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LA MALDICIÓN DE LA GIOCONDA Han pasado muchos años desde entonces, demasiados años quizá ... cuando la vida era algo más: vivir, soñar, creer; tantos años en los que el hombre tuvo la respuesta a las enigmáticas preguntas que interpelaba la humanidad desde su olvidada jerarquía y no hubo otra contestación mas que la hiriente indiferencia. Ahora el mundo muere porque el hombre muere con él... ¿Dónde quedó el pensamiento ilustrado?

Nota del autor Es el año I después de "La Gran Adversidad". ¡No, no creáis que esta es la historia de un mundo perdido en los confines del Universo! Aunque estamos en el futuro aún no se ha descubierto vida extraterrestre más allá de los límites de nuestro sistema solar. Me refiero al planeta Tierra, a nuestro querido y a veces despreciado mundo. Hace poco menos de diez años los más negros presagios se hicieron realidad en una concatenación de hechos devastadores que comenzaron a demoler la sociedad del bienestar. Los avisos, para otros, amenazas anunciadas desde los grandes foros, organizaciones y organismos políticos acerca del cambio climático, entraron en un segundo plano cuando en la primavera de hace cinco años comenzó la catástrofe que cogió a todos desprevenidos y sin margen de tiempo para actuar. Las soluciones de antaño (emisión de gases, reciclado, consumo responsable,...) ya no eran ni tan siquiera una base sobre la que asentar la nueva sociedad. Se buscaban nuevos compromisos y acuerdos ante la desertización de casi el 50% del planeta, las inundaciones e incendios a gran escala, la destrucción masiva de las especies, los huracanes, tifones... incluso la subida del nivel del mar que amenazaba a corto plazo con la desaparición de algunos países de Asia y Oceanía. Tras arduos esfuerzos realizados por una Comisión creada para tal fin en las Naciones Unidas en la que se involucraron un buen número de países, y que tenía por misión el salvamento de lo poco que quedara en los países damnificados, así como la creación de planes de desarrollo locales, al cabo de cinco años la situación mejoró mucho, ayudados en gran medida por una inexplicable mejora del clima. Algunos llegaron a pensar que la naturaleza nos estaba dando una nueva oportunidad, y así era... Tan pronto como las condiciones, en ese tiempo récord: un lustro, permitieron volver a reanudar la carrera hacia el liderazgo mundial, todos, absolutamente todos se olvidaron de aquellos pactos y alianzas hasta el punto de volver a vivir una regresión a los comienzos, cuando todo se produjo... pero esta vez, el hombre no tenía la última palabra. Impregnando cada uno de nuestros pasos, de nuestras huellas cotidianas, una ínfima parte de la biosfera nos estaba juzgando a punto de dar su último veredicto.


Ocurrió una fría mañana de diciembre. En una amplia extensión de Europa central se anunciaba para las 11.45 horas un eclipse total de sol. Este duraría aproximadamente 35 minutos y España podría disfrutar tan bello acontecimiento cerca del mediodía. La situación era propicia pues no se vislumbró ni una sola nube en el firmamento del viejo continente. A esas horas casi una decena de países observó un oscurecimiento progresivo hasta la penumbra más absoluta pero cuando la luna fue apartándose del sol, una turbiedad nunca experimentada, una bruma lejos del alcance de cualquier explicación comenzó a apoderarse del ambiente. De nuevo el astro rey ascendió en su majestuosa redondez pero la luz se hizo opaca, cenicienta, lóbrega. En el resto del mundo sucedió lo mismo, de pronto el sol empezó a oscurecerse tiñéndose de un espectro plomizo que provocó el caos más absoluto. Lo que ocurrió después no merece la pena reseñarlo en esta mágica y misteriosa leyenda pues le robaría el protagonismo que merece. Sólo es importante señalar que tras la alarma primera, los meteorólogos y científicos observaron, todavía impresionables, como el ciclo de la vida continuaba igual; los rayos seguían filtrándose y la existencia continuaba caminando, eso sí hacia un futuro sin color, sin matices, sin alegría y sin que nadie supiese el motivo que había creado ese desorden cromático. Diez días después de aquel fenómeno enigmático se celebraba en todo el mundo el día de año nuevo y un gabinete de crisis creado para desentrañar las causas y el devenir del "Sol enfermo" como así se le llamó a partir de entonces, determinaron que ese nuevo año se incorporaría a una nueva época denominada "tiempo después de la Gran Adversidad" -----------------------Han pasado ya cuatro meses desde el oscurecimiento más absoluto. Por la autovía manchega un autobús repleto de niños circula a duras penas en dirección a la capital. Los seres humanos se han ido acostumbrando al fenómeno a costa, a veces, de un elevado precio. Ni tan siquiera las luces del vehículo pueden traspasar el entorno más cercano pues este es también de color gris apagado. Ahora los viajes son eternos y todos los automóviles han puesto unos dispositivos en sus motores que evitan que éstos circulen a más de sesenta kilómetros por hora. No hay color, es cierto, pero los cánticos de los niños, la alegría e inocencia de los niños han puesto luz a un nuevo día y eso en tales circunstancia se valora mucho más como se ha empezado a apreciar todas esas cosas que apenas revestían importancia para el hombre, perdido en el laberinto del egoísmo y la riqueza ... Hacia el mediodía el autobús ha aparcado frente al Museo del Prado en el madrileño paseo del mismo nombre. Aunque parezca absurdo que dicha excursión se realizase, ésta estaba programada antes de que sobreviniera la decadencia del sol por lo que aquel viaje, si bien ya no podía cumplir los objetivos de disfrutar de los cuadros y sus autores, era visto como una pequeña pero importante señal de victoria y de ese protagonismo infantil que, creciéndose ante la adversidad, es capaz de vencer todo tipo de dificultades. Así se hizo saber desde el colegio. Los maestros proveyeron a cada niño de unas gafas especiales, de reciente invención que eran capaces de aclarar el entorno más cercano, imprescindibles para poder interpretar, leer y disfrutar todos los cuadros que, aunque en gama de grises, habitaban el museo. Uno de los tutores observó, emocionado y triste, como las galerías del museo se asemejaban más a los misteriosos túneles que discurren entre las estaciones del metro que


a un lugar que atesora todo el conocimiento y el saber. Colgados en las paredes, entre penumbras, mudos testigos del castigo que la naturaleza había infligido al hombre, el legado del arte postraba su dolor a la espera de encontrar unos ojos, una mirada con la que dibujar una sonrisa en sus lienzos. Los niños y niñas, impactados en todo momento por la grandeza de esas naves cuyas cúpulas y paredes se confundían con el gris ceniza que impregnaba el ambiente, no dejaban escapar ni un ápice de cuanto estaban viviendo en, como sus tutores y tutoras les habían dicho, la catedral del arte. En fila de dos y de tres fueron visitando los primeros corredores en busca de algunos de los cuadros y autores trabajados en clase a lo largo del curso. No habían andado un centenar de metros cuando algo muy extraño sucedió. De repente, el habitual murmullo del ir y venir de gente desapareció y la estancia se hizo aún más lúgubre y tenebrosa. El color ceniza, la tonalidad grisácea mudó a un negro absoluto y los niños se quedaron inmóviles pegados literalmente a sus maestros. A pocos metros de donde se encontraban, emergiendo de uno de los pasillos del museo surgió una deslumbrante luz blanca en forma de mujer. En condiciones normales aquella aparición fantasmagórica habría causado horror y espanto pero hacía tanto tiempo que no se vislumbraban esa luz tan pura y nacarada que suscitó la emoción contraria aunque un temor como hasta entonces no habían conocido, comenzó a poner en alerta a todos los profesores ante lo que presentían podría suceder. -Bienvenidos a la nueva dimensión del arte. Habéis sido elegidos por el cosmos del conocimiento para desentrañar los errores del ser humano. Depende de vosotros el futuro de la humanidad y... La directora del colegio interrumpió sus palabras para espetar de forma que el eco retumbó en la galería. -Es La Gioconda, la modelo que tan magistralmente pintó Leonardo Da Vinci. -He recorrido cientos de kilómetros desde el Museo del Louvre de París para reunirme con vosotros. Traigo conmigo un buen número de cuadros que tenéis que interpretar, pues cada uno de ellos esconde un misterio. Una vez resuelto seré libre de esta maldición. - ¿Qué maldición? Preguntó de forma excitada uno de los niños de 6 º. -La de gestar en mi vientre las plagas de toda la humanidad. Ante tal sentencia los maestros recordaron como una de las muchas interpretaciones que se le ha dado al cuadro de la enigmática dama del siglo XV era que poseía la sonrisa de una embarazada pero a su vez había parte de esa sonrisa que declamaba miedo, enojo, pavor. Si era verdad que en sus entrañas se generaba el mal era una increíble aunque costosa oportunidad poder deshacer esa maldición y con él ese misterio sobre el conocimiento, el arte y la lacra de la sociedad. La Gioconda, que había tomado forma humana y parecía que flotaba sobre el denso ambiente, se dirigió hacia una nave circular coronada por una cúpula desde cuyas cristaleras se divisaba un firmamento mortecino. Sobre las paredes de la dicha estancia descansaban once cuadros difíciles de distinguir a más de un metro de distancia. De pronto, el espectro de la famosa Mona Lisa giró de forma vertiginosa hacia uno de los recovecos, dispersando su blanca luz sobre una pared porticada en la que


descansaban tres cuadros, los tres primeros cuadros cuyos mensajes debían descifrar nuestros pequeños protagonistas y sus maestros. La misteriosa dama de Florencia extendió sus brazos hacia la primera lámina rectangular de más de medio metro de longitud en cada uno de sus lados. Cuando la luz que desprendía impactó sobre la "tabla", los niños de infantil, al unísono gritaron el nombre de Joan Miró; ese cuadro lo habían trabajado ellos. Era su autorretrato. En ningún momento hablaron las maestras; los niños, en un alarde de motivación e interés, comenzaron a decir todo lo que les habían explicado acerca de este pintor catalán y de su creación. Encarnaba la constancia, la autoestima, el creer en uno mismo. El espectro de la Mona Lisa tuvo a bien aquella nutrida una explicación. Con los brazos en alto y mandando solemnemente silencio declaró: - La humanidad adolece de superación por qué el ser humano hace tiempo dejó de evolucionar. Sois títeres del consumismo, de las modas, habéis idolatrado aquello que creéis dioses: el dinero, el egoísmo, la indiferencia. Pero el ser humano es sabio y puede, podéis rectificar. Nada más descubrirse el enigma que desvelaba el autorretrato de Miró, este comenzó a irradiar los colores originales y aquello produjo un desconcierto y emoción en los niños y maestros. Fuera de sus "Márgenes seguía el caos y el mal" pero aquello era una prueba y así lo atestiguó la amplia sonrisa de la Gioconda. El siguiente grabado sobre el que la dama derramó su luz fue "Paseo a orillas del mar" del pintor valenciano Joaquín Sorolla. Dio la casualidad de que los pequeños habían estudiado ese cuadro destacando el mensaje que subyace en él: la amistad, Y así lo hicieron saber. A dicha interpretación de nuevo "la Señora" detalló que la sociedad está deshumanizada. Sólo existe el afecto y el cariño cuando hay un vínculo familiar. Aún así la amistad más trascendente es la que no la une compromiso, es decir los amigos, los compañeros de trabajo, los habitantes de distintas ciudades, de diferentes países. Se había desvelado el mensaje de ese cuadro y de nuevo la amistad era un valor que regresaría al ser humano como así lo refrendó la luz inmensa que arrojaba la famosa obra postimpresionista. El último de los tres cuadros fijados en la pared porticada había sido también trabajado en el Ciclo de Educación Infantil. Los niños estaban muy contentos pues se sentían realmente importantes desentrañando los misterios. Lo que para ellos era sólo un juego tenía el incalculable peso de una prueba sobre la que se asentaría la nueva sociedad. Los más pequeños nuevamente dijeron que aquella era una de las obras más conocidas de Vincent Willem van Gogh y que en dicho lienzo se podía contemplar la habitación en la que vivió durante su estancia en la ciudad francesa de Arles. Si bien la vida del genial pintor no debería ser tomada como ejemplo, si habían aprendido, por los detalles del cuadro que ante ellos mostraba la Gioconda, cómo es de importante el orden en nuestra vida. No solamente la situación y el equilibrio de la habitación-dormitorio era un modelo que seguir en los primeros pasos infantiles en los que se requiere vayan adoptando ya una cierta autonomía; además es muy importante cumplir unas normas para llegar a esa simetría, a esa proporción justa de las pequeñas cosas de la vida. El fantasma de la Mona Lisa aplaudió nuevamente tan sabias explicaciones argumentando que el ser humano se había viciado sobremanera en un mundo de desorganización y anarquía. Ese cuadro mostraba el mensaje de la coherencia y el gobierno


justo del que adolecía la humanidad. Como ocurriera con los otros cuadros, éste comenzó a irradiar el colorido originario y el contraste con el ambiente oscuro y denso hacía presagiar un buen comienzo. La enigmática señora cruzó de parte a parte la nave central hasta pararse en otra pared contigua a la primera señalando tres nuevos lienzos bañados en la oscuridad más absoluta. Acto seguido levantó nuevamente su brazo derecho mostrando el cuadro más próximo a ella. Esta vez fueron los niños de 1 º de Educación Primaria los que dieron un respingo mitad sorpresa, mitad admiración. La tutora les animó a hacer una lectura del cuadro de Gustav Klimt "El beso" que habían trabajado en clase y algunos niños comentaron que ese fresco ofrecía un mensaje inequívoco del sentimiento del amor, de la igualdad entre el hombre y la mujer y del respeto de ambos sexos. Si en aquel momento algún estudioso o crítico del famoso cuadro de Leonardo Da Vinci hubiese contemplado la expresión en la cara de la mujer, muchos de los ríos de tinta que se han derramado para justificar su misteriosa distinción se habrían limitado a un solo juicio: La Gioconda mostraba felicidad, cada solución aportada por los niños era una bocanada de aire fresco en el espectro de la Dama y por añadidura una nueva oportunidad para nuestro mundo. Esta vez la Señora calló pero de sus ojos brotaron dos lágrimas cuyo brillo inundó de destellos celestes la galería en la que se encontraban mientras pensaba cuán necesitados estamos de amor, el verdadero motor del mundo. Seguidamente se encaminó hacia otro cuadro que descansaba al lado de "El Beso". Era la famosa obra de Paul Gauguin "Mujer con un mango" Esta vez fueron los alumnos de 6 º de Primaria los que alzaron la voz para explicar que esa era una de las obras del genial pintor durante su estancia en Haití. En ella se mostraba a una joven polinesia, algunos estudiosos llegaron a asegurar incluso que se trataba de su amante. Lo cierto y verdad era que la belleza impresionante de esta nativa con una fruta en la mano era lo que realmente subyacía en ese trabajo del pintor. Uno de los maestros emitió entonces un juicio en voz baja pero el eco lo hizo sonoro y a la Gioconda Se le volvió a iluminar el rostro -Es cierto lo que dice vuestro profesor, junto con el amor tan necesario para equilibrar y dulcificar la vida es igual de ineludible el respeto a los demás y el afecto y adhesión con los más pobre, con los más necesitados. Actualmente el tercer mundo es una asignatura pendiente para el hombre. Utilizamos a los países más pobres para curar nuestra odiosa compostura pero al final todo queda en palabras y hacemos que las diferencias norte sur sean cada vez más sangrantes. Un mundo en que todos seamos iguales, cada uno con las oportunidades que tenemos iguales pero es la verdadera asignatura pendiente de la humanidad. Seguidamente apuntó con sus dedos el último de los cuadros de aquella segunda terna. Los niños seguían disfrutando de sentirse tan esenciales en el esclarecimiento de los misterios, alguno de ellos incluso observó como la sonrisa de la Gioconda comenzaba a ser más humana, intuyendo que parte de la maldición que la aquejaba estaba comenzando a ser aliviada. Sólo los profesores y profesoras del colegio comprendieron enseguida el alcance de sus comentarios. En los cuadros no sólo reposa la belleza y la estética; leer un cuadro, como así lo habían enseñado a sus alumnos, es encontrar un mensaje y ese mensaje guarda todo el conocimiento, toda la verdad, todo el saber ... Algún que otro maestro intuía ya que lejos del cambio climático y las catástrofes que acontecieran hace años, La Gran Adversidad ocasionada por la ausencia de cromatismo era un serio aviso que la ciencia y


cultura que atesora el arte nos estaba mandando ante la deshumanización que reinaba en nuestro planeta. El siguiente cuadro se iluminó gracias a la luz de la Mona Lisa. -Es de Antonio López. Sí, es el cuadro que tituló "Madrid desde Torres Blancas". La dama del siglo XV, ardía en deseos de conocer la interpretación que de esa pintura pudieran hacer los niños. Sabía que no era fácil pues el mensaje estaba allá, oculto en el horizonte de Madrid. Por más que debatieron los alumnos, no fueron capaces de explicar muy bien cuál era el la señal del lienzo. De pronto una sensación de inquietud se apoderó de todo el colegio cuando observaron como la imagen de la misteriosa mujer se iba haciendo cada vez más difusa. Tenían que desentrañar el misterio de esa obra rápidamente o por el contrario no podrían liberar a la hermosa dama de la amenaza que la perseguía y que tenía que al planeta tierra sin color. -¿Blanca, Blanca? Una de las maestras escrutó al máximo el cuadro ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Pintada entre 1976 y 1982, la imagen muestra una ciudad de colores fríos bajo un cielo pálido. Los colores..., parecía el inicio del oscurecimiento del sol cuando empezó todo después del eclipse. Madrid estaba envuelto por una atmósfera de la que no se podía discernir si realmente estaba viva o inerte. Le dio tiempo a expresar en voz alta sus pensamientos y la Gioconda, tomando el semblante terrenal más exacto, dio un respingo para concluir diciendo -Pensé que todo iba a terminar... A continuación narró como el cuadro del genial pintor español mostraba la desnudez de una gran ciudad haciéndola frágil no tanto por su esencia sino por la huella del hombre en ella. Les habló de la contaminación, de un sol que había dejado de tener el protagonismo en sus más diversas manifestaciones. - Si así es como el ser humano manipula el legado de la naturaleza ningún sitio será habitable en muy poco tiempo. Aquella aseveración fue un nuevo aviso, uno de tantos avisos que dio el fantasma de la imagen de Da Vinci esa mañana. Y de nuevo la pared sobre las que estaban colgadas estas tres últimas obras volvió de nuevo a adquirir una luminosidad especial debido a esos cuadros que de forma mágica e inexplicable habían vuelto a cobrar vida porque el color, como el arte, es vida, a veces poco valorada. A medida que se iban descifrando los mensajes de cada cuadro, la galería circular en la que se encontraban iba tomando un tono más claro si bien el ambiente lóbrego continuaba impidiendo ver con total normalidad. La Mona Lisa se dirigió a otra de las paredes que servian de asiento a la gran cúpula que les cubría, en la que reposaban dos nuevos cuadros y una balaustrada en el suelo que protegía algo parecido a una escultura. La mujer-fantasma, algo más recuperada del susto que le había causado el no descifrar en un principio el cuadro de Antonio López, señaló con el mismo ceremonial el cuadro titulado mujer-luna del autor Pollock. En este caso los niños tenían bien aprendida la lección. De tanto trabajar la pintura en su aula, éstos sabían que el significado de la misma era la importancia de la creatividad encarnada en la psique, en el alma femenina. Esta vez La Gran Dama, complacida por la explicación de los niños, concluyó el mensaje del cuadro diciendo que en la actualidad debemos ser libres en el trabajo y el estudio, desarrollando nuestra creatividad para de esta forma crear almas innovadoras, capaces de producir información. El mundo debe dejar la fuerza bruta y la ignorancia por el descubrimiento y la creación nunca mejor representada, como en el lienzo, a través de la mujer. Concluyó con una frase que si bien es un tópico, en aquellos momentos revistió de la importancia que nunca o muy pocas veces se le ha dado "Más vale la fuerza de la razón que la razón de la fuerza"


El siguiente de los cuadros era el famoso "Caballero de la mano en el pecho" de El Greco. En este caso los niños hicieron un recorrido bastante acertado por todo el grabado pero la misteriosa mujer quería más. El hombre dibujado era el signo que había que descubrir. Fue entonces cuando los profesores se reunieron aportando en una lluvia de ideas quién o qué representaba esa figura. Pronto surgieron algunas opiniones como la que aseguraba que aquel caballero tenía que ser una figura destacada no en vano la empuñadura de su espada era de oro. También destacaba la posición de la mano en el pecho que alude al rito de la fe del caballero. Por lo tanto se trataba de un personaje en el que se fraguaría todo el conocimiento y el saber de la época. -Es por tanto un hombre ilustrado. Dijo con cierta melancolía la Gioconda al tiempo que alzando la voz se quejaba de que el mundo adolece de estos personajes. Los científicos y estudiosos nunca formarán parte de las portadas de revistas y periódicos, su labor no es reconocida y la falta de ayuda ya sea moral o económica está haciendo que la sociedad no evolucione conforme a las personas que tiene preparadas y educadas para tal fin. En ese sentido es perentorio que cambie la sociedad valorando más el alcance de estas personas cuya formación y adiestramiento se debe llevar un cabo ya desde el colegio. Dicho esto guiñó un ojo al profesorado allí existente y se apoyó sobre una de las columnas de la balaustrada mostrando una figura humana que causó un gran miedo sobre todo a los pequeños. -No os asustéis chicos, es el David de Miguel Ángel pero, qué está haciendo... Uno de los profesores no pudo reprimir su sorpresa cuando de pronto la famosa escultura comenzó a agacharse cogiendo las rodillas con sus manos y escondiendo la cabeza entre las piernas. En ese momento ya no hacía falta explicación alguna. Tanto los niños como sus maestros se habían dado cuenta de que ese hombre estaba sufriendo. La Gioconda observaba conforme aquel silencio y dijo: - Una imagen vale más que mil palabras. Este David representa al ser humano que espera preparado cualquier llamada o misión de la vida. No es Goliat al que aguarda sino el Afán de superación. Esta escultura representa la perfección, los sueños, los anhelos, en una palabra, la esperanza, pero qué lejos está el mundo de estos méritos olvidados. Fue entonces que al tocar su bello rostro el David volvió a erguirse hasta tomar la forma conocida esta vez con un color que le aportaba la vitalidad de la que adolecía el ser humano. Quedaban pocos cuadros que descifrar y los educadores estaban deseosos de saber qué ocurriría al final. Era demasiada la exigencia pero mayor el regalo que iba a recibir la humanidad y en ningún momento ellos se sintieron protagonistas, al contrario; sabían que eran la herramienta a través de la cual se podría lograr. Los verdaderos artífices de esa segunda oportunidad eran el arte, el saber, el conocimiento pero, ¿y qué tenía que ver el sol en todo eso? La Dama, cada vez con una sonrisa más amplia se acercó a la tercera pared. Era una muralla totalmente desnuda. Los reflejos que le otorgaba la luz de los cuadros ya investigados la revestían de una tenebrosa majestuosidad. El cuadro que cubría el tabique tenía unas medidas formidables y conforme la luz del espectro de la dama se iba acercando, resaltaba en él cómo estaba hecho; con sólo dos colores y sus combinaciones, los denominados colores acromáticos, es decir, aquellos que no se perciben como tales: "El blanco y el negro".


Nadie se dio cuenta del mensaje que desprendía aquel cuadro pero la protagonista se apresuró a mostrarlo: - He aquí el cuadro sin luz, sin tonalidades, sin matices ni tintes, desnudo ante vosotros ... -La guerra. Dijeron los niños mayores y los maestros mientras los más pequeños se aproximaban, temerosos, a sus educadoras. - He aquí, ante el mundo, la mayor tragedia de la humanidad. Todo lo que se ha mostrado en los cuadros anteriores es la causa de esta innoble acción. Sin respeto, ni amor, ni cultura, ni afán de superación la gente se entrega al odio, a la indiferencia y al resentimiento. El resultado está aquí expuesto. Fue la primera vez que Gioconda no dejó hablar a los miembros del colegio, el mensaje saltaba a la vista, además la solemnidad y el dolor que tenían las pinceladas habían hecho su efecto. Los educadores comenzaron a ponerse nerviosos. Había llegado el final. Las cuatro paredes de la nave circular desprendían el color de los cuadros en ellos colgados y ya sólo quedaba saber qué pasaría con tan misteriosa mujer. Fue entonces cuando la dama sacó de debajo de su túnica un último cuadro que a todos dejó perplejos y desorientados. ¿Qué importante mensaje guardaría ese lienzo como para llevarlo tan dentro de ella, justo en su vientre, ese vientre donde tantos años se había estado gestando el dolor y la injusticia de la sociedad? La dama misteriosa comenzó a mascullar algunas palabras que sólo pudieron oír los educadores y educadoras más cercanos a ella. - Y aquí los olvidados, las víctimas de la indolencia y el abandono... - Es un circo. Comentó una de las niñas admirada ante ese dibujo tan expresivo. - Sí. Comentó uno de los educadores. - Si no me equivoco es la obra que jamás pudo terminar Georges Pierre Seurat. Sin duda es un bello canto a la niñez, a la infancia, a la nobleza, a todos vosotros ya todos los niños del mundo. -Especialmente a los que más sufren, a la infancia sin infancia, a los niños que nunca podrán sonreír viendo un circo porque no tienen si quiera un trozo de pan que llevarse a su boca mientras en otros países los mandatarios dejan de lado el 0,7 por ciento de ayuda para ellos y lo invierten en armamento. Eso es lo que más duele a la naturaleza; el saber que existen estas acciones que siempre serán tomadas como un insulto para la inteligencia humana. Al iluminarse el cuadro con sus tonos originales algunos vieron como La Gioconda lloraba por segunda vez, sus lágrimas se fundieron en el ambiente rompiendo la negrura a su paso. Aquellos que vieron ese increíble milagro no podían buscar explicación alguna salvo en la emoción que les embriagaba. La Tiniebla se fue haciendo claridad mientras la Gioconda comenzaba a mostrarse cada vez más borrosa y dilatada. Una voz nació de sus labios para entonar, como un trueno, la palabra GRACIAS. El arte, el saber y el conocimiento habían dado una segunda oportunidad al planeta Tierra. De pronto, de cada uno de los cuadros, emergieron libres sus creadores. La maldición se había roto y mientras


la misteriosa dama emprendía de nuevo su viaje hasta Francia, cada uno de los pintores se fue elevando hacia la cúpula acristalada traspasando la vidriera y fundiéndose, como los rayos más brillantes y resplandecientes, con un sol que jamás había iluminado tanto la faz de la tierra. A la ciudad croata bosnio de Tomislavgrad, cuyo paisaje, quince años después, aún se sigue mostrando en mi recuerdo sin color alguno.

Antonio León García


La Maldición de la Gioconda  

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