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UNA ACLARACIÓN NECESARIA Esta es una publicación de aficionados, sin intención de lucro ni violación a la propiedad intelectual. Los autores de los contenidos del presente número retienen sus derechos de autoría -salvo cesión expresa- sin perjuicio de la publicación . Agujero Negro número 3 es una publicación de grupo QUINX. Editor: Isaac Robles Blog: http://agujeronegro2012.wordpress.com Contribuciones y comentarios: agujeronegro2012@outlook.com


La Aventura Continúa... Este tercer número que presento ante ustedes, ha sido, como los dos anteriores y más aun, un reto considerable. Y es que si bien la creatividad, como los autores de los textos de este ejemplar demuestran, siempre existen restricciones estructurales a tomar en cuenta, siendo la mayor de ellas el tiempo. Habiendo superado estas dificultades, esperamos que los textos sean de su agrado y, como ya es sabido, sus colaboraciones y comentarios serán más que bienvenidos.

El Editor.

CONTENIDO Cine

Poesía

Macross Frontier: Sayonara no Tsubasa

Mundo Lejano

Por Isaac Robles

04 Por Fabiola Terrazas

Narrativa

Artículo

“Big Data” y Complejidad ¿El camino a la Psicohistoria?

05 Por Isaac Robles

35

Coto de Caza

Por Philip K. Dick

26

Narrativa

Reseña

El Nuevo Aleph

El otro Engendro

08 Por Richard Alejos

Por Yelinna Pulliti

Reseña

22

Narrativa

Fuera de Lugar

09 Por Alexis Iparráguirre

Un futuro Posible

Por Carlos Saldivar

20

Narrativa

Arte Fantástico Galería

Mi Casa en el árbol

11 Darin K

Por Adriana Alarco

Narrativa Selección Breve 2

Varios Autores

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MUNDO LEJANO Poesía Por Fabiola Terrazas Visitaré un mundo donde las estrellas están en el subsuelo y donde el sol es celeste y no se esconde el horizonte. Viajaré a un mundo donde la luna es verde y cuadrada como mis ojos cuando la vean Caminaré por esa superficie de niebla amarilla donde nada es firme y los sonidos se sienten como aire en remolino. Me miraré y veré que ya no tengo manos, ni pies. Seré solo una esencia, sin gravedad que será leve, pero conservará toda la existencia de un mundo. Al partir a ese mundo me iré sin despedida ni ceremonia. Expectante, cuando sea el día o el siglo. Cuando palpite en cada mente el corazón de una sola entidad.

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“BIG DATA” Y COMPLEJIDAD ¿El Camino a la Psicohistoria?

U

na de las preocupaciones más manifiestas del maestro Asimov en su saga de la Fundación era la aplicación de modelos (esto es, algoritmos que nos permiten interpretar y proyectar el comportamiento de un sistema en función de los datos históricos existentes más un cierto grado de tendencias o incertidumbres que pudieran introducirse) al desarrollo histórico-social podría, en las manos correctas, reducir el riesgo de extinción de la humanidad como especie y, al mismo tiempo, hacer más llevaderas las transiciones de fase entre eras o civilizaciones, dado el carácter hasta traumático de dichas transformaciones, que, de la mano del insigne Hari Seldon, llamaría «Psicohistoria». Tal como la concibió Asimov, la «Psicohistoria» podría describirse como la ciencia que se ocupa de la predicción histórica en función del estudio de las condiciones de las personas y la civilizaciones, con el propósito implícito de optimizar la evolución histórica y preservar en la medida de lo posible las riquezas culturales de las civilizaciones y para su implementación en los hechos, dos grupos humanos que actúan de manera aparentemente independiente: La Fundación de Terminus, como naciente imperio comercial y la Segunda Fundación de Trantor, de una finalidad esencialmente política, mediante la aplicación sutil de capacidades mentales superiores (Telepatía) inducir a los actores a mantener la trayectoria determinada por los cálculos de Seldon, que se reflejan en la computadora llamada «primer radiante» que expresa proyectando sobre todo el volumen circundante las complejas ecuaciones (¿Matemáticas? ¿Estadísticas?) que sostienen la ciencia psicohistórica y su propósito último. Ahora, retrotrayéndonos veinte mil años atrás, al presente... las ideas de Asimov han servido de inspiración y como referencia para algunas

Por Isaac Robles

PSICOHISTÓRICO. Isaac Asimov investigaciones que están produciendo resultados que nos llevan hacia una nueva configuración del mundo y que podrían aproximarse hacia el futuro avizorado por el Maestro. Robots y Autoritarismo Recordando un poco el universo asimoviano, en particular los libros que expanden el universo de la "Fundación" vemos que el proyecto psicohistórico es en realidad la tapadera de un proyecto mucho, ideado por los robots para convertir la galaxia en un sólo organismo de conocimiento, convenciendo al humano Golan Trevize de acoger el proyecto

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mediante una exposición previa de los diversos errores de la sociedad humana en su expansión por el cosmos, incluyendo el radiactivo páramo en el que se convirtió el planeta madre, consta decir además que, políticamente hablando, Asimov nunca menciona algún otro sistema o propuesta de gobierno que no sea el Imperio (llámese como

de tal suerte que en buena parte, todo nuestro aprendizaje de comprensión sobre el mundo se relaciona con la forma en la que absorbemos, interpretamos y ejecutamos esos modelos. Y esta guisa, hay algunos detalles a considerar: 1. ¿Qué tan certeros son los modelos construidos para describir el comportamiento del sistema en cuestión? ¿En qué nivel se puede describir más óptimamente los resultados de este?

2. ¿Cuán "fértil" es el modelo? esto es, ¿con se llame) y la poca o nula creencia en los sistemas qué facilidad se puede transportar y aplicar a democráticos, los Robots (o el infame R. Daneel otros modelos mediante analogía o Olivaw), con su famosa "ley cero" se erigen en aproximación? ángeles vigilantes sobre la humanidad, aunque enarbolando el siempre controvertido concepto de Servir al hombre, que admite demasiadas interpretaciones para ser tomado realmente en cuenta. El "límite de predictibilidad" y los modelos Para que la psicohistoria funcione, debe ser capaz de interpretar la información histórica existente y emergente, valorarla y a partir de esto, obtener información relevante para, ajustando ciertas variables (mediante acciones individuales) orientar la tendencia de desarrollo hacia el escenario (o futurable, de acuerdo a la escuela francesa de prospectiva) que se consideraba óptimo.

3.¿Puede considerarse la totalidad de fenómenos dentro del sistema en el modelo? ¿Bajo que condiciones este funciona?

La ambición asimoviana se encamina a responder estas tres preguntas y subsumir dentro de un enfoque totalizador (la psicohistoria) el conjunto de estos modelos, Veamos... ¿qué tan cerca estamos del propósito de tal suerte que los resultados globales Y en esto, nos asimoviano? Al parecer, bastante cerca. Aunque no históricos emerjan. encontramos con un letal enemigo a vencer: necesariamente por las mejores razones. el caos. Siempre ha sido del interés de los gobiernos de las naciones, en particular las más desarrolladas, el desarrollar métodos para anticipar las posibles turbulencias futuras y desarrollar acciones de contingencia en defensa de los intereses domésticos. Aunque, en ese sentido, hemos ido de agoreros, astrólogos y adivinos de diferente cuño a sofisticados modelos matemáticos y estadísticos,

Y no, no estamos hablando del desorden indiscriminado (que es estadísticamente tratable) ni de la ausencia de reglas, sino de la considerable dependencia de los sistemas a las condiciones iniciales donde se estudia el fenómeno, esto debido a las complejas interrelaciones entre los elementos. Estas


interrelaciones forman estructuras y reacciones imprevisibles en al superficie y nos estrellan contra la realidad de lo impredecible... porque nuestros modelos, por sofisticados que sean, siempre dejan algo fuera o asumen el letal supuesto ceteris paribus. Muy poca gente pudo prever la primavera árabe. revelar patrones macro que indiquen, con suficiente antelación la trayectoria que toman las transformaciones sociales. Esto es el campo del "Big Data" y donde, como nos mostró el gran Cory Doctorwow en Pequeño Hermano, rastrear a los posibles disidentes usando simples cambios en las acciones promedio no resulta difícil. Esto encierra una de las paradojas de la llamada "guerra contra el terrorismo" dado que, en un intento de defender las libertades que son amenazadas por las acciones de los terroristas, se considera a cualquier persona como Hacia dónde vamos sospechoso de estas acciones y se la vigila En la medida que los modelos se refinan, la "por si acaso" pero esto, en cierto modo, capacidad de hacer previsiones se hace más y configura la antítesis misma de lo que se más robusta y en parte, esto se debe a nosotros pretende defender. mismos. Por tanto, dos posibles escenarios de futuro Pues si, o ¿para qué creen que sirven las redes se configuran: uno, caracterizado por una creciente dicotomía entre libertad y control y sociales? donde es muy probable que la primera se imponga, con consecuencias imprevisibles o En cierto modo, con tanta información personal un segundo, donde la apariencia de libertad siendo colocada diariamente en línea, la prima y en medio de infinitas distracciones, capacidad de rastrear nuestros patrones de los poderes que son siguen haciendo de las comportamiento y convertirlos en una Gigántesca suyas, resulta una ironía extraña que las Base de Datos en crecimiento que, bien tratada (y mismas tecnologías que nos pueden dar la he aquí un novel campo de investigación) puede psicohistoria terminen por convertirse en herramientas de nuestra esclavización, hay que estar prevenidos. Pese a esto, usando técnicas estadísticas muy complejas y otros métodos basados en la teoría de juegos, estudiosos como el Dr. Bruce Bueno de Mesquita, de la Universidad de Nueva York, han aproximado con bastante precisión algunos resultados de sucesos políticos y sociales, aplicándose a temas que van desde el Programa Nuclear Iraní a los problemas del cambio climático aunque sus estudios y resultados (al no ser completamente públicos en sus procedimientos) son aún materia de controversia.


ELOTRO ENGENDRO Reseña de la Obra de Carlos Saldivar

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o sería fatigoso constatar en lo que Por Richard Alejos Saldívar ha llegado a convertirse: ser un escritor rotundo de lo perverso. Estrictamente, no explora lo terrorífico o lo extraño, sino es de aquellos que nos sumergen en la esencia de la perversidad pura. Las criaturas que nos acechan —deliciosamente malignas— en sus relatos, nos aseguran, a la vez, grandes cuotas intolerables de repulsión y sobresalto. Sus cuentos nos dejan esa incómoda sensación de haber atisbado algo pavoroso y abominable. Esta sensación es mucho más intensa y brutal cuando se remata con esa irreverente, e infaltable, cuota de humor negro. Algo que el autor parece prodigarnos con retorcido placer. Sin ello, no habría otra explicación para comentar El otro engendro, este corto texto que hoy nos ocupa: Astutamente, el autor en él apela al recurso de la intertextualidad y acierta con largueza cuando le rinde homenaje a Frankenstein, la gran novela de Mary W. Shelley. Sin duda, no hay mejor obra para indagar en el origen y madurez de este género (o especie, o sobrio, logrado. Y a este respecto, recordemos subgénero) literario. la noble ascendencia de este recurso y aún su plena vigencia. Desde la novela decimonónica Justamente Saldívar aprovecha este detalle f r a n c e s a , y s e ñ a l a d a m e n t e e n e l para construir un personaje tenebroso, un Romanticismo, hasta la de más extensa fama: impensado agente del mal quien contamina, la Saga de Chutlhu que, con los años, fue adiestra y pervierte el espíritu aún semivacío del enriquecido por otros autores ajenos a monstruo; desvía y deforma la simple curiosidad Lovecraft. Asimismo, lo encontramos en el de este, en acendrado rencor; modela, incentiva ciclo artúrico y el cantar de gesta, y que se e intensifica, cizañoso y pérfido, la anormal extiende hasta la actual Fantasía Medieval (o conciencia de la infeliz criatura. Finalmente su Fantasía Épica), y mejor paramos de esencia malvada aflora como un volcán, y ya enumerar. sabemos los lectores de Shelley cuáles serán las c o n s e c u e n c i a s p a r a e l d o c t o r Vi c t o r Por último ¿Qué son las obras clásicas Frankenstein. griegas, épica y tragedia, sino bellos diálogos intertextuales —e intratextuales— con sus No anoto las resonancias y simbolismos de los numerosos mitos que les sirven de fuente? Y, temas que en sí se nos antojan infinitos: el mal, si pecásemos de maximalistas, tendríamos a la consciencia, el “buen salvaje”, el doble, la novela histórica, que es un afluente más del civilización contra naturaleza, complejo de desmesurado metarrelato que es la Historia. Edipo, relación sexualidad y maldad, entre otros por el estilo. Más bien, destaco el juego intraliterario,


FUERA DE LUGAR Reseña de la antología de Pablo Brescia

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l libro de cuentos Fuera de lugar del argentino Pablo Brescia, afín con muchos motivos de la narrativa fantástica de su país, define unidades de sentido a partir de las dos partes en que se divide: “Lugar” y “Fuera”. La primera alude a los Estados Unidos, y las proximidades de su mundo letrado, incrustado en los campiranos suburbios de una país altamente civilizado. Son cuentos sobre lectores, escritores, poetas, en fin hombres de letras, entre la madurez y la vejez en los trances existenciales que eventualmente abren paso al delirio. La segunda refiere a escenarios diversos (Argentina, México, España) en los que el mundo letrado desaparece de los tópicos y más bien son los materiales de la genealogía fantástica sudamericana los que entran en juego como vectores notables en los conflictos de los distintos personajes. Aquí los protagonistas son más variados: un niño, una niña, un guardián de faros, una mujer con operaciones estéticas. Ambas secciones comparten como sustrato que las unifica la perspectiva de una mirada parcial, limitada a las posibilidades cognitivas coyunturales de sus protagonistas, que facilita el crecimiento de zonas opacas, intransitivas, presuntos puntos de origen de los acontecimientos exóticos que recorren los escenarios más bien apacibles de las zonas luminosas. En el ámbito de la teoría del cuento de Ricardo Piglia, presenciamos en cada cuento de Brescia las dos historias que entraña el modelo: la historia aparente y, la más importante, secreta, la que da forma desde el subsuelo a la aparente, pero que puede dejar su sitio en las sombras para completar el sentido de una historia que solo es la mitad de sí misma. Pero en los cuentos de Brescia esa encuentro entre dos caras de una misma moneda no se produce, aunque ambos queden perfectamente delineados, con lo cual presenciamos

Por Alexis Iparráguirre

superficies sin causas aparentes. Ello es un mérito, porque la carencia de motivación racional es la que crea los efectos de mejor extrañamiento en el libro. A mi entender, la sección “Lugar” encuentra su síntesis y mejor caracterización en el cuento “Frank Kermode”. Se trata de ubicar al legendario ensayista literario y crítico ya anciano, en la cocina de su casa, víctima de un despertar desconcertante por el deterioro de los años, en la proximidad de las cajas de sus libros embalados para una mudanza. El personaje de “Lugar”, como el Frank de este cuento, tiene una relación fetichista con los libros o la literatura, suerte de laso fatal, que al mismo tiempo actualiza el mito del hombre de letras como indisolublemente ligado a su oficio (una variante del mito del poeta, condenado a cantar sus poemas). El sitio de esta vinculación analógica con el texto literario o su aura es el suburbio norteamericano en una suerte de consolidación técnica del espaciotiempo del intelectual latinoamericano en la vida domestica norteamericana, esta vez


modulada por las señales que, en su desasosiego, le ofrece la literatura. Brescia consigue con especial soltura modular la historia aparente y la secreta de estos cuentos desde el contraste de voces narrativas, la superposición de interpretaciones de los hechos con preeminencia de la lectura literaria de la vida y el escamoteo de datos que prefiguran el horizonte de la historia subterránea. En la sección “Fuera”, en cambio las apariciones de diversos verosímiles genéricos y espacios geográficos redefinen al funcionalidad de las técnicas que permiten interactuar a la historia secreta y a la aparente. En “Mire, por favor”, el monólogo de una mujer modificada físicamente por su amante consigue en la reiteración, en apariencia inofensiva, de la interpelación a mirar la alegoría de un modo de vida que rinde culto a la imagen personal. “Tristezas de aeropuerto” utiliza dos voces, una en primera persona y femenina, otra en tercera persona, focalizada en una contraparte masculina, que dan cuenta de un relación plagada de encuentros y desencuentros entre una mujer argentina y un hombre establecido en los Estado Unidos. La obsesión de ella es insoportable. Las voces se alternan en secuencias paralelas que permiten saltos en el tiempo y la cuidadosa administración del dato oculto. “El hombre sándwich” refiere el inexplicable y breve secuestro de un niño por parte de un hombre que porta avisos de madera sobre su cuerpo. Contado desde la mirada del pequeño, dejado al cuidado de un dependiente de cafetería, la opacidad de los hechos es producto de la pericia en la administración de la mirada infantil, cuyas limitaciones perfilan el reverso de la historia, el ámbito de lo no representado, que este no puede sino capturar como señales dispersas a disposición del lector. “Los acantilados de Tojimbo” expone la mejor conjugación de pericia técnica y vigor visionario de Fuera de lugar. Se relata la aparente maldición que pesa sobre los guardianes de un faro en el Japón cuyos acantilados frecuentan por igual suicidas y sus fantasmas. El recurso a las criaturas sobre naturales permanece en una inquietante ambigüedad puesto que pueden entenderse como figuras de miradas hipersensibles frente a la melancolía del paraje, a la evidente depresión que

parece contaminar a los guardianes solitarios, o a una manera de comprender el recuerdo de los muertos afín con las variables culturales japonesas. Como fuese, ello se concentra en un lánguido policial sin detectives, donde las preguntas sobre las motivaciones de los suicidad permanecen en permanentes vísperas de explicación. En “Los acantilados de Tojimbo”, el narrador enuncia sobre uno de los personajes una de las claves poéticas del libro: “se dio cuenta que en su vida habría pocos nuncas o porqués”. Fuera de lugar construye, sobre una prosa sosegada, un vigoroso aparato técnico para constituir con naturalidad las consecuencias menos imaginadas sin brindar jamás explicaciones, solo pistas desperdigadas al tenor de un desosiego en sordina que tampoco se busca aclarar. Los personajes de Brescia pertenecen, a su modo, a ese linaje de personajes de psicología y propósitos intransitivos que en la narrativa de Roberto Bolaño alcanzan una singular apoteosis. Pero en Fuera de lugar su trazo al servicio conjeturar un evento imposible o sobrenatural del altas posibilidades, diseñado bajo el conjuro de una historia secreta, consigue una muestra de original práctica artística. La singularidad de Brescia en el medio literario al que pertenece por nacionalidad también es digna de destacarse. En la Argentina, un medio en el que la obsesión por inventar procedimientos creativos que conciten la atención sobre el carácter de artificio del relato parecía hegemónico, el autor se complace, por contrario, en afirmar, sobre el efecto estético de su arsenal de materiales y formas, el valor de la peripecia como eje vital del relato en un ámbito cosmopolita. Fuera de lugar es de lectura imprescindible para conocer nuevos derroteros del género fantástico en la actualidad.


THANATOS GATE


EL ARTE DE DARIN K Galería de Imágenes Fantásticas

Darin K

es un artista digital que se desempeña como fotografo paisajista e ilustrador, siendo su especialidad los paisajes de Ciencia Ficción, así, en su arte (realizado como una composición entre fotografía e ilustración digital) vemos claramente diseños muy realistas de paisajes que sólo podríamos llamar de Ciencia Ficción. Aquí unas muestras de su trabajo.

THE MONOLITHS

Recursos en Línea: Sitio Web del Autor: http://darink.deviantart.com

Otros recursos: http://scifi-art.com/


GAMMA CEPHEI.


GLIESE 581D. Recreación de un mundo lejano.

LA VERDAD CÓSMICA. Recreación de un mundo lejano.


WHISPERS OF THE SPECTRUM


SELECCIÓN BREVE Varios Autores Nuestra segunda selección es,a diferencia de su antecesora, más cercana a la fantasía, aun así, los relatos brillan con su propia y Por: siempre inquietante luz. Disfrutad.

Adriana Alarco Germán Atoche Óscar Gallegos Enidsa Novoa Haro LA CITA por Adriana Alarco de Zadra Esperé por horas y horas, mi paciencia se acababa. No podía soportar que pasaran los minutos uno detrás de otro, sin saber de él. Me había jurado amor eterno, me ofreció todo lo que tenía; me hizo vislumbrar una vida sin penurias, colmada de pasión y de hermosura junto a él y yo lo espero aún… tic tac, tic tac… El alma se escapa del cuerpo en torbellinos. Se va acercando el ocaso con su cielo de nubes rojas y esperanzas en el aire. La tormenta se aleja en el horizonte y luego la calma apacigua mi espíritu inquieto. ¿Pero, por qué no está conmigo? Cuando por fin él llegó a la cita, encontró solamente una estatua de hielo que se derretía poco a poco, en medio de una fuente húmeda de lágrimas. TUNEL EMOCIONAL por Enidsa Novoa Haro Llegó a la Estación Número 5, se colocó el casco de seguridad reglamentario y continuó el camino hacia el cumplimiento de su plan. Era el 3 de abril del año 2540. Solo quería terminar con esa incertidumbre (era de las pocas personas que quedaban que aún guardaba los sentimientos —miedos y frustraciones—, la sociedad se había encargado de anular toda emoción). Entró a su cuarto, era un cubículo. Estaba ahí su pequeño gato robot, lucía como un minino real y podía percibir ciertas energías. Al menos le acompañaba. Todo en su pequeño cuarto era blanco, así sus pensamientos escapaban o se distraían. Le gustaba la calma y lo que ella podía ocasionar en el caos de su mente. "Hubo alguien que me dejó esta sensación, estas ganas de ir hacia la totalidad sin saber cómo". Recordó el instante en que una parte de sí se volvió más humana. Miró por la ventana, como buscando respuestas. La vida le daba la espalda, pero él se vengaba de todo eso. Lo hacía guardando ese tesoro que se iba extinguiendo a su alrededor: las sensaciones que lo hacían sentir vivo, la risa, el llanto, la adrenalina y el terror. Ahora a sacar nuevamente la máscara para mantener con un escudo, cubierta, su esencia.


LA ESPERA por Germán Atoche Intili Lo aguardé muchísimo tiempo. Él tenía la costumbre de llegar siempre tarde. Estuvo a punto de perder varios trabajos; fue salvado por su buen desempeño y honestidad. No era más puntual con sus parejas o familiares. Demoraba en llegar a las citas cuarenta o cincuenta minutos siendo fiel a la premisa de lo bueno se hace esperar. Me plantó infinidad de veces. Cuando parecía que por fin nos reuniríamos, halló una excusa para frustrar el encuentro. Tras varias décadas en este inútil vaivén, le impuse un ultimátum. Ahora somos felices juntos. Cuando me preguntan: “¿Cómo pudiste perseverar tanto tiempo?”, les respondo con naturalidad: “Lo esperé a él, así como te espero a ti. Es deber de la Muerte ser paciente con todos”.

LA CASA VACÍA Por Óscar Gallegos Santiago Aún resuenan en mi cabeza sus tentadoras palabras: —Sí quieres poseerme, tendrá que ser en la casa vacía. Desde entonces, la espero en este cuarto oscuro y con una ventana tapiada de ladrillos. De vez en cuando, escuchó voces soterradas de algunos de nosotros. El otro día sentí la voz de mi padre, muerto hace muchos años, que gemía de dolor y placer. Y ayer escuché una revelación: “Nos tienen aquí porque nuestro esperma alimenta a los seres debajo de la casa”. No sé si será cierto, y no sé si será mi padre el que grita ahora, pero alguien vino a colocar un tubo en mi glande y, con sus manos heladas, empieza a frotar.

En el próximo número...


MI CASA EN EL ÁRBOL En la misma línea de su relato “Teratos” la autora Adriana Alarco explora otra vez las consecuencias de la ambición humana al tratar de gobernar la naturaleza, cosa que los personajes de esta historia conocerán de primera mano.

Relato por Adriana Alarco

L

a casa crecía mientras se elevaba el árbol. El invento transgenético producía viviendas: una habitación dentro del árbol. Con este experimento moderno, la planta se desarrollaba alrededor de un globo de material genético que se inflaba adentro de ella. Al crecer y llegar al tamaño requerido, se desinflaba el globo dejando una habitación en medio del árbol. Así crecían las casas en el bosque. Se entraba a la vivienda por en medio de las raíces, a un espacio que se podía dividir y adornar al gusto del inquilino. Era notable la nueva invención de producir casas que se fabricaban solas al abrirse un vacío dentro de los árboles. Cuando fue suficiente el espacio

“El invento transgenético producía viviendas: una habitación dentro del árbol.” dentro de nuestro árbol, el globo de material genético se desinfló y quedó un lugar espacioso rodeado por las paredes internas del tronco. Podía decorarse y llenarse de muebles y de tecnología… ¿Qué más se podía desear? ¡Tener casa propia sin usar acero ni mano de obra!

¡Una maravilla de la ciencia moderna! Era la primera casa de la colonia Bosquejo, enérgica y vital. La energía que la planta absorbía del terreno se iba difundiendo por las paredes cóncavas y se podía utilizar. Las tuberías bajaban llevando agua de lluvia desde la cisterna. Apenas estuvo lista, me mudé a la nueva casa con mis hijos Pastor y Juglar. Instalé muebles desarmables y máquinas. Los niños saltaban felices rascando las paredes de la nueva vivienda y durmieron arrullados por los sonidos del bosque. Poco tiempo después, los chillidos aterrados de mis hijos me sobresaltaron una tarde. Observé con espanto que estaban atorados en las paredes internas del árbol. Se suponía que no debía crecer más pero estaba aumentando su volumen hacia adentro a ojos vistas, rellenando el vacío. Los cuerpos de Pastor y Juglar podían desaparecer tragados por el árbol. ¿La casa del bosque necesitaba alimento genético para crecer? No podía ni pensar y estaba perdiendo la cordura. Con horror vi que no podía despegarlos de la pared que los abrazaba. Desesperado, cogí un machete, corté la


madera alrededor de Pastor y lo desprendí del encierro. Juglar me miraba suplicante, con la boca abierta y sin poder gritar, atorado en su infame prisión vegetal. Finalmente, a hachazos pude librarlo del árbol que tragaba gente. Nunca más regresamos a la colonia transgenética del planeta. Construimos nuestra casa de acero, cemento y vidrio en la ciudad más bulliciosa y desterramos todo lo que nos hiciera recordar al árbol tragón, de Bosquejo, su madera, el papel y hasta los libros donde antiguamente se leía lo que hoy se ve en la pantalla. Tampoco comemos verduras ni legumbres. Actualmente nos alimentamos sólo de pastillas vitamínicas y de bebidas químicas. Mis hijos crecerán rodeados de

UNATTAINED TRANQUILITY.

tecnología, sin visitar bosques genéticos y yo tengo la esperanza de sobrevivir saludable por el resto de mis días, aún sin la belleza de la naturaleza, tan malograda por el hombre, últimamente.

“Aun sin la belleza de la naturaleza, tan malograda por el hombre, últimamente”


UN FUTURO POSIBLE La catástrofe ecológica en ciernes es claramente una indicación que, como especie, hemos hecho algo mal, sin embargo, relatos como este de Carlos Saldivar nos hace preguntarnos porque, pese a toda la perversidad que realizamos, la estúpidez humana siempre puede alcanzar cotas mayores...

Relato por Carlos Saldivar

El siguiente texto fue escrito con excremento sobre una pared de piedra: «Antes los gases contaminantes causaban mutaciones en nuestros cuerpos sin asesinarnos. Ahora, primero nos matan y luego nos deforman. Aquel que visite los cementerios podrá percatarse —gracias a los sentidos que aún le funcionen— de algo terrible: el proceso de descomposición de los organismos dura años. El gas que emana de los cadáveres es capaz de derretir la carne de los vivos. En el pasado, además, podíamos ver los horrores a los cuales nos enfrentábamos. Hoy todos somos ciegos, caminamos a oscuras en un mundo de pesadilla. Sí, de pesadilla. Nuestra piel nos hace dar cuenta de eso a cada instante. Antes comíamos de todo. Ahora solo nos alimentamos de carroña. Además, somos devorados por otros seres menos evolucionados. Antes podíamos comer bichos y nos sentíamos bien. Hoy las alimañas hacen nidos en nuestros cuerpos mientras

nosotros mismos nos destruimos por dentro en nuestro intento por defendernos. En tanto, el futuro se cierne sobre nuestras cabezas. Aunque no debería hablar en plural; no sé

cuántos de nosotros quedan, tal vez yo sea el último. Quisiera fallecer de una vez. Pero no puedo. Es otra horrenda cualidad que he desarrollado. La muerte se hace lenta y dolorosa. Una vez escuché a alguien decir que nos habíamos tornado eternos. Si soy el último, si soy imperecedero, solo me resta decir una cosa: este el infierno, el maldito infierno, yo… yo… oh… duele… cómo DUELE…» Los viajeros del pasado eliminaron a la

deforme criatura que les atacó súbitamente —pues resguardaba con celo el enorme muro que ellos estaban visionando—; luego, al terminar de leer, destruyeron dicha edificación y, por consiguiente, el mensaje redactado en ella. La atmósfera en ese sitio era nociva y los peligros que circundaban el ambiente, innumerables. Por ello los viajantes retornaron rápidamente a su época, el año 2021. Dirían que la travesía hacia el año 2096 fue un fracaso. Que la máquina del tiempo no pudo alcanzar la meta requerida. Los cuatro científicos hicieron


un pacto: esconderían la verdad a los habitantes de la Tierra, nunca revelarían nada acerca de lo que habían visto y leído. Se preguntaron: ¿cómo fue que se había iniciado todo ese desastre? Jamás dieron con la respuesta. Nunca nadie dio con ella. No se hicieron más traslaciones hacia el futuro. El inicio del fin se dio al año siguiente, en el 2022. Una guerra biológica entre América y Europa. En este caso una máquina del tiempo que solo servía para ir al futuro únicamente era útil para saber quién iba a resultar ganador. No obstante, las esperanzas para ambas facciones (que contaban con medios de transportes en el tiempo) se hicieron vanas al saber que todos perderían. No por esto dejaron de luchar. La terquedad humana, producto de la

estupidez, es ilimitada. Algunos científicos intentaron en los años sucesivos construir una máquina para ir al pasado, pero no lo consiguieron. Este es el perturbador relato del futuro que lees mientras tus ojos se derriten, mientras te das cuenta de que la humanidad estuvo desde un principio destinada a esto. Por su propia culpa, claro. Por tu propia culpa.


EL NUEVO ALEPH ¿Hay planetas habitables en el espacio exterior? ¿Podrá la humanidad expandirse hacia las estrellas? ¿Qué se encuentra en un Agujero Negro? Este inquietante -como es su costumbre- de Yelinna Pulliti escarba en estos temas y nos ofrece una mirada inquietante.

Relato por Yelinna Pulliti Carrasco

He visto el infinito convertido en senoide. Me precipito desde la nada hacia la materia, me fundo y me convierto en radiación subcuántica. Veo y escucho en todos los colores del espectro, del rojo al violeta, también en infrarrojo, ultravioleta y gamma. Percibo la atracción y repulsión magnética, rítmica, armónica. Me muevo con la música del horizonte bajo un cielo plateado con nubes de color rosa. Es semejante al sueño de un opiómano, pero más placentero y más prolongado. Las partículas de mi pensamiento vuelan y se dispersan, las veo brillar antes de disolverse en el aire. Mi cuerpo pierde su forma, se hace uno con el horizonte ilimitado, luego vuelve a ser tangible. Veo pasar ante mí criaturas de seis dimensiones, cruzan este paisaje de calidoscopio adelantando a la luz de la que surgieron. El Espacio cobra densidad de repente, se vuelve semejante a agua espesa y oscura. Puedo lamerlo y probarlo. Sabe a hidrógeno sólido. Ciudades imposibles se alzan frente a mí y vuelven a caer, de sus ruinas surgen entidades sin constitución.

Es la galería de Escher cobrando vida y torciéndose como una cinta de Moebius, es la paradoja de Russell resuelta sin apelar a ninguna restricción del pensamiento.

Me llena de júbilo el ver aquello que desató mi imaginación hace años tomar forma y presentarme sus respetos. Los recuerdos se vuelven hechos otra vez, mi imaginación estremece la atmósfera. Puedo revivir toda mi historia a capricho de mi voluntad. Puedo hacer un repaso de lo que me trajo hasta aquí y, dado que ya es imposible regresar, intentar darme un poco de comprensión. Explorábamos esta región del Universo buscando, para la Humanidad, un refugio. El Planeta Madre colapsó hace siglos y nuestra especie, desesperada por sobrevivir, abandonó el que fuera su hogar y se aventuró al espacio exterior. Viajábamos casi a la velocidad de la luz, a casi el límite permitido por las leyes físicas y nuestra tecnología. La esperanza nos daba una paciencia tan grande como el vacío que nos rodeaba, o al menos eso queríamos creer. Nos acercamos a cientos de estrellas buscando planetas que fueran adecuados para nosotros, pero no hallamos ninguno. O su temperatura no era la adecuada, o su gravedad era aplastante, o sólo eran esferas de gas sin ninguna superficie sólida. Hace varias décadas encontramos un planeta que parecía prometedor, era posible terraformarlo. Mas entonces se dio la alarma: su estrella sol era una variable cuyo periodo se contaba en pocos años. Estaba por empezar otro ciclo de calentamiento y brillo deslumbrante. Vimos


cómo calcinaba el pequeño planeta, y nuestros sueños con él. Fue un golpe terrible. Aún hay quien piensa que nuestro destino es vagar entre las estrellas por el resto de la Eternidad. Mis palabras cobran vida ante mí, se hacen corpóreas. Estoy en un espacio o volumen donde no hay ley ni orden, donde no existe ni física, ni química, ni lógica. La entropía fluctúa completamente al azar, rocas cristalinas rotan ganando velocidad, un péndulo silíceo, que cuelga del firmamento, se mece aumentando su amplitud. Donde no hay pasado, yo quiero colocar el mío, soy lo único coherente que existe en este lugar.

Hubo un grupo de nosotros que, cansados tras el fracaso en hallar un planeta acorde a nuestras necesidades, decidimos ir a la búsqueda de agujeros negros. Nos sustentábamos en las teorías de varios científicos que especulaban que era posible edificar una civilización en torno a una estrella colapsada bajo su propia gravedad. Dijeron que era posible extraer energía del momento angular del agujero, dijeron que era posible aprovechar la radiación emitida por la materia que cae en él. Sus cálculos indicaban que un agujero negro podía durar tanto como el Universo y que puede ser usado como una central de energía nuclear, su combustible serían los desechos de la civilización que decidiera aprovecharlo. Alargaríamos nuestra existencia indefinidamente. Lo importante para una civilización de cualquier tipo es obtener energía para seguir subsistiendo. Los materiales para construir nuestras viviendas y nuestras fábricas nos los darían nuestras propias naves, y las materias primas las obtendríamos de las nebulosas, como siempre hicimos desde que empezó

nuestro viaje. En el caso extremo en que no halláramos nada útil, sólo nos basta el hidrógeno, el cual abunda en el Universo. A partir de este elemento, el más ligero que existe, y empleando nuestras avanzadas técnicas de fisión nuclear, podríamos sintetizar lo que deseáramos. Un agujero negro era prometedor, ya en lugar de arrastrar con nosotros los recuerdos de nuestro antiguo hogar, empezaríamos una vida nueva. Me acerqué demasiado y me tragó. No hay salida del interior de un agujero negro. Dije que era prometedor, pero también es muy riesgoso. Su tamaño es muy pequeño, pero su poder es aterrador. No supe que había entrado en sus dominios hasta que no pude alejar mi nave de él. Me arrastró hacia su centro, condenándome no a vivir, sino a existir en sus entrañas. Vi la singularidad, esa región del Espacio-Tiempo donde todas las leyes físicas son aniquiladas. Brillaba tragándose la luz y creando formas inconcebibles para una inteligencia amarrada al transcurrir usual del Tiempo en el resto del Universo. Me quitó mi cuerpo, me arrancó mi

humanidad y los redujo a ruido acústico y visual. De mí sólo quedo mi conciencia, atada al tejido retorcido en este rincón de la singularidad. Cada millón de eones o nanosegundos, en este lugar el Tiempo pierde por completo su sentido, puedo volver a recuperar mi forma, casi vuelvo a ser humano, mas cuando intento evitar mi propia dispersión, me disuelvo, mi propia mente se deshace con las partículas de radiación, y me sujeto a los fotones, para no perder lo poco que me queda. El pensamiento, al igual que la singularidad, no está atado a ninguna ley. Es quizá por ello que la destrucción de la física no me lo ha quitado.

Agujero Negro - Fanzine Peruano de Ciencia Ficción y Fantasía - Número 3

- Septiembre 2012


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Me he vuelto espíritu o esencia. Dejo a los teólogos indagar sobre lo que queda de un ser humano una vez que se le ha arrebatado el cuerpo. Yo sé ahora que sólo queda Eternidad. Percibo líneas paralelas que se unen en torno a mí, hay dos soles que giran sin parar, producen un sonido agudo, el sonido del tejido del Espacio al ser tensado. Sólo necesito imaginar algo para ver su fantasma emerger y luego perderse. Tocando suavemente los electrones que yacen junto a mí, puedo alterar completamente la no causalidad. Nada puede salir de un agujero negro, repito, la vía es de un solo sentido. Todo es absorbido a él, especialmente la luz, la cual cruza el Universo de lado a lado, llevando y trayendo información de cada extremo del cosmos, desde que éste permitió su paso a través del gas hirviente que dio origen a todo. Así, en este lugar carente de Tiempo y Lógica, he visto el pasado y el futuro a la vez. La Humanidad ya pereció. Languideció lentamente en su búsqueda de un nuevo hogar. Viajó durante millones de años entre los fríos espacios interestelares sin encontrar nada adecuado para su raza decadente. Se extinguió y sus fragmentos ya no existen. Las galaxias se alejaron, el tejido del Espacio se rasgó y todo fue reducido a la Nada. La he visto, sus bordes rotos atraviesan las dimensiones. Mas como todo es tragado por el agujero negro, también he escuchado la Voz del Universo y de sus criaturas. Llegó hasta mí entendible, ordenada, orquestada. Escuché, vibrando en la energía que llena el vacío, los lamentos de la Humanidad moribunda, y los gritos de nuevas razas que florecían en otras galaxias. Supe de nacimientos y guerras, felicidad y dolor. Lo sentí todo y llenó mi conciencia, recogí todo el conocimiento acumulado desde el Big Bang, concebí el Infinito y el tamaño de un punto matemático.

“La humanidad ya Pereció .”

Porque ése es el volumen real que ocupa la singularidad, el de un punto matemático, al borde mismo de la inexistencia. Lo percibí todo durante una vida cuya duración no tiene importancia. El Universo ha muerto, dentro de él sólo quedan los agujeros negros recolectando sus restos ¿quién leerá en su interior? ¿De qué sirve toda esta sabiduría acumulada con tanto esfuerzo? ¿Acaso Dios es el único con derecho de mirar a donde nadie más puede? ¿Quién es Dios quien todo lo sabe y quien todo lo puede? ¿Por qué dejó morir a toda su Creación? ¿Por qué dejó que yo acumulara todo su

“¿Acaso Dios es el único con derecho de mirar a dónde nadie más puede?” saber? ¿Qué intenciones tenía al dejar que todo pereciera en el frío y la oscuridad? He sentido la ruptura del Universo, he sentido en mis fibras compuestas de Incertidumbre a su materia decaer y convertirse en radiación, la que luego se disipó y desapareció. He concebido todo lo concebible y aún más. Mi mente, no atada a las limitaciones de un cerebro primate, no atada a ley alguna, empieza a llenar a la singularidad, la hago mía, me uno a su anarquía. Mi intelecto se vuelve ilimitado. El horizonte de sucesos, esa frontera en la que nada escapa de un agujero negro, va disminuyendo a medida que el Universo continúa envejeciendo. Mientras tanto, he descubierto algunos detalles interesantes aquí adentro. Puedo decir que, llegado a este nivel de entendimiento y dominio, yo soy la Singularidad. Después de mucho meditar y mover fotones, crear y destruir materia y antimateria, he llegado a

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manipularla acorde a mis deseos. Puedo crear energía de ninguna parte. Puedo crear orden allí donde sólo había distorsión y entropía. Si no hay leyes aquí, yo las impondré. Así como Dios lo ve y lo sabe todo, yo desde mi posición lo veo y lo sé todo. Toda la información es mía, y soy consciente de ella. Aquí en mi agujero negro, yo soy Dios. Con mi pensamiento, puedo hacer que la singularidad sobrepase sus límites, puedo hacerla surgir al Universo y llenarlo de mi propio ser. ¿Es por esto que Dios creó a las especies inteligentes y a las regiones sin ley? ¿Para

poder crear un sucesor? En ese caso soy Dios y reclamo la potestad sobre su Obra. Desde el otro lado, esto encogerá el Espacio-Tiempo y lo hará crujir, luego estallará.

EN EL PRÓXIMO NÚMERO DE:

Reseña Fiasco

Por Isaac Robles y Luis Bolaños

Galería y Homenaje FranciscoSolano López

Narrativa Selección Breve 3

Varios Autores

Cine Moon

Por Isaac Robles

...¡y mucho más! ¡No te pierdas de nada! Puedes leer estos artículos y más en línea en: http://agujeronegro2012.wordpress.com/


COTO DE CAZA Este relato, publicado en 1959 y compilado en el volumen 3 de relatos de su autor, nos demuestra la destreza dickiana para torcer lo cotidiano hasta hacerlo alarmante e irreconocible. Un Maestro.

Relato por Philip K. Dick El profesor Anthony Douglas se arrellanó en su butaca de cuero rojo y suspiró. Un largo suspiro, mientras se quitaba laboriosamente los zapatos con gran aparato de gruñidos y los enviaba de una patada a un rincón. Enlazó las manos bajo su oronda barriga y se reclinó, con los ojos cerrados. —¿Cansado? —preguntó Laura Douglas, apartando la vista por un momento de la cocina y mirándole con ternura. —No lo sabes bien. Douglas inspeccionó el periódico vespertino, tirado frente a él en el sofá. ¿Valía la pena? No, en realidad no. Buscó los cigarrillos en el bolsillo de la chaqueta y encendió uno con movimientos perezosos. —Sí, estoy cansado, ya lo creo. Hemos iniciado una nueva línea de investigación. Un montón de jovencitos brillantes procedentes de Washington nos ha invadido. Maletines y reglas de cálculo. —No... —Oh, sigo al mando. —El profesor Douglas dibujó una amplia sonrisa—. Ni por asomo. —El humo gris del cigarrillo onduló a su alrededor—. Pasarán años antes que me lleven la delantera. Tendrán que afinar un poco más sus reglas de cálculo... Su mujer sonrió y continuó preparando la cena. Quizá se debía a la atmósfera que reinaba en la pequeña ciudad de Colorado. A los sólidos e impasibles picos montañosos que se alzaban en torno suyo. Al aire frío y seco. A los tranquilos ciudadanos. En cualquier caso, las tensiones y dudas que agobiaban a otros miembros de la profesión no parecían afectar a su marido. En los últimos tiempos, gran cantidad de advenedizos agresivos estaban engrosando las filas de los

físicos nucleares. La posición de los veteranos, de repente inseguros, se tambaleaba. La nueva horda de jóvenes talentos invadía todas las universidades, departamentos de física y laboratorios. Incluso el Bryant College, tan alejado del mundanal ruido. Si Anthony Douglas estaba preocupado, jamás lo demostraba. Descansaba plácidamente en su butaca, los ojos cerrados, una sonrisa beatífica en su rostro. Estaba cansado..., pero en paz. Suspiró de nuevo, esta vez más de placer que por cansancio. —Es verdad —murmuró—. Tengo suficientes años para ser su padre, pero

aún les llevo una buena ventaja. Conozco mejor el medio, por supuesto, y... —Y las teclas que hay que pulsar. —También. En cualquier caso, creo que saldré bien librado de esa nueva línea recién... Su voz enmudeció. —¿Qué pasa? —preguntó Laura. Douglas se incorporó a medias. Había palidecido intensamente. El horror se reflejaba en sus ojos, aferraba con fuerza los brazos de la butaca, su boca se abría y cerraba. Había un gran ojo en la ventana. Un inmenso ojo que escudriñaba la habitación


y le examinaba. El ojo abarcaba toda la ventana. —¡Santo Dios! —gritó Douglas. El ojo se retiró. Afuera sólo se veía la penumbra de la noche, las colinas y árboles difuminados, la calle. Douglas se hundió poco a poco en su butaca. —¿Qué ha pasado? —preguntó Laura—. ¿Qué viste? ¿Había algo ahí fuera? Douglas se retorcía las manos sin cesar y su boca temblaba con violencia. —Te digo la verdad, Bill. Yo lo vi. Era real. En caso contrario, no lo diría, ya lo sabes. ¿No me crees? —¿Lo vio alguien más? —preguntó el profesor William Henderson, mientras mordisqueaba el lápiz con aire pensativo. Despejó un poco la mesa, apartó el plato y los cubiertos, y sacó su bloc—. ¿Lo vio Laura? —No. Estaba vuelta de espaldas. —¿Qué hora era? —Hace media hora. Acababa de llegar a casa. Sobre las seis y media. Me había quitado los zapatos, estaba descansando. Douglas se secó la frente con una mano temblorosa. —¿Dices que estaba suelto, que no había nada más? ¿Sólo el... ojo? —Sólo el ojo. Un ojo enorme que me miraba. Me examinaba. Como si... —¿Como qué? —Como si mirara por un microscopio. Silencio. La mujer de Henderson, una pelirroja, habló desde el otro lado de la mesa. —Siempre has sido un empírico estricto, Doug. Nunca te he oído decir tonterías, pero esto... Lástima que nadie lo viera. —¡Claro que nadie lo vio! —¿Qué quieres decir? —Esa maldita cosa me estaba mirando a mí. Me estaba estudiando a mí. —Douglas se puso a gritar como un histérico—. ¿Cómo creen que me siento? ¡Examinado por un ojo grande como un piano! Dios mío, si no fuera tan estable, me habría vuelto loco. Henderson y su mujer intercambiaron una mirada. Bill, apuesto, de cabello oscuro, diez años más joven que Douglas. Jean Henderson, vivaz, alegre, catedrática de psicología infantil,

de rotundos senos, vestida con pantalones y blusa de nilón. —¿Qué opinas? —le preguntó Bill—. Entra más en tu especialidad. —Es tu especialidad —bufó Douglas—. No intentes explicarlo como una proyección morbosa. He venido a verte porque eres el jefe del Departamento de Biología. —¿Crees que es un animal? ¿Un perezoso gigantesco o algo por el estilo? —Tiene que ser un animal. —Quizá sea una broma —sugirió Jean—, o un cartel publicitario. El símbolo de un ocultista. Alguien que lo paseó frente a la ventana. Douglas procuró contenerse. —El ojo estaba vivo. Me miró. Me inspeccionó. Después, se retiró, como si se apartara de una lente. —Se estremeció—. ¡Les digo que me estaba examinando! —¿Sólo a ti? —A mí. A nadie más. —Pareces curiosamente convencido que te miraba desde arriba —observó Jean. —Sí, hacia abajo. A mí. Ni más ni menos. —Una extraña expresión asomó al rostro de Douglas—. Eso es, Jean. Como si viniera de arriba. Movió la mano hacia el techo. —Quizás era Dios —murmuró Bill, pensativo. Douglas no dijo nada. Palideció y sus

“A lo mejor me he vuelto loco ¡Santo Dios!” dientes castañetearon. —Tonterías —dijo Jean—. Dios es un símbolo trascendente psicológico que representa fuerzas inconscientes. —¿Te miraba con aire acusador? —preguntó Bill—. ¿Como si hubieras hecho algo malo? —No. Con interés. Con considerable interés. —Douglas se levantó—. Debo


volver. Laura piensa que estoy sometido a algún tipo de presión. A ella no se lo he dicho, claro. No tiene una mente científica. Sería incapaz de asimilar semejante idea. —Hasta a nosotros nos cuesta —dijo Bill. Douglas avanzó hacia la puerta, nervioso. —¿No se les ocurre alguna explicación? ¿Quizás alguna entidad considerada extinta, que todavía merodee por estas montañas? —No la hay, que nosotros sepamos. Si me enterara de... —Has dicho que miraba desde arriba —interrumpió Jean—. No se había agachado para mirarte. Por lo tanto, no puede ser un animal o un ser terrestre. —Meditó durante unos segundos—. Tal vez nos están observando. —A ustedes no —dijo Douglas en tono quejumbroso—. Sólo a mí. —Otra raza —añadió Bill—. ¿Crees...? —Quizá sea un ojo venido de Marte.

Douglas abrió la puerta principal con cautela y escudriñó el exterior. La noche era muy oscura. Una leve brisa soplaba entre los árboles y sobre la autopista. Apenas vio su coche, un cuadrado negro recortado contra las colinas. —Si se les ocurre alguna idea, llámenme. —Tómate un par de fenobarbitales antes de irte a la cama —aconsejó Jean—. Tranquiliza tus nervios. Douglas salió al porche. —Buena idea. Gracias. —Meneó la cabeza—. A lo mejor me he vuelto loco. ¡Santo Dios! Bien, hasta luego. —Bajó la escalera y se agarró con fuerza al pasamano. —Buenas noches —se despidió Bill. La puerta se cerró y la luz del porche se apagó. Douglas se encaminó hacia su coche con cautela. Extendió la mano en la oscuridad, con la

intención de palpar la manilla de la puerta. Un paso. Dos pasos. Qué tontería. Un hombre adulto, casi de edad madura, en el siglo XX. Tres pasos. Encontró la puerta, la abrió, se deslizó en el interior a toda prisa y cerró con el seguro. Rezó en silencio una oración de agradecimiento mientras encendía el motor y los faros. Qué estupidez. Un ojo gigantesco. Algún truco. Dio vueltas a la idea en su cabeza. ¿Estudiantes? ¿Bromistas? ¿Comunistas? ¿Un complot para volverle loco? Era un hombre importante. Probablemente, el físico nuclear más importante del país. Y este nuevo proyecto... Dirigió el coche lentamente hacia la silenciosa autopista. Vigiló cada árbol y arbusto mientras el coche aceleraba. Un complot comunista. Algunos estudiantes pertenecían a una organización de izquierda, una especie de grupo de estudios marxista. Quizá habían planeado... Algo brilló, iluminado por los faros. Algo situado al borde de la autopista. Douglas lo miró, estupefacto. Algo cuadrado, un bloque largo entre las hierbas que crecían junto a la autopista, donde empezaban los grandes árboles oscuros. Brillaba y centelleaba. Disminuyó la velocidad al mínimo. Una barra de oro, tirada junto al borde de la carretera. Era increíble. El profesor Douglas bajó la ventanilla poco a poco y asomó la cabeza. ¿Sería oro verdadero? Lanzó una carcajada nerviosa. Probablemente no lo era. Había visto oro a menudo, por supuesto. Y esto parecía oro, aunque tal vez fuera plomo, un lingote de plomo con una capa dorada. Pero..., ¿por qué? Una broma. Una tomadura de pelo. Los chicos de la universidad. Habrían visto su coche cuando se dirigía a casa de los Henderson, e intuido que no tardaría en regresar. O... O en realidad era oro. Quizá había pasado un furgón acorazado. Había tomado la curva a demasiada velocidad. El lingote había


caído entre las hierbas. En ese caso, había una pequeña fortuna tirada junto al borde de la carretera. Pero era ilegal poseer oro. Tendría que devolverlo al gobierno. Pero, ¿no podría quedarse con una simple pieza? Si la devolvía, obtendría alguna recompensa. Varios miles de dólares, probablemente. Un plan demencial pasó por su mente. Apoderarse del lingote, esconderlo en una caja, volar a México, fuera del país. Eric Barnes era el propietario de un Piper Club. No le costaría nada introducirlo en México. Venderlo. Retirarse. Vivir con toda clase de lujos el resto de su vida. El profesor Douglas resopló, irritado. Su deber era devolverlo. Llamar a la Casa de la Moneda en Denver, contarlo todo. O al departamento de policía. Dio marcha atrás hasta situarse junto a la barra. Apagó el motor y salió. Tenía un trabajo que hacer. Como ciudadano ejemplar (y bien sabía Dios que cincuenta pruebas habían demostrado su ejemplaridad), tenía un trabajo que hacer. Buscó una linterna en el tablero de instrumentos. Si alguien había perdido una barra de oro, le correspondía a él... Una barra de oro. Imposible. Un escalofrío recorrió su cuerpo y atenazó su corazón. Una débil voz le habló con claridad y racionalidad desde el fondo de su cerebro: «¿Quién se marcharía, abandonando un lingote de oro?». Algo estaba pasando. El miedo lo invadió. Se quedó petrificado, temblando de terror. La autopista, oscura y desierta. Las montañas silenciosas. Estaba solo. Un lugar perfecto. Si querían atraparlo... ¿Ellos? ¿Qué? Paseó la vista a su alrededor. Ocultos entre los árboles, lo más probable. Esperándole. Esperando a que cruzara la autopista, a que dejara la carretera y se internara en el bosque. A que se agachara e intentara recoger el lingote. Un golpe veloz en ese momento; con eso bastaría. Douglas volvió a su coche y encendió el motor. Soltó el freno. El coche saltó hacia adelante y aceleró. Sus manos temblaban. Douglas se aferró con desesperación al volante. Tenía que

huir. Escapar antes que..., lo que fuera le atrapara. Echó un último vistazo por la ventanilla bajada. El lingote seguía en su sitio, todavía centelleaba entre las hierbas que bordeaban la autopista, pero sus contornos eran vagos y el aire oscilaba a su alrededor. De pronto, el lingote se esfumó. Desapareció. Su brillo se fundió con la oscuridad. Douglas levantó la vista y contuvo el aliento, aterrorizado. Sobre él, en el cielo, algo ocultaba las estrellas. Una gran forma, tan enorme que le sorprendió. La sombra se movió, el círculo incorpóreo de una presencia viva, directamente sobre su cabeza. Un rostro. Un rostro cósmico, gigantesco, le miraba. Como una inmensa luna, que ocultaba todo lo demás. El rostro

flotó un instante, fijo en él..., en el lugar que acababa de abandonar. Después, el rostro desapareció y se fundió en la oscuridad, al igual que el lingote. Las estrellas reaparecieron. Estaba solo. Douglas se hundió contra el asiento. El coche osciló locamente y se precipitó carretera adelante. Sus manos resbalaron del volante y cayeron a los costados. Se apoderó del volante justo a tiempo. No existía la menor duda. Alguien le perseguía. Intentaba apoderarse de él, pero no se trataba de estudiantes bromistas o comunistas. Ni tampoco de algún animal que hubiera sobrevivido a lo largo de los siglos. Fuera lo que fuese, fueran quienes fuesen, no tenía relación con la Tierra. Ello, o ellos, procedía de otro mundo. Su objetivo era capturarle.


A él. Pero, ¿por qué? Pete Berg escuchaba con atención. —Continúa —dijo, cuando Douglas se calló. —Eso es todo. —Douglas se volvió hacia Bill Henderson—. No intentes decirme que estoy loco. Lo vi. Me estaba mirando. No sólo el ojo, sino toda la cara esta vez. —¿Crees que era la cara a la que pertenecía el ojo? —preguntó Jean Henderson. —Lo sé. La cara tenía la misma expresión que el ojo. Me estaba examinando. —Debemos llamar a la policía —dijo Laura Douglas, con voz tensa—. Esto no puede seguir así. Si alguien le persigue... —La policía no servirá de nada. Bill Henderson paseaba arriba y abajo. Era tarde, pasada la medianoche. Todas las luces de la casa de los Douglas estaban encendidas. En un rincón estaba sentado Milton Erick, jefe del Departamento de Matemáticas, que tomaba nota

de todo sin la menor expresión en su arrugado rostro. —Podemos concluir —dijo el profesor Erick, que hasta hace un momento sostenía la pipa entre sus dientes amarillentos—, que se trata de una raza extraterrestre. Su tamaño y la posición que adoptan indica que no son terrestres. —¡No pueden estar quietos en el cielo! —estalló Jean—. ¡No hay nada ahí arriba! —Es posible que existan configuraciones de materia sin ninguna relación con la nuestra. Una coexistencia de sistemas de universos infinita o múltiple, que tiene lugar a lo largo de un plano de coordenadas totalmente inexplicable mediante nuestros términos actuales. En este momento, debido a una yuxtaposición singular

de las tangentes, nos encontramos en contacto con una de estas configuraciones. —Quiere decir que la gente que persigue a Doug no pertenece a nuestro universo —explicó Bill Henderson—. Vienen de otra dimensión muy diferente. —El rostro fluctuó —murmuró Douglas—. Tanto el lingote como el rostro fluctuaron y desaparecieron. —Se retiraron —afirmó Bill—. Regresaron a su universo. Por lo visto, entran en el nuestro cuando quieren, a través de una brecha por así decirlo. —Es una pena que sean tan grandes —dijo Jean—. Si fueran más pequeños... —El tamaño juega a su favor —admitió Erick—. Una desgraciada circunstancia. —¡Estoy harta de cháchara académica! —gritó Laura—. ¡Nos dedicamos a recitar teorías, mientras algo le persigue! —Esto podría ser la explicación de los dioses —dijo Bill, de repente. —¿Los dioses? Bill asintió. —¿No lo entienden? En el pasado, estos seres espiaban nuestro universo. Incluso existe la posibilidad que penetraran en él. La gente primitiva les veía y no sabía explicar su presencia. Edificaron religiones en torno a ellos. Les rindieron adoración. —El monte Olimpo —dijo Jean—. ¡Claro! Y Moisés se encontró con Dios en la cumbre del monte Sinaí. Nosotros vivimos en lo alto de las Rocosas. Es posible que sólo se produzcan contactos en los lugares elevados. En montañas como éstas. —Los monjes tibetanos habitan en las zonas más elevadas del planeta —añadió Bill—. En la parte más alta y antigua del mundo. Todas las religiones importantes han sido reveladas en las montañas, y predicadas por personas que vieron a Dios en sus cumbres y bajaron para esparcir la buena nueva. —Lo que no entiendo es por qué le quieren a él —dijo Laura. Extendió las manos en un gesto de impotencia—. ¿Por qué le han elegido a él?


—Creo que está muy claro. La expresión de Bill era decidida. —Explícate —gruñó Erick. —¿Qué es Doug? El mejor físico nuclear del mundo, más o menos. Trabaja en proyectos de alto secreto, relativos a la fisión nuclear. Investigaciones muy avanzadas. El gobierno protege todo cuanto hace el Bryant College..., porque Douglas trabaja en él. —¿Y? —Le buscan por sus conocimientos, por sus habilidades. Porque debido a su tamaño en relación a nuestro universo pueden someter nuestras vidas a un escrutinio tan minucioso como el que nosotros llevamos a cabo en nuestros laboratorios de biología a..., bueno, a los cultivos de «sarcina pulmonum». Sin embargo, eso no significa que su cultura sea más avanzada que la nuestra. —¡Claro! —exclamó Pete Berg—. Quieren los conocimientos de Doug. Quieren arrebatárselos y aplicarlos a su civilización. —¡Parásitos! —dijo Jean—. Siempre han dependido de nosotros, ¿no lo comprenden? Hombres del pasado que desaparecieron, secuestrados por esos seres. —Se estremeció—. Es posible que consideren a la Tierra su territorio de experimentación, en el que las técnicas y el conocimiento avanzan con grandes esfuerzos..., para que ellos se beneficien. Douglas se dispuso a replicar, pero las palabras no salieron de su boca. Se quedó rígido en la silla, con la cabeza ladeada. Alguien gritaba su nombre desde el exterior. Se levantó y avanzó hacia la puerta. Todos lo miraron, estupefactos. —¿Qué pasa? —preguntó Bill—. ¿Qué sucede, Doug? Laura le tomó del brazo. —¿Qué ocurre? ¿Te encuentras mal? ¡Di algo! ¡Doug! El profesor Douglas se soltó y abrió la puerta. Salió al porche. La luna brillaba débilmente. Una suave luz bañaba el paisaje. —¡Profesor Douglas! De nuevo la voz, joven y dulce; la voz de una muchacha.

Una chica se erguía al pie de la escalera, bañada por la luz de la luna. Rubia, de unos veinte años de edad. Vestía una falda a cuadros, un jersey de angora de color pálido, un pañuelo de seda alrededor del cuello. Agitaba las manos en su dirección con nerviosismo, la expresión de su rostro era casi suplicante. —¿Me concede un momento, profesor? Ha sucedido algo terrible... Su voz enmudeció y se alejó de la casa, en dirección a la oscuridad. —¿Qué ocurre? —gritó Douglas. Apenas oyó la voz de la joven. Se alejaba. Douglas estaba indeciso. Vaciló, y después bajó la escalera a toda prisa en su persecución. La muchacha retrocedió, retorciéndose las manos, su boca sensual deformada por una mueca de desesperación. Sus pechos subían y bajaban debajo del jersey como presa de un terror agónico. La luz de la luna resaltaba cada estremecimiento. —¿Qué pasó? —gritó Douglas—. ¿Qué sucede? —Corrió tras ella, encolerizado—. ¡Deténgase, por el amor de Dios! La muchacha se alejaba cada vez más de la casa y de él, en dirección a la gran extensión de césped que señalaba el comienzo del campo. Douglas estaba harto. ¡Maldita chica! ¿Por qué no le esperaba? —¡Espere un momento! —gritó. Llegó al césped, casi sin aliento—. ¿Quién es usted? ¿Qué demonios...? Se produjo un relámpago. Un rayo de luz cegadora cayó detrás de él, a pocos metros de distancia, y dejó un hueco humeante en la hierba. Douglas se detuvo, aturdido. Un segundo rayo cayó delante de él. La ola de calor le arrojó hacia atrás. Tropezó y estuvo a punto de caer. La muchacha se había detenido de repente. Estaba silenciosa e inmóvil, el rostro inexpresivo. Parecía un muñeco de cera que hubiera cobrado vida de súbito. Pero no tenía tiempo para reflexionar sobre aquello. Dio media vuelta y corrió hacia la casa. Un tercer rayo cayó frente a él. Se desvió hacia la derecha y se lanzó entre los


matorrales que crecían cerca de la pared. Se apretó contra el cemento de la casa, jadeante. El cielo tachonado de estrellas resplandeció levemente. Un breve movimiento. Después, nada. Estaba solo. Los rayos cesaron. Y... La chica también había desaparecido. Un señuelo. Una hábil imitación para alejarle de la casa, para obligarle a salir a terreno descubierto y poder dispararle. Se puso en pie, temblando de pies a cabeza, y rodeó la casa. Bill Henderson, Laura y Berg estaban en el porche, hablaban nerviosamente y le buscaban con la mirada. Vio su coche estacionado en el camino privado. Si conseguía llegar hasta él... Escrutó el cielo. Sólo estrellas. Ni rastro de ellos. Si alcanzaba a subir al coche y escapar lejos de las montañas, hacia Denver, que estaba en una zona más baja, quizá se salvaría. Respiró hondo. Sólo le separaban diez metros del coche. Si conseguía entrar... Corrió. A toda velocidad. Por el camino particular. Abrió la puerta del coche y saltó dentro. Encendió el motor y quitó el freno con veloces movimientos. El coche se deslizó hacia adelante. El motor cobró vida. Douglas aplastó el acelerador con violencia. El coche brincó. Laura, en el porche, gritó y bajó la escalera. El rugido del motor apagó su grito y el chillido de Bill. Un momento después se encontraba en la autopista, huyendo de la ciudad, y tomó la larga y sinuosa carretera que conducía a Denver. Llamaría a Laura desde Denver. Se reuniría con él. Tomarían el tren que iba al este. Al infierno el Bryant College. Su vida estaba en juego. Condujo durante horas sin detenerse, toda la noche. El sol salió y ascendió poco a poco en el cielo. Se veían más coches en la carretera. Dejó atrás a un par de camiones diesel que progresaban con lentitud y bastantes dificultades. Empezaba a sentirse algo mejor. Las montañas iban disminuyendo de tamaño, cada vez más lejanas... A medida que aumentaba el calor, su estado de ánimo se fortalecía. Había cientos de laboratorios y universidades diseminados por el

país. No le costaría proseguir su trabajo en otro sitio. Una vez fuera de las montañas, no le atraparían. Disminuyó la velocidad. El depósito de gasolina estaba casi vacío. A la derecha de la carretera había una gasolinera y un pequeño café. La visión del café le recordó que no había desayunado. Su estómago empezaba a protestar. Había un par de coches estacionados frente al café. Algunas personas estaban sentadas ante la barra. Salió de la carretera y entró en la gasolinera. —Lleno —dijo al empleado. Dejó el coche en punto muerto y salió. La grava estaba caliente. Se le hizo agua la boca. Tostadas, jamón, café humeante... —¿Puedo dejarlo aquí? —preguntó. —¿El coche? —El empleado desenroscó la tapa y procedió a llenar el depósito—. ¿Qué quiere decir?

—Haga el favor de llenarlo y estacionarlo. Volveré dentro de unos minutos. Quiero desayunar algo. —¿Desayunar? Douglas estaba irritado. ¿Qué sucedía con aquel tipo? Señaló el café. Un camionero había abierto la puerta mosquitera y estaba de pie en el umbral. Se hurgaba los dientes con aire pensativo. En el interior, la camarera iba de un lado a otro. Percibió el aroma del café, del tocino frito. Sonaba un jukebox. Un sonido cálido, amistoso. —El café. El empleado dejó de poner gasolina. Bajó poco a poco la manguera y se volvió hacia Douglas, con una expresión extraña en el rostro. —¿Cuál café? —dijo. El café tembló y se evaporó de súbito.


Douglas reprimió un grito de terror. Donde había estado el café sólo se veía un campo vacío. Hierba pardoverdosa. Algunas latas herrumbradas. Botellas. Desperdicios. Una valla inclinada. A lo lejos, el perfil de las montañas. Douglas intentó serenarse. —Estoy un poco cansado —murmuró. Subió al coche con movimientos inseguros—. ¿Cuánto le debo? —Apenas he comenzado a llenar el... —Tome. —Douglas le tendió un billete—. Apártese de mi camino. Encendió el motor y volvió a la autopista. El atónito empleado se quedó mirándole. Por poco. Por muy poco. Una trampa. Y casi había caído en ella. Pero lo más terrorífico no era eso. Había salido de las montañas y continuaban persiguiéndole. No había servido de nada. No se encontraba más a salvo que anoche. Estaban por todas partes. El coche devoraba kilómetros. Se estaba

acercando a Denver... ¿Y qué? Daba igual. Aunque cavara un agujero en el Valle de la Muerte y se escondiera dentro, seguiría en peligro. Le perseguían y no iban a rendirse. Eso estaba claro. Se devanó los sesos, desesperado. Tenía que pensar en algo, en alguna forma de burlarles. Una cultura parasitaria. Una raza que vivía a costa de los humanos, que se aprovechaba del conocimiento y de los descubrimientos humanos. ¿No había dicho eso Bill? Iban en busca de sus conocimientos especializados, únicos, en física nuclear. Le habían elegido a causa de su superioridad sobre los demás colegas. Le perseguirían hasta atraparle. Y luego..., ¿qué? El terror se apoderó de él. El lingote de oro.

El cebo. La muchacha parecía tan real. El café lleno de gente. Incluso los olores: tocino frito, café humeante. Dios, si fuera una persona normal, inculta, sin nada especial. Si... El ruido de un reventón. El coche vibró. Douglas blasfemó. Un reventón. Precisamente ahora. Precisamente... Douglas detuvo el coche en la cuneta. Paró el motor y puso el freno de mano. Permaneció sentado un rato en silencio. Por fin, rebuscó en la chaqueta y sacó un aplastado paquete de cigarrillos. Encendió uno lentamente y bajó la ventanilla para que entrara un poco de aire. Estaba atrapado, sin duda. No había nada que hacer. Estaba completamente solo, entre dos ciudades. El reventón era intencionado, por supuesto. Algo en la carretera, esparcido desde arriba. Tachuelas, lo más probable. La autopista estaba desierta. No se veía ningún coche. Estaba completamente solo, entre dos ciudades. Denver se encontraba a cuarenta y cinco kilómetros de distancia. No existía la menor posibilidad de llegar allí. Campos llanos, desoladas planicies, le rodeaban. Nada, excepto la llanura..., y el cielo azul. Douglas escrutó el cielo. No podía verles, pero estaban en algún sitio, esperando a que bajara del coche. Una cultura extraterrestre utilizaría sus conocimientos, sus habilidades. Sería un instrumento en sus manos. Un esclavo, nada más. En cierto modo, era un consuelo. Había sido seleccionado entre todos los miembros de la sociedad. Sus conocimientos y habilidades habían vencido a todos los demás. Algo de calor acudió a sus mejillas. Le habrían estudiado durante cierto tiempo. El gran ojo habría observado a menudo por su telescopio, o microscopio, o lo que fuera. Habría tomado buena nota de su capacidad y comprendido que era un elemento fundamental para su


cultura. Douglas abrió la puerta del coche. Salió y pisó el recalentado pavimento. Tiró el cigarrillo y lo aplastó con calma. Respiró hondo, se estiró y bostezó. Vio las tachuelas, diminutos puntos de luz sobre la superficie del pavimento. Las dos ruedas delanteras estaban deshinchadas. Algo brilló sobre él. Douglas esperó, inmóvil. Ahora que había llegado el momento, ya no tenía miedo. Contempló la escena con una especie de curiosidad indiferente. La cosa aumentó de tamaño. Creció y se expandió sobre su cabeza. Vaciló un momento. Después, descendió. Douglas no se movió cuando la enorme red cósmica se cerró sobre él. Las cuerdas le apretaron cuando la red se alzó. Subió hacia el cielo, pero estaba tranquilo, en paz, sin miedo. ¿Por qué iba a tener miedo? Seguiría con el mismo trabajo de siempre. Echaría de menos a Laura y la universidad, desde luego, la comunidad intelectual de la facultad, los rostros alegres de los estudiantes, pero también encontraría buena compañía allí arriba. Personas con quienes trabajar. Mentes disciplinadas con las cuales comunicarse. La red subía cada vez con mayor rapidez. El suelo retrocedía con celeridad. La Tierra pasó de ser una superficie plana a un globo. Douglas

contempló todo con interés profesional. Sobre la intrincada tela de la red distinguió el contorno del otro universo, del nuevo mundo hacia el cual se dirigía. Formas. Dos enormes sombras acuclilladas. Dos figuras increíblemente gigantescas agachadas. Una tiraba de la red. La otra miraba y sujetaba algo en la mano. Un paisaje. Sombras difusas, demasiado inmensas para que Douglas las abarcara. Captó un pensamiento. «Por fin. Cuántas dificultades.» «Valía la pena», pensó el otro ser. Los pensamientos atronaron en su cabeza. Poderosos pensamientos, procedentes de mentes inmensas. «Yo tenía razón. El más gordo. ¡Menuda presa!» «¡Pesará sus buenos veinticuatro ragets!» «¡Por fin!» De pronto, la compostura de Douglas le abandonó. Un escalofrío de horror recorrió su mente. ¿De qué estaban hablando? ¿Qué querían decir? Entonces, le tiraron de la red. Cayó. Algo se acercó. Una superficie plana, brillante. ¿Qué era? Cosa curiosa, se parecía demasiado a una sartén.


MACROSS FRONTIER: SAYONARA NO TSUBASA Un universo en exaltación Lo primero que viene a la mente al mencionar Macross Frontier es celebración. Y esto está plenamente justificado, al tratarse de la producción que marca el aniversario vigésimo quinto de una de las más celebradas y reconocidas franquicias y universos del mundo del manganime. Frontier cumple una doble función dentro del orden preestablecido de cosas, el primero y ya mencionado es el homenaje: un universo fértil en ideas e historias que, a lo largo de los años y en sus sucesivas encarnaciones, ha sido un sinónimo de calidad de animación, excelente diseño mecánico y buena música. La segunda función que podríamos adjudicarle a esta producción (en todas sus encarnaciones) es la de nexo, es a través de esta serie (de 25 capítulos, como no) y dos películas (que, al igual que la legendaria Ai Oboete Imasuka de 1984 recrean la historia desde un nuevo punto de vista) las diversas encarnaciones de Macross se ven reconocidas y valoradas, cerrándose varios de los cabos sueltos que han sido motivo de especulación entre los fans, en particular el destino final de la legendaria Macross Original, a la que se le consideraba perdida en los alrededores del centro de la Galaxia. Es además, la síntesis de los elementos o rasgos característicos de las anteriores incursiones en este universo: Tenemos el triángulos amoroso y los mecha de la Macross original, la seriedad y el ambiente de conspiración de Macross Plus con la animación con rasgos juveniles y la especial importancia de la música, como en Macross 7 y todo esto enmarcado en las consecuencias de los descubrimientos a los que asistimos narrados en Macross Zero y que le dan sentido a todas las historias mencionadas. Ya puestos en la historia, esta se inicia como una continuación directa del anterior film: Itsuwari no otahime (la falsa diva) en la cual se presentan los personajes y se traba primer contacto con la primera raza verdaderamente alienígena del universo Macross (dado que los zentran y los humanos comparten, como ya era conocido, un origen común) unos poderosos guerreros

Por Isaac Robles

insectoides que viven en el vacío del espacio conocidos como los Vajra, estos, al parecer forman parte (al igual que los archiconocidos zerg de la saga de juegos Starcraft o los tiránidos del universo de Warhammer 40K) de una gran mente colmena, hecha posible a través de las distancias interestelares por los misteriosos cuarzos de pliegue (fold quartz) material

LAS DIVAS. Ranka y Sheryl que, al parecer, puede trascender las limitaciones físicas de los medios de transporte conocidos por la protocultura (también basados en el principio de pliegue


espacial, sin 36 involucrada)

que se detalle más la física cuyas limitaciones se van manifestando con el paso de los años y de los cada vez mayores avances de las flotas de colonización de humanos y zentraedi, que, tal como se puede ver en varios episodios, conviven y forman parte de una sola cultura, produciéndose un mestizaje de manera real, que se refleja en las dos protagonistas de la historia: la joven cantante Ranka Lee (voz:Megumi Nakajima) y la consagrada diva espacial Sheryl Nome (Aya Endo). Y en muchos otros personajes de la historia.

El escenario principal de la producción es la flota de colonización nº 25, conocida como "Frontier" la cual, partiendo del mundo de Eden (donde transcurren los sucesos de Macross Plus) se va acercando hacia el centro de la Galaxia, en búsqueda de un planeta habitable donde establecerse, siendo esta región del espacio donde anteriormente una flota de investigación (denominada 117 y en la que aparentemente iban los protagonistas de la original serie Macross) había desaparecido sin dejar rastro y donde fragmentarios reportes bien ocultos (como se muestra después) indican la presencia de los alienígenas Vajra y sus peculiares capacidades. Y que es escenario de una bien planeada operación de infiltración por tropas de otra flota de colonización, la Galaxy, en una lucha por el control de los Vajra y el poder de los Fold Quartz, conspiración en la cual las dos cantantes (y sus capacidades de interactuar a través de estas dimensiones) son elemento esencial. Frente a la amenaza de los Vajra y sus poderosas armas, se opone la flota mercenaria de la SMS (Special Military Service) sus experimentados pilotos, entre los cuales se destaca el líder de escuadrón Ozma Lee (Katsuyuki Konishi), hermano mayor de Ranka y al cual irá a parar casi por accidente Alto Saotome, protagonista masculino de la historia y una estrella del Kabuki (variante del teatro japonés donde todos los roles son desarrollados por hombres, de allí su apodo, "hime", princesa) por derecho propio y por familia, aunque repudia su herencia para convertirse en piloto de combate. Y componente del dilema sentimental típico de Macross, al tener que decidirse entre corresponder a Ranka o a Sheryl, y es este hecho, no aclarado en la serie de Televisión, que

NUEVO MODELO. El VF-25 la da la denominación the "The end of the triangle" (el fin del triángulo) al film donde finalmente la balanza se inclina hacia una de ellas. El guión, escrito por Yasuhito Kikuchi, es bastante concienzudo en su concepción, dejando esencialmente ningún cabo suelto en la trama y donde no existen hilos de historia definidos, siendo más bien todo el desarrollo de la historia una demostración escénica del viejo principio oriental del Hilo Rojo del destino tan presente y que encaja dentro del estilo de Shôji Kawamori, director de la producción, principal diseñador mecánico y creador del concepto de crear historias... dado que situaciones, enredos y particularmente, la secuencia final de la historia, tienen mucho que ver con otras producciones de este, tales como Macross Zero o Una chica en Gaea. En cuanto al diseño de personajes, a cargo de Risa Ebata y Yuichi Takahashi, se ha optado por un dibujo más juvenil, donde -al igual que en otras producciones- cuanto más importante es la trama, mayor es el detalle en el diseño y la animación del personaje y sus rasgos característicos, esto se nota en las protagonistas femeninas, Ranka y Sheryl donde los personajes adultos tienen rasgos menos marcados, es de especial importancia el diseño de Leon Mishima, un villano que presenta la estructura típica de los villanos clásicos del anime, la expresión zorruna, los ojos pequeños y la voz (Tomokazu Sugita) siempre calculadora. En general la animación, salvo algunas secuencias de acción, da más importancia a los mechas y

Agujero Negro - Fanzine Peruano de Ciencia Ficción y Fantasía - Número 3

- Septiembre 2012


los escenarios (provistos por una mezcla ya conocida entre animación tradicional y rendering computarizado, sin que se note la diferencia) que a los personajes, que aparecen a veces fuera de proporción. Tema aparte (y de los más destacados en este universo) es el diseño mecánico o como los conocen los fans los nuevos mechas. En especial los nuevos modelos de Caza Valquiria (VF) el VF 25 Messiah y el VF-27 Lucifer, los que aparentemente serán los últimos cazas tripulados de la serie, cuyo rendimiento ha sido mejorado en tal grado que la capacidad humana para pilotarlos es puesta en entredicho, además, presenciamos otros modelos de cazas de este universo, como el VF-17 y hace su debut (y despedida) el último caza de este universo, el YF-29 Durandal, una versión mejorada del VF25 con capacidad de saltos de pliegue y mejoras en la aviónica (que parecen construidas a partir del VF 19 de Macross Plus) que lo ponen al nivel del VF -27. Se destacan también el diseño orgánico bien logrado de los Vajra y sus naves espaciales, que aparecen como réplicas monstruosas de las humanas y son bastante detalladas, y finalmente, la flota de la humanidad, compuesta de modelos mejorados de naves espaciales (que van bastante más allá del original SDF-1) trabajados en bastante detalle Otro detalle notable de la producción es la música, compuesta por la archi-reconocida Yoko Kanno, en la cual se intercambian piezas instrumentales protagonizadas por los vientos y de corte bastante solemne con las canciones de las "divas" de un corte mucho más electro-pop,

DEBUTANTE. El YF-29. en particular Sheryl, con una mezcla de estilos típica del anime que van desde elementos del rock n' roll hasta adiciones de música tradicional, pero siempre con una producción muy lucida, a lo cual contribuye la selección de la cantante May'n (Mei Nakabayashi) como voz de canto de la Ídolo Sheryl Nome lo que ha contribuido a su popularidad. En suma, una producción muy bien lograda, que cierra una historia, pero nos crea un nuevo punto de clivaje para ir expandiendo un universo, que, 29 años después de su fundación, es tan legendario como actual.

Recursos en Línea: Sitio web Oficial (en japonés)

http://www.macrossf.com/


Participaron en este Número... Alexis Iparraguirre es el autor del libro de cuentos El Inventario de las Naves. Su obra le valió el Premio Nacional PUCP de Narrativa 2004. Sus cuentos han sido divulgados en numerosas antologías nacionales e internacionales. Es estudiante becario de la Maestría en Escritura Creativa en Español de la Universidad de Nueva York (NYU) y Licenciado en Lingüística y Literatura por la PUCP, casas de estudios donde se ha desempeñado como docente en materias de su especialidad. También ha publicado textos de crítica literaria en diversos medios locales y ha participado como comentador en Antologia comentada de José María Eguren, editada por la Academia Peruana de la Lengua. Carlos Enrique Saldivar (Lima, 1982). Estudió Literatura en la UNFV. Es director de la revista Argonautas y del fanzine El horla, ambas publicaciones impresas de literatura fantástica. Ha publicado reseñas, artículos, poemas y relatos en diversos blogs y revistas. Cuentos y poemas suyos han aparecido en algunas antologías peruanas e internacionales. Ha publicado los libros de cuentos Historias de ciencia ficción (2008), Horizontes de fantasía (2010) y El otro engendro (2012). E-mail: fanzineelhorla@gmail.com Blog: www.fanzineelhorla.blogspot.com Yelinna Pulliti Carrasco (Lima, 1980). Es Bachiller en Ingeniería Electrónica por la USMP. Tiene una considerable trayectoria como narradora de relatosb y crónicas, las cuales ha pergeñado en diversas publicaciones virtuales y reales. Se encuentra cercana la publicación de su primera colección de relatos.

Enidsa Novoa Haro. Ser espiritual encarnado en lo material es el significado de su nombre, influenciando ello en lo que luego escribiría en su blog” Solo sé que poco sé” donde basa la mayoría de sus poemas en reflexiones. Ha participado en recitales poéticos de varios movimientos culturales como La Papa Cósmica y Grupo Parasomnia, recientemente recitó en la Biblioteca Nacional. Blog: solosequepocose.blogspot.com

Richard Daniel Alejos Martín, lector, geek y administrador incorregible de un par de blogs de Literatura y Tecnologías Web. Adriana Alarco de Zadra. (Lima, 1948) Es autora de Cuentos, Obras de Teatro y libros Recopilatorios acerca de plantas y animales peruanos, contribuye con diversas publicaciones de carácter fantástico y de ciencia ficción, actualmente radica en Italia. web: www.adrianaz.it Óscar Giovanni Gallegos Santiago (Lima, 1978). Crítico literario, docente y traductor. Bachiller en Literatura por la UNMSM. Egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la USMP. Ha publicado artículos y reseñas en revistas especializadas. Actualmente trabaja como editor ejecutivo de Fix100. Revista hispanoamericana de ficción breve y prepara la tesis sobre La Minificción Peruana en la Generación del 50. Germán Atoche Intili (Lima, 1982). Director del sello Edita El gato descalzo, que publica semanalmente un libro para descarga gratuita. Desde 2005 administra el blog Cosas que (me) pasan, Ha publicado Alargoplazo. M i c r o f i c c i ó n (2012), además de poemas, cuentos y ensayos. Compilador de Somos libres. Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana (2012). Sitio web: www.about.me/elgatodescalzo blog: www.elgatodescalzo.wordpress.com. Fabiola Terrazas Espinoza (Lima, 1992). Poeta y narradora. Estudia Literatura en la UNMSM. Ha publicado cuentos en la selección Nido de cuervos (cuentos peruanos de terror y suspenso) y en el fanzine El horla, número 4. Blog:www.saborealaspalabras.blogspot.com Isaac Robles (Cerro de Pasco, 1979). Egresado de Ingeniería Industrial, ha colaborado con varias publicaciones virtuales (velero 25, ciencia ficción Perú, entre otras) publicando artículos y cuentos. Se desempeña como docente a nivel secundaria y Director de Sistemas en la Asociación FabLab Perú Blog: todoslosquehansido.blogspot.com.


En el pr贸ximo n煤mero....

Francisco Solano L贸pez

Agujero Negro nº 3  

Fanzine de Ciencia Ficción y Fantasía peruano, contiene una Galería del net artist Darin K, relatos inéditos, reseñas de libros y cine

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