CrĂłnicas de la crisis Relatos breves sobre la guerra cotidiana por la supervivencia en Venezuela
JosĂŠ Gregorio Blanco
José Gregorio Blanco
Candelo, el policía maluco Lo he visto muchas veces, en varios sitios de Valencia, sobre todo en los semáforos de la avenida Lara. Confieso que nunca me fijé en él, en el ser humano, en la persona: Y cómo hacerlo, si lo que llama la atención es la Burriquita sobre la que, apenas llegada la luz roja, comienza a bailar siempre calculando el tiempo necesario para pasar la “raqueta” correspondiente que le permita recoger los realitos que los conductores y algún transeúnte de buen corazón aportan por su espectáculo. Un día supe que se llamaba Henry, que es del estado Táchira y para reafirmarlo cuando se lo pregunté, me mostró su cédula de identidad. ¿Qué como coincidimos? Pues andaba yo por los lados de la Av. Lara cruce con Uslar, en San Blas, buscando donde comprar unas sardinas para prepararme un Ceviche, que en estos tiempos es la forma más barata y saludable de comer pescado. Por ahí me agarró el chaparrón de agua coletazo del Huracán “Irma” que duró unos días haciendo estragos por el Caribe. Ahí, en un techito a la vera del semáforo me guarecí de la lluvia y, en medio del surreal entorno urbano, reparé en él. Flaco, pelo largo, ni viejo ni joven, con ese aire de “artista” que tienen algunos seres de “Los agentes me revisan bien para que no me guarde nada. Y dice que si se entera que le hago trampa me va a llevar preso”. este planeta. A su lado, un letrero garabateado sobre una cartulina decía más o menos esto: “Colaboren conmigo, por favor. Necesito dinero para rescatar mi Burriquita y poder brindarles mi espectáculo. Con lo que les diga su corazón” El letrero llamó mi atención y yo, que lo que soy es un curioso, me acerqué a Henry, a conocerlo, a preguntarle, a conocer su historia. “Pues mire, amigo, yo soy el que baila la burriquita en el semáforo. De eso vivo. Pero hace unos días Candelo, el policía, pasó y me la quitó. Y me está pidiendo 50 mil bolívares para devolvérmela. Pero mire que la cosa esta dura y no los he podido reunir.
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Crónicas de la crisis
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José Gregorio Blanco
Por eso le estoy pidiendo ayuda a la gente, para rescatar mi Burriquita que me la tienen secuestrada”. “Candelo es oficial de la policía Municipal de Valencia y es el jefe de la zona. El pasa todos los días y le tengo que pagar para poder seguir bailando en el semáforo”. “El no me cobra tarifa fija. El llega con dos motorizados mas, se estaciona a un lado de la avenida y me manda a buscar. Y los otros agentes me quitan lo que haya hecho hasta ese momento. Me dice, cuando se va, que ahora si puedo hacer lo mío”. “Candelo es el jefe de la zona. Y dice que aquí todo el que quiera trabajar, pedir o robar le tiene que dar su parte: buhoneros, charleros, rateros, carteristas y hasta las putas le pagan. Y me dijo que aunque yo me hubiera inventando eso de bailar una burra igual tenía que pagarle”. “Candelo no sabe de arte, mi amigo. ¡Qué va a saber ese bicho malo! El cree que yo soy un mendigo y no se da cuenta que soy un artista”. “El siempre trae la ropa a la tintorería de la esquina. ¡Por que hasta se la da de rico! Cuando llega me manda a buscar y me quita todo. Y siempre me reclama porque es muy poquito” “Esta semana no ha pasado. Me dijeron que lo habían metido preso por corrupto. Pero dígame algo: ¿Y ahora a quien le reclamo mi burriquita?” “Lo bueno de que a Candelo lo botaron de la policía es que ahora puedo trabajar tranquilo. ¡Digo yo!”. “Una vez Candelo vino a sacar una ropa de la tintorería y me mando a buscar para quitarme los reales. Pero como yo no había hecho nada me empujó y me dio una patada. ¿Y sabe lo que me gritó? Anda a trabajar, chico y consígueme lo mío. Yo necesito mis reales. ¿O es que no sabes que yo tengo dos mujeres que mantener? Todas estas fueron respuestas dadas por Henry en medio de nuestra conversación. Respuestas que me dejaron atónito ante la condición humana de quien se supone un funcionario público. Y dando el beneficio de la duda a Candelo, me puse a investigar… y sí. Candelo existe, era funcionario de la Policía Municipal de Valencia, fue destituido y puesto a la orden de los tribunales donde le dieron libertad plena a pesar de las múltiples irregularidades y delitos de los que se le acusó. Yo leí el expediente de la causa y lo que sí puedo afirmar es que allí no aparece lo del secuestro de la burriquita de Henry. Secuestro y desaparición forzada, porque el mismo Henry me dijo, días después, que no la pudo recuperar. Aunque lo vi, muy feliz, bailando su nueva y desvencijada burriquita entre el trafico y la llovizna valenciana. 5