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Shj vi 1 (2016) dossier iniciados

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Iniciados Hechiceras, charlatanes y teúrgos

Miguel López Pérez, "Los charlatanes: el oro potable y otras panaceas" Mar Rey Bueno, "Remedios Varo, la hechicera hechizada"

David de los Santos, "Justinus Kerner y la kleksografía"

Iván Elvira, "La experiencia del más allá en la Antigüedad"

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An autograph with a so­called ‘Klecksographie’ from Justinus Kerner. Wikimedia Commons.

Studia Hermetica Journal (SHJ) and eXcogito (eXc) are registered trademarks © ISSNe: 2174-0399 18198 Granada, Spain studiahermetica.com © 2016, David de los Santos Juanes Muñoz, Mar Rey Bueno, Miguel López Pérez, José Iván Elvira Sánchez. Cover and concept of design: José Iván Elvira Sánchez Imagen de portada y contraportada: François Clouet, Diana de Poitiers, 1571, National Gallery of Art, Washington DC.

Studia Hermetica Journal (SHJ) is a peer-reviewed online journal devoted to the study of Hermetism and other ancient philosophical currents, like Middle Platonism, Neoplatonism, or Theurgy. In general terms, we focus our inquiries on Late Antiquity and the reception of these ancient opuses in Renaissance and Modern Times. In addition, SHJ is opened to the rest of the fields normally involved in the so called Western Esotericism, such as Christian Theosophy, Mysticism, Masonry, Rosicrucianism, as well as History of Alchemy, Astrology, and Magic, or Occultism.


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"LA EXPERIENCIA DEL MÁS ALLÁ", IVÁN ELVIRA

"JUSTINUS KERNER..." DAVID DE LOS SANTOS

"REMEDIOS VARO..." MAR REY

"LOS CHARLATANES...", MIGUEL LÓPEZ

ÍNDICE SHJ VI 1 "INICIADOS" STUDIAHERMETICA.COM


los charlatanes: El oro potable y otras panaceas MIGUEL LÓPEZ PÉREZ Los charlatanes eran vendedores de humo que todo lo curaban con sus maravillosas y curiosas medicinas. Con su producto estrella, el oro potable, o con cualquier otro; y desde la Antigüedad, cuando fueron conocidos como los Agirtae (Λγιρτα), hasta nuestros días, estos estafadores de la salud llegaron a alcanzar su máximo esplendor entre los siglos XVI y XVIII.


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1. ¿Quiénes fueron? Por los pueblos, por las ciudades, entre la alta sociedad o con pobres, famosos con éxito o fracasados, ricos y desdichados, hábiles mercaderes o impostores, en solitario o con ayudantes, en su país o fuera de él. Presumiendo ante los médicos o descubiertos por los pacientes, defendidos incluso por leyes reales o perseguidos hasta acabar con su vida por fracasar ante poderosos. Adorados por las damas u odiados por las víctimas. En Italia, en Francia, en París o en Turquía, su figura fue algo habitual por toda Europa durante más de ciento cincuenta años. Son los charlatanes. Avariciosos alquimistas, repudiados desde las postrimerías de la Edad Media, incluso por los poetas, como Tito Vespasiano Strozzi (Ferrara, 1424 – 1505), hasta el siglo XVIII, como hiciera Johann Burchard Mencke (1675-1732) en su De charlataneria eruditorum declamationes duae.

"Avariciosos alquimistas, repudiados"


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Conocemos a muchos de ellos porque sus fechorías han quedado reflejadas en textos de todo tipo. Pero los motivos del protagonismo que lograron generar y mantener no sólo son específicos de sus actividades, sino que también son externos a ellos. Incluso se podría decir que tuvieron mayor importancia los segundos. En primer lugar porque no fueron un grupo homogéneo, sino que fue surtido, desigual, variado y con sus componentes inconexos las más de las veces. No obstante, se vieron favorecidos y ayudados por un cúmulo de circunstancias que no provocaron. Ellos, los charlatanes, nunca colaboraron a que, por ejemplo, la terra silesíaca (terracota), muy usada como medicina entonces, fuera vista como un ejemplo que verificaba el pensamiento de Paracelso de fines del siglo XVI, ni al auge que tuvo en el comercio terapéutico de esos años. Ni rechazaron técnicas de distribución, de creación de demanda popular, se aprovecharon de las epidemias de peste para vender sus productos, etc. Como contrapartida, los alquimistas también fueron tachados de charlatanes en muchas ocasiones.

2. ¿Qué hacían? En ocasiones lograban una popularidad inaudita y ocasionaban graves conflictos, además de con los profesionales de la salud, con las autoridades, tanto a nivel local como nacional. Vendían sin escrúpulos supuestas medicinas a las que daban carácter de panaceas universales, capaces de curar rápidamente todo tipo de dolencias. Y lo hacían circular por todos los estratos sociales. Pululaban por campos y ciudades, adjudicándose títulos rimbombantes, como “médico-astrólogofilósofo-matemático”, “operador y destilador químico”, alquimistas o espagiristas, o “filósofo-médico-químico”, título que se auto-adjudicara el italiano Fulvio Gherli (1670-1735) de forma tan irónica que lo usó para oponerse a los pseudo-químicos. A la vez blandían en sus manos certificados de sus curaciones extraordinarias. Uno de sus productos estrellas fue, cómo no, el oro potable, un supuesto producto elaborado gracias a la Alquimia y capaz de curar hasta más de cincuenta enfermedades.


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"Muchos testimonios sobre el oro potable y sobre ciertos elixires universales".

Sin embargo, es difícil de aceptar la capacidad intrínseca de los charlatanes para popularizar un medicamento de la forma en que lo hicieron. Es cierto que sus artimañas y ardides pudieron provocar todo esto en un alto porcentaje. Pero para lograrlo era necesario algo más, una base sólida y ajena a ellos, algo que fuera respetado. Y sólo había una cosa así: la voz de las autoridades y la de los testimonios. Afortunadamente para ellos, tenían ambas cosas al alcance de sus manos, y a la de los demás. Muchos testimonios sobre el oro potable y sobre ciertos elixires universales, muchas palabras facultadas emanaron fuera de sus actividades, viniendo de voces de las que era difícil dudar. Esta parte del fenómeno sociológico que supuso la fe en el oro potable durante buena parte de la Edad Moderna no ha sido bien estudiada, toda vez que nunca ha sido puesta en conexión con los charlatanes. Los charlatanes no sólo existieron en la Historia de la Alquimia. Los intrusos de profesiones que no dominaban venían provocando graves problemas en toda Europa central.


3. algunos casos famosos

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François Clouet (1510-1572) fue un pintor de origen flamenco al que tenemos algo que agradecerle. Hijo de otro famoso pintor, Jean, nos dejó obras maestras realizadas en el entorno cortesano galo. Ambos tuvieron una técnica más que excelente, muy depurada. Partiendo de la línea a carboncillo en colores sepia y negro, pasaban al color puro y riguroso. Sus rojos o negros aportaban la fuerza a su especialidad: el retrato. Entre los que realizó para nuestra admiración se encuentra el de Diana de Poitiers, duquesa de Valentinois (1499-1566). Es el famoso retrato donde aparece con el torso desnudo, pero aumentando la personalidad de la modelo. Y su hermosura. La belleza de Diana en la corte francesa era muy famosa, casi legendaria. A los treinta y siete años era la amante del futuro Enrique II de Francia. Su esplendor, su porte y su hermosura eran murmurados más allá de sus círculos habituales, saliendo en forma de habladuría social generalizada. Estas comidillas incluyeron el por qué su belleza se prolongaba en el tiempo. Se atribuía a una pócima llamada oro potable. El mismo señor de Brantòme, Pierre de Brouillard (1539-1614) atribuyó a la virtud de este pseudomedicamento alquímico la conservación de su belleza. Hace pocos años se ha sabido que Diana de Poitiers murió de tanto oro que consumió:

"Yo he visto a la Señora Duquesa de Valentinois a la edad de setenta años con una cara tan bella, fresca y amable como la tenía a los treinta años [...] Y, sobre todo, ella tenía una gran blancura ; y sin presumir nada en absoluto. Pero se dice ciertamente que ella, todas las mañanas, tomaba algunas ampollas compuestas por oro potable y otras drogas. Yo lo sé, como lo saben los buenos médicos y los hábiles boticarios."


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Otro caso curioso es el ocurrido durante la enfermedad y posterior muerte de la Duquesa de Longueville, Ana Genoveva de Borbón (1619-1679). Pierre Thomas, Señor du Fossé (1634-1698), fue un testigo directo de sus últimos días. Una mañana, ya convaleciente la Duquesa, enviaron a su casa a alguien para que Thomas consiguiera una ampolla de oro potable hecho por un tal Cornaro. Pero él desconfiaba del remedio y pensaba que era una simple tintura como las demás, una simple resolución con color de oro, realizada con algún disolvente y que costaba nada menos que cinco luises de oro.

"La fe en el oro potable" La fe en el oro potable que existió durante todo el siglo XVII, y en todos los rincones de la sociedad fue un fenómeno que adquiere rasgos de interés sociológico. Más aún cuando, desde la Historia de la Ciencia y de la Alquimia, sabemos que fue una derivación y una secuela del acercamiento entre la Medicina y la Alquimia. Diríamos que fue una ramificación extrema e inaudita de un proceso iniciado más de un siglo antes, a fines de la Edad Media, al que en su desarrollo se fueron añadiendo elementos que orientaron su recorrido posterior. El crédito depositado en el oro potable durante tantos años, la obsesiva convicción de sus excelentes propiedades terapéuticas es difícil de entender aún conociendo sus causas. Es cierto que la medicina tradicional vio mermada su credibilidad desde que sus remedios se mostraron ineficaces en las epidemias italianas del siglo XV y, ya en el siglo XVI, ensus tratamientos ante el “mal francés” o morbo gallico (nombres dados a la sífilis). También que el auge de la Medicina química, a manos de Paracelso, provocó, mediante la destilación y el uso de metales y minerales, la búsqueda de unas medicinas más eficaces y potentes, válidas incluso para varias enfermedades, cuya popularidad hizo que se consideraran panaceas. Además, la difusión de la “medicina popular”, más tangible y accesible, multiplicó la existencia de secretistas, hombres capaces de inventar y comercializar unos productos, los remedios secretos, con unas altas virtudes sanativas.


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Pero, aún con todo esto, el fenómeno histórico que tiene como centro el oro potable no es comprensible si no atendemos a otros factores de índole distinta. Se vendía en pequeñas ampollas y se adquiría sin grandes complicaciones. Pero era tan sólo uno más de los medicamentos célebres, junto a, por ejemplo, el agua de vida de Alderete, los polvos de Cornachino, los universales de Matías de Beínza, las gotas de Inglaterra, el polvo de simpatía, el polvo de víboras y el polvo de ojos de cangrejo. Hoy día sigue habiendo charlatanes, en forma de empresas o de campañas alimentarias de multinacionales, que vienen a inducirnos con el mismo “arte” a la compra y consumo de productos que no contienen las propiedades que nos dicen. ¿Dónde estarán las bayas de Goji? Y sobre los yogures, ¿por qué no nos dicen que el calcio ya no se asimila a los veintitrés años y nos aseguran que es muy bueno para los mayores? Recordemos que siempre hay personas dispuestas a subirse a cualquier carro. El último: el de la intolerancia al trigo. Y recordemos también, por último, que vender remedios falsos no es otra cosa que una comunicación, donde hay un emisor, sí; pero también debe de haber un receptor.


Remedios varo, la hechicera hechizada MAR REY BUENO "Hay en México dos artistas admirables, dos hechiceras hechizadas..., insensibles a la moral social, a la estética y al precio... atraviesan nuestra ciudad con un aire de indecible y sorpresa distracción. ¿A dónde van? A donde las llaman imaginación y pasión...". Quien así habla es el mexicano Octavio Paz, el Premio Nobel de Literatura Octavio Paz, uno de los escritores más influyentes que ha dado el castellano universal. Y habla de dos mujeres excepcionales, a las que tuvo oportunidad de conocer en profundidad, en su doble condición de artistas y exiliadas en el México de mediados del siglo XX: la británica Leonora Carrington y la española Remedios Varo. Dos mujeres vinculadas, sentimental y profesionalmente hablando, con el movimiento surrealista, el arte de vanguardia nacido en el París de entreguerras, el arte del subconsciente que bebió de las fuentes junguianas y freudianas, alimentándose del esoterismo propio del momento.


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2. remedios y la vanguardia Remedios Varo nació en Anglès (Girona) en 1908, de padre andaluz y madre vasca. Su infancia transcurrió entre España y Marruecos, en función del destino de su padre, ingeniero hidráulico, hasta recabar en Madrid, donde estudió pintura en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Allí conocerá a su primer marido, Gerardo Lizárraga, también pintor, con quien viajará a París, para ser testigo de primera mano en la emergencia de esa nueva expresión artística llamada surrealismo. De regreso a España, se establecerá en Barcelona, donde vivirá el triunfo de la Segunda República, se separará de Gerardo, asistirá al estallido de la Guerra Civil y conocerá al gran amor de su vida, Benjamín Péret, el poeta francés del surrealismo, con el que escapará a Francia, en 1937, dejando atrás una España que, sin saberlo, no iba a pisar nunca jamás. Con Péret, Remedios alcanza el núcleo central del surrealismo parisino, si bien nunca llega a sentirse parte activa de él. Tal y como declarará, años después, desde su exilio mexicano: “si, yo asistía a aquellas reuniones donde se hablaba mucho y se aprendían varias cosas; alguna vez concurrí con obras a sus exposiciones (...) Estuve junto a ellos porque sentía cierta afinidad. Hoy no pertenezco a ningún grupo, pinto lo que se me ocurre y se acabó.”

"...testigo de primera mano en la emergencia de esa nueva expresión artística llamada surrealismo."


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3. el encuentro de las hechiceras Aquel París, burbujeante y efervescente, en el que se daban cita las mentes artísticas más brillantes del momento, tampoco fue el destino final de Remedios. La irrupción del nazismo, el inicio de la Segunda Guerra Mundial y la situación política comprometida tanto de Remedios como de Péret, obligaron a la pareja a buscar la forma de huir, una vez más, del infierno en el que, súbitamente, se transformó Europa. México fue el destino elegido. El país azteca se transformará en refugio definitivo de la pintora española, que se naturalizará mexicana y encontrará la ansiada seguridad para dar salida a su increíble creatividad.

Es en México, en la Colonia Roma del Distrito Federal, donde Remedios se reencuentra con Leonora Carrington, la pintora británica a la que había conocido en París, cuando ambas eran las musas silenciosas (y silenciadas) de destacados prohombres surrealistas. Dos mujeres que han vivido, en carnes propias, el horror de la barbarie que desencadena cualquier conflicto bélico. Dos mujeres que, en la recién reconquistada tranquilidad ofrecida por el país mexicano, dan rienda suelta a su creatividad. Y de qué manera. Unidas por experiencias comunes, identificadas con un mismo estilo artístico, Leonora y Remedios se hicieron inseparables, se influyeron mutuamente, compartieron proyectos, lecturas, experimentos. Dos hechiceras hechizadas.

Dos mujeres fascinadas por el mundo de la magia, el ocultismo, la alquimia, los espíritus, las transmutaciones. Un universo fascinante que no tardará en verse reflejado, respectivamente, en las creaciones pictóricas de ambas.Se inicia, a partir de entonces, la época más productiva, artísticamente hablando, de Remedios Varo. Comienza a pintar sus cuadros más característicos. Cuadros que, a modo de pequeños iconos, de factura exquisita, con un dominio absoluto de la técnica pictórica, representan su universo interior. Un universo repleto de carromatos voladores, alambiques, spiritus mundi, atanores, laberintos, lunas, barcos y agua, mucha agua. Porque el universo pictórico de Remedios es pura alquimia.


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4. cuadernos y recetas Pero Remedios no sólo es pintora. Su imaginación se desborda en sus cuadernos, manuscritos autógrafos llenos de anotaciones, con caligrafía legible y sin apenas enmiendas o tachaduras. Escritos de carácter privado, libres de ataduras, donde se manifiesta la libertad de creación de Remedios. En uno de dichos cuadernos se encuentra una de las manifestaciones más sorprendentes de la personalidad variana. Una suerte de trasunto de la pintora surrealista, bajo la apariencia de Felina Caprino Mandrágora. Madame de Caprino, hechicera erudita que, mientras duerme, se transforma en cabra, retomando su corporeidad humana cuando despierta.

“Madame de Caprino comienza a despertarse por los pies, como de costumbre, y pronto sólo le quedan de su estado nocturno de cabra unos vagos cuernecillos que desaparecen cuando se incorpora y se sienta en el borde del catre bostezando”.


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Madame de Caprino, alter ego de Remedios, esa Remedios fascinada por las recetas mágicas, compuestas de ingredientes milagrosos que, mezclados mediante poderosas formulaciones alquímicas, producen toda suerte de efectos beneficiosos. De la fértil imaginación de la Varo, hechicera contemporánea, surge Felina Caprino Mandrágora, fiel reflejo de tantas y tantas brujas celestinas que, siglo tras siglo, dejarán constancia de su arte a través de toda suerte de recetarios prodigiosos.

Madame de Caprino se nos presenta, a través de la pluma de su creadora, como la fiel traductora de unas “Recetas y Consejos para ahuyentar los sueños inoportunos, el insomnio y los desiertos de arenas movedizas bajo la cama”, obra de Algecífaro ben el Abed, escrita originalmente en árabe y traducida al castellano por Felina. Se trata de un cuaderno de hojas blancas, sujetas por un anillo metálico, escrito con lápiz de grafito, sólo en recto y sin numerar. Un texto prodigioso que hace suyo el recurso cervantino de la traducción de un manuscrito árabe. El Cide Hamete Benengeli de Cervantes se transforma en el Algecífaro Ben el Abed de Varo, un mago árabe, presuponemos, que ofrece remedios eficaces para provocar sueños eróticos o para soñar que se es el Rey de Inglaterra.


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Recetas sencillas que “dan siempre buenos resultados”. Formulaciones magistrales en las que se dan la mano cabezas de ajos, hígados de ternera, gallinas blancas, bigotes postizos o miel, dulce miel. Primer recetario mágico que, tal y como se nos informa, se continuará en una segunda colección, titulada “Consejos discretamente sanos”, donde se reunirán recetas para casos más complicados “como son los de necrofilia, autofagia, tauromaquia, alpinismo y otros.”

Todo parece indicar que, si la muerte no hubiera sorprendido a Remedios, Felina Caprino Mandrágora habría salido a la luz, como hechicera poderosa y fiel traductora de este recetario mágico. Así lo presupone una de las mayores estudiosas de los escritos varianos, la filóloga mexicana Edith Mendoza, para quien “Remedios pretendía editar este libro-objeto que, con su apariencia, simulará haber sido rescatado de la hoguera, el cual tendría como texto principal el recetario e incluiría, al final de éste (al interior de la contraportada) la nota de la biblioteca.”


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Porque, al final del escrito salido de la fértil imagen de Remedios, a modo de epílogo, figura lo que parece ser una nota redactada por la biblioteca en la que estaba depositado el mencionado recetario. Una nota, según se lee, redactada por el “Departamento de conservación y estudio de los libros y documentos que se refieren a los usos y costumbres de los siglos XX y XXI”, donde se esclarece la historia que hay detrás del volumen. Ejemplar que, según parece, “fue robado, pasó por muchas manos, y finalmente el intrépido caballero Igor López Smith, su último posesor, murió en una hoguera de plástico verde (pero como) el libro se encontraba en su bolsillo interno y por estar todavía verde el plástico, no se quemó totalmente”, pudiendo ser recuperado.

"Felina Caprino Mandrágora, fiel reflejo de tantas y tantas brujas celestinas" Sirva la historia de Felina traductora como ejemplo de los muchos y variados conocimientos que tenía Remedios Varo. Conocimientos que entran de lleno en el universo alquímico propio de tiempos pasados, en los que destiladores de quintaesencias compartían espacio con profesores de secretos y alcahuetas especialistas en la elaboración de toda suerte de menjurjes. Un universo que puede rastrearse en sus cuadros, en sus escritos, en su propia existencia, en definitiva. Porque, tal y como decía Octavio Paz, “Remedios no inventa, recuerda.”


Justinus Kerner y la kleksografía DAVID DE LOS SANTOS Justinus Kerner (1786-1862) fue una de esas personalidades entrañables de la Europa del siglo XIX. Hombre inquieto y multifacético, su memoria con el tiempo ha quedado fragmentada y una parte de su legado, desplazado por las nuevas figuras que irían surgiendo a lo largo de los dos últimos siglos. Nació en la Suabia del siglo XVIII, en un contexto propio en el que empezaba a fraguarse el romanticismo más puro.


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1. amanecer romántico Alemania no empezaría su proceso de unidad política hasta 1849, tras el Congreso de Viena y el fracaso en durante la Confederación Germana de realizar la unificación desde una base popular. Sin embargo, décadas anteriores surgiría ya ese primer espíritu romántico, exaltador de la nación, germen del nuevo Volksgeist y defensor de unos ideales que pondrían el foco de interés en la emoción, la lengua, la cultura y la tradición propia de cada región. Su expresión filosófica, casi entendida como filosofía-religión, estaría auspiciada por los sistemas teóricos de Fichte y Schelling y otras figuras clave como Friedrich Schlegel o Novalis. En ese cruce de caminos, ideas y valores, surgiría un especial interés hacia el pasado, un historicismo filosófico con gran interés en la Edad Media, restaurador de pensamientos presocráticos y reformulador de las clásicas nociones del sujeto, del mundo, de Dios y de la naturaleza.

El romanticismo tendría una expresión clara y directa en la pintura, la música y la literatura, pero a diferencia de otros movimientos filosóficos o culturales, tendría su máxima expresión en la poesía, considerada incluso a veces como el único vehículo posible para la transmisión plena de los valores románticos. Figuras clásicas como Schiller y Goethe compartirían pronto espacio con varios de los primeros círculos de poetas románticos. La corriente Sturm und Drang destacaría por su espíritu rebelde, la figura del antihéroe y una visión cósmica autodestructiva. El Círculo de Jena formado alrededor de la figura de Schlegel pronto tendría continuidad en dos escuelas, la escuela de Heidelberg y la escuela suaba. En esta última escuela, nacida en 1815, estarían figuras clave como Schwab, W. Hauff y Justinus Kerner, personaje clave en esta historia. Sus poemas destacarían por ensalzar la naturaleza, por la presencia de fenómenos paranormales y una sentida melancolía.


2. Justinus Kerner

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Evidentemente, destacaría como poeta y literato, pero también pasó a la historia como médico. En la actualidad todavía se conoce como enfermedad de Kerner al botulismo o la infección causada por la toxina botulínica ya que él fue el primer médico que describió sus síntomas y la progresión de la enfermedad. No sólo fue reconocido por su descubrimiento, sino que también pasó a la historia como uno de los médicos románticos de la Europa decimonónica. Difundió antiguos métodos de curación como el magnetismo animal que había sido ampliamente utilizado a lo largo del siglo XVIII y que el propio Mesmer, al que conoció en persona, había exportado a la corte parisina con sus famosas baquet, donde se mezclaba una especie de terapia, la sugestión y el espectáculo. También utilizó aguas curativas, la sugestión hipnótica y fue médico de algunas personas de renombre como el propio Friedrich Hölderlin, que entró en el hospital clínico de Tübingen en un estado de psicosis del que ya no se recuperaría. Kerner se interesaría especialmente por esos casos de locura todavía atribuidos a veces a la posesión diabólica y que el mesmerismo transformaría en personas “sonámbulas”.

"Friederike Hauffe, también conocida como la Vidente de Prévost" Asimismo, realizó algunas investigaciones acerca de la temática paranormal, como la videncia y la premonición. Su investigación más famosa fue la que realizó con Friederike Hauffe, también conocida como la Vidente de Prévost, una mujer extravagante aquejada de diversas dolencias, delirios y síntomas que más tarde serían clasificadas bajo la etiqueta de histeria. Esta joven mujer no sólo cautivaría a Kerner, quien redactaría un libro sobre el caso, sino también despertaría el interés de C.G. Jung y otros médicos como Eschenmayer, doctor en medicina y filosofía, quién llegaría a escribir también sobre sus experiencias sobrenaturales.


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Este interés hacia los fenómenos paranormales y la superstición, tachada por algunos como mero oscurantismo medieval, no era sólo un interés personal sino también profesional. Fueron muchos los médicos y hombres de estudio que se interesaron por estos temas y el ambiente romántico, ofreció un contexto cultural propició para la divulgación de ideas que hoy, bajo el prisma de la ciencia, serían rotundamente irracionales. Sin ir más lejos, comprobamos como la propia ciudad donde vivió, Weinsberg, alberga una extraña historia que tiene como protagonista su emblemático castillo, un emplazamiento que la leyenda y la cultura popular, incluso en la actualidad, ha marcado como lugar encantado.

"...historias de fantasmas y fenómenos paranormales que algunos personajes reconocidos como C. G. Jung o Friedrich Nietzsche llegaron a leer"

En sus textos, Kerner defendería la existencia de un mundo de los espíritus capaz de entrar en contacto con ciertas personas y a lo largo de dos de sus publicaciones, recopilaría todo tipo de historias de fantasmas y fenómenos paranormales que algunos personajes reconocidos como C. G. Jung o Friedrich Nietzsche llegaron a leer, algo que también se perpetuaría a través de sus cuantiosos escritos. Estamos hablando de una época donde el espiritismo estaba en auge, la figura de la médium empezaba a ser frecuente y varias sociedades nacieron bajo el amparo de aquellas circunstancias, tratando de explicar o demostrar unas creencias de las que el propio Kerner sería adepto. Esta aura misteriosa la vemos en sus textos, pero también su propia vida estuvo cargada de un pensamiento mágico. Anécdota de ello es la interpretación que hizo cuando un papel traído por el viento fue a caer sobre su rostro. Se trataba de una receta firmada por el jefe médico del hospital, Uhland, que seguramente el viento se llevaría por la ventana. Tal acontecimiento fue interpretado por el joven Kerner como una señal, encontrando tras este suceso su vocación como médico.


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3. las kleksografías Sin embargo, el elemento que ha identificado a Kerner a lo largo de los últimos siglos y que ha quedado irremediablemente ligado a él, han sido sus famosas manchas de tinta, conocidas como kleksografías. Al contemplar tales obras, el paralelismo entre éstas y las famosas láminas de Rorschach resulta innegable y así se ha comentado en numerosas ocasiones. Lo cierto es que las manchas de tinta fueron un pasatiempo muy conocido en la época y que tanto Kerner como otros autores las conocieron desde pequeños. Encontramos antecedentes en el básico fenómeno de las pareidolias, tanto en los escritos de Leonardo Da Vinci, cuando recomienda las manchas accidentales como método de inspiración y las visiones de Hamlet al contemplar las nubes. Estos trabajos específicos de Kerner, aunque conocidos por sus allegados y compañeros, no fueron oficialmente publicados hasta 1890, años después de su muerte.

Desde entonces y antes de la aparición del Test de Rorschach en 1911, otros autores ya habían utilizado las manchas de tinta como instrumentos en el ámbito psicológico. Posteriormente han seguido realizándose test que parten directamente de las láminas originales de Rorschach y que son englobadas, junto con otras similares, bajo la etiqueta de técnicas proyectivas. Es importante, por tanto, destacar que Rorschach conocía ese juego de manchas desde su infancia y que otros profesionales, antes que él, ya habían hecho uso de sus cualidades proyectivas. Dicho esto, debemos remarcar que cuando nos encontramos con Justinus Kerner y la kleksografía, cuya denominación original, kleksographien, fue acuñada por un conocido del propio autor, utilizando el vocablo alemán Kleks, que significa "mancha", no estamos


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hablando sólo de un tipo especial demanchas de tinta, sino de una técnica que aglutina lasmanchas de tinta y la poesía bajo un contexto y unsignificado muy específico. La kleksografía es portanto una creación pictórico-poética que expresa lainquietud personal de un médico y poeta por elmundo del espiritismo, influenciado por susconocimientos, talentos y por el contacto conpersonas del mundo paranormal como la yamencionada Vidente de Prévost. Las circunstanciasvitales también influyeron sobremanera, las manchasfueron utilizadas especialmente en la etapa final de suvida, cuando empezó a tener pérdida de visión y lasfiguras de tinta se convertían en un instrumento másmanejable que la escritura. Aquejado de cataratas,Kerner tenía dificultades para escribir correctamentey una vez derramó la tinta accidentalmente; esto pudo ser el desencadenante de su último gran método.

El procedimiento inicial era básicamente sencillo, utilizar principalmente tinta, aunque a veces café, sobre un papel doblado y luego lo desplegaba para manchar la otra parte y conseguir una figura simétrica. A simple vista, la técnica era idéntica al juego de las manchas de tinta; no obstante, el objetivo era totalmente diferente. Kerner no veía en las manchas de tinta un mero pasatiempo sino un medio para establecer contacto con el mundo de los espíritus. Guiado por la intuición, Kerner retocaba la mancha con su pluma y conseguía una imagen final que él mismo clasificó en tres categorías, “Heraldos de la muerte”, “Imágenes del Hades” e “Imágenes del Infierno”.

No eran desde luego formas aleatorias, sino figuras retocadas con la propia voluntad y quizá con una intuición surgida del propio inconsciente. Con estos retoques, trataba de darle forma al poema que lo acompañaba, un texto convertido en lo que él llamaba emisarios del inframundo, mensajes del otro mundo que se manifestaban en el nuestro a través de su especial sensibilidad y la energía universal conocida en aquella época como magnetismo. El tono melancólico, la temática de muerte y profecía parecen estar presente en estas últimas poesías. La tristeza patológica, el pensamiento de su futura muerte y la memoria de su esposa fallecida, dotaron su última obra de una esencia romántica e inconfundible.


la experiencia del más allá en la antigüedad IVÁN ELVIRA La visión que del más allá tenían los ciudadanos romanos del extremo oriental del Imperio es a menudo descrita en unos términos que nos recuerdan a las “experiencias cercanas a la muerte” (ECM), de candente actualidad. En este artículo analizaremos algunos de los rituales mágicos y religiosos y los encuentros con “lo misterioso” de principios de nuestra era, centrándonos casi exclusivamente en la provincia de Egipto. Un testimonio de incalculable valor antropológico, literario e histórico semidesconocido, que nos proponemos apenas introducir en las páginas que siguen.


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1. la inmortalidad en un instante Un hombre maduro de piel acartonada y oscura nos mira con ojos vacíos, se diría que nos reta a que le acompañemos a la orilla del río de la que nunca se retorna. El experimentado sacerdote, cuyo nombre no nos revela, posa una cálida mano sobre nuestra frente y sus dedos escurridizos van descendiendo lentamente alrededor de nuestro cuello; mientras sentimos un escalofrío cuya familiaridad nos asombra y anula, sus dedos finalmente se alinean sobre nuestro pecho. El sacerdote cierra sus ojos, desdibujando su semblante en un gesto de infinita serenidad: trata de escudriñar el secreto de nuestra alma, recurriendo a oscuras divinidades cuyo reinado inmemorial invade la tierra negra de Egipto. Nos hallamos en el hipogeo olvidado de Tot y estamos a punto de morir para renacer. Finalmente pronuncia la fórmula:

“Expulsa el aliento aspirando tres veces con todas tus fuerzas, comprobarás cómo te vuelves ligero y atraviesas el espacio hacia lo más alto, de tal modo que te parecerá que moras en el seno mismo del aire. No oirás nada, ni hombre ni animal, pero no verás tampoco ninguna de las cosas mortales de la tierra, sino sólo lo inmortal. Verás además a los dioses mirarte fijamente y lanzarse contra ti, enseguida coloca el índice de la mano derecha sobre tu boca y di: ‘Silencio, silencio. Símbolo del dios viviente imperecedero protégeme, silencio’”. Variante de la “liturgia de Mitra” o la Receta de la inmortalidad (Papiros Mágicos Griegos IV, 475­732).


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No, no hemos muerto y sin embargo hemos habitado la antesala al otro mundo. En el transcurso de la revelación, el sujeto experimenta una ascensión, cuya vivencia psicológica resulta sorprendentemente cercana a esas otras analizadas por Raymond Moody y sus seguidores. La apelación al silencio, tan recurrida por los filósofos herméticos, nos invita a ser precavidos y piadosos. La ausencia de sonido alerta al osado viajero de que ha cruzado la línea que separa los dos mundos, en el preciso instante en que la vana palabrería se desvanece a favor de un atronador silencio habitado por poderosos seres de luz, que le guiarán o impedirán el paso en función de sus méritos y su conocimiento de las leyes de la vida después de la vida. Egipto no fue una provincia más del Imperio Romano, sino un país construido por y para los dioses, un lugar de peregrinación para todos aquellos que anhelaban encontrar la belleza en lo sagrado.

Los individuos que vivieron bajo el dominio de los Ptolomeos o los césares sintieron a Egipto como su tierra natal y anhelaron para sí mismos el inquietante tránsito hacia el más allá que las generaciones nativas del país del Nilo habían experimentado desde tiempo inmemorial, y de ahí el uso generalizado de los llamados Libros de las Respiraciones, los particulares libros de los muertos del periodo romano en los que Anubis y Osiris acompañan al alma-ba del recién fallecido a través del inframundo y su negro sol. El hermetismo filosófico (Extractos de Estobeo, XXV), íntimamente relacionado con esta clase de literatura “fúnebre”, nos relata la suerte de las almas por boca de Isis (la figura materna arquetípica del Mediterráneo): tras su divorcio del cuerpo, estas no se disgregan o desintegran, sino que retornan a la fuente primordial a la que pertenecen, en virtud de su naturaleza. En pocas palabras, retornan al cielo empíreo donde una vez vieron la luz para continuar su andadura en el proceso infinito del tiempo.


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Y en ese dulce o aterrador retorno pensaron todos aquellos que se hicieron enterrar en un salón coronado por los signos del zodiaco, en un poético intento por morar durante toda la eternidad en la cúpula astral, como podemos ver en la Tumba de los Hermanos, en Athribis, o en las Tumbas de Petubastis y de Petosiris, en el Oasis de Dakhla y el-Salamuni, en Ahkmim. Pálidos reflejos del cielo del Templo de Hathor en Dendera.

2. las puertas de la percepción Pero dejemos la remota época de nuestros antepasados para centrarnos en nuestra más cercana realidad, recurriendo a una “experiencia cercana a la muerte” (ECM) típica:

"Tras el impacto perdí la noción del tiempo, del espacio y todo lo demás, incluyendo la propia vida. Sentí que ascendía al espacio y que era absorbido. Floté hacia arriba dentro del espacio, donde todo era blanco y pacífico. (…) Me dejé llevar hacia arriba, aún más profundamente en la blancura y estaba deseoso de continuar. Miré a mi alrededor y todo era maravilloso, calmo, atractivo y acogedor. No había sonido". Near Death Experience Research Foundation.


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Hemos descrito dos experiencias de muerte, la primera, una revelación inducida por un hombre santo; y esta segunda, el producto de una alucinación o de una auténtica transición al más allá, según nos dicte nuestra creencia. Ambas parecen susurrarnos que para experimentar la muerte no es necesario penetrar en el Hades, sino que de algún modo nuestra alma es capaz de liberarse del yugo de la carne en vida, retornando a su hogar inmortal. Así al menos se expresaban los filósofos herméticos:

"Contemplé un espectáculo indefinible: todo se había tornado luz sobrenatural serena y alegre, de la que me enamoré con sólo mirarla” Corpus Hermeticum I, 2. La luz y la conciencia omnicomprensiva parecen brotar de una misma fuente de orden divino: “Se me hace visible todo, no con la mirada de los ojos sino con la energía inteligible a través de las potencias: estoy en el cielo, en la tierra, en el agua, en el aire, estoy en los animales, en las plantas, en el seno materno, antes y después, por todas partes” (Corpus Hermeticum XIII, 3), lo que nos recuerda a la muy recurrida visión de Blake:

"Si las puertas de la percepción fueran purificadas, la realidad toda aparecería ante los hombres tal y como realmente es: infinita."


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Los rostros que presiden las momias de El Fayum nos observan con una familiaridad que incomoda y fascina al mismo tiempo. Los hombres y mujeres que decidieron pasar la eternidad envueltos en tan distinguida sepultura nos arrojan luz sobre la nueva era inaugurada por Alejandro Magno, una era que daba crédito a la individualidad por encima del estereotipo impersonal de las dinastías anteriores. Los dioses parecían preocuparse ahora por los pequeños anhelos de Artemidoro, Diógenes o Eutyches, y no sólo por irreverentes faraones y altos sacerdotes muertos eones atrás, recordándonos que:

3. escenificando la muerte De una manera u otra, el alma de aquel que aspira al conocimiento supremo se torna inmortal y eterna durante la iluminación, luego no nos debería resultar extraño que los más instruidos filósofos platónicos del periodo decidieran homogeneizar las antiguas prácticas de los sacerdotes en una nueva doctrina mágico-religiosa: la teúrgia. “Abrazar el fuego del alma” (Oráculos Caldeos, 122) era la principal función de estos “verdaderos atletas del fuego” (Sobre los misterios egipcios II, 10), es decir, atraer y controlar nuestra dimensión energética oculta con el propósito de rasgar el velo que nos separa de los otros mundos.

“lo verdadero radica en lo profundo” (Oráculos Caldeos, 183) de todos y cada uno de nosotros Los teúrgos, los magos más poderosos de la Antigüedad, ajenos a los rigores del método científico que impregnan nuestra época, se propusieron poner en funcionamiento la maquinaria ígnea del alma sin complejos, escenificando estas experiencias de muerte en el transcurso de complejos rituales mágicos, con el propósito de entrar en contacto con los seres divinos que se hallaban en ese más allá al que la mayoría de los hombres sólo podía acceder tras la descomposición del cuerpo físico. De este modo, los teúrgos se valían de su visión mortal para abrir los ojos del alma, despertando una sutil y oculta propiedad de la fantasía. O en palabras de Jámblico (Sobre los misterios egipcios II, 8):

“Los dioses hacen brillar una luz tan sutil que los ojos del cuerpo no pueden soportarla”.


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¿Es acaso esa misma luz la que afirman haber percibido las miles de personas que han experimentado una “experiencia cercana a la muerte” (ECM)?

Paseamos al alba por las amplias avenidas columnadas de Antioquía y no podemos evitar detenernos ante una solitaria escena: un grupo de seis sacerdotes de Júpiter Casius, ataviados con sencillo vestido de lino blanco, forman un círculo alrededor de la estatua del dios Baal mientras elevan sus brazos al cielo y profieren un rítmico y monótono canto en una lengua bárbara. El más anciano de entre ellos se adelanta y cubre su rostro con ambas manos; seguidamente traza unas formas geométricas en el pavimento, contemplando impasible cómo los ojos del dios comienzan a refulgir en mitad de la oscuridad, despertando de su letargo. El ritual había comenzado.

4. conclusiones La experiencia individual de la muerte se vivió con singular potencia durante los largos siglos que conforman esa realidad socio-histórica que denominamos “Antigüedad”. De hecho, si en algo los especialistas en filosofía antigua están de acuerdo, es en caracterizar a los cuatro primeros siglos de nuestra era como de una efervescencia mística sin precedentes, y un caldo de cultivo óptimo para el florecimiento de las ciencias ocultas, un conjunto de saberes de nuevo orden que irrumpiría con fuerza en una sociedad anhelante de resultados tangibles. Quizás es en este anhelo primario en el que debemos integrar los actuales estudios científicos y pseudocientíficos relacionados con la delgada línea que nos separa de nuestro destino último.


MATERIAL GRÁFICO Artículo de Miguel López Pérez: página 1: “El charlatán sacamuelas” (detalle) (1620-1625), Theodoor Rombouts. Museo del Prado. p. 2: “Il Ciarlatano” (1656), Bernardino Mei. Monte dei Paschi di Siena. p. 2: “El charlatán” (detalle) (1756), Giandomenico Tiepolo. Museo Nacional d’Art de Catalunya. p. 3: “De Piskijker” (detalle) (166365), Jan Steen. Museo de Lakenhal. p. 4: “Charlatan with assistants” (s. XV). Wellcome Library, London. p. 4: “Doctor Humbug, an itinerant medicine vendor selling his wares from a stage with the aid of an assistant” (1799). Wellcome Library, London. p. 5: “Diana de Poitiers como Alegoría de la Paz” (1568-70), atribuido a Giovanni Capassini. Museo Granet. p. 5: “Diana de Poitiers” (ca. 1550), maestro anónimo de la Escuela de Fontainebleau. Kunstmuseum Basel. p. 6: Retrato de Anne-Geneviève de Bourbon-Condé, grabado de Pierre Daret (1652-1660). Fuente: http://www.tracesh.net/pnoms/bourbon-annegenevieve-daret.html p. 6: “Death as an apothecary's assistant making up medicines in a jar for the apothecary attending a female patient who sits by the fireside”, Thomas Rowlandson o alguno de sus seguidores. Wellcome Library, London. p. 7: “Quack doctor D. Tenier del.”, Richard Purcell (1766). The Lewis Walpole Library. URL: http://images.library.yale.edu/walp oleweb/oneitem.asp? imageId=lwlpr02545 p. 7: “An itinerant medicine vendor performing on stage with a snake in an attempt to sell his wares” (detalle), Giuseppe Maria Mitelli. Wellcome Library, London.

SHJ is a free open journal. If you want us to remove your copyrighted material, tell us asap. Artículo de Mar Rey Bueno: p. 8: “El Rey” (detalle) (1958), Remedios Varo. p. 9: “La Llamada” (detalle) (1961), Remedios Varo. p. 10: “The House Opposite” (ca. 1945), Leonora Carrington, Artists Rights Society (ARS), New York. p. 11: “Recetas y consejos para ahuyentar los sueños inoportunos, el insomnio y los desiertos de arenas movedizas bajo la cama” (ca. 1959), Remedios Varo. p. 11: “La tejedora de Verona” (detalle) (1956), Remedios Varo. p. 12: “Encuentro” (1959), Remedios Varo. p. 12: “Bruja que va al Sabath” (1957), Remedios Varo. p. 13: Remedios Varo en 1958, por Kati Horna. Fotografía tomada del catálogo razonado publicado por Era. p. 13: “El flautista” (1955), Remedios Varo. p. 14: “Nacer de nuevo” (1960), Remedios Varo. p. 14: “Fenómeno de ingravidez” (1963), Remedios Varo.

Artículo de David de los Santos: p. 15: “The Voyage of Life: Manhood” (detalle) (1842), Thomas Cole. National Gallery of Art. p. 16: “The storm in the north sea” (1868), Ivan Konstantinovich Aivazovsky. Aivazovsky National Art Gallery. p. 16. Kleksografía extraída de Kleksographien (1890), p. 12, Justinus Kerner. p. 17: Kleksografía extraída de Kleksographien (1890), p. 44, Justinus Kerner. p. 17: “Scène de Déluge” (detalle) (1815-16), Théodore Géricault, Museo del Louvre, París. p. 18: “Tower. Shipwreck” (detalle) (1847), Ivan Konstantinovich Aivazovsky. Aivazovsky National Art Gallery. p. 18: Kleksografía extraída de Kleksographien (1890), p. 7, Justinus Kerner. p. 19: Kleksografía extraída de Kleksographien (1890), p. 32, Justinus Kerner. p. 19: “Satan summoning his legions” (1797), Thomas Lawrence. The Royal Academy of Arts, London. p. 20: “Greifswald in Moonlight” (detalle) (1817), Caspar David Friedrich. Nasjonalmuseet, Oslo. p. 20: Kleksografía extraída de Kleksographien (1890), p. 28, Justinus Kerner.

Artículo de Iván Elvira: p. 21: “The Questioner of the Sphinx” (detalle) (1863). Elihu Vedder. Museum of Fine Arts, Boston. p. 22: Retrato de una momia de El Fayum, probablemente un sacerdote. (ca. 140–60 d. C.). Wikimedia Commons. British Museum, London. p. 22: Coptic codex with magical spells (ss. V-VI d. C.). Wikimedia Commons. Museo Archeologico, Milán. p. 23: Fragmento del Joseph Smith Papyri (s. II d. C.). Wikimedia Commons. p. 24: “A skylight in the roof of one of the chapels on the roof of the Hathor Temple at Dendera.” The reliefs decorating the walls of the skylight show Osiris on his funerary bier, Kyera Giannini (2009). Institute for the Study of the Ancient World. p. 24: “A painting on a funeral cloth from Saqqara Egypt” (detalle) (ca. 180 d. C.). Aegyptisches Museum, Staatliche Museen zu Berlin. p. 25: “Shroud with Portrait of the Deceased from the Egyptian Roman Period” (detalle). Barney Burstein. p. 25: “Catacombs of Kom ElShoqafa”, Alejandría. p. 26: Roman-Egyptian mummy portrait. Glyptoteket, Denmark. p. 27: Dendera Hathor Temple complex. Csorfoly Daniel. Wikimedia Commons. p. 27: High Clerk in the Cult of Serapis (ca. 230-240). Wikimedia Commons.


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