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AÑO
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NÚMERO
31
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ENERO
2024
LITERATURA Y OTRAS EXPRESIONES
I N V I E R N O
Editora Imagen en portada Columna
Mónica Morales Rocha Hipérbole Frontera | MMR Javier Vargas de Luna
Colaboraciones Idalia López Obdulia Moreno Laura V. Medel Génesis García Anita M. Riquelme Néstor Álvarez Enrique Pozoblock Eduardo Carrillo
Iliana Hernández Mónica Morales Nancy Medellín Alejandro Volta Samantha Ruiz Fernanda Delgado
Revista digital de divulgación literaria y otras expresiones artísticas, sin fines de lucro. Publicación trimestral.
Archivo disponible para descarga gratuita en: www.moonytj.com/hiperbole-frontera
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Tijuana, Baja California, México, 1° de enero de 2024.
HIPÉRBOLE FRONTERA | INVIERNO 2024 |
Karina Olvera Yomilett Rosales Elías Castillo Mario de la Cruz Arely Jiménez Claudia Sánchez Santiago Macías Bruno Díaz de León
ÍNDICE 3 PALABRAS DE LA EDITORA 5 INVIERNO
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| INVIERNO 2024 | HIPÉRBOLE FRONTERA
[5] Karina Olvera [6] Yomilett Rosales [7] Elías Castillo [8] Mario de la Cruz [9] Arely Jiménez [10]Claudia Sánchez [11] Santiago Macías [12] Bruno Díaz de León [13] Idalia López Carrillo [15] Obdulia Moreno [16] Laura V. Medel [16] Fernanda Delgado [17] Génesis García [18] Anita María Riquelme [19] Néstor Álvarez [20] Enrique Pozoblock [21] Eduardo Carrillo [22] Iliana Hernández
24 RESEÑA Imperio, de Julia Melissa Rivas, por Mónica Morales Rocha. La nostalgia del tigre, de Ana Victoria Padilla, por Nancy Medellín. Estalagmita, de Lorena Aviña, por Alejandro Volta.
EN PORTADA
Invierno 2024 Hipérbole Frontera | MMR Técnica: collage digital.
El increíble castillo vagabundo, de H. Mizayaki, por Samantha Ruiz.
30 COLUMNA
Javier Vargas de Luna Lecturas Migratorias.
32 CONVOCATORIA
No. 32 primavera, trimestre abril-junio 2024.
PALABRAS DE LA EDITORA
¡Feliz año nuevo!
Celebramos la respuesta recibida a nuestra convocatoria en fotografía, poesía, narrativa y reseñas. Sin la participación y talento de cada colaboración, esta revista no sería posible; les extendemos nuestro más profundo agradecimiento.
Deseamos que este nuevo año les traiga lecturas gozosas y sorprendentes. ¡Que el 2024 esté lleno de historias fascinantes y descubrimientos literarios! ¡Gracias por ser parte de la comunidad de Hipérbole Frontera! ¡Feliz 2024! ¡Gracias por leer!
MÓNICA MORALES ROCHA
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Mi gratitud especial a Javier Vargas de Luna quien, desde Canadá, nos regala sus siempre luminosas reflexiones en la columna Lecturas Migratorias. En esta ocasión, a partir de su encuentro con “Distancia de rescate”, de la escritora Samantha Schweblin, Javier repara, entre otras cosas, en la tradición literaria que «ha sabido enseñarnos a sentir miedo como Dios manda —y, dicho sea como de paso, ha sabido darle un sentido de pertenencia cultural a nuestros temores».
Y, a ustedes, agradezco su compañía lectora en esta travesía. Al leer, recomendar y compartir nos ayudas a continuar creciendo en este proyecto de divulgación literaria.
HIPÉRBOLE FRONTERA | INVIERNO 2024 |
Con gran alegría recibimos al 2024 e inauguramos nuestro calendario con el Número 31 Invierno, de Hipérbole Frontera.
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INVIERNO
INVIERNO
ALEJANDRA: Doña Alejandra, de mutilada entereza, te quiero. Doña Alejandra, tú que me hiciste más que yo, en aquellas turbonadas de mosquitos y el conde de Montecristo. Doña Alejandra, que me miraste como a un animalito desviscerado. Extrañándote sin conocerte más que en interpretaciones, más que en aquella última llamada, donde ya no había entereza sino mutilación, te quitaron la vida y en aquella postración decidiste que se fuera.
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Karina Olvera (Tijuana, 1998). Licenciada en Lengua y literatura, egresada de UABC. Intenta leer y escribir. @KOlvera19
HIPÉRBOLE FRONTERA | INVIERNO 2024 |
KARINA OLVERA
YOMILETT ROSALES
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POEMA DE UN REMIENDO A veces me endurezco y me quiebro, me desmorono. Otras veces soy agua y me acúmulo, me desbordo. De vez en cuando, soy fuego y me incendio. Y más a menudo soy aguja, soy la hebra y remiendo… Me remiendo.
Yomilett Rosales Artista creadora a partir de la aguja y hasta donde el hilo dé. En su práctica experimenta con el bordado, con el cual se permite dar forma, textura, voz y color a lo que siente, ve y piensa.
ELIAS CASTILLO EPITAFIO
Me lleva flores a la lápida; los lirios que tanto le gustan abraza mi tumba, la vida fue más rápida. Ahoga su llanto en la cicuta de mi vaso pido perdón por lo que fue y lo que fuimos traía consigo un vestido color ocaso y una carta con lo que nunca nos dijimos. Presa de una cárcel carnal grilletes terrenales, demonios que la invaden, presa de una fantasía tan real.
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Elias Castillo Estudiante de Lengua y literatura de Hispanoamérica, en la Universidad Autónoma de Baja California. Ha sido publicado en distintas revistas literarias con distribución digital.
HIPÉRBOLE FRONTERA | INVIERNO 2024 |
El perfume olor azufre invade sus fosas nasales, se ha teñido el cabello color sangre raja sus muñecas con tal de mirarse con tal de mirar lo que todos no saben.
MARIO DE LA CRUZ HOMBRE CON CATACLISMO
En cada atardecer de mis ciudades salgo a pasear desaliñado: camisa de lluvia, paloma rota orilla en la frente, fabrico mi cabeza con un abrigo de poliéster. Yo nunca estoy aquí Salgo de pantalones ciegos,
porque algo me habla
salgo necesidad barracuda, antílope,
con una voz detrás del ritmo de las cosas.
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salgo a cortar mi felicidad en canciones, mientras el tiempo-deseo
Los automóviles circulan en estampida,
y su nada-ángulo sujetan
el cielo azul claro iluminado,
la rotura del cariño.
mediodía de sábado y epidemia de sonrisas.
Veo casas derrumbarse sobre sus familias, veo gente cargando su ataúd
Yo cortejo a una palmera por rutina,
a toda prisa,
a mí más bien me gustan
a todas partes.
las mujeres telúricas,
Tribus arrinconadas en mesas
huracanadas que devasten mi alma
migran en balsas de la inundación.
dejándome a solas con el amor.
Hombres y mujeres refugiados en los templos huyen del fuego en su interior. Yo traigo una nube de cenizas, una grieta en la suela del zapato.
Mario de la Cruz (Mexicali). Residente desde 1995 en Ensenada. Autor del libro de cuentos Fosa Común (1994) y de la novela Anémona, editada por el Fondo Editorial de Baja California.
ARELY JIMÉNEZ ARROJÉ UNA BOTELLA AL MAR
La contradicción más tierna yace apenas en sus piernas, como ciertas rocas junto al mar aprenden la dulzura de la arena imponiendo la paciencia que algunas deidades han olvidado. No es la perfección, pero la pretende y acaso eso sea lo más perfecto. Una infancia que ruge del vientre constreñido, apenas asomada desde el ombligo, sin saber si el alba o la alborada, pero reconociendo un encuentro. Siento nostalgia de algo que ignoro, pero ingenuamente imagino. Una memoria de sales y minerales que han abrazado un cuerpo hasta crecerlo. Tengo la constancia de que la voluntad se encarna y eleva,
No es fácil amar a un hombre hecho de estrellas y de noches con alas en los pies y raíces en los ojos con el mar sembrando olas en sus piernas mientras camina sin dejar de mirar el sol anhelando pisar el ocaso. No tengo el cuerpo ni el corazón, ni las manos solo palabras que por suerte olvido aunque las imágenes queden en mi memoria como una película larga que se convierte en sueño y de la cual no se despierta. Humildemente le pido al otoño que deje caer sus hojas para que cubra los tantos caminos que me llevan a ti.
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Arely Jiménez (Aguascalientes, 1992). Es poeta, feminista y paciente renal. Ha publicado libros de poesía como Madre Piedra y otros poemas (UAA, 2019), La noche es otra sombra, Metamorfosis de la O (Sangre Ediciones, 2020) y Sirenal (Editorial Arde Chihuahua, 2023). En 2021 obtuvo Mención Honorifica en el 39° Premio Nacional de Literatura Joven «Salvador Gallardo Dávalos», en el área de narrativa con su libro de cuentos Los árboles no son tan altos de noche.
HIPÉRBOLE FRONTERA | INVIERNO 2024 |
eso me basta para creer que la vida es buena y debo vivir.
CLAUDIA SÁNCHEZ RESPUESTA A ENRIQUETA OCHOA*
*Entre la soledad ruidosa de las gentes, Enriqueta Ochoa.
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Yo, también, prefiero masticar estrellas y ser frente al mundo, estamos aquí para escupirlas, escupirlas, darles forma en nuestro imaginario, transitar la vida, transitar únicamente, tomar un trago, brindar entre nosotras; tener a alguien que caliente nuestra cama cada noche, hasta los tuétanos. En esta casa no se habla de dios, pero sí de la naturaleza, de cómo el ciempiés se esconde entre recovecos, del engaño de los sentidos, aquí subimos a la azotea para observar la infinitud de la montaña. Y después, en la balanza, acomodamos todas las cosas de la recolección, quizá el polvo que se concentra dentro del polvo, observamos los detalles hurgamos con pericia nuestra piel, para recordar que este cuerpo se sostiene solo y que cada noche, o cada mañana, puedo reposarlo sobre la hierba y las piedras, o tocarlo sin miramientos, después, regresar a la tierra, como quien intenta levantarse y andar a pesar de haber rodado sobre vidrios rotos. Claudia Sánchez (Cuernavaca, 1982). Estudió Letras Hispánicas en la UAEM. Poeta. Ha impartido talleres de collage y poesía. Correctora de estilo y profesora de Español y Literatura. Forma parte de la antología Los árboles arrancan su cuerpo de la sombra (2015). Es autora de Árbol de jilgueros (2018), Agapantos (2019) y Esquirlas (2021).
J. SANTIAGO MACÍAS BOLA 8
que vuelve siempre a la columna de los viernes En la verticalidad de otras ideas En la consunción de otros cigarros se rompe a todas horas el manantial de la ceniza rodante de nuestras manos macilentas de nuestros cuerpos cansados III Yo me siento poeta en una esquina Yo escribo esto mientras brindo con la muerte que lleva su guadaña en el omóplato derecho y una bolsa de basura colgando de las costillas Hay una naginata de samurái reposando en la mesa de billar No me niego nunca a ser Y Cristo juega a los dados conmigo.
II Y me hago uno con la carne y con mis huesos dislocados Hay un imbécil fumando en un extremo Yo lo miro desde aquí como una estatua Y no es Cristo ni su mar de Galilea ni su grano de mostaza triturado En la ceniza del cigarro se evaporan las veintidós mujeres que me han derruido Y queda sólo construir un reino tegumentario y aéreo como el diente de león y dar nuestra practicidad en recompensa por habernos convertido en un montón de cadáveres
José Santiago Macías (Puebla, 2006). Poeta, cuentista y ensayista. Fue incluido en la antología temática Brujas & Cholitos (2023) con el relato Duérmete niña, duérmete ya. Su cuento La noche de los locos apareció en Periódico Poético (2023). Sus poemas, ensayos y cuentos se han publicado en revistas literarias nacionales e internacionales.
HIPÉRBOLE FRONTERA | INVIERNO 2024 | 11
I El placer es el sentido práctico de la vida y no pienso discutirlo ni someterlo a política alguna Yo, como Panero, fumo mucho, demasiado pero no lo suficiente como para conseguir el asma que reclaman mis pulmones Hoy que me he puesto los codos que acaricio densamente los zapatos más gastados que tengo un caracol va dejando su baba encima de mis hombros y yo soy solamente el barista de la desgracia La vida es una botella de whisky agrio que se bebe dignamente, es decir, en completa soledad.
BRUNO DÍAZ DE LEÓN TEOTITLÁN
A deshilachar los viejos tapetes y enmendar con parches la memoria. Tejer los nudos que sostienen la historia, ensartar la guerra en el ojal, apretar los hilos con cortesía y amarrar fuerte los dientes.
12 | INVIERNO 2024 | HIPÉRBOLE FRONTERA
Cortar la tela del pasado, coser las llagas del herido y del que hiere. Ajustar con precisión los cierres, cargar en cada bolsa lo que hace bien y lo que duele. Disfrutar los pinchazos cual remanso y entregarse al sol naciente, arrancar las agujetas, teñir a pie descalzo, pintar de colores al mundo. Desatar lo que fue, decimos en voz alta: bienvenido lo que viene.
Bruno Díaz de León Ramírez (Ciudad de México, 1994). Malabarista y poeta. Estudió sociología en la Universidad Autónoma Metropolitana. Sus reflexiones desde la metáfora y el circo lo llevaron al encuentro con la pluma y el silencio. Autor del poemario Pulsiones.
IDALIA LÓPEZ CARRILLO IMAGEN DE UN RECUERDO
Idalia López Carrillo (Hermosillo, 1980). Mujer, feminista, tallerista, apasionada de la literatura, las plantas y la cocina. Cuida de Gala y París, sus dogos. Licenciada en Literaturas hispánicas, Maestra en Literatura Hispanoamericana. Coordina el Club de lectura Péchita, Colabora en “Aquí hay mujeres” de Radio Sonora. Pertenece a la Red Gestoras Culturales México.
HIPÉRBOLE FRONTERA | INVIERNO 2024 | 13
Imaginé que volverías como dijiste, Pero crecí y olvidé tu nombre. Creo que te inventé en mi mente, esa imprudente que me dice cosas, me alerta cuando estoy tranquila, enciende el palpitar a toda marcha me arenga los sentidos con su fuego. Revoloteo entre chispas, ideas y pensamientos. Invento. Creo que te inventé en mi mente; jugabas con mi trenza en el pasillo, me acompañabas por las tardes. Hurgabas en mi falda, en mi bolsillo. Comías tierra mojada de cuclillas. Las nubes te asustaban sin su brillo, Olías a mantequilla derretida de cuando en cuando me aburrías. Mi mente soy yo, soy tú, o no, mi mente se craquela y descompone me armo en mi mente y te construyo, te invento, te nombro y te renombro. Creo que te inventé en mi mente, compuse varios nombres para ti para poder tenerte sujetada te quiero recordar y ya no puedo. Te pienso y te imagino aquí sentada; zapatos azules, el moño de la bata desatado. Hoy me dijo la abuela que no existes, pero te busca entre geranios y claveles, te escucha cuando escarbas en la hierba, se espanta en las noches con tus pasos.
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INVIERNO
OBDULIA MORENO SECRETO
—¿Te digo un secreto? Odio los domingos. Todo sabe diferente. Todo parece moverse más lento y eso, para alguien con ansiedad como yo, no es bueno. En serio los odio. La comida me sabe mal, el silencio reina las calles y cada rincón de la casa, pero es un silencio diferente al de los miércoles; no es de calma ni tranquilidad, más bien de ausencia. Los odio como se odia a la gente que camina lento cuando llevas prisa o a la que te empuja y te pisa los talones porque lleva prisa cuando tú caminas lento. Los odio como odias las gotas de café que se derraman de la taza cuando la llenas de más. Como se odia a los finales obvios de una historia que pintaba prometedora. Pero lo que más odio es que nace en mí el deseo de que llegue pronto el horrible lunes, entonces sé que estoy perdida. La gata no juega, las plantas no crecen, el sol no calienta, la pluma no escribe, la gente no saluda, el chile no pica, los relojes no hablan, la hormiga no trabaja o trabaja menos. Todas y todos viven en el país del "No". como un escaparate a no quedarme en el limbo de no hacer nada, de no poder ni con mi existencia. Tal vez el odio que siento es lo único que me mueve en un día como el domingo. ¿Sabes? Pensándolo bien, amo mi odio por los domingos, ya que, de no ser así, no tendría otro remedio que inventar una nueva actividad para evitar enfrentarme conmigo misma, ¿No crees?— La miré directamente a esos ojos rojizos. La paloma me miró también con morusas de bolillo en la cabeza y exclamó —Cuuu cuuuu— y se fue. La odio.
Obdulia Moreno Actriz, dramaturga y directora. Creadora y directora de la colectiva Cardumen. Estudió la licenciatura en Cultura y arte en la Universidad de Guanajuato. Con más de 14 años de experiencia como actriz y. Fue docente de teatro dentro de diversos espacios como Instituto cultural de León, UNAM.
HIPÉRBOLE FRONTERA | INVIERNO 2024 | 15
¿Qué clase de embrujo tienen los domingos? No logro entenderlo. Tal vez sólo los odio
LAURA V. MEDEL SEIS DE ENERO
José mira con esporádica atención hacia la calle a través de la única ventana que hay en su casa. Ha llegado la mañana en que, como cada seis de enero, le toca observar la fiesta que sus vecinitas y vecinitos arman entre las banquetas y las calles con sus juguetes nuevos. Al pequeño no lo ha despertado la emoción que afuera impera entre la estridencia del juego matutino particular de la fecha festejada. Sabe que la magia no existe. Le chilla el estómago otra vez. Aparta la mirada de la escena en lo que aquella sensación incómoda que le nace en la tripa se le pasa.
16 | INVIERNO 2024 | HIPÉRBOLE FRONTERA
Laura V. Medel (Nezahualcóyotl, 1992). Escritora. Estudió la licenciatura en Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Este 2023 colaboró en la antología digital de minificción Contra toda violencia, así como en las antologías físicas El muro desaparece; cuando nosotras escribimos I y II, editadas por Lluviedad y Plumas de Lesbos.
Fernanda Delgado (Mexicali, 1981). Ha participado en diversos colectivos desde mediados de los 90s en Ensenada, Baja California. Incursiona en la fotografía, como un canal de expresión en la que converge la vida cotidiana con la nostalgia y la necesidad de crear una memoria punzante.
GÉNESIS GARCÍA VIAJE FAMILIAR
Nuestro primer auto fue un FIAT 600 de tres puertas del año de la cocoa que nos regaló nuestro abuelo. Era una cosa gris y minúscula, pero lo amábamos. Mi papá lo bautizó como Perrito. Cabíamos (a duras penas) cuatro niños, una abuelita con sobrepeso, una mamá nerviosa y un papá acalorado que manejaba, muy concentrado, por los ruinosos caminos, levantando polvo y espantando vacas a su paso. Mis hermanos menores rebotaban en el maletero, mientras yo intentaba darles a escondidas trocitos de durazno que llevé de contrabando en mi mochila. Salimos temprano de casa, pero, entre tanto jaleo, peleas, paradas para el baño, cambios de pañal y regaños de mi papá histérico, llegamos pasado el mediodía a la laguna. La laguna era mi sitio favorito en el mundo y todo lo que quería era pasar mi cumpleaños bajo la fresca sombra de los árboles que crecían junto a las aguas cristalinas de ese pequeño secreto familiar. Fue tanta mi insistencia que mi familia se movió en pleno, incómoda y acalorada, para darme gusto. El viaje fue un desastre, pero una vez ahí, todo quedó olvidado. El pastel se aplastó y medio camino. Pero, no me importó. Yo fui feliz soplando las velas de mis diez años, junto a la laguna de mis veranos.
Génesis García (Chile, 1990). Historiadora y escritora de ficción. Ha publicado en diversas antologías de cuentos como Pesadillas y Vampiros, Oscuridad y Silencio y Generación de Fantasía (Colombia). Sus obras pueden encontrarse también en revistas como Especulativas, Primera Página, Anacronías, Amalgama de Letras, Trinando, entre otras.
HIPÉRBOLE FRONTERA | INVIERNO 2024 | 17
se derritió por el calor opresivo dentro del auto y mi regalo se perdió en algún bache del
ANITA MARÍA RIQUELME ROMEO AUSENTE
Mientras sorbía de la taza, su amado comenzó con los primeros efectos del veneno. En un intento de tranquilizarlo apresuró su taza y tomados de la mano le prometió que todo estará bien y que nadie más podrá interponerse en su amor.
18 | INVIERNO 2024 | HIPÉRBOLE FRONTERA
Al día siguiente un curioso samaritano encontró los dos cuerpos sin vida; si no fuera por las expresiones de horror de uno, hubiera pasado de largo, aseguró.
Anita María Riquelme (Chile, 1990). Es escritora de microrrelatos y cuentos, mediadora de lectura y coordinadora del club latinoamericano MicroCosmos. Sus escritos han sido publicados en diversas antologías, revistas literarias y fanzines, especialmente en el año 2023.
NÉSTOR R. ÁLVAREZ UN COLIBRÍ ME VINO A BUSCAR
Tenía la esperanza de volver a verte muy pronto, había muchas cosas que tenía ganas de contarte justo en ese momento; que me contaras todo lo que habías hecho en estos días; mis ansias eran tantas que me temblaban los brazos al abrir la puerta esperando verte del otro lado. Nuestra despedida fue fugaz, casi el mismo tiempo que tarda una taza de café en enfriarse, un café que quedó pendiente, igual que la charla que lo acompaña, pero, aun así, me lo bebí todo, frío, sin ningún sabor que me gustara ni propósito en el tomármelo boca abajo, como quedó todo después de irte. Unos pocos segundos antes de abrir la puerta para salir de casa, de los cables del poste de luz escuche un canto muy agudo, voltee hacia arriba, había un colibrí verde brillante, como una flecha de jade con pequeñas alas que batían y hacían que volara hacia mí.
gracias por haber regresado para contarme lo que desde allá soñó de mí.
Néstor R. Álvarez (Tijuana). Sus intereses son la literatura y la música.
HIPÉRBOLE FRONTERA | INVIERNO 2024 | 19
Pequeño colibrí, gracias por llevar el mensaje, gracias por traer el mensaje de vuelta,
ENRIQUE POZOBLOCK QUERIDA CUCA, TE QUIERE QUIQUE
Desde los bajos fondos de una ensalada de lechuga y jitomate, ataca cucaracha hembra, peluda, parda, adulta, incivil y hambrienta. De buenas a buenas la ingrata devora mi merienda sin tomarme en cuenta. Si por lo menos pidiera permiso con gusto la hubiera invitado. No lo hizo. Pagará caro el atropello. Perforo con tenedor implacable las entrañas del insecto. Violento charco amarillo acaricia los alimentos. No importa. A la ensalada le faltaba condimento. Levanto el arma asesina y llevo la presa a mis ojos. ¿A qué sabrán las cucarachas? Peores cosas nos comemos. ¿Qué será pertenecer a su reino? Infiernos, como el amor contrahecho.
20 | INVIERNO 2024 | HIPÉRBOLE FRONTERA
Nadie las quiere. Conforman el linaje más sombrío y marginal de los insectos. Dueñas de la tierra cuando todo haya muerto, comparten con Dios un oculto secreto. Por eso son indestructibles, amorosamente fecundas, omnipresentes. Siempre vuelven. Acaso son espías de los cielos, encubiertas, disfrazadas, vigías de nuestros desiertos. Acaso son ángeles caídos que aguardan, como todos, el juicio final y la rebelión de los muertos. Sin duda deben tener conciencia del asco humano, lo que les daría la dignidad del marginado. Si es verdad que un ser caído en desgracia es siempre una entidad sagrada, entonces soy un criminal abyecto. Tal vez la entierre. Sí, tal vez la entierra y le guarde un minuto de remordimientos. Concluyo la ensalada con los dedos. Está buena. Tiene aroma de cementerio. “Ramo de tigres era el amor”, dijo el poeta. Así era nuestro amor, según recuerdo. Hoy, en cambio, tiene el sabor de los insectos muertos. Y sin embargo te quiero. ¿Cuándo nos vemos?
Enrique Pozoblock Teatrero, desempeñó muchos oficios: pinche primero, consultor filosófico actualmente. Laboralmente ha abarcado mucho y apretado poco; sentimentalmente lo mismo pero al revés. En ambos casos ha vencido la profecía familiar: no ha muerto de hambre, no ha sido infeliz. Publicó Luna hiena, libro de relatos. Vive en Oaxaca.
EDUARDO CARRILLO MACHA MACHA MEN
La leche se echó a perder porque Laura dejó abierto el refri. Costó lo que un jale y tú no puedes cerrar esta madre: resonaba en su cabeza al detener el hielo entre la fosa del codo y el ojo morado, reclinada sobre el sofá en la sala y zigzagueando los vellos de las piernas con un hilo, como Marlina le enseñó entre deseo y suspiros. Marlina aprendió a hacerlo en prisión, así como también los golpes y abusos por ser transexual y a no confiar su desconfianza en naiden. La veía desde el comedor, cenando un puerquito de piloncillo y la leche echada a perder. Se la tomaba para demostrar culpa y arrepentimiento. —¡Quiero unos pulpitos! —dijo la nena.
Era una lección paterna. Él cruzaba la frontera con metanfetamina en el techo y ahora estaba encerrado. Los electrodomésticos del lugar eran su modo de construir un hogar, vivir en familia, etc. Marlina echó a andar el sartén con aceite, lavó la tabla de madera, sacó las salchichas e improvisó los tentáculos del embutido aquel. Prostituirse no le era tan desagradable como que Laura también lo hiciera. Moría de celos al verla depilarse. No tenían fin, sólo los medios: vigilar y castigar bendiciones e infiernos.
Eduardo Carrillo Infección cultural, reciprocidad y ji, ji, ji. Obra del autor en medios electrónicos y antologías locales.
HIPÉRBOLE FRONTERA | INVIERNO 2024 | 21
Tenía diez años. Sabía que si pedía de comer dejarían de pelear.
ILIANA HERNÁNDEZ AVIONES EN LA VENAS
Hace un calor espantoso. Ya estoy acostumbrada a los goterones de maquillaje que van a dar al cuello blanco de mi blusa. El uniforme húmedo en mi cuerpo, trato de hacer algo con el cabello, todo se va de su lugar por culpa del sudor. Me tomo a las carreras un café frío, las medias suben por mis piernas, a tropezones prendo la televisión, como siempre, para tener algo de conversación ajena o ruido en la habitación. En cámara lenta, un avión explota contra un edificio neoyorkino, comienzo a sudar más, tengo que llevar a Mariana con su abuela; luego correr a la oficina y disimular que llego tarde. Mi jefe trata de no enterarse de que no estoy a tiempo. No me alcanzan las horas para trabajar y estar enferma siempre. Pero la cámara acelerada en televisión, pero el café negro que me provoca el sudor que mana incansable de mi frente y axilas sucede fuera del tiempo. Sucede fuera de mi tiempo. Sucede fuera del tiempo y realidad de todos los que vemos la imagen.
22 | INVIERNO 2024 | HIPÉRBOLE FRONTERA
El avión estrellándose a todas las velocidades posibles según la televisora sintonizada, todos los canales de este mundo hiper comunicado transmiten esa danza grotesca e inaudita del avión descolocado, despavorido contra el edificio, lo veo, tú lo ves ahorita, seguirá estrellándose por toda la eternidad en el edificio de nuestra memoria. Dejo a Mariana en el jardín lleno de gardenias, la pequeña figura de su abue corre a abrazarla, tienen una complicidad que me es ajena. Me subo al carro de nuevo o a una nube porque no puedo pensar, sentir, ver bien, todo es borroso. Me pregunto en esos minutos porqué voy a trabajar si no habrá nada en mucho tiempo, trabajo para la única aerolínea de este pequeño pueblo; aparte de soledades en el aeropuerto y cardones, no habrá pasajeros con ánimos de alcanzar ninguna altura ni gobierno que autorice salidas después del humo, de esta confusión aterradora. Nos preguntamos todo el día qué seguía. Hice quien sabe cuántas jarras de café, era el punto de reunión de los adinerados y políticos del pueblo. Nadie dijo gran cosa, estar en esa pequeña oficina de la única aerolínea, creo, les da cierta paz a todos, como si en esos sillones pudieran estar mejor protegidos, a bordo de algo que nos está soltando poco a poco a todos. La certidumbre de una estúpida seguridad, la creencia de que existía un país blindado, poderoso y que, por estar cerca de él, nuestra vida también estaba protegida. ¡Cuánta inocencia! Perdemos esa virtud y se puede decir que, desnudos, a mitad de la calle, comprendemos que la vida es más endeble y desechable de lo imaginado. Pocos días después, se comenzaron a escuchar rumores de quiebra de esta compañía que nos da trabajo. Yo estoy enferma de nuevo: temperatura, tos, cansancio. Los aviones chocan y destruyen mi cuerpo, entran por mis venas y sus gases venenosos me dejan en cama, llorosa en tierra. Le llamo a mi jefe y le digo que renuncio. No regreso a la oficina por mis libros de Kundera. Sigo cayendo, derrumbándome, oscura y sin fuerzas. Sin empleo ni alas, me doy cuenta de que estoy embarazada, una orquídea en mi vientre extiende sus pétalos. Entiendo que es momento de poner piedra sobre piedra, regresar de mi muerte, acorralar a la vida que despega, esa que está en lo alto y me parece tan lejana. Ileana Hernández Partida Es caminante por curiosidad, cree que hay nuevos paisajes cada día, pinta como pensar o escribe para saber y meditar. Se le hace tarde vivir.
INVIERNO
HIPÉRBOLE FRONTERA | INVIERNO 2024 | 23
RESEÑA
IMPERIO Por: Mónica Morales Rocha* *Texto que escribí y leí en la presentación de Julia Melissa en el CECUT.
24 | INVIERNO 2024 | HIPÉRBOLE FRONTERA
Me alegra mucho estar aquí, esta tarde, acompañando a Julia Melissa Rivas en la presentación de «Imperio», poemario que obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven Raúl Rincón Meza 2021… y me alegra, porque siempre es grato y gozoso descubrir vida y obra de una escritora. Lo he compartido antes, en otros espacios: para quienes venimos del siglo XX, que nos formamos y nos iniciamos en la lectura al cierre del siglo pasado, en este contexto fronterizo de Tijuana, era sumamente difícil encontrar la obra de las escritoras locales, regionales y nacionales (que no fueran, claro: Sor Juana o Rosario Castellanos). No que no existieran; existían y ahora lo sabemos, las leemos y son nuestras grandes maestras. Pero entonces, al cierre del siglo XX era muy difícil encontrarnos. Y digo “encontrarnos” en dos sentidos: como sinónimo de “conocernos”; pero también, como esta posibilidad de hallarnos a nosotras mismas en los textos escritos por ellas. Es decir, de vernos representadas en las historias y la poesía escrita por otras mujeres. Recuerdo el testimonio de mi estimada Elizabeth Villa (que nos representa quizá como generación), respecto al hecho de no haber concebido en la infancia la posibilidad de ser escritora, cuando te preguntaban “qué quieres ser de grande…” y su posterior fascinación al descubrir que había mujeres que se dedicaban a este oficio. El siglo XXI, el desarrollo tecnológico, la posibilidad de conectarnos a través de
internet, ha significado para nosotras y para las nuevas generaciones la maravillosa posibilidad de leer a más escritoras. Bien, luego de este contexto para explicar mi alegría de encontrar a Julia Melissa Rivas y sus letras, les comparto que la lectura de «Imperio» y haber escuchado por ahí alguna entrevista, me confirmaron también, de alguna manera, que quizá sí estamos muchas de nosotras en la misma búsqueda. Concretamente, puedo mencionar 3 ejes: 1. Nuestra fascinación por las autoras, no solo sus obras, pero también sus vidas. ¿Quiénes fueron?, ¿qué hicieron? ¿Qué retos tuvieron que superar para poder escribir? ¿Tuvieron su habitación propia? En el caso de «Imperio», Julia Melissa se vierte entera hacia la figura de Clarice Lispector. Y lo hace con esta devoción que reconozco, que puedo entender, porque el ejercicio le tomó bastantes años, desde la época universitaria, cuando descubrió a la autora. Y, entonces, recupera este acompañamiento de años, donde sus pasos le llevaron a cruzarse con vida y obra de la ucraniano-brasileña, desde ciertos paralelismos como el desarraigo, la vida cotidiana y, claro, la experiencia de ser una mujer que escribe. «Si al llegar cansado de algún lugar lleno de trajines y trabajo me preguntas, responderé: no hice nada el día de hoy; pasé el tiempo, cociné; fui mujer un día más, nada asombroso realmente». (p. 35).
RESEÑA
2. Un segundo eje que pude encontrar en la lectura de «Imperio» es el interés sobre el propio oficio poético. Esto que le lleva, precisamente a preguntarse: ¿Cómo crean las mujeres? ¿Dónde escriben?... Y, entonces, la continua búsqueda en las historias de las autoras. «Pese a eso, aún en pleno día se puede dormir tranquila en cualquier tiempo y lugar, imaginario o no, se puede escribir». (p. 30).
«No te parecerás a Brasil ni a Buenos Aires, no recordaré Bruselas ni algún lugar desconocido. Pese a esto, con misterio y convicción, con todos mis sentidos, y con mi cuerpo, y con mi último soplo de vida, espero ese viaje». (p. 80).
Para mí, estos tres elementos de «Imperio» son, en sí mismos, suficientemente fascinantes para recomendar la lectura de este poemario…
Y es que Julia Melissa concibe a la poesía como un gran laboratorio del lenguaje. Yo les puedo decir, que «Imperio» ofrece un bálsamo sereno, pero poderoso. Sereno, por la belleza artesanal con la que articuló cada poema; y poderoso, por las preguntas y reflexiones que en momentos, incluso, nos atraviesan. Es, sin duda, el resultado de todos estos años en diálogo con la vida y obra de Clarice, este desmenuzar y observar como bajo una lupa su lenguaje, sus temas, sus preguntas. Recuperando las metáforas culinarias —porque Julia es una gran cocinera—, «Imperio» se coció a fuego lento; un amorosísimo cuidado se percibe en cada verso, en cada imagen; en su ritmo. «Frente al espejo, con los ojos cerrados palpé mi nombre, sabiendo que esta mujer de ficciones reunidas tuvo como deber una palabra nueva, repetida desde siempre». (p. 25).
Gracias, Julia «Imperio».
Melissa,
gracias
por
Mónica Morales Rocha Lectora y escritora. Editora de Hipérbole Frontera. Fronteriza y peninsular.
HIPÉRBOLE FRONTERA | INVIERNO 2024 | 25
3. Un tercer eje: el viaje. No exclusivamente el traslado físico, la migración. Julia Melissa vivió varios años en Argentina, por ejemplo. Pero en «Imperio» —que finalmente es todo un viaje en el tiempo—, el recorrido principal es al interior de la autora: la constante es la búsqueda y la indagación que es posible, precisamente, porque el oficio literario es un oficio solitario. El viaje final, lo sabemos, es hacia la muerte.
pero, les mentiría si no les contara que, de entrada, lo que me atrapó de la poesía de Julia Melissa fue su lenguaje poético.
RESEÑA
LA NOSTALGIA DEL TIGRE
26 | INVIERNO 2024 | HIPÉRBOLE FRONTERA
Por: Nancy Medellín Los versos de La nostalgia del tigre descienden suavemente uno a uno en el pozo del asombro de una niña, la conexión que la poeta establece con su lectorado es maravillosa. Sus poderosas metáforas mantienen un marcado acento audiovisual debido a la naturaleza como hilo conductor a lo largo de sus poemas. De este modo podemos conectar pasado con futuro y un abanico de implicaciones dentro del mismo texto. Su poesía hace referencia a hitos bíblicos, pequeñas hojas del jardín, animales dentro y fuera de casa o en museos, colecta de polvo estelar que permite descubrimientos, así como la excavación de la tierra desentrañando el pasado por un paleoantropólogo. Con ello, la poeta vuelca nuestra mirada hacia el cuenco de las fibras sutiles de asombro que componen nuestro interior como lectores. Dice Ana Victoria que la poesía es esa suerte de memoria a donde viajamos con nuestros ojos de asombro y estoy de acuerdo con ella. En el transcurrir del tiempo miramos al mundo cambiar y la experiencia que adquirimos nos muestra la desaparición de algunas cosas que vimos allá, en la infancia, con esos ojos inquietos, convertidos ahora en visores de una realidad muy diferente.
Su poesía fluye también en el dolor de nuestra alma por las cosas extintas: «Quién llora tanto en el cielo. / ¿Acaso ha muerto un ángel bondadoso? / ¡Cómo saberlo! Llueve / Llueve tanto / Sin truenos / ni tormentas. / Esta lluvia no es de rabia / es de depresión. […] Allá abajo / hacia la esquina de la tienda La manzana / apresurada corre la gente. / Gritan que / el arca de Noé ha encallado / justo ahí / en la boca de la alcantarilla / que anoche se quedó sin tapa / y ahora el arca / sin Noé».
Evocar momentos que en un futuro próximo serán pasado se vuelven realidad mientras los sentidos van haciendo suyo el texto que más allá de los recursos literarios empleados, nos conduce al interior recóndito de infante haciéndose preguntas, «las mismas que se formulan los científicos, filósofos, teólogos, poetas» y dentro de estos poemas paseamos en esas preguntas sin una búsqueda específica de respuesta, simplemente igual que Ana Victoria asomándonos al misterio. Este libro viajó desde Cartagena de Indias, el caribe colombiano, hasta Monterrey, la ciudad de las montañas en México, para hacerme viajar a ese sitio a donde nos invita la autora a través de sus letras, al lugar donde habita el asombro.
Acudir a ese lugar donde reside nuestro asombro es precisamente algo que se alcanza mientras leemos estos poemas: «Ante el desamparo / construyo una casa. / La limpio / La amueblo / como quien compone una canción. / Cuando encuentro que el lugar es acogedor / saco de mi bolsillo la pequeña figura / del tigre que llevo conmigo desde esta mañana. / La ubico sobre la mesa de madera. / Al fondo / de un tapiz hecho con trozos de cartas abandonadas / y cuatro hojitas verdes que recogí del jardín / le infunden calidez a la infancia. / Mis manos están discretamente felices con su labor. / Desde aquí el tigre creará / todos los sueños del tigre. / Es hora de apagar la luz / para que el animal agazape / sobre su propia constelación / y provoque los sueños / de nosotros, los durmientes».
Nancy Medellín Escritora de poesía, ensayo y autoficción, apasionada, nacida mexicana bajo el sol de libra.
lectora
RESEÑA
ESTALAGMITA Por: Alejandro Volta Recientemente he encontrado en la poesía de mujeres un refugio en la búsqueda del yo, Lorena Aviña, con la publicación de su plaquette Estalagmita, como ganadora de la mención honorífica del primer concurso de poesía Periódico Poético 2023 editado por la editorial homónima me acerca a una opción de respuesta a ello, y es que el acercamiento al luto, a las perdidas tanto humanas, corporales o del alma, abundan en estas letras precisas, llenas de una dualidad poco ortodoxa, pero que está llena de condición humana y sinceridad, lo cual como en muchas ocasiones, causa un cierto grado de incomodidad necesario.
«Mamá, gracias por haberte muerto: es la única forma que tengo para decirte que te amo». Los eventos del diario también se inmiscuyen, se mezclan con la memoria y el dolor, transformándolos en un mazazo al cráneo metafórico: «Recuerda que te obligó a hacer dieta. Guarda el rencor en tu pastel de cumpleaños. Desafía a la memoria. Siente el dolor de su ausencia». Palabras que cimbran la base de este poemario que Lorena no tiene ningún titubeo al escribir, y es que justo esto es lo que se espera de la poesía (o al menos lo que yo espero) ese arrojo por decir lo que uno siente con la contundencia de una explosión, pero también con un trabajo poético bien manejado, donde las figuras retóricas y el ritmo desatan los sentidos que uno no sabe o no recuerda que tiene bajo resguardo, debido a la prontitud con que se viven las cosas, con esa celeridad que la misma sociedad te pide incluso ante el dolor.
La respuesta se vislumbra en la punta de esta estalagmita, donde nos encontramos con el miedo previo al fin, pero también con esa compañía que abraza nuestro camino (que no por ello lo vuelve más ligero o fácil, pero sí da un pequeño atisbo de luz, ese respiro que nos recuerda que estamos hechos de carne, sangre y hueso, pese a nacer en la hechura del vacío). Llorar en el transporte público descoloca al otro; pues estos versos me dejaron con una honda necesidad de abrazarme, de abrazar a los míos, de reconciliarme un poco con esta tristeza que cargo diario, pero que capoteo en pos de ser un tipo funcional ante esta mole social que nos absorbe. Retomando las palabras del principio, me he encontrado con diversas autoras contemporáneas, que están dejando el corazón, el alma y la sangre en sus letras, por citar algunas están: Astrid Velasco (prologadora de este poemario), Alejandra Estrada, Janis Alatriste, Sara Ayala, Joyce Flores, Aura Guerra, Nadia López García, Cristina Bello y un prolongado etcétera. Dentro de esta generación de magníficas autoras, está Lorena Aviña dejando testimonio de estar más que encaminada a dejar una marca en la poesía, solamente el tiempo y la autora se encargarán de reafirmar la certeza y peso que existe en las palabras que aquí se plasman.
Alejandro Volta (CDMX). Poeta.
HIPÉRBOLE FRONTERA | INVIERNO 2024 | 27
Hablar de la muerte de una madre por ejemplo, es un duelo que resulta comprensible, pues es el lazo de sangre más cercano y más glorificado en nuestra sociedad (basta recordar que vivimos en un pueblo guadalupano), nuestras madres tienen ese halo divino al cual ambivalentemente le rendimos tributos y amor. ¿Cómo se enfrenta uno a esa pérdida? Lorena lo enmarca en un par de versos contundentes:
Todo esto se enraíza en el cuerpo, donde el duelo se manifiesta en aquellas conductas y palabras socialmente correctas que son una herida que se mantiene en el día a día, y que a veces pesan sobremanera recordándonos que estamos huérfanos en el acto de expresar los sentimientos. ¿Cómo sobrevivimos a todo eso, si el abandono se posa sobre uno, sobre nuestro entorno, nuestra familia, amigos, mascotas, si uno mismo termina vuelto ceniza, metáfora o dolor?
RESEÑA
EL INCREÍBLE CASTILLO VAGABUNDO ANÁLISIS DESDE LA PERSPECTIVA DE GÉNERO Por: Samantha Ruíz Ponce
28 | INVIERNO 2024 | HIPÉRBOLE FRONTERA
El increíble castillo vagabundo es una cinta cinematográfica del director Hayao Miyazaki, basada en la obra literaria homónima de la escritora Diana Wynne Jones, que otorga al público una reflexión en cuanto a diversos y distintos aspectos de índole religiosos, sobrenaturales, emocionales y cotidianos, que le proporciona a cada personaje enseñanzas relacionadas tanto a sus fortalezas como debilidades, las cuales emplean para encontrar soluciones a las problemáticas en que se envuelven y desenvuelven e instruyen ciertos tipos de valores para complementar la lucha al emprender el camino de la adversidad. La historia gira en torno a una joven llamada Sophie, víctima de los hechizos de la Bruja del Páramo o Bruja Calamidad, que la convierte en una anciana de noventa años, y para encontrar el remedio o solución al maleficio es necesario que ella logre ingresar al misterioso castillo andante perteneciente al mago Howl quien es la parte esencial para romperlo. Asimismo, cabe destacar que ambos personajes, Sophie y Howl, son presos de la presión social, los estereotipos, los arquetipos al igual que los prototipos que la sociedad implanta con el propósito de que se sientan ″aceptados″ dentro de la misma: los roles de género, la personalidad, los estándares de belleza y la figura que cada quien encarna para representar la perfección misma, ya sea al hombre o a la mujer, entre otras tantas situaciones; por ejemplo, cuando la protagonista es acosada por dos soldados que están de servicio, ya que el lugar en que está centrada y desarrollada la trama se encuentra en guerra, los hombres al verla caminar sola en un callejón de poco transitar, frágil, indefensa y desprotegida con ingenuidad pero con algo de valor, comienzan a cerrarle el paso para iniciar una especie de acoso, pero es ″a tiempo″ salvada por Howl. Existe aquí otro punto en cuestión, el cual, en su interpretación da a entender que para acabar con tales circunstancias es imprescindible que otro hombre arribe al lugar de los hechos para poder
afrontar dichas situaciones y limitar a quienes las originan para evitar que no repitan o recapaciten tanto sus palabras como actos. En el personaje principal femenino se hace notorio que en el transcurso de la ficción su personalidad, carácter y modo de pensar se modifican, ella mental y anímicamente se transforma de una persona tímida y callada a una joven capaz y madura. Por otra parte, Howl es la representación misma de vanidad, egolatría y superficialidad al pretender que la apariencia exterior es lo más importante. Un elemento también relevante es la puerta que utilizan constantemente para transportarse, pues se considera una parte trascendental de la narrativa por ser el principal acceso directo a muchos lugares que funcionan como escenarios contenientes de gran hermosura. Los elementos mágicos, míticos y misteriosos que se encuentran y localizan sobre todo dentro del castillo, pueden decir con certeza que ahí no existe lo estoico, aludiendo a la conocida frase de Antoine-Laurent de Lavoisier en la que señala que en la materia todo cambia y se transforma simultáneamente, nada se destruye y, por ende, todas las cosas o se crean o se recrean.
Samantha Ruíz Ponce Experiencia en Perspectiva de Género. Expositora en conferencias y ponencias sobre Feminismo y Filosofía. Líneas de investigación: Marxismo y Feminismo. Tesis de Licenciatura en Filosofía: El feminismo como una forma de conciencia dentro de la lucha de clases sociales, Facultad de Filosofía y Letras del Campus Guanajuato de la Universidad de Guanajuato.
INVIERNO
HIPÉRBOLE FRONTERA | INVIERNO 2024 | 29
COLUMNA
LECTURAS MIGRATORIAS Por: Javier Vargas de Luna
Samanta Schweblin: tipografías y delirios
30 | INVIERNO 2024 | HIPÉRBOLE FRONTERA
Además, están las cafeterías del Polo Norte, con sus lectores venidos de todas las lenguas del mundo. Esa gente sale del tiempo con tazas de chocolate o de camomila, y para mí lo de siempre, sólo un expreso largo, por favor... Sobre la avenida Saint-Laurent, cada mesa de la ciudad cosmopolita es inminencia de asombros, víspera de azares editoriales, antesala y crucero de ficciones cuando los días se abrevian muchísimo en la isla de Montreal: amanece nublado hacia las nueve por los rumbos de las auroras boreales, y los ocasos llegan con la palabra santiamén. Entonces la he visto entrar, una mujer de años largos y cabello blanquísimo. Amparada en la calefacción del establecimiento, abrigo sintético, ahora se quitaba el gorro con ojos azulinos, o tal vez eran grises, y muy amable pidió un mokachino —demasiada tecnología para un café, he sonreído en silencio—. Sentada frente a mí, extrajo una portada que creí reconocer, muy a pesar de un apellido que lo mismo podía ser francés que alemán, neerlandés o chileno o acaso polaco…: Schweblin. Y mientras seguía tomando notas en mi cuadernillo de no querer olvidar nada, desde las manos de la desconocida he recordado ese mismo título en los entrepaños de casa, porque todas las bibliotecas del mundo, públicas o personales, íntimas o especializadas, migratorias o todo lo contrario, también están hechas de olvidos. No, la mía no es la excepción, muchos de mis libros se parecen a mis desidias, cuando la recién llegada se perdió enseguida entre las páginas de Distancia de rescate (2015), de la escritora argentina Samantha Schweblin.
Sí, en cualquier cafetería de la ciudad cosmopolita son posibles los mensajeros de nuestras lecturas postergadas. Ahora bien, la novela en cuestión es más bien breve, incluso podría decirse que las seis horas diarias de luz de cualquier invierno bastan para transitarla. Por lo demás, su historia no da concesiones, y está muy bien que así sea, aun a sabiendas que del otro lado del río Bravo no sólo leemos por afición…, ¡también lo hacemos en defensa propia! —cualquier lectura migratoria busca sostenernos en la ilusión de triunfar sobre las gramáticas ajenas, creo yo—. En fin, mejor decir de una buena vez que Schweblin nos hace recorrer las calles de un pueblo fantasma donde la pluralidad de voces narrativas se ve envuelta de matices existencialistas. Asimismo, mientras la argentinidad de sus acentos se imbrica en los continuos cambios tipográficos, y mientras deambulamos de las itálicas al desasosiego y de las letras de imprenta a las contundencias del pánico, este viceversa de caracteres y de aspavientos parece acicatear la lectura de una obra que, como Distancia de rescate, necesita del concurso de nuestros temores más soterrados para concretarse. ¿Quién habla?, ¿quién se responde?, ¿quién nos enloquece con estos cambios de guardia escriturales? Para el caso, y tal y como lo expresan sus personajes, “¿en qué historia hay que concentrarse?”... Ante la ausencia de respuestas, quedan en evidencia las verdaderas cualidades de
COLUMNA Schweblin, a saber, su gran capacidad para administrar los misterios y su genio indiscutible para tutelar los secretos. Valga, pues, sospechar aquí que todas las alucinaciones textuales a las que nos enfrentamos no sólo han sido diseñadas a la medida de nuestros parpadeos: por enigmática añadidura, los delirios de tan dislocada sintaxis también ponen en entredicho nuestros hábitos de lectura —acaso gracias a ellos terminamos convertidos en sentidores mucho más honestos de un libro así, tan asustadizo.
Sí, en cada página de Samanta Schweblin haremos frente a las imposturas narrativas de una fábula de difícil catalogación. Puestos a encontrar-
Por último, la reflexión sobre el título. Distancia de rescate es instinto convertido en realización estética, es biología hecha literatura, es fantasía sobreprotectora de una madre marcada por la introspección y la corazonada. En la evanescencia de sus alucinantes soliloquios hay mil siglos de automatismos que la escritora argentina rescata para darles historicidad a nuestras angustias, dentro y fuera de la ficción, en el aquí y el más allá de la lengua española, antes y después de los azares políglotas de cualquier cafetería en el Polo Norte...
Javier Vargas de Luna Nacido en Tampico, México, es autor de más de una veintena de libros. Poeta, narrador, ensayista, cronista, docente e investigador literario, ejerció el periodismo antes de partir hacia Quebec, Canadá, donde radica desde 1996. Después de cursar la Maestría en Literatura en la Universidad de Ottawa, recibió el grado de Doctor en Letras en la Universidad McGill (Montreal). Desde el año 2004 es catedrático titular en la Facultad de Letras de la Universidad Laval (Ciudad de Quebec) y en diversos periodos de su vida ha sido profesor en la Universidad de Massachusetts (UMASS-Lowell), la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), la Universidad Libre de Bruselas (ULB), la Universidad Eötvös Loránd (ELTE) de Budapest, la Universidad de Quebec (UQÀM) y el Instituto de Estudios Avanzados de Francia (IEA-París). En la actualidad continúa construyendo una enciclopedia de la lectura en el mundo hispano conocida como Bibliotecas ajenas.
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Prosigo… Y cuando ya casi nos declarábamos derrotados, y cuando a punto estuvimos de creer que la novela de Schweblin nunca llevará el nombre de nuestros entusiasmos, el párrafo siguiente sabrá tranquilizarnos con su historia de dos madres, de dos hijos, de un incomprensible paseo de verano en un pueblo donde la contaminación industrial le da la mano a las supersticiones y donde los ecocidios se enlazan con los mitos. Y, porque es menester decirlo todo, Distancia de rescate nada tiene que ver con las acartonadas metáforas que contraponen la vida del campo a las dinámicas citadinas: no, aquí no se salva nadie por cuanto las disimuladas distopías del relato se acercan a lo gótico lo mismo que al cuento de hadas, son vida rural y masificación urbana del espanto en un solo golpe de voz.
le parentescos en nuestras literaturas, este libro se acerca más a las simetrías del horror en Aura, de Carlos Fuentes, que a las desoladoras páginas de Lituma de los Andes, de Vargas Llosa; también, la obra es trasunto de Isabel Allende en La casa de los espíritus, y ni qué decir de su evocación de Oficio de tinieblas, de Rosario Castellanos. Y aunque podríamos ir en busca de relatos paralelos en otras culturas y en otras lenguas, aquí de lo que se trata es de no alejarse de los pánicos que la lengua castellana nos ha heredado a las y los lectores transpatriados, desde La Celestina de Fernando de Rojas hasta Ilona llega con la lluvia, de Álvaro Mutis, o desde Rómulo Gallegos hasta Pérez Reverte, y etcétera. Sin duda, para los desterrados hijos de los diccionarios hispánicos, Distancia de rescate sabe convocar una tradición que, durante muchos siglos y en muchos acentos, ha sabido enseñarnos a sentir miedo como Dios manda —y, dicho sea como de paso, ha sabido darle un sentido de pertenencia cultural a nuestros temores.
Hipérbole Frontera
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Revista digital trimestral de divulgación literaria y otras expresiones artísticas, sin fines de lucro, convoca en poesía, narrativa breve, reseña literaria, ensayo y artes visuales, para nuestro No. 32 PRIMAVERA, correspondiente al trimestre abril-junio 2024. Favor de enviar tu propuesta (de preferencia inédita o, de lo contrario, con la información completa de la fuente original) al correo electrónico: hiperbolefrontera@gmail.com antes del 17 de marzo de 2024; con las siguientes características: Poesía: extensión máxima 45 versos (en total). Arial, 12 puntos, en archivo formato Word, "guardada" con el nombre de su autor o autora, empezando por apellidos (p. e.: Morales Mónica.doc). Narrativa breve: extensión máxima media cuartilla. Arial, 12 puntos, interlineado sencillo, en archivo formato Word, "guardada" con el nombre de su autor o autora, empezando por apellidos (p. e.: Morales Mónica.doc). Reseña literaria y ensayo: extensión máxima 2 cuartillas. Arial, 12 puntos, interlineado 1.5, en archivo formato Word, "guardada" con el nombre de su autor o autora, empezando por apellidos (p. e.: Morales Mónica.doc). Fotografía, obra plástica y/o técnicas mixtas, digitalizada y "guardada" con el nombre de su autor o autora, empezando por apellidos más el título de la obra (p. e.: Morales Mónica - ciudad.jpg), en formato .png o .jpg en alguna de las siguientes dimensiones: Página: 210 x 297 mm | 2480 x 3508 pix | 300 dpi. Cuadrado: 180 x 180 mm | 2126 x 2126 pix | 300 dpi. Media página horizontal: 210 x 150 mm | 2480 x 1772 pix | 300 dpi.
En todos los casos, enviar breve semblanza personal, de máximo 50 palabras. Los trabajos recibidos que no cumplan con las características señaladas en esta convocatoria serán descartados. Los autores de las propuestas seleccionadas serán notificados vía correo electrónico. De no aparecer en el No. 32 por razones de espacio, es posible que se reserven para ediciones futuras.
I N V I E R N O