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La oruga soñadora

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En un mágico bosque lleno de colores vibrantes y tiernos sonidos, vivía una oruga llamada Nubi. Nubi pasaba sus días deslizándose lentamente por las hojas, admirando el horizonte. Un día, mientras se colaba entre las ramas, vio a un grupo de pájaros carpinteros revoloteando alegremente, picoteando troncos y cantando.

—¡Oh, qué felices se ven volando! —suspiró Nubi—. Ellos son libres y hermosos… ¡Yo también quiero volar!

Impulsada por su deseo de ser como ellos, Nubi decidió que tenía que intentarlo. Subió a la punta de una hoja verde brillante, miró hacia abajo y, con el viento soplando, comenzó a balancearse, imaginando que estaba en el cielo.

Pero, a pesar de sus esfuerzos, al intentar "volar", solo cayó al suelo, golpeándose y llenándose de moretones. Sin desanimarse, subió de nuevo a la hoja, lista para intentarlo otra vez. Sin embargo, justo cuando se preparaba para saltar, un pequeño colibrí llamado Tito se posó a su lado.

—¿Qué estás haciendo, amiga? —preguntó Tito con curiosidad.

Nubi, con los ojos llenos de anhelo, respondió:

—Mira a esos pájaros carpinteros, ellos vuelan tan alto y son tan libres. Quiero ser como ellos… ¡Debo aprender a volar!

Tito, viendo la determinación de Nubi, sonrió y dijo:

—Nubi, volar no es solo saltar desde las hojas, cada criatura tiene su propio camino. Tú eres una oruga y eso es hermoso. Un día te convertirás en mariposa y volarás de una manera que solo tú puedes.

Nubi lo miró, confundida. Nunca se había visto a sí misma como algo diferente a una oruga. Pero Tito continuó:

—En lugar de intentar ser como los pájaros carpinteros, ¿por qué no celebras quién eres y esperas a que llegue tu momento?

Intrigada por las palabras de Tito, Nubi decidió hacer una pausa y observar a su alrededor. Las flores que la rodeaban eran abrazadas por suaves brisas, y las hojas danzaban a su ritmo. Se dio cuenta que cada ser, grande o pequeño, tenía un papel único que desempeñar en el bosque.

Pasaron los días y Nubi comenzó a apreciarse a sí misma, explorando los rincones del bosque y escuchando las historias de otros insectos. Un día, mientras se acurrucaba en una hoja, sintió un cambio en su cuerpo. Siguió su instinto y, sin darse cuenta, empezó su transformación.

Cuando finalmente emergió de su capullo, se miró en un charco y vio a una hermosa mariposa con alas de colores brillantes. Asombrada, batió sus alas y se elevó hacia el cielo, danzando entre las flores.

Desde las alturas, Nubi vio a Tito y a los pájaros carpinteros. Sonreía, pues ahora podía volar como nunca había soñado.

Y así, el bosque aprendió que la verdadera belleza radica en aceptarnos a nosotros mismos y brillar con nuestra propia luz. Nubi sabía en su corazón que ser diferente era lo que la hacía especial.

Moraleja: Aceptarte a ti mismo y celebrar tus singularidades es el primer paso hacia tus sueños. Cada uno tiene su propio momento para brillar.

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La oruga soñadora by Hilda Patricia Batres Hernandez - Issuu