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22 DXI MAGAZINE
SHOWROOM
El diseño nació como soporte para una industria que necesita continuos derroches de aire fresco para mantenerse a flote en un sistema de consumo. El diseño propone, inventa, respalda y apoya la identidad, dignidad
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y contenido de una empresa. Aun así, se malinterpretó al diseñador, considerándolo un mendigo que susurraba al empresario hacia dónde invertir, y el empresario era animado a respetar el olfato del diseñador para
descifrar el complejo código del futuro. El diseñador (individuo visionario y de confianza en la prosperidad) se ha dado cuenta que en su discurso ya no se trata de convencer al empresario, sino de convencer al mundo.
El mismo Philippe Starck condena el trabajo que le llevó a la fama, "se siente avergonzado de que todo lo que diseñó era absolutamente innecesario". Quizá eso marca el inicio de una relectura de la disciplina, de sus intenciones y objetivos. ¿Es Starck un viejo gruñón o realmente se siente culpable del egocentrismo y de su alta vocación? Muchos diseñadotes empiezan a reflexionar sobre la dinámica social: ya no se trata de un diseño bonito, un diseño que aparezca en revistas, de una perfección formal y de santas proporciones eso lo aprendimos en primer curso de diseño. Ahora se trata de mantener la ética y de llegar al fondo de nuestro corazón. El diseño social suena a redundancia, pues como principio cualquier diseño está hecho pensando en el usuario, en sus necesidades, en su uso, en los agujeros de oportunidades que la masa nos brinda.
El diseñador interpreta los deseos y exigencias -muchas veces discordantes- de un grupo de personas. Pero el verdadero diseño social es un diseño que surge como respuesta a la gente, a una necesidad social, una problemática o carencia que de otro modo nunca sería desarrollada por la industria. El diseñador, por su propia cuenta o junto con organizaciones, asociaciones o organismos públicos, actúa como el único personaje concienciado para dar esa respuesta.
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