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Las aventuras de Pedro y Yona. El Camino al ĂĄrbol de la vida

Henry Padilla LondoĂąo


Derechos de copia y reproducción de Henry Padilla Londoño. Los gráficos fueron realizados por Henry Padilla Londoño. Estocolmo Suecia 2011-2012 Este libro puede ser leído de forma gratuita en Internet. Prohibida su venta, canje, o cualquier tipo de negocio comercial con este libro, sin la escrita autorización de su Autor. Puede ser reproducido de forma electrónica, si se conserva el texto original y se escribe claramente el autor y el sitio original en Internet. Puede ser usado gratuitamente en escuelas, colegios, o cualquier sitio de enseñanza a los niños, con la condición que todo se haga de forma gratuita y para la gloria de Dios. Todo error, error ortográfico o tipográfico deben ser atribuidos al autor, Henry Padilla Londoño. Si hay algo bueno, algo digno de ser alabado, que sea dado al Señor Jesús, el único digno de recibir alabanza.


Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre; es decir, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni le ve ni le conoce, pero vosotros sí le conocéis porque mora con vosotros y estará en vosotros. Juan 14:15 - 17


Dedico este libro, a todos los niños que aman al Señor Jesús y lo buscan con todo su corazón


I Las luces y los adornos en las vitrinas le llamaban mucho la atención. Pedro miraba fascinado cada detalle, se imaginaba mundos donde cada una de las figuras de los adornos cobraba vida, y donde él estaba en medio de todo. Sabía que el día de la Navidad se acercaba, y que recibiría un regalo de sus padres, pero aún no sabía que era.


-Vamos, le dijo la mamá tomándolo de la mano. Aún tengo mucho que hacer, me faltan algunas compras, no puedes quedarte aquí mirando las vitrinas. -¿Y por qué no? Pregunto Pedro todavía mirando la vitrina. Ella se quedó mirándolo por un momento, podría acabar más rápido todo si estuviera sola, y Pedro podría disfrutar viendo las vitrinas. -¿Verdad quieres quedarte mirando aquí? -Sí, yo te espero mamá, no voy a hablar con nadie y solo voy a mirar. Ella se quedó mirándolo directamente, como queriendo ver en su interior.


-Me esperas aquí, por nada del mundo puedes irte a ninguna parte sin mi permiso. -No señora, le dijo Pedro mirándola ahora ilusionado, porque iba a poder mirar cada vitrina en detalle. -Ya regreso, voy a comprar unas cosas aquí, y luego voy al banco. Ya sabes, me esperas aquí. Pedro asintió con la cabeza, poniendo esa mirada de niño bueno que sabía convencía a su mamá. Ella le dio un beso en la frente y empezó a caminar entrando al almacén. Volteo a mirar y vio que el niño todavía se despedía con su mano.


-Ya, dijo el niño saltando y alzando sus brazos. Voy a empezar por esa, se dijo mientras miraba la primera ventana adornada con muñecos, y toda clase de adornos navideños. Era una ventana con unos adornos muy bonitos, un tren corría por todo en medio, pasando por un lago y unas casitas. Tenía pintado en la ventana dibujos de animales y estrellas, además se podía escuchar música. Pedro miraba extasiado cada detalle. El tiempo pasaba mientras Pedro miraba cada detalle. Le gustaba ver como todo parecía contarle una historia, se imaginaba personajes en cada situación que encajaban en cada detalle de la ventana.


Pero la música que venía de la segunda ventana le empezó a llamar la atención, él la había escuchado antes, en alguna parte. Algo había en esa música que le llamaba la atención. Se acercó, abriéndose campo entre las personas que también miraban la ventana. Cuando pudo llegar cerca empezó a detallar cada detalle de los adornos, estaba muy bien decorada, tenía ángeles que colgaban del techo, y una gran estrella que colgaba del techo. No tenía trenes, ni carros, solo un campo y unas pequeñas montañas, muchos pastores. -No puedo ver de dónde viene la música, se dijo empinándose para poder ver mejor. Entonces pudo ver en una esquina una paloma blanca de juguete.


Sus recuerdos lo llevaron a la tierra del olvido, donde había conocido a Yona. -Se parece a Yona, dijo el niño empinado en sus pies, mirando el juguete en la vitrina. Recordó que la misma música se parecía al sonido que Yona había hecho antes de él volver a su casa. Era solo una música pero podía recordarla con claridad. -¿Te gusta la paloma?, escucho que alguien dijo. Volteo a mirar y vio una anciana, de cabello blanco y ojos azules, que lo miraba interrogante. -Si señora, es muy bonita, dijo Pedro, mirándola por un momento. Ella sonrió y le dijo:


-Yo te puedo regalar una, si me ayudas a llegar al paradero del bus, estoy cansada y me da miedo resbalarme, el piso esta algo liso. -Lo haría con mucho gusto, pero mi mamá me dijo que la esperara aquí. -Ni por una anciana lo harías, solo tardarías un momento, y tendrías esa bella paloma para ti. Pedro sabía bien que su mamá le había enseñado que no debía desobedecer, que nunca debía irse con extraños, pero era solo una anciana, y además tendría esa bonita paloma. -A que paradero va… -Allá, vez le dijo la mujer, señalándole el otro lado de la plaza.


-Pero mi mamá podría llegar a cualquier momento… -No te vas a tardar sino un minuto. -¿Y dónde tiene la paloma? -La llevo en mi cartera, ¿vamos? ¿Cómo te llamas? -Pedro, me llamo Pedro. Vamos Pedro, le dijo la mujer y lo tomo de la mano. Pedro sabía que estaba desobedeciendo, pero quería esa paloma, esperaba llegar y que su mamá no se diera cuenta. Empezó a caminar tomado de la mano de la mujer, ella caminaba despacio y lo sujetaba suavemente de la mano.


-Eres un buen muchacho, ahora ya no se ayuda a las personas viejas como yo. Pedro quería ser amable y respetuoso, volteo a mirarla pero no pudo ver a nadie. Se asustó y dio un pequeño grito, miro a su mano, donde todavía sentía la mano de la mujer y vio una cadena que colgaba de su mano, miro a su alrededor y no pudo reconocer nada de lo que vio, estaba en algún paraje lleno de lodazal, el barro le llegaba a los tobillos y le costaba caminar. -Dio un grito, ahora asustado. Mamá… grito Pedro casi llorando sin saber lo que estaba pasando. ¿Dónde estoy?


Estaba muy oscuro, solo, y en ese lodazal. Avanzo un poco más, pero resbalo y cayó sentado y se empezó a resbalar por una pendiente. Intentaba cogerse de algo, pero no había nada, solo barro, lodo, y cada vez iba más rápido. Ahora sentía que su corazón se le quería salir, iba cayendo a toda velocidad, y gritaba a todo pulmón, pero parecía que no había absolutamente nadie que lo escuchara. De repente el lodo termino y el siguió cayendo en caída libre, gritaba todo lo que podía. Abajo vio a la distancia lo que parecía un río caudaloso, y cerró sus ojos esperando llegar al agua. Cuando entro en el agua, sintió el poderoso golpe, intentaba mover sus manos cuanto podía, como le habían enseñado, pero el impulso lo llevaba aún más abajo, parecía que no se detenía. Solo le quedaba


orar, pero se sentía muy mal, sabía que no debía haber desobedecido, pero no había otra alternativa, tenía que intentarlo: Señor Jesús, perdóname por desobedecer, ahora estoy en algún sitio y no se en donde, todo es culpa mía, perdóname Señor. Pero yo sé que eres un Dios bueno, que me perdonas, perdóname Señor y ayúdame, ayúdame a salir de aquí. Pedro decía la oración como si fueran las últimas palabras de su vida, pero su corazón estaba firme en Dios. El aire empezaba a faltarle y abrió sus ojos, moviendo sus brazos desesperado. Fue cuando vio a Yona, que venía hacia él como si volara entre las aguas. Al verla se tranquilizó y se quedó mirándola


tranquilamente, fue cuando se dio cuenta que no le faltaba el aire, que podía respirar en medio de las aguas con toda tranquilidad. -¿Qué estás haciendo aquí Pedro? Escucho en su cabeza la voz de Yona, pero no la había visto mover su pico. -Me da vergüenza, pensó Pedro. -Ya lo veo, dijo Yona, pero ya todo va a estar bien. -¿Puedes oír mis pensamientos? -Sí, puedo escuchar tus pensamientos y sentir todo lo que tú sientes Pedro. Nunca me he ido de tu lado.


Pedro solo la miraba tiernamente, la sola presencia de Yona lo tranquilizaba completamente, ahora sabía que todo estaría bien. -¿Me sacas de aquí? -Sí, si quieres, pero ya que estas acá puedes visitar el mundo subterráneo de Edén. -¿Edén? ¿El jardín donde Dios puso a Adán y Eva? -Sí, pero solo podrás llegar al jardín, si logras encontrar la salida del mundo subterráneo. O te puedo llevar ahora mismo al sitio donde tu mamá vendrá en unos momentos. ¿Qué quieres? -¿Tu vendrás conmigo?


-Siempre estaré contigo Pedro, pero no me podrás ver, te responderé cuando clames al Señor como ahora lo hiciste. Cada vez que clames al Señor yo te responderé. -¿Y por qué no puedo verte? -El Señor quiere que aprendas de la fe, que andes por fe, que vivas por fe, por la fe en su Nombre. -El nombre de Jesús, pensó Pedro sonriendo levemente. -Sí. -¿Cuándo voy poder ver a Jesús? Yona sonrió sin decir palabra.


-¿No sé qué hacer, Yona me ayudas a escoger? Yona solo lo miraba atentamente, sin decir palabra. -Me gusta tu compañía, dijo al final el niño, amo a Jesús, pero no quiero desobedecerle a mi mama otra vez. Yo te quiero mucho Yona, no te enojes conmigo, pero tengo que volver y pedirle perdón a mi mamá. Yona sonrió, mirándolo tiernamente, extendió su ala y lo toco en la frente. Al momento empezó a ascender a toda velocidad, el niño ahora reía de alegría, salió del agua y pudo ver el jardín de Edén desde lo alto, era hermoso, lleno de toda clase de árboles, y muchos animales de todas las clases. En el centro del jardín había un gran


árbol muy hermoso, y al lado había otro árbol, más pequeño, no tan hermoso, pero grande también. Ya no pudo ver más, salió a la parte del lodazal y pudo ver que era un gran pantano, seguramente él había pasado por las orillas. De repente se detuvo por completo, Yona estaba a su lado, mirándolo: -Pedro, bien haz escogido, le dijo Yona, hay gran bendición en la obediencia, recuérdalo. Y como esto has hecho el Señor te da esta piedra, tómala, con ella podrás visitar el mundo subterráneo de Edén, y si encuentras la salida podrás conocer a Edén. Con la piedra puedes entrar y salir una vez, úsala con sabiduría. Pedro vio una hermosa piedra blanca que flotaba hacia él, brillaba, reflejando los rayos del sol.


-¿Qué debo hacer para que funcione? -Háblale, háblale a la piedra Pedro, y se fue desapareciendo de a poco. Al momento se vio en la plaza, a unos metros de las vitrinas, pudo escuchar la voz de su mama que lo llamaba a gritos. -Mamá, aquí estoy dijo Pedro mirándola y corriendo hacia ella. -¡Te dije que no te fueras de aquí! -Perdón mamá, fui desobediente, perdón, dijo el niño y se abrazó a su cintura. -¿A dónde te fuiste?


-Casi llegue al mundo subterráneo de Edén... pase por un pantano y me sumergí en un río, y allí me encontré a Yona que me dio esta piedra blanca y le mostró una piedra en su mano. La mamá lo miraba con la boca abierta, y el ceño fruncido. -Pensaba perdonarte, pero ahora te voy a castigar sin dejarte salir, no me gusta que me cuentes mentiras y me inventes historias, cuando te pido una respuesta quiero la verdad. -Pero… -Sí, no faltaba más, ¿y que también llegaste volando? -Pero…


-Nada, me pegaste un susto, no te voy a volver a dejar solo aquí. Pedro no sabía que pensar, la piedra ahora no era blanca, sino parecía una piedra común, sucia. La mamá lo tomo de la mano y empezaron a caminar perdiéndose entre la multitud.

Pedro tenía sus manos entrelazadas detrás de su cabeza, recordaba lo que le había pasado, y quería creer con todo el corazón que era verdad, pero no estaba seguro. En todo caso había aprendido la lección de su vida, no debía desobedecer, ni aun por ayudar a abuelitas en problemas.


-Pedro, escucho que su mamá lo llamaba, baja a comer. Se paró, y corrió hacia la puerta, salió corriendo y llego de un par de saltos a la cocina. -¿Si Señora? -Voy a pensar que realmente puedes volar. Pedro sonreía con toda su cara. -Quiero pedirte perdón yo también Pedro, parte de lo que paso fue mi culpa, por haberte dejado solo. Te doy mi palabra que no lo volveré a hacer. -¿Ya no estoy castigado?


-Si, en todo caso este castigado por haberme desobedecido. Y se acercó, lo abrazo fuerte y le dio un beso en su mejilla. Te castigo porque te quiero, pero yo también tengo que aprender mi pequeño, perdóname. -Ya mamá, yo te perdono, dijo el niño sobándole la cabeza. -Ella sonrió ampliamente, achicando los ojos, como lo hacía cuando le quería hacer cosquillas. -No, dijo el niño, no señora, nada de cosquillas ahora… y se empezaron a perseguir alrededor de la mesa de la cocina. -Bueno ya está bien, dijo la mamá, tomando aire, ahora debes comer e irte a dormir temprano.


-Pedro se sentó al momento y empezó a devorar sus panes. -Come despacio hijo, no te vayas a atorar. -Pedro… ¿De dónde sacas todas esas historias? -Mamá, a veces creo que son ciertas, como si yo las viviera. Ella sonrió entretenida. -Quizás debas escribirlas, creo que tienes mucha imaginación. Pedro sonrió con su boca hinchada por el pan. -Mamá, un día te voy a presentar a Yona. Ella rió divertida.


-Solo que no me lleve a volar, porque me da miedo la altura. Pedro rió a carcajadas. -Ella es muy buena mamá, y viene cada vez que le oras al Jesús. -Tú quieres decir el Espíritu Santo. -¿Y quién es él? -Es el que Jesús envía a nosotros para que nunca estemos solos. -Esa, mamá, esa, Yona. -El Espíritu Santo es una paloma mamá. -Si también toma forma de paloma, pero es mucho más que eso.


Ahora el niño la miraba sin pestañear. -¿La conoces? Cuéntame mamá, cuéntame. -El Espíritu Santo y Jesús y el Padre son uno. Donde está el uno, están los tres. Eso es lo que yo sé, a mí el Espíritu Santo me ha dado mucha ayuda. Y bajo su cabeza. -Mejor que no hablemos más de eso mamá, no quiero verte triste. -Me acuerdo de tu papá, sin la ayuda del Espíritu Santo nunca lo hubiera superado. -Ya mamá, hablemos de otra cosa. Ella le acariciaba la cabeza, mirando por la ventana de la cocina.


-Si mejor dejemos esto para otro día. Ahora tienes que dormir. Y se dobló para darle un beso al niño. El niño tomo la cara de su mamá entre sus manos y la miro con ternura. -Mamá, si tú conoces a Yona, todo va a salir bien. Solo debes clamar a Jesús y vendrá a ti. Y le dio un beso en la punta de su nariz. Ella solo lo miraba, conteniendo el llanto, no quería que el niño se preocupara. -Ya ahora ve a dormir. -Hasta mañana mamá. Y salió corriendo despareciendo al momento.


II Los días pasaban y Pedro había prácticamente olvidado su última aventura en las cercanías de Edén, había llegado a la conclusión que todo se lo había imaginado, aunque guardaba la piedra en uno de sus cajones, como una idea de algo que soñó, posiblemente era como su mamá le decía y él tenía una gran fantasía.


Poco a poco, sentía como su vida se convertía en dos partes, una vida que todos conocían, en la que quería pensar como todos, hablar como todos y otra en donde en su privacidad se dedicaba a recordar y soñar en las aventuras que ya había estado. Pensaba que pasaría si fuera cierto lo que Yona le había dicho, acerca de Edén, la tierra que Dios había creado y había dado a Adán y Eva para que vivieran en ella y la cuidaran. Aunque todos sus amigos eran cristianos, y estudiaba en una escuela cristiana, cuando hablaban entre ellos, preferían hablar de otras cosas y de la creencia de los padres, que muchos de ellos un día, cuando fueran de más edad, querían decirles que no la seguirían, que solo los habían tolerado.


Pero su corazón le ardía cuando pensaba en Yona, muchas veces se encontraba hablándole a Jesús en sus horas de recreo, en silencio, sin mover sus labios. Había decidido que él quería seguir a Jesús, pero no sabía cómo decirlo a sus amigos, todos lo tildarían de tonto y anticuado. “Señor, no sé cómo decirle a todos que yo creo en ti, que siento como un volcán dentro de mí, que quiere explotar, que quiere contarle a todos acerca de ti, de que tú vives, que yo sé que tú vives” -Vamos, Pedro, otra vez solo aquí, le dijo un niño que paso y le pego en el hombro. Vamos a jugar a la pelota.


Pedro corrió instintivamente detrás de su compañero, y llegaron donde había un grupo de muchachos jugando fútbol. Los minutos pasaron, mientras ellos jugaban y gritaban. -No quiero entrar, dijo un muchacho un poco mayor. Otra vez esa jartera de religión. Cuando sea grande voy a ser rector de la escuela y voy a acabar con religión, dijo el muchacho orgulloso. Todos lo miraban sin decir nada, era uno de los líderes y era mejor callar. -Quedemos jugando, dijo tirándole el balón a otro. Algunos empezaron a botar sus maletas al suelo, dispuestos a seguir jugando. Pedro empezó a caminar hacia la entrada del edificio.


-Eh, tontarrón, deja de ser tan gallina, le dijo el muchacho tirándole la pelota y pegándole en la cabeza. Pedro se empezó a sobar su cabeza, lo volteo a

mirar por un

momento y siguió su camino. -Ah, déjenlo, es solo un mocoso miedoso, les dijo y empezaron a jugar. Pedro entro al aula sobándose aun la cabeza, ya todos estaban sentados y el profesor acababa de comenzar. -Gracias por llegar Pedro, como se dice… -Perdón por llegar tarde, señor profesor.


-Siéntate, pagina 33. Abrió su libro y se sorprendió un poco al ver la gráfica que había allí. El título de la página era: Edén, el primer jardín. En la gráfica veía un sitio pequeño cerrado por unos ángeles que custodiaban, y una serpiente enredada en los árboles. También había la gráfica de un señor con barba enojado que señalaba con el dedo a Adán y Eva. -Pero Edén no es así, dijo en baja voz, sin notar que lo estaban escuchando. -¿Perdón?, dijo el profesor, entonces nos quiere enseñar como es Edén, dijo ahora burlonamente.


Pedro lo miro dándose cuenta de la indiscreción que había cometido, y miro a su alrededor y vio como todos los niños se tapaban la boca para no ser escuchados cuando reían. -¿Por favor, nos explica como es Edén? Dijo otra vez el profesor. -Bueno, es muy grande, y un río pasa por este lado, señalando la gráfica, hay grandes árboles y en la mitad hay dos árboles muy grandes, uno muy, muy hermoso, y el otro también muy grande, pero no tan bonito. Y también hay un pantano hacia las afueras, dijo ahora como quien lo hubiera visto. -Se quiere hacer el gracioso caballero, le dijo el profesor. Si no le interesa la clase puede salir.


-Pero no quiero molestar, yo… -¿Usted qué? Será que Pedro estuvo en Edén… dijo burlándose. -No exactamente, lo vi desde lo alto, solo lo vi de lejos. -Todos soltaron la carcajada, y gritaron divertidos. El profesor se quedó mirándolo muy serio y le señalo la puerta: -Vaya a la oficina del rector y me espera allá. -Pedro se sintió muy molesto, pero tomo su maletín, su libro y salió mientras los otros niños le tiraban papeles y se reían. Mientras caminaba por el corredor, se sentía decepcionado, sentía como las lágrimas llenaban sus ojos, pero no quería llorar.


-Si no lo vi, lo soñé, dijo mirando hacia la puerta de su aula, y por lo menos me atrevo a decir lo que pienso. Y dio un golpe con su zapato al piso. Cuando llego a la oficina del rector, entro y se sentó en una butaca a la entrada. Una mujer que iba y venía en la oficina lo miro por un momento, doblando su cabeza para verlo a través de sus anteojos que se descolgaban en su nariz. -Esto es nuevo, no te había visto por aquí. ¿A qué se debe el honor? -El profesor Ricardo quiere que lo espere aquí. -Aja, ya entiendo, no te preocupes, le dijo la mujer, a mí también me hubiera mandado para la oficina.


Pedro sonrió por un momento, pero su sonrisa desapareció cuando recordó lo que había pasado. Los minutos pasaron, hasta que apareció el profesor Ricardo por la puerta. -Aquí esta, Pedro el gracioso. Con un ademán le indico que lo siguiera, abrió la puerta de la oficina de par en par mientras tomado de la manilla de la puerta le indicaba que siguiera. Pedro entro y se iba a sentar, pero el profesor le indico que no, haciendo a la vez una mueca con su boca. -Bueno, quiero escuchar, dijo mientras miraba por la ventana. -Yo estaba en el parque, empezó el niño…


Pero al momento el hombre volteo, mirándolo enojado. Quiero escuchar tus disculpas, le dijo mirándolo fijamente, y nada de ponerte gracioso otra vez. -No he querido molestar dijo Pedro, el profesor asintió mostrando su gusto, solo quería mostrarles lo que yo creo que vi. -Si sigues, tendré que llamar a tu mamá. Nadie ha estado en Edén, nadie ha ido a Edén, es más, te lo digo de una vez para que lo sepas bien claro, es un cuento que inventaron para engañar a la gente. -NO, grito a todo pulmón Pedro, NO ES CIERTO.


El niño grito tan fuerte que sorprendió al hombre, que ahora lo miraba con algo de admiración. La mujer entro a la oficina y miro a Pedro primero y luego al profesor. -¿Está todo bien? -Sí, quiero que me llame a la mamá de Pedro. -¿Es necesario? El hombre solo la miro secamente, y ella entendió que debía hacerlo. -Pedro, ven y esperas a tu mamá aquí, le dijo la mujer queriendo ayudarlo. -La hace pasar en cuanto llegue.


Ahora no quería llorar, sentía una rabia como nunca la había sentido. Su cara estaba roja, y miraba con la intensidad de un cachorro cuando va a saltar sobre su presa. Salió moviendo sus brazos excesivamente, y se sentó de un golpe en la butaca. Después de una media hora, entro ella agitada a la oficina, mirando para todas partes, cuando vio a Pedro se acercó a él con cara de preocupación: -¿Estas bien? Le dijo mientras lo miraba por todas partes. -Si mamá.


La puerta de la oficina se abrió y el profesor Ricardo apareció con cara de triunfo, abriendo la puerta de par en par y mostrando una sonrisa casual. Señora Nora, gracia por venir tan pronto, quisiera hablar con usted unos momentos acerca de su hijo, le dijo indicándole la entrada. -¿Qué ha pasado?, me dijeron que era acerca de mi Pedro, ¿qué ha pasado? -Como esta es la primera vez, vamos a hacer de esto solo una charla. Su hijo ha estado burlándose en la clase de religión, es irrespetuoso y le di una oportunidad y no ha querido arrepentirse, usted sabe lo


importante

que

es

que

aprendan

temprano

acerca

del

arrepentimiento. -¿Pedro?, dijo ella mirando al niño por un momento y luego de nuevo al profesor. -Sí, para mí también fue una sorpresa, pero usted sabe, es mejor detenerlo al principio. -Quiere por favor ser más específico y decirme que paso. -Como usted sabe, yo tengo una de las principales materias en la escuela, Religión. Es importante que muestren respeto, aun si no creen, deben mostrar respeto por los niños que si creen. -¿Ustedes creen en Dios?


Ella sentía como su sangre le empezaba a fluir cada vez más rápido, no quería perder las casillas, menos en ese sitio y en esa ocasión e hizo un esfuerzo por responder amablemente: -Por supuesto que creemos, mi hijo tiene una fe genuina. El hombre sonrió burlonamente, mientras tosía un poco. -Bueno, no es el tema de esta conversación. En todo caso, teníamos el tema de Edén, usted sabe, en la Biblia pintan un jardín donde Adán y Eva, los primeros seres humanos, vivieron. Por supuesto sabemos que todo es una forma de hablar, para enseñarnos otras cosas. Pero eso no es tan importante, como que su hijo empezó a burlarse de la gráfica del libro y a decir que no era como lo decía el


autor del libro. Además, dijo que el había volado por Edén. Burlándose por supuesto. Ella miro al niño que la miraba fijamente, sin pestañear. -Pedro, respóndeme ahora, ¿te estabas burlando? -Por supuesto que no mamá, solo quería compartir lo que yo creo que es Edén. -¿Dijiste que habías volado por Edén? -Dije que lo había visto desde lo alto, si fue un sueño, o fue realidad, no lo sé, pero solo sé que lo vi mamá.


Ahora el hombre se extendió sobre su escritorio, acercándose a Pedro, mirándolo burlonamente: -¿Ahora es un sueño, caballero? Él no

lo vio al momento, pero Nora se paró y ahora lo miraba

fijamente como una leona que le quieren quitar sus cachorros. -Y usted cree que le puede hablar así a mi hijo, dijo ella ahora mientras le salían chispas por los ojos. No le parece que su clase debía ser un sitio donde la fe de los niños puede ser cimentada, aumentada. Pero usted, que ha perdido el camino, y ya no cree en los fundamentos de la escritura, se ve ofendido por un niño que cree con todo su corazón. ¿Eso lo ofende? Y que si le digo que yo le creo


a mi hijo, que creo que hay un sitio llamado Edén, que es más que un cuento de niños, que estoy segura un día el Señor me permitirá conocer juntamente con mi hijo. Por supuesto que mi hijo le debe respeto, y creo que mi hijo le ha dado el respeto debido, así que no sé qué más quiere usted. Y yo no pienso pedir disculpas por algo que creo mi hijo hace mejor que nosotros, al creer en Dios con todo su corazón. Se quedó en silencio. El hombre la miraba con la boca entreabierta, sin pestañear, la otra mujer estaba en la entrada y miraba todo con una sonrisa en sus labios. Ella no lo vio, pero Pedro la miraba con gran ternura en su mirada, había amor y admiración en su mirada, le tomo la mano suavemente.


-Vamos mam谩. Ella tomo su cartera y avanzo hacia la salida, dio la vuelta, lo miro tranquilamente y le dijo: -Gracias por su tiempo profesor Ricardo, ha sido muy edificante hablar con usted. Y sali贸 tranquilamente de la oficina.


III Pedro miraba al techo, recostado en su cama, mientras daba vueltas a la piedra en sus manos. -Es hora de que todos sepan que el Edén existe, dijo en voz baja, y el profesor Ricardo tendrá que reconocer que estaba equivocado, traeré una prueba de que Edén existe, dijo ahora mas alto mientras miraba fijamente la piedra.


-Piedra, quiero ir a Edén, dijo casi gritando. Se quedo mirando fijamente la piedra esperando que algo pasara, pero no paso nada, afuera seguían escuchándose el sonido de autos al pasar, las voces de los niños, podía escuchar como su mamá movía los tiestos en la cocina. -Quiero ir a Edén, dijo ahora gritando, miraba la piedra con decisión, y la sostenía fuertemente en su mano. -Yona, Yona, grito Pedro, y se quedo esperando la respuesta, pero nada. Ahora se sentía molesto, no podía ser que todo hubiera sido un sueño, el sabia que no, que Edén existía. Se quedo inmóvil,


intentando escuchar los sonidos de la calle, pero todo estaba en silencio absoluto, tampoco podía escuchar a su mamá, abajo en la cocina. -Avanzo rápidamente hacia la puerta y la abrió, decidido a ir a buscar a su mama. Cuando la abrió quedo colgando de la manilla de la puerta, a sus pies se abría un gran abismo. No podía ver el fondo, estaba muy oscuro. Miro a su alrededor, y se dio cuenta que estaba en alguna caverna, había unos cristales en el techo que emitían una luz azul, que escasamente dejaban ver el sitio. Pedro colgaba de una mano, pero ahora sonreía, mirando a su alrededor. -Yo lo sabía, lo sabia, dijo gritando. Su voz se escucho por todas partes.


En su otra mano tenia la piedra, que ahora brillaba resplandeciente, color blanco, la metió en uno de sus bolsillos y se agarró con la otra mano de la puerta, haciendo un esfuerzo para volver a entrar al cuarto. En su cuarto todo era igual, era como si estuviera en su casa otra vez, pero la puerta abierta dejaba ver la oscuridad de afuera. Miro hacia la ventana, una luz azulosa entraba por ellas, se subió encima de su escritorio, y abrió la ventana a la par, podía ver ahora la caverna, y de un salto salió por la ventana, cayendo en el piso rocoso. -Ya… dio un grito de alegría, estoy en Edén, grito fuertemente. El techo era muy alto, y salían como raíces por todas partes. Los cristales parecían como incrustados por todas partes, ahora podía ver


que habían otros verdes, otros transparentes, pero la mayor cantidad era azul. Las paredes de la caverna, eran color tierra, eran muy lisas y húmedas, en algunas partes corría agua. El piso estaba lleno de piedras por todas partes, la luz de los cristales lo hacían parecer brillante en algunos partes y muy oscuro en otras. Miro a su alrededor, era realmente inmenso, en algunas partes no podía ver el limite, y atrás tenia la oscuridad, y sabia que había un abismo sin fondo. -Aló…, dijo gritando y saltando. Su grito se escucho resonar a lo lejos, mientras se iba repitiendo cada vez mas bajo y lejos.


-Ahora voy a encontrar la salida, y a conocer Edén, dijo poniendo sus manos en la cabeza, con una amplia sonrisa. Empezó a caminar, sin tener una dirección determinada, solo caminaba, hacia donde había mas luz. Subió a un sitio alto, y a lo lejos vio un sitio que parecía tener mas luz que todos, empezó a correr todo lo que pudo hacia el sitio. Cuando llego se dio cuenta que eran cristales transparentes, que emitían luz, era una cueva llena de esos cristales, que se veía completamente iluminada. Se quedo por unos minutos contemplando el sitio, intentando arrancar uno de esos cristales sin lograrlo. Al final, ya cansado, decidió seguir adelante.


Siguió caminando, hasta que cansado se sentó en una roca, miro a su alrededor, todo le parecía igual. Intento ver el sitio donde había dejado su cuarto, pero ya no lo podía ver, ni tampoco sabia en que dirección estaba. -Ya, estoy cansado, creo que no voy a encontrar la salida. Y mientras hablaba saco de su bolsillo la piedra que al verla brillaba fuertemente. -Me tendré que ir sin ver Edén. -¿Edén?, escucho una voz, y luego carraspearon. Yo creo que le puedo ayudar.


Pedro quedo al instante de pie, mirando hacia el sitio donde venia la voz, vio una figura que se acercaba en la oscuridad, hasta que se paró bajo la luz de un gran cristal azul. -Hola, dijo, yo le puedo ayudar. Era un gran conejo blanco, de ojos verdes, y orejas rosadas. Tenía unas patas inmensas, y parecía que las movía todo el tiempo. -Hola, dijo Pedro tímido, dando un paso atrás. El conejo sonrió, mostrando dos grandes dientes, y movió su pata impulsivamente, dando golpecitos contra el piso, produciendo un sonido que se fue esparciendo por todo el lugar. Cogió una raíz y la tiro fuerte, sacándola de la tierra y la empezó a comer.


-Estas me gustan, son muy jugosas. Pedro lo miraba ahora con una sonrisa, le daba confianza el conejo y le parecía gracioso. -¿Como es que puedes hablar? El conejo quedo con la raíz en su mano inmóvil, parecía pensar, luego miro a Pedro y le dijo: -No lo se, ¿y tu como puedes hablar? -Jaja, rio Pedro, yo aprendí de mi mamá. El conejo seguía comiendo, mientras lo miraba con sus grandes ojos verdes.


-Yo me llamo Pedro ¿y tú? -Yo… -otra vez quedo inmóvil como pensando- creo que me llamo Conejo. -Jaja, ¿no sabes como te llamas? -No me acuerdo bien, hace tanto tiempo que nadie me preguntaba mi nombre. -¿Me pareció escuchar que me podías ayudar a llegar a Edén?, le dijo el niño mirándolo expectante. El conejo carraspeo otra vez, y termino de masticar lo que estaba comiendo. -Si, bueno, todo depende…


-¿Depende de qué? -¿Para que quieres ir a Edén?, le pregunto el conejo cerrando sus ojos dejándolos casi como rayas y mirándolo fijamente. -Bueno, empezó Pedro, es que mi profesor dice que no hay Edén y yo sé que si, entonces… -Bla, bla, bla… termino el conejo. -No he terminado, así que… -bla, bla, bla, dijo otra vez el conejo. -Oye, es de mala educación no escuchar cuando te hablan. -Creo que ya escuche suficiente, dijo el conejo dándole la espalda y


empezando a alejarse. Solo quieres ganar, ser mejor que tu profesor, que todos vean lo mucho que sabes… Así nunca llegaras a Edén, y nunca regresaras a casa. -Si regresare, Yona me dio esta piedra para regresar, dijo el niño al momento. El conejo quedo como estático, empezó a darse vuelta de a poco, y miraba a Pedro con sus grandes ojos bien abiertos. -¿Conoces a Yona? ¿Dónde? ¿Como? ¿Cuando? Vamos cuéntame… -Ah, ahora si quieres escucharme, no querías irte… -Ya, vamos Pedro cuéntame…


-Lo conozco desde hace mucho tiempo, dijo el niño contando con orgullo, somos muy buenos amigos. El conejo lo miraba con la boca abierta. -Desde la vez que fuimos a la tierra del olvido, tuvimos una aventura allá, pero…. ¿Cómo sabes tú de Yona? -¡Cómo se yo de Yona! Que como se yo de Yona… Sucede que Yona estaba en Edén antes que hubiese Edén, Yona estuvo con el Rey, cuando él lo creo todo, el me dio forma, y se paseaba con el Rey antes de aquel día… y mientras contaba, agacho la cabeza y dejo de hablar. -Vamos que pasa conejo, sigue contando.


-Desde ese día no veo a mi conejita, mi amada conejita. -¿Qué día? ¿Qué paso en Edén? El conejo lo miro muy triste, tenía una lágrima en sus ojos. -Si tan solo tu antepasado hubiera obedecido al Rey, y si la serpiente no lo hubiera engañado, y… Ojalá todo fuera como antes, pero ahora todo es diferente, yo estoy aquí desde ese día, y tu antepasado fue echado para siempre de Edén, y el camino al árbol de la vida ha quedado sellado. -¿Árbol de la vida? ¿Qué camino? Yo vi dos arboles en medio del jardín, dijo Pedro mientras meditaba…


-¿Has visto el Árbol de la vida? No es posible, el Rey sello el camino. -Lo vi mientras Yona me llevaba de vuelta a casa, lo vi de lejos, pero recuerdo que habían dos grandes arboles. -Si claro, ustedes solo ven lo mas grande, lo mas bonito, lo mas esplendoroso, lo mismo que tus antepasados, dijo el conejo algo enojado. -No entiendo… -Tus antepasados también vieron los dos arboles, y ella fue fascinada por la belleza del árbol mas grande, el mas hermoso. Ese era el árbol


prohibido. -¿El árbol prohibido? -Pero… no sabes nada y conoces a Yona…, dijo el conejo algo perplejo por la situación. El árbol de la ciencia, del bien y el mal, ese era el árbol prohibido. El Rey prohibió comer del fruto del árbol, era el único fruto de todo Edén que no podían comer. -¿Y ellos comieron? -Si… -¿Y que paso?


-Tuvieron que irse de Edén, condenados para siempre, sin salvación. Y ahora para siempre, los hombres están separados de Edén. -¿Y que paso con el otro árbol? -El otro es el árbol de la vida, todo el que coma de ese árbol vivirá para siempre. Pero tus antepasados prefirieron el otro árbol. Nunca podrás encontrar a Edén. Lo siento. -Pero no puede ser, Yona me hubiera dicho, tiene que haber un camino. -El Rey sello el camino, y dos grandes y poderoso Ángeles cuidan que nadie pase. Además una espada viva, guarda el camino al árbol de la Vida.


Pedro se sentía muy triste, sus ojos se llenaron de lágrimas escuchando lo que el conejo le decía. Metió la mano en el bolsillo y toco la piedra, el conejo lo seguía atentamente con su mirada. -¿Sabes cuanto tiempo llevo acá? Dijo ahora el conejo, acercándose poco a poco. -No. -Mas de seis mil años. -¿Seis

mil

años?,

dijo

Pedro

mostrando

asombro.

-Si, y quisiera ir a ver a mi conejita otra vez. Tu conoces a Yona, él te puede sacar de aquí, pero a mi… yo estaré aquí para siempre. -Pedro saco la piedra, que brillaba fuertemente.


-¿Qué es eso? Pregunto Conejo. -Es la salida de aquí, esta piedra me la dio Yona, para entrar y salir una vez de aquí. Pero creo que solo sirve para uno a la vez. Conejo lo miro decidido, parecía que iba a saltar sobre Pedro a cualquier instante. -Pero… dijo el niño, yo creo en Jesús, el Rey, yo creo que el enviara a Yona a rescatarme. Quiero dártela a ti, para que salgas de aquí. Conejo quedó con la boca abierta, al ver la mano extendida de Pedro dándole la piedra brillante, lo había tomado por sorpresa. -¿Me la quieres dar a mi? Pero… y tomo la piedra rápidamente. Estás seguro,

decía

ahora

mirando

la

piedra

más

de

cerca.


-Si, quiero que salgas de aquí, yo sé que Yona vendrá en mi ayuda. -Conejo lo miro y lo abrazo fuertemente. Perdóname, dijo Conejo, yo creía que me iba a toca luchar por la piedra, pero… gracias, y ¿Cómo funciona? -Solo tienes que hablarle. -Ah.. Dijo ahora perplejo, mirando la piedra. -¿Estas seguro que Yona vendrá? -Si… vamos, ve, salúdame a Conejita de mi parte. -Así lo haré, gracias Pedro, gracias, creo que aun hay esperanza para tu especie, dijo sonriendo. Miro una vez a Pedro y luego le hablo a la piedra:


-Quiero salir de aquí. Y ante los ojos del niño, Conejo se fue desvaneciendo hasta que desapareció por completo. El niño quedo mirando al vacío, su corazón parecía que quería salirse de su pecho, siempre sentía la misma sensación cuando hacia algo bien, algo que lo llevaba a dar de él a otros. -Conejo no sabía de Jesús, dijo en voz baja. No sabía que Jesús abrió el camino al árbol de la vida. Jesús nos ha salvado, dijo en voz baja, salvo a toda la raza humana. -Sabía que lo encontrarías, escucho una voz a su alrededor. -YONA, grito el niño.


-Hola mi pequeño, siempre he estado a tu lado. -Quiero verte, dijo el niño emocionado. -Pedro, desde ahora solo me verás con los ojos de tu espíritu, siempre estaré a tu lado, siempre te ayudare en todo, pero debes verme con tu fe. Pedro sonreía con toda su cara, saltaba de felicidad. -Yona, dijo ahora Pedro en voz alta. Yo se donde esta el árbol de la vida. -Yo sé que si. -JESUS, JESUS es el árbol de la VIDA, grito fuertemente. Y su eco resonó por toda la caverna.


Y mientras saltaba y cantaba de alegría, se empezó a elevar atravesando paredes y parajes ocultos a los ojos. Y salió al sitio mas hermoso que él había visto, lleno de flores y arboles, y agua. Con un hermoso cielo azul. Y mientras flotaba, fue llevado por todo Edén, descubriendo la belleza de la creación de Dios. Hasta que llego a un sitio muy brillante y hermoso, y pudo ver la figura de un hombre en medio de la luz. Yona entonces le susurro a su oído: -Estas ante el Rey. -Señor, dijo Pedro y cayó de rodillas doblando su cabeza.


Pedro vio como la luz se acercó a él, y un par de pies muy brillantes se detuvieron cerca de él. Una mano tomo suavemente su cara e hizo que lo mirara. -Pedro… -Señor dijo Pedro muy emocionado. -Hermoso hijo mío, siempre que Yona te hable, yo estaré ahí, y nunca me iré de tu lado, para siempre estaré contigo. Yo soy el Señor, el Todopoderoso, tu Padre que te ama. Y mientras Pedro lo miraba, vio como se acercó y lo beso en la frente. Pedro cerró sus ojos, y dijo en voz casi inaudible:


-Te amo Señor, te amo. Y cuando abrió sus ojos, quedo sentado de un salto, estaba de vuelta en el cuarto de su casa. -Mamá, mamá, grito el niño a todo pulmón. Nora apareció en la puerta asustada, mirando para todas partes, al final dijo extrañada: -¿Qué pasa? -He visto al Rey, mamá, he visto a Jesús, me ha dado un beso, Ya… y salto de alegría.


Cogió las manos de su mamá y empezó a bailar con ella, mientras gritaba: -He visto al Rey, he visto al Rey. Ella lo miraba emocionada, dejando caer sus lágrimas de alegría, mientras bailaban al son de la canción de Pedro.

FIN

Las aventuras de Pedro y Yona.El Camino al árbol de la vida  

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