Fernandez Moreno … Setenta balcones y ninguna flor A sus habitantes Señor que le pasa, odian los encuentros, odian el amor … El miedo paralizo todo…… Todo quedo suspendido, suspendido el trabajo, suspendido el estudio, el amor, la amistad, suspendidos los juegos, los encuentros, suspendida la sorpresa, suspendido el crecimiento… el tiempo no. ¿Como se computará ese tiempo en nuestras vidas? Será un tiempo perdido, será un tiempo de reflexión, de tomar envión para arrancar con más fuerzas ?….. El no saber que nos está pasando y como se resolverá nos provoca una gran angustia. Esa angustia me llevo a creer que esta situación era una gran oportunidad, llenarla con trabajo a partir de las ventajas que nos ofrece la tecnología, realmente fue un gran desafío, y la sensación fue de triunfo, pudimos estar a la altura de las circunstancias y resolver la construcción de conocimiento gracias a la comunicación a través de la maravilla de internet, algo mágico sucedió y con un mínimo espacio; una mesa y una silla, a veces solo una silla y el celular eran suficientes para comenzar con el ritual de conectarnos. Setenta ventanas en la pantalla y ninguna mirada Pero cuál es el precio que tuvimos que pagar? Y el espacio vacío …… Y el espacio vacío de la Facultad, y llegar hasta la Quinta y saludar en el camino y subir las escaleras y acomodar los bancos y ordenar el aula y conversar con nuestros compañeros y mirar a los alumnos a los ojos y empezar…… No hablé No escribí No dibujé No entré al taller No miré No nada Fantasmas con forma de Modulor se apropiaron del espacio. Recorren el hall de la Facultad, suben y bajan, tocan la puerta en las cátedras, tratan de entrar en las aulas y talleres sin conseguirlo. Dicen que uno de ellos dirige todo y muchos lo siguen, sin saber a dónde van. Organizan actividades en espacios fantasmas, calendarios fantasmas y están pensando en un protocolo para fantasmas Todo tiene colores de Facultad simulada, unos fantasmas se creen docentes y otros fantasmas se creen alumnos y el conocimiento vuela de fantasma en fantasma. cuando volverán los inquilinos ? Setenta ventanas en una pantalla y ninguna mirada ….
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CO-living | CO-housing | CO-operate | CO-exist | CO-vid 19 Gabriel Wajnerman
Si la realidad es un interpretacion de hechos, la mia es a traves del lente de arquitecto, mirando en perspectiva, sensible a palabras, sus significados y connotaciones. Hoy la consulta medica, consiste en una invitacion que me convoca a escribir sobre balcones, a quienes los tomare como punto de partida, para describir momentos ineditos que exigen orden interno y serenidad frente al enigma del virus. Se replantearan perspectivas, y el habitar no sera una materia que quede al margen de esto. Del primer analisis clinico, podemos entender la arquitectura como una conversacion cultural que tiene en la ventana de una pared, esa area vacia, uno de los primeros puntos de contacto con el espacio exterior, sea publico o privado. Si a ese vano, le cambio la proporcion sera una puerta, o la combinacion de ambas, una puerta-ventana. Trabajando con las correctas dimensiones de las cosas, podre lograr mayor cobijo a traves de la profundidad, concibiendo asi un balcon o mayor aun, una terraza. Sin embargo, en este momento historico el balcon ha tomado, o mejor dicho los balcones, han tomado nueva importancia y trascendencia en ese espacio de dialogo saludable. Por tanto, en tiempos de pandemia, el balcon es la extension de la vivienda? o podria ser hoy el balcon, la ampliacion de la calle. Primer sintoma de cambio. La vivienda de adentro hacia afuera? o la calle de afuera hacia adentro? Esa transcision horizontal que otorga sensacion de amplitud, es desde donde se toma el pulso, de que es lo que pasa “alla afuera”. En ese esquema, quienes atraviesan una fiebre de cambios en la dinamica de comportamiento, son los tejidos de las ciudades de mayor densidad, donde las viviendas en altura se acercan las unas a otras. Otra suerte, corren los ambientes rurales o mas alejados, quienes tienen “la vista de siempre”, ponderados por un fuerte silencio y una naturaleza que da indicadores ambientales cada vez mas positivos. Para que la vivienda responda con balcones como lugar de respiro, es condicion sine qua non analizar la temperatura del sitio. En nuestras latitudes, el clima nos permite estar la mayor parte de nuestros meses afuera, sol, sombra y proteccion. Esto no sucede si tuviesemos que proyectar en Helsinky, donde el calor se radicaliza hacia los espacios internos y se pretende invertir la energia en generarlo y no perderlo. La cultura, impone respuestas en la vivienda. Sorprende en Europa la condicion de cercania y privacidad, viviendas mas densas, ciudades mas compactas. El “ver y ser visto”, se exacerva en Amsterdam, donde el protestantismo admite grandes ventanales y “nada que esconder” a diferencia de las celosias en Sevilla, que filtran la luz, protegen del clima y aportan intimidad. En cualquier caso, personas conviviendo muy cerca. La funcion y la identidad son condiciones clave. Sus medidas permitiran ser lugares de paso o terrazas para estar, permanecer y compartir. Comer un asado en un balcon, sera identitario argentino y colgar la ropa en tenders, sobre la baranda de un balcon del Barrio La Barceloneta, (donde increiblemente hace menos lo hice)seria leido como un aporte al paisajise y color de la calle, para deleite de fotografias de turistas, que hoy, no estan. Hoy mas que nunca, la fachada de un edificio, es la transicion que permite que el edificio se oxigene. El balcon debe respirar, y la ventilacion cruzada se impone como una de
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las condiciones mas indispensables. Livio Vachini, un profesor de la Academia Suiza, me decia ..”ante lo minimo, la luz comanda”.. Quizas hoy la ventilacion, sea tanto o mas que aquella, o almenos, debieran compartir podio frente a un diagnostico en estos dias. Estoy convencido que lo esencial no es el marco de oportunidad que la arquitectura propone, sino la capacidad transformadora del hombre y nuestra confianza puesta ahi. La tecnologia pareciera habernos llevado a una escena de “solos pero conectados” y creo que es momento de reflexionarlo con firmeza. Nuestra forma habitar debe ser flexible. Estamos atravesando algo temporal, que tendra efectos permanetes en nuestra forma de conectarnos futuras. Claramente lo estamos haciendo de otra manera. Los dias de aislamiento social preventivo obligariorio, parecen ser iguales o al menos parecidos. Ser creativos es accion que depende de nosotros, como individuos. El habitar es un cumulo de rituales y de movimientos casi automaticos, en los que se debe innovar y cualificar. Es posible modificar la perspectiva de las cosas, desde algo tan minimo como cambiar de ubicacion una silla y macetas. Sin dejar de mencionar que limpiar, ordenar y alivianar las cargas, disminuiran nuestras ansiedades y nos preparan para tiempos mas calmos. Se imponen nuevos habitos, mas responsables, atentos a lo minimo, a lo mas eficiente. Como todo cambio que nace desde adentro, se expresa hacia afuera. La recomendacion de salir al balcon, transformarlo en lugar de gimnasio, de riego|huerta,area de lectura o comedor, depende del motor de la motivacion de la persona. Alli no hay limites y todo toma otro color. Empezamos a tener teatros urbanos, donde los pisos bajos miran expectantes los nuevos actores de blanco que fumigan las calles o sirenas que irrumpen el silencio, pero les ganan los verdaderos actores, dueños de cada m2 de balcon, con aplausos de las plateas de los pisos superiores, que llenan de color y musica, primero, el canal de la calle y luego el cielo. La vida en la calle perdio su detalle, porque el nuevo foco en detalle esta puesto en las ventanas, apoyo de seguridad colectiva y cambios de comportamiento. La calle tomo los balcones. Alli, esta el nuevo espiritu, la motivacion y el cambio de estado de animo. Hoy siento que el balcon es salud, y la salida, es la bienvenida de la calle hacia adentro. Pasar un momento de calidad, elijiendo ese ambito. Son los nuevos inicios del encuentro social. La confirmacion de que no estamos solos, y que esta, es una prueba de la que muchos saldremos mejores. Solos no saldremos de esto. Un balcon solo no hace nada, pero cien balcones son el nuevo teatro que cambia la atmosfera exterior. La arquitectura solo acompaña y es testigo silencioso de los cambios en la forma de vivir colectiva. En las nuevas formas de encontrarse,de conocerse y re conocerse. Una receta frente al diagnostico? Placer, gerenerosidad y libertad de espiritu en el habitar de un espacio. Encontrarse desde adentro hacia afuera, desde afuera hacia adentro y repetir. Apostar por la salud mental, incoporar momentos de calidad de vida en espacios que elegimos, y que ayude a resolver nuestras cargas de esperanza, aferrandonos a la certeza del aqui y ahora, una de las pocas certibumbres con la que en estos dias contamos. Atravesamos tiempos de transformacion y empatia viral. No estamos solos. Confio en la seguridad colectiva como gesto positivo, de expansion, de aplausos, de musica. Estamos juntos creando historia, saliendo a los balcones,a tirar de una imaginaria cuerda que ayude a aplanar la curva de contagios. Hoy, la calle se puso oscura. Contagiemos claridad y lucidez, no solo desde los balcones y ventanas.
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Como mata el viento norte Margarita Haedo Landa
Mientras nosotros morimos aquí, con los ojos cerrados no vemos más que nuestra nariz.
Nos encontramos en un eterno domingo. El tiempo está fuera de quicio y la productividad se ve forzada a entrar en nuestra casa y mente. Sin embargo, aquella enajenación que nos era cotidiana hoy pierde sentido y nos vemos arrojados a un abismo existencial que pone todo en estado de extrañeza generalizada. ¿Qué hacer con el tiempo ? ¿nos podemos seguir proyectando si no sabemos en qué deparará esto? El pensador y psiquiatra K. Jaspers definió en su tiempo al fenómeno de la situación límite como uno de los elementos originarios más profundos de la filosofía. Entendiendo a la situación límite como aquello inusual en lo cual las medidas habituales no permiten resolver la realidad, podemos interpretar este contexto pandémico como una situación límite que pone en evidencia nuestro carácter finito. ¿Podemos seguir hablando del individuo como fundamento último del orden social? En el marco del nadie se salva solo, lo propio y lo ajeno implotan y las esferas de lo público y lo privado se vuelven un dilema. El consenso político determina que sólo la organización colectiva nos puede salvar de esta película apocalíptica. Y, por lo tanto, este ejercicio de la ciudadanía recobra el sentido de anteponer al otro con respecto a uno mismo. Sin embargo, el aislamiento social, además de ser una medida tanto ética como disciplinar asumida por consenso, deja entrever diversas problemáticas. Una de ellas, la cual nos incumbe no sólo como arquitectos sino que también como actores políticos, es la ficción de cierto “igualitarismo formal” que pretende ubicar a todos los miembros de la sociedad en un mismo plano situacional. ¿Se puede hablar de “igualitarismo formal” cuando las condiciones formales de existencia no son las mismas para todos? El “todos” no puede asumirse como un todo igualitario. El individualismo, comprendido como una de las causas que ha devenido en un profundo desequilibrio social en el cual estamos sumergidos hoy queda, más que nunca, al descubierto. Desde nuestra disciplina entendiéndose como su fin último, esto es, como generadora de hábitat para la sociedad, el concepto de confinamiento no es totalmente inédito. Nuestra actividad se ha caracterizado últimamente por crear ámbitos bidimensionales y verticales, relegando lo público en pos de la actividad individual. Por otro lado, el tecnologismo en conjunción con las necesidades del mercado también han generado un descentramiento de estas cuestiones tan básicas como lo humano, lo social, lo digno . Por lo tanto, este contexto debe servir como una alerta al modo en que nos desempeñamos como actores en nuestra sociedad y quizás éste sea el momento de asumir nuestras propias limitaciones. Si bien este contexto nos excede no sólo en nuestra singularidad sino también en nuestra disciplina, nos deberíamos cuestionar si nuestra actividad debiera quedar relegada a seguir el mismo camino o debiera revertir, en la medida de lo posible, lo que ya está hecho con el fin de lograr una mayor eficiencia.
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Por lo incierto de la situación actual y, por lo mismo, del futuro a venir, para mí es claro que más que buscar respuestas a este desafío, debemos plantearnos nuevos caminos de búsqueda. Nunca esta va a ser una búsqueda a ciegas. Por una parte, tenemos claro lo que se debe revisar en tanto elementos que pueden haber sido funcionales a esta crisis y, por otro lado, hay puntos de partida que en este momento parecen imprescindibles. Un ejemplo es el trabajo interdisciplinar con otros campos de conocimiento favoreciendo el trabajo integrador, colectivo y comunitario. Esta es la hora de otorgarle a las ciencias sociales el espacio que se merecen y descentrarnos en el ámbito de la construcción de hábitats y, por tanto, de comportamientos y contextos. Esta es la hora de volver a definir los preceptos de una nueva ciudad, en palabras del arquitecto M. Duarte, más humana, más valorada.
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Antonella Aldana Colantuoni
Domingo 19 de abril pasaron 110 días desde que levantaste la copa el 31 de diciembre. El frio esta llegando, las hojas avanzan sobre las veredas y los arboles empiezan a lucir sus ramas. Tres meses y medio ¿Como puede haber cambiado tanto? Son días duros, cada uno lo vive en su realidad y a su manera (todos encerrados). Es tiempo de empatia y solaridad. El aislamiento social nos enseñó a valorar, las reuniones en familia, las juntadas con amigos , las salidas al aire libre , los paseos , las visitas de los abuelos. Te pones a ver fotos soltando carcajadas y sintiendo ese no se qué en el estómago. Ya hace un mes estas encerrado y ¿qué paso con la superioridad y las potencias económicas? Donde ahora lo único que nos importa es estar acompañados, ya no importa tanto las materialidades. Ojalá cuando esto termine hayas podido ver que lo que mas te asusta no es el virus del que te estas resguardando, sino de todas esas cosas que hizo temblar y derrumbo. Que dejes de enfocarte en lo que no te llena , de reprimir sentimientos , de ahorrar , palabras , abrazos y besos. Y cuando salgas lo hagas sabiendo de que somos mas que instantes de paso en este ETERNO UNIVERSO.
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Crisis
Cristian Francisco Daniel Colina
Como parte de una reflexión propia quisiera comparar dos lugares en particular que me sirvieron para tener una mirada más crítica de lo que una persona puede vivir en su día a día en tiempos de pandemia, en su propia casa, departemento, etc y la importancia de la calidad espacial de los mismos. Estos lugares son: un departamento que se encuentra ubicado en calle Corrientes y Av. Avellaneda en San Miguel de Tucumán, y la casa de mi abuela en la localidad de Las Estancias, Aconquija, Catamarca. El primero de estos es un departamento de un dormitorio, dispuesto en L, en primer piso, orientado hacia el este, con una sola abertura hacia el balcon (puerta ventana) impidiendo que haya ventilacion cruzada, con un edificio vecino el cual no permite el paso del sol, generando en el interior del mismo oscuridad plena en toda el área social y poca luz natural en el dormitorio durante el transcurso del día. La experiencia que tuve con este lugar no fue muy buena, empecé a aislarme más, estar más cansado, comer mal, sentir este encierro constante en mi cabeza, lo que me llevó a tener mucho estres (aunque no tuviera que estar aislado obligadamente); afortunadamente una semana antes de que empezara la cuarentena obligatoria pude venir a este segundo lugar, la casa de mi abuela. Esta casa se encuentra orientada hacia el norte contando con dos plantas, variadas aberturas de gran tamaño permitiendo el ingreso de luz solar y ventilacion cruzada, vistas a las montañas en todas sus orientaciones y al igual que mi departamento, no cuenta con patio, lo cual me lleva a pensar en la importancia y calidad del espacio y en todas esas personas que no tienen la posibilidad de vivir en un lugar con un diseño previo y poder contar con una buena distribución de los locales respecto de la orientación, ventilación cruzada y el ingreso de luz solar (que lo tomo como un lujo ahora) y pensar en como influyó en mi y poder sentirme más tranquilo a pesar de estar encerrado, obligatoriamente, hace 1 mes.
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Hasta que nos volvamos a ver.
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Pandemia - Miedo - Sociedad Abigail Ayala
Esta pandemia llego a nuestro país hace un poco más de un mes, luego de esto hemos sido puestos en cuarentena. Nuestros movimientos sociales, laborales y hasta familiares se encuentran restringidos. Seguir las precauciones de higiene y aislamiento es indispensable. Lo que resulta tragicómico, como siempre, es la naturaleza humana, una pandemia, una guerra, una catástrofe nos pone a prueba, y sirve para revelar quienes somos. Al comienzo de todo esto, cuando anunciaron el aislamiento tuve un poco de incertidumbre de lo que iba a pasar 14 días después. Mientras esto iba transcurriendo y se hizo más extenso en mi caso tuve que empezar a realizar parte de mi rutina y volver a cumplir con mis obligaciones, trabajo por la mañana y por la tarde realizo las actividades de la facultad, por suerte me mantengo ocupada todo el día por lo cual creo q no me afecta tanto lo que me queda del día en encierro. A veces logro sentir algo que me excede en otro sentido, no en lo cotidiano. Algo más profundo. este silencio en el mundo causado por este agente que no esta vivo ni muerto, que necesita un huésped para vivir hasta que se aburre de el o lo mata. Y tengo miedo por lo que se ve en los otros países, porque no quiero atravesar ese horro de ninguna manera, ni como espectadora, ni como testigo, ni como víctima. En lo que más siento que me afecto es en lo sentimental ya que tengo mi familia lejos y una pantalla muchas veces no es suficiente. Hablando socialmente los más afectado en mi opinión son aquellas personas que trabajan el día a día, me toco hablar con un señor que me contaba que el es trapito y que no puede trabajar en ningún lado y que no sabía qué hacer. Y me puse a pensar con lo angustiado que estaba este señor que muchas veces no miramos un poco más allá de nuestras casas y comodidades. Que nos volvemos egoístas en nuestro circulo de confort, que no nos detenemos a pensarlo un día cualquiera, si es que, sin antes haberlo escuchado, o visto, o contado, tengo miedo como parte d esta sociedad no haberlo visto antes y sentido que hay gente que ni siquiera tiendo donde pasar este aislamiento y que pueden ser los mas propensos a este contagio masivo. Lo que también pude observar es la diferencia de control por parte de la seguridad en dos sectores de la ciudad que es el que circulo todos los días, en donde note esta diferencia, es desde Av. Roca hacia el sur no existen los controles y la gente circula como si nada de esto pasara, y desde Av. Roca hacia el centro pasa todo lo contrario. Esto no debería suceder como parte de esta ciudad todos debemos ser cuidados por igual. La pandemia nos golpea a todos de distintos modos según nuestras necesidades, posibilidades y costumbres. Lo que, si espero que cuando todo esto pase, pensemos que hay cosas mucho más fuertes que nosotros y pienso que el miedo nos hace más humanos.
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Maria Natalia Abregu
En mi experiencia la cuarentena nos sirve para pasar tiempo ya sea en familia o con nosotros mismos, nos sirve para conocer mejor a quienes tenemos al lado y para conocerse a uno mismo, es un tiempo en el que el encierro nos vuelve más vulnerables, más humanos, en mi caso me sirve para compartir con mi familia cosa que a veces por la rutina no podía hacer, aunque en lo personal no me afectó tanto el encierro, no sentí la necesidad de salir a pesar de las ganas de volver a ver a mis seres queridos como a mis abuelos y amigos, esas ganas infinitas de abrazarlos y volver a compartir con ellos, también pienso que la cuarentena es un privilegio que no todos pueden tener, gente en situación de calle o gente que sale para conseguir el pan de cada día, pienso en la violencia, en las mujeres y pienso también que después de toda esta locura que está viviendo el mundo tenemos que salir de esto siendo agradecidos por lo que tenemos, siendo mejores personas, más compasivos, más solidarios.
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Un rayito de sol en la ventana Agustina Margarita Muntaner
A fines del siglo XIX y principios del XX, arquitectos como Le Corbusier, Mies y Gropius, en respuesta al déficit habitacional producido por las migraciones del campo a la ciudad, propusieron un cambio en la forma de habitar, “la vivienda mínima”. Esta proponía reducir la misma desde un punto de vista funcional. Para esto, Le Corbusier se baso en las medidas antropomirficas para modular la vivienda. Mies creó un módulo mínimo de 5x5, con un núcleo que dividía la cocina del dormitorio. Esto poco a poco se fue trasladando a la actualidad, pero olvidando las premisas de Le Corbusier sobre el sol, aire y verdor, e influenciándose por la presión de las inmobiliarias para buscar el menor espacio en el cual se puede habitar. Algunos hablan de que se necesitan 25, 15 y hasta 12m2. Hace unos años se empezó a pensar en el “cohousing”, proponer espacios comunes como cocinas o livings con el fin de ayudarse mutuamente, cooperar y sacar el mayor rendimiento económico compartiendo el espacio. Reduciendo así la vivienda a una zona privada. Hoy, en una situación atípica nos toca reflexionar como arquitectos y futuros arquitectos sobre estos temas.
Hemos visto que la gente esta revalorizando sus espacios al aire libre, el jardín, el balcón, la terraza y en algunos casos la única ventana por la cual entra un rayito de sol unas cuantas horas al día. En este momento hay un conflicto que se manifiesta sobre los demás, la segregación social. Personas que viven en asentamientos informales, sin posibilidad de acceso a servicios básicos, ni al distanciamiento social necesario para evitar contagios. Sin posibilidad de acudir a sus empleos, ni de cobrar un sueldo, o de contar con los medios de comunicación que se requieren para asistir a clases virtuales. Por otro lado vemos un cambio histórico en el trabajo, aquellos que se ven obligados a aprender a utilizar dispositivos digitales para trabajar, estudiar o simplemente comunicarse con sus afectos. También debemos reflexionar sobre que trabajos requieren la concurrencia a un lugar físico en común, o se de ahora en adelante se podrían realizar desde el hogar. Tenemos una oportunidad única para amigarnos con los momentos difíciles, cuestionarnos, resurgir, volver a intentar y quizás, dejar de atrás una idea que en algún momento fue útil y acertada para dar lugar al inicio de un nuevo paradigma.
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Habitar en tiempos de cuarentena Agustina Perez
Hoy,el la actualidad, en nuestro tiempo, estamos viviendo una situación a nivel mundial que afectó y sigue afectando al mundo entero en una variedad de situaciones rompiendo todo esquema armado y controlado en nuestras vidas lo que implica un cambio muy grande tanto a nivel personal o individual así como a nivel colectivo y global. Todo esto nos afecta a todos pero no nos afecta de la misma manera, es por eso que me gustaría partir desde mis propias vivencias y experiencias en esta coyuntura. Yo estudio en la FAU y vivo en Tucumán actualmente pero mi familia, mi casa esta en santiago, pase de estar en mi casa, con mi familia papá, mamá, hermanas y abuela, a estar en un departamento sola. De un lugar en donde podía hablar, compartir un mate con las personas que quiero y contarles lo que me pasaba y sentía, pase a no poder hablar con nadie, sentirme sola, preocupada por mi familia por miedo a que les pase algo y no estar ahí. En mi departamento Me siento encerrada por más que tenga un balcón el cual me parecechico, Esto me hace reflexionar que un balcón es indispensable para poder hacer distintas actividades ahí como estudiar, comer o tomar algo, o el simple hecho de estar y permanecer en ese espacio. En cuento al edificio y como se lo vive actualmente es como un lugar donde no hay ningún tipo de encuentro, los vecinos no te dan charla para nada y ahora creo que esta bueno y es muy necesario poder hablar con alguien. Siento que a los santiagueños nos va a afectar mucho más toda esta situacion de la distancia que al resto del país porque somos amigueros, pasamos los domingo en familia, los sábados de juntadas con amigos, no es fácil estar sin ver a la gente que queremos. Hasta que se decretó el aislamiento vivimos desde siempre del mate compartido, del abrazo, del beso, del calor del otro, de la cerveza que circula de mano en mano acompañándonos. El otro vuelve la vida llevadera. Me levanto temprano y no puedo creer el silencio con el que atravesé la noche. No hay risas, los gritos alegres de los pibes que vuelven a su casa se evaporan. La enfermedad me llega como una muralla de silencio y asusta. En este momento, hacerle frente a un virus que te obliga a mantener distancia entre los cuerpos y a encerrarte en tu casa es extremadamente difícil porque nos pone la existencia a contramano. Nosotros sabemos abrazarnos en directo y la enfermedad nos obliga a ponernos virtuales sin los medios. El balcon,hoy se trata de uno de los espacios más utilizados y valorados del hogar. Hoy sus usos van de espacio de trabajo, estudio, recreación, deportivo y hasta encuentro con los vecinos, hoy reconocemos y exploramos su importancia. Podemos pensar a partir de esto espacios que prolonguen los interiores y que sean más cálidos, necesitamos esa continuidad espacial entre el interior y exterior, esa conexión inevitable y espontánea con “el afuera” tratando de generar una atmósfera acogedora que invita a disfrutar y sacarle el máximo provecho a este espacio.
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Necesitamos espacios flexibles, que no se limiten de una manera tan dura o brusca, que permita las visuales y el encuentro, que sean funcionales teniendo lugares de guardado y que estén equipados de la mejor manera para que te incite a permanecer en él. Como estudiantes y futuros profesionales, deberíamos utilizar arquitectura para reivindicar los espacios de convivencia, de encuentro, de lazos de comunidad que es un concepto que se perdió en el tiempo y se reeplazó por la individualidad, lo mínimo, la competencia. Con el paso del tiempo esto se plasmó de alguna manera en las ciudades y en nuestras formas de habitar, pero hoy hay un llamado para que podamos repensarnos, criticar y reflexionar sobre cómo queremos habitar, que espacios, y cómo influimos en ellos para así por qué no: transformarlos. A pesar de toda la situación que estamos viviendo, no creo que haya una persona que lo este disfrutando porque aunque le guste estar en su casa no es bueno no poder salir a hacer algo que necesites, salir implica riesgo. A pesar de todo esto no podemos paralizar nuestras vidas, todo esto nos trae una enseñanza, aprender las cosas simples que tenemos, darnos el lugar y el espacio para reflexionar y aprender porque después que pase todo esto, creo que las personas van a cambiar, espero que para bien.
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Aldana Agostina Melem Ruiz
En las últimas semanas el mundo se detuvo para dar prioridad a esta dura pandemia, y así poder combatirla entre todos. La rutina diaria cambió. Estamos todos, o la gran mayoría, encerrados en nuestro hogares, que para algunos se volvieron pequeños, y para otros quedaron muy grandes, esto mismo te lleva a pensar la suerte que tienen aquellos que pueden compartir su día a día con alguien, o por otro lado el beneficio de la soledad y el silencio. Las actividades que realizamos para poder pasar el tiempo como pintar, arreglar cosas, cocinar comidas que nunca hicimos, actividad física, entre muchas otras, son parte de la cotidianidad... EL HOGAR se posiciono en primer plano. A los espacios que HABITAMOS, en los cuales pasamos mayor o menor tiempo, le dimos valor y jerarquía. Esto nos llama a la reflexión para dar cuenta de que los espacios deben provocarnos satisfacción y LIBERTAD. Les propongo ahora, se sitúen en el lugar que proyecte: “y de pronto cerré los ojos... sentí la calidez del sol depositandose sobre mi piel, la brisa, el canto de los pájaros, y el sonido de las copas de los árboles moverse...” Creo que todos nos imaginamos un lugar, genera sensaciones que experimentamos desde diferentes situaciones, algunos al salir a trabajar, otros desde un gran jardín, una terraza, un balcón, una ventana o desde hasta un simple tragaluz, es el anhelar la libertad y salir al exterior física o emocionalmente. Desde un punto de vista un poco mas arquitectónico considero que se pueden lograr estas sensaciones al profundizar en diferentes aspectos como la continuidad del espacio, el poder vivenciar el exterior desde el interior del hogar, a través de grandes aberturas a espacios verdes, balcones en los que se pueda generar un lugar de encuentro, colores y texturas de materiales que permitan probar o sentir un poco de la naturaleza. Al analizar los espacios arquitectónicos debemos de estimular la calidez y el gozo en su uso diariamente, para ello surgen interrogantes a contestar, como: ¿que desea el usuario? ¿cuál es su estilo? ¿tiene necesidades especiales? ¿de que forma utilizará el espacio? ¿que tipos de colores y materiales prefiere? En definitiva analizar en profundidad los usuarios que habitan o habitaran el lugar.
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Las dos caras de una misma moneda Ana Belén Juárez
Al principio, cuando dijeron que debíamos quedarnos en nuestras casas por un tiempo indeterminado, estaba totalmente despreocupada, tranquila, inconsciente de mi privilegio, que coincide con la mayoría de las personas que me rodean. Primer indicio de la burbuja en donde me crié. Después, veo en los noticieros: aumenta la violencia doméstica, continúan los casos de femicidios con la misma intensidad, queman personas muertas por corona virus en las calles, médicos y enfermeros rompen en llanto pidiendo que respetemos la cuarentena, grandes contingentes de personas migran a la costa para unas “vacaciones”, y la lista sigue y sigue. Grandes indicios de la heterogeneidad de oportunidades de las personas que habitamos este país (y otras partes del mundo). Entonces pienso, ¿no será que no todas las personas tienen un hogar como el que tengo yo, o mis familiares o mis amigos? Sean más pequeños o más grandes, no les falta nada; quizás comparto pieza con mi hermano/a (molesto/a), quizás a veces me desconcentra el ruido de la televisión cuando intento estudiar, pero mis problemas no pasan de eso. Si necesito comer algo, me dirijo a la heladera y tomo lo que quiero, si necesito un poco de privacidad me encierro en mi habitación, si quiero ejercitarme me voy al patio, si necesito hacer un trabajo, prendo mi computadora y lo hago. Y es aquí donde tenemos un gran punto de inflexión en el pensamiento. ¿Y es que acaso todo el mundo tiene una habitación para sí mismo, un patio de por lo menos 100m2, una piscina para divertirse, una computadora o un celular para estudiar, acceso a internet? No hace falta ir muy lejos para darse cuenta de que la realidad no es la misma para todos. Entonces, mi punto de inflexión es: nadie elige vivir en condiciones deplorables, es cuestión de tener suerte de haber nacido de un lado de la brecha, y no del otro. Como profesionales (futuros profesionales en nuestro caso), formados en la universidad pública, deberíamos tener la iniciativa de generar espacios que satisfagan las necesidades de toda la población (sean más o menos privilegiados). Tampoco es como si esta pandemia fuera algo totalmente imprevisto. Ya lo decía muy bien Bill Gates en 2015: “la próxima guerra mundial no tendrá forma de un arma nuclear, será de un tamaño millones de veces menor: un virus”. Entonces, desde 2015 hasta 2020, deberíamos haber tomado los recaudos para poder afrontar esta “guerra”. Evidentemente hemos fallado en este sentido: no existen hospitales suficientes que contrarresten el avance del virus, no existen residencias eficaces y suficientes para el resguardo de personas en situaciones precarias, todavía existen viviendas construidas con chapa y nylon, familias enteras (quién sabe de cuantos integrantes) viven hacinadas en habitaciones mínimas. Sin embargo, existen metros y metros cuadrados construidos en vano (dentro de este contexto de pandemia, por supuesto). Vemos shoppings enteros, edificios de oficinas con decenas de pisos, casas de alquiler o de fin de semana, paseos comerciales, etc., todos ellos totalmente vacíos, inútiles, obsoletos en esta clase de situación. Por lo cual, podemos ver cómo el capital privado ha primado por sobre el público. Me planteo, e invito
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a que todos pensemos las siguientes preguntas (retóricas, con todo lo expuesto): ¿realmente estamos invirtiendo bien? Y ¿hacia dónde deberían dirigirse la mayor cantidad del capital financiero, y por ende, nuestros esfuerzos? Me gustaría terminar aclarando que la arquitectura, como sabemos, es una profesión que se vale de las demás; es decir, es multidisciplinaria. Por lo tanto, este es un tema que atañe a todas las demás profesiones, y al Estado (en todos sus niveles), como organismo que debe velar por las necesidades de la sociedad, y construir una ciudad que brinde una mejor calidad de vida.
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habitar la cuarentena
Escrito de Cuarentena Matheus Ann
Este momento en el que se nos impone quedarnos en casa y resguardarnos, encierra un acontecimiento que sin dudas cambio repentinamente el “estilo de vida” de todo el mundo. La libertad de salir a donde queremos y cuando queremos, la salud, la seguridad, la frecuencia de los afectos, etc, todos son aspectos de nuestras vidas que han dado un giro completamente. Todos esto nos afecta a cada uno de nosotros, en distintos áreas, en distintas medidas, a unos mas a otros menos, pero sin dudas cambio totalmente el modo de llevar nuestras actividades diarias. Dicen que toda crisis tiene tres partes. Una solución, una fecha de caducidad y un aprendizaje. En esta época de aislamiento, época de estar lejos de las cosas y de los afectos que tanto bien nos hacen, y que tanto anhelamos ver nuevamente, ante la necesidad de acomodarnos a tiempos mas sosegados, surge la necesidad de aprender. En esta cuarentena creo que toca aprender, aprender a adaptarnos a circunstancias nuevas, de estudio, trabajo, mentalidades, actividades, etc. Y todo esto conlleva a acomodarnos y acostumbraron a realizar todo nuestro “estilo de vida” en un solo sitio, incluso en casos, en una sola habitación o espacio. Nuestras casas, departamentos, residencia se volvieron nuestro único ámbito y entorno de interacción, nuestro lugar de trabajo, de estudio, escuela, nuestro gimnasio. Por eso que a raíz de esto pienso en que importante es estar cómodos en donde vivimos y desarrollamos todas o gran parte de nuestras actividades diarias. Quizás existirán casos en los que no tanto, personas que no acostumbran a desarrollamos muchas actividades en sus casas, mas que comer, dormir y algo mas, pero que una situación como la de hoy, la cuarentena, les obliga a que sea nuestro único todo. Por mi parte esta claro que extraño mucho mis afectos, y los lugares donde realizo mis actividades (gimnasio, calles, grupos) anhelo volver mis actividades a sus sitios. Sin embargo soy consciente y agradecida, que me toca tener un lugar completamente confortable para desarrollar mis actividades, cuento con amplio espacios verdes, compañía, entre otras cosas que me dejan tener una cuarentena tranquila. Soy consciente, sabiendo que muchas personas tal vez no cuentan con algunas de estas cosas, quizás por estar en un mono-ambiente reducido sin tanto verde, o por estar lejos de su casa, o por estar solos sin compañía. Parte de nuestra adaptación a este nuevo estilo de vida pasajero,nos llevara a aprender ytomar conciencias. Si algo bueno nos dejará la cuarentena, es la creatividad utilizada para idear nuevas formas de crear, proyectar, de tener en cuenta el día a día. Muchas personas están creando nuevos proyectos desde sus hogares, formas novedosas de reinventar el trabajo, e incluso aprendiendo nuevas habilidades. Esa misma creatividad se debe seguir manteniendo incluso después de volver a nuestra vida habitual, para asi tener una nueva perspectiva de vida.
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Individualistas
Julieta Nazarena Arias
Día 33 de cuarenta y en la ciudad se empieza a circular con mayor frecuencia. Sí, yo también estoy afuera, no quisiera, pero me necesitaban, aunque también me necesitan dentro de casa. Escuchar que en “Tucumán no hay tantos casos de Coronavirus” ¿Será acaso la excusa de todos para tomar con tranquilidad ese papel que descargaste de Internet y salir a la calle con el pensamiento de que no habría peligro si usas guantes, barbijo, alcohol y pronto volver a casa si solo estuviste en el auto? A través del cristal en la esquina veo la aglomeración de autos que son retenidos unos instantes por la policía para poder av anzar al centro de la ciudad. Logran pasar. Porsupuesto que logran pasar si en el papel dice que podes circular, así que avanzan con total impunidad. Yo mientras tanto observo, pareciendo tan impune como los demás, creyendo que no es para tanto, esperanzada de que todo vuelva a la normalidad pronto. Luego de almorzar vuelvo a casa, siempre haciendo el mismo recorrido, siempre a la misma hora y por los mismos lugares. Pero algo cambia, no es la llegada de siempre a casa. Empezando por cambiarme de ropa al bajar del auto, llegar a la galería de casa y quitarme las zapatillas con las que caminé sin pensar, ponerme los sapitos -también llamadas Crocs- para entrar a casa, lavar los guantes con los que manejé, dejarlos secar, lavarme las manos, usar alcohol y por fin llegar a la habitación. Largo se hizo el recorrido ¿No? pero al fin en casa, en mi habitación con la tranquilidad característica que la rodea, escuchando a lo lejos el leve pas ar del colectivo que recorre por el barrio. Pero algo es diferente otra vez, no es la misma charla de siempre la que se escucha a través de las paredes, ahora, son los vecinos que ríen por una partida de loba que planearon como actividad familiar diaria desde que empezó la cuarentena. Se escucha todo a través de la hilera de ladrillos huecos que forman la pared que nos separa, no es algo anteriormente cotidiano, pero supongo que es de las rebuscadas maneras de matar el tiempo. Entonces, podríamos decir que lo que nos sobra ahora es tiempo, y por ello buscamos, planeamos y organizamos distintas maneras en las que vamos a utilizarlo. Sería como otro pensamiento que tenemos todos en común en estos días al quedarte en casa, claro que algunas veces te levantas y la rutina no sale de dormir, comer y ver netflix. Pero al parecer de eso se trata. De darte t u tiempo y aprovecharlo en cosas que antes no hacías por “falta de tiempo”. Pero, realmente ¿será la falta de tiempo la que nos impide cumplir con algunas cosas que pateamos para otro momento? Personalmente, no creo que sea así. Porque desde que estoy en casa, y no hablo de hoy sino de una semana atrás en que empecé la cuarentena aquí - ya que, estuve haciendo la primera parte en otro lado- no tuve el tiempo para acomodar mi cuarto, no me organice de tal manera en que pudiera hacer la rutina de gimnasia y hasta me atrase con la tarea para la facultad, ¡ah! pero para hacer medialunas si dedicaste un día entero Nazarena ¿verdad? Y sí, porque voy viendo con mayor claridad. No es que el tiempo rige mi rutina diaria, sino las ganas y lo que te nace hacer en el día, por lo menos para estos días “libres” que tenemos –A lo cual no llamaría “dar prioridad a una cosa sobre la otra”, como diría mi mamá, que no ve las horas que acomode el estudio. Lo veo como darme un gusto que antes no esperaba darme. Yo amanecí con esas intenciones y no planeo hacer algo distinto, sino de seguir a sí hasta que en algún momento entre ellas me nazcan las ganas de ordenar el estudio, entre otras cosas pendientes.
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Entonces, si de ganas se tratan y tenes ganas de salir, ¿vas a salir a la calle? Desde mi punto de vista “individualista” les diría que sí, porque no hay algo que amo más que salir a dar vueltas en el auto, y ojo, tengo un papel que me autoriza. Pensándolo bien, hasta podría decirles que no hace falta esta autorización, porque al hacer un recorrido rodeando todo el centro puedo asegurarles que no hay controles. Pero ¿Qué pasaría si, como yo, miles de individuos tenemos en común el mismo pensamiento? “En Tucumán no hay tantos casos de coronavirus” … Somos por lo menos mil personas que comparten ese mismo pensamiento y salimos. Salimos porque la televisión nos muestra que el número de muertes por la pandemia no es realmente significativo. ¿Así consideramos al otro? ¿Un número? Algo totalmente alejado de nuestro afecto, algo que nos da derecho a través de un simple papel a recorrer las calles mientras nos están pidiendo qued arnos en casa. Me pregunto ¿Desde cuándo nos consideramos algo tan abstracto como un número? Este pensamiento individualista es una forma que varios tenemos de no mostrar ningún respeto por aquellos que formaron parte de “ese” número de afectados. No somos solo un individuo, somos una comunidad. No es por ahora, es por siempre. ¿Será que este pensamiento individualista no es de ahora, sino de siempre?
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El mundo cambió Adrian Rosso Ayrton
El coronavirus o covid-19, imcpata muy fuerte en todo el mundo. Estamos ante un virus desconocido y las medidas llevadas a cabo por nuestos gobernantes cambiaron nuestra forma de vivir temporalmente de un momento para otro. Vivimos aislados debido al peligro de contagio ya que el virus es invisible y muy poderoso, es así que nuestro mundo paso a ser nuestro hogar en donde pasamos nuestros días limitando nuestras actividades como también asi realizando la mayoría de las cosas online apareciendo una forma de vida solitaria donde la relación cara a cara desaparece y todo es virtual, estudiar, comprar, trabajar etc.. El mundo cambió, la ventana o nuestro balcón es lo más cercano que tenemos al exterior permitiéndonos saludar desde lejos a nuestros vecinos. El mundo cambio, ahora solo salimos lo menos posible, solo a comprar lo necesario y luego volvemos sin detenernos en ningún sitio a charlar con amigos o con alguna persona que encontremos en el camino, nos encerramos en nuestra casa con lo mucho o poco que tenemos.. El mundo cambio, quien hubiera dicho que se podía vivir sin salir de tu casa la mayor parte del dia o tal vez sin salir a la plaza o ir a realizar deportes como también ver deportes, quien hubiera pensado que se podía vivir sin realizar las actividades que realizábamos con total normalidad. El mundo cambió, ahora tu casa es tu mundo.
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Pausa
Justina Borrás
“Y el planeta empezó a sanar” Glenda Ramundo De repente tuvimos que dejar de lado los hábitos y rutinas, que conforman la realidad de uno. De repente nuestras personas, nuestras obligaciones, nuestros deseos estaban más lejos. A estas alturas podemos hacer una lista con jerarquía de cosas que extrañamos de verdad. Hace un mes atrás empezábamos la cuarentena, me pareció bueno para poder hacer una pausa. Era momento para frenar y cuidarnos también. Me preguntaba ¿Cuándo más vamos a tener la suerte de tener tiempo para poder cocinar, estudiar, ordenar, ver una película, e incluso dedicarnos a nosotros y todo eso en un solo día? Sin embargo, hoy, un mes después, los interrogantes son otros. Disponemos de tiempo, que suele faltarnos en la vida cotidiana, pero esta vez el tiempo sobra y a veces extrañamos incluso aquello ante lo que antes pedíamos descanso. Nos enfrentarnos a cosas que antes no nos habríamos imaginado. Esto hace, personalmente, que deba enfrentarme regularmente a la incertidumbre de no saber. Ya que es un tiempo para no comprender lo que pasará. Pero, por otro lado, y por suerte, es también un tiempo que podemos usar para reconstruirnos nosotros. Empecé a vivir los espacios de manera diferente, el living que hoy es living, es gimnasio, es sala de juegos y también incluso se convierte en lugar de clases. Elegí arquitectura porque me gustaba la idea de poder crear, de poder diseñar. Esta situación de cuarentena me hizo preguntarme por la mejor manera de crear. Solemos decir que una casa es linda, es moderna, pero nuestro verdadero desafío es crear hogares con espacios llenos de intenciones, en el que uno se sienta cómodo. Imaginar espacios para personas. A nosotros como arquitectos el confinamiento debería llevarnos a pensar la manera de desarrollarnos humanamente.
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Yo me quedo en casa Eugenia Brandán
La cuarentena provocada por la aparición del coronavirus, en la actualidad, está afectando a la sociedad en todo el mundo. Para combatir este virus, fueron y son necesarias la toma de decisiones a nivel nacional para resguardar la salud de cada persona. Por esto, en Argentina se lanzaron campañas sobre educación de la salud y también se está llevando a cabo el aislamiento social obligatorio. Estas precauciones son realizadas en muchos otros países. Por lo tanto, la cuarentena, llevada a cabo con el lema “Yo me quedo en casa”, está impactando y modificando de forma significativa la vida de muchas personas, familias, negocios, trabajo, e incluso al medio ambiente. En cuanto a este último, el cese de actividades humanas, como la producción en las fábricas o el turismo, favoreció a reducir la contaminación ambiental y, también a los animales. Estos volvieron a poblar varios ríos, arroyos, calles y otros espacios y lugares en los que antes no se atrevían a llegar. Un ejemplo específico puede ser el caso de Venecia, donde después de muchos años y tras el aislamiento social y la falta de movimiento de tránsito por sus canales, se volvieron a ver en él animales tales como peces y patos. Aunque, en cuanto a la sociedad, la presencia de un virus nos mantiene en un estado de constante alerta. Considero que esto es necesario para protegernos mientras la situación generada por el COVID 19 permanezca. Como expresó el arquitecto Miguel Duarte, surge el miedo de ser contagiados y contagiar, miedo a tocar objetos, etc. Este arquitecto agrega que el miedo en la sociedad ya existía, y puede verse expresado en las cámaras de vigilancia, muros divisores y rejas que separan a las viviendas del exterior, alarmas en casas, edificios, autos, etc. Pero, en cuanto la necesidad del aislamiento social haya terminado, se deberá volver a valores básicos y fundamentales del ser humano. Es necesario volver a creer en la verdad, cultivar la confianza, transmitir la amistad y la solidaridad. Además, esta situación también influye en la comunicación ya que al no estar permitido el contacto físico, es necesario recurrir a otros medios para seguir en contacto con los demás. Es por esto que la tecnología y el internet se volvieron elementos fundamentales para compartir y recibir información, comunicarse, estudiar, trabajar, etc. También, al no estar permitido salir al exterior, muchos negocios, empresas, trabajadores ambulantes, etc., tuvieron que detener su actividad comercial. Por lo tanto, esto afecta considerablemente a la economía mundial. En lo personal, la cuarentena influyó en mi rutina ya que es una situación completamente nueva para mí el no tener permitido abandonar mi casa. Sobre todo, afecta en mis estudios, ya que no puedo asistir a la facultad y sus clases presenciales, que considero esenciales. Aun así, continúo con estos utilizando principalmente una computadora, celular y conexión a internet. También, recurro a estos medios para comunicarme con mi familia
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y amigos y para informarme de lo que pasa en el mundo. De hecho, la tecnología ya resultaba necesaria para mí desde hace tiempo, tanto para comunicarme como para realizar y enviar trabajos a través de internet. Por lo tanto, el uso de estos dispositivos no significó un gran cambio en mi vida. En cuanto a la arquitectura, podría surgir una nueva relación con el medio ambiente. Ya que, aunque el calentamiento global parezca ser un tema aparte de este ámbito, está en realidad muy relacionado con el mismo. Por un lado, la arquitectura puede determinar la forma en que nos relacionamos con el entorno que nos rodea. Por otro lado, el exceso de m2 construidos en el mundo es uno de los principales factores de contaminación ambiental. Por ello, se debería replantear si de verdad es necesaria la construcción de cada espacio, o si, en realidad, sería mejor devolverlos a la naturaleza. Teniendo en cuenta estas situaciones, la arquitectura ambiental y bioclimática podría tomar un mayor protagonismo a partir de esta pandemia. Además, a partir del aislamiento social, la percepción de los espacios podría cambiar. La atención al espacio privado y residencial cobra especial importancia en estos tiempos. Ya que, por ejemplo, una simple sala donde antes únicamente cumplía la función de comedor, para muchos pasó a ser su lugar de trabajo, estudio, etc. O, como a mí me acurre, mi habitación también sirve de espacio para el estudio y donde continuo con mis clases. También, me parece importante agregar que contar con espacio verde disponible es importante tanto con respecto a la salud física como a la salud mental. Sobre todo en una situación como ésta, en la cual no es posible ni seguro salir de la vivienda, es necesario, e incluso indispensable, para las personas contar con un espacio exterior propio con vegetación y donde corra aire fresco. Por lo tanto, esto podría tenerse en cuenta como una pauta esencial en la planificación de viviendas o departamentos futuros. En cuanto a las viviendas, la cuarentena podría generar algunos otros cambios en las mismas. Por ejemplo, podrían considerarse esenciales los espacios de almacenaje como alacenas para guardar alimentos o productos de limpieza, en caso de necesitar guardar provisiones por un tiempo indeterminado. También, las instalaciones necesarias para disponer de internet y espacios destinados a elementos tecnológicos como computadoras podrían ganar más protagonismo en el diseño. Es necesario considerar que, aquellas personas que pueden seguir con sus rutinas y actividades normales dentro de sus viviendas tienen una ventaja en estos tiempos, por lo tanto, la disposición de un estudio dentro del hogar, e incluso un gimnasio, podría significar una solicitación recurrente en un futuro. Además, nuevos sistemas podrían ser incorporados a este ámbito para mejorar la situación de higiene, como canillas con apertura automáticas, puertas corredizas para el acceso principal, etc., de modo que se evite tocar la mayor cantidad de elementos. E incluso se podrían adoptar hábitos de
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otras sociedades como disponer espacios en el acceso de las viviendas para dejar el calzado. Por último, aunque considero importantes las precauciones para evitar el contagio del virus a través del aislamiento social y, sobre todo, para mantener e impulsar la higiene mediante los sistemas antes mencionados, así como preparar la vivienda para que resulte eficiente en estas situaciones, esto no significa que la cuarentena deba ser considerada como un factor permanente o como un rasgo de la sociedad. Por el contario, la arquitectura debería impulsar la convivencia social. Debería pensarse, aún más después de esta situación, como eliminar el miedo a vincularse, de salir al exterior, de compartir espacios y relacionarse con los demás. Por ejemplo, mediante el planteo de espacios públicos y sociales que incentiven la interacción entre las personas.
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Tiempos de Cuarentena Erika Navarro
Lo que más aprendí fue cómo gestionar el tiempo. Antes de toda esta situación solíamos decir repetidas veces “No tengo tiempo para…” “Me gustaría dedicarle más momentos a mi familia, o a mis estudios” “No tengo tiempo para mí”, lo decimos con tanta frecuencia que es parte de la vida diaria. Pero ahora la realidad es otra, tenemos demasiado tiempo. Me di cuenta que realmente el problema no es cuánto tiempo tenemos, sino qué hacemos con él. Y tratar de evitar todas las distracciones y comodidades para hacer realmente lo que nos propongamos y éste período aprovecharlo por completo ya que el ocio y el aburrimiento puede jugarnos en contra. Es momento de descubrir la importancia de las pequeñas cosas. No tenemos control sobre las cosas que pasan, pero sí sobre la manera de enfrentar estas situaciones ya que muchas veces sentimos que nuestra libertad está limitada. Pensar a futuro nos genera inquietud e incertidumbre, es por esto que valorar el momento presente es importante. Nos gustaría volver a la normalidad, pero esa normalidad es la misma que nos trajo hasta aquí y es momento de replantear y cambiar muchos hábitos diarios junto con la mirada que tenemos del mundo. En esta época de cuarentena, internet nos ha mantenido unidos de alguna manera. Es la mejor forma de acercarnos a nuestros afectos, a nuestros amigos, compañeros y al mismo tiempo personas y noticias del mundo entero. Trabajar y/o estudiar desde casa parecía imposible hasta este momento. Sin embargo, nadie extraña lo material, todos extrañamos compartir momentos con nuestros seres queridos. 37
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No es suficiente Camila Isas
Tengo entendido que se necesitan 21 días para incorporar un nuevo hábito en tu rutina diaria, nunca lo había intentado pero ahora no tuvimos mucha opción. Los primeros días de cuarentena estaba ahogada en la angustia de la incertidumbre y negación, pero con la primera prolongación del 30 de Marzo entendí que la cuarentena obligatoria era algo que venía para rato asique había que respirar hondo, dejar de luchar y flotar. Estamos flotando hace casi un mes, no son muchos los que siguen luchando contra si mismos en aislamiento. Es difícil intentar llevar la rutina normal en esta situación. La concentración es poca y él instinto de autopreservación, tan presente, me pide hacer cosas que no están en mis obligaciones. Sin embargo no dudo que seguir con las responsabilidades de nuestra vida normal es la mejor respuesta que tenemos para combatir la angustia y miedos. Él mundo que conocemos está parado en muchos sentidos, también podríamos parar él dictado de materias o algunos trabajos y proyectos por ejemplo. No creo que sigamos haciéndolos porque sean impostergables, si no porque necesitamos esa ilusión de normalidad, ese hilo de donde agarrar para sentirnos un poco menos flotando,menos impotentes. Es pensar en que hay un después, aunque nadie sepa cómo se va a llevar a cabo. Individualmente siento que, al ser mi casa él único lugar donde desarrollarme, me fui apropiando de lugares que solían ser de paso o raro uso, y me di cuenta que, a pesar de ser una casa de dos plantas y jardín, falta espacio, como si los m2 estuvieran mal distribuidos. Esto me llevó a pensar que quizás se debe a que cada espacio está muy definido en sí mismo. Él living es, y solo puede ser, un living. No se abre hacia otra zona más que la cocina por una puerta de 70 cm. Es chico y tiene mucho mobiliario que solo puede ir ahí, dejando solo espacio de circulación, sin dar lugar a otras formas de habitarlo. Me gustaría que la distribución de áreas sea diferente para así poder tener, por ejemplo, un living grande en vez de uno chico en cada planta. Así mismo, los espacios con actividades compatibles podrían estar más vinculados, tanto en su ubicación como en él tamaño de las aberturas que los unen. Si yo siento esto, que sentirá la gente que viven en departamento? Demás está remarcar la necesidad de un espacio exterior o semicerrado. Si bien se necesitan 21 días para crear un hábito, y podemos ver como cada día se nos hace más natural él aislamiento, no creo que esta situación en particular cambie prácticas tan arraigadas a cada cultura y a la humanidad en sí misma. Muchos creen que esto será un cambio rotundo en la economía y la forma de relacionarse pero no es más que una ilusión. Al igual que las metas de principio de año, terminan atropelladas por los modos y rutinas de cada individuo. Si bien espero que esto marque un suceso importante en la forma de administrar él sistema de salud y las medidas
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de salubridad y nos ayude a valorar otras cosas, no creo que él coronavirus sea suficiente. Los cambios en las sociedades son resultantes de los efectos encadenados de una crisis y no del peso de la crisis en sí. Por su parte, no creo que los modos de habitar tengan cambios aparentes en un futuro cercano. Si fuera a haber un replanteo en la proyectación de espacios y modos de habitar, me parece que debería ser considerando la posibilidad de flexibilizar los espacios para dar lugar a diferentes formas de apropiación según él usuario necesite. En una situación como esta es imperativo esa posibilidad ya que se condensan todas las actividades que se realizan durante él día a día en un solo lugar. Por ejemplo, hoy en día, donde él área del trabajo se traslada a la vivienda, es importante que él usuario tenga un área lo suficientemente flexible para crear él espacio que requiera, y así no tener que invadir espacios destinados a otra actividad, como él dormitorio. Mantener él área de trabajo en otra área es importante para él bienestar en un momento donde todo se ve comprimido. Sin embargo, este planteo ya existe, se estudia día a día y su práctica es cada vez más notable. No se necesitó de una pandemia mundial para entender qué es él usuario quien debe definir y caracterizar su habitar. Él rol del arquitecto es dar esa posibilidad considerando, además, la creciente demanda de suelo por él aumento poblacional.
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Introspección Celina Tula Norri
Sin dudas frenar para nosotros se vino reflejado de un montón de conflictos internos. ¿Estar encerrados en nuestras casas por tiempo indeterminado? ¿Con nuestras familias? ¿Solos? Cada uno tendrá su conflicto interno o no. Su manera de tomar esta situación que nos tomó de sorpresa literalmente a todo el mundo. Mi manera es tomarlo como un descanso de todo, tomar este tiempo para reflexionar, explorar lo que nos pasa y tratar de sacarle lo positivo a esto que hoy nos toca vivir. Por todo esto la creatividad nos viene como respuestas a las imposibilidades que por ahí nos superan... Y se me vienen algunas preguntas como, ¿Es necesario tener algunas cosas? ¿Son indispensables en nuestras vidas? ¿Gastar en gimnasios? Si en casa puedo crear uno con lo los elementos que tenemos a mano. ¿Necesitamos una casa enorme? ¿Usamos todos sus espacios? ¿Son necesarios algunos espacios? ¿Tiene que tener una función específica y fija en nuestra casa o un solo espacio puede responder a cada una de ellas?... Vivo en un monoambiente que a veces se transforma en estos tiempos en un gimnasio, otras en un salón de teatro, baile, facultad... Es chico sí, pero para vivir sola no necesito mucho más, la salvadora de esta situación fue es y será el ventanal que ocupa todo el frente de mi departamento con un paño fijo abajo y grande paños corredizos lo cual me permitió tener contacto y ver a mis vecinos de los edificios cercanos, sentirme afuera algunas veces, respirar un poco de aire y sentir el sol en la cara... Necesitamos que nuestros espacios sean confortables y sin dudas tener relación con el exterior y que sea de la mejor manera. Creo que será un antes y un después de este virus el mundo, su fauna la naturaleza tuvo un cambio en poco tiempo positivo, respirando del consumo humano y su constante castigo hacia él. Cambiarán como así también nuestros pensamientos y seguramente se irán respondiendo estas preguntas y surgirán miles más de como habitar y que es realmente importante en nuestra vida. Tomar estos cambios como una observación de nosotros mismos de nuestras acciones y de nuestra conciencia, reflexionar y así seguir mejorando y avanzando con los cambios que nos toquen como seres humanos constructivos.
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#CuarentenaDia28 Angela Colomba
Esperando que todo pase para poder volver a la “normalidad” eso dicen todos, pero todo en la vida anterior al asilamiento comienza a ser distante y bastante rara. Pareciera que ahora lo normal es estar aislados. Ahora que estoy parada, quieta, sin poder moverme me doy cuenta de que lo que parecía tan importante ya no lo es tanto, que vivir corriendo no es vivir y que mi familia es mi prioridad, sobre todo cuando sé que no va a volver a estar completa. Durante este periodo fui descubriendo nuevos lugares y momentos en mi casa que se convierten en un constante de cada día. Sin embargo, al pasar los días esos lugares se vuelven más chicos y solo espero que no terminen desapareciendo. Uno de esos lugares es mi balcón, amo sentarme ahí, aunque sea una vez al día. Las personas pasan frente a mi balcón todos los días, algunas parecen entender lo que esto significa, caminan rápido para volver pronto a sus casas. Otras van más lento, disfrutan un poco más ese ratito que salen y no las culpo, cada uno hace lo que puede. De acuerdo con la hora que me siente en mi balcón puedo ver diferentes situaciones. En la mañana es cuando hay más cantidad de personas en la calle y por lo tanto es seguro que me encuentro a algún conocido que va a hacer sus compras y nunca falta un saludo con la mano. Mi casa está ubicada justo en el centro de mi pueblo y el supermercado de mis papas a una cuadra. Desde mi balcón lo puedo llegar a ver, veo la fila afuera, las personas esperando su turno, distanciadas, pero en la mayoría de los casos hablando con la persona que está a su lado en la fila. Muchos usan barbijos, algunos caseros, como dije cada uno hace lo que puede. Si me siento a la tarde puedo ver a mis papas que vienen de trabajar, veo la expresión triste de mi mama y el cansancio de mi papa, hay algunos días que son más difíciles que otros, pero sin duda ella es la que peor está pasando todo esto. Por último, si me siento en mi balcón a la noche, no veo nada, o mejor dicho a nadie, puedo ver como todo a mi alrededor está quieto. Es el momento que más disfruto, estar un rato en silencio y sola. A veces veo asomarse a mi abuelo desde su balcón, su mirada sigue triste al igual que la de mi mama. No estoy segura de que entienda todo esto, pero al menos trata de adaptarse, aunque debe ser muy difícil pasar de estar toda tu vida acompañado, a estar completamente solo. Simplemente espero volver a verlo pronto, y no solo desde lejos. Mi balcón se fue transformando durante este tiempo, fue cambiando su significado. Antes rara vez salía o siquiera lo usaba, hoy no puedo pasar un día sin salir, al menos por un segundo, no sé muy bien porque, capaz sea porque en ese segundo que salgo me vuelvo a conectar con la realidad.
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Reflexiones obvias David Valdez Ruiz
La cuarentena como situación atípica me trajo más reflexión y preguntas que la (mal llamada) normalidad, seguramente a modo de encontrar certezas desde un principio. ¿Quiénes la sufren? ¿por qué la sufren? O ¿cuáles son los factores que determinan que alguien se sienta afectado en esta situación? A fines del año pasado leí una reflexión de Rafa Iglesia donde me impactó la idea de encontrar soluciones donde estas realmente funcionan. La obviedad. “El proceso creativo para hallar una solución particular a un problema particular desaparece cuando el problema es un problema reiterado y éste se presenta simultáneamente con la solución correspondiente, cuya elaboración se ha realizado a lo largo del tiempo, colectivamente.” Trayendo este pensamiento y cambiando el enfoque de las preguntas, se me ocurrió si tal vez las respuestas se encuentran en quién no está siendo afectado por la cuarentena y a partir de allí encontrar estos factores o condiciones para mantener un cierto bienestar en el contexto actual. Como ejemplo que conozco de quienes no se sienten afectados en estas circunstancias más allá de la restricción de libre circulación, se encuentra parte de mi familia materna que vive en una zona rural a 60 km de San Miguel de Tucumán. En las 9 ha de la finca no se siente el encierro, están rodeados de vegetación/naturaleza, tienen incidencia plena de las condiciones climáticas, y la vida transcurre en espacios comunes hasta que deciden irse a la privacidad de sus casas. Entonces una vez identificado algunos factores entiendo que debemos cuestionarnos como sociedad en que momento y por qué dejamos de disponer de estos bienes naturales. ¿Bajo que lógica seguiremos habitando la vivienda y la ciudad? ¿Cuáles son las necesidades espaciales de un ser humano? ¿Cuánto necesitamos de lo natural y cuanto del ecosistema artificial que hemos creado? Lo individual y lo colectivo, ¿cuánto necesitamos de cada uno? Es obvio.
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Incertidumbre
Esteban Pereyra
Todo comenzó un 8 de marzo con un viaje, expectativas y un objetivo, visitarlo a mi hermano. Es entonces que con mi familia emprendimos un viaje a Portugal. Al momento de llegar todo estaba normal, hasta que después de una semana y media el corona virus se comenzó a extender por todo el mundo, hasta entonces los países más afectados eran china e Italia, pero España no tardó mucho caer. El mundo comenzó a tomar precauciones, países comenzaron a cerrar sus fronteras, locales comenzaron a cerrar y la gente dejó de salir. Al ver esta situación nos comunicamos con cancillería para preguntar qué teníamos que hacer, ya que habíamos visto que Argentina tenía pensado en cerrar sus fronteras, a lo que la respuesta siempre fue “falta mucho para que vuelvan, esperen que llegue su fecha”. Así es que pasaron los días y la situación en todo en todo el mundo empeoro, un viaje que estaba planificado para recorrer parte de España y Portugal fue cancelado y reorganizado sobre la marcha. A lo que decidimos esperar la fecha de nuestro regreso en Portugal. Llegado el 1ro. de abril hora de emprender nuestra vuelta, nos encontrábamos con él vuelo de regreso cancelado y con las fronteras de nuestro país cerrada. Al recurrir a cancillería “en la fecha de nuestro regreso” la respuesta fue “se hubiesen comunicado antes, ahora tienen que esperar” siendo que siempre estuvimos en contacto. Obviamente esto generó incertidumbre y enojo en mi familia. Pasaron días, los días se convirtieron en semanas y siempre la misma pregunta ¿cuando vamos volver? El mundo está parado y obviamente argentina no es la excepción. La incertidumbre de no saber ¿cuando?¿como? siempre estaba presente. Al seguir en contacto con cancillería llegamos a entender el porqué del cierre total de fronteras. Nuestro país es un país tiene muchas deficiencias y la salud es una de ellas, llegaban vuelos de “repatriación” con gente enferma y nadie sabía como tratarlas, nadie quería llevarlos a sus respectivos hogares para cumplir con la cuarentena obligatoria, nadie se hacía cargo, a lo que obviamente decidieron un cierre total. El problema está en el ¿hasta cuando? No hay una repuesta certera, una fecha fija, solo estimativos que se pasan al igual que pasan los días. Estos momentos creo que nos ayuda a apreciar las cosas simples como también afectos, familiares y amigos. Cosas simples como pueden ser un rayo de sol, actualmente estamos parando en un edifico con un perímetro libre, donde nuestro departamento está orientado hacia el norte (que sería como el sur en argentina) por lo tanto es un departamento frio, mayormente oscuro y amplio, hay días luminosos ya que al tener otros edificios cerca por medio del reflejo de luz natural pero creo que nada se puede comparar a la luz directa del sol. Uno cuando alquila un vivienda por pocos días lo que menos interesa es su orientación, pero este se convirtió en lo que podríamos llamar nuestro hogar transitorio. En estos momentos afirmé que uno valora las cosas hasta que nos las tiene, llegando a la conclusión que sentirse en un lugar oscuro como la incertidumbre es algo pasajero. Lo que queda es solo esperar.
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Torta de café
Franco Miguel Fernández
A un mes de la cuarentena obligatoria me abre la puerta a la reflexión y no puedo negar que el tiempo libre en exceso a veces se vuelve contraproducente. Pase de tener una rutina establecida a quedarme en casa las 24 hs del día. Mis padres, que son empleados de comercio y compañeros de trabajo hace más de 30 años, dejaron de trabajar para evitar su obvia exposición a la gente, y agradezco profundamente tenerlos en casa y gozando de buena salud. Ahora pasamos todo el tiempo juntos y hacemos cosas que solo las hacíamos los sábados y domingos. Un ejemplo es que merendamos juntos todos los días –cosa que solo pasaba los domingos-, parece ser algo insignificante pero para mi en particular me llena el alma. Lo positivo que saco de esta cuarentena es eso, pasar tiempo de calidad con mis padres. Por ejemplo con mi papá hicimos y terminamos cosas de la casa que teníamos pendientes como poner el cielorraso en la cocina, pintar la cocina, pintar el living, arreglar un ventilador… entre otras cosas, ahora charlamos mucho mas que antes y nos tenemos mas confianza. Con mi mamá igual, fueron incontables las cosas dulces que hicimos. Cabe aclarar que tanto ella como yo sabemos bastante de repostería, es mas yo hasta hace un par de años atrás hacía y vendía tartas dulces de lo que te imagines (con eso me pague un viaje a Bs As y las entradas para ver a Coldplay y Green Day). Solo a 2 dias de la cuarentena ya estábamos haciendo un bizcochuelo enorme para merendar durante la semana, hicimos recetas nuevas, experimentamos con ingredientes diferentes, nos la pasábamos horneando y comiendo! Jaja. Cada 2 o 3 días teníamos un postre diferente y eso, creo yo, pocas veces en la vida lo voy a poder repetir. Lo más rico que hicimos fue una torta donde casi todos sus componentes tenían café (el bizcochuelo humedecido con café y licor, la crema con café, el merengue con café y miel) Una locura! A pesar de que esto es una crisis mundial, nosotros lo vimos como una oportunidad para aprovechar el tiempo en familia y reforzar los lazos. Como dice Homero, para mi en particular esto fue una “Oportuncrisis” y me llena el alma de felicidad. Si tengo que destacar algo negativo de todo esto, en mi caso particular la cabeza a veces puede ser muy jodida, pasar mucho tiempo encerrado en mi pieza favoreció que esta maquine mucho y de vez en cuando algunos fantasmas del pasado vuelven y te pueden romper la paz mental que tenes a veces lenta y otras tan rápidamente que no tenés escapatoria, como algún principio de depresión que padecí y creí haber curado con la terapia, extrañar recuerdos de momentos que sabes que jamás vas a volver a vivir (yo termine una relación de casi 7 años hace unos meses), el hecho de replantearte toda tu vida académica y pensar si sos realmente bueno en lo que haces, si alguien en algún momento te tendrá la confianza para encargarte el sueño de su vida de tener su casa propia (a pesar que que te va bien en la facultad), la baja autoestima que te carcome la conciencia, en fin, Fantasmas como le digo yo, que a veces el encierro hace que aparezcan. La cabeza en
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ciertos casos es muy traicionera y tenes que convivir con eso y buscar la forma de salir de ahí porque no podes salir a despejarte, ni ir al gimnasio, ni jugar un partidito con los pibes, ni juntarte a charlar cara a cara con tus amigos cerveza de por medio, o simplemente salir a caminar para ver gente y despejarse un poco. En lo poco que pude ver en mi cuidad y en mi barrio la gente tiene miedo y no sale. Solo para lo mínimo indispensable y me parece perfecto, tenemos que cuidarnos entre todos. Le pongo fin a esta reflexión sintiéndome un poco expuesto y vulnerable, pero me pareció un ejercicio muy bueno y descargador. Abrir tu cabeza y corazón mediante unas cuantas palabras ayuda, y bastante.
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Pandemia corona virus Giuliano Villoria
Después de un mes aproximadamente del inicio de la cuarentena , puedo comentar mi experiencia en particular . Lo que note a lo largo de los días de esta cuarentena , son aspectos positivos y negativos , arrancando por lo negativo , puedo mencionar lo difícil que es , no poder sociabilizar en el día ya que en mi pequeño trabajo de trasladar personas discapacitadas y llevarlas a sus clínicas hace que este en contacto con personas todo el tiempo .Recorriéndome medio Tucumán , terminar el trayecto de la mañana e ingresar a la facultad , salir de la facultad y volver a trabajar ,después comer y salir de nuevo hacia a la facultad , hasta terminar el día. Estoy muy acostumbrado a estar todo el tiempo fuera de casa. Ahí es donde vino lo positivo de toda esta cuarentena. Volví a tener tiempo de compartir mucho más en familia, dedicarme a mi hobbie con los autos (me gusta la mecánica) , las materias virtuales están buenas , cuesta un poco más, pero veo el esfuerzo de los docentes por ayudarnos frente a esta situación en particular , entonces aprovecho para aprender todo lo que puedo . En cuanto a mi habitar en casa , cambio muchísimo , seguramente a todos nos paso lo mismo , hicimos nuestro propio gimnasio en casa , nuestros lugares para estudiar , hacer nuestras reuniones virtuales , o en mi caso, mi propio “taller” , en fin , estamos exprimiendo cada rincón de nuestra casa y si hay algo que nos falta , es ESPACIO AL AIRE LIBRE , como explicar la necesidad de respirar un poco aire de afuera. Eso me dejo una clara enseñanza de tener prioridad en crear arquitectura que se combine con la naturaleza , a la hora de diseñar algo nuevo.
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Habitando con la pandemia Francisco Pastor
Hoy, a más de un mes de haber comenzado la cuarentena obligatoria, dictada como medida de prevención a fin de disminuir los contagios de covid-19 en Argentina. Viví diferentes situaciones, y tuve tiempo de analizar y reflexionar sobre lo que está pasando a nivel personal y comunidad. Lo que me paso fue pasar de una rutina a la que estaba acostumbrado en la que tenía actividades en las que me divertía, o simplemente debía cumplir, a estar encerrado con mucho tiempo libre, pero, no con la libertad para salir o sociabilizar con el exterior. Esta cuarentena la paso en casa con mi familia, lo que agradezco ya que puedo compartir tiempo con ellos, tal vez tiempo que me faltaba cuando llevaba mi rutina diaria, y eso es lindo porque pasamos diferentes etapas, en las que nos divertimos, charlamos, contamos lo que nos pasa y también llegan momentos en los que no nos queremos ver, pero pasa, y es momento en el que también queremos estar solos, y encontrarnos con nosotros mismo. Tiempo en el que pensaba todo lo que pasa, y comienzo a preguntarme ¿Cuándo terminara todo? ¿Qué pasara cuando termine? ¿Cómo nos afectara? ¿Cómo será volver con nuestras rutinas? La arquitectura, ¿Es importante en esta situación? Yo creo que esto tendrá impacta mucho en las personas y en la forma de vivirlo, habrá un antes y después en donde afectara a la confianza, el trato a los demás y fortalecerá el miedo. Con respecto a la arquitectura y lo social, las personas disfrutan de diferentes espacios a los que adaptaron para realizar sus actividades de vida cotidiana, trabajar, estudiar, hacer ejercicios, desde casa. Los espacios que tomaron mayor protagonismo son espacios verdes en viviendas, balcones, terrazas en edificios en altura, cualquiera que tenga vinculo y se pueda sentir alguna conexión con el exterior. Pero esto no está al alcance de todos, ¿Qué pasa con las personas que no tienen esta posibilidad? Con las personas que viven en condiciones más vulnerables, lugares en los que se realiza una cuarentena comunitaria por la densidad de personas en pequeños espacios, personas que dependen de comedores, hogares para familia, los cuales la mayoría están colapsados y en riesgo, personas en situaciones de calle, es muy difícil acceder a las mismas oportunidades. Esta pandemia marco mucho más las desigualdades, lo que a ritmo de vida normal no le dábamos mucha importancia o hacíamos la vista gorda hoy es un realidad muy difícil, en la que aparecen carencias y dificultades en diversos ámbitos (salud, educación, economía, vivienda) a diferente escala dependiendo de las zonas y estatus social. Lo que nos lleva a reflexionar que de esto hay que salir juntos, en equipo, ayudando con lo que se pueda aunque sea lo más mínimo, ayudándonos a nosotros a estar mejor, siendo mejor con los demás, siendo un equipo. Y así esperar a que pase rápido todo esto, sacar lo mejor de cada situación y seguir adelante, ser fuertes para volver a la normalidad y dar un clic para estar mejor.
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Después
Emilia Guerrero Ceaglio
“Aislamiento social, preventivo y obligatorio” fueron las palabras del presidente para anunciar algo que ya se veía venir. Fronteras cerradas, argentinos varados en distintas partes del mundo, médicos y personal de la salud expuestos, aumento de controles internos, falta de libertad. Este aislamiento me lleva a pensar y reflexionar sobre las diferentes consecuencias que nos trae como sociedad. Primero, pensar en la cantidad de mujeres que obligadamente tienen que convivir con su victimario, teniendo en cuenta que la mayoría de los femicidios se dan en el hogar principalmente. El femicidio es una pandemia, también. Por otro lado, yo creo que después de todo esto, la xenofobia y la discriminación aumentara a grandes rasgos, considerando que el virus tuvo su origen en el exterior. La gente hoy se pone loca por los supermercados chinos, ¡la nacionalidad no hace que padezcan la enfermedad! Si de consecuencias hay que hablar, la basura que causa el vivir todo el dia en casa crece a grandes rasgos. Hoy en Salta es obligatorio el uso de barbijos para la circulación, muy bien. Pero no se tiene en cuenta que la mayoría de los barbijos son descartables y producen toneladas de residuos patológicos. Por último, destacar el aumento de las desigualdades sociales que genera esto. Millones de personas sin poder trabajar, muchas teniendo un trabajo informal, sin poder ganar su ingreso diario/semanal. Esto conlleva a la perdida de trabajos por falta de ingresos de las pequeñas empresas, generando un endeudamiento elevado. Sin hablar de la economía del país que cae día a día. Por otro lado… dentro del aspecto más sentimental y emocional, esto genera a todos una sensación de INCERTIDUMBRE muy grande. No saber qué va a pasar el día de mañana, falta de seguridad y de confianza que genera esto. Pero también hay que ver el lado positivo, en mi caso tuve que aprender a convivir de nuevo con mi familia teniendo la costumbre de vivir sola en Tucumán. Aprender a tolerar y ser un poco más paciente. Pero esto también provoca que todos queramos tener nuestro momento de soledad, como estábamos acostumbrados. De eso de trata, de aprender a salir de tu rutina. Inevitablemente nos lleva a aprender a habitar nuestro hogar, en muchos casos solo era un lugar de paso para comer y dormir hasta salir nuevamente, ya sea a trabajar, estudiar, gimnasio lo que sea. Con esto, tuvimos que aprender a realizar todas esas actividades en
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nuestra casa, usar esos espacios que nunca fueron usados con frecuencia, valorar cada rincón, y notar la importancia que tiene un espacio verde para habitar. Podemos decir entonces, que con esto aprendimos (o estamos en proceso) a crear nuevos hábitos, lo cual repercute a las nuevas formas de habitar. “La primera consecuencia del propósito de habitar no es la habitación, sino el hábito. El habitar crea hábitos y los hábitos constituyen un principio de habitación: habitar es habituarse. Hábito y habitación juegan así un juego dialéctico”. Jorge Sarquis
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hola
Walter Edgardo Herrera
El humano es un ser sociable por naturaleza, necesitamos de otros tanto como de nosotros mismos. Nuestra cultura, nuestras ciudades, nuestras vidas están definidas por nosotros y por el contacto con los demás. Una pandemia con la premisa de distanciamiento social nos marca una alteración a nuestras costumbres, a nuestra cotidianeidad. La vida en cuarentena rompe nuestras rutinas usuales, pero despierta otras. Un tiempo que nos detiene y nos hace pensar dónde estamos. Entre creatividad y nuevas formas de diversión, algo que he notado últimamente fue la mirada diferente hacia los espacios que habitamos. Donde vivimos quedó relegado por tanto tiempo, que ahora razones más grandes a nosotros nos obligan a rever. Son diferentes las casas, los espacios, las familias y relaciones. Pero un punto en común es la falta de equilibrio entre vida interior y exterior. Y lo que ahora prima es el interior. Buscamos ambientes cómodos, espacios que nos llenen con sensaciones de bienestar y satisfacción. Existen en el mundo términos, movimientos filosóficos y estilos de vida referidos a esta situación pero sin ser apropiados localmente. Movemos, compramos, tiramos, alcanzamos. Y cuando ese espacio está ¿qué sigue? Mi espacio es bello y ahora solo para mí. Pero de qué sirve en aislamiento. Cuando aprendemos la diferencia entre soledad y aislación, cuando tomamos conciencia sobre la verdadera importancia de la compañía, es cuando nos damos cuenta que pensar en nosotros mismo también es pensar en los demás. Una cadena de pensamiento que nos lleva a profundizar en uno mismo y también afianzar en las relaciones interpersonales, al fin y al cabo siempre buscamos estar conectados.
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Adaptarse a las situaciones Ana Lucía Ituarte
Antes de comenzar , me gustaría contar brevemente como es mi modo de vida en situaciones normales, y como me tocó vivir el aislamiento social desde mi lugar. Hoy me toca vivir esta situación junto con mi familia, en Concepción – Tucumán, lugar donde nací y viví mayor parte de mi vida. En el día a día a lo largo de un año lectivo, debido a las clases presenciales que exige la facultad, entre otras cosas, desde que ingresé a la FAU vivo en Yerba Buena con mis abuelos y mis hermanos mayores para poder asistir cómodamente a clase, juntarme a trabajar con mis compañeros , etc. Es decir paso la mayor parte del año ahí, ya que durante los días de semana estoy en Yerba Buena, y los fines de semana suelo regresar a Concepción para pasar tiempo con el resto de mi familia, amigos, etc. Cuando comenzó el aislamiento social, yo me encontraba en Concepción, como cualquier fin de semana, con lo justo y necesario, lista para volver el lunes a Yerba Buena y retomar mis actividades de estudio. Si bien la cuarentena obligatoria comenzó el viernes desde las 00:00 hs, el lunes decidimos comenzar el aislamiento social por precaución hacia mis abuelos, dado que para viajar el medio que utilizo es el transporte público (colectivos), por lo que tuve que quedarme en Casa, con mi familia casi completa. En mi caso particular, esta situación me resulto un poco extraña, ya que no estoy acostumbrada a pasar tanto tiempo seguido en mi casa, y con parte de mi familia que no suelo convivir tanto durante el año, más aún con actividades de la facultad, que nunca realizo aquí. Sin embargo siento que no me afectó tanto como a otras personas, quizás porque vivo en una casa con espacio verde, donde cada uno puede estar cómodamente en su habitación si lo necesita. Y esto me lleva a pensar en muchas personas que no están viviéndolo de la misma manera, como amigos que viven en departamentos muy chicos con una o dos personas más, donde esta convivencia de 24hs diarias, a la que no estamos acostumbrados, se torna un tanto difícil. Personas que están muy acostumbradas a realizar sus actividades siempre al aire libre y viviendo en edificios resulta más complicado. Así también como personas que atraviesan esto en soledad. Y creo que el impacto psicológico es un poco más complicado, dado que es una situación a la que no estamos acostumbrados. Pero Creo que a pesar del lugar en el que cada persona vive, todos estamos tratando de llevar esto de la mejor manera posible, intentando adaptar nuestra rutina al lugar donde habitamos ahora. Es decir, nuestro hogar hoy se convierte en el lugar en el que realizamos todas nuestras actividades, y se trata de encontrar la forma de poder adaptarlas a cada espacio de la casa. Las actividades que antes realizábamos en el trabajo, la facultad, al aire libre, en gimnasios, y hasta en lugares de entretenimiento, hoy están concentradas en un solo lugar. Y todo esto nos lleva a pensar en cómo habitábamos antes y como lo hacemos ahora, la importancia que tiene cada espacio de la vivienda. El lugar que antes usábamos simplemente para dormir o descansar ahora lo usamos para trabajar, donde antes solíamos simplemente comer, hoy es un espacio para compartir con la familia, donde antes quizás colgábamos la ropa o dejábamos cosas sin mucha importancia, hoy lo usamos para hacer actividad física. Y es de esta manera como vamos recreando en el interior, la vida que antes teníamos en el exterior. Reemplazando ambientes, o dándole múltiples y diversas funciones.
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Si tengo que preguntarme a mi misma, como pienso que esto va a impactar en cuanto a los modos de habitar y la forma de proyectar.. creo que tendrá mas impacto en las viviendas en altura, por sobre todo la importancia de los espacios verdes o al aire libre, así también como la flexibilidad de los espacios para distintas actividades. Es un momento para reflexionar sobre todos los aspectos de la vida diaria y pensar, que es lo que estamos haciendo mal y como solucionarlo. En cierta forma el mundo se pone en pausa, y nos da la oportunidad de ver todo desde otro lugar, una perspectiva distinta. Si bien es algo muy angustiante, y aunque no hay muchas cosas positivas al respecto, creo que debemos tomarlo como un aprendizaje y una manera de valorar las cosas desde otro punto. Creo también que nos ha llevado a poner en primer lugar la solidaridad con las otras personas, cuidarme para cuidarte. Nos hace valorar pequeñas cosas que antes no le dábamos tanta importancia, como abrazar a seres queridos que hoy no podemos ni siquiera ver, aunque estén a una casa, unas cuadras o kilómetros de distancia. Valorar la rutina que muchas veces tanto odiamos, las cosas simples de la vida como pasear al aire libre, ir a la facultad. Si uno se detiene un segundo a pensar y observar todo lo que está pasando, a nivel MUNDIAL, y todo lo que un virus generó, es difícil de creer y de entender. Hoy, a un mes desde que comenzó el aislamiento social obligatorio, me sigue costando creer la situación que estamos viviendo y como ha cambiado nuestra forma de vida en tan poco tiempo, como nos hemos desenvuelto para poder seguir con nuestra rutina y como es posible salir adelante si cada uno aporta su granito de arena. Cuesta a veces tener una mirada positiva, pero si todos ayudamos, sin darnos cuenta, estaremos volviendo a nuestra vida de antes, con todos sus lujos, ventajas y desventajas. Quédate en casa.
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Tiempos
Maria Agostina Lefebvre
Tiempos de pandemia, tiempos de aislamiento, tiempos donde nos obligan a encerrarnos dentro de cuatro paredes para ayudarnos entre todos, para acabar con este fenómeno invisible que nos está matando, en este tiempo me hice tres preguntas las cuales me las trato de responder, una de ellas fue: ¿Cómo vivimos? Básicamente trate de ver la forma de habitar con este tiempo, y creo que a esto lo definiría como FLEXIBILIDAD, ¿cómo hicimos para adaptar nuestro modo de vida en un solo espacio? como transformamos nuestra cocina en un gimnasio, como convertimos el living de nuestra casa en nuestro estudio, como hacer que todo pase en nuestra casa; estas ocurrencias son gracias a nuestra creatividad, depende de uno mismo como vivir, el tratar de adaptarnos al espacio. Pienso que esta situación nos está obligando a vivir una rutina diaria la cual no estamos acostumbrados, y por lo tanto tratamos de sobrellevarla de la mejor manera posible. No me parece que sea una situación fácil ya que lamentablemente no todos pensamos así, porque hay personas que no le dan importancia, por lo tanto, a veces vemos o escuchamos como las personas rompen ese aislamiento obligatorio y hacen de su vida normal, mientras los que sí lo hacemos no podemos ver a nuestros propios familiares o a las personas que más queramos ver. Esto podemos sobrellevarlo de la mano de la tecnología, ya que gracias a ella no perdemos la comunicación, sirve como herramienta para el trabajo y como modo de distracción para divertirse. La segunda pregunta que me replanteaba era si ¿nuestro modo de habitar en esta situación favorecía en otro ámbito?, pensando en esta respuesta, me fui por el lado de la naturaleza y el medio ambiente, a esta respuesta la pensé como una OPORTUNIDAD, que tenemos para poder alargar nuestros años de vida, al “parar el mundo” mejoramos un poquito la naturaleza, por esto podríamos aprovechar para mejorar la calidad del aire, la calidad de vida, un planeta sano es un planeta con menos enfermedades, creo que son señales que nos servirán para nuestro futuro y nuestro bienestar en una mejor forma de habitar. Como tercera pregunta, me pregunte ¿cómo me sentía ante esta situación? y me respondí que mi modo de habitar era muy dependiente, a esto lo llame DEPENDENCIA, muchas de las personas necesitamos de esto, necesitamos de otras personas que garanticen nuestro sostén emocional y efectivo (gestos, miradas, palabras, deseos, expectativas), necesitamos del otro vínculo y es esa capacidad la que nos da el sostén para nuestra supervivencia. En este momento de pandemia este sentimiento se hace cada vez más grande ante amigos, familias, parejas, etc.
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Ciudad, habitat y arquitecto Lise Leménorel
El aislamiento social trastorna nuestros hábitos y nos lleva a cambiar nuestras prácticas de la ciudad y de la vivienda. Ver la ciudad como nunca la hemos visto antes nos hace conscientes de su existencia, a menudo se olvida detrás de nuestras preocupaciones diarias. De esta manera, ciertas preguntas reaparecen. ¿Podemos decir que una ciudad desierta o casi desierta ha perdido el significado / el origen de su existencia? ¿Corresponde la ciudad a los edificios que la componen o a los flujos que la atraviesan? Tal vez la entidad de la ciudad no sólo corresponde a los edificios en ella, ni sólo a las personas que viven en ella, sino que existe sólo a través de la asociación de los dos. La ciudad no puede ser considerada como una entidad física por sí misma; es también una representación mental de los usos que se encuentran allí: Trabajar, moverse, consumir, encontrarse, ignorarse... Pero en estos tiempos de cuarentena, estos usos desaparecen y cuando no desaparecen nos sentimos ilegítimos, fuera de lugar, como si la ciudad nos rechazará. Nuestra ausencia en las calles, por lo tanto, inevitablemente lleva a nuestra presencia en nuestros hogares. Y una vez más podemos cuestionarnos, aún más como futuros diseñadores de espacios. Viviendo en una casa en el centro de la ciudad y con otras ocho personas mi relación con la vivienda ha cambiado un poco. De hecho, después de vivir solo en un apartamento de una habitación durante tres años, encontrarme en esta situación cambia inevitablemente mi relación con este lugar. ¿Cómo puedo mantener mi independencia y mis momentos de soledad? Pero también, ¿cómo priorizamos los espacios de nuestro apartamento donde pasamos nuestros días? La noción de temporalidad juega un papel en nuestra elección de la ocupación del espacio. ¿En qué momento encontraré un espacio disponible para pasar un momento a sola para pensar, aparte de mi habitación? ¿Cuándo voy a trabajar en el salón en vez de en el patio? Estas elecciones se toman por el momento que quiero pasar, un momento tranquilo, de risa, de intercambios más serios o uno productivo... Doy prioridad a la terraza del tejado a altas horas de la noche, cuando todos duermen si quiero pensar, trabajo en el patio cuando quiero hablar de lo que hago con la gente que me rodea.. Además de la sensación deseada, hay que añadir el uso de la habitación. El llamado espacio de relajación no se experimenta de la misma manera que nuestro espacio de trabajo. Por lo tanto, es importante no pasar el día en el mismo espacio con diferentes tipos de actividades, por ejemplo, pasar el día en el sofá, comiendo, jugando y trabajando. Esto puede quitarle el valor agradable que normalmente se asocia con él. Nos damos cuenta de que, al igual que la ciudad, las habitaciones de la vivienda se asocian con el uso que se les da, pero también con el sentimiento que proporcionan. En vista de las similitudes entre la noción de vivir en la ciudad y la de vivir en nuestra vivienda, debemos recordar que los arquitectos no sólo son diseñadores de espacios interiores y de fachadas sino también diseñadores de lugares a todas las escalas, y que la ciudad no puede ser descuidada.
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Reflexion sobre la pandemia Jazmine Rocio Lobo Ibañez
Como individuo particular de una familia constituida por 5 personas y 3 perros, teniendo en cuenta que en mi caso era quien mas disfrutaba del exterior, paseaba a mis perros diario, veía a mis amigos muchísimo tiempo, la reflexión va por el lado de saber apreciar lo que se tiene en el momento y como adaptarse a la circunstancias. Sin duda cuando empezó, las miradas de la familia apuntaron hacia quien “sale más” repitiendo reiteradamente #QuedateEnTuCASA. Como familia evidentemente no estábamos acostumbrados al convivir y ver al 100% como habita el otro, por razones de que todos llevamos actividades cotidianas diferentes, lo que generó enojos, frustraciones, e incomprensiones. En el sentido arquitectónico la sala se convirtió en centro de reuniones, batallas y los dias de lluvia gimnasio. La cocina al ser un espacio tan reducido se transformó en un lugar paraa el uso de no más de 2 habitantes al mismo tiempo, y al ser el conector del patio exterior trasero, un paso muy transcurrido por los que anhelamos la libertad. Los dormitorios se volvieron un lugar casi tan privado y propio donde poder ser sin las miradas juzgadoras, y en particular conforme pasaron los días y las actividades académicas iniciaban el dormitorio se convirtió en mi todo. Socialmente y afectivamente intentamos llevarle el paso comunicándonos vía Videollamada, juegos online y challenge. Tratando de cualquier forma estar juntos con los amigos. Como imagen representativa: mi modo de habitar la privacidad.
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Lo que aprendí en cuarentena Luciana Ocampo
Tengo muchos pensamientos con respecto a la cuarentena y a la enfermedad que hoy nos asola, pienso que hay muchas cosas que matan argentinos y personas de todo el mundo hoy por hoy (como la pobreza, el hambre, la delincuencia, la falta de insumos, la insalubridad, los mosquitos, etc.) y no estoy segura que esta enfermedad sea la primera causa de esas muertes, pero el miedo infundido por la información que circula es tan grande que llevó a tomar medidas extremas (cabe aclarar que ninguna vida vale menos que otra y que lo importante sería tomar medidas para prevenir TODAS las muertes, sea cual sea su causa). Sin embargo creo que este aislamiento significó una ruptura en la vida de la mayoría, y nos enseñó a vivir adaptándonos a la realidad. Aprendí que puedo estar en dos lugares al mismo tiempo, cuando me la paso en el comedor de mi casa tomando mates con mi familia mientras estoy horas en clase de taller o estructuras tomando apuntes, dibujando, modelando, etc.; que tengo todo lo que necesito, que nada me es indispensable para vivir, obviamente extraño a mi familia, amigos y me muero de ganas de conocer a Agus y María Paz que nacieron en estas últimas dos semanas; aprendí que todos los días hay tiempo para agradecer por cada segundo de vida y de salud; a confiar en la Providencia de Dios, porque a pesar de que hace exactamente 32 días la economía se paró en mi casa (y en el mundo), al día de hoy tenemos todo lo que necesitamos para vivir, ni más ni menos, aprendí que mi casa, puede albergar todas las actividades que suelo realizar todos los días siendo el living el lugar de reuniones, trabajo, estudio, producción, entretenimiento, oración, etc, aprendí que los medios de comunicación tienen también su lado bueno, ya que es por ahí donde aprendo, recibo los Sagrados Sacra-
mentos, me formo en mi doctrina, charlo con familia y amigos, planifico, organizo y evalúo junto con otros 50 jóvenes las actividades para que muchos chicos no se queden sin Encontrar a Cristo día a día, aprendí también que, aunque falte, siempre se puede dar una mano al que la está pasando peor, y que cada día se puede tener un paquete más de bolsas de consorcio; y que por más que planifiquemos algo con empeño y lo soñemos por meses, sino se tiene que dar, no se da, porque uno nunca sabe cuándo se va a desatar una pandemia que paralice el mundo o algún suceso que paralice la vida de cada uno y le dé un giro de 180º. En fin, aprendí a aceptar y no desesperarme, porque todo pasa y la paciencia todo lo alcanza.
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Modern loneliness
Macarena Idígoras Majolli
En estos días, en apenas pocas semanas, la vida nos ha cambiado de manera drástica y determinante como consecuencia de esta pandemia generada por este Covid-19. Si tuviera que describir mi vivencia sobre esta cuarentena, o lo que va de ella, podría decir que tengo sentimientos encontrados. Al comienzo no voy a negar que me atrajo la idea de poder estar más tiempo en mi casa. La posibilidad de poder reconectar con mi familia sin el ajetreo del día a día y de poder hacer aquello que tenía pendiente: leer un libro, ver una serie, hacer un dibujo o simplemente estar relajada y disfrutar del tiempo libre. Sin embargo, a medida que pasaban los días me fui dando cuenta de la importancia que tiene el hecho de salir, de estar al aire libre, de poder tener mis momentos sola sin sentirme asfixiada o con mis amigos sin la necesidad de una pantalla de por medio. Aunque cuando miro en general y pienso en cuánto afecta esta paralización de actividades a las personas; sobre todo, a aquellas que viven de su ingreso por su labor diaria y sin remuneración semanal, quincenal o mensual. O saber de tantos chicos y jóvenes estudiantes que no tienen los recursos necesarios para poder tomar clases a distancia por no tener una pc, una notebook, o simplemente, ni siquiera internet en sus casas. Toda esta realidad nos muestra la desigualdad que existe, entre nosotros, en distintos aspectos de la vida cotidiana y nos insta a tratar de generar una búsqueda de mayores posibilidades. Me pregunto también, como influirá todo esto en el diseño y uso de espacios. En mi opinión personal, en esta situación excepcional, la arquitectura y el urbanismo cobran una gran importancia. Y no es que la arquitectura no sea importante todos los días. Lo es claramente. Lo que ocurre es que ciertos déficits se sienten, más que nunca, en una situación de confinamiento. Una vez terminada la cuarentena, ¿se tratará de desarrollar una arquitectura más flexible, una arquitectura de oportunidades, en la que se podrán desarrollar numerosas actividades en un solo espacio? O tratar de generar una diferencia de espacios más independientes en una casa o departamento, en donde sus usuarios puedan desarrollar sus tareas sin entorpecer las que realice el otro. ¿Se pensarán espacios habilitados únicamente como lugar de aseo? ¿Será un requerimiento indispensable el de disponer de un espacio verde donde podamos salir a esparcirnos y ver el sol o las estrellas. O sólo respirar el aire exterior o sentir la brisa suave? Aislamiento social. Coronavirus. Todas estas palabras que resuenan hoy en día, y que se escuchan constantemente desde hace meses, nos invitan a reflexionar en cómo vivimos. Creo que debemos preguntarnos cómo esta vivencia, nos ha transformado desde dentro y en lo profundo y va cambiando nuestra forma de pensar. Es imposible no sentirse vulnerable ante esta situación, sobre todo por la incertidumbre de su verdadero alcance, y por las implicaciones que tendrá para nuestra vida futura que con certeza experimentará cambios de forma. Creo que la arquitectura da soluciones y es aquella herramienta que puede adaptarse a la impredecibilidad de la vida.
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La paradoja que nos demuestra lo indefensos que somos Aboud Brahim Mariam
En este tiempo en donde todo es tan nuevo, abrumador y en muchas ocasiones hasta estresantes. En donde nos obliga a reflexionar sobre muchas cuestiones, como en agradecer, cuidarnos, encontrarnos, aprender, ser respetuosos, generosos.. Este distanciamiento social nos lleva a ser seres más solidarios, ya que el que se cuida cuada a los demás. Una época llena de miedos, incertidumbres, inquietudes, en que se extraña nuestra libertad, salidas, el reunirnos con nuestras familias o amigos, que nos demuestra otra vez lo vulnerables que somos y que no podemos controlarlo todo. Esto me genero, más nosotros como estudiantes de esta carrera, pensar en si los espacios y casas realmente están adaptados y pensados para este tipo de situaciones que nos toca vivir actualmente y que deberíamos tener en cuesta a la hora de diseñar. En mi caso particular vivo en una casa pequeña y tengo una hija chica, con lo cual nos obliga a reinventarnos constantemente, generando espacios de juegos y todos lo que esté a nuestro alcance para pasar esta cuarentena lo mejor posible. Sin poder asistir a espacios verdes, de esparcimiento o entretenimiento a los que uno está acostumbrado acudir con niños pequeños. Desafortunadamente es una realidad que está atravesando el mundo entero, sin importar raza, religión, cultura, estatus social y económico. Dejándonos, para mí, una enseñanza, ¨TODOS SOMOS IGUALES FRENTE A ESTE ENEMIGO INVISIBLE Y TAN DESPIADADO¨
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Sensaciones
Llanos Milton Maximiliano
Lo primero que se me viene a la mente al pensar en la situación que hoy nos toca es incertidumbre. No saber qué, cuándo y cómo pasará. ¿Qué nos espera este futuro, esperemos, cercano? ¿Cuándo podremos retomar nuestras actividades cotidianas? ¿Cómo serán nuestras vidas al terminar esta etapa de cuarentena? Estuvimos tanto tiempo convencidos de una “realidad” que nos resulta incomprensible un cambio de paradigma, ciertamente repentino y obligatorio, solo nos queda por delante aceptar y aprender las nuevas formas de habitar, convivir y desarrollarnos en una sociedad con nuevas limitaciones por un tiempo indeterminado, lo que nos supone un reto. Otra de estas sensaciones es angustia por el pensar que tan de cerca nos puede tocar el COVID-19 principal actor de esta “nueva realidad” pensar en que, tal vez, haya alguien que no podamos volver a ver o en que oportunidades hemos perdidos por confiados por esa cierta seguridad con la que vivíamos. Por último, el sentimiento de FE que nos dice que en algún momento todo va a volver a la normalidad y podremos usar esta situación como una experiencia de aprendizaje para pensar y realizar las cosas de una manera distinta y en lo posible, mejor.
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Adaptación
Rodrigo Ignacio Martinez
Personalmente, cuándo comenzó todo esto de la pandemia, me agarró lejos de casa en un work and travel con amigos. Me fui en diciembre del año pasado con fecha de regreso para abril de este año. Llegando al final del viaje, entrando en marzo, todavía no se hablaba mucho del corona virus en el mundo, o si se hablaba era muy poco. Un día común llegamos al trabajo para hacer lo mismo que hacíamos todos los días y nos dijeron “Empiecen a acomodar que cerramos”. Sí, nos sorprendió a todos porque hasta el día anterior habíamos estado trabajando con total normalidad y de un día para otro teníamos que cerrar. En la ciudad se hablaba poco del tema del famoso COVID-19, entre nosotros hablábamos y hasta bromeábamos con el. Hasta ese momento no pensábamos en volver a casa porque sinceramente no nos preocupó el tema. Fue cuando nos dijeron que ya no abriríamos más y que nos teníamos que ir porque estaban cerrando las fronteras cuando nos entró la desesperación. En un día se nos dio vuelta todo, preparar las valijas, cambiar los vuelos, sacar pasajes nuevos, terminar de organizar todo. En fin, llegamos a Tucumán después de un largo viaje y nos encontramos en la situación de tener que readaptarnos a este panorama. En EEUU teníamos una rutina diaria a la cual ya estábamos acostumbrados, podíamos salir con normalidad (si se le puede llamar así) y ahora nos tocaba empezar de nuevo, en cuarentena post viaje, empezaban las famosas clases virtuales, ponerse al día con la facultad, etc. La casa se convirtió en un espacio multifunción, imagínense que ahora todas las actividades que estábamos acostumbrados a hacer afuera las teníamos que hacer dentro de casa, con toda la familia, el living ya no era solo living, cumplía las funciones de gimnasio, lugar de estudio, comedor, lo mismo pasa con la galería, etc. Estos días de cuarentena me hicieron pensar en que nosotros como estudiantes de arquitectura, camino a ser arquitectos, a la hora de diseñar tenemos que pensar en la flexibilidad de los espacios, en que éstos son los que se tienen que adaptar a los diferentes usuarios y situaciones, y no los usuarios a ellos.
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Las plazas no son plazas sin alguien que las use Nicolas Alexander Splanguño
La siguiente reflexión la realizo desde un punto de vista personal con dos miradas sobre el aislamiento que estamos viviendo actualmente; En Tucumán vivo en un departamento, un mono-ambiente, si bien no es muy grande , pero para mí es enorme, porque es mi espacio de pertenencia, mi hogar, mi lugar en el mundo. Es un mono ambiente de 32 m2 en el cual tengo las mejores vistas al pulmón de manzana con un balcón en donde podes tomar un café, reflexionar, contemplar el paisaje y construcciones vecinas. Ahora me encuentro en Santiago del estero, mi ciudad natal cumpliendo el aislamiento debido a la pandemia. Estar con nuestras familias es lo mejor del mundo ,mi casa es grande , no tengo las mejores vistas al exterior , pero si las mejores al interior. En ambas ciudades Hay parques y plazas alrededor y desde que estoy aquí no siento la necesidad que tenía al vivir en un edificio de departamentos. Esa necesidad que me genera u obliga a salir del mismo, ir a la plaza, sacar a pasear la mascota. Aquí vivo 1 cuadra de una plaza y jamás fui ni a pasear al perro, porque no me siento obligado e invitado a ir. La escala urbana que hay en mi barrio en Tucumán en comparación con la de mi barrio donde se encuentra mi casa en Santiago no es la misma, en esta solo vemos viviendas de baja densidad. En resumen desde estos 2 puntos vistas de habitar, creo que Las plazas no son plazas sin alguien que las use. y creo que los usuarios que más nos vemos obligados o sentimos invitados a concurrir a las mismas, somos los que habitamos edificios en donde no tenemos un patio grande, sino que un simple balcón, si es que tenemos la suerte de tenerlo, pero de ser así. Es el mejor espacio que podemos atesorar en nuestro habitar cotidiano.
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Reflexión
Mariana Grau
Desde Enero estuve al tanto de la situación con el COVID-19 en China, cuando habían 500 muertos preveía que en mi cumpleaños, 18 de Febrero, iban a llegar a ser 2000, y viendo que el resto de los países no estaba reaccionando rápido, fui preparándome mentalmente para lo que venía. A pesar de que estos últimos años deje de ser una persona ‘’muy sociable’’, con la situación global, decidí festejar mi cumpleaños con un número más grande de amigos que lo que acostumbraba. Escribiendo esto me doy cuenta lo mucho que acerté con esa decisión. Tuve la posibilidad de verlos a todos, dentro de ellos los mismos compañeros que están hoy en este taller conmigo, y cargarme de esa energía positiva que te hace sentir pensar que muy buena gente te rodea. Actualmente, siendo una persona que está acostumbrada a pasar mucho tiempo en casa, aun habiendo tenido esa dosis de cariño, la situación del confinamiento me ha dejado abrumada. Con pasatiempos compatibles con la situación, como cuidar plantas, dibujar y pintar, no he sentido ganas de aprovechar mi compatibilidad con este tipo de estilo de vida. La motivación que tenía por volver a cursar, fue reemplazada por la incertidumbre de cuánto tiempo íbamos a pasar, de cómo íbamos a lograr aprender algo en esta situación, cómo íbamos a evitar que este tiempo que pasaríamos en casa afecte demasiado a cada plan que cada alumno tenía para su vida. Haber perdido esa motivación me mantiene, ahora, en un estado de desinterés que trajo como consecuencias la baja de defensas de mi cuerpo y provocarme aumentos bruscos de pulsaciones o incluso a levantar temperatura, casi rozando la fiebre. El problema más grande de ese desinterés es que forma parte de un círculo vicioso, por el cual creo que estamos pasando todos los alumnos, que nos quita las ganas de hacer cosas, provocando la tristeza y desilusión que nos hace sentir no ser productivos. Así, van bajándonos nuestros ánimos y volviendo de nuevo al desinterés del inicio, afectando nuestro humor, empeorando nuestra imaginación y creatividad. Esta situación me hace recapacitar, revalorizar lo valiosa que era la cotidianeidad en la que vivíamos, ya que no sentir un orden en nuestras vidas nos afecta aún más de lo que nos damos cuenta. Creo que la mayoría del tiempo subestimamos que la incertidumbre y el tener que reorganizar los hábitos y modos de vivir termina desgastándonos psicológicamente, sumándose a la soledad y el encierro que aumentan los choques entre las familias. Esto último me preocupa más por lo que llegará a pasar con cada persona de nuestra sociedad cuando todo esto termine, porque pesar de haber estado acostumbrándome a este estilo de vida durante meses, me siento afectada por el contexto, y me hace pensar que no puedo siquiera acercarme a imaginar el estrés que debe estar pasando la gente que no está acostumbrada, y más aún, la gente que no tiene las condiciones óptimas para encerrarse en su casa durante semanas sin salir a trabajar para poder comer, la gente que está sola o la gente que comparte espacios diminutos e insalubres con más personas de lo que sería cómodo. Desde la arquitectura me parece que existen recursos que podrían contribuir a que en un futuro, si vuelven a ocurrir situaciones similares, sea más llevadero, sin embargo, siento en cierto punto que son utópicos. Proveer a todas las familias de edificios en condiciones, funcionales, higiénicos y con suficiente superficie para cada habitante es más un sueño que una posibilidad. Tenemos al alcance muchísimos recursos como diseñadores para
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proveer de confort, pero no contamos con la situación económica como país como poder lograr materializar todo esto. Sin embargo, creo que es la desinformación lo que me lleva a pensar así, porque se de la gente que se está dedicando a la arquitectura comunitaria, la gente que estudia sobre cómo lograr mejorar viviendas a bajo costo, de manera sustentable y reciclando, y aun más, la gente que destina muchas horas de su vida a poder construirles y enseñar a construir a aquellas personas en situaciones de calle. Me apoyo en esa gente en este momento de desesperanza, e intento esforzarme lo máximo posible en no perder el hilo de estudio, para que este período no se convierta en un agujero negro en nuestras vidas, para poder sacar provecho y acercarme lo más rápido posible a ser profesional. Crecer, aprender y poder ser alguien capaz de brindar soluciones a las personas, mejorar sus estilos de vida y su confort, es un sueño que quizá hoy se alejó un poco más de todos nosotros, y que nos tira para abajo, pero gracias a la tecnología podemos aunque sea comunicarnos y aprender, quizá no lo que aprenderíamos en otra situación, pero al menos aprenderemos a superarnos en momentos difíciles como estos.-
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CUARENTENA (COVID-19) Nuria Muñoz Polanco
Todo esto del virus, de tener que estar en cuarentena me tomó por sorpresa, al principio no medí la magnitud del problema. Pero al pasar los días y al estar al tanto de lo que pasaba en otros países debido a la pandemia, empecé a asustarme y se generó esa incertidumbre de no saber cuánto durará esto y qué irá a pasar. También, después decidí no ver información sobre el tema, y me enojaba con gente que me pasaba ese tipo de noticias, porque eso contribuía a que aumentara innecesariamente mi ansiedad. Al mismo tiempo me preguntaba qué sería de las personas que viven del día a día y que no podrán trabajar, de las personas que no tienen un techo, de las que sufren violencia estando es sus hogares, de las familias que no tienen acceso a internet para seguir con las clases virtuales, etc., y esa incertidumbre aumentaba cada vez más. Eso me llevo a pensar (una vez más) de lo afortunados que somos los que tenemos donde vivir, una familia, comida todos los días, y aún más los que tenemos un patio, un jardín, y los medios necesarios para tratar de seguir con nuestras actividades desde casa. Hay días en los que no tengo ganas de hacer nada y otros que los aprovecho al 100%. Creo que es fundamental mantener una rutina, a pesar de estar solamente en la casa, tratar de hacer diversas actividades: estudiar, hacer ejercicios, cocinar, acomodar la casa, hablar con la familia/amigos, ver tele, escuchar música, etc., como para distraernos un poco y olvidarnos al menos por un momento de lo que está pasando. Todo esto nos da tiempo para reflexionar, nos sirve para bajar un cambio, relajarnos y darnos cuenta de que uno se hace problema por cosas que no tienen tanta importancia, y descuida esas que si las tienen, como la familia, la salud, compartir con seres queridos, tomarse un tiempo y hacer lo que nos gusta, en el momento en que lo deseamos, en el momento en que se presenta. Porque abusamos del poder de posponer, sin saber que quizás mañana tampoco se podrá o que aparecerá un virus que te impedirá salir de tu casa y hacer eso que en algún momento, ya sea por falta de tiempo o por enfocarte en otras obligaciones, decidiste posponer. La pandemia de covid-19 ha traído una ola de tristeza, incertidumbre e interrupción, y tenemos poco control de esta situación, pero podemos ayudar cumpliendo con la cuarentena. Lo que está pasando nos afecta a todos. En cuanto a la arquitectura, todo esto nos lleva a pensar en crear espacios más flexibles, que se adapten a distintas actividades, generen una buena experiencia en el usuario, y que respondan a las nuevas problemáticas.
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Lo tenía todo
Yessica Romina Paez
Hace un mes lo tenia todo , de ser 8 en casa un fin de semana pasamos a ser sólo 3 todos los días, lo tenia todo y no lo sabia … Los primeros días de aislamiento no fueron nada malos, iba de un espacio a otro en casa, en todos los rincones había algo para hacer o inventábamos algo para estar ocupados. Mi lugar favorito era el fondo de casa donde pasábamos la mayor parte del dia, era nuestro lugar de reunión todos los días, compartia con mamá y papá a toda hora los tenía todo para mí, entonces pensaba que en esos momentos lo tenia todo. Pero pasaban los días y empezamos a sentirnos vacíos , algo nos faltaba, extrañaba a mi sobrino, hermano, familia, amigos, novio y ahí fue donde me di cuenta que por mas que tenga todo lo material que quería, no tenia lo que realmente deseaba tener mis afectos de todos los días, charlas, cenas, salidas. Fue aquí que el internet dejó de ser un enemigo en la mesa y paso a ser nuestro aliado , hoy es el único medio para nuestro abrazo virtual de todas las noches, una llamada, un video, una fotografía un simple mensaje nos llena de vida y nos dá ganas de seguir aguantando el encierro aunque quizás antes ya vivíamos encerrados pero definitivamente hoy lo que nos está haciendo perder la paciencia es que hay alguien que nos está prohibiendo salir. Espero que cuando todo esto pase no nos olvidemos que podemos tener todo lo material pero que lo que importa después de todo son los afectos, la familia, los amigos es por esto que hoy en casa deseamos tener salud y a toda la familia junta , todos y que no falte ninguno.
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¿Angustia o angosto? Lucia Pariz
Ya pasado un mes que estamos en cuarentena, tanto como individuo y como parte de una comunidad, me siento bien, pero angustiada. Se me pasan miles de preguntas por la cabeza todo el tiempo y al tener tiempo (de sobra) puedo sentarme a reflexionar, como quizás nunca antes pude hacerlo. El aislamiento es algo que impacta tanto en cada individuo de una forma distinta y en la sociedad. Como persona dentro de la comunidad, el aislamiento impacta de dos modos en mi: de un modo positivo, porque aprendí a valorar pequeñas cosas que quizás la rutina me impedía ver, preste atención y me encariñe con rincones de mi casa que antes no usaba o no les daba tanta importancia y mi habitación se convirtió en mi espacio de habitar cuando antes era simplemente el lugar para dormir. También pensé en que capaz, cuando termine todo esto, no vamos a volver a tener los mismos hábitos de siempre, como saludar con un beso a todo aquel que se nos cruce en la calle, o si lo hacemos, que sea con más cuidado. Y de un modo negativo, porque me siento insignificante frente a todo esto (ya que lo único que podemos hacer es quedarnos en casa, aunque esa sea la mayor ayuda), y de algún modo desprotegida ya que nos enfrentamos a algo que no vemos y no sabemos que puede llegar a pasar, por lo tanto los sentimientos son muchos y hay que aprender a controlarlos. En cuanto a la sociedad, creo que el aislamiento es algo necesario, pero que va a repercutir de muchas formas y en muchos ámbitos. Si nos remontamos a la historia y pensamos que paso cada vez que hubo aislamiento social, la mayoría de las veces termina repercutiendo de forma positiva en el futuro; por ejemplo en el siglo XIV luego de la peste negra llego el Renacimiento, lleno de nuevos pensamientos y formas de encarar tanto el arte como la literatura. Todavía nada se puede decir con certeza, todo lo que pasa estos días son preguntas y expectativas que no tienen muchas respuestas o quizás ninguna, pero espero que cuando todo esto pase, aparezcan nuevas formas de pensar, de habitar, de vivir. También espero que se empiece a tomar más conciencia de las formas de habitar y de usar los espacios que tenemos actualmente. Como por ejemplo; que los baños de lugares públicos estén limpios permanentemente, que se desinfecten los espacios comunes tanto exteriores como interiores, que se implemente generar o diseñar espacios al aire libre en las ciudades, etc. Desde el punto de vista de la arquitectura, la misma es algo que siempre se adapto o se fue transformando a las formas de vida contemporáneas; por lo tanto creo que quizás los modos de habitar no cambien como los conocemos actualmente, pero que si cambien los hábitos de las personas dentro de los espacios que tenemos. Quizás empezamos a revalorizar espacios que pensábamos o teníamos impuestos que solo se usaban para una sola actividad (como la habitación).
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Autosuficiencia
Andres Alejandro Parra
Vivo en un edificio en el centro de la ciudad de San Miguel de Tucumán, tengo todas las comodidades a mi alrededor, supermercados a no más de 6 cuadras a la redonda, bancos y cajeros a la vuelta de casa, y hasta negocios abiertos las 24hs del día. Si soy precavido y tomando las normas de seguridad correspondientes, todo debería estar bien. Pero, para poder realizar todas esas actividades se necesita dinero, dinero que no todos tienen y en el contexto que vivimos, no todos pueden seguir trabajando de la misma manera o con el mismo ritmo que estaban acostumbrados, para poder conseguir el mismo. Hace más de 100 años de la última pandemia, y todas fueron diferentes, todos tuvieron que buscar una manera de pasarla y salir adelante. Nosotros, con el conocimiento que tenemos, ¿Que vamos a hacer? Pensando en esto, fue que investigué la manera de vivir y de construir de una forma autosuficiente. Donde tal vez, sin ser tan extremistas, se necesite un poco menos de dinero, aunque eso implique relacionarnos un poco más con la naturaleza, que tanto nos cuesta evidentemente. Sería una investigación mucho más profunda la que debería hacerse, preguntando tal vez a las personas que viven en zonas rurales y que toman la autosuficiencia con más seriedad, cómo lo hacen ellos. Por ahora, lo que pude hacer fue observar en material que encontré en internet, cómo construyen sus casas con adobe, utilizan botellas de vidrio que encuentran en la calle, crían animales y plantan verduras para su consumo. Esta forma de vivir no solo nos ayuda a ser un poco menos dependientes del dinero, si no que también, es una manera de vivir en la que no necesitas estar en lugares donde la aglomeración de gente es frecuente y donde el contagio, no solo del coronavirus, si no de otras enfermedades también, es más propenso. Tal vez, nosotros como estudiantes de esta carrera, deberíamos encontrar la manera de hacer arquitectura de una manera diferente a lo que creíamos que era “el futuro”, y poder ayudar en este momento tan confuso para que podamos salir de esta situación sin ser algunos tan perjudicados.
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Vivir en Cuarentena Juan Marcos Rocha
Siempre vi noticias de lugares al otro lado del mundo donde sucedían cosas impresionantes, guerras, desastres naturales, enfermedades. Yo veía esas cosas por la tele, lo leía por internet o me contaban, esos sucesos me resultaban lejanos, como si algo así no podría llegar aquí. Entonces estaba tranquilo en un país que tiene sus problemas, sus falencias me sentía seguro en la inseguridad que ya conozco. Pero un día eso que estaba tan lejos llegó, llego rápido, por medio de transportes masivos, por medio de la falta de conciencia y control. Llego una enfermedad tan contagiosa que nos afectó a todos y cada uno de nosotros, sin importar quienes somos, sin distinguir clase social, iba a por todos y era deber de todos cuidarnos. Entonces nos detuvimos, nuestra vida paso a ser casa, sin salir nada más que a abastecerse para quedarnos en cuarentena y así cortar con la cadena de contagios y no saturar el sistema de salud, con la intención de aplanar la famosa curva. Los que nos quedamos estudiamos o trabajamos en casa, nos comunicamos con aquellos seres queridos que tenemos lejos y no podemos visitar, todo esto gracias a la tecnología. Tratamos de mantener la mente ocupada, viviendo el día a día hasta que esto termine. Somos afortunados, porque no todos tenemos las mismas oportunidades, hay quienes tienen que salir a trabajar para brindarnos de los productos y servicios necesarios para que nuestra cuarentena funcione, esas personas corren riesgos y regresan a casa con miedo, rogando de no contagiarse para no afectar a tus seres queridos, porque si bien hay prevención ningún método es 100% efectivo. Otros muchos menos afortunados no tienen trabajo por cual salir, ni casa donde volver, recorren la ciudad buscando un lugar, pensando día a día donde pasaran la noche, si ese lugar estará disponible mañana, si en otro podrá volver a conseguir un plato comida. Esas personas viven en una situación difícil que solo empeoro más con esto. Debemos pensar, ayudar, tomar conciencia, las cosas no volverán a ser iguales, todo va a cambiar, depende de nosotros que esos que esos cambios sean buenos.
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“La manta corta” Ariel Oscar Aimetta – Concurso YoIlustroEnCasa
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Domingo desigual Julieta Perseguino
La situación que se presentó fue arrasadora y generó una gran sorpresa para todos, sin mencionar otras sensaciones como miedo, alarma y hasta desesperación en algunos casos, ya que todos los días son iguales y no se sabe a ciencia cierta cuanto más puede durar... Este confinamiento me tocó vivirlo en soledad, hace poco más de un mes que estoy en mi departamento, algo que es complicado, debido a que en estos días me encontré a mí misma de maneras que quizás no había experimentado antes. Creo que la mayoría de las personas llevamos vidas que están basadas en la ocupación y en la acumulación de actividades, salimos y entramos de nuestras casas constantemente y nunca, hasta hoy, tuvimos la obligación de convivir con nosotros mismos de esta manera. La realidad actual, me desafió a realizar mis actividades de otra manera. Uno de los mayores retos fue quedarme en mi casa y aprender a habitar mis espacios de maneras completamente diferentes. De repente mi patio y terraza se volvieron, un reemplazo de los espacios públicos que solía visitar para hacer ejercicio o simplemente estar al aire libre, y la cocina se convirtió en el espacio más utilizado de mi hogar. Lo que me llevó a hacerme una pregunta, ¿cómo usaba mi casa? Posiblemente, la respuesta no les sorprenderá, pero mi caso particular revela, que la mía, solía ser más que nada un lugar de paso o simplemente para dormir, algo que creo, tiene todo que ver con que represente un desafío, quedarme todo el día aquí. Pero teniendo en cuenta esta situación reflexioné, como un usuario en estos tiempos de pandemia, sobre que características me gustaría que tuvieran mis espacios y llegué a la conclusión, de que, si tuviera la posibilidad de crear espacios para tiempos como este, los haría más flexibles y abiertos. Considero que el contexto actual dejó en evidencia muchas situaciones que no están resueltas, con respecto a nosotros mismos y con respecto a nosotros como sociedad. Me resultó inevitable pensar, mientras escribía esta reflexión, que el aislamiento social, es un privilegio de algunos, que en mi opinión agranda abismalmente la brecha de clases sociales, ya que están los que tiene la posibilidad de quedarse en sus casas y subsistir; y quienes no pueden hacerlo debido a que viven en condiciones de hacinamiento (en casas que no son contenedoras para la cantidad de habitantes que tienen), carecen de servicios básicos y sufren faltas que se agravan con esta realidad, algo que se convierte en un callejón sin salida para gran parte de nuestra sociedad. Quizás teniendo en cuenta todas las reflexiones que estamos generando como sociedad sea imposible decir que después de esta pandemia vamos a “volver a la normalidad”, ya que, si algo positivo podemos sacar de esta situación es que nos obligó a crear herramientas nuevas, que ojalá seamos capaces de utilizar para proyectar con más conciencia y solidaridad.
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La vida sigue en casa Luisina Porcel Rulli
Aislamiento social. Que loco que esas palabras nos sean tan comunes ¿no? Estamos atravesado por un momento que ya creíamos superado, las pestes que se dieron a lo largo de la historia quizás nos suenen muy lejanas, pero aun así aquí estamos, en cuarentena. Aislados cada uno en su lugar para tratar de disminuir en lo posible los terribles efectos de un virus. Lo cierto es, que no todos llevamos el aislamiento social de igual manera. Algunos estarán en sus casas con su familia y, obviamente, sus respectivas idas y vueltas. Otros viven solos, algunos tendrán mascotas con quien, en un momento de locura, entablan conversaciones y algunos absolutamente solos. Algunos de ellos ya son muy mayores y probablemente les afecte un poco más. Otros, incluso, no tienen la cordura para comprender lo que ocurre, pero no entienden porque sus familiares son van a visitarlos hace tanto tiempo. Es difícil. Y es más difícil aun cuando se ve que hay un porcentaje de personas que deciden no prestar atención a lo que ocurre y a la petición de quedarse en casa. Es más difícil cuando se ven historias en Instagram de personas que decidieron reunirse porque sí; cuando se escucha que hay una fiesta cerca de casa; cuando pasan los autos de policía porque alguien no está cumpliendo con la cuarentena. En lo personal creo que no hay que prestarles atención a estas personas. Lo único que logramos con eso es amargarnos y pensar que lo que hacemos al no salir no sirve para nada. Pero si sirve y ayuda. Circulan muchos consejos e ideas para hacer más llevadera y productiva la cuarentena; para no sentir que estamos perdiendo tiempo. Les comparto algunos: En lo posible continuar con las actividades diarias correspondiente a cada día. Por ejemplo, para los alumnos están dictando la mayoría de clases de forma virtual. Lo mejor sería dedicarse a cada una en el tiempo estipulado de clases, como si fuéramos a cursar con normalidad. En mi caso, trato de cambiar de lugar para las distintas materias, como si fuera que camino por la facultad de un anfiteatro a un aula en el cambio de horario. Incluso suelo ir a buscar sillas en otra habitación, haciendo de cuenta que estoy buscando un banquito en la FAU porque en el aula donde tengo clases ya no hay disponibles. Suena gracioso lo sé, pero son formas de pretender que todo sigue con normalidad. Cada uno encuentra la suya. Un consejo muy importante: tener actitud de libertad. No pensemos que estamos “encerrados” en casa porque es lo que se nos pidió. Elijamos permanecer en casa libremente. Jueguen con la curiosidad. Si les gusta la música, escuchen nuevos artistas. Si planean aprender algo nuevo, este es el momento. Hagan del aislamiento el momento para hacer cosas que siempre abandonan por falta de tiempo. Si tienes una agenda muy apretada date el tiempo de hacer pausas, leer algo (mejor si
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es algo en papel, para despejarte y que no te aparezcan notificaciones), bailar, cocinar, hacer gimnasia, cualquier cosa que les ayude a descansar la mente por unos momentos antes de seguir. Por sobre todo, manténganse en contacto, mas con aquellas personas cercanas, las que hacen a nuestro día a día. Por ultimo quería acotar que la tecnología y la posibilidad de estar conectados a toda hora son un factor muy importante en este momento para comunicarnos, no perder el contacto con amigos, familia, etc, para dar o escuchar una clase, para continuar de la forma más normal posible con el día a día. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en todo esto no es la tecnología lo importante, sino lo que ella nos permite: aprender, conocer, querer, charlar, etc.
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S/T
Rosario Jantus
Pandemia, cuarentena, calles vacías, distanciamiento social, permiso para circular. Son palabras que están todo el día dando vueltas en las conversaciones, diarios, redes sociales. Personalmente soy de esas personas que evitan hablar o leer de los temas redundantes, prefiero leer algo que nadie va a leer así poder contarlo, sé que a lo otro me lo van a contar varias veces al día, es una manera de poder mostrar más interés con la gente. Esto parecería totalmente fuera de tema si no fuese que esa es una de mis maneras que tengo para hacer cosas distintas cada día, y con eso hacer que la gente tenga un nuevo tema de conversación, diferente al COVID-19. El confinamiento no me resulta para nada tedioso, diría que me leyeron la mente, pero no todos están listos para eso. La cuarentena nos sacó de la zona de confort dicen... en realidad la cuarentena nos da la posibilidad en bandeja de salir de la zona de confort, pero no nos saca. Podemos tirarnos a ver Netflix y estudiar todo el día o ponerse un orden y buscar con que hacer más llevadera esta cuarentena para la gente que la está viviendo con nosotros y para los que están conectados con las redes también. En mi caso dejé de quejarme de la adicción de la sociedad por Instagram y le di una vuelta de tuerca, si van a estar pegados a eso por lo menos que aprendan. Ahora armo un quiz todos los jueves sobre arte y arquitectura. No hace falta cambiar de tema para tocar la arquitectura, es parte de la vida de todos, sin necesidad de ser arquitectos. ¿No me van a decir que ninguno recibió mensajes cargados de sugerencias para sus futuras obras? Medidas para limpiar cómodamente un baño, la importancia de controlar a los obreros porque si no los resumideros terminan estando en el punto más alto del piso, humedades, goteras, vidrios fijos, y un largo etcétera. La cuarentena vino a salvarnos la vida a los arquitectos, al fin la gente está viviendo sus casas, para bien o para mal, solo viviéndolas es como se puede saber lo que se busca, y sobre todo, diferenciar una necesidad de un capricho. No digo con esto que a partir de ahora nuestros diseños sean tan funcionales e insensibles como un búnker, sino que, ahora, las personas están dándose cuenta de la importancia que tiene esa ventana puesta en el lugar correcto, el efecto de esa luz sobre una pared con textura, la conexión entre un balcón o galería con su living, la importancia de una escalera y un hall, diseñados con las medidas correctas, hechos como lugares en donde también pasan cosas y no solo como sitios que llevan a otro. Una cocina, el aburrimiento lleva a muchos a pasar gran parte del tiempo rondándola, bien diseñada, con los materiales correctos, la ventilación y la luz necesaria, ¡y ni hablar del lavadero, luz y espacio! Todos, absolutamente todos, estamos aprendiendo a vivir nuestras casas y a convertirlas en hogares, a apropiarnos de cada rincón. Se valoran todos los centímetros y todas esas
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buenas decisiones tomadas en pos de la arquitectura y no en el de la simple moda. Si de esta cuarentena salimos diseñando, viviendo los espacios y las relaciones sociales como antes entonces es que ni una pandemia puede remover el interior endurecido del hombre. Pero eso no es un problema, siempre hay más de un modo de lograr las cosas, si el viento no quita la capa la calidez del sol lo hará, y si un virus y todo lo que eso implica no cambia el mundo, puede cambiarlo la añoranza a todo lo que nos fue vedado en ese tiempo.
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En pausa
Daniela Rossi Yapur
Pasé los últimos meses dentro de mi ciudad, no salí en vacaciones, por lo que pude ver como la situación cambiaba de a poco a mis alrededores. En un principio todo parecía sacado de un cuento, una ciencia ficción, increíble, tanto que la gente se lo tomaba a modo de gracia y sin preocupaciones. Admito que el ambiente tranquilo y sin movimiento no me venia para nada mal. Hasta lo disfrute. Me sentía inspirada ante el reloj sin agujas y así comencé a llevar la vida productiva que siempre termino dejando para último momento. Pasaban los días y mi vida no cambiaba mucho. Dentro de casa aprovechábamos para volver a encontrarnos, pasar el tiempo juntos. Y fue ante la necesidad de salir a por un recado en mi vecina que sentí la nostalgia que hasta entonces no me molestaba. Y por algo tan sencillo como tener una charla con ella. Para entonces la situación era la misma. Es más, se estiraba cual chicle, todavía con sabor a dulce, blando y al que recién empezaban a masticar. No sé, supongo que me lo esperaba. En casa la cosa fue mutando. Durante el día la cocina cumplía su función principal con la adhesión de sala de juegos, para mandarnos unas partidas de Buraco a la tardecita con mi hermano. Y hago énfasis en “mi hermano”, el que con suerte me devolvía la charla antes de todo esto. Me tomaba un rato para pasar más tiempo en el jardín antes que mi habitación en donde las cuatro paredes parecen achicarse últimamente, como para cambiar de aires en lo posible. Llevaba la facultad hasta mi pieza junto con mi desayuno y merienda. A cambio sacaba de ahí mi almohada y sabanas para llevármelas al living en donde tiramos mas de un colchón a la noche. Así uno se siente de vacaciones. Y como no. Fuera en la calle la gente no sale y cuando lo hace, te das el gustito de activar la necesidad social, esa que se da cara a cara y no a través de una pantalla. ¿Si saco algo bueno de esto? A mal tiempo, buena cara. Así que mientras nosotros nos aferramos a lo que conocemos, así como si una bocanada de aire en los pulmones que tomó todo lo que pudo y se permitió, el respiro se lo da el resto del mundo que pacientemente esperaba su turno. Y la verdad es que no viene mal una pausa, forzosa e imperativa, pero que nos permite reflexionar, analizar y con suerte aprender. Después de tantas corridas, saltos y esquivadas no nos podíamos escapar de la pausa.
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La vida en términos de cuarentena María Florencia Ruiz Cuellar
Tranquilidad, entendimiento, alegría, bienestar, ansiedad, confusión, frustración, depresión... Haces de variadas emociones que se pueden sentir en este momento tan distinto y representativo a la vez. Quizás parte del mismo proceso. Parece ser un evento nuevo y aislado, pero ¿Acaso no podemos ver que antes de esto ya estábamos encerrados? Paradigmas heredados, resultados de sumas -que algunos no sabemos dónde comenzaron, -ni lo que pasaba en aquellos años-, fotos e imágenes mentales que pretenden indicar –a veces con éxitolo que “debe” ser la felicidad y el realizarse como ser humano. Como un animal a punto de ser devorado sin nada que pueda hacer. ¿Nada podemos hacer? ¿De que servirá en tal caso la razón? ¿Qué nos diferencia de una piara, un rebaño o un cardumen? Y es esa razón ¿Aliada o enemiga? Quizás un arma de doble filo que hay que saber manejar, quizás las dos y ninguna. Hoy, en un contexto en el que estamos imperativamente encontrándonos con nosotros mismos en los espacios que hemos creado y elegido moldear, a veces escapamos a espacios virtuales, de los que algunos no pueden prescindir a diferencia de la realidad material y personal que nos configura. El hogar, nuestro hogar ¿Es un espacio que nos acompaña en el cambio, o es acaso la versión moderna de la caverna platónica? Con tecnología apta para poder volar en el mundo de las ideas tan permanente e inmersivo como se desee. ¿Qué desean las células de la sociedad? ¿Cuáles son las prioridades que nos encaminan a elegir y crear el espacio, y recíprocamente, nuestro sentir?
En medio de esos cuestionamientos nos invade saber si esto es una condena o una oportunidad para reajustar el software sociocultural. Eventualmente se sucedieron súbitas realidades para las que nadie estaba preparado, pero que beneficiaron al mundo con los cambios que trajeron consigo; incluso al hombre: terco y reacio a detener el daño ambiental que su supuesta felicidad implica. A modo de espejo podemos contemplar una verdad neurálgica: la danza infinita entre el hombre y el cambio natural y conjunto, al compás de la simbiosis. No sabemos cuándo terminará la a veces llamada cárcel. ¿Cómo osar calcular cuánto durará la parábola de nuestra historia? Si no contamos con los misterios del tiempo caminamos ciegos en la paradoja del mundo moderno, respecto a lo que hay más allá de lo que nuestra percepción pueda describir. Pero sí sabemos que puede acabar en cualquier momento; porqué no replantearse, entonces, cómo quisiéramos que fuera el mundo la última vez; casi con el anhelo de querer seguir viviendo. En tanto, háblale a la arquitectura sobre tus más íntimos secretos…
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Aprendiendo a vivir una realidad diferente Celina Sal
Nuestros días dejaron de tener aquella rutina que recorríamos diariamente. Dejaron de ser días de encuentro con amigos, familiares, compañeros de estudio, idas a facultad, etc. Ya nada es lo mismo, nos encontramos en una realidad totalmente diferente a la que estábamos acostumbrados, y que hoy valoro y extraño. Pero, está nueva realidad nos ayudó de alguna manera, por lo menos a mí personalmente, a unirme más con aquellos con los que vivo, en el cual muchas veces, las rutinas, las obligaciones, las salidas, etc., nos hacía estar lejos. Entonces, creo que nos ayudó mucho a unirnos más, a saber, más del que está al lado, a amar más a mi familia, a disfrutarlos, y conocerlos mejor. También me enseñó lo valioso que es la vida, y el tiempo del que dispongo. Que hay que aprovechar mucho los momentos, con quienes uno está, o comparte cosas. Valorar el tiempo, porque uno nunca sabe cuándo será la última vez que verá algún ser querido. Valorar mucho. Ese es mi gran consejo. Y aprovechar todo lo que uno tiene. Y en la situación de algunos de estar solos en sus viviendas, creo que también los ayuda a encontrarse con uno mismo, y valorar la gente que en ese momento les gustarían que estén con ellos. También aprendí con todo esto, que el ser humano es capaz de amoldarse a cualquier situación a la que se encuentre, como bien dijo Víctor Frankl. Si bien nuestra Fau nunca tuvo este tipo de situación, se supo amoldar, y es algo super valorable lo que están haciendo los profesores, los no docentes e incluso los alumnos. Espero que, de todo esto que estamos viviendo, se pueda sacar provecho, y crecer entre todos. Por otro lado, también creo, que la arquitectura es un factor muy importante, en cuanto al buen funcionamiento y organización de cada una de las viviendas, a las cuales deberían estar correctamente organizadas para un buen uso y aprovechamiento de los espacios, en especial en estos casos donde estamos totalmente encerrados, buscando que las personas se sientan tranquilas en su hogar sin sentirse encerradas por el poco espacio que se pueda disponer, evitando la sensación de encierro, por ende hay q pensar muy bien lo que uno va a construir, ahora pensando también, que podríamos estar un gran tiempo encerrados en nuestras viviendas como lo estamos viviendo hoy en día. Generando espacios de recreación, espacios donde se pueda trabajar con comodidad, espacios cálidos, espacios al aire libre, ya sea jardines, patios, balcones, patios internos, para así generar una vivienda más confortable y sentir menos ese tal encierro y evitar generar agobios, sin necesidad de que sean ambientes grandes. Muchas veces diseñamos, pensando mucho en que el espacio social y de visita sea el más lindo y acogedor de todos, el más amplio, el mejor iluminado, el de mejor aprovechamiento de espacios, etc., y con todo esto vemos que cada uno de los espacios es tan importante como cualquier otro, y debemos lograr este confort en todos los ambientes de la vivienda. Hoy cobra vital importancia la arquitectura y el diseño, ya que nuestro hogar será aquel en donde permaneceremos más tiempo, generando placidez y confort, de acuerdo al sentido común y buen criterio que se implemente en el diseño de un hogar.
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De pantalla en pantalla Santiago Perez
Hace unos meses se dio a conocer este virus, surgido en Wuhan, China. Mientras se esparcía por el hemisferio occidental y ante la soberbia de que a Argentina no iba a llegar, expresado por nuestro ministro de salud de la República Argentina, finalmente llegó. Mucha gente cree que es solo un simple virus, algo pasajero, algo que tiene solución, pero estamos muy lejos de eso. Por esta misma razón, la población no toma consciencia de la magnitud que tiene este “simple virus” y se lo puede ver en todos lados, tanto por noticieros (que si bien, no informa todo como tendría que ser, pero hace lo que pueden), redes sociales, hasta en la calle visto en carne propia. Todos cegados por la mediocridad, la viveza argentina plasmada en el pensamiento de: “a mi nadie me va a decir que hacer y que no...”, “yo no formo parte de la población de riesgo”, tantas otras más que seguro, muchos tienen hoy en día en su cabeza y no se dan cuenta lo mucho que se pone en riesgo. Este tipo de accionar por parte de ese grupo, me lleva a pensar que como sociedad por mas de que sea cualquier acontecimiento de fuerza mayor, no va a cambiar. Este es el legado que nos queda y va a perdurar por mucho tiempo, y hasta casi me animo a decir que, casi irremediable. Y no solo por las personas comunes en sí, también la clase política siempre arruinando al país en busca de mejorar ellos, de ver por sus propios intereses, de no pensar si quiera un poco a quienes “representan”. Buscan sacar provecho por tantos lugares, que ya no queda más por sacar. Hoy me toca a mí al ser más grande tomar consciencia, ver el esfuerzo que hacen las personas por llegar a fin de mes, personas que día a día se levantan temprano a trabajar, como mis padres, familiares, amistades, etc., que estos inoperantes jueguen con la vida de las personas como si fuéramos fichas de juego, manejándonos a su favor y sacarte hasta el más mínimo peso, mintiéndonos de todas las formas posibles, me causa impotencia. Todos estos hechos que vienen sucediendo con el personal de salud, es el fiel reflejo de que nadie vela por ellos, hoy que son el sector más importante, ver cómo están cortando calles, manifestándose por falta de insumos, es muy triste. Sacrificándose años de su vida perfeccionándose, para llegar a este tipo de situaciones y tener que rogar insumos, no es de un país digno. No sé qué futuro tendremos si no maduramos tanto en sociedad, cultura. Porque una vez que se levante esta cuarentena (dudo que sea pronto), se va a seguir con la vida que se llevaba antes, sin un mínimo de aprendizaje. Así que, al fin y al cabo, esta sociedad solo va directo al fracaso constante. En cuanto a lo personal me siento agobiado por el encierro, ya que mi vida en general se basa en pasar tiempo en el exterior, facultad, deporte. Y este aislamiento lleva a que, la ansiedad, el deseo de volver a sentir el aire fresco, el sol, uno se pueda sentir reprimido… la única parte que quizás ayude a que la cabeza pueda dejar de darle vueltas a tantas faltas de respeto proveniente de terceros que incumplen las normas, es que estas haciendo las cosas que se tendrían que hacer como ciudadano y no en ese papel de egoísta, individualista que hoy en día se ve reflejado en tantos accionares por parte de la sociedad.
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Sentimientos sobre el COVID-19
Luis Salvatierra
Hace unos meses se dio a conocer este virus, surgido en Wuhan, China. Mientras se esparcía por el hemisferio occidental y ante la soberbia de que a Argentina no iba a llegar, expresado por nuestro ministro de salud de la República Argentina, finalmente llegó. Mucha gente cree que es solo un simple virus, algo pasajero, algo que tiene solución, pero estamos muy lejos de eso. Por esta misma razón, la población no toma consciencia de la magnitud que tiene este “simple virus” y se lo puede ver en todos lados, tanto por noticieros (que si bien, no informa todo como tendría que ser, pero hace lo que pueden), redes sociales, hasta en la calle visto en carne propia. Todos cegados por la mediocridad, la viveza argentina plasmada en el pensamiento de: “a mi nadie me va a decir que hacer y que no...”, “yo no formo parte de la población de riesgo”, tantas otras más que seguro, muchos tienen hoy en día en su cabeza y no se dan cuenta lo mucho que se pone en riesgo. Este tipo de accionar por parte de ese grupo, me lleva a pensar que como sociedad por mas de que sea cualquier acontecimiento de fuerza mayor, no va a cambiar. Este es el legado que nos queda y va a perdurar por mucho tiempo, y hasta casi me animo a decir que, casi irremediable. Y no solo por las personas comunes en sí, también la clase política siempre arruinando al país en busca de mejorar ellos, de ver por sus propios intereses, de no pensar si quiera un poco a quienes “representan”. Buscan sacar provecho por tantos lugares, que ya no queda más por sacar. Hoy me toca a mí al ser más grande tomar consciencia, ver el esfuerzo que hacen las personas por llegar a fin de mes, personas que día a día se levantan temprano a trabajar, como mis padres, familiares, amis-
tades, etc., que estos inoperantes jueguen con la vida de las personas como si fuéramos fichas de juego, manejándonos a su favor y sacarte hasta el más mínimo peso, mintiéndonos de todas las formas posibles, me causa impotencia. Todos estos hechos que vienen sucediendo con el personal de salud, es el fiel reflejo de que nadie vela por ellos, hoy que son el sector más importante, ver cómo están cortando calles, manifestándose por falta de insumos, es muy triste. Sacrificándose años de su vida perfeccionándose, para llegar a este tipo de situaciones y tener que rogar insumos, no es de un país digno. No sé qué futuro tendremos si no maduramos tanto en sociedad, cultura. Porque una vez que se levante esta cuarentena (dudo que sea pronto), se va a seguir con la vida que se llevaba antes, sin un mínimo de aprendizaje. Así que, al fin y al cabo, esta sociedad solo va directo al fracaso constante. En cuanto a lo personal me siento agobiado por el encierro, ya que mi vida en general se basa en pasar tiempo en el exterior, facultad, deporte. Y este aislamiento lleva a que, la ansiedad, el deseo de volver a sentir el aire fresco, el sol, uno se pueda sentir reprimido… la única parte que quizás ayude a que la cabeza pueda dejar de darle vueltas a tantas faltas de respeto proveniente de terceros que incumplen las normas, es que estas haciendo las cosas que se tendrían que hacer como ciudadano y no en ese papel de egoísta, individualista que hoy en día se ve reflejado en tantos accionares por parte de la sociedad. Esta imagen representa a una sociedad fragmentada, donde la idea de país unido, todos tirando hacia un mismo lado, se ve corrompida, destruida.
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De pantalla en pantalla Santiago Perez
Parece que nuestros pies ya no están en un suelo firme, como creíamos que era. En la calle poca gente (o así debería ser, no lo se realmente), en las noticias de lo único quese habla es de un enemigo invisible que trajo consigo un quiebre de nuestros sistemas,tanto político, como económico, de salud y social. Vemos fotos de los grandes monumentosque suelen estar repletos de turistas, ahora, completamente vacíos. Es así que me pregunto, tres meses después de escuchar por primera vez que en algúnlugar del mundo había una inquietud por algo desconocido; ¿qué es lo que pasó?. Hoy nosconvoca una situación que es más parecida a un tsunami que a una tormenta. Y sucedeque nos sobreviene de sorpresa, genera un miedo y desconcierto a veces inmanejable. La llamaría una situación crítica. Contingencia, vulnerabilidad y fragilidad son las palabras con las que decido adjetivar a dicha situación. La sociedad y todos nuestros sistemas dejaron de funcionar tal como los conocemos, poniendo en duda todos los mecanismos a los cuales estábamos acostumbrados, ya no funciona de la misma manera, se desnaturaliza lo común de nuestra vida, y es así que nos encontramos frente a un abismo donde no sabemos cómo va a continuar. Frente a esto, surgieron innumerables sugerencias sobre cómo sobrellevar esta situación de aislamiento. Nos sugieren encajar esta realidad completamente desconocida, dentro de un marco conceptual familiar y conocido. Surge esta lógica de hacer de cuenta como si todo fuera igual que antes, pero con la diferencia de simplemente hacerlo en casa. Es así como ahora y sin quererlo, me encuentro realizando todas mis actividades en la misma variable espacial. Y de repente parece que tengo todo el tiempo disponible, pero a la vez no tengo tiempo para nada. Acostumbrada a vivir en base a una rutina, que marca no solo mis horarios sino mi movilidad: ir a la facultad, juntarme con amigos, gimnasio, hacer trabajos, entre otros; ahora todo se resume en un mismo lugar, mi casa, o mejor dicho, mi hogar. ¿Cómo se supone que debo adaptar todas mis actividades a un solo espacio? Mientras tanto, mi casa se hizo más grande. Sí, se hizo más grande. Se ampliaron esos espacios vitales. Entonces pensamos cómo habitar estos espacios, como hacerlos nuestros. De qué manera puedo adaptar esta realidad completamente desconocida, dentro de mi realidad conocida. Algo nuevo se nos presenta, un desafío que nos obliga a repensar sobre nuestras costumbres, cómo vivimos, cómo trabajamos, cómo nos relacionamos. Este punto de inflexión sin dudas marcará un antes y un después, solo espero que podamos aprender de ello.
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¿Rutina o escape? Juan Simon Perez
El encierro me agobia, la imposibilidad de hacer algo tan fácil como salir de tu casa, me agobia, el no poder salir de un mundo que me quedo chico al segundo dia y que no queda mas por explorar, me agobia, el sentir que hasta lo mas simple se vuelve tan difícil y hasta arriesgado, como expresar cariño por medio de un abrazo, me agobia, pero sigo aquí. Encerrado en mi casa, la cual es mas grande que pocas y mas chicas que muchas. Nunca me molesto compartir habitación, lo hice desde siempre hasta llegamos a ser tres, pero esta situación me llevo a un limite de querer tener MI espacio, MI lugar de silencio, MI lugar de descanzo, MI rincón de oscuridad, MI lugar donde poder ser y no ser juzgado aunque muchas veces mi cabeza sea la única que juzgue, MI sector donde poder escapar. Es extraño darte cuenta que muchas veces uno realiza toda una lista de horarios y actividades y darte cuenta cuando no las haces que las necesitas, no por responsabilidad, no por aburrimiento, no por extrañar, sino por escapar. Escapar de los pensamientos que muchas veces se formulan solo cuando nuestra cabeza reposa en la tranquilidad de no nada pendiente, ningún compromiso o actividad próxima. Esos mismos que te llevan para atrás cuando lo das todo de vos y sentís que no alcanza, que no basta y que nunca lo hara pero seguís en la lucha y en plena rutina tratando de entender pero nunca frenando ya que eso solo implicaría pensar. A veces da miedo, el no saber “¿hasta cuando?” pero tendría que dar mas miedo salir que todo termine y no haber aprendido nada, de con quien convivimos, de donde vivimos y de como vivimos. Es el momento justo para explorar nuestras relaciones a veces mas cercanas, encontrar nuestro lugar en el hogar y poder conocernos un poco mas.
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No aprendimos Jose Raul Soto
Nos dijeron quédense en la casa para sobrevivir a este virus mortal y la gente no podía quedarse en la casa porque debe trabajar para sobrevivir al virus de la sobrevivencia Y entonces dijeron quédense igual yo tengo un plan para que no pierdan el empleo pero descubrieron que la gran mayoría de la gente trabaja independiente, informal o “pichulliando” por ahi, con empleos precarios. Entonces dijeron quédense igual y los voy a ayudar apoyando a los emprendedores pero nuestras Pymes en su gran mayoría ya estaban casi quebradas hace rato. Entonces dijeron quédense igual pero descubrieron que la gente vivía en casas en promedio de 40 metros cuadrados y los niños no pueden ir a clases! Entonces dijeron estudien on line pero solo la mitad de los estudiantes tenían acceso a buen internet para estudiar en sus casas y descubrimos que hasta zonas rojas hay! Entonces nos dimos cuenta que el problema no era el coronavirus!! Que el problema está en las entrañas del país que hemos diseñado en los últimos 40 años. En esta paranoia en la que vivimos, se nos presenta la incertidumbre de no saber que pasará. Y sí, nunca antes nos habíamos detenido a pensarlo. La sociedad nos llevó a estar siempre en movimiento, a tener la cabeza ocupada, a no disponer de un momento para reflexionar o simplemente encontrarnos con uno mismo. Hoy tenemos todo el tiempo del mundo... y eso nos asusta. Nos asusta el hecho de mirar el espejo y no ver a la persona que queremos. De darnos cuenta, que si este virus termina con la humanidad, no vivimos lo suficiente, no reímos lo suficiente, no amamos lo suficiente. Que no fuimos en busca de nuestros sueños, no nos la jugamos por esa persona que queriamos y que vivimos contenidos por el miedo al qué dirán. Que no intentamos ser felices. Entonces escapamos a la tv, las redes o cualquier cosa que nos mantenga ocupados para no enfrentarnos con la realidad. Esa realidad que, por mas que intentemos perderla de vista nos acecha, alimentándose del encierro que nos exige el mundo para controlar esta pandemia. Maldita enfermedad que nos quiere llevar a nuestros viejos, los que no necesitaban de la tv, las redes, o las nuevas tecnologías para vivir. Aprender a vivir y habitar nuestro planeta será tarea para nuestro futuro y nuestras futuras generaciones, y por ultimo me viene un interrogante siempre repetitivo y hoy mas enunciado, QUE HUMANIDAD DEJAMOS O CREAMOS?
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Domingo desigual Sol Boero
Una cabezas cambiadas, unas relaciones fortalecidas
Se me cruza mucho por la cabeza lo loco que es todo lo que estamos pasando o ¿es que, en algún momento, alguno se imaginó que esto iba a suceder? Por mi parte realmente, pensé que este año iba a ser totalmente distinto, pero creo que mi subconsciente me engaño. Estamos pasando por una gran pandemia a nivel mundial, como si estuviésemos viviendo en el pasado en donde ocurrieron casos parecidos como la peste negra en el siglo XIV. Totalmente una locura que, con nuestra tecnología o avances del mundo, nos pase esto a nosotros. Eso quiere decir que el ser humano sigue cometiendo errores de los que debería aprender. La incertidumbre nos invade, el deseo de que todo vuelva a la normalidad se asoma por la ventana, y el final de esto, cada vez se encuentra más lejos. Un final inconcluso con una historia increíble de por medio. Un año que será recordado por todos, pero también quedará en la historia. Especialmente en estos tiempos de cuarentena, en donde nos encontramos aislados de todo tipo de relación con el exterior, en donde los amigos o capaz hasta la familia se encuentra lejos, es donde uno empieza a reflexionar sobre sí mismo y las cosas que les fueron sucediendo a lo largo de los años. En mi caso, me encuentro pasando la cuarentena sola. Si, como la palabra lo dice, sola. ¿Pero, por qué sola? Esa es una pregunta que me hace mucha gente últimamente. Mi respuesta a ella es que, sin darme cuenta, me agarro la cuarentena cuidando el departamento de mi hermano que se encuentra en Australia. ¿Pero, por que no volves con tu familia? Otra pregunta. Y ahí es cuando más me expreso y respondo: “La verdad, es que la estoy pasando muy bien, a pesar de estar en un mono ambiente de 10x5 metros con un pequeño balcón con vista al cerro.’’ ¿Chico no? Es lo que dirían algunos, pero para mí, el espacio suficiente. Suficiente porque, en este momento, no necesito más, y porque a pesar de tener a mi familia acá, la soledad en cuarentena me está ayudando mucho como persona. Descubrí cosas que antes nunca hubiese imaginado, y es así como creo también, que esta cuarentena va a dar muchos frutos en mucha gente. Igual, que este bien no significa que no extrañe. Sería como mentirme a mí misma algo que es innegable, porque si extraño y mucho, especialmente a mi familia, ya que todos nos encontramos en distintos puntos del mundo. Nos tocó la cuarentena bastante separados a todos, pero las video llamadas nos mantienen unidos. Un punto a favor en medio de todo este caos.
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En particular pienso que esta cuarentena nos va a enseñar como comunidad a ser más solidarios y a no pensar únicamente en nosotros mismos, sino también en las personas que nos rodean. A la vez, siento que todo esto hace creer al mundo que tenemos tiempo de sobra, cuando hasta las clases virtuales se volvieron pesadas y nos ocupan más de lo que esperamos. Pero, ¿Qué mejor manera de pasar la cuarentena si no es teniendo la cabeza ocupada? En fin, espero que esta cuarentena nos ayude a cada uno y también como sociedad. Que sigamos creciendo día a día, y así construyendo un mundo mejor, porque a pesar de estar atravesando por un momento duro, considero que el mundo necesitaba parar un poco y pensar.
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El reencuentro Evelyn Suarez
Atravesamos un momento donde se nos impone quedarnos en casa, y suena contradictorio que evitar el contacto cercano con nuestros seres queridos pueda salvar nuestras vidas, y la de ellos. Los días pasan y nos encontramos cada vez más desconfiados, temerosos y alejados del prójimo. A todos nos resulta un cambio abrupto e insensible, ya que somos una sociedad que tiene naturalizado compartir actividades en bares, gimnasios, shoppings, etc. También como señal de saludo dar la mano o un beso, y señal de afecto el abrazo. Estar en casa estos 31 días, desde que se decretó la cuarentena obligatoria me llevo a reflexionar sobre lo importante que son las relaciones humanas y los espacios de encuentros, hoy en día en la ciudad desolados. Llevada esta problemática a una escala menor de la vivienda, opino que la acelerada rutina diaria que transitamos no nos permite ocupar todos los espacios que tenemos en nuestros hogares como realmente quisiéramos. En mi experiencia pase de habitar mi habitación gran parte del día, a tener ganas de estar allí lo menos posible. En la misma realizaba la mayor parte de mis actividades cotidianas: estudiar, descansar, dormir, bailar, a veces comer. Sentía la necesidad de atravesar la puerta de mi hogar y reencontrarme con ese lugar propio, autentico y reflejo de uno mismo. Como lo mencioné anteriormente, este último tiempo sentí todo lo contrario. Estudiar allí ya no me resulta confortable. Me siento encerrada entre 4 paredes, alejada de mi familia. Hoy mi espacio favorito es el living-comedor. Me resulta más llevadero todo desde allí. A la hora del cursado virtual, me siento en un extremo de la mesa de manera de tener visuales hacia la ventana más grande de la casa, ubicada al norte que me conecta con mi jardín y el lugar que tanto añoramos volver a transitarlo con normalidad, la calle. Podrán imaginarse la luz que ingresa a través de la ventana, y el aire fresco que circula durante las mañanas en el sitio. Mientras me ocupo de mis obligaciones, observo a mi familia, los escucho hablar, puedo establecer conversaciones, y compartir risas. Para la familia el living-comedor siempre fue el lugar de encuentro, pero en este contexto pasó a ser mi lugar de reencuentro. El aislamiento social nos genera mucha incertidumbre. Nos preguntamos cómo serán las formas de habitar luego de la pandemia. Pero firmemente pienso que “renunciar a la urbanidad es la solución incorrecta” por el contrario, se deberán repensar los espacios privados y comunitarios, y las nuevas formas de albergar los mismos. Y es una tarea que nos compete como futuros arquitectos y parte de la sociedad. Será necesario diseñar espacios que impulsen a la recuperación de valores humanos olvidados, y así poder reencontrarse con uno mismo, y el otro.
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Vivir una nueva normalidad Ricardo Eric Ismael Tolaba
Solíamos leer momentos claves de la historia de la humanidad en libros o se nos eran contados por nuestros abuelos o padres y lo sentíamos tan lejano, pero ahora nos encontramos ante una situación excepcional y estamos viviendo uno de esos momentos que seguramente se van a recordar dentro de 50 o 100 años. Todo lo que nos parecía importante desaparece, nuestro micro mundo se desvanece y se ve arrastrado ante problemas mayores, las reuniones sociales, los espectáculos, nuestro estilo de vida, todo ese gran momento que creíamos era perfecto se ve afectado por el mundo y te das cuenta qué es él, el que nos controla a nosotros. Seguíamos avanzando como unos hámsters en una rueda sin mirar a los lados caminando hacia adelante y que no los hemos acostumbrado a seguir. Pasábamos mucho tiempo detrás de cosas que nos parecía importante, buscando ser comprendidos o entendidos ya sea por un amigo, un grupo, ahora esto, el distanciamiento y el encierro lo cambió todo. ¿No cayó todo en el momento justo para parar la rueda y pensar? Siempre nos dijeron que estar quieto no era productivo sin embargo acá nos encontramos ante una pandemia y un encierro que no sabemos cuándo va a terminar pero que seguro necesitábamos. Al parecer esto hizo que muchos se replanteen las condiciones en las que viven y como viven. Mientras unos deben pasar este periodo hacinados en su departamento, otros están en familia, otros solos, otros con lo justo y necesario para vivir. Muchos con falta de servicios básicos, espacios verdes o un pequeño espacio exterior son algunas de las problemáticas que aparecen. Como estudiante de arquitectura me surgen estas interrogantes: ¿Es la arquitectura lo que falla? ¿Nuestra profesión está en deuda con la sociedad? ¿La responsabilidad es de otros? ¿Es compartida? Es tiempo de reflexión, tiempos de cambios, tiempo para poner en duda el modo de vivir, el modo de habitar. Desde mi lugar ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo aportar? Estudiamos una carrera que viene a dar soluciones al modo de vivir, al modo de relacionarnos en comunidad y habitar los espacios pero qué al mismo tiempo en esta situación no puede aportar y serán otros los actores que tomaran roles más protagónicos ante este conflicto. Quizás estamos experimentando una nueva forma de vivir de la cual aún no dimensionamos. Quizás no es tiempo de pensar en arquitectura sino en como volvemos a reconectarnos con el mundo, nuestros problemas son ínfimos a comparación. Como dijo un gran profesional de la disciplina: - el arquitecto por sí solo no puede resolverlo nada sólo puede sentarse en la mesa y discutir el mundo ideal sentarse en la mesa y discutir prioridades-. Espero que éste parate nos pueda servir a todos para repensarnos, para poder crear universos personales llenos de vida y que disfrutemos hacer y que nos haga vivir más en sintonía con uno mismo, valorar el tiempo, aquellas personas y momentos más cercanos. Si este período de introspección nos hace que tomemos conciencia de algunas cosas que nos suceden y de los que somos los causantes habremos aprendido algo. Creo en un mundo más unido una vida más en el que cada uno pueda vivir a su propio ritmo, una sociedad menos consumista y material sino más solidaria y racional. Y si terminada esta situación el vuelve a la normalidad significa que no hemos aprendido nada.
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“Desestructurando Ideas” Micaela del Carmen Tolaba
Vivimos en una época en que la mayoría de las personas llevamos una vida agitada, sumergidos en nuestros trabajos, estudios, pasatiempos y demás. Por lo que casi nunca nos detenemos a pensar en el otro y solamente buscamos lograr nuestras metas, prefiriendo posponer encuentros familiares, de amigos o simplemente, darnos un tiempo para nosotros. Creyendo que, al lograrla, vamos a alcanzar la plenitud y que recién ahí podremos disfrutar de todos esos momentos de los que nos privamos. Pero esta situación que nos tomó por sorpresa, nos lleva a hacer un “Click” en nuestras vidas para replantearnos qué es lo que realmente necesitamos. Desde mi punto de vista, la cuarentena me interpela sobre los modos, las formas o maneras de vivir en sociedad. Dejando a flor de piel nuestras cualidades y poniendo en cuestión la relación en comunidad. Por eso me parece que es el momento justo para detenernos, pensar, replantearnos como personas, poner en práctica el espíritu solidario y la responsabilidad social.De ésta manera, lograr una mirada más amplia para detectar las problemáticas que nos agobian como sociedad, pudiendo poner en primer lugar a los sectores más vulnerables, no solo en el ámbito edilicio, sino en la falta de recursos económicos, de acceso a los alimentos, educación y así comprender que la pobreza es otro tipo de pandemia que siempre estuvo pero que pocos la vemos. Por lo que me parece que más allá de pensar en cómo solucionaríamos nuestros espacios, tenemos que plantearnos como premisa, cómo generarlos y así no solo cumplir como estudiantes o profesionales, sino como personas capaces de ponerse en el lugar del otro. Siento que esta situación me ayuda a tener una nueva mirada reflexiva que, a lo largo de este trayecto de ir adquiriendo conocimiento para lograr esa meta, puedo ir ayudando desde otro lugar a hacer más fácil a que éste otro tipo de pandemia, se termine.
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Habitar en tiempos de pandemia Florencia Toledo Herrera
En medio de una pandemia que ya ha afectado a todo el mundo e infectado a más de un millón de personas, es nuestro deber como futuros arquitectos pensar en las posibles mutaciones que una vivienda tiene que tener para afrontar una situación como esta. La resolución principal de la pandemia del COVID-19 se convirtió para la mayoría de los países en la disposición de medidas de cuarentena: aislar estrictamente a personas de una enfermedad, durante un período de tiempo no especifico. El resultado, espacios públicos y privados cerrados que a la par de evitar nuevos contagios y lamentables muertes incrementaron la incertidumbre ¿cómo vamos a trabajar? - traduciéndose para muchos en cómo vamos a comer-¿cómo vamos a convivir? ¿cuánto tiempo vamos a permanecer solos? Con esto, se ve reflejado que más de la mitad de la población mundial habitando ciudades o áreas densamente pobladas, residen actualmente en espacios pequeños, desconectados entre sí por ladrillos, concreto y acero. Por lo que nuestra intención de diseño tiene que ser utilizar la arquitectura para unir comunidades y crear espacios de conexión que se perdieron en las décadas de planificación urbana, donde la explosión poblacional tuvo prioridad por acomodarse sobre la necesidad de asimilarse. Si bien estamos afrontando algunos de los efectos que este virus está produciendo, nos preguntamos, ¿cuál será el impacto futuro en la sociedad? ¿Qué huella quedará en nuestra memoria colectiva y cómo nos transformará?. Toda esta incertidumbre, tenemos que tranformarla en respuestas, volcandolas en un diseño inteligente para el futuro, mejorando la organización de nuestros hogares, disfrutando de nuestra privacidad, pero a la vez planteando relaciones humanas con nuestros vecinos, donde todos podamos acceder a espacios al aire libre. Un diseño que trate de satisfacer nuestras necesidades, nuestros derechos humanos, sin que estos sean visto como un lujo.
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CUARENTUC
Tomás Delpero Torres
En éste aislamiento social preventivo impuesto por el Estado a raíz de la situación internacional con respecto a la pandemia del COVID 19 o “Coronavirus” uno aprende mucho. Aprendemos a cocinar, a hacer ejercicio, nos hacemos todólogos gracias a los documentales y series de Netflix y lo que es más difícil, aprendemos a convivir. Ésta convivencia no les compete únicamente a quienes comparten con alguien más su residencia, sino a todos los que coinciden con otra persona en alguna situación en particular del día a día en éstos tiempos difíciles. Algo que no aprendimos ésta cuarentena (porque ya lo sabíamos) es que la avaricia y el egoísmo de las personas no tienen fin: gente que acapara productos que escasean en supermercados sin ningún tipo de escrúpulo, poniendo su necesidad por encima de las de los demás. Gente que no respeta el aislamiento social preventivo y visita a su amigo, amante o pariente porque así lo desea y es aquí donde se manifiesta la frase más argentina que yo conozco: “Total, una más no pasa nada” y la retrucada “Todos lo hacen”. Si algo hay que rescatar es que Argentina, la capital mundial de atar con alambres, sorprendentemente tomó fuertes medidas ante la pandemia desde el primer momento. El problema que tiene es que la ignorancia de la gente no tiene límites, y hoy después de un mes de estar encerrado cumpliendo con lo que se suponía que todos están haciendo, salgo a hacer las compras para darme cuenta que todo sigue tal y como yo lo recordaba. El tráfico, la gente en la calle, las filas, las aglomeraciones, (pero ojo, ahora usamos barbijos). No sé de dónde se supone que aprendamos a convivir y a ser más civilizados si la clase dirigente, que deberían ser nuestros líderes y ejemplos aprovechan hasta en las peores desgracias mundiales para inflarse los sueldos y aumentar el valor de los productos que compran para quedarse con los vueltos. Usan barbijos que pocos cirujanos del país pueden costear mientras que el personal de la salud estatal recibe barbijos valuados en 20 pesos. El propio presidente dijo que no le parecía que los políticos se debían rebajar el sueldo en un 25% ya que “Solamente” se ahorrarían 200 millones de pesos. Parece un chiste pero no lo es. Nuestros médicos cobran monedas por estar en guardias eternas velando por la gente para salir de éste lío. Después de una larga jornada laboral atendiendo pacientes quieren volver a descansar a sus casas y sus vecinos los quieren echar del edificio por miedo que los contagien.
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Realmente vivimos en una sociedad así de dispareja. Si el día de mañana se quiere salir adelante, cuando asuma una clase dirigente seria, que no lo convenga la ignorancia de su pueblo, el verdadero cambio que se debe hacer es desde abajo: la educación. Si invertimos en educación vamos a erradicar el argentino busca, oportunista, perjudicador y volverá el argentino empático, el que juega en equipo, y éstas crisis podrán ser mucho más llevaderas.
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Un nuevo comienzo Benjamín Vera del Barco
Llevamos más de 30 días de cuarentena y uno reflexiona sobre todo lo que está pasando en la actualidad, es increíble como esta situación a nivel mundial cambio la forma de vida de todos, sin excepción, poniéndonos por igual a cada uno con los demás, ya que a cualquiera le puede afectar esta enfermedad. Lo que hace interesante como se unen todos los países a nivel mundial para resolver esta etapa oscura de la humanidad. En este tiempo los animales tomaron protagonismo en las calles, liberaron animales en lugares turísticos, zoológicos, e invadieron las calles en distintas ciudades del mundo; se comprobó que el aire es más puro, disminuyó la contaminación mejorando el medioambiente. Todo esto nos hace replantearnos si como humanos realmente estamos cuidando nuestro planeta.Desde todos los sectores de la sociedad el habitar en nuestras casas por tiempo prolongado se ha vuelto un desafío, algo que nunca hubiésemos imaginado. Pasamos horas moviéndonos de un ambiente a otro en nuestras casas, sin tener la posibilidad de salir al encuentro con nuestros amigos, familiares etc. Nos sentimos limitados, encerrados… Ya no tengo que salir un tiempo antes para ir a la facultad, mi cuarto se ha vuelto mi universidad y la comunicación virtual tomó un rol fundamental, que es la que nos une a pesar de la distancia. El quincho de mi casa donde siempre hacemos asados y es utilizado para hacer sociales, se volvió un espacio con distintos usos, donde hacemos ejercicios y toman clases de baile, algo que antes lo podía hacer en un gimnasio. Ante todas estas cuestiones yo me pregunto como estudiante de arquitectura si algo de todo esto debería generar un cambio. Y yo creo que de todo esto deberíamos aprender y replantearnos las cosas que proyectamos en el futuro. Dar respuesta a las problemáticas sociales que se presentan, ¿Estas barreras que se rompieron con la situación mundial quieren decirnos algo?; brindar soluciones al medioambiente buscando implementar arquitectura sustentable en las ciudades tal vez. Y muy importante el modo en el que diseñamos los espacios en las viviendas ¿Realmente es necesario tener que ir a un gimnasio? ¿Pasar tantas horas en la facultad, teniendo la posibilidad de un cursado virtual? ¿Cómo serán las ciudades entonces en el futuro? Creo que todas estas preguntas llevan a que nos tengamos que reconstruir, aprender de todo esto y sobre todo hacer nuestro aporte desde el lado arquitectónico para nuestros proyectos futuros.
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Trabajar desde casa Franco Damian Vargas
Estamos en momento de crisis mundial, en un marco donde se invirtieron los roles y la misma naturaleza nos obligó a recluirnos. Esto provoco que quede en evidencia el daño que le provocamos día a día al planeta. Se aclararon ríos, lagos y mares, el aire de las grandes ciudades se volvieron mas puros, etc. Todo lo sucedido nos llevo a repensar lo mal que hacemos algunas cosas y sobre lo que podríamos hacer para mejorar. Una de las cosas a cuestionarme y que dejo el contexto de la cuarentena en evidencia es el por qué, para ciertos rubros laborales, no se fomenta más el home working (debido a que gracias a la tecnología actual podemos estar completamentes conectados sin necesidad de compartir el mismo espacio físico) , ya que hay ciertas actividades laborales que no necesitan el traslado de las personas hasta el lugar de trabajo todos los días, el fomentar esto ayudaría a disminuir el consumo de nafta y la contaminación de Co2 que todos los días aportamos al ambiente, como asi también se podrían reducir los m2 de edificaciones de estos centros laborales. Otro punto en cuestión que reflexione debido a la vivencia en un edificio, es la falta de espacios de recración y/o esparcimiento al aire, que permitan a los habitantes de dicho conjunto realizar actividades que no puedan desarrollar en sus departamentos y aliviar las sensaciones de encierro que puedan llegar a sentir. Esto significa que desde mi punto de vista, desde ahora se deberían contemplar estos espacios a la hora de comenzar con un proyecto de viviendas en alturas.
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Reflexion en Cuarentena Patricio Villafañe
Son las 8:45 p.m. y estoy saliendo de casa de mi abuela, quien hace unas semanas se quebró el tobillo. Salgo apurado, porque acababan de decretar que a las 10p.m. de ese día no se podría circular mas. Que hago? Que compro? que necesito? Algunas de las muchas preguntas que no supe responder. Los siguientes párrafos de la historia ya los conocen, ir al súper entre tanta gente, preocupado, viendo caras de desesperación, ojos que quieren saltar y pedir auxilio, pero gente que con sus gestos te piden que te alejes, realmente una situación lejos de ser cómoda. Los días siguientes fueron “tranquilos”, “relajados”, entre tanto alboroto, tanta preocupación, estar en casa era un descanso. Ver una que otra serie en netflix, leer algo de su gusto, hacer activididad en casa, intentar entrar en el rubro de la comida casera, ver memes de la situacion. Pasan horas, dias, semanas y el tiempo parece acortarse. El dia nos parece mas corto, cuesta dormir a veces, y empezamos a sentir que nos falta algo. 6 semanas y un par de dias pasaron desde ese ultimo momento que pasamos de planificar una rutina a la que estabamos habituados, a planificar en casa, algo nuevo. Y creo que es este momento de la historia, la de cada uno, es que nos empezamos a dar cuenta cuantas cosas pequeñas, o hasta imperceptibles que son las que de verdad necesitamos. Si me preguntan a mi ? Un abrazo, una sonrisa, un partidito y compartir unos mates es lo que mas extraño. Ven? En ningun momento se nombra la tecnologia, a la cual a veces somos tan dependientes, no digo que esta mal, es mas, en este momento es nuestra amiga y nos ayuda en esta batalla, pero quien no daria cualquier cosa para cruzar esa pantalla y abrazar a quien esta del otro lado ? Este texto lo escribi desde mi casa, mientras mi mama hace unas bombitas de queso y peleo con mi hermana, por cualquier motivo, pero despues dejamos de lado diferencias y compartimos un licuado. Mi viejo ? Mi papa esta en su casa solo, hace 6 semanas, sin poder ver a sus seres amados. Mi abuela ? En su casa tambien, separada de sus nietos. Todos tenemos un amigo/a que esta viviendo solo y en estos momentos debe estar extrañando. La tecnologia nos acerca, pero no nos une como pensabamos. Sabemos que esto pasara, lo que no sabemos es como seguiremos. Puede que sea un punto de cambio, de analizar y ver las cosas desde otra perspectiva, otros valores, otros significados.
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Creo que desde nuestro lugar y nuestra formacion, nos toca intentar conocer que vendra en un futuro no muy distante, estar preparados. Creo tambien en la necesidad del ser humano en estar cambiando. Quien no pinto una habitacion de su casa, o hizo algun tipo de mueble?. Para concluir, me parece que como estudiantes de arquitectura, debemos conocer y analizar lo que de verdad en estos tiempos nos esta haciendo costoso el “habitarâ€?. ExtraĂąar un ser querido, la sensacion de libertad y espacio que nos otorga un parque para jugar, la necesidad de hacer cambios en casa para sentir algo distinto. Me parece que son alguno de los puntos por los cuales podriamos comenzar, de nuevo.
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habitar la cuarentena
Luz y aire de cambio Juan Pablo Vargas
Hoy en día, debido lo que atravesamos como sociedad que nos afecta en mayor o en menor medida, nos vincula debido al cambio de mecánica de la “rutina diaria” que cada uno tenía y que tuvo que adaptarse en consecuencia con el único método de batalla efectivo que tenemos que es la cuarentena. Lo cual a primera vista no tendría que ser un problema el quedarse en tu casa porque es el lugar donde uno se encuentra entre sus cosas y sus comodidades en tu propio espacio, como dice Cerati no hay nada mejor cosa que CASA. Aunque después de unos días uno empieza a percibir esos detalles que quedaban fuera de la percepción cotidiana, que tiene uno del espacio en donde lo recorre 100 veces por día, lo que trae un cambio de cómo vivimos el espacio. Empezamos a hacer funciones que estábamos acostumbrados a realizar en lugares públicos a realizarlas en espacio que no fueron proyectados para esas funciones como hacer ejercicio, trabajar o estudiar, en espacios como en el living, comedor o hasta en el espacio exterior que uno disponga, que en esto últimos tiempos y más aún en época de COVID -19 es tan apreciado hoy en estos días. Esta posibilidad de flexibilidad que genera las nuevas tecnologías con la teleconferencias, el movimiento de información o interrelación entre personas hacen que podamos estar estudiando desde en casa a miles de kilómetros de nuestra institución escolar o seguir trabajando con tus compañeros de trabajo sin la necesidad de perder dinero ni tiempo planteando asi para un futuro inmediato, la posibilidad de que el trabajo en casa sea una realidad tangible que a su vez sería también una decisión mas agradable con medioambiente reduciendo asi el traslado diario de miles de personas hacia sus lugares de trabajo. Lo que hoy en la actualidad esta generando una gran importancia al espacio exterior se debe a que a través de ellos se encuentren una conexión directa con la luz natural lo cual nos vitaliza y nos permite que podamos realizar nuestras tareas. A su vez también la ventilación de los espacios para la oxigenación de los interiores va de la mano con el punto anterior haciendo que tomen más protagonismo la relación que tiene el interior con el exterior como materia prima para realizar espacios saludables para el HABITAR. En conclusión cuantos metros cuadrados desperdiciamos tratando de ocupar la mayor cantidad de metros en un espacio dejando sin vacíos para que ocurran esas interrelaciones entre espacio interior y exterior en donde allí el hombre habita de la manera mas rica y saludable es donde se producen el ingreso de aire y de luz natural la cual que hoy en dia en cuarentena es lo que mas extrañamos y valoramos. También nos hace pensar en los usos futuros que tendremos en los espacios en donde capaz donde comemos es el lugar donde uno pueda trabajar o el espacio de ejercicio es el mismo donde tendremos nuestra huerta vertical.
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Habitar aislados María Virginia Ávila
El aislamiento impactó de diversas maneras a la totalidad de la sociedad; cada uno cambió sus hábitos y rutinas casi por completo, así como tomamos diferentes medidas para disminuir la problemática desde nuestro lugar: como dejar los zapatos que usamos en la calle en la puerta de entrada, y utilizar otros en el interior; o extremar los distintos hábitos de limpieza que llevamos a cabo en el día a día, para protegernos y para proteger al otro. Personalmente, sostengo que en estos tiempos tomamos conciencia de lo importante que es tener un hogar donde pasar estos días bajo un techo, y descansar en una cama. Debemos saber que esta pandemia afecta e impacta de manera desigual en la sociedad, porque para “quedarse en casa”, hay que tener una casa. Creo que está en nosotros el cambiar la perspectiva de las cosas, y alivianar de alguna manera la incertidumbre y preocupación en la que se encuentra el mundo. Qué privilegio tener un patio, donde tomar aire y “salir” del encierro en el que nos encontramos. Como estudiante de arquitectura, defiendo la importancia de contar con aquellos espacios abiertos, que permiten que la vivienda respire, invitando al exterior a unirse a ella. Podemos destacar la importancia de una vivienda digna: vivir rodeados de medidas “mínimas”, justas y pequeñas, también llevan a un habitar insalubre. El habitar, y más en estos tiempos, no sería igual dentro de cuatro paredes ciegas, sin la presencia de espacios verdes, ventanales, balcones, terrazas, patios que se abran al exterior y que nos permitan hacer nuestras actividades al aire libre. Puedo afirmar que hoy, la mayoría de las personas que cuentan con estos espacios, los convirtió también en sus lugares de trabajo o donde realizar sus actividades cotidianas; ya que están en contacto de alguna manera con el exterior, con la vegetación, y con la iluminación y ventilación natural; esto da cuenta de cómo todos necesitamos ambientes de calidad para vivir. Aquí es donde la arquitectura toma importancia, en el proyectar y diseñar enfatizando la amplitud espacial, la inclusión de estos espacios abiertos y la continuidad de los espacios interiores con ellos. Lo que está sucediendo va a cambiar de forma permanente nuestra manera de habitar, en nuestras viviendas y en el mundo. La naturaleza está respirando y “descansando” de la acción del hombre, no debemos estar ajenos a ello, ya que nos lleva a preguntarnos si hasta aquí, nuestras formas de movernos, producir, conectarnos, fueron las más adecuadas.
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S/T
Severo Robles Teran
En medio de la cuarentena, de que gran parte de la población dejó sus distintas actividades de lado, el tiempo disponible invita a reflexionar. Salimos a la ventana y vemos un país apagado, unas calles vacías, un sistema sanitario al borde del colapso, pero una población ansiosa por salir adelante. No importa donde estes, estamos todos en las mismas, compartiendo frustraciones, miedos, entretenimiento y apoyo. Nos encontramos teniendo que cambiar completamente nuestras rutinas, buscar nuevas formas de entretenimiento mientras prescindimos totalmente de cualquier contacto social físico. Estamos acostumbrados a ir al trabajo o ir a clase y ver a gente, a vivir en sociedad, a compartir unas risas cuando te tomas un café o a darle un abrazo a tu amigo cuando le ves por la mañana. Nuestra cultura está basada en la cercanía social, en la reunión y, ciertamente, en el cariño. Es muy importante reflexionar y ser solidario con las otras personas, no por miedo a contagiarte, sino de contagiar a los demás, tomar medidas y precauciones.
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Una Oportunidad Guido Zarlenga
Hace 6 meses hubiese sido muy difícil imaginar, sino imposible, la magnitud que alcanzó esta situación en todo el mundo. Nunca hubiese pensado que la sociedad evite contacto por casi dos meses ya, o aun peor que la economía que la veía como un motor inmutable quede paralizada. El mundo quedó en jaque. El panorama cambió radicalmente y nos obligó a adaptarnos a la situación. En cierto punto, nos descubrimos viviendo con lo justo y esencial, hemos omitido lujos en varias ocasiones y olvidado de lo superfluo. Y considero que, dejando de lado los aspectos negativos relacionados con los acontecimientos, creo que es una gran oportunidad para levantar la cabeza y replantear nuestros modos. Tenemos la oportunidad de abstraernos de ese vivir vertiginoso para realmente enfocarnos en nuestras metas y objetivos. Un desafío para darnos cuenta y entender qué son las cosas que verdaderamente necesitamos y qué podemos dejar de lado. De tal modo que signifique un cambio positivo para mejorar y simplificar nuestro vivir. Y en el nuevo vivir, habrá que estudiar y poner en tela de juicio hacia donde nos dirigimos como diseñadores y hacia donde deberíamos apuntar. Reflexionar que nos deja esta etapa de cambio en cuanto a las maneras de vivir, como ser más eficientes a la hora de trabajar, estudiar, aprender a interactuar socialmente por otros medios de los que estamos habituados, pero más aún, descubrir que tan importante es aburrirse para recrearse y potenciar nuestro lado creativo. Y al sincerarnos encontraremos espacios habitables más simples y funcionales que respondan mejor a las necesidades básicas del hombre. Por otro lado, este suceso histórico traerá no solo evolución y conocimiento en materia de salud – pública, sino que significará un paso positivo sobre relaciones y vínculos interpersonales remotos, mejoras en la comunicación y aprendizaje sobre el uso de las herramientas, pudiendo afectar mucho en el campo de la arquitectura y cómo manejarnos en esta disciplina. Porque el principal medio para diseñar y llevar a cabo una obra es la interacción social, no sólo por toma de decisiones o relación entre los distintos eslabones involucrados en un proyecto, sino porque para realizar arquitectura se necesita fuerza laboral y gente que deba ir al sitio de construcción. De ese modo, es necesario potenciar y sacar máximo provecho a estas herramientas para comunicarnos y relacionarnos de manera más eficiente. Dependerá de nosotros evolucionar de manera positiva, siendo el puntapié para transformar y expandir las maneras en que se ejerce y realiza esta disciplina.
habitar la cuarentena
El vivir de una manera acelerada nos impide tener momentos donde perdemos atenciĂłn por todo lo que nos rodea. El aburrimiento es el padre de la creatividad.
La cuarentena nos permitiĂł ver que interiormente estamos vacĂos, a pesar de vivir e interactuar con la sociedad. Es una oportunidad para enriquecernos por dentro.
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HABITAR LA CUARENTENA