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Una migaja de pan


Tu caminar pesado y cansado, silencioso, se mueve entre las miradas apáticas y soberbias de los que te juzgan al pasar, son los mismos que buscas para la migaja de pan. Ellos necesitan el alivio de su conciencia, que tú les brindas al implorar su limosna, en una simbiosis de pecado, que es disculpada con la palabra misericordia.

PA DE CIE

Pero no juzgare, ni aun desde mi cómodo sillón, que podre decirle al hambriento, ¿aumentare su dolor con mis palabras ensombrecidas por el momento?

Más le diré que vengo de un sitio más oscuro, de un sitio en donde ni aun la misericordia fingida entraba, donde solo la maldad habitaba.


AN EL ELO

Y la oscuridad brillo de repente a mi alrededor, mis ojos quedaron enceguecidos por un momento, dolor en mi alma, el grito desgarro mi corazón. Dolor que sacaba la muerte de mí, dolor que me levantaba a una nueva dimensión. Era como un trapo inmundo, sucio en extremo, así era yo. ¿Quién eres Señor? dije en mi torpeza, solo luz veía, la oscuridad y suciedad de mi ser. No hubo respuesta, pero allí vi la cruz y a un Salvador. Si quieres ser libre tienes que morir, dijo la voz. Mejor me era morir que seguir en mi estiércol, mejor de una vez dejar mi dolor y para siempre descansar.

Entonces mi caminar pesado, cansado y silencioso, me llevo camino a la cruz, dispuesto a morir. Pero aquel hombre llamado Jesús, el Salvador, se acercó a mi sin decir palabra, extendió su mano y tomo mi corazón, puso su corazón en mí y él fue a la cruz.


En mi cobardía solo mire cuando él moría, no dije nada. Pero mis lágrimas corrieron, que pasaba en mí, que ahora lloraba, ahora había gozo en mi vida, algo nuevo había aquel Salvador dejado en mi interior. Si, él me saco de mi miseria, su muerte me ha hecho rico. Me levanto de mi oscuridad, ahora la luz brilla a mi alrededor, sale de mi interior, su luz es vida, una canción a mi alrededor. Ha resucitado, el Salvador vive, la vida, su vida, fluye en todo el que ha muerto con él. El que muere con él, vive con él. Muerte que dio a luz vida. Extiende tu mano y come este pan, que será dulce a tu paladar pero amargara tu vientre, sacará el pecado de tu interior y traerá la vida de Dios al corazón. Henry Padilla Londoño

Una migaja de pan  

Mendigando alcancé la vida

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