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Edición 735

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Decía que el cristianismo era un cuento, pronto será sacerdote

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los 10 años, el uruguayo Emiliano García Fernández, de 35 años, vio un documental de National Geographic sobre el descubrimiento del fósil del australopiteco ‘Lucy’. “Me preguntaba cómo conciliar lo que yo veía por televisión, con lo que me explicaba la Biblia en esa época. Esto mismo preguntaba a las catequistas del colegio y no encontraba una respuesta satisfactoria. Lo mismo pasaba con una serie de preguntas que no me podía responder sobre la vida, el universo... . Me volví agnóstico, y ateo en la práctica. Con diez años perdí la fe. A todos los compañeros que me encontraba trataba de convencerlos de que esto del cristianismo era un cuento”. Él era además directamente hostil a la Iglesia como deja ver un conflicto vecinal que tuvo con su parroquia: el salón parroquial, que se usaba en fiestas, estaba pared con pared con su casa, y los ruidos les molestaban. Él mismo presentó una denuncia contra la parroquia por exceso de ruido. Todo empieza a cambiar a los 17 años, cuando, por sus inquietudes musicales se une al coro de la casa de cultura. Por su compromiso con el coro, tuvo que ir a la parroquia a cantar villancicos en los días antes de Navidad. Y ese fue su primer acercamiento consciente a la liturgia. En 2009 un compañero del coro lo invita a cantar en la Misa de Nochebuena. “Antes de la Misa de Nochebuena, habíamos quedado con unos amigos para reunirnos. En ese momento me pregunté si quería estar ahí, que no le importaba a nadie mi presencia, o si yendo a cantar a la misa le significaba algo a alguien. Me levanté, fui a la misa y me pasó algo que nunca antes me había ocurrido: desearle a algunas personas feliz Navidad”. En esa misma misa, el sacerdote anunció que llegaban a la parroquia un grupo de jóvenes católicos, muchos paraguayos, que organizarían unas misiones católicas. El párroco pedía que los parroquianos ofrecieran alojamiento para ellos. Y Emiliano decidió ofrecer dos dormitorios de su casa. Pensaba que no aceptarían su oferta y simplemente ganaría buena imagen.”La sorpresa es que no solamente aceptó el ofrecimiento, sino que allí se alojó el matrimonio que coordinó la misión, porque querían quedarse en el lugar más cercano a la parroquia “, recuerda. En la última oración de aquellas misiones, sentado en el último banco de la parroquia, escuchó con atención el testimonio de uno de aquellos jóvenes. Escuchándole, sintió “algo, más allá de lo racional”. Algo en su interior resonaba: “Quiero vivir lo mismo que él”, supo. “Hoy lo entiendo como una moción del Espíritu Santo”. Perdonó algunos agravios que sentía, “y ese es el momento en que volví a tener fe. A través del perdón”. “El año 2013, el Año de la Fe, estuve fuertemente centrado en este camino de discernimiento. En 2014 realicé en mi diócesis los ejercicios ignacianos para jóvenes. Ese tiempo me ayudó también a discernir mi vocación sacerdotal hacia el clero diocesano, teniendo en cuenta que venía de una parroquia administrada por los Misioneros Oblatos de María Inmaculada”. Finalmente, en 2015 entró en el seminario. Y en marzo de 2023 era ordenado diácono por el obispo de San José de Mayo, monseñor Fabián Antúnez. “Quiero agradecerle a Dios porque en cada ordenación celebramos la misericordia de Dios que llama a los hombres para usarlos como instrumentos frágiles en favor de los demás”, dijo Emiliano en la celebración de su ordenación diaconal.

Testigos fieles de Cristo Año 15

C

No. 735

Semana del 28 de mayo al 03 de junio de 2023

elebramos hoy la gran solemnidad de Pentecostés. Aunque, en cierto sentido, todas las solemnidades litúrgicas de la Iglesia son grandes, esta de Pentecostés lo es de una manera singular, porque marca, llegado al quincuagésimo día, el cumplimiento del acontecimiento de la Pascua, de la muerte y resurrección del Señor Jesús, a través del don del Espíritu del Resucitado. La Iglesia ha revivido así lo que aconteció en sus orígenes, cuando los Apóstoles, reunidos en el Cenáculo de Jerusalén, “perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hch 1, 14). Estaban reunidos en humilde y confiada espera que se cumpliese la promesa del Padre que Jesús les había comunicado: “Serán bautizados con Espíritu Santo, dentro de no muchos días… Recibirán la fuerza del

Espíritu Santo que va a venir sobre cada uno de ustedes” (Hch 1, 5.8). El Espíritu Santo es Aquel que nos hace reconocer en Cristo al Señor, y nos hace pronunciar la profesión de fe de la Iglesia: “Jesús es el Señor” (cf. 1 Co 12, 3b). Señor es el título atribuido a Dios en el Antiguo Testamento, título que en la lectura de la Biblia tomaba el lugar de su nombre impronunciable. El Credo de la Iglesia no es sino el desarrollo de lo que se dice con esta sencilla afirmación: “Jesús es el Señor”. En el Credo, que nos une desde todos los lugares de la Tierra, se forma la nueva comunidad de la Iglesia de Dios, que, mediante el Espíritu Santo, hace que nos comprendamos aun en la diversidad de las lenguas, a través de la fe, la esperanza y el amor.


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