Skip to main content

Oropel

Page 1

1


2


3


4


5


Diseño de cubierta: Nicolas Franco Perilla y Juan Sebastian Gonzalez Oviedo Tipografias: Rosario y Bahiana Maquetación: Juan Sebastian Gonzalez Oviedo Impresion: IN impresiones - Ibagué

6

Juan Sebastián Gonzalez Oviedo Presentado a: Martha Marcela Morado Universidad de Ibagué Programa de Diseño Trabajo de Grado Ibagué 2020


Dedicado a Pablo José, a la memoria de quien, con su ausencia. Nos unió como familia. Y con quienes co-habita la umbra, para no olvidarlos por más que la luz nos ciegue. “Nadie mira en realidad por las ventanas de su casa. Están ahí para que, entre la luz, pero la gente no suele ver qué hay afuera, mucho menos en un apagón. Nadie sabe distinguir bien qué es qué sin la luz a la que esta acostumbrado” (Vargas, 2020, pp. 52)

7


Indice

AGRADECIMIENTOS CONTEXTO

11

JUSTIFICACIÓN

7

17

PERSPECTIVA EPISTEMOLÓGICA OBJETIVO GENERAL

23

OBJETIVOS ESPECIFICOS ESTADO DEL ARTE

25

MARCO CONCEPTUAL

20

23

27

EL DEVENIR, INVESTIGAR Y SUS PRINCIPIOS ÉTICOS

34

REFLEXIONES SOBRE LA LUZ, SUS INTERMEDIACIONES Y SU COMPRENSIÓN EN UN DISEÑO METODOLÓGICO

38

LA LUZ, DE LO VISIBLE A LO PERSONAL Y DE ALLÍ A LO PROFUNDO E INESPERADO.

45

LA PENUMBRA Y SUS BALAS PERDIDAS, METAMORFOSIS DE LA REALIDAD

65

UMBRA, DE LO MEDIÁTICO, LO HISTÓRICO Y SUS EFECTOS SECUNDARIOS.

71

HABITABILIDAD Y DISEÑO

103 BIBLIOGRAFIA 105 CONCLUSIONES

8

97


Agradecimientos

E

ste proceso ha sido una limpieza constante y exorcismo para el alma, un desatar cuerdas y cumplir sueños, descubrir desde lo mucho que no he hecho pero una deuda con quienes me rodean y han vivido ese sufrimiento para traerme hasta aquí, al punto de tenerlo tatuado en mi piel. Ha sido un proceso de reconocerme a mi, y a mil yo pero sobre todo a quienes han dado todo por mi desde antes que naciera, de quienes nació esta preocupación de olvidar lo mucho que me han dado a manera inmaterial, lo que podría perder por estar cegado, lo mucho que mis abuelos me han dado y de ejercicios personales con ellos por escribir sus memorias para nuestra siguiente generación, conocer sus vidas pero sobre todo limpiar mi conciencia de haberme dado cuenta tarde de que envejecían pero sobre todo agradecerles su amor infinito e inmutables por mis sueños y hacerlos realidad, que una conversación en mi ultima visita a ellos, los hiciera ser inspiración de este proceso. Agradecer sin lugar a dudas a mis padres, a mi mamá por entender y comprender mis silencios eternos, mis miedos y mis ansiedades; por construir un lenguaje no verbal desde el cual entenderme sin juzgarme y nuestros métodos construidos para mediar nuestras emociones; a mi papá le debo heredarme a mis abuelos, heredarme luchas y descontentos sobre lo que pasa por las regiones, su sensibilidad innegable por el otro, sus trasnochos y los largos recorridos por carretera por intentando hacerme entender lo que a medias sabia sobre historia y el territorio para intrigarme en ello. A Kari por ser mi guía espiritual en esto, por acompañar mis ansiedades y pintar sobre ellas, por salvarme mil veces del olvido institucional al que me sometí propiamente y confiar ciegamente en

mi desde el principio; a Marcela Morado por confiar ciegamente en mi proceso, por ser mi compañía en el dolor, en la felicidad, traductora de ideas y guía espiritual en esto; a Andrés Hochmuth por ser el coautor de esta travesía durante un tiempo, por ayudarme a parir y entender a un hijo que no entendí pero que con su conocimiento pude entender; a Zaira Cruz y a Daniela Tapiero por ser mis mejores amigas en esta vida, por inspirar mis proyectos y aportar a mis proyectos con su cabeza desbordante de ideas. A Simón Vargas por prestarme sus reflexiones a través de sus cuentos, sus ideas y por darme el mejor club de lectura del mundo, al club de lectura por asumir mis ansiedades y sacarme del Stuck en el que me sumí en la mitad de esa tusa inolvidable que si bien marcara un precedente para reescribir 3 veces esto; a Valeria y Moisés por sus mensajes de aliento continuo pero sobretodo por ser quienes mediaban mis miles de preguntas y mantenerme en estos caminos del diseño y a Nati Vega por ser mi hermana de otra madre, que medio mis emociones, mis demonios y ayudo a que esto fuera toda una experiencia para mi deleite. A mi Familia Oviedo y Heredia anexa, por ser los seres humanos mas fuertes que conozco en el mundo, por sobrevivir al dolor mas fuerte de todos, perder un año a quien inspira mis sueños, luego a quien nos dio vida durante muchos años pero sobre todo a Pablo José, quien ha sido una de las perdidas mas grandes en la vida, a quien al escribir esta tesis llore mas de una vez y es la manera mas cercana en que conecto con un conflicto insaciable, y a la memoria de quienes habitan la umbra junto a el. Por ultimo, agradecerle a Dios por darme la vida, las fuerzas en los desiertos, las lagrimas, la compañía, los sueños y por enseñarme en el proceso que debía amarme a mi primero para que fluyera, por soplar vida sobre este costal de huesos secos para cumplir sus propósitos.

9


10

Imagen 1: Fotografia del Salรณn Memoria y Naciรณn del Museo Nacional de Colombia - Juan Gonzalez.


Contexto

D

urante más de un siglo, el conflicto armado en Colombia ha dejado un sinnúmero de pérdidas de toda índole en nuestro país, fragmentando nuestra sociedad en bandos políticos y opiniones mixtas constantes, en donde han aparecido un aproximado de 8.944.137 víctimas1 en lo largo y ancho de nuestro país, atravesándolo como una vena que representa un aproximado del 18.57%2 de la población nacional, encarnando diversos modos de operar en relación a la categorización, manifestado en formas normalizadas que van desde las masacres y desapariciones forzadas hasta el desplazamiento y secuestro en entornos urbanos como rurales. De manera simultánea, parte de las actividades del Estado por promover espacios de desarrollo ha generado ejercicios de justicia transicional y la creación de organismos que fomenten el esclarecimiento de las causas y desarrollo del conflicto armado en el país, en tópicos relacionados a la memoria, el esclarecimiento de la verdad y la justicia especial para la paz. Puesto que el proceso de comprender y entender un fenómeno de más de 70 años ha de ser un reto complejo para quienes están en el proceso de dilucidar la memoria del conflicto en el país. En la agenda del Estado siendo promovido por académicos de manera autónoma, aparecieron procesos de dilucidar la memoria histórica del país desde la mirada de las víctimas, naciendo bajo la consigna y dirección del Grupo de Memoria Histórica promovido por académicos de las ciencias sociales del país, y la ley de víctimas (Ley 1448 de 2011) como parte de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR) adscrito a procesos que desde la primera presidencia de Álvaro Uribe Vélez han sido fomentados por el Estado con el fin de acompañar a las víctimas durante el proceso de justicia y paz que se llevaba a cabo junto a grupos paramilitares bajo la dirección de Gonzalo Sánchez. 1 Información suministrada por el portal de cifras de la unidad de víctimas al día 8 de marzo del 2020. 2 Promedio realizado a partir de los datos suministrados por el DANE frente a la población del país. 3 ¿Qué significa el reconocimiento del conflicto armado por parte del Gobierno?, 2011, Revista semana

*CNMH: Centro Nacional de Memoria Historica *MNMH: Museo Nacional de Memorita Historica

Sin embargo, he decidido enunciar a su vez los procesos de memoria que han aparecido de manera autónoma por parte de la población civil, como parte de un terreno de enunciación de derechos, luchas sociales y afirmación de identidades desde finales de los años 70’s demandando verdad, responsabilidades, perdón, memoria y reparación. Inmersos en un sentido de movilización de derechos humanos desde una visión del Estado y clases políticas tradicionales como perpetradores de violencia desde acciones colectivas de lo subalterno y disidencia de figuras tradicionales de cohesión ante el poder. A la par, el gobierno se ha rehusado desde un principio en aceptar la existencia del conflicto interno 3 a pesar de su larga trayectoria y trascendencia a lo largo de los años; especialmente, porque desde miradas unidireccionales de la realidad nacional ha moldeado sus intereses desde la negación del conflicto, especialmente siendo un ejercicio discriminatorio de pensar desde el centro hacia las periferias, invisibilizando procesos autónomos de las comunidades y sus angustias. Por consiguiente, el reconocer el conflicto armado desde un Estado nacional de derecho, sería admitir la posición del Estado como perpetrador del fenómeno de la violencia en las regiones, reconociendo paralelamente la legitimidad de múltiples manifestaciones teóricas entorno a la idea del “enemigo interno” y “amenazas terroristas subversivas”; en donde la memoria y la verdad han estado amenizadas por los inesperados cambios de variables políticas frente al diseño de lenguajes para violencia, articulado de manera orgánica a desarrollos de ley de víctimas, acuerdos de paz y la institucionalidad que gira en torno a la idea anterior. de pensar desde el centro hacia las periferias, invisibilizando procesos autónomos de las comunidades y sus angustias. En Junio del año 2011, en consecuencia a las múltiples intenciones por parte de diversos actores, se tramita ante el congreso la ley de víctimas que proponía de manera simultánea la creación del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) bajo la dirección de Gonzalo

11


Sánchez Gómez, como una institución independiente al Estado y con plena autonomía frente a la toma de decisiones y producción de conocimiento que les permitiera ser objetivos en el proceso, documentando testimonio de las víctimas del conflicto armado en casos nacionalmente conocidos por la responsabilidad estatal, con el mandato y las condiciones para responder al deber de la Memoria del Estado y como fin último construir un museo para su reparación simbólica, desde el cual, el Museo Nacional de Memoria Histórica se prepare para la creación de condiciones de posibilidad en el despliegue de iniciativas sociales de memoria. Allí nacen múltiples disputas desde donde se cuestiona la autonomía del CNMH como organización autónoma al Estado y su toma de decisiones frente a lo que será una verdad oficial, en donde se pretende resaltar la memoria de las “víctimas civiles” con la construcción de lenguajes, narrativas, objetivos, epistemologías y perspectivas diferenciadas para humanizar y politizar el conflicto; abandonando su posición como procesos disyuntivos y singulares, a través de la publicación de diversos informes que abrieran la discusión e interlocución entre narrativas en donde la memoria nos habla del pasado, pero específicamente sobre lo que la sociedad colombiana vive día a día. Tras la publicación del informe del “BASTA YA! Colombia: memorias de guerra y dignidad” en el año 2013, tanto el Estado como las Fuerzas Armadas de la Nación, ejecutan múltiples acciones en busca de la censura del contenido adscrito a los informes, alegando el hecho de “reconocer y contar el conflicto tal y como había ocurrido, con cada uno de sus responsables”4 (Alarcón, 2020, p. 16) para comenzar a preguntarnos sobre ¿Quién cuenta la memoria? ¿Quién trae esos recuerdos del pasado, para enunciar lo que nadie quiere ver? . En un país en donde el Estado instala la memoria y de manera paralela al derecho a la verdad, justicia, reparación y no repetición a partir de distintas narrativas para encontrarse con un sin número de manifestaciones que preceden el reconocimiento institucional, pero sobre todo la promoción y difusión de estas.

12

En definitiva, este arduo proceso ha advertido un cómo basado en una constante por parte del Estado y las Fuerzas Armadas por ser ratificados y reconocidos como “víctimas” de un conflicto interno en las regiones que ha sido negado multiples veces desde estas instancias institucionales, afirmando y reconociendo que afectan la esencia de la memoria, imponiendo el reconocimiento de un Museo Militar como “El verdadero Centro de Memoria Histórica” defendiendo su posición frente el “Honor Militar”. En diversas ocasiones se les ha reconocido como víctimas, principalmente de las mismas instituciones a las que pertenecen ejercida por altos mandos, en efecto haciendo reales sus 3 consignas principales en lo que a la memoria histórica concierne para las mismas desde la “Victoria, transparencia y legitimidad”5 (Ministerio de Defensa, 2016) manteniendo “La legitimidad institucional de las fuerzas armadas” estableciéndose como “Jefatura de memoria Histórica y Contexto”6 (Comando General de las Fuerzas Militares, 2017); eclipsando narrativas y sensibilidades generadas entorno a los informes desde la estructura de narrativas diversas, construidas desde las periferias hacia el centro, en donde prima lo que se encuentra visible en la vida cotidiana y veredal, incluyendo perspectivas citadinas, lo que puede ser visto por el país del común construido entorno a “Trochas y Machetes” como lo declara el libro de Alfonso Molano Bravo, desde la construcción de una narrativa de consciencia sobre sus relaciones y representaciones política; para preguntarnos entorno de la importancia del papel de las comunidades siendo quienes construyan desde sus prácticas la memoria que el país merece conocer en una lucha constante en contra de la centralización de narrativas. Todo esto pone en peligro la manera en que se concibe la memoria desde un ideal colectivo en la construcción de un “relato compartido”, en la búsqueda de un “relato debatido” (Sánchez Gómez, 2019), entorno a estrategias de comunicación y desprestigio que nacieron 4 Palabras de Andrés Suarez, ex coordinador del observatorio de Memoria y conflicto citadas por Alarcón. 5 Fragmento de la “meta 5” del “Plan estratégico del sector defensa y seguridad-guía de planeamiento estratégico 2016-2018” del Ministerio de Defensa. 6 Fragmento de “Cartilla de Memoria Histórica” del Comando General de las Fuerzas Militares.


Imagen 2: Sin nombre - Diana Rey Melo Recuperado de Revista Arcadia, 2020

desde la época de los inicios de la República entorno a odios heredados o promovidos que buscan vengar, deshumanizar al “adversario” e impedir la reconciliación simplificado en una compleja creación de polos, en donde el Estado ha puesto su mirada en los últimos años entorno a la manera en que se construye la memoria, buscando ratificar y culpabilizar sujetos en un proceso con infinidad de aristas, actores, víctimas e involucrados con tintes políticos establecidos (Nogués, 2018), todo esto nos alumbra el lugar en el que la memoria se ha instalado durante los últimos años, en donde se sigue librando una guerra por la narrativa del conflicto en donde el orgullo militar no se acomoda a la construcción de empatía. (Sánchez Gómez, 2019). El descubrir esto nos permite entender el proceso y dinámicas que la memoria vive a diario, desde las cuales el Estado espera validar la hegemonía de ciertos sectores sociales, generando rupturas en las “diversas formas de hacer y modos de ser” impidiendo un ámbito reflexivo y de participación política centrado en discursos del ser y las maneras de habitar el mundo (Escobar, 2016), con el entrante gobierno y ante el posicionamiento de Darío Acevedo como director del CNMH. En reconocimiento de la naturaleza del CNMH como organización a cargo de la construcción de un elemento de memoria nacional, sumado a la intransigencia de Acevedo por la construcción de memorias junto a las víctimas en paralelo, con su posición negacionista frente al reconocimiento del conflicto desde el Estado de gobierno; problematizamos la construcción del lenguaje empleado para el desarrollo de procesos de memoria. A partir de actitudes deslegitimizantes desde las cuales Acevedo desconoce procesos realizados por el CNMH bajo la dirección de Gonzalo Sanchez, desde la premisa de que estos procesos “incluyen filiaciones políticas específicas” a la par de su intención por introducir la idea de los productos generados por el CNMH y el Museo Nacional de Memoria Histórica desde las regiones, implicando una tendencia

a ignorar la memoria de las comunidades como “una verdad oficial” y mucho menos ser productos esclarecedores debido a que “El centro no tiene ninguna deuda con la población civil”; en consonancia con la adjudicación del CNMH como institución anexa a presidencia, desconociendo y alterando su naturaleza, independiente y autónoma frente al Estado. Hemos de cuestionar las constantes acciones del CNMH en los últimos 2 años de ejecución y posterior a ello, problematizar la censura y determinación de sus acciones en busca de “Hacer estricto cumplimiento del mandato legal para construir una verdad oficial” según declaraciones en la inauguración de la obra del MNMH (Museo Nacional de Memoria Histórica), estas representan un intento por esclarecer y promover una pos-verdad con tintes políticos. Para de manera alterna y simultánea desde mi posición acompañar la angustia de las comunidades por no reconocer al actual director del CNMH, temiendo por el uso de la información y la construcción de una memoria oficial negacionista que extermine pluriversos y narrativas creadas desde lo vivido en el territorio, son acciones que demuestran desconfianza en quienes han perpetrado la guerra por más de siete décadas invisibilizando acciones alternas y colectivas desde la premisa de que estás generan “desprestigio, desinformación y persecución”7 (Alarcón, 2020, p. 14), encarnando una posición hegemónica desde

13


desde la incidencia del Estado y las Fuerzas Armadas por desconocer procesos alternos para la construcción de memoria sumado al incipiente miedo de las comunidades y organizaciones, las cuales han recuperado exhaustivamente documentos con el fin de apoyar una labor ante un ente gubernamental que los ve desde una mirada excluyente y revictimizante, decidiendo de manera consecuente retirar sus archivos como una acción emancipadora de un proceso que no los reconoce a ellos ni a su memoria viva y latente. En consecuencia a lo anterior, el departamento del Tolima es un departamento ubicado en el centro-occidente del país, específicamente en la región andina de Colombia, el cual cuenta con 47 municipios subdivididos en 6 provincias para la facilitación de la administración del departamento, ubicados en múltiples niveles térmicos de montaña lo que permite y facilita desde épocas de la colonia, que el mismo posea una economía mixta concentrada históricamente desde la explotación del oro al cultivo de tabaco, maíz y algodón específicamente por sus cercanía al Valle del Alto del Magdalena que riega gran parte del departamento, beneficiando el desarrollo agrícola y la manera en como su habitantes se han localizado desde tiempos de la conquista y colonia, permitiéndole en ciertos casos, haber sido uno de los puertos internos más importantes del país. En tiempos de la conquista se consideró como uno de los territorios más difíciles de conquistar por su geografía montañosa característica en cercanías al Valle del Magdalena y del Cauca, sumado al carácter de la comunidad Pijao ubicados al sur del departamento, caracterizados por ser una etnia guerrera que se escondía entre las montañas y algunos descendientes de la comunidad Quimbaya ubicados en la zona de Toche e Ibagué. 7 Haciendo referencia a la opinión mostrada por Acevedo para no conceder espacios en torno a los posibles cambios del guión del MNMH y la intención de Alarcón por entrevistarlo para el presente artículo. (En la página anterior)

14

Fray San Pedro los denominó como “Rebeldes. Altivos, indómitos, que no aceptaban reyes que los mandasen; no aceptaron la esclavitud y fueron los últimos que pudo reducir a su dominio el reino Español” (Bedoya, 2009) permitiendo dar carácter a las generaciones venideras en municipios como Chaparral, Planadas y Natagaima (Uribe Alarcón, 2018). Durante los años siguientes se vieron insertos en las dinámicas dominantes de la colonia, aún cuando florecían económicamente y abrían brechas desde la localización y ubicación de los municipios, hasta llegar a ser parte fundamental de la independencia y las guerras civiles, pasando por la guerra de los mil días transformando el espacio y sus dinámicas acompañadas por los caminos de herradura que aún persisten y comunican el departamento con otros territorios. Para encontrarse con la hegemonía y los años posteriores a la guerra de convirtiéndolo en un departamento eje de central del país, con el Bogotazo como hecho epicentro de la violencia en el departamento, las esferas políticas del Tolima y el

conservadora los mil días, la economía exploratorio y transformando país entero.

Permitiendonos problematizar de manera simultánea el lenguaje y el diseño de la violencia mencionados anteriormente, enunciando su papel fundamental desde la radio, la prensa y las comunicaciones verbales como medios que contribuyeron al objeto de enemistades (Uribe Alarcón, 2018) desde los cuales se emitieron las catástrofes de El Bogotazo y los discursos polarizantes de Gaitán y Gómez durante días; permitiendo su llegada a lugares apartados de la República, esto permitió que ante la violencia emergente para el año 1949, el Tolima se posicionará como el departamento más peligroso, focalizándose en los límites del suroccidente del Tolima y los municipios cafeteros del noroccidente del mismo que comparten fronteras con los departamentos de Caldas, Valle del Cauca, Quindío y Risaralda.


Imagen 3: Somos la esencia de todo un poco , Juan Gonzalez.

A lo largo de los años la intensidad de las masacres creció y decreció favorablemente relacionándose con el bando político al poder, siendo instigadas por sucesos nacionales como la elección de presidentes o momentos específicos como El Bogotazo, acompañado de estrategias estatales de reducción de la violencia a través de la fuerza bruta que permitía que la violencia se dispersara por el departamento, a su vez relacionado posteriormente a dinámicas veredales como pequeños centros poblados que nos permiten entender diversas motivaciones relacionadas a riñas, redes de alianza y cadenas de venganza (Uribe Alarcón, 2018). En su mayoría representadas como violencia bipartidista desde sus anales, para evolucionar a una constante de múltiples actores como las fuerzas armadas, paramilitares y guerrilleros. Para reconocer en el territorio, dinámicas propias para la resistencia y la persistencia viva de la tradición oral en donde se reconocen las “declaraciones de quienes no han visto, pero oyeron contar a quienes vieron, jugando un papel fundamental en la construcción del sentido” (Uribe Alarcón, 2018), un constante juego de endulzar la palabra y diseño emergente de la confianza entre individuos en el territorio desde el ¿A quién le creemos?; Un eclipse constante de palabras entre los informes de los detectives impregnados de los albores de la violencia y la política partidista que fomentaban el desconocimiento de “Hasta aquel que fue buen vecino” como lo han dicho los maestros Silva y Villalba en su obra “A quién engañas abuelo” acompañado de las narrativas veredales de los mismos, entremezclado por los chismes del oficial que había atendido el caso (Uribe Alarcón, 2018), para encontrarnos con un constante rechazo de las comunidades al olvido y silencio, entremezclados entre lenguajes judiciales comprendidos únicamente por quienes se dedican a la labor sistemática de sustituir la memoria viva y latente de las comunidades representadas en acciones específicas, lenguaje común y no verbal por una verdad plástica y nociva (Acosta López, 2019) que hace “llorar hasta los guaduales” hasta el día de hoy.

15


16

Imagen 4: Ausencia - Juan Gonzalez.


L

Justificación

as luchas por la memoria han sido una constante desde los inicios de la humanidad, desde las maneras en que se escribe la historia de la mano de la historiografía y el lenguaje que exalta la memoria de quienes han vencido, ganado y derrotado a partir de sus “Nobles propósitos” (Todorov, 1982), en busca de esparcir su fé, acoplar al otro a dinámicas externas, conquistar la tierra y hacerse dueño de ésta, a través de dispositivos de imposición de dinámicas y mejoramiento de la raza. Un fenómeno con una trascendencia y multiplicidad especial que desdibuja múltiples versiones de lo sucedido, una ceguera programada desde los poderes del estado y las clases políticas tradicionales, en un país que no declara guerra por qué le conmueve el sentido de esta, una historia contada de bar en bar y de pueblo en pueblo que han de conocer quiénes se han visto involucrados y afectados. Esto implica acercarse a las comunidades para ser reconstruidas desde la adversidad, reconociendo las implicaciones “Del poder y la gramática” como enuncia Malcom Deas, el inglés enamorado de Colombia, para reconstruir el país desde las narrativas de quienes no han sido escuchados, pero hablan, sobre un país que le ha dado poca agencia a sus palabras. De esta manera, la opinión de quienes representan una organización que supone velar por la construcción de memoria, establece una guerra de poderes tradicionales que se relacionan entre lo mediático y lo político; sugiriendo sean impregnadas de tintes políticos desde posturas drásticas relacionadas al proyecto de modernidad, proyecciones del pasado y lecturas racistas de quienes forman nuestro país, establecidos desde los intereses de grupos de poder sobre intencionados, como el reflejo de una necesidad por invisibilizar las narrativas de quienes han vivido en carne propia el fenómeno de la violencia en el país. mplicando tomar las riendas de un proceso al cual se le teme desde épocas de la creación de la República como un ejercicio sistemático por eliminar e invisibilizar el relato o narrativa del “otro” desde academicismos , representado en la imposibilidad de la lectura de múltiples realidades cuando debería compartirlas, reflejo de una crisis actual basado en un proyecto de modernidad resultado de formas arraigadas de ser, hacer y conocer traducidas a lenguajes políticos y económicos en diversas esferas de nuestra sociedad.

17


Esto antepone una realidad ilusoria de paz construida desde las narrativas de partidos políticos tradicionales bajo visiones negacionistas del conflicto, impidiendo la construcción de una memoria abierta en donde caben muchos, una memoria viva y latente que irriga nuestro país, que lo ayuda a descubrirse día a día a partir de sus narrativas cercanas a la vivencia cotidiana, el país que se construye a través de la tradición oral y su diversidad, reconociéndonos como un tejido humano del cual es imposible prescindir, una lucha contra modelos radicales impuestos desde el lenguaje que responde a las necesidades de artificios ligados al proyecto de modernidad que censura lo que se vive en el país de la canela, un país que desconoce la autonomía de las organizaciones para ejercer empíricamente su función de construir diversas posturas. Como diseñadores debemos asumir el reto de seguir leyendo las realidades de nuestro país acompañando la creación de múltiples sentidos y el afianzamiento de narrativas decoloniales de lo que se vive a diario, reconociendo el sentido orgánico de nuestra sociedad para entretejer diversas variables que reconozcan quienes somos, lo que somos, cómo nos ven, cómo vemos y cómo lo entendemos; para desde el diseño ontológico comprender que no somos ajenos a la cotidianidad de nuestro país y en cómo construye sus relatos, rituales y narrativas en torno a la memoria.

18

Imagen 4: Personificación del miedo- Juan Gonzalez.

La memoria ha sido distorsionada desde la realidad para manipular creencias, albores ideológicos, principios y emociones con el fin de influir en la opinión pública (Nogués , 2018). A partir de una posición política que favorece a unos cuantos pocos; siendo la anticipada destrucción de posibilidades y mundos posibles en las narrativas de la memoria, una narrativa instaurada que desplaza canciones, rimas, coplas, ritos, actos, narraciones y modos de operar que se vive en los rincones de nuestro país ; que evita la narración y memoria como un espacio vital de construcción y reconstrucción para hacer, creer, permanecer y fluir (Escobar, 2016) desde el reconocimiento de un conflicto armado que no ha desaparecido y sigue allí.

Reconociendo miradas y diversas posturas del diseño desde Zimmerman (2020) , quien pretende dilucidar el arte de diseñar, permitiendónos entender el lenguaje como parte de una estética de lo que se cuenta reconociendo la violencia en el país como un proceso de diseño circunscrito a tensiones diversas como un proceso intencionado entre lo verdadero y real desde la pretensión de revelar una identidad y dotar de significados ya existentes un proceso emancipatorio, desde la proyección de comportamientos y el develamiento de repeticiones y modelos de actuar. Reconociendo una ruptura en la manera en que habitamos el mundo, aceptando que el lenguaje nos diseña y ha diseñado la violencia a través de productos intangibles desde su aparición, preguntándonos desde ¿Qué mundo, Qué diseño, Qué real? (Escobar, 2016)


os estamos parando para reconocer a los involucrados, un país que ha heredado un lenguaje y una estética de visiones europeas, en conjunto a una ilustración tardía y un proceso violento civilizatorio que nos ayuda a entender la proyección hacia la modernidad. Reconociendo el fenómeno de la violencia en Colombia y el diseño de la misma, como un juego colectivo, una búsqueda continua por encontrar lo alterno desde una hegemonía que nos obliga como diseñadores a repensarnos la sociedad que habitamos y hemos diseñado, desde las maneras en que se nomina y se escribe nuestra historia viva y latente que en repetida veces ha victimizado e invisibilizando al “otro”, para desde George Orwell reconocer que quien controla el pasado, controla el futuro y el que controla el presente, ha de controlar el pasado.

El sentimiento de haber perdido a uno de ellos a corta edad pero sentir que lo conozco como la palma de mi mano, me hizo descubrir en sus narrativas maneras de contar su historia, su percepción entretejida y diferenciada desde sus memoria tempranas, llenas de sucesos enmarcados en el periodo de la Violencia ysu reconocimiento de un país desde sus miradas, un conflicto que persiste en una constante búsqueda de culpables y ha trascendido mutando en las últimas 7 décadas para llegar a las múltiples manifestaciones sistemáticas de violencia actuales, construyendo una amalgama de lenguajes y desarrollos conceptuales desde lo vivido en el terreno, para desde la pérdida de la vida mi primo, me hagan sentirme víctima de un hito que perdura aún en nuestra cotidianidad.

La anterior propuesta abandona la premisa de la memoria como un instrumento de denuncia y reafirmación de violencias en la diferencia, para reconocer en la violencia un sinnúmero de lenguajes por descubrir, reconociendo matices en el develamiento de oportunidades para esclarecer y dimensionar lo que ha pasado en los últimos 70 años en el país, una memoria que involucre la perspectiva de Kant (1967) quien afirma que el daño que se hace a una víctima, afecta a una sociedad aún cuando en las ciudades somos ajenos a ello, en busca de reconocer, visibilizar, dignificar y humanizar lo ocurrido como una resistencia al olvido sistemático y la transformación de imaginarios sociales que naturalizan y normalizan la violencia. Esta investigación nace como el resultado de múltiples sensibilidades entorno a mi familia y la manera en que he habitado el mundo durante los últimos 22 años, de un apremiante reconocimiento tardío de la sabiduría de mis abuelos, acompañado de múltiples ejercicios personales por prepararme ante la inminencia; de sentarme durante horas en un pasillo en mecedoras, para escribir un poco sobre lo que me han de dejar cuando partan, es el acto de amor más grande, reconocer a mis viejos desde sus memorias individuales, íntimas y personales comprendiendo su paso por esta dimensión terrenal.

Imagen 6: Fotografia Familiar , autor desconocido, Recuperado del archivo familiar González Oviedo

19


perspectiva epistemológica

L

a presente investigación se desarrolla desde la teoría crítica debido su pretensión por hacer un análisis característico de las narrativas sobre la memoria y como se anidan en nuestra sociedad, desde el estudio de cargas de valores, prácticas específicas, el contexto en el cual emerge y la capacidad de facilitar el diálogo entre narrativas y teóricos; desde una perspectiva que busca emanciparse de la hegemonía persistente en los procesos de memoria a través de un componente interdisciplinar que promueva una cultura sistémica para el reconocimiento de múltiples aportes propuestos desde las ciencias sociales desde el análisis del lenguaje y territorios de la memoria, a la par de Arturo Escobar y su postura frente el diseño ontológico y diseño para la transición para reconocer a las comunidades y sus prácticas en el ejercicio de construir memoria. Es importante reconocer que la presente investigación no pretende generar un modelo homogeneizante para la construcción de memoria, en cambio pretende generar reflexiones en torno a la construcción teórica y del discurso entorno al desarrollo de metodologías interdisciplinares que permita reconocer al otro que ha sido invisible en el tablero de juego.

20

Para desde la Teoría Crítica permitir un análisis crítico para la interpretación de situaciones y comprensión de dispositivos históricos a nivel sociocultural desde el reconocimiento de discursos que promueven la hegemonía, dominación y comunicación trastocada; que permita de manera simultánea un reconocimiento de problemáticas actuales desde el contexto y las ciencias sociales, para reconocer el diseño como una práctica múltiple y transdisciplinar. Permitiéndonos reconocer el lenguaje como el centro de la investigación y problematizar la formación de subjetividades ancladas al territorio y la institucionalidad, en vista del desarrollo autónomo y las manifestaciones emergentes, reconociendo una diferenciación par de dinámicas de subordinación y opresión, que nacen desde el origen y se complejizan hasta desarrollar temáticas entorno a la clase a la cual pertenecen los individuos. Refiriéndose a un análisis lógico de las causas intermediado por las vivencias y visiones particulares que permitan el reconocimiento de intereses y formas discursivas del poder, introduciendo el cómo suceden a partir de procesos narrativos y figuras hegemónicas que han permeado los contextos en que nace la memoria en nuestro país.


Imagen 7: Destino , Juan Gonzalez

21


¿Cómo develar discursos hegemónicos en el desarrollo de memoria en torno al fenómeno de la violencia y el conflicto armado, desde el reconocimiento de las comunidades afectadas en el departamento del Tolima?

22


D

objetivo principal

evelar discursos hegemónicos en el desarrollo de memoria en torno al fenómeno de la violencia y el conflicto armado, desde el reconocimiento de las comunidades afectadas en el departamento del Tolima para épocas de pos-acuerdo.

objetivos específicos • Identificar discursos y lenguajes hegemónicos desde la búsqueda de procesos de memoria relacionados con el departamento del Tolima. • Relacionar de manera sistémica los procesos de memorias seleccionados, en el departamento del Tolima y sus modos de funcionar desde sus posturas, lenguaje e intereses. • Reflexionar en torno a las relaciones construidas desde el lenguaje y discursos hegemónicos, identificados en los ejercicios de memoria seleccionados para la comprensión de estas en el departamento del Tolima.

Imagen 8: Oropel, Nicolas Franco Perilla

23


Imagen 9: Nada es lo que parece , Juan Gonzalez.

24


estado del arte L

a presente investigación pretende abordar una serie de temáticas diversas desde las cuales aspira movilizar reflexiones y alimentar la pregunta de investigación, si bien relaciona contenidos y trae a presencia ideas frente a la memoria que se logran esbozar desde distintos ejercicios; a su vez forma parte del desarrollo de una búsqueda exhaustiva por recopilar artículos académicos que permitan reconocer dinámicas, antecedentes y tensiones, para encontrarse con puntos de partida desde los cuales reflexionar y generar dudas en torno a la preconcepción de la presencia de discursos hegemónicos en torno a la memoria. Acorde con la investigación, se realizó un rastreo de información a través de bases de datos como Jstor, ScienceDirect, Scopus, Scielo , Google Scholar, Dialnet, ResearchGate, bases de datos institucionales de organizaciones sociales y repositorios institucionales. Centrándose en la búsqueda de información entorno a palabras claves como “memoria”, “memoria histórica”, “víctimas”, “lenguaje”, “historiografía, “desarrollo de memoria”, “expresiones alternas”, “conflicto armado”, “narrativas plurales”, “autonomía” , “hegemonía” y “discursos de poder”. Adicionalmente, se realizó una exploración a manera personal de algunas colecciones y recopilaciones de testimonios, casos estudio e investigaciones entorno a la acción sin daño realizadas por lugares o museos de memoria a nivel internacional, que sin lugar a duda aparecerán en el desarrollo reflexivo del documento, comprendiendo su importancia en el proceso de construcción de memoria en países que permitan ser relacionados con el contexto colombiano.

Este estado del arte pretende ser un recorrido de reflexiones que nos permiten leer en la mayoría de los casos, la memoria como una expresión emancipadora frente a la violencia, dejándonos entre leer la manera en la que se relaciona como una oportunidad para comprender lo que vivimos día a día en el país, al igual que el porvenir desde el sentido de una búsqueda por esclarecer memoria en un país, que ha permitido la violencia persista por más de un siglo, reconociéndose como un instrumento diseñado para la denuncia que permite hallar espacio en una constante reafirmación de diferencias, comprendiendo que el hecho de no permitirnos construir narrativas es pretender que la solución es exterminar o desaparecer con el interés de generar un cambio instantáneo. El informe Basta ya! (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013) ha sido una constante en la mayoría de los textos investigados que tienen como contexto nuestro país, permitiéndonos reconocer y corroborar su importancia en el desarrollo de memoria en el país, como una propuesta disruptiva que difunde y brinda agencia a ideas en torno a la memoria, desde ámbitos locales e internacionales, un informe que da recuento de lo difícil y desgastante que puede ser realizar ejercicios de memoria diferenciando las diversas categorías e impactos que aparecen a lo largo de lo que el informe presenta, si bien podríamos decir, realiza una línea del tiempo acerca de la violencia en el país que permite realizar una lectura entorno a la aparición de la violencia en el país en relación al aparato judicial y el proyecto inminente de modernidad que apareció en el país desde los años 40 reafirmando un proyecto de modernidad traído desde la conquista española sumado a la interpretación de posibles patrones en el desarrollo del conflicto. Al mismo tiempo presenta, diferentes reflexiones entorno al miedo, la democracia y modalidades de violencia, que nos permite reconocer la construcción de lenguaje entorno al conflicto armado, el cómo se decide qué escribir y desde donde pararse como un ente organizacional que pretende generar memoria;

25


nos permite hacer una lectura profunda de los orígenes y dinámicas, el cómo se construyen en torno al diseño de una violencia que se permite de diferentes usos para generar miedo, en una guerra que tiene muchos lenguajes diferenciados por contextos y territorios, el cómo ha impactado nuestro diario vivir y el cómo se percibe desde la voz de las víctimas especialmente desde la construcción de metodologías y modelos de participación.

frente al tiempo de la dictadura en Chile (Garretón, 2013, p. 226), diferenciados por un marco entorno al golpe de estado de 1975 y en la necesidad de que los estados permitan a las víctimas ser parte de la construcción de narrativas en torno a la memoria específicamente en actividades relacionadas a la verdad, justicia y reparación relacionados a los medios discursivos y sus represiones representadas en las políticas del pasado en la actualidad.

De manera paralela, aparece Antropología de la inhumanidad: Un ensayo interpretativo sobre el terror en Colombia (Uribe Alarcón, 2018), el cual nos permitió reconocer a manera profunda la existencia de un diseño entorno a la violencia específicamente desde el Tolima proyectado al país, comprendiendo la ritualización y el desarrollo estético del mismo desde las prácticas construidas, simultáneamente nos permite identificar el papel de los medios tradicionales y su influencia desde la radio, los periódicos y la transmisión oral como influencia y incitadores de odio, jugando un papel fundamental entre un país político y un país real, desde el estudio de la información mediática entendiendo las rupturas generadas desde un gran revuelo idiomático, desde lo que se dice y como se dice teniendo en cuenta los intereses que representa cada una de las partes; hace a su vez un estudio del lenguaje jurídico incluido en los expedientes para interpretar la violencia y quienes ejercen control sobre ella, dejando ver un rastro entorno a la guerra contra la población civil enmarcado en los abusos de poder.

Revisando bibliografía anexa e investigaciones, pudimos descubrir investigaciones relacionadas directamente a los efectos políticos de la violencia y la memoria del apartheid en Sudáfrica (Runsewe & Duke University, 2015) y como se relacionan los discursos políticos directamente con la memoria recordada por la población común entorno a la discriminación racial y los ordenes políticos pre-establecidos desde la conquista inglesa, para encontrarse con el reto de reconocer en ellos características relacionadas a la democracia, la verdad, la reconciliación, la libertad y los derechos humanos, permitiéndonos localizar discursos de narrativas pos-coloniales africanas similares a las narrativas poscoloniales en Colombia a la par de las pos-acuerdo construidas después del plebiscito del acuerdo de paz del año 2016.

Entretanto, aparece un estudio similar que se relacionaba de manera directa con los usos del Holocausto en Argentina (Kahan & Lvovich, 2016), desde el cual se marca de manera paralela la aparición de recursos estéticos e idiomáticos de los discursos, usos y desarrollos del Holocausto para fomentar la ira en tiempos de la dictadura en Argentina, en el reconocimiento de la prensa y sus narrativas construidas que siguen apareciendo en siglo XXI. Aun cuando siguen instigando la violencia en torno a los judíos en el país, incluyendo en como se ven representados en discursos respecto a ciertos ejercicios de memoria actuales en donde encontramos fenómenos similares

26

A pesar de las narrativas presentes en torno a la paz, se siguen construyendo discursos violentos después de una firma de un presunto acuerdo de paz similar a los discursos pos-apartheid influenciado por la política global, el desarrollo de la democracia y discusiones en torno a la libertad, conectado a procesos de paz, verdad y reconciliación en torno a dinámicas sociopolíticas en el desarrollo de textos educativos y la comparación de narrativas debatidas en torno a partidos políticos y proceso electorales, desarrollando propuestas de la importancia de reconocer generaciones libres del post-apartheid, considerando a su vez, Discourse, Memory, and Post-Apartheid South African Archives (Timcke, 2019) que permite acercarnos al fenómeno


de manera paralela, reconociéndose desde una perspectiva ontológica y epistemologica alrededor del análisis narrativo en los archivos construidos en torno a la subjetividad política de las memorias y quienes escriben estas narrativas para legitimar procesos. A modo de comparación, se reconocieron procesos locales desde la investigación acerca del Sentido y Memoria del Acuerdo de Paz Nasa We’sx: La autonomía como posibilidad (Barros Navarro & Padilla Quintero, 2017) y su trabajo realizado en relación a la memoria del acuerdo de paz entre la comunidad indígena Nasa We’sx y las FARC, desde donde se generaron conversaciones con la comunidad entorno a la memoria en para la construcción del sentido, y oportunidades para generar coherencia en ejercicios de memoria en el marco de la alteridad y la pertenencia a través de acciones que destaquen las acciones pacíficas como parte de una resistencia, diferente a narraciones desde el sufrimiento y horror vivido por las víctimas, haciendo énfasis y concluyendo que las narrativas alternativas se refugian en las memorias privadas a veces silenciadas en el ámbito de la privacidad y la memorias debatidas para integrarse a prácticas de resistencia. En contraste, aparece la cartilla Tejiendo vidas (Perdomo Cubillos, Buendía Bohórquez, & Perdomo Pérez, 2019) con el propósito de reconocer la memoria histórica como un proceso y estrategia de recuperación psicosocial, a través de la intervención directa de profesionales interesados en facilitar ejercicios de memoria brindando estrategias e instrucciones en el marco del desarrollo del reconocimiento de la población víctima y sus necesidades en torno a construir una identidad colectiva que los resignifique a ellos y sus memorias desde la óptica de la superación del trauma; desde el cómo disponerse, desarrollar temáticas y tomar descansos para el flujo de las actividades en torno a la terapia desde el psicoanálisis.

*CNMH: Centro Nacional de Memoria Historica *MNMH: Museo Nacional de Memorita Historica *GMH: Grupo de Memoria Historica

No obstante, en contraste Castaño Zapata & Jurado (2019) me permitió analizar ejercicios de memoria interpretados desde el relato abierto para ser eclipsados por una interpretación de los mismos, desde el cuestionamiento del orden simbólico y el cómo se nos permite reinterpretar el futuro desde la creación de ficciones mencionando de manera constante algunos informes del CNMH como Memorias plurales: experiencias y lecciones aprendidas para el desarrollo de los enfoques diferenciales en el centro nacional de memoria histórica (Centro Nacional de memoria histórica, 2018) revisados simultáneamente en el bajo la óptica del reconocimiento de tensiones emergentes que aparecen de manera transversal en proceso hegemónicos desde las instancias institucionales del CNMH y el CNMR. Desde el reconocimiento de narraciones que entran en conflicto impidiendo el cierre y el trascender, desde la presencia de discursos reiterativos relacionados a la rememoración, anamnesis y recordación en el marco de objeto social e institucional, que apareció de manera sorpresiva y a modo de reflexión desde un articulado de Riaño Alcalá & Uribe (2016) en torno a su posición como miembros del CNMH y GMH relacionado a las dinámicas y opiniones personales alrededor del trabajo realizado en su paso por las anteriores instituciones, entorno a epistemologías y la importancia de dichos procesos ante el fenómeno de la violencia en el país. Las reflexiones de Riaño Alcalá & Uribe (2016) giran en torno a la postura negacionista del Estado desde la que nació el GMH, como trabajo investigativo desde el enfoque relacionado al oprimido y no desde la construcción de hechos desde el opresor característico de la tradición de los mismos. Reconoce un gran preocupación por impedir la domesticación e instrumentalización de la memoria por parte del Estado, y las tensiones que giran alrededor de la protección de los derechos de las víctimas como una oportunidad desde la cual generar espacios diversos y ecosistemas que faciliten la reparación de las comunidades asegurando su participación autónoma en el proceso desde el reconocimiento de su prácticas y las metodologías impuestas.

27


No obstante, reconoce de manera paralela la importancia de las comunidades en la dotación del sentido y construcción, a través de su derecho a libertad de expresión relacionadas a acciones de resistencia desde sus prácticas territoriales como lo son el tejer, el bailar o el cantar (Parra Gallego, 2019) siendo reconocidos como espacios fértiles de participación y posibilidad desde la liberación que les permite decidir sus narrativas, medios e implicaciones sobre cómo el contar lo que se ha vivido, entorno a la construcción personal de memoria de quienes aman y cómo esperan sean recordados en el desarrollo de ejercicios que visibilizan sus memorias y la oportunidad que nace de las mismas para reconciliarse con el entorno y sus cuerpos. (Rueda Arenas, 2013). El reconocer las distintas fuentes mencionadas anteriormente, nos permite articular conceptos de reflexión en torno a la construcción de memoria en el país, aún cuando en su mayoría se relaciona directa e indirectamente con la rememoración de hitos socio culturales del pasado que siguen vigentes en nuestra realidad nacional, especialmente desde ámbitos sociopolíticos en Latinoamérica en los años 80 y 90, desde la aparición de las memorias como objeto de denuncia y la validación de posturas ético políticas desde discursos de segregación, en su mayoría las investigaciones anteriores confluyen en un sinigual cóctel que pretende encaminarnos a través de un esfuerzo adicional en la comprensión del Estado y la capacidad de las comunidades, organizaciones y líderes sociales por hacer audibles narrativas en el medio de sentidos vacíos. Desde la comprensión lateral del olvido institucional como el precursor y obstáculo para la construcción y legitimación de las memorias como objeto y símbolo de resistencia, sobrepasando la memoria archivística que perpetúa el trauma e impide ejercer “Gramáticas de la escucha” (Acosta López, 2019).

28

Imagen 10: La traición , Juan Gonzalez.


marco conceptual

Desde la aparición de las ciencias sociales en el nuevo continente, se ha observado una constante por relacionar y acoplar el mundo a lo que conocemos, desde ideas eurocentristas que permean nuestros territorio a través de ideales, maneras de actuar y morales impuestas que hacen sintamos un hecho ilusorio de paz con el otro, por que se comunica conmigo; para ello se hace necesario transformar radicalmente modelos y condiciones que impiden la autonomía en los territorios aun cuando la autonomía nos permite en la mayoría de las veces “Construir y reconstruir espacios. Vitales para hacer, crecer, permanecer y fluir, reconociendo que los tiempos cambian” (Escobar, 2017).

”

“

E

n sociedades como la nuestra, cambiantes y diversas, uno de los mayores retos desde las ciencias sociales y las humanidades será comprender el entramado de hilos que se tejen y construyen el tejido social y cultural de nuestras comunidades, desde su autonomía y sus prácticas locales, apartadas de miradas hegemónicas y censuradas del mundo que objetualizan todo a su paso en torno a una comprensión de realidad basada en la modernización constante del mundo y visiones de este.

Imagen 11: Conceptos oropel , Juan Gonzalez.

Es hora de perder los miedos para diseñar los sueños, siempre con los pies sobre la tierra; No debemos renunciar al derecho al enamoramiento del territorio. (Escobar, 2017, p. 290)

”

Esto representa un constante robo selectivo entorno al extractivismo de universos e ideas de las comunidades, desde miradas plásticas, para encontrarnos con un sinfín de posibilidades desde los sures alternos contrapuestos al norte globalizado, reconociendo multiples maneras de vivir, habitar y organizar el terrirorio desde nociones ancestrales o propias del mismo.

29


Esta investigación concibe la Autonomía como: “La creación de las condiciones que permiten el cambio de las normas (sociales y culturales) desde dentro o la capacidad de cambiar las tradiciones tradicionalmente” (2017, p. 197) No obstante, Escobar define la autonomía como muchas, aun cuando reconoce que “Las autonomías no son instituciones sino formas de relación” (Escobar, 2017, p. 290), desde la alteridad y el autoreconocimiento de manifestaciones en su territorio. Desde allí, construir una comunidad de comunidades basado en la transparencia, reflexión, conexión, creatividad y tradición, un constante movimiento de estas. Comprendiendo el valor de cada una de ellas y su capacidad continua de reinventarse desde un proceso de autopoiesis (Maturana. Varela, 2009), en donde lo posible ya se hizo, y se seguirá reinventando cuantas veces sea necesario desde su característica de sustentabilidad, para seguir creyendo en las regiones y su capacidad de hacer posible lo imposible. Reconociendo que toda comunidad, realiza y practica ejercicios de Diseño dentro de sí misma, como una oportunidad para reconocer el “Nosyotros” desde sus prácticas, manifestaciones y saberes; desde donde comprende y aprende a reconocer el entramado que la conforma, percibiendo oportunidades en cada etapa del proceso de auto reconocerse y diseñar para sí misma, implicando un sin número de iteraciones ligadas a múltiples posibilidades que nacen desde las preocupaciones de si misma. Construyendo y reconstruyendo espacios vitales con significados múltiples que le permitan reconocer la trascendencia de estas, tal y como pudimos observar en el proceso de Memoria de la comunidad Nasa We’sx (Barros Navarro & Padilla Quintero, 2017), esto implica reconocer el diseño como una práctica milenaria, que pretende dotar de significado múltiples manifestaciones desde un proceso emanci-

30

patorio de repeticiones y modelos de actuar aun en medios no convencionales como el lenguaje y el reconocimiento del cómo nos diseña, para preguntarse ¿Qué mundo, Qué diseño, Qué real? (Escobar, 2016) desde donde nos hemos posicionado para generar rupturas en el tejido social desde miradas occidentales e industriales, desde “lo diseñado, diseña al diseñador”, en un constante ciclo continuo de insostenibilidad y discursos artífices que se gestan desde la memoria. El diseño ontológico, concibe al “diseño como una práctica para contribuir a las profundas transiciones culturales, protección de las diversas formas de ser en el mundo” (Escobar, 2017) desde el reconocimiento de diversas formas “tradicionales de ser, saber y hacer”, emergiendo desde una creación colectiva y relacional que nos permite leer una red sistémica que implica el todo desde nuestra posición. A su vez, busca reorientar la práctica tradicional del diseño desde su dependencia y mirada entorno al mercado para descubrirse en “una constante experimentación creativa en el territorio” como una oportunidad a la inclusión, participación, colaboración, cocreación, respeto, aceptación de ideales y formas de habitar que permite el desarrollo de un “mundo en donde quepan muchos mundos”, para seguirnos preguntando para qué mundo real diseñamos (Escobar, 2017). El diseño como una práctica desde la ontología nos brinda la oportunidad para afianzar, realzar y potencia “Pluriversos” (Escobar, 2017) y sus múltiples posibilidades, reconociendo el cómo se conectan entre sí, luchando en contra de una mirada que nos hace creer en objetos autosuficientes enfrentados a un compuesto de objetos independientes, cuando están íntimamente relacionados a espacios de posibilidades por accionar desde estrategias relacionadas a la autonomía y la acción de las comunidades para la creación y acercamiento a nuevas conversaciones.


El diseño ontológico permite reconocer que el observador no está separado del mundo, desde visiones que se han anclado a su manera de habitar, desde las rupturas en las que vivimos para reconocer que más allá del habitar esta el develar y observar, el cómo nos diseñamos a través del lenguaje, para suscitar preguntas sobre cómo hemos relacionado el mundo a nuestro lenguaje nominal; para comprender el diseño ontológico como una conversación en torno a posibilidades e intervenciones en el trasfondo de nuestras tradiciones para entender profundamente desde reflexiones y discursos políticos del ser, el rediseñar lo humano permitiendo devenires y contribuciones al entendimiento de estructuras, dispositivos o discursos que afectan el sentido comunal de estas. “Estas nociones y el enfoque ontológico del diseño revelan el entendimiento implícito que tenemos del conocimiento, el lenguaje y lo real (la correspondencia directa y no problemática entre el lenguaje y la realidad, y entre el pensamiento o la representación y lo real)” (Escobar, 2017, p. 208) Si bien, la memoria hacer parte de ese nosotros, entendiéndose “como el registro de lo aprendido y sabemos por medio de la experiencia” (Braunstein, 2012, p. 10) como un proceso de selección y conservación autónoma de información desde las experiencia que se viven previamente, permitiéndonos relacionarla para su recordación y relato, comprendiendo en sí que somos “un ramillete de memoria” (2012) que nos permite no olvidar el pasado que nos define. La memoria es un sentido individual y colectivo del recuerdo, desde el que comprendemos que nacemos en el “Yo anciano”, cargado de visiones, tradiciones, prejuicios, odios, prácticas y anécdotas que se nos hace imposible saber de dónde vienen, pero nos permiten entre leer de dónde venimos en un proceso de reconocimiento en el otro parecido a si mismo.

“Nadie sino yo tiene este conjunto de recuerdos. Soy este ramillete de memorias. Soy lo que recuerdo y, si olvidase ese pasado que me define y es mi propiedad inalienable dejaría de ser yo” (Braunstein, 2012, p. 11). Reconocer el lenguaje y la tradición oral, como movilizadores de la memoria nos ha permitido reconocer su fluidez y su capacidad de cambiar desde la perspectiva de quien emerge, indefensa al ojo de quienes se encargan del conocimiento histórico que probablemente la “deconstruye, la invierte y nos “despoja” de nuestro pasado para restituir lo cambiado, transformado en otro” haciéndonos pensar en lo fácil que es alterar visiones de mundo y el orden de hechos, convirtiendo el pasado en algo mucho más imprevisible que el futuro (Orwell, 2008, p. 205). Todo esto nos permite reconocer la lucha constante que tiene la memoria, sus angustias entorno a caer en manos de los múltiples fabricantes de pasado, desde las cuales se usa la memoria para justificar empresas de dominación, en compañía de medios de comunicación y difusión desde la propagación, fragmentación y desarrollo de un sin número de material visual y escrito en su mayoría autobiográfico para la venta y comercialización las memorias, poniendo sus múltiples identidades en peligro. “¿Que memoria de un sujeto no integra ladrillo y hasta paredes enteras que le han sido prestadas por el otro de las comunidades (familiar, escolar, nacional, racial y religiosa)?” (Braunstein, 2012, p. 19) Para descubrir que quien tiene el derecho de escuchar el testimonio de una experiencia, se transforma en el jurado que recibe, reconstruye e interpreta lo que se le ha contado, reconstruyendo e interpretando lo que puede en la misma. Para encontrar lo que el pasado y sus huellas han dejado en quien habla, desde tres tipos de memoria:

31


“La personal (semántica y episódica, hecha de datos y de recuerdos), la colectiva, compartida en los grupos a los que pertenece, y la histórica, instalada en la escuela como conocimiento “científico” de acontecimientos pasados, parte presunta de una no menos presunta “historia universal”. Cada uno, con su carga de recuerdos (y de olvidos), es un fragmento del mundo histórico” (Braunstein, 2012, p. 22). Allí encontramos una memoria voluble, cargada de juicios traídos desde el lenguaje y la tradición oral que nos permite leer procesos históricos en la misma, una constante diferenciación del “nosotros” y el “otro” reconocidos en la narración de tiempos presentes desde el cual se enuncia, un tiempo pasado y contexto aludido por rememorar en un futuro que sigue a la espera de construirse desde las memorias símbolo de “recordar algo, por algo y eso depende de alguien que es el destinatario de la memoria” desde la visión de “una memoria nacional engañosa… imprecisa, inasible y variable” (Braunstein, 2012), para construir una imagen o narrativa desde el lenguaje, desde donde se constituye un “ellos”, “nosotros”, “nuestros enemigos”, “nuestros héroes”; para inscribirse en instituciones productoras de sentido que enjuician a unos, crearán monumentos y seguirán delimitando una diferenciación geográfica del otro. Relacionando la práctica tradicional de la historia como “recortar la realidad de lo que se sabe sobre el pasado, atribuir causas, poner en práctica una teoría de la historia, la del narrador, que no se hace explícita y “que hace hablar” a las fuentes y a los documentos según una voz, la del historiador” (Braunstein, 2012) , desde un fenómeno hegemónico entorno al lenguaje para desde el Estado, ser manipulada desde sus centros de poder relacionado a los intereses del mismo.

32

“La historia es una construcción siempre problemática e incompleta de aquello que ha dejado de existir, pero que dejó rastros (traces). A partir de esos rastros controlados, entrecruzados, comparados, el historiador trata de reconstruir lo que pudo pasar y, sobre todo, integrar esos hechos en un conjunto explicativo, en donde la memoria depende en gran parte de lo mágico y solo acepta las informaciones que le convienen” (Braunstein, 2012, p. 50-51)

De manera paralela, esto nos permite comprender que parte de lo que conocemos, son recuerdos o narrativas contaminadas de acciones desde los historiadores o profesionales a cargo, cediendo a necesidades de sectores dominantes, apuntando a unos privilegios e interpretaciones de intereses públicos, desde la ley del olvido fenómeno que aparece desde las élites cuando no pueden poner las guerras a su favor (Uribe Alarcon,2018). La construcción de alteridad entre grupos antagónicos ha sido un asunto que involucra varios niveles entre discursos ideológicos, las emociones y afectos, en donde los afectados directos de la represión cargan con un sufrimiento y dolor traducido en acciones públicas de distinto carácter (Jelin, 2002) en oposición con la constante preocupación de las instituciones democráticas por mantener la estabilidad de los organismos democráticos y sus discursos, reabriendo constantemente experiencias dolorosas entorno a la represión autoritaria haciendo énfasis en la necesidad de seguir revisando la construcción del futuro antes de volver a visitar ese pasado doloroso (Jelin, 2002). El desafío de encontrarse frente a los discursos, nos ayudan a comprender el cómo se superan las repeticiones, olvidos y abusos políticos promoviendo el debate y la reflexión constante sobre el pasado en busca de encontrar un sentido en el futuro (Todorov, 1998), de igual manera nos permite cuestionar acerca de los abusos de la memoria existentes, provocados desde las instituciones y organismos de gobierno desde la extensión de la ritualización, la repetición, la deformación o distorsión, el silencio y el olvido en buscar de promover espacios de conversación como muestra de resistencia contemplando el proceso de trasmisión intergeneracional. A fin de encontrar en el diseño ontológico una lucha constante en contra de representaciones del pasado, centrado en luchas tradicionales de poder, legitimidad y el reconocimiento de luchas de los pueblos, como una respuesta directa a las estrategias que pretenden oficializar o institucionalizar sus memorias


Evocando una constante lucha de distintos actores por adquirir poder para legitimar su posición desde vínculos o posiciones privilegiadas que reafirman la continuidad de una tensión hegemónica. Un proceso mediado desde los organismos estatales y organizaciones adscritas a programas de gobierno que buscan establece u elaborar su tan anhelada “historia o narrativa oficial” (Jelin,2002) enfocado especialmente en el conflicto y sus múltiples disputas relacionadas a la interpretación y dotación de sentido en torno un pasado desdibujado, que aparta, modifica y cambia sus narrativas en pro de desplazar o dar cabida y protagonismo a las suyas, en pro de ganar veracidad desde visiones hegemónicas de la realidad.

Esto nos permite entender que la memoria y el olvido no son eventos, o estados mentales sino están ligados a procesos que conllevan estrategias desde el Estado, aun cuando desde instancias como el CNMH se venían gestando desarrollos artísticos desde las comunidades, que permitían reconocer diversos lenguajes que permitían el abordaje de lo inenarrable, indecible y lo impensable. La memoria abarca distintas áreas que van desde el testimonio jurídico como el ámbito terapéutico, lo que hace sea necesario Esto construye una narrativa nacional, en donde prevalece el relato reconocer la distancia y autonomía frente al estado reconociendo su del vencedor, yuxtapuesto a la realidad basada en relatos privado de aparición en el país como símbolo de resistencia y denuncia, desde la transmisión oral concebidas como prácticas de resistencia frente al la movilización de derechos humanos. (Sánchez Gómez, 2019). poder, debido a que ofrecen narrativas y sentidos diversos en torno al pasado, que amenazan el anhelado consenso nacional que pretender La memoria nace como una práctica en contra de la violencia de Estado, desde esferas políticas para encontrarse en una ser una verdad oficial. constante metamorfosis para ubicar el relato de las víctimas Todo esto genera narrativas, que prometen una revisión autónoma y no reconocidas por los aires negacionistas del estado, desde las verificación de lo escrito por parte de las comunidades, como un producto cuales se busca humanizar la guerra para reconstruir el tejido de las luchas políticas gestadas desde los años 70 con la aparición de social , desde discursos y acciones espontáneas que buscan la memoria como ejercicio de denuncia, en conjunto a sus reflexiones ser acreedoras de verdad, justicia y reparación en un proceso entorno a sus angustias y las representaciones conectadas a un abordaje de autoreconocimiento, afirmación y empoderamiento por único del pasado desde las narrativas orales de las comunidades, parte de la sociedad civil en escenarios políticos emergentes. incorporadas a un diálogo entre la memoria y la verdad, entendiendo que la transmisión oral supone la reproducción y la capacidad para elegir De este modo los conceptos de Autonomía que nos ofrece Escobar, qué contar y que guardar desde el reconocimiento de la diversidad de Braunstein acerca de la memoria y Jelín entorno a la memoria experiencias y su modo de procesar la pérdida (Sánchez Gómez, 2019). como un dispositivo de resistencia en contra de la hegemonia irrigan y alumbran el trabajo de reflexivo de la investigación.

33


C

El devenir, investigar y sus principios éticos

omo he mencionado anteriormente, esta investigación nace de mis intereses personales que se han venido construyendo desde procesos personales que se desarrollan desde encuentros y diálogos con víctimas, perpetradores y organizaciones desde que estaba en el colegio, sumado a preocupaciones personales por descubrirme en espacios habitados durante mucho tiempo sin reconocer o reflexionar sobre las relaciones orgánicas que habitan allí y a mi alrededor. El crecer desde la imposición de visiones, sobre todo, de reglas al territorio que he habitado me hace pensar en semejanza a un campo de ajedrez, en donde cada movimiento altera el proceso de la partida si no se analiza los efectos adversos de cada alteración del mismo y las consecuencias de nuestras acciones. “Por lo general, actuamos de manera muy intuitiva y emocional, amén de establecer una reflexión posterior al respecto. Además, gran parte de nuestro comportamiento está determinado por la cultura en la que vivimos.” (Guerrero, 2018). Durante mi formación en torno al diseño y las ciencias sociales, siempre he tenido el miedo de generar rupturas por habitar mis formas, desde reflexiones en torno a como seres políticos se nos dificulta medir el alcance de nuestras acciones en contraste al daño que podrían ocasionar, si bien, ha sido un proceso de reconocimiento propio desde la ontología que me ha permitido a través de mi formación reconocer un sinfín de universos y entramados que giran a nuestro alrededor desde Arturo Escobar (2016) a quien he citado anteriormente.

34

Imagen 12: La deuda esta saldada , Juan Gonzalez.


Sin embargo, esta investigación y su investigador pretenden ampliar su propia mirada a nuevas perspectivas desde sus múltiples fenómenos, para desde las ciencias sociales que le apasionan desde que tiene memoria, acompañado del reconocimiento de la ética y el respeto a la autonomía de las comunidades, y desde la teoría crítica permitirse reconocer distintos contextos desde casa debido a la presente pandemia, intentando reflexionar entorno a los entramados y factores relacionados. Reconociendo que el tomar una postura en un contexto como el actual (pandemia, masacres y pos-acuerdo) ha de ser un reto por convivir ante distintos paradigmas, especialmente desde el reconocimiento del contexto cambiante que día a día vive nuestra sociedad colombiana y el Tolima. El primer hecho es reconocer mis sensibilidades desde reflexiones personales entorno al mundo que me rodea, acompañado de experiencias intimas que han generado marca en lo que soy, pero también desde mi participación como ciudadano en la sociedad, reconociendo el contexto en el que he crecido, y su característico efecto narcótico de la clase media, siendo importante para mi declararme lineamientos y estrategias personales para permitirme leer entre líneas las diversas narrativas y versiones que conforman el territorio, comprendiendo cada acción presentada en esta investigación como un causa-efecto cíclico negativo o positivo. Esto me permite reconocer que ninguna acción es neutral y merece ser reconocida desde la posición del peón, que se aproxima al jaque desde experiencias totalmente distintas pero que sin lugar a duda, buscan confluir y habitar en armonía para la comprensión de las transiciones profundas que nuestro país vive. “En este sentido, se considera que se ha comprendido un fenómeno en particular cuando se es capaz de entenderlo desde el punto de vista de los individuos que participan de dicho fenómeno.” (Florencia Santi, 2016)

Cada acción tiene un valor y altera el mundo desde las formas en que lo habitamos, relacionado a formas arraigadas de ser, saber y hacer (Escobar, 2017), una constante reinvención o autopoiesis relacionada desde Maturana y Valera (2009) en una constante práctica desde lo comunal por comprender que las acciones nacen como una “resistencia desprendida de un contexto y la situación en la que emergen” (Jelin, 2002) reconociendo ese mundo en donde caben muchos mundos que Escobar (2016) menciona desde su texto Autonomía y Diseño. Desde la Teoría crítica busco realizar un ejercicio dialogante entre diversas ciencias sociales y el diseño que nos permiten aprehender que las transformaciones sociales planteadas desde ejercicios académicos sólo surgirán si se transforma radicalmente nuestras acciones y su relacionamiento en un plano sistémico en el que dejamos de ser expertos o investigadores para ser parte y habitar el fenómeno. “En realidad, la ética tiene como centro de atención las acciones humanas y las características de las mismas. (…) Las acciones humanas constituyen el escenario donde se produce el acto moral en sí, como acto racional sistemático que repercute en los niveles individual, social, antropológico, ontológico… Dicho acto se tiene como acto libre y consciente, de ahí lo de acto racional” (Guerrero, 2018) Esto permite acercarse al sistema de relacionamiento y comprensión del mundo al que pertenezco y me permita desprenderme de “mindsets”, que me posibiliten reconocer la penumbra en la que habita el fenómeno, para lograr observar desde la distancia una mezcla de matices y sombras parcialmente visibles, diferenciables y desdibujado que me permite esforzarme por leer y relacionar lo que en ellas sucede. Un ejercicio constante por abandonar la luz cegadora que me hace creer que lo sé todo desde perspectivas mediáticas, para entrecerrar los ojos y tratar de ver lo que se encuentra tras el reflector, dando paso al matiz oscuro del que muchos comentan pero

35


Imagen 13: Sin Titulo , Pablo Oviedo (Sanchez Marronquin, 2020)

pocos perciben, encontrándome en un conflicto de amoríos por armonizar desde la constante pregunta acerca de la luz que he percibido por más de dos décadas seguidas y que probablemente el país y la instancias de gobierno reproducen para negar lo que pasa en las regiones, reproduciendo una mentira que nos obliga a concebirnos como objetos independientes en un mundo de cuerpos directamente relacionados desde las ansiedades y preocupaciones concurrentes como Escobar ha descrito en su obra. La presente investigación tiene como objetivo principal “Develar discursos hegemónicos en el desarrollo de memoria en torno al fenómeno de la violencia y el conflicto armado, desde el reconocimiento de las comunidades afectadas en el departamento del Tolima para épocas de pos-acuerdo.” En donde me parece importante recalcar el constante cambio del objetivo principal, su mutación fue mediada entorno a la construcción del Estado de arte que permitió reconocer figurar y usos de lenguaje, reconocer planteamientos y dudas desde una juiciosa lectura de estos, entendiendo que “No es posible reconstruir la memoria histórica, en sus múltiples facetas, sin un esfuerzo por hacer audibles estos vacíos de sentido” (Acosta López, 2019). Reconociendo que la misma no pretende desde la academia construir una verdad y mucho menos dar sentido, es una mera práctica por el reconocimiento y descubrimiento continuo de las comunidades. Para desde la reflexividad. encontrarse con la teoría crítica y la etnometodología, desde una constante por reconocer espacios de experiencia en donde la empatía y el respeto confluyen en pro de permitir el lenguaje habite de diversas maneras, más allá de su capacidad impuesta por nominar los objetos sino desde una variable que le permite intervenir el mundo desde una manera práctica, para destacar el hecho de referenciar algo desde el reconocimiento del tiempo y su proceso de construcción (EcuRed, s. f.) desde la descomposición de la teoría misma, relacionada al entorno para desaprender y transformarla desde y para las comunidades.

36


Imagen 14: Silla Vacia, Juan Gonzalez Museo Independencia y Doris Salcedo

37


Reflexiones sobre la luz, sus intermediaciones y su comprensión en un diseño metodológico

E

n el devenir por encontrarme, la teoría crítica me ha permitido reconocer tensiones desde el análisis crítico de contextos, desde la interpretación y comprensión de situaciones sistémicas que implican el reconocimiento de variables histórico-socioculturales que van desde el reconocimiento de discursos hegemónicos y dominantes relacionados a la comunicación trastocada por intereses. Relacionado a las problemáticas actuales presentes en el territorio que me han permitido hacer un análisis de hechos o variables íntimamente relacionados, comprendiendo el lenguaje como el principal vehículo para la difusión de mensajes relacionados a la construcción de sentidos en torno a la subordinación y opresión desde interés, formas y discursos de poder tradicionales.

Imagen 15: Diagrama del Salto, Juan Gonzalez

38

Nos permite reconocer el cómo y el modo de operar de las tensiones, indagando en las relaciones hegemónicas y poderes discursivos que son detectados desde los contextos mismos para ser aplicados desde el diseño, la comunicación, las ciencia sociales y la autonomía desde sus labores anteriormente descritas desde la justificación; a su vez esta investigación busca reconocer a las comunidades desde fuentes secundarias, encontrándose en una categorización de proyecto de profundización, que sin lugar a dudas busca “el análisis a profundidad de una teoría o fenómeno” (Diseño, pág. 7, 2018)


desde el reconocimiento que la reflexión y la teoría no está atascada solo en palabras, sino que reproducen maneras de expansión y relacionamiento con entornos autónomos (McMillan & Schumacher, 2005). Con ello y siendo consecuente con la construcción de reflexiones sobre la importancia de leer entre líneas las narrativas construidas, reconocer el acompañamiento de la teoría construida desde otra teoría, para desde el diseño autónomo entender el cómo se alimenta de otras visiones para acercarla al territorio, aun cuando implica reconocer los múltiples usos y naturalezas de la memoria, entrelazado a discursos que sin lugar a dudas representan un aspecto problemático o por desarrollar desde el diseño ontológico. Esta metodología nace desde el reconocimiento e importancia de la etnometodología como una investigación relacionada al diseño crítico y emergente que busca desde la teoría crítica “generar un cambio desde el oprimido y no desde el opresor” (Gamboa Araya, 2011), desde el reconocimiento de la memoria autónoma como acto de emancipación conectado a etapas que permitan hacer un análisis conversacional que nos posibilite reconocer un mundo interconectado entre múltiples narrativas desde el reconocimiento del “conocido común” y las maneras de ver, leer y observar el fenómeno ante un uso reflexivo de un constante encuentro entre mundo relacionado a acciones y pensamientos, como se ha referenciado en “El devenir, investigar y sus principios éticos”. Permitiéndonos ser conscientes y limitar la capacidad de distorsión a través del análisis de diversas ópticas, reconociendo que cada uno de los contextos9 tiende a darle un sentido al mundo desde sus concepciones del mismo, para movilizarnos desde el análisis del discurso y conversaciones para empatizar, construir y desarrollar ficciones o realidades diversas, sin alterar los significados dotados desde el territorio desde la búsqueda de empatizar y contribuir al cómo se construyen en el departamento del Tolima.

La metodología está construida desde mis vivencias personales con el “Bricolaje” (Kincheloe & McLaren, 2005) y la manera en que concibo el conocimiento como uno solo, para hacer uso de herramientas diversas que me permitan explorar y realizar un ejercicio de investigación consciente, reconociendo la complejidad de los discursos y formas complejas mencionadas con anterioridad que nacen desde las ciencias sociales y las practicas tradicionales de historiografía. Esto con el propósito de aplicar métodos de investigación pasivos y activos que le den sentido a la investigación y sean coherentes con la perspectiva epistemológica desde un ámbito intimo relacionado a reflexiones personales en torno a experiencias cercanas que me permitieron ser consciente del fenómeno.

Imagen 16: Bricolage, Pixelbay

La presente metodología desea relacionarse directamente con el cumplimiento de cada uno de los objetivos específicos que se han planteado, siendo coherente con las acciones específicas que se planean desarrollar (identificar, relacionar y reflexionar) entorno a 3 etapas de ejecución que le permitan alinearse a las mismas. egias relacionadas a la autonomía y la acción de las comunidades para la creación y acercamiento a nuevas conversaciones.

39


Cada una de las etapas de la metodología, ha sido relacionada a una de las etapas de la percepción y reflexión de la luz focal, para el reconocimiento de un proceso mediado por la reflexión a través de distintos niveles de comprensión, desde la contemplación de un avance y transcurso autónomo del mismo, basado en una continua reflexión sobre lo observado y relacionado. La luz está relacionada con la cantidad e información mediática que podría leer en cualquier periódico o medio comunicación, relacionado a la penumbra que es un proceso reflexivo de segundo nivel en donde relaciono lo que me ha costado ver pero aún he percibido durante mucho tiempo, que puede tener formas definidas o no, ha estado presente en estados de incertidumbre entre 2 mundos paralelos, entre lo que mi experiencia en el mundo me ha permitido concebir y lo que me he cuestionado para encontrarme con la umbra, en donde reflexiono e interpreto desde mis emociones y sentimientos ligado a la experiencia de otros, desde la cual se me ha dificultado ingresar y darle formas específicas. Imagen 17: Shadows, Pexels

Etapa 1: La luz, de lo visible a lo personal y de allí a lo profundo e inesperado. al fenómeno La luz está mediada por la lectura de información que podemos encontrar de primera mano en medios, libros, bibliotecas, narrativas y bases de datos secundarias en torno a proceso de memoria elegidos por el investigador bajo ciertos parámetros anteriormente establecidos que permitan identificar criterios entorno al lenguaje y las narrativas hegemónicas establecidas sobre la memoria permitiendo realizar un análisis narrativo conversacional de cada uno de estos textos, entrevistas, investigaciones y archivos construidos entorno a la memoria plasmado en una bitácora de trabajo. Las narrativas se refieren fundamentalmente al uso de términos y a la manera en que un autor o emisor refiere a narrar o contar el objeto de discusión, de modo que el análisis narrativo está basado en el orden de ideas y conversación entre la teoría y lo sucedido en el territorio ligado a sensibilidades descubiertas en los textos que permita dotar de sentido los sucesos y el desarrollo de estas. Busca analizar paralelamente la reconstrucción de hechos o narrativa implícita integrada o apoyada en recursos narrativos que tratan de persuadir a través de intenciones discursivas, énfasis, omisiones u posturas desde la que el narrador se permite contar a un auditorio acerca de la idea a desarrollar según Álvarez-Gayou (2009).

Un análisis subjetivo y traducción de lo que habita allí para acceder al espacio oculto en donde habita el 18% de la población colombiana, en donde tal vez ya ha sido demasiado tarde, ya pasó o esta escrito eclipsado por narrativas oficiales, relacionándolo como un proceso continuo en donde no sabremos qué escribir después de lo que ocurre en una tragedia.

40

Caballero Romero (1991) reconoce que hay un cierto tipo de organización y estructuración en los textos que permite construir y dar sentido a las conversaciones acompañado de una construcción del lenguaje que permite dar sentido al discurso desde una repetición de ideas y expresiones circunstanciales, que nos permite reconocer los intereses de quien cuenta, quien escucha y quien habla para entablar una conversación desde el reconocimiento de un auditorio y las circunstancias desde las que se emite.


De esta manera las memorias se recogen a través de diálogos, entrevistas, informes y talleres que después son redactados por entes ajenos que pueden afectar o dar un sentido hegemónico a partir de quien lo emite, reconociendo su oficialidad o legitimidad desde y para las instituciones que intermedien la discusión, es decir, suelen organizar la información obviando información para la construcción de escenarios o narrativas que convenzan al receptor sobre lo allí expresado. Asimismo, Caballero Romero enuncia diversos factores para la develación de procedimiento interpretativos que nos permite reconocer la manera en que los autores organizan sus ideas y dan sentido a sus conversaciones, si bien el análisis multidimensional e interpretativo nos aporta en el descubrimiento de la estructura narrativa e intereses entre receptores y emisores, en el construir continuo del sentido y estructuras sociales epistemológicas desde las cuales se ha redactado o emitido el documento, para descubrir las múltiples “gramáticas de la escucha” que Acosta López (2019) describe en su investigación homónima. Esto nos obliga a leer entre líneas, a forzarnos por entrecerrar los ojos para permitirnos ver lo que hay detrás del fuerte halo de luz que puede cegarnos, reconociendo diversas manifestaciones y maneras en cómo la luz o la información puedan ser interpretadas

Imagen 18: Bipartición, Juan Gonzalez

41


Etapa 2: La penumbra y sus balas perdidas, metamorfosis de la realidad. a penumbra está relacionada al descubrimiento de relaciones y la manera en que develamos y entendemos los usos de esta en formas tangibles o intangibles, relacionado a procesos surgidos desde la luz y sus resultados relacionar información para la identificación de patrones, relaciones y conceptos relevantes que permitan develar lenguajes o patrones discursivos a través de la construcción de revelaciones mediante el desarrollo de naipes para la lectura del entramado. Para desde la herramienta de la constelación presentar de manera holística, la información recogida en el análisis narrativo aplicado en la fase anterior que me permita reconocer sistemas que complementan y aportan una visión general, específica y relacionada que producto de la primera etapa nos es posible observar, permitiéndole identificar valores y definir una ruta hacia la umbra, relacionado a las teorías y conceptos construidos desde el marco conceptual, para la construcción de un ecosistema en donde plantar revelaciones en pro de la realización de un ejercicio reflexivo para la germinación del desarrollo de propuestas o brief de diseño.

Etapa 3: Umbra, de lo mediático, lo histórico y sus efectos secundarios. La umbra busca reconocer el procesos reflexivos, definido al cual accedemos desde la penumbra y sus formas

42

Imagen 19: Estancado, Juan Gonzalez

sentido orgánico de los como el lugar oscuro ruta trazada desde la abstractas desdibujadas.


En la umbra todo es desconocido para el investigador, quien trata de comprender lo que allí sucede, producto de las revelaciones y el fenómeno comprendido después de ser relacionado para la construcción de reflexiones que alumbren la finalización de un proceso. A través del proceso reflexivo se busca realizar un acercamiento a mapeos no convencionales para reconocer las revelaciones mediadas por la reflexión para la descodificación de información mediante textos, imágenes e ilustraciones que invitan al reconocimiento de una corporalidad desdibujada para desde las reflexiones pretender dar forma desde imaginarios que permitan visibilizar múltiples narrativas que permitan el confluir de las mismas, desde aspectos físicos, visuales, mentales, sensoriales, sociales ygeográficos relacionado a las revelaciones. “El proceso seguido y la secuencia de actividades requiere un diseño que tenga en cuenta quiénes son los participantes, las dinámicas sociales y culturales del lugar, el tiempo que se tiene para trabajar en grupo, la situación emocional, el contexto de conflicto en el que se desarrolla y el tipo de relaciones previas que existen entre los y las participantes.” (Centro Nacional de Memoria Histórica & University of British Columbia, 2013, p. 110) El mapeo es una invitación personal a reconocer la memoria como un medio para recorrer, ver, tocar y escuchar entorno a “Las gramáticas de la escucha” que Acosta Lopez (2019) y el reconocimiento de textos como los textos curatoriales de la exposición Voces para transformar a Colombia, partiendo desde nociones del territorio identificados en los textos que nos permitan converger con otros factores relacionados a los mismos. Permitiendo una construcción de la memoria desde el “otro” (Todorov & Salazar, 2013) para convertirse en un “Nosyotros” desde el reconocimiento de la alteridad como eje movilizador que sustenta al “otro” en el ejercicio y me permite identificarme desde la diferencia, a través de la personificación de emociones, ideas y narrativas desde las cuales aproximarse a sentidos individuales para confluir desde la colectividad y lo comunal. (Grupo de Investigación Espacio, Tecnología y Participación -ESTEPA-, 2017) Imagen 20: Cronopio, Juan Gonzalez

43


Imagen 21: Salvaje, Juan Gonzalez

“En todas las casas se habían escrito claves para memorizar los objetos y sentimientos Pero el sistema exigía tanta vigilancia y fortaleza moral, que muchos sucumbieron al hechizo de una realidad imaginaria…” (Márquez, 2017, p. 22 ) “Terminó por perder todo contacto con la guerra. Lo que en otro tiempo fue una actividad real, una pasión irresistible de su juventud, se convirtió para él en una referencia remota: un vacío.” (Márquez, 2017, p. 68)

44


La luz, de lo visible a lo personal y de allí a lo profundo e inesperado De lo científico y de la teoría

L

a a

la narrativo la práctica:

a memoria histórica en el proceso de paz es un tema en el cual empecé a generar acercamientos en el desarrollo del III Foro de cultura ciudadana organizado por el Gimnasio Campestre en la ciudad de Ibagué de primera mano, sin embargo desde la participación de múltiples encuentros en la ciudad de Bogotá en torno a cátedras de paz pude aprender a reconocer el conflicto como un área de estudio, desde mucho antes de entrar en la etapa universitaria me estaba acercando a procesos de argumentación en torno al desarrollo y fundamentación de los acuerdos de paz. Principalmente por sentimientos mediados por inquietudes entorno al desarrollo del conflicto y su aparición desde cátedras de las ciencias sociales y sus posibles escenarios, al acercarme a procesos de diseño pude empezar a entrever lo múltiple, conflictivo y complejo que puede ser generar una opinión entorno al mismo, debido a la polarización y desarticulación de procesos.

Imagen 22: Bipartición, Juan Gonzalez

Como pude mencionar en la justificación parte de acercarme a estos procesos estuvo mediado por procesos personales de escuchar a mis abuelos, de entender dinámicas en su vida, formas de pensar y actuar pero sobre todo de acercarme a un territorio el cual se ha negado en mi vida desde pequeño, una búsqueda por reconciliarme con la tierra que mucho me ha dado.

45


En Colombia, especialmente en el departamento del Tolima confluyen diversas perspectivas entorno al conflicto, especialmente desde el desarrollo de informes y propuestas que buscan narrar o escribir una historia de la misma, o en casos extremos mitigar preocupaciones estatales en el territorio. La memoria e identidad del territorio es un proceso casi inexplorado que se encuentra en constante construcción. El desarrollo de búsquedas de procesos buscaba un acercamiento a nodos que me permitieran entender la manera en que se consolidaron las propuestas a través del lenguaje y su estructura, permitiéndome entre leer la manera en que se facilitaban y mediaban procesos sociales en escenarios diversos desde la implementación de estrategias o dispositivos a nivel local y departamental, esto se resumió en elementos de continua aparición que facilitan la segunda fase de la metodología, como una conversación intermediada por diversos actores sociales desde la interlocución de los actores y la construcción de una concepción entorno al conflicto y el desarrollo proyectual del mismo desde el análisis del lenguaje y los factores, ligado al desarrollo y relaciones entre conflictos presentes en el contexto. Muchos de estos procesos buscaban intermediar y dinamizar mediante la activación de la participación de los actores presentes desde su relación con el territorio, desde la observación y análisis de información junto a metodologías participativas, esto nos permitió leer intenciones pero sobre todo interpretar los múltiples acercamientos a la población desde múltiples manifestaciones sociales, culturales y simbólicas construidas desde dinámicas del territorio y la visión e intereses de las organizaciones internacionales y el gobierno nacional, regional y departamental. Como punto de referencia, tenemos espacios desde entes departamentales y agencias internacionales que buscan leer las dinámicas sociales territoriales y articularlas en el desarrollo de los acuerdos de paz, en este caso específico nos acercamos a la “Cartografía participativa y prospectiva de reintegración de excombatientes y riesgos de violencia” (Gobernación del Tolima, 2016)

46

desde la cual se buscaba comprender a partir de 6 puntos específicos el funcionamiento de los acuerdos de paz en el departamento, aplicando metodologías de carácter participativo que excluyeron a excombatientes y reinsertados, desde un sondeo a la población común en temas de políticas para el desarrollo agrario, participación política, fin del conflicto, solución al problema de las drogas, víctimas e implementación de los acuerdos de paz (Gobernación del Tolima, 2016). Como referencia y a modo de antecedente se nombran resultados del plebiscito del 2016 haciendo hincapié especialmente en la victoria del No con un 59,71%, y a modo de consecuencia generar un informe que permitiera a organizaciones internacionales como la OIM y la USAID hacer un análisis situacional desde el cual facilitar diálogos con la gobernación del Tolima en torno a políticas públicas de planeación, identificación de riesgos de violencia y zonas de riesgo en épocas de posconflicto desde el análisis de factores que desincentivan el proceso de reintegración. De manera paralela se denomina las acciones de los actores armados como “actos terroristas” y se establece hechos como el bombardeo de Marquetalia como “un mito fundacional” en municipios del sur occidente del Tolima en su mayoría, haciendo énfasis especial en la primera década del 2000, desde la cual desde la perspectiva de las organizaciones , el departamento del Tolima hizo parte del Foco de recuperación por parte de los gobiernos del expresidente Uribe. En gran parte del informe se establecen procesos de identificación de proyecto de vida desde una percepción de necesidades mediada por la población civil y los prejuicios o imaginarios que la misma pudiera tener frente a las necesidades de los excombatientes, desde el discurso de la inclusión social y la reunificación familiar en el departamento. Un constante juego de palabras que nos permiten leer la percepción compleja de la misma, frente lo que puede ser un proyecto de vida o un entorno seguro para una población a la cual se dirige un programa desde la cual ha sido excluida en el proceso.


Se analizan de manera paralela la estabilidad económica de la población desde imaginarios de empleabilidad y el cómo afectaría la economía departamental, se alimentan juicios al territorio desde mapeos entorno a la incidencia guerrillera en épocas de posconflicto y lo lugares que probablemente se vean afectados en procesos de recuperación y habitación de la población excombatiente. El presente informe nos permite establecer la relación entre los intereses de las mismas y la poca confianza del gobierno departamental por el proceso de las FARC y los acuerdos de la Habana especialmente desde la intermediación de agencias internacionales que tratan de mostrar un discurso del enemigo interno y el terrorista en territorios de contextos diversos, desde la generalización de patrones y mapeos que ponen en duda la confianza y viabilidad de lo dialogado en La Habana, una constante de percepciones externas que buscan polarizar desde la lectura de la ritualización de prácticas de desconfianza frente al enemigo desde lecturas económicas del conflicto que se ahondará en la siguiente fase y su correlación con posibles conflictos identitarios o territoriales del contexto. En compañía de “Dinámicas del conflicto armado en Tolima y su impacto humanitario” (Fundación ideas para la paz, USAID del pueblo de los Estados Unidos de América, & Organización Internacional para las migraciones, 2013) nos permite reconocer dinámicas económicas entorno al análisis de dinámicas y patrones entorno al conflicto y las negociaciones de paz de la mano de USAID y la OIM, reconociendo dinámicas en el conflicto armado en el cañón de las Hermosas y el golpe económico que recibe por las dinámicas de conflicto territoriales. Nos contextualiza entorno a los corredores de movilización entre departamentos y las dinámicas que favorecen, a su vez reconoce las dinámicas en torno a dinámicas de narcotráfico a su vez relacionada a dinámicas de bandas criminales, temas de microtráfico y reclutamiento de menores; por otro lado analiza temas en torno a los índices de homicidio y desplazamiento forzado relacionado a departamento de la zona centro y noroccidental del departamento ligado a procesos de restitución de tierras.

Relaciona a través de mapas la presencia de los grupos armados al margen de la ley en las últimas décadas en torno a dinámicas específicas entorno a la economía y la posición geográfica del departamento como corredor al norte y sur del país, reconoce los múltiples movimientos de la guerrilla de las FARC en el suroriente del departamento para los años 80 (1980) para la siembra de cultivos ilícitos, y la implementación de la política de seguridad en los gobiernos de Alvaro Uribe Velez. Reconoce las múltiples operaciones militares como oportunidades para abrirse camino en los territorios, analizando de manera paralela el conflicto a través de cifras entorno al número de acciones y sus intereses, reconoce los ataques como apoyo humanitario y es medido en bajo, medio o alto esfuerzo militar diferenciado entre las FARC, bandas criminales y grupos paramilitares. El mismo busca reconocer y analizar dinámicas históricas y recientes del conflicto en torno a temas de ayuda humanitaria, buscando contribuir a la comprensión de la configuración de los grupos armados. Analiza dinámicas de homicidio y su aumento o reducción a lo largo de los años relacionado a las dinámicas del contexto y comparado a la población total en el territorio en comparación entre municipios, desde el reconocimiento de hechos sospechosos por autores desconocidos, de igual manera analiza los secuestros y las dinámicas entorno al mismo en comparación con la implementación de minas antipersonas y otras dinámicas de violencia. Reconoce al departamento del Tolima como la cuna de las Farc y su relevancia geoestratégica, reconoce que la identificación de actores no es lo suficientemente clara ligada a procesos de limpieza social y extorsión, estigmatiza municipios como Ataco, Planadas, Rioblanco y Chaparral relacionado a sus altos niveles y tasas de homicidio.

47


La construcción colectiva sobre la imagen del territorio está mediada por los testimonios y la manera en que funcionan las dinámicas veredales y territoriales desde las asociaciones de sus habitantes y visitantes es decir lo vínculos identitarios aparecen a flote desde investigaciones sobre la construcción de memoria individual y colectiva a través de entrevistas y trabajo de campo, como es el caso de “Reminiscencias de la violencia: el caso del Sur del Tolima” (Dueñas, 2016). Aparece como un análisis interpretativo a procesos de justicia transicional y el desarrollo de la violencia y el bandolerismo en el sur occidente del departamento, desde conceptos abstractos como el olvido, la muerte, el individuo y el ser social, para la construcción de memoria desde el reconocimiento de batallas internas desde el desarrollo de ejes críticos en torno al funcionamiento del olvido institucional y el aporte a las organizaciones o proyectos de las víctimas para la lectura de narrativas persistentes en el territorio el cual llame “el diseño del terror” el cual aparecerá en la siguiente fase, especialmente desde la percepción del departamento del Tolima y la concepción del territorio como peligroso especialmente entre lapsos de tiempo como 1946-1963 y 2002-2007 con la aparición de los bloques de autodefensas. Todo esto desde la interpretación de imaginarios colectivos y su capacidad de generar identidad, el cómo el olvido refleja una inminente destrucción de un componente de remembranza desde sus funciones sociales desde Augé desde la revisión del lenguaje y la manera en que se nomina desde los periódicos bipartidistas de época. A su vez hace una revisión a la imposición de narrativas nuevas que impiden las conversaciones entre el testimonio y relatos de las víctimas, el pasado y las condiciones del territorio. Problematiza de manera paralela, la función de las comunidades por generar narrativas propias y el como la memoria nacional discrimina e impide la construcción de visiones imaginadas de nación, desde el reconocimiento de las políticas de memoria de carácter público y

48

estatal, frente a los procesos autónomos de las comunidades y el cómo se eclipsan para consolidar una determinada interpretación de un hecho relevante, y el cómo se empotra el imaginario colectivo desde el menosprecio de la luchas ajenas, y el cómo exigir a la víctimas vivir procesos desde miradas institucionales puede ser contraproducente para las mismas, desde el “nadie puede obligarlos a perdonar, puede ser engañoso o poco productivo” (Dueñas, 2016) Identifica los imaginarios existentes pero sobre todo reconoce la utilización de discursos hegemónicos y versiones legítimas desde las que se inscriben relatos nacionales eclipsados con el recordar hechos cercanos y experiencias personales entendiendo la manera en que aparecen y las dinámicas del territorio. A su vez realiza un análisis desde hechos relevantes y el cómo se relacionan a acciones de los actores, desde la interpretación de repercusiones políticas y las filiaciones, su aparición temprana anterior al Bogotazo y el cómo es recibido en torno a fenómenos como el bandolerismo y las dinámicas de filiaciones políticas en el sector rural, reconoce la violencias estructurales como lo son los discursos homogeneizantes y segregantes de los periódicos y los informes policiales de época que permitieron dinámicas impulsadas por el sector conservador que permitió rupturas en el tejido social y la importancia de la justicia transicional para mitigación del fenómeno. Por otra parte realiza lecturas de grados de poder y la función de los medios de comunicación para la construcción de simbolismos y facciones, desde la interpretación de visiones de paternidad las cuales serán abordadas en la tercera etapa desde Arturo Escobar y el diseño autónomo para las transiciones; a su vez relaciona dinámicas de protección y creación de heroísmos en el territorio desde poderes otorgados por imaginarios sociales y modelos de pensamiento machistas preexistentes que se aproximan a dinámicas de abuso sexuales y misoginia. El cómo aparecen visiones diversas sobre los héroes y enemigos de las comunidades, el cómo hay visiones de héroes y malandros


desde la revisión de la locución de los testimonios, en gran parte mediadas por el olvido traumático y la construcción de narrativas que construyen “un país que solo le duele a Bogotá” (Dueñas, 2016). De igual manera aparecen en territorio perspectivas epistemológicas diversas como lo es el caso de “Sentido y Memoria del Acuerdo de Paz Nasa We’sx: La autonomía como posibilidad” (Barros Navarro & Padilla Quintero, 2017) como una oportunidad para adentrarse en la importancia del relato y la tradición oral como ejes fundamentales para el desarrollo comunal, una propuesta valiosa por reconocer al otro desde la búsqueda de generación de conversaciones entorno a la revelación de situaciones de poder desde lecturas conscientes del rol indígena por asumir control sobre los territorios desde perspectivas sociales y políticas, desde el reconocimiento de la autonomía como eje fundamental para el sentido y el develamiento de posibilidades en el mismo. El reconocimiento del sentido de coherencia entre acciones, permite reconocer sentidos relacionados a la alteridad y pertenencia, desde el reconocimiento del pasado que ya ha pasado y el futuro abierto, incierto e indeterminado que está mediado a través de las representaciones y sus intencionalidades para ese futuro inminente, el cómo se subsidian deudas por deudores insolventes desde narrativas alternativas desde el territorio de las memorias privadas, ocultas en el ámbito de la intimidad integrados a actos conscientes de resistencia. Es la correlación de una guerra ajena para muchos desde los contextos y ambientes cercanos desde la narración y la perspectiva de actores diversos involucrados, relacionadas a acciones diversas de resistencia, pero sobre todo un reconocimiento holístico de manifestaciones y nodos que permiten realizar una lectura sistemática del fenómeno desde tiempos de la colonia, la relación de los actores con el territorio y las dinámicas de poder inmersas. es frente

En contraste, con el trabajo desarrollado junto a la comunidad Nasa We’sx (Barros Navarro & Padilla Quintero, 2017) aparece desde la Universidad de Ibagué, una propuesta pedagógica por desarrollar memoria histórica a nivel regional situado en una cátedra de Lectura y escritura a través de “Relatos de Guerra y reconciliación. Una experiencia de escritura académica” (Sánchez Marroquín, 2020) para el redescubrimiento de episodios inéditos cargados de subjetividad y cargas efectivas de los estudiantes a través de un somero ejercicio de contextualización a través de material audiovisual y lecturas que permitieron acercarse al territorio desde las aulas de clase, intermediado por un ejercicio de sensibilización entorno a pensamientos, y sentimientos que se vieron en procesos de censura y eclipse por parte de las narrativas construidas, a partir de 4 ejes fundamentales con los nombres de “Abandonaron todo para volver”,”Quedaron vivos para contarlo”,”Familias destruidas por la violencia” y “Las armas como opción de vida” (Sánchez Marroquín, 2020). Parte de este ejercicio de escritura fue un proceso de los estudiantes contando en primera persona los hechos narrados por el actor o testigo, una constante en el lenguaje que beneficiaba a unos pero ponía en disputa a otros, a través de la corrección ortográfica y de estilo por parte de la docente, en un proceso que abre la caja pero no la cierra, esto sumado a visiones de superación personal continua y la predominancia en las víctimas como objetos de reflexión. En las narraciones se puede entrever las narrativas de los estudiantes y los actores entremezclados por el lenguaje técnico y la predominancia en elegir qué contar del testimonio como acción inconsciente de los estudiantes y rasgos de insensibilidad por parte de los mismos al elegir y cortar narrativas, es una constante lucha entre el relato de los actores por salir a flote a través del lenguaje desarrollado por los estudiantes, nos permite develar estructuras en los textos desarrolladas en las categorización y clasificación de los individuos a partir de los 4 ejes fundamentales y en la manera en que se narran las mismas.

49


Sin embargo, a pesar de generar conflictos estructurales en el lenguaje nos permite rescatar el valioso ejercicio de revisar y dar importancia a otras voces poco convencionales, establecer relaciones de asiduidad, reconocer al Estado en su faceta de provocación y diferentes dispositivos, lenguaje y costumbres que giran alrededor del conflicto, reconociendo la persistencia de los mismos y la manera reiterativa en la que aparecen. Se establece un lenguaje descriptivo y organizado que permite entrever quién es el actor que narra, pero sobre todo nos permite comprender la profunda necesidad por realizar estrategias de sensibilización profunda entorno a la transcripción de testimonios y el cuidado del lenguaje en torno a temas como lo son pretensiones o juicios externos por parte de los estudiantes, un estudio constante del imaginario colectivo en la violencia yel conflicto armado como fenómeno social, para establecer relaciones entre el contexto y la academia. Existe una constante en el trabajo de memoria por narrar las acciones ocurridas tiempo atrás, de dar valor al testimonio como lo es “La flor escondida del Tolima” (Fundación Yapawayra, Andrade Porras, & Parra Correa, 2017), la cual nace desde la estrategia “Más allá del conflicto, sur del Tolima” desde organizaciones autónomas en busca de identificar y sistematizar participativamente las memoria de Gaitania y la ribera alta del río Ato, acompañado de procesos sociales de diálogo y construcción de sentido en torno a la resistencia y formas de vida, desde el deseo de “dejar la semilla para las generaciones futuras, de generación en generación” (Fundación Yapawayra, Andrade Porras, & Parra Correa, 2017), una constante por restaurar la confianza en el territorio, vencer el silencio a través de las artes y los medios audiovisuales. En busca de recuperar el poder de la palabra y construir nociones, memorias y puntos de partida para la construcción de las mismas desde la promoción de diálogo entre actores, sumado a propuestas para trabajar en aulas de clase y organizaciones; una constante por dar sentido a vidas de resistencia y arraigo entorno al territorio por aprendery frente

50

y transformar los mismos desde el sentido de la comunidad del rio Ato, desde el reconocimiento continuo de las dinámicas veredales y las relaciones históricas preexistentes entre indígenascolonos, campesinos-indígenas y campesino-indígenas-FARC. Reconoce el sentido de las dinámicas en el territorio desde la construcción de objetos morales y éticos, figuras heroicas y actores comunes entorno a la desconfianza desde la invitación a establecer comunidades, agrupaciones sociales y colectivos para reconocer la memoria como un acto de resistencia. Un ejercicio de transparencia mutua, desde la cual no es necesario hacer una categorización de los actores sociales, una transcripción desde las voces mismas de los involucrados, invitando a reconocer las casualidades con propósito en la peor de las situaciones. A su vez establece una retrospectiva de la aparición del conflicto desde épocas de la colonia acompañado de los testimonios y tradición oral de la comunidad indígena Nasa ligado a los procesos de colonización y habitabilidad del territorio, reconoce distintas formas de poder y devela relaciones entre los bastones de mando y los fusiles utilizados por los actores armados de las FARC. De manera alterna establece un sentido entorno a “La vida más allá de la guerra” invitando a la comunidad a cerrar ciclos y reflexionar entorno al pasado, a las manera de habitar y trabajar la tierra, a comprender el sentido de alteridad desde las prácticas mismas de quienes habitan el territorio y sus formas de hacerlo. Reconoce los impactos de la guerra de manera contextual y los relaciona entorno a las diferentes percepciones de comunidad que habitan el territorio desde el recorrerlo y la cotidianidad misma para “disponer el cuerpo y dejarse deslumbrar” (Fundación Yapawayra, Andrade Porras, Parra Correa, 2017). En busca de acercarme a procesos académicos en torno a la manera en que se construye el lenguaje y se genera memoria a través de los textos académicos y reconocimiento de las dinámicas


de violencia presentes en el departamento Tolima, desde el Estado del arte, tuve la oportunidad de encontrar puntos de partida desde “Antropología de la inhumanidad: Un ensayo interpretativo sobre el terror en Colombia” (Uribe Alarcón, 2018). Uribe propone desde hace más de 10 años, distintos análisis interpretativos entorno a la violencia los cuales aparecerán más adelante en la tercera fase entorno a la construcción del lenguaje y la estética de la violencia; establece conversaciones en torno al rechazo del olvido y silencio institucional desde el estudio de las masacres y el lenguaje judicial que los acompaña, construye de manera paralela un marco de interpretación de la violencia en el departamento del Tolima entorno a la “Guerra en contra de la población civil” (Uribe Alarcón, 2018). Reconoce múltiples oportunidades desde el ampliar la concepción del cuerpo más allá del muerto permitiendo la construcción de relaciones de empatía y las dinámicas humillantes y performativas de la violencia en Colombia. Destaca de su trabajo la importancia por trabajar en el sector rural desde la interpretación de las dinámicas veredales, a su vez reconoce la aparición del narcotráfico como una oportunidad nociva en medio de la crisis, nos permite adentrarnos en el mundo de lo mediático desde la interpretación de los periódicos bipartidistas del departamento en el lapso de tiempo entre 1940-1960 y su papel fundamental en la diseminación de la violencia, recurre a los términos “País Político y País Nacional” construidos por el liberalismo Gaitanista a finales de los años 40. Construye una hipótesis concreta en torno a la importancia de la tradición oral, las comunicaciones informales y el chisme en la construcción de memoria colectiva, esto acompañado por una lectura alterna de Malcom Deas y su ensayo sobre la política y la gramática (Deas, 2019) en donde se relaciona la forma de comunicación por los caminos de herradura y la construcción de versiones y emisión de mensajes entre licoreras y tabaquerías, que permitieron la redacción de informes policiacos y estigmas morales en el territorio referenciando los hechos a las filiaciones políticas de los implicados, favoreciendo a una de las partes.

Establece una crítica constante entorno a lo difícil que puede ser la interpretación de “datos duros” como lo son cifras, nombre y filiación política; reconoce los crímenes de la fuerza pública y la función de las elites en la diseminación de violencia. Reflexiona entorno al honor de las fuerza pública y el cómo las masacres por parte de la policía “chulavita” consolidaron dinámicas en los espacios, la relación entre el espacio público y privados, siempre presidida por rumores, presentimientos y avisos de anunciamiento, él como los espacios de intimidad están lleno de significados desde la comprensión contextual en relaciones de intermediarios y canales diversos en la aparición de odios y grupos armados al margen de la ley. En aras de realizar acercamientos a ejercicios de memoria desde la literatura, descubrimos un sin fin de posibilidades a través de “Guayacanal” (Ospina, 2019), Ospina hace un retrato familiar desde la construcción de una retrospectiva de Guayacanal, Padua, municipios y veredas del Noroccidente del departamento del Tolima, en donde nos deja en claro que las fronteras territoriales y departamentales desaparecen por las trochas que recorre, a través de una narrativa singular llena de imágenes, presenta a manera de interpretación la manera en que se habita en el territorio desde una oda a la tradición oral, al escuchar a otros que nos permite evocar y relacionarnos con los sucesos nacionales y regionales. Desde la tradición oral nos presenta la presente colonización del territorio entre cordilleras y el procesos que que nos permite acercarnos a procesos violentos de despojo pero sobre todo a la construcción de tejido social, realizando un recorrido por sus memorias personales mientras las relaciona con actores armados, campesinos y entes extranjeros y sus acciones por colonizar la selva virgen de los páramos del noroccidente, él como un territorio se configurar entorno a un modelo de civilización que trajeron consigo fiestas, terrores y magias que los territorios nos ofrecen vinculado a la configuración del mismo, es la narrativa de una Colombia en decadencia en los años 50, es la reconstrucción histórica desde anónimos desde la apuesta de Ospina por recuperar la memoria del país y su territorio.

51


“Pero en los momentos de conflicto, cuando la seguridad pública está amenazada, cuando la patria nos llama en su auxilio, nuestro deberes aumentan con otros de un orden muy superior. Entonces la patria cuenta con todos sus hijos sin limitación y sin reserva: entonces lo gratos recuerdos adheridos a nuestro suelo, los sepulcros venerados de nuestros antepasados, los monumentos de sus virtudes, de su grandeza y de su gloria, nuestras esperanzas nuestras familias indefensas , los ancianos, que fijan en nosotros su mirada impotente y acongojada y nos contemplan como sus salvadores, todo viene entonces a encender en nuestros pechos el fuego sagrado del heroísmo.” (Carreño, 1860, p. 32)

La educación y sus formas de interpretar el conflicto. Parte de este proceso está mediado en comprender las visiones que aparecen en el conflicto y cómo se construye una concepción del mismo, no solo desde informes y narrativas literarias, sino a través de la educación primaria y secundaria, para descubrir allí el cómo se instauran imaginarios de país desde las cátedras de ciencias sociales. Una de las mayores reflexiones en torno a temas han sido generadas en mí, a través de los apartados para las escuelas en muchas de las propuestas de construcción de memoria pero principalmente con “Memorias, subjetividades y política” de Gonzalo Sanchez Gomez (2019) con sus apartados el “El inacabado proceso de formación de un historiador” y “Diez paradojas y encrucijadas de la investigación histórica en Colombia”. Parte de sus reflexiones alumbran entorno a “Para reconstruir el país hay que repensarlo” especialmente desde lo perplejo que es la construcción de paradigmas metodológicos en torno a paradigmas políticos desde la construcción de paradigmas políticos entorno a los grandes sistemas de pensamiento que se construye desde la escuela.

52

Imagen 23: Los pajaros, Juan Gonzalez


Especialmente desde su percepción e invitación a reflexionar entorno a la construcción de un paisaje más grande entorno a la historia, nos invita a reflexionar entorno a la historia como un montón de fragmentos de una imagen, que al hacer una revisión sistemática nos permitirá entender la historia de manera interconectada, en conclusión nos remite a una reflexión personal que nos conecta a su hipótesis “La suma de historias regionales no nos da la historia nacional”, en parte nos invita a reflexionar entorno a la importancia de comprender la historia y reinterpretar desde dimensiones complejas que nos permiten nuestro cometido. De manera paralela, Barragan nos (s. f.) nos permite entender la importancia de estudiar la historia desde los niños, entorno a la Huella histórica y su capacidad para enseñar a los sujetos a tomar decisiones entorno a la agencia que representa, parte del mismo es un estudio entorno a las implicaciones que tiene enseñar historia y la importancia de reflexionar entorno a los diversos ámbitos de la sociedad que nos convierten en agentes históricos. Permite que se reconozca la injerencia de las generaciones venideras en la construcción de historia, sin sobreestimar o subestimar nuestra capacidad de incidir misma, desde la reflexión de la agencia y su capacidad, la importancia de leer la historia desde abajo yla construcción de raíces firmes relacionadas a las experiencias domésticas.

Relaciona lo que se enseña de historia en los últimos tiempos con el cuestionamiento de verdades oficiales y reflexiones entorno a hacer visibles versiones subalternas, desde donde se busca propiciar nuevas generaciones desde el campo estratégico de la formación política escolar en contra del modelo hegemónico; reconoce la capacidad de “oficializar” o “institucionalizar”, especialmente desde los usos de la memoria para justificar la repetición del pasado como legitimación y la transformación del presente, desde la exposición de múltiples formas de enseñanza. Reflexiona entorno a los prejuicios y relaciona estudios de Arias y Suarez (2014) en donde a través de una práctica reflexiva se realiza un análisis profundo y rico sobre las narrativas emergentes y el protagonismo político de los estudiantes para abordar la formación política en contraste con la academia tradicional. Todo esto fue una invitación para acercarme a el análisis de textos escolares para entender la manera en que exponen sus narrativas en torno a conflicto y sus actores, a través del texto de Ibagón-Martin & Chisnes (2019), en un principio nos presenta la realidad en las escuelas del país en donde la palabra violencia y conflicto han sido apropiadas en el contexto de nuestra sociedad Colombiana lo cual impide la comprensión del pos-conflicto como una realidad nacional.

Todo esto me permitió reflexionar sobre la educación que recibí en educación primaria pero especialmente la mirada histórica que se le atribuyó en temas de paz, especialmente desde el enfoque socio humanístico de la institución donde curse del grado noveno al grado once.

Reconoce el texto escolar como una manera de rastrear o construir un retrato desde los currículos oficiales, desde sus características y comprensión de la violencia en un momento determinado, ligado a procesos, coyunturas y hechos históricos que se han transmitido de generación en generación, en su mayoría cargado de nociones de “triunfo, victoria y grandeza” (Ibagón-Martin & Chisnes, 2019, p. 205).

A partir de estas reflexiones tuve la iniciativa de acercarme a abordajes escolares, especialmente desde los libros de texto, en este caso desde “Abordajes escolares de violencia política y el conflicto armado en Colombia” (Arias Gómez, 2018) y su estudio sobre las categorías analíticas en medio de procesos de transición democrática entorno a crímenes y ejes de convergencia desde Jelin (2003)

Reconoce los esquemas de memoria oficial que buscan asegurar en determinados territorios un orden identitario desde posturas legítimas del Estado, desarrollando un análisis interpretativo de 25 textos de Historia y Ciencias Sociales publicados entre el años 1969 y 2017 a través de la interpretación de la participación de las guerrillas, paramilitares y el estado en esta “historia difícil”.

53


Establece las fechas en 4 periodos de clasificacion enumerados en: 1) pre-desmovilización M-19, 2) Post-M-19 / Pre negociación con paramilitares, 3) Post-Paramilitares / Pre-negociaciones FARC y 4) Acuerdo Farc (Ibagón-Martin & Chisnes, 2019, p. 207). En los mismos reconoce una visibilización parcial o fragmentación en la comprensión en el reconocimiento de la existencia de un conflicto armado, si bien en los textos de la primera franja reconoce es un conglomerado de eventos importantes a través de un relato basado en periodos presidenciales desde la versión oficial difundida y defendida por la Academia Colombiana de Historia (ACH) desde narrativas que favorecen a sectores políticos en la mayoría de los libros de la segunda mitad del siglo XX. Reconoce que los procesos de negociación influyen en gran manera en la viabilidad y formas de interpretar el papel de los actores armados, reconoce que alguna de las fuentes hacen alusión a dispositivos y actores subversivos siendo enmarcados en “delincuencia común y atroz” (Ibagón-Martin & Chisnes, 2019, citando a Granados, 1972, p. 481), conforme pasa el tiempo los libros van ampliando su mirada, sin embargo en el cuarto grupo reaparece una cercanía a procesos reflexivos en torno a la constitución del 91, retomando ideas relacionadas a las violencia partidista, formación de grupos armados y las repúblicas independientes a diferencia de las posturas de la primera categoría, que buscan entorpecer el desarrollo del país y los responsabiliza del atraso económico. A su vez, el análisis interpretativo permitió develar mecanismo de defensa entorno a la legitimación de acciones de hacendados, ganaderos y esmeralderos ante los ataques que recibían por parte de los actores armados, sin embargo reconoce que no existía una profundidad analítica ni mediaciones pedagógicas que contrastaron una reflexión de la presencia de grupos paramilitares y sus efectos adversos, siendo llamados como “grupos de presencia con presencia en el campo, grupos de "justicia privada”, grupos que combaten a la guerrilla en determinadas regiones”, sin reconocer lo peligrosas que

54

fueran las primeras expresiones paramilitares en la década de los setenta, y la promoción de formación de grupos contrainsurgentes, para en el presente seguir legitimando la existencia de las mismas como una idea de amenaza y protección en contra de las guerrillas. Reconoce la constante de los textos escolares por legitimar las acciones violentas del Estado como decisiones de pacificación, eclipsando como una acción que disemina violencia sino como una acción legítima, a su vez reconoce que en gran parte de los textos escolares revisados se evidencia que el Estado no representa ninguna parte significativa de las acciones en el marco del conflicto. En el mismo contexto nos encontramos con “La violencia contada a los escolares. Conflicto social y memoria en los manuales educativos del siglo XX” (González, 2014), busca aproximarnos a los textos escolares y la manera de abordar la violencia en relación a visiones políticas y las características de la industria editorial, y dinámicas que tratan de negar la violencia. González estudia la relevancia de los fenómenos en los textos escolares, estudiando sus narrativas y la forma de construir formatos para el olvido y la exclusión, reconoce las narrativas del conflicto en los textos escolares como un repertorio contemporáneo que denomina “Políticas de la memoria” (González, 2014), establece una retrospectiva entorno al pensamiento patriótico que aparece entre los años 50 con el fin de la segunda guerra mundial, como un hecho de dominación, desde la construcción de un “pasado heroico, casi mítico, y con ello evitar la irrupción de ideas subversivas o la penetración del comunismo” (González, 2014, p. 34). Estudia la posición del Ministerio de Educación Nacional (MEN) entorno al control ejercido en la formación y desarrollo de pensamiento nacionalista, entorno a modelos de ciudadania que responden a ideales conservadores, reconociendo las narrativas otras como narrativas con “bases inexactas” que desvirtúan la “interpretación patriótica” y moldean el “alma colectiva”,


contrarias a las tradiciones de “pasado glorioso” y por ello establece una vigilancia por parte del Estado a las mallas curriculares y la producción de material didáctico (González, 2014, p. 35). Reconoce el papel de las elites conservadoras en la construcción de narrativas desde “visiones cristianas” y la necesidad de las comunidades religiosas de producir contenido didáctico desde sus editoriales, en donde se establecen categorías en torno a “Los textos de buena y mala educación”, desde los mismos se influenciaba a la población común a estigmatizar al liberalismo como “la máquina de guerra que sirve para excluir a Dios de todas parte”. (González, 2014,) Interpreta desde el estudio de los textos escolares una variable para reconocer actores políticos delimitados bajo tintes de índole moral, desde una estética del lenguaje extranjero enmarcado en “ideas de carácter comunista” como oportunidades de fragmentar al país. Un ejemplo claro es la primera generación de textos, estableciendo el 9 de Abril como una conspiración o estrategia para la toma de poder, influenciada por entes internacionales como una labor de “descristianización”. Simultáneamente, reconoce discursos entorno al civismo y urbanidad, desde la obediencia y la moralidad en la segunda mitad de los años 70, comprende a su vez que con el paso del tiempo y los hitos históricos se empiezan a construir relatos entorno a la comprensión de la realidad nacional con los estudios de Orlando Fals Borda, German Guzmán y otros. Aún cuando la Academia Colombiana de Historia se mantiene en forjar una historia nacional desde hechos, acontecimientos y personajes; acompañado de la imagen de Gaitán tomando relevancia a través de los años, se reconoce la historia como un estudio social, aún después de su muerte las editoriales y el Estado se preguntan entorno a las responsabilidades relacionadas a su asesinato, son tímidos en comprometer un sector político intentando brindar elementos de contexto que nos permiten preguntarnos entorno a lo ocurrido.

Todos estos cambios, nos permiten revalidar los actores sociales, reflexionar entorno a los estigmas ligado a los proceso de mitades de los 80 por reconocer el país más allá de la política bipartidista, en el panorama se deja de hablar de bandoleros o chusma y se empiezan a observar un carácter de rebeldía, guerrilleros e insurgencia. Reconoce la incapacidad del cuerpo docente por generar contenidos reflexivos en torno a la historia, a su vez cuestiona la manera en que se reproducen los libros de textos escolares y los manuales en clase, a su vez con la acogida de textos colectivos desde la interdisciplinariedad aun cuando se sigue segregando la historia del país, se establecen categorías específicas desarrollada por los autores en torno a la institucionalidad y caracteres del desarrollo industrial del país, así como una interpretación de la violencia desde finales de los años 40. En definitiva, reconoce que la guerra tiene una base en el “odio ideológico” en los textos, en los cuales la guerra es llevada por campesinos incultos en lejanías de la capital del país interpelando responsabilidades políticas, para a mediados de los años 90, reconocer las acciones guerrilleras como una resistencia civil. Por último, en este campo de investigación emergieron preocupaciones en torno a la investigación de las miradas a los currículos construidos entorno a miradas éticas y políticas de la violencia en el país, con ello apareció “El conflicto armado y la violencia en los libros de texto escolares de ciencias sociales: miradas desde su campo investigativo” (Escobar Rincón, 2018). Desde el principio aborda el estudio de la historia reciente para analizar periodos de difícil asimilación, en busca de visualizar narrativas desde sectores olvidados y aportar un sentido de legitimidad y conciencia histórica que nos permita la reflexión y el abordaje acompañado del estudio de los estudios culturales entorno al modelo civilizatorio hegemónico a partir de Hyussen.

55


Confronta el surgimiento de nuevas voces, narraciones, identidades y subjetividades en contraposición a las narrativas abordadas desde el ámbito académico para la construcción de versiones alternas para su libre circulación, reconoce que es imposible ser neutral en la construcción de narrativas y la influencia que tienen las mismas en la construcción de estigmas y sentidos sociales, en la búsqueda de nuevas apuestas por desarrollar historias que nos permitan entender de manera conjunta el valor de los actores, instituciones y la sociedad misma. Reconocen en los textos una constante por imponer desde referentes ideológicos visiones del mundo desde la globalización desde la omisión y énfasis de ciertas perspectivas epistemológicas, orientados en la exaltación del patriotismo y la unidad nacional desde someras imposiciones de versiones homogéneas sobre nación enfrentado a otras perspectivas epistemológicas decolonizadoras. Reflexiona entorno a los libros como lugares de memoria, en donde se integran visiones legítimas de lo sucedido y el conflicto al que entran al establecer un diálogo con otras memorias, a su vez reconoce su labor legitimante entorno a la construcción de identidades nacionales y la influencia desde la estigmatización de los saberes, desde la omisión de las causas de represión, la responsabilidad estatal y la importancia de las luchas de los movimientos sociales.

56

Imagen 24: La verdad, Juan Gonzalez


“La soledad le había seleccionado los recuerdos, y había incinerado los entorpecedores montones de basura nostálgica que la vida había acumulado en su corazón, y había purificado, magnificado y eternizado los otros, los más amargos.” (Márquez, 2017, p. 127)

Imagen 25: Las llaves, Juan Gonzalez (Fotografia Museo Colonial)

La institucionalidad, tensiones entre las regiones y la posteridad a través de la museología. Al momento de construir el contexto en el cual nos encontramos, podemos descubrir con el paso del tiempo que la construcción del lenguaje es un proceso histórico, como pudimos mencionar en el contexto bajo la creación del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) se anexó el Museo de Memoria Histórica como producto de los procesos del CNMH.

Presenta a su vez el conflicto armado como un hecho inconcluso y que el Museo busca ser resistencia frente al olvido desde el reconocimiento de las diferencias entorno a las causas e impactos de la violencia desde el decreto 4803 de 2011 bajo la creación del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); una historia de sobrevivientes que buscan sensibilizar al país y crear una ruta de acceso Para el 2018, el Museo de Memoria Histórica publicó su guión a establecer su mirada en lo “necesario” desde tramas compartidas. museológico (Museo de Memoria Histórica de Colombia, 2018) en aras de proyectar la construcción del mismo, en busca de generar Simultáneamente busca reconocer las distintas clases de violencia discusiones en torno al tema desde las múltiples esferas, la desde los imaginarios en los que aparece para la transformación de construcción de una conversación entre actores y esferas de poder. El conceptos sociales que naturalizan la guerra, desde la construcción mismo reconoce que las víctimas no buscan venganza sino narración de una narrativa desde el duelo privado y la construcción colectiva (Museo de Memoria Histórica de Colombia, 2018) desde la formulación de una “conmemoración pública del conflicto” desde los procesos de un espacio que contenga sus voces a través de las experiencias autónomos desde las comunidades. entorno a los lugares de memoria construidos en el territorio.

57


El Museo de Memoria Histórica busca a través de sus exposiciones mostrar la diversidad de involucrados desde el reconocimiento de un déficit democrático y los derechos humanos en torno al desarrollo de la democracia y la política, desde el estudio de la violentología en busca de conectar las narrativa desde su fragmentación preexistentes y las múltiples formas de violencia, desde la comprensión del conflicto y la guerra como un hecho difícil de explicar. Cabe resaltar que reconoce la guerra como un proceso intencionado que responde a intereses, dinámicas económicas, políticas e institucionales; con el fin de construir una narrativa establece 3 ejes narrativos en torno al conflicto: Cuerpo, Tierra y Agua (Museo de Memoria Histórica de Colombia, 2018) en busca de aproximar las dimensiones subjetivas y sensoriales al territorio desde sus dinámicas y vivencias. A partir y de manera relacionada, aparecen los textos curatoriales del Museo (Museo de Memoria Histórica de Colombia, 2018) en las relaciones que hay entre la memoria y los territorios, desde las relaciones de la comunidad y la espiritualidad, sabiduría, control social, resistencia y formas de ver la tierra, a su vez reconoce a través del agua la manera en que circula la memoria y conecta procesos, identifica dinámicas constantes entre el agua y las comunidades afro. Así que a través de su equipo de trabajo construyen reflexiones entorno a las relaciones de la violencia con el conflicto a través de la interpretación de lugares sagrados y la concepción cosmogónica del territorio desde la traducción mutua de mensajes para ser comprendidas por la población general, en busca de concebir y representar lo que se comunica desde adentro de las comunidades hacia el exterior.

58

Los testimonios a su vez tejen percepciones entorno a ese “endulzar la palabra”, para sensibilizar en torno al lenguaje construido desde la dificultad de traducirlo y compartirlo para narrar lo innombrable o imperceptible, desde la conexión con el territorio y el desequilibrio del mundo, la aparición de resistencias y la noción del territorio como víctima del conflicto; para preguntarnos ¿Cómo traducir la violencia vivida en los contextos rurales a un contexto urbano?, ¿Cómo censuramos al otro desde nuestras implicaciones de sistema mundo?.

Reflexiona entorno al futuro y sus visiones en torno al tejido social, un desconocimiento continuo por las dinámicas del conflicto y desde imposiciones de visiones, busca construir nuevas imágenes a través de opciones de sentidos de oportunidad, desde la resignificación de la tierra desde miradas decoloniales, generando reflexiones entorno a relaciones de supremacías políticas desde el “Ser dueño de la tierra es ser dueño de otros”, hace una retrospectiva de la violencia desde la colonización y conquista de territorios para el desarrollo industrial del país. Una colonización tardía por terratenientes que buscan explotar el territorio en pro de la apertura económica del país a mediados del siglo XX, desde miradas de producción, productividad, establecimiento de monopolios, entre otros. Interpela la relación urbano-rural desde la tierra y los alimentos, la tierra desde un lugar de donde viene lo que comemos y vestimos, una relación de beneficios y luchas por entregar y depender de la misma, la cual aparece en el territorio desde la construcción de los resguardos indígenas como las tierras para ser trabajadas y beneficiar a las urbes, reconoce el racismo implícito en el territorio y las resistencias existentes por pervivir y recuperarse culturalmente de el exterminio y la apropiación de tierras. Reconoce el conflicto como una lucha por la propiedad de la tierra y sus afectaciones económicas, relacionado a las falta de derechos políticos de organización y la restricciones económicas relacionadas a la apertura de la economia , reconoce el agua como un medio de conexión que permite estas dinámicas económicas pero a su vez establece un diálogo entre lo complejo que puede ser la comprensión de dinámicas territoriales ligada al uso del espacio hídrico y las múltiples nociones de concepciones de bienestar desde las relaciones con el mismo en el río Atrato.


“Es decir, lugares de interconexión de procesos y relaciones desde los que se puede construir un relato integrador, plural y relacional sobre la guerra. Son casos que nos permitirán construir, visualizar o mostrar la red de relaciones, procesos, territorialidades y estructuras que explican los hitos, los cambios, casos emblemáticos, procesos de resistencia y el día a día de la guerra.” (Riaño, P. 2016) “-Debían ser como tres mil -murmuró . -¿Qué? -Los muertos -aclaró él-. Debían ser todos los que estaban en la estación. La mujer lo miró con una mirada de lástima. «Aquí no ha habido muertos -dijo-. Desde los tiempos de tu tío, el coronel, no ha pasado nada en Macondo.» En tres cocinas donde se detuvo José Arcadio Segundo antes de llegar a la casa le dijeron lo mismo: «No hubo muertos.» Pasó por la plazoleta de la estación, y vio las mesas de fritangas amontonadas una encima de otra, y tampoco allí encontró rastro alguno de la masacre.“ (Márquez, 2017, p. 127) Parte de acercarnos a estos procesos era reflexionar sobre la intermediación del lenguaje político en la construcción de memoria histórica en el país, reconocer la constante crisis que enfrenta el Centro Nacional de Memoria Histórica bajo la dirección de Dario Acevedo quien ha arremetido constantemente en contra del contenido desarrollado por el Centro Nacional de Memoria Histórica bajo la dirección de Gonzalo Sanchez. Acevedo establece un sesgo que deslegitima los procesos de la organización desmarcandolas como producto de filiaciones políticas específicas de izquierda, dentro de las mismas desconoce 4 años de diálogo social entre diversos actores por construir una vía que restablezca la dignidad de los mismos a través de propuestas pedagógica de orden esclarecedor y comunidad desde la preservación de múltiples narrativas que cuenten “lo que nos ha dejado la guerra” (revistaarcadia.com, 2020).

A su vez, desconoce los procesos de resignificación de las acciones y resistencias, múltiples reflexiones sobre responsabilidades en el conflicto en marco de los acuerdos de paz, desde el desarrollo del acompañamiento y apoyo de acciones colectivas para la construcción de confianza y empatía por las comunidades, reduciendo un uso instrumental de los mismos, reconoce a su vez a los actores armados como perpetradores de una visión de responsabilidad y deja en manos de la víctima la construcción de memoria histórica en el país desde la implantación de una memoria oficial que responde a necesidades específicas de las elites del país. Ignora de manera paralela los desarrollos simbólicos y espirituales en los territorios, pretendiendo acoplarse a valores moralistas entorno al conflicto, pensando solo desde lo humano y material obviando lo no humano e inmaterial, estigmatizando a las comunidades e imponiendo lenguajes entorno al desarrollo de proyectos entorno a la afectación de las comunidades de fe en los territorios. Sin embargo, rescatando la labor del Centro Nacional de Memoria Histórica, me pareció justo abordar la construcción de sentido para la preparación de los diálogos de paz por medio del “Basta ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad” (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013), siendo importante reconocer la importancia del mismo como una invitación continua por reflexionar entorno a la violencia, implicando abandonar la visión de bandoleros y delincuentes para reconocer los múltiples actores armados y el Estado. Busca a su vez meditar y reconocer la memoria como un ejercicio para visibilizar, dignificar y humanizar a las víctimas inherentemente del derecho a la verdad y la reparación como un deber del Estado; ilustra gradualmente las relaciones entre la guerra y el problema agrario en el desarrollo de la colonización y el monopolio del territorio permitiéndonos identificar los motivos e interés de quienes perpetraron las acciones violentas y acercarnos a la comprensión de los daños expuestos en el territorio, es una invitación a hacer memoria de la violencia en un país que no abandona el enojo, la rabia, la impotencia, la culpa y el sufrimiento.

59


De esta manera, generó resonancia en los espacios y dio credibilidad a las amenazas, creó una reputación del miedo mediada por acciones concretas tal y como se pudo observar de igual manera en Antropología de la Inhumanidad (Uribe Alarcón, 2018).

Imagen 25: Dispositivo, Juan Gonzalez (Fotografia Museo Nacional)

Destaca el énfasis narrativo puesto en las facciones políticas, personajes locales y las órdenes del estado en contra de la población civil y su estigma constante en contra de la población, identificándose como colaboradores de los grupos armados, reivindica a su vez la posición de las víctimas como actores para transformar y construir una nueva sociedad desde sus experiencias y reflexiones. Inscribe la violencia como un producto de acciones intencionales que están inscritas en deseos políticos relacionadas a alianzas complejas ligadas a dinámicas territoriales de dominación, una constante de estrategias por obligar a mantener lealtades infringidas que alimentan nociones de comprensión extendida y estigmatización en algunos casos, como lo es la interpretación de comunidades enteras con una facción o bando político específico.

60

Reconoce un desarrollo estratégico en el diseño de prácticas del terror que permiten silenciar a las víctimas y garantizar la impunidad en los crímenes, relacionada a su vez con procesos de la política de seguridad democrática que permitió múltiples enfrentamientos entre las fuerzas contrainsurgentes y la guerrilla, y de manera conceptual la estigmatización y desaparición de miles de personas, desde el modelo de retenciónejecución en donde la víctima es asesinada en la clandestinidad, a su vez reconoce los multiple roles relacionados al género, clase social y filiación política en pro de devastar a los sobrevivientes y enviar mensajes concretos.

“Es que al desplazado no le importa tanto lo material que pierde, sino la pérdida de su bases social, su arraigo, su entorno. O sea, es que uno tiene que ser desplazado para narrar esto, pues. Alguien que nunca ha sido desplazado no puede tener ese sentimiento. Es que el desarraigo de las comunidades, el hecho de… Yo diría, inclusive que era más pobre allá que aquí, pero más rico en todos los sentidos allá. En todos los sentidos, porque allá me estaba yo con mi gente, con mi comunidad…” (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013, p. 73) Me permito reconocer dinámicas de abuso y violencia, abandono y orfandad, la carencia de oportunidades de educación y empleo, oportunidades como consecuencia de un diseño del terror y el miedo, es un conflicto estructural que emerge desde las visiones de paz positiva y conflicto. (Institute for Economics & Peace., 2020), parte de ello equivale a una constante transformación en el desarrollo de material bélico y actividades de terror que incrementan la exposición de la población social y bloqueo económico desde el confinamiento de las comunidades. (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013) Generando una constante desestabilización social y emocional de los sobrevivientes, todo esto en busca de ubicarse en el inconsciente de los individuos e instalación duradera del miedo (Braunstein, 2012),(Sánchez Gomez, 2019), la desconfianza, la ruptura de las solidaridades y la parálisis de un sentido de cotidianidad desde el modo de operar. En la misma descubrimos un lenguaje construido entorno a los medio para infundir o intensificar el miedo con panfletos, comunicados, listas y grafitis con mensajes intimidantes. (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013)


De manera paralela establece la importancia de hacer una diferenciación entre las acciones de las memoria y la justicia, sobre la importancia de una memoria autónoma a la justicia en pro de cuidar a los equipos de trabajo, las víctimas y los actores armados analizando los antecedentes de los modelos de justicia establecidos en torno al conflicto armado interno. (Sánchez Gomez, 2019) (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013)( Riaño Alcalá & Uribe, 2016) Aun así, hace lecturas en torno a los impactos y daños en el conflicto y su relación entre datos duros como las cifras de muertos y pérdidas material en contraste de la información intangible de las víctimas, reconociendo rupturas en el tejido social a través de la implantación de daños emocionales y psicológicos, morales, políticos y socioculturales, los cuales deterioran las relaciones interpersonales y salud física que dificultan el desarrollo de las comunidades y los individuos. Por consiguiente, el miedo se convierte en un dispositivo eficaz para generar emociones paralizantes que impide a las personas a desarrollar actividades esenciales en su vida, se construye modelos de vivir en torno al miedo y la violencia, a manera personal reconozco la importancia de los talleres de memoria que a través de contar permite el sanar colectivamente desde el desarrollo de ejercicios de introspección que reincide en la vida de las víctimas y los actores armados. Todo esto relacionado a dinámicas de desaparición, muchas de las víctimas tomaron una posición de ocultar o prescindir de su identidad, silenciar su pasado, negar su propia existencia para ser relacionadas a un movimiento o facción política (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013) entorno a desarrollo de estrategias de persecución o estigmatización, todo esto implicó el desarrollo de lógicas entorno a la desconfianza, el silencio y el deterioramiento de las comunidades y sus valores sociales esenciales, impidiendo la reciprocidad, participación y autonomía de las misma.

Todo esto ha generado un acostumbramiento social que favorece procesos de pos-verdad y verdades oficiales, que favorece visiones estereotipadas acerca de los territorios sobre lo acontecido y su circulación en medios de comunicación. En contraposición, el CNMH invitaba a las personas a contar sus relatos y construir territorio desde visiones del conflicto que evocan los territorios y sus dinámicas desde el reconocimiento del espacio físico y las historias que guardan o están dentro de ellos, desde las cuales puedan reclamar verdad y justicia. En la capacidad de buscar insertar ese lenguaje y memorias en productos tangibles o intangibles, como se mencionó anteriormente hemos de encontrarnos con las propuestas de museología, principalmente en la construcción de un contexto a través de objetos que permita leer narrativas sobre la identidad nacional. Si bien los museos nacionales son concebidos en la construcción de Estados-Nación como entes importantes para el registro y narración de su historia, desde las múltiples percepciones del pasado y presente nacional (Museo Nacional de Colombia, 2015), para el 2015 el Museo Nacional de Colombia empezó “repensarse” su exposición permanente desde la una constante por parte de sus visitantes por generar reflexiones críticas entorno a los lenguajes racistas hacia la población indígena y afrodescendiente construidos desde las exposiciones permanente (Revista Semana, 2015). Para desde, Museo en tiempos de conflicto: memoria y ciudadanía en Colombia (López Rojas, 2013) y El museo de la memoria y el Museo Nacional de Colombia: el arte de exponer narrativas sobre conflicto armado interno (Guglielmucci, 2015) ser invitados a reflexionar de manera crítica los museos tradicionales y su rol como agentes de cambio más allá de su rol como coleccionistas y conservadores. Parte de ello es una reflexión constante entorno a visiones de vencedores, a través de visiones heroicas centrada en los próceres de la patria, invitan de manera conjunta a los museos a repensarse desde su función historiográfica.

61


Guglielmucci (2015) nos presenta una constante por parte de los visitantes a reclamar narrativas heroicas entorno a la conmemoración del Bicentenario de independencia, sin embargo desde la curaduría del Museo Nacional se ha buscado reflexionar entorno al contexto del conflicto desde épocas de la conquista, en busca de brindar al Museo un carácter reflexivo frente las narrativas otras que no pueden ser ignoradas y deben ser construidas desde los ciudadanos. Por otro lado, Lopez Rojas (2013) nos invita a reflexionar entorno a al conflicto armado y su prolongación a través de sus efectos sociales y culturales, establece que desde el sistema de museos de la Universidad Nacional se ha generado un piso conceptual significativo en torno a las políticas de memoria, el cual se pudo evidenciar en una visita guiada y detenida al Museo Nacional y otros museos de la red de museos del Banco de la República, su construcción museográfica está centrada en desarrollar una visión sistémica del conflicto desde la lectura de las territorialidades y las prácticas comunes, a diferencia de los museos de la red del Banco de la República, la cual nos presenta una narrativa externalista del asunto desde la lectura de la cultura política internacional en el territorio y su relación con el conflicto.

62

Imagen 26: Lineas del tiempo, Juan Gonzalez (Fotografias en el museo de independencia)

"El Estado colombiano, caracterizado por su debilidad, ha sido incapaz de garantizar la ciudadanía moderna que aporte en la construcción de identidad hacia un referente de nación para la totalidad de sus miembros" (Jiménez, 2003; 23). Bajo el desarrollo de la muestra Memoria y Nación en el año 2014, se tenía como objetivo mostrar representaciones que comunicaran una forma de mirar a la nación o al sentido nacional generando cuestionamientos sobre la configuración ciudadana y el Estado Colombiano, el pasado y sus peso histórico en el presente (Guglielmucci, 2015), sin embargo a pesar de sus esfuerzos podríamos denotar una mirada positivista del asunto, a través de la adecuación de un espacio y ubicación de objetos buscando restituir la voz de los enunciadores mixtos que aparecen allí, sin embargo da el peso de la interpretación histórica al visitante, ante la ausencia de una posición o narrativa crítica que lleve a los visitantes a reflexionar. Sin embargo, López (2013) nos invita a reflexionar en gran parte del texto entorno a los discurso católicos y elitistas de la mayoría de las narrativas entorno al conflicto en el siglo XX especialmente insertos en sectores conservadores, estas posiciones sumadas muestran una responsabilidad evasiva que se encuentra desde los museos y múltiples estrategias de construcción de memoria haciéndonos preguntar ¿se trata de un museo plural pero incomprensible? (revistaarcadia.com & Morales, 2015). Aún así, Morales (2015) y Guglielmucci (2015) creen que más allá de nombrar actores en el conflicto y sus posiciones diferenciadas a través de objetos tangibles que permitan entender, debería establecer relaciones y potenciar el encuentro entre visiones diversas de nación, más allá de exponer tapetes con plumas y altares barrocos que promulgan una visión esclavista del asunto, siendo de igual manera importante reflexionar sobre el deber de los museos, especialmente ante la construcción discursiva del


del Museo de Memoria Histórica que debería permitir garantizar el deber del Estado de construir memoria y paz (Guglielmucci, 2015), puesto que el conflicto ha tenido principalmente lugar en las zonas rurales y vive en profunda inequidad social. En consecuencia, la memoria instaurada en el imaginario nacional debe ser una construcción colectiva que nos permita ejercer nuestro derecho cultural y autonomía para la creación de narrativas entorno al conflicto y la historia nacional, sin ser reducidas por instituciones que se rigen bajo estamentos excluyentes desde sus inicios o los ánimos políticos de quienes lo dirigen.

Imagen 27: Baston de mando, Juan Gonzalez (Fotografia en el Museo Nacional)

63


“Un día a solas dibujé un mapa de la república, fui trazando en él uno tras otro los sitios de aquellos hechos violentos, y pude seguir así el rastro de esa tempestad monstruosa que crecía e iba devorando el territorio.”(Ospina, 2019, p. 12)

64

Imagen 27: Continium, Juan Gonzalez


Etapa 2: La penumbra y sus balas perdidas, metamorfosis de la realidad.

P

arte del trabajo de análisis del discurso y entidades, nos hacen pensar sobre lo complejo que es construir memoria en un país que se ha arraigado a narrativas excluyentes las cuales abordaremos en retrospectiva en la siguiente fase de implementación, pero que si bien demostraron que la memoria esta en mano de organizaciones gubernamentales impregnadas de tintes políticos y lenguajes racistas frente a los múltiples actores sociales, de igual manera parte de los ejercicios de memoria estudiados son intervenidos por agendas internacionales que traen a colación lenguajes entorno al “terrorismo” y dinámicas del “enemigo interno”. Nos hace preguntarnos constantemente sobre lo complejo que es hacer visibles procesos que reconozcan el conflicto en el pasado desde perspectivas sistémicas y amplias que nos permitan entender profundamente las causas del conflicto armado y la violencia en Colombia. Esto nos permite ubicarnos y problematizar lo difícil que es generar acciones en el presente y proyectos a futuro que dignifiquen y den agencia a la voz de los actores del conflicto sin revictimizarlas o acoplarlos a estigmas sociales. Parte de estas reflexiones están mediadas por mis acercamientos a comprensiones de la violencia desde la escuela, los museos, informes, narrativas mixtas y la tradición oral, creyendo importante leer las múltiples caras que me han traído a este punto del camino. Para reflexionar en torno a lo complejo que puede ser construir memoria en un país que como dice Gonzalo Sanchez (2019) se niega a dejar la guerra.

Imagen 28: Estancado, Juan Gonzalez

Desde una percepción colectiva que nos permita entender nuestro accionar autónomo que incluya reflexiones en torno a tomar responsabilidad como actores históricos, que permitan acercarnos al ideal colectivo de la no repetición, verdad, memoria y conciencia individual y colectiva.

65


Aun a pesar de los múltiples lenguajes racistas y excluyentes por parte de las entidades estatales reconocemos y valoramos los múltiples esfuerzos de las comunidades y organizaciones autónomas por hacerse parte de la discusión y dar valor a sus palabras, para seguir endulzando la palabra en nuestro país, dando vida a las narrativas desde los territorios y sus formas de habitar, y sobresalir entre miradas hegemónicas de carácter político y económico. Esto nos hace reflexionar entorno a los pasados, la exclusión política representada desde épocas de la colonia a dinámicas de represión y violencia que se ven atadas al periodo transicional que vive el país desde los sesgos coyunturales que deben dar un orden democrático a la participación activa de la sociedad como garantizadores de la paz en el país. Parte del proceso mostró la desconfianza estatal entorno a los colectivos de víctimas, un constante eclipse desde las fuentes de financiamiento y las agencias que promueven los proyectos, de igual manera las múltiples oportunidades por parte de las comunidades por explorar diferentes matices del conflicto, develando causas estructurales y presentando rupturas del conflicto armado desde los territorios, desde los cuales reconocer las diversas esferas en las que el conflicto se desarrolla en compañía de un tono experiencial aún cuando el Estado deslegitima sus narrativas desde la imposición de una verdad oficial, como lo es el caso del actual director del Centro Nacional de Memoria Histórica y los múltiples debates entorno al guión museográfico del Museo de Memoria Histórica. En consecuencia de la aparición de polémicas entorno a las políticas de memoria que Jelin (2002) había advertido desde inicios de siglo, entorno a la exclusión política en circunstancias pos-bélicas como debates públicos entre múltiples lecturas del pasado, enfrentado a un sin número de datos duros que inhiben e incentivan una imagen estereotipada entorno a los actores del conflicto, si bien es un llamado a situarnos y confiar en múltiples apuestas regionales que buscan establecer diálogos desde las instituciones, comunidades, colectivos y profesionales que estudian y trabajan desde y para el conflicto.

66

En Colombia, aún no existe una distancia entre los tiempos de guerra y el pos-acuerdo aún cuando la Constitución del año 1991, empezaba a establecer nuevos órdenes en busca de nuevas ciudadanías y fomentar la diversidad en aspectos políticos, a través de iniciativas aisladas y desarticuladas que marginan a gran parte de la población dificultando la interlocución entre actores sociales. Desde un aire de desconfianza o indiferencia las iniciativas se han visto comprometidas planteando retos y dificultades a cada una de las estrategias de memoria en Colombia (López Rojas, 2013). Parte de la misma interpretación está mediada por el periodo presidencial y especialmente las apuestas del Estado por trabajar el conflicto como una amenaza o una oportunidad para la paz, si bien la investigación entorno se ve mediada en la comprensión del conflicto y la contribución a solucionar desde las múltiples expresiones del mismo, si bien es necesario hacer un estudio sistemático y diferenciado de la situación en la comprensión de “causas objetivas” (Uribe & Aguilera Peña, 2020) del conflicto con el objetivo de ofrecer visiones diversas sobre las múltiples expresiones de violencia en el territorio. Por ende, su aparición en las publicaciones relacionadas a los estudios retrospectivos de los análisis escolares y el ensayo de Sanchez Gomez (2019) entorno a las subjetividad en los procesos de memoria, siendo necesario una aproximación a los estudios culturales desde el rol que representa cada sujeto y sus acciones, relacionado a las dimensiones y relaciones territoriales desde el entendimiento de sus estructuras organizativas, formas e imaginarios. No obstante, los informes han permitido el ampliar la perspectiva clásica del conflicto construida desde los primero años de la violencia y las academias de historia nacional, relacionadas a develar relaciones de poder desde una mirada vertical y homogeneizante desde dinámicas de confrontación y el impacto individual, para encontrarse con el reto de establecer proyectos o informes que permitieran entender la continuidad


del conflicto y sus múltiples impactos desde las necesidades del “País Político” (Uribe & Aguilera Peña, 2020), también se desarrolló la comprensión de casos emblemáticos desde el Grupo de Memoria Histórica para la identificación y explicación de patrones en contextos regionales y nacionales, para interrogarnos entorno a los poderes políticos y económicos de la violencia. En cualquier caso, la memoria debe construirse más allá del recuento desde la invitación a estudiar los actores sociales, su rol y sus maneras de involucrarse en los hechos, desde el estudio de lo subalterno para descubrir sensibilidades en el estudio del conflicto en Colombia (Pinilla Diaz, 2011) desde la valoración de la memoria como un ente que construye sus narrativas desde el sentido construido, que permite seguir comprendiendo la memoria como un terreno de disputa, más allá de la sumatoria de conflictos que tienen presencia en la actualidad sino un espacio de reivindicación de luchas políticas en contra del olvido desde el “Recordar para no repetir” que impida la minimización o eliminación de sentidos de remembranza (Jelin, 2002) Con el fin de seguir trabajando en visiones sistémicas que permitan seguir reconociendo luchas sociales como lo es la reforma agraria y la lucha del territorio traducido en acciones por parte de los actores armados y el Estado (Karl, 2018) , representado como una figura débil, con escaso control territorial que compromete a las víctimas y las instituciones a construir memoria, justicia y verdad para sí mismas (Uribe, 2012), todo esto ha ocasionado si bien procesos de empoderamiento en las organizaciones sociales independientes y las comunidades para abrir el diálogo en torno a temas de paz, reconciliación y memoria desde la agrupación de familiares y víctimas del conflicto quienes representan una subalternidad que confronta continuamente al Estado y los entes territoriales para generar eco y construir una dimensión alternativa del conflicto. A diferencia de los hechos de sangre, las percepciones alternativas nos permiten reflexionar entorno a las representaciones sociales y culturales que emergen desde sensibilidades al territorio,

fuera del estudio clásico de la violencia, permitiendo oxigenar el campo de estudio desde la interdisciplinariedad que permita construir y reconocer nuevas maneras de actuar para comunicar y transmitir estos sentidos de manera exotérmica en contra de la intimidación mediática, para la construcción de conciencia social como una estrategia metodológica para abordar la resignificación del conflicto, sus sujetos y usos relacionados. La construcción de narrativas ha tomado un papel fundamental en el desarrollo de metodologías para acercarse al conflicto, desde la construcción del lenguaje intermediado por la antología y sus múltiples posibilidades para apropiarse de su función transformadora y deconstructiva desde el otorgamiento de un valor simbólico desde la subjetividad y reconstrucción de emotividades del pasado; mediante el reconocimiento del valor colectivo desde la construcción autónoma de identidad de las comunidades desde sus marcos de realidad (Pinilla Diaz, 2011). Con el propósito de relacionar el análisis interpretativo de la primera fase, desarrollamos una metodología de constelación a partir de la construcción de patrones, conceptos relevantes y revelaciones que nos permitieran interpretar los factores y relacionarlos para la creación de conceptos a forma de revelación que guiarán la tercera etapa de la metodología consecuente con el desarrollo metodológico. Desde la primera capa en la construcción de patrones, se encontraron y desarrollaron 50 naipes frente a aspectos relevantes repetitivos en los textos analizados que representan conflictos estructurales desde la construcción de memorias, enmarcado en dificultades y la construcción de relaciones que permitieran develar y entender los usos de las mismas y el contexto en el que aparecen, en parte se construyó un paisaje abierto de formas tangibles o intangibles desde la primera etapa.

67


68

Imagen 29: Constelaciรณn, Juan Gonzalez


Parte de los patrones se enmarcaron en el lenguaje y las múltiples concepciones del conflicto desde los roles que representa la institucionalidad, las comunidades y las víctimas en pro de una construcción holistica del conflicto en el departamento del Tolima a través de patrones discursivos desde el desarrollo de un entramado que diversifica las causas y nos deja entre leer las múltiples capas de poder representado en los territorios a través de patrones que llevaban por nombre frases extraídas de los textos que permitieran el reconocimiento y asimilamiento de los mismos. Desde los mismos, se construyeron relaciones que permitieron realizar un análisis narrativo y la creación de 15 Conceptos relevantes que me permitieron reconocer sistemas y categorizar la información en pro de complementar esa visión general desde la causalidad y la identificación de valores que aportaran a la visión desde el relacionamiento de los patrones y la teoría desde Arturo Escobar y su libro Autonomía y diseño. Si bien la teoría nos permitió reflexionar entorno a las relaciones de confianza que existen entre los actores y el Estado, a su vez entrever como se ha mencionado anteriormente lenguajes desde la xenofobia y el racismo que convergen en variables económicas relacionadas a las relaciones internacionales del país y su apertura económica e industrial en relación a dinámicas de poder tradicional que se vieron diseminadas por diseños específicos para fomentar el horror y el control territorial, desde una lectura del país político al país nacional en pro de fomentar ideales de honor ligados a lecturas clasistas y machistas del país, desde un país que desconoce las realidades que se viven en los territorios y un análisis retrospectivo de la Violencia como un hecho que “desbordó el vaso” a partir de los conflictos provenientes desde finales del siglo XIX en el país y la mirada positivista del Estado al conflicto y la violencia territorial, desde sesgos integrados a un sistema mundo eurocéntrico.

Imagen 30: Jesus Abad Colorado

Los conceptos relevantes nos permitieron construir un ecosistema en pro de reconocer 5 ejes fundamentales llamados “Revelaciones” que permitieron marcar una ruta específica para el desarrollo del ejercicio considerado que terminó siendo un punto de partida para el desarrollo de propuestas y brief de diseño en el seminario “Diseño y Conflicto” impartido por Kevin Fonseca, en parte funcionó como ejes fundamentales para el desarrollo reflexivo en la tercera etapa en busca de construir reflexiones entorno al diseño como una práctica que permite reconocer la autonomía de las comunidades y desarrollar el concepto de habitabilidad y diseño reconociendo las múltiples formas de habitar el territorio desde las sensibilidades y experiencias construidas en el; de igual manera nos permitió reconocer un conflicto estructural en el país ligado a dinámicas económicas y territorialidad que se relacionan al desarrollo industrial y la expansión de los modelos europeos en el desarrollo del lenguaje y la construcción de sesgos y estereotipos sociales, de igual manera reflexionar sobre la presencia internacional en los territorios de conflicto y el relacionamiento de dinámicas de desconfianza frente a la población civil, desde las cuales invitar al diálogo interseccional para reconocer el rol de los múltiples actores en el conflicto.

69


Imagen 31: Mediatica, Juan Gonzalez

70


“Niña mia: Ayer te conté que hoy, 7 de Agosto, en Colombia es fiesta y que se posesionaba como presidente Iván Duque. Me preguntaste si siempre que los nuevos presidentes se posesionan se decreta fiesta. Te conté que no, que es fiesta porque se conmemora la Batalla de Boyacá. Quedaste medio asombrada. ¿Ha habido una batalla en Boyacá? ¿Cuántos muertos hubo?¿Acaso la guerra no se acabó y se firmó la paz? ¡Es triste! Estamos tan acostumbrados a los muertos, que nuestra historia no tiene fechas; sucede como en el plano de una sola guerra. Guerra que no se sabe cuándo comenzó y menos, cuando puede terminar” (Molano Bravo, 2020, p. 196)

Etapa 3: Umbra, de lo mediático, lo histórico y sus efectos secundarios.

E

l desarrollo de la umbra estar intermediado por reflexiones personales a través del concepto Habitabilidad y Diseño como Meta Revelación (concepción mayor del diseño desde mi perspectiva), ligado a su propia constelación de 5 Revelaciones que responden a una construcción desde patrones y conceptos relevantes, que tratan de retratar las relaciones del conflicto, la violencia y el diseño como práctica emancipadora y develadora para las transiciones que vive nuestro país. En definitiva, este proceso reflexivo son un mapa condensado en palabras que establecen puntos de partida específicos desde los cuales exploré y explorar el diseño en las etapas venideras, buscaban mostrar aspectos desde los cuales generar procesos de investigación siendo de manera paralela la forma de condensar emociones y sentimientos desde este proceso de diseño intuitivo desde formas que contribuyan al desarrollo y práctica del diseño autónomo, como la posibilidad de generar Imagen 32: Cronopio, Juan Gonzalez

71


de generar diálogos entre las partes desde la concepción de un ambiente mucho más abierto, esto incluye realizar una retrospectiva del conflicto y sus formas de habitar los territorios en el departamento del Tolima y nuestro territorio nacional desde su paso histórico que le ha permitido acoplarse al mismo desde modelos de pensamientos occidentales para encontrar miradas que permitan desoccidentalizar el mundo, desde las prácticas, hábitos, costumbre y relaciones que aparecen en territorio. Estas reflexiones pretenden acercarse a procesos decoloniales, desde el reconocimiento de sistemas de valores culturales que han existido desde un intercambio desigual entre distintos mundos y maneras de habitar, desde el reconocimiento de los múltiples mundos construidos desde las narrativas, la cultura, región y relaciones construidas en pro de cultivar nociones frente a formas de ser, pensar y diseñar el mundo (Ansari, A., 2018.), como el resultado de múltiples hilos que tejen el entramado en el que vivimos, reconociendo el colonialismo como un proceso que sucedió desde el siglo XVI como una imposición de dominación, control absoluto del saber, subjetividades que referían a dinámicas de dominio político, económico y militar para garantizar la explotación de riquezas (Solano, 2020), por consiguiente la decolonialidad trata de articular la capacidad para visibilizar una matriz imperialista que permea modelos de pensamientos desde la nominación y categorización para la construcción de discursos entorno a la verdad. La colonización tiene sus raíces en la experiencias de opresión desde la represión de independencias políticas desde los campos de esclavitud ontologica, por ello la decolonialidad nos permite comprender sus orígenes e historia de un sistema mundo enmarcado en el capitalismo republicano, liberalismo económico y la cristiandad (Ansari, A., 2018.), desde procesos continuos de reflexión, evaluación y estructuración de las categorías preestablecidas, especialmente desde modelos anglo-eurocentristas que trajeron a America un sin números de imaginarios desde el dominium mundi que equivale, en la practica del control de occidente desde la imposición exclusiva de la cristiandad (Caballero, 2020) para la supremacía del pueblo blanco Europeo.

72

Todo esto sucede con la construcción de un sentido europeo de establecer una moral religiosa en pro de dominar a los pueblos de oriente, con la construcción de relato que remitiera los mismos valores sumado a los procesos civilizatorios y el establecimiento de la iglesia y los imperios en los siglos XII y XIII, aun cuando en América ya estaban sucediendo muchas cosas desde los pueblos indígenas desde sus interacciones desde sus formas propias para resistir a los múltiples pisos térmicos y sus relaciones establecidas entre comunidades, en su mayoría desde relaciones que establecen la confianza entre sí desde su mundo-aldea y sus mundos comunales (Escobar, 2017)


Imagen 32: Oropel, Nicolas Franco Perilla

73


Las Trochas de la memoria, la violencia y el conflicto.

S

i bien, no sabemos mucho acerca de la llegada de los primeros seres humanos al territorio colombiano siendo probable su aparición en la costa atlántica y del pacifico entre el 10000 y 7000 a.C, a la par del hallazgo de piedras y restos de animales de caza en las cuevas de El Abra y el Tequendama, de igual manera hay indicios de pobladores entre el 8000 y 4000 a.C en otros valles interiores y el Amazonia (Melo, 2018). Los habitantes a lo largo del tiempo empezaron a distribuirse en comunidades aisladas y autónomas entre sí, en la construcción de comunidades que conviven en paz y coexistieron por siglos con el mínimo contacto entre sí, estableciendo un desarrollo continuo de la práctica (Melo, 2018). En parte en busca de asentarse después de los procesos migratorios y haber aprendido en el trayecto y desde distintas experiencias “acumulaban un gran conocimiento de la naturaleza: aprendían a distinguir plantas que eran comestibles o venenosas, cuales podían asarse, cuales tenían efectos alucinógenos y cuales funcionaban para tratar enfermos” (Melo, 2018, p. 20) (Escobar, 2017), Parte de ello y como parte del desarrollo humano aprendieron a cultivar para garantizar la regularidad de su alimentación evitando hambres producidas por la incertidumbre del clima, logrando aumentar su población para desarrollar pirámides sociales que respondieron a las necesidades de habitar el territorio y establecerse en el mismo (Melo, 2018), parte de ello estuvo mediado por la construcción de una dieta y alimentación adecuada desde productos como la fruta, legumbres y semilla que les permitieron regirse a través de una alimentación adecuada y sustentabilidad agrícola que se diferenciaban de las hambrunas comunes en Europa durante la Edad Media que debilitaban a la población y la sometían a enfermedades que aparecieron en América con la llegada del pueblo Español. Es interesante notar que para finales de los conquistadores, gran parte de ajustado a dinámicas agrícolas y distintos pisos térmicos fortaleciendo de las comunidades (Melo, 2018); de

74

del siglo XV, con la llegada las comunidades se habían construido terrazas entre el sentido de “Autarquía” manera paralela en España,

los reinos de Castilla y Aragón, deciden apoyar la idea de Cristóbal Colón en busca de nuevos territorios como una oportunidad de garantizar el control de las posibles tierras por descubrir. Parte de España, tenía una economía basada en una agricultura pobre y en la producción de lanas para responder a las necesidades de la nobleza de mentalidad militar, que se había formado en siglos de lucha contra los moros (Melo, 2018, p. 36). Parte de la construcción de un sistema de pensamiento con valores militares y religioso, construyó visiones sobre el honor y el valor desde la masculinidad que aún en el siglo XXI siguen vigentes en el territorio, siendo el inicio de un proyecto de modernidad capitalista que impedía llevar a la religión a espacios privados de reflexión como se hacía en España, aún en el medio de la ilustración, sin embargo, a América llegó una religión fundamentada en el orden social desde las conveniencia de normas morales y convivencia social como prácticas de terror que si bien, entorpece procesos autónomos de las comunidades en América con el encuentro de estos dos mundos, promoviendo una cultura patriarcal caracterizada por la idealización de las acciones que valoraban sin lugar a dudas la competencia, la guerra, la jerarquía, el poder, el crecimiento, la procreación, la dominación de los demás y la apropiación de recursos en pro de una mirada racional que busca prevalecer la verdad cristiana (Escobar, 2017). Todorov (1982) nos permite reconocer una constante de los conquistadores por tratar de entender al otro desde el relacionamiento cercano al asimilamiento cultural desde sus roles y papeles como descubridores y conquistadores, acompañado de visiones que minimizaba al otro como un distinto, un objeto sin alma, desde un despliegue de capacidades políticas que aparecen junto a los estudios culturales, desplegando distintos tipos de poderes sobre los cuerpos, los espacios y los objetos, intermediado por un sentido de cosificación que impidió reconocer múltiples patrones y formas de ser a través del cuerpo y las materialidades anexas (Escobar, 2017).


Imagen 33: El Averno, Museo Colonial

Es un constante entender para destruir, relacionar desde similitudes para comprender y desaparecer. En parte el rol evangelizador de los conquistadores genera dinámicas ontológicas de separación, control y apropiación de una visión dominante desde propuestas a la modernidad occidental, que les permitía nominar los objetos y quitarles su valor en el territorio, representando el destierro de una identidad cultural propia; destruido, eliminado y dominado desde aspectos dualistas relacionados a la moral cristiana del redimido y el pecador. Si bien parte de este proceso civilizatorio, busco de igual manera reconfigurar la concepción de la naturaleza “humana” desde la reprogramación de la ética y la moral, exterminando diversas formas de habitar el mundo desde la moral cristiana, y la proyección de valores desde el Yo (Escobar, 2017), el comparar al otro en busca de asimilar, comprender para matar y desaparecer, tomar una responsabilidad de convertirlos desde discursos del amor al prójimo y la salvación del otro (Todorov, 1982). Viéndose reflejado en textos como el Requerimiento, texto que los españoles querían convertir , tal y como quedó registrado en Suma de Geographia

leían a los (Fernandez de

indígenas que Enciso, 1514):

“Les requería que ellos le dejasen aquella tierra pues les pertenecía y que si quisiesen vivir en ella como se estaban, que le diesen la obediencia como a su señor y que le diesen en señal de obediencia alguna cosa cada año y que esto fuese lo que ellos quisiesen señalar y que si esto hacían que el rey les haría mercedes y les daría ayuda contra sus enemigos y que pondría entre ello frailes y clérigos que les dijesen las cosas de la fe de Cristo” (Fernandez de Enciso, 1514). La corona establecía intereses específicos entre el cristianizar a los indios y crear colonias estables para llevarlos a ser sometidos a la esclavitud, que sin lugar a dudas encarecería a la población indígena amenazando la supervivencia de la población conquistadora y colonial, debido a los múltiples procesos de mestizaje que se producidos por hombres españoles, quienes llegaron al territorio en pro de construir colonias y pueblos, reproduciéndose con mujeres indigenas desde dinámicas de violación y dominio sexual.

75


Cabe resaltar que los españoles trataron de mostrarse amigos de los indios para probar que podían confiar en ellos, ejecutando a españoles que fueran acusados por robo o algún designio específico de la justicia indígena. Las comunidades indígenas empezaron a relacionarse cada vez más con los españoles creando una sociedad mestiza que sin lugar a dudas estaba esclavizada por los intereses españoles; preocupados por las muertes de los indígenas que eran esclavizados, para 1543, la Corona española modificó sus relaciones con los nativos prohibiendo esclavizarlos (Melo, 2018), sin embargo al ser la principal mano de obra, pasaron de ser esclavizados a una sutil aplicación gradual de la explotación permanente remunerada persistente, organizando los resguardos y adentrándose en el siglo XVIII a la etapa de la Colonia. Particularmente la muerte de los nativos generó una “Guerra de tierra arrasada”, debido a que los indígenas dejaron de sembrar, con la idea de que si no había alimentos, los españoles se irían. Las enfermedades y el cansancio, exterminaban a los indígenas acompañado de las grandes olas de españoles que buscaban hacerse con el territorio, permitieron que pasaran de ser 170.000 indios de servicio a menos de 100.000 en treinta años; junto al exterminio indígena, se promovió la construcción de resguardos que respondían a necesidades españolas de la construcción de poblados con trazas españolas, calles rectas, lotes con casas y huertas, capillas y plazas principales para insertar un modelo civilizatorio y sometimiento del territorio. Construyendo el patrón de propiedad en el campo el cual todavía se encuentra vigente en nuestra contemporaneidad, desde la entrega de tierras a los descendientes de conquistadores las cuales han sido usadas desde mediados del siglo XVIII en prácticas como la ganadería, causando la muerte de múltiples indígenas, la cual brindó a los españoles la oportunidad de redistribuir las tierras de los difuntos, esto permitió de forma continua el mestizaje que prometía beneficios a las comunidades y la pérdida de una identidad cultural no hegemónica desde dispositivos como la encomienda, el cual buscaba ser un modelo civilizatorio que buscaba enseñarle el “camino” a los nativos. (Melo, 2018) (Bushnell, 2007).

76

Imagen 34: Conquista de América, Desconocido, Museo Colonial


Todo esto, mostró que desde el siglo anterior los indios habían sido obligados a habitar los resguardos, cerca a las tierras de cultivo siendo dominados no sólo por el imperio español imperialista sino por valores de civismo que prometían oponerse a la “barbarie del campo”. El ser campesino era símbolo de menosprecio, debido a que los poderes se veían centrados en el ámbito urbano que trajo prestigio a los hijos de españoles. El civismo desarrollo valores e impuso nociones sobre la población indígena que permitía a los españoles tratarlos como menores de edad, seres que necesitaban defensa y protección basado en nociones de inferioridad social y torpeza humana, impidiendo sentidos autónomos de comunidad y promoviendo sentidos paternalista desde las instituciones de poder que buscaban defenderlos o adiestrarlos (Melo, 2018).

Imagen 35: De blanco a negra, Francisco Ciapera , Museo Colonial

En conjunto a los procesos de mestizaje, la representación cultural y la participación política fue centrada netamente en la población e imperio español, siendo gobernados por el Rey y sus consejeros en España desde la distancia, junto al consejo de indias y los virreyes españoles como embajadores en territorio , teniendo por último órganos de gobierno local como los cabildos y consejos municipales que suponían instituciones representativas dirigida por los hijos de españoles nacidos en América que excluía a gran parte de la población que se considera hoy como una minoría étnica (Bushnell, 2007).

Iniciando el siglo XVI, España trató de reformar su sistema económico colonial desde la intervención del mercado y economía bursátil establecida por los ingleses que favorecía en su mayoría el comercio en los países del norte del fomento de exportaciones e inversión en la campaña independentista estadounidense, con ello aparecieron impuestos en el aguardiente y el tabaco, que impidieron el desarrollo de pequeños productores generando quejas comunes frente a las reglamentaciones comerciales y la prohibición de cualquier negociación extranjera

Para 1780 se fundaron una gran cantidad de los pueblos por medio de colonos que alegaban títulos antiguos de alguna concesión, en gran parte de pertenencia indígena en pro de establecer mecanismos de producción que permitieran amoldar a la población a ideas individualistas del progreso que desterraba el sentido comunitario de los resguardos favoreciendo al bien individual (Melo, 2018)

Imagen 36: Mestizaje, Francisco Ciapera , Museo Colonial

77


con inversores que no estuvieran mediadas por el imperio, favoreciendo un desarrollo económico proyectado a grandes hacendados que tenían esclavos a su merced, que favorecía al monopolio y fracturaba la producción local en productos de consumo como el aguardiente, la sal, los correos y el tabaco (Bushnell, 2007). Generando un descontento popular que movilizó a criollos pobres y mestizos en busca de capitulaciones que buscaban entregar dar tierra y propiedades a las comunidades indígenas y la reducción de los valores tributarios que atemorizaban al imperio, trayendo de la mano, la insurrección de los comuneros. Sin embargo Bushnell (2007) afirma que la insurrección produjo un movimiento revolucionario que representó a un tercio de la población de la Nueva Granada, el cual produjo un posible génesis en los proceso de independencia en el país que representa de manera simultánea, el nacimiento de muchas de las protestas sociales actuales. A finales del siglo XVIII, El virreinato de la Nueva granada se encontró con la Expedición Botánica dirigida por Mutis que permitiendo estudios positivistas y naturalista sobre el territorio que trajo consigo el desarrollo de perspectivas federalistas seguido de una generación de criollos letrados que permitieron la entrada de buques extranjeros, fortaleciendo el comercio libre y fomentando la actividad intelectual en los campos de la investigación científica en la Nueva Granada y el desarrollo de conflictos mixtos sumados a la propuesta de independencia criolla que surgió en 1810 como respuesta al imperio y control español relacionado a injusticias en contra de la población nacida en América (Bushnell, 2007).

78

La revolución criolla representaba los intereses criollos, buscando dar representación a los criollos en los intereses públicos y políticos estableciendo un nuevo pacto colonial que les permitiera tener más poder (Melo, 2018),

reconociendo su derecho como hijos de españoles para ocupar cargos públicos que les permitiera favorecer el progreso económico de su clase social, mediante la liberta de comercio, la reducción de impuestos y la redistribución de tierras representada en gran parte del finales e inicios del siglo XVIII y siglo XIX. La redistribución de tierras abrió caminos a la fundación de nuevos poblados en tierras sin titular favoreciendo el establecimiento del mapa político colombiano actual que responde en gran parte a los intereses de económicos criollos. Sumado a ello, los intelectuales criollos se permitieron disfrutar la ilustración tardía en América para fomentar la diferencia de clases sociales promovidos por los virreyes, formando y consolidando una red social aristócrata que respondía a necesidades por diferenciarse de la población americana en la ciudades y villas, abriendo su participación en discusiones sobre su importancia como ciudadanos de una nación española establecida en América para el desarrollo de sus intereses propios en el territorio. Mientras los criollos se concentraban en diferenciarse de la población americana, los negros e indigenas establecían revueltas desde las regiones en contra de los abusos de autoridad y poder que fomentaban el estigma de indisciplina impuesto por los virreyes (Bushnell, 2007), sumado al creciente enfrentamiento entre criollos y españoles por la participación política en el territorio la cual permitió la asociación entre la población americana y los criollos en busca de mejoras sociales. Esto permitió que los Criollos estuvieran respaldados por la población española para establecer una revolución interna que permitiera desarrollar hechos violentos que obligaron a la corona y los virreyes a cuestionarse sobre el poder y el papel de los criollos en el territorio; los criollos de manera simultánea desarrollaban proyectos en torno a la creación de canales comerciales desde la inteligencia e industria en el territorio que buscaba desplazar las duras críticas del imperio sobre la población criolla y dando paso a luchas sociales de poder criollo que seguían buscando representación política activa que fomentaban aires pluralistas en el Nuevo Reino de Granada (Melo, 2018).


La incomodidad criolla trajo consigo la “Patria Boba”, mientras en otros territorios la gente se sublevaba en contra del imperio español, Bogotá busco tomar fuerzas para imponer la suya, inicialmente desde las peticiones de Camilo Torres en el memoria de agravios y las necesidades criollas , en parte esto genera una separación geográfica que reforzó las diferencias socioeconómicas entre los involucrados y desarrollo sentidos regionalistas que complicaron y complican la organización política en el país. La revolución criolla subió a Camilo Torres al poder como presidente sumado a los hechos del 20 de Julio de 1810, que permitieron a los criollos establecer una constitución bajo el nombre de la constitución de Cundinamarca (Bushnell, 2007), que con su nombre indígena simbolizaban un posible pacto entre criollos y americanos que favorecía solamente a los criollos pero que los distanciaba de la tradición política española haciendo énfasis en su identidad como nacidos y fruto de la tierra americana. Esto favoreció a que cesara la discriminación en contra de los criollos quienes empezaron a regir desde Bogota bajo un modelo centralista que persiste en la actualidad, siendo motivo para debatir por parte de las otras provincias quienes discutían entorno a ideas sobre el federalismo y el centralismo en el país que permitieran responder a las necesidades de una nación emergente. Si bien los cabildos ofrecían una representación política para los criollos, recogían y desarrollaban propuestas sobre mecanismos de elección, compromiso, argumentación y transacción respondiendo a sus necesidades como la abolición del monopolio del tabaco que representaba la segunda fuente de ingresos del gobierno, estableciendo un modelo del liberalismo económico que daba apertura a la nación al comercio exterior , separaba los poderes, eliminaba instituciones como la inquisición, las torturas, declaraba derechos a la seguridad y libertad a hombres blancos, los cuales no representaban a gran parte de la población americana quienes desde la periferia política sufrían por falta de representaciones políticas que abogaran por sus necesidades (Lozano Villegas, 2015). Imagen 37: Museo de Indepedencia: Casa del florero

79


Tristemente parte de los criollos se sentían cómodos con el poder imperial y las castas de poder sumado a que en ciudades como Santa Marta y Pasto, los indígenas confiaban en un gobierno tradicional español que fuera predecible y les permitiera ser entes colectivos desde sus resguardos favoreciendo la alianza de parte de las minorías al gobierno español que favoreció a Morillo en la reconquista para 1814. Si bien Morillo representaba una corte militar tradicional que buscaba juzgar a los patriotas como traidores, imponiendo la matanza de los próceres de la patria quienes fueron diezmados en pelotones de fusilamiento (Ospina, 2013). Esto generó un sin número de batallas, que terminaron con el 7 de Agosto de 1819 con la Batalla de Boyacá como una victoria simbólica en contra del imperio español, este triunfo llevó a Bolívar a constituir en diciembre del mismo año la República de Colombia y a posicionarse como presidente interino; de igual manera los patriotas se posicionaron en Bogotá, sin embargo ciudades como Santa Marta, Cartagena, Antioquia y el Cauca seguían en manos de los españoles. Para el año 1821, se redactó una constitución en Cúcuta en busca de establecer un orden republicano que buscaba redimirse como un orden no monárquico, representativo que permitiera a su vez la elección de las autoridades por parte de los ciudadanos reconociendo sus derechos naturales como individuos favoreciendo a los sujetos e individuos políticos desde la arbitrariedad de las autoridades, estableciendo los 3 órdenes de poder que permanecen hasta el día de hoy (Melo, 2018). A pesar del carácter pluralista de la constitución, los criollos desarrollaron un sentido xenofobico en contra de los venezolanos que acompañaron la campaña de Bolívar, rechazándolos con un matiz civista que reverenciaba a los criollos como un grupo de educados y discriminaba a la población por su educación desde sentidos relacionados al civismo santafereño y militarismo venezolano. Promoviendo un gobierno republicano que enseñara a los ciudadanos las virtudes de la república aún cuando la misma era precaria para las necesidades de una república de este tamaño, se veía desde el despotismo y el clasismo a las provincias distantes que si bien tardaban meses en obtener directrices desde la ciudad de Bogotá.

80

Aun cuando años atrás Bolívar había propuesto un estado de gobierno que combinara el poder del pueblo y las virtudes aristocráticas de los criollo, buscando la elección de un presidente vitalicio y un senado hereditario, que impidiera el pueblo se tomara el poder y estuviera sujeto a los desarrollos demagogos impartidos por los mismo; de igual manera se amplió la participación electoral a todos lo propietarios masculinos que supieran leer y escribir (Lozano Villegas, 2015), entre estos afroamericanos y indigenas con una propuesta de dar una cabida de 20 años para que estos pudieran adquirir estas habilidades esenciales para ejercer su derecho democrático (Melo, 2018). Bolívar afirmaba que la sociedad merecía tener un grupo selecto de personas con las capacidades para dirigir un país, que respondiera a las necesidades colectivas y advirtieron a las virtudes puritanas de la república en fin de mantener el orden social (Melo, 2018), de igual manera en 1821 se declaró igualdad social para los indios que buscaba defender sus comunidades y culturas, sin embargo el proteccionismo impuesto por la república les impedía hacerse parte al modelo civilizatorio occidental que les requería por obligación saber leer y escribir, a su vez se les segregaba como sujetos sin conciencia o capacidad de manejo de las propiedades y la competencia haciéndolos víctimas de propietarios y políticos vecinos que les impedían vender o comprar tierras para hacerse parte del modelo económico establecido; en algunos casos se les obligó a redistribuir las tierras de los resguardos aún cuando las autoridades indígenas sometían resistencia debido a que relacionaban la propiedad colectiva como un valor satisfactorio de cuidarse entre sí (Melo, 2018)(Escobar, 2017) . Santander ejerció por su parte el gobierno desde 1819, excepto en periodos breves en los cuales Bolívar estuvo en Bogotá, si bien una de sus frases favoritas era “Colombianos: las armas os han dado la independencia, sólo las leyes os darán la libertad” (Melo, 2018); en los años venideros Bolívar y Santander llegaron a niveles desacuerdo debido a que Santander no


comprendía el modelo constitucional bolivariano que buscaba que el presidente vitalicio pudiera escoger a su senador y creará instituciones tomadas de modelos aristocráticos ingleses que favorecían a unos pocos reconociéndose como una monarquía disfrazada y que constituía una tradición a los principios pluralistas de la república (Lozano Villegas, 2015) De igual manera Santander creía que la mejor forma de educar al pueblo era otorgándole participación en las elecciones y reconociendo sus derechos políticos, además creía que las clases criollas en Santa Fe y en la república sometían rechazo a los sectores indígenas y afro bajo un modelo de autoritarismo colonial que impedía el desarrollo de estrategias que promovieron la igualdad y permitieran construir una república igualitaria para todos. “En la historia colombiana actual, se suele entender que quienes apoyaban a Santander representaban el núcleo del futuro Partido Liberal, y los seguidores de Bolívar serían el embrión del Partido Conservador. Igualmente, se estima que esos partidos proceden de una pálida división derivada de las facciones independentistas, patriotas, federalistas y centralistas.” (Lozano Villegas, 2015, p.p 20) Con el pasar de los años la dictadura bolivariana, cambió políticas en contra de los sectores protestantes a pesar de que la república prometía libertad de culto, prohibiendo las sociedades bíblicas que promovía la lectura de la biblia por parte de los fieles, promoviendo sentidos profundos en los ciudadanos católicos que responderían a la constitución del partido ministerial después de la muerte de Bolívar (Lozano Villegas, 2015). El catolicismo se constituyó en el territorio como una fuerza formidable para la construcción de una identidad de nación para los colombianos en el siglo XIX, la fe católica se convirtió en la principal precursora para establecer un Estado-nación (Pavony, 2013) desde su sistema de prácticas que se entremezclan con las creadas por la población homogeneizando ejerciendo control sobre lo que se enseñaba en las escuelas en todos los rincones del país.

La configuración arquitectónica de las ciudades expresó una identidad católica, cada poblado estaba asegurado y giraba entorno a una plaza principal de todas las poblaciones colombianas, además de colegios, conventos y hospitales que sin excepción contaban con el apoyo del estado y las sociedades locales para mantenerse insertos en dinámicas de dominación epistemológica (Pavony, 2013) bajo un sistema de beneficios que permitió a las elites débiles construir y estabilizar un Estado en términos sociales y territoriales. El entrar en las escuelas y los centros educativos permitía construir una nación civilizada que se construyó desde el control de contenidos temáticos que permitieran a los ciudadanos aprender a diferenciarse entre sí, gran parte de las escuelas comenzaron siendo centros educativos para jóvenes blancos adinerados, defendiendo el idioma español como el único y la construcción de un pasado que les permitiera explicar el origen del Estado y la nación sumado a que el alfabetismo fue parte de los requisitos de ciudadanos. Se instauraron cátedras de geografía que buscaban darle rostro al país y hacer que todos entendieran su incorporación y la importancia de conocer el territorio desde la construcción de fronteras invisibles; de igual manera con la independencia y el inicio de la nación se sumaron acuerdos por parte de los gobernante entorno a los legados que se conservan del imperio español, entre los cuales estaban los controles a la producción y el comercio, un acercamiento a los estudios de la ciencia de los mestizos, la religión católica, y el idioma español debido a que las élites consideraban que el español garantizaba una cercanía de la población a las novedades del mundo. Todo esto constituyó una capacidad de vinculación a la nación bajo un mismo idioma, una misma religión y un mismo sistema político, obviando la autonomía y tradición de las comunidades no colonizadas, si bien permitió a sus habitantes se agruparan en los partidos políticos Liberal y Conservador (Melo, 2018); esos nacieron al mismo tiempo bajo la necesidad de alinearse ideológicamente frente a las diferencias a mediados del siglo XIX respecto a la manera en que se debía ejercer control en el territorio (Pavony, 2013).

81


Se impuso el lema “Libertad y Orden” que expresaba la esperanza de un estado creciente que buscaba abrirse paso para ser una nación amiga del pueblo, sumado a las múltiples protestas en cercanía a la república liberal por el cierre de conventos, con mezclas entre la defensa del orden y la tradición por parte del partido ministerial para dar forma ideológica y fomento a la producción de saberes que permitiera la unificación de saberes políticos con escuelas militares que formarán ingenieros que generarán un acentuación en el cambio y respondieron a las necesidades de construir identidad (Melo, 2018). La República de la Nueva Granada se afanó por construir Constituciones formales e instituciones liberales en pro de fomentar el comercio a larga distancia aun cuando estaba accidentada por la topografía del país que impedía el comercio exterior que impedía compensar el costo del transporte hasta los puertos del caribe (Bushnell, 2007) de igual manera, la escasa o nula participación de la Nueva Granada en los mercados mundiales para mitades del siglo XIX, generó pobreza en las finanza públicas que impedían el desarrollo económico del país que impedía responder a las necesidades de la extensión de la misma, estableciendo un sistema centralista que agobia al país desde finales de 1845. La tasa demográfica aumentó y generó procesos migratorios hacia tierras deshabitadas hacia la cordillera central desde departamentos como Antioquia, el resultado fueron ocupación de tierras sin nombre y un estallido de violencia física que caracterizaría todos los procesos migratorios del país, el proceso no terminó sino hasta comienzos del siglo XX cuando se agotaron las tierras y los colonos llegaron a ciudades como Ibagué y Cali (Bushnell, 2007) . “Pero la tierra repartida no bastaba. Las familias eran tan numerosas, se tomaron tan en serio la promesa bíblica de las arenas del mar y las estrellas del cielo, que las parcelas resultaron pequeñas. Engendran muchos hijos para que ayudaran en la labor dura de las fincas pero al final no había espacio ni oficio, para todos (…) iban a buscar lejos su propia tierra, porque los muchachos aman la aventura. Una cosa sabían; el suelo basto para los abuelos no podía dividirse más entre los nietos. Y tal vez sabían otra: que había mucha tierra hacia el sur. El país era inmenso, y aunque fuera arduo explorar y poblar allí estaba el futuro” (Ospina, 2019, p. 43)

82

Para 1849, el liberalismo presentó reformas al programa de progreso establecido desde la dictadura bolivariana, buscando dar libertades aun cuando la iglesia seguía supervisando al gobierno, promoviendo el estado laico desde reformas anticlericales que promulgaban libertades incluyentes para la mayoría de la población excluida, esto generó un choque entre la iglesia y el liberalismo; sin embargo para 1851 una gran turba de artesanos urbanos sentían que no podían competir en contra de los productos importados y se sublevaron en contra del régimen liberal; en 1853, se aprobó una nueva constitución que estableció el voto masculino universal sin restricciones, se redujeron las tarifas aduaneras que abrió la entrada de productos extranjeros como textiles (Bushnell, 2007, Melo, 2018). Dicha transformación estuvo marcada por la transformación de la economía, que dio apertura a nuevas oportunidades hacia el comercio exterior, la abolición de la esclavitud, descentralización fiscal y la abolición de muchos impuestos coloniales (Lozano Villegas, 2015). En 1863, adoptó el nombre de Estados Unidos de Colombia y aparecen el Ferrocarril del norte beneficiando específicamente a las provincias del oriente del país debido a que estaban las bases políticas organizacionales del país (Lozano Villegas, 2015) el cual nunca fue terminado debido a la falta de consejo nacional y el malestar por la falta de apoyo hacia el oriente del país; de igual manera los conservadores se rebelaron ante la llegada de modelos protestantes de aprendizaje al país de los cuales se había retirado clases de religión, sin embargo si los padres creían necesaria su enseñanza los párrocos debían dar clase ocasionalmente. Esto sumado a las múltiples manifestaciones sociales que alegaban protección a la manufactura local, hicieron sentir al gobierno liberal estancado en un Estado que poseía frecuentes guerras internas (Melo, 2018); en la segunda mitad del siglo XIX los neogranadinos sintieron necesario un gobierno paternal que rigiera sociedades como las indígenas y afros,


que tuviera una autoridad fuerte indispensable que sometiera a todos bajo el poder de la iglesia como ciudadanos, que les enseñara y permitiera aceptar las restricciones de vivir en una sociedad católica en donde los liberales invitaban a vivir en busca del beneficio personal en donde la moral no interviniera, y se pudiera llevar una vida en respeto de los derechos del hombre para acercarse a la convivencia en donde la religión y un Estado fuerte fueran las garantía de poder (Melo, 2018). Algunos historiadores idealizaron el conocimiento como un esfuerzo realizado por España, en donde se promovían las artes y la ciencia acercándose a una adoración continua al pasado glorioso del imperio español sobre América fomentando las bases para la época de la Regeneración el país (Melo, 2018), buscando rechazar los principios sociales y democráticas para permitir construir instituciones autoritarias y jerárquicas que retoman la herencia española; si bien para 1976, el ambiente político violento obligó a los liberales desesperados por la violencia a aceptar a la iglesia en busca de un sistema paternalista que permitiera a la nación obtener paz desde la obediencia a la ley y la moral (Bushnell, 2007). Así como la topografía afectó la economía, fragmento al país y permitió la expansión agrícola a través de los camino de herradura que seguían la traza de los caminos reales de la Colonia que facilitaba el paso entre las regiones, sin embargo parte de la comunicación y tradición oral fue construida por arrieros quienes iban de pueblo en pueblo contando las noticias de la república emergente (Deas, 2019).

Imagen 38: Transporte, Juan Gonzalez, Museo Nacional

Las comunicaciones tienen un papel fundamental en la construcción del lenguaje en el país, aparecieron como espacios de opinión que buscaban resumir la opinión criolla en tiempos de la independencia en donde se debatían asuntos nacionales de la mano de estudiantes universitarios que buscaban entrar a las esferas políticas (Melo, 2018), tras ello apareció la literatura que permitía representar en el entorno emociones e ideas políticas desde escenas costumbristas que exaltaba lo que sucedía en las casas de las ciudades, parte de la tradición oral fue transcrita a los periódicos desde poemas que describen romances y chismes cambiando sus nombres mientras se alimentaban de hechos cotidianos que permitían generar un contexto (Deas, 2019).

83


De la mano, para finales del siglo XVIII se había instaurado un pensamiento entorno a la educación universal, desde la homogeneización de procesos dentro de los cuales se encontraba leer, escribir, contar y rezar los cuales permitían para la sociedad virreinal se parte de una sociedad cívica y parte de un modelo democrático progresista, con ello el periodo de la Regeneración quiso establecer un sistema ordenado que permitiera volver a estos principios y organizar escuelas para la enseñanza desde la formalización de la enseñanza a través de las academias de la lengua, el Museo Nacional como una entidad para la construcción de una identidad para la república, la Biblioteca nacional y academias científicas que regularizaran la producción de material científico desde métodos positivistas (Garretón, 2013; Melo, 2018 ; Guglielmucci, 2015). El arte y los museos fueron parte fundamental para la construcción de nación e identidad en la República, la llegada de la fotografía al país permitió la reproducción visual del territorio rompiendo la interpretación de los artistas europeos que pintaban el país sin haberlo pisado (Badawi, 2019), en cuanto al arte se empezó a pintar paisajes que permitieran compartir diversas tradiciones estéticas, mensajes políticos que los intelectuales interpretaban desde su formación artística retomando las ideas de la expedición botánica en cuanto a la riqueza del país, de la mano se pintaban escenas de criollos en la sabana bogotana paseando entre los campos verdes que mostraban la naturaleza y los modos de vida republicanos de la clase alta bogotana.

84

Imagen 38: La Mantilla Bogotana, Coriolano Leudo Obando

La música se sumó a integrar ritmos españoles, africanos, bandas militares y ritmos americanos entremezclados que permitían entrever la visión de un mundo campesino imaginado por los músicos urbanos tocadas en fondas, bares y cantinas. Permitían a los espectadores conocer lo que sucedía en muchos espacios uniendo e involucrando ritmos que les permitía comunicarse entre identidades culturales, como lo son los cantos afro, indígenas y llaneros que hablan sobre universos construidos en el territorio (Melo, 2018).

Todo esto permitía al escenario Bogotano sentirse identificados con un estilo de vida moderno que excluía a gran parte del país, un camino para representar la modernización de una tal cultura nacional que solo se vivía en las grandes ciudades que les permitía representar su imagen y prestigio (Badawi, 2019); Rafael Nuñez instauró un proceso de modernización en busca de un poder centralizado que fortaleciera la identidad nacional a través del Himno de la república desde ideales católicos para la nación y bandas de guerras militares que alentaran al país a sentirse orgulloso del culto a los héroes. Entre glorias inmarcesibles y júbilos inmortales , fortalecía la relación entre el Estado-Iglesia y Fuerzas Armadas que perdura en nuestra cotidianidad, enmarcado en la adulación de valores españoles desde ideales de vencedores y vencidos, establece relaciones entorno al territorio y la importancia de poseerlo; de la mano de artistas plásticos de la época se generaron reflexiones sobre el arte y el territorio en el marco de luchas por la propiedad de la tierra, desde un ocultamiento de la persistente violencia rural desde el retrato de tierras tranquilas y escenas de la élite santafereña (Badawi, 2019)


Para el 1886, los asuntos económicos habían perseguido locamente la integración de la economía colombiana a los mercados internacionales, apostándole profundamente a una nueva constitución que permitiera una mayor actividad del Estado a su vez buscaba ampliar la autoridad del ejecutivo nacional a través del aumento de aranceles, que le permitió a los artesanos aumentar el precio de sus productos, pero el proteccionismo económico impidió el desarrollo industrial de los mismo. Sin embargo Nuñez estaba acompañado por Miguel Antonio Caro, precursor de la regeneración y la herencia colonial (Deas, 2019) ; rápidamente la constitución de 1886 configuró a la nación en un sistema centralista en donde los estados pasaron a ser departamentos, limitaron el poder e impidieron la elección popular de representantes locales fomentando el control y monopolio absoluto del poder (Bushnell, 2007).

Esto alimentó los odio bipartidistas, debido a que representaba una total exclusión de uno de los partidos políticos que eventualmente ejercería sectarismo político y aumentaba las probabilidades de violencia entre los partidos, el cual permitió hasta la Constitución del 91 y su carácter pluralista con los partidos políticos. Los finales del siglo XIX establecieron una relación directa con los procesos de industrialización tardía en América, los avances industriales y tecnológicos trajeron consigo los primeros teléfonos, se introdujo el alumbrado eléctrico que complementaba el preexistente alumbrado de gas y trajo consigo acueducto de tubería en la ciudad de Bogotá, todo esto amplió las brechas sociales que pese haber existido siempre, fueron aún más evidentes debido a que estos servicios se limitaron a funcionar en las residencias de la élite bogotana (Bushnell, 2007).. El afianzamiento de la modernidad, estableció inseguridades por parte del gobierno por tratar de afirmar “lo que era más correcto a los habitantes de la madre patria” (Deas, 2019) llamando la atención el empeño por reafirmar la lengua castellana y su pureza, sumado a los intentos por abrirse a la economía mundial establecían que el Castellano debía pulirse como medio de interacción que les permitiera brillar y conservar la pureza del mismo, estableciendo el lenguaje como una clara señal de ser “culto, bien nacido y favorecido” (Deas, 2019). De este modo aseguraban la unidad religiosa desde la iglesia y promovían el movimiento de ideas positivistas y social darwinistas a través del territorio (Deas, 2019), desde la idea del más apto, catalogando a la población nacional como “adefesios” e “incapaces”, con ello empezaron a aparecer manuales educativos de escritura y civismo que fomentaban un modelo de vida republicana que correspondían a la moral católica desde el método pedagógico reducido a la frase “la letra con sangre entra”, haciendo de la lengua un elemento político de carácter privilegiado sumado a una republica humanista de herencia española.

Imagen 39: En el parque, Eugenio Zerda Garcia, Museo Nacional

85


A través de textos escolares promulgaban su cercanía a las ideas conservadoras españolas que tenían como intención comunicar la idea de que “La independencia es el único bien que hemos logrado”, estableciéndose como una guerra civil de que buscaba emancipar al territorio de ideas de dominación desde un gobierno externo (Deas, 2019). Se ignoraba de pleno el hecho de que la lengua castellana era un idioma de dominación que habla traído consigo la muerte de más de doscientas mil personas y a su vez impedía el desarrollo de inclusión y tolerancia política (Buenaventura, 1978). La vida en el país de los historiadores, pedagogos, lexicógrafos y filólogos de nuestro país estaba centrada en Bogotá, ignorado el hecho de un país rural que le costaba entender las ideas positivistas en torno al desarrollo con el tiempo se construyó una politización de las zonas rurales la cual se nombró como Caciquismo o Gamonalismo (Deas, 2019) sumado a pretensiones desde las tasas de analfabetismo que permitía el Estado tachara a la población como “ignorante”, el gobierno republicano de época permitió construir una narrativa de las ciudades que ignoraba profundamente lo que sucedía fuera de los grandes poblados. La literatura, los folletos pero sobre todo la tradición oral y el chisme fueron importantes para el desarrollo de nación, los arrieros aunque fueran considerados pobre y analfabetas se mantenían informados por razones de estrategia y disminución de riesgos, es allí donde la tienda del camino de herradura y los bares toman importancia en la difusión de ideas políticas a diferencia de lo que la élite bogotana promulgaba en contra de los mismos, haciendo aseveraciones como “esa gente del pueblo no debe tener ni idea de la política nacional” o “Esa gente del pueblo no debe tener esas ideas tan anticuadas de progreso en las cuales creer” (Deas, 2019), el pueblo si bien comenzó a entender las dinámicas a través de su entorno, por ejemplo los diezmos, las alcabalas y los peajes se relacionaban al aparato fiscal, entendían la legislación sobre las tierras debido a los múltiples procesos migratorios y así con cada uno de los proceso administrativos que la república promulgaba.

86

El país rural estaba enmarcado no sólo en lugares donde el Estado no llegaba sino se relacionaba con los pueblos y las veredas en donde la necesidad academista no había llegado, de igual manera los medios de comunicación permitían el intercambio de noticias y formación de conciencia política en la población rural desde una noción de los problemas nacionales atraen problemas a nuestros intereses locales, en parte, esta información llegaba de la mano de los arrieros y comerciantes que traían noticias desde las grandes ciudades. (Uribe, 2012 ; Deas, 2019) Caro se había propuesto a establecer una sociedad Europea, “una sociedad blanca, limpia y católica” (Comisión de la Verdad & William Ospina, 2020) estableciendo lecturas del país político desde revisiones complejas que permitieron al país estar encerrado en Bogotá por más de 100 años, estableciendo un latifundio como peste del olvido desde la indiferencia a las necesidades de las comunidades, esto permitió para la mitad del siglo XX entender que la guerra era estructural, un país que se había construido a través de guerras entendía que las guerras civiles tenían un papel importante en la formación de república, que la guerra politizada y definía forzosamente la interacción entre persona en los territorios al igual que la guerra venideras (Deas, 2019). “La sociedad hispano-colombiana, la más mestiza de cuantas habitan el globo, ha tenido que ser democrática, á despecho de toda resistencia, y lo será siempre mientras subsistan las causas que han producido la promiscuidad etnológica. La política tiene su fisiología, permítasenos la expresión, como la tiene la humanidad, y sus fenómenos obedecen a un principio de lógica inflexible, lo mismo que los de la naturaleza física.” (Samper, 1861, p. 41)


Los conflictos que se venían desarrollando desde la década de 1840 y 1950, penetraron el sistema intensificando los antagonismo ylealtades por partido, intensificaron los odios sumado al control político de la regeneración, construyeron una sociedad sumisa que respondía a sus autoridades cuando la fuerza bruta obligaba a ello (Deas, 2019) ; esto nos permite acercarnos a una cadena de patronazgo que el gobierno utilizó para el dominio del pueblo, a través de la retórica partidista que diseminaba el odio constante e intensificaba la identidad local y personal por un partido político. Aun en Colombia es imposible creer que la gente le huye a las preocupaciones políticas, la violencia ha estado presente en el pasado y el presente, siendo un ejemplo obvio de un país racista y elitista para pocos, si bien la historia ha sido escrita en parte por generales y políticos que desde la república se intensificó con la construcción de un país interesado en una historia presidencial y sus intereses, en parte la guerra de los mil días llegó por la necedad de un gobierno por responder a sus necesidades personales. La Regeneración permitió e incito a una de las guerras civiles más sangrientas de la historia, a causa de un olvido estatal de la mano de una crisis económica, si bien parte de los militantes liberales hostigados de estar en el olvido desarrollaron y desencadenaron una guerra que duró aproximadamente tres años y contribuyó indirectamente a la pérdida de Panamá (Bushnell, 2007). La guerra se centró específicamente en Panamá, sin embargo con el tiempo fueron diseminados y reducidos a guerrilleros que combatieron bajo el anhelo de desatar al gobierno diseminado en la región alta del magdalena y las cercanía del sur en Bogotá ; en donde la colonización se había extendido debido al auge colonizador de la década de 1850 y la alta producción cafetera debido a la débil presencia de las instituciones tradicionales (Bushnell, 2007). Los conservadores creían que las transformaciones al régimen económico interferían a en sus intereses económico, entre esas la abolición de la esclavitud había debilitado y afectado sus ganancias y se vieron obligados a contratar jornaleros, de igual manera los liberales representaron una

una cultura de exportación y comercio exterior que se fortaleció en la primera década del siglo XX aun cuando se mantuvieron en presión por los distinto cambios de su participación política limitada (Lozano Villegas, 2015); la paz llego con el fortalecimiento del café enmarcado en una cultura de paz en el marco de una estabilidad económica y social (Pavony, 2013). Con la llegada de la primera guerra mundial, las élites trabajaron por establecer una mejoría continua en la infraestructura industrial del país a través de la creación de puestos y la introducción de maquinaria al país que permitiera responder al mercado del café en los países de Norteamérica, a pesar de la introducción del país en una cultura económica respecto al café se establecieron conflictos entorno a la participación política de los dinteles y generó disputas para finales del 1930, después de 35 años de hegemonía conservadora (Pavony, 2013). El ambiente internacional inspirado en las disputas de trabajo por parte de los Bolcheviques en Rusia trajo consigo un movimiento social que buscaba mediar y optimizar las condiciones de trabajo en el país, todo esto sumado al control totalitario de la hegemonía conservadora produjo un rechazo a la posesión de tierras por extranjeros sumado a las condiciones laborales generando agitaciones en el marco de la Gran depresión (Pavony, 2013), generando aterradoras masacres en el norte del país generando grandes éxodos rurales en el marco de la expulsión de trabajadores por parte de empresas extranjeras, marcando el principio de la década de 1930 en una violencia constante que buscaba forzar al Estado a establecer una reforma en el nombre de todos los colombianos (Bushnell, 2007). América latina buscó responder a una crisis económica, política y social a través del apoyo de sus líderes populistas que permitían generar una cercanía en la población cerrando las brechas sociales que se habían ampliado con el periodo de la hegemonía conservadora desde el periodo de la regeneración (Bushnell, 2007).

87


Los líderes populistas obligaron a las élites a ampliar las oportunidades en las ciudades como consecuencia de los múltiples éxodos rurales, en la búsqueda de una mejoría en viviendas ypolíticas de sanidad que permitieran a los trabajadores mejorar su estilo de vida en las ciudades (Pavony, 2013). Los éxodos rurales y la llegada de nuevos integrantes a las ciudades permitió través de los movimientos populistas entender las relaciones de poder que venían de las guerras civiles del siglo XIX, la guerras civiles cerraron pactos horizontales que favorecían a cierta parte de la población, la llegada de la violencia el país fue una suma de malestares que rebasó el vaso con la muerte de Jorge Eliecer Gaitán y los hechos posteriores al Bogotazo (Uribe Alarcón, 2018; Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013); de igual manera esto permitió a los historiadores modernos concluir que la Violencia estaba mediada por un conflicto frente a la posesión de tierras desde tiempos de la conquista, una serie de reclamos constantes por derechos de la tierra y vocaciones del suelo, sumado a los ánimos políticos que animaba a subrayar discursos políticos desde la iglesia que impedían llegar a acuerdos desde la colonia, la violencia adquirió prensa y ganó cabida en el territorio. Novelas como La Vorágine de Jose Eustasio Rivera (1924) nos permiten crear un contexto anterior a La Violencia, presentando relatos que nos permiten entender las singularidades del territorio y el poder político configurando las relaciones entre el ecosistema y el hombre; el control político sumado a la ausencia estatal muestran un estado centralista que no tiene poder en la selva y el cómo se realizan procesos de extracción e industrialización el territorio desde medios ilegales, parte de la violencia nace como un mecanismo de defensas en contra de los intereses de multinacionales en el territorio ante la ausencia de defensa estatal. La escasa experiencia del país en materia de desarrollo industrial obligó al país a asumir modelos de países desarrollados que les permitiera satisfacer las demandas interesados en cubrir la producción y responder a la crisis de los años treinta (Núñez Gañán, 2015),

88

el proceso de modernización aceleró el ritmo de vida y generó nuevas formas de poder colectivo y una constante lucha de clases que generaba tendencias frente a la posesión del territorio y la naturaleza, el capitalismo entrante y la persistencia del mercado por buscar un lucro establecido, todo esto terminó por ser “una estrategia desarrollista (…) fundamentado en la idea de que la modernización conduciría a las transformaciones sociales y políticas necesarias para configurar una sociedad moderna” (Corredor, 1992, p.61). Todo esto permite leer una violencia enmarcada en el territorio y los problemas agrarios, las limitaciones y posibilidades de participación política sumado a la presión del mercado y contexto internacional en el país que produjeron fragmentaciones en las instituciones y el territorio (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013 ); La Violencia fue un periodo enmarcado en el conflicto subversivo entre partidos políticos tradicionales, que desde el siglo pasado recurrían a la violencia para responder a sus necesidades de participación en el territorio desde las cabezas de los partidos, para finales de los años cuarenta convertirse en una confrontación armada (Melo, 2018). La Violencia se expreso como parte de una ola represiva de los movimientos agrarios, obreros y populares que se unieron en pro de las ideas referentes a Gaitán, que tras su asesinato en 1948 desató un sin numero de protestas populares en busca de culpables, la violencia se libró entre ciudadanos de ambos partidos políticos, instituciones de las fuerzas armadas que sometían a la población, guerrillas liberales y las autodefensas comunistas (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013); La radio jugó un papel fundamental como medio de comunicación masivo contribuyendo a la violencia y enemistades por medio de la difusión de los discursos Gaitán y Gomez, lo que permitió se supiera lo que pasaba en Bogota en todos los rincones del país (Uribe, 2012).


Allí se instauraron los conceptos país político y país nacional, los cuales representaban a la oligarquía y las clases sociales bajas respectivamente en busca de diferenciar las concentraciones de poder mientras el país nacional se preocupaba por la agricultura, la salud y el trabajo (Uribe, 2012), en parte la identificación con uno de los partidos tradicionales reemplaza la ausencia de una identidad nacional sin embargo desde que se nacía se tenía una identidad política preestablecida por la herencia política familiar (Rehm, 2014) sumado a la distribución desigual de la industria convirtiéndose rápidamente en una preocupación central. “Colombia ha venido haciendo hasta ahora una política internacional directamente nacida y originada en su política interna, y sería una gravísima catástrofe para esta república que habiendo llenado la mayor parte de sus aspiraciones internacionales de derecho, paz, justicia y seguridad, esa política exterior comenzará a no coincidir con la interna, destruida y desorganizada por convulsiones periódicas” (Lleras Camargo, 1945 en Karl, 2018) Las convulsiones periódicas de la mano de las políticas bipartidista trajeron consigo un sin número de masacres, actos violentos , crímenes sexuales, movimientos migratorios desde los cuales castigar al adversario. (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013) Desde allí se comenzó a construir una noción de memoria en el territorio, una memoria que habitaba fotografías y testimonio de los testigos sobre los hechos que sobrevivieron, una memoria construida por lo ojos de segundos y terceros, “los que vieron con sus propios ojos y los que oyeron contar los que vieron” (Uribe, 2012) Las prácticas violentas enmarcadas en rituales, descuartizamiento, exhibición de cabezas y la dispersión de cuerpos imprimieron un carácter único en la población colombiana, circunscritos al desarrollo de ataques en lugares discretos en los cuales el estado no pudiera intervenir (Uribe, 2020); se estimaron 16.219 muertos entre 1949 y 1957, sin incluir los muertos regulares del ejército, ni masacres colectivas que generalmente eran abandonados para ser alimento de animales, arrojados a ríos y precipicios y las bajas del ejército (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013); Imagen 40: United, Museo Nacional

89


en parte los departamentos más afectados por los homicidios y masacres fueron Caldas, Tolima, Antioquia, Norte de Santander y el Valle del Cauca. Parte de la información recolectada en la época estuvo constituido por datos duros como el número de muertos, la fecha de ejecución y el lugar de los acontecimientos que alimentaba expedientes forenses o notas en periódicos de la época, sumado del nombre y la filiación política de la víctima, de igual manera parte de las masacres fueron ejecutadas por la fuerza pública siendo tan devastadoras, tanto así que pocas personas hablan de ellas debido a que pocos sobrevivieron de las masacres de los Chulavitas y los pájaros (Uribe, 2012); se construyó una lucha constante por el espacio público y el territorio, basado en rumores, presentimientos y avisos que anunciaban el desplazamiento de la población desde una constante reconfiguración de los espacios de intimidad que aún llenos de significado habían cambiado a la conquista de un territorio que buscaba acomodarse a una memoria compartida desde el “todos hemos visto”. (Uribe, 2012) (Uribe, 2020). La violencia construyo su propia estética en el desarrollo de lenguajes para comunicar lo que para algunos era una enfermedad, para otros un hecho político y a unos tantos un hecho ilusorio devastador, un lenguaje entendido por el país nacional que variaba según la región pero que en el Tolima tomó fuerza debido a las múltiples masacres, reclutamiento de menores y distintas formas de aparecer en el territorio (Uribe, 2020). La violencia se extendió al país político a pesar de los múltiples esfuerzos de Laureano Gomez por imponer un código de conducta que garantizara el orden, cada vez era más cercano el relacionamiento entre los partidos con la llegada del General Rojas Pinilla (Karl , 2018).

90

El origen social y los intereses políticos compartidos permitía eventualmente un relacionamiento entre líderes políticos liberales y conservadores, sin embargo seguía existiendo una dicotomía del mundo social desde modelos de concepción del mundo entre principios inquebrantables y estructuras morales, si bien para los conservadores, los liberales carecían de orientación

católica por más de haber compartido las mismas escuelas y espacios, autoproclamandose defensores de la religión católica y reduciendo moralmente las acciones liberales (Rehm, 2014). Las elites políticas se encargaron de moderar la transición política que permitió a Gustavo Rojas Pinilla subir al poder en 1953 en busca de pacificar al país y poner fin a la violencia bipartidista desde la amnistía de guerrillas liberales (Karl , 2018) (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013), con el uso de lenguajes exógenos del territorio heredados de la Segunda Guerra Mundial, cada vez fue más notorio la práctica de estrategias en contra del comunismo, ideas bolcheviques y el autoritarismo cohesivo combinado a la represión militar en contra de los grupos insurgentes que buscaban reformas sociales desde ideas de contención del enemigo externo e interno (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013). En el país político y nacional subsistían un imaginario entorno a la imposibilidad de constituir una dictadura, sin embargo el control totalitario de la dictadura afectó directamente los precios del café, para 1956 el costo de vida aumentó casi en un 20% generando múltiples manifestaciones en ciudades como Pereira e Ibagué (Karl , 2018), sin embargo los conservadores siguen culpando a los liberales de ser “criptocomunistas” y colaborar con regiones comunistas los cuales eran considerados los mayores enemigos de la sociedad católica occidental, acusaban a los liberales de preparar un caldo de cultivo comunista desde posturas “comunistas e individualistas” (Rehm, 2014). Periódicos como El Tiempo contestaban a los conservadores con el argumento de que se les “había envenenado con la estúpida creencia de que cumplían una misión sobrenatural en contra del liberalismo comunista, directo agente terrenal del demonio” (Rehm, 2014) parecida a la imagen construida por los españoles frente a la población americana en tiempos de la conquista.


“Dicha afirmación ya alude a que tanto liberales como conservadores consideraban legítimo el procedimiento violento-militar en contra del adversario político, bajo la premisa de que este pondría en peligro tanto al propio partido como a toda la patria. Los dirigentes de los partidos tradicionales no llamaban explícitamente a la violencia física en contra del enemigo tradicional, pero la descripción de la acción política en términos militaristas, cada vez más aguda, ponía a disposición la violencia como recurso en las contiendas políticas” (Rehm, 2014, p.37) La conciencia desde percepciones dualistas contrariaba las percepciones subjetivas de los actores políticos, contribuyendo a los estudios acerca de La Violencia, hacia dudar a los estudiosos acerca de la sociedad del país nacional que aunque se parecían tanto en términos socio-estructurales, religiosos y culturales, se disponían a desalojar, matar, violar y torturar a sus iguales (Rehm, 2014). Lleras afirmaba que ciento cincuenta años continuos de feudalismo, racismo y confrontaciones habían terminado en una dictadura irresponsable, que ante los múltiples intentos por recuperar militarmente el territorio sustentaban y daban capacidades económicas a las bandas de lo grupos que se relacionaban nacional e internacionalmente (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013).

Imagen 42 : Museo Nacional

Imagen 41: Museo Nacionalal

Para 1957, genero un movimiento por salir al campo a hacer investigación frente a los problemas del país nacional después de conocer que durante el gobierno de Rojas Pinilla habían estado comisiones internacionales estudiando el conflicto en el país cuando se levanto el velo de censura y se empezaron a hacer lecturas sociológicas, etnológicas, económicamente y partidistas de la violencia (Karl , 2018) a pesar de los múltiples acercamientos a la población por parte de la academia seguían existiendo sesgos ideológicos sobre lo observado con adjetivos como “ánimos guerreros”, “ambiciones y pasiones extremas”, “inclinaciones por venganza”, “elementos aborigen, peninsular y negro” fortaleciendo sesgos desde la investigación positivista que agudizaba los estereotipos entorno a la violencia (Karl , 2018).

91


La inversión sobre el estudio de la violencia se incrementó en departamentos como el Tolima en los cuales las investigaciones declararon que más de 320.000 personas habían sido desplazadas entre 1949 y 1957 y que más de 40.000 propiedades habían sido abandonadas durante el mismo periodo (Karl , 2018), Ibagué en los años 40 había ganado una fortaleza liberal viendo crecer una mayoría partidista que hacía preguntar a los investigadores en torno a “¿Cómo podían controlarse unos patrones de pensamiento y de comportamiento aparentemente tan arraigados?¿Cómo podían los colombianos aprender a ver más allá de los odios heredados de la identidad partidista para vivir juntos civilizados?.” (Karl , 2018, p.54) Como denote en el contexto, el sur del Tolima había sido escenario de diversas incursiones violentas tras la llegada de los españoles, les permitió gozar de una “tradición guerrera y patriótica” desde la creación de repúblicas independientes en las laderas de la cordillera central en el país como símbolo de resistencia (Karl , 2018), tras la creación de sistemas políticos independientes internos se abrió el debate que buscaba dialogar sobre derechos ydeberes más allá de una visión desde el imaginario de una sociedad rural irracional desestimando sus múltiples habilidades, se vio una academia ansiosa por generar una base de paz común para acciones futuras (Guzman, Umaña, & Fals Borda, 1963). Con la llegada del Frente Nacional como estrategia para fortalecer la unidad nacional, hacía cada vez más evidente el conglomerado de poderes nacionales y regionales que excluían a sus adversarios estimulando odios y apoyando guerrillas de distintos partidos políticos (Melo, 2018). En 1959, Alberto Lleras Camargo reconoció la creación de más de 49 guerrillas independientes, invitando a la población a prepararse para una ola de actos que buscaban la pacificación debido a que erradicar la violencia era un proceso que no sucedería súbitamente y que obedecía a causas estructurales provenientes de la época de la regeneración a finales del siglo XIX desde la invitación al diálogo en busca de una amnistía objetiva que respondiera a las necesidades de las federaciones y los actores armados (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013) (Karl , 2018).

92

Los años siguientes fueron el génesis para el concepto de “Paz Criolla”, que buscaba ser un producto autóctono que se originó desde la unión de múltiples actores del conflicto desarrolla desde iniciativas regionales y locales que permitían aumentar la interacción entre las partes y ampliaba espacios de participación y democratización (Karl , 2018) (Guzman, Umaña, & Fals Borda, 1963) y que permitían el desarrollo de reformas sociales, políticas y económicas para enfrentar los riesgos de una violencia de carácter subversivo, que le permitiera a la población darles la oportunidad de “rehabilitarse” desde el olvido de los odios y las múltiples causas que los habían invitado a diferenciarse en busca de un bien colectivo que fortaleciera la identidad nacional bajo la visión de “una generación que no conoce otros métodos de relación, ni otro tipo de vida, ni otro trabajo que no sea la acción criminal, ni otra expectativa más allá de matar o morir”. (Guzman, Umaña, & Fals Borda, 1963) (Karl , 2018) La crisis agraria trajo consigo la creación del Banco Agrario que buscaba fortalecer e incentivar la distribución de tierras y disminuir la pobreza rural, en la búsqueda de estrategias que en parte impulsarán el desarrollo industrial, modernizaran el sector rural y mejoraran la condición de vida de quienes habitaban estos espacios bajo el lema de “hacer patria” desde la conservación del pensamiento de la regeneración que buscaba mejorar la estirpe Colombiana desde sus proyectos de “rehabilitación” (Karl , 2018) (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013) Estas nociones les permitía entender que en el trasfondo de la violencia, los actos individuales no les permitían entender fenómenos debido a que no encontraron contrastes y que las clasificaciones, ponían de un lado la concepción de la violencia como un hecho meramente comparativo que omitía el contexto en el que habían nacido (Karl , 2018), años después Fals Borda (1963) (2015) y el grupo de la comisión para la paz entenderían la importancia de reconocer los contextos desde los que emergían dichas manifestaciones para develamiento de patrones y hechos relevantes que les permitieran hondonar en causas estructurales territoriales (Escobar, 2017).


Sin embargo políticos como Alvaro Gomez Hurtado se abalanzaron sobre las repúblicas independientes trayendo a la conversación conceptos como “Seguridad interior y enemigo interior” en el contexto naciente de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, sumado al creciente contexto de insurrecciones políticas de los años 60 en Latinoamérica justificaban las repúblicas independientes como hechos típicamente políticos en zonas de ausencia estatal, para que en 1964 se le otorgaran autonomías a las fuerzas nacionales para despolitizar estos espacios y hacer un velar por un Estado paternalista regido por el orden bipartidista (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013). Para el año 1963, bajo el mandato de John F Kennedy aumentó la intervención Estadounidense en Colombia, al punto que generaban informes desde los cuales establecen: “Un observador político… debe sentirse a menudo como en el juego de croquet de Alicia en el País de las Maravillas. Justo cuando parece que el juego va bien y que se entienden sus reglas, los palos se levantan y se van” (Karl , 2018, p. 167) El miedo que provocaba una incursión del Comunismo en América Latina acompañado por el contexto en Cuba y Chile, contribuía a una búsqueda rápida de soluciones eficaces que respondiera a las desigualdades sociales en el país, empezaron aparecer acciones asistencialistas por parte del Estado que buscaban intervenir por todos los medios en busca de estimular y regular la economía en busca de asegurar espacios para sus asociados; esto sacudió las esferas académicas del país quienes cansados de dirigir agencias gubernamentales empezaron a entender la necesidad de la “revolución” como parte del resultado final de los cambios sociales en comparación a la Revolución Cubana.

Los cambios a nivel internacional trajeron consigo misiones pastorales que permitieron observar el trabajo social desde perspectivas diversas, de la mano de las teorías de la teología de la liberación sumado al desarrollo de los estudios de la sociología de la mano de Fals Borda desde metodologías participativas en busca del desarrollo autónomo permitía a las personas descubrir su potencial (Karl , 2018) bajo las consignas del “desarrollo comunal” de la mano de Camilo Torres, que buscaban abandonar las Alianzas del Progreso del gobierno del presidente Kennedy abandonando teorías funcionalistas importadas que tendían a crear categorías y patologías en las regiones, con una metodología desarrollada en campo que permitiera el acercamiento a las realidades nacionales (Karl , 2018) Fals Borda adelanto trabajos al suroriente del Tolima, los cuales mostraban que “la gente estaba cansada de la violencia” y se “habían reunido a reclamar lo que a todos les interesaba: la tierra” (Karl , 2018) , sin embargo advertía que la gente estaba saturada y era necesario hacer reformas estructurales en pro de reformas agrarias, sintiéndose presionados a responder ante las necesidades de las poblaciones estudiadas, sintiéndose hacinados por las acciones del Estado en pro del desarrollo social. Ante la espera, el Estado perdía legitimidad incluso en lugares donde las poblaciones estaban permeadas por las acciones estatales, y el peligro inminente por ampliar las desigualdades presentes de la mano de las incursiones ilegales que sucedían allí y ponían en disputa a las poblaciones de otredad étnica con la población campesina (Karl , 2018), Fals Borda había desarrollado observaciones en municipios para el 64 en donde había notado que parte del desarrollo colectivo se había estancado debido a que las personas se enfrentaban a un “abandono estatal desolador”. Con el tiempo apareció el Festival Folclórico de Ibagué en busca de apaciguar los ánimos entre la violencia bipartidista y los ataques bandoleros en el departamento, con ello la incursión de reinas de belleza en los municipios del sur en pro de constituir una medida de apaciguamiento, el cual los observadores internacionales denotaron como una práctica que indujo a nuevos reclutas a guerrillas (Karl , 2018).

93


Para el año 1962, los Colombianos trataban de entender y conectar los hechos sucedidos entre los años cuarenta y cincuenta generando diversas visiones sobre el conflicto, desde la pregunta de ¿Qué refiere al término "Violencia” cuando los Colombianos hablan de ella?, a través de La Violencia en Colombia (Guzman, Umaña, & Fals Borda, 1963) lograron reabrir el tema de la violencias partidistas en donde la memoria tomó importancia en el país. Permitiendo abrir la conversación sobre las experiencia compartida y diferenciada de los colombianos frente al conflicto, generando 2 versiones opuestas que entraban en la conciencia del público, una generada por la élite que buscaba impedir el hablar del pasado desde un silencio generado desde el país político que llegó a los libros de textos escolares con sus reformas del Frente Nacional (Escobar Rincón, 2018), de igual manera las ciencias sociales se acercaron a demostrar que era un fenómeno generalizado que aun cuando se acercaba a los territorios seguían mostrando la visión de los académicos en el campo, posteriormente apareció una lucha entre el país político y letrado por definir el conflicto desde la revisión de su influencia profunda en cómo los colombianos entendían y fomentaban las formas de violencia (Karl , 2018) Junto a los políticos e intelectuales aparecieron un grupo de oficiales militares jóvenes de alto rango, que consideraban a el conflicto y la violencia como un campo de estudio, con la diferencia que creían que la respuesta estaba basada en la fuerza e intervención armada que generaba mayores estrategia e intervenía el Tolima como nunca antes se había hecho (Karl , 2018). La mayoría de la población que había llegado al bachillerato desde mediados de los años veinte, tenía incrustado que la Historia era la “maestra de la verdad”, objetiva e incuestionable; mientras la memoria era considerada parcial y sujeta a la subjetividad. El partido conservador promulgaba que libros como La Violencia en Colombia, eran cuatrocientas páginas de “sectarismo político”, atacando la evidencia de los textos de Guzman y Fals Borda (1963) bajo la premisa de falta de asesoramiento y opinión por parte de personas eminentes en el periodo histórico, clasificándolas como “carentes de honestidad intelectual” (Karl , 2018)

94

siendo censurado desde su tirada inicial, junto a un panfleto que generaba controversia y se oponía al libro criticándolo desde las altas esferas del conservadurismo político. Los periódicos se llenaron de opiniones frente a la obra de Guzman y Fals Borda (1963) tachándoles de “francotiradores como los guerrilleros” en periódicos como El Siglo en donde los estudios sociales eran considerados como un peligro que perpetuaba la violencia y convertía la historia en una práctica subjetiva y parcial. La reordenación militar apareció ante un agitado ambiente en Latinoamérica en contra del comunismo desde la esferas académicas de la mano de los Estados Unidos los cuales empezaron a generar esfuerzos económicos en pro de ocuparse de las guerrillas rurales (Karl , 2018) desde ideas como la acción cívica militar que buscaba en la participación de los soldados en servicios para la población civil para ampliar su posicionamiento en el territorio desde la generación de confianza en las fuerzas armadas y el Estado. De manera paralela, empezaron a establecerse fuertemente las Repúblicas Independientes en el país, desde los cuales los grupos armados confundieron el aislamiento con el control territorial, desde realidades subjetivas de la realidad política que incluía el abstencionismo electoral (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013); de la mano de las tradiciones armadas para responder a sus necesidades de interpretar los derechos y obligaciones desde una perspectiva regional permitió que buscarán espacios periferias difíciles de acceder, pero estratégicas que permitiera el tránsito entre territorios. (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013) (Karl , 2018) En 1964, se adelantó un ataque a Marquetalia por medio de acciones cívico-militares que responden como una de las acciones que imposibilitaba la definición de organizaciones guerrilleras a pesar de que no fuera la única, posibilitando acciones de contraofensiva inmediata para contrarrestar las múltiples amenazas insurgentes que tenían como inspiración la Revolución Cubana (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013),


desestabilizando la confianza generada por las comisiones de paz pasadas acompañadas de los autores de La Violencia en Colombia (Guzman, Umaña, & Fals Borda, 1963) quienes parcialmente se habían retirado a la academia y de los alrededores, dicho descontento generó la agrupación de ánimos de guerra para el nacimiento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) (Karl , 2018). Gonzalo Sanchez (2019) establece que “la memoria en Colombia no surge como un campo autónomo, no es un objeto de trabajo en sí mismo, sino que aparece de forma subsidiaria, inmersa en la denuncia y movilización por la defensa de los derechos humanos” (p.12) en parte los aparatos armados utilizaron las demandas sociales para generar caracteres reivindicativos que buscaban unir personas a la lucha por parte de los problemas del común, desde el reconocimiento de su entorno común. Los finales de la década de los años sesenta llegaron con la censura institucional y la inconformidad civil que buscaba denunciar los delitos desde la posición del Estado como el enemigo principal de los derechos humanos y del inconformismo social (Sánchez Gomez, 2019) , el conflicto transcurrió en medio del avance de la industrialización y el crecimiento poblacional en las áreas urbanas debido a los múltiples movimientos internos de la población producto de la violencia. Los éxodos rurales establecieron la expansión de los derechos básicos proveídos por el Estado a mayores coberturas, para desde los movimientos estudiantiles y sindicales establecer una clase media politizada que se manifestaba en contra de la violencia y requería ayudas de parte del sistema político que permitiera responder a las necesidades básicas de las periferias (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013); El Estado era concebido como un aparato de coerción que respondía solo a las necesidades de las clases dominantes y no a las de la clase media que se formaba desde los procesos industriales y las periferias de las ciudades.

De la mano se construyo un sentido de confrontación del Estado para cuestionarse la legitimidad del Estado y sus practicas autoritarias que lo permitían coincidir como enemigo, sino como un perpetrador de actos de violencia que dejaban con su paso desapariciones forzadas, detenciones injustificadas y la tortura a través de las fuerzas armadas (Sánchez Gomez, 2019), esto intensificado por los intentos constantes de recuperación de tierras que respondían a las necesidades de terratenientes que genera rápidamente un ambiente de distanciamiento y desconfianza entorno a las acciones del Estado (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013) Sumado a las ideas de modernización económica que buscaba estimular la agricultura como una práctica del modelo capitalista y el estímulo de la propiedad rural que permitía expandirse aún en contra de la competencia externa bajo la represión política y militar, que de la mano de los grupos de choque trajo consigo el desplazamiento de los territorios (Sánchez Gomez, 2019) (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013); esto permitió que a finales de los años setenta aparecieron prácticas sistemáticas de memoria que buscaban generar conciencia frente a los derechos y fueran auxiliares a la justicia. Estas estrategias permitían mostrar las realidades de los sectores agrarios, y mostrar las primeras manifestaciones del narcotráfico en el país, sumado a la llegada de la violencia urbana y creación de grupos paramilitares que permitían la expansión de los mismos en las ciudades, que con la llegada del M-19 irrumpía como acciones de propaganda que generaban una conexión con la transición política y se acercaba a la población citadina con busca de garantías ante el deber del Estado de emitir justicia (Sánchez Gomez, 2019). La dinámica expansiva de los nuevos movimientos políticos establecieron poderes expansivos como respuesta a la profunda desconfianza frente al Estado, que fue interpretada por los militares como la materialización de una forma política desde la cual la guerrilla quería acceder al poder de la mano de la Unión Patriótica, la cual generaba oposición por parte de las elites regionales y impulso la creación de grupos paramilitares y autodefensa en busca de responder a los intereses particulares de las elites en busca del control logístico, económico y político de las regiones (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013).

95


Las acciones paramilitares comenzaron a ser parte de un sistema que respondía como acciones clandestinas por parte de los sectores radicales de las Fuerzas Militares o acciones sicariales que responden a alianzas entre los diversos sectores económicos hegemónicos (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013) (Uribe, 2020), estas acciones permitieron cultivar odios desde los sectores de la guerrilla que los obligó a militarizarse en contra de las ofensivas armadas, de la mano de las quemas sistemáticas de poblaciones por parte de los paramilitares que permitió consolidar campañas de desprestigio en contra de las guerrillas (Uribe, 2020) El fenómeno paramilitar permitió entre leer la entrada del narcotráfico al conflicto armado, desde la intervención en busca del cuidado de territorio, es allí donde el narcoparamilitarismo aparece como una opción para la dominación territorial desde el financiamiento y extensión de cultivos ilícitos que produjeron un monopolio a finales de los años ochenta y principios de los noventa (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013). A su paso, el país se mantuvo en un constante cambio económico en la década de los ochenta que multiplicó los conflictos sociales y alimento a dinámicas de violencia desde la creación de polos opuestos que permitieron la expansión del mismo a las esferas urbanas del país (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013); Con ellos los grupos sociales empezaron a construir y traducir un conjunto de mesas de negociación que permitiera develar las necesidades plurales del territorio, articulado a la madurez política de un país abierto al cambio con la Constitución del 91.

96

Imagen 43 : Jesus Abad Colorado


habitabilidad y diseño

C

omo pudimos observar, el proceso de construcción de memoria en el país está permeado por diversos imaginarios políticos que han aparecido en el territorio desde épocas de la conquista, cristalizando una lucha ontológica por la memoria, un conflicto estructural basado en el lenguaje que ha moldeado su figura al vaivén de intereses, necesidades y desafíos diversos. Esto nos obliga a pensar en retrospectiva en las formas en que las organizaciones y el Estado han tenido que empezar a pensar las iniciativas de memoria y derechos humanos como lo son las intervenciones en museos, los territorios, las ciudades y las prácticas comunes que subsisten allí. El conflicto ha marcado una ruta que se mueve desde las periferias hacia el centro como hemos podido establecer a partir de la retrospectiva histórica, la cual nos permitió entender que el Estado ha sido una figura débil a pesar de su carácter paternalista y asistencialista lo que problematiza profundamente el hecho de que las memorias desde las instituciones se muevan en su mayoría desde el centro hacia las periferias como un proceso de irrigación de los territorios supliendo necesidades y demandas de estas. Los procesos de memoria se han venido viendo amenazados desde hace más de una década a base de los cambios constantes del contexto político en el país desarrollados en el marco de la Ley de Víctimas y las instituciones nacientes de los acuerdos de paz bajo consignas o bases ideológicas que niegan el conflicto armado como una realidad en el país; siendo el producto de odios heredados y lenguajes promovidos desde tiempos de la Regeneración que tomaron forma por sí solos en los años sesenta con los múltiples movimientos sociales, es una memoria que excluye a muchos “otros” y limpia el nombre de muchos actores responsables haciéndose pasar como víctimas en los nuevos espacios de justicia y construcción de memoria.

Imagen 43: Habitabilidad y Diseño. Juan Gonzalez

97


Imagen 44: Desde Adentro, Maria Elvira Escallón

Colombia se enfrenta cada día más a un conflicto estructural basado en odios, que busca establecer una narrativa del conflicto que alimente ideas de una victoria militar sobre quienes no han cedido bajo una visión hegemónica del mundo y nación. Parte del trabajo de la memoria se ha interpuesto una necesidad de identificar los orígenes de la violencia en el país desde los primeros estudios de Guzman y Fals Borda (1963) de la mano del estudio de las relaciones de los procesos colonizadores, las estructuras organizaciones y formas en que el conflicto ha evolucionado a través de los años como una metodología basada en hechos heroicos y el financiamiento de las mismas (Uribe & Aguilera Peña, 2020), con la aparición del Grupo de Memoria Histórica se amplió el conocimiento sobre episodios concretos y las relaciones de poder existentes en el territorio que permitieron entender las dinámicas de confrontación en la violencia, y sus impactos en distintas esferas políticas (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013) En la búsqueda continua de nuevas metodologías de investigación, que buscarán ampliar el relato oficial a un relato debatido, se empezaron a desarrollar metodologías que buscarán identificar patrones para interrogar las relaciones sobre los poderes políticos y económicos que permeban el conflicto y la violencia en el país de la mano de los estudios realizados anteriormente por parte de los “violentólogos” en las décadas de los setenta y ochenta (Uribe & Aguilera Peña, 2020.)

98


Lo anterior permitió entender las dinámicas y significados que tenían los hechos de sangre en los territorios bajo la incorporación de dinámicas, escenarios, imágenes y representaciones que solo quienes habitaban el territorio entenderían (Uribe & Aguilera Peña, 2020.), abriendo una nueva visión que permitiera entender y buscar huellas, trazos e indicios del modo operando de la misma. Desde la cual se alimenta bajo narrativas y retóricas únicas en el territorio, una metodología que buscaba alimentar el lenguaje desde otras formas de emitir comunicaciones que enviaban mensajes de P purificación, asepsia social, legitimación, imposición, sometimiento que impacta los sentidos de colectividad y denigraba los sentidos de confianza construidos por las mismas (Sánchez Gomez, 2019). Transmitiendo mensajes al interior de las comunidades desde la intimidación o amedrentamiento que mostrará su capacidad ofensiva y defensiva, bajo la interpretación infinita de hechos que le dan sentido a los hechos y las temporalidades más allá de hechos aleatorios puestos en desorden (Uribe & Aguilera Peña, 2020.), esto hace que la memoria sea un espacio por habitar en el cual sus interpretaciones son infinitas moviéndose entre hechos y temporalidades que tejen un relato desde las comunidades y lo que significó el recuerdo. Allí se establecen vínculos entre las narrativas y la imaginación de los individuos que nos hace preguntarnos sobre el rol de cada uno de los individuos en la colectividad y la manera en que el don de la palabra apoyo al otro para generar diversos puntos de interpretación desde el recuerdo y la memoria personal como epicentro.

La memoria se transforma en un dispositivo estudiado desde las comunidades para entender que se va más allá de un solo recuento de lo sucedido, sino un análisis profundo para involucrar a los actores sociales y el significado que le atribuyen a los espacios, a lo sucedido y lo vivido (Pinilla Diaz, 2011), para alejarnos un poco de los archivos oficiales usados por los historiadores para situar nuestra mirada a la resignificación de los espacios para permitirles hallar una oportunidad desde la cual contar lo sensible detrás de los hechos de sangre, violencia y conflicto en el país. Nos permite entender que en el País Nacional es necesario encontrar distintas formas de construir memoria más allá de las palabras, reconstruir narrativas desde lo vivido sin la intervención de entes gubernamentales que le den forma a las palabras para responder a sus necesidades, es un llamado a reconocer la experiencia diaria de las comunidades en el sentido de un mundo práctico desde el conocimiento de las mismas (Pinilla Diaz, 2011) como un conjunto de sentidos que le otorgan significado al pasado y que los estudiosos de la memoria ha intentado llevar a través de diversos lenguajes artísticos y literarios que permiten narrar lo inenarrable (Sánchez Gomez, 2019). control logístico, económico y político de las regiones (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013).

Allí existe una línea delgada en donde el victimario puede transformarse rápidamente en víctima basado en el contexto, o en donde las víctimas por situaciones sociopolíticas pasan a ser victimarios, es necesario entender los matices y variables interpuestas por el territorio y el contexto más allá de simples conceptos y categorías, para hacer uso de los hechos y sensaciones trasladados a espacios presentes en los cuales recordar, que nos permitan habitar los espacios en que la violencia ha sido encerrada y olvidada para dar paso a la memoria oficial, una memoria más allá de lo histórico. Imagen 45: Museo de Memoria Historica

99


Siendo necesario entender lo clave que es necesario pensar las memorias como un proceso subjetivo anclado a marcas simbólicas, para reconocer el cómo el conflicto ha habitado los territorios aún en tiempos de posacuerdo, es reconocer la importancia de lo que se cuenta y lo que se siente (Pinilla Diaz, 2011), no solo desde sus funciones terapéuticas o preventivas, si no como intervención para la construcción de empatía entre los individuos desde el entendimiento de la otredad (Sánchez Gomez, 2019). Desde el mismo establecer recursos narrativos que a través de múltiples estrategias lleguen a espacios hegemónicos para su alta significación, significar lo sensible en pro de construir un visión de presente que se relacione con el pasado y sus múltiples sentidos al futuro (Pinilla Diaz, 2011), para desde el diseño reconocer la potencialidad práctica del mismo, para contribuir a las múltiples transiciones desde la semiótica y lo ontológico, en pro de enfrentarse eficazmente a las mismas. (Escobar, 2017) El objetivo de reconocer el potencial transformador de la narración y el lenguaje, construye un campo de posibilidades ontológicas que nos permiten entender las políticas fundamentales de la modernidad y su capacidad para desplazar sensibilices en pro de organizar un mundo globalizado (Escobar, 2017) para al apertura a múltiples potencialidades que se construyen desde el arropamiento de las narrativas y su capacidad para situar a los individuos que los viven en circunstancias desconocidas y reconocer sensibilidades como la incapacidad de desenvolverse en espacios perlados por la violencia (Pinilla Diaz, 2011) Esto nos permite que generaciones que no han vivido el conflicto, faciliten el reencuentro de sí mismos con las pasadas, otorgando un sentido simbólico e investigativo a las múltiples dimensiones más allá de las físicas, que les permita entender desde la dimensión subjetiva y la necesidad de tomar conciencia y emanciparse de lenguajes estructurales que les permitan involucrarse en una recuperación emotiva del pasado (Pinilla Diaz, 2011) como una respuesta de lo que no ha sido escrito o contado por miedo a ser juzgado, a no ser entendido en una sociedad colombiana que se ha fragmentado desde supuestos alimentados por identidades políticas hegemónicas en donde la expresión subjetiva no tiene cabida (Sánchez Gomez, 2019).

100

Los años siguientes fueron el génesis para el concepto de “Paz Criolla”, que buscaba ser un producto autóctono que se originó desde la unión de múltiples actores del conflicto desarrolla desde iniciativas regionales y locales que permitían aumentar la interacción entre las partes y ampliaba espacios de participación y democratización (Karl , 2018) (Guzman, Umaña, & Fals Borda, 1963) y que permitían el desarrollo de reformas sociales, políticas y económicas para enfrentar los riesgos de una violencia de carácter subversivo, que le permitiera a la población darles la oportunidad de “rehabilitarse” desde el olvido de los odios y las múltiples causas que los habían invitado a diferenciarse en busca de un bien colectivo que fortaleciera la identidad nacional bajo la visión de “una generación que no conoce otros métodos de relación, ni otro tipo de vida, ni otro trabajo que no sea la acción criminal, ni otra expectativa más allá de matar o morir”. (Guzman, Umaña, & Fals Borda, 1963) (Karl , 2018) La crisis agraria trajo consigo la creación del Banco Agrario que buscaba fortalecer e incentivar la distribución de tierras y disminuir la pobreza rural, en la búsqueda de estrategias que en parte impulsarán el desarrollo industrial, modernizaran el sector rural y mejoraran la condición de vida de quienes habitaban estos espacios bajo el lema de “hacer patria” desde la conservación del pensamiento de la regeneración que buscaba mejorar la estirpe Colombiana desde sus proyectos de “rehabilitación” (Karl , 2018) (Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica, 2013) Estas nociones les permitía entender que en el trasfondo de la violencia, los actos individuales no les permitían entender fenómenos debido a que no encontraron contrastes y que las clasificaciones, ponían de un lado la concepción de la violencia como un hecho meramente comparativo que omitía el contexto en el que habían nacido (Karl , 2018), años después Fals Borda (1963) (2015) y el grupo de la comisión para la paz entenderían la importancia de reconocer los contextos desde los que emergían dichas manifestaciones para develamiento de patrones y hechos relevantes que les permitieran hondonar en causas estructurales territoriales (Escobar, 2017). Imagen 45: Jesus Abad Colorado


Esto no quiere decir que el razonamiento lógico no sea importante, sino que también las experiencias, los sentimientos y las emociones a menudo tienen la misma importancia, especialmente cuando es una creación emergente desde la autonomía de las comunidades y desde un ámbito alternativo (Escobar, 2017), esto implica que las acciones colectivas deban ser analizadas como un conjunto de experiencias, saberes, intenciones, intereses y posibilidades que permitan construir un marco político y cultural específico que permita plantear la necesidad de conocer, y acompañar a quien lo ha vivido (Sánchez Gomez, 2019), distinto a las herramientas institucionales desde las cuales se genera control sobre la producción desde un proceso instrumentalizado que permite responder sistemáticamente a las necesidades de las elites en el país que libera, alivia pero paraliza a su vez. (Sánchez Gomez, 2019) (Escobar, 2017). Esto permite desarrollar perspectiva desde los mundos comunales, relacionados a la decolonialidad que permite abrir trochas hacia la posibilidad de contar la historia de otros, sin la necesidad de intérpretes o voceros autorizados como una posibilidad entre muchas visiones entorno a la realidad (Pineda Cadavid, 2015) apartados de los sentidos de modernidad que siempre han hallado mutua dependencia y coexistencia con la colonialidad desde fenómenos como el racismo, el eurocentrismo epistémico y la occidentalización desde la instrumentalización del poder, saber y el ser. (Pineda Cadavid, 2015) (Escobar, 2017). Este tipo de ejercicios que nos permiten develar formas de habitar nos acerca a ejercicios de auto realización desde la superación personal, desde el ejercicio de contar lo que nuestro espíritu ha sufrido y lo que nuestro cuerpo ha experimentado, como un ejercicio performativo de la realidad que permita desarmar desde la provocación de sucesos que nos aproximen a valorar las acciones y emociones, como una práctica que nos permite resurgir mientras se protege el testimonio de los involucrados más allá de su función de pruebas y hechos que revictimizan, planteando alternativas que acepten la legitimidad de las diversas maneras de vivir como una posibilidad de permitirnos ver, interactuar y participar de dichos espacios.

Esto nos permite desplegar las capacidades políticas del diseño para ir en contra de la tendencia de examinar las materialidades para pararnos desde las relaciones territoriales, los conceptos de estado nación que han permitido la violencia en el país, desplegando un sin fin de capas desde el cual desmantelar visiones dualistas de separación, control y apropiación sobre la existencia de las personas, y la regulación del conflicto que ha perneamos casi todas las producciones narrativas del país (Ospina, 2013). El análisis de la vida cotidiana de los actores, nos permite acercarnos los estudios culturales en la actual coyuntura sociocultural, que permita humanizar la guerra y reconstruir el tejido social desde las experiencias enmarcados a las reflexión y el diálogo desde el reconocimiento de la existencias de procesos comunitarios propios que surgen como ejercicios de resistencia que van cobrando valor en las propuestas propositivas que dinamizan las relaciones entre involucrados en violencias directas, culturales y estructurales (Anctil Avoine & Paredes Saavedra, 2018) permitiéndonos pensar entorno al futuro que permitan la construcción de paces y recompongan lazos sociales en Colombia desde una visión alejada las cosmovisiones eurocentricas desde las realidades vividas por las personas afectadas por la opresión y violencia bajo conceptos coloniales que limitan la acción colectiva e instala sentidos de miedo y desconfianza en el territorio. Estas perspectivas decoloniales fomentan el desarrollo cocreativo entre actores para fortalecer su autonomía colectiva para el desarrollo de estrategias del diseño que permitan actuar desde la conciencia crítica en mundos profundamente desiguales, como un aparato de reconstrucción que permita seguir manteniendo viva la palabra en tiempos de emergencia como lo es la posmodernidad (Sánchez Gomez, 2019) (Escobar, 2017).

101


La decolonialidad da paso al concepto de Habitabilidad y diseño que permite reconstruir relatos a partir de las voces silenciadas e invisibilizadas en el proceso de colonización que naturalizan constantemente jerarquías sociales, políticas, culturales y epistémicas desde mecanismo de opresión y exclusión, en la búsqueda de construcción de puentes eficaces que permitan traer a presencia las comunidades, las espiritualidad y intimidad de quienes hacen parte de las propuestas, para desde Escobar (2017) reconstruir los daños causados por la ontológicas de la opresión, si no desde sentidos que permitan plantear desafíos que amplíen nuestra visión sobre la escucha atenta y el traer a presencia de la realidad que se nombra y los múltiples significados que se le atribuyen. Estas propuestas teóricas permiten precisamente acercarnos a las multiplicidad de formas de conocimiento desde lo que se ha intentado traducir desde el conocimiento académico como lo pudimos observar en los textos curatoriales del Museo de Memoria y las Muestras del Museo Casa de la Memoria en la ciudad de Medellín, que se preguntan sobre las prácticas cotidianas de los grupos sociales y la insistencia de develar y descolonizar imaginarios y prácticas para el desarrollo de memoria desde la toma de consciencia y la ética de lo cotidiano en el sistema de dominación moderna (Anctil Avoine & Paredes Saavedra, 2018)

102

Imagen 46: Jesus Abad Colorado


Conclusiones

A

lo largo del tiempo, varias comunidades afectadas se han esforzado por reconstruir y narrar los acontecimientos, valiéndose por sus medios para generar manifestaciones que les permitan sanar los hechos traumáticos que la violencia les ha causado, parte de estas como iniciativas de construcción de memoria histórica a través de entes estatales y colectivos, como una invitación a entretejer con una vela en la umbra para sacar a flote sentidos profundos de los acontecimientos. Oropel: Reflexiones sobre el lenguaje de la violencia y la construcción de memoria en el conflicto, nace como una invitación a confiar profundamente en los procesos interdisciplinarios desde las ciencias sociales y humanas en el desarrollo de metodologías cercanas a los contextos que involucren la participación activa de los involucrados en procesos para épocas de posacuerdo, que respondan a las dinámicas de la sociedad colombiana y en efecto, la co-creación de estrategias que nos permitan decolonizar el conocimiento y los saberes. Es reconocer el rol de los diseñadores como participantes activos en la construcción de memoria en el país, desde sentidos relacionados al diseño autónomo, diseño para las transiciones y ontológico que nos permite cuestionarnos las formas preexistentes del mundo eurocéntrico en el que vivimos y el cómo afecta profundamente nuestras relaciones como peones en este ajedrez que cohabitamos; para develar estructuras que nos permitan reflexionar sobre la tradición que nos ha formado y nos ha hecho habitar el mismo desde representaciones sociales hegemónicas.

El reconocer la emergencia de narrativas, imaginarios, estrategias y propuestas para las transiciones del país como diseñadores, nos permite anticiparnos a los múltiples cambios sociales desde el aventurarse a luchar por los muchos mundos a través de transformaciones significativas en la producción de memoria histórica en el país, En un mundo en el que todos diseñamos la existencia nos es necesario entretejer en conjunto dinámicas que nos permitan reflexionar y rediseñar nuestra experiencia, especialmente desde la contribución a las autonomías de las comunidades que les permiten rediseñar tradicionalmente lo tradicional a través de acciones colaborativas que les permita la creación de condiciones para el reconocimiento de procesos de ontonomia y heteronomia, en busca de poner en marcha la posibilidad de reconocer al otro a través de oportunidades de autogestión que posibiliten el develamiento de los múltiples roles de los actores involucrados en el conflicto. Convirtiéndolos en involucrados activos, que se permiten reflexionar en pro de dinamizar el empoderamiento social comunitario y que abre paso al desarrollo de estrategias sociales equitativas desde la narración común, el resignificar el territorio y la violencia que habita lugares habituales, hace parte de la construcción de memoria debido a que permite la reapropiación y resignificación de los espacios bajo nuevos significados desde sentidos ligados a la sensibilidad, emociones y experiencias que permiten vivir procesos de duelo y apaciguar odios heredados desde el diálogo. Para desde el diseño ontológico construir nuevos significados, traducir ideas, discutir y dotar de nuevos y olvidados significados el territorio desde la interpretación de las comunidades para la construcción de una identidad comunal que les permita anclar sus emociones , experiencias y sensibilidades a la construcción de paces en el país.

103


104

Imagen 47: Indecifrable, Juan Gonzalez


Braunstein, del otro

bibliogfrafia

N. A. (Vol.

(2012). La memoria del uno y la memoria 1). México DF, México: Siglo veintiuno.

Bricolaje. 28 de

(s. f.). En abril de

Abad Gómez, H. (2007). Manual de tolerancia (Coedición Editorial planeta y Universidad de Antioquia ed.). Bogotá, Colombia: Editorial Planeta.

Burke, Writing.

P.

Acosta López, M. D. R. (2019). Gramáticas de la escucha. Aproximaciones filosóficas a la construcción de memoria histórica. Ideas y Valores, 68, 59-79. https://doi.org/10.15446/ideasyvalores.v68n5supl.80519

Bushnell, de sí

Alarcón, (171),

D. (2020). La Batalla 12-17. Recuperado

por de

la

Memoria. Revista Arcadia, https://www.revistaarcadia.com/

Álvarez-Gayou, J. L. (2009). Narrativa o análisis narrativo. En Cómo hacer investigación cualitativa (pp. 127-128). Barcelona, España: Paidós. Anctil Avoine, P., & Paredes Saavedra, N. J. (2018). Pensar la construcción de paces en Colombia: la (ir)relevancia teórico-práctica de la decolonialidad. Análisis, 50(93 (Jl-Di)), 317-335. https://doi.org/10.15332/10.15332/s0120-8454.2018.0093.02 Anzari, A. (2018). Decolonising Design What A Decolonisation Of Design Involves: Two Programmes For Emancipation. Recuperado de https://www. d e c o l on i s i n g d e s i g n . c om / a c t i on s - a n d - i n te r ve n t i on s / p u b l i c a t i on s / 2 0 1 8 / what-a-decolonisation-of-design-involves-by-ahmed-ansari/ Arias Gómez, D. H. (2018). Abordajes escolares de la violencia política y el conflicto armado en Colombia. Recuperado de https:// r e v i s t a s. i d e p . e d u . c o / i n d e x . p h p / e d u c a c i o n - y - c i u d a d / a r t i c l e / v i e w / 1 8 6 7 Arrieta Burgos, E. (2016). Conflicto armado, justicia y memoria. (A. Ruíz Gutiérrez, E. González Jiménez, S. Khatib, E. Maura, J. D. Villa Gómez, R. Anrup, … S. Ryan, Eds.) (1.a ed., Vols. 1-3). Medellín , Colombia: Editorial Universidad Pontificia Bolivariana. Badawi, Colombia.

H.

(2019). Bogotá,

Historia URGENTE del Colombia: Crítica

arte en Colombia.

Barragán Montaña, L. (s. f.). Huellas Históricas: aprendiendo del conflicto para construir la paz. Recuperado de https://repositorio. u n i a n d e s. e d u . c o / b i t s t r e a m / h a n d l e / 19 9 2 / 74 8 2 / u 7 3 5 0 1 6 . p d f ? s e q u e n c e = 1 Barros Navarro, N. I., & Padilla Quintero, S. A. (2017). Sentido y Memoria del Acuerdo de Paz Nasa We’sx: La autonomía como posibilidad. Recuperado de https://repositorio.unibague.edu.co/jspui/ Barton, K. C. (2012). Agency, choice and historical action: how history teaching can help students think about democratic decision making. ., .: Citizenship Teaching & Learning. Blair, E. (2011). Memoria y poder: (des)estatalizar las memorias y (des) centrar el poder del Estado. Medellín, Colombia: Universidad de Antioquia. Borda, F. Latina (1.a

O. (2015). Una sociología sentipensante ed.). Bogotá, Colombia: Siglo XXI Editores,

para América S.A. De C.V.

Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado 2020, de https://es.wikipedia.org/wiki/Bricolaje

(1991). Madrid,

D. (2007). misma (20.a

Caballero, A. (2018). (2.a ed.). Bogotá, Caballero, empezó

New perspectives on España: Alianza

a

A.

(2020). perderlo.

Colombia una ed.). Bogotá,

nación a Colombia:

Historical Editorial. pesar Planeta.

Historia de Colombia y sus oligarquías Colombia: Editorial Planeta Colombiana. Occidente Bogotá,

conquistó Colombia:

el mundo... y Editorial Planeta.

Caballero Romero, J. J. (1991). ETNOMETODOLOGÍA: UNA EXPLICACIÓN DE LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA REALIDAD. REIS, 56(91), 83-114. Recuperado de http://www.reis.cis.es/ Carreño, M. Y Buenas

A. (1860). Compendio Del Manual De Urbanidad Maneras (1860). Caracas, Venezuela: Desconocido.

Castaño Zapata, D., Jurado, P. A. (2019). ¿Cuál memoria? Los efectos políticos y el orden simbólico de los trabajos oficiales de memoria. Colombia Internacional, 97, 147-171. https://doi.org/10.7440/colombiaint97.2019.06 Centro Nacional De Memoria Histórica. (2017, marzo). Al cuidado de la memoria. Autor. Recuperado de https:// c e n t r o d e m e m o r i a h i s t o r i c a . g o v. c o / a l - c u i d a d o - d e - l a - m e m o r i a / Centro Nacional de Memoria Histórica. (2017). Museo Nacional de la Memoria, lugar para el encuentro: lineamientos conceptuales y guión museológico. Recuperado de https://centrodememoriahistorica.gov.co/museo-nacional-de-la-memoriaun-lugar-para-el-encuentro-lineamientos-conceptuales-y-guion-museologico/ CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA. (2018). Memorias plurales: experiencias y lecciones aprendidas para el desarrollo de los enfoques diferenciales en el centro nacional de memoria histórica Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico (1.a ed.). Bogotá, Colombia: Centro Nacional de Memoria Histórica. CENTRO NACIONAL DE MEMORÍA HISTÓRICA. (2018). Memorias que germinan: Iniciativas de memoria histórica para narrar vivencias del conflicto armado en Colombia. (1.a ed., Vol. 1). Bogotá, D.C, Colombia: CENTRO NACIONAL DE MEMORÍA HISTÓRICA. Centro Nacional de Memoria Histórica & CNRR. (2009). Memorias en tiempo de guerra. Bogotá, Colombia: Grupo de memoria histórica.

105


Centro British Bogotá,

Nacional de Memoria Histórica & University of Columbia. (2013). Recordar y narrar el conflicto. Colombia: Centro Nacional de Memoria Histórica.

Chaparro, A. (2006). Los límites de la estética de la representación. Colección de textos de ciencias humanas, 9-23. Recuperado de https://repository.urosario.edu.co/handle/10336/1040

Fundación ideas para la paz, USAID del pueblo de los Estados Unidos de América, Organización Internacional para las migraciones. (2013, julio). Área de Dinámicas del conflicto y negociaciones de Paz UNIDAD DE ANÁLISIS «SIGUIENDO EL CONFLICTO» Dinámicas del conflicto armado en Tolima y su impacto humanitario (62). Recuperado de http://archive.ideaspaz. org/images/DocumentoMonitoreo_ConflictoArmado_Tolima_Julio2013.pdf

Comando General de las Fuerzas Militares,. (2017). Cartilla de Memoria Histórica [PDF]. Recuperado de https://www.cgfm.mil.co/es/memoria-historica-y-contexto

Fundación Yapawayra, Andrade Porras, S., Parra Correa, J. M. (2017). La flor escondida del Tolima. Memorias de Resistencia, vida y paz en Gaitania. Recuperado de https://yapawayra.org/assets/documets/2/28d1110f19d5994be6f1858ed13fa66d.pdf

Deas, M. (2019). Del poder y la gramática y otros ensayos sobre historia, política y literatura. New York, Estados Unidos: Penguin Random House.

Gamboa Araya, R. (2011). EL PAPEL DE LA TEORÍA CRÍTICA EN LA INVESTIGACIÓN EDUCATIVA Y CUALITATIVA. REVISTA ELECTRÓNICA DIÁLOGOS EDUCATIVOS, 21, 48-64. Recuperado de http://www.umce.cl/~dialogos/n21_2011/gamboa.swf

Dueñas, D. C. (2016). Reminiscencias de la violencia: El caso del sur del Tolima. Revista de Derecho Público, (36), 2-31. Recuperado de https://derechopublico.uniandes.edu. co/index.php?option=com_content&view=article&id=572%3Areminiscenciasde-la-violencia-el-caso-del-sur-del-tolima&catid=43%3A36&Itemid=137&lang=es EcuRed. (s. f.). de 2020,

Etnometodología - EcuRed. Recuperado 26 de abril de https://www.ecured.cu/Etnometodolog%C3%ADa

Escobar, A. (2017). Autonomía y diseño : la realización de lo comunal (1.a ed.). Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina: Tinta Limón. Escobar Rincón, L. P. (2018). El conflicto armado y la violencia en los libros de texto escolares de Ciencias Sociales: miradas desde su campo investigativo. Recuperado de http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/81425 Faciolince, Oblivion:

A. A

H.

(2018). Memoir.

El Olvido Que Bogotá, Colombia:

Seremos / Alfaguara.

Faciolince, H. Á. (2019). Lo que fue presente (1.a ed.). Bogotá , Colombia: Alfaguara. Fajardo M, D. (2014, julio). Estudio sobre los orígenes del conflicto social armado, razones de su persistencia y sus efectos más profundos en la sociedad colombiana. Punto Critico. Recuperado de https://www.corteidh.or.cr/tablas/r33442.pdf Fernandez de Enciso, M. (1514). Suma de geographia. Recuperado de h t t p : / / w w w. c e r va n te s v i r t u a l . c o m / o b ra / s u m a - d e - g e o g ra p h i a - - q u e t ra t a - d e - to d a s - l a s - p a r t i d a s - y - p r o u i n c i a s - d e l - m u n d o - e n - e s p e c i a l de-las-indias-y-trata-largamente-del-ar te-del-marear-juntamente-/

Garretón, M. A. (2013). Memoria y proyecto país. Revista de ciencia política, XXIII(2), 215-231. Recuperado de http://ojs.uc.cl/index.php/rcp Gobernación del Tolima. (2016). CARTOGRAFÍA PARTICIPATIVA Y PROSPECTIVA DE REINTEGRACIÓN DE EXCOMBATIENTES Y RIESGOS DE VIOLENCIA. Organización internacional para las migraciones. Recuperado de http://hdl.handle.net/20.500.11788/1786 González, M. I. C. (2014). La violencia contada a los escolares. conflicto social y memoria en los manuales educativos del siglo xx. Recuperado de http://www.scielo. org.co/scielo.php?pid=S0121-47052014000200003&script=sci_abstract&tlng=es Grupo de Investigación Espacio, Tecnología y Participación -ESTEPA-. (2017). Taller Internacional de Creación Cartográfica para la participación, autogestión y empoderamiento de los territorios locales. Memorias y guía metodológica. Recuperado de http://www.humanas.unal.edu.co/ESTEPA/ Grupo de memoria histórica y Centro Nacional de memoria histórica. (2013). ¡BASTA YA! Colombia: Memorias de guerra y dignidad, Informe General Grupo de Memoria Histórica (2.a ed.). Bogotá, Colombia: Imprenta Nacional. Guerrero, A. (2018, 28 noviembre). Un análisis profundo sobre la ética y la moral. Recuperado 26 de abril de 2020, de https://www.filco.es/filosofia-moral-y-etica/ Guglielmucci, A. (2015). El museo de la memoria y el Museo Nacional de Colombia: el arte de exponer narrativas sobre conflicto armado interno. Recuperado de https://revistas.uniminuto.edu/index.php/med/article/view/1285

Florencia Santi, M. (2016). Ética de la investigación en ciencias sociales Un análisis de la vulnerabilidad en la investigación social. Ginebra, Suiza: Globethics.net.

Guzman, G., Umaña, E., & Fals Borda, O. (1963). La violencia en Colombia: Estudio de un proceso social. Madrid, España: Taurus.

Fonseca, colectivas

Ibagón-Martin, N. J., & Chisnes, L. F. (2019). Narrativas históricas sobre el conflicto armado colombiano y sus actores. Estudio a partir del análisis de textos escolares. Saber, Ciencia y Libertad, 203-209. Recuperado de https://revistas.unilibre.edu.co/index.php/saber/article/view/5890

K. (1.a

(2020). ed., Vol.

Diseño y 1). Bogotá,

conflicto: Colombia:

acciones Tallerista.

Fonseca Laverde, K. (2019). Diseño y conflicto: acciones para la construcción colectiva. Actio, (3), 18-25. Recuperado de http://www.iit. unal.edu.co/revista-actio/revistas/actio3-2019/actio3-2019_article14.html

106


Institute for Economics & Peace. (2020, junio). Global Peace Index 2020: Measuring Peace in a Complex World,. Recuperado de http:// v i s i o n o f h u m a n i t y. o r g / a p p / u p l o a d s / 2 0 2 0 / 0 6 / G P I _ 2 0 2 0 _ w e b . p d f Jelin, E. España:

(2002). Siglo

Los trabajos veintiuno de

de

la España

memoria. Madrid, editores, s.a.

Jiménez, A. (2013). Democracia en tiempos de crisis 1949 - 1994,. Bogotá, Colombia: Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Colombia y Editorial Planeta. Jimeno, M. (2007). Lenguaje, subjetividad y experiencias de violencia. Recuperado de https://www.researchgate.net/publication/28205469_ Lenguaje_Subjetividad_Y_Experiencias_De_Violencia Kahan, E., & Lvovich, D. (2016). Los Apuntes sobre las apropiaciones y del genocidio nazi. Revista Mexicana 228(LXI), 311-336. Recuperado

usos del Holocausto en Argentina resignificaciones de la memoria de Ciencias Políticas y Sociales, de http://www.revistas.unam.mx/

Karl, R. A. (2018). Forgotten Peace: Reform, violence, and the making of contemporary Colombia. Bogotá, Colombia: Librería Lerner. López Rojas, W. A. (2013). Museo en tiempos de conflicto: memoria y ciudadanía en Colombia (1.a ed.). Recuperado de http:// o p e n a r c h i ve . i c o m o s. o r g / 1 4 6 1 / 1 / M u s e o _ e n _ t i e m p o s _ d e _ c o n f l i c to _ memoria_y_ciudadan%C3%ADa_en_Colombia_29-11-2013.pdf Lozano Villegas, G. (2015). Historia de los partidos políticos en Colombia. Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6132869 Márquez, G. G. 50 Aniversario).

(2017). Cien años Bogotá, Colombia:

de

soledad Editorial

(Edición Planeta.

Mateus, D. (2019). Formateando la memoria: otra historia de Colombia. Bogotá, Colombia: Planeta Colombia. Maturana, (19.a ed., Melo, ed.).

H., & Varela, F. (2009). El árbol del conocimiento Vol. 3). Santiago de Chile, Chile: Editorial Universitaria.

J. O. (2018). Historia mínima Ciudad de México, México: El

de Colombia (4.a colegio de México.

Ministerio de Defensa. (2016). Plan estratégico del sector defensa y seguridadguía de planeamiento estratégico 2016-2018. Recuperado de https://www. mindefensa.gov.co/irj/go/km/docs/Mindefensa/Documentos/descargas/Sobre_el_ Ministerio/Planeacion/Politicas/Guia_Planeamiento_Estrategico_2016-2018.pdf Molano Bravo, A. (2020). Cartas a Antonia: Las conmovedoras reflexiones y enseñanzas de un abuelo a su nieta (1.a ed.). Bogotá, Colombia: AGUILAR.

Museo de Memoria Histórica de Colombia. (2018). Museo de Memoria Histórica de Colombia Textos curatoriales de la exposición Voces para transformar a Colombia. Recuperado de http://museodememoria. g ov. c o / w p - c o n te n t / u p l o a d s / 2 0 1 8 / 0 7 / Te x to s - c u ra to r i a l e s - Vo c e s. p d f Museo Nacional de Colombia. (2015). Repensar el Museo Nacional de Colombia. Recuperado 22 de octubre de 2020, de http://www. m u s e o n a c i o n a l . g o v. c o / m i c r o s i t i o s 1 / R e n o v a c i o n / r e p e n s a r . h t m l Nogués, G. (2018). Pensar con otros: una guía de supervivencia en tiempos de posverdad [Kindle]. Recuperado de https://elgatoylacaja.com.ar/pensar-con-otros/indice/ Núñez Gañán, M. (2015). Las Quimeras del diseño. Cali, Colombia: Universidad del Valle. Orwell, Zaltbommel,

G.

Ospina, W. New York,

Países

(2008). Bajos:

(2012). Estados

¿Dónde Unidos:

1984, Van está la Penguin

George Haren franja Random

Orwell. Publishing. amarilla? House.

Ospina, W. (2013). Pa que se acabe la vaina. Bogotá , Colombia: Planeta Colombia. Ospina, W. (2019). Guayacanal. New York, Estados Unidos: Penguin Random House. Parra Gallego, G. (2019). The role of freedom of expression in the construction of historical memory. International Review of the Red Cross,

101(1),

173-196.

https://doi.org/10.1017/S1816383119000286

Pavony, M. G. (2013). Historia concisa de Colombia (1810 - 2013): Una guía para lectores desprevenidos (Spanish Edition). Recuperado de https://repository.urosario. edu.co/bitstream/handle/10336/10560/Historia_concisa_digital.pdf?sequence=4 Perdomo Cubillos, P., Buendía Bohórquez, D., Perdomo Pérez, M. T. (2019). Tejiendo vidas: guía de construcción de memoria histórica (1.a ed.). Ibagué, Colombia: Ediciones Unibagué. Pineda Cadavid, L. F. (2015). Memorias, historias y guerra en Colombia. Opciones decoloniales para la construcción de “otros” relatos del conflicto armado. Revista de Investigaciones · UCM, 15(1), 100. https://doi.org/10.22383/ri.v15i1.36 Pinilla Diaz, A. V. (2011). La memoria y la construcción de lo subjetivo. Revista Folios, (34), 15-23. Recuperado de https://www.redalyc.org/pdf/3459/345932037002.pdf Posada, R. A. (2016). Guerreros y campesinos: Despojo y restitución de tierras en Colombia. Nueva edición revisada y ampliada. Bogotá , Colombia: Ariel Colombia. Rangel Barragan, M. C. (2016). El tejido: El papel de las prácticas artísticas en la construcción de memoria histórica. El caso de las víctimas de Sonsón. Bogotá, Colombia: Universidad del Rosario. Red Colombiana de Lugares de Memoria. (2018). La Red Colombiana de Lugares de Memoria:Un tejido social para la verdad, la resistencia y la convivencia pacífica. Recuperado de http://sitiosdememoria. org/es/institucion/red-colombiana-de-lugares-de-memoria/

107


Rehm, L. (2014). La construcción de las subculturas políticas en Colombia: los partidos tradicionales como antípodas políticas durante La Violencia, 1946-1964. Recuperado de https://revistas.unal.edu.co/index.php/hisysoc/article/view/44582 Revista Semana. (2015, 1 octubre). ¿Los museos deben reinventarse? Recuperado 22 de octubre de 2020, de https:// w w w. s e m a n a . c o m / l o s - m u s e o s - d e b e n - r e i n v e n t a r s e / 4 1 4 3 7 3 - 3 / revistaarcadia.com. (2020, 9 agosto). Sería fácil llamarlo censura. Detrás de los cambios del guión del Museo de Memoria de Colombia. Recuperado 19 de octubre de 2020, de https://www.revistaarcadia.com/arte/articulo/seria-facil-llamarlo-censuradetras-de-los-cambios-del-guion-del-museo-de-memoria-de-colombia/80568/ revistaarcadia.com, & Morales, N. (2015, 22 enero). El nuevo (viejo) Museo Nacional. Recuperado 22 de octubre de 2020, de https://www.revistaarcadia. com/impresa/noticias/ar ticulo/el-nuevo-viejo-museo-nacional/40744/ Riaño Alcalá, P., & Uribe, M. V. (2016). Constructing Memory amidst War: The Historical Memory Group of Colombia. International Journal of Transitional Justice, 1-19. https://doi.org/10.1093/ijtj/ijv036 Rojas Ochoa, M. (2015). La construcción de memoria histórica como acto estético y medio de reconocimiento de las víctimas de la masacre de El Salado. Bogotá, Colombia: Universidad colegio mayor de nuestra señora del Rosario. Rueda Arenas, J. F. (2013). “Memoria histórica razonada”. Una propuesta incluyente para las víctimas del conflicto armado interno colombiano. Revista de Historia Regional y Local, 5(10), 15-52. Recuperado de https://revistas.unal.edu.co/index.php/historelo

Timcke, S. (2019). Discourse, Memory, and Post-Apartheid South African Archives. Recuperado de https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=2630403 Todorov, T. (1982). La Conquista de América: del otro (9.a ed.). Coyoácan, México: Siglo

el XXI

problema Editores.

Todorov, T., & Salazar, M. (2013). Los abusos de la memoria. Barcelona, España: Paidós. Uribe Alarcón, M. V. (2018). Antropología de la inhumanidad: Un ensayo interpretativo sobre el terror en colombia (2.a ed.). Bogotá, Colombia: Ediciones Uniandes. Uribe, M. V. (2012). Reflexiones sobre estética y violencia en Colombia. Recuperado de https://www.researchgate.net/publication/317350499_ Reflexiones_sobre_Estetica_y_Violencia_en_Colombia Uribe, M. V., & Aguilera Peña, M. (2020). Hechos de sangre. Violencia y algo más. ACHSH, 47(2), 23-32. Recuperado de https: //revistas.unal.edu.co/index.php/achsc/ar ticle/view/86131 Vargas, S. (2020). A la orilla de la luz. NewYork, Estados Unidos: Penguin Random House. Villamil Carvajal, R. E. (2012). RECURSOS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA DEL CONFLICTO INTERNO EN CLAVE DE ACCIÓN SIN DAÑO Y CONSTRUCCIÓN DE PAZ. Recuperado de http://www.bivipas.unal.edu.co/handle/123456789/736 Villegas, M. G. (2018). ¿Cómo mejorar a Colombia?: 25 ideas para reparar el futuro (3.a ed.). Bogotá, Colombia: Planeta Colombia.

Runsewe, O. & Duke University. (2015). Nostalgia, Collective Memory, and Forgetting after Apartheid: Contemporary South Africa in Focus. Honors thesis. Recuperado de https://hdl.handle.net/10161/9728.

William Ospina en ‘Nombrar lo innombrable: conversaciones sobre arte y verdad’. (2020, 21 agosto). [Archivo de vídeo]. Recuperado de https://www. youtube.com/watch?v=zZlE9JUDsco&ab_channel=Comisi%C3%B3ndelaVerdad

Samper, J. M. (1861). Ensayo sobre las revoluciones políticas y la condición social de las Repúblicas colombianas (hispano-americanas): con un apéndice sobre la orografía y la población de la Confederación Granadina. Bogotá , Colombia: Editorial Centro.

Zimmermann, Y. (2011, 25 octubre). El diseño como concepto universal (Parte 1). Recuperado 14 de octubre de 2020, de https:// f o r o a l f a . o r g / a r t i c u l o s / e l - d i s e n o - c o m o - c o n c e p to - u n i ve r s a l - p a r te - 1

Sánchez política.

Gomez, G. (1.a ed.).

Sánchez Marroquín, reconciliación. Ibagué

(2019). Bogotá, F. ,

Memoria, Colombia:

(2020). Colombia:

subjetividades y Editorial Planeta.

Relatos de Universidad

guerra y de Ibagué.

Sarria Sanz, M. C. (2016). De lo cotidiano a la memoria colectiva [PDF]. Recuperado de http://biblioteca.uniandes.edu.co/acepto201699.php?id=8315.pdf Scott, P. J. C. (1987). Weapons of the weak: Everyday forms of peasant resistance. New Haven, United States: Yale University Press. Solano, A. (2020, 18 septiembre). Descolonización del diseño, por una práctica incluyente. Recuperado 11 de noviembre de 2020, de https://coolhuntermx. com/descolonizacion-del-diseno-industrial-eurocentrismo-procesos/

108


109


110


111


O

ropel: reflexiones sobre el lenguaje de la violencia y la construcción de memoria en el conflicto busca refflexionar entorno a la construcción de lenguajes entorno a los ejercicios de memoria como una invitación constante a confiar en la autónomia de las comunidades, realizando un analisis sistemico de textos relacionados a la construcción de memoria historica en el departamento del tolima; asi como la creación de puntos de partida para la investigación u practica que reconozca a las comunidades y sus manifestaciones socioculturales que nacen del terrritorio Es un proceso personal por reconocer el cómo conocí la violencia y el conflicto y las contrucciones de significados mediadas desde la academia, los museos y lo mediatico.

112


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
Oropel by halfblooddreams - Issuu