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Federico

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Federico


Federico es un niño sencillo, generoso, algo retraído, gran observador y siempre está dispuesto a curiosearlo todo. Le llaman más la atención el azul del cielo, el plomo de las nubes y los maravillosos colores del arco iris que atar los cordones de sus propios zapatos.


Ha nacido en Fuentevaqueros (Granada), en una acomodada familia de agricultores, de gentes que saben vivir sin privaciones una existencia sencilla y tranquila.


Una tarde se le ocurrió que el agua del arroyo y los chopos cantan. Y suele pasarse las horas acompañando con su voz la canción del agua y de los chopos. Y piensa que cuando sea mayor será músico y escribirá esa canción.


Con su madre, entre el mimo y el canto y una permanente suavidad de modales, aprende a leer y desarrolla su gran pasión por la música. Es ella quien ha puesto en la casa la discreción, la delicadeza, el adorno, la estantería con libros y, antes que el niño lo exija por irresistible vocación, el piano.


En las tardes de invierno, con su hermana Conchita y su perro como espectadores, Federico improvisa peque単os conciertos.


Desde los cuatro años Federico va a la escuela. Su primera maestra, que día a día le va explicando los pequeños misterios de la vida y modela poco a poco su corazón, es también aficionada al arte y a la música. Se ha dado cuenta enseguida de la poderosa imaginación del chiquillo y procura encauzarle para que desarrolle sus excepcionales dotes.


Un buen día llegó a Fuentevaqueros un extraño grupo de gentes gitanas que montaron en el pueblo un teatro de títeres: unas modestas marionetas que representaban las aventuras de héroes populares.


Recibió tal impresión que al día siguiente, en un rincón del patio, junto a los aperos de labranza, preparó un teatro de títeres con telas y cartones. Y desde entonces, cada día hace que los muñecos representen a sus amigos y a todos ellos los mezcla en argumentos que empieza a forjar en su cabeza.


Pero su padre muy disgustado:

está

Empieza un montón de cosas -piensa-. Primero fue el piano, luego la pintura, ahora el teatro,…pero de todo se cansa. Es un inconstante y, al final, acabará siendo un agricultor como yo.


Con la ayuda de su cometa observa cómo el viento empuja las nubes y ve cómo, en esta tarde que equivocada se ha vestido de frío, se convierte en pájaros un árbol amarillo.


Y la noche, su noche, siempre presidida por la luna. Esa luna que va por el cielo con un ni帽o de la mano, llena su coraz贸n de seda, de luces, de campanas perdidas, de lirios y de abejas.


Pero Federico, en el fondo, es un chico muy distinto a todos los demås. Se entiende perfectamente con las hormigas, con los lagartos y con la luna,‌ y siempre siente en su corazón un vago temblar de estrellas.


Federico llegará a ser todo lo que su padre piensa que jamás conseguirá: músico, pintor, autor teatral, poeta. Y su poesía alcanzará las cumbres más altas de toda la historia de nuestras letras. Hoy todos le conocemos como: Federico García Lorca.


Texto: GUMERSINDO DÍAZ LARA. Ilustraciones: Alumnos de 8º de E.G.B. del C. P. “Federico García Lorca”, de La PovedaArganda del Rey (Madrid), basadas en las ilustraciones de Paolo Cardoni para la colección “Serán famosos”, de la Editorial Destino. Realizado en mayo de 1986, en el 50 aniversario de la muerte de Federico García Lorca.


Gumersindo DĂ­az Lara (gumersindo.diaz@uam.es)


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Federico by Gumersindo Díaz Lara - Issuu