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LETRAS TRAS LETRAS Nº 3

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Dirección:

Manolo Rodríguez

Colaboración:

Ramón Del Pino

Agradecimientos:

a Elena Márquez, Rayco

Pulido,

Alicia Rodríguez y Rosa Ros; a su alumnado, que ilustran y embellecen las letras.

Portada: Melina, 2º Bach.

Nota del editor:

La ley de protección de datos nos sugiere que nuestro alumnado aparezca sin su nombre y apellidos

Editorial

Hacerse alguien el sueco

1. loc. verb. coloq. Desentenderse de algo, fingir que no se entiende.

No tendrán más de trece o catorce años los chicos que, con insolente alegría, se asoman a la cámara que los retrata. Son alumnos del IES Pérez Galdós y participan en una excursión a los Tilos de Moya. Cobran protagonismo dos de aquellos muchachos, acicalados y con cierto aire de niños de novela de Dickens. Uno fuma y sonríe con avidez; el otro, no menos risueño, porta una botella que, intuimos, contiene espirituosa bebida. Los profesores participan, con sobriedad, de la alegría juvenil.

Era el año 1926, y la escena la podemos disfrutar, casi cien años más tarde, en una película en blanco y negro que se proyecta en nuestra Aula-Museo. Esos dos muchachos captan, de manera ineludible, la atención de toda la comunidad educativa del siglo XXI; que observa con asombro y escándalo los animados fotogramas. Aunque en la mayoría de los países europeos

ya era un hecho hacía tiempo, no sería hasta 1988 cuando en el nuestro se promulgó la ley que prohibía fumar en colegios, institutos…¡y hospitales! declarando al tabaco como sustancia nociva para la salud de las personas.

Aunque en la mayoría de los países europeos ya era un hecho hacía tiempo, no sería hasta 1988 cuando en el nuestro se promulgó la ley que prohibía fumar en colegios, institutos…¡y hospitales! declarando al tabaco como sustancia nociva para la salud de las personas.

En el Pérez Galdós de 2023, cuando documentamos gráficamente alguna de las excursiones (actividades complementarias o extraescolares, llamadas ahora pomposamente) hallamos que las manos de nuestro alumnado de este primer cuarto de siglo, no sostienen ya el licor o el cigarro sino un objeto igual de nocivo y adictivo: el omnipresente móvil.

Y esos dos muchachos ya no nos sonríen con fijeza, pues sus miradas están enterradas en la hipnótica y minúscula pantalla de su móviles. La presencia del artefacto se extiende a la guagua que los traslada a los Tilos de Moya o a la Pintada Cueva de Gáldar, los pasillos y las aulas del instituto o nuestro palmeral.

“La trampa de la nueva era”, decía Zygmunt Bauman, en su teoría de la modernidad líquida. Y junto a la suya, son diversas las voces autorizadas que alertan sobre los efectos catastróficos de la hiperconectividad de nuestros adolescentes a los dispositivos digitales; tanto dentro, como fuera del ámbito escolar.

La catástrofe la evidencian la multiplicación de casos relacionados con la salud mental que van desde el insomnio hasta la depresión o el suicidio. Atrapados en la pantalla, caen en adicciones (apuestas y porno on line, videojuegos), padecen o fomentan el bullying 24/7, ven mermada su capacidad de concentración en los estudios y en otros aspectos de su vida diaria…

A la par que nuestras autoridades educativas nos instan a la aprobación de planes digitales en los colegios e institutos, el gobierno de Suecia, por poner un ejemplo de referente educativo, ha decidido paralizar el avance de su plan de digitalización en sus centros pues, además de los mencionados anteriormente, se advertía el riesgo de ver cómo se precipitaba una generación de analfabetos funcionales, e incluso emocionales al carecer de la calidez del trato que genera empatía (muchos amigos virtuales, muy pocos abrazables).

Y, por tanto, “las escuelas suecas necesitan volver a un enfoque centrado en habilidades básicas como leer, escribir y contar”.

Quizás deban transcurrir otros cien años para que nos escandalicemos ante escenas de aquella índole. Mientras tanto, deberíamos decidir si “hacernos los suecos” o, “hacernos suecos”.

DUNIA AYASO

(1961-2014)

Directora de cine canaria, autora teatral, exalumna del Pérez Galdos durante la movida década de los 80. Quiso el azar, o el destino, que su infancia y adolescencia transcurrieran como vecina del instituto, pues vivía en la calle Tomás Morales, junto al cine Capitol ¿también el azar?. En "el Pérez" conoció a Félix Sabroso, con el que formó pareja sentimental y artística hasta sus últimos días.

Estudiantes ambos con anhelo artístico, se apuntaron en una compañía de teatro que se organizaba en el Instituto dirigida por el profesor de literatura Paco Arroyo. "Farándula Macaronésica," era el precioso nombre de esa compañía con la que llegaron a hacer giras por las islas e incluso representaron los entremeses cervantinos en el Festival de Teatro Clásico de Almagro. Otro profesor, en este caso de inglés y de apellido Maccanti, con sus actividades de clase ligadas al cine, hizo que su afición al séptimo arte terminara de cimentarse.

Ayaso y Sabroso, tanto monta, monta tanto, dirigen su primera película, Fea, en 1994 mostrando las peripecias de dos limpiadoras de un burguer que sueñan con ser actrices en el alocado Madrid de los noventa. Dos años más tarde se dan a conocer a nivel nacional con Perdona bonita, pero Lucas me quería a mí, una comedia desmadrada de ambientación gay con la que revientan las taquillas españolas.

"Deseo", la productora de Pedro Almodóvar, les da su apoyo para sus siguientes proyectos: El grito en el cielo (1998) muestra el fenómeno de una televisión basura sin escrúpulos que en aquellos años se encontraba en su esplendor. Descongélate! (2003) desvela el sueño truncado de un desconocido actor por trabajar con un famoso director. Los años desnudos (2008) es cine dentro de cine, y nos sumerge en un aspecto de la España de la Transición que fue tan efímero como relevante, las películas clasificadas S.

Será 2009 el año de su última y más madura película, La isla interior. La carga que arrastramos las familias cuando la herencia reside en lo intangible, es el tema de esta película que fue rodada íntegramente en Gran Canaria con un espléndido reparto que incluye, entre otros, a Candela Peña, Alberto San Juan, Antonio de la Torre, Geraldine Chaplin y a nuestra profesora del departamento de Lengua, Emy Cazorla.

Aclamada por la crítica, obtuvo importantes reconocimientos y recibió 15 nominaciones a los Premios Goya.

La muerte, precipitada y triste siempre, sorprendería a la directora el 28 de febrero de 2014, con tan solo 52 años.

Encabezaba la web que compartían la pareja de directores, una cita extraída del guión de La isla interior: "Si no podemos solos vamos a tener que admitir que nos necesitamos”

La hacemos nuestra.

poes

esía

Hoy hallaron muerto al niño que yo fui...

Hoy por hoy

Hoy hallaron muerto al niño que yo fui

Que me veo venir sin el miedo en la boca Que en sueños elegí dormir y soñar con volver a ser aquello que fui

Hoy anunciaron en el periódico, Que no fui aquel hombre que elegí ser Y me miro al espejo y extraño la inocencia de los ojos con los que crecí

Hoy llamó a la puerta el veneno adolescente Camuflado en un cuerpo de mujer

A reclutarme a la marcha suicida

De los besos sin amor

Hoy escuché a un niño llorar

Porque descubrió lo que es hacerse mayor

Hoy por hoy, igual que ayer, Sigo sin serlo, aquello que fui

Alexander, 2º Bach
Yuying, 4º ESO

Ilustración Águeda, 2º Bach Texto Alexander, 2ºbach

tu, que ahora te atrincheras

Susurros de guerra

Míralos amor, Qué pensarán Los que de nosotros armaron la guerra

Tú, que ahora te atrincheras en mi pecho Y yo, que me siento a salvo cuando me besa tu mirada

Ven a mis brazos, no habrán peros ni sin embargos Porque eres tú La bandera Blanca Que pone paz a mi guerra En tiempos donde nos miramos como enemigos Y las noches extrañan tus aullidos

Lo único que quiero Es saber lo que quiero Que te quiero, Y sé que eso nunca cambiará

atrincheras en mi pecho

Texto: Alexander, 2º Bach

Ahora que empecé a pintarte

Ahora, todo se vuelve verdad

Ahora que la risa es contagiosa no me queda sonrisa que mostrar. Y ahora que terminé por sexta vez el disco de Silvio, me acuerdo de ti.

Ahora que me jode ver tortolitos en las sucursales, busco trenes de paso que no llevan a ningún lado.

Ahora que empecé a pintarte el Guernica, te excita robarle girasoles a Van Gogh. Y ahora que Krahe nació de nuevo no tengo donde soplar.

Ya no sé lo que es el ahora ni el después... ahora llegas tú y me desordenas la vida. Ahora te doy las gracias por abrazarme aunque no estés aquí.

pintarte el Guernica...

Ilustración: Gabriela, 1º B ach

ilustración

Glesie, 2º Bach

texto

Ainhoa, 2º Bach

Algún día nos miraremos las ropas y serán las mismas que hace muchos años

Diremos:

«Ya hemos dejado de crecer».

Vendrán de golpe los años, que no dejamos sentarse en nuestra mesa, con champán, sin reproches, y hablando todos a la vez.

Esa vez solo habrá sonrisas.

Algún día nos miraremos

Quiero envejecer, y que me duelan las costillas por el ejército de latidos que se salieron del ritmo -anchos, muy anchos-.

Quiero envejecer por fuera, pero por dentro seguir siendo una niña

Y no dejar de amarte.

Mirarnos al espejo y no descubrir ni una sola cosa que nos quede por hacer Estar llena de besos, levantar las manos y rozar el cielo, Que no existan esquinas en la vida, ni rincones oscuros donde se cobije la decepción.

pero el mundo también se volverá algo más pequeño

Soy alta, muy alta porque tú me has hecho crecer todo este tiempo -y lo que me quede por crecer-.

Soy lo que soy porque al otro lado siempre estás tú y detrás de ti, mi vida

Solo queda caminar hacia una dirección a la de dejar de ser materia

Entonces, cuando ocurra y nuestros ojos pierdan este brillo, todos los momentos que se quedaron enraizados en nuestro corazón crecerán sin espinas.

Algún día nos miraremos las ropas, y serán las mismas que hace muchos años

Me dirás: «Ya hemos dejado de crecer…» Y solo me importará que siga ahí tu sonrisa.

miraremos las ropas

Tener una vida de segundos que recomendé vivamente que pusiera en su sitio el reloj.

Soy alta, muy alta

Texto

alejandro, 2º Bach

Quiso volver

Por un segundo quiso regresar, y borrar aquel sentimiento eterno. Quiso revivir aquel triste invierno, con los mismos ojos, mismo mirar, y descubrir la inocencia otra vez.

Lamer las heridas de aquel verano, en que le ensuciaron su limpia mano las heladas garras de la vejez. Quitar el amargor de su memoria, seguir su vida con normalidad, sin el mal sabor de la gravedad que supuso vivir aquella historia.

Quiso nuevamente oler ese plato que alguna vez odió, por asqueroso, sin recordar el aroma horroroso que se quedó impregnado en su olfato. Escuchar por primera vez la voz, que dicen dulce, de alguna persona. Que cada palabra que se menciona, no lleve al recuerdo aquel grito atroz.

Ilustración

Teseida, 1º Bach

Solo quiso poder vivir su infancia. Nunca quiso que se hiciera justicia, solo olvidar eso que le desquicia.

Así que, allí terminó su estancia. Se fue del hotel, entregó la llave, concluyó que era su mejor opción, cuando vio la luna desde el balcón, y que el cielo parecía tan suave.

lamer las heridas de aquel verano Quitar el amargor de su memoria

ADRA

Mamá, ¿qué he hecho para ofenderte?

Dame veneno, que quiero morir y vamos pa´Adra, en limusina que me pesa el pasado y me sobra ya el presente.

Me pesa el pasado porque ya he huido tanto, tanto y es que me pesa de esconderme, tanta tierra y sangre que he tragado, desde el Parque del Oeste hasta los camerinos del Mississippi.

Me sobra el presente porque no parece mío, ‘Joselito, Joselito’, y es que no parece mío.

Si me llamo yo Cristina y a Adra llego en limusina, los aplausos no me sirven si mi mamá no me reconoce.

¿He cometido un delito?

Mamá, ¿qué he hecho yo para ofenderte? no he hecho nada y ser yo misma no es motivo suficiente, pues pregúntale a las madres si hay cadena más pesada que la que una se autoimpone.

Madre huele a casa y campos, campos de millo y madre sigue oliendo la mujer de mi vida aunque ella nunca acepte que, lo que soy, es su hija.

Llegaré a Adra en limusina y me iluminarán los focos, e iluminaré yo el cielo aunque nunca haya debido de cruzar en Mississippi pero siempre lucharé porque esto no se repita, que nunca más se repita, aunque me cueste la vida: dame Veneno, que lo que quiero es morir.

Dean, 1º Bach

Nhi, 2º Bach
Carlota, 2º Bach

Lucía, 1º Bach

Poema acróstico

Tratando de entenderme a mí mismo

Riquezas y flores adornaban mi cabeza

Abandonando el deseo de tener el cabello

Negro que adornen fuerza y valentía.

Se escondían secretos

En mi alma.

Xilófonos engorrosos sonaban en el camino

Unidos estaban el odio , la soberbia y el prejuicio

Alimentando todo mi cuerpo de miedo.

Luchando en dolorosas guerras en soledad

Invisible era lo que sentía .

Día a día mirándome en el espejo

Abrazándome a lo que soy

Dejaba el dolor aparte entendiéndome.

Abrazándome a lo que soy

No sé lo que hago

No sé lo que hago

Ni lo que debería

Hago el amago

De hacer algo con mi vida

Busco algo que decir

Para combatir

La imagen de imbécil que tienen de mí

Daria todo de lo que sé

Por la mitad de lo que ignoro

Finjo no estár a su merced

Pero por dentro lloro

Daria todo de lo que sé

Por la mitad de lo que ignoro

Finjo no estár a su merced

Pero por dentro lloro

Los dias raros muchos

Y los días buenos raros

Cortado está con serrucho

El futuro de los lados

Ilustración y texto: Diego, 1º Bach.

alba, 2 º BAch

La reina Hebe

Con una sonrisa en su rostro, Hebe llegó al Olimpo celestial, con la gracia de una diosa y el poder del amor, su trono fue alzado y su cetro se hizo notar.

La reina del Olimpo, así la llamaban, porque con sus alas doradas y su belleza divina, era toda una sabia, una amante y guerrera, una verdadera diosa, una entidad suprema.

Rodeada de luz y de gloria, reinaba en el Olimpo con gran sabiduría, su corazón bondadoso y su mente ferviente, conquistaban los Dioses a diario.

Y así Hebe se convirtió en la reina del Olimpo, un ser iluminado que guía los pasos de los mortales, y aunque su poder es divino, su humildad es inmortal, pues en su camino siempre ha puesto la verdad.

Si sientes dolor, recuerda al mar, recuerda que tuviste la bendita suerte de nacer a su lado. Piensa en las olas, la espuma y la sal. No existe el miedo a su magnitud, no hay peligro alguno ante su presencia.

Guíate ante su magia, deja que te abrace, que sus olas te arrastren. Escucha sus palabras, sus consejos y sus canciones, escúchalo en absoluto silencio. Escucha a las gaviotas también, siente la brisa, deja que la arena se pegue a tu piel, y que tus pies se rasguñen con las rocas.

Recuerda al mar

Si sientes dolor,

Texto: Paula, 2º Bach

Ilustración: Thalía, 2º Bach

Él te conoce más que nadie, él vela por ti, no temas crecer, no temas avanzar.

No temas morir, él está y seguirá estando ahí.

Él recordará tus canciones y libros favoritos, él hará resonar una vez más el tono de tu voz cuando ya nadie lo recuerde. El tono del canto, de la risa, del llanto y la agonía.

Pues él siempre estuvo ahí, él cuidó de ti, de tu tierra, de sus criaturas.

Te vio crecer, te vio avanzar, y jamás quiso alejarse de tu lado.

No le tengas miedo al mar.

No existe el miedo a su magnitud,

no hay peligro alguno ante su presencia. Guíate ante su magia, deja que te abrace, que sus olas te arrastren.

No le tengas miedo al mar, pues él nunca tuvo miedo de ti.

Mil setecientos veintisiete

Sé que no sé poesía pero de vez en cuando tengo algo que contar

De vez en cuando mi cabeza da tantas vueltas que todo aquello que no sale de mi boca termina explotando como una gran bomba nuclear que arrasa con todo a su paso

Sé que no se de poesía pero cada vibra que da mi cuerpo me hace actuar sin importar siquiera alguna sola consecuencia y termino siendo responsable de toda explosión

Ando con los pies siempre metidos en dinamita como si no importara una mierda volar por los aires si eso significa que aprendo a volar

Voy saltando los edificios como si no entendiera de alturas porque por mucho que cayera sé que podría levantarme

Y es que qué más da la locura si es el loco quien sabe amar y por cuántos cuerdos que no saben hacerlo habremos enloquecido al final del cuento

Texto: Claudia, 2º Bach

Mi mente se sofoca y no puedo respirar siento que me ahogo pero y qué más da

Y sí, no estoy cuerda y he enloquecido pero sé amar y sé volar tan solo me queda aprender de poesía

Ilustración: Alba, 1º Bach

Ilustración: Daniela, 2º Bach

Aquel centro de entre mil

Lo escogí, quizás él a mí, y dos años después

Me toca despedirme de él.

Puede ser una manera de agradecer esta experiencia plasmando en un papel todo lo aprendido o lo que no supe ver.

Miles de vivencias, caras por reconocer

Decisiones que se toman tras contar hasta diez Manos que llegan sin esperarlas

Almas que encuentras que, sin querer, te abrazan.

Sonrisas al aire, saludos coraje

Comparten sus penas al llegar la tarde.

Y no importa lo que enseñe, el adulto o el docente

Pues puede que el alumno mañana valore su suerte.

De pisar este centro, el PérezGaldós

De la fortuna que por él, hoy siento yo.

Texto: Judit Domínguez, Dpto Inglés

narrativa narrat

narrativa narrativa i

Las placas de hielo se mecían en la corriente marina, adoptando un leve resplandor plateado cuando la diáfana pero incesante luz estival incidía sobre ellas. Al contrario, bajo la lisa superficie, la luz hacía intentos por destacar, en un mundo paralelo en el que la vida se desarrolla entre tonos azulados. La oscuridad era casi total, pero no llegaba a serlo: no conseguía alcanzar su ansiada dictadura. Aún así, resultaba ligeramente inquietante. A lo lejos se alcanzaba a distinguir un leve chapoteo. El suave pelaje, blanco y sedoso era acariciado por el agua. Se deslizaba lentamente bajo la cristalina superficie, dejando entrever sus peludas orejas y creando un rastro tras de sí. El hocico, negro debido a la falta de pelaje, apareció en lo alto. El oso polar, majestuoso y elegante, ascendió rápidamente a la superficie helada. El sol de medianoche se cernía sobre la Isla de Wrangel, dándole un aspecto irreal, casi fantástico.

texto Sara,

3º ESO ilustración Yamiley,

2º Bach

Le pregunto a mamá

Le pregunto a mamá por qué ya no juegas conmigo. Me contesta que es porque tienes una amiga nueva, y que si te separas de ella podría pasarte algo malo. Me explica que ella conoce tu interior mejor que nadie, mejor que tú misma; que cuida de la pequeña criatura que bombea la sangre en tu pecho y que se desvive en gritos cuando ve que tus mejillas pierden color. Que es ella la que se queda días enteros y noches en vela cuidando de ti, asegurándose de que no te falte de nada para seguir luchando. Yo le digo que no la necesitas, que siempre has sido una luchadora. No creo a mamá; no quiero creerla. Así que mamá me lleva contigo. A donde las almas se curan. Y te encontramos tendida sobre sábanas blanquísimas, pero más blanca tú; más quieta y callada, como si ya no respiraras. Le pregunto a mamá dónde estaba ella, y me señala el monitor que hay al lado de tu cabeza. Entonces lo comprendo.

Texto: Nhi, 2º Bach

ilustración: Paula, 2º Bach

Ha pasado mucho tiempo desde tu partida , ya no recuerdo tu olor ni el color de tus ojos , te fuiste sin despedirte , llevándote contigo un pedazo de mi vida que nunca volverá. No existe día en el que no deje de extrañarte y desear que estés aquí conmigo justo cuando más lo necesito , espero que donde sea que estés seas muy feliz y no sientas ningún dolor . Todas las noches salgo a mirar las estrellas y observo mi estrella favorita ¡eres la más brillante de todas!. Alumbras todas mis noches y me siento afortunada de que hayas sido mi compañero fiel que nunca dejaré de estar agradecida por ello. No te voy a mentir , cada vez que pienso en pequeños momentos como tus maullidos en las mañanas o mi ropa llena de pelos , no puedo evitar que mis ojos se me llenen de lágrimas amargas al desear que todo esto sea un sueño. Yo no sabía lo que era sentir el vacío que deja la ausencia de alguien que amas hasta que tú te fuiste y si pudiera devolver el tiempo para ver tu hermoso rostro una última vez, te abrazaría tan fuerte que jamás te soltaría. Extrañarte ha sido el momento más duro de tenerte y ver como te marchabas cambiando mi mundo por completo fue la peor. Siempre te amare mi ángel felino y al llevarte en mi corazón, se que me cuidarás siempre. Mi estrella favorita

Texto: Celeste, 2º Bach

ilustración: Luciana, 1º Bach

ilustración: Natividad, 1º Bach

Pilar, 4ºESO

Al darnos un beso

Dicen, que se nos dilatan las pupilas cuando sentimos amor y por eso al darnos un beso se nos cierran los ojos. Pero entonces, yo estaría ciega y me perdería tu pelo rizado en el que por siempre me enrredaría, o tus ojos verdes, máquinas del tiempo, que me transportarían al bello campo en el que nos conocimos. Echaría de menos la luz de tu sonrisa en esas noches en vela, mirando el oscuro techo de mi habitación. Pese que a mis mensajes silenciosos nunca te lleguen, o no tenga la valentía de enfrentarme a ti, juro que ante tu amor, nunca seré ciega.

Inés, 1º Bach

Lampreas de toda una vida

Una sucia luz verde invadía la oscuridad de su habitación. Manchas de café decoraban un mar de hojas que arropaba en profesión a una figura. Emergieron largos cabellos de ébano colgados de una cabeza en luto. El aire escapaba de sus pulmones con arritmia mientras recuerdos disonantes dibujaban una insólita realidad. Cuando volvió en sí, sintió la presión de un turbio océano. Ya no podía escuchar sino el susurro de la marea que se acerca para borrar el esfuerzo de toda una vida en la playa. Contempló más abajo una fina muñeca que exhalaba viscosa espuma escarlata.

Diego, 2º Bach

Esperanza 1º Bach

Un viernes por la tarde comienza mi viaje. Temiendo el panorama que se me presenta, cargo con media docena de libros y cassettes y el aparato musical. Ya en el coche, me siento como puedo entre los numerosos paquetes y me autocastigo pensando en lo bonito que habría sido quedarme en Las Palmas e ir al cine o salir con alguna amiga.

ilustración: Isabel 2º Bach.
Tejeda, verano de 1995

Casi hora y media después, ya de noche, llegamos a Tejeda. Cojo mi equipaje otra vez y, ¡hala! a entrar en casa. La casa apesta a cerrado. Entro en mi habitación, tomada como refugio estival de un ejército de hormigas. Huele a polvo y estornudo. En ese momento, llega mi padre que, asfixiándose, abre todas las ventanas y me hace la pregunta obligada de que si se me olvidó el espray nasal. Lo ignoro y, cuando se va, me voy al cuarto de la tele, no sin antes cerrar la puerta de vmi habitación: los mosquitos pululan por todas partes y no quiero ser su víctima. Me siento en el sofá de la tele y examino el comportamiento de mis padres, que se carcajean ante las caídas fáciles de un programa cutre de la caja tonta. Cuando llego a la conclusión de que merecen un suspenso, me voy a la cama, llevándome el libro que me está gustando tanto. Empiezo a leerlo pero no puedo: el sueño me vence y me duermo. Me despierto sobre las ocho de la mañana. Un par de aborígenes tejedenses han tenido la ocurrencia de discutir sobre la venta de una vieja cabra bajo mi ventana. La cabra también toma parte en la conversación. No obstante, me duermo de nuevo, a ratos, y sueño que una cabra se mete en mi casa chillando.

Sobre las once, me levanto, y soporto como puedo el comentario cínico de mi madre: “desde luego, vives como quieres”. Me encojo de hombros y desayuno lo primero que encuentro. Luego, decido tomar el sol. Mi madre insiste en un “súbete los pantalones, que, si no, se te va a quedar la marca”. A los diez minutos me achicharro y salgo a jugar con el gato, mas mi alergia a los felinos y el dolor de cabeza que me ocasionan los rayos solares me hacen meterme de nuevo en la cueva familiar. Ya desesperada, pongo la tele. Mi padre llega y me monta una bronca que se basa en que todo el día estoy viendo la televisión. No aguanto más y estallo: le digo que estoy de vacaciones y que me deje en paz. Recibo el apelativo de “malcriada” y mi madre me mira significativamente. No he terminado de hacer zapping cuando me llaman a almorzar.

Un caldo de verduras o legumbres me espera y como poco y mal, haciendo que presto atención al discurso paterno sobre “las virtudes de la fruta en la edad de crecimiento”. Tras la comida, me trago una película que trata de la vida de unos chicos de instituto, que son felices con sus novios, comprendidos y en cierto modo admirados por su familia, son atractivos y encima hacen lo que les da la gana. Después del previsible final feliz, sudando como un pato, me voy a mi habitación, pongo música y me tumbo en la cama. Cuando me canso, paso a contar las cañas del techo, y al llegar a la 59, me da hambre y me levanto. Me preparo un bocadillo. Estoy comiendo cuando aparece mi padre con una sonrisa de “soy portador de una genial idea” y me “invita” a ir con ellos y el pariente de turno a dar un paseo al pueblo de al lado. Les contesto que no quiero ir y me llaman “cría”, pero por lo menos me libro de ellos momentáneamente. Así se han ido, llamo a alguna amiguilla para saber cómo le va con su ligue, y al cabo de media hora, cuelgo el teléfono y digo: “unos tanto y otros…”. Enciendo la tele y pongo cualquier bazofia, me levanto cada cinco minutos a robar un poco de Cola Cao. Estoy comprobando que el Cola Cao no ha provocado la aparición de otro michelín y llegan mis padres, justo para arreglarse para ir a misa, felices ellos. Incluso me traen unas papas grasientas y baratas de regalo.

ilustración: Cristina 1º Bach

Luego, por supuesto, hay que ir a misa. Una vez allí, me pongo a pensar en los tíos de la película que vi antes y llego a la apasionante conclusión de que preferiría ir al colegio que aburrirme aquí. Mientras, mantengo la vista fija en el viejo de delante e intento averiguar, sin conseguirlo, el color del pañuelo con el que se suena constantemente. El curso de mis pensamientos sólo es interrumpido cuando un loco entra en la iglesia con su perro diciendo que es un cristiano más y en el momento de la paz, al observar que el primero que me tiende la mano es el viejo mocoso. Ya fuera, tres o cuatro lugareños saludan a mis padres y luego, acercándose a mí con una mirada de falso asombro, hacen evidentes afirmaciones: “qué grande está…”, “se parece a su abuela” o las cuestiones de rigor: “¿aprobaste todo?”. A los pocos minutos, insisto en bajar a casa y el resto del día transcurre tan ameno como el anterior. Al día siguiente, domingo, por la mañana, a mi madre le da la fiebre de “quiero-arreglarlo-y-limpiarlo-todo-y-que-miquerida-hija-me-ayude”. Hay que obedecerla y eso hago. A media mañana perturba esta paz la llamada de alguien airado que nos telefoneó el sábado y que informa a mi madre de que nuestro teléfono comunicaba. Ese alguien charla largo rato con mi madre de algo de vital importancia. Yo limpio el polvo aplicadamente y, nada más colgar mi madre, hablo con ella de todo, bombardeándola a preguntas. Pero en una pausa de mi cháchara, mi madre me mira a los ojos y me pregunta: “¿te llamaron?”. Yo, procurando que mi sonrisa inocente no transmita mi falsedad, contesto: “sí”. El resto del día transcurre tan ameno como el anterior, y a últimas horas de la tarde cargamos los bártulos que trajimos y la fruta añadida y nos subimos al coche. Iniciamos el camino de vuelta a casa; mis padres, hablando de la muerte o fracaso matrimonial de alguien que conocen y yo, muda. A los diez kilómetros, enciendo la radio del coche pero mi padre, a los pocos minutos, dice que baje la música y me pregunta si me ha comido la lengua el gato. A lo primero, le obedezco hasta que tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano para poder escuchar algo. A lo segundo, no le hago ni caso y sigo con mi mutismo.

Por la noche, llegamos a Las Palmas y yo me acuesto, por fin feliz, pensando en que el próximo fin de semana está muy lejos y quizá será más divertido que este.

texto: Isabel Guerra, dpto Inglés

ANATOMÍA DE UN RELATO

Casandra: Este hedor es semejante al que procede de un sepulcro. Esquilo, Agamenón, 1312.

Por aquí pasa mucha gente. Saldría del portal a eso de las tres menos diez. Rubia y fría. Ni siquiera me miró. No digo ya que se despidiera con un "Buenas tardes", sino que al menos me hubiese dedicado una pequeña señal de reconocimiento con sus ojos. Estas rubias que te miran por encima del hombro no son de fiar; son peores que los ladrones.

…

Me pregunto si papá ya habrá terminado esos "importantes negocios" para los que se ha tenido que marchar al desierto. Decía que además me iba a traer mi regalo de boda. Pero yo no quiero casarme. Todavía soy muy joven y, además, no estoy enamorada de él. Son ellos, papá, mamá y la otra familia, quienes parecen empeñados a toda costa en que lo haga. Sé que él es un buen muchacho: educado, trabajador, de buena familia, con dinero. Pero yo no quiero casarme, porque voy a ser muy infeliz si me obligan. Tengo que hacer algo, pero no sé qué.

…

−Teniente, antes de terminar el servicio deje que le informe de una cosa. Hoy me ha sucedido algo raro en la carretera. Si no le importa, pasemos a la oficina y, mientras se lo explico, intentemos localizar el número de una matrícula. Es de un Ford Mainline del 56 de color negro. Ha sido una situación extraña. Aquí, digo yo, hay algo que huele mal.

…

Cuando impuso su dominio la oscuridad mitológica, la «negra Noche» de Hesíodo, de improviso, comenzó a caer un aguacero torrencial sobre su automóvil. Tuvo que aminorar la velocidad para evitar un accidente, pues apenas se veían delante más de cuarenta metros. Ya la madrugada anterior había conseguido librarse de que el sueño le jugara una mala pasada en la carretera. Pero ahora, el cansancio y la preocupación volvían para horadar su mente con angustia y, por su imaginación, desfilaron insólitas imágenes en forma de voces acusadoras como consecuencia de la rápida y gravísima decisión que había tomado. Se estrechó la carretera.

Ilustración Rocío, 2º Bach

No se veía casi nada, pero sus ojos dejaron de quedar deslumbrados por las luces de los automóviles que circulaban en sentido contrario al suyo. ¿Qué iba a hacer? ¿Qué otra cosa habría podido hacer? Escapar lo más rápido que pudiera. Huir lejos. No volver nunca más. Ya no volvería nunca más.

…

−Querida… si no fuera porque tu maridito es un hombre honrado a lo mejor estábamos ahora mismo camino de Las Vegas, con varios de los grandes en el bolsillo para gastar en la ruleta. Pero ya sabes que no soy de quedarme con las cosas de los demás, aunque, desde luego, una señorita que pasó esta mañana por el negocio parecía que llevaba mucho dinero encima o, al menos, eso creí al verla. Daba la impresión de que tenía mucha prisa. No me preguntes por qué. Lo cierto es que si no llego a avisarla se deja allí su maleta y su abrigo. Quién sabe si llevaría joyas o dinero encima.

…

−¡Naciste débil y pusilánime, y lo sigues siendo! ¡Siempre has sido así! Pues ahora te digo que no, que nadie se va aprovechar más de ti, y menos una mujerzuela a la que quieres meter aquí, en mi casa.

−Pero… yo…

−¡Cállate y déjame en paz! ¡Ya tengo demasiado con mi situación para que me vengas ahora con las fantasías de tu mente sucia y enferma!

…

−Queridos hermanos: rogad todos conmigo en esta soleada mañana de domingo para que nuestras oraciones sean escuchadas por nuestro Padre. Para que pronto dejen de estar nuestros corazones acongojados, llenos de tristeza y de pesar. Oremos para que nuestra comunidad vuelva a ser ese lugar de paz y de bien siempre buscado… «Oh, Señor, tú que derramaste tu propia sangre para redimir nuestros pecados, tú que resucitaste de entre los muertos para traer tu reino a este mundo, escúchanos ahora y no abandones a tus siervos porque nos sabes pecadores. Te lo pedimos de todo corazón. Amén».

−Sargento, me ha pedido una manta, dice que tiene frío. La verdad es que la habitación donde lo hemos encerrado es la más húmeda de la comisaría. Me da pena… Se la voy a dar, si no tiene usted inconveniente.

−Gracias -se escuchó en el pasillo la voz oscura y ronca de una anciana.

Es muy triste -pensaba- que un hijo acuse de los crímenes que él mismo ha cometido a su propia madre. Como si yo pudiera hacerle daño a alguien en mi lamentable estado…Pero si no puedo matar ni siquiera a una mosca.

Del titular del Fairvale News de lunes 21 de diciembre de 1959:

«Hallados cuatro cuerpos en distintos grados de descomposición dentro del cenagal séptico del Motel Bates.»

«Detenido, como presunto autor de los asesinatos, el joven de 22 años dueño del establecimiento, que guardaba el cadáver de su madre disecado en el sótano de la casa familiar.»

Texto: Ricardo Rodríguez, Dpto Griego

ilustración: Belén, 1º Bach

Nos acostumbramos a la presencia continua de ciertas personas, a verles todos los días, a escuchar sus historias, a advertirles de que alguna de sus decisiones van a ser un desastre, a aconsejar y ser aconsejados, y cuando se acerca el día de irnos nos rompe. Llevamos 10 años creciendo juntos, el día de irme se aproxima y no se cuanto queda de nosotros, nos vamos desvaneciendo y me da pánico irme estando todos enfrentados, nos hemos hecho daño, estamos cambiando y no podemos evitarlo, lo sé, pero duele; duele saber que me voy y nuestros últimos meses de amistad han transcurrido discutiendo, duele que este cansada, porque quedar todos se convierte en un enfrentamiento, porque hay subgrupos, porque pretendemos seguir siendo lo que éramos y ya no lo somos, han pasado cosas que nos han hecho cambiar y como en algún momento dejamos de hablar de lo que nos ocurría, somos otras personas y no nos conocemos.Ya no somos un grupo, entre algunos hablamos, entre otros apenas lo hacemos, nos preguntamos que será del resto, como si lleváramos años sin vernos, años sin tener contacto, y apenas han sido meses, nos preocupamos por las decisiones que toman algunos, por los golpes que se van a dar, pero hemos dejado de ser esa persona que puede intervenir para ayudar; para hacer que abran los ojos.Éramos y ya no somos, a base de gritos y enfados; los últimos recuerdos que tengo son discusiones, quejas, y con esta despedida me voy de la isla.

Pasamos de ser desconocidos a amigos, de amigos a familia, y sin darnos cuenta, nos volvemos desconocidos de nuevo.

portadas

La importancia de la tipografía es mayor de lo que solemos...

portadas

...imaginar.

TRAS

La importancia de la tipografía es mayor de lo que solemos imaginar. Algunas veces, al diseñador le puede llevar más tiempo su elección que la creación del mensaje en sí. La razón no es otra que las tipografías tienen personalidad, y por tanto se deben adecuar al mensaje que queremos transmitir.

El mundo del diseño tipográfico está lleno de posibilidades y fuentes de inspiración que pueden transformar la apariencia de cualquier proyecto. En esta ocasión, la pasión tipográfica se sumó a la importancia de recuperación del patrimonio del centro, aprovechando el Aula-museo Carmen Martín Afonso.

En este espacio único en el IES Pérez Galdós, nos encontramos con una colección de revistas estudiantiles que datan desde finales de los años 20. Estas publicaciones han sido el punto de partida para nuestro proyecto tipográfico, llevado a cabo con el alumnado de Diseño de 2º de Bachillerato de Artes Plásticas.

En este proyecto, además de rescatar la tipografía de la revista estudiantil Pérez Galdós de 1936 del Aula-museo, nos hemos adentrado en la historia de nuestro centro, valorando la estética del pasado y reviviendo otras épocas.

Para el diseño de la nueva tipografía se realizaron propuestas de cada una de las letras del alfabeto, inspirándonos en los caracteres originales de la portada de la revista estudiantil elegida, prestando especial atención a los rasgos distintivos, las proporciones de las formas, el análisis de la legibilidad…En una segunda fase se digitalizó cada letra con aplicaciones de dibujo vectorial y fuentes tipográficas como Inkscape y Calligraphr, para finalmente exportar la fuente en un formato práctico.

Rosa
Portadas: alumnado

de Bachillerato, modalidad de Artes Plásticas.

teatro

teatro

Diálogos entre la muerte y la moda

(Entra MUERTE. Vestido largo negro, tacones y pelo suelto. Se para en medio del escenario y mira al público.)

MUERTE: Sé que piensan en mí. Sé que no siempre, pero, de vez en cuando, al llegar la hora en la que el sol se pone y se les llena el interior de la más oscura noche, piensan en mí. Me odian, lo sé, y esa es la mejor parte. Intentan ignorarme, pero se les hace imposible, y eso que mi labor se ciñe a unas características naturales y vitales. Sin mí, no tendría ningún sentido que estuviesen aquí, sentados en esas butacas, porque, nada tiene sentido sin mi, o eso es lo que dicen, ¿no? Sin la muerte, ¿qué sería la vida? Por eso digo que…

(Suena en el público “Toxic, Britney Spears”.)

MUERTE: Oye, están viendo teatro, ¡apaguen los móviles hombre!

(Se oye una voz desde el público canturreando la canción. Se levanta MODA de uno de los asientos bailando. Abrigo de piel, gafas de sol.)

(MODA para la música.)

MODA: ¡Muerte, Te estaba buscando! (Camina hacia el escenario. Se sube.)

MUERTE: Espera que sea la hora y vendré sin que tú me llames.

MODA: Ay tía, qué profunda eres… Si soy inmortal. Bueno, ¿ dos besos, no? ¡Cuánto tiempo! (Le da dos besos. MUERTE incómoda.)

MUERTE: ¿Te conozco?

MODA: Ay de verdad… hay que explicártelo todo… ¿No te acuerdas de mí?

MUERTE: ¿Por qué debería acordarme yo, que soy enemiga de la memoria?

MODA: Vamos, por el amor que tienes a los siete pecados capitales, párate un momento y mírame. (Da una vuelta sobre sí misma.)

MUERTE: Te miro.

MODA: ¿No me conoces?

MUERTE: De nada.

MODA: ¿No me conoces?

MUERTE: De nada.

MODA (Suspira.): Soy la Moda, tu hermana.

MUERTE: ¿Mi hermana?

MODA: Sí tía, las dos hemos nacido de la Caducidad.

MUERTE (Pausa.): No puede ser… yo no tengo hermanas…

MUERTE (Pausa.): No puede ser… yo no tengo hermanas… llevo milenios en la soledad más profunda y me vengo a enterar ahora…

MODA: Pero si llevo ayudándote en tu trabajo muchísimo tiempo, ¿cómo es que no te has dado cuenta? Yo manipulo a las personas como quiero, todo lo que digo lo hacen. Mira, mira lo que puedo hacer. (Dirigiéndose al público.)

Levanten una mano, ahora muévanla así (Mueve la mano de un lado a otro.) (Ríe.) Ves lo que hacen por mí estos idiotas.

Diálogos entre la muerte y la moda

2º Bach. Melina,

MUERTE: ¿Me vas a comparar alzar y mover una mano con lo que yo hago? La agonía, el sufrimiento, la guerra con la que consigo arrasar con miles de personas y a la pérdida a la que hago enfrentarse a los que sobreviven. (Pausa, pensativa. ) No, no puedes ser mi hermana.

MODA: Pero es que eso no es lo único que sé hacer. No te das cuenta que nuestras labores son comunes… Ambas renovamos continuamente el mundo, aunque tú te fuiste por el mundillo ese de la sangre y de la destrucción, mientras que yo tomé una vía más… (Pausa.), elegante.

MUERTE(Se mira de arriba abajo y después hace lo mismo con la moda. ): Me estás diciendo que no soy elegante, ¿Acaso no es mi color, el negro, la elegancia en persona?

MODA: Bueno… discutible, pero ese no es el caso… Tu labor es como… no sé… muy fácil… tú les haces sufrir, pero en un tiempo efímero… Yo por el contrario, hago que quieran sufrir. ¿Entiendes por donde voy?

MUERTE(Interesada.): Ajá, sigue contando…

MODA: Por eso digo que mi juego es digno de comparar con el tuyo. Por ejemplo, yo les hago agujerearse las orejas, los labios, narices… Pincharse con agujitas durante horas, solo para tener un dibujo en la piel.

MUERTE: Por cosas menores me he llevado yo a algunos.

MODA: Pero yo los llevo al límite sin dejarlos caer. He estado milenios junto a ti, aunque no te hayas dado cuenta… Yo les he hecho ponerse calzados estrechos e incómodos, corsés que les quitaban la respiración, vestimentas que no les dejan ni caminar… y todo para seguirme a mi.

MUERTE: Lo que dices me parece divertido, casi me dan ganas de participar.

MODA: Aunque no lo creas, porque… obviamente, soy la mejor… a veces me aburro. Cuando eso me pasa, simplemente cambio de tortura. Ahora, les hago ponerse la mínima ropa posible, a pesar de que se congelen. Y no te vas a creer lo que dicen para defenderme. ¡Que el frío es psicológico! (Ríe.)

MUERTE: Es que… son tan manipulables… me encanta.

MODA: ¿Ya asumes que somos hermanas?

MUERTE: Cierto es que tenemos gran parecido por lo que tendré que confiar en que lo que dices es verdad. Tu maldad me interesa, por lo que te pido que como buena hermana trabajes codo con codo conmigo, y así alcanzar mi objetivo más rápido y entretenido de lo que ya es.

MODA (ilusionada.): Y tanto que te voy a ayudar, en los últimos tiempos he optado por unas nuevas técnicas más (Pausa. ) drásticas. Les he convencido de que sus cuerpos son una tendencia, que deben modificarlos, obligándoles a hacer ejercicio de forma desorbitada, a comer apenas lo suficiente para sobrevivir o a someterse a operaciones de alto riesgo, pero nunca siendo suficiente, acabando ellos más muertos que vivos.

MUERTE: Cada vez me caes mejor… Andaremos juntas para conseguir nuestra tarea, llevando a los humanos a la más oscura de las manipulaciones sin que se percaten de ello. Ese será nuestro cometido, y así lo cumpliremos.

MODA: ¡Ah, genial! Has tomado la mejor de las decisiones. No te arrepentirás de nada. ¿Trato entonces? (Extiende la mano.)

MUERTE: Trato (Se la estrecha.)

El Iceberg Rosa

Escena 1: No respetar acuerdos y negar evidencias

Él: Acaba de llamar mi hermana.

Quedamos para ir mañana a pintar la casa de mi sobrina.

Ella: Habíamos quedado en pasar mañana el día juntos.

Él: (Con sorpresa) Para nada.

Ella: Sí. Habíamos quedado hace semanas.

Él: (De forma tajante) No.

Ella: Lo tienes en el guasap escrito. Míralo.

Él: (Coge el móvil, dibuja el patrón para desbloquearlo y comienza a mirar la aplicación sin interés) No lo veo. Pero da igual. No somos esclavos de lo que escribimos.

Ella: Siempre pasamos el día juntos a la vuelta de un viaje.

Él: ¿Y?

Ella: Parece mentira que no te acuerdes. ¿Qué pasó la última vez que viajamos? ¿No te acuerdas de cuando fuimos a Tenerife?

Él: Sí, pero ya te dije que no somos esclavos de nuestras palabras.

Ella: (Guarda silencio).

Él: No sé si tengo suficiente gasolina en el coche.

Escena 2: Desinformar

Ella: Cuéntame cosas de tu vida.

Apenas nos conocemos. ¿Por qué terminó la relación con tu última pareja?

Él: No estoy preparado para hablar de eso.

Ella: Pero ha pasado tiempo, ¿no?

Él: Pero ya te he dicho que prefiero no hablar.

Ella: Vale. Pues cuéntame cómo terminó la relación con tu exmujer.

Él: Me encapriché de otra mujer.

Ella: ¿Y cómo te llevas con ella?

Él: Por su culpa no me hablo con mi hija.

Ella: ¡No te hablas con tu hija! ¿Por qué?

Él: No sé por qué me dejó de hablar.

Ella: Pero algo pasaría, ¿no?

Él: No. Un día no me contestó y ya.

Ella: Pero, ¿no has hecho nada por volver a retomar el contacto?

Él: De ese tema prefiero no hablar.

Ella: ¿Y qué fue de la mujer que conociste después de tu ex?

Él: No hubo relación como tal.

Ella quiso, pero yo no. Y un día me cansé y ya. Quiso volver, pero yo cuando termino, termino.

Ella: (Asombrada). Explícate

Él: No quiero hablar. Lo pasado, pasado está.

Ella: ¿Y cómo te conozco?

Él: ¿No me ves? Ya me estás conociendo.

Escena 3: Chantaje emocional

Ella: Mi hijo está enfermo y me tengo que ir.

Él: Pero mañana es mi cumpleaños y quería comer contigo.

Ella: Tu cumple del año pasado lo pasaste con tu familia.

Él: Sí y este lo quería pasar contigo.

Ella: Pero si el año pasado dejé de ir a un concierto pensando que quedaríamos y el mismo día me dijiste que saldrías por tu parte. Y el año anterior también hiciste lo mismo. Así que daba por hecho que este quedarías, como siempre, con tu familia.

Él: No, pero quiero estar contigo. Venga. Te invito a almorzar en Las Canteras, en un sitio pijillo que me gusta mucho.

Ella: Me tengo que ir.

Él: Llevaba mucho tiempo pensando en este día. No sabes las ganas que tengo de pasarlo contigo.

Ella: ¿Y no has quedado con tu familia?

Él: Mi idea era anularlo para estar contigo.

Ella: No lo anules. Ya quedaremos otro día. Anda. Llévame a casa.

Él: No. Quédate. Este cumpleaños para mí es especial. Tú eres cada vez más importante y no quiero pasar este día sin una pareja.

Escena 4: Culpabilizar

(Conversación por WhatsApp)

Él: Ayer cuando salí con mis amigos me sentí mal porque era el único que no tenía pareja.

Ella: Estaba con mi madre en el hospital. Ya te expliqué que soy hija única y solo estoy yo para cuidarla.

Él: Todo el mundo estaba con alguien y yo, solo. No quiero seguir así.

Ella: Pero este no es un tema para hablarlo desde un móvil. Además, estoy con mi madre ahora. Creo que no es buen momento. ¿Te parece que nos veamos mañana un ratito?

Él: ¿Un ratito? Soy una persona mayor. Creo que tengo que empezar a rehacer mi vida.

Ella: ¿Rehacer tu vida?

Él: Sí, tengo que rehacer mi vida ya a mi edad.

Ella: ¿Y qué has estado haciendo conmigo estos dos últimos años?

Él: Ayer, estar solo.

Ella: Mi madre está enferma sin nadie que la cuide. Creo que no es el momento.

Él: Lo siento. Me tienes que dedicar tiempo a mí.

Ella: Ahora no puedo.

Él: (Suelta el móvil enfadado y enciende la TV en su salón).

Ella: ¡Hola! Nada. Cuando quieras seguimos hablando. Un beso. (Suelta el móvil y llora).

Escena 5: Ocasionar pérdidas de tiempo

(Otra conversación por WhatsApp)

Él: No voy a poder ir a buscarte. Coge la guagua.

Ella: Pero mis compañeros ya se han ido. Ahora tendría que coger tres guaguas para llegar a casa.

Él: Lo siento. Un amigo me ha dicho que tiene miedo de que el ex de su chica le haga algo y tengo que ir para allá.

Ella: ¡Habías quedado conmigo! ¿Y no has tenido tiempo de avisarme?

Él: Te aviso cuando estoy en el coche. Pero espérame en Triana. Almuerzo contigo y así te cuento qué tal mi día.

Ella: No. Déjalo. Estás ocupado.

Él: Hazme caso. Nos vemos en Triana.

Ella: Ya estoy aquí. ¿Dónde estás?

Él: Sigo dando vueltas con el coche a la casa de mi amigo. No veo a nadie fuera, pero él está nervioso.

Ella: ¿Y vas a venir?

Él: No. Estoy con mi amigo.

Ella: Dejé de coger la última guagua a casa para vernos. Ahora tengo que volver a la Estación.

Él: Mis amigos son mis amigos.

Ella: Sí, pero habíamos quedado a la salida. No te presentas. Me avisas más tarde dejándome sin plan B. Insistes en quedar después y no entiendo que me digas esto ahora. ¿Hola? Nada. Ya hablaremos.

Epílogo

Él: No sé si tengo suficiente gasolina en el coche.

Ella: (Entre dientes) ¡Que no tienes suficiente gasolina en el coche!

Él: (En tono jocoso) Sí, supongo que sabes cómo funciona un coche.

Ella: (Se gira bruscamente hacia él) Me parece que me faltas el respeto. Llevas tiempo faltándome el respeto. Si querías quedar con tu sobrina porque proyectas en ella a tu hija que no te habla, podrías haberme mirado a los ojos y haberme dicho: sé que he quedado contigo, pero quiero pedirte posponer la cita para ir con mi familia. Podrías haber dicho simplemente: Sé que lo que dices es verdad, que habíamos quedado y ya te lo compensaré.

Él: Ya.

Ella: Siempre soy la última persona que tienes en cuenta a la hora de quedar. Me dejas tirada en el último minuto, pero como yo tenga alguna urgencia familiar, entonces te falta tiempo para decirme que te sientes solo.

Él: Ya.

Ella: Se acabó. No me vuelvas a llamar. Eres una persona egoísta que nunca tienes en cuenta que somos dos.

Él: Lo siento.

Ella: ¿Qué sientes?

Él: (Se encoge de hombros)

Ya.

Ella: (Sonríe) Ya.

Texto: Goretti S., madre de alumna fin

Fotografía: Marina, 2º Bach

pensamiento miento

pensamiento miento

Vivir es algo hermoso

Vivimos en un mundo donde subsistimos a base de cumplir horarios. Un mundo donde todos nosotros estamos fijados a unos deberes y responsabilidades que debemos completar para poder vivir cada día. Un mundo donde muchos no somos nosotros y somos la sombra del otro que nos mira desde lejos. Un mundo donde nosotros esperamos encontrar algo que nos guste, para poder formalizarnos y dedicarnos a eso durante 40 años. Un mundo de entregas, notificaciones de compra, de negociaciones... Somos prisioneros de un sistema que hemos creado nosotros mismos. Vivimos en una ruleta que siempre se repite: naces para morir. Y así, cada uno de nosotros tiene que cumplir con un ciclo, al que llamamos vida. Una vida en la que aspiramos a tener unos estudios; después un trabajo, una casa, una familia... Es decir, una serie de objetivos que es lo único que nos mueve a seguir avanzando.

Sin embargo, creo que estamos muy equivocados con el sistema que hemos creado, no es tan malo como creemos que lo hemos hecho. Nosotros hemos estipulado algo que no tiene porque cumplirse de tal manera. Lo bueno de este sistema al que llamamos “vida”, es que es libre y cada uno lo puede vivir como quiera. Es tan amplia la manera de vivirlo que a veces da miedo de solo pensar todo lo que uno puede llegar a hacer. Por eso creo que somos seres tan maravillosos, que aparte de sentir y relacionarnos; somos capaces de pensar, de deducir, de conocer, de equivocarnos, de solucionar... Somos algo bello y el simple hecho de poder estar vivos nos hace importantes, ya no solo para el mundo que nos rodea, sino para nosotros mismos también. El problema viene cuando raramente nos fijamos en lo positivo o en la realidad misma. Nuestra mente nos condena a pensar en lo negativo de todo, y muchos no son capaces de darle la vuelta a la tortilla y convertir esa negatividad en positividad. Hay que buscar la manera de ser mejores, de encontrar la luz en la penumbra; como seres maravillosos que somos. Debemos dar ejemplo a los de nuestra especie y salir adelante con la cabeza bien alta, aunque tengamos una tormenta de oscuridad por detrás que nos coma. Y sí, podemos caer en esa tenebrosidad, y dejar de luchar durante un tiempo. Pero nunca tenemos que perder ese espíritu de avanzar, porque si paramos de luchar, nuestra especie se extingue.

Quiero referirme a que mañana podría caer un asteroide como el de los dinosaurios y acabar con todo y todos nosotros. Y es mensaje del señor Mr. Wonderful, pero es la única y pura realidad. Si nos quedamos atascados con cualquier cosa que nos ocurra, a dónde vamos... A ningún lado, porque no podremos seguir, nos quedaremos como estatuas. Esto refleja que lo que nos queda es eso que hacemos en cada momento y que es tan importante, vivir. Vivir como queramos, e incluso diría que aunque nos quedemos atascados, seguiremos viviendo, porque es algo que hacemos sin siquiera pensar. Es una acción que todos los seres humanos, independientemente del género o raza, cumplimos. Y bajo mi criterio, creo que es lo más importante; vivir, esa simple acción que ya todos damos por hecho. Pero que si nos paramos a pensar, es una de las mejores acciones que hay en este mundo, es la acción de la que nacen las demás, es la acción de la que parte todo.

Vivir es algo hermoso que solo podemos experimentar una vez y que tiene una duración determinada que parece infinita, pero que llega a su fin aunque no queramos. Por eso, y antes de que nos vayamos, vive, llora, ríe y disfruta de cada momento que la vida te brinda, porque no siempre se van a repetir. ¡Estamos vivos para dejar huella y disfrutar de lo que queda hasta que nos llamen!

Dani 2º Bach

Natalia, 1º Bach

La realidad que nos conforma

Directa o indirectamente formamos parte de un sistema que nos utiliza para el beneficio de unos pocos. En esta era de las redes sociales, millones de personas formamos parte de una realidad que no es del todo buena, aunque nos intentemos convencer de que si, estando conectados entre todos por internet sin saber realmente cuánto estamos enseñando de nosotros mismos.

Al igual que en el Show de Truman, no sabemos si hay alguien por encima de nosotros que nos observe a cada segundo, ni si lo que hacemos en cada momento es un acto de nuestro pensamiento o una manipulación para que lo hagamos, ni si las sensaciones y estímulos que recibimos son reales o simplemente los aceptamos sin cuestionar si es verdad o no lo que estamos viviendo. La vida de Truman es la vida controlada, manipulada y comercializada de una persona en un mundo real para él, pero falso para los demás, pero lo más grave es que nadie se queja, al contrario, a la gente le encanta ver espectáculos que les mantengan distraídos. Pero ¿por qué? ¿Por qué nos vemos en la necesidad de distraernos en vez de conectar con nosotros mismos?. Una de las ideas que me ronda por la cabeza para responder a esta pregunta es que tal vez tengamos miedo a descubrir lo real y preferimos “tomar la pastilla azul” como en Matrix para seguir con la vida que conocemos. Cada ser humano es una conciencia y cada conciencia una realidad, la cual está conformada por espectáculos, los nuestros propios. Si solo nos planteásemos la idea de “tomarnos la pastilla roja” en vez de la azul, igual no seríamos más felices pero sí más conscientes del mundo en el que vivimos, y de que en realidad solo somos el hazmerreír de aquellos que se lucran de nuestra ignorancia.

Ariadne 2º Bach

Reflexiones de una adolescente enferma

Son las 22:18 del último día para entregar esta reflexión y, para qué engañarnos, ni siquiera lo recordaba. Estaba tumbada en el sofá, con 38,3 grados de fiebre y náuseas, cuando una vocecilla en la parte de atrás de mi cabeza ha gritado “AY DIOS LA REFLEXIÓN DE LENGUA”. Y aquí estoy, escribiendo esto.

Lo primero que me ha venido a la cabeza en mi situación, ha sido la época en la que transcurren las historias leídas en clase. Prácticamente sin avances en la medicina y sin recursos, ¿qué hacían cuando estaban enfermos? Me imagino que preocuparse por si Pepe les va a repetir el examen de Historia no era algo que rondara por sus cabezas, estarían mucho más preocupados por otro motivo: sobrevivir.

A día de hoy, que nuestra muerte pueda ser inminente es una idea bastante rechazada. Asumimos que una gripe o un virus no va a poder con nosotros, somos mejores que eso, pero esto no es del todo cierto. Si no tuviera 650mg de Paracetamol merodeando por mis venas, lo más probable es que yo sola no pudiera con la fiebre. Me llama la atención porque suelo pensar que si fuera consciente de que mi muerte está cerca viviría de otra manera, viajaría, dejaría las clases, me iría de fiesta, pasaría más tiempo con mis seres queridos. Sin embargo, Ángela Vicario y Adela no parecen tener una vida muy distinta a las nuestras, ¿Por qué?

Quizás la razón de esta despreocupación no venga de si tienes una farmacia cerca, sino de que la idea de la muerte nos provoca tanta confusión y pavor que es mejor apartarla de nuestras mentes y continuar. Si hubiéramos estado atemorizados de nuestro fallecimiento, no nos habríamos molestado en investigar, pasar tus últimos momentos en la playa suena mejor que pasarlos en un laboratorio. Y si no nos hubiéramos molestado en investigar, yo no podría estar tan tranquila estando hoy enferma.

Lo lógico ahora sería concluir que si queremos seguir avanzando, debemos borrar la muerte de nuestras cabezas, como hacemos la mayor parte del tiempo, y centrarnos en avanzar como personas y como sociedad. Pero tampoco estoy del todo de acuerdo con esto. Si no tenemos un final, no tenemos por qué valorar el hecho de estar vivos.

Esto lo vemos en nuestro día a día y lo veíamos también hace 100 años. Observamos el paso de los días, sin preocuparnos lo más mínimo, hasta que llega nuestro cumpleaños y nos damos cuenta de que ya ha pasado un año más. “Un año más que no he hecho nada” pensamos. Tras lo que nos dedicamos a amargarnos un año más y dejarle esa responsabilidad a nuestro yo del futuro.

Creo que lo suyo sería mantenernos en un punto medio, ser conscientes de que nuestra muerte puede estar ahí, esperando a la vuelta de la esquina, y tirar para adelante. Querer aprovechar los días, semanas o años que nos queden. Centrarnos en nuestra satisfacción y en aportar algo a la sociedad, sin encerrarnos en casa por miedo a lo que pueda pasar.

No estoy en condiciones de ponerme a celebrar que existo y respiro, pero tampoco

No estoy en condiciones de ponerme a celebrar que existo y respiro, pero tampoco tengo que preocuparme por si el virus me va a llevar. Y eso, ya es un motivo para estar agradecida. Así que supongo que me toca disfrutar de los 15 gramos de arroz que tengo como cena y replantearme qué cambios debo hacer en mi día a día una vez que me encuentre mejor. Simplemente porque quiero y puedo vivir y porque no es algo que todos tengan asegurado.

Ilustración:

Laura, 2º Bach

Texto:

Itziar, 2º Bach

FIRMA INVITADA: Erika Molaro*

El adulterio en las novelas de Benito Pérez Galdós

El tema del adulterio es recurrente en la literatura, pero solo durante el Realismo se elaboran novelas de excelente calidad; prueba de ello son Emma Bovary, de Flaubert, o La Regenta, de Clarín.

Galdós también manifestó cierto interés por la situación de la mujer en todos los aspectos de la vida. Su novelística se basaba en la observación de la clase media de recién formación, especialmente la madrileña, en la que el adulterio constituye un medio muy conveniente para que la esposa cursi mantenga su estilo de vida costoso.

Ilustración: Juanjo Tejera*

Su intención principal no era meramente la de realizar un estudio sobre la mujer, sino la de criticar a la sociedad que la crea: en ese momento, la mujer es educada para el matrimonio, de forma que su preocupación –y la de sus padres – será la de encontrar pronto marido. La preparación cultural que se le brinda es de nivel básico, por lo tanto, la mujer solo aprenderá lo necesario para vivir en la sociedad y para encargarse del cuidado del hogar y de los hijos, ocupando una posición de subordinación con respeto al hombre. La opinión que se tiene de la mujer en esa época no es muy buena, puesto que básicamente se cree que existen solamente para la propagación de la especie. Se necesitan amas de casa que fueran educadas para ser sumisas. En este contexto, como consecuencia de las presiones sociales, el adulterio representa la rebelión de la mujer contra la esclavitud que se le impone, ya que se ve confinada exclusivamente a los quehaceres domésticos. Las novelas de adulterio adquieren gran popularidad sobre todo entre las lectoras, quienes, al igual que las protagonistas de las novelas, sufren por un matrimonio sin amor o por el tedio de una vida monótona y poco interesante. Lo prohibido y La de Bringas son excelentes muestras de la lucha de las mujeres dentro del matrimonio y contra una sociedad que le asigna un papel subordinado y pasivo, precisamente lo que contribuirá a su degradación.

Eloísa, protagonista de Lo prohibido, es una mujer bella y sensual, casada con un aristócrata venido a menos y sin fortuna. Obsesionada por la colección de objetos de gran valor artístico, pronto se ve envuelta en la pasión por la suntuosidad; sin embargo, su marido no dispone de los recursos económicos necesarios para satisfacer su deseo de posesión, por lo tanto, se entrega a su primo José María, hombre millonario que la seduce, no solo atraído por su hermosura, sino también por lo que Eloísa representa, o sea, un tabú social, pues es una mujer casada.

El adulterio que la mujer comete le permite acceder al dinero que le falta para seguir con el estilo de vida que siempre ha llevado y para satisfacer

sus necesidades estéticas.

Este exagerado afán de posesión la lleva inevitablemente a la dilapidación del patrimonio de José María, cuyo interés por Eloísa desaparece cuando su marido muere, eliminando así el obstáculo que hacía de la relación un tabú y, por consiguiente, deseable por el hombre, que acaba abandonándola.

Eloísa, ahora sola y acostumbrada a la suntuosidad de su casa, está obligada a encontrar otra solución: deseosa de lucir bella y elegante, ya no le importa conseguir su objetivo por medios pocos decorosos, entonces, empieza a entregarse a un hombre tras otro, cayendo en el abismo de la prostitución.

Rosalía Pipaón, protagonista de La de Bringas, vive una situación parecida. Esposa de Francisco de Bringas y ama de casa, vive constantemente angustiada por las preocupaciones económicas debidas al pequeño sueldo del marido, ahogándose en la estrechez de su pequeño mundo. Pronto la mujer se dejará llevar por el deseo de aparentar lo que en realidad no es; todo empieza con unos trapos, símbolo del lujo y de la elegancia de la clase dominante a la que Rosalía ya no aspira a servir, sino a pertenecer. Cae entonces en la tentación de una compra tras otra de telas de lujo que no puede realmente pagar. Francisco no aprobaría la nueva costumbre de comprar a crédito, por lo tanto, Rosalía no se atreve a pedirle dinero para pagar las deudas que van creciendo. La solución llega cuando el hombre sufre de una momentánea ceguera: aprovecha para sustraer una cantidad de los ahorros meticulosamente guardados por él. Eso no hará más que aumentar la angustia de Rosalía, consciente de que Francisco antes o después va a recuperar la vista y va a notar la ausencia del dinero.

En ese momento la mujer, ahondando en el problema, llega a pensar que vive en lo que no duda en calificar como “jaula del matrimonio”, lo que provoca el desarrollo de un violento desprecio por su marido. Cuando Rosalía se entera de que la única forma de obtener dinero para una mujer es a través del hombre, se da cuenta de su falta de libertad. Movida por el deseo de librarse de esa esclavitud, decide que ya ha llegado el momento de arreglársela sola: sin trabajo ni capital proprio, la única solución que le queda es convertirse ella misma en mercancía.

En resumen, en ninguno de los dos casos el adulterio se debe a una gran pasión amorosa; ambas mujeres ofrecen su cuerpo cayendo en la prostitución para conseguir sus objetivos. Eloísa, criada según la educación tradicional de la época, y por lo tanto privada de todo interés intelectual, se convierte en víctima del tedio, con el resultado de buscar alivio en una vida de lujos, dilapidando primero el patrimonio de su marido y del amante, y, posteriormente buscando como puede los recursos necesarios para satisfacer sus deseos.

El adulterio de La de Bringas, en cambio, constituye una violación a las reglas: para Rosalía el hecho de engañar a su marido representa, en su mente degradada, una forma de emancipación, además de ser una manera de satisfacer su sexualidad reprimida.

*Erika Molaro (Nápoles, 1995), es una traductora y profesora de español, ha trabajado como auxiliar de italiano en el I.E.S. Pérez Galdós durante el año escolar 2022/2023.

*Juanjo Tejera (Las Palmas de Gran Canaria, 1968), Licenciado en Bellas Artes, participó en el proyecto espaciogaldós de este centro en el año 2020, dejando como huella la obra que ilustra estas letras.

La H no es muda

En el colegio aprendí el abecedario, y me dijeron que la “H” era muda.

Básicamente me explicaron que está porque tiene que estar, y que no suena. Sin embargo, yo pensaba: “¿Se escribe, pero no suena?” Nunca lo entendí, pero como así lo decían los mayores, pues tendría que ser verdad.

También crecí y descubrí que aquello que me contaron en el colegio era un poco mentira. Conocí una “H” diferente. Y es que no solo era no muda, sino que su presencia gritaba. Toda ella retumbaba, vibraba y creaba sonido. Como cuando tiras una piedrita al mar y se pueden ver las ondas dibujándose hasta desaparecer, pues así sonaba ella. Sonaba tanto que hasta se podía ver. No digo que fuera chillona, ni pesada, al revés, estaba donde tenía que estar, igual que la “a” o la “j”.

Aun así la duda me perseguía, y decidí preguntarle que por qué no era muda, por qué los mayores me habían engañado. Fue una conversación en silencio, porque a pesar de que ella supiera hablar decidió explicármelo con una mirada. A mí me bastó para entenderlo. Era una “H” diferente, una letra incapaz de ser borrada del abecedario. Me contó que se unieron todas las letras, se dieron la mano, desde la “a” hasta la “z” para conseguir que la escucharan. Ella luchó por quedarse, por hacerse ver, por hacerse oír. No fue fácil, pero lo consiguió. Y así nació la voz de la “hache muda”.

- Pero profesora, mira, yo digo “zanahoria”, por ejemplo, y la “H” no suena. En efecto, se me olvidaba comentarlo. Para conocer y escuchar la voz de esta letra que ya no es muda, deben conocer a Helena, Helena con H. Yo solo puedo contarles un pedacito de su historia, pero para conocerla bien deben leerla y luchar porque su historia no desaparezca nunca. No tiene más explicación que esa.

Ella fue la niña que dio voz a la hache muda. Ella fue, es y será por siempre Helena con H.

Texto: Mararía González, compañera de promoción 20/21

LETRASTRASLETRAS

REVISTA DE ARTE Y PENSAMIENTO-

IES Pérez Galdós

Curso 2022-23

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