ADEPTOS A LA IMPERFECCIÓN ESCRITO E ILUSTRADO POR LORENA ESCAMILLA
Título original de la obra: ADEPTOS A LA IMPERFECCIÓN Copyright © 2021, Colombia. Corporación Universitaria Minuto de Dios Facultad de Ciencias de la Comunicación Comunicación Visual, Ilustración. Dir. de arte, Leidy Lorena Escamilla Villarraga.
ADEPTOS A LA IMPERFECCIÓN ESCRITO E ILUSTRADO POR LORENA ESCAMILLA
Wabi-Sabi era un pequeño monstruito muy bueno y amigable, ávido por cumplir su gran sueño: el sueño de ingresar a estudiar en una escuela.
Estaba muy desanimado de ver que en ninguna escuela era admitido. Había pasado cientos de solicitudes y en todas era rechazado.
Después de interminables tardes de búsqueda, finalmente desistió a la idea de cumplir su gran sueño. Se sentó en medio de una gran calle y rompió a llorar.
Mientras tanto, Martín, que iba de camino a su escuela, transitaba por la misma calle en la que Wabi-Sabi lloraba. Iba muy deprisa, pero le inquietó escuchar un llanto angustioso; así que se detuvo por unos segundos a descifrar de dónde provenía.
A sus espaldas vio a Wabi-Sabi recostado en un árbol y comprendió que de él emanaba esa gran tristeza traducida en llanto.
- ¿Qué te sucede? - Le preguntó. - Nada. No te preocupes. Puedes seguir tu camino. - Le respondió el monstruito. - ¿Cómo que no te sucede nada? ¿Entonces, por qué lloras? - Insistió.
Ante estas preguntas, Wabi-Sabi no logró contenerse más y le comentó su situación, el motivo de su llanto. Martín lo escuchó atentamente. En ese momento se acercó Mariana, amiga de Martín e hija del rector de la escuela a la que asistían.
- Hola, Martín. Hola, amigo de Martín. - Dijo con una gran sonrisa. - Hola, Mariana. Él es Wabi-Sabi, está muy triste y necesita nuestra ayuda. - Respondió Martín. - ¡Hola, Wabi-Sabiii! - Saludó Mariana con gran energía. Wabi-Sabi limpió sus lágrimas, saludó a Mariana y sonrió.
- ¿Crees que si hablas con tu papá lo admita en nuestra escuela?- Preguntó Martín. -No han querido concederle el ingreso a ninguna otra.-
- Se me ocurre algo. Vamos los tres a la escuela, así podremos comentarle a papá. No se negará. Respondió Mariana a la pregunta de su gran amigo.
Sin mucho que agregar, Mariana, Martín y Wabi-Sabi continuaron apresurados y con un objetivo en mente el camino hasta la escuela.
Cuando llegaron, un grupo de personas entre los que estaba el papá de Mariana -rector de la escuela- estaban en el patio. ¡Era el momento ideal para preguntarle!
Todos quedaron maravillados al ver a Wabi-Sabi, excepto el papá de Mariana, de quien necesitaban aprobación.
Mariana corrió entusiasmada donde su padre. Sin embargo, el entusiasmo no duró mucho. Su padre se negó. No quería que la presencia de este monstruito trajera consigo problemas a la escuela. A su modo de ver, podría espantar a los demás...
- Lo siento. - Les dijo Mariana al regresar con Martín y Wabi-Sabi.
- No te preocupes, monstruito. Ya encontraremos una solución. - Dijo Martín mientras el rector se dirigía a su oficina.
Con gran descontento los presentes empezaron a alegar hasta que el rector salió nuevamente al patio. Quedó atónito al ver el alboroto. Aquella manifestación no coincidía con el juicio que supuso ante la presencia de Wabi-Sabi en la escuela.
- No habrá retracto alguno, - sentenció el rector - ¡inicien la jornada! Se dio la vuelta para seguir el camino mientras analizaba la situación.
Muchos estaban insatisfechos, algunos más le gritaban al rector en desacuerdo por su conducta.
El rector retornó su mirada estando en la puerta principal del edificio y al ver el lamento de Wabi-Sabi, se estremeció. De igual manera, le generaba impacto la actitud de quienes estaban allí.
Todos seguían disgustados, reclamaban ante el rector. Y él solo podía pensar en lo increíble que era que este monstruito no provocara temor ante los que estaban en su escuela.
Se sentía mal consigo mismo. Comprendió pues que era el único que se oponía y, sabiendo que no podía negarle más la posibilidad a Wabi-Sabi de estudiar, tomó la más sabia decisión.
- Pequeño, ven acá. - El rector dirigió su palabra al monstruito, quien se acercó temeroso.
- Te pido que me perdones. Ahora veo que es injusto obstaculizar nuevamente tu más grande deseo. Puedes entrar a clase junto a tus nuevos compañeros. -
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