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Orar en el mundo obrero
3er domingo Cuaresma
ORAR EN EL MUNDO OBRERO 3ª SEMANA DE CUARESMA (27 marzo 2011) Jesús es el agua viva que sacia la sed del corazón. Como la samaritana, podemos pasar el tiempo vacíos e insatisfechos, bebiendo de aguas insípidas o insalubres. Lo más importante que nos puede ocurrir es encontrarnos, al fin, con Jesús Mesías Liberador y hacer la vida con Él.
TESTIMONIO “El 7 de noviembre, Raúl Vera López, obispo de Saltillo (México), recibió el prestigioso Premio Rafto 2010 “por su lucha por los derechos humanos y la justicia social en su país natal”… Este religioso dominico es el primer obispo católico que lo recibe. El jurado le ha considerado “un decidido crítico contra los abusos de poder y defensor de los migrantes, los pueblos indígenas y otros grupos en desventaja dentro de la sociedad mexicana”. Este empeño le ha valido ser amenazado de muerte varias veces, lo mismo que su equipo diocesano de derechos humanos. Desde la diócesis, se ha denunciado la complicidad de autoridades con la extorsión de migrantes, la cercanía de funcionarios con el crimen organizado, el abuso y violación de mujeres por soldados y, fundamentalmente, se pone el foco en cómo los ricos se hacen más ricos a causa de los pobres cada vez más pobres. Dice R. Vera: “Hay situaciones paradigmáticas, como la de la Mina de Pasta de Conchos. Ahí vimos cómo, por decisiones egoístas y ambiciosas, se dejó a los mineros a su suerte. Ni siquiera los restos de los que quedaron atrapados en la explosión del 19 de febrero de 2006 han sido rescatados, excepto los de dos personas, de las 65 que eran”. “Defender los derechos humanos es una vocación especial, es el quehacer teológico y pastoral normal de un obispo y de cualquier creyente” (Vida Nueva, 2.744-2011). “Amar hasta el extremo” de arriesgar la vida, unidos a Jesús, acogiendo el amor del Padre, impulsados y fortalecidos por el Espíritu. Desde el encuentro con Jesús, “quemamos las naves” y “vamos a por todas” en nuestra misión de servir al mundo obrero empobrecido.
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ORACIÓN-POEMA (Fl. Ulibarri, Al viento del Espíritu, VD, 466) ¿QUIÉN VENDRÁ A SICAR? ¿Cuántas veces he recorrido el camino? ¿Cuántas veces he ido y he vuelto, con el cántaro a cuestas, sin apagar esta sed que me devora? ¿Cuántas veces he esperado en el brocal de este pozo a compartir o a vender mi soledad? ¿Cuántas veces he llenado mi cántaro y se me ha desparramado por el camino?
con mis dudas, con mi sed? ¿Quién vendrá ya a Sicar a calmar mi sed y llenar mi soledad? Tú, Señor, cansado del camino, te has sentado junto al brocal del pozo. Me has pedido agua, rompiendo las tradiciones, y has terminado ofreciéndome de tu fuente, para que nunca más tenga que volver a sacar agua de pozos que no sacian. Tú, Señor, vuelves a pasar por Sicar.
¿Cuántas personas se han detenido aquí, han saciado su sed gratis en las viejas y frescas aguas del pozo, y han seguido su camino dejándome con mi soledad, con mi tristeza,
PALABRA DE DIOS Juan 4, 5-26, 39-42 Jesús tenía que atravesar Samaría y llegó a un pueblo que se llamaba Sicar, cerca del campo que le dejó Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, agotado del camino, se sentó sin más junto al pozo. Era casi mediodía. Una mujer de Samaría llegó a sacar agua y Jesús le dijo: “Dame que beba”. (Es que sus discípulos habían ido al pueblo a comprar provisiones). La samaritana le preguntó: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le contestó: “Si conocieran el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú a él y él te daría agua viva”. La mujer le contestó: “Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde vas a sacar agua viva? ¿Vas a ser tú más que nuestro padre Jacob, que nos dejó este pozo, donde bebían él, sus hijos y sus ganados?” Jesús le contestó: “El que bebe agua de ésta vuelve a tener sed; el que beba el agua que yo voy a dar nunca más tendrá sed; porque esa agua se le convertirá dentro en un manantial que salta dando una vida sin término”. La mujer dijo: “Señor, dame agua de esa; así no tendré más sed ni tendré que venir aquí a sacarla”.
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Él repuso: “Ve a llamar a tu marido y vuelve acá”. La mujer le contestó: “No tengo marido”. Jesús le dijo: “Muy bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad”. La mujer contestó: “Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres celebraban el culto en este monte; en cambio, vosotros decís que el lugar donde hay que celebrarlo está en Jerusalén”. Jesús le dijo: “Créeme, mujer: Se acerca la hora en que no daréis culto al Padre ni en este monte ni en Jerusalén… se acerca la hora, o mejor dicho ha llegado, en que los que dan culto auténtico darán culto al Padre con espíritu y verdad; pues de hecho el Padre busca personas que lo adoren así. Dios es espíritu y los que lo adoran han de dar culto con espíritu y verdad”. La mujer le dijo: “Sé que va a venir el Mesías, el Ungido; cuando venga él nos lo explicará todo”. Jesús le contestó: “Soy yo, el que habla contigo”. () Muchos samaritanos de aquel pueblo creyeron en él… Por eso, cuando llegaron los samaritanos a donde estaba él le rogaron que se quedara, y se quedó allí dos días. Muchos más todavía creyeron por lo que les dijo él, y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú cuentas; nosotros mismos le hemos oído y sabemos que él es realmente el salvador del mundo”.
PARA ENTENDER EL TEXTO Es un texto catecumenal, de iniciación cristiana, que va marcando el proceso de conocimiento, interiorización y encuentro liberador y renovador con Jesucristo. 1/ Jesús toma la iniciativa, se hace el encontradizo. Fue así con la samaritana y es así siempre: es Jesús quien nos busca primero, nos está buscando siempre, está viendo cómo encontrarnos en el camino de nuestra vida. Jesús prepara el encuentro allí donde la persona va a saciar sus necesidades. La samaritana buscaba saciarse con agua, pero toda persona es una unidad de necesidades: no hay ninguna necesidad solamente material, sino que incluso estas necesidades reclaman siempre una satisfacción más profunda; son como signos referenciales que pueden convertirse en sacramentos de la satisfacción plena que ocultamente se busca: el agua del bautismo como agua viva; el pan de la eucaristía como el pan de la vida (Jn 6, 35); Jesús, el pan vivo bajado del cielo (Jn 6, 51); no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mt 4,4).
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Jesús comienza por lo material para ir avanzando hacia lo espiritual, hacia la profundidad. Es decir, la persona humana necesita responder a la integralidad de todas sus necesidades, desde las materiales hasta las espirituales. Quizás haya que comenzar, como hizo Jesús, por las primeras; pero es necesario dar respuesta a las necesidades más profundas de encuentro profundo en el amor de Dios y el amor de las personas. Parece que es Jesús quien realmente está cansado y sediento. Y es verdad: amor pide amor, anhela amor. Jesús amigo tiene sed de amor, de dar y recibir amor. El manantial descendió para sentir sed… En realidad, quien le pedía de beber, tenía sed de la fe de aquella mujer (S. Agustín, Comentario Juan). 2/ Es Jesús, y solamente Él, quien da el agua viva, el Espíritu del verdadero y felicitante amor. Pero, antes y para poder ofrecer ese amor, Jesús hace que la mujer tome conciencia de sus “maridajes”, de los falsos amores que ocupan su corazón sin llenarlo nunca, y que se libere de ellos. Si el corazón está poseído por falsos amores (riquezas, poder, egolatrías, egoísmos relacionales, dependencias posesivas) no puede albergar el amor puro de Jesús. La verdadera dificultad para creer en Jesús no se encuentra en el campo de las ideas sino en el de los afectos. Jesús va conduciendo a la mujer, desde la realidad de auténtico desamor que sufría en medio de tantos amores desvirtuados, hacia el encuentro de fe en Él, que produce en ella la toma de conciencia de su realidad (iluminación) y la posibilidad de una vida renovada desde la comunicación y la unión de verdadero amor con Jesús y con las personas. 3/ En Jesús y en el Espíritu se encuentra, no solamente la liberación y la renovación personal, sino también el culto verdadero al Padre. No es en lugares, tiempos, templos, ni siquiera sistemas religiosos, donde uno se encuentra con Dios, sino en la comunión con Jesucristo y con los herman@s. El verdadero templo de Dios y del Espíritu es Jesús y la comunidad cristiana como Cuerpo de Cristo. Sentémonos junto a Jesús, que nos está esperando. Él nos mira a los ojos del corazón, como miraba a la samaritana. Ojos luminosos, cálidos, pacificadores, irradiantes de vida y de amor irresistible. En la mirada de Jesús nos vemos reflejados con nuestros anhelos, deseos insatisfechos, descontento, apegos egoístas, fijaciones esterilizantes, amores equívocos o desvirtuados. Pero no es una mirada inquisitiva ni recriminatoria: vibra y sonríe, sonando la música de su amor y nuestro amor, como en un concierto a dúo. La mirada de Jesús es fuego de amor que sana, purifica, renueva y hace feliz nuestro corazón. Es un abrazo de amor que colma nuestros anhelos profundos. Un amor que nos hace verdaderos amadores de quienes no saben, no quieren o solamente reciben desamor.
ACTUALIZACIÓN DE LA PALABRA Como le pasaba a la samaritana, podemos estar atrapados en instituciones, tradiciones, métodos…, que no favorecen nuestra liberación y nuestra creatividad al servicio de los demás. Podemos estar prendidos de relaciones de dependencia y de posesión, en las que buscamos satisfacer nuestra hambre o sed de amor. Hay personas, quizás como la samaritana, que no han aprendido a amar porque nunca han experimentado un amor verdadero. Pero, podemos ser incapaces de amar a alguien por vivir encerrados en un egocentrismo y autosu-
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ficiencia que vician todas nuestras relaciones de utilitarismo personalista y de búsqueda obsesiva del reconocimiento y de la sumisión de los demás. Las relaciones con las personas de nuestra propia familia y con los amigos, ¿son relaciones de comunicación, confianza, gratuidad, servicio, entrega…? Nuestras relaciones con las personas de nuestro entorno vecinal, laboral, institucional, ¿son relaciones cálidas, cercanas, oferentes, facilitadoras de conversación y comunicación, dispuestas a compartir…? Cuando ayudamos a los demás, ¿somos conscientes de que la primera ayuda, sin la que las otras ayudas no valen, es la donación de sí mismo, la atención personal, la palabra y el afecto? Jesús no utilizaba estrategias, sino que actuaba desde el deseo de entrar en comunicación con las personas y a su servicio. Se autoinvita ante Zaqueo –necesitado de reconocimiento- y pide agua a la samaritana –necesitada de saciar la sed de amor de su corazón-. Jesús cura, se comunica, aplaude y bendice, comparte el dolor y la fiesta, la vida y la muerte, da y multiplica panes y peces (pone la mesa para todos), defiende, dignifica… Jesús ama de verdad. Como Jesús, hemos de prestar atención a las necesidades de las personas y acercarnos a ellas ofreciéndoles la ayuda que necesitan: reconocimiento, sanación, justicia, dignidad, afecto, comunión de bienes… La cuestión fundamental es la del culto a Dios dentro de la propia persona (corazón). Todas las mediaciones religiosas y sociales han de ser cauces de comunión con el Dios Trinitario en Jesucristo y con la comunidad de los herman@s, volcada en la liberación de los empobrecidos. Esta comunión de amor personal y comunitario en Jesús con el Padre y con los hermanos al servicio de los empobrecidos debiera visibilizarse continua e intensamente en la Iglesia y en la HOAC, debiera ser nuestra verdadera seña e imagen, por encima de cualquier otra cosa. “Aguas que no quitan la sed. Es difícil asomarse a la vida de cada día sin percibir cómo va creciendo entre nosotros la sensación de desencanto. Vamos tomando conciencia, cada vez más realista, de una crisis económica cuya solución es difícil entrever… El desencanto abarca el ámbito de lo político, lo social y lo eclesial… Es como si estuviéramos tocando fondo… Quizá estemos viviendo un momento privilegiado, porque hemos perdido, en gran parte, la confianza y seguridad que habíamos puesto en la sociedad de producción y consumo. Tal vez este tiempo de desencanto sea un momento cargado de posibilidades y de futuro, porque puede ser un punto de arranque para una búsqueda más importante de salvación… El que bebe agua de ésta vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed” (Fl. Ulibarri, Conocer, gustar y vivir la Palabra, ciclo A, VD, 106).
Dorothy Day (1897-1980), fundadora de The Catholic Worker, en EEUU, describe su proceso de encarnación en el mundo obrero y en otros colectivos oprimidos: “Cuando leí La Jungla de Upton Sinclair empecé a dar largos paseos hacia el West Side más que dirigirme hacia el parque o al lago… coleccionaba olores en mi memoria, la única belleza en aquellas calles grisáceas… He recibido una llamada, una vocación, una dirección para mi vida” (Dorothy Day, La larga soledad, ST, 46-47). “… su proceso de encarnación en el contexto de la cárcel. La primera vez que estuvo en prisión, en 1917, tuvo un profundo efecto en su vida. Experimentó un doble proceso de conversión personal: por un lado, perdí todo el sentimiento de mi propia identidad, pero al mismo tiempo se sintió fuertemente identificada con los otros presos: Yo era aquella madre a cuyo hijo habían violado y asesinado (LS 88). Pierde su identidad propia y la recupera, renovada, en la identificación con las compañeras presas. De alguna manera,
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mientras estaba en prisión empezó a descubrir una nueva identidad. Cinco años más tarde fue encarcelada de nuevo, esta vez en Chicago. Y a este respecto escribió: Compartía, como nunca lo había hecho antes, la vida de los más pobres de los pobres, los culpables, los desposeídos (LS 105). Arrestada en 1956 durante una acción noviolenta, escribe: Percibí una sensación de intensa cercanía de Dios. Un gran sentido de Su amor, un amor por Sus criaturas… (AIG 109). Este proceso de encarnación que experimentó Dorothy en la cárcel también se refleja, años más tarde, en el siguiente texto: En la celda donde estábamos detenidos, había seis mujeres esperando juicio por homicidio… Pero allí, mezclada con ellas, entre puertas abiertas y pasillos libres, éramos hermanas. Vimos en nosotras mismas nuestra propia capacidad para el pecado, la violencia o el odio (AIG 171-2)” (D. Izuzquiza, Revolución desde abajo, descenso revolucionario…, CJ 135-2005, 10). D. Day no era una mística evanescente, sino realmente encarnada en los obreros explotados y las personas más destrozadas. Vivía una encarnación radical al servicio de personas muy concretas. Abrámonos al Espíritu, que nos regala también a nosotros la capacidad de amar encarnados en la vida de las víctimas del mundo obrero.
3ª Propuesta de Vida y Acción (Acuerdos XII AG): Vivir la comunión en nuestro hogar y familia para configurar y construir un proyecto de vida militante cristiano profundamente humano y encarnado en la debilidad del mundo obrero. “El amor y la lucha por la justicia nos impulsan a convertir la pobreza, la humildad y el sacrificio en formas de vida que nos humanizan y que contrarrestan las manifestaciones consumistas, hedonistas e individualistas de la cultura que permanentemente intentan ganarnos el corazón” (p. 81). Oremos, dando gracias al Señor por el regalo de nuestra familia y viendo, ante Él, cómo podemos comunicar y compartir con la familia la gracia gozosa y humanizadora del Evangelio de Jesucristo.
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SALMO 138, 11-18. 23-24 Señor, tú me sondeas y me conoces: me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.
Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras; conocías hasta el fondo de mi alma, no se te escondía mi organismo.
No ha llegado la palabra a mi lengua y ya, Señor, te la sabes toda. Me estrechas detrás y delante, me cubres con tu palma. Tanto saber me sobrepasa, es sublime y no lo abarco.
Cuando en lo oculto me iba formando y entretejiendo en lo profundo de la tierra, tus ojos veían mis embrión, mis días estaban modelados, escritos todos en tu libro, sin faltar uno.
¿Adónde iré lejos de tu aliento, adónde escaparé de tu mirada? Si escalo el cielo, allí estás tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;
¡Qué incomparables encuentro tus designios, Dios mío, qué inmenso es su conjunto! Los cuento y me salen más que granos de arena; si los doy por terminados, aún me quedas tú.
si vuelo hasta el margen de la aurora, si emigro hasta el confín del mar, allí me alcanzará tu izquierda, me agarrará tu derecha.
Dios mío, sondéame para conocer mi corazón, ponme a prueba para conocer mis sentimientos: mira si mi camino se desvía, guíame por el camino eterno.
Si digo: “Que al menos la tiniebla me encubra, que la luz se haga noche en torno a mí”, ni la tiniebla es oscura para ti, la noche es clara como el día.
Jesucristo, hoy (G. Rovirosa, Bol. Dir., 35-1.950) Pero Tú, Señor, puedes abrir mis ojos para que te vea. ¡Enséñame, Señor, a mirarte y a verte! -Yo veo lo que miras. Yo leo lo que lees. Yo escucho lo que dices. Yo sé lo que callas, y lo que sientes, y lo que escuchas, y lo que temes. Yo estoy siempre delante de ti, en todas partes. ¿Cómo huirás de tu Dios, si Yo lo lleno todo: el tiempo y la eternidad; el espacio y la inmensidad? Cuando tú huyes de mí, Yo te persigo. Y cuando vuelves tu rostro hacía Mí, ya mis ojos te estaban aguardando. Júntate conmigo y ambos juntos seremos como uno. Yo sé lo que piensas, y lo que anhelas y lo que amas. ¿Por qué no me amas a Mí, que puedo hacerte feliz dentro de ti? Cuando lees o miras, cuando piensas o anhelas, todo ello sin Mí es vanidad…
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Júntate conmigo y en Mí lo hallarás todo. Soy la misma Sabiduría, soy la misma Bondad, soy el Amor infinito, soy la eterna Felicidad. ¿Por qué te fatigas por la gota a gota de un riachuelo, si en Mí tienes un mar?...
POEMA-ORACIÓN (S. Juan de la Cruz) LA FONTE Qué bien sé yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche. 1. Aquella eterna fonte está escondida, que bien sé yo do tiene su manida, aunque es de noche. 2. Su origen no lo sé, pues no le tiene, mas sé que todo origen de ella tiene, aunque es de noche. 3. Sé que no puede ser cosa tan bella, y que cielos y tierra beben de ella, aunque es de noche. 4. Bien sé que suelo en ella no se halla, y que ninguno puede vadealla, aunque es de noche.
8. El corriente que de estas dos procede sé que ninguna de ellas le precede, aunque es de noche.
5. Su claridad nunca es oscurecida, y sé que toda luz de ella es venida, aunque es de noche.
9. Aquesta eterna fonte está escondida en este vivo pan por darnos vida, aunque es de noche.
6. Sé ser tan caudalosos sus corrientes. que infiernos, cielos riegan y las gentes, aunque es de noche.
10. Aquí se está llamando a las criaturas, y de esta agua se hartan, aunque a oscuras porque es de noche.
7. El corriente que nace de esta fuente bien sé que es tan capaz y omnipotente, aunque es de noche.
11. Aquesta viva fuente que deseo, en este pan de vida yo la veo, aunque es de noche.
Para mí la oración es un impulso, una sencilla mirada dirigida al cielo, un grito de agradecimiento y de amor, tanto en medio del sufrimiento como en medio de la alegría. En fin, es algo grande, algo sobrenatural que me dilata el alma y me une con Jesús. (Santa Teresa de Lisieux) 8