Dios promete consuelo
Por: Valory Muñiz Oquendo

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, que nos consuela en todas nuestras tribulaciones...” 2da Corintios 1:3-4
Contar mi testimonio era una de esas cosas que me producían vergüenza. Imaginaba que exponer mi vulnerabilidad a otros sería dar mal ejemplo de lo que una cristiana debe ser, sentir o pensar. Hasta que hace muy poco pude compartir con profundidad ese “secreto sucio”: lo que me hacía sentir el sentimiento de abandono. Ese día descubrí el gran efecto del consuelo de Dios en mi vida.
El consuelo de Dios es como un rocío diario que va sanando. De manera sutil para nosotros, el gran Padre de misericordias se hace cercano y se dedica a curar nuestra herida. El poder
contar mi pasado de manera sana, brindó esperanzas a otras personas. Ese día aprendí el valor de compartir el testimonio. Podemos convertirnos en fiel evidencia de que hoy hay consolación para todos, sin medida, en todas nuestras tribulaciones.
Oración: Padre de misericordias, que tienes consuelo para todos por medio de Jesucristo. Ayúdanos a percibir tu rocío mañanero de esperanza y sanidad. Que podamos acudir en confianza a ti y compartir con otros el efecto de la bendición de tu consolación. Por tu bendito hijo rogamos todo. Amén
Pensamiento: Mi testimonio contado desde la sanación ayuda a otros.
Oremos por: Las personas que se sienten abandonadas